21632(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21632  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 31   

          Bogotá D.C., siete de marzo de dos mil siete.   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del   procesado  LUCAS  EDUARDO  ARTEGA GUISAO contra el fallo de segundo grado del 27  de  junio  de 2003, proferido por el Tribunal Superior de Medellín, mediante el  cual  confirmó  la sentencia proferida por el Juzgado Quinto Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad condenando al procesado en cita, a la pena principal de 31  años  de  prisión  como  autor responsable de los delitos de homicidio y porte  ilegal    de    armas   de  fuego.   

LOS HECHOS  

          De  acuerdo  con lo reseñado en la sentencia del Tribunal, en horas  de  la  tarde  del 22 de febrero de 2000, Carlos Andrés Saldarriaga Gallego fue  objeto  de  un  primer atentado con arma de fuego en un sector de Medellín, del  cual  logró salir ileso refugiándose en las residencia de una vecina. Una hora  después  tomó  un  taxi,  pero  a  la altura de la carrera 48 con calle 83 fue  alcanzado  por  dos  sujetos  que  se  transportaban en una motocicleta, quienes  después  de  obligar  al conductor del vehículo a detenerse, dispararon contra  la   humanidad   de   Saldarriaga,   a   consecuencia   de   lo  cual  falleció  inmediatamente.   

          El  hecho  se  le  imputó a LUCAS EDGARDO ARTEAGA GUISAO, con quien  Saldarriaga   Gallego  había  tenido  una  disputa  un  mes  antes.     

         

LA    DEMANDA   DE  CASACIÓN   

      

          Primer  cargo   

          Al  amparo  de  la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  el  defensor  de  LUCAS  EDGARDO  ARTEAGA  GUISAO,  acusa la sentencia de  haberse  dictado  en un juicio viciado de nulidad, por violación del derecho de  defensa  y  la comprobada existencia de irregularidades sustanciales que afectan  el debido proceso.   

          En   orden   a   fundamentar  su  pretensión,  esgrime  que  en  la  resolución  mediante  la  cual se declaró persona ausente al procesado ARTEAGA  GUISAO  el  Fiscal  instructor  omitió  señalar  los hechos y los elementos de  prueba  en que se fundó su vinculación, requisitos necesarios para su validez,  pues  aun  cuando  se  trate  de  un  contumaz el Estado tiene la obligación de  hacerle  saber  los  “fundamentos, circunstancias y  antecedentes  procesales que le llevan a efectuar el juicio de atribuibilidad en  el  grado  de  conocimiento posibilidad” para efectos  de facilitar su defensa.   

          Además,  agrega,  la  defensa  oficiosa  permaneció  completamente  inerte  durante  todo el devenir de la instrucción, sin que tal posición pueda  calificarse  como  una estrategia defensiva si en cuenta se tiene que gran parte  de  la  prueba  de  cargo  fue  recogida  durante  esa fase procesal, sin que el  defensor  designado  hubiese concurrido siquiera a una de las diligencias con el  fin  de  ejercer el derecho de contradicción, especialmente en relación con el  principal  testigo  de  cargo  Fabio  Alexander  García  Nieto,  quien después  falleció sin que el nuevo defensor pudiera contrainterrogarlo.   

          Sostiene  que  una  adecuada  defensa técnica en esa etapa procesal  habría  redundado  en  beneficio  de  los  intereses  del procesado, porque los  declarantes      de      cargo,      “al     ser  contrainterrogados”,  tuvieron  que  aceptar  que el  conocimiento  expresado en sus intervenciones radicaba en el rumor popular, como  sucedió   con   los  testigos  Martín  Albeiro  Gómez  Álvarez,  Jhon  Mario  Valderrama  Guisao  y  Astrid  Elena  Zapata  Bedoya,  de donde concluye que una  activa  participación de la defensa técnica habría llevado al establecimiento  de  la  fuente de sus dichos, destruyendo los hechos indicadores que soportan el  fallo impugnado.   

          Se  queja  de  que  a  pesar  de  que  la orden de captura contra su  representado  se  emitió  el  4 de marzo de 2000, su vinculación sólo se haya  ordenado  ocho  (8)  meses después, cuando ya se había recopilado la prueba de  cargo  fundamental,  a espaldas del procesado y su defensor de oficio, al frente  de  quien,  después  de  su  designación,  sólo  se  practicaron  las pruebas  orientadas  a  afianzar  la  hipótesis  incriminatoria  de  la Fiscalía.    

          Además,  después  de que la captura del procesado se produjo en el  mes  de  mayo de 2002, el fiscal instructor omitió su obligación de escucharlo  en  indagatoria  y  tan sólo una vez proferida la calificación del mérito del  sumario,  dispuso  notificarle  el  contenido  de  la  misma  y  de  contera  la  existencia  del  proceso en  su contra. De esta manera, sostiene, se privó  a  su  cliente  de  la  posibilidad  de  conocer la actuación procesal en forma  oportuna para ejercer el derecho de defensa.   

          Después  de citar un antecedente jurisprudencial sobre el ejercicio  del  derecho de defensa, concluye el cargo solicitando que se decrete la nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de  la  resolución  de apertura de la instrucción,  afectando  la  validez  de  la  prueba  practicada,  porque  ella  no  pudo  ser  controvertida en su oportunidad.   

            Segundo cargo   

          Al  amparo  de  la causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  acusa  la  sentencia  de  ser  violatoria,  por vía indirecta, de la ley  sustancial   por   error   de   hecho   derivado   de   un   falso   juicio   de  identidad.   

          En  orden  a  fundamentar su pretensión sostiene que del testimonio  rendido  por  Flavio  Hernán  García  el  fallador dedujo en contra de ARTEAGA  GUISAO  un  indicio  de presencia en el lugar y hora de los hechos, cuando de su  dicho  se  establece  que fue dos horas antes del suceso cuando vio al procesado  en  el  lugar  de  los  hechos,  sin  contar  con que antes de su testimonio ese  declarante  habló  con  la madre de la víctima, enterándose de circunstancias  que rodearon los hechos.   

          Agrega  que  así se aceptara la presencia del procesado en el lugar  de  los  hechos,  de allí no puede seguirse que el mismo haya participado en el  ilícito  juzgado,  pues  la  experiencia  demuestra  que  en  ciertos  sectores  populares  de la ciudad de Medellín, los jóvenes acostumbran a portar armas de  fuego    por   las   condiciones   de   violencia   que   se   viven   en   esos  lugares.   

          Además,  la  premisa  menor  con  base  en  la cual se construye el  indicio  de  presencia,  se  topa con un escollo insalvable, pues la madre de la  víctima  pudo observar a los jóvenes que se desplazaban en la motocicleta y el  momento  en  el  cual interceptaron el taxi en que se movilizaba Carlos Andrés,  por  lo  que si LUCAS ARTEAGA hubiera participado en el hecho, lo habría podido  reconocer, ya que se trataba de una persona conocida en el barrio.   

          Sostiene  que el fallador no analizó el desfase de dos horas en que  incurre  el  testigo  garcía  Nieto frente a la hora en que dice haber visto al  procesado  en  el  lugar  de  los  hechos,  ni la información según la cual el  implicado desenfundó un arma de fuego para atemorizar a alguien.   

          Insiste  en  que la prueba indirecta deducida contra el procesado no  existe,  pues  se  deduce  de  testimonios  de  oídas,  porque  ninguno  de los  deponentes  percibió  de manera directa los hechos objeto del proceso. Además,  el testimonio de la madre de la victima es sospechoso.   

          Por  lo  tanto,  si  el indicio de presencia no existe, quedan sólo  los  indicios  de  móvil  y  contumacia,  que  son contingentes. Y el de móvil  resulta  altamente  cuestionado  porque  proviene  de  las  mismas declaraciones  cuestionadas,   entre   ellas,   la   rendida   por   Martín   Albeiro   Gómez  Álvarez.   

          Pide  que  se  haga un análisis detallado de la prueba, con base en  los  dictados  de  la  sana  crítica,  lo  cual conllevará a la falta de   certeza  para condenar a LUCAS EDGARDO ARTEAGA GUISAO, y en consecuencia a casar  el  fallo demandado, y en su lugar absolverlo del homicidio y el porte ilegal de  armas que se le imputan.     

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Primer cargo. Nulidad   

          Ninguna  de las razones aducidas por el demandante para sustentar el  cargo por nulidad, se acompaña de una debida fundamentación.   

          Es  así  como  en  el primer aparte del  libelo,  el  deman­dante se  limita  a enunciar un vicio in procedendo que  no  precisa  respecto  de su naturaleza y causa, ni mucho menos  desarrolla  y  prueba,  quejándose  de  que en la resolución que vinculó a su  defendido    mediante   declaración  de  persona  ausente  el  funcionario  instructor  omitió  señalar  los  hechos  y  los elementos de prueba en que se  fundó  su vinculación, sin confrontar la actividad cumplida con las normas que  regulaban  esta  clase  de vinculación en el decreto 2700 de 1991, vigente para  cuando se consolidó el acto procesal que se demanda.   

          Esa  falta  de confrontación no resulta gratuita para los intereses  del  demandante,  pues  el  artículo  356 de la citada normatividad procesal no  exigía  la inclusión de tales requisitos en la resolución mediante la cual se  declaraba  persona ausente a un imputado, requisitos que sí fueron incluidos en  la  legislación procesal que le sigue, a saber la Ley 600 de 2000, en la que de  manera  perentoria  se  dispone  en  su  artículo  344  que  la  resolución de  sustanciación  que declara persona ausente debe ser motivada, con la inclusión  sucinta  de  los  hechos,  la imputación jurídica provisional y la orden de la  práctica   de   pruebas   que   se   encuentren   pendientes.      

          Por  lo  tanto,  si  la  norma  que  rigió el trámite demandado no  contemplaba  la  inclusión  de  los  datos  que  ahora reclama como omitidos el  demandante  en  la  resolución de declaración de persona ausente, es claro que  su  alegación  se  queda  sin fundamento legal. Pero además, encuentra la Sala  que  el  demandante  no  hace  alusión  alguna  al  contenido del emplazamiento  efectuado  al procesado antes de su declaración de persona ausente, el que obra  al  folio  122,  en el que se observa, objetivamente, que el fiscal delimitó la  imputación,     especificando     los     delitos    por    los    cuales    se  procedía.      

          A   renglón  seguido  el  censor  alega  que  la  defensa  oficiosa  permaneció   completamente   “inerte”   durante   todo  el  devenir  de  la  instrucción,  a  pesar de que en esa etapa se recepcionó la mayor parte de los  testimonios  de cargo, a cuyas diligencias no concurrió a ejercer el derecho de  contradicción,  especialmente  en  relación  con  el principal testigo, señor  Fabio  Alexander  García  Nieto, quien después falleció sin que se le pudiera  someter a un contrainterrogatorio.   

         

          En  este aparte de la demanda, el censor desconoce que el derecho de  contradicción  no  está reducido al contrainterrogatorio de los testigos, sino  que  tiene  un ámbito mucho más amplio y se ejerce también cuando el elemento  de  convicción  se  crítica  en  si mismo y con respecto al resto del material  probatorio,  cuando  se  solicitan  pruebas, cuando se impugna, cuando se alega,  etc.  De tal manera que para una debida fundamentación de un cargo en casación  por  violación  a  esa  garantía,  el demandante debe demostrar que ninguna de  esas  aristas  del  ejercicio  del  derecho de contradicción fue ejercido en el  proceso,  o  que  de  alguna  manera  las  autoridades  que  conocieron  el caso  impidieron  su ejercicio, situaciones que ni siquiera se insinúan en la demanda  a estudio.   

También  se  queja  el  demandante  de  que  después  de  que  la captura del procesado, que se produjo en el mes de mayo de  2002,  el  fiscal instructor omitió su obligación de escucharlo en indagatoria  y  tan sólo una vez proferida la calificación del mérito del sumario, dispuso  notificarle  el  contenido  de  la  misma y de contera la existencia del proceso  en  su contra.   

          De  acuerdo  con  la  secuencia procesal observada por la Sala en la  verificación  de  la  regularidad del procedimiento observado en este trámite,  la   captura   del   procesado  ARTEAGA  GUISAO  se  dio  con  posterioridad  al  proferimiento  de la resolución que clausuró el ciclo instructivo –de febrero 6 de 2002-.   

Frente  a ese punto, la jurisprudencia de la  Sala  tiene señalado que habiendo optado por la renuencia el declarado ausente,  una  vez  se  presente  ante  la  autoridad  judicial  o sea capturado, asume el  proceso  en  el  estado  en  que  se  encuentre,  sin  que pueda retrotraerse la  actuación  para  brindarle  de  nuevo oportunidades que fueron atendidas con su  defensor oficioso.   

En  tales  casos, también ha dicho la Sala,  “aunque  la indagatoria, en principio, es allegable  en  cualquier  momento,  su  recepción  no  puede  resquebrajar  el  desarrollo  armónico  del  proceso…  el  cual  no  ha  de  paralizarse  en  espera  de la  concurrencia  de  alguien que no acude a ejercer su defensa material”1.   

Así  las  cosas,  el  censor  no  acredita  vulneración  alguna  de  las  garantías  de LUCAS EDGARDO ARTEGA GUISAO, menos  cuando  guarda  silencio  sobre  la  oportunidad que el mismo tuvo de rendir sus  descargos  en  la  audiencia  pública,  y  tampoco  insinúa siquiera que se le  hubiese  restringido el acopio de pruebas en el juicio, en el que el procesado y  su  defensor  tuvieron  la  posibilidad  de  ejercer  a  plenitud  el derecho de  contradicción.   

          Segundo cargo. Violación indirecta   

          Ha  indicado la Sala con insistencia que el error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  sólo es viable invocarlo cuando quiera que el juzgador,  al  apreciar  una  prueba  distorsiona  su  contenido  objetivo  o  lo  cercena,  poniéndola  a  decir  lo  que  ella  materialmente  no  dice.  Por lo tanto, la  demostración  de  un  yerro  de esta naturaleza, implica que el demandante debe  acreditar  no solamente la incongruencia de la prueba entre lo apreciado por los  falladores  y  lo  que  ella  materialmente  revela,  sino  la incidencia de ese  desacierto   en  la  decisión  objetada  y  obviamente  su  desacuerdo  con  la  ley.   

          En   el   presente   caso,  el  demandante  acusa  al  falllador  de  haber  incurrido en un falso  juicio  de  identidad  porque  del testimonio rendido por Flavio Hernán García  dedujo   un   indicio   de  presencia,  sin  analizar  otros  aspectos  como  el  “desfase”  de  dos horas en que incurre el testigo García Nieto frente a la  hora  en que dice haber visto al procesado en el lugar de los hechos, pero no le  demuestra  a  la  Corte  de  qué manera se distorsionó, tergiversó, alteró o  falseó  la  prueba, para lo cual era necesario confrontar el contenido material  de  ésta  con  las  deducciones  que  de  la  misma consignó el fallador en la  sentencia impugnada.   

         

Además,  el  demandante  omite  cualquier  consideración   en   relación  con  la  trascendencia  del  pretendido  yerro,  limitándose,  en  cambio,  a  señalar  que  así  se aceptara la presencia del  procesado  en  el  lugar de los hechos, de allí no podía seguirse que el mismo  participó  en  el  ilícito  juzgado,  porque  la  experiencia demuestra que en  ciertos  sectores  populares de la ciudad de Medellín, los jóvenes acostumbran  a  portar  armas  de fuego por las condiciones de violencia que se viven en esos  lugares,  y  que además la madre de la víctima no reconoció al procesado como  uno   de   los   agresores   de   su  hijo,  cuando  estuvo  en  condiciones  de  verlo.   

Con  tal argumento, la dirección del ataque  causa  perplejidad,  porque inicialmente insinúa que el error consistió en una  presunta  distorsión  del  contenido material del testimonio rendido por Flavio  Hernán  García,  pero  enseguida  reprocha la fuerza de convicción dispensada  por  el  juzgador  a  otros elementos de juicio, sin que aparezca a lo largo del  desarrollo  del  reproche  un argumento de peso que permita siquiera suponer que  tales  medios  de convicción fueron desfigurados en su contenido material o que  de  su  examen  se  hubiese  desprendido una consecuencia ilógica, irracional o  incongruente  con  los  dictados  de  la  lógica, las leyes de la ciencia o las  máximas  de la experiencia y el sentido común, si lo que quería era denunciar  un  falso raciocinio, como lo pretende cuando acude a citar la supuesta regla de  la  experiencia  que  enseña  que los jóvenes de ciertos sectores de Medellín  acostumbran a portar armas de fuego.   

Así, ante los insalvables defectos de orden  técnico  y  de  fundamentación,  que la Corte no puede enmendar por virtud del  principio  de  limitación  que gobierna la casación se inadmitirá la demanda,  sin  que advierta la violación a garantía fundamental alguna que en virtud del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal conduzca a la Sala a actuar  oficiosamente en relación con el procesado de autos.   

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor  del  procesado  LUCAS  EDGARDO ARTEAGA GUISAO por las  razones   esgrimidas   en   la   parte   motiva  de  esta  decisión.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

             

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                    IMPEDIDO   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Fallo  de  casación  del  6  de  diciembre  de 2001,  radicado No. 13.616.     

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