25290(05-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25290  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 112  

Bogotá  D.C.,  cinco (5) de octubre de dos  mil seis (2006).   

V I S T O S  

Se  pronuncia la Corte respecto del recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor de HAROLD  GAMBOA   VELÁSQUEZ,   ex   Juez   1°   Laboral  de  Buenaventura,  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Buga de  fecha  24  de  enero  de 2006, por medio de la cual fue condenado como autor del  delito de peculado por apropiación.   

HECHOS  

El acontecer fáctico del que se ocupó este  proceso,  fue  resumido  por  el  Tribunal  Superior  de  Buga,  de la siguiente  manera:   

“Se contrae al acto de apropiación de unos  dineros  públicos,  a través de la producción de un fallo de la jurisdicción  laboral,  concretamente  del  JUEZ PRIMERO LABORAL DEL CIRCUITO DE BUENAVENTURA,  para  la  época  de  1994  a 1995. El juez HAROLD GAMBOA VALÁSQUEZ condenó al  FONDO  DE  LIQUIDACIÓN  DEL  PASIVO  DE  PUERTOS DE COLOMBIA a pagar la suma de  $4.968.344.25  pesos,  por  concepto  de  indemnizaciones  por  pérdida  de  la  capacidad  laboral  del  demandante  en  ese  proceso  laboral,  ciudadano  JUAN  TEODOCIO   RIASCOS   RIASCOS;   $259.714,29  pesos,   por  concepto  de  la  reliquidación  de  su  cesantía definitiva, $31.752.817,60 pesos, como suma de  indemnización  moratoria y $11.673,83 pesos diarios desde el día siguiente del  fallo  (el  22  de  mayo de 1995) hasta que se verifiquen los pagos de las sumas  indicadas …”     

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La Fiscalía General de la Nación a través  de  la  Fiscalía  20  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá inició la  correspondiente  investigación, labor que desplegó desde el 7 de mayo de 2004.  La  investigación  se  inició  por  los  delitos  de prevaricato por acción y  peculado por apropiación.   

Sin  poderse  localizar  al  sindicado, fue  emplazado  y  declarado  persona ausente, no sin antes declarar la prescripción  por el delito de prevaricato.   

En  su  contra  fue  decretada  medida  de  aseguramiento  el  29  de  septiembre  de  2004  consistente  en  la  detención  preventiva.    

Así   las  cosas,  surtida  la  fase  de  instrucción  se  procede  a  cerrar  la  misma  y  a  proferir  resolución  de  acusación  el  4  de  marzo  de 2005, acusándolo de la comisión del delito de  peculado  por  apropiación en la modalidad de favorecimiento a terceros, de que  trataba  el  artículo  133  del  Decreto 100 de 1980, pues era la norma vigente  para el momento de proferirse el fallo correspondiente.   

Esta  determinación  no  fue  objeto  de  impugnación y cobró la ejecutoria de rigor.   

Celebrada   la  diligencia  de  audiencia  pública,  el  Tribunal  Superior de Buga, ante quien se acusó al procesado, en  decisión  del  24  de  enero  de  2006 decide condenarlo a la pena de siete (7)  años  de  prisión  como  responsable  del delito de peculado por apropiación,  igualmente  lo  condenó  al  pago  de  multa  por  valor de un millón de pesos  ($1.000.000)  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el término  de cinco (5) años.   

También  lo condenó al pago de perjuicios  materiales por la suma de $48.075.138,14 a favor de FONCOLPUERTOS.   

En  la  misma  determinación  se  ordenó  reiterar la orden de captura para el cumplimiento de la pena.   

LA DECISIÓN DEL TRIBUNAL  

El  Tribunal  Superior  de  Buga  decidió  condenar al acusado, con los siguientes argumentos:   

Comienza la Corporación por advertir que el  procesado  se aprovechó de su condición de juez de la República y manipulando  el  proceso  judicial  laboral logró un beneficio ilegal a favor de un tercero.  Indebida  utilización  del  proceso judicial que hace recaer en que derivado de  la  relación  funcional  de  disposición  de bienes que le brindaba su calidad  personal,  ordenó  el  pago  de  una cuantiosa suma de dinero sin que existiese  fundamento legal.   

Dice  el  Tribunal  que  la  ilegalidad del  pronunciamiento  se  comienza  a  revelar,  cuando  el  juez  laboral atiende la  demanda  presentada  empezando  por  los  asuntos  subsidiarios a los cuales les  entrega  una  importancia  inusual,  la  cual  coloca  en  tela de juicio que se  pudiese           atender          como          solicitud          extrapetita,    pues   considera   que  resultaba  mejor  para  los  ilícitos propósitos que se lograra el pago de una  suma  de  dinero  y  no  un  reconocimiento futuro y de tracto sucesivo que bien  podía ser revocado eventualmente.   

También censura que el juez haya tomado en  consideración  un  dictamen  de Medicina Legal para acreditar la supuesta falta  de  capacidad  laboral,  la cual fue descartada por sencilla lógica por la Sala  Laboral  de  Descongestión  del Tribunal Superior de Bogotá concluyendo que si  el  empleado  había laborado durante 20 años y estaba pretendiendo la pensión  de  jubilación  era  por cuanto había capacidad laboral. Entonces, se pregunta  el  Tribunal, si estaba incapacitado para laborar en un 70%, cómo pudo entonces  laborar  para  completar  los 20 años de servicios y así optar por la pensión  de jubilación?   

Interrogante  que  por  lo  menos  debió  inquietar  al  juez,  el  cual  debía  a  lo  sumo  decretar la ampliación del  dictamen   para   establecer  si  la  supuesta  incapacidad,  que  se  reportaba  concretamente  como  epilepsia,  había  sido  adquirida  antes o después de su  vinculación  laboral, es decir, el nexo de causalidad entre las enfermedades de  trabajo y la labor desempeñada.   

Frente a las agencias en derecho decretadas  en  el  fallo  que  propició  la  apropiación  patrimonial  del  Estado  y que  ascendieron  a  la suma de $11.094.262, considera el Tribunal que resulta siendo  una        suma        “exorbitante”.   

Por  último,  refiere el Tribunal que para  consumar  la  “rapiña”  a los dineros de “FONCOLPUERTOS”, el ex Juez acusado no  le dio trámite a la consulta de la sentencia.   

Sobre  la  procedencia  de  la consulta, el  Tribunal  de  Buga  trae  en  comento lo que señaló la Corte Constitucional en  fallo del 1° de septiembre de 1999, para concluir:   

“Pero  claro,  esa  interpretación  que la  Corte  emitió  como  la  única  plausible  y razonable, que se desprendía del  texto  de la ley laboral, y que evidenciaba una política de transparencia de la  gestión  pública,  de  defensa de los intereses públicos, en los casos en que  la  administración  pública  o  el  Estado,  en  cualquiera  de  sus entidades  territoriales  resultara condenada, no le pareció para nada a estos jueces, que  tanto  en  la  costa  atlántica como en la pacífica, quisieron sacar partido y  todos  a  una  como  fuente  ovejuna,  caerle  al tesoro público y enriquecerse  ilegalmente,  como  lo  hizo  el Dr. HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, y por lo cual fue  condenado  por  este mismo Tribunal, el 12 de marzo de 2002, providencia que fue  confirmada  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala Penal, el 21 de enero de  2003, encontrándose prófugo en la actualidad.”.   

Por   estas  razones  encuentra  que  los  presupuestos  señalados  en  la  ley  para  condenar  se  encuentran  reunidos,  evidenciándose    que   se   incurrió   en   un   comportamiento   típico   y  responsable.   

Por  ello, parte de la pena señalada en el  artículo  133  del  Decreto  100 de 1980 (modificado por la Ley 43 de 1982 art.  2°),  pues  encuentra  que  es la norma más favorable para aplicar al caso con  una  pena  de  4  a  15 años de prisión, en tanto que la Ley 190, que entró a  regir  el  6  de junio de 1995, es decir, días después de que se profiriera la  sentencia  lesiva  a  los intereses patrimoniales de FONCOLPUERTOS (fallo del 22  de  mayo  de  1995),  señaló  como  marco punitivo de 6 a 15 años, el cual se  mantiene en la Ley 599 de 2000.   

A  la pena mínima de 4 años, incrementa 3  años  más  por  razón de las circunstancias particulares del hecho y su grado  de  culpabilidad,  las  condiciones personales del condenado, pues se trataba de  un  juez  de  la  República,  especialmente  atendiendo  al  ordinal 4° de que  trataba el artículo 66 del Decreto 100 de 1980.   

Frente  a  la  pena de multa, la cual puede  dosificarse  entre  $20.000 y $2.000.000, la fija en $1.000.000, mientras que la  interdicción   de   derechos   y   funciones   públicas   la   señala   en  5  años.   

Con  relación a los perjuicios materiales,  los  señala  conforme al valor de la apropiación que lo fue por $48.075.138,14  a favor de FONCOLPUERTOS.   

SÍNTESIS   DE   LA  IMPUGNACIÓN   

Inconforme   con  la  determinación,  el  defensor    recurre    la    sentencia    condenatoria    con    base    en   lo  siguiente:   

Calificando     como    “farisaica”   a  la  administración  de  justicia  en la crítica que hace a los jueces que, en su criterio, lo que hacen  es  cumplir con la ley, sostiene que su defendido ha sido víctima de un proceso  penal  en  el que sólo se tomó en consideración lo desfavorable, dejando a un  lado  las  pruebas  que  lo  beneficiaban,  situación que lo llevó a que ya la  Corte  Suprema de Justicia lo hubiera condenado por un incremento patrimonial no  justificado,  cuando  dicho  patrimonio,  equivalente  a  doscientos millones de  pesos, fue fruto de arduo trabajo mancomunado con su esposa.   

Dice que no entiende porqué el Tribunal se  escandaliza  por  la  suma  a  la  cual el ex Juez laboral condena a favor de un  trabajador  que por más de 20 años dedicó su trabajo y esfuerzos a la empresa  de  puertos  como bracero, sacrificando su salud. Cuarenta millones de pesos que  es  la  suma que un Magistrado de Tribunal devenga en aproximadamente tres meses  y medio.   

Con relación a la justificación jurídica  de  la  condena  decretada por el juez laboral contra FONCOLPUERTOS, asegura que  la  misma  estaba  legítimamente  sustentada  en  la  convención  colectiva de  trabajo  que se había suscrito entre los empleados y la empresa, lo cual aunado  a  la  obligatoriedad  de  su  cumplimiento  consagrada  en  el artículo 467 el  Código  Laboral,  generaba  un  claro derecho a favor de los trabajadores, cosa  que  precisamente,  en  su concepto, reconocieron los representantes legales del  empleador   al  no  impugnar  las  decisiones  condenatorias  proferidas  en  su  contra.      

Sostiene que la problemática suscitada por  la  firma  de  la convención colectiva con los empleados de Puertos de Colombia  no  podía   trasladársela  a los jueces, y la claridad que surgió con el  fallo  señalado  por  el  Tribunal  de  la Corte Constitucional es posterior no  sólo  a  la decisión que supuestamente propició el peculado, sino que incluso  fue después de que el juez se retirara de su cargo.   

Lo cierto es que cuando el juez profiere el  fallo,  no  era  obligatoria  la  consulta  de las providencias, por ello no era  exigible  que  diera  trámite  a  la  misma,  siendo la censura por este hecho,  además,  “draconiana” por  parte  de  la  Fiscalía,  pues  cree que al ver que el delito de prevaricato se  encontraba  prescrito,  enmarcó  la  imputación  en  el delito de peculado por  apropiación.   

Se  suma  a  lo  anterior, en concepto del  recurrente,  el  hecho  que  el  juez  cuando  asume  su  función  no  tiene la  disponibilidad   jurídica  de  bienes,  pues  maneja  tan  sólo  “títulos    judiciales   y   los   muebles   y   enseres   de   la  oficina”,  razón por la cual no es posible concluir  que puede estar inmerso en la conducta de peculado.   

Ahora  el  hecho  que  a  un  funcionario  judicial  le  revoquen  una  decisión por el superior, no lo hace “delincuente”,  mucho  menos  cuando se  funda  en  fuentes  legítimas  como  la  ley  y,  por  ejemplo, una convención  colectiva  de  trabajo.  Así,  si las condenas irrogadas por el Juez acusado se  basaban  en los datos, promedios y contabilizaciones consagrados precisamente en  la  convención  colectiva,  mal  podía censurársele pues lo que se hacía era  aplicar  la  ley,  lo  que lleva a concluir que sin pruebas se ha procedido a la  condena de su defendido.   

Con  relación  al  dictamen  del  perito  laboral,  sostiene  que  ni  la  parte  demandada  ni  el Ministerio Público lo  objetaron,  de  ahí  que  siendo  un perito adscrito al Ministerio de Trabajo y  Seguridad Social, merecía toda la credibilidad del caso.   

Corolario  de lo anterior, en su concepto,  siendo  el  delito  una  manifestación  de  un  hecho  típico, antijurídico y  culpable,  no encuentra reunidos esos presupuestos en este caso, lo que lo lleva  a   solicitar   la   revocatoria   de   la  determinación  condenatoria  y,  en  consecuencia,   la   absolución   de   su  defendido,  ó,  por  lo  menos,  el  reconocimiento de la existencia de la duda.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

1.-  La inconformidad del impugnante  realmente  es concreta, pues se refiere en su exposición a la supuesta falta de  sustento  probatorio de la condena, a la atipicidad de la conducta y la ausencia  de   responsabilidad   derivada  del  cumplimiento  de  un  deber  legal  en  la  determinación  que  se  deduce  en  la  acusación  como propósito de ilícita  apropiación de dineros del Estado.   

2.-   En  estas  condiciones,  debe  decirse  desde  ahora que la Sala confirmará la decisión de primera instancia,  pues  se advierte, a contrario de la alegación del recurrente, que correcto fue  responsabilizar       a       HAROLD      GAMBOA  VALÁSQUEZ, ex Juez 1° Laboral de Buenaventura, por  la comisión de una conducta típica, antijurídica y culpable.   

En   efecto,   la   declaratoria   de  responsabilidad  si  bien es cierto no se encuentra en la extensión que tal vez  esperaba  el demandante, sí expone concretamente los aspectos que se consideran  relevantes  para  encontrarlo responsable de la comisión del delito de peculado  por apropiación.   

Es  así  como,  se dedicó el Tribunal a  profundizar  sobre  los siguientes aspectos, los que no sobra recordar y recabar  argumentativamente   a  efectos  de  confirmar  la  decisión  del  a quo:   

2.1.-   Frente a la vinculación que  el  juez  tenía  con los dineros, es decir, por la disponibilidad jurídica que  le  asistía  como  juez  laboral  frente  a  bienes  del  Estado  a  través de  FONCOLPUERTOS,  claramente  se  concluyó  que  el hecho de desarrollar actos de  disposición  jurídica  como los que propiamente puede hacer el juez laboral en  desarrollo  de  un  proceso  de  tales  características,  resulta  claro que se  ostenta  un  deber  funcional  en cuanto a que puede  adoptar  decisiones  de  tal  forma  que termina administrando bienes o recursos  estatales,   posibilidad   que  sugiere  que  sus  decisiones  bien  pueden  ser  peculadoras.   

Con   relación   a  la  disponibilidad  jurídica  de  los  bienes  y recursos del Estado, ha dicho esta Corporación en  casos notoriamente similares al presente:   

“La  apropiación de dineros estatales en  beneficio  de terceros, para este caso los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y  su  apoderado  judicial, no ofrece dificultad alguna; lo que no  ocurre  con la vinculación que el Juez 8º Laboral del Circuito de Barranquilla  tenía  con  tales  dineros.  En  atención a que el instructor concluyó que el  procesado  no  ostentaba  disponibilidad  jurídica  sobre  ellos, con el fin de  lograr  la  necesaria  claridad  sobre  el  punto,  conveniente resulta recordar  algunos pronunciamientos de la Sala que ilustran el concepto.   

“En sentencia de casación proferida en la  radicación  8729,  el 4 de octubre de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo  Gómez Velásquez, se leen las siguientes citas:   

       ”  La  expresión  utilizada  por  la  Ley  en  la  definición de  peculado  y  que  dice  “en  razón  de  sus  funciones”,  hace referencia a las  facultades    de    administrar,    guardar,    recaudar,   etc.,   no  puede  entenderse  en  el  sentido  de  la adscripción de una  competencia  estrictamente  legal  y determinada por  una  regular  y  formal  investidura que implique una íntima relación entre la  función  y  la facultad de tener el bien del cual se dispone o se hace mal uso;  no   significa,  pues,  que  tales  atribuciones  deban  estar  antecedentemente  determinadas  por  una  rigurosa y fija competencia legal, sino que es  suficiente  que  la  disponibilidad  sobre  la  cosa  surja en  dependencia   del   ejercicio   de   un   deber   de   la   función.  La  fuente  de  la  atribución,  en  otros términos, no surge  exclusivamente  de  la  ley  puesto  que  ella  puede  tener  su  origen  en  un  ordenamiento  jurídico  diverso que fija la competencia en estricto sentido. Lo  esencial  en  este  aspecto, es la consideración de que en el caso concreto, la  relación   de   hecho   del   funcionario   con   la   cosa,  que  lo  ubica  en  situación  de  ejercitar  un poder de disposición  sobre   la   misma  y  por  fuera  de  la  inmediata  vigilancia  del  titular  de  un  poder  jurídico  superior,  se  haya  logrado  en  ejercicio  de  una función pública,   así   en  el  caso  concreto  no  corresponda    a    dicho    funcionario    la   competencia   legal   para   su  administración.  Igual  se presentará el delito de  peculado  en  la  hipótesis  de  que  la  administración  del  bien derive del  ejercicio  de  una función nominalmente propia de otro empleado”. (Sentencia de  3 de agosto de 1976).   

“Las  facultades de manejo en el empleado  público,  que  son  las que en este caso considera ausentes el casacionista, no  solamente  las  otorga  la  ley,  el  decreto,  la  ordenanza o el acuerdo, sino  también  las  resoluciones,  los  reglamentos  y hasta la orden administrativa,  cuando  los destinatarios son servidores del Estado. De suerte que por medio del  mandato,  entiéndase  como  contrato  o como orden, se transfieren, trasladan o  delegan,  total  o  parcialmente,  esas atribuciones al mandatario, quien por el  mencionado  encargo  las ejercita”. (Sentencia de septiembre 8 de 1981. M.P. Dr.  Fabio           Calderón          Botero)1   

“En  el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica   y  que  esa  disponibilidad  no  necesariamente  deriva  de una  asignación  de competencias, sino que basta que esté vinculada al ejercicio de  un  deber  funcional, forzoso es concluir que ese vínculo surge entre un juez y  los  bienes  oficiales respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en  que  con  ese  proceder  también  está administrándolos. Tanto es así que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –  Ministerio de Hacienda y Crédito  Público),  pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de  Colombia  y  del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración  de  mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho  de dominio.   

“En  esas  condiciones,  la  competencia  funcional  del  Juez  8º  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  la cual le  permitía   resolver   los   conflictos   laborales   entre   el  Estado  y  los  extrabajadores   de   la   Empresa   Puertos  de  Colombia,  le  confirieron  la  disponibilidad  jurídica  de las sumas cobradas por prestaciones laborales a la  Nación  en  los  casos  a que se refiere este proceso,  por manera que, la  apropiación  de tales bienes a favor de terceros, se consumó por razón de las  funciones  oficiales que cumplía el procesado, de donde se debe concluir que la  extracción  de dineros de la Nación no estructuró el delito de estafa sino el  de       peculado      por      apropiación”.2   

En  estas  condiciones,  queda  claro que  ninguna  crítica  puede  hacérsele  al  hecho  que  el  acusado  hubiera  sido  condenado  como  responsable  de  una  conducta  que se ajusta a la descripción  normativa del delito de peculado por apropiación.   

2.2.-    La   clara   y   abierta  manipulación  que  el funcionario hizo del contenido de la demanda laboral y de  las  pretensiones  de  la  misma,  igualmente  fue  abordado  por el fallador de  primera   instancia,   a   lo  cual  debe  agregarse  que  no  es  solamente  la  elucubración  del  aquí  juzgador a quo  lo  que  deja  probatoriamente  establecida  la ilegalidad de la  conducta,   sino   el   claro   y  expreso  reproche  que  la  Sala  Laboral  de  Descongestión  del Tribunal Superior de Bogotá efectuó en la decisión del 15  de  noviembre  de  2002,  al  momento  de  revocar en su integridad la sentencia  proferida  por  el ex Juez laboral acusado con base en elementos probatorios que  igualmente   fueron   allegados   a   esta  actuación  penal.      

En tal determinación se observa cómo la  Sala  Laboral  censura  el hecho que el Juez 1° Laboral de Buenaventura hubiera  escogido  la  indemnización por invalidez como pretensión principal, en vez de  la  pensión  por  invalidez,  pasando  por  alto  la  prelación  que  el mismo  demandante  le  entregaba  en  la  demanda, pero lo más grave, sin precisar tan  siquiera  que  la incapacidad laboral hubiera sido a consecuencia de accidente o  enfermedad  profesional,  pues  resultaban siendo las únicas eventualidades que  hubieran podido generar el derecho amparado.   

A  este respecto, el Tribunal de Bogotá,  Sala            Laboral           sostuvo3:   

“El   juez   de   primera   instancia  tergiversando  el  petitum  accedió  a  la  pretensión  subsidiaria  sin antes  analizar  la  principal,  al  valorar sin ningún reparo un dictamen médico que  obra  en  el  plenario  y  por ello consideró que el pensionado por jubilación  ameritaba  el  pago  de  $4.968.344,25 en virtud a la indemnización que por una  supuesta  disminución  de  la  capacidad  laboral, había padecido éste (folio  283).   

“Ahora bien bastaría con apoyarnos en la  incongruencia  a la que acabamos de referirnos existente entre el petitorio y la  sentencia  que  hoy  se  revisa,  para revocarla, pues si bien es cierto el juez  laboral  cuenta  con  las  facultades consagradas en el artículo 50 del C.P.L.,  también  lo  es que éste no puede transgredir el derecho de defensa fulminando  condenas  que  el  accionante  no  buscaba  en  principio  y  a  la  que acudía  únicamente  en  el  evento  de  que  no  prosperara  la  primera;  no  era  una  indemnización  por  la supuesta falta de capacidad laboral lo que ante todo él  quería,  sino  que  se  le  sustituyera  la  pensión  de  jubilación  por  la  invalidez.”.        

2.3.-   Adicionalmente,  juega papel  importante  en  el  hecho de ver cómo se quería lograr a como fuera la condena  del  Estado  a través de FONCOLPUERTOS, que se pasaron por alto en la sentencia  laboral  proferida  por  el  juez acusado, presupuestos simples de lógica, como  pretender  que  existía  una  manifiesta  incapacidad laboral del 70% cuando se  había  laborado  por  mas  de  20  años  para  optar  y  lograr la pensión de  jubilación.   

Cosa que ni siquiera inquietó al juzgador  como  para  haber  explorado sobre ese aspecto en el proceso laboral, tanto así  que el Tribunal concluye:   

“Pues  bien,  al  acudir  al  texto  que  corresponde  a  la  sentencia no halla la Sala un solo párrafo que se refiera a  la  posibilidad  de  sustituir  la  pensión de jubilación por la de invalidez,  como  tampoco  figura  en  el  expediente  el  experticio  que hubiera declarado  inválido  al  señor Riascos, cosa que por cierto contradice la lógica pues si  bien  se  analizan llanamente los hechos deberíamos concluir que si el empleado  laboró  por  espacio  de  20  años  -requisito  para  obtener  la  pensión de  jubilación-  naturalmente  durante  ese  lapso estuvo apto para cumplir con sus  obligaciones.”       

Es  más,  al  proceso laboral se allegó  experticio  practicado  por  médico en el cual se mencionaba que el señor Juan  Teodocio  Riascos  padece de epilepsia y de artrosis en la rodilla derecha, así  como  también  que  presenta incapacidad laboral del 70%, sin embargo, nunca el  médico  estableció  nexo  alguno  con su vinculación laboral a FONCOLPUERTOS,  menos  aún cuando este examen se practica cinco años después de que se había  desvinculado laboralmente de la empresa.   

De  otra parte se tiene que el indicio de  capacidad  para  delinquir  fue  debidamente  confeccionado  por  el Tribunal al  advertir  que por el delito de enriquecimiento ilícito fue condenado el ex Juez  HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ  precisamente  para  cuando  se desempeñó como Juez 1° Laboral del Circuito de  Buenaventura   en   fallo  que  cobró  ejecutoria  el  21  de  enero  de  2003.   

En  fin  se  cuentan   con   razones,  de  claro  y  contundente  soporte  probatorio,   más   que   suficientes  para  que   la   decisión   de  condenarlo  sea  confirmada,   advirtiéndose    que    no    obstante   el   ex   Juez    laboral    no   dio    trámite    a   la   consulta,     realmente    esa    obligación,    como   lo   señaló   y  resalta  el  recurrente,  bien   puede   entenderse   que   se  clarificó  con  el  fallo  de  constitucionalidad  que  cita  el  Tribunal  de  Buga,  producido con  posterioridad   a   cuando  se  emitió  el  fallo  de  condena  laboral  contra  FONCOLPUERTOS,  de  ahí  que  la Sala lo haya apartado como hecho indicador del  dolo,  el  cual,  como  se  observó  se  edifica  en  otros  variados elementos  probatorios.   

SOBRE     LA  DOSIFICACIÓN   DE   LA  PENA   

1.-   Frente  a  la  dosificación  punitiva  que  efectuó  el  Tribunal de Buga y la nueva codificación penal, se  harán las siguientes precisiones:   

No  se  encuentra  reproche  alguno en la  aplicación  de  la  pena  señalada  en el Decreto 100 de 1980 no solamente por  cuanto  es  la  vigente para cuando se adopta la determinación que defrauda las  arcas  de  FONCOLPUERTOS  sino por cuanto es innegablemente la más favorable en  comparación con las normas posteriores.   

Por  el  contrario, sí existe reparo por  parte  de  la Corte en cuanto al incremento punitivo de tres  (3) años que  efectuó  el sentenciador sobre la pena mínima de cuatro (4) años y que dedujo  como  básica,  pues  partió  de la “investidura”, de la “función especial que  cumple  un  juez”  y de la “preparación ponderada del hecho punible”, así como  también del “grado de culpabilidad”.   

No  está de acuerdo la Sala con el hecho  que  se  le  hubiera  incrementado  la  pena  partiendo  de  las  tres  primeras  circunstancias,  es  decir,  de  la  “investidura”, de la “función especial que  cumple  un  juez”  y  de la “preparación ponderada del hecho punible”, pues son  ciertamente  circunstancias genéricas de agravación punitiva, las cuales no se  mencionaron   ni   se   dejaron  plasmadas  como  tales  en  la  resolución  de  acusación.   

Ahora,  con  relación  a  la mención al  grado   de   culpabilidad,  éste  era  el  único  que  podía  ser  tenido  en  consideración  como  factor  dosimétrico  atendiendo al artículo 61 de la Ley  599 de 2000.   

Frente al método para dosificar la pena,  resulta  claro  que  la  tesis  de  los  cuartos  señalada  en  la  Ley  599 es  innegablemente   más   benéfica   pues   para   este  caso,  sin  que  existan  circunstancias   de   agravación  punitiva  deducibles  en  la  resolución  de  acusación,  la  pena  en  todo caso no puede sobrepasar del cuarto mínimo, que  frente  a  un  delito con pena que oscila entre 4 y 15 años está entre 4 años  (48 meses) y 6 años y 9 meses (81 meses).   

Ahora, teniendo en cuenta que el Tribunal  otorgó  trascendencia  a  la  intensidad  dolo pero sin delimitarlo en el monto  punitivo  concreto  que ameritaba, estima la Sala que lo proporcional y prudente  es  señalar  un  justo  medio  del incremento correspondiente al cuarto mínimo  señalado,  es  decir,  concluir  que  los  cuatro  (4) años mínimo de los que  partió  el  sentenciador,  se  incrementarán en dieciséis (16) meses y quince  (15)  días  más,  lo  que  arroja  un  total de pena a cumplir de SESENTA  Y  CUATRO  (64)  MESES  Y  QUINCE (15) DÍAS de  prisión en vez de los siete años (84 meses) impuestos por el  Tribunal de Buga.           

De  la misma manera y proporcionalmente a  la  menor  pena  que  corresponde  aplicar  a  esta  instancia,  la  pena  ahora  denominada  con  la  Ley  599  de  2000  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas queda en CUARENTA Y  CINCO  (45)  MESES  Y  VEINTIÚN (21) DÍAS, mientras  que  la  pena  de multa queda en $761.904.   

En todo lo demás se confirmará el fallo  objeto de censura.    

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACION PENAL, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.-          Modificar       la   sentencia      proferida      por      el     Tribunal   Superior    de    Buga,   en   el   sentido   que   la   pena  a  imponer  al  procesado  HAROLD           GAMBOA           VELÁSQUEZ   es  de  SESENTA   Y    CUATRO    (64)    MESES    Y   QUINCE   (15)   DÍAS    DE    PRISIÓN,    la   pena    de    inhabilitación    para    el  ejercicio   de    derechos    y    funciones   públicas   es   de     CUARENTA    Y    CINCO   (45)   MESES   Y  VEINTIÚN (21) DÍAS  y   multa   por   valor   de   $761.904.   

2.-         Confirmar   en   todo  lo  demás  la  sentencia   objeto   de   impugnación,   en  razón  a  los  argumentos  atrás  expuestos.   

Notifíquese,  cúmplase y devuélvase al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                             MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Comisión   de   servicio                                                     Permiso   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                   JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 En  sentido  similar:  Sentencia,  octubre  2/97,  rad.  11.657. Sentencia noviembre  12/97, rad. 9887.  Sentencia noviembre 3/98, rad. 10.778.   

2  Sentencia del 6 de marzo de 2003. Rad. 18.021   

3  Folio 317 cuaderno anexo N° 2.     

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