25119(16-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25119  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No. 057   

Bogotá  D. C., dieciséis (16) de junio de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por el defensor de MARÍA LUCILA ACOSTA ARENAS, contra el  fallo  del  10  de  octubre  de  2005,  mediante el cual el Tribunal Superior de  Pereira  confirmó la sentencia dictada el 5 de septiembre del mismo año por el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Pereira, que condenó a dicha procesada  como  autora  de  “Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,   en   la   modalidad   de   llevar   consigo   250  gramos  de  cocaína”,  a  la  pena principal de noventa y seis  (96)  meses de prisión, a inhabilitación de derechos y funciones públicas por  igual  lapso,  al pago de multa por valor de $ 50.800.000; le negó el subrogado  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena; y le concedió la  prisión domiciliaria.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  Los  acontecimientos  que originaron la  investigación  penal  fueron  relatados  de  la siguiente manera por la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Pereira, en la sentencia de segunda  instancia del 10 de octubre de 2005:   

“Los hechos tuvieron ocurrencia el 22 de  abril  pasado,  cuando  la señora Acosta Arenas se disponía a salir del país,  acompañada  de  un  menor, para España. Al momento de pasar por la sección de  emigración  del  aeropuerto Matecaña de esta capital, y los policías hacer la  pesquisa  de  rutina, encontraron una bolsa, en el interior de la cual había un  sobre  de  manila  que contenía una agenda, la que resultó sospechosa para los  gendarmes,  por  lo  que le insertaron un “chuzo” y notaron que en las tapas  había  una sustancia pulverulenta, amarillenta, por lo que procedieron a llamar  a  los  servidores  públicos  encargados  de  realizar  la  verificación de la  sustancia,  quienes  obtuvieron  resultado  positivo  para cocaína, en cantidad  neta de 250 gramos.”   

2.  Legalizada  la  captura  por el Juez de  Control  de  Garantías,  en   audiencia preliminar llevada a cabo el 22 de  abril  de  2005,   la  Fiscalía  que  asumió  el  conocimiento del asunto  imputó  a  la  señora MARÍA LUCILA ACOSTA ARENAS el delito de “tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes”,  tipificado  en  el artículo 376, inciso tercero, del Código  Penal,  Ley  599  de  2000,  aclarando que “el verbo  rector  será el de tráfico, a título de autor.”1;         atribución    que   la   implicada   no   aceptó;   y  por  el cual le fue impuesta la medida  de aseguramiento de detención preventiva en su domicilio.   

3.  El  19  de  mayo  de  2005 la Fiscalía  Veintiuno  Seccional  de  Pereira  allegó  el  escrito  de  acusación,  con la  siguiente   adecuación   típica:  “el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte de estupefacientes, consagrado en el artículo  376  del  C.P.  inciso tercero; modificado por el art. 14 de la Ley 890 de 2004,  en la modalidad de PORTE DE ESTUPEFACIENTES”.   

4.  El  asunto  correspondió  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  circuito  de Pereira, autoridad que convocó a audiencia de  formulación  de  la  acusación,  llevada  a cabo el 8 de julio de 2005, en los  términos  del  artículo  339  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 906 de  2004.   

La  Fiscalía  leyó la imputación como la  había  plasmado  en  el  escrito  acusatorio,  quedando,  entonces  acusada  la  implicada   MARÍA   LUCILA   ACOSTA   ARENAS   por   el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de estupefacientes,     “en     la    modalidad    de  porte”.   

5.   Se  desarrollo  el  juicio  oral  en  circunstancias  normales,  y  finalizado  el  debate,  con  sentencia  del  5 de  septiembre  de  2005, el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Pereira condenó  a    MARÍA    LUCILA    ACOSTA    ARENAS    como    autora    de   “Tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  en  la  modalidad    de   llevar   consigo   250   gramos   de   cocaína”,  a  la pena principal de noventa y seis (96) meses de prisión, y  adoptó las otras determinaciones reseñadas en la parte inicial.   

6. El defensor de la procesada interpuso el  recurso  de  apelación;  y  al   desatar  la  alzada,  con fallo del 10 de  octubre  de  2005,  una Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Pereira  confirmó íntegramente la sentencia de primera instancia.   

7.   Inconforme   con  la  determinación  anterior,  el  defensor  de  MARÍA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS interpuso el recurso  extraordinario de casación, cuya admisibilidad se analiza.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Dos  cargos  postula  el defensor de MARÍA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS  contra  el  fallo del Tribunal Superior de Pereira. Uno,  invocando  la  causal  segunda  de  casación  prevista  en el artículo 181 del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, por desconocimiento del debido  proceso;  y  el otro, con base en la causal tercera ibídem, por desconocimiento  de las reglas de apreciación de las pruebas.   

PRIMER  CARGO:  Nulidad por desconocimiento  del debido proceso   

Asegura  el  libelista  que  el  fallo  es  incongruente  respecto  de los cargos endilgados en la audiencia de formulación  de  la acusación, pues en ésta se llamó ajuicio a MARTHA LUCILA ACOSTA ARENAS  por    “porte    de   estupefacientes”;  en  la  sentencia  de  primera  instancia  fue  condenada por  “llevar    consigo”  cocaína   y   en   la   sentencia   de   segundo   grado,  por  “transportar”            esa  sustancia.   

Agrega  que  el  acusado  “no  podrá ser  declarado  culpable  por  hechos que no consten en la acusación, ni por delitos  por  los  cuales  no  se  ha  solicitado  condena”, por lo cual la imputación  fáctica  debe  integrarse,  armonizar  y atender a la unidad con la imputación  jurídica,  máxime  en  un  delito  como  el  tráfico  de estupefacientes, que  contiene   en   su   descripción   típica   varios   verbos  alternativos  con  significación específica.   

“En  este caso la sanción penal es igual  pero  es  distinto  el desvalor de porte que el de tráfico de estupefacientes y  qué  no  decir el de transportar por ser ontológica y valorativamente diverso,  por  lo  que  se  impone  al  fallador  realizar la correspondiente ponderación  conforme  a  las  circunstancias  de realización del hecho, valores, derechos y  principios constitucionales en conflicto.”   

Solicita  a  la  Corte  dejar sin efecto el  fallo  impugnado y regresar el expediente al Tribunal Superior de Pereira con la  finalidad  de  que  emita  una  “nueva sentencia para que se respete el debido  proceso y la congruencia.”   

SEGUNDO CARGO: Desconocimiento de las reglas  de apreciación probatoria. Falso juicio de identidad   

En criterio del censor, el Ad-quem incurrió  en  violación  indirecta de la ley sustancial por falso juicio de identidad, al  cercenar  y  tergiversar  los  testimonios  de Olga Liliana Gaviria Ruiz, María  Lucila  Acosta  Arenas,  Alexandra  Aponte  Gómez  y Diana Patricia Castrillón  Vanegas,  y  la  denuncia  instaurara  ante la Unidad de Policía Judicial de la  Policía Nacional de Cartago.   

Transcribe   en   lo   pertinente   las  declaraciones   que   le  interesan;  protesta  porque  el  Ad-quem  les  restó  credibilidad  por tener interés en favorecer a su pariente implicada; y diserta  de la siguiente manera:   

2.1  Con  relación  al  testimonio de Olga  Liliana  Gaviria  Ruiz, aclara que no es pariente de la implicada, sino amiga de  estudios  de  una hija de ella; y resalta que dicha testigo acudió a la casa de  la  implicada  para despedirse cuando llegó un muchacho y le pidió el favor de  que  le  llevara unos documentos y una agenda a España y que se los entregara a  otro muchacho llamado Sergio.   

2.2 En su testimonio  Alexandra Aponte  Gómez,  nieta  de  la acusada, aseguró que ella vio cuando Ferney Ortiz Fontal  le  entregó  la  agenda,  un  sobre de manila y unos documentos a su abuela (la  procesada),  para  que  se  los  llevara a España; y que además vio y escuchó  cuando  su  abuela, ya detenida en migración del aeropuerto de Pereira, le dijo  al   policía   Valencia   que  Ferney  era  la  persona  que  le  entregó  los  documentos.   

Esta prueba, dice el libelista, también fue  cercenada  por  el Tribunal Superior, por limitarse a decir esa corporación que  los  testimonios  de  los parientes de la implicada, entre ellos sus nietas, son  poco creíbles, ya que dejan entrever el ánimo de favorecerla.   

2.3 La procesada MARÍA LUCILA ACOSTA ARENAS  decidió   declarar   bajo   juramento,   y   el   Tribunal   Superior  también  “cercenó”  su  versión  al  decir  esa  corporación  que  “igual  acontece con la declaración de la señora ACOSTA ARENAS que  no  aporta  aspectos  de  mayor  importancia,  pues, sólo se trata de excusar y  desmentir  las  versiones  ofrecidas  por  los  testigos  de cargo, es decir los  AGENTES  DE  LA  POLICÍA que efectuaron la captura, en el sentido, de que desde  un  primer momento dijo el nombre de quien le había dado los documentos, cuando  los     gendarmes     al    unísono    relataron    lo    contrario”   

Recuerda el censor que la implicada relató  que  su  vecino  Ferney Ortiz Fontal le pidió el favor de que llevara a España  “un  encargo”,  unos  documentos,  entre  ellos  la  agenda que resultó con  droga,  que  un  amigo  de  él,  pero  desconocido  de ella, iba a enviar y que  alguien  llamado  Sergio  los  recibiría en Madrid. Que ella dijo a la policía  que  la  capturó  el  nombre  de  quien  le  entregó  los  documentos, a quien  denunció   posteriormente,  según  copia  que  se  admitió  formalmente  como  prueba.   

2.4 Testimonio de Diana Patricia Castrillón  Vanegas,  la agente que materializó la captura y rindió el informe de policía  judicial.   

En  la  motivación  del  fallo el Tribunal  Superior  exclamó  que  no  entendía  por  qué  la implicada no informó a la  policía  desde  un  primer  momento el nombre del vecino que le había hecho el  encargo;  y  entonces,  demeritó  las  narraciones  de  la  procesada  y de sus  parientes.   

2.5  Sobre  la  denuncia formulada el 28 de  abril  de  2005  por  la  procesada  MARÍA  LUCILA ACOSTA ARENAS, contra Ferney  Ortiz,  con  la  transcripción pertinente el censor se propone demostrar que se  refería  a los acontecimientos investigados penalmente, al encargo de llevar la  agenda  a  España  y  a  la  captura  de  ella en el aeropuerto de Pereira: Sin  embargo,  acota  el  censor,  el  funcionario  que  la  recibió “en  forma inapropiada calificó como Abuso de Confianza”,  y  el  Tribunal  Superior  la  calificó de tardía porque la  captura  de la procesada ocurrió el 22 de abril del mismo año; y menguó en su  valor  probatorio, porque, según Juez colegiado, se hizo por el delito de abuso  de  confianza,  que  nada tiene que ver con el ilícito investigado –narcotráfico-.   

El libelista advera que la  denuncia no  fue  tardía,  pues  en  principio  la  implicada  ejerció su derecho a guardar  silencio;   y   luego,   como  estaba  en  detención  domiciliaria,  no  podía  movilizarse,  al  punto que fue recibida en su domicilio por la SIJIN de Cartago  (Valle).   

En  un  aparte  del libelo que destina a la  trascendencia  de  los  yerros,  el  casacionista  sostiene  que,  en síntesis,  “fueron  omitidos  en  su totalidad” los testimonios de Olga Liliana Gaviria  Ruiz,  Alexandra  Aponte  Gómez y María Lucila Acosta Arenas, quienes en forma  clara  y  de buena fe dijeron que fue un tercero quien entregó subrepticiamente  el  alijo a la implicada, quien en forma desprevenida aceptó llevar el encargo,  sin revisarlo.   

También  se  tergiversaron,  insiste,  el  testimonio  de  la  agente Castrillón Vanegas y el escrito de denuncia, pruebas  que,  de  haberse apreciado correctamente habrían conducido, cuando menos, a la  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo.   

Solicita  a la Corte casar el fallo materia  del  recurso  extraordinario  y  en  su  lugar,  proferir  el de sustitución de  naturaleza absolutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  MARÍA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS será inadmitida por las siguientes razones, como  se  explicará  a  continuación:  i)  no  satisface  los requisitos formales ni  materiales  establecidos en el artículo 184 del Código de procedimiento Penal,  Ley  906 de 2004; ii) la Sala de Casación Penal no advierte vulneración alguna  de  las garantías fundamentales de que son titulares los intervinientes, que la  Corte   debiera  proteger,  así  fuere  oficiosamente,  en  los  términos  del  artículo   6°   de   la  Constitución  Política2   y   del   artículo   180  ibídem3;  y iii) no se precisa emitir un nuevo fallo de fondo, por lo cual  no  es  necesario superar los defectos de la demanda en atención a los fines de  la  casación,  ni  por la fundamentación de los cargos, ni por la posición de  la  impugnante  dentro  del  proceso,  ni  por  la  índole  de  la controversia  planteada.   

I.  SOBRE  EL  PRIMER  CARGO:  Nulidad por  desconocimiento del debido proceso   

El casacionista sostiene que se desconoció  el  debido  proceso,  porque  no  se hizo claridad respecto del verbo rector del  delito   de  “fabricación,  tráfico  y  porte  de  estupefacientes”  que  se  endilgó  MARÍA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS,  pues  en la audiencia preliminar de imputación la Fiscalía se  refirió  al “tráfico”,  en    el    escrito    de    acusación    se    menciona   el   “porte”,   la   sentencia  de  primera  instancia   también   fue   dictada   por  “llevar  consigo”.   

Y,  aunque el libelista admite que en este  evento   una   u   otra   expresión  –tráfico,  porte,  o  llevar  consigo-  generan los mismos efectos,  aspira  a  que  se declare la nulidad de lo actuado, a partir de la sentencia de  segunda   instancia,   para   que   se   emita   un   nuevo   fallo,   que   sea  congruente.   

1.1.  Como lo ha reiterado esta Sala de la  Corte,  el  recurso  de  casación  inherente  al  sistema acusatorio colombiano  regido  por  la  Ley  906  de  2004,  se concibió como un medio de impugnación  extraordinario,  inescindiblemente  vinculado  a  las  fines  constitucionales y  legales             del             mismo4.   

Esas  finalidades  de  la casación, entre  ellas,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes  y la reparación de los agravios inferidos a éstos, condicionan  el  interés  de  quien  interpone el recurso extraordinario, al punto de tornar  inadmisible  la  demanda  cuando  los motivos invocados no se vinculan directa y  concretamente con alguno de esos fines.   

El interviniente que pretenda que esta Sala  de  Corte  case  la sentencia de segunda instancia, debe reflejar en forma clara  el  interés  que  lo  mueve, puesto que si el libelista no pretende que se haga  efectivo  algún  derecho  material, ni la restauración de una garantía, ni la  reparación  de  un  agravio,  entonces  su  demanda será inadmitida, porque en  tales     circunstancias     carece     de    sentido    incoar    el    recurso  extraordinario.   

1.2  En  el  presente  asunto, sin indicar  cuál  es el interés que lo motiva, ni el beneficio concreto que obtendría, el  defensor  de  la  implicada  MARTHA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS pretende se deje sin  efecto  la sentencia de segunda instancia, sencillamente para que se profiera un  nuevo  fallo,  donde  se  diga  que  la  condena  se imparte por “porte” de estupefacientes, como quedó  sentado  en  el  escrito de acusación y como le fue imputado en la audiencia de  acusación,    en    lugar    de    utilizar   la   expresión   “llevar  consigo”, que fue utilizada en  la decisión de primer grado que confirmó el Tribunal Superior.   

Pero  ocurre  que el libelista no explicó  cuál     es    la    diferencia    entre    la    expresión    “porte”   de   estupefacientes   y  la  expresión      “llevar     consigo”   estupefacientes,   ni   en   términos   lingüísticos,   ni  conceptualmente,  ni  en sentido normativo, ni con relación a las consecuencias  jurídicas de la utilización de una u otra.   

Vale   decir,  el  censor  pretende  una  corrección  del  fallo  de segunda instancia, como si se empeñara en velar por  alguna  fórmula  sacramental exclusiva que hubiese debido utilizarse, o como si  le  preocupara  la indemnidad de las formas por la forma misma, ignorando que el  procedimentalismo  no  es  un  fin en sí mismo, sino una especie de vehículo a  través  del  cual  se  llega  racionalmente  a  la  efectividad de los derechos  sustanciales.   

Por manera que, no se vislumbra el interés  que  asiste  al  defensor al instaurar el recurso extraordinario de casación, y  la  demanda prácticamente se reduce al planteamiento del presunto problema, sin  avanzar hasta la sustentación razonable del cargo.   

1.3  De  otra  parte, la Sala de Casación  Penal  no  observa la necesidad de un nuevo fallo, porque no existen diferencias  que  produzcan  consecuencias  jurídicas  entre las expresiones “porte”    de    estupefacientes    y  “llevar    consigo”  estupefacientes,      pues      portar    y    llevar    consigo  no  son  conceptos normativos, sino expresiones comunes que en el  caso  de  la  implicada  MARÍA LUCILA ACOSTA ARENAS se aviene válidamente como  sinónimas, debido a que generan los mismos efectos jurídicos.   

En  síntesis,  no  se  postuló  reparo  condigno  a  la  naturaleza del recurso extraordinario de casación, que la Sala  pueda admitir.   

II.  SOBRE  EL SEGUNDO  CARGO. Falsos juicios de identidad   

Dice  el  censor  que el Tribunal Superior  cercenó  los  medios  de  prueba  que  menciona,  testimonios e informes, hasta  llevarlos  a  producir  consecuencias  negativas  para la implicada, que en sana  crítica no su hubiesen obtenido.   

Se  observa que la protesta dice relación  con  el  poder  suasorio  atribuido a las declaraciones y a los documentos, pero  sin     demostrar     el     falso    juicio    de  identidad  por  cercenamiento,  recorte o adición de  esos medios de prueba.   

2.1.  El  falso  juicio  de  identidad supone que el juzgador tiene en  cuenta  un  medio  probatorio  legal y oportunamente practicado; no obstante, al  sopesarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal.   

En ese evento, el censor tiene la carga de  confrontar  por  separado  el  tenor  literal  de  cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo  que  el Ad-quem pensó que ellas decían; y una vez  demostrado  el  desfase,  debe  continuar  hacia  la  trascendencia  de  aquella  impropiedad.   

En  otras  palabras, quien así alega debe  comparar  puntualmente  lo dicho por los testigos, o lo indicado por las pruebas  de  otras  especies,  con lo que el Tribunal Superior leyó en esas específicas  versiones  testimoniales,  o  con  lo  que entendió que indicaban las restantes  pruebas;  todo  con  el  fin  de  demostrar que el fallo se ha distanciado de la  realidad  objetivamente  declarada  por  el  acopio probatorio, por distorsión,  recorte o adición en su contenido material.   

2.2  La  estructuración  de la censura en  punto    de   la   trascendencia   del   error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad no se cumple  con  la manifestación que al respecto haga el libelista, como si de su opinión  personal  se  tratara;  pues,  de  bastar  aquel  tipo  de  crítica  el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

La  demostración  de la trascendencia del  yerro  atribuido  al  Ad-quem comporta la obligación de enseñar a la Corte que  si  tal  falencia no se hubiese presentado, entonces el sentido del fallo sería  distinto;  y  para  ello  es  preciso  demostrar que si la prueba cuestionada se  hubiese  apreciado  en  forma  correcta,  las restantes pruebas sopesadas por el  Tribunal  perderían  la  entidad  jurídica  necesaria  y suficiente para mover  hacia la convicción declarada en el fallo.   

En   otras  palabras,  en  este  evento,  correspondía  al  casacionista  referirse al verdadero sentido y alcance de las  pruebas  supuestamente  cercenadas,  y además demostrar que aquellas, aunadas a  todas  las demás analizadas en el fallo, no permitían arribar a la convicción  de certeza sobre la responsabilidad penal de la procesada.   

Ahora bien, desvirtuar el mérito concedido  a  las  otras pruebas implica a su vez demostrar que los funcionarios judiciales  erraron  en  el proceso de valoración y fijación de su poder suasorio, lo cual  tampoco  se  logra  a  través  de  la  imposición  del criterio particular del  censor,  sino  demostrando con la lógica casacional la incursión en errores de  hecho o de derecho en ese ejercicio.   

2.3.   En  este  caso,  el  casacionista  transcribió  el  documento,  los testimonios que le interesan y los apartes del  fallo  relativos  a  los  mismos,  pero  no con el fin de enseñar alguna de las  modalidades  del  falso juicio de identidad, esto es, tergiversación, recorte o  adición,  sino  para  insistir  en que de esas pruebas tenía que deducirse que  MARÍA  LUCILA  ACOSTA  ARENAS  actuó  de  buena fe, que simplemente accedió a  llevar  un  encargo  a  España,  ignorando  su  contenido, como lo dijo en todo  momento;  y  que,  por  tanto,  ha debido absolverse, así fuera por ausencia de  certeza acerca de su responsabilidad penal.   

Y como el Ad-quem arribó a la conclusión  contraria,  es  decir  encontró certeza para condenar, es ese convencimiento en  contrario  lo  que  el  libelista  califica como falso  juicio  de identidad, manifestando lo que a bien tiene  acerca   de  las  motivaciones  del  fallo,  sin  referencia  específica  a  la  tergiversación,  adición  o  cercenamiento  de  alguna prueba que hubiese sido  defectuosamente  apreciada,  al punto que redunda en comentarios generales, pero  sin  concentrarse  en  demostrar  en  qué consisten los errores de hecho que le  atribuye.   

En   lugar   de   aproximarse   a   una  argumentación  de  esa naturaleza, el apoderado de MARÍA LUCILA ACOSTA ARENAS,  sólo  transcribió  las pruebas cuya valoración reclama errónea, pero no hizo  referencia  a  la  capacidad  intrínseca  de  las  mismas  para  desvirtuar  el  pensamiento      –  supuestamente  errado-  del  Tribunal  Superior,  quedando  entonces  aisladas y  vacías  de  contenido  las  expresiones que promulgan la idea según la cual de  tales  medios  no  dimanaba  la  certeza  de  la  responsabilidad  penal  de  la  procesada.   

2.4  Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda en cuanto hace al segundo cargo,  máxime  que  el  libelista tampoco aborda el análisis crítico de los indicios  que  cimientan  el  fallo; y que en la revisión del expediente no se observa la  vulneración  de  alguna  garantía fundamental, que amerite el ejercicio de las  facultades  oficiosas  de  la  Sala  de  Casación  Penal  en  los términos del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004.   

III.  EL  MECANISMO DE  INSISTENCIA   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  y  según  lo  ha  venido  reiterando  esta  Sala  de  la  Corte5,  contra  el  presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de  insistencia,    dentro    de    los    cinco   (5)   días   siguientes   a   su  notificación.   

La  solicitud  de  insistencia  podrá ser  provocada  oficiosamente  por  alguno  de  los  magistrados  disidentes,  si  lo  hubiere,  o  por  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal.   

De  igual manera, si fuere de su interés,  el  demandante  en  casación  podrá elevar su solicitud de insistencia ante el  Ministerio  Público, a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante  uno  de  los  magistrados  que  salvaren  el  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  el  libelo,  o  no  hubiese  asistido  a la Sala por  cualquier motivo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de MARÍA  LUCILA ACOSTA ARENAS.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de  insistencia,  según  lo  indicado  en  la  parte  motiva de este  auto.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Salvamento parcial de voto  

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Según  consta  en  el  DVD anexo, archivo denominado “audiencia legalización  captura, formulación imputación, medida de aseguramiento.”   

2  El  artículo  6  Superior  establece  que  las  autoridades de la República están  instituidas  para  proteger, entre otras cosas, los derechos y libertades de las  personas.   

3  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

4 Sala  de   Casación   Penal.   Auto   del   12  de  diciembre  de  2005.  Radicación  24193.   

5 Sala  de  Casación Penal. Auto del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322; y Auto  del 10 de mayo de 2006, radicación 25354.     

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