11081 (24-02-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    PRESCRIPCION-Empleado      oficial/  CASACION-Conexidad   

1.-  No  obstante y  dada  la  naturaleza  de  la  infracción,  es dable colegir según criterio que  inspira  a  la  mayoría  de  la  Sala, que el fenómeno extintivo no se ha dado  frente  al  contenido de los artículos 156, 80 y 84 del Código Penal, pues del  artículo  82 ibídem se infiere que para el caso presente el lapso relevante se  amplía  en una tercera parte sobre el límite mínimo de cinco años contados a  partir  de  la  ejecutoria  de la resolución de acusación, por tratarse de una  infracción  cometida  con  ocasión  del  cargo  oficial  que  el sujeto agente  cumplía,  porque  la  sustracción  absoluta  a los deberes oficiales, lejos de  constituirse   en   motivo   que   excluya   el   incremento  previsto  para  la  perseguibilidad  de la conducta, pone mas bien en evidencia que ese desamparo en  que  coloca  a  la  administración  la  conducta  omisiva  del sujeto agente se  constituye  en factor de interés preferente del Estado por no dejar impunes los  comportamientos  ilícitos  de  sus  servidores,  cuando éstos se verifican con  ocasión del cargo o de las funciones que les había deferido.   

2.- Consultando la naturaleza y la extensión  de  la  sanción  correspondiente  a la infracción, preceptúa el artículo 218  del  Código de Procedimiento Penal que en principio habrá lugar a la casación  “por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo  máximo sea o exceda de seis (6) años”.   

Si  este requisito no se cumple, aún podría  intentarse  el  recurso extraordinario por extensión, siempre y cuando se trate  de  un  delito  conexo  con  otro  u otros que sí reúnan la exigencia, o en su  defecto,  y  limitando  su  viabilidad  a alguna de las taxativas razones que se  consignan  en el inciso tercero de la norma, sometiendo el examen de las razones  del  impugnante  a  la  discrecionalidad  de  la  Sala  de Casación Penal de la  Corte.   

Tomando el texto del artículo 87 del Código  de  Procedimiento  Penal  como  punto de partida, no es difícil advertir que de  una  interpretación  meramente  literal,  habría  de  darse  por  excluida del  concepto  de  conexidad  la  acumulación  de  causas,  si  el  ámbito  de  esa  descripción  legal  se  ve  claramente  reducida  a  los  términos que siguen:   

“… Hay conexidad cuando:  

1.El hecho punible ha sido cometido por dos o  más  personas  en concurso o cooperación entre ellas, o ha intervenido más de  una a título de participación.   

2.Se impute a una persona la comisión de más  de  un  hecho  punible con una acción u omisión o varias acciones u omisiones,  realizadas con unidad de tiempo y lugar.   

3.Se  impute  a  una  persona la comisión de  varios  hechos  punibles,  cuando  unos se han cometido con el fin de consumar u  ocultar otros.”   

No  obstante, visto el alcance que al recurso  extraordinario  se  le  otorga  a  partir  de la expedición del Decreto 2700 de  1991,  otra  tiene  que  ser  la  significación de su extensión a los “delitos  conexos”,  en  donde  cuentan  principios  como  el de la unidad de la sentencia  (artículo  88  del  C.  de P.P.), el de su no ejecutoria parcial o fragmentaria  (arts.196,197  y  223),  y  el  de  la  extensión  de  los efectos del fallo de  casación  a  los  no  recurrentes  (artículo  243),  lo  que  ha llevado en la  evolución   doctrinaria  de  la  Sala  a  sentar  premisas  importantes  en  la  dilucidación de este interesante tema.   

Así, por caso, en pronunciamiento de marzo 10  de  1994,  con  ponencia  del  Magistrado  doctor  Dídimo  Páez Velandia, tuvo  ocasión  la  Sala  de  sostener  que  la  conexidad, para los fines del recurso  extraordinario de casación, debía entenderse   

          “…  siempre  que  se  haya  impugnado  el fallo por el delito cuyo  máximo  punitivo lo admite, o por lo menos, cuando se haya condenado por él al  recurrente  así  su cuestionamiento sólo se relacione con los conexos (por ser  este aspecto solamente conocido en el escrito de demanda).   

Afirmación  que  sustentó  sobre  estas dos  explícitas razones:   

          “…  a).- En materia penal la responsabilidad es siempre individual  y  por  consiguiente  la  conexidad  delictiva  para  efectos  de viabilidad del  recurso  extraordinario  cuenta  independientemente  para cada procesado, y b).-  Porque  de  no  ser  así,  se estaría desconociendo el interés legítimo para  recurrir,  en la medida en que no podría impugnar un procesado condenado por el  delito  conexo  cuyo  máximo  punitivo  no  admite  la  casación  a nombre del  coprocesado condenado por el delito cuya pena sí la admite”   

de  donde  concluyó  que  en  el  caso  de  sentencias  que  definen  la  situación  de  varios  procesados  por diferentes  delitos,  la  impugnación extraordinaria no se ampara por la conexidad  si  la  inconformidad  se  da  respecto  de  la  sentencia de segunda instancia pero   

          “…  exclusivamente  en  relación  con  hechos  punibles cuya pena  excluye  el  recurso  común o tradicional de casación…”, pues “… realmente  no  se  está  en  presencia  de delitos conexos -cada condena es independiente-  respecto  de  los cuales deba “extenderse” el recurso, toda vez que el fallo por  el  que  sí  lo  admite  no ha sido cuestionado en casación por ninguno de los  sujetos  procesales  que  hubieran  podido  hacerlo con legítimo interés, y el  impugnante no está condenado por él.”   

Y  dentro del mismo pensamiento, en casación  del  5  de  septiembre  del  mismo  año (Magistrado Ponente Dr. Guillermo Duque  Ruíz),  tuvo  además  la  Sala  la  ocasión  de  añadir,  diferenciando  los  distintos  eventos  que  se  podrían  dar  en  el  estudio de la viabilidad del  recurso   extraordinario,  las  varias  alternativas  de  respuesta  así:    

          “…  a).  Que todos los delitos objeto del fallo estén sancionados  con  pena  privativa  de la libertad que sea o exceda de seis (6) años, caso en  el  cual ningún problema se presenta, ya que de conformidad con el artículo 35  de  la  ley  81  de  1993,  el  recurso es procedente para todos estos ilícitos  individualmente  considerados,  sin  que  para  este efecto importe que hubieren  sido objeto de juzgamiento conjunto.   

          b).  Que  no  todos los delitos materia del fallo estén sancionados  con  pena  privativa  de  la  libertad  que  sobrepase  los  seis  (6)  años de  duración.   

          Dos    casos    pueden   distinguirse   dentro   de   esta   segunda  hipótesis:   

          1).  que en la demanda se hagan cargos no solamente en relación con  los  delitos  que  por su máximo punitivo no son susceptibles del recurso, sino  también  respecto  de aquellos por los que sí proceda éste, evento en el cual  coinciden  el  concepto de la Delegada y la opinión de esta Sala, en el sentido  de  que  el recurso en este caso sería procedente para  todos  los  delitos,  porque  como  lo  dice  el precitado artículo 35, en este  supuesto   el   recurso   “se   extiende   a  los  delitos  conexos”,  aunque  la  pena prevista para éstos sea inferior a la señalada  en el inciso anterior”.   

          2).  Que la demanda contenga cargos pero exclusivamente en relación  con  alguno  o algunos de los delitos que por la duración máxima de la pena no  son susceptibles del recurso.   

          …  Para  la  Sala  … en la hipótesis que se comenta, el recurso  sí  resulta  procedente,  no  obstante que el actor no formule ataque alguno en  relación  con  el  delito  o  delitos  concurrentes  que  por su penalidad sean  susceptibles de este extraordinario medio de impugnación.   

          Para  demostrar  lo  justa  y  acertada  que es esta posición de la  Corte,  es  preciso  acudir  al artículo 218 del C.de P.P., subrogado por el ya  citado  artículo 35 de la ley 81 de 1993, que en su inciso segundo dispone: “El  recurso  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista para éstos  sea inferior a la señalada en el inciso anterior”.   

          En  realidad  en  esta  norma  no  se está disponiendo, como parece  entenderlo  la  Delegada,  que  la demanda de casación  pueda  extenderse  a  los delitos conexos aunque tengan  pena  menor  que  la  exigida para la procedencia del recurso. Lo que en ella se  prescribe  es  la  extensión  del recurso    en    relación   con   estos   delitos,   que   es   cosa   muy  distinta.   

          En  otras  palabras:  la norma en comento al extender el recurso, no  lo  condiciona, en parte alguna, a que en la demanda se formulen cargos respecto  de  delito o delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad no menor  de  seis  años,  lo  cual  es  coherente, porque como se dijo, no es un caso se  extensión de la demanda sino de extensión del recurso.   

          Hacer  la  exigencia  que  pretende la Delegada implicaría no sólo  recortar  sin  razón  los  alcances  benéficos de esta facultad, sino también  obligar  a  los  recurrentes  a  que  pretexten unos cargos en relación con uno  cualquiera  de  los  delitos  susceptibles  del  recurso, para así habilitar el  ataque por los delitos “menores”.   

          Agréguese,  por último, que la denominada casación excepcional no  podría  sustituir a cabalidad la institución en comento, pues bien conocida es  su  limitación legal, ya que únicamente procede cuando se considere “necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales”.   (subrayas   colocadas   en  esta  ocasión  por  parte  de  la  Sala).   

PROCESO No. 11081  

         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

         SALA DE CASACION PENAL   

                                                   Magistrado Ponente:   

                                                   DR. JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

                                                   Aprobado Acta No.24   

                                                   Santafé  de  Bogotá  D.C.febrero veinticuatro  (24) de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

         V I S T O S:   

                  Se decide el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia del 26 de  mayo  de  1995, por medio de la cual el Tribunal Superior de Cúcuta, en sala de  conjueces,  confirmó la condena proferida por el Juzgado 4o. Penal del Circuito  de  esa  ciudad, como culminación de tres causas acumuladas, adelantadas contra  CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ.   

         H E C H O S:   

                  I. El primer  suceso  ocurrió a la una de la mañana del 17 de noviembre de 1987 cuando José  Orlando  Gutiérrez  Celis,  José  Gustavo  Galvis  Vargas  y  Alfonso  Barrera  Sepúlveda   compar­tían  unas  cervezas  en  el  “Asadero El Cazador No. 2”, lugar al cual se presentaron  CARLOS  ARTURO ORTIZ RAMIREZ, secretario del entonces Juzgado 14 de Instrucción  Criminal  de  Cúcuta,  Pedro  José  Nossa  Gómez  (abogado)  y  Mario Coronel  Saavedra   (agente   de   la  Policía  Nacional),  quienes  reaccio­naron       violenta­mente    ante    la   negativa   del  administrador  Martín  Reyes  Bustaman­te  a  atenderlos,  de tal manera que el policial manifestó que si  no  había  servicio  para  ellos no habría para nadie más. Acto seguido ORTIZ  desenfundó    un    revolver    y    con   amenazas   hizo   arrodi­llar   a   Galvis,   a  Barrera  y  a  Gutiérrez,  después  de  lo cual golpeó con el arma a los dos primeros por la  espalda y le disparó al último dejándolo parapléjico.   

                      II.  El  segundo  hecho  acaeció por el mes de abril de 1990. En él CARLOS ARTURO ORTIZ  RAMIREZ  solicitó  a Mario González y Gladys Helena López que le sirvieran de  fiadores  en  un  préstamo ante el Banco Popular, que le sería otorgado por el  sistema  de  libranza.  Los  fiadores  inicialmente  convinieron en respaldar la  obligación,  pero  después se retractaron al  enterarse que ORTIZ RAMIREZ  tenía  problemas disciplinarios en el Juzgado 14 de Instrucción Criminal, para  el  cual  trabajaba.  De  ello  informaron a este último, quien a pesar de ello  logró  obtener  el  préstamo;  en  el  respectivo  pagaré  aparecieron firmas  apócrifas  de  Gladys  Helena  y  Mario,  según se estableció con un dictamen  grafológico.   

                         III.  Finalmente,  el 8 de agosto de 1990, el Juez Catorce de Instrucción Criminal de  Cúcuta,  mediante  Resolución  No.  0140  declaró  el  abandono  del cargo de  Secretario  de ese despacho, ocupado por CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ, por cuanto  el  empleado, quien debía reintegrarse luego de una ausencia justificada de sus  funciones,   no   se   presentó   a   asumirlas  cuando  le  corres­pondía.   

         S  I  N  T  E  S  I  S   D  E   L A  A C T U A C I O  N:   

                          I.  PRIMER PROCESO.-   

                   Después de  la  denuncia  formulada ante la Policía Judicial de lo ocurrido a José Orlando  Gutiérrez  Celis,  esta  entidad  y el Juzgado Sexto Penal Municipal de Cúcuta  practica­ron   diversas  pruebas  sin que se hubiera identificado al responsable. Sin embargo, los mismos  hechos   fueron   objeto  de  investigación  disciplinaria  adelantada  por  la  Procuraduría  Regional  de  Cúcuta  en  contra del agente de la Policía Mario  Coronel  Saavedra  y  del  secretario  del  Juzgado 14 de Instrucción Criminal,  CARLOS  ARTURO  ORTIZ  RAMIREZ,  la  cual  culminó con la destitución de éste  decretada  por  el  titular  del  respectivo  despacho; actuación en la cual se  sindicó  a  dicho empleado judicial de ser el autor del disparo que lesionó de  por  vida  a  Gutiérrez  Celis.  Copias  de  esta actuación fueron anexadas al  expediente penal.   

                  Con base en  esa  compilación  judicial,  el  13  de  junio  de  1990  el  Juzgado Quinto de  Instrucción Criminal de Cúcuta profirió auto cabeza de proceso.   

                    Previo  emplazamiento,  el  23 de agosto del mismo año, CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ fue  declarado    ausente    designándose­le  defensor.  No obstante, cinco días más tarde el implicado le  confirió  poder  a  un abogado de confianza, pero como continuó su renuencia a  comparecer,  en  auto  del 10 de septiembre siguiente el instructor resolvió su  situación  jurídica,  decretando  su  detención preventiva como sindicado del  delito  de  homicidio  en  grado  de  tentativa  en  la persona de José Orlando  Gutiérrez Celis.   

         

                   El 28 de  febrero  de 1991 el Juzgado Quinto de Instrucción Criminal de Cúcuta calificó  el  mérito  del sumario, mediante resolución de acusación en contra de CARLOS  ARTURO    ORTIZ    RAMIREZ    como    presunto    responsable    del   homicidio  imperfec­to del cual fue  víctima José Orlando Gutiérrez Celis.   

                        La  apelación  que  la  defensa  interpuso contra el pliego de cargos se surtió en  vigencia  del  nuevo  estatuto procedimental, por lo que el 13 de agosto de 1992  un  Fiscal  Delegado ante el Tribunal confirmó la decisión impugna­da.   

                    En ese  estado,  el  proceso  fue  repartido  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de  Cúcuta,  pero como el Juzgado Tercero de la misma especialidad adelantaba ya la  causa  contra  ORTIZ  RAMIREZ  por  el  delito  de  abandono del cargo, mediante  proveído  del  22  de  septiembre  de  1992,  este  último despacho dispuso la  acumulación de los dos juicios.   

                       II.  SEGUNDO PROCESO.-   

                    El 8 de  agosto   de   1990  el  Juez  Catorce  de  Instrucción  Criminal  profirió  la  Resolución   0140 para declarar el abandono del cargo de Secretario de ese  despacho,  de  CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ, copia de la cual remitió al reparto  de  los  jueces de instrucción para que se investigara el posible delito contra  la administración pública.   

                   El 10 de  octubre  de  1990  el  Juzgado  Séptimo  de  Instrucción  Criminal  abrió  la  investigación,  y  al  no localizar al implicado lo emplazó y declaró persona  ausente,  habiéndole  designado  un defensor de oficio. La situación jurídica  se   decidió  en  proveído  del  19  de  diciembre  de  1990,  con  medida  de  aseguramiento   de  detención  preventiva,  por  el  punible  de  abandono  del  cargo.   

                   El 26 de  febrero  de 1991 el instructor profirió resolución de acusación en contra del  procesado  como  autor  del  delito  de  abandono  del  cargo, de la cual apeló  infructuosamente  el  defensor de confianza ya designado por el ausente, pues el  12  de  julio  siguiente,  el  Tribunal  Superior de Cúcuta confirmó todas las  determinaciones de ese proveído.   

                        El  conocimiento  de  este  proceso  le  correspondió  al Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Cúcuta,  el  cual  inició la etapa de la causa. Sin embargo como  cuando  se  surtía  el  traslado  ordenado  por el artículo 446 del Código de  Procedi­miento Penal se  tuvo  noticia de la existencia del proceso adelantado contra el mismo implicado,  por     el    delito    de    homici­dio  imperfecto, por auto del 22 de septiembre de 1992 se decretó  la acumulación de las dos causas.   

                    TERCER  PROCESO.-   

                   El 14 de  mayo  de  1990  Gladys  Elena  López  y Mario González Ramírez, empleados del  Juzgado  Segundo  Superior de Cúcuta informaron al Juez Catorce de Instrucción  Criminal  que sus firmas habían sido falsificadas en un pagaré girado al Banco  Popular   para   respaldar   un   préstamo   concedido  al  secreta­rio  de ese último despacho, CARLOS  ARTURO   ORTIZ   RAMIREZ,   en   contra   de   la   voluntad   manifestada   por  ellos.   

                   Copia de  esta  denuncia  y el original del pagaré falsificado fueron enviados al reparto  de  los  juzgados  de  instrucción  criminal,  dando  lugar a que el Juzgado 18  dispusie­ra    una  indagación  preliminar,  y luego la apertura de la respectiva investigación el  30 de mayo del referido año.   

                   También  en  este  diligenciamiento  el  imputado  debió  ser declarado persona ausente,  conforme  a  decisión emitida el 12 de julio de 1990, y al finalizar ese mes se  decidió  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento de conminación,  como  autor  del delito de falsedad en documento privado, la cual fue modificada  por    la    de    detención    preventiva   el   12   de   septiem­bre siguiente.   

                        La  calificación  de este sumario se produjo el 29 de noviembre de 1990 acusando al  procesado  por  el delito de falsedad en documento privado, de cuya causa entró  a  conocer  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito, debiéndose ajustar allí el  procedimiento  al  Decreto  2700 de 1991, en cuyo curso el 28 de octubre de 1992  se  produjo la acumulación de los otros dos procesos ya relacionados, siguiendo  de allí en adelante una sola suerte.   

                    El 7 de  febrero  de  1994  se  realizó  la audiencia pública de juzgamiento y el 11 de  marzo  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Cúcuta dictó la sentencia a su  cargo,  en la que declaró la responsabilidad penal del enjuiciado CARLOS ARTURO  ORTIZ  RAMIREZ  como autor de los delitos de Homicidio en el grado de tentativa,  falsedad  en  documento  privado  y  abandono del cargo, y por ello le impuso la  pena  principal  de siete (7) años de prisión, las accesorias de interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término y la suspensión de la  patria  potestad  por  el  tiempo  de  la  condena,  adicionando  el pago de los  perjuicios  causados,  los que fueron tasados en la suma de $50.159.­160,oo.   

                       Las  determinaciones  anteriores  fueron  confirmadas  por  una Sala de Decisión del  Tribunal  de  Cúcuta integrada por conjueces, quienes en pronunciamiento del 26  de  mayo  de  1995 desataron la apelación interpuesta por la defensa, decisión  esta  última  que  también fue impugnada por el defensor, y de la que se ocupa  la Sala en esta sede.   

        L A  D E M A N D A:   

                   El actor  ataca  la  sentencia  del  Tribunal Superior de Cúcuta formulando un cargo para  cada uno de los procesos acumulados.   

                  1. PRIMER  CARGO.   

                       Con  respecto     a    la    tentativa    de    homicidio,    el    deman­dante  invoca  la  causal primera de  casación,  por  violación  indirecta de la ley sustancial por error de derecho  (falso  juicio  de  legalidad), en cuanto se desconocieron -dice- las reglas que  rigen la aducción de la prueba.   

                 Manifiesta  el  impugnante  que  los  jueces  de  primera y segunda instancia fundamentan la  sentencia  condenatoria  en las primeras dos informaciones que brindó el agente  Coronel  Saavedra,  la  primera  contenida  en un escrito dirigido al jefe de la  SIJIN  (folio  27)  y  la  otra  en  la declaración que rindió ante el jefe de  investigación  y  disciplina  de  la  SIJIN  (folio  21), en las cuales, sin la  gravedad   del   juramento,   señala  al  secretario  del  Juzgado  Catorce  de  Instrucción  Criminal  como  el  autor del disparo que lesionó a José Orlando  Gutiérrez.   

                  En sentir  del  censor,  esas afirmaciones no pueden ser consideradas como medio probatorio  testimonial  por  cuanto  en  ellas  no  hay  una  declaración  bajo juramento;  además,   para  subsanar  la  irregularidad,  el  Juzgado  14  de  Instrucción  Criminal,  al  trasladar esas pruebas al respectivo proceso, requirió al agente  CORONEL  para  que  se  ratificara en sus informes, pero simplemente le tomó el  juramento  sin  escucharle  nuevamente  en  declaración  como  lo  disponen los  artículos  228  y 229 del Código de Procedimiento Civil y el incumplimiento de  esos  requisitos  formales,  hace  inexistentes los informes, que por ilegalidad  quedan desvirtuados.   

                    Como el  funcionario   debe   fundamentar   su   decisión  en  las  pruebas  debidamente  recaudadas,  el  recurrente  infiere que el fallo debe ser contrario, por cuanto  las  formalmente existentes no tienen fuerza para responsabilizar a su protegido  como  autor  del  homicidio  tentado,  mas  bien  evidencian  una  duda sobre la  autoría  del  hecho.  Luego,  se  violó  el  principio  de  la  presunción de  inocencia  estipulado  en  los artículos 2o. y 247 del Código de Procedimiento  Penal  y  el  principio  procesal  de  integración  de  normas consagrado en el  artículo 21 del mismo estatuto.   

                 2. SEGUNDO  CARGO.   

                                          Refiriéndose  al  delito  de  falsedad  en  documento privado, el  libelista   denuncia,  por  la  causal  primera,  una  violación  directa,  por  aplicación  indebida  de  la norma del artículo 221 del Código Penal. Explica  que  en  una falsificación de esa naturaleza coexisten dos acciones: la acción  de  falsifi­car y el uso  del  documento  espurio,  las  cuales  no  concurren en este caso, por cuanto el  dictamen  grafológico realizado por el Instituto de Medicina Legal concluye que  las  firmas  que  aparecen en el pagaré son imitaciones de las firmas de Gladys  Elena  López  y  Mario  González  Ramírez, pero en ningún momento indica que  CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ sea el autor de esa imitación.   

                 Manifiesta  su  desacuerdo con la sentencia atacada cuando señala que el delito de falsedad  en  documento  privado  se  tipifica  inclusive  con  el  mero uso del documento  apócrifo  “aún teniendo conocimiento de que así lo es, sin importar quién lo  haya  creado”,  cuando la normatividad reclama dos exigencias, la fabricación y  el  uso,  por  lo  que  la  ausencia  de  cualquiera  de  ellas hace atípica la  conducta.   

                   Después  de  una  cita doctrinal, concluye que se vulneraron el artículo 221 del Código  Penal  por  errónea interpretación y los preceptos de los artículos 2o. y 3o.  ibidem.   

                  3. TERCER  CARGO.   

                  En cuanto  al  delito de abandono del cargo, el actor también acude a la causal primera de  casación  para  señalar  la  violación  directa  de  la  ley, por aplicación  indebida del artículo 256 del estatuto de las penas.   

                      Para  demostrar  su  aserto,  transcribe  el texto de la disposición, asegurando que,  por  sustracción  de  materia  no  era  posible pregonar un abandono del cargo,  debido  a  que el procesado ya no podía ejercer sus funciones de secretario del  Juzgado  Catorce  de  Instrucción  Criminal  por cuanto se encontra­ba suspendido del cargo hasta el 1o.  de  agosto  de  1990  y a partir de esa fecha se hacía efectiva la destitución  decretada  en  sentencia del 31 de mayo anterior. Agrega que la orden de captura  se  profirió  el  6 de julio de 1990, lo que constituía motivo suficiente para  no  seguir  ejerciendo funciones porque aquella se haría efectiva tan pronto se  presentara  y  el  implicado tenía derecho a defender su libertad por encima de  cualquier  otro deber u obligación impuesta por la Constitución. Deduce que su  defendido   asumió  la  conducta  por  fuerza  mayor  y  no  por su propia  voluntad.   

                    En este  reproche,  el  actor  plantea   la  vulneración  del  artículo  28  de la  Constitución   Política  y  el  numeral  1o.  del  artículo  40  del  Código  Penal.   

                        El  libelista  termina  su escrito pidiendo a la Corte que case la sentencia acusada  y  en  su  lugar  profiera  la  de  reemplazo que debe ser “la absolución de la  condena”.   

        C  O  N  C  E  P  T  O   D  E  L   P  R  O  C  U R A D O  R:   

                    En  el  primer  cargo, el selor Procurador Primero delegado en lo Penal hace el recuento  de  las  versiones y declaraciones rendidas por el agente Mario Coronel Saavedra  en  las  investigaciones  disciplinarias  y  en  la  penal,  deteniéndose en la  ratificación  que  de  sus  informes  le  tomó  el  Juzgado 14 de Instrucción  Criminal.   

                        El  Delegado  conviene  con el actor en que las pruebas trasladadas al proceso penal  no  cumplen la totalidad de los requisitos exigidos por los artículos 228 y 229  del  Código  de Procedimiento Civil, por tanto, que hay una irregularidad en la  diligencia  de  ratificación, pero de naturaleza formal, no sustancial, pues no  violó  el  derecho de defensa y por ello esas pruebas no se ven afectadas en su  legalidad.   

                    Pone de  manifiesto     que     además     de     las     pruebas    critica­das  por  el  recurrente  existe una  cadena  indiciaria  convergente  que señala a CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ   como  autor del disparo hecho a José Orlando Gutiérrez Celis y que confirma la  versión  inicial  del  agente  Coronel  Saavedra. Por ello, conside­ra   que   la   censura   no   debe  prosperar.   

                    En  el  segundo  reproche,  el Procurador advierte que el demandante incurre en un error  técnico  porque  plantea  la  violación  directa  de  la  ley  y, sin embargo,  cuestiona  el  dictamen  grafológico  de  Medicina Legal, desviando su reproche  hacia  la  violación  indirecta,  al  error  de  hecho,  por  falso  juicio  de  identidad, por apreciación errónea de la prueba.   

                  En cuanto  al       fondo      del      planteamiento,      el      representan­te  de la sociedad conceptúa que el  actor  se  equivoca al pregonar que no se dan las dos exigencias que estructuran  el  punible  de la falsedad en documento privado. Para rebatir esa hipótesis se  adentra  en  la  prueba  que  compromete  la vinculación de CARLOS ARTURO ORTIZ  RAMIREZ  a  la  comisión de la falsedad, mencionando las declaraciones de Mario  González  Ramírez y de Carmen Martínez de Ortiz, esposa del procesado, de las  cuales  parte  para  afirmar que existe una cadena indiciaria que lo vincula con  el  hecho  al  menos como autor intelectual, por ser el interesado en obtener el  préstamo   del  Banco  Popular.  Por  ello  estima  que  este  reproche  sería  inadmisible.   

                                          Finalmente,  el tercer cargo le amerita la misma censura formulada  al  anterior,  por  impropiedad en la técnica de su postulación, habida cuenta  que  el recurrente enuncia una violación directa de la ley pero se dirige hacia  la  vía  indirecta  a  través  de  la  impugnación probatoria. Por lo demás,  rebate  el argumento sobre la inexistencia del abandono del cargo recordando que  el      Secretario      del      Juzgado      14      de     Instruc­ción  Criminal  de  Cúcuta  debió  haberse  reintegrado  a  sus  funciones  el 1o. de agosto de 1990, por cuanto la  providencia  que dispuso su destitución fue apelada y solo cobró firmeza el 21  de  septiembre, una vez surtido ese recurso. Además, que la existen­cia  de  una  orden de captura en su  contra  ni  lo separaba de su cargo ni constituía causal de justificación para  omitir el cumplimiento de sus deberes oficiales.   

                 Dentro del  ámbito  de  los  argumentos expuestos el Procurador Delegado solicita a la Sala  no casar la sentencia impugnada.   

        C  O  N  S  I  D E R A C I O N E S  D E  L A  S A L  A:   

                    De los  tres  cargos  que contiene la demanda solo se ocupará la Sala del primero y del  tercero  en  que  se  apunta a enervar la condena por los delitos de homicidio y  abandono     del    cargo,    según    razones    que    a    conti­nuación se expresan:   

                  1.- En lo  que  tiene que ver con el delito de falsedad en documento privado del cual trata  el  cargo  tercero de la  demanda,   es   de   observar   que   la   acción  penal  se  extin­guió al poco tiempo de ingresado el  expediente  a  esta  sede, mucho antes de que el Ministerio Público emitiera su  concepto.   

                 Remitiendo  a  la  fecha  de  la resolución de acusación, resulta claro que esta quedó en  firme     el     21     de    diciem­bre  de  1990  (folio 215 Cd.3), de modo que como el delito que se  le  atribuye al acusado es el contemplado en el artículo 221 del Código Penal,  cuya  sanción  máxima privativa de la libertad no supera los seis (6) años de  prisión,  de  allí  deriva,  en  concordancia  con  los artículos 80 y 84 del  Código  Penal, que el plazo extintivo no podía superar los cinco años, y ello  conduce  a  afirmar  que  desde el 20 de diciembre de 1995, el Estado perdió la  oportunidad  de  perseguir  por esta infracción a CARLOS ARTURO ORTIZ, restando  como    consecuencia   la   formaliza­ción   de  esa  declara­ción,  y  de seguido el ajuste morigerador de la pena impuesta en  caso de mantenerse la condena.   

   

                  2.- En el  primer  cargo formulado y  que      apunta      al      delito      de      homicidio     imper­fecto,  se  atribuye al sentenciador  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad respecto de los informes  rendidos  por  el agente de policía Mario Coronel Saavedra, sobre los cuales se  edificó   la   prueba  de  responsabi­lidad contra el inculpado.   

                   Sobre el  particular  conviene  recordar  que en sentir del censor fueron desconocidas las  reglas  que rigen la aducción de las pruebas en las cuales se funda la condena,  pues  los informes que rindió Mario Coronel Saavedra ante el Jefe de la SIJIN y  ante  el  Jefe  de  investigación  y disciplina de la misma sección, no fueron  hechos  bajo  la  gravedad  del  juramento,  y  al ser trasladados al expediente  penal,  su  ratificación  bajo  ese rito no se cumplió en la forma establecida  por  los  artícu­los 228  y 229 del Código de Procedimiento Civil.   

                 En orden a  contestar  a  este  concreto  planteamiento, la revisión del expediente muestra  por  parte  del  agente  Mario  Coronel  Saavedra  las siguientes intervenciones  procesales:  el  18  de  noviembre  de  1987,  día  siguiente al de los hechos,  rindió  un  informe  de  lo  ocurrido  al  Teniente Jefe de la Sijin en el cual  afirma  que quien le disparó a José Orlando Gutiérrez Celis fue el secretario  del   Juzgado   14   de   instrucción   criminal,   señor   Carlos  N.  (folio  27).   

                   El 28 de  noviembre  de  1987  Coronel Saavedra rindió versión libre y espontánea en un  despacho  del  Grupo  Integridad  de  la  SIJIN.  En  esa versión sindicó a un  desconocido   que   le  había  presentado  el  secretario  del  Juzgado  14  de  instrucción   criminal,   como   el   autor   del   disparo   que   lesionó  a  Gutiérrez  (folio 71).   

                 La Oficina  de  Investigación  y Disciplina de la SIJIN adelantó una averiguación en cuyo  desarrollo  llamó  a  descargos  al  agente Coronel Saavedra; diligencia que se  cumplió  el  21  de  enero de 1988. En ella, y con el apremio del juramento, el  policial  reiteró  la  imputación  hecha  al  empleado judicial como autor del  disparo    producido    en    los    hechos   del   17   de   noviem­bre de 1987 (folio 21).   

                  El 1o. de  febrero  de  1988,  Coronel  rindió declaración bajo juramento ante el Juzgado  Sexto  Penal  Municipal  de  Cúcuta,  en  donde  afirmó  : “… oí el disparo  volteé  a  mirar  y  vi  al secretario del Juzgado Catorce y al otro señor que  salieron  corriendo  con  revólver  en mano..” Y cuando se le interrogó quién  había  disparado  dentro  del  establecimiento, manifestó “si no fue el señor  amigo  de  Carlos fue Carlos”. (folio 98). Es de anotar que es evidente el error  que  aparece  en esta acta, al señalar como año de su realización el de 1987,  en fecha que ni siquiera se había cometido el hecho investigado.   

                   El 11 de  febrero     de     1988,    en    versión    libre    y    espontá­nea  rendida  en  la  Procuraduría  Regional  expresó  que “Cuando oí un disparo de inmediato voltié a mirar y vi  al  señor  secretario con el revólver en la mano y el otro señor también con  otro  revólver  en la mano” y al ser interrogado por el autor del disparo, dijo  “Creo  que  fue  el  señor  secretario  del  Juzgado  o  el amigo de él”(folio  16).   

                    El 9 de  abril  de  1990,  dentro de la investigación disciplinaria adelantada contra el  secretario  de  su despacho, el Juez 14 de Instrucción Criminal le preguntó al  agente  Coronel  si se ratificaba bajo la gravedad del juramento en los informes  que  obraban  en  ese expediente, y su respuesta se concretó a la frase: “Si me  ratifico” (folio 47).   

                                          Finalmente,   el   28   de  agosto  de  1990,  en  ampliación  de  declaración,  y  bajo  juramento,  el  Juez  Quinto  de  Instrucción  Criminal  interrogó  a  Mario Coronel por la persona que había lesionado a Gutiérrez, y  en   su   respuesta   aseguró:   “Ini­cial­mente  yo  elaboré  un  informe  con  base  a  lo que dijeron algunos curiosos, de que  había  sido el secretario del Juzgado Catorce de Instrucción Criminal, pero al  día  siguiente el secretario me dijo que no había sido él, sino un amigo suyo  que iba con él y el doctor Nosa…” (folio 198).   

                    De esta  pluralidad  de  versiones,  es evidente que las que comprometen inequívocamente  la  responsabilidad  de  CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ se encuentran en el informe  que  el agente de policía rindió ante el jefe de la SIJIN al día siguiente de  ocurridos  los  hechos,  y  la  diligencia  de descargos que tuvo lugar el 21 de  enero  de  1988  ante la Oficina de Investigación y Disciplina de la SIJIN, que  por  obvias  razones  no se rindió bajo juramento. Tales afirmaciones, vertidas  con  espontaneidad  y  cuando aún no había tenido el informante oportunidad de  recibir  la influencia del acusado, evidentemente constituyen pilar fundamental,  pero  además,  no  único de la decisión condenatoria, según más adelante se  verá.   

                     Ahora  bien,  la  crítica  que  contra  estos  elementos  de  convicción  formula  el  impugnante  carece  del  alcance  que le da el libelo, por cuanto el actor acoge  supuestos   procesa­les  propios  del  derecho  privado,  olvidando  que  el  sistema probato­rio  penal  tiene  aquí  su  propia  regulación,  de  tal  manera  que excluye en ello el principio de integración,  válido   única­mente  cuando  se trate de materias no reguladas por el Código de Procedimiento Penal,  a   condición   de  que  no  se  opongan  a  la  naturaleza  del  procedimiento  penal.   

                      Ello  resulta  evidente,  en  cuanto  la  instrucción  se adelantó bajo vigencia del  Decreto  050  de 1987, cuyo artículo 256 advertía que “Las pruebas practicadas  válidamente  en  un  proceso, dentro o fuera del país”, podrían trasladarse a  otro  en  copia auténtica, y en ese caso serían apreciadas “de acuerdo con las  reglas previstas” en ese Código para la naturaleza de cada medio.   

                  Dentro de  un  tal  contexto,  el  informe  rendido  por el agente Coronel Saavedra al día  siguiente  de  sucedidos los hechos, aún constituyéndose en prueba documental,  podía  equipararse  con  los  informes  rendidos  por  el  personal  del cuerpo  técnico  de  policía  judicial, al cual se entendería incorporado conforme al  artículo  332-e del Código de Procedi­miento   Penal   para   ese  entonces  vigente,  de  modo  que  en  conso­nancia  con  el  artículo  337  ibídem,  el  uniformado  podía  ser  convocado a declarar como  testigo dentro del proceso, tal y conforme sucedió.   

                     Y  en  cuanto  a  la  versión  rendida  en la actuación disciplinaria originada en su  contra,  de  ella no se podría exigir que hubiera sido vertida bajo la gravedad  del  juramento,  por  lo  que  su traslado no constituye ilegalidad alguna, pues  éste  se  produjo  como lo había previsto el legislador, siendo respecto de su  valoración     donde     habrían    de    tomarse    las    precau­ciones pertinentes.   

                 Pues bien,  sobre  este  último  aspecto no se vislumbra que el juzgador hubiese omitido ni  subestimado  el  hecho  de  que  llamado a ratificar lo dicho en precedencia, el  enterante  Mario  Coronel  se hubiese mostrado lacónico y luego vacilante, pues  si  a  la postre se prefirió la imputación directa de autoría contenida en su  primera  y  espontánea  versión  sobre  los hechos (informe a sus superiores),  ello  se  estimó  avalado de modo claro y suficiente por las versiones rendidas  de  parte  de  José Gustavo Galvis Vargas y Alfonso Sepúlveda, en cuanto uno y  otro  coincidieron  en  sostener  que  de  los cuatro individuos que llegaron al  establecimiento,  aquel  que  disparó  fue el único que huyó, pues los demás  permanecieron  en  el local después de la sorpresiva agresión, lo que le lleva  a   concluir   de   modo  inequívoco  en  el  siguiente  aparte  del  fallo  de  condena:   

        “Se  observa,  entonces,  que las afirmaciones primige­nias  que  hizo  el policial Coronel  Saavedra,  en  el  informe  rendido  ante  el  teniente  de la Sijín y el Mayor  investigador  de  la  Sijín,  de  las  cuales  se ratifica bajo la gravedad del  juramento  en donde señala claramente que el autor del punible fue el procesado  Carlos   Arturo   Ortíz   Ramírez,   ex  secretario  del  Juzgado  Catorce  de  Instrucción  Criminal,  merece credibilidad para el Juzgado, ya que encierra la  verdad  de  lo  acontecido  en  la  madrugada  del 17 de Noviembre de 1987, pues  aparecen   reforzadas   por  testigos  presenciales  del  reato,  pues  no  otra  expli­cación  lógica  tienen  el porqué concuerdan en que solamente uno desenfundó un revólver, que  huyó  del  lugar  del  suceso  y  fue perseguido, permaneciendo en el lugar del  suceso  precisamente  las  tres personas que nada tenían que ver en los hechos,  esto  es,  el  doctor  Pedro  Nossa, el policial Coronel Saavedra y el individuo  Francisco,  ya  que  debe  tenerse  en cuenta que dada la calidad de empleado de  Instrucción  Criminal  que  ostentaba  el  inculpado y si verdadera­mente  no  hubiera sido el autor del  disparo         su        compor­tamiento  hubiera  sido  diferente  frente  a la justi­cia.”   

                   Frente a  este  fundamento,  es  evidente  la  deficiencia  del  cargo único formulado en  contra  de  la  condena  por  homicidio  imperfecto,  pues  como fuera dicho, el  casacionista  atacó  con  exclusividad la versión del agente Coronel Saavedra,  sin  referirse  en modo alguno a las versiones que en su apoyo adujo el juzgador  para  adoptar la decisión adversa, lo que hace insuficiente la demanda, pues es  sabido  que  cuando  se invoca la violación indirecta de la ley, debe el censor  desvirtuar  no  un  medio  sino toda la base demostrativa sobre la que reposa la  sentencia,  pues  al  dejarle  inconmo­vible        ese       soporte,       conforme       a­quí  se  ha puesto de presente, tal  providen­cia   ha  de  permanecer               ­incólume.      

                   En tales  condiciones, el cargo por infundado, no prospera.   

                       3.-  Respecto  de  la  infracción  al  artículo  156  del  Código Penal, a la cual  refiere   el  tercero  y  último  cargo  de  la demanda, dos inquietudes deben despejarse antes de avocar  los términos de la censura:   

                 La primera  de  ellas  apunta  a  determinar  la  posible  ocurrencia de la extinción de la  acción  penal  por  operancia  de  la  prescripción, pues como viene dicho, la  respectiva  resolu­ción  de  acusación  quedó  en  firme  el  12 de julio de 1991, mientras que la pena  prevista  para  esta  infracción  es  la  de  interdicción  en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas de uno a tres años, extremos que en principio  llevarían  a  pensar  que  el  Estado perdió la posibilidad de sancionar dicha  conduc­ta.   

                        No  obstante  y  dada  la  naturaleza  de  la  infracción,  es dable colegir según  criterio  que inspira a la mayoría de la Sala, que el fenómeno extintivo no se  ha  dado  frente  al contenido de los artículos 156, 80 y 84 del Código Penal,  pues  del  artículo  82  ibídem  se infiere que para el caso presente el lapso  relevante  se  amplía  en  una  tercera parte sobre el límite mínimo de cinco  años  contados a partir de la ejecutoria de la resolución de acusa­ción,   por   tratarse   de   una  infracción  cometida  con  ocasión  del  cargo  oficial  que  el sujeto agente  cumplía,  porque  la  sustracción  absoluta  a  los deberes oficia­les, lejos de constituirse en motivo  que  excluya el incremento previsto para la perseguibilidad de la conducta, pone  mas   bien   en   evidencia   que   ese   desamparo   en   que   coloca   a   la  administra­ción   la  conducta  omisiva  del  sujeto  agente  se  constituye  en  factor  de  interés  preferente   del   Estado   por   no   dejar   impunes   los  compor­ta­mientos ilícitos de sus servidores,  cuando  éstos  se  verifican  con ocasión del cargo o de las funciones que les  había              deferi­do.      

                    Como al  momento  de  este pronunciamiento no han transcurrido 6 años y 8 meses desde la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación, es viable el pronunciamiento de  fondo.   

                 La segunda  inquietud  que  asoma,  deducible  como  la anterior de la naturaleza de la pena  correspondiente   al   abandono   del   cargo,   obliga  a  determinar  también  antici­padamente   la  viabilidad  de  la casación desde la perspectiva de su procedencia como recurso  extraordinario.   

                 En efecto,  consultando  la  naturaleza  y la extensión de la sanción correspondiente a la  infracción,  preceptúa el artículo 218 del Código de Procedimiento Penal que  en   princi­pio  habrá  lugar  a la casación “por los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad cuyo máximo sea o exceda de seis (6) años”.   

                    Si este  requisito  no  se  cumple, aún podría intentarse el recurso extraordinario por  extensión,  siempre  y cuando se trate de un delito conexo con otro u otros que  sí  reúnan  la  exigencia, o en su defecto, y limitando su viabilidad a alguna  de  las  taxativas  razones  que  se consignan en el inciso tercero de la norma,  sometiendo  el  examen de las razones del impugnante a la discrecionalidad de la  Sala de Casación Penal de la Corte.   

                 En el caso  de  estudio,  donde el censor ataca en sede del recurso extraordinario el delito  de  abandono  del  cargo, el cual conlleva apenas como sanción la interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, porque el sujeto agente no  ejercía  autoridad o jurisdicción, ni era empleado de manejo, resulta entonces  imperativo  determinar  si hay conexidad para efectos de la impugnación, habida  cuenta  que  la  unidad del fallo derivó no de una relación sustancial con los  delitos  de  homicidio o falsedad, sino de la acumulación de causas surgidas de  sucesos entre sí separados e independientes.   

                   Para ese  fin  se  impone  preguntarse  si  el  concepto  de conexidad que se maneja en el  artículo   218   del  Código  de  Procedimiento  Penal  es  exclusivamente  el  restrictivo  que  consagra  el  artículo 87 ibídem, o bien por el contrario en  tal  disposición  se integra un ámbito más amplio y comprensivo de fenómenos  propios  de la conexidad procesal, dentro de los cuales llegue a tener cabida la  acumulación  de  causas  de  que se ocupan los artículos 91 y siguientes de la  misma  codificación,  habida  cuenta  de  que  ésta  se  da  no solamente para  recuperar  la  operancia del principio de unidad  cuando cursen “dos o más  procesos   penales   por   delitos   conexos  que  no  se  hubiesen  investigado  conjuntamente”,  sino  también  bajo  el  criterio  de  la  unidad de procesado  “Cuando   contra   una   misma  persona  se  estuvieren  siguiendo  dos  o  más  procesos…”.   

                 Tomando el  texto  del  artículo  87  del  Código  de  Procedimiento  Penal  como punto de  partida,  no  es difícil advertir que de una interpretación meramente literal,  habría  de  darse  por  excluida  del  concepto de conexidad la acumulación de  causas,  si el ámbito de esa descripción legal se ve claramente reducida a los  términos que siguen:   

        “… Hay conexidad cuando:   

        1.El  hecho  punible  ha  sido cometido por dos o más personas en  concurso  o  cooperación entre ellas, o ha intervenido más de una a título de  participación.   

        2.Se  impute  a  una  persona  la  comisión  de  más de un hecho  punible  con  una  acción  u omisión o varias acciones u omisiones, realizadas  con unidad de tiempo y lugar.   

        3.Se  impute a una persona la comisión de varios hechos punibles,  cuando   unos   se   han   cometido   con   el   fin   de   consumar  u  ocultar  otros.”   

                        No  obstante,    visto    el    alcance    que    al   recurso   extraor­dinario  se le otorga a partir de la  expedición  del  Decreto  2700 de 1991, otra tiene que ser la significación de  su  extensión  a  los “delitos conexos”, en donde cuentan principios como el de  la  unidad de la sentencia (artículo 88 del C. de P.P.), el de su no ejecutoria  parcial  o  fragmentaria  (arts.196,197  y  223),  y  el de la extensión de los  efectos  del  fallo de casación a los no recurrentes (artículo 243), lo que ha  llevado      en      la      evolu­ción  doctrinaria  de la Sala a sentar premisas importantes en la  dilucidación de este interesante tema.   

                  Así, por  caso,  en  pronunciamiento  de  marzo  10  de  1994, con ponencia del Magistrado  doctor  Dídimo  Páez  Velandia,  tuvo  ocasión  la  Sala  de  sostener que la  conexidad,  para  los  fines  del  recurso  extraordinario  de casación, debía  entenderse   

        “…  siempre  que  se  haya impugnado el fallo por el delito cuyo  máximo  punitivo lo admite, o por lo menos, cuando se haya condenado por él al  recurrente  así  su cuestionamiento sólo se relacione con los conexos (por ser  este aspecto solamente conocido en el escrito de demanda).   

Afirmación  que sustentó sobre estas dos  explícitas razones:   

        “…   a).-   En  materia  penal  la  responsabilidad  es  siempre  individual  y por consiguiente la conexidad delictiva para efectos de viabilidad  del  recurso  extraordinario  cuenta  independientemente  para cada procesado, y  b).-  Porque  de  no  ser  así, se estaría desconociendo el interés legítimo  para  recurrir,  en  la medida en que no podría impugnar un procesado condenado  por  el  delito conexo cuyo máximo punitivo no admite la casación a nombre del  coprocesado condenado por el delito cuya pena sí la admite”   

de  donde  concluyó  que  en  el  caso de  sentencias  que  definen  la  situación  de  varios  procesados  por diferentes  delitos,  la  impugnación extraordinaria no se ampara por la conexidad  si  la     inconformidad     se     da    respecto    de    la    senten­cia   de   segunda  instancia  pero   

        “…        exclusi­vamente     en     relación     con    hechos    puni­bles  cuya  pena  excluye el recurso  común  o tradicio­nal de  casación…”,   pues   “…   realmen­te  no se está en presen­cia   de   delitos   conexos  -cada  condena  es  inde­pendien­te-  respecto  de  los  cuales  deba  “exten­derse”    el  recurso,  toda  vez que el fallo por el que sí lo admite no ha sido cuestionado  en  casación  por ninguno de los sujetos procesales que hubieran podido hacerlo  con   legítimo   interés,   y   el   impugnante   no  está  conde­nado por él.”   

                   Y dentro  del  mismo  pensamiento,  en  casación  del  5  de  septiembre  del  mismo año  (Magistrado  Ponente  Dr.  Guillermo  Duque  Ruíz),  tuvo  además  la  Sala la  ocasión    de    añadir,    diferen­ciando  los distintos eventos que se podrían dar en el estudio de  la  viabilidad  del recurso extraordinario, las varias alternativas de respuesta  así:    

        “…   a).   Que   todos  los  delitos  objeto  del  fallo  estén  sancionados  con  pena  privativa  de  la  libertad que sea o exceda de seis (6)  años,  caso  en el cual ningún problema se presenta, ya que de conformidad con  el  artículo 35 de la ley 81 de 1993, el recurso es procedente para todos estos  ilícitos  individualmente  considerados,  sin  que para este efecto importe que  hubieren sido objeto de juzgamiento conjunto.   

        b).  Que no todos los delitos materia del fallo estén sancionados  con  pena  privativa  de  la  libertad  que  sobrepase  los  seis  (6)  años de  duración.   

        Dos   casos   pueden   distinguirse   dentro   de   esta   segunda  hipótesis:   

        1).  que  en  la demanda se hagan cargos no solamente en relación  con  los  delitos  que  por su máximo punitivo no son susceptibles del recurso,  sino  también  respec­to  de  aquellos  por  los  que  sí  proceda  éste, evento en el cual coinciden el  concepto  de  la  Delegada  y  la  opinión  de  esta Sala, en el sentido de que  el recurso en este caso sería procedente para todos  los  delitos, porque como lo dice el precitado artículo 35, en este supuesto el  recurso  “se  extiende a los delitos conexos”, aunque  la  pena  prevista  para  éstos  sea  inferior  a  la  señalada  en  el inciso  anterior”.   

        2).  Que  la demanda contenga cargos pero exclusivamen­te en relación con alguno o algunos  de   los   delitos   que   por   la   duración   máxima  de  la  pena  no  son  suscep­tibles   del  recurso.   

        …  Para  la Sala … en la hipótesis que se comenta, el recurso  sí   resulta  procedente,  no  obstan­te  que  el  actor  no  formule  ataque alguno en relación con el  delito  o  delitos  concurrentes  que por su penalidad sean susceptibles de este  ex­traordinario medio de  impugnación.   

        Para  demostrar  lo  justa  y acertada que es esta posición de la  Corte,  es  preciso  acudir  al artículo 218 del C.de P.P., subrogado por el ya  citado  artícu­lo 35 de  la  ley  81 de 1993, que en su inciso segundo dispone: “El recurso se extiende a  los  delitos  conexos,  aunque  la  pena  prevista para éstos sea inferior a la  señalada en el inciso anterior”.   

        En  realidad  en  esta  norma no se está disponiendo, como parece  entenderlo  la  Delegada, que la demanda de casación  pueda  extenderse a los delitos conexos aunque tengan  pena  menor  que  la  exigida para la procedencia del recurso. Lo que en ella se  prescribe  es  la  extensión del recurso   en   relación   con   estos   delitos,   que   es   cosa   muy  distinta.   

        En  otras palabras: la norma en comento al extender el recurso, no  lo  condiciona, en parte alguna, a que en la demanda se formulen cargos respecto  de  delito o delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad no menor  de  seis  años,  lo  cual  es  coherente, porque como se dijo, no es un caso se  extensión de la demanda sino de extensión del recurso.   

        Hacer  la  exigencia  que pretende la Delegada implica­ría  no  sólo  recortar sin razón  los   alcances  benéficos  de  esta  facultad,  sino  también  obligar  a  los  recu­rrentes   a  que  pretexten   unos   cargos  en  relación  con  uno  cualquiera  de  los  delitos  susceptibles  del  recurso,  para  así  habilitar  el  ataque  por  los delitos  “menores”.   

        Agréguese,  por  último, que la denominada casación excepcional  no  podría sustituir a cabalidad la institución en comento, pues bien conocida  es  su  limitación  legal,  ya  que  únicamente  procede  cuando  se considere  “necesario      para      el      desarrollo     de     la     juris­prudencia  o  la  garantía  de  los  derechos           fundamenta­les”.  (subrayas  colocadas  en  esta  ocasión  por  parte  de la  Sala).   

                 Volviendo,  entonces,  de  regreso  al  caso  bajo  estudio,  y  cotejándolo frente a estos  principios  de  unidad  de  procesado  y  unidad  de  fallo  respecto  de varias  infracciones  (conexas   acumuladas),  no  cabe  duda  de que el recurso de  casación  debía  admitirse  como en efecto ocurrió para el delito de abandono  del  cargo,  al  cual  debía  entenderse  extensiva  la  autorización legal de  impugnación  extraordinaria, pues quien lo promovía se hallaba afectado por la  misma  sentencia, y en ella por una pena única que cobijaba al tiempo el delito  susceptible    de    casación    y   éste   que   aunque   indepen­dientemente  visto no lo era, lo que  hace  inescindi­ble  su  interés  para  recurrir, como integradas las consecuencias derivati­vas  de  una  modificación siquiera  parcial respecto de la sentencia recurrida.   

                    A salvo  las  anteriores  inquietudes,  e impuesta a atender la Sala el mérito del cargo  formulado  respecto  de  esta  tercera  infracción,  despachará  las  censuras  formuladas        en       coinci­dencia con el criterio de la Delegada.   

                    En tal  sentido  se  debe  resaltar  la  inconsistencia  técnica que implica fundar una  violación  directa  de  la ley no en una alegación de tipo meramente jurídico  sino  de  orden  fáctico, relacionado con las situaciones laborales por las que  pasaba  el acusado en la fecha en que debió reintegrarse al cargo y no lo hizo,  porque  en  tal  evento  la discusión deriva hacia los errores probatorios, los  que  se han debido proponer y demostrar pero dentro de la coherente formulación  y  desarro­llo  de  una  violación indirecta de la ley.   

                                Adicional  a  esta contradicción se tiene que  al  censor  tampoco  le  asiste  la  razón  cuando discute que el Secretario no  estaba  en el deber reasumir funciones en el Juzgado 14 de Instrucción Criminal  de    Cúcuta,    luego    de    con­cluir  la  suspensión  que  se le había decretado, pues para esa  fecha ya se le había destituído.   

                    Si  se  revisa   la   Resolución   0140   de  agosto  8  de  1990  en  que  se  declara  administrativamente   el   abandono   de   su   cargo,   fácil  se  ve  que  la  suspensión-sanción  tuvo  vigencia  a  partir del 1o. de junio de 1990, lo que  implicaba  su  reintegro el primero (1o) de agosto de ese mismo año. Es cierto,  como   allí  mismo  se  dice,  que  el  31  de  mayo  se  decretó  además  la  destitu­ción   del  empleado,  pero  también  verdad que ese acto fue recurrido y como consecuencia  solo  vino  a  cobrar  efectos  en  el  mes de septiembre siguiente, luego de su  confirmación ocurrida el día 21.   

                      Para  contraprobar  esta realidad, ningún argumento ni prueba aporta el recurrente, y  en  su  defecto afirma solamente que por haberse extendido ya entonces una orden  de   captura   contra   el   imputado,   éste   tenía  derecho  a  amparar  su  liber­tad, pero con tal  aserto  lo  único  que  se  hace es oponer sin éxito una opinión personal del  censor  contra  una decisión de segundo grado, cuya presunción de juridicidad,  con  tal  clase  de  ataque  no  se enerva, y mucho menos si se repara en que el  derecho  a  la  libertad  no  tiene  en  la Constitución Política carácter de  absoluto,  pues  el  artículo  28  superior  lo condiciona, precisa­mente,   frente   al   “mandamiento  escrito  de  autoridad judicial competente, con las formalidades  legales y  por  motivo  previa­mente  definido  en la ley”, lo que no puede mostrar como justificada la resistencia al  cumplimiento  de  esta  clase de mandatos, y mucho menos si para conseguirlo, se  entra  de  paso  a  transgredir  bienes jurídicamente tutelados, como sucede en  este  caso con el interés superior de la recta e ininterrumpida administración  pública.   

                        En  síntesis,  por  contradictorio,  incom­pleto e infundado, el cargo propuesto no prospera.   

         

                   4.- Como  se  dejó  anunciado  en  precedencia,  muy  a  pesar de la desestimación de la  demanda,        la       prescrip­ción  de  la acción penal frente al delito de falsedad obligará  a  redosi­ficación de la  pena impuesta a CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ.   

                    A  ese  respecto  es  de  ver  que  el  a  quo  partió  de la sanción por el delito de  homicidio  en grado de tentativa, estimándola en seis (6) años de prisión. De  allí  incrementó  seis  (6)  meses  por circunstancias de agravación, y otros  seis  (6)  meses por el delito de falsedad en documento privado para totalizar 7  años,  dejando como pena accesoria la interdicción en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas por tiempo igual al de la pena principal, con la expresa  advertencia  de  que  en esta última se consideraría incluída la sanción por  el delito de abandono.   

                    Siendo  ello  así,  se  reducirá  en  esos seis (6) meses de incremento por razón del  concurso,  la  pena  principal, para tasarla definitivamente en seis (6) años y  seis  (6)  meses  de prisión, la misma proporción que necesariamente reducirá  la  pena  interdictiva,  al  mantenerse su tasación en la misma duración de la  principal.   

                       5.-  Agregado    a    lo    anterior    casará    la    Sala    oficiosa­mente  la  sentencia para excluir de  ella  la  pena accesoria de suspensión de la patria potestad, por cuanto ésta,  a  diferencia  de  la  interdicción  de derechos y funciones públicas, no  opera  por expreso mandato legal, sino que debe ser impuesta “discre­cionalmente  por  el  juez”, lo cual  implica  la  previa  y  debida motivación que la justifique, requisito del cual  prescinde  el fallo revisado, en cuanto el juzgador se limitó a anunciar que la  impondría, sin incluir razonamiento alguno de soporte.   

                       Con  fundamento,  entonces,  en los artículos 228 y 229 del Código de Procedimiento  Penal,  procederá  oficiosamente  la  Sala  a  invalidar  en  este  aspecto  la  sentencia,  restableciendo  de  ese  modo el principio de legalidad en favor del  acusado.   

                 En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

        R E S U E L V E:   

                   PRIMERO.  Desestimar  la  demanda  de  casación  formulada  a nombre del procesado CARLOS  ARTURO ORTIZ RAMIREZ.   

                   SEGUNDO.  Declarar    la    prescripción   de   la   acción   penal   corres­pondiente  al  delito de falsedad en  documento  privado  atribuido a CARLOS ARTURO ORTIZ RAMIREZ en una de las causas  acumuladas  en  esta  actuación,  por  lo  que  se  ordena la cesación de todo  procedimiento relacionado con dicha infracción.   

                  TERCERO.-  Como  consecuencia  de  la  prescripción decretada se reduce la duración de la  pena  de  prisión  impuesta  como  principal al sentenciado, a seis (6) años y  seis  (6)  meses,  proporción  en  la cual queda igualmente rebajada la pena de  interdicción en el ejercicio de derechos y funciones públicas, y   

                                          CUARTO.-    Casar  parcial  y  oficiosamente  el  fallo   impugnado,  en el sentido de dejar sin valor ni efecto la pena de suspensión de  la patria potestad impuesta al acusado señor ORTIZ RAMIREZ.   

                  Cópiese,  notifíquese, devuélvase y cúmplase.   

        JORGE ENRIQUE CORDOBA POVEDA   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO      CALVETE  RANGEL   

CARLOS       AUGUSTO      GALVEZ  ARGOTE              JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR              DIDIMO   PAEZ   VELANDIA                                       

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

           

   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *