10845 (23-07-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 10845  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 109   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  julio  veintitrés  de mil novecientos  noventa y ocho.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la Corte sobre la demanda de casación presentada por  el   defensor   del   procesado   MIGUEL   ANGEL  PAREDES  HERNANDEZ  contra  el fallo emitido por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cúcuta, que confirmó con modificaciones el  proferido  por el Juzgado Noveno Penal del Circuito de la misma ciudad, por cuyo  medio  condenó  al  acusado a purgar la pena principal privativa de la libertad  de  dos  (2)  años de prisión, la pecuniaria consistente en multa por valor de  dos  (2)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la fecha de la  comisión  de  la  ilicitud,  la  accesoria  de interdicción en el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por un lapso similar al de la sanción corporal  deducida,  así  como  al  pago  de  $ 6’604.949,25   por   concepto  de  perjuicios  materiales  y  la  suma  equivalente  en  moneda  nacional  de  300 gramos oro por perjuicios morales, al  hallarlo    penalmente    responsable    del    hecho   punible   de   homicidio  culposo.   

          En  la sentencia también se concedió al acusado el sustituto penal  de la condena de ejecución condicional.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las 7: 40 de la mañana del 23 de Marzo de 1992,  cuando  Miguel  Angel  Paredes  Hernández  se desplazaba por la calle sexta del  barrio  “Quinta  Oriental” en la ciudad de Cúcuta al volante del automóvil  Ford-Zephyr,  de placas SBK 715 de la República de Venezuela, al virar hacia la  derecha  a  tomar la avenida 7E arrolló a Abraham González quien a bordo de un  triciclo  transitaba  por  ese  sector. A consecuencia del impacto, éste salió  despedido  por  el aire para estrellarse luego contra el pavimento, de donde fue  recogido  con  traumatismo  encefalocraneano severo que determinó su muerte una  semana  después  cuando  era  atendido  en  el Hospital Erasmo Meoz de la misma  ciudad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Una  vez  practicadas  las primeras diligencias por la hipótesis de  lesiones  personales,  la  Inspección  de Policía las pasó por competencia al  Juzgado  Noveno  Penal  Municipal de Cúcuta, despacho que al tener conocimiento  del  fallecimiento  de  la  víctima remitió lo actuado al Juzgado Dieciocho de  Instrucción  Criminal a quien por reparto le había correspondido aprehender la  correspondiente investigación.   

Vinculado  con  injurada el sindicado Paredes  Hernández,  el  Juzgado  le resolvió su situación jurídica absteniéndose de  decretar  medida  de  aseguramiento  en su contra, pero cuando entró a regir el  nuevo  ordenamiento procesal, el proceso pasó a un fiscal Delegado de la Unidad  Primera   Especializada   de   Vida   quien   al   considerar  perfeccionada  la  investigación  ordenó  su clausura y mediante providencia del 13 de septiembre  de  1993  emitió  resolución de acusación en contra del indagado, disponiendo  además  su detención preventiva sin beneficio de excarcelación, razón por la  cual ordenó la captura (Fls. 214 a 221).   

El  pliego  de  cargos  se notificó en forma  personal  tanto  al agente del Ministerio Público como al defensor del acusado,  a  aquél en la misma fecha en que se produjo la ameritada resolución y a éste  al  día  siguiente  (Fls.224),  y  por  estado al procesado luego de habérsele  citado  mediante  comunicación  enviada a la dirección suministrada por él en  su indagatoria (Fls. 222 y 224).   

El  juicio  se  adelantó  en el Juzgado 9°  Penal  del  Circuito de Cúcuta, despacho que tras evacuar la vista pública sin  escollo  alguno,  por  fallo  del  14 de diciembre de 1994 culminó la instancia  declarando  la  responsabilidad  penal  de Paredes Hernández respecto del cargo  formulado  en  la  acusación  e  imponiéndole  las  sanciones a que ya se hizo  referencia.   

          Por  vía de apelación interpuesta y sustentada por el defensor del  procesado,  el  Tribunal Superior de Cúcuta confirmó la sentencia en cuestión  el  14  de marzo de 1995, modificándola únicamente en el sentido de adecuar la  pena  corporal  al marco punitivo estipulado en el respectivo tipo penal, por lo  que  quedó  en  el  mínimo  previsto de dos años de prisión  en  lugar de los doce meses deducidos en  el  fallo  de   primera  instancia.   Contra  dicha  determinación el  Defensor  interpuso  el  recurso  de  casación  que  ahora la Sala se apresta a  desatar.      

         

LA DEMANDA  

El  casacionista  invoca  como  sustento del  reproche  la  causal  tercera  del  artículo  220  del Código de Procedimiento  Penal,  al estimar que la sentencia recurrida se emitió en un juicio viciado de  nulidad  por  infracción  al  artículo  “29 de la  Constitución  Nacional,  el  Art. 1° del C. de P.P. y  asonantes”…   y   “el   art.   440   del  C.  de  P.P.  y          consonantes”.   

Para  fundamentar  el  cargo,  el recurrente  aduce        que        es       “prerrogativa  constitucional”  el derecho que le asiste al acusado  de  ser  notificado  del  pliego  de cargos, “ya que  esto  es  parte  del  derecho  de  defensa,  especialmente  el  que  atañe a la  contradicción  o  controversia  de  los  criterios  judiciales expuestos en las  providencias,  siendo  necesario para ello, la comunicación legal de ese acto a  la parte afectada”.   

Luego realiza un parangón entre lo que sobre  la  materia  regulaba la legislación anterior (artículo 472 del Decreto 050 de  1987)  y  lo que establece la actualmente vigente (artículo 59 de la ley 81 del  2  de  noviembre  de  1993  que  modificó  el artículo 440 del Decreto 2700 de  1991),  para  indicar  que la notificación del pliego de cargos al procesado no  privado  de  la  libertad  debe hacerse citándolo por el medio más eficaz a la  última  dirección conocida en el proceso, de lo cual debe dejarse constancia a  fin     de    evitar    “subterfigios      (sic)      o     manipulaciones  indebidas”,   y   si   transcurridos   8  días  no  compareciese, la notificación personal debe hacerse al defensor.   

El  incumplimiento  de  aquella  formalidad  acarrea  nulidad  por  resquebrajar  el  derecho  fundamental de igualdad de las  partes,  atentándose  “en  forma  grave  contra la  garantía  del  contradictorio”  y  socavándose por  contera  el  derecho  de defensa y el del debido proceso, sostiene el censor con  apoyo  en lo que sobre el particular enseñan un  doctrinante nacional y la  jurisprudencia  de  antaño,  vicio este -agrega- que inclusive se preveía como  causal    de    invalidez    en   el   Código   de   Procedimiento   Penal   de  1971.          

Ante “la falta de  la   notificación  de  la  providencia  principal   de  cargos”  a  su  asistido,  alega  el  recurrente,  el  acusado  no  pudo  controvertir   el  criterio  expuesto  en  la  providencia  por  el  funcionario  calificador,  ni  las  pruebas allegadas en su contra, y menos tuvo información  de  que  el Estado lo requería en el juicio de marras, tornándose nugatorio  su  acceso  a  los recursos de  ley,  en  detrimento  de  los  derechos  a  un debido proceso y a la defensa por  cuanto  si  diligentemente  se procuró notificar la susodicha pieza procesal al  Ministerio  Público,  lo mismo debió hacerse con el procesado para que hubiera  estado  en  el  mismo  “pié de igualdad”  con  aquél.  Y  agrega que del cumplimiento de tal acto formal  “parte  la  real  controversia  probatoria  para la  causa,  donde  se realiza el verdadero debate jurídico y fáctico de los medios  de  prueba;  y, si no se procede a hacer una efectiva notificación al sindicado  y/o   a   su   defensor,   se   merma   ese   derecho   constitucional   de   la  contradicción”.     

Posteriormente el libelista dirige el ataque  hacia  el  medio utilizado para hacer comparecer al procesado a fin de enterarlo  del  pliego de cargos, y advierte que la notificación se realizó indebidamente  porque  a  su  defendido  “no se le citó por   medio  eficaz para que concurriera a notificarse del proveído calificatorio del  sumario”,   dejándose   sólo   constancia  en  el  expediente  de  “una  supuesta  copia  de telegrama  enviado    presuntamente   a   la   residencia   de   mi   prohijado”,  lo  cual  “no  es  prueba  de  la  eficacia   del   citatorio,   ni   de   su  envío”,  arguye.   Para  demostrar  su  aserto efectúa una reseña de la actuación  procesal  llevada  a  cabo  desde  el  momento en que se expidió la resolución  acusatoria  hasta  el  instante  en  que  el  proceso  se  remitió  al Juez del  conocimiento.   

Con  la  afirmación de que la irregularidad  referida  está  consagrada  como causal de invalidez  en el artículo 304,  ordinales  2  y  3  del  Código de Procedimiento Penal, concluye que la nulidad  debe   decretarse   “a  partir  de  la  Resolución  Calificatoria  del  sumario  de  marras,  exclusive,  y  se  ordene reponer este  proceso,  desde  la  notificación  de  ese  proveído calificatorio”,  sin  que la circunstancia de no haberse alegado el vicio en la  oportunidad  prevista  en  el  artículo  446  ídem  en  nada  se  oponga  a su  aspiración,  como  quiera  que  además de estar consagrada dicha irregularidad  como  causal  de  casación,  el artículo 29 de la Carta Política “donde  se  obliga al respeto del debido proceso como del derecho  de  defensa”  está  por  encima  de la citada norma  legal.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Considera  el  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  que  lo  argüido  por  el censor como fundamento de la pretensión es que a su defendido  se  le  vulneró  el  derecho  de  defensa  y el debido proceso, “como  consecuencia  de  no  haberse  notificado  la  resolución de  acusación  al  procesado,  de  acuerdo  con las previsiones legales”.   

La  Delegada de entrada advierte que para el  asunto    sub   lite   la  legislación  vigente  era  la del Decreto 2700 de 1991, en sus artículos 440 y  190,  en  armonía con el 188, modificados posteriormente por la Ley 81 de 1993,  y  que  por  tanto  la  notificación  de las providencias judiciales sólamente  debía  hacerse  en forma personal al Ministerio Público y al sindicado privado  de  la  libertad,  pero  que  en  tratándose de la resolución calificatoria se  procedía  al  enteramiento  personal  si  ello  fuere  posible  pero en el caso  contrario  era  viable hacerlo por estado “cuando no  se   hubiere   podido   hacer   notificación  personal,  habiéndose  intentado  ”.   

Advierte    que   como   “una   clara  demostración  de  la  protección  al  derecho  a  la  defensa”, lo que aquella normatividad pretendía era  que   en   “lo   humanamente   posible”  se  realizaran  esfuerzos para enterar a los sujetos procesales  del  contenido  del  pliego  de  cargos de manera personal, mas en este caso, de  acuerdo  con  las  piezas que le sirven al recurrente para la censura, lo que se  evidencia   es   “la   manera   eficaz”  como  se intentó producir la notificación del procesatorio al  acusado,  a  la  luz  de  lo  establecido  para el efecto por el Decreto 2700 de  1991.    

Si  con  prontitud  la  defensa conoció ese  pliego   de  cargos        -razona  el  Ministerio  Público-  y por estado se comunicó dicha determinación a quien no fue posible  localizar  para  enterarlo  personalmente  de  ella,  la circunstancia de que se  hubiera  acudido a ese medio supletorio de notificación poco tiempo después de  la  fecha  en  que  se  envió  el  citatorio al implicado, en nada conculca los  derechos  de éste, máxime cuando teniendo la oportunidad de ejercer la defensa  material  su  actuación  durante  el  desarrollo  del  proceso  “fue              mínima”,  presentando  tan  sólo  una  petición de libertad.   

Además,  si  el  derecho  de  defensa  como  “unidad inescindible” lo  realizan  el defensor y el procesado en el entendido de que el primero ejerce la  defensa  técnica  y  el  segundo  la material, no está claro cómo se aduce la  imposibilidad  de  controvertir  el  criterio  plasmado  en  su proveído por el  funcionario  calificador por supuesta limitación a la facultad de impugnación,  cuando  a  ello  hubo  lugar por parte del defensor con la interposición de los  recursos  ordinarios previstos por la ley; pero desechada esa oportunidad por el  profesional  del derecho cuando la tuvo aún en el juicio donde bien pudo alegar  la        nulidad        ahora        argüida,        su        “inactividad”     no     se     puede  “magnificar”   ahora  pretendiendo  la  invalidación  de  la  actuación por un supuesto vicio que en  hora  y  punto  conoció  y  en  su  momento  no  invocó, remata la Agencia del  Ministerio Público.   

Como   colofón   de   su   solicitud   de  “NO  CASAR  la sentencia  impugnada”  por  la  improsperidad  del  cargo al no  vislumbrar  que al procesado se le hayan conculcado las garantías fundamentales  cuya  protección  reclama, expresa la Delegada: “De  allí  que  la  inercia  manifiesta  del  defensor,  en  el  hecho  de  no haber  presentado  alegatos  precalificatorios,  ni  impugnado  la  calificación, como  también  la  no  exoración de pruebas en la etapa del juicio, pone de presente  una  particular,  singular y personal estrategia defensiva, que para nada afecta  la    invulnerabilidad    de    la    garantía    a    la   defensa”.              

           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Sea  lo  primero destacar la imprecisión que la Sala advierte en la  formulación  del  único cargo esgrimido por el censor para atacar la sentencia  recurrida en casación.   

          El  libelista  en primer término señala que se profirió sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad porque, “ante la  falta  de  notificación  de  la  providencia  principal  de  cargos”       al       procesado,      se      hizo      “nugatorio”  el ejercicio del derecho de  defensa  que  le asistía y por contera se avasalló el debido proceso, dado que  el   acusado   no   pudo   interponer   los   recursos  de  ley  “para  controvertir  las  pruebas  (…) o por lo menos, el criterio  judicial expuesto por el instructor”.   

No  obstante lo anterior, a renglón seguido  reconoce  que  dicha notificación sí existió pero realizada en indebida forma  puesto  que  a  su  “prohijado,  no se le citó por  medio  eficaz para que concurriera a notificarse del proveído calificatorio del  sumario”.      

En  este  orden  de  ideas,  carece  de toda  lógica  el  planteamiento  del  cargo  ante  la  manera  contradictoria como se  formula,  pues  no  se  pueden  predicar  simultáneamente  la preterición y la  existencia,   aunque   con   vicios,   del   acto   procesal  cuestionado.  Esta  argumentación  bastaría para desestimar la censura, mas en aras de la claridad  la  Corte se permitirá hacer otras precisiones para ver de concluir cómo en el  asunto  a  examen  las  afirmaciones  del  opugnador  riñen con la realidad que  muestra el expediente.   

En  efecto, contrariamente a lo inicialmente  afirmado  por el censor, es menester reiterar que la notificación del pliego de  cargos  al  procesado  Paredes  Hernández, quien para ese momento no se hallaba  privado  de  la  libertad, se efectuó por estado conforme a lo dispuesto por la  normatividad  vigente  a la sazón que no era otra que el original artículo 440  del  Decreto 2700 de 1991, en armonía con el 190 ibídem, pues la calificación  del   respectivo   sumario  se  produjo  el  13  de  septiembre  de  1993  y  la  modificación  introducida  al mencionado canon por el artículo 59 de la Ley 81  de  1993  sólo cobró vigencia a partir de la fecha de su expedición, esto es,  el 2 de noviembre del mismo año.   

Prescribían aquellas normas:  

“Artículo 188. Notificación personal al  sindicado  privado  de  la  libertad  y  al  Ministerio  Público.  Las  notificaciones  al  sindicado que se  encuentre  privado  de  la  libertad  y al Ministerio  Público se harán en forma personal.”    

“Artículo 190. Notificación por estado.  La  notificación  por  estado  se  hará en la forma  prevista  en  el  Código  de  Procedimiento  Civil, cuando no se hubiere podido  hacer la notificación personal, habiéndose intentado.”   

          “Artículo  440.  Notificación  de  la  providencia     calificatoria.    La    resolución  calificatoria  se  notificará  personalmente,  cuando  sea posible.”   

         

          Por  su  parte,  es  disposición  de  la  ley procesal civil que la  inserción  en  el  estado  se haga pasado  un  día de la  fecha del auto.   

Así  pues,  si  se  repara en la actuación  cumplida  a  folios 222 y 224, se verá que aquellas preceptivas se observaron a  cabalidad  como  quiera  que en lo posible  se  intentó la  notificación  personal  de la resolución de acusación al justiciable, para lo  cual  se  libró cita telegráfica a la dirección suministrada por él mismo en  el  proceso, pero ante su no comparecencia la notificación debió evacuarse por  estado fijado el día 15 de septiembre, o sea, dos días después.   

El  argumento  de que el citatorio hecho por  vía  telegráfica  no  constituye medio eficaz para el emplazamiento no pasa de  ser  la  particular e interesada apreciación del recurrente, como tampoco es de  recibo  la  deleznable  afirmación  de que la copia agregada al expediente como  respaldo  del  envío  de dicha comunicación no constituye prueba fehaciente de  su efectiva transmisión.   

En efecto, como atrás se dijo, el telegrama  se  remitió a la dirección consignada por el propio sindicado en la diligencia  de  compromiso  suscrita  para continuar disfrutando de libertad luego de rendir  indagatoria  (fls.  51),  y   esta  dirección  no  sólo  coincide  con la  que   registró al momento de obtener la cédula de ciudadanía (fls. 293),  sino  que  además  resulta  ser  la  misma  a  donde  se envió el telegrama de  citación  para  suscribir  la  nueva  diligencia de compromiso con ocasión del  subrogado  de  condena  de  ejecución  condicional  que  le  fue otorgado en la  sentencia  de  primer  grado  (fls.  318),  oportunidad  en  la cual compareció  puntualmente  al  juzgado  (fls.  324),  demostrando  con ello que la dirección  residencial  a  la  cual fue llamado para enterarlo de la resolución acusatoria  era  la  correcta  y  por  ende  que  sí  era  eficaz el medio empleado para la  citación.   

Por  consiguiente,  ningún homenaje hace el  casacionista  a  la  realidad  procesal  y  tampoco  su razonamiento es correcto  cuando  acude amañadamente a la regulación de los artículos 59 y 25 de la Ley  81  de  1993  para  so pretexto de una supuesta pretermisión de términos poder  alegar  el  quebrantamiento  a  las  formas  propias del juicio o el atentado al  derecho de defensa que, como ya se vio brillan por su ausencia.   

En nuestro ordenamiento jurídico-penal es  verdad  de a puño que la notificación personal de la resolución de acusación  al  procesado, o la ficta por estado cuando no estando éste privado de libertad  resulta  fallido  el  intento  por  lograr  su  comparecencia  para enterarlo en  persona  del  cargo  por  el  cual  debe  responder en juicio, es un derecho que  ciertamente  le  asiste  a aquél para conocer la imputación y poder ejercer su  defensa  con la impugnación del procesatorio y la controversia de los medios de  prueba  aducidos  en su contra, pero deducir de allí que el propio y voluntario  silencio  constituye  quebranto  al  derecho de defensa es conducta rayana en la  deslealtad  procesal,  como  bien  lo  advierte la Delegada, en la medida en que  cuando   esa   “estrategia   defensiva”   no   rinde   sus  frutos  el  censor  opta  por  aferrarse  al  extraordinario   recurso  como  última  tabla  de  salvación  para  tratar  de  presentar  el  resquebrajamiento  de  la  estructura  de un proceso tramitado al  amparo  de  la legalidad que lo rige, alegando vicios inexistentes o ya saneados  por  el  mutismo  cómplice de quien pudiendo hacer lo contrario voluntariamente  omite  el ejercicio de los derechos que le resultan disponibles, todo lo cual se  entiende  purgado  conforme  al  mandato  del artículo 308-1 y 4 del Código de  Procedimiento Penal.   

Es  que,  de  haber  existido  la  fementida  irregularidad  en  la  notificación  del  pliego  de cargos, el hecho de que al  conocerla  tanto  el  procesado  como  su  defensor omitieran ejercer el acto de  postulación  que  la  anomalía  sugería, buscando incluso que la audiencia de  juzgamiento  se realizara pronto (fls. 266), permite inferir que no les asistía  el   más   mínimo   interés  para  hacer  valer  los  derechos  presuntamente  conculcados,  provocando  con  ese  asentimiento  tácito  que las consecuencias  convalidantes   surtieran   sus  efectos,  pues  resulta  verdaderamente  ocioso  retrotraer  una  actuación con la declaratoria de nulidad a fin de que el actor  ejercite  un  derecho  del  cual   por  anticipado  se  sabe  no va a hacer  uso.   

El  anterior ha sido el criterio de la Sala,  pacíficamente reiterado, entre otras, en la siguiente decisión:   

                 “En  todo  proceso,  existen  actos de  naturaleza  esencialmente  estructural,  sin  los  cuales la actuación se torna  inevitablemente  írrita,  resultando su cumplimiento, por tanto, obligatorio, y  otros  de  índole  circunstancial,  que se caracterizan por ser susceptibles de  disponibilidad,  en  cuanto solo se cumplen por iniciativa de las partes o en la  medida         que         éstas         no        renuncien        a        su  práctica.         

                          En  tratándose  de  estos  últimos,  su  proposición o desistimiento debe hacerse  dentro  de los términos que la ley establece para ello, a menos que los sujetos  procesales  no  estén  interesados  en  hacer uso de este derecho, en cuyo caso  basta,  para  que  la  oportunidad  precluya,  que  las  partes dejen correr los  términos en silencio.   

                     Cuando el  acto  de  postulación  discrecional  deja  de  ejercerse, no por voluntad de la  parte,  sino porque se la priva irregularmente de la oportunidad de hacerlo, los  efectos  invalitorios del vicio no solo dependerán de su trascendencia, sino de  la  circunstancia  de  no  haber  sido saneada con motivo de la actitud procesal  asumida  por la parte afectada, como acontece cuando guarda silencio frente a la  irregularidad,  pues,  entonces, habrá de entenderse, con fundamento además en  el  artículo  308.4  del  estatuto procesal, que dispone del derecho que le fue  socavado, renunciando a su eventual ejercicio.   

                  En concreto,  esta  es  la situación que se presenta cuando por una indebida notificación de  la  resolución  de acusación, el procesado o su defensor se ven privados de la  oportunidad  de  ejercer  el  derecho  a  la  defensa,  a  través  del  acto de  impugnación  o de la controversia probatoria, ambos de naturaleza discrecional.  Si,  al  enterarse  del  proferimiento del pliego de cargos, guardan silencio en  torno  a  la irregularidad que se ha presentado, o solicitan la prosecución del  trámite  procesal,  ha  de  entenderse que no están interesados en ejercer los  derechos  de  los  cuales  fueron  privados con motivo de la informalidad, y que  ésta,   en   consecuencia,   ha   sido   convalidada,  por  consentimiento  del  interesado.   

                    Totalmente  inútil  y  despojado  de  razón  resultaría retrotraer el proceso para que la  parte  afectada  tenga la oportunidad de hacer uso de un derecho que no pretende  ejercitar,  solo porque se presentó una irregularidad en la actuación. Este no  es,  ni  debe  ser,  el fundamento de su declaración, pues, como lo sostiene el  Procurador  Delegado  en  su  concepto, no es la simple alteración del trámite  procesal,   sino   el   resquebrajamiento  de  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  o el desconocimiento cierto de las garantías  esenciales,  lo  que  conduce  a  la  aplicación  de  este mecanismo extremo de  corrección procesal.   

                         Esta  solución,  que no es nueva, permite, además del saneamiento del proceso, hacer  efectivo   el   principio   de  lealtad  procesal,  obligando  a  la  defensa  a  pronunciarse  oportunamente sobre el vicio, para que, corregido, pueda hacer uso  de  las  facultades de impugnación y controversia probatoria, si la oportunidad  de  hacerlo  le  fue realmente negada por causa de la indebida notificación del  pliego  de  cargos, pues, si guarda silencio, la irregularidad quedará cobijada  por  los  efectos  convalidantes  de  su  actitud.”  (Sentencia febrero 12 de 1998. M.P. Fernando Arboleda  Ripoll)   

Resulta evidente lo infundado del cargo y en  consecuencia la demanda debe ser desestimada.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

CÓPIESE, DEVUÉLVASE Y CÚMPLASE  

JORGE ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            RICARDO   CALVETE  RANGEL                                       

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                             JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO              CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                             

DÍDIMO         PAEZ  VELANDIA                       NILSON   PINILLA   PINILLA                        

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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