23634(12-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23634  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  115  

Bogotá, D. C., doce (12) de octubre de dos  mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Corte en sede de casación  respecto   de   la  eventual  trasgresión  de  una  garantía  fundamental  del  procesado     JAIME    MATEUS    BARON,  relacionada  con  el  quantum  de la pena accesoria que le fuera  impuesta  por  el Tribunal Superior de Bogotá, según sentencia condenatoria de  segunda instancia fechada el 21 de julio de 2004.   

H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Adriana  Carolina  Rodríguez  Murillo,  alcohólica  y  drogadicta, fue internada por su  familia  en  un  establecimiento  de  rehabilitación  denominado  “Fundación  Abriendo   Caminos”,   con  sede  en  el  norte  de  esta  capital  (Bogotá) y regentado por JAIME   MATEUS   BARÓN,  donde  quedó  interna  y  se  la  sometía  a  tratamiento  farmacológico  que  la  sumía en  letargos,  lo  cual  fue  aprovechado por JAIME MATEUS  BARÓN  para  abusar  sexualmente  de  ella,  lo cual  aconteció   en   el   año   de   2001”   (primer  semestre).   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con  base  en  los  medios  de  convicción  allegados  durante  la  investigación  previa,  la  Fiscalía  230 Seccional de  Bogotá,  el  16  de  agoto  de  2002,  profirió  resolución  de  apertura  de  investigación.   

Practicadas   unas  pruebas  y  oído  en  indagatoria    Jaime    Mateus   Barón,  el  9  de  septiembre  de  2002,  se  le resolvió la situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, por el delito  de acceso carnal violento.   

Allegados  otros medios de prueba, el 22 de  noviembre  de  2002  se  clausuró  la  investigación  y,  el  26  de diciembre  siguiente,  se calificó el mérito del sumario con resolución de acusación en  contra  de Mateus Baron, por  el   delito   de   acceso   carnal  violento,  decisión  que,  por  razón  del  desistimiento  del  recurso de apelación interpuesto, quedó ejecutoriada el 13  de febrero de 2003.   

El    expediente    pasó   al   Juzgado   Séptimo Penal del  Circuito de Bogotá que, luego  de  dar  trámite  al juicio, el 5 de marzo de 2004, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que  condenó  a  Jaime Mateus  Barón  a   la   pena  principal   de   ciento  sesenta  y tres (163)  meses de prisión y a la accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por un término igual al de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  del delito de acceso carnal  violento.   

Apelado  el  fallo  por   el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial de  Bogotá, el 21 de julio de 2004, lo confirmó.   

Contra esta determinación, el defensor del  procesado   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación  y  presentó  la  correspondiente demanda.   

2.   La  Sala  de  Casación  Penal,  mediante  providencia  fechada el 21 de agosto de 2006, inadmitió la demanda de  casación.  No  obstante,  como  advirtió  que  en  la  sentencia  condenatoria  proferida    contra     Jaime   Mateus   Baron  se  le  impuso  la pena accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por un lapso igual al de la pena privativa de la  libertad,  esto  es,  ciento  sesenta  y tres (163)  meses de prisión, (13  años  y  7  meses),  quantum  punitivo  que  podría eventualmente desbordar el  máximo  señalado por el legislador al respecto, circunstancia que comportaría  la  violación  de  los derechos y garantías del sentenciado, dispuso surtir al  Ministerio  Público  el  traslado  establecido  en  la ley para que conceptuara  sobre dicha posible trasgresión.   

Por   lo   tanto,  como  en  el  presente  pronunciamiento  la  Sala  no se ocupará del estudio de la demanda de casación  presentada   por  el  defensor  del  procesado,  la  cual,  como  se  dijo,  fue  inadmitida, no se hace necesaria su análisis en esta providencia.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  CUARTO   

DELAGADO PARA LA CASACIÓN PENAL  

Sostiene el Ministerio Público que el tema  relacionado   con   las   penas  principales  y  accesorias  previstas  para  un  determinado  delito,  no  impide  la  combinación  de  preceptos  con el fin de  integrar  la  norma  más  favorable, motivo por el cual resulta valedero que de  cada  una  de  ellas  se  tome  lo  que  más  favorezca  al procesado frente al  tránsito legislativo.   

Por consiguiente, afirma que no existe duda  que  el  apotegma  jurídico  en virtud del cual la ley se aplica a partir de su  vigencia,  admite una importante excepción con fundamento en el artículo 29 de  la  Constitución  Política,  en  cuanto  ordena  que  las leyes sustanciales y  procesales   de  carácter  sustancial  favorables  al  procesado  o  condenado,  necesariamente     deben     aplicarse     con     preferencia     a    aquellas  desfavorables.   

Después  de  recordar  el contenido de los  artículos  51  y 52 de la Ley 599 de 2000, dice que de acuerdo con lo dispuesto  en  el artículo 44 del Decreto 100 de 1980, norma vigente para la época de los  hechos,  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas no  podía, en ningún caso, tener una duración superior a 10 años.   

De     ahí,    el    “equívoco  del  sentenciador  de  Primer  Grado,  avalado por el de  Segunda  Instancia,  porque  al  determinar  la pena accesoria por una duración  igual  a  la  principal  de prisión, es decir, ciento sesenta y tres meses (que  equivalen  a  13  años  y  7  meses),  incurrieron  los juzgadores en flagrante  violación  de  las  garantías  fundamentales atrás precisadas pues dejaron de  aplicar  10  años  de  duración máxima  indicados  en la antigua regulación legal, haciendo abstracción  de  que  la  citada  norma  por  hallarse  en  vigor  en  la fecha de marras era  aplicable al procesado”.   

En  consecuencia,  sugiere a la Corte casar  parcialmente  y  de oficio la sentencia, con el objeto de enmendar la mencionada  irregularidad.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Examinada  la sentencia condenatoria que la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá profirió, el  21   de   julio   de   2004,   contra   Jaime  Mateus  Baron,  a través de la cual confirmó, la dictada en  primera  instancia  por  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la ciudad, es  evidente  que  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas  que  le fue impuesta por un lapso igual al de la pena principal, esto  es,  163  meses, excedió los diez años que sobre dicha sanción contemplaba el  artículo  44  del  Decreto  100  de  1980,  norma ésta última vigente para la  época  de  ocurrencia  de los hechos juzgados y aplicable a este asunto por ser  más favorable.   

Ante  esa  situación  y teniendo en cuenta  que,  de  conformidad  con lo preceptuado en el artículo 29 de la Constitución  Política,  “nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto que se le imputa”,  norma  que  contempla  el  principio  de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  la  libertad  individual  frente a la arbitrariedad de los funcionarios  judiciales   y   garantiza   los   principios   de   seguridad  jurídica  y  de  igualdad    ante   la   ley,  surge   claro   que   la   pena  accesoria  que  se  le impuso a Jaime  Mateus  Baron  viola principio de  legalidad.   

En efecto, el artículo 52 del Código Penal  de  1980,  norma  aplicable,  como  se  dijo,  por  ser  más  favorable  que la  consagrada  en  la  Ley  599  de 2000,  establecía que la pena de prisión  implicaba  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  un  período  igual  al  de  la pena principal, pero, a su vez, el artículo 44,  ibidem, señalaba que su duración máxima era de diez (10) años.   

En  otros  términos,  la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  debía  ser  igual a la de  prisión,  pero  si ésta era superior a diez (10) años, la de interdicción no  podía  franquear  ese  límite,  parámetro  éste  último  que  sin  duda fue  desconocido  por  el  juzgador  de  segunda  instancia,  conllevando  así  a la  violación del principio de legalidad de dicha pena.   

Por  lo tanto, compartiendo el criterio del  Procurador  Delegado,  la Sala, haciendo uso de las facultades conferidas por el  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento  Penal, casará  oficiosa y  parcialmente  el  fallo de segundo grado y, en consecuencia, disminuirá en diez  (10)   años  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  hoy  denominada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones públicas, impuesta al procesado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           CASAR   oficiosa   y   parcialmente  la  sentencia    impugnada    y,    en    consecuencia,   imponer   a   JAIME  MATEUS  BARON la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de diez (10)  años, conforme a lo expuesto en esta providencia.   

2.           PRECISAR  que  las  restantes decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Aclaración de voto  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

Excusa justificada  

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Como  lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  23  de  agosto  de  2006,  aquí  obrante,  hoy en día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda” para realizar pronunciamiento de fondo por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental,  pues  así  se  prevé  en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de   la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy  de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema,  cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa  forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han  sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces, si así ha procedido, es decir, si  ha  casado  de  oficio sin contar ni conocer la opinión del Procurador Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de dictar la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al estudiar si  la  demanda  de  casación  reúne los requisitos de admisibilidad y después de  inadmitirla  ante  la  carencia  de tales requisitos, se dé lugar a un trámite  que la ley no prevé.   

En  otras  palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a  esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por  último,  debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En  tal  evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En cuanto sentencia de casación la que así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra de la misma naturaleza, también  debe  propender  por  el cumplimiento de los fines que la Constitución y la ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y la reparación de los agravios  inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos,  los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

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