22389(31-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22389  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 124  

Bogotá  D.C., treinta y uno (31) de octubre  de dos mil seis (2006).   

VISTOS  

La  Sala se pronuncia sobre la viabilidad de  la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados  FREDDY   ROMERO   QUESADA,   SOLANYI   MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  y  ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ contra la  sentencia  proferida  el  26  de  agosto  de  2003  por  el Tribunal Superior de  Bogotá.   

LOS HECHOS  

Fueron  relatados  en  el  fallo  de segunda  instancia de la siguiente manera:   

“El 30 de marzo de 2000 en horas de la noche,  dos  hombres  abordaron  un  taxi  de  placas  SHC  182,  modelo  1998, de color  amarillo,  conducido por el señor José Hilario Muñoz Valencia, frente a Plaza  de  las Américas, en la avenida primero de mayo fue intimidado el conductor con  arma  de  fuego  por  lo que el señor Muñoz se vio obligado a desviarse por la  calle  33 sur hacia la carrera 43 por el lado del caño de Santa Rita ubicado al  sur  de  esta  ciudad,  lugar  en  donde  lo  obligaron  a detenerse y bajar del  automóvil,  siendo  amenazado  por  un  hombre  alto  mientras  se  llevaban el  automóvil.  Una  vez  emprendida  la  huída  del  sujeto  que  lo amenazaba la  víctima pudo dar aviso de lo sucedido.   

El 1 de Abril del año 2000 en la carrera 29  N°  38-24  sur  de esta ciudad se presentó una conflagración en la bodega que  se  encontraba en este lugar, al acudir los agentes de policía observaron en su  interior  un  taxi  color  amarillo  en  buenas  condiciones  que  estaba siendo  desbaratado  por el señor Freddy Romero, siendo capturados por los uniformados,  igual  situación  sufrieron  los  señores Abel Alberto Güiza y Solanyi Mayuly  Duarte  Velásquez  quienes  al  apearse  de  un  vehículo Mazda color blanco y  observar  el operativo que se llevaba a cabo huyeron del lugar siendo capturados  cuadras mas adelante.   

Al  momento  de identificarse dieron nombres  diferentes   a  los  propios,  la  señora  Duarte  Velásquez  afirmó  ser  la  arrendataria  de  la  bodega  y  se  le  encontró  una  licencia de conducción  falsa.”   

ANTECEDENTES  

1.-   En   contra   de   los     citados    procesados   se    profirió    por   parte   de   la  Fiscalía   124   Seccional   de   Bogotá   resolución   de   acusación  el  9  de  octubre    de   2000,   determinación   que   es   confirmada     en     segunda   instancia    por    la   Fiscalía      7ª       Delegada     ante     el   Tribunal    Superior    de   esta   misma   ciudad   el  28    de   noviembre   de   2000,   en   los   siguientes términos:   

Contra FREDDY ROMERO  QUESADA,  SOLANYI  MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  y  ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ  como  presuntos  responsables  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  igualmente  dedujo  la  circunstancia  de  agravación  genérica consagrada en el artículo 372 del C. P. de 1980.   

A  FREDDY  ROMERO  QUESADA  igualmente le imputó la comisión del delito  de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal de que trataba el  artículo 201 del Decreto 100 de 1980.   

A  SOLANYI  MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  se  le  imputó  adicionalmente el  delito  de falsedad material de particular en documento público agravada por el  uso   de   que   trataban   los   artículos  220  y  222  del  Decreto  100  de  1980.   

A  ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ  le  imputó  también  los delitos de  porte  ilegal de armas de fuego y falsedad personal, este último de que trataba  el artículo 227 del Decreto 100 de 1980.   

En estas condiciones, luego de los trámites  del  juicio  se profirió sentencia por parte del Juzgado 8° Penal del Circuito  de  Bogotá  el  24  de  octubre  de  2001,  determinación  que  fue  objeto de  impugnación  por  parte  de  la  defensa,  logrando que el Tribunal Superior de  Bogotá  aplicara  por virtud del principio de favorabilidad la dosificación de  pena  partiendo  de  los  cuartos  señalados en la Ley 599 de 2000, quedando en  definitiva la dosimetría penal de la siguiente manera:   

El  Tribunal consideró que por el delito de  hurto  calificado y agravado merecían la pena de 57 meses de prisión cada uno.  Ahora,  es  necesario  aquí  anotar  que  el  incremento  por  la  cuantía fue  desechado  por  el  Tribunal  en  el  fallo de segunda instancia, por virtud del  principio  de  favorabilidad,  en razón a que no arrojaba la cuantía señalada  en el artículo 267 de la Ley 599 de 2000.   

Con     relación    a    FREDDY  ROMERO QUESADA incrementó 10 meses  más   por   el   porte   ilegal   de  armas,  para  un  total  de  pena  de  67  meses.   

Con     relación    a    SOLANYI  MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  se le  impuso  la  pena  de  72  meses  de prisión, teniendo como base los 57 meses de  prisión  por  razón  del  hurto calificado y agravado, en tanto que concursaba  con    el   delito   de   falsedad   material   de   particular   en   documento  público.   

Con    relación   a   ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ señaló que  se  agregaban  10  meses  por razón del delito de porte ilegal de armas, lo que  arrojó  una  pena  de  67  meses  de  prisión.  Frente  al  delito de falsedad  personal,  señaló  que  por  favorabilidad, sabiéndose que la Ley 599 de 2000  modificó  su  penalización  en  tanto que fijó para este tipo en el artículo  296  tan  sólo  la  multa,  impuso  un  monto  de  2  salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

LA DEMANDA  

Primer cargo  

Al amparo del “artículo 220” del Código de  Procedimiento Penal  postula un primera cargo, a saber:   

Sostiene  el  censor  que  se  violó la ley  sustancial  derivado  de  un  error de hecho por falso juicio de identidad, como  quiera   que   el   fallador  “distorsonó”  medios probatorios llevándolos a demostrar la responsabilidad de  sus defendidos.   

Con     relación     a   Solanyi    Mayuly   Duarte,   sostiene   que   el   Tribunal    dedujo   que   ella   había   participado   en   el   hurto   al   taxista,   argumentando  la  división   del   trabajo,   es   decir,   dedujo   la    responsabilidad   con   la   tesis   de  la   coautoría  impropia.   

Seguidamente censura la labor de elaboración  del  indicio  por  parte  del  Tribunal,  como  quiera  que lo hizo partiendo de  hipótesis  como  que  había  arrendado  el inmueble en donde fue encontrado el  vehículo  robado  y  que  presentó  documentos  falsos, es decir, ocultando su  verdadera  identidad.  Este soporte probatorio, en su criterio, no podía servir  de  base  para  la  inferencia  lógica  en  tanto lesiona las reglas de la sana  crítica  ocasionando  con  ello  un  falso  juicio  de  identidad “…  porque  al tratar el proceso inferencial de los indicios como a  tamizar  el  contenido  de la prueba testimonial cayó en distorsión al dar por  sentado   lo   que  ellos  no  estaban  probando  …”  (sic).   

Con referencia al sentenciado Freddy Romero  Quesada  sostiene  que  su  único  vínculo  con  los  hechos aquí juzgados se  encuentra  en  la  deducción  efectuada por el Tribunal cuando concluye que por  encontrarse  en  el  taller  para  cuando las autoridades ingresaron, realizando  labores  de desvalijamiento del automóvil, no es suficiente para concluir en la  certeza  de  su  participación,  sin  que  ello  se  pueda  ver  como  signo de  participación  en el hurto. A este respecto, sostiene que los catorce renglones  y  medio que para tal efecto se destinaron en el texto de la sentencia no sirven  de  soporte  a  tal  comprobación  mucho  más  cuando  no hay un “estudio inferencial”.   

Señala  que  la  correcta  elaboración del  “silogismo” hubiera llevado a  ver  cómo  no existía la posibilidad de que con los hechos probados se hubiera  llegado  a  la  construcción  de  la responsabilidad de este sujeto, mucho más  cuando  en  Bogotá  se sabe que unos son los que roban el vehículo y otros los  que lo desguazan.   

Frente  a  Abel  Alberto Güiza sostiene que  tanto  el  juzgado  de  primera  instancia  como  el  Tribunal distorsionaron el  testimonio  del  único testigo, como es el de la víctima del hurto, pues éste  no  reconoció  a  los  asaltantes,  por  ello  no  ha  podido  deducir un hecho  demostrado  si no por el contrario concluir que no existía mérito para deducir  su responsabilidad.   

Dicho  lo  anterior,  recaba en que no se ha  debido  condenar con elementos que no elevan en manera alguna a la categoría de  certeza.   

Segundo    cargo       

Invoca ahora la causal primera del “artículo  207”  del Código de Procedimiento Penal, alegando la incursión del fallador en  un  error  de  hecho  derivado  de un falso raciocinio, pues, en su criterio, se  lesionaron  las  reglas  de  la  sana  crítica  al  llevar  el  Tribunal  a  la  conclusión  que  no  se había indemnizado los daños y perjuicios, no obstante  que  dentro  del  proceso  el denunciante manifestó que se le habían cancelado  los perjuicios.   

Es  decir, que en concepto del demandante la  indemnización  sí  se vio reflejada en el proceso con base en el escrito hecho  llegar  por  el  denunciante   cuando  afirma  que  los  perjuicios  fueron  cancelados,  y  así no estuviera claro quien fue el que canceló los mismos, no  era  posible que se le negara la rebaja punitiva correspondiente con base en que  los  sentenciados  no  indemnizaron a la aseguradora, teniéndola como la que se  subrogó   en   los   derechos  cuando  asumió  el  pago  del  vehículo  a  la  víctima.   

Considera  que  la  aseguradora para haberse  hecho   acreedora   a  tal  condición  debió  hacerse  parte  en  el  trámite  penal.   

Por ello, pretende que se case la sentencia y  se  reconozca  la  diminuente punitiva que correspondería por el hecho de pagar  los daños y perjuicios.   

LA CORTE CONSIDERA  

En  la  invocación  y desarrollo de las dos  censuras  casacionales,  el  demandante  escoge  como  vía  de  impugnación la  indirecta  de  que  trata  la causal primera de casación, es decir, el reproche  por  haberse  violado  la  ley sustancial por virtud de la prueba, sobre la cual  recaen los supuestos defectos.   

En   el   primer  cargo,  escogido  como  motivo  el  error  de  hecho,  correspondía  al  casacionista  señalar  sobre  qué  elemento  de  juicio  el  sentenciador  cometió  el  yerro de apreciación probatoria, en qué consistió  el  mismo, esto es, cómo al momento de apreciar el acervo probatorio individual  y  mancomunadamente,  hizo  a  un  lado  una  prueba  existente  ó la supuso ó  distorsionó  su  contenido  objetivo  y,  finalmente,  en  lo que respecta a la  trascendencia  del  vicio,  debió  evidenciar  cómo tal situación objetiva en  torno   al  elemento  probatorio  influyó  en  las   decisiones  adoptadas  en   el  fallo, para lo cual debió tener en cuenta las demás probanzas en  que se fundó el fallo acusado.   

Especialmente,  si se refirió el demandante  al  falso  juicio  de  identidad, que se trata de un defecto en el entendimiento  objetivo  y material de la prueba, es decir que se coloque a decir a la misma lo  que  no  revela, se debe señalar y confrontar lo que refiere la prueba y lo que  se entendió de la misma.   

Sin embargo, en el desarrollo de la censura,  antes  que  revelarse  lo anteriormente dicho, el demandante no muestra cual fue  en  definitiva el elemento probatorio que se le dio una aprehensión diferente a  la  que  realmente  revelaba,  por  el  contrario,  a  lo  que  se  dedica  es a  controvertir   la  prueba  indiciaria  en  lo  que  tocó  a  cada  uno  de  los  sentenciados  alegando  que  frente  a  ellos se distorsionaron las reglas de la  sana  crítica,  abandonando  por  completo  el  falso  juicio de identidad como  quiera  que  éste  presupone  tan  sólo  la apreciación fáctica del elemento  probatorio   mientras  que  las  reglas  de  la  sana  crítica  refieren  a  la  valoración  en  sí,  dejando  confuso  e incomprensible el real propósito del  demandante.   

Mas bien, lo que realmente se advierte en la  demanda  es  una manifiesta y abierta controversia a la construcción indiciaria  que  el  fallo hizo con relación a los hechos demostrados de responsabilidad de  cada  uno  de  los  sentenciados, como es, entre otras cosas, que Solanyi Mayuly  había  alquilado la bodega con identidad falsa, que Fredy Romero fue encontrado  desvalijando  el  vehículo y que Abel Alberto Güiza suplantó otra identidad y  fue  señalado  como  autor  de  los  hechos,  cuestionándolos  pero  no por la  realidad  objetiva  que  contenían, sino por cuanto en el muy personal criterio  del demandante no arrojaban la certeza para condenar.   

En estas condiciones, el argumento en que se  centra  la  demanda  es  innegablemente  la  simple  discrepancia  de  criterios  valorativos  en  torno  al  grado de estimación probatoria que el instructor le  otorgó  al  material probatorio, tal y como si se estuviese en una instancia en  la  cual  se  pueden  edificar,  proponer  y  sustentar  tesis  valorativas o de  credibilidad   probatoria   que   demuestren   por   ejemplo   la   ausencia  de  certeza.   

Tal  discrepancia en la manera de asumir las  pruebas,  como  se  sabe, no constituye error demandable en casación, salvo que  en  la  apreciación de los medios de convicción se vulneren los postulados que  informan  la  sana  crítica,  evento  en el cual el reparo se debe formular con  fundamento   en   los  parámetros  técnicos  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,     exponiendo     claramente     cuales     reglas    fueron    las  quebrantadas.   

Ahora, si se trataba de demandar la prueba de  indicio,  pues  sobre  ella  se  edificó  ciertamente  la  demostración  de la  responsabilidad  de  FREDDY  ROMERO  QUESADA,  SOLANYI  MAYULY   DUARTE   VELÁSQUEZ   y   ABEL   ALBERTO   GÜIZA   SUÁREZ,  el  casacionista  ha  debido relacionar la identificación de los  elementos  probatorios  que  sirvieron  de sustento a esa labor y, seguidamente,  indicar  el  error  denunciado  sobre  las  pruebas  que  contenían  los hechos  indicadores,  si  de  existencia,  identidad,  legalidad  o convicción, para la  correcta formulación de la censura.   

Y  si se trataba de cuestionar la inferencia  lógica  o  el  valor probatorio otorgado a los indicios, era su deber acreditar  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  lo cual se cumple  mostrando  divergencia  existente  entre  las  deducciones y declaraciones de la  sentencia  en  dicho  sentido  y  las  que  corresponden hacer de acuerdo con la  lógica, la experiencia o la ciencia.   

Sin  embargo,  nada  de  ello  se  hizo  ni  demostró,  lo que permite concluir, sin lugar a dudas, que la censura no reúne  los   presupuestos   de   claridad   y   precisión  por  lo  que  la  Corte  la  inadmitirá.   

Con    relación    al    segundo  cargo, el demandante confunde esta  sede   de   impugnación   con   la  abierta  e  indiscriminada  posibilidad  de  controvertir  las  decisiones  judiciales  como  si  se  tratase  de una sede de  instancia,  en  la  cual  las  hipótesis  de argumentación defensiva no tienen  limitación alguna.   

En efecto, acude al error de hecho por falso  raciocinio  como  motivo  de censura, desconociendo que este sendero debe partir  de   la  demostración  que  al  valorar  el  mérito  persuasivo  de la prueba el sentenciador se apartó ostensiblemente de las leyes  de  la  ciencia,  los  postulados  de  la lógica o las reglas de la experiencia  común  y  este  dislate lo llevó a declarar una verdad fáctica distinta de la  que revela el proceso.   

En este caso el censor no logra determinar  cual  es  la  prueba sobre la que recayó el falso raciocinio, mucho menos logra  determinar  el  defecto  probatorio  del  Tribunal,  pues  parte de una realidad  diferente  de  la  propuesta en el fallo, ya que en éste no se desconoce que la  víctima  haya  sido  indemnizada, como contrariamente lo refiere el demandante,  sino  que  se  niega  la  rebaja  por indemnización por el hecho que no hubiera  provenido del procesado si no de la aseguradora.   

Esto lleva a colegir que la alegación del  demandante  no  es  probatoria sino argumentativa, lo cual no puede enderezar la  Sala   dada  la  naturaleza  y  esencia  de  esta  vía  de  impugnación.    

Razones  por  demás  para  inadmitir  el  cargo.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa,  por cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

SOBRE    LA    PRESCRIPCION    DE    LA  ACCIÓN   

La   Sala   procederá   a   declarar  la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  de  algunas  de  las  conductas  imputadas  a  los  recurrentes,  pues  transcurrió  el  tiempo necesario que le  impide  al  Estado el ejercicio de su potestad punitiva, lo cual implica ordenar  la   cesación   del   procedimiento   respecto   de  tales  delitos,  hacer  la  redosificación   punitiva   correspondiente  y  las  demás  declaraciones  que  correspondan.   

El  término de prescripción de la acción  penal  en  el  juicio no puede ser inferior a cinco (5) años ni superior a diez  (10)  según  lo dispuesto en el artículo 86 de la Ley 599 de 2000, como quiera  que  una  vez  interrumpida  la prescripción por la resolución acusatoria o su  equivalente  debidamente  ejecutoriada, comienza a correr de nuevo por un tiempo  igual  a  la mitad del señalado en su artículo 83. Igual tratamiento jurídico  se da en el decreto 100 de 1980 a ese fenómeno.   

En  la acusación formulada el 9 de octubre  de  2000  y  confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá el  28 de noviembre de 2000, tal  como  se refirió en precedencia fueron acusados FREDDY  ROMERO  QUESADA,  SOLANYI MAYULY DUARTE VELÁSQUEZ y ABEL ALBERTO GÜIZA SUÁREZ  como  presuntos  responsables  del  delito  de  hurto  calificado  y agravado con pena que oscila de acuerdo con el artículo 350 y 351  del  Decreto  100  de  1980  entre 28 meses y 12 años de prisión. Es decir que  para  este  delito  no ha transcurrido el término de prescripción, como quiera  que  es  de  6  años,  monto  que  igualmente se deduciría si se aplicaran los  artículos 240 y 241 de la Ley 599 de 2000.   

Sin embargo, no lo mismo puede predicarse de  las  demás  imputaciones  efectuadas  a  cada  uno  de los sentenciados por las  siguientes razones:   

A  FREDDY  ROMERO  QUESADA  igualmente le imputó la comisión del delito  de   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  de  que trataba el artículo 201 del Decreto  100  de 1980 con una pena de 1 a 4 años, pena que permanece en el artículo 365  de  la  Ley  599, quiere decir que hasta la fecha ya ha transcurrido el término  de prescripción de la acción penal que es de 5 años.   

A  SOLANYI MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  se  le  imputó  adicionalmente el  delito   de   falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravada por el uso de que trataban  los  artículos 220 y 222 del Decreto 100 de 1980, con una pena de 2 a 8 años y  con  un  incremento  de  hasta la mitad, mientas que el actual artículo 287 del  C.P.  (Ley  599  de 2000) señala una pena de 3 a 6 años con un incremento para  el  que  use el documento público de hasta la mitad (art. 290), lo cual permite  inferir  que estas normas son las más favorables para efectos de prescripción,  llevando  igualmente  a  que  hasta  la  fecha la acción penal para este delito  igualmente se encuentra prescrita pues tal término es de 5 años.   

A  ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ  le  imputó  también  los delitos de  porte   ilegal   de   armas   de  fuego  y  falsedad  personal.  El  primero,  como  se  dijo,  se encuentra  prescrito,  como  también  frente  al segundo pues se encontraba regulado en el  artículo  227  del  Decreto  100 de 1980 actualmente consagrado en el artículo  296  de la Ley 599 de 2000 pero con pena de multa, la cual se impuso en el fallo  de  segunda  instancia, sin embargo la acción penal por este delito también se  encuentra  prescrita  pues para estos eventos el término es de 5 años (art. 83  inc. 2).   

En  estas condiciones, las penas para todos  los   sentenciados   permanece   por   razón   del   delito   de   hurto  calificado y agravado, tal como fue  tasada  por  los  sentenciadores  de  instancia  sin tomar en consideración los  delitos  concursales,  es  decir,  en CINCUENTA Y SIETE  (57) MESES DE PRISIÓN.   

La  sentencia  se mantiene inmodificable en  todo  lo  demás,  es  decir,  en cuanto, a la pena accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  que lo será por el  término  de  la  privación  de  la  libertad  respectiva,  y  a  la condena en  perjuicios  impuestas  a  los  inculpados  las cuales no dependen de los delitos  cuya declaración de prescripción se hace en esta decisión.   

Reconociéndose       el   fenómeno   prescriptivo   en   favor   de   cada   uno   de  los  sentenciados, debe  declararse  la   cesación   de   todo   procedimiento relacionado  con   las   conductas   que   a  cada  uno  fueron   imputadas.   

En  razón  y  mérito  de  lo  expuesto la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

1.-     Inadmitir    la   demanda    de   casación   presentada   por   el   apoderado   judicial    de   los   procesados   FREDDY    ROMERO    QUESADA,    SOLANYI  MAYULY   DUARTE   VELÁSQUEZ   y   ABEL   ALBERTO   GÜIZA   SUÁREZ.   

2.-  DECLARAR  PRESCRITA LA ACCIÓN PENAL adelantada a:   

FREDDY   ROMERO   QUESADA   por  el delito de porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa personal de que trataba el artículo  201 del Decreto 100 de 1980 (artículo 365 de la Ley 599);   

SOLANYI   MAYULY   DUARTE   VELÁSQUEZ    por    el   delito   de      falsedad    material     de   particular     en    documento    público    agravada   por     el     uso     de   que   trataban   los  artículos  220  y  222  del   Decreto    100   de   1980  (artículo   287   de   la  Ley  599  de  2000);   

y    ABEL  ALBERTO  GÜIZA SUÁREZ por los delitos de porte  ilegal  de  armas  de  fuego y falsedad personal,  este  último  de que trataba el artículo 227 del Decreto 100 de  1980  actualmente regulado en el artículo 296 de la Ley 599 de 2000, según los  cargos  que  les  fueran  imputados  a  cada  uno  de ellos en la resolución de  acusación  proferida  el 9 de octubre de 2000 y ejecutoriada el 28 de noviembre  de ese mismo año.   

3.-    Disponer   la   CESACIÓN  DE PROCEDIMIENTO respecto de las  conductas señaladas en el numeral anterior.   

4.-  READECUAR  la  pena  impuesta  a  FREDDY  ROMERO   QUESADA,  SOLANYI  MAYULY  DUARTE  VELÁSQUEZ  y  ABEL  ALBERTO  GÜIZA  SUÁREZ,  razón  por  la  cual  la  pena que deberán  cumplir  cada  uno  por  razón del delito de hurto calificado y agravado, es de  CINCUENTA  Y  SIETE (57) MESES DE PRISIÓN.   

5.-   Contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *