24112(15-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24112   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 68  

Bogotá D.C., quince de septiembre de dos mil  cinco.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación presentada por la defensora del procesado  JOSÉ  MANUEL SÁNCHEZ GUTIÉRREZ contra el fallo de segundo grado de fecha 8 de  abril  de  2005,  por  cuyo  medio  el Tribunal Superior de Pereira confirmó la  condena  a  198  meses  de  prisión,  impuesta  por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  por su responsabilidad penal en los delitos de  homicidio y porte ilegal de armas de fuego.   

En  su oportunidad, el Tribunal concedió el  recurso   interpuesto   dentro  del  término  de  ejecutoria  de  la  sentencia  impugnada.   

HECHOS  

Según  el  resumen  efectuado  en  el fallo  impugnado,  estos  tuvieron  ocurrencia  el 23 de noviembre de 2003 en la caseta  comunal  del  barrio Bolívar en el municipio de Marsella, donde resultó muerto  el  señor  Huberney  Alzate Martínez a consecuencia de disparos producidos con  arma  de  fuego. Como inmediatamente fueron alertadas las autoridades, así como  de  hallarse oculto el agresor por los alrededores, se capturó al hoy procesado  en  posesión  de  dos  armas  de  fuego,  una  de  las cuales coincidía en sus  características  con  la  que se dispararon los proyectiles que acabaron con la  vida de la víctima.   LA  DEMANDA   

          Un solo cargo al amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  propone  la  defensora  de  SÁNCHEZ  GUTIÉRREZ  contra  la  sentencia  impugnada,  por error de hecho derivado de un  falso    juicio   de   identidad,   el   cual   desarrolla   de   la   siguiente  manera:   

          Según la demandante el  Tribunal  tergiversó  el  contenido fáctico de los medios de convicción, pues  la  actividad  probatoria  ejecutada  en la audiencia pública dejó sin piso el  dicho  de  la única testigo de cargo Alba Rubiela Aguirre, cuya declaración es  basamento      del     juicio     de     responsabilidad     contra     SÁNCHEZ  GUTIÉRREZ.   

          Dice  que  para  los  falladores  sólo  operó  una  verdad  en  la causa, a saber la responsabilidad  penal  de  su  defendido por el hecho de habérse encontrado en su poder el arma  homicida,  haciendo  caso omiso a las explicaciones que el mismo proporcionó en  la  ampliación de su indagatoria, corroboradas por otros testimonios que fueron  descalificados     y     apreciados     erróneamente,    “al  capricho  del  fallador de segunda instancia  como   interesados   y  poco  creíbles”.     

          Sostiene  que Alba Rubiela Aguirre, quien señaló al procesado como  autor  del  delito, en su testimonio mencionó a su hermana Yensi Lorena Aguirre  como  testigo  de  los hechos, persona esta última que declaró en la audiencia  pública  afirmando  que  el  autor  de  la  muerte de Huberney Alzate Martínez  había  sido  un sujeto llamado Víctor, a quien describe físicamente porque lo  conoció  con  anterioridad  recogiendo  café  en  la  finca  “La  Marina”,  desmintiendo  de  tal  forma  el  señalamiento  hecho  por  su hermana. En este  sentido, agrega, también declaró Martha Lucía Aguirre.   

          Aduce  que  en  la audiencia pública declaró el señor Pedro Pablo  Sánchez  Gutiérrez,  quien  dio fe de que el procesado se retiró del lugar de  los  hechos  como  a  las  ocho  de la noche y que luego de acompañarlo a otros  sitios  públicos  se  fueron para su residencia donde les amaneció, aspecto en  el  cual  fue corroborado con el dicho de la señora Gladis Ofir Aguirre, esposa  del  procesado,  quien  además  corroboró  las  amenazas  lanzadas por Víctor  Alfonso Tamayo al hoy occiso.   

          Con  tales  pruebas, dice la casacionista, quedó evidenciado que el  procesado  no  fue  el  autor  del homicidio de Alzate Martínez, además de que  aclararon  la  forma  en que el arma homicida llegó a sus manos y la razón por  la  cual  el  procesado  no  reveló  inicialmente  el  motivo  de su porte y la  identidad  del  verdadero  autor del crimen, por la situación de peligro en que  se hallaba su familia.   

          Acusa   al   juzgador   de   primera   instancia   de   haber  hecho  “un pobrísimo análisis de las pruebas practicadas  en  el  juicio”, descalificándolas porque dos de los  testigos  eran  familiares  del procesado, y sus dichos le fueron poco fiables e  interesados  en  las resultas del proceso; mientras que respecto de Yensi Lorena  Aguirre  le atribuyó haber dejado “la impresión de  estar declarando con miedo”.   

          Tales  reflexiones  del  fallador,  dice, resultan subjetivas y para  nada  se  compadecen  con  una  valoración legal, adecuada y contrastada de las  pruebas favorables y desfavorables para el procesado.   

          Agrega  que  el  Tribunal,  en lugar de corregir el yerro, calificó  los    testimonios    a    favor    de   su   defendido   como   “notoria    y    parcialmente    parcializados,    improcedentes   e  inadecuados”,  limitándose a confirmar la decisión  del    a-quo    sin    argumentos   jurídicos   que   dieran   firmeza   a   su  proveído.   

          Niega  que  la  testigo Lorena Aguirre hubiera sido presionada, pues  ni  siquiera  se  mencionan  cuáles  fueron  los  actos  mediante los cuales se  procedió   a   ello,   por   lo   que   no   pueden  admitirse  “conceptos    gaseosos    y    olímpicos   para   descalificar   un  testimonio”.  Además,  el  lazo familiar que une al  procesado   con   dos   de   los  testigos  no  es  motivo  suficiente  para  su  descalificación.   

          Afirma  que  a  favor  del  procesado se imponía la duda, porque la  testigo  de  cargo fue desmentida por otra que ella misma había mencionado como  persona que presenció los hechos.   

          En  su  criterio,  “no  importa en qué  oportunidad  se  reveló la existencia de un autor del homicidio, diferente a mi  defendido”,  pues  ello no es un elemento importante  para  valorar  los  testimonios  que  dieron  razón  de  ello  en  la audiencia  pública.               

             

          Dice    que    las   “reglas   de   la  inferencia”   exigen  ausencia  de  “contraste,  coherencia  o  contradicción en los datos o evidencias  del  crimen”. En este caso, las pruebas recogidas en  la  audiencia  pública  quiebran  la  inferencia  contra  su defendido, máxime  cuando  se  reveló  la  relación sentimental que existía entre Alba Rubiela y  Víctor  Alfonso,  lo  cual  despeja  el  posible móvil del crimen y explica la  sindicación  contra  el  procesado,  con  quien la testigo había tenido varias  desavenencias.   

          Concluye  señalando  que la sentencia del Tribunal es errada porque  contiene una apreciación incorrecta del material probatorio.   

          Cita  como  normas  violadas los artículos 7º , 232, 234, 238, 277  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000) y 12 y 103 del Código  Penal.   

          Finaliza  solicitando  que  se revoque la sentencia y en su lugar se  sustituya   por   una   absolutoria   a   favor   de   José   Manuel   Sánchez  Gutiérrez.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         

Ha dicho la Sala insistentemente, que cuando  se  pretende  acceder  a la casación alegando errores en la apreciación de las  pruebas,  le  está  vedado  al  demandante desarrollar los cargos dentro de los  parámetros  propios  de unas instancias ya superadas, por cuanto la pretensión  de  ahora  es  remover una sentencia que llega a esta sede amparada por la doble  presunción  de acierto y legalidad, y que además es obra de una manifestación  de  autonomía  judicial  y seguridad jurídica, rasgos de la jurisdicción que,  por  una  vía  extraordinaria  como  es  el  recurso  de  casación,  no pueden  cuestionarse  con  el despliegue de cualquier forma de disentimiento, presentado  de manera libre o caprichosa.   

A pesar de ser abundante la jurisprudencia  desarrollada  alrededor  de  esa  temática,  la aquí demandante no observa esa  condición  mínima  del  pedimento  extraordinario,  pues  de manera recurrente  invita  a  analizar la relación probatoria que vincula a su defendido, trayendo  a  colación  una  serie de testimonios que dice fueron allegados en el curso de  la  audiencia  pública,  sobre  los  cuales  ensaya una visión distinta de los  hechos,  la  cual   contrapone a los argumentos esgrimidos por el juzgador,  restando  importancia  a aspectos destacados en la sentencia como la captura del  procesado  en posesión del arma con la que se causaron las heridas letales a la  víctima,  o  la  credibilidad  otorgada  al  testimonio  de  Alba  Rubiela  Aguirre,  quien señaló al procesado como el autor del crimen, pretendiendo que  en  lugar  de ello se de credibilidad a los vertidos en el curso de la audiencia  pública,  que  descartan  dicho  señalamiento,  calificando  de  subjetiva  la  valoración de los juzgadores de instancia.   

Pero  argumentaciones  de  esa naturaleza no  constituyen  una  fundamentación  seria de la causal que se invoca, pues aunque  se  afirma  que el fallador no sometió su análisis probatorio al método de la  sana  crítica,  la  demandante no especifica y menos demuestra una equívoca  valoración  propiciada por el  desconocimiento  flagrante  de  las  reglas  de  la lógica, la experiencia y la  ciencia en la ponderación de la prueba.   

          Véase  cómo  en  su  discurso ni siquiera explica claramente cuál  fue  el  análisis  que  hizo  el  Tribunal  de la testigo de cargo Alba Rubiela  Aguirre;  cuáles  fueron sus argumentos para darle valor probatorio; qué otras  pruebas  tuvo  en  cuenta  para  conformar la verdad de los hechos, todo lo cual  debió  exponerse,  dado  que  sólo  a  partir de tal premisa podría enseguida  demostrarse  el  juicio como ilógico en sus resultas, pues, de lo contrario, la  demanda carece de razón suficiente.   

          Pero  además,  la demandante empieza anunciando la ocurrencia de un  error  de hecho por falso juicio de identidad, pero luego afirma que el fallador  no  valoró  conforme  a  las reglas de la sana crítica, refundiendo errores de  hecho   que  tienen  conformaciones  distintas,  pues  en  el  falso  juicio  de  identidad,   que   es   de   carácter   objetivo   y   contemplativo,  hay  una  tergiversación  de  la  prueba,  para  hacerle  decir algo que no aparece en su  contenido,  mientras  que  el falso raciocinio es de carácter apreciativo, y se  configura  cuando  se da un desconocimiento manifiesto de la sana crítica, caso  en  el  cual  debe demostrarse que la inferencia no corresponde a la dictada por  la lógica, la ciencia y la experiencia.   

          Pero  con  independencia  de  ser  contradictorio  el  enunciado del  cargo,  como  ya  se  observó,  la  demandante no logró en ningún momento una  propuesta  susceptible  de  examen en casación, pues no superó el escenario de  la  simple  discusión  sobre  la  valoración  otorgada a los medios de prueba,  revistiendo  el  ataque  en tales condiciones las características propias de un  alegato   de   instancia   y   resultando  sus  términos  ajenos  al  medio  de  impugnación.   

En  consecuencia,  como la demanda no cumple  los  mínimos  requisitos  de  forma,  ni  de  contenido,  debe  ser inadmitida.   

Finalmente,  no  se  observa  violación  a  garantía  fundamental  alguna  que  en  virtud del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal conduzca a la Sala a actuar oficiosamente.   

          En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ  GUTIÉRREZ,    y    en  consecuencia  DECLARAR  DESIERTO el recurso, por lo anotado en la motivación de  este proveído.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

          Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                 ALFREDO         GÓMEZ  QUINTERO                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO         ÁLVARO    ORLANDO    PÉREZ   PINZÓN   

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS      YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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