9952 (05-11-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEBIDO  PROCESO/  MOTIVACION DE LA SENTENCIA/  ERROR EN LA DENOMINACION JURIDICA DE LA INFRACCION   

4    1.-  Cuando  se  plantea violación del debido proceso por defectos de motivación de  la  sentencia,  se  impone  para  el  demandante la obligación de demostrar una  cualquiera  de  las  siguientes  hipótesis:  Que  el fallo carece totalmente de  motivación;  que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  o,  que su  motivación es incompleta.   

2.- El error en la denominación jurídica del  hecho,  ha  dicho  insistentemente  la  Corte,  constituye un atentado al debido  proceso.   Por  esta  razón,  cuando  el  ataque  en  esta  sede  involucra  la  denominación  genérica  del delito, lo indicado es plantear el cargo al amparo  de  la  causal  tercera,  con  el fin de que la actuación pueda retrotraerse al  momento  de  la  calificación,  o  de  la clausura del sumario, según el caso,  dependiendo  de  si el funcionario que formuló la acusación es o no competente  para  reponerla, y se proceda a un nuevo enjuiciamiento a partir de la tipicidad  correcta.     

PROCESO No. 9952  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.136   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de  Bogotá,  D.  C.,  cinco  de  noviembre de mil novecientos noventa y siete.   

                      Decide la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  31  de mayo de 1994, mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá confirmó la del Juzgado 13 Penal del Circuito, por la cual condenó  al  procesado  JOSE EUSEBIO GOMEZ PATIÑO  a  la  pena  principal  de  13  años  de  prisión,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  tentado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

                      Hechos y  actuación procesal.-   

                      El  3 de  junio  de  1993,  en  las horas de la tarde, en la carrera 19D con calle 65 Sur,  Barrio  San  Francisco  de  Santa  Fe  de Bogotá, cuando Wilson Gustavo Orjuela  Vásquez  se  dirigía  a  su  casa,  fue  interceptado por José Eusebio Gómez  Patiño,   quien   le   propinó  un  disparo  con  una  pistola  (trabuco),  de  fabricación   hechiza,  en  la  región  abdominal,  causándole  lesiones  que  ameritaron una incapacidad de 20 días sin secuelas.    

                   Gracias a la  colaboración  de  la  ciudadanía y de algunos agentes de la Policía Nacional,  Gómez  Patiño  fue  capturado muy cerca del lugar de los hechos, y en su poder  encontrada el arma utilizada en el atentado (fls.1, 122 y 127-1).   

                    Iniciada la  investigación,  la  Fiscalía escuchó en declaración indagatoria al detenido,  quien  en  un comienzo negó cualquier participación en el hecho, asegurando no  conocer  a  Wilson  Gustavo  Orjuela  Vásquez,  y  que su captura se produjo al  abordar  un bus de servicio público, por un señor que lo entregó en seguida a  la  Policía.  Admitió,  sí,  la tenencia del arma, pero le restó importancia  con  el  argumento de ser inservible, por carecer de tambor (fls.20 y ss. cd.1).  En  posterior  ampliación,  acepta  los  hechos,  pero  sostiene que el disparo  sobrevino  fortuitamente  en  un  forcejeo  con  Orjuela  Vásquez,  a  quien no  distinguía,  con  ocasión  de  un enfrentamiento que sostuvieron a raíz de un  choque   accidental.   Igual   postura   mantuvo   en   la   audiencia  pública  (fls.87,191-1).   

                      Entre las  pruebas  aportadas  al proceso merecen destacarse, por guardar relación con los  cargos  planteados  en  la  demanda,  los  testimonios de Wilson Gustavo Orjuela  Vásquez,  José  Rafael  Socarrás  Socarrás,  Adriana García Ariza, Hernando  Munévar  Caballero,  Luis  Arcenio Rodríguez Quesada y Ana Victoria Ariza, los  dictámenes  médico legales sobre incapacidad provisional y definitiva (fls.122  y  123),  y  las  copias  de  la historia clínica correspondiente a la víctima  (fls.109   y  187-1).                                         

                                

                        Wilson  Gustavo  Orjuela  Vásquez  informa  que  el  día  de  los  hechos,  cuando  se  aproximaba  a  la  casa  donde reside, su agresor, quien se encontraba parado en  una  esquina, lo dejó pasar para luego tomarlo por el cuello y apuntarle con un  arma,  la  cual  accionó impactándolo en la región abdominal. Hasta ese día,  no  conocía  al  atacante,  pero  sí  a  su  hermano Fabio, quien fue novio de  Adriana  García  Ariza,  su  actual  compañera.  Piensa  que la agresión pudo  sobrevenir  por esta relación, aún cuando antes no había tenido problemas con  ellos.   Preguntado   sobre   la   atención   médica   recibida   durante   su  hospitalización,  contestó:  “En  el  Meissen me acostaron en una camilla y me  inyectaron  una  bolsa  de  agua  destilada  y  de  ahí  comenzaron a llamar al  hospital  del  Tunal  para  que me remitieran; como a las diez o diez y media me  llevaron  al  hospital  del  Tunal,  ahí  me quitaron la ropa y me limpiaron la  herida,  me  la  aislaron  y  de  ahí me llevaron para la sala de observación,  según  ellos  para  hacerme  cirugía;  venían  los  doctores y me echaban una  revisada,  no  me  decían  más, esa noche pase ahí con esa agua inyectada; el  jueves  toda  la  noche,  el viernes todo el día y toda la noche; el sábado yo  estaba  acostado  en  la  camilla  en  la sala de observación, dentró (sic) un  doctor  como  a  las nueve de la mañana, miró la radiografía que me sacaron y  me  dijo  usted  qué,  desde  cuándo  está acá, yo le contesté que desde el  jueves  a  las  diez  de  la noche me trajeron, me dijo cómo se siente, me dijo  usted  no  tiene  nada,  para  qué  lo  rajo  si  hace sus necesidades bien, me  espichó  el estómago y me dijo que me iba a dar de alta y ahí por la tarde ya  llegó mi compañera y mi suegra y me sacaron” (fls.32 y ss.).   

                   José Rafael  Socarrás  Socarrás,  quien vive en la casa contigua a la de la familia Orjuela  Vásquez,  cuenta  que  encontrándose  en  la puerta de su residencia, observó  cuando  un  señor se le acercó desde atrás a Wilson Gustavo, agarrándolo por  el  saco.  En  un  principio,  creyó  que  era un amigo, pero en el momento que  pasaba  justo  delante  suyo, le disparó y comenzó a correr. Lo siguió varias  cuadras,  hasta  un bus de servicio público, en cuyo interior lo encañonó con  el  revólver  de  su propiedad y lo despojó del arma que portaba, un revólver  hechizo  de un solo tiro, haciendo entrega de él a la policía. Sostiene que el  retenido  le  manifestó  tranquilamente, delante de los agentes de la policía,  que todavía le faltaban dos (fls.63 y ss-1).   

                       Adriana  García  Ariza,  compañera  permanente  de Wilson Gustavo, alude a la relación  amorosa  que  mantuvo  con  Fabio Hernán Gómez Patiño, hermano del procesado,  así  como a ciertas amenazas telefónicas que recibió de su ex novio por estar  viviendo  con  Wilson  Gustavo  y haber tenido con él una bebita. Afirma que su  esposo  no  conocía  a  José  Eusebio,  y que por las manifestaciones que este  último  hizo  el día de los hechos, en el sentido de que “todavía le faltaban  dos”,  asume,  porque  así  se  lo  dio  a  entender,  que eran ella y la niña  (fls.61-1).            

                        

                   Ana Victoria  Ariza,  madre de Adriana, dice que se enteró de lo sucedido cuando le abrió la  puerta  de la casa a su yerno Wilson Gustavo y éste le manifestó asustado, que  un  hermano  del anterior novio de Adriana le había pegado un tiro. Comenta que  nunca  llegó  a  saber  que  fueran  amigos  o  enemigos,  ni  a  verlos juntos  (fls.195-1).   

                      Hernando  Munévar  Caballero  y  Luis  A.  Rodríguez  Quesada,  miembros  de la Policía  Nacional  que  intervinieron  en  la  captura  del  procesado,  sostienen que su  aprehensión  se  logró con la colaboración de un ciudadano, y que en su poder  fue  hallado  un  revólver  hechizo,  de  un  solo  tiro,  calibre 38 largo. El  retenido,  quien  presentaba  aliento alcohólico, aceptó los hechos, agregando  que  a  esa  persona tenía que matarla porque “se las debía”, ya que le había  matado un hermano (fls.24 y 27-1).   

                          La  situación  jurídica  del procesado fue resuelta con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  por  los  delitos  de  homicidio  en  la  modalidad  de  tentativa  y  porte  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal, conforme a las  previsiones  de los artículos 323 del Código Penal, modificado por el 29 de la  ley  40  de  1993;  y,  1º  del Decreto 3664 de 1986, acogido como legislación  permanente  por  el Decreto 2266 de 1991. Por los mismos ilícitos, la Fiscalía  112  de  la  Unidad Tercera de Vida, mediante providencia de 30 de septiembre de  1993,  confirmada el 17 de noviembre siguiente por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior, dictó en su contra resolución de acusación (fls.39, 132-1  y 24-2).   

                   Celebrada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado  Trece  Penal  del Circuito de Santa Fe de  Bogotá,  en  sentencia  de 14 de marzo de 1994, condenó a José Eusebio Gómez  Patiño  a la pena principal de 156 meses (13 años) de prisión, y la accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por diez (10) años, de  acuerdo    con    los    cargos   imputados   en   la   resolución   acusatoria  (fls.224-1).   

                     Apelado  este  fallo  por la defensa, el Tribunal Superior, mediante el suyo que ahora es  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación,  lo  confirmó en todas sus  partes (fls.3 y ss-3).   

                         La  demanda.-   

                     Cuatro  cargos  con  apoyo  en  la  causal  primera  de casación, y uno al amparo de la  tercera, presenta el censor contra la sentencia impugnada, así:   

                    

                     Causal  primera:   

                  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falta de aplicación del artículo 1º,  numeral  9º  de la ley 23 de 1991, y aplicación indebida de los artículos 323  y  22  del  Código  Penal,  originada en errores de hecho por falsos juicios de  identidad en la apreciación de las siguientes pruebas:   

                      Cargo  primero:  Los  Juzgadores de instancia, al igual que  el  Fiscal  acusador, se equivocan cuando, con fundamento en las afirmaciones de  Wilson  Gustavo  Orjuela  Vásquez,  relativas  a  la atención médica recibida  durante  los  días  que  estuvo hospitalizado, las cuales transcribe, concluyen  que  fue  atendido  inmediata  y  efectivamente  por  los  médicos,  y que esta  situación   evitó   la  consumación  del  resultado  querido  por  el  agente  (homicidio).   

                       Esta  errada  valoración  de  la prueba, llevó a la inaplicación del artículo 1º,  numeral  9º de la ley 23 de 1991, que tipifica las lesiones personales dolosas,  pues  del  dicho  del declarante lo que se desprende es que nunca tuvo atención  médica  y que no fue, por tanto, la inmediatez de la misma, como se sostiene en  las sentencias, lo que frustró el resultado querido.   

                      Cargo  segundo: El dictamen médico legal, al igual que las  copias  de  la  historia  clínica  de  la víctima, dan cuenta que el proyectil  penetró  en  la  parte  de  la  “iliaca   antero-superior  izquierda” a 11  centímetros del ombligo.   

                        Los  falladores  de  instancia,  para darle visos de gravedad a la lesión, han dicho  que  penetró  por  la zona del abdomen, lo cual no es cierto, puesto que de las  referidas  experticias,  no  es  posible  inferir  que  el  abdomen haya sufrido  externa  o  interiormente  lesión alguna. Esta forma de apreciar la prueba, les  permitió  soportar  una  supuesta  gravedad  de  las  heridas  y,  por contera,  responsabilizar a su representado de tentativa de homicidio.   

                      Cargo  tercero:  De  acuerdo  con los testimonios de Wilson  Gustavo  Orjuela Vásquez, Adriana García Ariza y Ana Victoria Ariza, así como  de  la  versión del procesado, éste no distinguía a su víctima. No obstante,  el  Tribunal,  fundado  en  la  relación  que Adriana mantuvo con el hermano de  José  Eusebio,  termina  afirmando  lo contrario, esto es, que sí la conocía,  para,  consecuencialmente, deducir de allí el dolo homicida, en el entendido de  que el acusado buscó a Wilson Gustavo para matarlo.   

                      Cargo  cuarto:  Cierto  es  que  José  Eusebio negó en un  comienzo  haber  tenido  participación  en  los  hechos,  y que posteriormente,  abrumado  por el peso de la prueba, confesó calificadamente su intervención en  los  mismos.  Pero de esta actitud defensiva suya, el Tribunal no puede, como lo  hizo,   deducir   un   “gravísimo”   indicio   en  su  contra,  para  imputarle  responsabilidad por el delito de homicidio.   

                                                                                            

                     Causal  tercera.-   

                   Afirma el  casacionista  que  el  fallo  del  Tribunal  se encuentra viciado de nulidad por  ausencia  absoluta  de  motivación,  puesto  que  su  soporte incriminatorio lo  constituye,  básicamente,  la  capacidad  de  mentira  del procesado, por haber  variado  su  versión  inicial  para  aceptar  su  participación en los hechos.   

                   También,  porque,  con  violación de las formas propias del juicio, dejó de pronunciarse  sobre  la  propuesta  presentada por la defensa en el escrito de impugnación de  la  sentencia  de  primera  instancia, consistente en que los hechos se habrían  presentado  dentro del marco de un acontecer fortuito, debido al forcejeo por el  arma,  como  se  advierte  del siguiente aparte del fallo: “La inconformidad del  impugnante  tiene  que  ver,  según el escrito de sustentación, exclusivamente  con la condena por el delito de homicidio”.   

                  Apoyado en  estas  consideraciones,  pide  a  la Corte casar el fallo recurrido y remitir el  proceso al Tribunal de origen para lo que corresponda en derecho.   

                    Concepto  del Ministerio Público.-   

                     1.  El  procurador  Segundo  Delegado  en lo Penal  empieza refiriéndose al ataque  formulado  al  amparo del tercer motivo de casación, por considerar que este es  el   orden   de   estudio   que   impone   el  principio  de  prioridad  de  las  causales.   

                    Después  de  transcribir algunos apartes de las sentencias de primera y segunda instancia  relacionados  con  el  análisis probatorio y los fundamentos de la decisión de  condena,  sostiene que un simple análisis comparativo de lo consignado en ellas  con  el  contenido  de  la  censura,  resulta  suficiente  para  concluir que el  impugnante  carece  de  razón,  y  que  su cuestionamiento está selectivamente  dirigido  contra  el  argumento final y conclusivo de la sentencia, producto del  análisis  de  otras  evidencias  cuya  amplia  crítica  y  eficacia  sustentan  legítimamente la decisión.   

                    

                   Desconoce  también  el  censor  la  integridad  jurídica  del  fallo, pues la valoración  probatoria  de  las  sentencias  enseña  que  el caso fortuito planteado por el  sindicado  fue  desechado  por  inverosímil  y  por  confrontar abiertamente la  realidad procesal.   

                     Como el  demandante  conocía  la adecuada motivación de la sentencia impugnada en punto  a  la  desestimación  de  esta  exculpante,  optó por atacar su última parte,  donde  el  ad  quem  pareciera  circunscribir  la  decisión  al aspecto por él  señalado,  pero  si se estudia todo su contenido, puede advertirse que también  analizó el motivo de inculpabilidad planteado, para desecharlo.   

                        Con  fundamento  en  estas  consideraciones  y algunas transcripciones que incluye de  las  sentencias  de  instancia,  afirma  la  inexistencia  del motivo de nulidad  alegado y la consiguiente improsperidad del cargo.   

                     2. Con  respecto  a  las  censuras  propuestas  dentro  del  marco de la causal primera,  sostiene  que, en todas, el libelista se aparta del anunciado error de hecho por  falso  juicio de identidad, para invadir el campo del error de derecho por falso  juicio  de  convicción,  como  quiera  que  en  cada  una  ofrece su particular  criterio por oposición a lo expuesto por el fallador.   

                     En  el  primer  caso,  relativo  a  la  ausencia  de  una  atención médica inmediata y  efectiva,  el  casacionista  no demuestra ningún yerro, porque las conclusiones  del  fallo  no  solo  se  basaron  en  el  testimonio de la víctima, sino en la  historia  clínica  y  las  experticias  médico  legales  que informan sobre su  estado  inicial  y  evolución, al igual que en el tratamiento requerido para su  recuperación.   

                    Además,  porque  el  ataque  se  anuncia  como  error de hecho pero se desarrolla como si  fuera  de  derecho,  y  porque  el  libelista  incurre  en  el error de analizar  aisladamente  el  referido elemento de prueba, con desconocimiento del análisis  conjunto realizado por los jueces de instancia.   

                     En  el  segundo  cargo,  el  actor  no  puede  demostrar  tergiversación alguna, por la  sencilla  razón  de  que  tanto  en  el  dictamen  médico, como en la historia  clínica,  se  registra  herida de proyectil a nivel de abdomen. Aparte de ello,  la  región  abdominal,  “conforme  lo  enseñan los manuales de medicina legal,  abarca  la  cavidad  pélvica  por  lo  que el estudio de dicha parte del cuerpo  considérase  única:  abdómino-pélvica, encontrándose en la parte inferior y  lateral  las  fosas  ilíacas derecha e izquierda, a cuya altura se comunican el  ileon y el intestino grueso”.   

                   Entonces,  mal  puede el casacionista entrar a cuestionar el fallo sobre el supuesto de que  la  región  anatómica  interesada  por  el  proyectil,  no  corresponde  a  la  abdominal,  y que su afectación no amerita gravedad, pues dicha cavidad, según  lo  visto,  contiene  la  mayor parte de los órganos del aparato digestivo, del  urinario, órganos genitales y peritoneo.   

                     En  el  tercer  cargo,  atañedero  al  conocimiento  que  el  procesado  tenía  de  su  víctima,  el demandante opone su criterio al del Tribunal, desviando la inicial  propuesta  fáctica  hacia un error de derecho, sin lograr demostrar con lógica  y sindéresis ninguno de ellos.   

                     En  el  cuarto  cargo,  relativo  a  la  deducción del indicio de mentira en contra del  procesado,  el casacionista abandona definitivamente el error de hecho anunciado  para  entrar  a  disputarle a los falladores la crítica razonada y juiciosa que  los  llevó  a  desestimar las explicaciones del acusado, al hallarlas mendaces,  centrando  su discrepancia en la derivación del citado indicio, para lo cual se  apoya   no  propiamente en los hechos, poniendo de esta manera en evidencia  que   su  inconformidad  está  dirigida  contra  la  tarea  de  apreciación  y  valoración  de  la  prueba, polémica que resulta vana, con mayor razón cuando  se  intenta  sin  enunciado  claro  ni  fundamento  serio  que  conduzcan  a  la  demostración  de  errores de apreciación probatoria degradantes de la lógica,  la                       razón                       o                       la  ley.                  

                    Además,  si  pretendía  atacar  el  indicio, ha debido desarrollar la censura dentro del  ámbito  del  error de hecho por falso juicio de identidad, como lo ha señalado  la Corte en doctrina reiterada.   

                       Tras  afirmar,  entonces,  la improsperidad de estos otros cargos, la Delegada sugiere  a la Sala no casar el fallo impugnado.   

                         SE  CONSIDERA:   

                    Al igual  que  lo  hace el Procurador Delegado  en su concepto, la Corte alterará el  orden  de  estudio de los cargos propuesto por el demandante, para iniciar, como  corresponde  hacerlo  en  estricto  rigor  técnico  casacional,  por  el ataque  presentado al amparo de la causal tercera.   

                    

                  Nulidad de  la  sentencia  impugnada  por  defectos  de                              motivación.   

                    

                   Cuando se  plantea  violación  del  debido  proceso  por  defectos  de  motivación  de la  sentencia,  se  impone  para  el  demandante  la  obligación  de  demostrar una  cualquiera  de  las  siguientes  hipótesis:  Que  el fallo carece totalmente de  motivación;  que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  o,  que su  motivación es incompleta.   

                     Existe  ausencia  absoluta  de motivación -se tiene acordado- cuando no se precisan las  razones   de  orden  probatorio  y  jurídico  que  soportan  la  decisión;  la  motivación  es ambivalente cuando contiene posturas contradictorias que impiden  conocer  su   verdadero sentido; y, será precaria o incompleta, cuando los  motivos   que   se   exponen   no   alcanzan   a  traslucir  el  fundamento  del  fallo.   

                  En el caso  sometido  a  estudio,  el casacionista denuncia ausencia absoluta de motivación  de  la sentencia, apoyado en dos consideraciones: Que la decisión de condena se  hizo  derivar  exclusivamente  del  carácter  mendaz  de las afirmaciones de su  representado;  y,  que  el fallo de segunda instancia omitió pronunciarse sobre  uno de los aspectos de la impugnación.   

                   La verdad  es  que  en  ambos casos el reproche se queda en el simple enunciado, sin que el  actor  realice  el menor esfuerzo por desarrollarlos, y que las denuncias que en  ellos  se  hacen,  antes  de  estar  referidas  a  defectos de motivación de la  sentencia,  según  las  hipótesis vistas, parecen contener más un ataque a la  valoración  probatoria,  en  el  primer  evento,  y  el  planteamiento  de  una  violación  al principio de la doble instancia, por no haber tenido acceso pleno  a ella, en el segundo.   

                    De todas  maneras,  ninguna  de las afirmaciones que el demandante hace es cierta, como lo  destaca  la  Delegada  en  su  concepto,  y puede deducirse del contenido de las  sentencias  de  instancia,  las  cuales,  como es bien sabido, forman una unidad  jurídica  inescindible  en  los aspectos en que son coincidentes. Para empezar,  la  Sala  transcribirá  los  apartes  más  importantes  del  fallo  de primera  instancia,  en  punto  al  análisis  de  las pruebas que permitieron afirmar la  responsabilidad del procesado en los hechos:   

                                          “Señalemos  en  primer  lugar  que  el aspecto meramente objetivo  hace  relación  con  los  acontecimientos  acaecidos  en  horas  de la tarde en  inmediaciones  de  la  carrera 19D No.65-65 Sur de esta ciudad, cuando el señor  WILSON  GUSTAVO  ORJUELA  VASQUEZ,  en  momentos  en  que  se  dirigía hacia su  domicilio,  fue  abordado  por  un  sujeto  que  provisto de arma de fuego y sin  mediar  altercado  alguno,  le  propinó  un  disparo  a la altura de la región  abdominal,  determinándose  como  incapacidad  definitiva  la de veinte días y  concluyéndose  que  el  mismo  disparo (único ejecutado en la consumación del  hecho), no abandonó la corporeidad del lesionado.   

                      “Las  atestaciones  firmes,  coherentes,  serias  y  por ello ampliamente creíbles de  WILSON  GUSTAVO  ORJUELA  VASQUEZ, JOSE RAFAEL SOCARRAS SOCARRAS, ADRIANA GARCIA  ARIZA  y  los  uniformados  HERNANDO  MUNEVAR CABALLERO y LUIS ARCENIO RODRIGUEZ  ORJUELA,  permiten  a la suscrita juzgadora hacer la siguiente aseveración, que  no  admite  discusión por ser hecho plenamente probado: Es innegable que WILSON  GUSTAVO  ORJUELA  VASQUEZ  resultó  lesionado  gravemente el día 3 de junio de  1993,  a  eso  de las 6 de la tarde, a consecuencia de haber recibido un disparo  de  arma  de  fuego, en los instantes en que iba camino de su casa y luego de la  jornada laboral diaria…”   

                                          (…)   

                   “Ninguna  duda  existe  en el sentido de que fue JOSE EUSEBIO GOMEZ PATIÑO quien disparó  e  hirió  gravemente  a  WILSON  GUSTAVO  ORJUELA VASQUEZ, a eso de las 5 de la  tarde  del  3  de  junio de 1993, cuando luego de su jornada laboral se dirigía  hacia  su  domicilio en el sur de esta ciudad. El testimonio del lesionado junto  al  del  ciudadano  JOSE  RAFAEL SOCARRAS SOCARRAS son fundamento digno para dar  por  establecido  que  el  proyectil que penetró en la humanidad del primero de  los  citados, fue disparado en su contra y en forma voluntaria por el procesado,  a  una  muy  corta distancia y en forma por demás injustificada. Los relatos de  los  anteriormente citados permiten descartar de plano la presunta existencia de  un  altercado  en la escena del delito, pues lo que en realidad sucedió fue que  el  lesionado  fue  interceptado  por  GOMEZ PATIÑO, quien de manera súbita lo  agarró  en  forma  agresiva y haciendo ademanes de querer continuar caminando a  su  lado  le  disparó.  Es  incuestionable  así  mismo  que  en  los instantes  siguientes  a  la  ejecución  material  del  hecho,  y luego de haber recorrido  varias  cuadras,  abordó  un bus de servicio urbano, del cual fue sacado por el  señor  SOCARRAS SOCARRAS, que corresponde a la persona que habiendo presenciado  el   hecho   mismo,   se   dio   a   su  persecución  y  posterior  captura  en  flagrancia.   

                  “… Para  desgracia  de  nuestra sociedad, comportamientos cívicos y de colaboración con  las  autoridades  como el del señor JOSE RAFAEL SOCARRAS SOCARRAS son cada día  más  escasos,  siendo  que  deberían  corresponder a la elemental conducta que  debemos  asumir  quienes  habitamos  en  este  país. Por ello, ningún reproche  puede  formularse  al  prístino  testimonio  de  SOCARRAS  SOCARRAS,  quien sin  pretensión  distinta a la de la verdad, relató en el plenario la manera en que  pudo  presenciar  los  acontecimientos,  y  haciendo  uso  del  arma que portaba  legalmente  en  su  poder, se dio a la civil labor de auxiliar a las autoridades  de  policía,  facilitándole la captura del procesado GOMEZ PATIÑO. De ninguna  manera  un  comportamiento  de  esta  naturaleza,  tildado  por  la defensa como  ´heroico´,  puede  afectar  la  credibilidad del testigo… Por ello, no puede  admitirse  el  reproche  que  a  este  testimonio  hace la defensa, pretendiendo  desmejorar  su  crédito  probatorio,  que  como se anotó en oportunidad, es de  gran magnitud, dada su fortaleza incriminatoria.   

                    “Ya se  había  señalado  que las circunstancias materiales, las expresiones utilizadas  por  el  procesado  GOMEZ  PATIÑO  (´quieto  que  esto  es para usted, chito y  siga´),  la  naturaleza  del medio empleado -arma de fuego-, la proximidad a la  cual  fue  efectuado  el  disparo,  el hecho de haber huido una vez perpetró el  atentado,  lo  que  se  constituye  en  su  contra en indicio grave de huida; la  circunstancia  de  haberse  quitado la prenda de vestir color café que llevaba,  sin  duda  para  poder diluirse entre la demás gente y no ser identificado; las  manifestaciones  posteriores  al  delito  como la de que ´eso no es nada porque  todavía  faltan dos´; la región corpórea que se vio afectada con la criminal  agresión,  son  todos  aspectos  que  concatenados  y analizados a la luz de la  crítica  armónica  y sistemática de la prueba, permiten obtener certeza plena  en  cuanto  a  que  JOSE  EUSEBIO GOMEZ PATIÑO fue quien trató de dar muerte a  ORJUELA VASQUEZ.   

                  “Frente a  la  solidez  y  rigidez incriminatoria de la situación anteriormente planteada,  es  evidente  que  ningún crédito merece el dicho del procesado GOMEZ PATIÑO,  quien  en  una  entendible  maniobra  defensiva,  tal  sólo en su diligencia de  ampliación  de  indagatoria  vino a manifestar que había sido objeto de ofensa  verbal  y  agresión  física  de  parte  de  ORJUELA  VASQUEZ. Por demás está  plenamente  establecido  que  la tal violencia física y verbal jamás existió,  pues  el  comportamiento que se observa en el lesionado es el de quien se dirige  a  su  casa  después  de  laborar  y  su única acción fue la de reclamarle al  procesado  por  su  comportamiento,  en  los  momentos previos a los disparos de  marras.  Queda sin piso el dicho del procesado, no solo porque sus exculpaciones  no  corresponden a la realidad, sino porque todos y cada uno de los elementos de  prueba  llevan  a  concluir  que  la autoría de la acción criminal recae en su  contra” (fls.228, 229, 233, 234 y 235 del cuaderno No.1).   

                  Como puede  verse,  la  claridad  del  fallo  en  torno  a los fundamentos probatorios de la  decisión  de  condena es inobjetable, como igualmente lo es, la inteligibilidad  de  los  motivos que llevaron al a quo a desestimar la confesión calificada del  procesado.  Similares consideraciones, aunque limitadas a los aspectos objeto de  la  apelación,  soportaron  el  fallo  de  segundo  grado, en cuyos principales  apartes, se dijo textualmente:   

                     “… es  conveniente  recordar que José Eusebio Gómez Patiño no ha demostrado su apego  hacia  la  verdad, es así como en principio afirmó que era completamente ajeno  a   los  hechos  investigados…  Con  posterioridad,  abrumado  por  la  prueba  incriminatoria   aceptó   un   protagonismo   calificado  puesto  que  como  se  recordará,  Gómez  Patiño  explicó  que  al  cruzarse  en  la  calle  con el  ofendido,  el  roce  de sus humanidades dio lugar a un incidente durante el cual  este  último  lo  ultrajó,  por lo cual, él -el procesado- sacó a relucir el  arma  que  portaba  con  el solo propósito de asustar a su opositor, pero en el  forcejeo  que  se  suscitó entre los dos, se produjo accidentalmente el disparo  generador de las consecuencias ya conocidas.   

                   “Las dos  versiones  son  absolutamente mentirosas. En cuanto a la primera lo demuestra el  propio  incriminado  al  acudir  ante  la  justicia  con  una  segunda  versión  completamente  distinta;  y  en  cuanto  a  esta última, el relato del agredido  Wilson  Gustavo  Orjuela  Vásquez no representa prueba solitaria en el proceso,  como  lo  pretende  la  defensa,  sino  que  se cuenta con el total respaldo del  testimonio  de  un  tercero, sin vinculación alguna con los sujetos procesales,  José  Rafael  Socarrás Socarrás, quien justamente capturó al aquí procesado  y  lo entregó a la policía, por cuanto precisamente lo vio cuando se aproximó  a  la  víctima, la tomó por el saco e instantes después en forma repentina le  hizo el disparo” (fls.9 cd.3).   

                  No deja de  tener  razón,  por  tanto,  la Procuraduría, cuando sostiene que el ataque del  casacionista  se  construye   sobre  el argumento final y conclusivo de las  sentencias,  en  donde  se  destaca  el carácter mendaz de las afirmaciones del  procesado,  con  desconocimiento  total  del  análisis  serio  y  detallado del  conjunto  probatorio,  cuya  amplia  crítica y contenido motivacional sustentan  legítimamente la decisión.   

                      Igual  acontece   con   la   tacha   que  se  le  formula  al  fallo  por  no  contener  pronunciamiento  alguno respecto del planteamiento de la defensa relacionado con  la  ausencia  de  culpabilidad por caso fortuito, reparo que se fundamenta en la  afirmación  hecha  por el Tribunal al término de la parte motiva del fallo, en  el  sentido  de  que  “la  inconformidad  del impugnante tiene que ver según el  escrito  de  sustentación,  exclusivamente con la condena por el delito de  homicidio,  y  por  esta razón a este aspecto queda reducido el análisis de la  Sala,  de  acuerdo con las previsiones de la ley” (fls. 10 y 59 del cuaderno del  Tribunal).   

                       Esta  acotación  del  ad  quem, que el demandante cuestiona, es absolutamente cierta,  puesto  que el escrito impugnatorio únicamente cuestiona la condenación por el  punible  de  homicidio,  sin aludir, para nada, al porte ilegal de arma de fuego  de   defensa  personal,  por  el  que  también  fue  declarado  responsable  el  procesado.     

                    Y, si el  casacionista  realmente  considera, como pudiera pensarse, que el Tribunal no le  dio  respuesta a su planteamiento, también esta apreciación sería equivocada,  como  puede  confrontarse  con  los  apartes  ya transcritos de la sentencia, de  donde  se deduce que el ad quem estudia la propuesta y la inacoge por fantasiosa  y  por  reñir  con la verdad procesal. Para éste, por lo demás, era claro que  la  impugnación  comprendía  dos  aspectos,  uno  relativo  a la calificación  jurídica  del hecho, y otro relacionado con la disculpante, según se desprende  del exordio de la parte considerativa del fallo:    

                       “La  controversia  que  se  ha  suscitado  en  el  caso  de  estudio,  tiene  que ver  exclusivamente  con  la  adecuación típica de la conducta desplegada por José  Eusebio  Gómez  Patiño.  Desde  antes de la formulación del pliego de cargos,  con  vehemencia  la  defensa  ha  venido  insistiendo  que el comportamiento del  incriminado  únicamente  se subordina al delito de lesiones personales, pues en  el  plenario  no  se  encuentra  acreditado  el dolo homicida que la justicia ha  pregonado  hasta  el  momento;  además,  según  la  defensa,  se  debe  aceptar que el procesado se encuentra amparado por la causal  de  inculpabilidad  prevista  por el numeral primero del artículo 40 ibidem, en  virtud  de que el incidente se presentó como consecuencia del forcejeo que hubo  entre  los  dos  protagonista del insuceso” (fls.8-3,  negrillas fuera de texto).   

                  Totalmente  infundada,  por  tanto,  resulta  la  censura  planteada  al amparo de la causal  tercera  por  ausencia  absoluta  de motivación de la sentencia, no solo porque  esta  irregularidad,  en  sí,  en modo alguno llegó a presentarse, sino porque  las  anomalías  que  se  denuncian  a  través de ella inexisten en la realidad  fáctico procesal.   

                    El cargo  no prospera.   

                     Causal  primera.-                                      

                    

                   Aunque el  demandante  al abordar este motivo de casación propone cuatro cargos, la verdad  es  que  solo  se  trata  de uno, dentro del cual se denuncian varios errores de  apreciación  probatoria,  por  falsos  juicios  de  identidad, determinantes de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  aplicación indebida de los  artículos  22  y  323  del  Código Penal, y falta de aplicación del artículo  1º,  numeral  9º  de  la  ley 23 de 1991, que contiene el tipo contravencional  especial  de  lesiones personales dolosas seguidas de incapacidad no mayor de 30  días.   

                  Ante todo,  es  preciso señalar que el casacionista equivocó la vía de ataque, por cuanto  de  aceptarse  el  planteamiento  por  los cauces de la causal primera, la Corte  tendría  que  entrar  a  dictar sentencia de sustitución por la contravención  especial  de  lesiones  personales, conforme lo establece el artículo 229.1 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  con  desconocimiento  de  la  calificación  jurídica  de  los hechos contenida en la resolución acusatoria, y dentro de un  juicio  afectado de nulidad por incompetencia de los funcionarios judiciales que  conocieron  de  la  acusación  y el juzgamiento, incurriendo, por este modo, en  doble  motivo  de  casación,  según  las  previsiones  de  los artículos 220,  numerales 2º y 3º, y 304.1 del estatuto procesal.   

                    El error  en  la  denominación  jurídica  del  hecho, ha dicho insistentemente la Corte,  constituye  un  atentado al debido proceso. Por esta razón, cuando el ataque en  esta  sede  involucra  la  denominación  genérica  del  delito, lo indicado es  plantear  el  cargo  al  amparo  de  la  causal  tercera,  con  el fin de que la  actuación  pueda  retrotraerse al momento de la calificación, o de la clausura  del  sumario,  según  el caso, dependiendo de si el funcionario que formuló la  acusación  es  o  no  competente  para  reponerla,  y  se  proceda  a  un nuevo  enjuiciamiento a partir de la tipicidad correcta.     

                   En un tal  supuesto,  sin  embargo,  el  desarrollo  del  cargo debe hacerse conforme a las  directrices  de  orden  técnico propias de la causal primera, con señalamiento  de  los  desaciertos  de  carácter  jurídico  o de apreciación probatoria que  determinaron  la  indebida  calificación  de  la  conducta, pues el error, aún  cuando  con  repercusiones  en  la validez del proceso y por ende susceptible de  ser  alegado  por  la  vía  de la causal tercera, sigue siendo de naturaleza in  iudicando.  Es  uno  de los pocos casos en los cuales, a pesar de tratarse de un  error  de  juicio, el ataque no puede formularse al amparo de la causal primera,  como  sería  lo  indicado,  sino de la tercera, precisamente porque la Corte no  podría entrar a dictar fallo de sustitución.     

                         No  obstante  que  el  desacierto  en  la  selección de la causal es motivo de suyo  suficiente  para  desestimar  el  reparo,  por  cuanto  la  Corte  no puede, sin  desatender  el   principio  de limitación que preside el recurso, entrar a  corregir  la  demanda,  debe  decirse  que  buena  parte de los errores de hecho  denunciados  no  se  presentaron,  y que aún admitiendo hipotéticamente que el  Juez  de  primera instancia  hubiese sobredimensionado la gravedad clínica  de  la  herida  causada  a  la  víctima,  este error de apreciación no habría  tenido la trascendencia que el recurrente reclama.   

                  En efecto.  Al  estudiar  el  funcionario  el  elemento subjetivo de la imputación, no solo  dejó  de  considerarla, sino que reconoció implícitamente la menor entidad de  la  herida  finalmente  causada,  como lo demuestra el hecho de haber transcrito  una  decisión  de la Corte, relativa al punto, con el inocultable propósito de  significar  que,  no  por  haber salido relativamente bien librado el procesado,  inexistía  dolo  homicida,  y  el  señalamiento  expreso  que  hizo  de  otros  elementos  de  juicio,  demostrativos  de  la  intención de causarle la muerte,  dentro  de  los  cuales  menciona  la clase de arma utilizada, la proximidad del  disparo,  la  región  corporal  impactada y las manifestaciones posteriores del  procesado.       

   

                     Por lo  demás,  las  conclusiones  de  los  fallos  en  el  sentido  de  que el impacto  interesó  la  región  abdominal,  corresponden  en  un  todo  con  la historia  clínica  de  Wilson  Gustavo; y las afirmaciones consistentes en que el agresor  conocía  a  la  víctima,  y  que sus versiones son mentirosas, coinciden, a su  vez,  con las circunstancias antecedentes al acontecer delictivo, indicativas de  que  Wilson  Gustavo  era  acechado  por  su  atacante;  y,  con las pruebas que  sirvieron  de  sustento a la condena, que enseñan que los hechos se presentaron  de   manera   distinta   a   como  lo  reseña  el  procesado.      

                                                                              

                        Las  siguientes  anotaciones  corresponden  a la historia clínica de la víctima, de  cuyo  contenido  inequívocamente  se  deduce  que  la  zona  impactada  por  el  proyectil  corresponde  a  la  abdominal,  como lo sostuvieron los juzgadores de  instancia  en  las  sentencias:  “PACIENTE QUIEN SUFRIO HERIDA POR ARMA DE FUEGO  ABDOMEN      FLANCO      IZQUIERDO…HAY  ORIFICIO FLANCO IZQUIERDO POR ENCIMA CRESTA ILIACA…HERIDA  POR  ARMA  DE  FUEGO  FLANCO  IZQUIERDO NO PARECE CLINICAMENTE HABER PENETRADO A  ABDOMEN  AL  PARECER  ES EXTRA-PERITONEAL” (fls. 110). “HERIDA POR ARMA DE FUEGO  NIVEL  ABDOMEN. PACIENTE  QUE   PRESENTA   HERIDA   POR   ARMA   DE  FUEGO  EN  ABDOMEN…ABDOMEN:  PRESENTA  HERIDA  POR  ARMA DE FUEGO ORIFICIO ENTRADA  CST.  NO  ORIFICIO  DE  SALIDA” (fls.87 y vto., negrillas fuera de texto).    

                    

                    El cargo  no prospera.   

                  En mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Segundo Delegado, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

                                                                                                         NO  FIRMO   

                         

MARIO    MANTILLA   NOUGUES              JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

                                                                                   NO FIRMO   

                                      ALVARO  ESLAVA  AYALA   

                                                    Conjuez   

                                         Patricia    Salazar  Cuéllar   

                                                      SECRETARIA       

    

                         

     

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