AP5368-2021(58317)

2021 diciembre

Asistente Jurídico Inteligente

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      LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA          

Magistrado          Ponente          

          

AP5368-2021          

Radicación          # 58317          

Acta 315          

          

          

          

Bogotá D.C., primero (1) de diciembre de dos mil veintiuno          (2021).          

          

I. VISTOS:          

          

La Corte resuelve el recurso de impugnación especial          que promovió la defensora de RAÚL ANTONIO CHALJUB          CÁRDENAS, contra la sentencia proferida por la Sala Penal del          Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería el 26 de          junio de 2020, que revocó la absolución de primera          instancia emitida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado          con Función de Conocimiento de la misma          

    

ciudad  y, en  su lugar,  lo condenó  como autor  responsable del  delito de  concierto para  delinquir  agravado.  

            

II. HECHOS:  

En la ciudad de Montería, específicamente en el  corregimiento de Guateque y sus alrededores, durante los años  2008 a 2011, aproximadamente, hizo presencia una agrupación  delincuencial denominada «Los Urabeños»  o  

«Águilas Negras» que se dedicaba a la  ejecución permanente de actividades criminales como  homicidios, secuestros, extorsiones, tráfico de  estupefacientes, entre otras.  

A raíz de la información suministrada por un ex  integrante de esa asociación delictiva, Duvel Haylor Flórez  Hernández, en el año 2011 se inició una  investigación policial que arrojó como resultado el  conocimiento acerca de varios de sus integrantes, sus alias, las  actividades a las que se dedicaban, el funcionamiento de su  estructura, las armas que utilizaban y los lugares en donde operaban.  Dentro de las personas que el referido testigo señaló  como miembros de la organización, se identificó a RAÚL  ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS, alias «Mica» o  «Miquima», quien cumplía las labores    de     «poste»,    «chispa»    o    «campanero»,     es    decir, informante.  

            

III. ACTUACIÓN          PROCESAL:  

            

1. El          8 de          julio de          2011, ante          el Juzgado          2º Penal          Municipal con          Función de          Control de          Garantías ambulante  

de Montería, la fiscalía le formuló imputación  a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS como presunto autor del  delito de concierto para delinquir  agravado con fines de  homicidio, conducta descrita y sancionada en el artículo  340 inc. 2º del Código Penal. El procesado no aceptó  los cargos y se le impuso medida de aseguramiento de detención  preventiva en establecimiento carcelario, decisión que al ser  apelada fue revocada por el juez de garantías en segunda  instancia, quien ordenó su libertad inmediata.  

            

2. En          el escrito          de acusación          y en          la respectiva          audiencia que          se realizó          el 29 de          noviembre de          2011, la          fiscalía, ante el Juzgado Penal del          Circuito Especializado con Función          de Conocimiento          de Montería,          llamó a          juicio al          procesado por          el mismo          delito por          el que          le formuló          imputación. La audiencia preparatoria se          llevó a cabo el 10 de          febrero siguiente y el juicio oral tuvo lugar entre el 3 de          octubre de          2012 y el 4 de          abril de 2013.          En esta última sesión,          el juzgado          anunció que          el fallo          sería condenatorio.  

            

3. El 7 de octubre de          2013 y tras haberse producido un cambio          de juez,          la nueva          titular del          juzgado resolvió          decretar la          nulidad del juicio para que, respetando el principio de          inmediación, se practicaran nuevamente y          en su presencia las          pruebas, luego          de lo          cual anunció          que el          fallo sería          absolutorio, como          en efecto          lo confirmó          al proferir          la sentencia          que puso          fin a          la primera          instancia el          20 de          febrero de          2015.  

            

4. Contra la anterior          decisión, la delegada de la fiscalía          interpuso el          recurso de          apelación, del          cual conoció          la  Sala Penal          del Tribunal          Superior de          Montería, en          cuyo efecto,          mediante sentencia de  junio 26 de 2020, revocó          la absolución y, en          su lugar, condenó al acusado como autor del delito de          concierto para delinquir agravado (art.          340 inc. 2º del Código Penal),          a la pena principal de 125 meses de prisión, multa de          cinco mil          (5.000) salarios          mínimos legales          mensuales vigentes          y a          la accesoria          de inhabilitación          para el          ejercicio de          derechos y          funciones públicas por el mismo lapso de la privativa de la          libertad. Le          negó la           suspensión  condicional  de  la  ejecución          de la          pena y          la prisión          domiciliaria, por          lo que          ordenó librar          la correspondiente          orden de          captura.  

            

5. La          defensa  del           procesado           interpuso  el           recurso           de  

impugnación  especial.  

            

IV. LAS SENTENCIAS:  

Primera  Instancia  

En sentencia de 20 de febrero de 2015, el Juzgado Penal del Circuito  Especializado con Función de Conocimiento de Montería  absolvió a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS, por  considerar que con el único testigo de cargo que aportó  la fiscalía no se logró llegar al estándar de  conocimiento que exige el artículo 381 del Código de  Procedimiento Penal para  

poder emitir una decisión de condena por el delito por el que  se le formuló acusación.  

Sobre el particular, explicó la juez de primer grado que tras  haber dado aplicación al contenido de los artículos  380, 381 y 404 ibídem que establecen los  criterios para valorar las pruebas y, en especial, los testimonios,  no encontró demostrada la materialidad del delito de concierto  para delinquir agravado, porque si bien se  acreditó la existencia de la organización delincuencial  denominada «Urabeños» o  

«Las  Águilas   Negras»   que  operaban  en  el  departamento  de Córdoba  -lo que en todo caso es un hecho notorio- no se probó el nexo  o vinculación de RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS  con dicha banda criminal ni cuál fue el acuerdo que éste  realizó con aquéllas para la ejecución de  delitos, concretamente, de homicidios.  

Consideró  que la  información  suministrada por  el testigo  Duver Haylor Flórez Hernández, a partir de la cual se  inició la  investigación, «no  resultó  constatada o  verificada por  ninguna otra fuente formal o informal de  conocimiento», lo que  implicó que, en últimas, se tratara  «de una investigación que  nació y finalizó en torno al  conocimiento de un informante y a los  señalamientos  que este  hiciere».  

Para el juzgado, las declaraciones del referido testigo resultaron  confusas porque, además de no haber dejado en claro   cuál    fue   su   relación   con   la   banda   «Los    Urabeños»,  tampoco pudo precisar, en concreto, cuántas veces vio a  CHALJUB CÁRDENAS participando en las actividades de esa  

empresa criminal y ni siquiera lo logró identificar en una  diligencia de reconocimiento en fila de personas a la que fue  convocado por los investigadores de la fiscalía.  

Concluyó que lo expuesto por el único testigo de cargo  

«resulta en  extremo frágil»,  es contradictorio y, al final, no fue suficiente para derruir la  presunción de inocencia que cobija al acusado.  

Segunda instancia  

En posición manifiestamente opuesta a lo considerado por el  juzgado de primera instancia, la Sala Penal del Tribunal Superior de  Montería consideró que la prueba de cargo, es decir, el  señalamiento que hizo el testigo Duvel Haylor Flórez  Hernández a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS, alias  «Mica» o «Miquima», como integrante de la  banda  criminal  «Los   Urabeños»,   fue  clara,  contundente  y  no dejó ningún  espacio a la duda sobre cuál fue la participación de  aquél en las actividades delincuenciales a las que se dedicaba  dicha organización.  

Tras establecer como marco de referencia el concepto y los  presupuestos fácticos que tipifican el delito de concierto  para delinquir, advirtió el Tribunal que con el  testimonio de Duvel Haylor Flórez Hernández sí  se demostró la pertenencia de CHALJUB CÁRDENAS a la  organización criminal en cita, pues fue gracias a aquél  que se inició la investigación, se logró la  captura de algunos de sus integrantes y se obtuvo  

información sobre los autores de varios homicidios cometidos  en el municipio de Montería.  

Contrario a lo que opinó el juzgado de primera instancia, para  el juez colegiado el relato incriminatorio de Flórez Hernández  fue coherente y detallado porque explicó cómo fue que  obtuvo el conocimiento sobre la presencia de la banda delincuencial  «Los Urabeños» en el  municipio de Montería y en el corregimiento de Guateque, cómo  era su funcionamiento, jerarquía, conformación, la  distribución del trabajo entre sus integrantes, la forma en la  que él fue reclutado y cuáles fueron las tareas que le  encomendaron, las reuniones en las que estuvo presente, los temas de  los que allí se hablaron, así como los delitos que se  planearon y ejecutaron. También describió, sin  ambigüedades, cómo fue que conoció a RAÚL  ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS, alias  

«Mica» o «Miquima» y cuál fue su  participación concreta en las actividades criminales de la  organización.  

En conclusión, para el Tribunal quedó plenamente  demostrada la vinculación del procesado con la mencionada  agrupación y, por esa razón, lo condenó como  autor del delito de concierto para delinquir agravado con fines de  homicidio (Art. 340 inc. 2º del Código Penal),  a la pena principal de 125 meses de prisión, multa de 5000 mil  salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por el mismo lapso de la privativa de la libertad. Le  negó la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria.  

            

V. FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN ESPECIAL  

Contra la primera condena impuesta en segunda instancia, la defensora  del procesado interpuso y sustentó el recurso de impugnación  especial. Allí solicitó a la Corte revocar el fallo  adverso y mantener la decisión absolutoria proferida por el  juzgado.  

Con tal propósito, denunció que el Tribunal violó  los principios constitucionales de presunción de inocencia e  in dubio pro reo  de RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS porque, pese a no  existir ninguna prueba incriminatoria idónea para demostrar la  vinculación del procesado con la organización criminal  «Los Urabeños» y con la ejecución de  las actividades ilícitas a las que allí se dedicaban,  optó por declararlo penalmente responsable del delito de  concierto para delinquir  agravado con fines de  homicidio.  

Criticó que la única prueba  de  cargo en la que   sustentó la condena, que se contrae al testimonio de Duvel   Haylor Flórez Hernández, no condujo al grado de  conocimiento que exige la ley para descartar la inocencia de su  defendido. En concreto, señaló que la versión de  ese deponente fue ambigua y no logró demostrar los elementos  estructurales del delito de concierto para  delinquir como son: (i) el acuerdo de voluntades  entre varias personas; (ii) una organización que tenga como  propósito la comisión de delitos indeterminados, aunque  puedan ser determinados en su especie; (iii) la vocación de  permanencia y durabilidad de la empresa  

En su criterio, las declaraciones que entregó el mencionado  deponente tanto en la entrevista que rindió ante los  servidores de la policía judicial como en su testimonio  durante el juicio, son incoherentes y contienen una serie de  inconsistencias que atentan contra su credibilidad, pues no resulta  lógico que su supuesta incorporación a la organización  los «Urabeños» haya sido motivada  por amenazas que le profirió alias «José» o  «Paraquito», quien, según el testigo, lo obligó  a trabajar para esa empresa criminal. Para la defensora, este  episodio resulta altamente sospechoso si te toma en consideración  que el mismo testigo relató que un hermano suyo fue asesinado  por ese grupo delincuencial y, por regla de experiencia, nadie  terminaría trabajando con los autores del crimen de un  consanguíneo.  

Retomó  la impugnante  lo considerado  por el  juzgado de  primera instancia  cuando concluyó  que el  testigo Flórez  Hernández no  fue claro  al momento  de especificar  las labores  que al interior de la organización él  realizó, «pues de manera  muy general mencionó que conseguía  apartamentos para que los  miembros de la banda vivieran, les compraba comida y  mercados y solo ante preguntas del  despacho mediadamente [sic]  señaló haber conseguido algunas  viviendas pero sin dar datos  específicos  de ellas».  

En  resumen, para  la recurrente  no hay  lugar a  darle credibilidad  al único testigo de cargo porque, además de las  razones ya  indicadas: (i) aquél   solo asistió  a  tres  reuniones de  la organización  las cuales,  a su   juicio,  son  insuficientes para  generar en el testigo  un  conocimiento  profundo  sobre  los integrantes  de la  banda y  las actividades  a las  que ellos  se dedicaban;  (ii) se  trata de  una prueba  que no  fue corroborada  con otras; (iii) su mendacidad es evidente porque  en el testimonio afirmó que su hermano  antes de fallecer le habló  sobre la autoría de «Los  Urabeños» en el homicidio de  Reynaldo Rafael  Cano Rhenals,   lo  que  cronológicamente  no es  posible, concluyó  la libelista,  porque aquél  fue asesinado  el 15 de marzo  de 2009 y la muerte de éste  se  registró, según  el acta  de inspección  técnica a  cadáver, el  16 de  marzo siguiente.  En este  punto se  preguntó la  defensora, «¿cómo  conoció el hoy testigo único  de cargos, que tales homicidios los  conoció porque su hermano se lo  dijo, si ya su hermano estaba muerto  y más  aún él  se había  ido de  esa ciudad   rumbo  a Bogotá,  al  día  siguiente  de  su  muerte?»;  y (iv)  las explicaciones  respecto a  los momentos  en los  que vio  a alias  «Mica» o  

«Miquima» haciendo parte de las referidas reuniones y  participando en las actividades delictivas de la organización  son confusas y poco satisfactorias.  

Destacó que el hecho de que el  testigo  no  hubiera podido   identificar al procesado en un reconocimiento  en fila de personas  era más que  suficiente  para  poner en duda  que lo hubiera  visto en anteriores ocasiones, así el Tribunal haya querido  justificar  tal  inconsistencia  construyendo  reglas  de la  experiencia inaplicables como que «una persona  en un  

penal  por  no  recibir  el  sol  cambia  su  apariencia  física»,  que  «el centro  de reclusión  somete a  los recluidos  a una  dieta  alimentaria»,  o que  la fotografía  que  se le  puso  de  presente  en un  reconocimiento fotográfico  donde sí  pudo identificar  a CHALJUB  CÁRDENAS «es  una imagen  donde se  plasma un  instante   en   la   vida  de   la  persona».   Para   la   impugnante,   esas  reglas de la experiencia a las que acudió  el juez colegiado «se  caen por su propio peso, ya que ni es  cierto que por estar una persona  recluida en  la cárcel  con un  escaso espacio  de tiempo  de menos  de un  mes en  el que   estuvo  desde  el  día  de  su  captura (julio 8 de 2011) hasta el día  del reconocimiento en fila de  personas (agosto 1 de 2011), lo conviertan de tez morena a  tez blanca  (…)».  

Con fundamento en lo anterior, solicitó revocar el fallo de  segundo grado para que, ante la ausencia de prueba incriminatoria, se  absuelva a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS de los cargos  por los que fue acusado.  

            

VI. INTERVENCIÓN DE LOS NO RECURRENTES  

            

1. La Fiscal 138          Especializada de Montería solicitó          mantener incólume la decisión          adoptada por la Sala Penal del          Tribunal Superior de ese distrito judicial porque, por un          lado, se demostró la existencia de una          organización criminal denominada           «Las           Águilas           Negras»           o           «Los           Urabeños»           y,           por           el          otro, que          RAÚL ANTONIO          CHALJUB CÁRDENAS,          alias «Mica»          o «Miquima»,          hizo parte          de esa          agrupación cumpliendo          funciones de          «campanero»,          hecho que          fue acreditado          a través  

del testimonio de Duvel Haylor Flórez Hernández y  corroborado por el patrullero de la policía Juan David  Olascoaga Echavarría.  

Destacó que el testigo Flórez Hernández, al  rememorar las circunstancias, fue claro y coherente. En todo caso,  sus mínimas inconsistencias no recayeron sobre aspectos  trascendentales de los hechos que dio a conocer y su relato se  mantuvo invariable durante todo el proceso.  

Precisó que ese testimonio es suficiente para construir el  juicio de responsabilidad contra el acusado, cuyo estándar  probatorio necesario, según la ley procedimental penal, no  depende del número de pruebas que se practiquen, sino del  poder suasorio que cada una de ellas aporte.  

En relación con la crítica que hizo el recurrente sobre  la valoración que hizo el Tribunal de los «métodos  de identificación» como fueron  los reconocimientos fotográfico y en fila de personas,  advirtió que, como así lo tiene decantado la  jurisprudencia nacional, este tipo de diligencias no pueden ser  consideradas como pruebas porque no fueron producidas en presencia de  un juez ni sometidas a confrontación o contradicción,  pero sí pueden ser utilizados para afianzar la credibilidad de   un testigo, como en el caso concreto ocurrió con Duvel Haylor  Flórez Hernández, quien reconoció a CHALJUB  CÁRDENAS en un álbum fotográfico, lo cual es  suficiente para darle peso a sus señalamientos.  

2. Los        demás        sujetos        procesales        e        intervinientes          guardaron silencio.  

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

            

1. Competencia  

De conformidad con lo señalado en el artículo 3º  numeral 2º del Acto Legislativo 01 de 2018, corresponde a esta  Sala resolver la impugnación especial presentada contra la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Montería que  condenó, por primera vez en segunda instancia, a RAÚL  ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS como autor del delito de concierto  para delinquir agravado con fines de homicidio, al desatar el  recurso de apelación promovido por la fiscalía contra  la decisión absolutoria emitida por el Juzgado Penal del  Circuito Especializado con Función de Conocimiento de esa  ciudad.  

Bajo ese presupuesto, la Corte procederá a resolver la  impugnación especial que fue presentada y sustentada por la  defensa del procesado conforme a los parámetros establecidos  por la Sala en AP1263-2019. Ello, con el propósito de hacer  efectiva la garantía de la doble conformidad judicial  introducida con el Acto Legislativo 01 de 2018.  

De este modo, el recurso será decidido respetando el principio  de limitación y con apego a lo establecido en el artículo  20 de la Ley 906 de 2004 que prohíbe la reforma en  

peor para el recurrente único, como es la situación del  caso que aquí se analiza.  

            

2. El caso concreto  

                              

1. Problema                  jurídico    

La impugnación especial que promovió la  defensora de RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS convoca a la  Corte a analizar si, a partir de las pruebas practicadas en el juicio  a instancias de la acusación, se pudo llegar al estándar  de conocimiento que exige el artículo 381 del Código de  Procedimiento Penal para emitir una  decisión  de  condena o  si, como lo propuso  la recurrente, la única prueba de  cargo, esto es, el testimonio de Duvel Haylor Flórez Hernández  no tiene  la fuerza suasoria suficiente para derruir la presunción  de inocencia que por principio cobija al acusado.  

                              

2. Las                  pruebas practicadas y su valoración    

                                                        

1. En la audiencia                          de juicio oral se escuchó a Duvel                          Haylor Flórez Hernández1.                          Este testigo manifestó que desde el                          año 2008                          conoció de                          la existencia                          de una                          banda delincuencial                          que operaba en la ciudad de Montería, que se                          hacía conocer                          como «Los                          Urabeños»                          y que                          estaba comandada                          por                           alias                           «William».                           Dijo                           también                           que                           supo                           de                           su                           existencia                          porque un hermano suyo, a quien esa misma                          agrupación asesinó                          en el                          año 2009,                          le contó                          sobre ellos                          y, en                          algunas              

1  Audiencia  juicio  oral de  2 de  octubre  de  2014,  video  2,  minuto 58:35.  

ocasiones, lo llevó a las reuniones que realizaban para  planear delitos como homicidios, extorsiones y secuestros.  

Relató que después del homicidio de su hermano en el  año 2009, se trasladó para la ciudad de Bogotá y  que a su regreso   a   Montería,   fue   contactado   por    alias   «Paraquito»,  quien bajo amenazas lo obligó a trabajar para la organización  criminal. Agregó que fue en ejecución de las  actividades encomendadas que conoció a RAÚL ANTONIO  CHALJUB CÁRDENAS, alias «Mica» o «Miquima»,  otro integrante de «Los Urabeños»,    quien   cumplía   las   funciones   de   «campanero»,  

«poste»  o «chispa»,  es decir,  informante. Esta  persona, según  el testigo, permanecía en un billar  ubicado «después de la  virgencita (…)  vía  Guateque»  y desde  allí vigilaba  «quién  entraba  y quién  salía».  Así  lo narró  en su  testimonio:  

«Cuando uno  habla de “chispa” o “poste” en estos grupos,  ellos son  los que  están pendientes  qué personas  entran hacia  adentro, las personas que viven hacia adentro,  los finqueros, los dueños  de casa, o de los pueblos, ellos tienen que saber quiénes  son ellos, para que se  les meta una persona extraña,  o sea  de la ley  o sea  de otro  grupo que  de pronto  que quiera  estar metiéndose  para allá a averiguar cosas, ellos tienen  que informar todo a Raúl, a  «Salto» para  ellos comunicárselo  a “Andrés”».  

Agregó que conoció a «Mica» o  «Miquema» [sic], en una reunión de la  organización y luego lo vio en varias ocasiones ubicado en el  punto de vigilancia que le habían asignado los jefes, alias  «Raúl» y alias «Andrés».  A pregunta que sobre el particular le hizo la defensa en el  contrainterrogatorio, este testigo manifestó:  

«Miquima”  o CHALJUB,  lo vi  tres veces,  ya dije  que en  una  

“Pingüino”,  en Furatema  y en  el billar  que está  en la  vía de  Guateque».  

Y, más adelante, luego de que la juez insistiera en la  necesidad de contar con mayor detalles sobre las ocasiones en las que  el testigo vio a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS  participando en las actividades y reuniones de  

«Los  Urabeños»,  el  deponente  aclaró2:  

«Primero  en la  casa de  “Pingüino”   en  Furatema,   en  la  reunión que  se hizo  en la  Loma, en  la finca  La Loma,  vía Guateque  y en  el billar  donde él  se establece,  donde él  tiene el  punto, la  morada.»  

En resumen, este testigo aseguró que alias «Miquima»  o  

«CHALJUB»   era  integrante  de  «Los   Urabeños»,   hecho  del  que tuvo conocimiento directo porque lo vio  (i) participando en las reuniones de esa organización; y (ii)  ubicado en el lugar designado para cumplir con la función de  informante que le habían encomendado los mismos cabecillas de  la banda.  

2.2.2 Al juicio también comparecieron los testigos Deibis  Manuel Polo de Hoyos3  y Juan David Olascuaga Echavarría4,  ambos patrulleros de la Policía Nacional e investigadores de  la SIJIN. Los dos fueron asignados a la investigación que se  realizó en el año 2011 contra una banda criminal que  estaba operando en el sector de Montería. En particular, el  testigo  Olascuaga  Echavarría  manifestó  que  él  le realizó una entrevista a Duvel Haylor Flórez  Hernández, quien acudió ante las autoridades con el  propósito de  

2  Ibídem,  minuto  1:51:39.  

3  Audiencia  de  30  de  septiembre  de  2014,  video  3,  minuto  1:56.  

4  Ibídem,  minuto  15:33.  

denunciar la existencia de una banda delincuencial llamada  

«Los Urabeños»  o «Águilas  Negras».  A partir de esa información que suministró Flórez  Hernández, los investigadores Polo de Hoyos y Olascuaga  Echavarría realizaron labores de indagación y  comprobaron que, en efecto, la citada banda criminal sí  existía y se dedicaba a cometer extorsiones y homicidios,  dentro de los que se cuenta el de Reinaldo Cano Rhenals, cuya  indagación se radicó bajo el expediente número  230016001015200901377 que fue inspeccionado por el agente de policía  Juan David Olascuaga Echavarría.  

Por último, los testigos Omar Peña Morales5,  con quien se probó la plena identidad del acusado, John Fredy  Malambo Tique6,  a través de quien se introdujeron el álbum fotográfico  y las actas de las diligencias de reconocimiento fotográfico y  videográfico, y José Luis Zárate Morales7,  que acreditó la elaboración del informe de investigador  de campo FPJ11 de 7 de abril de 2011, también dieron cuenta de  la existencia de la organización criminal y de las labores que  realizaron para corroborar la información fuente, esto es, la  que suministró Duvel Haylor Flórez Hernández  sobre los integrantes de dicha banda y, para lo que al caso interesa,  la participación de RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS,  alias «Mica» o «Miquima» en la planeación  y funcionamiento de las actividades delincuenciales a las que allí  se dedicaban. Sobre la existencia de esa organización  criminal, el testigo Zárate Morales8,  manifestó:  

5  Audiencia  de  2 de  octubre  de  2014,  video  2,  minuto  00:01.  

6  Ibídem,  minuto  11:16.  

7  Ibídem,  minuto  26:50.  

8  Ibídem.  

«Para el año  2011, en el municipio de Montería como en el  resto de la zona rural del departamento, existía  la presencia de una banda  criminal que se hacía llamar “Los Urabeños”  o “Águilas Negras”,  los cuales  tenían la  pretensión del  manejo del  narcotráfico a nivel del departamento.  Esta banda tenía varias comisiones,  ya sea  en Tierra  Alta, Montería,  Cereté, esas  comisiones tenían  un mando  y tenían  varios integrantes  a su  servicio, ahí se puede hablar de un jefe  de zona. Para el caso en particular  que estamos  hablando de  la investigación  que se  adelantó acá desde el año  2011 llevada con el número de noticia  00011, si la memoria no me falla, en ese tiempo  el jefe de zona se identificó  como alias  “Andrés”,  el cual  tenía otras  personas bajo  su mando  que tenían  menos grado,  ahí estamos  hablando de  alias “El  Sato” que  era jefe  de zona  rural en  el corregimiento  de Guateque,  seguido por alias “Raúl” y así  sucesivamente venían una  serie de integrantes que integraban este manejo criminal.  Habían campaneros cuya misión era  la de alertar a los jefes si la fuerza  publica iba a ingresar a los sitios donde se encontraban  estas personas reunidas o los sitios donde  residían; estaban los sicarios,  personas que tenían la misión de cumplir órdenes  de asesinar  a los  que señalaran  los jefes,  también habían  los informantes  que son la misma función de los campaneros como  una parte que se le agrega que de pronto el  informante señala personas  que pueden ser de otra banda o que no comparten las  pretensiones de  la banda  y esto  puede ocasionar  que los  asesinen, es  más o menos el contexto que se presentaba en ese momento.  Ahí en esa investigación se logran  identificar varias personas ya que  se cuenta con un testigo que nos va a dar cuenta o nos da luz  sobre algunos integrantes de esa banda, es así  como se obtienen varios  alias dentro  de los  que aparece  precisamente alias  “Reison”, alias  “Felipe”, alias “Raúl” como ya lo  mencione, alias “Mica” o “Miquima”,  cuya función era ser campanero en la vía Guateque,  todas estas personas estaban bajo el mando de  alias “Andrés” y alias  “El Sato”.  

(…)  

Se  cuenta inicialmente  con la  entrevista rendida  por el  señor Duvel  Flórez Hernández, este señor nos da unas  descripciones de varios  integrantes, más  o menos  los sitios  donde se  encuentran, la  actividad que hacen, la descripción de las personas. Con esta  información en  coordinación con  la fiscalía  que ordena  la individualización  e identificación  de ellos  se hacen  varios desplazamientos  hasta el  corregimiento de  Guateque, para  el caso  aquí en particular de alias “Raúl”  fue identificado también en esa vereda  en compañía de otros integrantes como es el caso de  alias “Mica” o  “Miquima”, de alias “Sato”, a través  de estas labores de verificación.  

Analizando la  entrevista que da el testigo, él manifiesta que  alias “Mica”  o “Miquima”  se encontraba  de campanero  en un  billar yendo  para la  vía Guateque,  precisamente con  esa información  nos da la  descripción de un señor que es de bigote, que es moreno  de estatura media y cuando  nosotros estamos en esas verificaciones,  observamos en  el billar  que manifiesta  esta persona  habían varias  personas, dentro  de esas  ahí había  una persona  que tenía  las mismas  características del señor que el testigo menciona como  “Mica” o “Miquima”, se  procede a una identificación de solicitud  de antecedentes  para ver  si las  personas del  lugar tenían,  obviamente no tenían, de tenerlos se  habría procedido a capturar pero  ahí se  obtiene una  individualización de  esta persona,  pero ahí  posteriormente como  es un  trabajo conjunto  con otros  funcionarios se procede a hacer un reconocimiento  fotográfico y es el  testigo el  que en  últimas reconoce  que la  persona individualizada  es alias  “Mica” o  “Miquima” el  cual fue  identificado con  el nombre  de RAÚL  CHALJUB CÁRDENAS  (…)».  

Así se tiene, entonces, que a  partir  de  la  información  que suministró Duvel Haylor Flórez Hernández,  los investigadores procedieron a realizar las labores de  corroboración pertinentes y encontraron que, en efecto, a  quien el testigo fuente señaló como alias «Miquima»  se trataba de RAÚL ANTONIO  CHALJUB  CÁRDENAS,  persona  que, además, correspondía a la descripción   física  efectuada por el deponente y que fue ubicado en el  billar que  aquél indicó como el centro de operaciones  para la ejecución de sus labores de informante.  

En definitiva, la anterior realidad procesal establecida a través  de los testimonios de los investigadores de  la SIJIN  y del testigo  directo Duvel Haylor Flórez Hernández, fue la que  permitió  establecer  no  solo  la  identidad  de  alias   «Mica»  o  

«Miquima»  como  RAÚL  ANTONIO  CHALJUB  CÁRDENAS,  

sino además, constituyen los hechos indicadores sobre los  cuales el Tribunal concluyó que CHALJUB CÁRDENAS sí  se  

había concertado con el grupo criminal para llevar a cabo  delitos indeterminados, pues no es otra la conclusión a la que  se puede llegar al tener presente las labores de coordinación  de aspectos logísticos del grupo, mantener vigilancia desde el  billar ubicado a la entrada de la vía a Guateque, y participar  en las reuniones en las que la asociación criminal planeaba y  organizaba la ejecución de la empresa delictiva a la que se  dedicaba.  

                                                        

3. En ese orden, a                          partir del testimonio de Duvel Haylor                          Flórez Hernández como del de los investigadores de                          la SIJIN que corroboraron                          la información por él suministrada,                          se demostró la existencia, estructura,                          permanencia y ánimo de                          comisión                          indeterminada de                          delitos por                          parte de                          los miembros                          del grupo criminal, elementos estos constitutivos                          del fenómeno criminal de concierto                          para delinquir. Por ende                          no es cierto, como lo alegó la                          recurrente, que el Tribunal fundamentó                          la condena por la conducta contra la seguridad                          pública en                          una única                          prueba -el                          testimonio de                          Flórez Hernández-,                          la cual, en todo caso y por sí sola, contiene la                          contundencia suficiente                          para darle                          credibilidad a                          la información                          que ella contiene y que se contrae, en esencia, a                          la asociación de RAÚL ANTONIO                          CHALJUB CÁRDENAS  con la                           organización                           «Los                           Urabeños»                           o                           «Águilas                           Negras»,                           en                           la                           que                          cumplía las                          funciones de                          «poste»                          o informante.              

Pasó por alto la impugnante, entonces, que la dinámica  valorativa emprendida por el Tribunal para dilucidar la pertenencia  de CHALJUB CÁRDENAS a la organización criminal no  partió de la insular apreciación del testimonio de  

Duvel Harley Flórez Hernández, sino que se apoyó  en la ratificación que los agentes de la policía  realizaron a partir de la actividad investigativa que los condujo a  la identificación, individualización y ubicación  no solo del hoy procesado, sino adicionalmente de otros miembros de  la organización delictiva.  

                                                        

3. La                          defensora del                          acusado quiso                          atacar la                          credibilidad del testigo fuente Duvel Haylor                          Flórez Hernández bajo                          la consideración                          de que                          su relato                          no fue                          lógico ni                          coherente, principalmente,                          porque: (i)                          no supo                          explicar cuánto                          tiempo duró vinculado con la agrupación criminal ni                          cuáles fueron                          las labores                          que allí                          desempeñó;                          (ii) la                          experiencia enseña                          que no                          es normal                          que alguien                          termine trabajando                          para los homicidas de su hermano;  y (iii) pese a                          que en                          su testimonio                          dijo que                          lo había                          visto en                          varias oportunidades,                          el deponente                          no pudo                          reconocer a                          RAÚL ANTONIO                          CHALJUB CÁRDENAS                          en una                          diligencia de                          reconocimiento en                          fila de                          personas.              

Al respecto, varias consideraciones. En primer lugar, no es cierto  que Duvel Haylor Flórez Hernández no hubiera podido  explicar cuáles fueron los pormenores de su vinculación    con   el   grupo   delictivo   «Los    Urabeños».    Por   el contrario, en su testimonio claramente relató que  cuando regresó a la ciudad de Montería, después  de haber pasado una temporada en Bogotá, se incorporó a  esa asociación delincuencial en donde permaneció  «trabajando» alrededor de tres meses, cumpliendo  las labores de facilitador para la consecución de insumos y  viviendas para los miembros de la  

asociación. También narró, según ya se  precisó líneas atrás, que asistió a  varias reuniones en las que vio a alias  

«Miquima» o «CHALJUB» participando en la  planeación de las actividades criminales que allí se  organizaban y recibiendo instrucciones para la ejecución de su  labor como «poste» o informante al servicio de la  organización. Así se escuchó en su testimonio:  

«“Raúl”  o “Pedro”  me dijo  que dejara  la moto  que tenía  porque ellos me iban a dar una para que yo les  consiguiera casas para  ellos vivir,  apartamentos de  arriendo y  les consiguiera  alimentos, comidas.  

(…)  

Después  que “Raúl”  me llevó   a  su  casa,  en  ese  mismo  día me  dijo que  fuéramos a  la casa  mía donde  yo vivía  para él  saber si  yo vivía donde le había dicho a él  y fui con él allá donde yo vivo.  Bueno quedamos así, al día  siguiente me dijo que fuera temprano allá  a la  casa de  él y  fuimos hacia  la casa  de “Pingüino”  o alias  “Pingüi”, uno de estos  integrantes y había una reunión ahí y él  me presentó  a todos  los integrantes  de esta  organización y  fue cuando  él me  dijo bueno  aquí vive  “Pingüino”,  vive  “Luis”,   “La  Mona”, “Jose”  y vamos  pa’ que  vayas conociendo  a los   otros  integrantes para que  ellos te conozcan a ti para mirar a ver lo que le tienes que  traer o lo que ellos necesitan mientras miramos a  ver qué es lo que vamos  a hacer.  

(…)  

En  la casa  de “Pingüino”,  “Raúl”  llegó, llegó  “La Mona”,  “Luis” y “Jose” y  entonces, bueno, ellos empezaron a hablar de los  miembros de la organización, pues me  dijeron que yo era nuevo, “Pingüi”  preguntó que quién era yo, “Raúl” le  dijo que éste es un nuevo  integrante, él va a estar con nosotros y bueno, entonces  ellos empezaron a hablar de homicidios que se  habían cometido aquí  en Montería, de extorsiones y pues cobro de vacunas o cobro  de, pues,  de sí,  de extorsiones  que se  iban a  cometer allí  a comerciantes  en la  ciudad de  Montería, Guateque  y sitios  cercanos aquí  a Montería.  

(…)  

Se había  hablado de un homicidio de un señor que quedó  vivo en el barrio “Pancenú”,  “Raúl” regañó a “La Mona”,  sí, le dijo que  por qué  había dejado  vivo a  ese señor,  que ellos  no podían  

dejar  vivas a  las personas  porque se  metían en  problemas, que  los trabajos  había que  dejarlos bien  hechos y  se habló  de otro  homicidio (…)  de un  señor que  era ingeniero  eléctrico,  radiotécnico,  electrónico,  manejaba electrónica  aquí  en Montería».  

Segundo. Tampoco es verdad que no exista explicación razonable  en torno a la vinculación de Duvel Haylor Flórez con la  agrupación que supuestamente perpetró el homicidio de  su hermano. Sobre el particular, el testigo fue enfático en  afirmar que fue acosado, hostigado y constreñido por alias  

«Paraquito», que era uno de los cabecillas,  para que se incorporara a la organización y «trabajara  con ellos». De hecho, el  testigo dijo haber sido víctima de amenazas contra su vida en  caso de que se rehusara a prestar su colaboración. Frente a  este panorama -que no es de difícil aceptación si se  tiene en cuenta la forma en la que operaban estas asociaciones  delincuenciales-, la vinculación de Flórez Hernández  con esa organización, a pesar del homicidio de su hermano, no  se advierte irracional o contraria a la lógica.  

Tercero. El hecho de que el testigo Flórez Hernández no  haya identificado a RAÚL ANTONIO  CHALJUB  CÁRDENAS en  una diligencia de reconocimiento en fila de personas no constituye  una prueba en sí misma y, más allá de que  eventualmente hubiera podido menguar la credibilidad del testigo, no  se opone a la valoración racional de la prueba y, por qué  no, a la ponderación contextualizada de las circunstancias que  pudieron incidir en el resultado fallido de esa diligencia.  

Precisamente, la Corte ha explicado que los reconocimientos  fotográfico y en fila de personas no constituyen pruebas  independientes sino que hacen parte integral del testimonio. Así  lo reiteró en CSJ SP2338-2020:  

«28. Por  otro lado, la Sala debe recordar que el reconocimiento  fotográfico y el de fila de  personas no son pruebas en sí mismas que  adquieran tal calidad por razón de  la introducción al juicio del  documento  respectivo,  sino que  son actos  de  investigación.  Sin embargo,  hacen parte  del testimonio  cuando el  declarante que  acude al  debate oral  alude a  esa actividad  y a  sus resultados.  

De allí  que lo que se valora es el testimonio en su integridad,  lo que incluye, además, cuando hay  lugar a ello, el señalamiento  directo que  ese deponente  haga en  juicio.  

Por  consiguiente,  su poder  demostrativo no  está  atado al  acta que  recoge la realización del acto de investigación sino al  testimonio, dependiendo  de si  el testigo  da cuenta  sobre tal  sindicación,  y corresponderá  entonces al juzgador, con apoyo en criterios de la  sana crítica, fijar la fuerza  suasorio del mismo (cfr. CSJ SP4107- 2016,  rad. 46847).»  

Esto, para destacar que el hecho de que el testigo Flórez  Hernández no  hubiera  identificado  a  CHALJUB  CÁRDENAS  en la diligencia de  reconocimiento en fila de  personas  -como sí  lo hizo en la de reconocimiento fotográfico-, que sirvió  de bandera de ataque de la impugnante, carece de trascendencia en el  presente caso, pues, como se viene de precisar, estos métodos  de identificación no tienen la connotación de pruebas  autónomas y deben ser valorados en  

conjunto con los demás medios de convicción, pero, ante  todo, con el testimonio de la persona que hizo el señalamiento  a partir de las reglas del interrogatorio cruzado y según los  criterios del artículo 404 de la Ley 906 de 2004.9  

De ello resulta que, con independencia de si Duvel Haylor Flórez  Hernández no identificó al procesado en la diligencia  de reconocimiento en fila de personas, lo cierto es que no hay duda  frente al señalamiento directo que desde un comienzo le hizo y  que permaneció invariable durante toda la actuación,  pues cuando aquél presentó la entrevista ante el  investigador de la Policía Juan David Olascuaga Echavarría10,  identificó a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS  como   alias  «Miquima»   o  «CHALJUB»,  lo   describió morfológicamente y aportó información  certera sobre su lugar de ubicación, la que después fue  exitosamente corroborada por los  demás agentes de la SIJIN  asignados a la investigación. Por la misma línea, el  deponente reconoció al procesado en una diligencia de  reconocimiento fotográfico y, al rendir su testimonio en la  audiencia de juicio oral, nuevamente lo identificó y lo  describió como «una persona morena, de  bigote, alta, de labios gruesos, siempre mantenía  ensombrerado y con un  poncho en el hombro,  una ruana».  

                                                        

3. Con                          todo, la                          Corte pudo                          evidenciar que                          el testimonio                          de Duvel                          Haylor Flórez                          Hernández es                          claro, coherente,                          fluido, consistente y uniforme, tanto con lo que                          narró en                          la entrevista                          preliminar, como                          con lo                          declarado por              

9  CSJ AP,  28 Feb.  2018, rad.  50761.  

10  Vid.  Supra,  p.  18.  

los investigadores de la Policía Deivis Manuel Polo de Hoyos,  Juan David Olascuaga Echavarría, Omar Peña Morales,  John Fredy Malambo Tique y José Luis Zárate Morales,  quienes a partir de los resultados que arrojaron sus investigaciones,  pudieron corroborar la fidelidad de la información que el  testigo fuente suministró.  

2.3  Conclusión  

Así las cosas, la credibilidad que tanto a nivel intrínseco  como extrínseco ofrecieron las pruebas de cargo conduce al  estándar de conocimiento que exige el artículo 381 del  Código de Procedimiento Penal para poder condenar. Ninguna  duda emerge en torno de la materialidad del delito y la  responsabilidad penal del procesado, pues se ha dado pleno crédito  al señalamiento directo que el testigo Duvel Haylor Flórez  Hernández le realizó a RAÚL ANTONIO CHALJUB  CÁRDENAS como integrante y colaborador activo de la agrupación  criminal conocida como «Los Urabeños» o  «Águilas Negras»   que,  entre  las  múltiples  actividades   delictivas  a  las que se dedicaban, estaban las de planear y  ejecutar homicidios, secuestros y extorsiones.  

En ese orden, se advierte acertado el juicio de responsabilidad que a  partir de la evaluación crítica de las pruebas realizó  el Tribunal y, por ende, la decisión que se impone adoptar en  esta sede es la confirmación de la sentencia que en segunda  instancia condenó a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS  como autor del delito de concierto para  delinquir agravado.  

            

VII. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de  la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,  

RESUELVE  

CONFIRMAR la sentencia de segunda instancia proferida  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Montería que  condenó a RAÚL ANTONIO CHALJUB CÁRDENAS como  autor del delito de concierto para delinquir agravado y que  fuera objeto del recurso de impugnación especial promovido por  su defensora.  

Contra esta decisión no proceden recursos. Devuélvase  al Tribunal de origen.  

Cópiese, comuníquese y cúmplase.  

GERSON CHAVERRA CASTRO  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

LUIS ANTONIO HERNANDEZ BARBOSA  

FABIO OSPITIA GARZÓN  

HUGO QUINTERO BERNATE  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

NUBIA  YOLANDA NOVA  GARCÍA  

Secretaria  

      

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