SP8033-2015(45043)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP8033-2015  

Radicación N° 45043  

Aprobado acta No. 220.  

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de junio de  dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se desata el recurso de casación interpuesto  por  el  defensor  de  RAFAEL  VELA TAMBO  en contra de la sentencia proferida por  el    Tribunal    Superior    de   Santa   Rosa   de  Viterbo  el  26         de        agosto      de      2014,    que  modificó   la  que  a  su  vez  había  dictado  el  Juzgado  Primero  Penal del  Circuito  de  Sogamoso  el  27   de   mayo  de  del  mismo  año, decidiendo  condenar  a aquél como autor  del  delito de Acceso   carnal   abusivo  con   menor  de  14  años  en  concurso  homogéneo  y sucesivo.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En   la  sentencia  impugnada  se  enuncian  como  hechos  penalmente  relevantes los siguientes:   

…  La  menor  L.M.M.CH.,  de  catorce  años  de  edad,  manifestó  que  en  julio de 2012 se  encontraba  sola en su casa lavando la loza cuando llegó el procesado le dio un  dulce  para  que  se  lo  comiera,  ante  su negativa el procesado tomó un cuchillo, la amenazó de muerte  y  obligó a comérselo y no recuerda nada más. Cuando reaccionó se dio cuenta  que  estaba  en  la  cama  de  sus  hermanos, desnuda de la cintura para abajo y  estaba  sangrando  en  la  vagina  y  VELA TAMBO estaba sentado al lado de ella;  luego  que  éste  se  retiró  fue  al  baño pensando que le había llegado la  menstruación,  sintió  dolor  por  dentro  de  la  vagina y pensó que VELA la  había  violado  cuando  ella  estaba inconsciente. A los ocho días regresó el  procesado  a  la casa de la víctima y de igual manera a pesar de la resistencia  que  le  opuso,  la  obligó  a tener relaciones sexuales con él, hechos que se  repitieron  aproximadamente  quince  (15)  veces en diferentes sitios, le ponía  citas  bajo la amenaza de que si no acudía a ellas la mataba y por miedo de que  le  hiciera  algo  a ella o a la familia o que sus padres se enteraran porque lo  mataban  y  los  metieran a la cárcel, accedía a las  mismas.   

    

1. Procesales     

El  16        de        marzo       de       2013  en  audiencias  celebradas  ante  el  Juzgado  Promiscuo Municipal  de  Mongua  (Boyacá)  con  función  de  control de garantías; (i) se legalizó la captura de RAFAEL  VELA  TAMBO, (ii) se le formuló  imputación  como autor de los delitos de Acceso  carnal  o  acto sexual con persona puesta en incapacidad de  resistir    agravado    (arts.    207    y    211-4  C.P.)  y  de Acceso     carnal     violento    (arts.  205  C.P.)  (iii)  se  le  impuso  medida de aseguramiento consistente en detención preventiva carcelaria.   

El      8      de      mayo       de       2013,  la  Fiscalía  presentó  escrito de  acusación   y  el  3  de  julio   siguiente,  el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito   de   Sogamoso  llevó  a  cabo  la  respectiva  audiencia  de  formulación en la que se acusó  al  procesado  por  los  mismos     delitos  que fueron objeto de imputación inicial.    Luego,    el   23   de        septiembre    del    mismo    año, se celebró la audiencia preparatoria.    

El juicio oral se llevó a cabo en sesiones  del   9,  10  y  30  de  abril  de 2014, al final  de  las  cuales el despacho judicial anunció sentido condenatorio del fallo por  los    delitos    de  Acceso   carnal   o   acto   sexual   con   persona  puesta   en   incapacidad  de  resistir   y   de  Acceso  carnal  violento, ambos agravados conforme a  la   circunstancia   prevista   en   el   numeral  4º  del  artículo  211  del  C.P.,  tal  y  como lo solicitó la Fiscalía en las  alegaciones  finales.  La lectura de esa providencia  ocurrió   en   audiencia   del   27  de  mayo de  2014  imponiéndose  al  procesado  la  pena  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  ambas  por  un  término  de  230 meses.   

En  virtud  del  recurso  de  apelación  promovido   por   el   defensor,  el  26  de  agosto  de  2014  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de  Viterbo     profirió    sentencia    modificando  la  de primera instancia en el sentido de condenar al  acusado  por  el  delito  de  Acceso  carnal abusivo  con  menor  de  14  años  a  una  pena de 158 meses de prisión y de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas.  Contra  esa  decisión   de   segunda   instancia,  el   defensor  interpuso  el  recurso  de  casación  y,   luego,  presentó  la  respectiva  demanda.  Esta última fue admitida el 26      de      noviembre  de  2014 y la respectiva audiencia de  sustentación  oral  se  celebró  el  pasado  12  de  mayo  de 2015.   

L A   D E M A N D A  

          En  primer  lugar, se identifican la sentencia impugnada, los hechos  juzgados,   los  intervinientes  y  la  actuación  procesal  relevante.  Luego,  manifiesta  el  recurrente que la casación persigue el respeto a las garantías  de  los intervinientes y la reparación de los agravios inferidos a éstos, toda  vez  que  la  segunda instancia habría violado el debido proceso al condenar al  acusado  por  una conducta que no fue propuesta por la Fiscalía, con lo cual se  desconoció  el  principio  de congruencia absoluta. En consecuencia, formula un  cargo  único  conforme  a  lo previsto en la causal 2ª del artículo 181 de la  Ley 906 de 2004, y solicita casar la sentencia absolviendo.   

          Rememora  que el Tribunal de Santa Rosa de Viterbo decidió condenar  a  RAFAEL  VELA  TAMBO  por el delito de Acceso carnal  abusivo  con  menor de 14 años, cuando éste no había  sido  imputado  ni  fáctica  ni jurídicamente por la Fiscalía en ningún acto  procesal:  ni  en  la audiencia de formulación de imputación, ni en el escrito  ni  en la audiencia de acusación, ni en la presentación de la teoría del caso  y  mucho  menos  en  las  alegaciones  finales.  En fin, concluye, la acusación  siempre  versó  por  las  conductas  de Acceso carnal  violento  y Acceso carnal o  acto   sexual  en  persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir,  cuyos  supuestos  fácticos son bien diferentes a los del delito por  el cual se atribuyó responsabilidad penal.   

Aduce  que la sentencia de segunda instancia  contiene  un  análisis  sesgado de la decisión proferida por la Corte el 12 de  marzo  de  2014  en el radicado No 36108, y a partir del mismo determinó que le  era  permitido  variar la calificación jurídica de los hechos propuesta por la  Fiscalía.  Ello, continúa, implicó una alteración del núcleo fáctico de la  imputación  y,  de  contera,  una  violación del derecho a la defensa, pues la  acusación  cobijaba  como elementos centrales a controvertir las circunstancias  de  poner  en  estado  de  inconsciencia  y  de  utilizar la violencia contra la  víctima,  los  cuales  fueron  sustituidos  por  el  Tribunal por una diferente  fundada  en  el  abuso  de  la  minoría  de edad, aspecto éste que el defensor  jamás           pudo           cuestionar1.   

Por  último,  reitera  que ha sido la misma  Corte  la  que  se  ha  referido  a  la  prohibición  que  recae  sobre el juez  consistente  en  suplantar las funciones de la Fiscalía, de decretar pruebas de  oficio y de asumir la acusación que se declina.   

S  U  S T E N T A C I Ó N   O R A  L   

    

1. Recurrente     

Se  limitó  a  manifestar que reiteraba los  argumentos de la demanda.   

2. No recurrentes  

2.1 Fiscalía  

Solicita que se desestime el cargo propuesto.  En  ese  orden,  manifiesta  que  el problema jurídico se contrae a la eventual  vulneración  del  principio  de  congruencia como garantía del debido proceso,  para  lo  cual,  dice,  es necesario estudiar el artículo 448 del C.P.P./2004 y  hacer  su  correcta  interpretación,  de  manera  que se entienda que aquél no  implica  perfecta  consonancia  entre  acusación y sentencia, pues se admite en  ciertas  condiciones  la condena por un tipo penal más benigno. Así, rememora,  se  estableció  en  la  sentencia  C-025  de  2010  que  declaró  exequible el  artículo  448  precitado  citándose  para ello la sentencia del 20 de junio de  2005  proferida  por  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso Fermín  Ramírez  vs  Guatemala.  En  igual  sentido,  continúa,  lo  ha explicado esta  Corporación  mediante  la  adopción  de la figura de la congruencia flexible y  rememora  los  requisitos  que  para ello se exige, agregando que tal postura ya  configura línea jurisprudencial.   

Ya frente al caso bajo examen, estima que no  hubo  alteración  del  núcleo  fáctico, se respetó el género de los delitos  aun  cuando  se  varió  la  naturaleza  de  violentos a abusivos, la condena se  impuso  por  un  reato  de  menor punibilidad y se absolvió por el Acceso  carnal  violento por las conductas  posteriores  al  cumplimiento  de  los 14 años por la víctima; razones por las  cuales  concluye  que  la  variación de la adecuación típica realizada por el  Tribunal  se  ajustó  a  la postura de esta Sala, en especial en la providencia  del 30 de julio de 2014, rad. 38142.   

2.2 Ministerio Público  

Luego de determinar el problema jurídico que  propone  la demanda, trae a colación la sentencia 26468 del 27 de julio de 2007  y  reflexiona sobre la naturaleza y efectos del principio de congruencia. Luego,  recuerda  que es posible tanto para la Fiscalía como para el juez, bajo ciertas  condiciones,  apartarse  de  la  calificación jurídica de la acusación. En el  asunto  juzgado,  estima  que se respetó la identidad de los sujetos, así como  de  los  hechos y circunstancias (conductas sexuales de acceso carnal). En torno  a  la  modalidad delictiva, asegura, no hay estricta consonancia pero se acomoda  a  lo  dicho  en la casación 36108 de 2014, en la que se previó la posibilidad  excepcional  de hacerlo, cumpliéndose los presupuestos que allí estableció la  Corte.  En  nuestro  caso, es un delito de la misma especie y era menos gravosa,  relievando  que  las  mujeres  y  las  niñas  víctimas de delitos sexuales son  sujetos  de  especial  protección constitucional, por lo que la interpretación  del  Tribunal  es  aceptable.  Por  ello, considera, el cargo no está llamado a  prosperar.   

     

1. Apoderado de las víctimas     

Inicia  manifestando  que  el  cargo no debe  prosperar.   Hace  referencia  a  cómo  la  Fiscalía  realiza  el  trabajo  de  investigación  para  afirmar  que  al mismo se sujeta el juez. Rememora algunas  consideraciones  de  la  sentencia de segunda instancia, por lo que no existe la  “congruencia  alegada”  relievando  los  hechos que se estimaron probados y que configuran las conductas  punibles  por  las  cuales  se  condenó,  sin que las premisas de esa decisión  hayan sido desvirtuadas.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

I. La cuestión  a  resolver se contrae a determinar si, tal y como lo  asegura  el demandante, se  vulneró   el   principio   de   congruencia   u   otra  garantía  propia   del  debido  proceso  porque  la  sentencia de segunda instancia condenó a RAFAEL  VELA   TAMBO   por   el   delito   de  Acceso   carnal   abusivo   con   menor  de  14  años   (art.   208   C.P.)   en     concurso     homogéneo     y     sucesivo,    cuando  la imputación, la acusación y  el  alegato  final  de  la  Fiscalía  versaron sobre  otros  delitos:  Acceso  carnal  o  acto  sexual  en  persona   puesta  en  incapacidad  de  resistir  (art.  207  C.P.)  y  Acceso  carnal violento  (art. 205 C.P.), ambos agravados porque la víctima era menor de  14  años  (art. 211-4 C.P.). O si, por el contrario,  le   asiste  razón  a  los  representantes  de  la  Fiscalía,  del  Ministerio  Público  y  de las víctimas, en el sentido de que  la  variación  de  la  calificación  jurídica que  realizó  el  Tribunal no  desconoció  garantías fundamentales ni la estructura debida del proceso.   

Antes   que  nada  debe  advertirse  que  el  supuesto  de  hecho  de la nulidad deprecada por el libelista ciertamente  ocurrió        y       que,       conscientes    de   ello,    ninguno    de    los    intervinientes    no   recurrente   lo  discutió.  Es  decir, la  variación  de  la  calificación  jurídica  de los  hechos   efectuada   en  la  sentencia  de  segunda  instancia    es    una  realidad  cierta       e  incontrovertible.    La   discusión   propuesta   gira,   entonces,  es  en  torno a la significación  de   ese  suceso  procesal  en  las  garantías  del  procesado,      particularmente     en  la  congruencia, teniendo en cuenta  que,  según  el  censor,  la  mutación realizada     por     el     Tribunal     habría     implicado   una   alteración  de  la  imputación  fáctica  y,  por  esa  vía, se habría  materializado   una  indefensión  al  emitirse  condena  por  delitos  que  nunca fueron controvertidos.      

II.  La  congruencia  es una garantía del  derecho  a  la  defensa  porque  la exigencia de identidad subjetiva, fáctica y  jurídica  entre  los  extremos  de  la imputación penal, asegura que una misma  persona  sólo  pueda  ser condenada por hechos y delitos respecto de los cuales  tuvo  conocimiento  y,  por  ende,  efectiva  oportunidad de contradicción. Tal  garantía  se  manifiesta  como la necesaria correlación que debe existir entre  la  acusación y la sentencia, con mayor ahínco en aquellos sistemas procesales  que  han  adoptado  como  principio  rector  el  acusatorio.  En  todo  caso, la  congruencia  implica  una  delimitación  del objeto inmutable del proceso penal  que  tiene,  en  lo  fundamental,  una  connotación  fáctica:  los  hechos que  habilitan la consecuencia jurídico-penal.   

En  nuestro  país, el artículo 250 de la  Constitución  Política  define el objeto del ejercicio del poder punitivo como  “los     hechos  que    revistan   las   características   de   un  delito”.   Son   éstos  los  que  determinan  la  extensión  de  la  investigación  y  conformarán el sustrato de la acusación  cuya  confección está a cargo exclusivo de la Fiscalía General de la Nación.  Sobre  el hecho histórico fundamental, entonces, girará el debate en el juicio  oral  sin  que exista la posibilidad de que el mismo pueda ser variado, de allí  la  prohibición  contenida  en  el artículo 448 del C.P.P./2004 según la cual  “El  acusado  no podrá ser declarado culpable por  hechos  que  no  consten en la acusación,…”-. De  esa  manera,  se  ha concluido que la congruencia fáctica entre la acusación y  la  sentencia  debe ser absoluta, así también que tal garantía se extiende al  acto  de  imputación  inicial  para  una  mayor  protección  del  derecho a la  defensa.   

Frente  a  la  congruencia  jurídica,  la  exigencia  se  entiende  relativa  o  flexible  porque  el  mismo  artículo 448  precitado  admite  la posibilidad de que la Fiscalía en sus alegaciones finales  proponga  una calificación jurídica distinta a la prevista en la acusación y,  por  vía de interpretación, esta Corporación también admitió que el juez de  conocimiento  pueda  apartarse  de las denominaciones típicas formuladas por el  órgano  acusador; claro está, en ambos eventos tal opción está sujeta a unas  precisas   condiciones  como  reiteradamente  se  ha  sostenido:   

Con   todo,  la  Corte  ha  admitido  la  posibilidad  de que el Juez profiera sentencia por conductas punibles diversas a  las  contenidas  en la acusación, siempre y cuando (i) el ente acusador así lo  solicite  de  manera expresa, (ii) la nueva imputación verse sobre una conducta  punible  del mismo género, (iii) la modificación se oriente hacia un delito de  menor  entidad,  (iv)  la  tipicidad  novedosa respete el núcleo fáctico de la  acusación,    y   (v)   no   se   afecten   los   derechos   de   los   sujetos  intervinientes.   

En  una reciente decisión acerca del tema  (CSJ  AP,  24  sep.  2014,  Rad.  44458),  reiteró la Sala que cuando de manera  excepcional  el  juez  pretendiera  apartarse de la exacta imputación jurídica  formulada  por  la  Fiscalía,  aun  tratándose  de  la  denominada congruencia  flexible,  era  necesario  que respetara los hechos, se tratara de un delito del  mismo  género  y que el cambio de calificación se orientara hacia una conducta  punible    de    menor    o    igual    entidad.2   

III. En el caso  bajo   examen,  ninguna  vulneración  a    las  garantías   del   acusado   se  produjo  porque  la  readecuación    típica   que   llevó  a  cabo  el Tribunal de Santa Rosa de  Viterbo  no  irrespetó  el  núcleo  fáctico de la  acusación  y siendo éste  el  único  presupuesto  de  la incongruencia y de la  indefensión         que         denunció  el  interesado, por  substracción  de materia, tampoco  éstas  últimas habrían tenido  lugar.       En      efecto,      aunque           aquélla          corporación  procedió  incorrectamente  a  la  variación  de  la  calificación  jurídica,  ello  no fue porque alteró los hechos definidos como  relevantes  por  la Fiscalía a lo largo de todo el proceso, especialmente en la  acusación,  sino  porque, como se verá,   a  tal  medida  se llegó por una  indebida  apreciación  de  esos supuestos fácticos,  es  decir,  la  desvinculación  de  la  imputación  jurídica    estuvo    determinada   exclusivamente  por  el  manifiesto desconocimiento de las reglas de  valoración  de  la  prueba  sobre  la  cual  se fundó la sentencia, como más adelante se demostrará.   

Obsérvese que en la acusación,  así como también en la formulación de la imputación y en la  alegación  final, la Fiscalía expuso como hechos y circunstancias básicas     que     configurarían  los  delitos de Acceso  carnal  o  acto  sexual en persona puesta en incapacidad de resistir       y      de      Acceso    carnal    violento,    las  que   a   continuación   se   enuncian:   

a) En relación  al  Acceso  carnal  o  acto  sexual en persona puesta en incapacidad de resistir  agravado:   

1.  Que  en una ocasión RAFAEL VELA TAMBO  llegó   a   la  vivienda  en  la  que  residía  la  niña  L.M.M.CH.   y   aprovechando  que  ésta  se  encontraba  sola  la  forzó  a comer un dulce que le entregó, luego de lo cual  aquélla perdió momentáneamente la consciencia.   

2.  Que  en  esas condiciones, RAFAEL VELA  TAMBO  accedió  carnalmente  a L.M.M.CH. por la vía vaginal.   

3.    Que  la  víctima contaba,  para ese momento, con una  edad inferior a los 14 años de edad.   

b)  En relación al Acceso carnal violento  agravado, en concurso homogéneo y sucesivo:   

1.  Que  con  posterioridad al hecho antes  narrado,  en  diversas  ocasiones,  RAFAEL  VELA  TAMBO  accedió  por  la  vía  vaginal          a         L.M.M.CH.   

2.  Que  esos  actos  sexuales  estaban  mediados por la fuerza física que el agente imprimía  para   vencer  la  resistencia  de  la  víctima  y,  también,  por  la  moral  porque  la amenazaba con matarla y con divulgar tales  episodios.   

3. Que, por lo menos, ocho de esa clase de  relaciones  ocurrieron  cuando  L.M.M.CH.  no  había  cumplido  los  14  años de edad.    

Con  base  en  los  presupuestos fácticos  anotados,  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Sogamoso dictó sentencia  condenatoria  por  los  delitos  que  fueron  objeto  de  acusación  y  por los cuales le fue solicitada         esa     decisión.     Luego,    al    desatar    el   recurso   de   apelación         interpuesto   por  el  defensor,  el  Tribunal de Santa Rosa de Viterbo  modificó   el   fallo   para   declarar   que   la  responsabilidad  penal  de RAFAEL VELA TAMBO era por una pluralidad de conductas  de   Acceso   carnal   abusivo   con  menor  de  14  años.  Sin  embargo, el  fundamento   de   tal   declaración   no   fue  una  alteración  del  núcleo  fáctico de la imputación  porque   éste  fue  valorado  integralmente  en  la  segunda       instancia      y      porque  los  hechos  a  partir  de los  cuales  reconfiguró  la  tipicidad no eran nuevos ni  diversos;  por  el  contrario,  se encontraban allí  inmersos.   

En  efecto,  de  una  parte, el Tribunal reconoció y se pronunció en  relación  a  los mismos hechos por los cuales se había acusado y condenado, en  primera   instancia,   a   RAFAEL  VELA  TAMBO,  y,  de  la  otra,  las   plurales   conductas   de   acceso   carnal   cometidas   en  L.M.M.CH.  cuando  ésta  era  menor  de  14  años,  fueron  elementos factuales que siempre integraron    el   núcleo   de   la  acusación.  En  esas  condiciones,  el  error de la  sentencia  impugnada  en  esta sede extraordinaria no  consistió  en  la  lesión  de  la congruencia o del derecho a la defensa, sino  en   concluir   que  existían  dudas  sobre  la  “puesta  en incapacidad de resistir”   en  el  primer  delito y sobre la “violencia”   en  el  segundo,    a    partir    de    la   desatención   de   las   reglas   de  apreciación probatoria.   

IV.   Falsos   raciocinios   por  sendas  violaciones    del    principio   lógico   de   razón   suficiente.   

a)  En  relación  al Acceso carnal o acto  sexual    en    persona   puesta   en   incapacidad   de   resistir.    

El   elemento   típico   “puesta     en     estado     de    inconsciencia”,  fue demostrado por la Fiscalía a través de la declaración de  la         víctima        L.M.M.CH.,  quien  en  juicio  oral,  como  lo admitió la sentencia  de            segunda           instancia3,       declaró      lo  siguiente:   

… me entré a  la  cocina a colgar la loza, entonces el señor se fue detrás de mí, yo estaba  colgando  la  loza cuando volteé a mirar, el señor ya me tenía acorralada, me  dijo  que  me  comiera  un dulce, yo no me lo quería comer, el señor cogió un  cuchillo  que estaba en el mesón de la cocina, o sea donde tenemos la estufa de  gas,  me  dijo que si no me comía ese dulce me mataba, pues yo del susto, yo me  lo  comí y ahí recuerdo hasta cuando yo me desperté, estaba en la cama de mis  hermanos,  estaba  con mis interiores abajo, estaba sangrando, él señor estaba  a  mi  lado,  ya  estaba  vestido  y  me  estaba  llamando  por mi nombre, yo me  desperté  me  subí  mis  interiores,  yo  me  fui  para pieza cogí una toalla  higiénica  y  me  fui  al  baño,  quizás  pensé era que me había llegado el  periodo…  al  orinar  vi  que  me  bajaba un líquido blanco además olía muy  feo…   

Sin  embargo,  el  Tribunal  consideró  que  en  el  proceso  no  se acreditó un “estado     de    inconsciencia”  a   partir   de   la   ingesta   de   alguna  clase de toxina o de narcótico,  por   las   siguientes   razones:   1)  Es     inverosímil    el   relato   de   la   menor   en   este   aspecto   porque  nunca  refirió  un  “cambio  físico,  como mareo, decaimiento,..”, es decir, no  precisó  “efectos  posteriores,  ni anteriores al  presunto   estado   letárgico,…”,  salvo    el    miedo   que   sintió;  2)  No  se aportó prueba científica que demostrara  tal   situación;   3)  La   progenitora   de   L.M.M.CH.   no   manifestó  que           hubiese          percibido  síntomas  en su hija de un  posible  estado de intoxicación; y 4) A diferencia de los temas restantes de la  declaración,  el  estado de inconsciencia no fue refrendado por otros medios de  prueba.  De  otra parte, tampoco estimó convincente  la    existencia   de   una   “incapacidad   para  resistir”,  pues  ésta se habría originado en el  “estado  de  temor de la víctima por las amenazas  infringidas   (sic)   por   el   procesado  con  el  arma  blanca”,  lo  cual  constituye una forma de violencia física    que  aseguró nunca se demostró.   

Como   se   observa,   la  afirmación  según la cual  no  se  demostró que el procesado haya ocasionado a la víctima  un   “estado   de  inconsciencia”  o        una        “incapacidad   de  resistir”  como  medio   para   accederla  carnalmente,  no  es  el  resultado  de  una  explicación suficiente porque las  razones  que  adujo  el  Tribunal  para  demeritar  el  testimonio  de  la menor  L.M.M.CH.,  o   constituyen  meras  suposiciones,  o        son  insostenibles  desde  las  reglas  probatorias  del proceso penal o  sólo  atacan parcialmente la prueba en mención, tal  y como se pasa a explicar:   

1.  Se supuso  que  el  estado  de  inconsciencia  que  narró la menor debía producir cambios  físicos     perceptibles    por    las  personas  de su entorno,  sin  que  al  efecto  se  invocara  el  más mínimo fundamento  científico  ni ninguna otra justificación, lo cual  era  necesario  porque el Tribunal dictaminó acerca  de  los  síntomas y consecuencias de una situación de anormalidad psicológica  para   restar   credibilidad   a   la   menor.   Por   esa   vía,  incurrió  en  la falacia argumentativa conocida como petición de  principio.   

2.  Se  estableció una especie de tarifa  legal  al  exigirse que para acreditar una     inconsciencia    transitoria   debía   allegarse  una  prueba  científica.  Esta razón es inválida desde  el  punto  de  vista  jurídico  porque  en el sistema procesal penal colombiano  opera  el  principio  de  la  libertad  probatoria,  según el cual “Los  hechos  y  circunstancias  de  interés  para  la solución correcta del caso, se podrán probar por cualquiera  de  los  medios establecidos en este código o por cualquier otro medio técnico  o  científico,  que no viole los derechos humanos”  (art.  373  C.P.P./2004).  Además,  resulta  paradójica  porque  exigió  un  conocimiento  especializado para creer en la víctima  cuando     narró     que     perdió,   por   un   momento,  el  conocimiento  de  sí misma, de sus  actos  y  de  su  entorno,  mientras  que,  por  su  parte,  lanzó  un dictamen  indiscutiblemente     médico     sin     tener     un     soporte     de    tal  naturaleza.    

3.  Se  creó  una falsa regla de la sana  crítica    según    la   cual   la   eficacia  de  un  testimonio  depende  que aparezca corroborado en  otros  medios de prueba. A más de que esta razón no  se  adecúa  al  mentado  principio  de  libertad  probatoria, tampoco se ajusta a las reglas específicas  de    valoración    de   la   prueba   testimonial  -los   principios  técnico-científicos  sobre  la  percepción  y  la  memoria  y,  especialmente,  lo relativo a la naturaleza del  objeto  percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se  tuvo  la  percepción,  las  circunstancias  de  lugar,  tiempo y modo en que se  percibió,  los procesos de rememoración, el comportamiento del testigo durante  el  interrogatorio  y  el  contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su  personalidad”  (art.  404 C.P.P./2004)-.  A pesar  que  la  credibilidad  en  un  testigo  puede verse fortalecida si otras pruebas  corroboran      su      dicho,     ese  no  es  un  requisito esencial para  que el juez le           asigne    o  niegue   mérito,  mucho    menos    cuando    el   hecho    que    se    relata   sólo   fue  percibido  por  la  víctima  y  el victimario, como  ocurrió  en  el caso bajo examen y es lo común en la mayoría de las conductas  sexuales abusivas.   

4.   Para  desvirtuar  el  episodio según el cual el acusado en la primera ocasión en que  mantuvo  relaciones  sexuales  con  L.M.M.CH.  la  amenazó  con  un cuchillo de  cocina,  ninguna  razón expuso el Tribunal. Este se  limitó  a afirmar, de manera general, que los actos  de   violencia   no  fueron  demostrados,  sin  que  concretamente   analizara  porque  en  esa  ocasión  inicial  consideró falsa la declaración de la menor  en   ese   puntual   aspecto.   Ahora,  ese  vacío  permaneció   aun   cuando  pretendiera  remitirse  a  las  reflexiones  que  se  incorporaron  en  el  examen  del  delito  de  Acceso  carnal  violento, pues ninguna de éstas se refirió  a  lo  ocurrido  en  la  aludida oportunidad.   

En   tales   condiciones,  un  relato  coherente,  pormenorizado,  desinteresado  y,  en  general,  creíble  desde los  criterios  establecidos  en  el  precitado  artículo  404  adjetivo,   que,   además,  fue  respaldado  en  la  valoración  conjunta  de los medios de prueba  incorporados  en el juicio como la realizada  por el  juez     de   primera   instancia;    fue   desestimado   por  el  superior  funcional  en lo que  respecta   al   ingrediente   típico  “puesta  en  incapacidad    de    resistir”,   sin   que   al  efecto  adujeran  razones  suficientes   que   permitieran   arribar  a  dicha  conclusión.   Por  esa  senda  se  desconoció  el  principio  lógico  de  razón  suficiente y, por ende, se incurrió en un falso  raciocinio    que    resultó    harto    trascendente    porque    determinó           una          incorrecta          calificación  jurídica  de los hechos  (Acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14  años  en  vez  de  Acceso  carnal  o  acto sexual en persona puesta en incapacidad de  resistir)  que  produjo  consecuencias     punitivas    más    benignas    a    las    que    legalmente  procedían.     

b) En relación  al   Acceso   carnal  violento  agravado.   

Reconoció      la      segunda  instancia4   que,  en  lo  que  respecta  a  la  violencia  necesaria  para  configurar  el  tipo penal en cuestión,   la   menor  declaró,  entre  otras  cosas,  que:  1)  Que  en  todas  las  oportunidades  en  que  fue  accedida  el  procesado  le  advertía que “si… llegaba a decir  algo  mataba  a  mi mamá, me mataba a mi papá, pero  que  alguien  de  mi  familia  no  se  iba a salvar,  además  que,  como  a mí siempre me dejaban sola él ya sabía cómo llegar…  que     él    tenía    unos    hijos    que    lo    defendían”;             2)  Que  en una ocasión cuando iba al  colegio,  el  acusado  le  gritó  que: “si  no  iba ya sabía lo que le podía pasar, o sea me mataba o  me  golpeaba  como  lo  sabía  hacer”;         y         3)   Que,  como  dos  días  después,  “el señor me dio una  cachetada  y  me  reventó  la  boca”. De  igual  forma,  se  exaltó la parte  del testimonio en que manifestó:   

…  como él  estaba  pendiente cuando yo pasaba para el colegio o cuando pasaba para la casa,  entonces  él ya sabía la hora en la que yo pasaba para el colegio, él siempre  salía  y  me  buscaba…  yo no quería que nadie se fuera a enterar…, era la  única  alternativa  para  llegar  a  mi  casa,  del  colegio a mi casa… yo me  sentía  muy  mal,  sin  ánimo,  no  quería  saber de nada, pero yo tenía que  hacerme  la  fuerte  para  que  mi mamá no sospechara nada… yo le tenía más  miedo  a  ese  señor  que  a  mi  mamá  porque  quizá  el señor me pegó una  cachetada   que   me   rompió   la   boca,  cosa  que  mi  mamá  nunca  lo  ha  hecho.   

El  Tribunal  desestimó  la existencia  de  la  “violencia” (i) porque le generó duda el hecho de que las    lesiones   descritas   por   la  menor   “dejan  secuelas  perceptibles por los sentidos, que sin embargo  no  fueron  advertidas  por  ninguno  de  los  familiares  con los que residía,  especialmente  por  la  madre con quien convivía”,  y    (ii)   porque   infirió   que   los            encuentros  sexuales ocurridos cuando la  víctima  era  ya mayor de  14     años,    fueron    consentidos, especialmente a partir de que ésta  declaró    que    “le    tocaba    prestársele  (sic)” y que algunos de  tales  acontecimientos  tuvieron  lugar  en  la  casa  del procesado.   Esas  únicas   razones   le  permitieron  afirmar:  “De lo expuesto se concluye  manifiestamente  que en realidad no existió violencia física y ni moral en las  agresiones   sexuales   sufridas   por   la   víctimas,   o   al  menos  no  se  probaron…”.   

Con   relativa  facilidad  se    observa    que    en  el  análisis  de la existencia de la conducta de Acceso  carnal  violento  agravado  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  la  sentencia  de segunda instancia también  incurrió  en  un  falso  raciocinio  por  violación  al  principio  de  razón  suficiente.   En  efecto,  desestimó  la  violencia  física     o    moral    que    según    L.M.M.CH.    padeció    en cada uno de los encuentros sexuales  a    que    fue    sometida    por    las  razones  ya  anotadas. De      entrada,      desde  un  punto  de vista netamente cuantitativo, las explicaciones    aducidas   resultan  insuficientes  porque  se refieren a uno solo de los  delitos   acaecidos   cuando   L.M.M.CH.  no  había  llegado  a  los  14  años  de  edad  y  a  los  que sobrevinieron a este  límite  temporal,  olvidando que la víctima contó  que  la  violencia  estuvo presente en cada oportunidad en que RAFAEL VELA TAMBO  la  accedió  y  que  éstas  fueron  no  menos  de  8  antes de cumplir la edad  en  mención.  De  esa  manera, aun cuando la tesis  esbozada  fuese  cierta,  no desvirtúa la fuerza que  habría  determinado  unas  7  conductas ilícitas      de     penetración  sexual.   

Además, de una  parte,    el    primer    argumento   desestimatorio  que  se esgrimió en la  sentencia  de  segunda  instancia,  a lo sumo, cuestionaría la existencia  de  la violencia física mas no  de  la  moral consistente en amenazas contra la vida y la integridad de la menor  y  de  su  familia,  que  esta  última fue   clara  en  describir  como  una  conducta  permanente  del  agresor  para  obtener la  satisfacción  de  su  apetito  sexual y la impunidad de los comportamientos que  desplegaba   para   obtenerla.   De   otra   parte,  cuando  resta  veracidad a las lesiones físicas que  manifestó  la  víctima  le  ocasionó el procesado  en            una            oportunidad,        nuevamente     parte     de     una  suposición               infundada:  la  fatal  perceptibilidad  de    los    golpes  que  se  infligen  en la  cara  de  una  persona,  cuando  es  evidente  que  ello  es  relativo porque  dependerá     de    factores    como,   por   ejemplo,   el  grado     de     fuerza    utilizado  o  la sensibilidad de la  piel  de  la víctima y, en lo que a la lesión en la  boca  se  refiere,  olvida  que  esta  parte  incluye  la  cavidad  bucal (interna) que no es observable exteriormente.   

Por     último,     que  algunas  de  las  conductas  de acceso carnal que se juzgaron  hayan  acontecido  en  el lugar de residencia del procesado o que L.M.M.CH. haya  expresado        que        “le       tocaba  prestársele”,   no  excluye  la  violencia como factor determinador de tales comportamientos; por el  contrario,  el primer argumento es demostrativo de que la magnitud de la amenaza  y   del   dominio   de   la  voluntad  de   la   víctima   era  tal  que  le  permitía  al  agresor,  inclusive,  la elección del sitio en el cual lograr su  cometido   libidinoso,  y  el  segundo  reafirma  el  carácter   obligatorio   de  la  prestación  sexual  de  la  menor,    pues    es    ese   el    sentido    natural    de    la    expresión    –le    tocaba-    y   el   que,  además,  coincide  con  su  sentido   gramatical,   pues   uno   de   los   significados   de   “tocar”   empleado   como   verbo  intransitivo  alude  a  “Ser  de  la obligación o  cargo  de  alguien”,  según  el Diccionario de la  Real  Academia  de  la  Lengua  Española.  En  esas  condiciones,  las  razones  anotadas  no  solo  eran  insuficientes  sino impertinentes a la conclusión de que el elemento típico de  la violencia no se demostró.   

El   vicio  cometido  por  el  Tribunal,  igualmente, repercutió en la indebida valoración  del  testimonio  de L.M.M.CH. desconociéndose que el  relato  allí contenido era digno de credibilidad, no  solo  por  ser  coherente,  completo y detallado al referirse a la violencia que  contra  ella  ejercía  el  procesado  cada  vez  que  quería  accederla,  sino  por la ratificación que obtuvo en las declaraciones  de  los  peritos  Néstor  Ricardo  Castillo  Cárdenas  (médico)  y de Maribel  Tejedor  Fonseca  (psicóloga),  quienes  dieron  cuenta de los resultados de la  evaluación  sexológica y psicológica que a la menor se le practicaron. De esa  manera,  el  error  judicial  fue trascendente porque  determinó  la violación del artículo 205 del C.P.  (Acceso  carnal violento)  en  la  medida  en  que  no  fue  aplicado y, en su lugar, lo fue el 208 ibídem  (Acceso   carnal   abusivo   con   menor   de   14  años) que no abarca el supuesto de hecho demostrado  por  la  Fiscalía  y  que,  además, produjo unas consecuencias jurídicas más  favorables a las que legalmente correspondían.   

V.  En  consecuencia,  la  sentencia  de  segunda   instancia   se   casará   con  el  único  objeto  de  restablecer  la  calificación jurídica  adecuada  de  los hechos que es la de Acceso carnal o  acto   sexual   en  persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir  y  Acceso carnal violento agravado  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo;  no  obstante, en  virtud   del   principio   de   la   no  reforma  en  perjuicio         (art.         188      C.P.P./2004),  siendo  el  defensor  el  único recurrente, no se le      podrá      agravar     la  situación          al          condenado,   por  lo  que      se     mantendrán            las           penas     que     le    fueron      impuestas    a    este    último   por   el  Tribunal,  es  decir,  la prisión y la accesoria de  inhabilitación  de derechos y funciones públicas, ambas por un término de 158  meses.   

D  E C I S I Ó N   

En  mérito  de lo expuesto, la   Corte   Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

CASAR  de oficio y parcialmente  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida contra RAFAEL VELA  TAMBO,  con  el  único  objeto de declarar que los delitos por los cuales se le  condenó  son  los  de Acceso carnal o acto sexual en  persona   puesta   en   incapacidad  de  resistir  y  Acceso      carnal     violento     agravado    en    concurso   homogéneo   y   sucesivo. En lo demás, se confirma la sentencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Al  efecto,  cita  la  sentencia  del  3  de junio de 2009, Rad. 28649, en la que se  establecieron  las  diferencias  de  los supuestos fácticos de un delito sexual  abusivo y de uno violento.   

2  Fallo de casación del 15 de octubre de 2004, Rad. 41253.   

3  Páginas 10 y 11.   

4  Páginas 9-11 de la sentencia.     

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