SP7740-2016(42682)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP7740-2016  

Radicación N° 42.682  

(Aprobado acta N° 172)  

Bogotá,  D. C., ocho (8) de junio de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte decide de fondo sobre la demanda de  casación  presentada  por  la defensa de Javier Pérez  Torres  contra la sentencia proferida el 26 de junio de  2013  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá, que revocó la de  carácter  absolutorio  emitida  el  28  de  septiembre  de  2012 por el Juzgado  Cuarenta  y  Uno  Penal del Circuito Adjunto de la misma ciudad y, en cambio, lo  condenó, en calidad de autor, del delito de fraude procesal.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

El  24  de  julio  de 1998 el médico JORGE  ÁLVARO  REYES  TRUJILLO  intervino  quirúrgicamente  en la cadera izquierda al  señor  REINALDO  ARREDONDO  BONILLA,  cuyo procedimiento fue equivocado, puesto  que  la  programada  para  el procedimiento había sido la derecha. El precitado  ciudadano   formuló   denuncia  en  contra  del  profesional  de  la  medicina,  originándose  así  el  proceso  en  el  que  JORGE  ÁLVARO REYES TRUJILLO fue  condenado  por  el  Juzgado  63  Penal  Municipal  de  Bogotá, por el delito de  Lesiones  Personales Culposas. En trámite de ese proceso, fue llamado el señor  JAVIER  PÉREZ  TORRES  para  que  en su condición de médico emitiera concepto  sobre  el  estado  del  señor  REINALDO ARREDONDO BONILLA, el que efectivamente  rindió  y  ratificó  mediante  declaración  rendida  ante el Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

Como  el  concepto del doctor JAVIER PÉREZ  TORRES  no  guardó coincidencia con la experticia que sobre lesiones personales  le  practicó  el  Instituto  Nacional  de Medicina Legal y Ciencias Forenses al  señor   REINALDO   ARREDONDO   BONILLA,   este   ciudadano  instauró  denuncio  (sic)  contra  el  doctor  PÉREZ    TORRES,    por    los    delitos    de   Fraude   Procesal   y   Falso  Testimonio.1   

2.  El  3  de noviembre de 2005 la Fiscalía  Doscientos  Noventa  y  Ocho  Seccional  de  Bogotá  profirió  resolución  de  apertura      de      investigación      previa2.   

3.  El  8 de septiembre de 2006 la Fiscalía  Sesenta  y  Cuatro Seccional del referido lugar declaró abierta la instrucción  y    dispuso    la    vinculación    mediante   indagatoria   de   Javier        Pérez        Torres3.   

4.  El  19  de junio de 2007 se clausuró el  ciclo                   instructivo4.   

5.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución  de  acusación  del  19 de septiembre siguiente contra Javier   Pérez   Torres,  en  calidad  de  presunto  autor  del  delito  de fraude procesal, tipificado en el artículo 453  del             Código             Penal5.   

6.  Contra  el  pliego de cargos, la defensa  interpuso  recurso  de reposición y en subsidio de apelación. El representante  de  la  parte  civil  solo  incoó  el  de  carácter  horizontal.  Esta última  impugnación,  frente  a ambas partes, se resolvió de manera desfavorable a los  recurrentes,  a  través  de  proveído  del  17  de  julio  de 20086,   que   la  Fiscalía  48  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá declaró nulo, por  ausencia   de   motivación,   el   11   de   septiembre   de   20097.   

7.  En  consecuencia,  una vez reasignado el  asunto  a  la  Fiscalía  57  Seccional de la Capital, el 14 de enero de 2011 se  profirió  resolución  por  cuyo  medio  se  repuso la decisión impugnada y se  precluyó   la   investigación   a  favor  de  Pérez  Torres8.   

8. Inconforme con esta última determinación  la  parte  civil  la apeló, siendo revocada, el 19 de septiembre de igual año,  por  la  Fiscalía  45  Delegada ante el Tribunal Superior, en orden a acusar al  sindicado  por  los  injustos  de fraude procesal y falso testimonio9.   

9.  El  5  de diciembre siguiente el Juzgado  Cuarenta  y  Uno Penal del Circuito de Bogotá avocó el conocimiento del asunto  y  fijó  fecha  para  la  celebración de la audiencia preparatoria10,  la cual se  llevó   a   cabo   el   7   de   marzo   de   201211.   

10.  La  vista  pública  de  juzgamiento se  desarrolló    en    varias    sesiones,   el   2012  y  21  de junio13     y  1614,                   1715  y  31  de julio16   de  esa  anualidad.   

11.  Mediante sentencia del 28 de septiembre  posterior,  la  Juez  Cuarenta  y  Uno  Penal  del  Circuito  Adjunto de Bogotá  absolvió    a   Javier   Pérez   Torres     de    los    cargos    imputados17.   

12.  Dicho  fallo  fue  impugnado  por  el  apoderado  de  la  parte  civil y revocado parcialmente, el 26 de junio de 2013,  por   la  Sala  de  Decisión  Penal  –mayoritaria18-  del  Tribunal  Superior de  Bogotá,  en  el  sentido  de  declarar  al procesado penalmente responsable, en  calidad  de  autor, del delito de fraude procesal y confirmar la absolución por  el reato de falso testimonio.   

En   consecuencia,  le  impuso  las  penas  principales  de  cuatro  (4) años de prisión y multa en cuantía de doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, así como la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  cinco  (5)  años.  Igualmente,  lo  sentenció  al pago de cinco (5)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  por  concepto  de  perjuicios  morales.  En  todo  caso,  le  concedió  la  prisión  domiciliaria19.   

13. Contra ese proveído los apoderados de la  defensa    y   la   parte   civil,   interpusieron20  y  sustentaron21  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

14. Dentro del término de traslado para los  sujetos   no   recurrentes,   el  defensor  de  Pérez  Torres  allegó  un memorial por cuyo medio se opuso a  la  admisión  de  la  demanda  de  su  contraparte22.   

15.  Mediante  auto  AP7102-2014  la  Corte  inadmitió  el  libelo presentado por la parte civil y admitió el formulado por  la   defensa23.   

16.  El  pasado  5  de  mayo  la Procuradora  Tercera   Delegada   para   la   Casación   Penal   emitió   el   concepto  de  rigor24.   

LA DEMANDA  

Luego de identificar los sujetos procesales y  la  sentencia  recurrida,  el  defensor  compendia  la  cuestión  fáctica y el  devenir  procesal, para, enseguida, dedicar un acápite a la necesidad de que la  Corte  se pronuncie en el caso de la especie. En este punto, procura que se haga  efectivo  el  derecho  material y se repare el agravio inferido al procesado con  la condena.   

En   este   segmento,   destaca  cómo  el  denunciante  y  su  abogado,  prevalidos  de  alguna  suerte  de  «avidez       económica»25,  creyeron  que  además  de  los  perjuicios  obtenidos  en  el  proceso penal por lesiones  personales  podían  lucrarse del aquí enjuiciado, quien únicamente rindió un  concepto  médico que no tuvo ninguna injerencia en aquella actuación, tal como  lo  dijeron  varios  expertos  y  lo  inadvirtió el ad  quem,  cuando  omitió  la  apreciación  de  algunas  pruebas y tergiversó otras.   

Invoca  la  casación  excepcional,  en  los  términos  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, habida cuenta que el delito  de  fraude  procesal  oscila entre 4 y 8 años de prisión y, en ese sentido, no  cumple  con  el  requisito  consistente  en  que  el  máximo exceda de 8 años.  Señala,  asimismo,  que  la  sentencia  impugnada  vulneró  los  principios de  legalidad  y  debido  proceso  ya  que  se  condenó  a  su representado por una  conducta   atípica,   como   consecuencia   de   una   inadecuada  apreciación  probatoria.   

Formula  tres  cargos,  uno  principal y dos  subsidiarios.   

2.1. Primer cargo (principal)  

Por  la ruta de la causal primera, invoca la  violación  indirecta  de la ley sustancial por errores de hecho en los sentidos  de  falsos  juicios  de  existencia e identidad, que condujeron a la aplicación  indebida del artículo 453 del Código Penal.   

En desarrollo del reproche, previa cita de un  aparte  del  fallo  de  segundo nivel, correspondiente al análisis de tipicidad  del  delito  de  fraude  procesal,  en  el  que  se le atribuye al acusado haber  rendido  un  dictamen  pericial  de  avalúo  de  perjuicios dentro del radicado  2002-00126,  seguido  contra  el  doctor  Jorge  Álvaro  Reyes Trujillo, por el  delito  de  lesiones  personales  culposas,  y  no  un concepto médico, como lo  entendió   la   juzgadora   de  primera  instancia26,  el demandante destaca que,  el  Tribunal  equivocó la secuencia procesal sobre la forma en que se ordenó a  la  Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica la opinión pericial que rindió  su  representado  –la cual  enlista-.   

En  aras  de  demostrarlo,  indica  que  las  pruebas  sobre  las  que  recayó  el  falso  juicio  de  existencia  denunciado  –las  cuales  transcribe-  son  el acta de audiencia preparatoria del 2 de septiembre de 2002 y el auto del  29  de  agosto  de  2003,  por  cuyo  medio  se  decidió sobre una objeción al  dictamen pericial rendido por el procesado.   

La  primera  de  ellas  indica que el oficio  enviado  a  la Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica no tuvo origen en una  prueba  decretada por el ente instructor sino en una orden del juez de la causa,  a  petición  de esa parte, cuestión que quedó clara en la aludida providencia  del  29  de agosto, en la que además se especificó que lo solicitado al doctor  Pérez Torres fue un concepto  médico  ortopédico y no que tasara los perjuicios, tarea ésta que cumplió la  abogada Magda María Rodríguez Osorio el 11 de julio de 2005.   

En ese orden, es del criterio que la ausencia  de  reconocimiento  de  perjuicios  en  el  informe  que  rindió su asistido no  constituyó  ninguna  situación  engañosa  o  que  indujera  en error pues tal  actividad no le fue encomendada a él por el juzgador.   

Por  su parte, las pruebas tergiversadas por  el  juez  plural  fueron  el  concepto  médico  del 19 de agosto emitido por su  prohijado  y las declaraciones rendidas por él en las audiencias del 6 de marzo  de  2002  y  23  de  octubre  de  2003,  las  cuales  fueron incorporadas a esta  actuación mediante inspección judicial.   

La  pericia,  dice el letrado, distinto a lo  estimado  por  el  ad quem, no  se  refiere al error médico del doctor Jorge Álvaro Reyes Trujillo ni niega la  existencia   de   los   perjuicios   –materiales  o  morales-; por ello, el Tribunal no podía sugerir que  el  acusado  señaló  en  ese  informe  que  el  paciente  no sufrió perjuicio  económico  ya  que  su  trabajo  se  limitó  a  establecer  el  estado  de las  articulaciones de la cadera del paciente, para ese momento.   

En  cuanto  a las mencionadas declaraciones,  aduce  el  casacionista  que  la  magistratura las mutiló cuando afirmó que la  finalidad  exclusiva  del concepto era la de establecer perjuicios económicos y  que  Pérez  Torres aseveró  que  el  agredido  no sufrió ningún perjuicio valorable en dinero por el error  en  la  cirugía,  siendo  que  i)  desde  marzo  de 2002, esto es, previo a que  rindiera  su  informe,  señaló que la intervención quirúrgica «le  había  causado  perjuicios  al  paciente,  que  estimó  en el  acortamiento  de  la  pierna  y  los  días  de  incapacidad  requeridos para la  recuperación»27   y  ii)  la  opinión  del  procesado  fue solicitada por el juzgador para dirimir un aspecto contradictorio  del  dictamen  de  medicina legal en punto de la movilidad prácticamente normal  de  la  cadera  del  paciente  y  la  simultánea deformidad severa de esa parte  anatómica.   

Resalta  cómo la colegiatura argumentó que  el  enjuiciado  manifestó  que  no existían perjuicios por la operación en el  lado  equivocado  del cuerpo; sin embargo, lo dicho por él, el 23 de octubre de  2003,  es  que  la cadera izquierda, operada por el doctor Reyes, estaba con una  función  adecuada  y  que  «había un perjuicio que  consistía  en  los  tres  meses  de  incapacidad, gastos médicos y afectación  moral»28,  lo cual es consistente con  lo sostenido en marzo de 2002.   

Relieva,  en  este  punto,  que  cuando  se  cuestionó  a  su  prohijado  sobre  «si  la  cadera  izquierda  tenía  algún  daño  o limitación que pudiera constituir perjuicio  valorable  económicamente,  fue  claro  en  responder  que no, lo que no quiere  decir,  como  equivocadamente  lo señala el Tribunal, que el doctor PEREZ (sic)  TORRES  crea  que no se causó ningún perjuicio valorable en dinero»29.   

Así  mismo,  aclara  que  lo  dicho  por su  procurado  fue  que,  de  no  haberse  presentado  el error de lateralidad de la  cirugía,  no  habrían daños y perjuicios por el acortamiento de la extremidad  y  los  días  de  incapacidad generados porque estos son consecuencia normal de  ese  procedimiento;  pero  como  no  existía  consentimiento  del paciente para  intervenirlo en el costado izquierdo, sí se generaron perjuicios.   

Los yerros valorativos son relevantes pues si  las  pruebas  hubieran sido valoradas en su totalidad y sin tergiversaciones, el  Tribunal  no  habría concluido que el procesado rindió un dictamen pericial de  daños  y  perjuicios  sino un concepto médico, lo cual hubiera conducido a una  sentencia absolutoria.   

Solicita casar la providencia impugnada y en  su reemplazo dictar otra de carácter absolutorio.   

2.2. Segundo cargo (subsidiario)  

La invocación de este reproche es idéntica  a  la  de  la  primera censura, pero, esta vez, los falsos juicios de existencia  los  hizo  recaer en los testimonios de los médicos José María Niño, Alberto  Rodríguez  Amaya  y  Gloria Mercedes Jiménez y los falsos juicios de identidad  por  tergiversación  en  las versiones de Jorge Eduardo Manrique y Javier Pérez Torres.   

En soporte de su reparo, el jurista parte por  recordar  que  para su consumación, el tipo penal de fraude procesal demanda el  uso  de  un  medio  fraudulento  con  la  virtualidad  de engañar a un servidor  público  que,  en  el  caso  concreto,  según  el  denunciante  y el Tribunal,  consistió  en  rendir  un  dictamen  que  contravenía las demás pericias (del  Instituto  de  Medicina  Legal,  de la Junta de Calificación de Invalidez y del  médico  Jorge  Eduardo  Manrique),  mientras  que el a  quo  discernió  que  aquel  no  era  contrario  a  la  realidad  ni  contradictorio  con  las  evaluaciones  del  Instituto de Medicina  Legal,   tal   como   lo   señalaron   los   expertos   que   comparecieron  al  juicio.   

Advera  el  censor  que, aunque en el fallo,  genéricamente,   se   alude   a   que   «“existen  diferencias  en  la  valoración  adelantada  por distintos médicos que en este  asunto  conceptuaron”,  ello no significa que los testimonios [de José  María  Niño,  Alberto  Rodríguez  Amaya  y Gloria Mercedes  Jiménez]      fueron      apreciados»30,  ya  que  estos médicos no  conceptuaron        en        el       proceso31,   sino  que  rindieron  su  testimonio  y,  en todo caso, no basta mencionar las pruebas en las providencias  sino que deben ser analizadas.   

Previa  cita  de  algunos  apartes  de  esas  narraciones,  reseña  que el primero de los testigos es específico en señalar  que  el concepto del acusado no es contrario a la realidad ni se refiere al tema  de    los   perjuicios   y   que   el   sistema   utilizado   por   Pérez  Torres para medir las extremidades  del          paciente          –ortoradiografía- es el ideal.   

El       segundo      –que   valoró   al   denunciante   en  representación  del  Instituto  de  Medicina  Legal-,  por  su parte, arguye el  demandante,  no  solo  reiteró  que  el informe del enjuiciado era válido y no  aludía  a  perjuicios  sino  que expresó que no contradice en nada al de dicho  Instituto  porque  aquél se emitió en el ámbito de una consulta, mientras que  el  forense  se  expidió  por  un auxiliar de la justicia, a lo que se suma que  coincidió  con  el sentenciado en que la secuela consistente en el acortamiento  se  corrige  con una plantilla en el zapato, afirmación del procesado que, para  el  Tribunal,  correspondió  a  un  acto  de  desinterés  e  irrespeto  por la  víctima.   

Aunque este deponente está en desacuerdo con  el  acusado  en  la  existencia de daño, lo cierto, dice, es que ello fue así,  dado  que «para esa respuesta él toma la incapacidad  como  “daño”,  y  el doctor PÉREZ se refiere es a que la cirugía como tal  no  causó  daño  a la cadera, en lo cual están también de acuerdo, porque no  hay  que  perder  de vista que en una respuesta anterior el declarante dijo que,  “la  superficie articular no sufrió daño y cuando  se  terminó el postoperatorio de la osteotomía siguió funcionando como estaba  antes”»32.  (Negrillas           originales).   

Y     la     tercera     –médica  especializada  en  anatomía  patológica  y  perito  del  Instituto  de Medicina Legal por más de 20 años-,  sostiene   el   letrado,   igualmente,  aseguró  que  el  concepto  del  doctor  Pérez  Torres  es coherente  con  la  orden del Juez 59 Penal Municipal de Bogotá, la cual no involucraba la  determinación  de  perjuicios  y  tampoco  es contradictorio con el dictamen de  Medicina Legal.   

Si  la  Sala  de Decisión Penal no hubiera  omitido  estas  declaraciones  no  habría  afirmado  que  lo conceptuado por el  condenado  no  corresponde  a la realidad y que es inconsistente respecto de los  otros  dictámenes,  menos  con  el  de  la  Junta  Regional de Calificación de  Invalidez,  pues  el  del enjuiciado no evaluó la pérdida de capacidad laboral  del ofendido.   

Ahora, a fin de acreditar la tergiversación  denunciada  en este cargo, el libelista compara los testimonios de Jorge Eduardo  Manrique  –médico que, con  posterioridad  a  la  cirugía  practicada  por Jorge Álvaro Reyes Trujillo, le  realizó  reemplazo  total  de  la cadera derecha al denunciante- y Javier    Pérez    Torres    con    las  consideraciones  del Tribunal, para concluir que la estimación de este operador  judicial,  según  la  cual,  el  primero  disintió respecto del segundo cuando  afirmó  «pero  lo  que sí puedo decir es que no es  una    cadera    normal    como   lo   afirma   el   doctor   PÉREZ»33,  es errada porque lo que en  realidad  afirmó  el  doctor Manrique González es que estaba de acuerdo con el  procesado,  ya  que «el doctor PÉREZ TORRES señaló  que  podría  requerir  un  reemplazo  más  adelante  debido a la displasia que  sufrió  de niño (…) y el doctor JORGE MANRIQUE, (…) dice que se trataba de  un   paciente   que   había  sufrido  de  displasia  y  eso  hacía  su  cadera  anormal»34.   

Agrega que los dos coincidieron en que en el  momento  de  la  valoración del paciente éste no presentaba daño en la cadera  izquierda,  tanto  que  no requirió tratamiento quirúrgico en ese lado sino en  el derecho.   

Si   el   ad  quem   no  se  hubiera  equivocado  en  el  análisis  probatorio,  como lo hizo, no habría concluido que el concepto del procesado es  un  medio  fraudulento  sino  que  responde  a  lo  solicitado por el juzgador y  «plasma   una   realidad   avalada   por   expertos  médicos»35,   de  tal  suerte  que  la  sentencia sería absolutoria.   

La  petición  es idéntica a la del primer  reproche.   

2.3. Tercer cargo (subsidiario)  

La  propuesta  es  igual a la de los cargos  anteriores  salvo  porque,  aduce  el casacionista, los yerros también habrían  conducido   a   la   aplicación   indebida   del   artículo   22  del  Código  Penal.   

Una  vez  cita  los  apartes  del  fallo de  primera  instancia, que descartan la existencia de dolo en el comportamiento del  doctor  Javier Pérez Torres y  los  del  proveído  de  segundo  grado  que sí lo deducen, al aseverar que él  sabía  que el dictamen a realizar era de valoración económica de perjuicios y  que  igualmente  obró  para  favorecer  al  galeno  investigado,  pues  siempre  aseguró  que  aquellos no se causaron, el demandante es de la idea que ésto es  producto  de  falsos  juicios  de  identidad  respecto de las actas de audiencia  pública  del  6 de marzo de 2002 y 26 de octubre de 2003 y de existencia frente  a  los testimonios de Gloria Jiménez y Alberto Rodríguez y la sentencia del 27  de junio de 2006 del Juzgado 63 Penal Municipal de Bogotá.   

En punto de los primeros defectos, arguye el  recurrente  que,  distinto  a lo manifestado por el juez colegiado, su prohijado  no  pretendía  favorecer  al  profesional de la medicina procesado por lesiones  personales,  toda  vez  que  le  atribuyó  a él la responsabilidad de la falla  médica  cuando indicó que éste fue «quien decidió  proceder   sin  asistencia  de  radiólogo,  que  no  debió  confiarse  en  las  respuestas  del  paciente,  que  las consecuencias normales de la cirugía, esto  es,  el  acortamiento  de  la  pierna y los días de incapacidad, debe (sic) ser  consultados   necesariamente   con   la   persona  que  va  a  ser  intervenida,  etc.»36  y que existía un perjuicio  para  la  víctima  consistente  en los días de incapacidad laboral, los gastos  médicos  y  el  acortamiento de la pierna, el cual debía calcularse atendiendo  su salario, la actividad laboral y la afectación moral.   

Además,   el   acusado   extendió   la  responsabilidad  de  la  equivocación  de la cirugía a los demás miembros del  equipo  médico  y  a  la  clínica,  por  lo que «es  insólito  concluir,  como  lo  hace  el  Tribunal,  que el doctor JAVIER PÉREZ  TORRES  quería  favorecer  al médico ÁLVARO REYES, por el hecho de no indicar  una    valoración    económica    de    perjuicios    en    su    informe    y  declaraciones.»37   

Añade  el  impugnante que para examinar el  conocimiento,  como  ingrediente del dolo, es necesario analizar la forma en que  el  Juez  59  Penal  Municipal  le  señaló al enjuiciado que debía valorar al  paciente  y  rendir  su concepto, pues aquél no atendió la orden probatoria de  la  Fiscalía  o  la  impartida  en  la audiencia preparatoria sino la señalada  directamente  en  la audiencia pública del 6 de marzo de 2002, en la que jamás  se le indicó que estableciera perjuicios económicos.   

El censor reconoce que en el oficio del 2 de  septiembre  de  2002, remitido a la Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica,  se  señaló  que  debía  designar  un  médico  para que practicara un avalúo  pericial;  no  obstante,  luego  de  ello, «de manera  directa,  verbalmente  y  por  parte  del  Juez  de  la  Causa  que  ordenó  la  prueba,  se  le  indicó  al doctor PÉREZ TORRES que  debía   examinar  al  paciente  para  rendir  un  concepto  médico»38           (Subrayas  originales).   

De  otro  lado,  el  letrado afirma que los  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión  se  produjeron  respecto  de las  declaraciones  de  los  doctores  Gloria  Jiménez  y  Alberto  Rodríguez  y la  sentencia  del  27  de  junio  de  2006 proferida contra el doctor Jorge Álvaro  Reyes Trujillo por el Juzgado 63 Penal Municipal de Bogotá.   

Destaca  que ambos médicos fueron expresos  en  señalar  que  el  concepto  del  acusado  es  de carácter clínico y no de  valoración  de daños y perjuicios y que para el primero de los deponentes este  último  tipo  de dictamen no correspondía a su especialidad, mientras que para  la   segunda   el  informe  rendido  es  coherente  con  lo  solicitado  por  el  Juzgado.   

Así mismo, resalta que la declaración del  procesado  sirvió  de  prueba  incriminatoria  en  el  fallo, por cuyo medio el  doctor  Jorge  Álvaro  Reyes  Trujillo fue condenado por el injusto de lesiones  personales.  Para demostrarlo, transcribe el fragmento correspondiente y critica  al  ad quem por ignorar que el  criterio  de su defendido, antes que favorecer al profesional Reyes Trujillo, lo  comprometió    penalmente    al    señalar   la   existencia   de   un   error  médico.   

En  sentir  del  recurrente, si el fallador  plural   no   hubiera  incurrido  en  los  defectos  reseñados,  «la  base fáctica para hacer la inferencia del dolo hubiera sido lo  que    realmente    ocurrió   y   no   lo   que   el   Tribunal   erróneamente  concluyó»39, y habría dictado sentencia  absolutoria.   

Reclama  casar  la  sentencia  demandada  y  proferir otro de carácter absolutorio por atipicidad subjetiva.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación  Penal solicita casar la sentencia impugnada para, en su lugar, dictar  fallo  de  reemplazo  absolutorio  a  favor  de  Javier  Pérez    Torres,    conforme   a   las   siguientes  razones:   

En cuanto al primer  cargo, luego de hacer un recuento pormenorizado de las  actuaciones  surtidas  en  el  proceso  penal  tramitado contra el médico Jorge  Álvaro  Reyes  Trujillo,  concuerda con el demandante en que el Tribunal no las  tuvo  en  cuenta,  lo  cual  lo  condujo  a ignorar que la pericia solicitada al  doctor    Pérez   Torres  «tenía  como  finalidad emitir un concepto médico,  no  uno  que  calculara  los  daños  y perjuicios representados en determinadas  sumas    de    dinero»40,  criterio  que  se reafirma  con  la versión del procesado del 20 de julio de 2012 en la que señaló que no  era  un  experto en la tasación de perjuicios y con el auto del 29 de agosto de  2003,   en   el   que   la   Juez   de  esa  causa  estimó  que  «(…)  evidentemente  no  podía  el médico perito hacer otra cosa  que  emitir  su  concepto médico, el cual fue requerido por su experiencia vale  decir,  por  su pericia adquirida en la práctica de la medicina ortopédica, no  así  entrar  a  señalar  una  suma  determinada  de  dinero  por  concepto  de  perjuicios,  por  cuanto  ello  no  le corresponde a un médico sino a un perito  experto  avaluador  en  daños  y  perjuicios. (…)41».42   

Como   la  juzgadora  consideró  que  al  procesado  «no  le correspondía indicar el valor de  los  perjuicios,  ni  referirse a los mismos, en tanto no era el espíritu de lo  solicitado  en  la  comunicación,  dado  que  no  se  trataba  de un experto en  tasación  de  daños  y  perjuicios  económicos  sino  que  se  trataba  de un  ortopedista   para   que   definiera  el  grado  del  daño  ocasionado  con  la  intervención   quirúrgica   realizada»43,  opina que  «aquél  no  elaboró  una situación engañosa o un  argumento  a  través  del  cual  intentara  inducir en error en la tasación de  perjuicios    de    la    víctima    Reinaldo   Arredondo   Bonilla»44,   pues   su  labor  estaba  restringida  al  «estudio de las lesiones del aparato  locomotor  en  un  reconocimiento  de su funcionalidad luego de la intervención  quirúrgica,  por manera que no podía equiparársele a un dictamen para evaluar  y  calcular  el  monto  de  los  daños  y  perjuicios,  como  lo  entendió  el  Tribunal»45.   

En punto del error de hecho por falso juicio  de  identidad  denunciado, afirma que es verdad, como lo sostiene el recurrente,  que  en  el  dictamen  del  19  de  agosto  de 2003, el acusado no concluyó que  hubieran  perjuicios  materiales,  pero  no  lo  es  que,  en  su  ampliación y  aclaración   realizadas  a  través  de  la  declaración  del  23  de  octubre  siguiente,  no  haya  expresado que no había daño y que tampoco había lugar a  estimar suma alguna de dinero por este concepto.   

En  todo  caso,  destaca  que  se omitió o  distorsionó  la  declaración vertida por el acusado el 6 de marzo de ese año,  en  la  que  dijo  que el doctor Reyes Trujillo cometió un error quirúrgico de  procedimiento  al intervenir al paciente en una cadera sana, lo que le causó un  acortamiento  de  1  a  1.5  centímetros y un déficit transitorio del músculo  glúteo  medio  que  a  su  juicio  podía  corregirse con terapia física, y el  testimonio  del doctor Óscar Alonso Campuzano Cuartas -apoderado de la Clínica  Santa  Rosa  De  Lima-,  quien  aludió  al  perjuicio  causado al paciente, con  ocasión  de  los  tres  meses  de  incapacidad  y  el acortamiento propio de la  cirugía,  medios  de  prueba  que  mostraban  que la experticia a rendir por el  procesado  estaba  relacionada  con  la  funcionalidad  de la cadera y no con el  avalúo  y  su  conversión  a  moneda  legal  como parece entenderlo la segunda  instancia.   

A juicio de la representante de la sociedad,  lo anterior demuestra la trascendencia de los errores denunciados.   

Además,  con apoyo en la sentencia CSJ SP,  27  jun.  2012,  rad.  32.882,  tras  resaltar  que  al  analizar la pericia del  especialista,  el funcionario judicial debe tener en cuenta tanto su conclusión  como  el  procedimiento  técnico  para  llegar  a  ella, pues esta revisión le  permitirá  fijar  el  contexto exacto en que se rinde el dictamen, recuerda que  el  juez  es perito de peritos, pudiendo acoger o apartarse total o parcialmente  del contenido del informe respectivo.   

En  ese  orden,  en el asunto examinado era  posible  establecer  que  la  experticia  «no estaba  destinada  a  fijar  el  cálculo  de  los daños y perjuicios, sino un tema muy  distinto,  por manera que el sentenciador a través de la omisión y distorsión  de  los anteriores medios probatorios llegó a conclusiones erradas a través de  las    cuales   fundamentó   la   condena   del   procesado   (…)»46.   

En torno al segundo  cargo,   encuentra  acreditado  el  falso  juicio  de  existencia  por omisión de los testimonios de los médicos José María Niño y  Gloria  Mercedes  Jiménez  Rodríguez,  quienes distinguieron entre el concepto  rendido  por  el  enjuiciado y el dictamen de medicina legal, precisando que, en  el  primero,  de carácter clínico, simplemente hay una descripción de un caso  en  que  son  detalladas  las  condiciones  radiológicas  y  funcionales de las  caderas  y los miembros inferiores de un paciente pero no puede considerarse que  su  contenido  fuera  contrario a la realidad, aclarando que las formas  de  medir  la  longitud  de  las  extremidades por parte del perito del Instituto de  Medicina  Legal  y  el  procesado,  simplemente eran diferentes, mientras que el  segundo,  de naturaleza legal, analizó las causas y las secuelas, por lo que no  podría asegurarse que fueran contradictorios.   

A  partir  de  esa  omisión,  asevera,  la  colegiatura  «construyó un argumento según el cual  el  estudio era contrario al dictamen de medicina legal, conclusión a partir de  la  cual  estructuró una responsabilidad penal y la consecuente condena, cuando  queda   en   evidencia   que  ambos  estudios  tenían  una  índole  totalmente  diversa»47     y    no    resultaban  equiparables.   

En este punto, considera que se ignoró que  el  doctor  José  María Niño advirtió una diferencia en la forma de calcular  la  longitud  de las extremidades, ya que a veces se utiliza la ortoradiografía  y  en  otras  ocasiones la medición clínica, la cual da cabida a una medición  inexacta,  siendo  enfático  en  precisar  que  el  estudio del procesado no es  contrario a la realidad.   

También, opina, se dejó de analizar que el  médico  Alberto  Rodríguez  Amaya aseguró que i) el concepto del procesado se  redujo  a una evaluación del paciente al momento de la consulta y a la conducta  médica  a  seguir,  sin  evaluación del daño, al paso que el dictamen rendido  por  un  auxiliar  de  la justicia que da respuesta a un funcionario judicial en  los  términos  que  señala  el  Código  de  Procedimiento  Penal, alude a una  incapacidad   y  a  unas  secuelas  forenses,  lo  que  constituye  dos  idiomas  distintos;  y ii) «la superficie articular no sufrió  daño   y  una  vez  terminado  el  postoperatorio  de  la  osteotomía  siguió  funcionando  como  antes  de la intervención, (…) luego el daño estuvo en el  tiempo   postquirúrgico  de  cicatrización  de  la  osteotomía,  lo  que  fue  calculado  en  100  días  y  en  el evento de una secuela, existe el remedio de  utilizar  una  plantilla  en  el  zapato,  recomendación  que  resulta  válida  –pues    era    la  recomendación,  pues  planteo  (sic) que el primer paso era intentar corregirla  en  la  cirugía  que se efectuase en la otra cadera y que solo de no efectuarse  en  dicho  procedimiento  se podría recurrir a la plantilla-, pero que resultó  ofensiva  para  el  Tribunal,  cuando  el  punto de discusión se centraba en la  funcionalidad  del  órgano  al  momento  del  examen  clínico  y  no  al monto  pecuniario   que  tal  situación  pudiese  tener  en  términos  de  perjuicios  materiales   o  morales»48.   

Y,  tampoco  se valoró que el galeno Jorge  Eduardo  Manrique  observó  un  desgaste  en  la  cadera  derecha  y  no  en la  izquierda, diagnóstico en el que coincidieron ambos profesionales.   

De  este  modo, la Delegada concluye que la  conducta    desviada    atribuida    al   incriminado  «surge de la omisión y distorsión de los medios de  prueba  analizados,  verificándose  que  su  reconocimiento  es producto de los  errores  de  apreciación  del  juzgador  y no del contenido exacto del concepto  emitido  por el procesado»49.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Finalmente,   frente   al   tercer  cargo,  opina  que el ad  quem  se  equivocó  al tergiversar la  declaración  del procesado del 6 de marzo de 2003 y deducir el dolo a partir de  considerar  que  aquél  tenía  pleno  conocimiento  acerca  de que el dictamen  llamado  a  rendir  estaba  relacionado  con  la  valoración  económica de los  perjuicios  causados  al  paciente  y  que lo elaboró con la clara finalidad de  favorecer al médico acusado.   

Para  acreditarlo,  recuerda  que,  en  esa  oportunidad,  el  acusado  indicó  que  tanto  el  médico  Jorge Álvaro Reyes  Trujillo  como  todo  su equipo de colaboradores cometió un error quirúrgico y  que  sí  se  causaron perjuicios «porque fueron tres  meses  de  incapacidad  que requiere la cadera para su recuperación, se produce  un   acortamiento   propio  de  la  cirugía,  si  la  cadera  está  enferma  y  lógicamente  si  no  está enferma, se consideran perjuicios queda pendiente la  última  valoración  para definir las incapacidades definitivas que pueda tener  este     paciente»50, manifestación reiterada el  23  de  octubre de la mentada anualidad, cuando aceptó la existencia del daño,  pues  no  existió  consentimiento  del  paciente  para la operación de la otra  cadera,  insistiendo,  en  todo caso, en que como la operación fue exitosa y no  encontró  reducción  en  el ángulo de movilidad de la cadera, no había daño  desde el punto de vista funcional.   

Por  lo  anterior,  la  representante  del  Ministerio  Público, es de la idea que «el procesado  redujo  su  concepto  al  análisis  clínico,  con  una  ausencia  total, en su  comprensión  de  que  debía establecer unos perjuicios económicos, cuando él  mismo  indicó  que  esa  materia,  no  era  de  su  competencia, más sí la de  verificar     el     real     estado     de     la     articulación»51,  cuestión  ignorada por la  magistratura  al  inferir  que,  con  el  ánimo  de  favorecer  un  colega,  el  enjuiciado,  libre y voluntariamente, se abstuvo de fijar los daños ocasionados  con  la conducta punible del médico Jorge Álvaro Reyes Trujillo, siendo que su  concepto tuvo otra finalidad.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  problema jurídico planteado por el  demandante  se  circunscribe a establecer si el Tribunal incurrió en múltiples  y  trascendentes  errores  de  hecho  en  sus  modalidades  de  falso  juicio de  existencia  por  omisión  y  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento y  tergiversación,  con  la entidad necesaria para derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre el fallo de segunda instancia, por cuyo  medio  el  médico  Javier  Pérez  Torres  fue condenado por el delito de fraude procesal, con ocasión de la  pericia  que  rindió  dentro  del  proceso  penal  tramitado contra el también  profesional  de  la  medicina  Jorge  Álvaro  Reyes Trujillo, por el punible de  lesiones    personales    culposas,    siendo    víctima   Reinaldo   Arredondo  Bonilla.   

2.  Con  tal propósito, antes de verificar  si,  como  lo  afirma  el  recurrente  y  lo ratifica el Ministerio Público, la  sentencia   impugnada   adolece   de   los  yerros  in  iudicando  denunciados  por  la  defensa,  se  ofrece  indispensable  examinar,  desde  el  punto de vista dogmático, los ingredientes  del  tipo penal de fraude procesal, con especial énfasis, en los relativos a la  utilización de medios fraudulentos y la inducción en error.   

Así,  se  tiene que la conducta punible de  fraude  procesal,  consagrada  en  el  artículo  453  del  Código Penal, está  inscrita  entre  las  infracciones  penales que lesionan el bien jurídico de la  eficaz  y  recta  impartición  de  justicia,  por razón de la vulneración del  principio  constitucional  de la buena fe, exigible tanto a servidores públicos  como    a    particulares,    comportamiento    descrito    de    la   siguiente  manera:   

ARTICULO    453.    FRAUDE   PROCESAL.  <Artículo  modificado  por  el  artículo 11 de la Ley 890 de 2004. El nuevo  texto  es  el  siguiente:>  El que por cualquier medio fraudulento induzca en  error  a  un  servidor  público  para  obtener  sentencia,  resolución  o acto  administrativo  contrario  a  la  ley, incurrirá en prisión de seis (6) a doce  (12)  años,  multa  de doscientos (200) a mil (1.000) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas de cinco (5) a ocho (8) años.   

Frente  a  la  configuración dogmática de  este    punible    la    Corte    ha   sido   consistente   en   resaltar   (CSJ  SP7755-2014):   

La mencionada conducta punible se encuentra  prevista  en  el  artículo  453 del Código Penal de 2000, constituyendo uno de  los  comportamientos  que  tutelan  el  bien  jurídico  de  la  eficaz  y recta  impartición de justicia.   

Como elementos del tipo pueden mencionarse  (i)  el  uso  de  un  medio  fraudulento,  (ii)  inducción  en error a servidor  público  a  través  de ese instrumento, (iii) propósito de obtener sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario  a la ley (ingrediente subjetivo  específico  del  tipo),  y (iv) idoneidad del medio para producir la inducción  en error.   

De acuerdo con el diccionario de la Lengua  Española,  fraudulento  es aquello que se hace con fraude. Por su parte, fraude  es  aquel  “engaño  malicioso  con  el que se trata de obtener una ventaja en  detrimento  de  alguien”.  En  consecuencia, medio fraudulento puede definirse  como  el  instrumento engañoso que se usa maliciosamente para sacar provecho de  alguna situación.   

Como lo sostiene el demandante, constituye  criterio  consolidado  de  la  Corte  que  la estructuración del comportamiento  punible  en  comentario  requiere  que  el  medio  fraudulento utilizado revista  idoneidad  para inducir en error al servidor público. Así en SP, 29 de abr. de  1998, rad. 13426 se expresó lo siguiente:   

“Como  reiteradamente la jurisprudencia de  esta  Sala  lo  ha  señalado,  para que se estructure  este  delito  no  es  indispensable  que el servidor público efectivamente haya  sido  engañado,  sino  que el medio utilizado tenga la potencialidad suficiente  para   engañar,  lógicamente  debe  entenderse  que  cuando  tales  medios  no  son idóneos porque de la manera como se presentan la  ley  no  les  otorga  ninguna  validez,  no  puede en consecuencia predicarse la  existencia de este delito”.   

           

De la misma manera, en SP, 17 de agost. de  2005, rad. 19391, se dijo:   

“… resulta pertinente precisar, que el  acto   de   inducción  desplegado  por  el  agente  y  que  se  exige  para  la  estructuración  de la conducta punible objeto de análisis, ha de contar con la  fuerza  o  idoneidad  suficiente  para  encaminar  hacia un raciocinio errado al  servidor público.    

Si se comprueba que ese acto no reviste esa  especial  connotación,  no  será viable el juicio de adecuación típica, pues  si   bien   el   legislador   prevé   la  utilización  de  “cualquier  medio  fraudulento”  para  el  propósito indicado en la norma, éste debe contar con  la  aptitud  o  la fuerza necesaria para incidir en el razonar del sujeto pasivo  de  la  conducta,  hasta  el  punto de sustraerle a una verdad específica, para  introyectarle,    en    su    defecto,    una   convicción   distante   de   la  realidad.   

Y  más  recientemente,  con cita de otros  precedentes,  se ratificó dicha postura al señalarse en AP, 8 de jul. de 2009,  rad. 29353, lo siguiente:   

“…   el   medio  frauduli64ento en la conducta punible de fraude  procesal  debe ser idóneo para inducir en error al funcionario, así no siempre  se  produzca  el  resultado  perseguido,  por  lo  que  no  cualquier  mentira o  artificio  que se presente durante la actuación procesal, tan solo por el hecho  de ser tal, podrá ser estimada como constitutiva del delito:   

“El acto de inducción desplegado por el  agente  y  que se exige para la estructuración de la conducta punible objeto de  análisis  ha  de  contar  con  la  fuerza o idoneidad suficiente para encaminar  hacia un raciocinio errado al servidor público.   

”Si se comprueba que ese acto no reviste  esa  especial  connotación, no será viable el juicio  ide  adecuación  típica,  pues   si   bien   el   legislador   prevé   la  utilización  de  ‘cualquier            medio  fraudulento’  para  el  propósito  indicado  en  la norma, éste debe contar con la aptitud o la fuerza  necesaria  para incidir en el razonar del sujeto pasivo de la conducta, hasta el  punto  de  sustraerle  a  una  verdad  específica,  para  introyectarle,  en su  defecto,     una     convicción    distante    de    la    realidad”52.   

Ahora  bien, el tipo penal en cuestión no  exige  que  se  produzca  el  resultado perseguido, esto es, la obtención de la  decisión  contraria  a  la  ley.  Sin  embargo, se entiende consumado cuando el  agente,  de  manera  fraudulenta,  induce  en  error  al servidor. Y la conducta  perdura  mientras  se  mantiene el estado de ilicitud y aun con posterioridad si  se  requiere  de  pasos finales para su cumplimiento. Se trata, por tanto, de un  delito  de  ejecución  permanente,  pues  sus efectos se prolongan en el tiempo  mientras  subsista  la  inducción  en error (CSJ SP, 17 de agost. de 1995, rad.  8968; CSJ SP, 8 de agost. de 2007, rad. 27473).   

Por tanto, el fraude procesal se configura  siempre  y  cuando  exista  una  actuación judicial o administrativa en la cual  habrá  de resolverse un asunto jurídico, de manera que debe ser adelantada por  autoridades  judiciales  o  administrativas.  En suma, incurre en la conducta el  sujeto  -no  calificado-  que por cualquier medio engañoso de carácter idóneo  induzca  en  error  al  servidor  público para obtener sentencia, resolución o  acto administrativo contrario a la ley.   

De  este  modo,  este  injusto  típico  no  requiere  de  un  sujeto  activo  calificado, sino indeterminado, esto es, puede  ejecutarlo   cualquiera,   normalmente  la  parte  interesada  en  el  resultado  ilícito,   es   decir,   en   la  decisión  contraria  a  derecho,  aunque  no  necesariamente,  pues,  bien  puede  concurrir  a la realización de la conducta  reprobada  una persona ajena a la actuación oficial que, en todo caso, tenga el  deber  jurídico  de decir o exponer la verdad en ese escenario, por ejemplo, un  auxiliar de la justicia o un testigo.   

El   empleo   de   un  medio  fraudulento  corresponde    a    la   modalidad   –complemento  descriptivo-  a  través de la cual se ejecuta el verbo  rector  que  consiste en inducir en error al funcionario que tiene a su cargo la  definición     de     un     asunto    susceptible    de    crear    relaciones  jurídicas.   

Ese  instrumento  engañoso  utilizado para  provocar  el  yerro  intelectivo  en  el servidor público, necesariamente, debe  reflejar  una  representación  de  la realidad diversa a la correcta y tener la  potencialidad  o  idoneidad  de incidir en la determinación a adoptar. Así, el  artificio,  ardid  o  mentira  consignados  en  un  elemento  de  prueba  a  ser  considerado  por  el  empleado  oficial  debe  tener  por  propósito alterar su  cognición  sobre  el  asunto y obtener una consecuencia jurídica distinta a la  que   se   impondría   si   el  servidor  hubiera  conocido  la  verdad  de  la  situación.   

En  estas condiciones, a una definición de  fondo  equívoca  por  parte  del funcionario judicial o administrativo se puede  llegar  fácilmente  instándolo  a  analizar objetivamente un documento falso o  alguna  manifestación  de voluntad creadora de derecho apócrifa, un testimonio  rendido  bajo  la  gravedad  del  juramento  que  se  distancie  de lo realmente  percibido  por  el  declarante,  una  experticia  que  de  manera  consciente  y  voluntaria  oculte,  modifique  o  falte  a  la  verdad,  entre otras hipótesis  posibles.   

Por su parte, la inducción en error, que no  puede  versar  sobre aspectos puramente relacionados con la hermenéutica de las  normas,  requiere  que  la  instigación  al  yerro sea el resultado del uso del  medio    fraudulento,   de   tal   forma   que   este   opere   como   mecanismo  idóneo53    para    tratar    de    obtener    del   servidor   –elemento  subjetivo- el provecho   consistente  en  la  emisión  de  un acto administrativo, una resolución o una  sentencia  que  se  aparte  del  ordenamiento jurídico, decisiones estas que no  necesariamente  han  de ser efectivamente proferidas por la autoridad judicial o  administrativa,  pues, siendo un punible de mera conducta y de peligro concreto,  en  el  que  se  anticipa  la barrera de protección, el momento consumativo del  injusto   empieza   en  el  instante  en  el  que  el  funcionario  es  incitado  engañosamente  por  el  agente  a  equivocación  y subsiste hasta tanto aquél  persista en el error.   

En  verdad,  el  delito se completa incluso  cuando  no  se  alcanza  el  perjuicio –resultado   material-,   esto   es,  cuando  se  busca  engañar  al  funcionario  para  obtener  algo que el sujeto activo sabe que no podría lograr  por  los  cauces legales porque no tiene derecho a ello, pero, en últimas, pese  a  tal  esfuerzo  mentiroso no lo consigue, pues en este tipo de conductas basta  la  presencia  de  una amenaza más o menos intensa para el objeto de la acción  para           entenderlo           agotado54.   

Ahora, la decisión que se pretende alcanzar  debe  ser  contraria  a  la  ley,  y  lo  será,  justamente,  porque,  solo  en  apariencia,  aquella resultaría acorde a la normatividad imperante, si no fuera  porque  el  autor o partícipe del reato busca que la determinación se apoye en  el  medio  de  convicción  fraudulento,  lo  que,  entonces, no podría arrojar  resultado  diverso a una providencia o acto administrativo ajeno al ordenamiento  legal  -si  a ese estadio del iter criminis   se   llega-,  por  cuanto  su  sustrato  es,  entonces,  falso  o  mentiroso.   

En  este  punto,  es del caso precisar que,  incluso  cuando  lo  pretendido  es  el  reconocimiento de un derecho legítimo,  justo  o  legal,  si  se  acude  a  demandarlo  ante  la  autoridad  judicial  o  administrativa  con  fundamento  en  una  prueba  que altera la verdad, estarán  satisfechos,  por  lo menos, los elementos típico y antijurídico del delito de  fraude  procesal  porque  lo  sancionado  por  el  legislador es el engaño a la  administración  de  justicia,  independientemente  de que el derecho de acción  pudiere justificar su ejercicio.   

3.  Con  las anteriores reflexiones, es del  caso  analizar  si,  como  lo  estimó  el  Tribunal, el dictamen rendido por el  doctor  Javier  Pérez Torres  en  el proceso penal tramitado contra su colega Jorge Álvaro Reyes Trujillo por  el  delito  de  lesiones  personales culposas, sirvió de medio fraudulento para  inducir    en    error    a    los    Jueces    5955  y  63  Penal  Municipal  de  Bogotá56  y  22  Penal  del Circuito del mismo distrito judicial57,   si  la  omisión,  tergiversación  y  cercenamiento de algunas pruebas en el proceso de  valoración  del  plexo  probatorio llevaron a la colegiatura a elevar juicio de  reproche   frente  a  una  conducta  atípica,  en  sus  vertientes  objetiva  y  subjetiva.   

Con   tal   propósito,   siguiendo   la  metodología   empleada   por  la  Delegada  del  Ministerio  Público,  resulta  pertinente   hacer   un   recuento  detallado  de  lo  actuado  en  el  referido  diligenciamiento,  a  fin de identificar en qué términos y en qué contexto se  expresó   la   orden  impartida  en  el  curso  de  esa  actuación  al  doctor  Pérez   Torres,  en  qué  consistió  la  pericia  rendida  por  este médico y, aun teniendo claro que la  conducta  punible  objeto  de  juzgamiento  se consuma con la sola inducción en  error,  no  siendo  necesaria  su  materialización  en la sentencia respectiva,  cuál  fue  el  efecto  de  la  referida  experticia en el juicio intelectivo de  dichos funcionarios judiciales.   

De  este  modo,  en  un  primer momento, el  expediente  revela  que,  el  2  de  febrero  de 2001, con el fin de impulsar la  investigación  surtida contra el médico Reyes Trujillo, la Fiscalía 276 Local  de  Bogotá  dispuso,  entre  otras cosas, que «[u]na  vez  se cuente con dictamen médico legal definitivo del lesionado se procederá  a  la  designación  de  un perito a quien se dará posesión del cargo, y éste  avalúe  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  al ofendido REINALDO ARREDONDO  BONILLA»58.    

Para  cumplir  con  tal  cometido, el 10 de  octubre  de  ese  año  tomó  posesión  del  cargo  la  abogada  Magda  María  Rodríguez  Osorio,  en su condición de perito avaluador, la cual, sin embargo,  no   cumplió   en   esa  oportunidad  con  el  encargo  encomendado59.   

Sin que se hubiera recaudado esta prueba en  la  fase  instructiva,  y  luego de la calificación del mérito del sumario con  resolución  de  acusación  contra  el mentado galeno por el delito de lesiones  personales  culposas, el fiscal del caso, en sede de juzgamiento, concretamente,  durante  la audiencia preparatoria del 2 de septiembre de 2002, presidida por la  Juez    59    Penal    Municipal    de    Bogotá,   solicitó:   «[c]on  el propósito de dar cumplimiento al artículo 331 numeral 6  [de      la      Ley      600      de      2000]60 se designe perito avaluador  de   la   asociación   de  ortopedistas»61, teniendo en  cuenta  que  la  experta designada para ese fin no había rendido a esa fecha el  peritaje  de  rigor,  por lo que pidió su relevo, «y  además  porque el dictamen solicitado considera la Fiscalía debe ser realizado  por   un   especialista   en  ortopedia.»62   

Atendiendo esos argumentos, la juez accedió  a  lo  pedido,  relevó  del cargo a la doctora Rodríguez Osorio y le compulsó  copias  ante  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  a  efecto  de  que  esa  Corporación     investigara     su     omisión63.  Por  ende, mediante oficio  No.  1223  de  dicha  fecha,  el  juzgado  requirió  al Director de la Sociedad  Colombiana   de  Cirugía  Ortopédica  y  Traumatología  para  que    designara  «un médico especialista en  ortopedia  y  traumatología  a  fin  (sic) practique avalúo pericial decretado  dentro  del proceso de la referencia [126-02] adelantado contra el Doctor ALVARO  (sic)   REYES  por  el  delito  de  LESIONES  PERSONALES,  denunciante  REINALDO  ARREDONDO    BONILLA.»64   

De   conformidad   con  lo  anterior,  el  presidente  de  dicha  asociación científica, a través de comunicación de 13  del  mismo  mes y año, le informó al Juzgado «(…)  que  el  especialista  encargado  (…)  designado  para  practicar  el  avalúo  pericial  decretado  dentro  del  proceso en referencia Oficio 1223 es el Doctor  Javier  Pérez  Torres,  Secretario  Ejecutivo  de  la  Sociedad  Colombiana  de  Cirugía       Ortopédica       y       Traumatología       SCCOT.»65   

Posteriormente,  al cierre de la sesión de  audiencia  pública  del  20  de febrero de 2003, se dispuso continuarla el 6 de  marzo  de  ese año «citando para dicha diligencia al  Dr.   JAVIER   PEREZ   TORRES   quien  fue  designado  como  perito  dentro  del  proceso»66.   

Llegado  el  día  señalado,  aunque se le  informó  al  procesado  el  objeto  de su comparecencia al despacho, esto es la  práctica  «[d]el  avalúo  pericial de los daños y  perjuicios   que  sufriera  el  señor  REINALDO  ARREDONDO  BONILLA»67, las preguntas realizadas no  estuvieron  particularmente  dirigidas  a  establecer  ese  aspecto de contenido  netamente  económico  sino  a  que  expresara  su  opinión acerca del error de  lateralidad  cometido  por  el  doctor  Jorge Álvaro Reyes Trujillo al llevar a  cabo  el  procedimiento  quirúrgico  de  osteotomía  en  el  señor  Arredondo  Bonilla.   

Es  así  que  se le interrogó sobre i) su  impresión  general  frente  a  este caso y la responsabilidad del cirujano y el  personal  que  lo  asiste, especialmente, en cuanto se refiere a la información  suministrada  por  el  paciente  en sala de cirugía, la disposición de la mesa  quirúrgica,  la  viabilidad de intervenir sin asistencia de apoyo radiográfico  y  la  imposibilidad  de  percatarse,  en  el  curso de la operación, del error  cometido  ii) la patología que, de acuerdo con la historia clínica, sufría el  paciente   antes   de  la  operación,  iii)  la  relevancia  de  «precisar  de  que  (sic) lado de la cadera se presenta la afección  de  artrosis  o  por el contrario es necesario establecer de que (sic) lado esta  (sic)     afectada»68,  iv)  la  frecuencia de ese  tipo   de  enfermedad  y  de  equivocaciones  quirúrgicas  del  resorte  de  la  investigada  y sus causas, v) la pertinencia o no de la cirugía practicada, vi)  los  perjuicios  causados  a  la  salud del paciente con el error consistente en  operar  la  cadera  contraria  a  la  programada;  v)  la diferencia de criterio  respecto  al dictamen de medicina legal en punto de los arcos de movilidad de la  cadera  izquierda,  vi)  los  elementos de juicio requeridos para «dictaminar  en  este caso concreto cuales (sic) fueron las precisas  consecuencias  que  le  acarreó  al  paciente la práctica de la cirugía en su  cadera     izquierda     cuando     debió     ser     la    derecha»69,   vii)  las  secuelas  que  dejaría  una  osteotomía en una cadera sana, viii) la conducta a seguir con el  paciente,  especialmente,  para  corregir  el  acortamiento del miembro operado;  entre  otros  puntuales aspectos médicos relacionados con la patología de base  del lesionado: artrosis derivada de displasia bilateral.   

En respuesta a tales cuestionamientos, en lo  esencial, el acusado brindó la siguiente información:   

Aquí hay un error en sitio quirúrgico que  dentro  de la literatura no es atribuible únicamente al cirujano sino a todo el  personal  que  trabaja  en las salas de cirugía, las instituciones deben contar  con  sistemas  de  seguridad,  como son marcación con tinta permanente del lado  que  se va a operar al paciente. Esto evita que no solamente sea el médico o el  paciente  que  sepan  exactamente  del  sitio  donde  va  a ser operado, más en  sistema  actual  de  salud  donde  existen  grandes  volúmenes  de atención de  pacientes  diariamente.  Le ponto (sic) ejemplo fuera de orden, mañana yo opero  siete  caderas  en  la  Palermo,  el  sistema  de  seguridad debe venir desde el  personal  desde  el  ingreso hasta el personal que recibe el paciente en sala de  cirugía  quienes  hacen  la marcación respectiva del lado a operar. Tomar como  base  las  radiografías  es  de  riesgo porque, o pueden estar mal marcadas las  radiografías  cosa  que  no  es frecuente o los pacientes tienen patologías, o  enfermedad  en ambas caderas y puede surgir un error. En cuanto al procedimiento  el  Dr.  REYES  tuvo  un  inconveniente  muy  grave  para una realización de la  osteotomía,  cual  es el que no contó con radiografías intraoperatorias, esto  es  fundamental  en  el  éxito  de  una  osteotomía.  Porque hay que tomar las  medidas  de los implantes dentro del hueso y eso la úncia (sic) forma de verlos  es   a   través   de   radiografías   o  en  sitios  más  especializados  con  intensificador  de  imágenes. Ellos nos permiten constatar la ubicación de los  implantes  dentro  del  hueso.  En  cuanto  a la evolución al parecer la cadera  derecha  que no ha sido tratada sigue con el mismo cuadro clínico pero llama la  atención  el  informe  de medicina legal en el cual los arcos de movimiento son  cercanos  a  la  normalidad  los  cuales en una artrosis de la cadera se verían  disminuidos.  En  cuanto  al  acortamiento de la cadera izquierda no aclaran con  base  en  que  (sic) medición se hizo dicho acortamiento y el examen ideal es a  través  de una ortoradiografía de miembros inferiores o medición a través de  escanografía.  En  cuanto  a la incapacidad este sería un paciente recuperable  en  la  medida en que se trataran adecuadamente sus dos caderas y podría llegar  a  tener  una  recuperación  al  100%  de sus actividades. (…) El diagnostico  (sic)  que  tiene  es de displasia de la cadera, esta enfermedad se considera de  desarrollo  del  primer  año de vida y queda una deformidad en el individuo que  ocasiona  que se gaste precozmente la articulación, es lo que llamamos artrosis  de  origen  mecánico,  según  lo  relatado en la historia clínica el paciente  tenía  una  displasia  de  la cadera residual, llamamos así porque no aparecen  antecedentes  de  haber  sido  tratada.  La  cirugía  que se le propuso fue una  osteotomía  con  el  fin  de  mejorar  la  biomecánica  de  la articulación y  prolongar  la  vida  util  (sic)  de  la  cadera antes de llegar al trasplante o  reemplazo  total  de  la  cadera.  Eso  sería.  (…)  Si  es  una  osteotomía  varizante,  significa  que  uno tiene unas medidas en los angulos (sic) entre el  cuello  del  fémur y la diafisis (sic) del fémur, el promedio aceptado para la  cadera  normal  es  de 135 grados, lo que pretende una osteotomía varizante, es  acortar  o  disminuir  ese  ángulo a unos 110 grados más o menos con el fin de  disminuir  la  presión  dentro de la articulación evitando el desarrollo de la  artrosis,  esto  ocasiona  un  acortamiento  en  la  extremidad  entre  1  a 1.5  centímetros  los  cuales  deben ser informados al paciente previamente que esto  va  a  ocurrir.  Entonces,  deberíamos esperar no solamente la recuperación de  esta  osteotomía  que  son  3 meses aproximadamente y la intervención sobre la  cadera  enferma  que  es  la derecha para saber realmente, por eso mencionaba al  comienzo  que  si este paciente dada su edad se le hiciera un reemplazo total de  ambas  caderas  se  podría  pensar en una recuperación funcional de casi todas  sus  actividades en aproximadamente en tres a cuatro meses. (…) Al desgaste de  la  cadera  o  artrosis  tiene  dos elementos fundamentales para su evaluación,  uno,  es el dolor y el otro la movilidad articular, en estos dos elementos en la  artrosis  estos dos elementos se limitan progresivamente. Tanto el dolor como la  movilidad  son elementos constitutivos de un proceso artrosico (sic), si hay muy  (sic)  dolor no se permiten esos arcos de movimiento al igual que si la artrosis  es  avanzada  no  permite esos arcos de movimiento. Me llama la atención porque  diría  que  son caderas que no estan (sic) tan limitadas, que su limitación es  mínima.  Cito  textualmente:  “marcha  con  cojera, movimientos dedos normal,  movimiento  cuello  de  pie  normal, movimiento de rodilla flexión 140 derecho,  izquierda  135 grados, extensión 0, cadera extensión 20° bilateral Abducción  40  grados  bilateral,  flexión  75 grados bilateral, aducción 30º bilateral,  neurológico   sensitivo  motor.”  Con  este  informe  colijo  que  tiene  una  movilidad  prácticamente  normal en sus dos miembros inferiores tanto en el pie  como  en  la  rodilla y las caderas solamente con limitación para la flexión a  75°.  (…)  también en dicho informe mencionan que en la cadera izquierda hay  al  parecer  una  deformidad  envaro  (sic)  de la cadera y con acortamiento del  miembro  inferior  de  3.8, luego veo una en dicho dictamen, veo una dualidad en  cuanto  a  una  movilidad  prácticamente  normal  de  las  extremidades y a una  deformidad  que  ellos  muestran en la cadera izquierda. Según la primera parte  del  informe  no  indica  que  tiene  una función prácticamente normal y en la  segunda  parte  mencionan  unas  secuelas que producirían un déficit funcional  muy  grande,  en otras palabras, no cuadra ese dictamen de medicina legal. (…)  para  dictaminar  en este caso concreto cuales fueron las precisas consecuencias  que  le  acarreó al paciente la práctica de la cirugía de su cadera izquierda  cuando     debía     ser     la     derecha    [se  requiere]   Primero,   radiografías   actualizadas,  ortoradiografía  de miembros inferiores y una prueba de calidad de vida que son  las  pruebas  fundamentales  que  hacemos  para  medir la función en reemplazos  articulares.  Pero  como  lo  anote  (sic)  desde el comienzo, según muestra la  historia  clínica  el  paciente  es  recuperable  funcionalmente  a  través de  cirugías  de  reemplazo de ambas caderas. (…) En cirugía programada personal  de  admisiones,  segundo  personal  de  preinducción  que  Son las personas que  reciben  al paciente, lo cambian y lo alistan para la cirugía. La ley exige que  debe  revisarse  el  consentimiento  informado el cual debe estar firmado por el  paciente  y  por  el médico tratante antes de que el paciente ingrese a la sala  de  cirugía. En dicho consentimiento se debe establecer el tipo de cirugía que  se  va a realizar, la causa por la cual se realiza que es el diagnostico (sic) y  las  posibles  complicaciones  inherentes  tanto  al  acto  operatorio  como  al  procedimiento  anestésico.  En estos pasos, tanto en admisiones como en sala de  recepción  el  paciente  debe  ser  marcado  de  la  forma como la institución  considere   más   convenientes   (sic)  para  evitar  estos  errores  en  sitio  quirúrgico.  Dentro  de  la sala de cirugía depende del manejo interno de cada  institución   el   personal   interno  de  una  sala  de  cirugía  lo  compone  generalmente   anestesiologo   (sic),  auxiliar  de  anestesiologia  (sic),  dos  enfermeras  circulantes  y  una  instrumentadora.  En algunas instituciones este  personal  de circulantes es quienes (sic) realizan (sic) la asepsia o antisepsia  del  área  operatoria.  Vale la pena decir que en Estados Unidos esta parte del  lavado  de  la  extremidad  o  del  área  operatoria  es función exclusiva del  personal  paramédico  que trabaja en las salas de cirugía, aquí depende mucho  del   manejo  interno  de  cada  institución.  (…)  En  Colombia  no  tenemos  estadísticas  [sobre  la  frecuencia  en los errores  médicos  de  sitio quirúrgico] pero en Estado Unidos  es  de  1.7  %,  lo  cual  es alto. La causa es el volumen de pacientes, como el  cirujano  entra  a  sala  de cirugía cuando ya esta (sic) vestido, inclusive en  Estados  Unidos  visten  en (sic) paciente, por eso los correctivos de marcar el  sitio  quirúrgico  donde  se va a operar, por eso desde el momento mismo en que  entra  el  paciente  a  inducción  y  se  marca  con  tinta permanente. Lo más  frecuente  de  errores,  son  las cirugías artroscópica (sic) de rodilla y las  hernias  hinginales  (sic).  (…)  Del paciente no se pueden esperar respuestas  certeras  pues  en ocasiones el paciente llega sedado y lógicamente el paciente  esta  (sic) en un estado de stres (sic) que lo puede llevar al error, no así el  personal  de  salas  que  como  mencionaba es compromiso de todo el equipo velar  para  que  no se produzcan este tipo de errores. Ya después de lavado y vestido  el  paciente es más probable que se lleve a cabo el error. (…) PRIMERO, si el  (sic)  [Dr.  Reyes] hizo un  planteamiento  como  el descrito [con calcos o dibujos  sobre  las  radiografías  que  le  había  presentado  el paciente]  da  a  entender (…) es una persona bien preparada y responsable  porque  esta (sic) haciendo una preparación minuciosa de su cirugía lo cual en  manos  expertas  permite  en ocasiones obviar las radiografías intraoperatorias  lo  cual  también es un riesgo pues no permite la verificación intraoperatoria  de  la posición de los implantes que se están colocando. El resultado final de  la  intervención  es  el único que podría decir exactamente el éxito o no de  la  intervención  y  de  eso  no  encuentro  descripción  exacta. (…). No es  posible  [percatarse  el médico del error que estaba  cometiendo]  porque  la cirugía es extrarticular, no  hay  visión  directa  sobre  la articulación, luego no es posible, ambos lados  son  iguales  en  ese sentido, en el trasplante de cadera ocurre lo contrario yo  voy  a  observar  el  desgaste  de  la  articulación  de  la  cadera y se puede  determinar   de  que  (sic)  lado  es.  El  trasplante  es  menos  complejo,  la  osteotomía  es más manual depende más de la actitud (sic) del cirujano. (…)  el  riesgo  de  realizar la operación sin la asistencia del técnico radiólogo  (…)   es  el  cirujano.  (…)  Es  una  decisión  íntima  de  cada  persona  [reversar  la cirugía si se entera que no cuenta con  el  apoyo  del  técnico  radiólogo,  pero],  si  el  cirujano  se  siente  que  con su planeamiento operatorio puede hacerlo el (sic)  asume  el  riesgo,  pero  solamente  a  través  de  las  radiografías se puede  verificar  el  implante  dentro  del  hueso.  (…) Es muy difícil responder la  pregunta  [sobre  el  tratamiento a seguir de acuerdo  con  las  secuelas  establecidas  en  el dictamen de medicina legal]  sin  saber  exactamente  el  estado actual de ambas caderas yo le  solicitaría  al señor Representante de la Fiscalía esperar tener los últimos  estudios  para  responder  esta pregunta. (…) Si fuera un acortamiento como el  que   menciona  el  dictamen  de  medicina  legal  no  es  posible  [reducirlo  o  desaparecerlo  con  el  tratamiento y cirugía de la  cadera  derecha]. La cirugía del reemplazo de cadera  se  hace con un planeamiento que busca dejar lo más cercano posible igualar las  extremidades,  yo  cuestiono con base en que (sic) elementos estan (sic) tomando  la  diferencia  de  3.8  centimetros  (sic)  porque  me  parece exagerada en una  osteotomía  de este tipo donde lo máximo que se acorta es de 1.5 centímetros.  (…)   Sí   [se   le  ocasionó  un  perjuicio  al  paciente],  porque  fueron  tres meses de incapacidad  que  requiere la cadera para su recuperación, se produce un acortamiento propio  de  la cirugía, si la cadera esta (sic) enferma y lógicamente si no esta (sic)  enferma,  se  consideran perjuicios, queda pendiente la última valoración para  definir     las    incapacidades    definitivas    que    pueda    tener    este  paciente.70   

Culminado el interrogatorio, la titular del  despacho emitió la siguiente orden:   

Se  procede  a  solicitar  al  Doctor  la  valoración  del  paciente  previos  los  exámenes  requeridos y se suspende la  presente  vista pública para señalar fecha próximamente una vez se obtenga el  dictamen  pericial rendido por el Dr. PÉREZ TORRES para lo cual se remitirá al  señor  REINALDO  ARREDONDO  a  RADIÓLOGOS  de la 99 (…) a fin de que le sean  practicados  los  examenes (sic) necesario (sic) que el Dr. PEREZ refirió en su  declaración  y  un  (sic) vez se obtengan estos se concretará una cita médica  en  su consultorio para que realice la valoración médica al paciente y proceda  a  rendir  su  dictamen,  momento  en  el  cual  se  le  concederá  el término  respectivo.71   

Para  dar alcance a esta determinación, el  10  de  marzo  de  2003  el  despacho enteró al señor Arredondo Bonilla de los  exámenes  prescritos  por  el  doctor  Pérez  Torres  para «la valoración de los  daños   y   perjuicios»72  y  se  le entregó la orden  respectiva.   

Habida  cuenta  que,  practicado  el examen  médico  por  el  referido  ortopedista,  transcurrió  algún  tiempo  sin  que  remitiera  al Juzgado el informe pericial solicitado, mediante oficio 1078 de 30  de   julio   ulterior,   se   lo   conminó   para  que  enviara  «a  la  mayor  brevedad  posible  el  dictamen  pericial de daños y  perjuicios  ocasionados  al  señor REINALDO ARREDONDO BONILLA, para el cual fue  designado     dentro     de    la    causa    de    la    referencia»73,  mismo  que fue allegado al  despacho el 19 de agosto de 2003, en los siguientes términos:   

1.  El  paciente  se  encuentra  con  una  osteotomía  varizante en su cadera izquierda con signos de artrosis grado I. El  material  de  osteosíntesis  es  una  placa  angulada cuya lámina presenta una  entrada  alta  pero  sin  protuir  (sic)  a la articulación, y la osteomatomía  está consolidada. No hay limitación funcional.   

2.  En  la cadera derecha se encuentra una  artrosis    avanzada    (Tonnis    Grado   III),   con   limitación   funcional  severa.   

3.  En la ortoradiografía se encuentra un  acortamiento aproximado del miembro inferior izquierdo de 1.8 Cm.   

Análisis: El paciente presenta un problema  degenerativo  en  ambas  caderas  con  sintomatología predominante en la cadera  derecha  por  una avanzada artrosis. Si bien la cadera izquierda presenta algún  grado  de  artrosis,  en  el  momento existe buena función y no amerita ningún  procedimiento   quirúrgico   salvo   realizar   extracción   del  material  de  osteosíntesis.  En  la  cadera  derecha  donde  se  encuentra  gran limitación  funcional  esta  (sic)  indicado  un reemplazo total de cadera lo cual mejorará  notablemente  su  actividad  y  calidad  de  vida.  En cuanto a la diferencia de  longitud    de    la[s]  extremidades  durante  el reemplazo total de cadera, debe intentarse corregir la  diferencia,  y si no fuere posible, esta se deberá corregir con una talonera de  1      Cm      en      el     pie     izquierdo.74   

El  29  de agosto de igual año, la Juez de  conocimiento  ordenó  «poner en conocimiento de los  sujetos  procesales el concepto médico rendido por el Dr. JAVIER PEREZ TORRES y  dar  continuación  a  la  diligencia  de audiencia pública la cual había sido  suspendida  para  que  el  DR.  PEREZ  TORRES  rindiera  su concepto»75.   

Dado  que  los  representantes  de la parte  civil  y del Ministerio Público solicitaron aclarar o adicionar dicho dictamen,  en  sesión de audiencia pública del 23 de octubre posterior, el procesado hizo  las siguientes manifestaciones:   

Según lo dicho en mi dictamen no hay daño  en  la  cadera  izquierda,  pues  tiene  buena  función  y por lo tanto en este  momento  no  hay  daño. Como el paciente tiene un proceso degenerativo en ambas  caderas,  probablemente  requerirá  en  un  futuro de un reemplazo articular en  esta  cadera  de igual forma como se realizó en la cadera derecha. Por lo tanto  no  hay  lugar  a  estimar  suma  alguna  de  dinero  por cuanto no se encuentra  limitación  funcional  en  la  cadera  izquierda,  además  considero que en el  momento  en  que  se  realizó la osteotomía el paciente no tuvo daño sobre la  articulación  y  probablemente  esta ostetotomía prolongó la vida útil de la  cadera,  al  disminuir  la  presión  intrarticular deteniendo o lentificando el  proceso  degenerativo.  (…)  No,  es que estoy seguro que no hubo daño con el  procedimiento   de   osteotomía  porque  de  haberse  ocasionado  daño  en  la  articulación  en ese momento esto hubiera repercutido en el estado actual de la  cadera  que  como contesté anteriormente tiene buena función (…) sabemos que  al  disminuir  la  presión inatrarticular de la articulación, prolonga la vida  útil  de  la  misma.  Como  mencionaba el señor Fiscal se puede colegir que al  realizar  la  osteotomía  varizante  se  disminuyó la presión intrarticular y  prueba  de  ello  es  que  el  paciente no presenta sintomatología (sic) en esa  cadera  y la función es normal. (…) [el error de la  región   anatómica   a   intervenir   quirúrgicamente  como  ocurrió  en  la  osteotomía  practicada  al señor REINALDO ARRREDNONDO (sic) no es constitutiva  de  valoración  económica  de  un  perjuicio]  (…)  porque  las  incapacidades  son inherentes a los procedimientos que se considera  aproximadamente  tres  meses  para la cadera y como explicaba la cadera no tiene  alguna  alteración  funcional que amerite incapacidad. (…) al señor no se le  causó  ningún  tipo  de  lesión.  [En todo caso, se  puede   valorar   pecuniariamente  esta  incapacidad]  porque  no  estaba  en  el  consentimiento  del  paciente que le operara la otra  cadera  y  se  avaluaría  tomando  el  salario  que demuestre devengado para la  época  y  la  incapacidad médica de tres meses, más los otros gastos médicos  como  muletas,  transportes,  más  el  daño  emocional  causado,  pero  quiero  insistir  que  en el momento no tasé los daños porque no estaba de acuerdo con  el  dictamen  de  medicina  legal  que  había  contradicciones tales como la de  señalar  un  daño permanente en la funciono (sic) de la cadera cuando el mismo  dictamen  mostraba  arcos  de  movilidad  completos  al  igual  se hablaba de un  acortamiento  de  3.8  cmts y en el estudio radiográfico pertinente es decir la  ortoradiografía   se   encontró   un   acortamiento   de  1.8  cm.76   

Como  quiera  que  la  representante  del  Ministerio  Público  solicitó la suspensión de la diligencia para esperar que  llegara  el  dictamen  médico  legal  definitivo  a  fin  de que «pueda    entrar    a    determinarse    los    reales    perjuicios  determinados»77,  la juzgadora consintió en  ello.   

En  el  entretanto,  se  dio  trámite a la  objeción  presentada  por  la  parte  civil al dictamen del doctor Javier   Pérez  Torres,  la cual fue resuelta a través de auto del 29  de agosto de 2003, de la manera como sigue:   

Habiendo rendido su concepto el Dr. JAVIER  PÉREZ  TORRES,  designado  perito de la Sociedad Colombiana de Cirugía (sic) y  Traumatología,  manifiesta  el memorialista Dr. ABRAHAM GUERRA MARCHENA, que se  objeta  el  concepto  médico  o  presunto  dictamen  pericial  emitido  pues no  obstante  ser  claro  el  propósito  para el cual fue designado el doctor PEREZ  TORRES,  su  concepto  de  fecha agosto 19 de 2003, no cumple con los requisitos  del  artículo  251  del  C.  de  P. P. e igualmente no da cabal cumplimiento al  requerimiento para el cual fue designado.   

Aduce  de  igual manera que el concepto de  este   médico  perito  podría  confundir  y  retorcer  la  causalidad  lógica  existente  entre  la  prueba  ordenada  y  la  práctica  de la misma, porque su  dictamen  consigna  un  diagnóstico  no  pedido  y  se dejó de lado el avalúo  objeto  del  dictamen,  pues en él no efectuó el perito ninguna cualificación  avaluatoria  de  los  daños  y  perjuicios ocasionados a la víctima, por algo,  dice,  la  Fiscalía,  en el proveído de febrero 2 de 2001 ordenó que solo una  vez  se  cuente  con  el  dictamen  médico  legal  definitivo,  se proceda a la  designación  de  perito  avaluador,  lo  que  quiere  decir  que con base en lo  establecido  en  Medicina  Legal  y  en  sus  conclusiones es que el perito debe  avaluar.   

(…)  

(…)  se advierte que el concepto médico  rendido  por  el  perito designado, no solo comprende su informe final, como tal  parece  entenderlo  el  representante  de la parte civil, sino que también hace  parte  integrante  del  mismo sus declaraciones vertidas en legal y debida forma  al  proceso  en  el  curso de la audiencia pública para la cual fue citado y en  donde  explicó  los  exámenes que le practicaría al lesionado para establecer  sus conclusiones.   

De  otra  parte  en  cuanto  hace  a  la  inconformidad  en  torno  a que se trata de un diagnostico (sic) no pedido, debe  señalar  este  Despacho  que de conformidad con el articulo (sic) 249 del C. de  P.  P.,  cuando  se  requiera  la  práctica  de pruebas técnico científicas o  artísticas,  el  funcionario  judicial  decretará  la prueba pericial, para lo  cual  designará  peritos oficiales e igualmente puede nombrar uno no oficial al  tenor del artículo 250 ibidem.   

Siendo  ello  así,  se advierte que en la  sesión  de  la  audiencia pública celebrada el día 6 de marzo de 2001, le fue  solicitada  al  doctor JAVIER PEREZ TORRES dados sus conocimientos y experiencia  y  por  la  complejidad  del  asunto  que se juzga, que en su calidad de médico  ortopedista  designado  por la Sociedad de Ortopedia y Traumatología, efectuara  la  valoración médica del señor ARREDONDO, para que previo el examen de este,  emitiera  un  dictamen  en  que  expresara  su  concepto médico y luego sí con  fundamento en este se determinara la existencia o no de perjuicio.   

Precisamente  porque  el señor perito Dr.  PEREZ  TORRES,  adujo no estar de acuerdo con el dictamen de medicina legal, por  cuanto  describía  unos arcos de movilidad normales y luego contradictoriamente  establecía  unas  secuelas  que  no  se  compadecían  con  ello,  fue que este  Despacho  le  solicitó  la  valoración  médica  ya  rendida  a  fin  de poder  establecer  con  base  en su experiencia y conocimientos médicos en el área de  ortopedia,  cuáles  fueron  las condiciones de salud previas y posteriores a la  cirugía  practicada  al  ofendido  y  con  base  en  ello las consecuencias que  generó.   

Ahora  bien,  evidentemente  no  podía el  médico  perito  hacer  otra  cosa  que  emitir su concepto médico, el cual fue  requerido  por  su  experiencia  vale  decir,  por  su  pericia  adquirida en la  práctica  de  la  medicina  ortopédica,  no  así  entrar  a señalar una suma  determinada  de  dinero  por  concepto  de  perjuicios,  por  cuanto  ello no le  corresponde  a  un  médico  sino  a  un  perito  experto  avaluador en daños y  perjuicios.   

En consecuencia, lo que se evacuó en este  momento,  es solo una parte de las gestiones a realizar tendientes a obtener una  base  cierta  y objetiva para finalmente establecer si hay lugar a una tasación  de daños y perjuicios.   

Y  es  por  ello  que  el concepto médico  integral  del Dr. JAVIER PÉREZ TORRES, se enviará al  Instituto  de  Medicina  Legal  a  efecto de que con base en él y en las demás  evidencias  del  proceso,  se  absuelva  el  interrogatorio  que el perito OSCAR  SÁNCHEZ  CARDOZO  ya  realizó para este Despacho, visible a folio 1 del tercer  cuaderno  original,  a  fin  de  establecer  definitivamente  si se ocasionó un  perjuicio  y  en  caso  positivo  la incapacidad y las secuelas médico legales,  pues  téngase  en  cuenta  que  aún no obra dictamen médico legal definitivo,  luego  de  lo  cual si (sic) resultaría procedente la designación de un perito  avaluador  de  daños  y  perjuicios, ya que como quedó sentado nos encontramos  frente   a   la  declaración  de  conocimiento  de  un  experto  médico  y  no  específicamente  frente  a la determinación de lucro cesante y daño emergente  como lo argumenta la Parte Civil.   

Por  tanto  encontrándose  señalada como  fecha  el  día  18 de septiembre de los corrientes, para continuar la audiencia  pública  en la que se deben evacuar algunas pruebas ya decretadas, de inmediato  se  ordenará  remitir  las  diligencias  pertinentes  al  Instituto de Medicina  Legal,  para los efectos señalados requiriendo para ello al representante de la  parte  civil  a fin de (sic) ponga a disposición del Despacho las radiografías  del  paciente que le fueran entregadas según constancia que obra en el proceso,  y  luego,  de ser procedente y ante el ánimo indemnizatorio expresado, proceder  a  nombrar  perito  en la materia de avalúo de daños y perjuicios.78  (Subrayas  no originales).   

El  24 de diciembre de 2004 el doctor Oscar  Armando  Sánchez,  médico  legista,  –teniendo  como  base  el resultado de la experticia rendida el 17 de  igual  mes  por  el  médico  fisiatra  forense  Alberto  Rodríguez  Amaya, con  fundamento    en    el   cuestionario   enviado   por   el   Juzgado79- conceptuó  que  «LA  ATENCIÓN  MEDICOQUIRÚRGICA  BRINDADA  AL  SEÑOR  REINALDO  ARREDONDO  BONILLA  FUE  INADECUADA, SE APARTO (sic) DE LA LEX  ARTIS   O   NORMA  DE  ATENCIÓN.  SE  RATIFICA  INCAPACIDAD  MEDICOLEGAL  (sic)  DEFINITIVA  DE  CIEN  (100) DIAS Y COMO SECUELAS: 1. PERTURBACIÓN FUNCIONAL DEL  MIEMBRO  INFERIOR  IZQUIERDO DE CARÁCTER PERMANENTE. 2. PERTURBACIÓN FUNCIONAL  DEL   ORGANO   DE   LA  LOCOMOCIÓN  DE  CARÁCTER  PERMANTE  (sic).»80   

Obtenido este dictamen, nuevamente, la Juez  63  Penal Municipal de Bogotá, a quien se le reasignó el asunto, designó a la  abogada  Magda  María  Rodríguez  Osorio  para  que  avaluara  los  perjuicios  ocasionados   con   la   conducta   punible,   pericia  objetada  por  la  parte  civil.   

Aunque  inicialmente  la juzgadora, en auto  del      15      de      mayo      de      200581, estimó que no había lugar  a  darle trámite a dicho reclamo, ordenó la ampliación del dictamen, instando  a  la  experta  a tener en cuenta unos documentos aportados con la objeción y a  integrar  el  resultado de la calificación de invalidez de la Junta Regional de  Calificación,  complementación  allegada  por  la  citada profesional el 11 de  julio                    siguiente82.   

Como en sesión de audiencia pública del 10  de  octubre  posterior,  la  parte  civil  insistió en que se diera apertura al  incidente  de  objeción,  la  funcionaria  judicial accedió a ello83.   

Agotada  la fase probatoria, el 27 de junio  de  2006 se emitió sentencia condenatoria contra el médico Jorge Álvaro Reyes  Trujillo,  por  el  delito de lesiones personales culposas, providencia que para  elaborar  el juicio de reproche correspondiente se apoyó en el dictamen emitido  por  el  doctor  Pérez Torres  -entre  otros  medios  de convicción de naturaleza incriminatoria- de la manera  como sigue:   

El galeno JAVIER PÉREZ TORRES ilustra como  (sic)  debe  llevarse a cabo un procedimiento quirúrgico de OSTEOTOMIA, como el  de  las  características  llevadas  a  cabo  por  el  doctor JORGE ALVARO REYES  TRUJILLO con su paciente REINALDO ARREDONDO BONILLA.   

Advierte  que  hubo  error  en  el  sitio  quirúrgico,  pero  dentro  de  la  literatura  no  es atribuible únicamente al  cirujano,  sino  a todo el personal que trabaja en salas de cirugía, ya que las  instituciones  deben  contar con sistemas de seguridad, como son: marcación con  tinta  permanente del lado en que se va a operar el paciente, para evitar que no  solamente  sea el médico o el paciente que sepan exactamente del sitio donde va  (sic)  ser  operado,  por  lo  que  el  sistema de seguridad debe venir desde el  personal,  desde  el ingreso hasta el personal que recibe el paciente en la sala  de   cirugía,   quienes   hacen   la   marcación   respectiva   del   lado   a  operar.   

Que tomar como base las radiografías es un  riesgo,  porque  pueden  estar  mal  marcadas,  lo  cual  no  es frecuente o los  pacientes  tienen  patologías  o  enfermedad en ambas caderas y puede surgir un  error.   

En  cuanto al procedimiento llevado a cabo  por  el  doctor  REYES,  “tuvo  un inconveniente grave para la realización de  OSTEOTOMÍA,   como   fue,   no   contar  con  radiografías  intra-operatorias,  fundamentales  en el éxito de  la cirugía, toda vez que hay que tomar las  medidas  de  los  implantes  dentro  del  hueso y la única forma de verlos es a  través  de  radiografías  o  en  sitios  mas  (sic)  especializados  com (sic)  intensificador  de  imágenes,  lo  que  permite  constatar la ubicación de los  implantes dentro del hueso”.   

(…)  

Experticio  [del  Instituto  de  Medicina  Legal  en  el que se señala que «el grupo quirúrgico  conformado   por   las  enfermeras,  instrumentadoras,  anestesiólogo,  médico  ayudante  y  cirujano,  FALTARON  A  LA OBLIGACIÓN DEL DEBER DE CUIDADO. Aunque  principalmente   la   obligación   de  percatarse  de  la  lateralidad  es  del  ortopedista»]  confirmado  plenamente  por el galeno  JAVIER  PÉREZ  TORRES  cuando  en su informe señala que hubo error en el sitio  quirúrgico,  que  dentro  de  la  literatura  no  es  atribuible únicamente al  cirujano,  sino  a todo el personal que trabaja en salas de cirugía, puesto que  las  instituciones  deben contar con sistemas de seguridad, como son: marcación  con  tinta  permanente  del  lado en que se va a operar el paciente, para evitar  que  no  solamente  sea el médico o el paciente que sepan exactamente del sitio  donde  va  (sic)  ser  operado,  el  sistema  de  seguridad  debe venir desde el  personal,   en   el  ingreso  hasta  el  personal  que  lo  recibe  –paciente-  en  la  sala  de cirugía,  quienes  hacen  la  marcación  respectiva  del  lado  a  operar, por lo que sus  argumentos  de  ninguna  manera  lo  exoneran  de  la responsabilidad, ya que no  debemos  perder  de vista en primer lugar que el hoy acusado venía tratando con  antelidad  (sic) al paciente, luego salta a la vista que observó y estudió las  radiografías,  es  decir,  tuvo  todo  el  tiempo  necesario para determinar la  cadera  a operar y marcar el lugar, además estaba obligado a verificar previo a  la  intervención  cual (sic) era el sitio a intervenir, mas (sic) si tenemos en  cuenta  la  experiencia que ha venido adquiriendo durante varios años, pero que  no lo hizo.   

(…)  

Téngase  en  cuenta  que  los galenos que  acudieron    al    proceso,    de   manera   verbal   y   escrita   –Drs.  JAVIER  PÉREZ TORRES y ALBERTO  RODRÍGUEZ  AMAYA  médico  fisiatra de Medicina legal, en sus informes resaltan  que  el  grupo  quirúrgico  conformado  por  las  enfermeras, instrumentadoras,  anestesiólogo,  médico  ayudante  y  cirujano,  FALTARON  A LA OBLIGACIÓN DEL  DEBER  DE  CUIDADO,  sin  desconocer,  que  la  obligación  de percatarse de la  lateralidad  era  del  ortopedista, persona que no estuvo al tanto del protocolo  de  cirugía  de  cadera,  el cual debió tomar todas las precauciones debidas y  necesarias  para  ejecutar la intervención, respetando los pasos a seguir, pues  de  haberlo  hecho,  simplemente  no  hubiera ocurrido el accidente.84   

Finalmente,  aunque,  inconforme  con  la  decisión  reseñada,  la  parte  civil  en el recurso de apelación sostuvo que  «no  es  cierta  la  afirmación  que  hizo el a quo  referente  a  que  el  perito avaluador JAVIER TORRES (sic) TORRES, pertenece al  Instituto  de  Medicina  Legal,  porque  el  mismo es Secretario Ejecutivo de la  Sociedad  de Cirugía Ortopédica y traumatológica, quien al incurrir en fraude  procesal,  falso  testimonio  y  fraude  a  resolución  judicial dentro de este  proceso,  está  siendo  investigado  por  la Fiscalía 298 Seccional de Bogotá  dentro    del    sumario   No.   812842»85, el Juez 22  Penal  del  Circuito  de Bogotá, al que le correspondió desatar la apelación,  se   abstuvo   de   hacer   cualquier   análisis,   como   que   «de  una parte, el apelante no expone qué relevancia pudo tener tal  situación  en  la  decisión  apelada  ni  cuál es su postulación concreta al  respecto,  sino  que  sólo  pone  de relieve la existencia de dicho error, y de  otra,  porque  de  la  lectura  cuidadosa  del  fallo  no  se encontró el yerro  aludido»86.   

El  recuento  procesal que antecede muestra  cómo,  si  bien  en un primer momento el doctor Javier  Pérez  Torres fue convocado al proceso penal promovido  contra  el médico Jorge Álvaro Reyes Trujillo con el propósito de que hiciera  un  avalúo  pericial  de daños y perjuicios de contenido económico, pues así  lo  dispuso  la Juez de conocimiento en la audiencia preparatoria, por solicitud  de  la  Fiscalía  –la cual  no  había podido recaudar esa prueba en la fase investigativa- y de acuerdo con  esa  instrucción  se comunicó a la Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica  y  Traumatología,  tal  directriz  fue  posteriormente variada, justamente, por  quien  había  emitido  dicha orden, es decir, por la Juez 59 Penal Municipal de  la   capital,   en   el  sentido  que  lo  requerido  de  él  era  un  concepto  médico.   

En  efecto, como quedó visto atrás, luego  de  que  la  referida  institución  médica  designara  al  doctor Pérez   Torres   como   el  especialista  encargado  de  practicar  el  avalúo  solicitado,  él  compareció al juicio a  rendir  su pericia –el 6 de  marzo  de  2003- pero además que no fue interrogado, de manera concluyente, por  la  estimación económica de los perjuicios causados a la víctima y sí por su  opinión  clínica acerca del error de sitio quirúrgico atribuido a su colega y  demás  aspectos  relacionados  con los protocolos a cumplir en las osteotomías  varizantes,  la condición previa y posterior del paciente, la conducta a seguir  para  el  restablecimiento  de su salud y a lo sumo sobre el daño ocasionado en  la  humanidad  del  señor  Arredondo Bonilla, la Juez, de viva voz, especificó  que  la  experticia  que debía rendir el procesado, previa valoración clínica  del  lesionado  con  el  resultado  de los exámenes radiológicos ordenados por  él,  era  de carácter médico, entendimiento que, como resulta lógico, llevó  al  profesional  de  la  medicina  ortopédica  acusado  a  emitir  un concepto,  estrictamente, de esa naturaleza.   

Ahora  bien,  la  Sala  no  desconoce  que,  contrario  a  lo  argumentado por el demandante, cuando el perito enjuiciado fue  requerido  por  el despacho, por petición del Ministerio Público y de la parte  civil,  a efecto de que aclarara su informe, el experto fue interrogado el 23 de  octubre  siguiente  tanto  por el daño causado con la intervención quirúrgica  como  por  la cuantificación económica que ameritaría el resarcimiento de las  lesiones  causadas,  respondiendo  éste  que  no  existió daño susceptible de  estimación  pecuniaria  con  ocasión de la cirugía en la cadera izquierda del  paciente,  cuestión  aprovechada  por  el  Tribunal  para deducir el ánimo del  procesado  de  favorecer con ese criterio, supuestamente errado, al doctor Reyes  Trujillo.   

No   obstante,   tal  manifestación  del  procesado  merece ser analizada en contexto, toda vez que la lectura integral de  su   declaración   permite   evidenciar  que  esa  respuesta  obedeció  a  una  concepción       particular      –pero  de  modo alguno dolosa- del acusado frente a lo preguntado, la  cual  descansó  en  el  criterio médico según el cual la operación no causó  daño  funcional al paciente porque los arcos de movilidad -a los que aludía en  semejantes   términos  el  dictamen  de  medicina  legal-  eran  completos,  el  acortamiento  del  miembro  izquierdo  era  de 1.8 cm. -y no de 3.8 c.m. como lo  había  reportado  el  perito  forense-  y  la intervención errada de la cadera  izquierda  tampoco  afectó  la  articulación  e, incluso, pudo mejorar la vida  útil  de la misma, considerando que la osteotomía tiene por propósito reducir  la  presión  intrarticular  a efecto de evitar, a largo plazo, su desgaste y el  consecuente  reemplazo total de cadera –opinión  que  también  comparten  los  doctores  Rodríguez  Amaya  (médico  fisiatra  forense) y Manrique González (galeno ortopedista que operó  al  paciente  de la cadera derecha)-, hallazgos que, desde ese punto de vista, a  juicio  del  perito  enjuiciado,  no  debían  generar  compensación económica  alguna.   

Que  ese  entendimiento  del  acusado  fue  producto  de pensar que estaba siendo consultado por la existencia o no de daño  fisiológico  actual  en  la  cadera  izquierda  del  paciente  tras la cirugía  realizada  por  el  doctor  Reyes  Trujillo  y,  de  ser  ese  el  caso,  por la  consecuente  necesidad  de  repararlo  pecuniariamente,  resulta  más claro aun  cuando  se  observa  que,  más  adelante, al ser cuestionado con mayor énfasis  acerca  de  si  consideraba  que, pese a la falla médica de su colega, no se le  causó   ningún   perjuicio   al  señor  Arredondo  Bonilla,  el  acusado  fue  específico  en  aclarar,  frente a este puntual aspecto, que la incapacidad sí  generó   un  perjuicio  «porque  no  estaba  en  el  consentimiento  del  paciente  que  le  operara  la  otra cadera y se avaluaría  tomando  el  salario  que  demuestre  devengado  para la época y la incapacidad  médica   de   tres   meses,  más  los  otros  gastos  médicos  como  muletas,  transportes,  más  el daño emocional causado, pero quier[e] insistir que en el  momento  no  tas[ó]  los  daños porque no estaba de acuerdo con el dictamen de  medicina  legal  que  (sic)  había contradicciones tales como la de señalar un  daño  permanente  en  la  funciono  (sic) de la cadera cuando el mismo dictamen  mostraba  arcos de movilidad completos al igual se hablaba de un acortamiento de  3.8  cmts  y en el estudio radiográfico pertinente es decir la ortoradiografía  se  encontró  un  acortamiento de 1.8 cm.»87   

No  podría  endilgársele,  entonces,  al  doctor   Pérez  Torres  la  acción  inductiva  en  error  a  través  del  concepto  verbal  y  escrito  de  naturaleza  esencialmente  médico  que  rindió  en  el juicio contra el doctor  Reyes  Trujillo,  cuando  su dictamen versó, porque la juez de la causa así se  lo  pidió  de  forma expresa, sobre la sanidad postoperatoria o no de la cadera  intervenida,  normalidad  funcional  que  el  encartado encontró acreditada, no  obstante  la  comprobada equivocación en la lateralidad de la cirugía a la que  también  aludió  en  cuanto  concierne  a  las  falencias  en  los  protocolos  quirúrgicos   -en   su  primera  salida  procesal-  como  a  sus  consecuencias  (incapacidad,     gastos    médicos    y    perjuicio    moral)    –mencionadas  en  las dos oportunidades  en que compareció al juicio-.   

Esta conclusión se robustece al examinar el  auto  del  29 de agosto de 2003 -no analizado de manera alguna por el Tribunal-,  por  cuyo  medio  la  referida  funcionaria  resolvió sobre la objeción que el  representante  de la parte civil formuló contra la pericia rendida por el aquí  enjuiciado  -acusada  de obrar como medio fraudulento-, en la que, con meridiana  claridad   la   juzgadora   indicó   que   i)   dicha  experticia  –de   naturaleza   médica-,  la  cual  comprende  el  informe  escrito y las dos declaraciones vertidas en la audiencia  pública,  es  el resultado de la valoración clínica del paciente que le fuera  pedida  por  ella, en la sesión del 6 de marzo de 2001, dados sus conocimientos  científicos  y  experiencia,  tras la cual podría determinarse la existencia o  no  de  perjuicios  con  la  asistencia  de  un  perito avaluador, por supuesto,  diverso  al  procesado,  en  la  medida  que este es experto en la ciencia de la  medicina   ortopédica   de  cadera  y  no  en  la  de  tasación  de  daños  y  perjuicios.   

Nótese, asimismo, cómo la falladora aclara  que,  ante  la  divergencia  manifestada  por  el  aquí  procesado frente a las  conclusiones  del  perito de medicina legal en punto de las secuelas ocasionadas  con  la  conducta  punible, «fue que este Despacho le  solicitó  la  valoración médica ya rendida a fin de poder establecer con base  en  su  experiencia  y  conocimientos médicos en el área de ortopedia, cuáles  fueron  las  condiciones de salud previas y posteriores a la cirugía practicada  al  ofendido  y  con  base  en  ello  las  consecuencias que generó»88,   lo   cual  la  llevó  a  concluir  que  «evidentemente  no  podía el médico  perito   [doctor   Pérez  Torres]    hacer  otra  cosa  que  emitir  su  concepto  médico,  el cual fue  requerido  por  su  experiencia  vale  decir,  por  su  pericia  adquirida en la  práctica  de  la  medicina  ortopédica,  no  así  entrar  a señalar una suma  determinada  de  dinero  por  concepto  de  perjuicios,  por  cuanto  ello no le  corresponde  a  un  médico  sino  a  un  perito  experto  avaluador en daños y  perjuicios.»89   

Si ello es así, no se remite a duda que el  procesado  jamás  pretendió provocar en la servidora judicial, a través de su  experticia,  un error de juicio. Únicamente, cumplió con el deber encomendado,  esto  es,  el  de  rendir  un concepto médico -que no de perjuicios- el cual si  bien  puede  divergir,  frente  a  algunas  conclusiones  y  en  su  enfoque, en  relación  con  el  de  medicina  legal,  no  se muestra equivocado, mentiroso o  falso,  pues  de su suficiencia científica hablan varios médicos especialistas  en la materia, como adelante se analizará.   

Y es que, como se anticipó atrás, si bien  el  delito de fraude procesal es una conducta ilícita de peligro que, por ende,  no  requiere  para  su  consumación  que  el  funcionario  llamado  a emitir la  decisión  contraria  a derecho efectivamente la profiera, por cuenta del empleo  por  parte  del agente de un instrumento de prueba fraudulento, sino simplemente  del  acto  de  inducirlo  con  ese  medio  probatorio engañoso, sí resulta muy  diciente  que,  en  el  caso  concreto,  obre  un  procedimiento judicial previo  –auto del 29 de agosto de  2003-  a  la sentencia en el que la servidora que iría a ser llevada a error de  cuenta  exacta  del  objeto de la pericia pedida al implicado y del cumplimiento  por  parte  de  éste  de  ese  puntual  propósito  y, a su vez, que el informe  pericial  rendido  por el aquí acusado, fuera, precisamente, una de las pruebas  incriminatorias  que  con  mayor contundencia sirviera para declarar responsable  del  reato de lesiones personales culposas al doctor Reyes Trujillo, en el fallo  proferido por la Juez 63 Penal Municipal de Bogotá.   

Sin   embargo,   como   lo  acreditó  el  casacionista  y lo destacó la representante de la sociedad, el Tribunal recayó  en los yerros denunciados en la demanda.   

En  verdad, de un lado, ignoró el auto del  29  de  agosto  del  mismo  año  de  la  Juez 59 Penal Municipal de Bogotá que  precisó   cómo   lo   solicitado  al  doctor  Pérez  Torres  fue  una  pericia  médica  y  no  un  avalúo  pericial   de   daños   y   perjuicios   (falso   juicio   de   existencia  por  omisión).   

Y de otro, al paso que recortó el contenido  suasorio  del  acta  contentiva de la declaración del acusado del 6 de marzo de  2003  en la que éste expresó con total claridad las falencias en que incurrió  el  médico  Reyes Trujillo, el personal de apoyo y la clínica y se refirió al  perjuicio  causado  al  lesionado con el acortamiento de una de sus extremidades  inferiores  y  la  incapacidad  médica  y, la juez de conocimiento lo requirió  para  que  valorara  la  condición  médica del paciente y rindiera el concepto  respectivo,  ignoró  el  aparte  de  la  declaración  del enjuiciado del 23 de  octubre  siguiente  en  el  que  aludió  a  la  generación  de unos perjuicios  consistentes,  en  términos  generales,  en  la incapacidad por tres meses, los  gastos médicos y la afectación moral.   

Ciertamente, el ad  quem  limitó  su  análisis al fragmento en el que el  doctor    Pérez   Torres  mencionó  que  no  percibía la existencia de algún daño causado al paciente,  siendo   que  tal  postura  se  refería  a  la  inexistencia  de  daño  en  la  articulación  de  la  cadera  izquierda  y  su consecuente normalidad funcional  (falso juicio de identidad por cercenamiento y tergiversación).   

Todos estos yerros son relevantes de cara al  fallo  condenatorio,  porque  de  no haber incurrido en ellos, la colegiatura no  habría  podido  construir  el  juicio  de  reproche  contra el procesado por el  injusto   de   fraude   procesal   y   la  sentencia  tendría  que  haber  sido  absolutoria.   

A  esos  defectos,  se  suman otros tantos,  derivados  de inadvertir algunos medios suasorios y tergiversar algunos más que  igualmente  resultaban de trascendental importancia para verificar si el acusado  incurrió  en  la  conducta  lesiva  de  la  recta  y  eficaz administración de  justicia,  teniendo  en  cuenta  que  el  carácter  fraudulento  atribuido a la  pericia  rendida por el procesado también devino de considerarlo contradictorio  al  dictamen  médico legal y al de la Junta de Calificación de Invalidez, pues  mientras  el  primero  determinó que el acortamiento causado con la osteotomía  de  la  cadera  izquierda  ascendió  a  1.8  cm., el cual sería susceptible de  corregirse  con  el reemplazo total de cadera o, en su defecto, con una talonera  de  1  c.m.  y  que  no  se  produjo una limitación funcional del órgano de la  locomoción  porque  los arcos de movilidad son normales, el segundo estimó que  la  diferencia  en la longitud de las extremidades inferiores es de 3.8 cm. y se  causó   una  incapacidad  médico  legal  de  100  días  y  como  secuelas  la  perturbación  funcional  de  miembro  inferior  izquierdo  y  del órgano de la  locomoción,  ambas de carácter permanente y el tercero determinó una pérdida  de  la  capacidad  laboral  total  del 16.55%, por razón de una deficiencia del  5.85%90,    una    discapacidad   del   2.70%91   y   una  minusvalía  del  8%92.   

Se observa, pues, que ningún comentario le  mereció  a  la  magistratura los testimonios de los doctores José María Niño  Caicedo,  Alberto  Rodríguez  Amaya  y  Gloria  Mercedes  Jiménez –salvo  por  la  sola  mención  en  el  sentido  que  «existen diferencias en la valoración  adelantada  por  distintos  médicos que en este asunto conceptuaron»93-,  quienes, desde su órbita  de  conocimiento, fueron prolijos en resaltar que el concepto médico del doctor  Javier Pérez Torres no sólo  no  es  contradictorio  frente al del perito del Instituto de Medicina Legal, ya  que  responden  a  perspectivas  diversas  según el ámbito de cada experticia:  clínica  o forense, sino que no es falaz, mentiroso o engañoso, como que está  soportado  en  los  criterios  más  especializados  admitidos  por la comunidad  científica.   

Repárese,  al  respecto, cómo el Teniente  Coronel  José  María Niño Caicedo, perito especialista en ortopedia de cadera  y  rodilla  del Hospital Militar, repara en que el informe rendido por el doctor  Pérez  Torres  no tiene las  características  de  un  dictamen de medicina legal sino de un concepto médico  en  tanto éste solo contiene «una descripción de un  caso,  donde  se  describe  (sic) las condiciones radiológicas de las caderas y  los  miembros  inferiores  de un paciente»94  y  no  se  analizan  las  causas,  las  lesiones  y  las secuelas y tampoco se refiere a la  incapacidad médico legal.   

Así  también,  luego  de  explicar que el  acortamiento  de  alguna  extremidad se puede mejorar con un alargamiento óseo,  una   «osteotomía   valdizante   (sic)»95,   entre   otras  opciones,  indica  que  la  medición  que  se  hizo  en  el  dictamen de medicina legal es  clínica,     la     cual    «puede    llevar    a  inexactitudes»96, dependiendo de contracturas  musculares,  vasculatura  de la pelvis o escoliosis del paciente, destacando las  inconsistencias  que  percibe en dicho informe forense acerca de la longitud del  acortamiento  pues  «[e]n el folio 8 registran (sic)  una  longitud  del  miembro  izquierdo  de  84  centímetros  y una longitud del  miembro  inferior  derecho  de  88  centímetros.  En  el  folio  12  numeral 14  describen   un   acortamiento  de  miembro  inferior  izquierdo  clínico  de  3  centímetros   en  el  miembros  (sic)  inferior  izquierdo  y  de  pie  de  2.8  centímetros  que  según  el  doctor  ALBERTO RODRÍGUEZ AMAYA médico fisiatra  presenta    una    secuela    de    orden    físico   y   funcional»97   

Estima, de este modo, que la forma adecuada  de  calcular  la  magnitud  de  los  miembros  inferiores  es la realizada en el  concepto  del  acusado, esto es, a través de la ortoradiografía «donde  se  puede  medir  desde  el centro de rotación de la cadera  hasta   la   articulación   tibiotalar»98, concluyendo  que,  el  dictamen del doctor Pérez Torres    «[n]o    es    contrario    a   la  realidad»99 sino que difiere del otro en  cuanto  al  método de medición y que «cada paciente  y  cada  patología  son únicos, existen además circunstancias alrededor de la  enfermedad  y  alrededor  del  paciente que se deben evaluar, es por esto que un  concepto  dado  por  un  especialista  tenga  algunas diferencias con respecto a  otras  especialidades  ya que la filosofía de la funcionalidad, la armonía del  aparato  locomotor,  incluso  son  diferentes  si  son  evaluados por diferentes  especialidades»100.   

Por  su  parte,  el  doctor Alberto Enrique  Rodríguez  Amaya, médico fisiatra, que emitió la opinión forense con base en  la   cual  se  emitió  el  dictamen  médico  legal  definitivo,  explicó  que  «[l]a  medida  exacta de las diferencias de longitud  la  da  los  rayos  X  y  las  mediciones  clínicas  varían  de  acuerdo  a la  experiencia  del  examinador,  la  postura  del  paciente (…), la presencia de  dolor  y en algunos casos si se ha tomado injertos de hueso de la cresta iliaca.  Nunca   es   absoluta  y  es  solamente  una  guía  de  la  asimetría  de  las  extremidades»101.   Precisó  que  el  mejor    examen    radiológico   es   el   test   de  farill  y no la ortoradiografía, pues si bien esta es  «sugestiva    y    muy    orientadora»102, el primero es específico  para  la  longitud,  aunque «no aumentaría de manera  importante       la      precisión      del      doctor      PÉREZ»103.   

Al comparar la pericia del procesado con la  de  medicina  legal  rendida  por  el  doctor  Sánchez  opina que el primero es  «un  concepto médico que se reduce a la evaluación  del  paciente  en  ese momento y una conducta a seguir médica, en este folio no  hay     evaluación     del     daño»104, mientras  que  el  segundo  es  una  experticia  en  la que «se  consigna     una    incapacidad    y    unas    secuelas    forenses»105.     Y     complementa:  «Son  dos idiomas distintos, en el primer caso es un  dictamen  en el ámbito de una consulta médica y el dictamen forense es emitido  en  el  ámbito  de  un  auxiliar  de la justicia, respondiendo a un funcionario  judicial    en    los    términos   en   que   nos   obliga   el   código   de  procedimiento»106.   

Igualmente,   frente   a   la   presunta  discrepancia  entre  la  opinión  pericial  del  acusado y la suya de carácter  fisiátrico  –incorporada  al  dictamen  médico  legal  definitivo-,  éste  testigo descartó que hubiera  alguna  diferencia  de  criterio  entre los dos en torno al aspecto médico pues  señaló:   

En  este caso el paciente tenía la cadera  derecha  enferma  y la cadera izquierda con un desgaste fisiológico. Al momento  de  hacer  una  osteotomía  en  la  cadera izquierda, esa cadera deja de apoyar  durante  el  postoperatorio  un tiempo más, por eso se suspende el desgaste. Al  momento  de  recuperar el alineamiento normal esa cadera vuelve a recibir carga.  Esta  cirugía  es  extraarticular  no  se toca la superficie articular, por esa  razón  la  articulación  misma no sufre daño, pero el paciente si (sic) tiene  afectadas  otras  funciones,  básicamente la locomoción, además del tiempo de  incapacidad  correspondiente  a la recuperación del procedimiento. Corregido el  tema  del material de osteosíntesis esa cadera sigue con su vida como la traía  antes  del  procedimiento.  (…)  En  mi entender si la superficie articular no  sufrió  daño  y  cuando  se  termino (sic) el postoperatorio de la osteotomía  siguió  funcionando  como  estaba  antes,  corresponde  a  lo que habitualmente  llamamos  ahorrar  cadera.  El  daño  estuvo  en el tiempo postquirúrgico para  cicatrizar   la   osteotomía   que   en   este  caso  el  médico  [forense]    estimo   (sic)   en   100  días.107   

Y  en  relación  con  las  inconsistencias  advertidas  por  el  encartado  en  el  dictamen de medicina legal en torno a la  medida  del  acortamiento, la función de los arcos de movilidad y las secuelas,  el deponente acompañó el criterio del acusado al afirmar:   

Respeto  (sic)  de  la  longitud  de  la  extremidad  puede aumentar el acortamiento si el material quirúrgico se mueve y  la  fractura  consolida angulada. El acortamiento puede variar dependiendo (sic)  la  etapa  respecto a la consolidación de la fractura (osteotomía) por ejemplo  si  el  paciente  apoya  antes  de  lo  ordenado  por el médico, entonces puede  dependiendo  el momento tener dimensiones diferentes. Los arcos de movimiento al  examen  mío  estaban prácticamente normales. Para mí la secuela funcional que  quedara  sería  únicamente por el acortamiento, porque no me lo han preguntado  pero  yo  discrepo  de  la  conclusión del perito [de  Medicina  Legal]  que  remitió el dictamen visible a  folio  16  en  la  parte  donde  dice; perturbación funcional del órgano de la  locomoción  de  carácter  permanente,  pues  para  mí  fue  transitoria y que  corregía  como  dice  en el folio 12 pregunta 15 que pudiera corregirse con una  plantilla  en  el  zapato.108   

Al  igual  que  el doctor Niño Caicedo, el  médico  Rodríguez  Amaya  coincide  en  que  las  dos  pericias  supuestamente  contrapuestas   no   son  divergentes,  «simplemente  tienen     un     encuadre    distinto»109.  Así,  reseña  que  la  pericia  del  acusado  no  evaluó  los  daños y perjuicios y  «[e]s  un concepto escrito como una interconsulta de  hospital,  donde omite la exactitud de los arcos articulares y se enfoca como en  una  recomendación terapéutica. Piens[a] que el doctor no tiene una formación  forense  para  evaluar  el  daño y se reduce a un concepto clínico»110.   

Ampliando  esta  percepción,  aduce  que  «[l]os  médicos  normalmente  no están capacitados  para     hacer     evaluación     de     daños     y    perjuicios»111,    que    no    le   ve  contradicción  ni  error al dictamen del doctor Pérez  Torres,   y  que  lo  único  que  podría  estimarse  discordante  es  que  el  implicado hubiere afirmado que la osteotomía del lado  sano  no causó daño, siendo que «el paciente estuvo  incapacitado,  requirió un procedimiento quirúrgico reconstructivo y su marcha  estuvo  alterada  por  un  periodo de tiempo, todo lo cual constituye daño y es  susceptible     de     ser    evaluado»112.   

En  sintonía  con  los testimonios recién  examinados,     la     doctora    Gloria    Mercedes    Jiménez    –perito   particular   quien   estuvo  vinculada  al  Instituto  de  Medicina  Legal por cerca de 20 años- cataloga de  pericia   clínica   al  concepto  del  doctor  Pérez  Torres,     como    quiera    que    «hace   una  valoración  de  un  paciente,  lo  examina,  hace  una  observación  sobre  un  estudio  radiológico  y  da  indicaciones  para manejo  terapéutico       del      paciente»113   y  la  diferencia   con  la  de  carácter  médico  legal  por  la  naturaleza  de  la  evaluación,  sin  considerarlas  contradictorias,  en  la  medida  que utilizan  distintos   criterios   técnicos:   «[u]no,  el  de  técnica  clínica  el  correspondiente  al  doctor  JAVIER PÉREZ y el otro una  metodología  encaminada  a  dar  respuesta a la solicitud de una autoridad para  emitir     un     dictamen    pericial»114.   

Guardando  coherencia  con  lo anterior, la  deponente explica que:   

La  diferencia está en que en el dictamen  médico  legal se hace una interpretación de un examen médico, de una historia  clínica  o  de  un  concepto  científico  con  el  fin  de responder o aclarar  solicitudes  de  la autoridad con el fin de auxiliar a la justicia en la toma de  decisiones,  dicho  dictamen  tiene  una  formalidad y una metodología que debe  conocerla  quien se desempeña como perito, las Sociedades Científicas también  atiende   (sic)   requerimiento   de   la  autoridad  en  algunos  casos  o  por  intermediación   de   medicina   legal   para   aclarar   o  precisar  aspectos  estrictamente  médicos,  para  lo cual se emplea una metodología distinta, que  es  la  técnica  del  examen  clínico que se aprende en la formación médica,  puede  dar  opiniones  también  sobre  manejos  médicos  específicos, avances  científicos,    validez    o    utilidad    de    un    medicamento.115   

A lo que agregó:  

«Si (sic) pueden  diferir  [en  un  caso  los  contenidos  del concepto  médico  legal  y  el  concepto  científico]  porque  analizan  un mismo caso con diferentes metodologías y con diferentes objetivos.  Puedo  explicar  con  un ejemplo: una persona sufre un trauma en un accidente de  tránsito  y  lo primero que recibe es una atención médica que está orientada  a  hacer el diagnostico (sic) de su condición y a darle un tratamiento a la vez  se  remite  a  medicina legal donde se examina con el objetivo de identificar si  el  tipo  de lesión del paciente corresponde a las circunstancias del accidente  y  se  puede fijar una incapacidad totalmente diferente a la incapacidad médica  que  se  esté  fijando  en  la  institución  donde la atendieron inicialmente,  posteriormente  se  puede  requerir  dentro  del proceso judicial que un experto  evalúe  la condición del paciente y las expectativas de recuperación se puede  pedir  también  que se determine su capacidad laboral o el grado de invalidez y  se  obtendrá  una  información  diferente  a  la  que  se da en la valoración  médica.   En   mi  experiencia  como  perito  forense  un  aspecto  en  el  que  habitualmente  colaboramos  con  la  autoridad,  es  el  explicar  y aclarar los  alcances  de  cada  uno de estos conceptos.116   

Valga  resaltar  que, dada la categoría de  entidad  científica  de  la  Sociedad  Colombiana  de  Cirugía  Ortopédica  y  Traumatología,  la experta es del criterio que no era posible solicitar que uno  de  sus  miembros  emitiera  un  dictamen  pericial  de daños y perjuicios, del  resorte   de  un  perito  avaluador,  dado  que  «el  concepto  de daño desde el punto de vista médico tiene connotación totalmente  diferente  al  concepto  de  daño desde el punto de vista jurídico»,  sobre  todo  si  se considera que, a su juicio, el concepto del  acusado  «fue  adecuado  y  en  concordancia  con lo  requerido  por el juzgado sobre una valoración médica que debía realizar a un  paciente  cuya  patología  de  tipo ortopédico correspondía a la especialidad  médica     del     doctor     PÉREZ»117  y  era a  otro   perito   al  que  le  competía  la  tasación  económica  de  daños  y  perjuicios.   

Como  se  expresó atrás, ninguno de estos  medios   de   prueba   fueron   evaluados  por  el  ad  quem,   los  cuales  resultaban  indispensables  para  desechar   la   falsa   idea   de   que  el  concepto  del  doctor  Javier  Pérez  Torres contrastaba con los  de  medicina  legal  y de calificación de invalidez y que aquél constituyó el  vehículo  para  inducir  en  error  a  la sentenciadora, pues, como se vio, los  testigos  especialistas  en  la  ciencia  ortopédica  y  la facultativa forense  convocados  al juicio son homogéneos en señalar que no existen contradicciones  evidentes  entre  las  tres experticias y que las diferencias surgen del tipo de  valoración:  clínica-ortopédica, laboral y forense, e incluso, del método de  medición  de  las  extremidades  y  de  los  criterios de evaluación según el  ámbito de cada especialidad.   

Es más, el Tribunal indica que la conducta  terapéutica  sugerida  por  el  procesado,  consistente  en  usar  una talonera  correctiva,  demuestra  su  intención  de  minimizar los efectos dañinos de la  infracción  al  deber  de  la  lex  artis  por  parte  de  su  colega así como resulta lesiva de la dignidad  humana  del  paciente; sin embargo, tal conclusión inadvierte que esa solución  no  es  exótica  en  tanto también a ella se refiere la experticia del médico  fisiatra    forense    del    Instituto    de    Medicina   Legal   –doctor      Alberto     Rodríguez  Amaya118-,   además   que,   el   concepto  del  procesado  involucra  otra  alternativa,  esto  es, el reemplazo total de cadera, con el fin de compensar la  disparidad en la longitud de la extremidad izquierda.   

De  igual  manera,  le  asiste  razón  al  recurrente  cuando  sostiene que el ad quem  tergiversó  el  testimonio  del  médico  Jorge  Eduardo Manrique  -ortopedista  que,  con  posterioridad  a la osteotomía equivocada de la cadera  izquierda,  le  practicó  al  señor Arredondo Bonilla el reemplazo total de la  cadera   derecha-,  pues  de  la  afirmación  según  la  cual:  «lo  que  sí  puedo  decir  es  que no es una cadera normal como lo  afirma  el  doctor PÉREZ»119 -refiriéndose a la cadera  izquierda-,  no  se  desprende  que el testigo estuviera disintiendo de lo dicho  por  el  procesado; por el contrario, lo que, en el contexto de la respuesta, el  deponente  experto  manifestó  fue estar de acuerdo con la opinión del acusado  que  indica  que  esa  cadera  del  paciente no era normal debido a la displasia  bilateral que presentaba como enfermedad antecedente.   

En  efecto, recuérdese que, por una parte,  en    el    concepto   tantas   veces   mencionado   del   doctor   Pérez  Torres, éste fue del criterio que  «[e]l  paciente presenta un problema degenerativo en  ambas  caderas  con  sintomatología  predominante  en la cadera derecha por una  avanzada    artrosis»120,  impresión  diagnóstica  que  ratificó  en  su  declaración  del  23 de octubre de 2003 al señalar que  «(…)   Como   el   paciente   tiene   un  proceso  degenerativo  en  ambas  caderas,  probablemente  requerirá  en un futuro de un  reemplazo  articular en esta cadera de igual forma como se realizó en la cadera  derecha»121.   

Y, justamente, al ser interrogado el doctor  Manrique González sobre el particular, respondió:   

(…) Los diagnósticos, los tratamientos y  los  resultados  con el seguimiento o durante el seguimiento no son matemáticos  puesto  que  en  medicina  se  habla  de  promedios  y  no  se  puede garantizar  resultados,  es decir, que no puedo predecir que la cadera izquierda vaya a ir a  la  artrosis, pero lo que sí puedo decir es que no es una cadera normal como lo  afirma  el doctor PÉREZ, por haber tenido esa patología de displasia de cadera  bilateral  como  esta  (sic)  anotado  en la historia clínica. (…) Yo podría  interpretar  respecto  de  lo  enunciado  por  el  doctor  PÉREZ,  es  que  las  osteotomías  disminuyen la presión intraosea y no la presión intraarticular a  menos  que  se  busque  cambiar  la  superficie de carga, de ahí que no indique  ningún  tipo  de  tratamiento  para la cadera izquierda porque la observe (sic)  con  una  funcionalidad  que  supera  el  60% de los arcos de funcionamiento. La  única  excepción  sería la extracción del clavo placa que no se realizó por  las    condiciones   de   riesgo   de   sangrado   siendo   testigo   de   geova  (sic).122   

En similar sentido, como se desprende de la  reseña  antecedente  de  los  testimonios  de  los  doctores  Niño  Caicedo  y  Rodríguez  Amaya,  no  es verdad que su criterio se contraponga al del acusado,  pues  todos  ellos  coinciden,  en  lo esencial, sobre la patología de base, la  ausencia  de daño en la articulación de la cadera izquierda con ocasión de la  cirugía  producto  del  error  quirúrgico  de  lateralidad,  el funcionamiento  adecuado   de   la   cadera   tras   el  mentado  procedimiento,  las  conductas  terapéuticas  a  seguir  respecto  al  acortamiento  de  uno  de  los  miembros  inferiores  e,  incluso,  la  generación  de  perjuicios  representados  en  la  incapacidad médico legal, los gastos médicos y el daño moral.   

Sobre este último aspecto, recuérdese que  aunque  el  objeto  de  la  pericia solicitada al acusado se circunscribía a un  aspecto  eminentemente  técnico científico, ante la insistencia de los sujetos  procesales  que  indagaban  por  los  daños  materiales y morales causados a la  víctima  de  la  infracción  penal,  el doctor Pérez  Torres desde la primera oportunidad en que compareció  al  juicio  -6  de marzo de 2003- fue expreso en señalar que al lesionado se le  ocasionaron  unos  perjuicios  provenientes de la incapacidad médico legal y el  acortamiento  de  su  extremidad  inferior,  opinión  reiterada  también en la  declaración  del  23 de octubre siguiente, perjuicios que, de cualquier manera,  como  bien  lo aclaró la juez de esa causa en el auto del 29 de agosto de 2003,  no  estaba impelido a tasar si se advierte que no era un perito avaluador y, por  consiguiente,  como  lo  explicó  el  acusado  en su indagatoria, no tenía los  conocimientos    técnico-jurídicos    del    caso   para   proceder   de   esa  forma.   

Es  más,  la colegiatura asegura que nadie  aparte  del  enjuiciado  adujo  beneficios  para el señor Arredondo Bonilla con  ocasión  de  la  errada  cirugía; sin embargo, más allá del ostensible daño  generado  por  semejante  equivocación  quirúrgica  que  encontró adecuación  típica   en   el  delito  de  lesiones  personales  culposas,  el  ad  quem  desconoce que sobre las bondades  relativas   de   ese   procedimiento  –dadas  las  circunstancias-  consistentes  en una disminución de la  presión  intrarticular y del consecuente desgaste de la articulación, teniendo  en  cuenta  el  proceso  degenerativo  de  las caderas del lesionado debido a su  displasia  congénita,  también  opinaron  de  manera  favorable  los  médicos  Manrique  González  y  Rodríguez  Amaya,  cuestión  que,  de  manera  alguna,  cohonesta  con  un  trato  desconsiderado  o indigno respecto de la víctima que  tuvo  que  padecer  los  rigores y las secuelas de un procedimiento respecto del  cual no había emitido su consentimiento.   

El  haz  probatorio  hasta aquí analizado,  extrañamente  ignorado  por el juez plural, deja ver que el dolo directo que se  predica   en  el  fallo  de  segunda  instancia  no  aparece  acreditado  en  el  comportamiento  del  acusado  pues  no  parece  lógico suponer que el encartado  tenía  conciencia  de estar infringiendo la norma penal con el concepto médico  que  rindió  en los términos en los que se le pidió, ni mucho menos, voluntad  o intención de acción.   

Aunque el Tribunal se apresura a afirmar que  el  encartado  sabía que había sido convocado al juicio contra el doctor Reyes  Trujillo  para  avaluar  los  perjuicios  materiales  y morales causados con las  lesiones  personales  que  por  culpa  aquél  causó en la humanidad del señor  Arredondo  Padilla,  porque  tal  mandato  judicial  le  fue  dada a la Sociedad  Colombiana  de  Cirugía  Ortopédica  y  Traumatología,  en esa condición fue  designado   por   la   misma   y   ello   le   fue   comunicado   «tanto  en  los  oficios  remitidos  por  el  despacho,  como en las  diligencias      públicas      en      que      estuvo     presente»123,     la     colegiatura  convenientemente  deja  de lado que, esa orden fue reformulada por la juez de la  causa,  desde  la primera declaración –el  6  de  marzo  de  2003- e incluso justo antes de que rindiera su  informe  escrito,  al  advertir  la  juzgadora  la  impertinencia que surgía de  pedirle  a  un  médico  ortopedista como el acusado la tasación de unos montos  perseguidos  a título de compensación económica que no era de su resorte o su  competencia.   

Adviértase,  sobre  el  particular, que el  doctor  Javier  Pérez Torres  fue  enfático  en  señalar  que no conocía con certeza la diferencia entre un  concepto  médico  y una pericia, que no cuenta con preparación académica para  avaluar  daños  y perjuicios y que siempre entendió que lo que le pidieron fue  examinar  un paciente y dar su concepto médico sobre su estado, para lo cual se  valió   de  unas  radiografías,  la  ortoradiografía  y  la  valoración  del  lesionado.   

Partiendo  del  supuesto  errado  de que el  enjuiciado  tenía plena conciencia sobre el objeto del dictamen para el que fue  nombrado,   la   magistratura   lo   acusa   de  dictaminar  que  «a  pesar de haberse practicado una cirugía a REINALDO ARREDONDO en  la  cadera  equivocada,  a  éste no se le produjo daño o perjuicio alguno, que  fuese        susceptible       de       valoración       económica»124,  siendo  que, como quedó  visto,  lo  requerido  del  procesado, realmente, fue un concepto médico, no un  avalúo,  y  que  la  referencia  a  la  inexistencia  de  daño y, por ende, de  reparación  pecuniaria,  se  concretó  a  la verificación de la sanidad de la  articulación  de  la  cadera izquierda pese al error quirúrgico que el acusado  le  atribuyó  al  doctor  Reyes  Trujillo,  al  personal que lo asistió y a la  clínica,  por  lo  cual  se  descarta  la  supuesta intención del encartado de  llevar  a error a los funcionarios judiciales que tuvieron a su cargo el proceso  contra  ese profesional de la medicina, tal como lo resaltó el representante de  la  Fiscalía  en  los  alegatos de cierre cuando solicitó su absolución tanto  por el delito de fraude procesal como por el de falso testimonio.   

En ese orden de ideas, esta Corporación no  puede  compartir  la  estimación  del  juez colegiado que indica que el acusado  conocía  que  «de  aceptarse su dictamen tal y como  fue  presentado  y  sustentado,  el  fallo  condenatorio incluiría, no sólo un  error  en la determinación de los perjuicios, sino también, claro está, yendo  más  allá,  favorecía  indebidamente la situación del enjuiciado»125,  sino acompañar la tesis  absolutoria  del  a  quo para  quien  el  concepto  del  acusado  no  es  contrario  a  la realidad, tampoco es  contradictorio  con  la pericia de medicina legal y de ninguna manera se observa  la  intención  de  confundir  a  los  operadores  judiciales, máxime cuando el  juicio  de valor de los juzgadores de primera y segunda instancia que tuvieron a  su  cargo el proceso contra el médico Reyes Trujillo no podía verse perturbado  por  una  opinión  pericial fruto de una orden de la Juez 59 Penal Municipal de  Bogotá,  que,  por  consiguiente,  en  tanto  medio de prueba cierto, lícito y  legal    carecía    de    la    idoneidad    necesaria    para    llevarlos   a  confusión.   

Para cerrar, es indispensable resaltar que,  contrario  a  lo imaginado por el juez plural, en el proceso no se probó que el  doctor  Javier  Pérez Torres  tuviera  alguna  inclinación de ánimo respecto del médico Jorge Álvaro Reyes  Trujillo  de  naturaleza profesional o de amistad, al punto que únicamente obra  la  manifestación  del  aquí  procesado  que  niega cualquier nexo de ese tipo  entre   los   dos,  más  allá  de  la  ocasional  coincidencia  en  escenarios  académicos.   

Como   el   demandante   demostró,   con  suficiencia,  que la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá incurrió en la  infracción  indirecta de la ley sustancial, en sus variantes de falso juicio de  existencia  por  omisión  y  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento y  tergiversación,   conllevando  a  la  emisión  de  un  fallo  condenatorio  de  carácter  injusto,  la  Corte,  siguiendo  la  petición  de  la  delegada  del  Ministerio   Público,   lo   casará,   para,  en su lugar, confirmar la sentencia absolutoria proferida por  el Juez Cuarenta y Uno Penal del Circuito Adjunto de la capital.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Casar la  sentencia  del 26 de junio de  2013  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, en el sentido de  revocarla,  para, en su lugar, confirmar la de carácter absolutorio, emitida el  28  de  septiembre  de  2012  por  el  Juzgado Cuarenta y Uno Penal del Circuito  Adjunto de la misma ciudad.   

Segundo.   En  consecuencia,  el  juez  de  primera  instancia  deberá  cancelar  las  anotaciones y los requerimientos que  pudieran   existir   en   contra   de   Javier  Pérez  Torres por este delito.   

Tercero.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  230-231  del  cuaderno original 2.   

2  Cfr. folio 38 del cuaderno  original 1.   

3  Cfr.    folios   54-55  ibidem.   

4  Cfr. folio 148 ibidem.   

5  Cfr.   folios   161-171  ibidem.   

6  Cfr.   folios   206-210  ibidem.   

7  Cfr.   folios   230-234  ibidem.   

8  Cfr.   folios   248-257  ibidem.   

9  Cfr.   folios   287-295  ibidem.   

10  Cfr.  folio 3 del cuaderno  original 2.   

11  Cfr.    folios   47-50  ibidem.   

12  Cfr.   folios   107-115  ibidem.   

13  Cfr.   folios   122-127  ibidem.   

14  Cfr.   folios   147-163  ibidem.   

15  Cfr.  folios  164-172  y  181-184 ibidem.   

16  Cfr.   folio   185-200  ibidem.   

17  Cfr.   folios   230-257  ibidem.   

18 El  magistrado Dagoberto Hernández Peña salvó el voto.   

19  Cfr.  folios  11-45  del  cuaderno del Tribunal.   

20  Cfr.    folios   57-59  ibidem.   

21  Cfr. folios 74-85 y 87-164  ibidem.   

22  Cfr.   folio   167-180  ibidem.   

23  Cfr.  folios  11-48  del  cuaderno  de la Corte. Se precisa que en esta providencia la Corte advirtió que  se  privilegiaría la demanda de la defensa sobre su alegato de no recurrente y,  por  ende,  no  sintetizaría  ni  se  ocuparía  de  este último memorial pues  «de  tiempo  atrás, la Corte ha sido consistente en  negar  la  posibilidad  de  actuar  en  casación  con  la doble connotación de  demandante  y  no  demandante  pues,  de  un lado, existe una clara restricción  legal  (artículo  211  de la Ley 600 de 2000) que únicamente faculta al sujeto  no  recurrente  –que no al  impugnante-  a  presentar  sus alegatos luego de que el actor haya presentado su  libelo  y  de  otro,  no solo vulnera el principio de igualdad procesal sino que  incorpora  la  dificultad  para  la  Corte  de  establecer  cuál  es el rol que  finalmente  pretende  desarrollar  el  sujeto  procesal, en tanto uno y otro son  excluyentes.»   

24  Cfr.    folios   60-85  ibidem.   

25  Cfr. folio 94 del cuaderno  del Tribunal.   

26  Para acreditarlo transcribe un fragmento del fallo de primer nivel.   

27  Cfr. folio 117 del cuaderno  del Tribunal.   

28  Cfr. folio 119 ibidem.   

29  Cfr.   folios   119-120  ibidem.   

30  Cfr. folio 129 ibidem.   

31 Los  únicos  que  conceptuaron,  afirma  el letrado, fueron el Instituto de Medicina  Legal,  la  Junta  Regional  de  Calificación  de  Invalidez  de  Bogotá  y el  enjuiciado.   

32  Cfr. folio 134 del cuaderno  del Tribunal.   

33  Cfr. folio 141 ibidem.   

34  Ibidem.   

35  Cfr. folio 143 ibidem.   

36  Cfr. folio 151 ibidem.   

37  Ibidem.   

38  Cfr. folio 154 ibidem.   

39  Cfr. folio 160 ibidem.   

40  Cfr. folio 74 del cuaderno  de la Corte.   

41  Folio 64 cuaderno anexo inspección Juzgado 59 penal municipal.   

42  Cfr.  folios  74-75  del  cuaderno de la Corte.   

43  Cfr. folio 76 ibidem.   

44  Ibidem.   

45  Ibidem.   

46  Cfr.    folios   80-81  ibidem.   

47  Cfr. folio 82 ibidem.   

48  Cfr. folio 83 ibidem.   

49  Ibidem.   

50  Cfr. folio 84 ibidem.   

51  Ibidem.   

52  Sentencia  de 17 de agosto de 2005. En el mismo sentido, sentencia de 19 de mayo  de 2004, radicación 18367.   

53  Recuérdese  que  el  error debe serle atribuible al sujeto que utiliza el medio  fraudulento  para  engañar  al  servidor  público y no a la falta de idoneidad  profesional del funcionario.   

54 En  este  sentido,  Hernández-Romo  Valencia,  Pablo. El fraude procesal: una nueva  visión.  Tirant  Lo  Blanch. Valencia. 2010, p. 72. El autor señala así mismo  que:   «(…)  no  es  necesario  que  la  autoridad  judicial   o   administrativa  sea  efectivamente  engañada.  Basta  la  simple  idoneidad  para engañar para que se consume el tipo. Tampoco será necesaria la  obtención   de   un   beneficio   indebido;   bastará  la  mera  potencialidad  lesiva.»   

55  Conoció  de  la  fase probatoria del juzgamiento del doctor Jorge Álvaro Reyes  Trujillo.   

56  Dictó  el  fallo  de primera instancia dentro del procesado tramitado contra el  doctor Jorge Álvaro Reyes Trujillo.   

57  Conoció  de  la  fase probatoria del juzgamiento del doctor Jorge Álvaro Reyes  Trujillo.   

57 Profirió la  sentencia  de  segundo  grado  dentro  del  procesado tramitado contra el doctor  Jorge Álvaro Reyes Trujillo   

58  Cfr. folio 10 del cuaderno  anexo  de  la  inspección  judicial  al  proceso  2002-126 del Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

59  Así  lo expresó el fiscal del caso en la diligencia de audiencia preparatoria.  Cfr. folio 20 ibidem.   

60 Es  decir,  con  el  fin  de establecer «[l]os daños y perjuicios de orden moral y  material que causó la conducta punible».   

61  Cfr. folio 20 del cuaderno  anexo  de  la  inspección  judicial  al  proceso  2002-126 del Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

62  Ibidem.   

63  Cfr. folio 22 ibidem.   

64  Cfr.  folio 8 del cuaderno  anexo original 1.   

65  Cfr. folio 36 del cuaderno  original 1.   

66  Cfr. folio 52 del cuaderno  anexo  de  la  inspección  judicial  al  proceso  2002-126 del Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

67  Ibidem.   

68  Cfr. folio 53 ibidem.   

69  Cfr. folio 55 ibidem.   

70  Cfr.    folios   52-59  ibidem.   

71  Cfr.    folios   59-60  ibidem.   

72  Cfr. folio 61 ibidem.   

73  Cfr. folio 37 del cuaderno  original 1.   

74  Cfr. folio 87 del cuaderno  parte civil original.   

75  Cfr. folio 88 ibidem.   

76  Cfr.    folios   82-84  ibidem.   

77  Cfr. folio 84 ibidem.   

78  Cfr.    folios   62-65  ibidem.   

79  Cfr.    folios   89-94  ibidem.   

80  Cfr. folio 98 ibidem.   

81  Cfr. folio 102 ibidem.   

82  Cfr.  folios  22-30  del  cuaderno original 1.   

83  Cfr. folios 104-106 del del  cuaderno  anexo  de  la  inspección judicial al proceso 2002-126 del Juzgado 59  Penal Municipal de Bogotá.   

84  Cfr.  folios  117-118  y  123-125 del cuaderno original 1.   

85  Cfr. folio 70 ibidem.   

86  Cfr. folio 79 ibidem.   

87  Cfr. folio 86 ibidem.   

88  Cfr. folio 64 ibidem.   

89  Ibidem.   

90 Con  ocasión  de  la  limitación  de  arcos  y  acortamiento  del  miembro inferior  izquierdo del 5.18% y de la fuerza del mismo en 1.50%.   

91  Atendiendo  los  factores  de  conducta  (0.3%),  cuidado  de la persona (0.3%),  locomoción   (1.2%),   disposición   del  cuerpo  (0.5%),  destreza  (0.2%)  y  situación (0.2%).   

92  Conforme  a  los criterios de independencia física (0.5%), desplazamiento (1%),  ocupacional  (2.5%), integración social (0.5%), autosuficiencia económica (1%)  y la edad (2.5%).   

93  Cfr. folio 23 del cuaderno  del  Tribunal.  Se  precisa,  tal  como  lo  hace  ver  el demandante, que estos  profesionales  de  la  medicina no intervinieron en esta actuación como peritos  sino como testigos.   

94  Cfr. folio 149 del cuaderno  original 2.   

95  Cfr. folio 153 ibidem.   

96  Cfr. folio 152 ibidem.   

97  Ibidem.   

98  Ibidem.   

99  Cfr. folio 154 ibidem.   

100  Cfr.   folios   154-155  ibidem.   

101  Cfr. folio 157 ibidem.   

102  Cfr. folio 160 ibidem,   

103  Ibidem.   

104  Cfr.   folios   157-158  ibidem.   

105  Cfr. folio 158 ibidem.   

106  Ibidem.   

107  Cfr.   folio   158-159  ibidem.   

108  Cfr. folio 160 ibidem.   

109  Cfr. folio 161 ibidem.   

110  Ibidem.   

111  Cfr. folio 162 ibidem.   

112  Ibidem.  En este punto, no  puede  perderse  de vista que la referencia a la ausencia de daño por parte del  doctor  Pérez  Torres, se  circunscribe  a  la verificación clínica del estado de la cadera izquierda del  señor  Arredondo  Bonilla tras la práctica de la cirugía en el lado contrario  al programado.   

113  Cfr.   folios   165-166  ibidem.   

114  Cfr. folio 167 ibidem.   

115  Cfr.   folios   171-172  ibidem.   

116  Cfr.   folios   168-169  ibidem.   

117  Cfr. folio 168 ibidem.   

118  Cfr. folio 94 del cuaderno  anexo  de  la  inspección  judicial  al  proceso  2002-126 del Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

119  Cfr. folio 22 del cuaderno  del Tribunal.   

120  Cfr. folio 87 del cuaderno  original de la parte civil   

121  Cfr. folio 82 del cuaderno  anexo  de  la  inspección  judicial  al  proceso  2002-126 del Juzgado 59 Penal  Municipal de Bogotá.   

122  Cfr. folio 126 del cuaderno  original 2.   

123  Cfr. folio 19 del cuaderno  del Tribunal.   

124  Cfr. folio 21 ibidem.   

125  Cfr. folio 25 ibidem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *