SP3865-2018(51684)

2018

Asistente Jurídico Inteligente

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FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  ponente  

Aprobado  Acta N. 319  

SP3865-2018  

Radicación  No. 51684  

Bogotá,  D.C., doce (12) de septiembre de dos mil dieciocho (2018).  

ASUNTO  

Resuelve  la Sala los recursos de apelación interpuestos por la defensa  y la apoderada de la parte civil contra la sentencia que profirió  el Tribunal Superior de Cartagena el 17 de junio 2015, en la cual  condenó al exjuez Segundo Laboral del Circuito de Cartagena  JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  como autor del delito de peculado por apropiación en favor de  terceros agravado por la cuantía.  

HECHOS  

            

1. Los          supuestos de hecho objeto del presente proceso penal adelantado          contra JAIME          JOSÉ          GARCÍA          MONTES          se contraen a la sentencia que éste profirió el 24 de          marzo de 1995, en calidad de Juez Segundo Laboral del Circuito de          Cartagena, con ocasión de la demanda ordinaria laboral          presentada por Gustavo Enrique Camacho Barrios contra FONCOLPUERTOS,          toda vez que con base en ese proveído, manifiestamente          contrario a la ley, se emitieron órdenes de pago, las que al          ejecutarse causaron detrimento al erario público, en los          siguientes términos :  

«SEGUNDO.-  CONDÉNASE a la demandada, EMPRESA PUERTOS DE COLOMBIA, a pagar  al actor, señor GUSTAVO ENRIQUE CAMACHO BARRIOS, poseedor de  la cédula de ciudadanía 9.052.262 de Cartagena, una  adición en su pensión mensual vitalicia de jubilación  de $116.236.07 y a pagar las diferencias que resulten en mesadas  causadas debidamente reajustadas en términos de ley.  

TERCERO.-  CONDÉNASE a la demandada a pagar al actor la indemnización  moratoria prevista en el Decreto 797 de 1949 a partir del día  91 hábil a la del retiro del trabajador, el que tuvo lugar el  día 30 de junio de 1992, a razón de $21.990.30 diarios  y hasta que le sean cubiertas las diferencias adeudadas como  obligación principal.  

CUARTO.  – CONDÉNASE en costas a la demandada- Tásense.-  La presente audiencia queda notificada en estrados y se firma como  aparece por los que en ella han intervenido.-»  

            

2. La          Sala de Descongestión Laboral del Tribunal Superior del          Distrito Judicial de Bogotá, mediante fallo del 30 de abril          de 2001, revocó la sentencia del 24 de marzo de 1995 por          considerar que ésta no se había emitido de conformidad          con las pruebas requeridas por la normatividad procesal laboral          vigente para aquel entonces1          y, en consecuencia, absolvió a la entidad demandada.  

            

3. La          Coordinadora del Área de Pensiones del Ministerio de          Protección Social, en Memorando 1303 GPSPC-ASNP del 6 de          diciembre de 20042,          precisó que esa orden de pago contenida en la sentencia del          24 de marzo de 1995 fue ejecutada mediante «Resolución          No.2226 de 12 de junio de 1998 y Acta de conciliación No.93          de 8 de junio de 1998 Inspección Tercera, cancelada a través          de la resolución 1502 de 19 de junio de 1998 emitida por el          Ministerio de Hacienda y Crédito Público con bonos          TES, por suma de $79.700.000,00 No. 152-00-2-001028-0 de la entidad          ACCIONES Y VALORES a la apoderada Doctora ANGELA MARIA MENDOZA          YANCES.»  

Y  en ese mismo documento se ordenó compulsar copias de las  precitadas providencias, con la finalidad de que las autoridades  competentes investigaran la presunta participación del Juez  GARCÍA  MONTES  en las conductas delictivas de prevaricato por acción y  peculado por apropiación a favor de terceros agravado por la  cuantía.  

ANTECEDENTES  PROCESALES  

            

1. La          Fiscalía 20 Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá          con fundamento en las reseñadas evidencias, por medio de          resolución del 2 de junio de 2005, decretó la apertura          de la investigación preliminar (número 15542) contra          el Juez          Segundo Laboral del Circuito de Cartagena, JAIME          JOSÉ          GARCÍA          MONTES, por          su presunta participación en los delitos de prevaricato por          acción y peculado por apropiación a favor de terceros          agravado por la cuantía.  

            

2. Efectuada          la captura de GARCÍA          MONTES,          de quien se había dispuesto su vinculación mediante          declaratoria de persona ausente3,          fue escuchado en diligencia de indagatoria el 5 de octubre de 20094.  

            

3. El          13 de noviembre de 2009          le fue definida su situación jurídica56,          decisión          en la que se le consideró autor material de la conducta          punible de peculado por apropiación a favor de terceros          agravado por la cuantía, imponiéndosele medida de          aseguramiento de detención preventiva en establecimiento          carcelario, al tiempo que se le precluyó la instrucción          por el delito de prevaricato por acción, al haber sobrevenido          el fenómeno jurídico de la prescripción de la          acción penal.  

            

4. El          27 de mayo de 2010 se calificó el mérito sumarial,          profiriéndose resolución de acusación contra          «JAIME          JOSÉ          GARCÍA          MONTES          en calidad de Juez Segundo Laboral del Circuito de Cartagena, como          autor probablemente responsable del delito de peculado por          apropiación (en modalidad de favorecimiento a terceros),          agravado»7.  

            

5. Ejecutoriado          el vocatorio a juicio en la referida fecha8,          fue asignado el conocimiento del proceso al Tribunal Superior de          Cartagena, el cual se pronunció de          forma negativa sobre la solicitud de nulidad invocada por la defensa          en auto del 30 de septiembre de 2013, decisión que confirmó          esta Sala en proveído del 4 de diciembre de ese mismo año          (rad. 42498).  

            

6. Tras          adelantarse la audiencia preparatoria y la pública de          juzgamiento, el 30 de septiembre de 2013 y el 4 de junio de 2014,          respectivamente, se profirió fallo condenatorio el 17 de          junio de 2015.  

            

7. Inconforme          la defensa con esa decisión, solicitó al a          quo:          (i) corrigiera el «error          aritmético» en          que incurrió al dosificar la pena privativa de la libertad          intra-mural; (ii) le concediera el recurso de alzada contra la          sentencia y, seguidamente, (iii) apeló el acto de          notificación de la misma que tuvo lugar el 21 de septiembre          de 2015. La apoderada de la parte civil también impugnó          el fallo dentro del término legal.  

            

8. En          auto del 29 de junio de 2016, el Tribunal resolvió de forma          negativa la “solicitud          de reforma de la Sentencia”          y concedió el recurso de alzada a los impugnantes. Sin          embargo, el 2 de noviembre de 2016 decretó la nulidad de ese          proveído al aceptar «que          habían afectado el debido proceso»          al incurrir «en          irregularidades sustanciales durante el trámite de          notificación del fallo condenatorio»9.  

            

9. Luego          de          adelantarse el trámite de notificación consagrado en          el artículo 194 de la Ley 600 de 2000,          se remitió la actuación a esta Corporación          judicial el 9 de noviembre de 2017 en orden a que se procediera a          desatar la apelación presentada por la defensa técnica10          y la apoderada de la parte civil contra el fallo de condena.  

SENTENCIA  DE PRIMERA INSTANCIA  

El  a  quo  al reseñar los hechos objeto de investigación y las  actuaciones procesales, precisó que «la  Fiscalía Veinte Delegada ante el Tribunal Superior del  Distrito de Bogotá, mediante resolución del 27 de mayo  de 2010»,  acusó a «JAIME  JOSÉ GARCÍA MONTES, el entonces Juez Segundo Laboral  del Circuito de Cartagena», de  haber incurrido en el delito de peculado por apropiación a  favor de terceros, agravado por la cuantía, pues le reprocha  haber proferido la sentencia calendada 24 de marzo de 1995, esto es,  una decisión manifiestamente contraria a  «las normas aplicables al caso, así como a las pruebas  obrantes al interior del expediente del proceso ordinario laboral con  radicado N° 13-902, folio 506, del libro radicador N° 33»,  en la que emitió  la orden a FONCOLPUERTOS  de pagarle al demandante Gustavo Enrique Camacho Barrios la suma de  $58.111.62311.  

El  Tribunal citó en la parte motiva del fallo la reiterada tesis  de esta Sala referente a la configuración del delito de  peculado por apropiación en favor de terceros cuando los  jueces toman decisiones indebidas respecto de bienes oficiales que  están bajo su administración, en razón de su  deber funcional.  

Afirmó  al respecto el Tribunal:  

«La  disposición que el servidor público funcionalmente  ejerció sobre las sumas de dinero, consistió en un  apropiamiento de dichos recursos económicos favoreciendo a un  tercero, realizando el Verbo Rector “apropiar”, en el  momento jurídico por el cual se manifiesta el accionar del  acusado, es decir en la sentencia que dio fin al Proceso Laboral  Ordinario de fecha 24 de marzo de 1995, encuadrando los hechos a la  descripción del tipo penal de Peculado por Apropiación.  

(…)  

La  decisión, en grado de consulta arriba relacionada, demuestra  una discordancia entre lo solicitado y lo decidido por el servidor  público, quien obviando la disímil naturaleza entre  pensión y cesantías, utilizó la última  para modificar la primera incrementando los montos que vitaliciamente  percibiría el demandante.  

(…)  

Luego  entonces, la diferencia entre las instituciones estudiadas por el Dr.  García Montes, Pensión y Cesantías, coligen un  actuar conocedor y procurador del resultado final, es decir, el  apropiamiento de líquidos de las arcas de FONCOLPUERTOS en  favor del señor Gustavo Enrique Camacho Barrios, en ese  sentido, y por ser accesorias a la determinación anterior,  resultan infundadas las sanciones por indemnización moratoria  y la condena en costas impuestas a la demandada.»  

Y  tras reseñar las particularidades más relevantes del  proceso laboral en que el juez JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  emitió  la cuestionada decisión, concluyó que su conducta es  típica, antijurídica y culpable de cara al cargo que se  le formuló por el delito de peculado por apropiación en  favor de terceros. Respecto a esos tópicos dijo:  

«si  tenemos en cuenta las decisiones adoptadas por el ex Juez Segundo  Laboral del Circuito de Cartagena en sentencia del 24 de marzo de  199512,  quien resolvió en primer lugar, condenar a FONCOLPUERTOS  adicionando Ciento Dieciséis Mil Doscientos Treinta y Seis ($  111.236.07) Pesos a la pensión vitalicia del señor  Gustavo Camacho Barrios y pagar las diferencias que resulten en  mesadas causadas reajustadas, la segunda determinación  sancionatoria en contra de la demandada consistió en el pago  de indemnización moratoria en favor de aquel, y finalmente la  condena por las costas del proceso.  

Así,  la decisión de adicionar dinero a la pensión del señor  Gustavo Camacho Barrios, se sustentó en reliquidación  de la cesantía definitiva del 20 de octubre de 1992 en cuantía  de Seiscientos Cincuenta y Nueve Mil Setecientos Nueve Pesos con  Veinticinco Centavos ($659.709,25), superando el monto establecido en  la resolución 2038 del 18 de septiembre de 1992, que reconoció  pensión de jubilación al demandante por valor de  Cuatrocientos Once Mil Quinientos Treinta y Un ($411.531.33) pesos,  asumiendo que aquella modificaba o desvirtuaba la primera, y  configuró la pensión por el 80% de la  reliquidación    de   Cesantías   quedando   en Quinientos  Veintisiete Mil Setecientos  Sesenta Y Siete ($527.767,40) Pesos.  

En  ese sentido la reliquidación en mención, aumentó  la proporción pretéritamente indicada, al incluir 59  días de vacaciones no disfrutadas por el trabajador como lo  indica el hoy procesado en la sentencia del 24 de marzo de 199513,  de acuerdo al documento “reliquidación de Cesantía  Definitiva” ubicados a folios 5 y 6 dentro del proceso Ordinario  Laboral fuente de la causa sub examine, sin embargo, observa La Sala  que en las foliaturas del cuaderno original del referido litigio no  se encuentra el folio #5, pero del folio #6 se deja entrever que es  la segunda hoja reliquidación de la cesantía definitiva  del señor Gustavo Camacho Barrios.»  

Finalmente,  el Tribunal explica las razones por las cuales los extremos de  punibilidad previstos en el artículo 133 del Decreto 100 de  1980, modificado por la ley 190 de 1995, son las que han de ser  tenidas en cuenta para su labor de dosificación punitiva. Al  respecto dijo:  

«la  Sala entra a practicar la adecuación de los hechos al Tipo  Penal Objetivo de Peculado por Apropiación, el cual se  encuentra consignado en el artículo 133 inciso tercero del  Decreto 100 de 1980 modificado por el artículo 19 de la Ley  190 de 1995, con pena de prisión de 6 a 22.5 años,  agravada por la circunstancia genérica contemplada en el  artículo 66 numeral 7 del CP. de 1980 -artículo 58-10  del C.P. actual-, y preceptuando la conducta ilícita así  “El servidor  público que se apropie en provecho suyo o de un tercero de  bienes del Estado o de empresas o instituciones en que éste  tenga parte o de bienes o fondos parafiscales, o de bienes de  particulares cuya administración, tenencia o custodia se le  haya confiado por razón o con ocasión de sus  funciones”».  

Conforme  a lo anteriormente reseñado, el Tribunal resuelve declarar a  JAIME JOSÉ GARCÍA MONTES penalmente  responsable como autor del delito de peculado  por apropiación a favor de terceros agravado por la cuantía,  imponiéndole la pena privativa de la libertad de 99  meses de prisión,  multa en cuantía de $515.000 e interdicción de derechos  y funciones públicas por un periodo de cuatro (4) años.  

RECURSOS  DE APELACIÓN  

La  decisión que viene de reseñarse, fue recurrida en  apelación por la defensa técnica y la apoderada de la  parte civil (apoderada judicial de la Unidad de Gestión  Pensional y Parafiscales –UGPP).  

            

1. La          defensa técnica  

Afirma  el abogado defensor que el a  quo  «no  motivó de modo alguno la culpabilidad»  al momento de declarar penalmente responsable a su representado, pues  en el fallo condenatorio se limitó a analizar el elemento  doloso y «nada  se dijo en cuanto al juicio personal de reproche incluyendo la  antijuridicidad», pese  habernos «sacu[dido]  de un sistema clásico dogmático»  y haber adoptado uno finalista14.  

En  esa misma vía discursiva el recurrente reclama que la  Corporación de primer nivel omitió hacer un análisis  de las pruebas a partir de las cuales se le censura a su defendido  haber proferido una decisión prevaricadora, pues en su  criterio se «estaría  generando una responsabilidad objetiva por el sólo resultado  de la equivocación».  

Insiste  el apelante en que el Tribunal sólo evidenció «una  equivocación»  en la sentencia que el 24 de marzo de 1995 profirió el exjuez  GARCÍA MONTES, un yerro que le parece insuficiente para  predicar la existencia de los elementos del tipo penal de prevaricato  por acción y, más aún, de la «conciencia  de antijuridicidad»  con la que obró su representado.  

Al  respecto, precisó:  

«En  este caso, bien pudo el sindicado actuar como lo ha dicho convencido  de la legalidad de su decisión, dado que estaba amparada por  una demanda razonable, una omisión de la empresa demandada y  la actuación omisiva del mismo abogado representante de esta  última… Por lo demás, en el derecho laboral  existe el principio en cuanto a que toda duda debe resolverse a favor  del trabajador».  

Adicionalmente,  solicita se revise «la  tesis o criterio»  de esta Sala referente a la configuración del delito de  peculado por apropiación en favor de terceros cuando los  jueces toman decisiones indebidas respecto de bienes oficiales, de  los cuales, en razón de su deber funcional, se predica que  están bajo su administración. Al respecto afirmó  lo siguiente:  

«puesto  que con ese planteamiento el juez civil que dispone ilegalmente de  los bienes, estaría igualmente administrándolo, a raíz  de esa facultad, lo que desdice del término y sentido natural  de administrar. Mientras que este sea el de llevar un control directo  y dispositivo de los bienes de otro, debidamente especificados o  determinados en su especie, no será posible que un juez por el  solo hecho de poder dictar sentencias vinculantes, ya pueda sin más  estimarse administrador de la cosa pública… lo que  habría sería un delito de prevaricato y un acto de  determinación y/o autoría mediata, para longa manus,  imponerle inculpablemente la apropiación por hurto a un  tercero, a favor de otro»  

Finalmente,  reitera la defensa técnica su solicitud de modificar la pena  impuesta a su prohijado al «tope  inferior»  que consagraba el artículo 133 del Decreto Ley 100 de 1980,  esto es, cuatro (4) años, argumentando que a éste no le  fue imputada jamás agravante alguna durante el curso del  proceso penal y, en consecuencia, que el a  quo  estaba impedido para alejarse del extremo mínimo punitivo  previsto para la referida conducta delictiva.  

            

2. La          apoderada de la parte civil  

Alega  la apoderada judicial de la Unidad de Gestión Pensional y  Parafiscales que a diferencia de lo considerado por el a  quo, «JAIME JOSÉ GARCÍA MONTES al proferir la  sentencia del 24 marzo de 1995  sí  causó un detrimento patrimonial al Estado»,  pues su decisión permitió que un tercero, en este caso  Gustavo Enrique Camacho  Barrios,  sustrajera  ilícitamente cuantiosa suma de dinero que pertenecía a  la empresa estatal FONCOLPUERTOS.  

Razón  por la que, con base en el referido argumento, solicita se «ACLARE  y se CONDENE al exjuez 2º Laboral del Circuito de Cartagena  JAIME GARCÍA MONTES al pago de la indemnización de  perjuicios a favor  de  la U.G.P.P.»  

CONSIDERACIONES  DE LA CORTE  

            

1. Competencia          de la Sala.  

Esta  Sala, de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del  artículo 75 de la Ley 600 de 2000, tiene la competencia para  conocer los recursos de apelación interpuestos contra la  sentencia condenatoria que profirió una Sala de Decisión  Penal del  Tribunal Superior de Cartagena  contra el ex Juez  Segundo Laboral del Circuito de la misma ciudad,  JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES.  

            

2. Análisis          de los escritos de apelación.  

Las  impugnaciones propuestas se contraen a discutir los fundamentos  probatorios y jurídicos con base en los cuales el a  quo  consideró probada: (i) la conducta punible de peculado por  apropiación a favor de terceros agravada por la cuantía,  (ii) las agravantes endilgadas al acusado; (iii) y, no obstante ello,  resolvió no condenar patrimonialmente al procesado.  

            

i. De          las pruebas de la responsabilidad penal por la conducta delictiva de          peculado por apropiación a favor de terceros agravada por la          cuantía.  

Como  claramente se advierte, los dos primeros motivos de inconformidad de  la defensa técnica apuntan a pregonar la licitud de la  actuación a cargo del exjuez JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  oscilando sus alegaciones entre la falta de adecuación  típica por ausencia del ingrediente normativo “manifiestamente  contrario a la ley” y  la  no probanza de «la  conciencia de antijuridicidad»  con la que éste actuó, tendiendo ambos argumentos a  convertir en atípico el comportamiento de su defendido frente  al delito de prevaricato por acción15.  

Al  respecto, resulta relevante para la Sala precisarle al abogado  defensor del acusado que el delito por el cual se profirió  condena en contra del exjuez GARCÍA  MONTES  es  el de peculado por apropiación en favor de terceros agravado  por la cuantía, más no por el de prevaricato por  acción, como lo sugiere en algunos apartes del recurso al  momento de cuestionar la sentencia de primera instancia, sobre la  base de no encontrar acreditada la ejecución de conducta  prevaricadora, cuando lo cierto es que por razón de la  declaratoria de prescripción de la acción penal, ese  cargo no fue objeto de condena.  

Sin  que el fenómeno extintivo que operó respecto del cargo  de prevaricato por acción sea  óbice para analizar los supuestos fácticos que guardan  estrecha relación con el punible de peculado por apropiación  a favor de terceros agravado por la cuantía, que es la otra  conducta delictiva que se le endilgó a JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  durante la diligencia de indagatoria y por la cual se le formuló  acusación, pues  de conformidad con el criterio pacífico que desde antaño  ha adoptado esta Sala: «el  transcurso del tiempo de suyo no le quita el carácter lesivo  de bienes jurídicos tutelados»16.  

Ello  es así, en razón a que el exjuez GARCÍA  MONTES  al proferir  la sentencia del 24 de marzo de 1995 incurrió en una conducta  pluriofensiva del bien jurídico administración pública,  pues su obrar tenía capacidad de configurar un  punible de  prevaricato, al proferir una decisión manifiestamente  contraria a la ley, como también de adecuarse al delito de  peculado por apropiación al permitir que terceros se  apropiaran  de bienes de  FONCOLPUERTOS,  cuya custodia se le había confiado.  

Hecha  tal precisión, solo resta contestarle al apelante el siguiente  motivo de inconformidad referido a  la supuesta atipicidad de la conducta de su defendido por ausencia  del elemento objetivo «administrar  bienes del Estado»  y de la prueba del «dolo  peculador del procesado».  

En orden a  responder tal alegación, la Sala encuentra pertinente hacer un  recuento  de la actuación adelantada por JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  en aquel entonces, titular del Juzgado Segundo Laboral del Circuito  de Cartagena con motivo de la demanda que instauró Gustavo  Enrique Camacho Montes  contra  FONCOLPUERTOS con el objeto de evidenciar la discordancia de su obrar  con el ordenamiento jurídico vigente para aquel entonces  (marzo de 1995) y, por tanto, analizar los fundamentos probatorios a  partir de los cuales el a  quo estimó  que la Fiscalía había logrado probar tanto los  elementos objetivos del tipo penal de peculado por apropiación  a favor de terceros agravado, como el dolo y la conciencia de  antijuridicidad con la que obró el aquí acusado.  

Empero,  antes de realizar la anunciada reseña fáctica, no sobra  recordar que la  norma vigente en la época de los hechos es la establecida en  el artículo 133 del Decreto Ley 100 de 1980, la cual prevé:  

«El  empleado público que se apropie en provecho suyo o de un  tercero de bienes del Estado o de empresas o instituciones en que  éste tenga parte o de bienes particulares, cuya administración  o custodia se le haya confiado por razón de sus funciones,  incurrirá en prisión de dos a diez años, multa  de un mil a un millón de pesos e interdicción de  derechos y funciones públicas de uno a cinco años.»  

Con  la modificación introducida por artículo 2o  de la Ley 43 de 1982, en dicha norma se señaló:  

«Cuando  el valor de lo apropiado pase de quinientos mil pesos la pena será  de cuatro a quince años de prisión, multa de veinte mil  a dos millones de pesos e interdicción de derechos y funciones  públicas de dos a diez años».  

Ahora  bien, del anexo correspondiente, se establece que:  

            

1. En          el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Cartagena bajo el número          13-902, folio 506 del Libro Radicador-Nº 33, se constata que en          audiencia de juzgamiento celebrada el 24 de marzo de 1995, el          titular  de ese despacho judicial, JAIME JOSÉ  GARCÍA          MONTES, condenó a la demandada EMPRESA PUERTOS DE COLOMBIA a          pagar a favor del actor Gustavo Enrique Camacho Barrios una adición          en su pensión mensual vitalicia de jubilación de          $116.236.97 «y          las diferencias que resultaran en las mesadas acusadas debidamente          reajustadas en términos de ley»;          así como, al pago por indemnización moratoria          «prevista          en el decreto 797 de 1949 a partir del día 91 hábil a          la de retiro del trabajador»,          lo cual  tuvo lugar el 30 de junio de 1992, a razón de          $21.990.30 diarios hasta cuando le fueran cubiertas las diferencias          adeudadas como obligación principal (cuaderno anexo 1).  

            

2. El          entonces Juez GARCÍA MONTES, durante el trámite de          ejecución de la sentencia, en auto del 20 de abril de 1995,          declaró en firme la liquidación efectuada por la          Secretaría del Juzgado en abril 7 de 1995, contenida en los          siguientes términos:                                

Concepto                                                                      

Valor          

Por                          adición                          en mesada                          pensional                          de                          $116.236.07,                          reajustada                          en                          término                          de                          ley,                          de                          julio                          1                          °/92                          a                          marzo                          30/95.                          

Por                          indemnización                          moratoria                          a                          partir                          del                          17                          de octubre/92                          hasta                          abril                          7/95,                          a                          razón                          de                          $21.990.30                          diarios                          (890                          días                          x                          21.990.30)                          

Agencias                          en                          derecho                          30%                          total                          de la condena.                                                                      

$                          3.509.459.22                          

                          

$19.637.337.90                          

                          

$                          7.544.039.13          

Total                          a                          pagar:                          $32.690.836.25    

            

3. Posteriormente,          el          exjuez          GARCÍA MONTES          autoriza          la          expedición          de          copias          autenticadas          de la sentencia del 24 de marzo de 1995 y del auto de mandamiento          de          pago a petición          tanto          del demandante como de          su          apoderado          en          el proceso          ordinario          laboral,          y          de          la          abogada          Ángela María Mendoza Yances.  

            

4. Ante          la          Inspección          Tercera          de          Trabajo          del          Ministerio          de          Trabajo          y Seguridad          Social          (actualmente          Ministerio de la          Protección          Social)          Regional Cundinamarca.          el          doctor          Juan          Bernardo          León          Galindo en nombre           y          representación del Fondo de          Pasivo          Social          de          la          Empresa          Puertos          de          Colombia          –FONCOLPUERTOS          y          la          abogada          Ángela María Mendoza Yances, en representación          de                    Gustavo                    Enrique          Camacho          Barrios,          entre          otros          ex          trabajadores          portuarios,          acuden          en          Conciliación          de          la          sentencia          del          24          de          marzo          de          1995,          sentada          en          Acta          Nº          93          del          8          de          junio          de          1998,          en          los          siguientes          términos:  

                                                                                                                              

Factores                                          salariales                                          

Liquidados                                          y conciliados                                                                                                                      

Valor                          

Adición                                          mesada pensional: julio 1/92 – marzo 30 de 1995                                                                                                                      

$5.509.459.22                          

Salarios                                          moratorios (17 octubre/92 –abril 7/95)                                                                                                                      

$19.637.337.86                          

Salarios                                          moratorios (abril 8/95- 24 de junio/98)                                                                                                                      

$25.420.738.80                          

Agencias                                          en derecho                                                                                                                      

$7.544.039.13                          

TOTAL                                          VALOR SENTENCIA                                                                                                                      

$58.111.623.11                          

Intereses                                          comerciales conciliados 50%                                                                                                                      

$2.399.004.45                          

Intereses                                          moratorios conciliados 50%                                                                                                                      

$19.272.505.36                          

TOTAL                                          VALOR DE LA SENTENCIA + INTERESES                                                                                                                      

$79.783.132.92                                

            

5. Mediante          la          Resolución          número 2226          del          12          de          junio          de          1998          el          Fondo          de          Pasivo          Social          de          la          Empresa          Puertos          de Colombia, suscrita por la Dirección          General, expide          Títulos          de          Tesorería          TES          Clase          B          para          el          pago          de          la sentencia          del 24 de marzo de 1995          emitida          por          el          Juzgado          Segundo          Laboral          del          Circuito de          Cartagena,          por          la suma de          $79.          700.000 a          favor          del          ex trabajador portuario Gustavo Enrique          Camacho.  

            

6. Mediante          fallo del 30 de abril de 2001 la Sala de Descongestión          Laboral del Tribunal Superior de Bogotá resolvió          revocar en su totalidad la sentencia del 24 de marzo de 1995,          emitida por el entonces titular del Juzgado Segundo Laboral del          Circuito de Cartagena JAIME JOSÉ GARCÍA MONTES.  

            

7. En          el          Oficio          GPSPC-AP-0438          del          12          de          febrero de 201017          se          informa que          los          descuentos para el reintegro          que          por          la          suma          de          $79.700.000          se          dispuso          por          medio          de la Resolución Nº 00217 del primero de          abril          2005, mismos que          fueron          suspendidos          a          partir          del          septiembre          siguiente          (año 2005), con          ocasión          del          embargo          que          pesó          sobre          la          mesada          pensional          del          señor Camacho Barrios, según orden del Juzgado 6 de          Familia          de          Cartagena,          y que para esa fecha se continuaba          adeudando          a          la          administración          la          suma          de          $73.843.390.  

Del  análisis de las pruebas previamente enunciadas se debe tener  por demostrado que en el proceso ordinario laboral adelantado por  JAIME JOSÉ GARCÍA MONTES, a instancia de la demanda  presentada por el extrabajador portuario Gustavo Enrique Camacho  Barrios, se cometieron las siguientes irregularidades:  

Primera.  No se aportaron al proceso los fundamentos de hecho de las  pretensiones plasmadas en la demanda, siendo las únicas  pruebas aportadas por el accionante: a) la resolución que le  reconoció la pensión de jubilación y b) la  convención colectiva18.  

De  tal forma que el exjuez GARCÍA MONTES no tuvo en su poder  documento alguno que le permitiera observar los conceptos devengados  por el accionante en el último año de servicio, pese a  que lo pretendido por el extrabajador portuario Camacho Barrios era  la reliquidación de pretensiones sociales, siendo  indispensable para tal objetivo: «la  prueba de los conceptos y valores tenidos en cuenta por la Empresa  como devengados en el último año de servicio para allí  determinar si las prestaciones sociales se pagaron conforme a lo  estipulado en la norma convencional que la que rige las relaciones  entre partes»19.  

Segunda.  No  obstante que las vacaciones son un factor salarial, para los efectos  de la liquidación de cesantía definitiva y pensión  de jubilación, a la luz del artículo 100 de la  Convención Colectiva de Trabajo, su no pago oportuno no podía  conllevar la reliquidación de estas pretensiones, toda vez que  ellas, las vacaciones compensadas que son fuentes de tales  reliquidaciones, según se desprende de la Resolución  2649 del 11 de noviembre de 1992, distan de los años 1984,1985  y 1986, cuando el último año de servicio está  comprendido entre el 1º de julio de 1991 y el 30 de junio de  1992; es decir, que estos conceptos y valores no correspondían  a los últimos 12 meses de servicio y, por ende, aun cuando se  debían pagar no conllevaban a reliquidar las prestaciones  sociales, que fue lo que sucedió en la sentencia del 24 de  marzo de 1995, la cual se censura como prevaricadora por ser  manifiestamente contraria al artículo 113 parágrafo 5º  de la Convención Colectiva de Trabajo de la Costa Atlántica  vigente para los años 1991 y 1993; así como, al Código  Procesal del Trabajo (Decreto 3135/68).  

De  otra forma dicho, el  accionante fundamentó sus pretensiones en la convención  colectiva de trabajo vigente para los años 1991-1993, en la  que si bien es cierto en su artículo 89 involucra en la  definición de salario lo que el trabajador perciba en dinero o  en especie, sin importar su denominación, con lo cual se  podría entender incluidas las vacaciones; también es  cierto que el parágrafo de esa misma norma (junto con los  artículos 100 y 107 ejusdem)  se especificó que la  liquidación  se  efectuaría  con base en el salario promedio devengado en el último año  de servicio prestado por  el  trabajador.  

Es  de relievar que una interpretación contraria a la última  mencionada conduciría al  colapso del régimen de seguridad social, al generarse aquello  que la doctrina denomina: “efecto  espejo reflejo”,  al hacer corresponder el salario al promedio devengado20  por la totalidad del tiempo laborado,  cuando lo correcto es basarse en el promedio mensual devengado  durante el último año de labor.  

Tercera.  La indemnización moratoria a  la  que  condenó  el  ex  juez  GARCÍA  MONTES  a FONCOLPUERTOS se aparta, sin  argumentación  jurídica alguna, de la norma convencional aplicada por la  prenombrada Empresa para el  reconocimiento  y  pago  de  la  pensión  de  jubilación.  

Dicho  de otra manera,  en la medida que la  condena  por  concepto  de indemnización moratoria surge de la condena principal, y  aquella adolece de las irregularidades previamente reseñadas,  ésta también contiene falencias.  

Cuarta.  Por  las particulares características del caso litigioso propuesto  por el extrabajador portuario Gustavo Enrique Camacho Barrios era  deber del Juez JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  remitir su decisión al  grado Jurisdiccional de Consulta, en  aplicación de  la Ley Primera de 1991, por la cual se expide el Estatuto de Puertos  Marítimos; el  Decreto 36 de 1992, por el que se creó el Fondo de Pasivo  Social de la Empresa Puertos de Colombia,  y de otras normas vigentes para la época.  

Quinta.  El Juez GARCÍA MONTES no vinculó, notificó o  comunicó al  Ministerio Público para tenerle como parte en el  proceso  laboral, pese a que el ordinal primero del artículo  41 del  Código de Procedimiento Laboral y el artículo 35 del  Decreto-Ley 2158 de 1948 (Código procesal del trabajo y de la  seguridad social) así se lo consagraban. No se evidencia que  el aquí acusado hubiera intentado comunicación con el  Ministerio Público con el objeto de que se constituyera como  parte, en defensa de los intereses de la Nación en el auto  admisorio de la demanda (de agosto 12 de 1993), ni durante todo el  trámite  procesal.  

Ahora  bien, la defensa técnica en su recurso de apelación  argumenta que el exjuez GARCÍA  MONTES  no realizó conducta delictiva alguna porque realmente no tenía  poder de disposición sobre los bienes de FONCOLPUERTOS.  

En  orden a dar respuesta a tal alegación, la Corte considera  importante recordar el siguiente criterio  que desde antaño pacíficamente se ha establecido  respecto a ese tópico21:  

«La  expresión utilizada por la Ley en la definición de  peculado y que dice “en razón de sus funciones”,  hace referencia a las facultades de administrar, guardar, recaudar,  etc., no  puede entenderse en el sentido de la adscripción de una  competencia estrictamente legal y  determinada por una regular y formal investidura que implique una  íntima relación entre la función y la facultad  de tener el bien del cual se dispone o se hace mal uso; no significa,  pues, que tales atribuciones deban estar antecedentemente  determinadas por una rigurosa y fija competencia legal, sino que es  suficiente que la disponibilidad sobre la cosa surja en dependencia  del ejercicio de un deber de la función.  

La  fuente de la atribución, en otros términos, no surge  exclusivamente de la ley puesto que ella puede tener su origen en un  ordenamiento jurídico diverso que fija la competencia en  estricto sentido. Lo esencial en este aspecto, es la consideración  de que en el caso concreto, la relación de hecho del  funcionario con la cosa, que lo  ubica en situación de ejercitar un poder de disposición  sobre la misma y  por fuera de la inmediata vigilancia del titular de un poder jurídico  superior, se haya logrado en  ejercicio de una función pública,  así en el caso concreto no corresponda a dicho funcionario la  competencia legal para su administración.  Igual se presentará el delito de peculado en la hipótesis  de que la administración del bien derive del ejercicio de una  función nominalmente propia de otro empleado”. (Sentencia  de 3 de agosto de 1976).  

“Las  facultades de manejo en el empleado público, que son las que  en este caso considera ausentes el casacionista, no solamente las  otorga la ley, el decreto, la ordenanza o el acuerdo, sino también  las resoluciones, los reglamentos y hasta la orden administrativa,  cuando los destinatarios son servidores del Estado. De suerte que por  medio del mandato, entiéndase como contrato o como orden, se  transfieren, trasladan o delegan, total o parcialmente, esas  atribuciones al mandatario, quien por el mencionado encargo las  ejercita”. (Sentencia de septiembre 8 de 1981. M.P. Dr. Fabio  Calderón Botero)22».  

Agréguese  que de las pruebas precitadas emerge con claridad meridiana que el  aquí acusado recorrió a cabalidad con su comportamiento  todos los elementos objetivos del tipo penal de peculado por  apropiación a favor de terceros agravado por la cuantía,  incluyendo el que echa de menos el apelante, esto es, el de  «administrar  o custodiar bienes del Estado o de empresas o instituciones en que  éste tenga parte».  

En síntesis,  en el entendido de que la relación que debe existir entre el  funcionario que es sujeto activo de la conducta de peculado por  apropiación y los bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica y que esa disponibilidad no necesariamente deriva de  una asignación de competencias, sino que basta que esté  vinculada al ejercicio de un deber funcional, forzoso es concluir que  ese vínculo surge entre un juez y los bienes oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que con ese  proceder también está administrándolos. Tanto es  así que en sentencias judiciales como las proferidas por el  implicado en los procesos laborales que tramitó ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que sumas de dinero que estaban  en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS – Ministerio de  Hacienda y Crédito Público), pasaron al patrimonio de  los extrabajadores de la Empresa Puertos de Colombia y del abogado  que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración de mayor envergadura es aquel con el cual se  afecta el derecho de dominio.  

En esas  condiciones, la competencia funcional del Juez Segundo Laboral del  Circuito de Cartagena, la cual le permitía resolver los  conflictos laborales entre el Estado y los extrabajadores de la  Empresa Puertos de Colombia, le confirieron la disponibilidad  jurídica de las sumas cobradas por prestaciones laborales a la  Nación en los casos a que se refiere este proceso, por manera  que, la apropiación de tales bienes a favor de terceros, se  consumó por razón de las funciones oficiales que  cumplía el procesado, de donde se debe concluir que la  extracción de dineros de la Nación no estructuró  el delito de estafa o de hurto sino el de peculado por apropiación.  

En  cuanto al elemento doloso del tipo penal de peculado por apropiación  a favor de terceros, también son reveladoras las reseñadas  pruebas, pues de éstas surge evidente la voluntad dolosa de  JAIME JOSÉ  GARCÍA  MONTES  consistente en acceder a las pretensiones del demandante Gustavo  Enrique Camacho Barrios sin que se configuraran los fundamentos  sustanciales para reconocerlas.  

Es  decir, tanto la sentencia del 24 de marzo de 1995 como los autos  sucedáneos (proveídos) son reveladores de la voluntad  de JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  de infringir la ley para favorecer las posturas procesales del  accionante, medio del cual éste se valió para acceder a  recursos estatales a los que no tenían derecho, habida cuenta  que las condenas emitidas en contra de  FONCOLPUERTOS,  como era de conocimiento de los funcionarios de la época, las  asumía el Estado colombiano.  

Luego,  entonces, de las actuaciones23  desplegadas por el exjuez GARCÍA  MONTES,  al interior del proceso ordinario laboral adelantado a instancia del  accionante Camacho Barrios, se observa un comportamiento consciente y  voluntario orientado a favorecer la postura del demandante en  detrimento de la parte demandada (FONCOLPUERTOS), sobre todo de los  recursos de ésta.  

En  síntesis, en el sub judice, el dolo emerge tanto de la  sentencia del 24 de marzo de 1995 como de los autos en los que ordenó  se ejecutara la orden de pago, providencias proferidas por el acusado  JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  pues en su condición de Juez Segundo Laboral del Circuito de  Cartagena, sin consultar la realidad fáctica y jurídica  de cada uno de los procesos laborales, propició la apropiación  de recursos estatales por parte de terceros que no tenían  derecho a ellos, tal como lo fue el extrabajador portuario Gustavo  Enrique Camacho Barrios; situación, por demás,  indicativa de la consciencia y voluntad del funcionario judicial de  vulnerar la ley al emitir decisiones manifiestamente contrarias a  derecho.  

En  lo atinente a la verificación de la existencia de material  probatorio en el sub  judice  demostrativo del elemento antijurídico en el comportamiento  del procesado, debe precisar la Sala que el interés  expresamente tutelado por la legislación24  sustancial penal en el tipo de peculado por apropiación, no es  otro distinto que el recto ejercicio de la función estatal de  custodia y administración de bienes que se le han confiado al  servidor público por motivo o con ocasión de sus  funciones; el cual,  lesionó el inculpado, tal como se logra  establecer mediante el análisis conjunto de los precitados  documentos probatorios.  

Y,  finalmente, contrario a lo afirmado por el  abogado de la defensa en su recurso de alzada, en la parte motiva del  fallo objeto de impugnación se observa que el a  quo  sí analizó, en sede de culpabilidad, la  conciencia de antijuridicidad  con la que obró JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  expresando al respecto:  

«4.  CULPABILIDAD  

Finalmente,  la estructura dogmática, referente a la conducta penal,  adoptada en nuestro ordenamiento jurídico, proscribe toda  forma de imputación objetiva, requiriendo para su punibilidad  que sea típica, antijurídica y culpable, último  concepto al cual solo llegaremos a analizar habiendo identificado  plenamente los anteriores.  

Por culpabilidad debemos comprender la condición  consciente y deliberada del agente, de lo antijurídico, que da  lugar a un inevitable juicio directo de reproche que discrepa con el  deber ser esperado, determinando la conciencia objetiva de  reprochabilidad, pues se evidencia que, quien tuvo la capacidad y  poder desplegar su actuar de otro modo, según las  circunstancias de tiempo, espacio y modo, pero aun así decide  omitirlas o transgredirlas se erige en necesario el reproche penal  jurídico penal  

Aterriza  la Sala estos preceptos en el asunto debatido, y se duele que el hoy  procesado, representante del Estado a través del ente  acusador, no obrase acorde a derecho, y en base a los conocimientos  que demostró poseer, siendo manifiesta no solo el conocimiento  de los hechos y querer de su producción, sino además,  la comprensión del perjuicio real que su actuar ocasionaba al  bien jurídicamente tutelado, de la administración  pública.  

Por lo anterior, no cabe duda a este cuerpo  colegiado, sobre la existencia de la conducta punible y la  responsabilidad penal del enjuiciado.»  

Queda  claro entonces, que carece de fundamento la alegada omisión en  que supuestamente incurrió el Tribunal en el fallo objeto de  impugnación por no haberse pronunciado respecto a éste  tópico.  

(ii)  Las circunstancias de agravación existentes al momento de  dosificar la pena.  

Ahora  bien, la última manifestación de inconformidad del  abogado de la defensa está referida a que el a  quo al  dosificar el monto de la pena privativa de la libertad imponible al  acusado GARCÍA  MONTES  no partió del extremo mínimo del quantum  previsto en el artículo 133 del Decreto Ley 100 de 1980, como  corresponde dado que no se le había endilgado agravante  alguna.  

Contrario  a lo afirmado por el apelante, el Tribunal en la sentencia hace un  estudio detallado tanto de la agravante específica, en razón  a la cuantía de la conducta de peculado por apropiación  a favor de terceros, como de la genérica derivada de la  coparticipación, que le fueron endilgadas  fáctica y  jurídicamente desde la indagatoria, en la  definición  de situación jurídica y en la acusación.  

La  primera agravante que analizó el a  quo  en la sentencia objeto de impugnación, está referida al  monto del detrimento al erario público causado por la conducta  peculadora de JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  el cual superó los «quinientos  mil pesos» estipulados  en el artículo 133 del Decreto 100 de 1980, norma vigente para  el año 199525,  circunstancia que imponía adecuar la conducta al inciso  segundo de la referida norma:  

«El  empleado público que se apropie en provecho suyo o de un  tercero de bienes del Estado o de empresas o instituciones en que  éste tenga parte o de bienes particulares, cuya administración  o custodia se le haya confiado por razón de sus funciones,  incurrirá en prisión de dos a diez años, multa  de un mil a un millón de pesos e interdicción de  derechos y funciones públicas de uno a cinco años.»  

Cuando  el valor de lo apropiado pase de quinientos mil pesos la pena será  de de cuatro a quince años de prisión, multa de veinte  mil a dos millones de pesos e interdicción de derechos y  funciones públicas de dos a diez años».  

Y  en lo tocante a la circunstancia genérica de agravación  referida a «obrar  con complicidad de otro», si  bien es cierto la  Corporación de primer nivel descartó su existencia al  apartarse del criterio expuesto por la Fiscalía en la  resolución de acusación26,  también lo es que según lo estipulado en el  artículo 61 del Decreto Ley 100 de 1980, se apartó del  extremo mínimo punitivo (4 años), con fundamento en la  siguiente argumentación:  

«valerse  de la posición de Servidor Público como juez Segundo  Laboral del Circuito, y la utilización, para la consecución  de las sumas apropiadas en favor de un tercero, de una Sentencia  Judicial como medio hacia la consumación del ilícito de  Peculado por Apropiación, repercuten en un mayor reproche por  parte del Tribunal.  

Dentro  de este contexto, y al no haber circunstancias de atenuación  no puede imponerse ni el mínimo de la pena establecida en la  norma, pero tampoco se podría establecer el máximo, por  no hallarse agravantes punitivos, lo que fija los linderos de  movilidad para la asignación de la pena entre un mínimo  superior a seis (6) años y un máximo inferior a quince  (15) años».  

Como  se observa, el fallador tuvo en cuenta para dosificar la pena a  imponer a JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  la particular modalidad del hecho punible, que revela una mayor  intensidad del dolo, razones que justifican no imponer el mínimo  de 4 años previsto para el delito tipificado en el inciso  segundo del artículo 133 del Decreto Ley 100 de 1980, sino 6  años, cantidad que en todo caso se mantiene dentro de los  límites del primer cuarto.  

De  acuerdo con lo anterior, resulta infundado el cuestionamiento de la  defensa técnica, porque la pena irrogada al acusado está  debidamente motivada y se ajusta a la discreción judicial  ejercida dentro de los límites legales.  

(iii)  De las pruebas del daño patrimonial al erario público.  

El  Tribunal  consideró  en la sentencia objeto de impugnación:  

La  Seda (sic) se abstendrá de imponer cargas económicas  para la satisfacción de los perjuicios pues, de un lado, el  afectado es el Estado en la medida que es el titular del bien  jurídico de la administración pública, y de  otro, si bien podrían causarse perjuicios económicos a  terceras personas, en el caso sometido a examen de esta Colegiatura  no se observa la concurrencia y demostración del detrimento  patrimonial que deba repararse.  

La  Corte estima, contrario a lo afirmado por el Tribunal, que el  desmedro del erario público fue plenamente establecido en el  proceso por el ente acusador y la parte civil, al obtenerse la  relación de los dineros indebidamente entregados a un tercero,  por orden del juez ahora acusado.  

Al  respecto, se tiene la siguiente consolidación plasmada en el  oficio GSPSC-ASNP 222 del 9 de junio de 2009, suscrito por la  Coordinadora del Ministerio de Protección Social:  

«el  pago de la sentencia de 24 de marzo de 1995 del Juzgado Segundo  Laboral del Circuito de Cartagena, se acordó en los términos  del Acta de Conciliación No. 93 de 8 de junio de 1998 de la  Inspección Tercera de Trabajo, y se hizo efectivo mediante la  emisión de títulos de tesorería, Bonos Tes,  clase B… por la suma de $79.700.000, según lo dispuesto  en la resolución No 2226 de 12 de junio de 1998.  

La  Coordinación General del Grupo, con fundamento en el memorando  GPSPC ASNP 1303 de 2004 precitado, y como consecuencia de la  revocatoria de la sentencia de primera instancia pluricitada,  profirió la Resolución No. 217 de 1 de abril de 2005,  ordenando el reintegro de $79.700.000.» (Obrante  a folio 277 del cuaderno de instrucción 2.)  

A  la referida prueba documental se anexó el «printer  de pago de Telnet y nómina»,  entre otros, en el cual se precisa que el extrabajador portuario  Gustavo Enrique Camacho Barrios hizo devolución mensual de  ciertos montos de dinero, sin que en esos anexos se especificara el  motivo de dichos reintegros. Sin embargo, esa información  ambigua se esclarece en gran medida con el contenido del Oficio  GPSPC-AP-0438 del 12 de febrero de 201027,  al que hace referencia la resolución de acusación  (obrante a folio 354 del cuaderno 2), donde se afirma lo siguiente:  

«Oficio  GPSPC-AP-0438 del 12 de febrero de 2010 informándose que los  descuentos para el reintegro que por la suma de $79.700.000  se dispuso  por medio de la Resolución Nº 00217 del primero de abril  2005, fueron suspendidos a partir de septiembre ese mismo año  (2005), con ocasión del embargo que pesó sobre la  mesada pensional del señor Camacho Barrios según orden  del Juzgado 6 de Familia de Cartagena, y  que para esa fecha se continuaba adeudando a la administración  la suma de $73.843.390».  

De  lo expuesto se concluye que, como acertadamente lo alegó la  representante de la parte civil, en el expediente existen pruebas que  demuestran que el tercero favorecido con el peculado por apropiación,  esto es, Gustavo Enrique Camacho Barrios, solo devolvió una  pequeña parte de los dineros ilícitamente sustraídos  y, en consecuencia, debe ordenarse el pago de la suma faltante.  

Por  tanto, se revocará el numeral cuarto de la parte resolutiva de  la sentencia objeto de impugnación, y en su lugar se condenará  a JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES  a  pagar  a favor de la parte civil la suma de $73.843.390,  valor que deberá ser indexado a la fecha actual.  

Otra  determinación.  

La  pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas está prevista en el Código  Penal con un tiempo determinado de duración, pero el artículo  122 de la Constitución Política de Colombia, modificado  por el artículo 4º del acto legislativo 01 de 2009, le  otorgó, para algunas situaciones específicas, carácter  intemporal, cuando, entre otros, el delito objeto de condena afecta  el patrimonio del Estado. Del tema, esta Sala ha explicado:  

«En  todos los casos de condena por la comisión de delitos que  afecten el patrimonio del Estado, o por delitos relacionados con la  pertenencia, promoción o financiación de grupos armados  ilegales, delitos de lesa humanidad o por narcotráfico, se  debe imponer la pena de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el término previsto  en el Código Penal.  

Es  deseable en la sentencia, a la vez, imponer la sanción  permanente del artículo 122, inciso 5º, de la  Constitución. Pero si no se hace, es una omisión  intrascendente porque, de todas formas, como lo ha reiterado la Sala,  la medida opera de pleno derecho.  

La  imposición simultánea de las inhabilidades temporal e  intemporal no quebranta el principio non bis in ídem. Y  sea que la regulada en la norma constitucional se fije exactamente en  la sentencia o no, se entenderá que en los casos aquí  considerados el condenado queda privado a perpetuidad de los derechos  a inscribirse como candidato a cargos de elección popular, a  ser elegido o designado como servidor público y a contratar  con el Estado directamente o por interpuesta persona.  Y temporalmente, por el término establecido en el fallo, queda  privado de la facultad de elegir, del ejercicio de cualquier otro  derecho político (menos al de acceso al desempeño de  funciones y cargos públicos –art. 40-7 de la  Constitución–, pues su prohibición es intemporal)  y el de recibir las dignidades y honores que confieran las entidades  estatales, que naturalmente no comporten el ejercicio de una función  pública28.  (Resaltado ajeno al texto original).  

Por  lo anotado, la Sala aclara que la inhabilitación de cuatro (4)  años para el ejercicio de derechos y funciones públicas  que el a  quo  impuso a JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES,  le  representa la privación de la facultad de elegir y de ejercer  cualquier otro derecho político distinto al del numeral 7º  del artículo 40 de la Constitución, así como de  la posibilidad de recibir dignidades y honores conferidos por  entidades estatales.  

Lo  anterior, sin perjuicio de la coexistencia de la sanción de  carácter intemporal prevista en el inciso 5º del artículo  122 de la Carta Política, la cual lo inhabilita, de ahora en  adelante, del derecho a inscribirse como candidato a cargos de  elección popular, a ser elegido y designado como servidor  público y a contratar con el Estado, ya sea de manera directa  o por interpuesta persona.  

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley  

RESUELVE:  

Primero.-  Confirmar parcialmente la sentencia condenatoria proferida el 17 de  junio de 2015 por una Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior de Cartagena, contra JAIME  JOSÉ  GARCÍA  MONTES.  

Segundo.-  Revocar el numeral cuarto del referido fallo, para en su lugar  condenar a JAIME  JOSÉ GARCÍA  MONTES  a pagar a favor de la parte civil $73.843.390  por concepto de daños y perjuicios, suma que deberá  actualizarse al valor presente.  

Tercero.-  Aclarar  que la pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas es de carácter intemporal, conforme  a lo señalado en la parte motiva  

Cuarto.-  Señalar  que contra esta sentencia no procede ningún recurso y ordenar  a la secretaría que devuelva el expediente al Tribunal de  origen.  

Notifíquese  y cúmplase.  

Luis  Antonio Hernández Barbosa  

José  Francisco Acuña Vizcaya  

José  Luis Barceló Camacho  

Fernando  Alberto Castro Caballero  

Eugenio  Fernández Carlier  

Eyder  Patiño Cabrera  

Patricia  Salazar Cuéllar  

Luis  Guillermo Salazar Otero  

Nubia  Yolanda Nova García  

Secretaria  

1          Decreto 2158 de 1948. Ley 2663 del 5 de agosto de 1950, modificado          por la Ley 50 de 1990 y la Ley 100 de 1993 y otras.  

2          Memorando 1303 dirigido          por la Coordinadora del área de sistemas de pagos, MYRIAM          GUTIERREZ PERILLA, al Coordinador del área de pensiones,          RICARDO SAAVEDRA SANDOVAL, el 6 de diciembre de 2004. Obrante a          folio 54.  

3          Por medio de la resolución del 29 de mayo de 2009.  

4          La diligencia de indagatoria fue adelantada a través de          funcionario comisionado (Fiscal Noveno delegado ante los Juzgados          Promiscuos del Circuito de Corozal – Sucre. Folio          10 del cuaderno de instrucción 1 rad.15542  

5          Folio 91 a 142 del cuaderno No. 2 de instrucción.  

6          Folios 135 a 145 del cuaderno No.1 de instrucción.  

7          A folio 332 a 380 se observa la resolución de acusación.  

8          Tras aceptarse el desistimiento del recurso de apelación          interpuesto por la defensa contra la resolución de acusación.  

9          Consideró el Tribunal: «Se          echa de menos el ritual establecido para el trámite del          traslado por parte de la secretaría de la Sala a quienes          apelaron por el término de cuatro días para la          sustentación respectiva. Así como a los no recurrentes          por el mismo lapso en forma común. No obstante la          anticipación del togado de la defensa en sustentar el recurso          interpuesto, en tanto, el término para recurrir estaba          corriendo (recuérdese que la última notificación          lo fue al ente fiscal el martes 13 de octubre de 2015), en la          interpretación del artículo 186 de la Ley 600 de 2000,          éste lapso vencía, transcurridos tres (3) días          después; esto es, el viernes 16 de octubre de 2015; antes de          la errada notificación supletoria por edicto, debió          surtirse el traslado del artículo 194 omitido en el primer          día hábil siguiente, y no, como inexactamente se          ejecutó, pasar al Despacho ponente el proceso para proveer          sobre la solicitud de corrección de la sentencia incoada por          el defensor, con la consecuente decisión de la Sala en tal          sentido, que de contera se vició de nulidad, por cuanto sin          el respectivo trámite de sustentación obviado, se le          concedió la alzada promovida de manera conjunta.» Folio          309.  

10          Declaró el Tribunal desierto por falta de sustentación          el recurso de alzada presentado por el procesado JAIME JOSÉ          GARCÍA MONTES, tal como se observa a folio 336.  

11          Folio 210  

12          Cuaderno Proceso Ordinario Laboral, Folios 157-160  

13          Folio 158, Cuaderno Original Proceso Ordinario Laboral Rad. 13-902          Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Cartagena, Sentencia de          Primera Instancia del 24 de marzo de 1995.  

14          «No          se motivó en modo alguno la culpabilidad. Ciertamente que nos          estamos sacudiendo del sistema clásico dogmático que          entendía el dolo como una de las tres formas de culpabilidad,          hoy bajo el sistema finalista, no basta con el análisis del          dolo… sino que además se requiere motivar la          culpabilidad como queda, en cuanto al juicio personal de reproche          incluyendo justamente el elemento subjetivo de la conciencia de          antijuridicidad. Sobre este aspecto nada se dijo.»          Folio 263 del cuaderno de la causa.  

15          En el tratamiento escalonado que impera en la dogmática          jurídico penal finalista la regla general nos indica que la          “la conciencia de antijuridicidad” es un elemento a          examinar en sede de culpabilidad. Empero, en tratándose de          tipos penales como el de prevaricato por acción que contienen          ingredientes normativos como el siguiente: «manifiestamente          contrario a la ley»,          su adecuado análisis provoca se anticipe su estudio en sede          de tipicidad en aquellos casos en que la defensa técnica          indistintamente alega que la conducta del procesado estuvo          determinada por un error de tipo o de prohibición, pese a que          el tratamiento punitivo consagrado en los numerales 10 y 11 del          artículo 32 de la Ley 599 de 2000 es más benigno para          aquel que para éste. De manera que en orden a resolver esta          clase de casos, huelga recordar lo afirmado por          WELZEL al respecto: “La          antijuridicidad no se convierte en una circunstancia del hecho          porque esté señalado en la ley, la más de las          veces de modo superfluo (por ejemplo, en los parágrafos 123          /4, 239, 240, 246,303, etc.) sino que permanece como valoración          del tipo. Las expresiones «sin autorización» o          «sin estar autorizado para ello»,  son  denominaciones          lingüísticas de la antijuridicidad; y «válida          jurídicamente », «conforme a derecho », «          competente», «no autorizado», «sin el          permiso de la autoridad o bien de la policía », «          sin autorización», son características          especiales de la antijuridicidad, a las que el legislador          innecesariamente recurre al momento de configurar el tipo penal”          (WELZEL          Hans, DERECHO          PENAL ALEMAN, PARTE GENERAL,          11ª Edición, Editorial Jurídica Chile, Páginas          134 y 135.) Al respecto ver, entre otras decisiones, SP1616-2018,          sentencia del 23 de mayo de 2018, radicado 51117.  

16          «independientemente          de que la acción penal estatal para perseguir y sancionar una          conducta punible delictual se halla prescrita, y se imponga su          declaración por haber transcurrido ininterrumpidamente desde          su realización el tiempo necesario para la configuración          de este fenómeno jurídico, si la prueba recaudada da          cuenta de haber sido efectivamente realizado el hecho, éste          no desaparece por la ocurrencia del fenómeno extintivo, pues          el transcurso del tiempo de suyo no le quita el carácter          lesivo de bienes jurídicos tutelados. De donde se desprende          que el acaecimiento fáctico demostrado puede ser tomado como          evidencia de la pauta de conducta asumida en relación con          otros hechos relacionados sobre los cuales la acción penal          mantiene vigencia».          (CSJ, Única          instancia, rad. 9959, providencia del 6 de agosto de 1998.)  

17          Inicialmente se encuentra esa información en el Memorando          GPSPC-ASNP-1303          del          6          de          diciembre          de          2004,          allegado          por          el          Ministerio          de          la          Protección          Social          a          la Fiscalía General de la Nación a través          del          oficio mencionado.  

18          De conformidad con la sentencia del          30 de abril de 2001 proferida con la Sala de Descongestión          Laboral del Tribunal Superior de Bogotá, obrante a folio 192          y siguientes del cuaderno anexo 1.  

19          Ibídem.  

20          El          salario sobre el cual se efectúa la liquidación (para          pensión, en distintos porcentajes dependiendo de la edad y          del          tiempo de servicio; para cesantía, en el 100%).  

21          CSJ, SP 4 oct. 1994, rad.8729, con ponencia del Magistrado Gustavo          Gómez Velásquez.  

22          En sentido similar: Sentencia, octubre 2/97, rad. 11.657. M.P. Juan          Manuel Torres Fresneda. Sentencia noviembre 12/97, rad. 9887. M.P.          Ricardo Calvete Rangel.  Sentencia, noviembre 3/98, rad. 10.778,          M.P. Fernando Enrique Arboleda Ripoll.  

23          “…el          dolo es en la totalidad de su esencia, un acto psíquico, un          proceso interno que se desarrolla en el escenario íntimo del          delincuente, allí donde no es posible penetrar y en donde          todo es invisible e impalpable. No disponemos de medios para conocer          directamente los actos psíquicos. Todo conocimiento en el          particular es forzosamente indirecto”          GOMEZ PAVAJEAU CARLOS ARTURO, citando a CABAL, en “El          Estado de la Cuestión en Nuestra Jurisprudencia y Doctrina”.          Ediciones Nueva Jurídica. Segunda edición: 2008,          página 63.  

24          “antijuridicidad          material debe referirse, en principio, al interés          expresamente escogido y tutelado por la ley”,          CSJ, SP 19 May 1999, rad 13922.  

25          Con la modificación introducida por          artículo 2o          de la Ley 43 de 1982.  

26          El Tribunal afirmó:«Dicha          providencia judicial es, en su integridad, producto del razonamiento          y juicio del fallador, luego entonces, en su producción          intervienen quienes facultados por ley representan al Estado          pudiendo ser en cuerpo colegiado, como es en el caso de ésta          Sala de decisión, donde intervienen varios funcionarios,          siendo todos creadores y responsables por su contenido, sin embargo,          la sentencia en comento fue realizada en un juzgado con dirección          monocefálica, esto quiere decir, que un solo individuo tiene          a su cargo la obligación de dirimir los conflictos que          lleguen a su conocimiento atendiendo las reglas de competencia. En          el caso concreto, el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de          Cartagena, al momento de los hechos se encontraba bajo las          directrices exclusivas del Dr. García Montes, por lo tanto,          es él el único responsable por las          anomalías          y efectos que de connotaciones antijurídicas se develan en          esta ocasión. En ese sentido, no le asiste razón a la          representante del ente acusador, en el entendido que no se aplicara          circunstancia de agravación punitiva, de acuerdo con las          consideraciones pretéritamente esbozadas.»  

27          Inicialmente se encuentra esa información en el Memorando          GPSPC-ASNP-1303          del          6          de          diciembre          de          2004,          allegado          por          el          Ministerio          de          la          Protección          Social          a          la Fiscalía General de la Nación a través          del          oficio mencionado.  

28

                    

CSJ          SP, 19 jun. 2013, rad. 36511.      

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