SP3408-2014(38733)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

                                                                                                                                 República de Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  Ponente   

SP3408-2014  

Radicación n° 38733  

(Aprobado Acta No. 81)  

         Bogotá,  D.C.,  diecinueve  (19)  de  marzo  de  dos  mil  catorce  (2014)   

La  Sala  resuelve el recurso de apelación  interpuesto   por  el  acusado  Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz contra la sentencia proferida por la Sala Penal  del  Tribunal Superior de Distrito Judicial de San Gil el 16 de febrero de 2012,  mediante  la  cual lo condenó a 39 meses de prisión como autor responsable del  delito  de  privación  ilegal de la libertad, no le concedió la suspensión de  la  pena  y  le  sustituyó  la  prisión  intramuros por la  domiciliaria.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Se extracta de la actuación que el  20  de  diciembre de 2005, el abogado Pablo Julio Ríos  Carvajal, en condición de sujeto procesal dentro del  proceso   1778   adelantado   en   la   Fiscalía   34   Seccional   de   Puerto  López1,  en ese entonces a cargo del doctor Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz,  compareció  ante  éste  y  presentó  denuncia  penal  contra  los  señores Jairo  Rodríguez y Édgar Carrillo  Loaiza  por  los delitos de fraude procesal, fraude a  resolución  judicial  y  falsedad ideológica en documento público2, con ocasión  de  la «venta simulada» que el primero hizo al segundo del inmueble localizado  en  la carrera 4ª nº 7 –  61 del referido municipio.   

El  13  de  enero  de  2006, el denunciante  entregó  a  la  Fiscalía  una  copia  de la promesa de compraventa3   suscrita  entre   Jairo   Rodríguez  –vendedor–  y  Jorge  Bedoya   –comprador–4  sobre el inmueble que había  enajenado   a   Édgar   Carrillo  Loaiza,   como   aparece   en   el   folio   de  matrícula  inmobiliaria  234-0003.011,      cuya      copia      aportó5.   

Así,  el Fiscal, el mismo día, dispuso la  apertura     de     instrucción     contra    Jairo  Rodríguez y Édgar Carrillo  Loaiza  por  los delitos de fraude procesal, fraude a  resolución  judicial y falsedad ideológica en documento público, en contra de  quienes  ordenó  la captura para oírlos en indagatoria, las cuales se hicieron  efectivas en la misma fecha.   

La    expedida    contra   Jairo  Rodríguez se cumplió a las 15:30  horas  en  su lugar de residencia, esto es, en la carrera 4ª nº 7-61 de Puerto  López6,  en  donde  se encontraba privado de la libertad, con ocasión de  otro proceso que le adelantaba la misma Fiscalía.   

En   tanto   que   la   de   Édgar  Carrillo Loaiza se concretó en la  misma  fecha,  por  virtud  de  una  llamada  telefónica que Luz Mary Buitrago,  investigadora  del  CTI  y  ex  alumna  de  él, le hizo a las tres de la tarde,  informándole   que   lo   requerían   en  la  Fiscalía,  donde  se  presentó  voluntariamente  y  fue  enterado  que  en su contra se había expedido orden de  captura,  además  que  debía  conseguir  un  abogado  para que lo asistiera en  diligencia  de indagatoria, a través de la cual fue vinculado ese mismo día al  proceso.   

Agotada   la   injurada,   el   entonces  Fiscal Seccional  Juan  Eugenio Pinzón Ortiz, ordenó que  Carrillo   Loaiza   fuera  mantenido  en  custodia  en  las  instalaciones  de  la  policía,  mientras  le  resolvía      la      situación     jurídica.7   

Mientras  Carrillo  Loaiza estaba privado de su libertad en los calabozos  de   la   Policía,  su  hija,  Lina  Sofía  Carrillo  Ríos,  se  entrevistó  con  el abogado denunciante,  quien  le manifestó que el caso de su padre era grave, que debía pagar la suma  de  5  millones  de  pesos  en  efectivo  y suscribir una letra de cambio por 23  millones,  sólo  así  recuperaría  la  libertad, pues de lo contrario, sería  remitido a la Cárcel de Villavicencio.   

En consecuencia, le entregaron 2 millones de  pesos    en    efectivo    a    Camilo    Velásquez  Reyes,    quien   actuó   como   depositario   del  denunciante8,  amén  de  la suscripción por Carrillo  Loaiza de la letra exigida.   

         Sucedido  lo  anterior,  el  abogado Pablo  Julio  Ríos  Carvajal, el 16 de enero siguiente a la  captura,  por  medio  de  escrito  manifestó  al Fiscal que obrando“…en  representación  de  don  JORGE  BEDOYA  LONDOÑO,  quien  aparece   perjudicado   con   los   actos   de  JAIRO  RODRÍGUEZ”9, como  fruto  de la conciliación extraprocesal llevada a cabo entre  su   representado   y  Jairo  Rodríguez,  quien  lo  indemnizó  integralmente,  manifestó  que  desistía  de  la acción penal y, por lo tanto, solicitó a la  Fiscalía proferir resolución de preclusión de la investigación.   

         En   esas  condiciones,  Édgar  Carrillo  Loaiza   fue   liberado   ese   mismo  día,  previa  suscripción   de  diligencia  de  compromiso,  sin  que  se  le  resolviera  la  situación jurídica.   

         Por    su    parte,   Jairo   Rodríguez  fue   escuchado   en  indagatoria  el  17  de  enero  siguiente,  luego  de lo cual fue trasladado a su residencia para que continuara  en  detención domiciliaria por virtud de lo ordenado en otro proceso, cuya fase  del  juicio  se  adelantaba  en  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Puerto  López.   

         Posteriormente,   otro   Fiscal   ordenó   la  preclusión  de  la  investigación  a favor de Jairo Rodríguez  y  Édgar  Carrillo  Loaiza,   porque   consideró  que  las  conductas  por  las  que  fueron  vinculados no existieron.   

         El  2  de octubre de 2008, Édgar Carrillo  Loaiza  formuló  denuncia  penal  contra  el  doctor  Juan    Eugenio    Pinzón    Ortiz    por  el delito de privación ilegal de la libertad. Las diligencias  correspondieron   a   un   Fiscal   Delegado   ante   el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio, quien adoptó las siguientes determinaciones:   

         El  16  de  octubre de 2008, decretó la apertura de investigación  previa   en   contra   de   Pinzón  Ortiz disponiendo la práctica de varias pruebas.   

         El  21  de noviembre de 2008, la Fiscalía Segunda Delegada ante el  Tribunal  Superior de Villavicencio, decretó la apertura de la instrucción por  el  presunto  delito  de  «Privación  Ilegal  de la  libertad» en contra de Juan  Eugenio   Pinzón   Ortiz,  y  lo  vinculó  mediante  indagatoria.   

         El   27   de   febrero   de   2009,   ordenó   el   cierre  de  la  investigación.   

         El  18  de  mayo  de  la misma anualidad calificó el mérito de la  instrucción  con  resolución  de acusación en contra del procesado como autor  del    delito    de    privación   ilegal   de   la  libertad,  previsto en el artículo 174 de la Ley 599  de  2000,  decisión  que  apelada  por  la  defensa,  fue confirmada en segunda  instancia    por    la   Fiscalía   Delegada   ante   la   Corte   Suprema   de  Justicia.     

         La  etapa  del  juicio  la  adelantó  la  Sala  Penal del Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Villavicencio.  Una  vez  agotadas  las  audiencias  preparatoria  y  pública, por virtud de la medida de descongestión  dispuesta  por  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura,  mediante  Acuerdo N° PSAA11-8188 de 16 de junio de 2011, prorrogado y reanudado  por  Acuerdo PSAA11- 8863 del 5 de diciembre de 2011, la actuación fue asignada  al  Tribunal Superior del Distrito Judicial de San Gil,  Sala Penal, quien,  el  16  de  febrero  de  2012,  profirió sentencia condenando al procesado a 39  meses  de  prisión  en  calidad  de autor responsable de la conducta punible de  privación  ilegal  de  la  libertad,  le negó la suspensión condicional de la  ejecución   de   la  pena,  pero  le  sustituyó  la  prisión  intramural  por  domiciliaria.   

         Este  fallo  fue apelado por el condenado y corresponde a esta Sala  desatar la impugnación presentada.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

El     a  quo  consideró  que el material probatorio recaudado  demuestra  que  Juan Eugenio Pinzón Ortiz,  ex  Fiscal  34  Delegado  ante los Jueces Penales del Circuito de  Puerto  López,  Meta,  incurrió en la conducta punible de privación ilegal de  la  libertad,  descrita  en  el  artículo  174  de  la  Ley  599  de  2004 y en  consecuencia    lo    condenó    como    autor   responsable   de    dicha  conducta.   

         Adujo  el  fallador  se encuentra demostrada la calidad de servidor  judicial  de  Juan  Eugenio  Pinzón Ortiz  para  la época de los hechos en condición de Fiscal 34 Delegado  ante los Jueces del Circuito de Puerto López, Meta.   

         Luego  de exaltar el celoso resguardo que el ordenamiento jurídico  y  la  jurisprudencia  han  desarrollado  en  torno  al  derecho  a la libertad,  enunció  las  irregularidades  que se presentaron en el proceso radicado con el  nº   1209,   adelantado   en   contra   de   Carrillo  Loaiza  y  Jairo   Rodríguez,  así:   

         Los  hechos  denunciados  por el abogado Pablo Julio Ríos Carvajal  no  mostraban  la  ocurrencia  de una conducta delictiva, por lo que carecía de  sustento   jurídico   para   disponer   la   apertura  de  instrucción  contra  Édgar  Carrillo  Loaiza  y  Jairo Rodríguez.   

         Se  refirió  al  contenido  del  numeral  7º de la resolución de  apertura   de   investigación   en   la   que   se   indicó  que  Jairo  Rodríguez  rindió indagatoria en  el  proceso  No.  1186  el  11  de  julio  de 2005. Asimismo, que el folio de la  matrícula   inmobiliaria   aportado  por  el  denunciante  evidenciaba  que  la  tradición  del  inmueble  localizado  en  la  carrera  4ª  nº  7 –  61  se  efectuó  el 17 de junio de  2005,  circunstancia indicativa de que para la época en que se llevó a cabo la  venta  de  Jairo Rodríguez a  Édgar  Carrillo  Ortiz,  el  vendedor   no   tenía  ninguna  prohibición  para  transferir  el  derecho  de  dominio.   

         Resaltó   que   el   contenido  de  la  denuncia  refiere  que  la  transacción   que  se  llevó  a  cabo  entre  Édgar  Carrillo   Loaiza  y  Jairo  Rodríguez consistió en una simulación, aspecto que  ubicaba   la  controversia  en  la  jurisdicción  civil,  como  finalmente  fue  considerado  por  el  Fiscal  que  reemplazó  al  procesado cuando precluyó la  investigación  adelantada contra aquéllos, por considerar que no se trataba de  una controversia penal.   

         También   cuestionó   el   trámite   dado   por  el  acusado  al  desistimiento   que  presentó  el  abogado  denunciante,  el  cual  se  tornaba  improcedente  frente  a  la  naturaleza de los delitos atribuidos a Édgar  Carrillo  Loaiza  y  Jairo  Rodríguez,  los cuales no admiten  desistimiento de la acción penal.   

         Por  otra  parte,  destacó  la  inspección judicial practicada al  expediente  dentro  del  cual el acusado dispuso la privación de la libertad de  Édgar  Carrillo  Loaiza  y  Jairo    Rodríguez,   y  concluyó  que  el ex Fiscal Juan Eugenio Pinzón Ortiz  desplegó procedimientos informales y sin motivación  jurídica  alguna  que  comprometieron  el  derecho  a  la libertad del primero,  dejando  en  evidencia  que  su retención constituyó una manera de presionar a  los  sindicados  para que accedieran a las pretensiones del abogado Pablo  Julio  Ríos  Carvajal,  quien buscaba satisfacer una obligación  de carácter civil.   

         Consideró  que  si  la  finalidad de Juan  Eugenio  Pinzón Ortiz, al expedir la orden de captura  contra     Édgar    Carrillo    Loaiza,  fue  asegurar  la  vinculación  de  éste  al  proceso  mediante  indagatoria,  desconoció  que  él  se  presentó  voluntariamente  y que de lo  manifestado   en   su   versión  se  comprendía  la  naturaleza  civil  de  la  controversia,  circunstancia  a  la  cual  no  fue  ajeno,  como  lo adujo en su  injurada.   

         En   consecuencia,  consideró  que  Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz  abusó  de  sus funciones al  privar    de    la   libertad   a   Édgar   Carrillo  Loaiza  y  Jairo Rodríguez,  pues  desplegó una conducta dolosa que se refleja en  el  apresuramiento,  ligereza  e informalidad con que logró la aprehensión del  primero  y  las  incoherencias  de  sus  exculpaciones, en las cuales reconoció  haber  detectado que se trataba de un asunto que se alejaba de la órbita penal,  a  pesar  de  lo  cual  lo  privó de la libertad a los denunciados, con base en  órdenes de captura que no aparecieron en el expediente.   

         En  suma,  el  Tribunal encontró que la materialidad del ilícito,  tipicidad  objetiva  y subjetiva, así como la antijuridicidad y responsabilidad  del  ex  funcionario  judicial,  al  detener  y  mantener retenidos sin sustento  jurídico   alguno  a  los  señores  Édgar  Carrillo  Loaiza     y     Jairo  Rodríguez, por el lapso comprendido entre el 13 y el  17  de  enero  de  2006,  se  encontraban acreditadas con el material probatorio  recaudado y por lo tanto emitió sentencia de condena.   

LA IMPUGNACIÓN  

         Juan    Eugenio   Pinzón   Ortiz,   interpuso  recurso  de  apelación contra la sentencia condenatoria proferida en  su contra.     

         En  extenso  escrito  de  sustentación  hizo  un  recuento  de  la  situación  fáctica y señaló que la decisión atacada desconoció el material  probatorio  allegado  por  la defensa con la valoración respectiva, hecha en la  etapa  procesal  correspondiente, sin hacer precisión concreta sobre los puntos  de inconformidad.   

         Sostuvo  que  fue  oído en indagatoria el 22 de diciembre de 2008,  es  decir,  dos años y medio después de haber sucedido los hechos, aspecto que  afectó el principio de inmediatez de la prueba.   

         En  torno  de  la  credibilidad  que  merece la prueba testimonial,  aseveró  debe  tenerse  en  cuenta  que  el  paso del tiempo es un elemento que  afecta  la  memoria,  de  modo  que  lo  manifestado  por  algunos testigos debe  valorarse considerando dicha limitante.   

         Por  otra  parte,  frente  a  las  piezas  procesales que no fueron  halladas  en  la  inspección  judicial  practicada al proceso adelantado contra  Édgar  Carrillo  Loaiza  y  Jairo              Rodríguez,  destaca  se  trata  de aspectos que él no pudo pasar por alto, porque fue bastante cuidadoso  durante  su  vida laboral, cualidad destacada en los testimonios de las personas  que laboraron bajo sus órdenes.   

         Así,  aunque  resultó  notoria la falta de la orden de captura de  Édgar Carrillo Loaiza en el  expediente,   sucedió   lo  mismo  con  la  de  Jairo  Rodríguez, no fue hallada dentro del mismo, el cual,  agregó,  estaba archivado desde hacía dos años, además de que fue manipulado  por diversas personas.   

         Por  otro lado, se autocalificó como inexperto en temas de derecho  penal,  entre ellos, el relacionado con la privación de la libertad, a pesar de  lo cual no se le aceptó ninguna excusa.   

         No  obstante  lo  anterior,  no  se  le  formularon cargos ni se le  indicó  cuál era su situación jurídica en la indagatoria. Así mismo, aunque  la  denuncia  en  su contra fue formulada por los delitos de prevaricato y abuso  de  autoridad,  la  Fiscalía  lo  acusó  por  el  de  privación  ilegal de la  libertad.           

         Nuevamente  hizo  referencia  a la nulidad que su defensor planteó  en  la  audiencia  preparatoria  por  indebida  formulación  de  los  cargos  y  violación   del   derecho   de   defensa,   la   cual   fue   negada   por   el  Tribunal.   

         Manifestó  que  su  actuar obedeció a la interpretación que como  fiscal  hizo  de una norma, más no a un capricho totalmente contrario a derecho  o  de  mala  fe y que ello sumado a su inexperiencia aleja el dolo en su actuar,  pues  “Los  simples errores o descuidos no llevan a  la culpabilidad”.   

         Finalmente, resumió sus peticiones así:   

         1º  Se  decrete  la  nulidad  de  todo  lo actuado, a partir de la  indagatoria,  por  no haberse realizado una imputación jurídica que permitiera  su defensa técnica.   

         2º  Se  revoque  la sentencia impugnada y en su lugar se absuelva,  por   inexistencia  de  la  conducta  penal  o  por  no  haberse  demostrado  su  participación en la misma.   

         3º  Subsidiariamente  se  revoque  la  sentencia  apelada  y se le  absuelva  de conformidad con lo previsto en el numeral 10° del artículo 32 del  Código  Penal,  por  ausencia de responsabilidad, bajo el argumento consistente  en  que  su actuar se produjo sin dolo y confluye el error de tipo, al creer que  estaba actuando acorde a la norma.   

         4º Por último, que en caso de hallarse  demostrada  la  causal  de  ausencia  de responsabilidad se revoque la sentencia  recurrida  y  se  absuelva  porque  dentro  de  la actuación no obra prueba que  reporte  certeza  acerca  de  la  comisión  de  la  conducta  delictiva y de su  responsabilidad.   

CONSIDERACIONES  

         1.  Con fundamento en lo dispuesto en el  artículo  75,  numeral  2º  de  la Ley 600 de 2000,  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de  Justicia   es   competente   para   conocer   en  segunda  instancia              de  la  sentencia  condenatoria  proferida en primera instancia por el Tribunal Superior  de  San Gil, Sala Penal, dentro del proceso adelantado  contra   Juan   Eugenio   Pinzón  Ortiz, ex Fiscal 34  Seccional  de  la  Unidad  de  Fiscalías  de  Puerto  López,  Meta, cuya calidad se acreditó con la información suministrada por la  Analista  de  Personal de Dirección Administrativa y Financiera de la Fiscalía  General  de  la  Nación,  Seccional  Villavicencio10.   

         2.   En  orden  a  resolver  la  alzada  necesario  es  precisar,  de acuerdo con la sustentación expuesta por  el  procesado,  que la Sala enfrentara los siguientes problemas  jurídicos:     (i)  si  en  desarrollo  de la indagatoria se incurrió en  irregularidades   que   afectaron   el   derecho   de   defensa  del  procesado.  (ii)  si  la  conducta  por  la que éste fue acusado  tiene   relevancia   para  el  derecho  penal  y,  en  consecuencia,  si  concurren los presupuestos procesales de certeza acerca de su  existencia   y   de   la  responsabilidad  de  aquél  para  proferir  sentencia  condenatoria.   

         2.  1.   La nulidad de la actuación por violación al derecho  de defensa.   

         El  argumento  basilar  sobre  el cual el recurrente manifiesta que  dentro  de la actuación se le desconoció el derecho de defensa, estriba en que  al  terminar  la  indagatoria  la  Fiscalía  no  le  hizo  ninguna  imputación  jurídica,  es  decir,  no lo enteró acerca de la hipótesis delictiva respecto  de  la  cual  se  adelantaba  la  investigación,  hecho que, aduce, le impidió  realizar una defensa técnica.   

         Acerca  de  la  temática  aludida  el  a  quo  se  pronunció  en  la  audiencia  preparatoria,  circunstancia  a  pesar de la cual la Corte procederá a resolver lo pertinente,  bajo  el  entendido  que la posibilidad de plantear la nulidad por violación al  derecho  de  defensa  no  se  agota  con  su  alegación  y resolución en dicha  oportunidad procesal.   

         Así,  acerca  de  las nulidades procesales la jurisprudencia de la  Sala  reiteradamente  ha  señalado que para la configuración de los diferentes  motivos  de  invalidación  de  la actuación necesariamente se debe observar el  principio  de  trascendencia, conforme con el cual las consecuencias adversas de  la  actuación  viciada afectaron el trámite subsiguiente, en este caso, según  el  censor,  porque  al terminar la indagatoria el instructor no le informó por  qué  delito  se  adelantaba  la  actuación,  circunstancia  que le impidió el  ejercicio del derecho de defensa.   

Es  que  de conformidad con lo dispuesto en  los  artículos  306  y  310 de la Ley 600 de 2000, la nulidad solamente procede  cuando  se  acredita  de manera suficiente la afectación del derecho de defensa  del  sindicado,  el  debido proceso o las garantías de los intervinientes, como  se  precisó en CSJ, SP, 3 may. 2007, rad. 23486; CSJ, AP 377, 5 feb. 2014, rad.  41717 y  CSJ, SP 1850, 19 feb. 2014, rad. 43002, entre otros.   

         En  este  caso la Fiscalía, a pesar de  que  formalmente  no  cumplió  la  obligación de informarle al sindicado en la  injurada  por  qué  delito  lo  procesaba,  de  acuerdo  con lo dispuesto en el  artículo  338  ibídem,  celosamente,  desde  cuando  ordenó  la  apertura  de  instrucción,  señaló  procedía por el de privación  ilegal  de  la libertad, circunstancia que le reiteró  en  las  citaciones efectuadas para que compareciera a dicha diligencia, de modo  que  la  omisión referida no le impidió defenderse técnica y materialmente de  esa                    imputación11.   

En efecto, en la comunicación por medio de  la    cual    se    le    llamó   a   indagatoria12   se   le   advirtió   se  procedía   «…  por  el  delito  de  “PRIVACIÓN  ILEGAL DE LA LIBERTAD”, en atención de la denuncia  que    formuló    el    señor   ÉDGAR  CARRILLO  LOAIZA,  por  su  actuación  irregular  como fiscal 34  Seccional  de  Puerto López, en relación con la captura que dispuso dentro del  proceso1209  por  el  delito  de  FRAUDE  PROCESAL  Y  FALSEDAD  IDEOLÓGICA  EN  DOCUMENTO   PÚBLICO   en   contra   del   quejoso».   

         Y,      en      la     indagatoria     manifestó:     «…  yo  no  me acuerdo de nada de eso  porque  los  hechos  sucedieron  en  el  año  2006,  yo  me  entero  de toda la  situación  por  notificación  que me hiciera su señoría a través de escrito  en  el  que  se  me  indica  que  se  le ha abierto una investigación penal por  denuncia  que  instaurara  CARRILLO  LOAIZA,  según hechos que sucedieron en el  municipio  de  Puerto  López,  en  esas  circunstancias  me  acerqué  ante  la  secretaría  de este despacho y solicité fotocopias informales de la actuación  con  el  fin de enterarme y ahí fue donde leí todas las diligencias que tienen  que ver con los hechos de la denuncia…»   

Lo anterior   trasunta  al entendimiento que pese a que no  se  le efectuó imputación jurídica  de   manera   expresa   en  la  injurada,  Juan Eugenio Pinzón Ortiz,  de  manera  anticipada  y  durante el  interrogatorio    que    le    efectuó      el      instructor,  fue enterado  tanto   de  lo  fáctico   como    de  lo  jurídico,  es decir, no desconoció  el supuesto por el cual la Fiscalía lo  vinculó  a  este  proceso.   

         En  síntesis  la situación  no es diferente y mejor para el procesado con el infundado yerro  que  se  le  atribuye  al  fallador de primer grado, porque compareció a rendir  indagatoria  por el delito de privación ilegal de la  libertad,  así  se le anunció en la resolución de  apertura  de  investigación,  se le indicó en las comunicaciones que le fueron  enviadas  y  confirmó  durante el interrogatorio que  se  le  formuló,  con  fundamento  en  la prueba legal, regular y oportunamente  aportada.   

        De  este  modo,  la omisión denunciada  por    el    censor    carece   de   trascendencia  jurídico-procesal,  pues  previo  a  su vinculación mediante indagatoria, fue  enterado  por  diferentes  medios  del delito por el  cual  se procedía, cuya denominación jurídica no fue variada en la fase de la  instrucción  ni  en  el  juicio,  es  decir, se mantuvo indemne desde cuando se  anunció    en    la    resolución   de   apertura   de   instrucción13,        amén  de  que  el  interrogatorio que se le formuló en  dicha  diligencia giró   alrededor    de   los   aspectos   fácticos  relacionados    con   la    privación    ilegal    de    la    libertad    de            Édgar Carrillo Loaiza.   

         

        En  consecuencia,  no  se  accederá  a  decretar la nulidad de la  actuación.   

         

        2.   El   delito   de  privación  ilegal  de  la  libertad  y  la  responsabilidad del acusado.   

        En  relación  con  este punto, el procesado argumentó, en primer  lugar,   que   fue   condenado   por  una  conducta  inexistente;  sin  embargo, seguidamente, de manera  contradictoria,  manifiesta  que procesalmente no se  demostró   su   participación   en  el  ilícito,  y     más      adelante     admite  su  actuación, pero asegura  la  realizó bajo el convencimiento errado e invencible de que en su conducta no  concurría  ningún  hecho  constitutivo  de la descripción típica,  o que se  configuran  los presupuestos objetivos de una causal  que    excluye    la  responsabilidad;  y, finalmente asegura no   obra   certeza   acerca   de  la  ocurrencia        del        hecho        y       de       su       responsabilidad.   

        Las  diversas  hipótesis  presentadas  por  el recurrente desconocen el principio lógico de  no  contradicción, conforme con el cual una cosa no puede ser y no ser al mismo  tiempo.  Sin embargo, atendiendo que probatoriamente  se  encuentra  demostrado  que  la  privación  de  la  libertad de Édgar     Carrillo    Loaiza    fue  consecuencia  de su actuación dentro del proceso penal que adelantaba en contra  de   éste   y   Jairo   Rodríguez,   por  los  presuntos  delitos  de falsedad ideológica en documento  público  y  fraude  procesal,  circunstancia que per  se  demuestra  que contrario a lo afirmado, ejecutó  un  comportamiento  humano  voluntario  con     repercusiones     jurídico  procesales,    la    Sala    se    concentrará    exclusivamente   en  la  presunta  configuración  del  error  de  tipo,  contemplado  en  el numeral 10 del  artículo  32  del  Código  Penal,  aunque también  adujo que no obró con dolo.   

        En  tal sentido necesario es recordar que la esencia del delito de  privación  ilegal  de  la  libertad dimana del contenido del artículo 28 de la  Constitución  Política,  el cual afianza el derecho  a      la      libertad,      de     modo     que     solamente     puede   ser  afectada  en  virtud  de  mandamiento  escrito  de  autoridad judicial competente y por motivo previamente  definido  en  la  ley,  además  de  que expresamente prevé que no podrá haber  detención, prisión ni arresto por deudas.   

        El  delito  aludido  solamente  tiene  cabida  cuando  el  funcionario judicial investido de  competencia  para afectar el derecho a la libertad, en el sistema procesal de la  Ley  600  de  2000 los fiscales y los jueces, abusando de las funciones en ellos  discernidas,  privan  de  la  libertad  a una persona  excediendo  el  marco  de  su competencia, es decir,  cuando  la orden emitida para afectar ese    derecho    no   se   corresponde  con  los supuestos constitucionales y legales que la  sustentan,  por  lo  que  en  tratándose  de  casos  adelantados  bajo  la  égida  de  la  ley  en cita, la misma se restringe a los  casos  de  captura  para  indagatoria      y  cumplimiento   de  la  detención  preventiva.    

        Frente  a  la  hipótesis  de  la  orden  de  captura para oír en  indagatoria  al sindicado, debe tenerse en cuenta que  conforme  al artículo 331 del mismo ordenamiento, el  Fiscal  General  de  la  Nación  o  su  delegado  dispondrán  la  apertura  de  instrucción            indicando  los  fundamentos de la decisión,  las  personas por vincular y las pruebas a practicar,  decisión  que  necesariamente debe sobrevenir como resultado del estudio previo  acerca  de si ha ocurrido la conducta denunciada, si  está  descrita  en  la  ley  como  punible, si se ha  actuado  bajo  el  amparo  de  una causal   de   ausencia  de  responsabilidad,  si  cumple  los  requisitos  de  procesabilidad para  iniciar  la acción penal  y    la   individualización   o   identificación  de   los  presuntos  autores  o  partícipes,   aspectos   respecto  de  los  cuales,   con   fundamento   en  el  artículo  322  ejusdem,  cuando   se   presenta   duda   sobre  cualquiera         de        ellos,   es   indispensable   ordenar  una  investigación previa.   

         

         Por  consiguiente, tanto la apertura de instrucción, como la orden  de  captura  para  oír al sindicado en indagatoria, deben obedecer a cuestiones  eminentemente   sustanciales,   es  decir,  una  y  otra  decisión  tienen  que  corresponder  a  motivos  previamente fundados en la ley, los cuales hacen parte  de  los  derechos  fundamentales  de libertad y debido proceso, previstos en los  artículos 28 y 29 de la Constitución Política.   

         En  tales condiciones, la apertura de instrucción y las decisiones  orientadas  a  limitar  la  libertad  de  locomoción del imputado, no puede ser  producto  de  un acto caprichoso o arbitrario del funcionario, aun cuando uno de  los  fines de la investigación sea determinar si se ha infringido la ley penal,  como   lo   disponen   los   artículos  331,  336  y  341  de  la  Ley  600  de  2000.   

         En  el  caso  bajo  examen  del contenido de la denuncia presentada  contra  Jairo  Rodríguez y  Édgar  Carrillo  Loaiza no  refulgía  con claridad la comisión de los delitos de fraude procesal, fraude a  resolución  judicial  y  falsedad  ideológica  en  documento público, por los  cuales  fueron  denunciados,  porque aunque la queja daba cuenta de una conducta  orientada  a  insolventarse  para  evadir  el  pago  de  una eventual condena de  perjuicios  dentro  de  otro  proceso  penal adelantado contra el primero de los  mencionados,  al  que  fue  vinculado  luego  de  que  dispuso  de  los  bienes,  circunstancia    esta    que,   per   se,   advertía   como   improbable  la  comisión  de  los  aludidos  delitos.   

         Además,   respecto   de  Édgar  Carillo  Loaiza,  el  abogado  Ríos  Carvajal de manera insistente le advirtió se trataba  de  una  persona  «que merece respeto y no debe estar  conciente  (sic)  del delito cometido por RODRÍGUEZ, pues es un humilde vaquero  que  le  presta sus servicios en las actividades que lo utiliza…»14,  lo  cual  constituía   un   motivo   adicional   para   que  el  ex  fiscal  Pinzón   Ortiz   actuara  prudentemente  frente a la afectación del derecho a la libertad de aquél.   

         Más   aún,   al   final   de   la   indagatoria  de  Édgar  Carrillo  Loaiza, su defensor, con  fundamento  en  razones  fácticas  y  jurídicas  adecuadamente  expuestas,  le  explicó  por  qué  consideraba  que la conducta de su prohijado no configuraba  ninguno  de  los  delitos  denunciados,  por  lo  que  le solicitó lo dejara en  libertad  incondicional,  a  pesar de lo cual el funcionario, mediante oficio de  13  de  enero  de  2006,  ordenó  al  Comandante de la Estación de Policía de  Puerto    López    mantenerlo   «en   calidad   de  custodia»   mientras  le  resolvía  la  situación  jurídica.   

         No  obstante,  el lunes siguiente, 16 de enero de 2006, procedió a  liberarlo  sin  resolverle la situación jurídica, con fundamento en el escrito  que   presentó   el   abogado   Pablo   Julio  Ríos  Carvajal,  por  medio  del  cual  le  manifestó  que  Jorge  Bedoya  Londoño, su  cliente,  con  fundamento  en  el  artículo  41  de  la Ley 600 de 2000, había  adelantado        «conciliación»      extraprocesal      con     Jairo  Rodríguez,   quien   lo   indemnizó  integralmente  pagándole  los  perjuicios a satisfacción, circunstancia por la cual desistía  de la acción penal.   

         

         La  forma en que procedió el ex fiscal, contrario a lo que afirmó  en  la  sustentación  del recurso, revela que a ciencia y paciencia realizó un  comportamiento  humano  [conducta]  orientado  de  comienzo  a fin, a lograr que  Édgar  Carrillo  Loaiza  y  Jairo  Rodríguez accedieran  a   las   pretensiones  económicas  de  Jorge  Bedoya  Londoño  relacionadas  con  un negocio precedente de  semovientes  que había realizado con Jairo Rodríguez,  conexo  además  con  hechos por los cuales éste fue  investigado  y   acusado  en  otro proceso penal que, para la época de los  sucesos  investigados,  estaba  en  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Puerto  López, donde se adelantaba la etapa del juicio.   

         Luego  si  como  lo  anunció  el  procesado en el oficio que   dirigió   al   Comandante   de  la  Policía  de  Puerto  López,  Édgar  Carrillo  Loaiza debía permanecer  privado  de  la  libertad  mientras  le  resolvía la situación jurídica, así  hubiera  procedido,  absteniéndose  de imponerle medida de aseguramiento porque  las  pruebas  que hasta ese momento había recaudado descartaban la comisión de  los  delitos  de  fraude  procesal, falsedad ideológica en documento público y  fraude  a  resolución  judicial,  y  con  mayor  razón  cuando  el denunciante  insistentemente  refirió  que  aquél desconocía la trascendencia jurídica de  su comportamiento.   

         El  anterior  aserto encuentra respaldo en la decisión adoptada el  22  de  junio  de  2006,  seis  meses  después  de  la indagatoria,  por otro Fiscal, quien con fundamento en  la  misma  prueba  de  que  disponía  el  doctor  Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz, precluyó la investigación a  favor    de    Édgar   Carrillo   Loaiza    y    Jairo   Rodríguez,   porque   las   conductas  por  las  cuales  fueron  denunciados  «no    tienen    asidero   jurídico», o, dicho de otro modo, eran inexistentes.   

         Así,  cuando  el  ex  fiscal  procesado  se  abstuvo  de  dejar en  libertad    a    Édgar  Carrillo Loaiza, conforme lo  solicitó  el  defensor, no sólo lo privó ilegalmente de la libertad, sino que  facilitó   que   al   abogado   Pablo   Julio  Ríos  Carvajal  aprovechara tal circunstancia para forzarlo  bajo  la  amenaza de causarle un mal mayor por su eventual traslado a la Cárcel  de  Villavicencio,  a  entregar  2 millones de pesos en efectivo y suscribir una  letra  de  cambio  por  la  suma  de 23 millones, utilizada posteriormente en un  proceso   ejecutivo   dentro   del  cual  le  fueron  embargados  sus  bienes  y  salario15.   

         En  consecuencia, la afirmación del procesado de que obró bajo la  circunstancia  excluyente  de  responsabilidad  prevista  en  el  numeral 10 del  artículo  32  del Código Penal, no es más que un vano subterfugio para evadir  su  responsabilidad,  porque  su actuación dentro del aludido proceso evidencia  que  inusitadamente  y  de manera apresurada ordenó la apertura de instrucción  con  base  en  una  denuncia  que  ofrecía dudas acerca de la existencia de las  conductas  delictivas  atribuidas  a  los sindicados, además de que conoció lo  sucedido  durante  el fin de semana que Édgar Carrillo  Loaiza  estuvo  privado  de  la libertad, por lo que,  para  ser  consecuente  con ello, no debía resolverle la situación jurídica a  los  sindicados,  cuyo sentido, de haberlo hecho, no podía ser diferente al que  posteriormente   consideró   el   funcionario   judicial   que   precluyó   la  investigación  a  los  procesados, fue una forma de no dificultar la actuación  del  abogado  Pablo  Julio  Ríos Carvajal,  ante  los  evidentes  vicios  del consentimiento de Carrillo   Loaiza   en  la  transacción  celebrada.   

         En   este   sentido,   obsérvese   que   el  abogado  Ríos  Carvajal de forma habilidosa en el  escrito  mediante el cual desistía de la acción penal, acerca del cual tampoco  se  pronunció  el  ex  Fiscal  Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz,  informó  que  Jorge  Bedoya  Londoño «concilió  extraprocesalmente»     con     Jairo        Rodríguez,  cuando  lo  cierto es que el acuerdo lo  hizo    con    Édgar   Carrillo   Loaiza, a quien constriñó de la forma referida atrás.   

         Al  respecto  también  debe  tenerse  en  cuenta que el abogado en  mención  adoptó  precauciones  en orden a atomizar su responsabilidad frente a  los  hechos,  pues  puso  a  un tercero a recibir el dinero y la letra de cambio  entregados   por   Édgar  Carillo  Loaiza  para  evitar  su eventual traslado a la Cárcel de Villavicencio.   

Tampoco  puede dejarse de lado la seguridad  del  abogado  Pablo  Julio  Ríos Carvajal   cuando  prometió  a  Carrillo  Loaiza  y a los familiares de éste que tan pronto cumplieran  lo   exigido   hablaría   con  el  Fiscal  para  que  lo  liberara,  en  franco  desconocimiento  de  que  su labor es de medio y no de resultado, además de que  los  delitos  atribuidos a los procesados no admiten el desistimiento como forma  de  terminación  anormal,  luego  para que se materializara dicha promesa, como  efectivamente   ocurrió,   tenía  que  haberlo  convenido  con  el  ex  Fiscal  Pinzón  Ortiz, por esto fue  por   lo   que  éste,  a  escaso  tiempo  de  haber  recibido  el  memorial  de  desistimiento  de  la  acción penal, procedió a dejarlo en libertad, se itera,  sin resolverle la situación jurídica.   

En tales condiciones no puede afirmarse que  el  procesado  ignoraba  que  su  comportamiento  se  adecuaba  a  un tipo penal  (numeral  10,  artículo  32  del  Código  Penal),  o dicho de otra manera, que  desconocía  que  con  el mismo afectaba ilegalmente el derecho a la libertad de  Édgar Carrillo Loaiza, así  como  la  detención  domiciliaria de Jairo Rodríguez,  quien  para  ese  momento se encontraba privado de la  libertad  por cuenta del Juzgado Promiscuo del Circuito de Puerto López, por lo  que  no debió librar orden de captura en su contra sino simplemente solicitarlo  en remisión con la previa autorización del juez.   

El  registro  fáctico  y  probatorio hecho  establece  la  existencia  material  y  jurídica  de  la conducta por la que se  condenó     a     Pinzón    Ortiz,    que  dada  su  experiencia y cultura jurídica, la sencillez de los  problemas  jurídicos  a  resolver y lo evidente de la situación para que no se  obrara  de  la  manera  que  se  hizo,  se  tiene que aceptar con certeza que el  proceder delictivo se ejecutó con dolo en el asunto sub júdice.   

Finalmente, a propósito de la situación de  Jairo   Rodríguez,  debe  precisarse  que  en  este  asunto  el  ex  Fiscal  Juan  Eugenio  Pinzón  Ortiz  fue procesado y condenado por  la  privación ilegal de la libertad respecto de Édgar  Carrillo  Loaiza,  pues respecto de aquél, el Fiscal  Delegado  ante  el Tribunal de Villavicencio al calificar el mérito del sumario  consideró   se  tipificaba  el  delito  de  abuso  de  autoridad  en  consideración  a  que  se  encontraba  privado  de  la libertad; sin embargo, como no presentó querella de acuerdo con  lo  dispuesto  en  el  numeral 1° del artículo 74 de la Ley  906 de 2004,  que  aplicó  por  virtud  del principio de favorabilidad, consideró operaba el  fenómeno  de  la caducidad de la misma y le precluyó la investigación por tal  hecho.   

3. Conclusión.  

Como  corolario de lo expuesto, teniendo en  cuenta  que  la  actuación  fue  adelantada legalmente y que probatoriamente se  encuentra  demostrada  la existencia del hecho y la responsabilidad del acusado,  respecto  de  quien  no  procede  la  causal  de  exclusión  de responsabilidad  prevista  en  el  numeral  10  del  artículo 32 de la Ley 599 de 2000, la Corte  negará la nulidad solicitada y confirmará el fallo recurrido.   

         

        4. Otras determinaciones   

        Teniendo  en  cuenta que la privación  ilegal  de  la  libertad  de  Édgar Carrillo        Loaiza            devino  como  consecuencia  de la    apertura    de    instrucción  fundamentada  en  la situación fáctica que le  presentó      el      abogado      Pablo    Julio    Ríos    Carvajal,  la cual apenas resultaba suficiente para iniciar una  investigación  previa, se  ordenará  la  expedición de copias de la actuación con destino a la Unidad de  Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal Superior de Villavicencio para  que  se determine si el  ex  funcionario  judicial incurrió  en   otras   infracciones   a   la   ley  penal  habida  consideración  de  las  decisiones  adoptadas  y  omitidas.   

        Igualmente,  se  dispondrá la expedición de copias con destino a  las    Fiscalías   Seccionales   de   Villavicencio   para   que   se   establezca   si   el    abogado    Pablo   Julio   Ríos  Carvajal  infringió  la  ley  penal  con  su  comportamiento  observado en los  hechos  que  dieron  origen a la presente investigación, y de los que da cuenta  Lina Sofía Carrillo, entre otros.   

        En  caso  de  que  contra el ex fiscal y abogado en mención curse  investigación  por los aludidos delitos,  las copias pasaran a formar parte de  la  respectiva  actuación, debiendo el instructor verificar si la acción penal  está vigente.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero: DENEGAR la  nulidad  invocada  por  el  sentenciado  Juan  Eugenio  Pinzón Ortiz.   

Segundo:     CONFIRMAR    en  su  integridad  la sentencia de primera instancia proferida por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de San Gil en la  causa  adelantada  contra  Juan  Eugenio Pinzón Ortiz  por  el delito de privación  ilegal de la libertad.   

         Tercero:  EXPEDIR,  por la Secretaría de  la    Sala,    las    copias    referidas    en    el    capítulo    de   otras  determinaciones.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  23, cuaderno de la Instrucción   

2 Folio  1, cuaderno de anexos.   

3 Folio  8 Ibídem   

4 Folio  7 Ibíd.    

5 Folio  4 Ibíd.   

6 Folio  11 Ibíd.   

7 Folio  21 Ibíd.   

8 Folio  162, cuaderno de Instrucción   

9 Folio  22, cuaderno de Anexos   

10  Folios 23 -28 del c.o. 1   

11  Folio 166, cuaderno de instrucción   

12  Folio 124, cuaderno de instrucción   

13  Folio 120 c.o. 1   

14  Folios 1 y 2 cuaderno de anexos.   

15  Folios, 35 – 36 c.o. 1     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *