SP8844-2014(43933)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

SP8844-2014  

Radicación Nº 43933  

(Aprobado acta N°  216)   

Bogotá, D.C., nueve (09) de julio de dos mil  catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

La Corte resuelve el recurso de apelación     formulado    por    la  representante     de    la    víctima,   Dirección   Ejecutiva  de  la  Administración  Judicial  (Rama  Judicial),   contra   la  providencia  del  30  de  abril  de 2014, por medio de  la    cual    el    Tribunal   Superior   de   Bogotá   resolvió  el  incidente  de reparación  integral,    en    el   sentido   de   no   condenar   al   Dr.   Luis  Eduardo Beltrán Farías al pago de  los  perjuicios  de  orden  moral  derivados  de  la  ejecución  del  delito de  prevaricato  por acción agravado, por el que fue condenado en sentencia del 1º  de octubre de 2012.    

II.   HECHOS  Y  ANTECEDENTES  PROCESALES   

El  1º de octubre de 2012 cobró ejecutoria  la  sentencia  anticipada,  por medio de la cual el Tribunal Superior de Bogotá  condenó    al    Dr.    Luis    Eduardo    Beltrán  Farías  a  las  penas  principales  de  34  meses  de  prisión,   multa  equivalente  al  valor  de  44,4  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por el término de 40 meses, como autor del delito de prevaricato por  acción  agravado,  según  hechos acaecidos el 16 de junio de 2009, cuando como  Juez  5º  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Bogotá, de  manera  manifiestamente  contraria  a  la  ley,  concedió una acción de habeas  corpus  a  favor  de  Juan  Felipe  Sierra Fernández, Jhon Fredy Manco Torres y  Camilo   Torres   Martínez,   entonces   investigados   por   la  Fiscalía  22  Especializada  UNAIM  por  los  delitos  de concierto para delinquir y tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes.   

De  manera  oportuna,  la  apoderada  de  la  víctima,  Dirección  Ejecutiva  de la Administración Judicial, Rama Judicial,  presentó  ante  el Tribunal Superior de Bogotá la correspondiente demanda, con  el fin de promover el incidente de reparación integral.    

Las  audiencias  correspondientes  a  dicho  trámite,  dentro  de  las  cuales  la  representante de víctimas presentó sus  pretensiones,  la  defensa  su  oposición,  se  intentó  la  conciliación con  resultados  negativos,  se  solicitaron  y decretaron las pruebas requeridas por  las  partes  y  se  presentaron los alegatos finales, transcurrieron normalmente  entre  el  1º  de  agosto  de  2013  y el 13 de mayo de 2014, previos numerosos  aplazamientos por inasistencia de la defensa.    

En  providencia  del  30 de abril de 2014 el  Tribunal  resolvió  el  incidente, en el sentido de no condenar por concepto de  perjuicios  morales  al  sentenciado,  Dr. Luis Eduardo  Beltrán Farías.   

III.        DECISIÓN   RECURRIDA   

En  sustento  de  la  determinación  reseñada,  la  Corporación de  instancia   adujo,   en  síntesis,  que:     i)  la   representante   de   la  víctima  no  reclamó  perjuicios   materiales;  ii)     los      perjuicios     de  orden moral objetivados, los   cuales   fueron   fijados  por  la  demandante  en 400 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,   no   fueron   demostrados  y     iii)  las  personas jurídicas no son acreedoras al pago de  perjuicios morales subjetivos.   

Adicionalmente,    señaló:              iv)  que no es  posible  afirmar que, como consecuencia de la conducta punible del condenado, la  Dirección     Ejecutiva     de    Administración  Judicial  o  la  justicia  del  Estado  en  general,  hubieran  quedado  socavadas  en  su  existencia  o  reducidas  en  su actividad  funcional,   presupuestos   exigidos   para   reconocer   el   perjuicio   moral  objetivado,  y     v)  aún  cuando en verdad la administración de justicia  resultó  ofendida,  lo  cierto  es  que  la petición  de   la   apoderada  de  la  víctima,  encaminada   a   que   el   sentenciado  pidiera  perdón  de  manera  pública  por    su   comportamiento,  no es procedente, toda vez que así lo  hizo   aquel   dentro   del   proceso,  con  ocasión  del  traslado  del  artículo  447  de la Ley 906 de  2004.    

IV.  EL RECURSO  

La apoderada de la Rama Judicial  dice  que el Tribunal no advirtió que  lo  que  aquella  pidió  fueron  los perjuicios morales subjetivos -no    los    objetivados-   por   razón   de   la   lesión  a  la    reputación    y  al buen nombre  de  la  Rama Judicial, perjuicios que  no    había    necesidad   de   cuantificar,   pues   el   fallo   condenatorio     es    prueba       de       que       el  sentenciado, Dr.            Beltrán    Farías,    deshonró   a  la  administración  de  justicia,         esto         es,  la buena fama y el prestigio que de  ella      tiene      la     sociedad.   

Apoya  su  argumento  en  la  “sentencia”  Nº  42243  del  2  de octubre de  2013,  según  la  cual  frente  a delitos contra la administración pública la  Rama     Judicial    afronta    un    daño    real    y    concreto, como consecuencia del comportamiento  investigado,   toda  vez  que  la  emisión  de  una  decisión  manifiestamente  contraria  a  la  ley afecta la reputación y credibilidad de la administración  de justicia.   

En conclusión, la apoderada de la víctima  le  pide a la Corte que condene al sentenciado al pago de los perjuicios morales  subjetivados.    

Con  ocasión  del  traslado  a  los  no  recurrentes,    los  demás       intervinientes       guardaron  silencio.    

V.    CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE   

1.  La Sala de Casación Penal es competente  para  resolver el recurso de apelación contra la providencia del 30 de abril de  2014,  de  conformidad  con lo establecido en el numeral 3º del artículo 32 de  la  Ley  906 de 2004, por cuanto la decisión impugnada fue proferida en primera  instancia  por  un  tribunal,  en  este  caso  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Bogotá.   

El pronunciamiento de la Sala consistirá en  determinar,  conforme  con los antecedentes procesales probados y los argumentos  de  la  apelante, si en verdad lo que reclamó la apoderada de la víctima en su  demanda  es  el  pago de los perjuicios morales subjetivos y si es procedente su  reconocimiento.   

2.   La  Sala  anticipa  su  decisión  de  confirmar  la determinación  recurrida.   

Dicha  determinación  se  funda  en  que:  i)   en  verdad  lo  que  expresamente  pidió la representante de la víctima en este caso fue el pago de  los  perjuicios  morales  objetivados,  cuya  cuantía no aparece demostrada por  parte   alguna;   ii)  la  compensación  reclamada  por  la  apoderada  de  la  víctima por razón de los  perjuicios  morales  subjetivos no fue de carácter patrimonial y, en todo caso,  iii)    no   cabe   el  reconocimiento  de  los  perjuicios  morales  subjetivos a favor de las personas  jurídicas.   

2.1.  En  efecto:  no  se discute acá si la  Dirección  Ejecutiva  de  la  Administración Judicial, Rama Judicial, tiene la  calidad  de  víctima,  pues así fue reconocida en la audiencia de formulación  de  acusación.  Lo  que dice la impugnante en el recurso es, en esencia, que el  Tribunal  no  advirtió  que  no  le era exigible a la demandante cuantificar el  monto  o  valor  del  perjuicio moral, pues lo pedido en la demanda fue el valor  del perjuicio moral subjetivo, mas no el objetivado.   

2.2.  No  sobra en este punto hacer un breve  paréntesis  pedagógico  con  el  fin  de  distinguir estos dos conceptos, pues  sobre  su  naturaleza,  presupuestos y alcance la apelante deja ver una evidente  confusión que merece ser clarificada desde ahora:   

Dígase,  entonces,  que  la  jurisprudencia  nacional  distingue entre perjuicios morales subjetivos  y  objetivados. Por los primeros se entiende el dolor,  sufrimiento,  tristeza, angustia, miedo originados por el daño en la psiquis de  la  víctima;  por  los  segundos,  las repercusiones  económicas  que  tales sentimientos puedan generarle.  Esta  última  clase de perjuicio y su cuantía debe probarse por parte de quien  lo  aduce.  En  tal  sentido,  su  tratamiento  probatorio  es similar al de los  perjuicios  materiales,  tal como fue expuesto por la Corte Constitucional en la  sentencia C-916 de 2002.   

La  Sala  se  ha  referido  a las diferentes  especies  de perjuicio que genera la conducta punible y los requisitos que deben  concurrir  para su reconocimiento. En reciente decisión del 29 de mayo de 2013,  rad. N° 40160, precisó lo siguiente:   

“De   lo  anteriormente expuesto, se puede concluir:   

a)  El  delito  produce  la obligación de  reparar  los  perjuicios  causados,  los  que  pueden  ser  del orden material e  inmaterial.   

b)  Los  daños  que  sean susceptibles de  cuantificación  económica (materiales y morales objetivados) deben probarse en  el  proceso  y  su  cuantía  dependerá  de lo acreditado (fallo del Consejo de  Estado,  Sección  Tercera,  Subsección  A, del 9 de marzo de 2011. Radicación  17175)”.   

“En   otras   palabras,  para  obtener  indemnización   por   el  perjuicio  material  y  por  los  perjuicios  morales  objetivados  se  debe  demostrar:  a)  su  existencia  y b) su cuantía; de esta  manera  se  diferencian  de los de carácter moral subjetivado, donde solo basta  acreditar  la  existencia  del daño, luego de lo cual, el Juez, por atribución  legal,  fijará  el  valor  de la indemnización en tanto que la afectación del  fuero  interno  de  las  víctimas o perjudicados impide la valoración pericial  por  inmiscuir  sentimientos tales como tristeza, dolor o aflicción”.   

2.3.   Definidos  así  los  conceptos  de  perjuicio  moral  subjetivo  y objetivado, y revisado el contenido del incidente  de   reparación  integral,  surge  evidente  que  no  le  asiste  razón  a  la  impugnante.   Para desestimar su argumento basta consultar el tenor literal  de  la  demanda  mediante  la cual solicitó que se diera inicio al incidente de  reparación integral. Allí consta claramente lo siguiente:   

“Respecto de  los  perjuicios  morales  objetivados,  la  víctima  solicitará se reconozca y  ordene  el  pago  del  monto  dinerario  que,  de acuerdo al precedente judicial  surtido  en  casos  similares en la jurisdicción ordinaria en sede de un juicio  penal,  se  ha  estimado como apropiado para resarcir el daño causado. Respecto  de  los  perjuicios  morales  subjetivados,  con el propósito de la reparación  integral  a que tiene derecho la Rama Judicial, se solicitará la manifestación  de   perdón   que   merecen,   tanto   la   Rama  Judicial,  como  la  sociedad  civil”.     

Más  adelante,  la  apoderada  de  la  Rama  Judicial  fijó  el  perjuicio  moral objetivado en suma equivalente al valor de  400 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

En  sustento  de  dicha  cuantía,  adujo:  i)  que  era lo apropiado,  según  un  caso  similar  fallado  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, en  sentencia  del  31  de  mayo de 2010; ii)  que el perjuicio se produjo por la afectación al buen nombre y la  honra  de  la Rama Judicial, así como por el escozor y asombro que causó en la  sociedad  el  comportamiento del entonces juez Beltrán  Farías  y iii)  ante  la  sociedad,  la  administración  de  justicia  perdió su  legitimidad  institucional  y se alejó del cumplimiento de los fines esenciales  del Estado.   

Así las cosas, queda claro que la apoderada  de    la   víctima   reclamó   como   compensación   por   los   perjuicios    morales   subjetivos   la  petición    pública    de    perdón    por   el   sentenciado.   Nótese  que  por  esta  clase  de  perjuicio moral   la  demandante   no   pidió   suma  alguna.  Y,  por  los  perjuicios     morales    objetivados,  solicitó  el  pago  de  una  suma  equivalente  al  valor de 400  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes. No es cierto, entonces, que la  suma  antes  mencionada haya sido pedida como perjuicio moral subjetivo, como lo  asegura la apelante.   

Por  tanto,  si  la  interviniente  fijó el  perjuicio  moral  objetivado  en la cantidad de salarios mínimos ya indicada le  correspondía  necesariamente  demostrar  su cuantía, pues es un perjuicio que,  por  su  propia  naturaleza, debe cuantificarse mediante criterios objetivos. Es  precisamente  por  lo anterior que la jurisprudencia de la Corte tiene dicho que  para  obtener  indemnización  por  el  perjuicio  material y por los perjuicios  morales       objetivados       se       debe       demostrar:      a)   su   existencia   y   b)  su cuantía.  De esta manera se  diferencian  de  los  perjuicios de carácter moral subjetivado, respecto de los  cuales  basta  acreditar  la existencia del daño, luego de lo cual el Juez, por  atribución  legal,  fijará  el  valor  de  la  indemnización, toda vez que la  afectación  del  fuero  interno  de  las  víctimas  o  perjudicados  impide la  valoración  pericial,  por  inmiscuir  sentimientos  personalísimos tales como  tristeza,  dolor  o aflicción (CSJ SP, auto de segunda instancia del 29 de mayo  de 2013, Rad. 40160).   

La  recurrente no señala en su argumento de  apelación  cuál  es  la prueba que le sirve para tasar o fijar la cuantía del  daño  en  el  equivalente  al  valor de 400 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  pues,  según  su particular y equivocada interpretación, dicha suma  no  debía  demostrarse, toda vez que correspondía a una clase de perjuicio -el  moral subjetivo- cuyo valor no es susceptible de prueba.   

Razón le asistió, entonces, al Tribunal en  negar  la  condena  por este concepto, pues evidentemente no existe prueba de la  cuantía del daño moral objetivado.   

2.4.  La  sentencia condenatoria propiamente  dicha  no  sirve para demostrar el valor del perjuicio moral objetivado; aquella  acredita  la  responsabilidad  penal del hoy sentenciado y demuestra que el bien  jurídico  tutelado  por  la norma (la administración de justicia) fue afectado  por  la  conducta  del entonces Juez 5º Penal Municipal con Función de Control  de   Garantías,   Dr   Beltrán  Farías.   Pero,  una  cosa  es  la  existencia  del  daño,  esto  es,  la  antijuridicidad   de   la  conducta,  y  otra  muy  distinta  su  valoración  o  cuantificación económica con criterios objetivos.   

De  la  existencia del primero -el daño- no  cabe  duda,  como  bien  lo expuso el Tribunal. Pero de lo segundo -el costo del  daño  o  perjuicio-  no existe evidencia en la actuación ni la apoderada de la  víctima  lo  demostró,  pues  estimó erróneamente que, a falta de prueba, lo  podía  determinar  el  juzgador  de  manera autónoma, como si se tratara de un  perjuicio  moral  subjetivo,  o  bien  que, por una especie de analogía, debía  cuantificarlo  igual que se cuantificó en una decisión del Tribunal emitida en  otro  proceso,  cuya  existencia la impugnante ni siquiera demuestra, menos aún  que  los  criterios  que allí supuestamente se adoptaron tengan validez en este  caso.              

2.5.  La  apelante hace una interpretación  equivocada  del  auto  de  segunda instancia -que no sentencia- proferido por la  Corte  el 2 de octubre de 2013, rad. Nº 42243, para sustentar su tesis, pues lo  que  allí  se  dijo  fue  que  a  la Dirección Ejecutiva de la Administración  Judicial  le  asiste  legitimidad  para constituirse  como   víctima  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación,   en   los   procesos  que  se  tramitan  por  delitos  contra  la  administración   pública.  Lo  anterior,  dijo  esta  Colegiatura,  porque  la  comisión  de  esa clase de delitos resquebraja la organización y la estructura  diseñada  en  la Carta Política, hace ver disfuncional a la administración de  justicia,  al  tiempo  que  mancha su imagen, genera desprestigio y disminuye la  legitimidad de su accionar.    

No  se  dijo  en  dicha  providencia que el  perjuicio  moral  objetivado  no  debía  cuantificarse  ni que se pueda valorar  solamente  con  la  existencia  del  daño.  Lo  anterior, porque una cosa es la  legitimidad  de la Rama Judicial para acudir como víctima en estos casos y otra  la  necesidad  de  que, una vez reconocida como víctima y en firme la sentencia  penal,  cumpla  con  el  deber de demostrar no solamente la causa generadora del  daño  (el delito), sino la existencia del perjuicio y su cuantía, esto último  en    los    casos   en   que   así   se   exige1.   

Al pretender aplicar la apelante a este caso  la  mencionada  decisión  de  la  Corte,  confunde,  entonces, la acreditación  sumaria  del  daño,  necesaria  para la intervención en el proceso penal de la  víctima,  con la necesidad de la demostración de aquel, así como de su valor,  el cual debe concretarse en el incidente de reparación integral.   

Respecto  de las otras pruebas que obran en  el  incidente  de  reparación  integral,  esto es, un conjunto de artículos de  prensa  que  narran  los  hechos atribuidos al entonces Juez 5º Penal Municipal  con  Función  de  Control de Garantías de Bogotá -elementos de convicción de  los  cuales  no  se  ocupó la interviniente recurrente-, dígase que los mismos  apenas  refieren,  a título de hipótesis, la conducta en que habría incurrido  el  entonces  funcionario,  pero  nada aportan en este momento para demostrar el  perjuicio   moral   objetivado   que  alega  la  representante  de  la  víctima   

2.6.  Ahora  bien,  en  lo  que respecta al  resarcimiento   por   razón   del   perjuicio  moral  subjetivo   sufrido   por   la   Rama   Judicial,  la  representante  de la víctima reclamó, a través de la demanda civil, solamente  una  disculpa pública por el condenado, es decir, una prestación de naturaleza  no  económica.  El  Tribunal  negó  dicha  pretensión,  tras  advertir que el  entonces    procesado,    Luis    Eduardo   Beltrán  Farías,  había cumplió con ello dentro del proceso.  La  apelante  no  elaboró  en  el recurso que ahora se desata ningún argumento  encaminado  a  oponerse  a  esta  decisión,  omisión  que releva a la Corte de  ocuparse   de  la  negativa  del  a  quo    a    condenar    al    pago    de    los    perjuicios   morales  subjetivos.   

No  obstante,  esta  Corporación  estima  necesario  recordar  que,  como  su  jurisprudencia  lo  ha  decantado y así lo  argumentó  el  Tribunal Superior de Bogotá, no es procedente el reconocimiento  judicial   de   perjuicios   morales   subjetivos   a   favor  de  las  personas  jurídicas.   

En efecto, los perjuicios morales subjetivos  involucran  la afectación del fuero interno de las víctimas o perjudicados, lo  que  impide  su  valoración  pericial  por  inmiscuir  sentimientos  tales como  tristeza,  dolor  o  aflicción,  los  que solamente pueden padecer las personas  naturales;  por  tanto,  ha precisado la Sala, la indemnización del daño moral  de  naturaleza  subjetiva  no  la  pueden reclamar las personas jurídicas, pues  ellas  no  experimentan dolor físico o moral (CSJ SP, auto de segunda instancia  del  29  de  mayo  de  2013, Rad. 40160).    

Más recientemente (CSJ SP, 11 de diciembre  de   2013,   Rad.   42678),   esta   Colegiatura  indicó  que:  “la  jurisprudencia de la Sala invariablemente ha sostenido que las  personas  jurídicas  no  son  pasibles  del  perjuicio moral, pues sentimientos  tales  como dolor, sufrimiento, aflicción o tristeza -daño moral subjetivo- no  surgen  en  aquellas  por  ser una ficción legal, excepto cuando a consecuencia  del  delito  «se le ha causado sensible disminución de su capacidad productiva  o  se ha puesto en peligro su existencia -daño moral objetivado- (CSJ SP, 13 de  marzo de 2013, Rad. 37858)».”   

Por  último,  conviene  recordar  que esta  Colegiatura  ha definido que en casos como estos no es procedente reclamar -como  así  lo  hizo  la  apoderada  de la víctima- perjuicio alguno por razón de la  afectación  de  la honra de  la   Rama   Judicial,   pues   dicho   concepto   se   predica  de  sentimientos  personalísimos  que  no  se  concretan  en  las personas jurídicas. Así lo ha  dicho su jurisprudencia (CSJ SP, 2 de octubre de 2013, Rad. 42243):   

“La  afectación  que puede concretarse en un evento como el analizado es la relativa  al  buen  nombre  de la administración de justicia en tanto la honra, entendida  como  “la  estimación  que cada individuo hace de sí mismo” y “desde una  perspectiva  externa,  el  reconocimiento que los demás hacen de la dignidad de  cada  persona”(Corte  Constitucional,  T-088 de 2013), sólo se predica de las  personas  naturales,  tal  como  la  Corporación  lo ha señalado en anteriores  oportunidades   (CSJ   SP,   6   de   abril  de  2005,  Rad.  22099)”.   

2.7       En       conclusión,   el   razonamiento   de  la  impugnante está llamado al fracaso, toda vez que:   

i) No es cierto  que  el  perjuicio que, sin base alguna, la apoderada de la víctima fijó en el  valor   equivalente   a   400   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  correspondiera      al      perjuicio      moral     subjetivo;     ii)  dicha  cantidad  correspondía,  en  realidad,  al  perjuicio  moral  objetivado,  el  cual  debía  demostrarse  con  elementos  de  juicio  y  criterios  objetivos,  exigencia  que  la  parte civil  evidentemente   no   cumplió;   iii)  la  negativa del  Tribunal   a   acceder   al   resarcimiento   del   perjuicio  moral  subjetivo sufrido por la Rama Judicial  a  través  de  una  prestación  de  naturaleza  no  pecuniaria  por  parte del  sentenciado  no  fue  recurrida;  en  todo  caso,  lo  cierto  es que no cabe el  reconocimiento   del   perjuicio   moral  subjetivo  a  favor  de  las  personas  jurídicas,  en  este  caso la Nación, representada por la Dirección Ejecutiva  de  la  Administración  Judicial  y  iv)  en  el  incidente  de  reparación  integral  no  obra elemento de  convicción   alguno   que  permita  acreditar  el  valor  del  perjuicio  moral  objetivado,  ni  resulta de recibo transplantar a esta actuación, sin más, los  criterios  supuestamente  obrantes en una decisión judicial, de cuya existencia  y contenido no existe prueba.     

3. Por las razones anteriores y como así lo  anticipó la Sala, la providencia impugnada habrá de confirmarse.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

VII.  R E S U E L V E  

CONFIRMAR  la  determinación apelada.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

   

    

1  Sobre  la diferencia entre daño y perjuicio véase: Consejo de Estado, Sección  Tercera, sentencia del 18 de octubre de 2007, pág. 56 y 57.     

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