SP3171-2015(39039)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado Ponente  

SP3171-2015  

Radicación n° 39039  

(Aprobado   Acta  No.105)   

Bogotá  D.C., dieciocho (18) de marzo de dos  mil quince (2015)   

ASUNTO  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  Fiscal  Sexto  Delegado ante la  Corte    Suprema    de   Justicia,   contra  el  fallo del 23 de noviembre de 2011 proferido por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante el cual confirmó el emitido el 29 de diciembre  de  2010 por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de esta ciudad,  que  absolvió  a  CIRO  RAMÍREZ  PINZÓN  del delito de concierto para cometer  delitos de narcotráfico.   

HECHOS  

La   investigación   tuvo   origen   en  la  incautación por la policía ecuatoriana de 2.441  kilos   de   cocaína,   que   al   parecer   enviados  desde  Colombia  tenían  destino  final  Ámsterdam,  conforme con  la  denuncia formulada el 17 de diciembre de 2002 por la DEA. Por  tal  razón, se dispuso la  interceptación  en  el  país de varios abonados telefónicos, con el objeto de  identificar  a  quienes  hacían  parte de la organización criminal dedicada al  tráfico  de  estupefacientes,  la  cual llevó años más tarde a la captura de  Gilberto   Saavedra   Salas,   Henry   de   Jesús   López  alias  “Carlos   Mario”   o   “Mi   Sangre”  y  Segundo  Humberto  Montenegro Freire, entre otros.   

En razón a que en  algunas         conversaciones        telefónicas        se        hacía  referencia  al  entonces senador  CIRO  RAMÍREZ  PINZÓN,  y en otras, éste aparecía  hablando  con  Saavedra  Salas,  se dispuso investigarlo por sus presuntos nexos  con la asociación criminal que era objeto de investigación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 25  de febrero de  2008,    la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de  Justicia   dispuso   la   apertura   de   instrucción,   contra  el  entonces  senador CIRO RAMÍREZ PINZÓN  por el delito de concierto para delinquir agravado.   

El 26  de  febrero  de  2008,  el congresista  RAMÍREZ  PINZÓN  fue  escuchado en indagatoria y el 4 de marzo de ese año, le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de detención preventiva como autor del  concurso  de  concierto  para  cometer  delitos  de  narcotráfico y promocionar  grupos armados al margen de la ley.   

El  6   de   octubre   de   2008,     la  Fiscalía  4ª  Delegada ante la Corte por renuncia a  su   curul   en   el   Senado   de   la  República1,  acusó  al  doctor RAMÍREZ PINZÓN por las conductas  punibles  imputadas,  decisión  confirmada  por  el  Vicefiscal  General  de la  Nación     el    13    de    abril    de    20092.   

El juicio correspondió adelantarlo al Juez  1º  Penal  del  Circuito  Especializado   de   la  ciudad.   

El 15 de septiembre de 2010, luego de haber  reasumido  la  competencia  para  conocer  de  este  asunto,  la Sala dispuso la  ruptura  de  la  unidad  procesal  con  la  finalidad  de que el juez que había  adelantado  el  juicio  dictara  sentencia en lo relativo al delito de concierto  agravado   para  cometer  delitos  de  narcotráfico,  básicamente   por   la   presunta  “obtención  de  “cupos”  para  exportar  cocaína,  como producto de las supuestas gestiones  que  presuntamente realizó RAMÍREZ PINZÓN a favor de la organización armada;  la  cual  se  califica  como una hipótesis de concierto para delinquir agravado  –para  cometer delito de  narcotráfico-“3.   

El 29 de diciembre de 2010 fue emitido fallo  absolutorio  a  favor  del  doctor  RAMÍREZ  PINZÓN,  el  que impugnado por la  Fiscalía   fue   objeto   de   confirmación   por   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

DE LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  ley  600 de 2000, el recurrente aduce la violación indirecta de la  ley   y  en  la  demanda,  propone   cuatro   (4)  cargos.   

1.  Error  de  derecho  por  falso juicio de convicción, en  la  medida que el Tribunal <desprecia>   el  poder  suasorio  de   los  informes de  policía     judicial     que     <contienen               las  interceptaciones   de   las   llamadas  telefónicas  grabadas      y      transcritas>.   

Cita  las  normas  legales y reproduce los  razonamientos    del    fallo    que    considera    pertinentes,   para    luego    indicar   que   los   falladores   asimilan   las  interceptaciones  y  sus transliteraciones aportadas por la policía judicial, a  los informes de que trata el artículo 316 de la ley 600 de 2000.   

Relaciona  los  informes  suscritos  y  aportados  por la policía judicial con las transcripciones    y    los  discos  compactos  contentivos de  los  audios de las interceptaciones, para señalar que en el proceso se acredita  que  hubo aviso de la comisión de un hecho punible,  a  cuya información fundada en procedimientos policivos le siguieron decisiones  de  carácter  jurisdiccional, de modo que bajo la coordinación de un fiscal se  adelantó  la  interceptación  telefónica y la transcripción de los registros  de  audio  se realizó en  cumplimiento      de     dichas  órdenes.   

La  información  incorporada   como  anexo    constituye   un   medio   de   prueba   documental   que   debía   ser  analizado  junto con las  demás  probanzas y no un criterio orientador de la investigación, puesto   que   ella  permitía  establecer  la  existencia  de  la  organización  dedicada  al tráfico de estupefacientes y la responsabilidad del  acusado.   

El   Tribunal   al   aplicar  la  tarifa  negativa,  desprecia  el  valor  suasorio que ofrece  la   prueba  documental  sobre  el  resultado  de  las  interceptaciones  y  su  contenido,  con  lo cual  desconoce  la certeza de la existencia de la conducta y el compromiso penal de su autor.   

2.  Error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad  por  cercenamiento del testimonio de  los  miembros  de  la  Policía  Nacional  que  intervinieron  en  el proceso de  interceptación  telefónica,  ratificaron los informes rendidos y declararon en  audiencia pública.   

Transcribe  apartes  de  las  declaraciones  del  sargento  segundo Rafael Antonio Maldonado  Quiroga,  capitán  Rolando  Pinzón  García  y del  intendente  Elkin  Ramírez  Zuluaga,  rendidas en la audiencia pública, con el  fin de contrastarlas con la sentencia.   

En  ese  ejercicio,  destaca que a las dos  últimas  se  alude  para  significar  los  errores  de  transliteración en que  incurren, al señalar  al  senador como interlocutor  en  una conversación en la cual él no intervenía,  mientras   se   echa   de   menos   todo   lo  relacionado  con  el  proceso  de  interceptación,  seguimientos,  identificación  de  los  interlocutores  y las  afirmaciones,   según  las  cuales,  las  conversaciones  giraban  en  torno  a  actividades ilegales del tráfico de estupefacientes.   

El  cercenamiento de la prueba testimonial  citada,  impide  al  Tribunal  apreciar  que  el  acusado  coordina  y  asiste a  reuniones,  de  las  cuales  es  posible  inferir  el  desarrollo de actividades  vinculadas  al  narcotráfico,  mientras que de otro  lado,  corrobora  que  el  acusado tenía relación con Gilberto Saavedra y tuvo  contacto con Henry de Jesús López Londoño.   

3.  Error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,  porque  la  sentencia  tergiversa  el testimonio de David Hernández  López.   

Considera  que  se  incurre en dicho vicio  cuando   se   le   califica   como   <testigo  de  oídas>,  sin  tener  en  cuenta  que  es testigo  directo  de la relación del senador con Henry de Jesús López Londoño y de lo  expresado  por  éste  y  Rodrigo Pérez Alzate, sobre la asignación a personas  influyentes  del  país, entre las que se incluye al doctor RAMÍREZ PINZÓN, de  cupos para realizar actividades de narcotráfico.   

Con dicho propósito, en la demanda hace un  resumen  de  las  declaraciones de Hernández López de enero 21 y febrero 12 de  2008,  para  concluir con fundamento en ellas, que la fuente de conocimiento del  testigo    es   directa   y   no   de   oídas   sobre   lo   que   hablaron   Henry   de   Jesús   López   y   alias   <Julián Bolívar>.   

4. Error de hecho por falso raciocinio, en  razón  a  que  la  sentencia  vulnera  el  principio de identidad al admitir la  retractación  de Reinaldo Elías Durán, hecha el 23  de    abril    de    2010   en   el   Juzgado   Primero   Penal   del   Circuito  Especializado.   

Advierte  que  el  Tribunal  desconoce  el  mencionado  principio  lógico, cuando admite <por  sí  misma>  la  retractación de Durán Peinado,  sin  que  precediera  un  juicio  tendiente  a  establecer  en qué declaración dijo la verdad y en cuál  no.   

Expone  los  fundamentos  por  los cuales,  a  su juicio, la versión  del testigo es creíble y no la retractación.   

Pide  como  consecuencia  de  los  cargos  propuestos  en  la demanda, casar la sentencia y dictar una en la que se condene  al   doctor   CIRO   RAMÍREZ   PINZÓN   por   el   delito   imputado   en   la  acusación.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

En  relación  con  cada uno de los cargos  propuestos    en    la   demanda,   el   defensor   del   acusado   advierte   que   la   sentencia   no   incurre   en   los  errores  reprochados,  razón  por  la  cual  pide que no sea  casada.   

Respecto  del  primer cargo expresa que el  recurrente  parte  de una premisa falsa, al no distinguir las interceptaciones y  su   transliteración   de  las  conclusiones  o  interpretaciones  hechas  en  los  informes  de policía  judicial.   Agrega   que  en  la  sentencia,  a  las  primeras    se    les  reconoce    la   calidad   de   prueba  y  como  tal son apreciadas, sin que ninguna trascendencia tenga  el  hecho de que en ella, se diga que los informes de policía judicial son solo  criterios orientadores de la investigación.   

En  relación con el segundo, tras  señalar  que  incurre en una petición de principio, afirma  que  la  sentencia  no cercena los testimonios de los uniformados mencionados en  el  libelo,  y  que  por  el contrario, hace un análisis ponderado de todas las  grabaciones interceptadas por ellos.   

Frente  al reparo tercero, advierte que la  Fiscalía  se  equivoca,  porque  en  vez  de  mostrar  la  tergiversación  del  testimonio  de  David  Hernández,  pide  de  manera  confusa  y  contradictoria  reconocerle credibilidad al testigo.   

Finalmente,       encuentra  que  la  demanda  incurre  en  un  error  al  reprochar  el    cargo  cuarto únicamente al Tribunal y  no  al  Juzgado  como  debía  hacerlo,  sin tener en  cuenta  el principio de unidad jurídica inescindible  del         fallo         atacado,  mientras  expresa  que  en  esta se  exponen  las  razones  por  las  cuales  el testigo Peinado Durán ofrecía o no  credibilidad.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Delegado  expresa  que  el  fallo no  ofrece  claridad  frente  al  alcance  probatorio  otorgado a las conversaciones  telefónicas  interceptadas,  porque  al referirse a los informes policiales con  las  cuales  se allegaron los resultados de ellas, se  dice     que    los    mismos    son    un    criterio    orientador    de    la  investigación.   

Considera  que  esa circunstancia, por sí  sola,  no implica que el cargo primero de la demanda deba prosperar, en razón a  que  no está demostrada  su  trascendencia,  dado  que   los  funcionarios  de  instancia  finalmente  realizaron el análisis de  tal  elemento  de  juicio,  al  referirse  a  la  validez  de  la  prueba y a la  demostración de su autenticidad.   

Reproduce  las partes del fallo, en el que  sus  conclusiones  se  apoyan en el contenido de las conversaciones telefónicas  interceptadas,  para  advertir  que  fueron  tenidas  en  cuenta como prueba con  repercusión  en  el  ámbito  penal,  lo cual deja sin fundamento jurídico los  argumentos  con  que  el  recurrente controvierte la sentencia del Tribunal.   

Frente  al  segundo  cargo,  manifiesta  que este se queda en su  simple  enunciación,  porque  aun  cuando individualizó la prueba, al intentar  explicar  el error dedicó su esfuerzo a imponer su criterio personal, según el  cual  los miembros de la Policía Nacional dan cuenta  de  las  conversaciones del acusado con uno de sus integrantes y de su contexto,  deducen  la  existencia  de  la  organización  dedicada  al narcotráfico y las  referencias al acusado.   

Expresa  que  la alteración del contenido  fáctico    de    una    prueba    “se     comete     al     interior     del     medio     probatorio  determinado”,  y  por  tanto  no  deriva  de  las  deducciones  lógicas  que  de  él  haga  el  juzgador,  las  cuales prevalecen  mientras  se  ajusten a la sana crítica, en virtud a  la  doble  presunción  de  acierto  y de legalidad que ampara a la sentencia de  segunda instancia.   

Adicionalmente  indica  que  el  reparo no  está  llamado  a prosperar, porque los funcionarios de instancia examinaron las  declaraciones  en  sus  reales  proporciones, sólo que les otorgaron un alcance  distinto al pretendido por el recurrente.   

Señala  que  en  el  desarrollo del cargo  tercero,  también  por  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, el  demandante  incurre  en  las  mismas falencias anotadas al anterior, en tanto la  modificación  del  contenido  de  la  prueba,  no  puede  ser demostrada con la  exposición   subjetiva  de  su  criterio  sobre  el  valor  que  corresponde  a  ella.   

Advierte que la tergiversación reprochada,  recae  sobre  la  conclusión o inferencia que extrae  el  sentenciador  de  la  apreciación suasoria a la  cual  somete el respectivo medio probatorio, en cuyo  caso  persiste  en  anteponer  su  juicio  al de los juzgadores, lo cual resulta  inadmisible.   

Sin que el impugnante demostrara el reparo,  concluye que el mismo no puede prosperar.   

Luego  de  recordar  la  técnica  en  la  proposición   del  error  por  falso  raciocinio,  respecto  del  cargo  cuarto  propuesto  en  la  demanda, el Delegado echa de menos  el  cumplimiento de la misma, en razón a que el libelista lo único que intenta  es       demostrar       su       desacuerdo      con      las      deducciones del juzgador.   

Reproduce  lo dicho por el Tribunal acerca  del   testigo   Reinaldo  Elías  Durán,  para  enseguida  manifestar  que  con  fundamento  en  el  sentido común, entendió que la retractación era creíble,  reprochando  al  demandante  por plantear una controversia probatoria como si el  asunto se encontrara en las instancias.   

Bajo tales consideraciones, pide desestimar  los  cargos  y  no  casar la sentencia objeto de impugnación.      

CONSIDERACIONES  

Cuestión preliminar  

La  Sala  considera  pertinente precisar, en  aras  de  preservar  la  garantía del non bis in ídem, que la sentencia objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación, decide la situación del ex senador  CIRO  RAMÍREZ  PINZON  respecto  de  la  imputación concreta de concierto para  delinquir  agravado,  en razón a que la asociación era para cometer delitos de  tráfico   de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,  derivada  de su eventual acuerdo con miembros de una organización internacional  dedicada  a esa clase de hechos punibles, de la cual harían parte, entre otros,  Gilberto  Saavedra  Salas, Fernando Montenegro y Henry de Jesús López Londoño  alias  “Carlos Mario” o “Mi Sangre.   

La misma según se advirtiera en los hechos,  tiene   su   origen  en  las  pesquisas  policiales  iniciadas  a  raíz  de  la  incautación  de 2.441 kilos de cocaína en Ecuador, que dieron lugar a disponer  por  parte  de  la  Fiscalía General de la Nación la interceptación de varios  abonados   telefónicos,   en  algunas  de  cuyas  conversaciones  aparece  como  interlocutor  de  Saavedra  Salas  y  de  López Londoño el ex senador RAMÍREZ  PINZÓN,   personas   de  quienes  se  dice  en  la  acusación,  harían  parte  “de  una  organización  criminal,  que  en  forma  estable  y  permanente  se  concertó  para  adelantar  labores  de  tráfico de  estupefacientes  y  lavado  de  activos a más de destinar de manera clandestina  inmuebles  para tales actividades (sede de santandereana de reservistas Ltda) en  la   cual  se  destaca  como  cabecilla  de  la  organización  FERNANDO  JAVIER  MONTENEGRO FREIRE”.   

Sobre el anterior supuesto fáctico, se entra  a  resolver  de  fondo la demanda de casación presentada por la Fiscalía Sexta  Delegada ante la Corte, contra el fallo que absolvió al acusado.   

1.  Error  de  derecho por falso juicio de convicción.   

A  juicio  del  demandante,  el  Tribunal  desprecia  el  poder suasorio de los informes de policía judicial, que            contienen  las  llamadas  telefónicas  interceptadas, grabadas y  transcritas,      al      otorgarles   únicamente   el   carácter   de  criterio  orientador  de  la  instrucción,  que  le  impide   alcanzar   el  grado  de  certeza  requerido  para  proferir  sentencia  condenatoria.   

Rituado  este  proceso  por el   procedimiento   previsto  en  la  ley  600  de  2000,  resulta  pertinente   recordar   que  la  policía     judicial    estaba   autorizada   para  i)  adelantar     labores    previas    de    verificación  antes  de la judicialización de las  actuaciones  por  la  comisión de un hecho punible,  ii)      iniciar  investigación  previa  por iniciativa propia en los  casos  de flagrancia o cuando por motivos de fuerza mayor acreditada, el fiscal  no   pudiera  hacerlo,  y   iii)   actuar  por  comisión   del   fiscal   o   del   juez   en   la  investigación   o  en  el  juzgamiento4.   

Del  mismo modo, la Corte Constitucional al  declarar  la  exequibilidad del artículo 50 de la ley 504 de 1999, que agregaba  un  inciso final al artículo 313 del decreto 2700 de 1991, cuyo texto era igual  al del artículo 314 de la ley 600 de 2000, señaló que:   

“El  legislador  ha descartado el valor  probatorio  de  dichos  informes  sobre la base de conveniencias políticas, que  él  libremente  ha  apreciado, como podrían ser la unilateralidad de éstos, y  la  de  evitar que los funcionarios que deban juzgar se atengan exclusivamente a  éstos  y  no  produzcan otras pruebas en el proceso, en aras de la búsqueda de  la  verdad real, con desconocimiento de los derechos de los sindicados. Por ello  la   Corte,  en  ejercicio  del  control  constitucional,  no  se  encuentra  en  condiciones   de   cuestionar   dichas  consideraciones  políticas,  pues  ello  corresponde  a  la  competencia y libertad del legislador para diseñar la norma  jurídica procesal.   

Sin embargo, lo anterior no obsta para que  el  funcionario judicial competente pueda, a partir de dichos informes, producir  dentro  del  proceso  la  prueba  que  se requiera para establecer la realidad y  veracidad  de los hechos que son relevantes en éste, la cual naturalmente puede  ser  controvertida  por el sindicado. Pero se anota que lo que dicho funcionario  puede  valorar  es  la  prueba  producida regularmente en el proceso, mas no los  mencionados               informes”5.   

Frente al tema propuesto en la demanda, es  indiscutible   que   los   informes   de   policía   judicial   no  constituyen  prueba.   

Examinado  el  fallo  en  cuestión,  es  evidente  que los jueces de instancia con sujeción a la línea jurisprudencial,  advirtieron,  en  particular  el  de primera instancia, que las informaciones de  policía  judicial  contenidas  en los informes 3838 y 3841 de noviembre de 2005  no   constituían  “fuente  de  conocimiento  para  adosar  una  eventual  responsabilidad  penal  del aquí procesado Ciro Ramírez  Pinzón  por  el  hecho  de  ser  un  supuesto  interlocutor  en  algunas de las  conversaciones”6 interceptadas.   

Compartiendo  tal  tesis,  el  Tribunal  sostuvo   que   “en  el  entendido  que  aquellos  (informes)  tan  solo  pueden  servir  de  criterios  orientadores  y  que si la  sentencia  se  elabora  con  apoyo en esos informes a los que se les confiere el  carácter  de prueba, se puede incurrir en infracción al principio de legalidad  de        la        misma        (prueba)”7.   

Sin  embargo,  el demandante entiende que  los  falladores  asimilaron  las  conversaciones  telefónicas  interceptadas  y  transliteradas,  aportadas por las autoridades de policía judicial comisionadas  para  adelantar las interceptaciones, con los informes de que trata el artículo  314  de  la  ley  600  de  2000, negándoles el valor suasorio que tienen al ser  recaudadas bajo la dirección del Fiscal.   

En  principio,  la  actuación  de policía  judicial  se  dio  en el marco de lo dispuesto en el artículo 316 de la ley 600  de  2000,  de  modo que como lo entendieron las instancias la interceptación de  los  abonados  telefónicos fue autorizada y llevada a cabo en los términos del  artículo  301  de la ley 600 de 2000, ya que quienes fueron encargados de ella,  actuaron    bajo   el   control   y   la   coordinación   del   correspondiente  Fiscal.   

El  recurrente  no  advierte,  que  en  la  sentencia  se  avala  la  legalidad  de  las  interceptaciones telefónicas y su  contenido  es  sometido  a  análisis,  como que “a  través  de  las  conversas  lo  único que se advierte son meras intenciones de  coordinar  encuentros  o  reuniones  pero  de ninguna manera se desprende que el  objetivo  de  las  mismas  sea  coordinar  envíos de droga o asignar cupos para  tales  menesteres  o,  en  fin,  desplegar  actos  inherentes  a la gesta de una  organización     criminal     dedicada     a     tan     proclive     actividad  ilícita”8.   

En   esas   circunstancias,   a   las  conversaciones  telefónicas  interceptadas  se  les  reconoce  el  carácter de  prueba,  fueron  apreciadas  y  se les otorga valor, de modo que si el  concedido no coincide con el criterio  del  impugnante,  no  es  constitutivo del error reprochado al fallo atacado, en  cuanto  el  Tribunal  del  mismo  modo,  considera  que  de  ellas  “no  se  puede  inferir de manera razonable que los hablantes se  estén  concertando  para  atentar  contra  el  bien  jurídico  de la seguridad  pública  y  menos  para  traficar con sustancias estupefacientes, siendo que en  las   conversaciones   no   se   refieren   al   tema,   ni   utilizan  lenguaje  cifrado”9.   

En   realidad,   la   confusión   del  casacionista  deviene  del  hecho  que  los  sentenciadores  criticaran  que las  actividades   investigativas  “se  concentraron  y  contentaron   simplemente   con   las   interceptaciones   telefónicas   y  sus  correspondientes  interpretaciones (sic) efectuadas por los miembros de policía  judicial,  sin  que  se  adelantaran  labores de constatación para verificar si  efectivamente  los  contenidos  velados  entrañaban actividades al margen de la  ley”10.   

En  últimas, la inconformidad del censor  radica    en    que   la   sentencia,   no   haya   acogido   las   “interpretaciones”  hechas por los  miembros  de la policía judicial encargados de realizar las interceptaciones de  las  conversaciones  telefónicas,  que  desde  luego  no  estructura  el  vicio  atribuido al Tribunal.   

Las conversaciones de Gilberto Saavedra y  el  acusado,  cuyo contenido es ampliamente analizado en la sentencia de segunda  instancia,  no  evidencia  el  error propuesto por el casacionista, según puede  verse    en    la    transcripción    que    de    las   mismas   se   hace   a  continuación.   

En la primera de ellas, el 20 de julio de  2005, se produce el siguiente diálogo:   

“Mujer: Alo  

Gilberto: Si muy buenos días  

Mujer: Buenos días  

Gilberto:  Si  fuera tan amable el doctor  Ciro fuera tan gentil.   

Mujer: De parte de quién  

Gilberto: De Gilberto Saavedra  

Mujer: Un momento por favor  

Ciro:  (Voces de fondo) que dice (sic) el  patrón Gilberto   

Gilberto: Hola mi doctor Ciro que más que  ha habido   

que me cuenta  

Ciro:   Bien   que  más  habido  (sic)  hermano   

Gilberto: No señor nada en especial todo  lo mismo y que más   

Ciro:  Bien  hombre  más ojeros que más  habido   

Gilberto: Mucho, mucho, mucho viajar o que  mi doctor   

Ciro:    Pues   si   me   ha   tocado  durito   

Gilberto:  Si,  si  la  tira  como pesado  no   

Ciro:   Corra  por  todos  los  laditos  si   

Gilberto:    Y    cómo    va    ese  accidente   

Ciro: Bien, bien  

Gilberto: Bien, bien  

Ciro:   Si   hemos   trabajado   ahí  si   

Gilberto:  Si, si, si esta como bastante,  bastante   

Ciro: Eso hay acá  

Gilberto: (No audible)  

Ciro: Ato cambiato ahora no  

Gilberto:  Je,  je, je si, si, si pero la  gente  ya  sabe  escoger  la  gente  si  a  lo  usted  ya  los  tiene ya je, je.  Je   

Ciro: Si, ya que más Gilberto  

Gilberto: Bien, bien mi doctor como no yo  también  quería  pegar  con  usted  una  conversadita  haber  (sic) si es más  posible usted me dirá   

Ciro: Haber  

Gilberto:  Que  tengo,  tengo por ahí un  viaje pendiente entonces quería conversar con usted mi doctor   

Ciro:  Haber  le digo cuando yo ahoritica  salgo  para  la,  haber si quiere, haber si quiere mañana por ahí tipo nueve y  media si te parece, no nueve de la mañana aquí en la casa   

Gilberto:  Listo  mi  doctor, como no, si  señor entones a esa hora estoy allá   

Ciro: Nueve, nueve  

Gilberto: Bueno como no y van (no audible)  a llevar a corferias si   

Ciro: ¿Cómo?  

Gilberto  La  (no audible) la va a llevar  allí a agroexpo.   

Ciro:   Si   creo   que   la  sacan  el  jueves   

Gilberto: Si, si no eso si eso es una fue  muy bueno fue muy buena muy buena   

Ciro: Esta bien no cierto  

Gilberto: Huy María muy bien (no audible)  definitivamente el pulidor es importante   

Ciro:  Si (no audible) lo tiene muy bueno  don (no audible)   

Gilberto.  Esa enseñanza a ese muchacho,  si pero buena, buena, buena, buena ese es va hace un buen papel   

Ciro:     ¿Usted     estuvo     en  Sogamoso?   

Gilberto:  No,  no  señor no pero me, me  comentaron que y como yo voy a verla siempre o sea pa paso miranda.   

Ciro: Ha si, si, si  

Gilberto: Pasa a mirarla entonces esta muy  bastante,  bastante,  bastante  buena  y  todavía  mejora  ha  todavía  mejora  más   

Ciro: Bueno, bueno  

Gilberto:   Bueno   entonces   mañana  conversamos allá   

Ciro: Mañana nos vemos okey  

Gilberto:  Bueno  muy  amable felicidades  saludes             a             todos11.   

En la segunda, el 21 de julio de 2005, al  parecer  interviene  Henry de Jesús López Londoño  alias     “Carlos  Mario”    o   “Mi  Sangre”:   

Ciro: ¿Aló?  

Gilberto: Ole mi doctor  

Ciro:   Ole   Gilberto,   oiga  mañana  nos   

Gilberto: Si  

Ciro:  Nos  vemos  en  la, en la finca de  Rafael Flechas oye mañana   

Gilberto: Ah, ah si pero ah, ya, ya bueno  pero a que horas doctor   

Ciro: Mañana creo que, llámeme temprano  yo creo que a las doce   

Gilberto: Si  

Ciro:  Ahí en el pastor es cerquita a la  finca de Rafael   

Gilberto:  Ya,  oiga  mi  doctor  y  lo  de   

Ciro: Entonces nos encontramos en Siberia  póngase de acuerdo con Enario   

Gilberto:  Bueno oiga mi doctor, eh de lo  que le hablé ayer por la mañana, eh, de, de, de mi amigo   

Ciro: Si  

Gilberto: Pal asunto de que, quiere hablar  con usted aquí se lo paso para que le den un saludito ahí   

Carlos  Mario:  Doctor,  ¿aló  doct?,  ¿aló doctor?   

Ciro:   Si   venga,   venga   ¿aló?  Si   

Carlos Mario: Doctor, doctor mis respetos  ¿cómo está?   

Ciro:  Bueno  me  alegre saludarte ¿Qué  más ha habido?   

Carlos  Mario: Muy bien, muy bien señor,  por  aquí  recibiendo  tu  recado  muy  agradecido  un abrazo para ti y para tu  familia,  y  programaremos  ahí  una  tomadita  de  tinto  entonces  como  debe  ser   

Ciro: Listo  

Carlos Mario: Oyó señor  

Ciro:  Bueno  entonces  con  él entonces  hacemos el contacto   

Carlos Mario: Bueno doctor, en los que de  podamos servir   

Ciro: Un abrazo  

Gilberto:   Por   aquí   también   lo  mismo   

Ciro: Gusto oírte  

Gilberto: Que estés muy bien hasta luego  doctor12.   

Los temas abordados en ellas, no insinúan  ninguna   reunión   o   encuentro   con  propósito  de  adelantar  actividades  relacionadas  con el tráfico de drogas, ni se utiliza lenguaje cifrado del cual  pueda   desprenderse   algún   compromiso  del  acusado  con  acciones  de  esa  naturaleza.   

Además se examinan varias conversaciones,  con   la   participación   de   otras  personas,  en  las  que  Saavedra  tiene  comunicación    con    Fernando    Montenegro,   para   concluir   “que  del  examen  objetivo  y descarnado de todas y cada una de  esas  comunicaciones  tanto  aisladas como conjuntamente, difícilmente permiten  entrever  que  los  móviles  de  tales  comunicaciones,  reuniones y eventuales  encuentros  tuvieron  (sic)  enderezados  a  gestar  alguna clase de actividades  relacionados  (sic)  con esta proclive actividad”13,    es    decir,    del  narcotráfico.   

Así   las   cosas,   aun   cuando  los  sentenciadores  se  refieren  a  la  existencia  de  una  tarifa  legal negativa  respecto  de  los informes de policía judicial, que les impediría apreciarlos,  a  pesar  de  ello,  valoraron  las  conversaciones telefónicas interceptadas y  transliteradas,  según  se  aprecia  en  las  citas hechas en precedencia de la  sentencia.   

En esas circunstancias, la pretensión del  demandante    porque   sean   acogidos   los   indicios   resultantes   de   las  interceptaciones  expuestos en la acusación, olvida que en esta sede se conocen  errores  de  juicio  en  la  sentencia  y  no  disparidad  de  criterios  en  la  apreciación  de la prueba, ni tampoco puede anteponer con criterio de autoridad  lo  dicho  por la Sala en otro proceso respecto de los vínculos del acusado con  organizaciones  armadas  ilegales,  pues según se dijo en un comienzo, aquí se  trata  de  hechos  diferentes,  se  refieren  a  posibles  nexos  con  bandas de  narcotraficantes,  que  por  lo  mismo  no se corresponden con el concierto para  promover aquellos por el cual ya fue condenado el procesado.   

En  conclusión, el casacionista no logra  demostrar   la   existencia   del   error,  razón  por  la  cual  el  cargo  no  prospera.   

2.  Error  de  hecho  por falso juicio de  identidad.   

El demandante expresa que los testimonios  de  los  miembros  de  la  Policía  Nacional, sargento Rafael Antonio Maldonado  Quiroga,  capitán  Rolando  Pinzón  García  y  del  intendente Elkin Ramírez  Zuluaga,   fueron  cercenados  en  el  fallo  al  no  “tener  en  cuenta que es por el procedimiento que  llevaron  a  cabo,  como  descubrieron  que existe una organización dedicada al  tráfico de estupefacientes”.   

Reproduce  los  apartes  de  cada  uno de  ellos,  relacionados  con  la  investigación  originada  en  la incautación de  2.441 kilos de cocaína,  la  estructura  criminal  posiblemente integrada por  Fernando  Montenegro,  Gilberto  Saavedra, Henry de Jesús López Londoño alias  “Mi  Sangre” y Jorge  Aleyder  López, y las interceptaciones de abonados telefónicos, cuyas escuchas  continuas     permitieron     establecer     la     existencia     de     hechos  delictuosos.   

Señala  que  en la sentencia  se  menciona a los dos últimos para hacer relevante un error de  transliteración   de   dos   comunicaciones,   en  donde  un  interlocutor  identificado      como     “Ciro”  es  confundido  con  el  procesado, el cual a su juicio no tiene  “la potencialidad para desvirtuar, como lo hace el  Tribunal,  las declaraciones de los miembros de la Policía Nacional, en orden a  determinar  con certeza la existencia del hecho y la responsabilidad del acusado  CIRO RAMÍREZ PINZÓN”.   

Al  igual que en el cargo anterior, antes  que  demostrar  el error de tergiversación del contenido material de la prueba,  el  recurrente  pretende  que las manifestaciones de los miembros de la Policía  Nacional  sean  tenidas  en  cuenta  como  sustento  de la sentencia de condena,  conforme  al  razonamiento  que  él mismo hace de los testimonios supuestamente  mutilados.   

Ahora  bien,  constituyendo  la sentencia  del  Tribunal una unidad  jurídica  inescindible  por la identidad de sentido  con  la  de  primera instancia, en primer lugar correspondía al censor predicar  también  de  esta  el  error  postulado  en  el cargo, lo cual evidentemente no  hizo.   

Pasó  por  alto,  que  la  sentencia  de  primer  grado resalta que  el       oficial       Rolando      Pinzón   García,  reconoce  que  sus  conclusiones  se  encuentran  sustentadas  en  el análisis y la interpretación  del  lenguaje  cifrado  usado  en  las  conversaciones  y  no  en actividades de  naturaleza    probatoria,    como    seguimientos,  vigilancias   y   decomiso   de   sustancias,  entre  otras.   

Agrega  el citado fallo, que circunscrita  la  labor  al rastreo telefónico, aquel hubo   de   admitir  las  divergencias  entre  los  audios  y  las  transliteraciones  de  las  dos llamadas,  interceptadas  los días 5  y  10 de mayo, pues en ellos ninguna  referencia       se       hace       al       nombre       de       “Ciro”  ni se le menciona por tal,  aceptando,  además,  que  no  escuchó  todas  las  conversaciones  y que de la  transcripción de aquellas se encargó otro uniformado.   

En  la  misma  providencia,   se   advierte   que   el   sargento  Elkin  Ramírez  Zuluaga  ratifica  la  versión  del  mencionado oficial,  en tanto reconoce que por su  vasta  experiencia  en  labores  de  esa  clase,  es  posible  identificar a los  interlocutores  al  familiarizarse  con  las  voces  escuchadas,  como  también  incurrir   en   error,   por   lo   cual  la  confiabilidad  depende en últimas del cotejo de voz o de la  prueba espectrográfica que no se hizo.   

En    esas   condiciones,  el  Tribunal  al insistir en el error de transliteración de los  audios,  aceptado  por  los investigadores Pinzón García y Ramírez Zuluaga, y  reiterar  el rol ocupado por cada uno de ellos en el proceso de interceptación,  escucha  de  las  conversaciones  y su transcripción  literal, no tergiversa la prueba testimonial enunciada.   

Que  la  sentencia  someta  a  crítica  “las        interpretaciones”  o  “las conclusiones”  de los investigadores, al   entender   que   las  supuestas  actividades  ilegales  de  los  interlocutores  no fueron constatadas mediante otras actividades de índole    probatorio,   y   por  considerar  que  ellas  han  debido  estar acompañadas  de    seguimientos,    vigilancias,   incautación   de  sustancias,  etc.,  ello  no  compromete  el  contenido literal de la prueba testimonial cuestionada.   

El  que  los  falladores  al apreciar y valorar los testimonios de  los    investigadores,  hayan  llegado  a  conclusiones  distintas  sobre el  alcance  y  significado  de  las  conversaciones  legalmente  interceptadas,  de  ningún  modo estructura el falso juicio de identidad  reprochado  a la sentencia, con mayor razón si no se  está   en   presencia   de  un  sistema  de  tarifa  legal  sino  de  uno  de  persuasión  racional, en  el  cual la credibilidad del testimonio depende de la  observancia de las reglas de la sana crítica.   

De  ahí,  que el casacionista se muestre  inconforme  al  advertir que el Tribunal “con  tal  modo  de  proceder  distorsiona  su alcance porque la  conclusión  debe  ser  que  las  manifestaciones de los miembros de la Policía  Nacional,   constituyen   fundamento   de   la  certeza  para  emitir  sentencia  condenatoria”,             desconociendo  la libertad relativa de la cual goza el juzgador en  la  apreciación de la prueba, siempre que esta se ajuste a los principios de la  sana crítica.   

Así las cosas, el recurrente evidencia su  desacuerdo  con  la  valoración  probatoria  hecha  en la sentencia,  esto  es,  pretende  por la vía equivocada imponer su criterio  rechazado  en  las  instancias,  para  lo cual no está prevista la impugnación  extraordinaria.   

El reparo no prospera.  

3.  Error  de  hecho por falso juicio de identidad.   

El     impugnante     acusa  al  Tribunal de haber tergiversado la declaración de David  Hernández  López,  cuando sostiene que se trata de  un    testigo    de  oídas.   

Asevera que la fuente de conocimiento del  dicho  del  declarante,  no proviene de su lectura de la revista Semana conforme  lo  expresa  la  sentencia  de  segunda  instancia,  y  de otro lado, es testigo  directo  de  la relación del procesado con Henry de  Jesús      López      Londoño     alias   “Mi   Sangre”,  y  de  lo expresado por éste y por  Rodrigo    Pérez    Alzate    alias    “Julián  Bolívar”.   

Antes  que  demostrar  el error de juicio  postulado  en  la  demanda, el recurrente critica a los falladores el proceso de  apreciación  y  valoración del testimonio de Hernández López, sin cumplir su  obligación  de  mostrar el contenido literal de la prueba sobre la cual  predica el vicio, pues se limita  a  hacer  un  resumen  de  la  versión  del testigo, para insistir “que    también    es    un    testigo   directo” de ciertos hechos.   

De ese modo, su discordia guarda relación  con  el  mérito  suasorio que las instancias niegan a dicha prueba testimonial,  cuando   precisan  que  el  declarante  relata  hechos  conocidos  por  terceros  o  que  hacen parte de publicaciones, en cuyos  casos,     la   fuente   de  su       conocimiento   es   indirecta,   y   no   con  la  tergiversación        de        su        contenido        material.   

No  obstante  la falencia advertida en la  demanda, lo cierto es que  el  recurrente  omite  referirse  al  detallado  análisis de la declaración de  David   Hernández   López   hecho   por   el   a   quo,   porque  a  pesar  de  manifestar que el testigo  admitió  haber  tenido conocimiento de los hechos en forma indirecta, constató  sus  aseveraciones  con  otros  medios  de  convicción para corroborarlas, cuyo  juicio      “no     arrojó     muy     buenas  perspectivas”.   

En ese sentido encontró que el procesado  no  asistió  a  reunión alguna, ni tuvo contacto o reuniones clandestinas para  conversar   de   temas  relacionados  con  el  narcotráfico  con  Henry  de  Jesús  López  alias  “Carlos Mario”    o   “Mi   Sangre”,       persona      mencionada     por     David    Hernández    López,   pues  quienes   serían   testigos   de   las  mismas se encargaron de desmentirlo al indicar que corresponden  a  invenciones  suyas, con  el propósito de obtener beneficios y asilo político.   

Cita,  entre  ellas,   a  Rodrigo  Pérez  Alzate  alias  “Julián  Bolívar”,  Iván   Roberto   Duque   Gaviria  alias  “Ernesto  Báez” y, a Ever Veloza  alias   “HH”,  para  señalar  que  estos  desconocen que el acusado haya tenido alguna relación con  Henry    de    Jesús    López   alias   “Carlos  Mario”    o   “Mi  Sangre”,  que  hubiera visitado la zona de Santafe  de   Ralito,   con   excepción   de   la   realizada  en  compañía  de  otros  congresistas,  del Comisionado de Paz y Delegados de  la   ONU,   en  el  proceso  de  acercamiento  del  gobierno  nacional  con  los  desmovilizados,   la   que   es   ratificada   por   Rocío   Arias  y  Eleonora  Pineda.   

Además  en  procura  de  auscultar  la  credibilidad  del  testigo,  menciona su inconsistencia frente a la fecha en que  hallándose en Santafe de  Ralito,  escuchó  a  Julián Bolívar”  y  a  “Carlos Mario”    o   “Mi   Sangre”   hablar   de  la  publicación  de  Semana,  refiere  su  costumbre de documentar sus versiones, y la imposibilidad de  personas  de  ingresar  en  forma clandestina a Santafe de Ralito contrario a lo  manifestado  por  Hernández  López,  conforme  lo  sostuvieron los declarantes  anteriormente citados y Carlos Alonso Lucio.   

En  fin, pone en duda la fecha de ingreso  de   David   Hernández   a   las   AUC,  sus  viajes  a  Tumaco y  Medellín,  y  respecto  de las dos veces que dijo haber visto a  CIRO  RAMÍREZ  ingresar a la residencia de Henry de Jesús Londoño,  advierte  que  en  su  declaración  de  febrero  12  de  2008,  ya  se  refiere  a  una  única  reunión,  en la  cual el testigo no estuvo presente.   

En  ese  orden,  concluye  que  la prueba  testimonial  allegada  no  ofrece claridad, seriedad, veracidad, verosimilitud y  contundencia,  que  permita  obtener  certeza  de  las  gestas  ilícitas de una  organización      criminal     de     carácter     permanente     a     la     cual     se  había  vinculado el procesado con  fines de narcotráfico.   

Por  su  parte,  el  Tribunal también se  refiere  ampliamente  a la descalificación del declarante Hernández López, no  porque  fuera  un  testigo  de oídas o directo como lo sostiene el censor, sino  fundamentalmente   por  su  falta  de  credibilidad,  por  los  errores  cometidos  en  su  declaración,  porque  su versión no encuentra respaldo en ninguna  de  las  personas  mencionadas  por  él y primordialmente al descartar el mismo  declarante  que  las  supuestas  reuniones  clandestinas,  tuvieran  como fin el  propósito de asociación para traficar drogas.   

Vistas así las cosas, el impugnante busca  imponer  su  criterio  acerca  del  valor  probatorio  del  testimonio  de David  Hernández  López  no  a  partir  del  error alegado en la demanda,       sino      de      su      propio      análisis,  bajo la  creencia  que  siendo  un  testigo  directo  debía  merecer plena credibilidad.   

El reparo no prospera.  

4.   Error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

El  demandante  alega  que  el  Tribunal  desconoció  el  principio  lógico de identidad, al reconocer credibilidad a la  retractación  del  testigo  Reinaldo  Elías  Peinado  Durán, sin adelantar un  juicio  analítico  a través del cual enseñara por qué su primera versión no  resulta  creíble,  entendiendo  que  de  ese  modo  acoge  aquella “por sí misma”.   

El  casacionista  en  el  desarrollo  del  reparo  es  incapaz  de  demostrar  el  vicio atribuido al ad quem, porque de la  transcripción  de  la  sentencia en la demanda, no se deriva que hubiera tomado  partido  por  la  retractación del testigo, ni puede sustentar el cargo con las  argumentaciones  expuestas  en la apelación, con el propósito de que sus tesis  probatorias   descartadas   por   las   instancias   sean   acogidas   en   esta  sede.   

Lo  anterior  explica,  que  limite  su  actividad  a  señalar que frente a las versiones del  testigo,   en   las   que  inicialmente   afirmó   conocer   al   acusado   para  después  negarlo, el  Tribunal  estaba  obligado  a  confrontarlas  con  el  universo probatorio para  descubrir  cuál  merecía  ser  tenida  en  cuenta y  exponer  las  razones  por  las  cuales  la  retractación  resultaba creíble o  no.   

En  principio,  debe  precisarse  que  el  Tribunal  en el análisis del testimonio de Reinaldo Elías Durán Peinado, y en  particular  con  fundamento en la declaración rendida ante esta Corte, advierte  que  si bien el testigo ratifica esta versión, “se  retracta  de  lo  dicho  ante el referido juzgado”,  esto  es,  de  lo declarado el 23 de abril de 2011 ante el Juzgado Primero Penal  del Circuito Especializado de Bogotá.   

De       la       consignación  en  la demanda de parte  de  la  sentencia  de  segundo  grado, como de su revisión integral    en    el    proceso,  en  ninguna  de  ellas  aparece  la  afirmación  hecha  por  el  libelista,  según  la  cual, el Tribunal “admitió  la   retractación,   por  la  retractación,  sin  realizar  ningún  análisis  comparativo,  tendiente  a  descubrir  en qué momento dijo la verdad y en cuál  no”.   

Por  el  contrario,  el  juez  de segunda  instancia   de   entrada  negó  credibilidad  a  Durán  Peinado,  al  manifestar  que  las apreciaciones  del  testigo no resultaban  de  recibo, porque “también incurre en similares o  peores  falencias  e inconsistencias en sus diferentes declaraciones  dadas  en diversas instancias”, que  las del otro declarante de cargo.   

En  esa línea analítica, precisa que la  sindicación     hecha     al     procesado,    sobre    sus    vínculos    con  David        Hernández      es    de    oídas,    ya   porque   este   se    lo   contó   o   porque   lo   escuchó   de   “Julián  Bolívar”,  y  que  aunque  puede dar fe, por haber sido encargado de entregar  $300  millones  de pesos destinados a la campaña política de CIRO RAMÍREZ, no  existe  “precisión”  ni      respaldo     probatorio     que  permita  sostener que  dicho  dinero  provenía         de        las    actividades   del narcotráfico.   

Advierte   que   el   testigo   pierde  credibilidad,  cuando  en  la  declaración  ante  la  Corte,  alude a presuntas  irregularidades  cometidas  por  la  Fiscalía  que  lo  llevaron a mentir en su  versión  rendida  el  23  de  abril  de  2010,  situación que para el Tribunal  “deja     mucho     que    decir”.   

Por  eso,  tras  señalar  que  aunque el  testigo  se  ratifica  en  lo  dicho  a  esta  Corporación  y se retracta de su  versión  dada  al  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Bogotá,  manifiesta     que    en    ese    contexto    Durán    Peinado    no    merece  credibilidad,  con  lo  cual  se  evidencia  que  el  Tribunal no acoge ninguna de las versiones del pluricitado testigo.   

Del  mismo  modo,  el  a  quo después de  advertir   graves   falencias   en   la   versión   del  declarante,   expresa  que  Durán  Peinado  al  referirse  a  la  relación  de  CIRO  RAMÍREZ  con  David Barbosa no   lo   compromete  en  actividades  vinculadas  al  narcotráfico,  por lo cual concluyó  que   además   de  hallarse  demeritada     carece     de    “efecto          en          este          asunto”.   

Según lo reseñado, resulta evidente que  los  falladores  en  ningún  caso le otorgaron credibilidad a las versiones del  mencionado  testigo,  ni  menos  a  su  retractación,  como  se  afirma  en  la  demanda.   

Así las cosas, la sentencia no transgrede  el  principio  lógico  de  identidad,  y por tanto, tampoco incurre en el falso  raciocinio alegado por el recurrente.   

En  tales  circunstancias,  el  reparo no  prospera.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

   

   

RESUELVE  

No  Casar  el  fallo  de origen, naturaleza y contenido indicados, de acuerdo con los  cargos  formulados   en  la  demanda  por  el  Fiscal  Sexto  Delegado      ante      la     Corte     Suprema     de     Justicia.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Impedido  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO A. CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Impedida  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  El  doctor   Ciro   Ramírez   Pinzón  renunció  al  Congreso  el  7  de  mayo  de  2008.   

2 Fls  123 a 173, cdno original Corte 1.   

3 CSJ  AP, 15 sept. 2010.   

4  Artículos 314, 315 y 316 de la ley 600 de 2000.   

5  CC  C-392/00.   

6 Folio  45, 46 sentencia de primera instancia.   

7 Folio  24, sentencia de segunda instancia.   

8  Folios 49, 50 sentencia de primera instancia.   

9 Folio  26, sentencia de segunda instancia.   

10  Folio 47, sentencia de primera instancia.   

11  Fls 190, 191, cdno original 1.   

12  Fls 196, 197, cdno original 1.   

13  Folio 32, sentencia de segunda instancia.     

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