SP17726-2016(48136)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

          SP17726-2016                   

Radicación N.° 48136  

(Aprobado Acta N.° 393)  

Bogotá, D.C., cinco (5) de diciembre de dos  mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Corte, luego de realizada la audiencia de  sustentación  respectiva,  resuelve  el recurso de casación interpuesto por el  defensor    público   de   Nelson   Murry   Estévez  contra  la  sentencia  del  8  de  febrero de 2016, en  virtud  de la cual la Sala Penal del Tribunal Superior de este Distrito Judicial  confirmó                parcialmente1  la  dictada por el Juzgado 33  Penal  del  Circuito  con  función  de  conocimiento de la ciudad y condenó al  acusado  como  autor  penalmente  responsable  de  la conducta punible de acceso  carnal violento agravado.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

El  20 de noviembre de 2012, entre las 6 y 7  de  la noche, mientras se repartía la cena en el albergue Asociación Cristiana  Nuevo  Nacimiento, ubicado en la calle 18 #14-56, barrio La Favorita de Bogotá,  que     alojaba    temporalmente    a    población    indígena    embera     katio     y    embera   chami   desplazada  de  Bagadó  (Chocó),  fue  encontrada  sangrando,  en  el  baño  del  primer  piso  de  la  edificación,    la    menor    indígena   Y.Q.A.2          –para   la   fecha   de  6  años  de  edad-,  luego  de  que  instantes  antes  hubiese sido  accedida carnalmente por un miembro de la etnia.   

De  esos  hechos  fue sindicado Nelson  Murry Estévez, perteneciente a los  embera katio, quien también  residía en la vivienda.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   En   audiencia  reservada3  del  1°  de  marzo  de  2013,  el  Juzgado  35  Penal  Municipal  con  función de control de  garantías  de  la  capital  del  país  expidió  orden de captura en contra de  Nelson   Murry  Estévez4.   

2.  En  otra  de igual carácter,  llevada a cabo el 6 de marzo siguiente  ante  el  Juzgado  homólogo  21,  se legalizó su aprehensión, la fiscalía le  imputó  la  comisión  del  delito de acceso carnal violento (artículo 205 del  Código  Penal),  agravado  por  los  numerales  4  y  7  del  211  ejusdem, y se le  impuso  medida  de  aseguramiento  restrictiva de la libertad en establecimiento  carcelario5.   

En esa sesión, después de la comunicación  de  cargos, la defensora pública solicitó examinar la competencia, pues, en su  criterio,  el  asunto  debía  ser  resuelto  por la jurisdicción indígena. El  Juez,  tras  exhibir  las  razones  por  las  cuales  había  de  quedarse en la  ordinaria,  envió  las  diligencias  a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del  Consejo     Superior     de     la     Judicatura6.   

3.  Esta última autoridad, en proveído del  15  de  abril  de  2013,  asignó  el  conocimiento  a  la  jurisdicción  penal  ordinaria7.   

4.  En  consecuencia,  el 30 de abril de esa  anualidad   la  Fiscalía  268  Seccional  radicó  escrito  de  acusación  por  idéntico  delito,  aunque  sólo con el agravante del numeral 4° del artículo  2118,  y  su  formulación,  en igual sentido, tuvo lugar el 11 de julio  sucesivo  con  la  anuencia  del  Juzgado  33 Penal del Circuito con función de  conocimiento  de Bogotá, instante en el que adicionó la circunstancia de mayor  punibilidad     del     numeral     2°    del    precepto    58    ibidem9.   

5. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el       5       de       agosto      posterior10.   

6.  El  juicio  oral,  después  de fallidos  intentos11,  inició  el  22 noviembre de ese año12  y continuó en sesiones del  5       de       diciembre       de       201313,   6  de  junio14  y  22  de  julio  de 201415,        20       de       febrero16,   6   de  mayo17,   31  de  julio18   y   18   de   septiembre   de   201519, ésta en la que se anunció  sentido condenatorio de fallo.   

7.  El  16  de  octubre  de ese año el Juez  profirió    sentencia    y    condenó    a    Murry  Estévez  a la pena principal de 234 meses de prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  tiempo  igual,  tras hallarlo penalmente responsable del injusto  por   el   que   fue  acusado.  Le  negó  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena20.   

8.  La  defensa  apeló  la  decisión  y el  Tribunal  Superior  de  este  Distrito  Judicial,  en fallo del 24 de febrero de  2016,  la  modificó  en  el  sentido  de  excluir  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad   descrita   en   el   numeral   2°   del  canon  58  del  estatuto  sustantivo21   y   redosificó   las   sanciones,   para   dejar  ambas  en  213  meses22.   

9.  El  defensor  público  de  Murry   Estévez   interpuso   recurso  y  presentó demanda de casación.   

10.  Esta  Sala,  en auto del 31 de mayo del  año  en curso23,  admitió  el  libelo  y convocó a audiencia de sustentación, la  cual se llevó a cabo el pasado 11 de octubre.   

LA DEMANDA  

El abogado afirma que su pretensión es que a  su  representado se le restablezca la garantía constitucional a ser juzgado por  el  juez  natural:  la  jurisdicción  indígena,  y se haga efectivo su derecho  material,  pues  el  ad quem  tuvo  en  cuenta  una  «circunstancia específica de  mayor   punibilidad»   no  consignada en la acusación.   

Formula    dos   cargos   que   sustenta  así:   

Primero  (principal)   

Con apoyo en el numeral 2° del artículo 181  del  Código de Procedimiento Penal de 2004, reclama la nulidad por vulneración  del   principio  de  juez  natural,  según  lo  previsto  en  el  precepto  456  ibidem,  toda vez que tanto  el  Tribunal como el Consejo  Superior  de  la  Judicatura  ignoraron  que  se  cumplen los requisitos para la  remisión  de  la  actuación  a  la  jurisdicción  indígena  y  con  ello  se  trasgredió el canon 246 de la Carta Política.   

Recuerda  varias  sentencias  de  la  Corte  Constitucional,  atinentes  a  los  elementos  del  fuero  y  a la jurisdicción  indígena,  trascribe  apartes  de  la T-975 de 2014, y trae a colación el auto  por  el cual se resolvió el conflicto de competencia, precisando que, según lo  ha  sostenido  la  Corte  Suprema  de  Justicia, ello no impide que el asunto se  plantee  de  nuevo  en  sede  de  casación, en cuanto el Consejo Superior de la  Judicatura  aplicó  conceptos  ajenos  a  los  expuestos  por la jurisprudencia  constitucional  y pasó inadvertido que sí se reúnen los elementos para que el  conocimiento sea de la jurisdicción especial.   

En  relación  con  el  fuero:  (i)  su  representado  y  la víctima son  miembros  de  la  comunidad  embera katio,  desplazados a Bogotá, habitaban en un alojamiento temporal junto  con  48  familias  más  del  mismo origen y aquél tiene un arraigo fuerte a su  cultura  (personal); (ii) los  hechos  acaecieron  en  un  inmueble  que,  pese  a  estar  fuera del territorio  geográfico  aborigen, era el hospedaje de varios integrantes de la etnia, donde  desarrollaban  su  particular  cultura,  y  cita  las  sentencias  T-975/2014  y  T-866/2013    (territorial);    (iii)   la  conducta  investigada  es  objeto  de  reproche  en las culturas  occidental  e indígena y la perjudicada hace parte del colectivo social, por lo  que  existe  interés  en  el castigo (objetivo); (iv)  el     Gobernador    del    Cabildo    embera  katio  adjuntó documentación en  la  que  refiere que hay autoridades para administrar justicia por esta clase de  injustos y existen sanciones para ello (institucional u orgánico).   

En   lo   atinente   a  la  jurisdicción,  (i)   hay  una  comunidad  embera   katio  (humano);  (ii)  se  cuenta con mandos  nativos   dispuestos  a  hacer  justicia  autóctona  por  comportamientos  como  violación  y  se  prevén  sanciones  de  trabajos comunitarios y multas de dinero (orgánico), las que, si  bien  no corresponden a la legislación nacional, no pueden traducirse en razón  para  desechar  la  competencia  que  reclama,  tal  como  lo sostuvo la Sala de  Casación   Penal   en   CSJ   SP,   11  nov.  2015,  rad.  46556;  (iii)  la  comunidad  se rige por reglas,  tradiciones,  usos  y  costumbres,  a  través  de  las  cuales  se  dirimen los  conflictos     (normativo);    (iv)    en  el  albergue donde ocurrieron los hechos convivían familias que  compartían   usos   y   costumbres  propios  de  la  cultura  (geográfico),  y  (v)   en   el   acta   de  constitución  del  Cabildo  consta  que  para juzgar se cuenta con un organismo  creado    por    ellos,   el   que   no   contraría   las   normas   ordinarias  (congruencia).   

La   aplicación   de  esa  jurisdicción,  contrario  a lo considerado por el Consejo Superior de la Judicatura, no lesiona  el  interés  superior del menor y así lo ha reconocido la Corte Constitucional  en CC T-921/13.   

Se  verifican  los  principios que rigen las  nulidades,  toda  vez  que  desde  la  formulación  de  imputación, la defensa  promovió  conflicto  de  competencia  e  insistió  en  ello  en  el recurso de  apelación.  Si  bien  no hizo tal solicitud en la audiencia de acusación, ello  no impide hacerlo ahora en casación.   

Solicita a la Corte declarar la nulidad de lo  actuado  y  remitir  la  actuación  al Cabildo Embera  Katio Chami.   

Segundo  (subsidiario)   

Con apoyo en la causal segunda, aduce que se  incurrió  en  un  vicio de garantía que afecta el debido proceso, toda vez que  se trasgredió el postulado de congruencia.   

El  Tribunal  reconoció  la  «circunstancia  de  mayor  punibilidad»  del  numeral  7° del artículo 211 de Código Penal, que no fue endilgada en la  acusación, y por ello fijó una pena muy superior a la debida.   

Recuerda   el   trabajo  del  a  quo  y  manifiesta que el ad  quem,  al  redosificar  la  sanción,  pasó  inadvertido  que  aquél  se  había  ubicado  en el límite inferior del  segundo  cuarto,  por  lo que, al suprimir la circunstancia genérica del motivo  abyecto,  y elegir el primer cuarto, ha debido imponer el extremo inferior, esto  es,  192  meses.  La  colegiatura, para apartarse de esos criterios, exhibió un  factor distinto al esbozado en primera instancia.   

Pide   que,   en   ese  sentido,  se  case  parcialmente el fallo impugnado.   

LA  AUDIENCIA  DE  SUSTENTACIÓN24   

1.           Recurrente   

En  lo  que corresponde con el primer cargo,  reitera  que  su defendido ha debido ser juzgado por sus pares. No desconoce las  calidades  especiales  de  la  víctima  (mujer, menor de edad e indígena), sin  embargo,  afirma  que ellas no son suficientes para conferir el conocimiento del  asunto  a  la  jurisdicción ordinaria. En lo atinente al elemento institucional  del  fuero,  señala  que  existen  sendas  certificaciones  dentro  del proceso  (folios  21  a 26) que dan cuenta de la autoridad autóctona para el juzgamiento  de    su    prohijado,    donde   el   gobernador   del   cabildo   embera  katio,  Jairo Chicama,  dice que «el  gobernador  promueve,  realiza, convoca, contrata, ejerce y lidera el cabildo de  acuerdo    a    sus    necesidades    y   normas»25.   

Respecto a la segunda censura, insiste en la  falla de congruencia detallada en el libelo.   

2.     No  recurrentes   

2.1. La Fiscal Delegada ante la Corte pide no  casar  la sentencia por razón de la primera censura, pero sí parcialmente como  consecuencia de la prosperidad de la segunda. Así lo explica:   

Sin  estar de acuerdo con los argumentos del  Consejo  Superior de la Judicatura, relativos a la calidad de la víctima y a la  gravedad  de  la  conducta, en tanto ello supone la imposición de la visión de  la  cultura  mayoritaria,  lo  cierto  es que el Tribunal Superior, pese a haber  negado  la  nulidad  por  falta  de  jurisdicción,  sí  hizo mención a que el  elemento  institucional no se cumple en esta ocasión. Ello porque el cabildo no  tiene  una  estructura  institucional  mínima  y  las autoridades indígenas no  iniciaron,  según  sus  usos  y  costumbres,  investigación  por  los  sucesos  acaecidos,  no  han reclamado la aplicación del fuero, tampoco hay un entramado  judicial   suficiente   y   se   evidencia   dificultad   en   el  principio  de  proporcionalidad  de  la  pena,  pues  se  prevén  multas de veinte mil pesos y  trabajos comunitarios.   

Ese  factor,  a  la luz de la jurisprudencia  constitucional,  se  debe  evaluar  con  mayor  intensidad  cuando se está ante  comportamientos  de  extrema  gravedad,  la  perjudicada  goza  de  una especial  protección  y  hay  razones  para  considerar  que  el  fuero  puede derivar en  impunidad.   

De  otra  parte,  es cierto, como lo dijo el  impugnante,  que el Tribunal cometió un error al incluir una casual específica  de  agravación no considerada ni endilgada por la Fiscalía en la acusación, y  ello hace imperioso readecuar la sanción penal.   

2.2.  El  Procurador  Delegado ante la Corte  solicita casar el fallo por los siguientes motivos:   

Se  violó  el  principio  de juez natural.  Recuerda  el  contenido  de  los  preceptos 246 y 44 de la Carta Política, así  como  que la víctima y el victimario son aborígenes y el delito se cometió en  una  vivienda  en  la  que  se  albergaban  solamente  miembros  de la comunidad  indígena.   

En relación con el elemento institucional,  reconoce  que en casos de especial indefensión de la perjudicada se requiere la  verificación  de  criterios  más  rígidos,  y  en  el  presente  se  observan  –no  especifica-, incluso  con  la  certificación  expedida  por  el  gobernador  del Cabildo Embera   Katio   y  Embera  Chami,  Jairo  Chicama, en donde aclara que  los  miembros de la comunidad son nómadas, no tienen asiento fijo en el país y  algunos  no  están  en  el  registro  porque existe un proceso de retorno a sus  tierras para reubicación.   

De  otro  lado, se lesionó la congruencia,  habida  cuenta  que  el  agravante del numeral 7° del artículo 211 del Código  Penal  no  fue  atribuido  por  el  ente  acusador.  Así mismo, el a  quo  se  ubicó  en el cuarto medio de  movilidad   e  individualizó  la  pena  en  234  meses  de  prisión,  pero  el  ad  quem, al redosificar por  la   supresión   de   la   circunstancia  de  mayor  punibilidad,  «impuso  el  numeral  7°  del artículo 211 y tasó la pena en el  cuarto  mínimo  fijándola  en  213  meses  de  prisión,  situación  que  por  favorabilidad  debe  mantenerse  al  procesado  aunque no fue objeto del recurso  extraordinario.  Sin  embargo,  la  Delegada  solicita  a la Corte que de manera  oficiosa  case  la sentencia en relación con este tópico y redosifique la pena  a  imponer  manteniendo  la favorabilidad por cuanto al examinarse al procesado,  por   cuanto   al   eximirse   al   procesado   (sic)  de  la circunstancia de mayor punibilidad el monto de  la           pena           disminuiría»26   

2.3.  La representante de víctimas reclama  no casar el fallo confutado por lo siguiente:   

El  problema jurídico que se propone no ha  sido   pacífico  en  la  jurisprudencia  constitucional  y  penal  –no   precisa-.   Las   críticas  del  demandante  van  dirigidas,  no  a atacar la sentencia de segundo grado, sino la  determinación adoptada por el Consejo Superior de la Judicatura.   

El    artículo    246    superior   refiere   que   los   pueblos  indígenas  tienen  derecho  a  regirse por sus propias autoridades, siempre que  ello  no  sea  contrario  a  la  Constitución.  El  demandante  se  apoya en la  sentencia  T-975  de  2014,  pero confunde un albergue temporal con un resguardo  indígena,  pues  lo  cierto  es  que en el documento del cabildo que obra en el  expediente,  se  cita  una  dirección distinta a la de la casa donde acaecieron  los hechos.   

En  esta  ocasión  no  se dan los factores  territorial  e  institucional.  El  cabildo  al  que  pertenece  el  acusado  se  presentó  tardíamente  al  juicio y solo dijo que le parecía injustificada la  acusación,  cuestión  que  para  el  Tribunal  y  el  Consejo  Superior  de la  Judicatura   siembra   duda   sobre   la   imparcialidad   de  la  jurisdicción  especial.   

Las  penas  descritas por el cabildo no son  proporcionales  a  la  conducta  punible  cometida.  Se hace necesario hacer una  ponderación  entre  los  derechos  de  la  menor y los del procesado, así como  entre  el fuero y el derecho a la igualdad de la niña (cita el estatuto de Roma  para referir que esos delitos son de lesa humanidad).   

No  se  ocupó  sobre  el  segundo  cargo  formulado.   

CONSIDERACIONES  

Los     problemas    jurídicos    a  resolver   

1.  De acuerdo con los argumentos expuestos  por   el   demandante   y   los  sujetos  no  recurrentes  en  la  audiencia  de  sustentación,  la  Sala  debe  resolver,  en  primer  lugar,  si las decisiones  adoptadas  por el Consejo Superior de la Judicatura, cuando soluciona conflictos  de  competencia  entre jurisdicciones y asigna el conocimiento del proceso penal  seguido  contra un indígena a la ordinaria, son de obligatorio acatamiento para  la Corte Suprema de Justicia.   

De resultar negativa la respuesta, habrá de  determinar,  en segundo término, si en esta ocasión se verifican los criterios  señalados  por  la  jurisprudencia de la Corte Constitucional y de esta Sala de  Casación  para  el reconocimiento del fuero indígena, y si, como consecuencia,  se  torna  imperativo  declarar  la  nulidad  de lo actuado por la jurisdicción  ordinaria a efectos de remitir el diligenciamiento a la especial.   

Si  la  conclusión es adversa, tendrá que  examinar,  en  cuarto  lugar,  si  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá violó el  principio  de  congruencia  o  incurrió  en algún yerro al momento de tasar la  pena,   de   modo   que   se   imponga  casar  parcialmente  la  providencia  y,  consecuentemente, redosificar la sanción.   

Por  último,  atendiendo  las  finalidades  legales  del  recurso  de  casación,  entrará a constatar si se avizora alguna  trasgresión  de  garantías  constitucionales  del acusado, que haga forzosa su  intervención oficiosa en el caso concreto.   

2.  Antes  de  entrar  a  ocuparse sobre lo  planteado,  la  Corporación  hace  una  acotación  aclaratoria  previa,  en el  sentido  que  en  este  fallo  se  utilizarán,  como  sinónimos, los términos  indígena,  aborigen y nativo, así como pueblos indígenas, pueblos autóctonos  o    pueblos    aborígenes,    con    el    único   propósito   de   no   ser  repetitivos.   

La  fuerza  vinculante,  para  la  Sala de  Casación  Penal,  de  la  decisión  por  la  cual  el  Consejo  Superior de la  Judicatura resuelve un conflicto de competencia   

3.  Antes  de  la  expedición  del  Acto  Legislativo         02         de        201527,  el  Constituyente de 1991,  en   el   canon  257,  había  determinado  que  fuese  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura la encargada de dirimir los  conflictos  de  competencia que se suscitaran entre distintas jurisdicciones, lo  que  se fortaleció luego en el artículo 112 de la Ley 270 de 1996, Estatutaria  de la Administración de Justicia.   

Con  apoyo en esa facultad, vigente para el  año  2013  cuando  el  Juzgado  35  Penal  Municipal con función de control de  garantías,  previa  petición  de  la defensa de Murry  Estévez,  remitió las diligencias a la entonces Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria, esta autoridad profirió el auto fechado el 15 de  abril   de   ese   año   y   asignó   la   competencia   a   la  jurisdicción  ordinaria.   

Dicha determinación, contrario al criterio  de  algunos  sujetos  intervinientes  –fiscalía  y  representante  de víctima-,  no  constituye  una  camisa de fuerza para esta Sala cuando actúa como tribunal  de Casación, y, por ende, no le impide reexaminar el asunto.   

Si   bien,  en  un  principio,  la  Corte  consideró  que  esas  decisiones  eran  inmodificables, salvo que se constatara  variación  en  las condiciones fácticas o jurídicas, a partir de la sentencia  CSJ  SP,  8  nov. 2011, rad. 34461 precisó que era viable separarse de ellas si  en  sede extraordinaria se verificaba afectación de algún derecho o garantía,  en  especial,  la del juez natural, habida cuenta que una de las finalidades del  recurso   de  casación  es  hacer  efectivas  las  garantías  y  los  derechos  fundamentales  de  los  intervinientes.  Así  lo  determinó  en  el  proveído  indicado:   

En  conclusión:  si  en  desarrollo  del  recurso  de  casación  la Corte ejerce el control constitucional y legal de las  sentencias  de  segunda  instancia,  inclusive  de  oficio,  nada en el trámite  procesal  puede  estar  exento  de  examen.  La  resolución  de un conflicto de  jurisdicciones  dentro  de  la actuación, en particular, no es un tema extraño  al  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria. Esa determinación, por tanto,  debe  decirse  claramente,  no cierra de manera definitiva una fase procesal, no  tiene  el  carácter  de  ley  del  proceso  y  si  bien es cierto soluciona una  diferencia  en  su curso, no es intocable para el Tribunal de casación, aún si  luego  de  su  proferimiento no surge una circunstancia fáctica o jurídica que  conduzca  a  modificar  la  competencia.  (En  sentido  similar,  se  pueden  consultar  CSJ SP3004-2014, rad. 42287 y CSJ SP15508-2015,  rad. 46556).   

De  manera  pues  que,  pese  a que en esta  ocasión   ya  hubo  pronunciamiento  por  parte  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  la  Corte  examinará  si,  como  lo  dice el censor, esa autoridad  trasgredió  el artículo 246 de la Constitución y, por ende, si, en contravía  con  lo consignado en su determinación, se acreditan los requisitos para que la  jurisdicción indígena conozca de este asunto.   

El    fuero    y    la   jurisdicción  indígena.   

4. La Carta Política, desde el Preámbulo,  prevé   la   existencia   de   un   Estado  social  de  derecho,  democrático,  participativo  y  pluralista.  Bajo  ese  derrotero,  reconoce  y salvaguarda la  diversidad  étnica  y  cultural  de  la  Nación  (artículo  7);  así como el  lenguaje  y  dialecto  propio  de los pueblos indígenas, al punto que lo admite  como  oficial  en  sus  territorios  (artículo 10), y, a efectos de proteger su  identidad,   contempla   la   jurisdicción  especial  en  el  canon  246  así:  «[l]as autoridades de los pueblos indígenas podrán  ejercer   funciones  jurisdiccionales  dentro  de  su  ámbito  territorial,  de  conformidad  con  sus  propias  normas  y  procedimientos,  siempre  que no sean  contrarios  a la Constitución y leyes de la República. La ley establecerá las  formas  de  coordinación de esta jurisdicción especial con el sistema judicial  nacional».   

Del   precepto   246   aludido,   según  jurisprudencia  de  la  Corte Constitucional, emergen cuatro elementos centrales  de   la   jurisdicción  indígena:  i)  la  existencia  de  autoridades  judiciales  propias  de los pueblos  aborígenes;  ii) la potestad  de   éstos  para  establecer  normas  y  procedimientos  propios;  iii)  la sujeción de esa jurisdicción y  disposiciones  a  la  Constitución  y a la ley, y iv)  la  competencia  del  legislador para indicar cómo se  coordinan  con  el sistema nacional (Cfr. CC   C-139/96).   Los   dos  primeros,  ha  reiterado,  «hacen  parte del núcleo de autonomía otorgado a las comunidades  indígenas,    de    modo    que,    ‘establecida  la  existencia  de una comunidad indígena, que cuente  con  autoridades  propias  que  ejerzan  su  poder  en  un  ámbito  territorial  determinado,  surge directamente de la Constitución, el derecho al ejercicio de  la             jurisdicción’»28         (Cfr. CC T-866/13).   

Ese reconocimiento constitucional, orientado  a  proteger  la  identidad  étnica,  comporta  la  reafirmación  del  poder de  configuración  normativa  por  parte  de  esa  población,  lo  que  implica el  desplazamiento  de  la  legislación  nacional,  en  sus  componentes orgánico,  normativo  y procedimental, en favor de aquéllos, y la prevalencia «al  derecho  de  estos pueblos de asumir el manejo de sus asuntos  como   manera   de   afirmación   de  su  identidad»  (Cfr.   CC   T-866/13).   

5.  La Corte Constitucional ha insistido en  que  para  la interpretación de los derechos a la diversidad étnica y cultural  de  los aborígenes, es imperioso atender el Convenio 169 de la OIT «sobre   pueblos   indígenas   y   tribales,   1989»,  instrumento  en  el  que  se admite la  relevancia  que,  en  la  aplicación  de la legislación nacional, ostentan las  costumbres  y  el  derecho  consuetudinario,  al  punto que se prevé que, en la  medida  en  que  no  resulte  incompatible  con  la legislación nacional ni los  derechos  humanos,  se  deben  respetar  los  métodos  a  los  que esos pueblos  recurren  tradicionalmente  para reprimir los delitos cometidos por sus miembros  (artículo  8);  si  se  imponen sanciones penales de la legislación nacional a  sus  integrantes,  se  tendrán  en  cuenta  sus  características  económicas,  sociales  y  culturales,  al  tiempo  que  deberá darse preferencia a sanciones  distintas    al   «encarcelamiento»   (artículo 10).   

También, ha sido reiterativa en afirmar (CC  T-349/96,  CC  SU-510/98,  CC  T-002/12)  que para solucionar tensiones entre la  diversidad  étnica  y  cultural y otros derechos fundamentales, es indefectible  acudir a tres principios:   

(i) maximización  de  la  autonomía  de  las  comunidades,  que implica  excepcionalidad  en  las  restricciones a su autonomía, de modo que éstas solo  serán  admisibles  cuando  sea necesario para salvaguardar un interés de mayor  jerarquía  y  de  la  forma  menos  gravosa.  En CC T-349/96, ratificada, entre  otras, en CC T-514/09, se definió así dicho postulado:   

Esta  regla  supone  que  al  ponderar los  intereses  que  puedan  enfrentarse  en  un  caso  concreto  al  interés  de la  preservación  de  la  diversidad étnica de la nación, sólo serán admisibles  las  restricciones  a  la  autonomía  de las comunidades, cuando se cumplan las  siguientes condiciones:   

a.          Que  se  trate  de una medida necesaria  para  salvaguardar  un  interés  de  superior  jerarquía  (v.g.  la  seguridad  interna).   

b.          Que se trate de la medida menos gravosa  para la autonomía que se les reconoce a las comunidades étnicas.   

(ii)   Mayor  autonomía  para  la  decisión de conflictos internos,  específicamente  cuando  el problema involucra miembros de una misma comunidad.   

(iii)  A  mayor  conservación   de   la   identidad  cultural,  mayor  autonomía,  sin  llegar  al  punto   de   desconocer   la  autonomía  de  los  pueblos  con  bajo  nivel  de  conservación  cultural,  en  la  medida  en que la pérdida de ciertos aspectos  tradicionales  no  conlleva  una disminución de la capacidad para decidir sobre  asuntos     fundamentales     de     la     vida    comunitaria    (Cfr.  CC T-002/12).   

6.  De  manera  que  para  que  opere  la  jurisdicción  indígena  se impone comprobar, de entrada, que se está ante una  persona  que  pertenece  a  una  comunidad  aborigen  y que ésta cuenta con una  autoridad propia para adelantar el juzgamiento correspondiente.   

Por   consiguiente,   acorde   con   la  jurisprudencia  constitucional,  seguida ampliamente por esta Corporación, para  delimitar  si  un  asunto  debe  ser  conocido por la jurisdicción especial, es  forzoso  examinar  si  se acreditan los elementos estructurales del fuero             indígena29         (personal  y  territorial  o geográfico), que son determinantes, y,  seguidamente,    analizar    los    factores   institucional   u   orgánico   y  objetivo.   

6.1. El personal,  que  se  traduce  en  que el aborigen debe ser juzgado  según  sus  usos y costumbres (hay que indagar si entendía o no la ilicitud de  la  conducta, su conciencia étnica y el grado de aislamiento de la cultura a la  que pertenece).   

6.2.       El       geográfico,  que implica que la comunidad  pueda  juzgar  los  hechos  que  suceden  en  su  territorio, de acuerdo con sus  normas,  entendiendo  el  concepto  de  “territorio”  desde  una proyección  amplia,  habida  cuenta que la Corte Constitucional ha admitido la viabilidad de  un    eventual    efecto   expansivo   del mismo así:   

Por otra parte, establecida las existencia  del  territorio  en  su  dimensión  formal y cultural, el mismo puede tener, de  manera  excepcional,  un  efecto  expansivo,  de  manera que puedan tenerse como  amparadas  por el fuero conductas ocurridas por fuera de ese ámbito geográfico  pero  en  condiciones  que permitan referirla al mismo. Tal sería, por ejemplo,  el  delito  cometido  por  un indígena por fuera de su territorio, en relación  con  otro integrante de la misma comunidad, en condiciones de aislamiento, y que  vivían  y  se  determinaban  por  las  pautas  de  conducta  imperantes  en  su  comunidad.  (Cfr. CC T-1238/04).   

De  esta  forma, el ámbito territorial de  una  comunidad  es  el  espacio  donde se ejercen la mayor parte de los derechos  relacionados   con  la  autonomía  de  las  comunidades  indígenas30  y  cuya  titularidad  deriva  de  la  posesión ancestral por parte de estas, incluso por  encima  del  reconocimiento  estatal. Se trata entonces de una noción que no se  agota   en   el   aspecto   físico-geográfico   sino  que  abarca  el  aspecto  cultural31,  lo  que  implica  que,  excepcionalmente,  pueda tener un efecto  expansivo.  En  consecuencia,  una  conducta punible que ocurre por fuera de los  linderos  que  demarcan  el  territorio  colectivo  podría  ser  remitida  a la  jurisdicción    especial    indígena    en   virtud   de   sus   connotaciones  culturales32.              (Cfr.    CC  T-002/12)   

6.3. El orgánico,  que  refiere  a la existencia de una institucionalidad  al  interior  de  la comunidad nativa, la cual debe estructurarse a partir de un  derecho  propio, integrado por usos y costumbres, con procedimientos conocidos y  aceptados  «es  decir,  sobre:  (a)  cierto poder de  coerción  social  por parte de las autoridades tradicionales; y (b) un concepto  genérico   de   nocividad   social»   (Cfr.    CC  T-866/13).   

Sobre este elemento, la Corte Constitucional  ha sostenido:   

La autoridad indígena debe exteriorizar su  decisión  de  adelantar  el juzgamiento. Ello puede ocurrir cuando reclama para  si  el  juzgamiento  ante  la  respectiva autoridad judicial, o cuando de manera  previa  o  simultánea  ha  asumido el conocimiento de los hechos de acuerdo con  sus  usos tradicionales. Cabría preguntar, sin embargo, si el juez debe iniciar  oficiosamente  la actuación orientada a establecer si en un determinado proceso  se  está  en  presencia  de  los supuestos que dan lugar al fuero indígena. La  respuesta  a  este  interrogante es, en principio, negativa, por cuanto el fuero  sólo  se  materializa  cuando la autoridad indígena exterioriza su voluntad de  asumir  el  conocimiento  de  una  determinada  causa. Si en un proceso penal el  sindicado  considera  que  está  amparado por el fuero especial indígena, debe  dirigirse  a la autoridad tradicional que en su criterio es competente, para que  ella presente la solicitud al juez del conocimiento.   

Dos consideraciones dan piso a la anterior  conclusión:  Por  una  parte,  el juez ordinario tiene jurisdicción de acuerdo  con  la  ley  y  no  puede  renunciar  a  ella a partir de consideraciones sobre  elementos  objetivos  que  podrían,  solo  eventualmente,  dar lugar a un fuero  especial,  y  por  otra  parte,  ese  fuero  especial solamente surge cuando (i)  existe  una  autoridad  indígena  con  capacidad de ejercer la jurisdicción de  acuerdo  con  los  usos  y  costumbres  de  la  comunidad  y  (ii) esa autoridad  manifiesta  su  decisión de asumir el conocimiento de los hechos. En efecto, el  artículo  246  de  la  Constitución  faculta  a las autoridades de los pueblos  indígenas   para  ejercer  funciones  jurisdiccionales  dentro  de  su  ámbito  territorial,  y  por  consiguiente,  no  cabe,  en  principio,  imponerles dicho  ejercicio.  Dentro  del proceso de integración cultural que se había promovido  en   el  pasado,  era  usual  que  en  ciertas  comunidades,  cuyas  autoridades  tradicionales  ejercían  control  social  en  relación  con faltas menores, el  conocimiento  de  ofensas  mayores,  tales  como  el  homicidio, se dejase a las  autoridades  nacionales.  En  una hipótesis tal, es posible que las autoridades  tradicionales  no  tengan  la  capacidad  para  asumir  el  conocimiento de esas  ofensas,  que no existan precedentes  en la comunidad sobre el particular y  que  no  estén en condiciones de hacer efectiva una sanción a los infractores.  Así,  por  ejemplo, no cabría imponerle a un Consejo de Ancianos que ejerce un  precario  control  social,  contra  su voluntad, el conocimiento de unos delitos  cometidos  por  individuos de alta peligrosidad, pertenecientes a su comunidad y  dentro  de  su  comprensión  territorial,  si  previamente  esa autoridad no ha  exteriorizado    su    decisión    de   asumir   el   conocimiento   de   tales  delitos.   

No puede pasarse por alto la circunstancia  de  que el reconocimiento de la jurisdicción especial indígena en 1991 ha dado  lugar  a  un  proceso  progresivo  a  partir del cual las comunidades indígenas  pueden  iniciar  un  camino  orientado a recuperar su identidad y a reafirmar su  autonomía,  y  que  en ese proceso complejo e integral, la decisión de ejercer  la  jurisdicción  obedece a una opción de la comunidad, expresada a través de  sus  autoridades  cuando  quiera que se estime que están dados los presupuestos  para  ello.  (Cfr. CC T-1238/04).   

Repárese  que, dentro de los criterios que  resultan  relevantes para interpretar este elemento, en sentencia CC T-002/12 se  señalaron:   

(i)  La  institucionalidad como presupuesto  esencial  para  garantizar  el  debido proceso en beneficio del acusado, para lo  cual  hay  que  constatar  que:  la  comunidad  haya manifestado su capacidad de  adelantar  el  juicio, que, a su vez, «constituye una  primera  muestra  de la institucionalidad necesaria para garantizar los derechos  de   las  víctimas»;  una  «comunidad  que  ha  manifestado  su  capacidad  de  adelantar  un  juicio  determinado  no puede renunciar a llevar casos semejantes  sin  otorgar  razones  para  ello»,  y,  en      casos      de      «extrema  gravedad»  o  cuando  la  víctima  se  encuentre en  situación  de indefensión, la vigencia del elemento objetivo puede ser materia  de un análisis más exigente.   

(ii)  La conservación de las costumbres y  herramientas  ancestrales  para  resolver  los conflictos, que implica observar:  que   el  derecho  propio  es  un  verdadero  sistema  jurídico  particular,  y  «la  tensión  que  surge  entre  la  necesidad  de  conservar  usos y costumbres ancestrales en materia de resolución de conflictos  y  la  realización  del  principio de legalidad en el marco de la jurisdicción  especial   indígena   debe   solucionarse   en  atención  a  la  exigencia  de  predecibilidad   o   previsibilidad   de  las  actuaciones  de  las  autoridades  indígenas  dentro  de  las  costumbres de la comunidad, y a la existencia de un  concepto    genérico    de    nocividad    social33».   

(iii)  La satisfacción de los derechos de  las  víctimas,  que  se  traduce en buscar que éstas participen en  «la  determinación  de la verdad, la  sanción  del  responsable y en la determinación de las formas de reparación a  sus      derechos      o      bienes     jurídicos     vulnerados».   

6.4. El objetivo,  que alude a la naturaleza del bien jurídico tutelado,  específicamente  si  se  trata de un interés de la comunidad indígena o de la  sociedad  mayoritaria.  En  este  caso,  la  rigidez  se atenúa en atención al  principio de maximización de la autonomía.   

En     ese    orden,    caben    tres  posibilidades:   

“(i)  el  bien  jurídico afectado, o su  titular,   pertenecen   a  una  comunidad  indígena;  (ii)  el  bien  jurídico  lesionado,  o  su  titular,  pertenecen exclusivamente a la cultura mayoritaria;  (iii)   independientemente  de  la  identidad  cultural  del  titular,  el  bien  jurídico  afectado concierne tanto a la comunidad a la que pertenece el actor o  sujeto  activo  de  la  conducta,  como  a la cultura mayoritaria”34.   

En los supuestos (i) y (ii) la solución es  clara:  en  el primer caso, a la jurisdicción especial indígena le corresponde  conocer  el  asunto  mientras  en  el  segundo  le  corresponderá a la justicia  ordinaria.  Sin  embargo, en el evento (iii) el juez deberá decidir verificando  todos  los  elementos  del  caso  concreto  y los demás factores que definen la  competencia  de  las  autoridades  tradicionales,  de  manera  que  el  elemento  objetivo  no  es determinante en la definición de la competencia. Incluso si se  trata  de  un  bien  jurídico considerado de especial importancia en el derecho  nacional,  la  especial  gravedad  no  se  erige  en  una regla  definitiva  de  competencia,  pues  esto  supone  imponer  los  valores  propios  de  la cultura  mayoritaria   dejando   de   lado   la  protección  a  la  diversidad  étnica.  (Cfr. CC T-002/12).   

7.  Cabe  destacar,  adicionalmente  a  lo  expuesto,  que  la  Corte  Constitucional  ha  hecho explícita su inconformidad  cuando  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  al  resolver  conflictos  de  competencia,   se   ha   inclinado   por   este  último  elemento  –el        objetivo-,  como  si  tuviera  una  mayor  jerarquía sobre los demás. En la  misma sentencia del 2012, dijo:   

La  Sala  reitera  su  desacuerdo  con  el  carácter prevalente que  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura otorgó al  elemento  objetivo, así como con la exclusión del elemento institucional en el  análisis de la competencia.   

Frente  a  la  prevalencia  del  elemento  objetivo,  fundamentado  en la existencia de un umbral de nocividad a partir del  cual  la  jurisdicción  indígena  carece de competencia, la Sala insiste en la  incompatibilidad  de  este  planteamiento  con la jurisprudencia constitucional,  pues  la  exclusión  de  la  jurisdicción  especial  indígena  de  asuntos de  especial  nocividad  social  es  una postura que desconoce injustificadamente la  validez  del  control social realizado por las comunidades indígenas, al tiempo  que  riñe  con el “relativismo ético moderado”35    adoptado    por    la  Constitución.   

También,  ha  sostenido  que  tal proceder  restringe   de   manera   injustificada   la   autonomía   de  las  comunidades  indígenas:   

Aunque  la  jurisprudencia  del  Consejo  Superior  de la Judicatura ha librado un debate alrededor de si la condición de  indígena  de  la  víctima  hace  parte  del  elemento  personal o del elemento  objetivo,  esta  Sala  considera  que  la  identidad étnica de la víctima hace  parte    integrante    del    elemento    objetivo36.   

Por  otra parte, el Consejo Superior de la  Judicatura  ha  implementado  en su jurisprudencia otra concepción del elemento  objetivo,  que se caracteriza por establecer un umbral de nocividad a partir del  cual  estaría  vetado  el  ejercicio  del  derecho  propio  de  las comunidades  indígenas;   en   consecuencia,  todas  las  conductas  que  involucren  bienes  jurídicos  universales  no  podrían  ser conocidas por esa jurisdicción. Esta  Sala  reitera  que  disiente  de  ese  planteamiento,  pues el elemento objetivo  evaluado  de  manera  individual  no  basta  para  excluir  la competencia de la  jurisdicción  especial  indígena  por   restringir  de  manera excesiva e  injustificada     la     autonomía    de    las    comunidades.    (Cfr.    CC  T-002/13).   

La  verificación  de  los elementos en el  caso concreto. Insuficiencia del institucional   

8. La Sala Jurisdiccional Disciplinaria, por  remisión  que  del  asunto  le  hiciera el Juzgado de control de garantías, en  auto     del     15     de    abril    de    201337   resolvió   asignar   la  competencia  a  la  jurisdicción  penal  ordinaria  con apoyo en los siguientes  argumentos:   

8.1. Aunque        reconoció        el        factor        personal,   dado  que  el  procesado  es  indígena,       no       consideró       acreditado       el      territorial  porque los hechos ocurrieron  en   el  albergue  Nuevo  Horizonte  donde  «residen  alrededor  de 48 familias de la comunidad chocoana»38,  el  que,  pese  a  estar ubicado en Bogotá, «no hace  parte            del           resguardo»39.   

8.2. Como  el  delito endilgado es el de acceso carnal abusivo, en el que  la  víctima  es  una  menor de edad, también aborigen, es imposible aplicar el  fuero,  en  aras  de  dar  prevalencia a los derechos de los niños. Ese injusto  está  alejado  de los usos, costumbres o tradiciones de la comunidad indígena.   

8.3.   El  imputado  ha  tenido  contacto  permanente  con  la  cultura  mayoritaria  y  puede  diferenciar  la  particular  cosmovisión de los indígenas.   

9. Ahora bien, debido a que en la alzada la  defensa  pidió  la  nulidad  por  razones similares a las ahora planteadas a la  Corte,  es  indefectible  traer  a  colación  lo  que  al  respecto  sostuvo el  Tribunal.   

Tras  referir  que  en sede de instancia es  imposible  desconocer  lo  resuelto  por  el  Consejo Superior de la Judicatura,  adujo   que,   en   todo   caso,   la   solicitud  era  improcedente40   porque  aunque  Murry  Estévez tiene  un   arraigo   fuerte  a  su  cultura,  la  víctima  también  es  indígena  y  «en  la  visión  del  mundo  Emberá, la integridad  sexual  de  los  menores  constituye,  como  en  la cultura mayoritaria, un bien  jurídico     merecedor     de     protección»41,    es    ostensible    la  inobservancia  de  los  factores  territorial  e institucional. Estas fueron sus  razones:   

9.1.  El impugnante confunde el alojamiento  temporal con un resguardo indígena.   

9.2. El cabildo urbano que se certificó en  el  expediente,  en  los  folios  21  a  26  de  la  carpeta,  no cumple con los  parámetros  mínimos para determinar al interior de la etnia un cierto poder de  coerción  social,  un  concepto genérico de nocividad social, la protección a  las víctimas y la preexistencia de un debido proceso.   

9.3.  La  comunidad  no  reclamó  para sí  oportunamente  el  ejercicio  de  la  jurisdicción  y  el  acusado  tampoco  lo  solicitó  expresamente. Aunque, casi finalizando, el gobernador de la Comunidad  Alto  Moindó  radicó  un  escrito  con  esa  orientación,  no  ofreció mayor  sustento  y  sembró duda sobre la imparcialidad al sostener que la conducta por  la cual se procesaba a su compañero era injustificada.   

9.4.  No  se  demostró la existencia de un  entramado  judicial  y  coercitivo suficiente para garantizar las formas propias  del  juicio,  y no hay elementos para afirmar que se protegerán los derechos de  la víctima a la verdad, la justicia y la reparación.   

9.5.  Las penas descritas en el certificado  del  Cabildo,  esto  es,  trabajos  comunitarios  y multas en dinero por $20.000  conllevan  un  serio problema de proporcionalidad de la pena en relación con el  derecho a la justicia de la perjudicada.   

10.  Frente  a  los argumentos expuestos en  precedencia, la Corte debe hacer las siguientes precisiones:   

10.1.  Ninguna  objeción  existe en lo que  toca       con       el      cumplimiento      del      factor      personal, por lo que hay coincidencia con  las autoridades disciplinaria y penal.   

10.2. Si bien el acto cometido sobre Y.Q.A.  es  altamente reprochable, lo cierto es que el Consejo Superior de la Judicatura  otorgó  una  preeminencia  desatinada  al  elemento  objetivo,  relativo  a  la  identidad étnica de la ofendida.   

La conducta perpetrada reviste gravedad, no  obstante,  como  bien  lo  acotó  la Delegada de la Fiscalía ante la Corte, la  verificación  única  en punto de ello, así como de la calidad de la víctima,  supone  una  imposición  indebida de la visión de la cultura mayoritaria sobre  la del pueblo aborigen.   

La  Sala  no  puede  desconocer que el bien  jurídico  contra  el cual se ha atentado es esencialmente frágil, sin embargo,  no  puede  ser  determinante  para  sustraer  a  la  jurisdicción indígena del  conocimiento  del asunto, como tampoco lo podrían ser los castigos que por esas  conductas  se prevean en los reglamentos del resguardo que corresponda, tal como  lo sostuvo esta Corporación en CSJ SP15508-2015, rad. 46556:   

En   últimas,   la  Sala  ahora  quiere  significar  que  cuando se juzguen hechos de mayor gravedad, atentatorios contra  bienes   jurídicos   de   especial  interés  constitucional  para  la  cultura  mayoritaria  y  que  a  su  vez  incumben  a  la  comunidad indígena, como, por  ejemplo,  las  ofensas  contra  la  libertad y formación sexuales de menores de  edad,  el  elemento  institucional,  siempre que se cumplan los restantes, cobra  particular  importancia  para  definir  el  conflicto de jurisdicciones, sin que  resulte  determinante el hecho de que la justicia indígena contemple un castigo  distinto a la pena de prisión fijada por el legislador.   

Luego   en   tales   eventos,   resulta  improcedente  aducir  que el sistema sancionatorio de los indígenas comporta un  tratamiento  débil  y permisivo generador de impunidad, pues un razonamiento de  tal  naturaleza  implica  el  desconocimiento  de  la  autonomía de los pueblos  indígenas  y  la  imposición del sistema penal de la sociedad dominante que de  entrada  y  en forma genérica perfila a la jurisdicción indígena como incapaz  de  aplicar  justicia a los infractores que ejecutan delitos de cierta gravedad,  dejando  en  el  ámbito de tal jurisdicción delitos menores o conductas que no  le interesan al Estado.   

También  insiste  la  Corte  en  que  el  elemento  personal  no  se  desvirtúa  por  el hecho de que el indígena reciba  educación  de  cualquier  institución perteneciente a la cultura mayoritaria y  adopte  un  estilo  de  vida  propio  de  la  comunidad dominante, pues mientras  mantenga  el  vínculo  con  su  colectividad  originaria,  practique  sus usos,  costumbres  y  cometa  el  hecho  punible  en  concurrencia de los elementos que  componen  el fuero indígena (personal, territorial, objetivo e institucional) y  se  cumpla  los  requisitos  para  activar  la  jurisdicción indígena (humano,  orgánico,  normativo,  geográfico  y de congruencia), debe ser cobijado con la  garantía  de  este  fuero  especial  para  que sea juzgado y sancionado por las  autoridades  indígenas,  en  orden a hacer efectivos los principios  de  maximización  de la autonomía de  las  autoridades  indígenas,  mayor  autonomía para la decisión de conflictos  internos y mayor conservación de la identidad cultural.   

Así  las cosas, esta Corporación precisa  su  jurisprudencia  en el entendido de que en casos en los que la afectación al  bien  jurídico  sea  grave  en  la  visión  de  la  cultura  mayoritaria  y la  jurisdicción   indígena   solicite   para  sí  el  juzgamiento  del  presunto  responsable,  debe ser el elemento institucional el que defina si se cumplen los  presupuestos  para  reconocer  el  fuero  especial,  es  decir, si el sistema de  justicia  de  la  comunidad  indígena  ofrece mecanismos que hagan efectivos el  debido  proceso  del  acusado  y los derechos de las víctimas de modo que no se  genere  impunidad,  sin  que  la ausencia en la justicia indígena de la pena de  prisión  que  contempla  el  Código Penal, pueda servir de criterio orientador  para  fijar la efectividad de los derechos de los afectados con el delito dentro  del procedimiento previsto por las leyes indígenas.   

10.3.  De  otra  parte, está claro que los  hechos  no acaecieron en el departamento del Chocó, de donde son oriundos tanto  el  procesado  como  la  víctima,  tampoco  sucedieron en región de un cabildo  indígena  urbano,  empero  sí  en  el  alojamiento  temporal  que la Alcaldía  Distrital    de    Bogotá   le   asignó   a   Murry  Estévez  y  a  su  familia, compuesta por su esposa y  tres  hijos  –dos varones y  una  niña-,  así  como  a  otras  más  (48)  de  las comunidades embera  katio  y  embera  chami,  luego  de  que  arribaran  a la ciudad  desplazados  por  la  violencia, mientras se superaba esa situación calamitosa.  Esa  fue  la  razón  –la  violencia  en  el  departamento  del  Chocó-  para  que salieran de su hábitat  natural,  zona a la que, según emerge del expediente (audiencia del juicio), ya  retornó la mayoría, incluyendo la de la menor.   

Que  la dirección del Cabildo Embera,   Chami  y  Katio  CIECKCH,  cuya  documentación  obra  a  folios 21 a 26 de la carpeta 1, no corresponda a la del  inmueble  donde ocurrieron los sucesos, es una circunstancia que, contrario a lo  aducido  por  la representante de la víctima, no impide acreditar ese elemento,  puesto  que  son  dos  espacios  distintos que corresponden a conceptos también  desemejantes  y  no  se  identifican entre sí. Ese cabildo, además, es urbano,  conformado   por  población  nómada  de  resguardos  pertenecientes  al Departamento de Caldas, aunque está  dispuesto   a   acoger   a   quienes   quieran   pertenecer   a  él42;   y   la  edificación   donde   se   perpetró   el   hecho   ominoso   estaba  destinada  exclusivamente  a  integrantes  de  las  etnias embera  chami  y  katio.   

Constituiría una mayor afectación para el  procesado  que  su  condición  de  desplazamiento  le  impidiera  preservar  su  diversidad  étnica,  al  tiempo que se constituiría en una medida gravosa a su  condición.   

En  ese  orden,  atendiendo  el  concepto  ampliado  de  territorio,  reconocido  por  la Corte Constitucional, tal como se  explicó  en  precedencia,  y  toda  vez  que  en  ese  albergue  solo habitaban  indígenas  embera, en donde,  pese  a  la  transitoriedad,  compartían  usos,  costumbres y lengua, es viable  afirmar   que   el   factor   territorial también se satisface.   

10.4.  Ahora,  no  ocurre  lo  mismo con el  elemento  institucional,  esencial  para  que opere la jurisdicción especial, y  que  implica sujeción al principio de legalidad, al tiempo que otorga seguridad  de  un  debido  proceso  para  el  acusado  y una garantía de protección a los  derechos  de  las  víctimas,  el  cual fue ignorado por completo por el Consejo  Superior de la Judicatura.   

Como  bien lo adujo el Tribunal Superior de  Bogotá,     la    certificación    del    cabildo    indígena    CIECKCH  no  cumple  con  los parámetros  mínimos  para  determinar  la existencia de un cierto poder de coerción social  de  la  conducta  atentatoria,  ni brinda confianza de que se seguirá un debido  proceso  en  el  que  se respeten las garantías del implicado y de la ofendida.   

En  esencia,  la dificultad surge porque no  obra  solicitud,  emanada  de  esa autoridad o de otra, también aborigen, en la  que  se  reclame  la competencia y ninguna diligencia, por parte de la comunidad  nativa, se ha realizado en orden a tal fin.   

Es  más,  en  la  audiencia  preliminar de  formulación   de   imputación,   el   gobernador   de   ese   cabildo,   Jairo  Chicama,  que  fungió  como  inicial   intérprete  de  Murry  Estévez,  dejó entrever que no tiene intención de ocuparse sobre el caso.  A  pesar de aclarar que no hay problema para que el enjuiciado y su familia, que  hoy   no   hacen   parte   del   mismo,   puedan   inscribirse   si  llevan  los  documentos43,  y  que  esa comunidad cuenta con un reglamento interno que regula  la   justicia   propia,   la  cual  puede  hacerse  a  nivel  urbano44,  adujo que  ella   

«no   se  encargará  de  castigar  a  indígenas  que  violen a  indígenas   que  comentan  suicidios,  a  indígenas  que  roben,  todo  eso  se  lo  entregaremos a la ley ordinaria porque (…) nos  falta   a   nosotros   como   gobierno,   como   gobierno  étnico  asumir  esas  responsabilidades.  Nosotros  no tenemos los espacios  ni  siquiera  físicos para uno poderle decir a un individuo a un indígena, si,  no  tenemos  ni siquiera un espacio un cepo (…). Lo que nosotros queremos acá  obviamente,  obviamente,  aquí  en Bogotá, es que todos esos por mayores todos  esos  problemas,  si, que realmente lo, lo que no podamos nosotros asumirlos, se  los  entregamos  obviamente,  se  los entregamos obviamente, a la ley ordinaria,  porque,  vuelvo y repito, nos falta, nos falta, más compromiso, nos falta como,  como  tener  algo  físico para que los cabildos urbanos digamos, si, tenemos al  menos   un  espacio  donde  nosotros  podamos  obviamente  castigar,  el  hecho,  si,  si  el  compañero,  el cabildo indígena embera  quiere  castigarlo,  nosotros  no tenemos el espacio, incluso que dentro de los,  que  dentro  de  los,  que  dentro  de  la,  dentro de la, dentro del reglamento  interno  es  muy  claro,  si,  todos  serán castigados y entregados ante la ley  ordinaria».45  (Subraya          la         Sala).   

Lo  anterior  hace  palmario que, pese a la  existencia  de  un  cabildo  indígena  que  podría  acoger  al  inculpado,  su  gobernador  no  posee  interés  en  adelantar  un  proceso por los hechos aquí  investigados   y   menos  en  juzgar  a  Nelson  Murry  Estévez.  Su apatía se hace palpable no solo ante el  silencio  en  reclamar  competencia,  sino  cuando  señala  que  no cuentan con  espacios  físicos  (cárceles)  para  el  cumplimiento  de una sanción y no se  encargan   de  juzgar  las  violaciones,  ello  porque,  una  simple  mirada  al  reglamento  por  él  aportado,  deja  al  descubierto  que  allí no se prevén  castigos  que  comporten  restricción de libertad, sino trabajos comunitarios y  multas46,   y  figura  que  sí  se  ocupan  de  ajusticiar  esta  clase  de  comportamientos,  pues  se  lee: «asemos (sic)   justicia  propia  frente  a  la  conducta   del   irrespeto,   violación,     chisme,     maltrato,    etc.»47         (subraya la Sala).   

Así  las  cosas, no hay lugar, siquiera, a  analizar  si  las  sanciones  descritas  en  el  estatuto  indígena  son  o  no  proporcionales,  toda  vez  que,  aun  de  considerar  esta  Corporación que se  ajustan  al  Convenio 169 de la OIT, al no preferir las de encarcelamiento, dada  la  particular  cosmovisión,  usos y costumbres, es claro que no podría enviar  el  diligenciamiento  a  dicho Cabildo, pues al inculpado no se le garantizaría  un debido proceso.   

Vale  la  pena  subrayar  que  el  16  de  septiembre  de  2014  –ya  estando  en  curso  el  juicio oral-, el señor Juancho  Murry                    Estévez48,  quien adujo ser gobernador  de   la   Comunidad  Indígena  Alto  Moindó,  radicó,  en  la  entonces  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de la Judicatura, un escrito pidiendo el  traslado  de  la  actuación a la jurisdicción indígena, bajo el argumento que  Nelson  Murry  Estévez está  «sufriendo  daño  que afecta SUS DERECHOS HUMANOS A  LA  DIGNIDAD HUMANA, AL DEBIDO PROCESO por ser una persona indígena y en estado  de  indefensión  porque  no  cuenta  con  medios lingüísticos (Hablante de su  lengua  vernácula),  económicos  y  culturales  para  ADELANTAR EL PROCESO que  implica   el   delito   que   le  endilgan  de  forma  injustificada,  a  fin  de dar una pronta solución a  esta                 problemática»49.       (Subraya      la  Sala).   

Dicha  solicitud, como con tino lo resaltó  el  ad quem, tampoco resulta  suficiente  para  probar  el  factor  institucional,  no  solo  porque  quien la  suscribe  olvidó aportar la certificación correspondiente sobre la calidad que  dice  ostentar,  así como el reglamento interno del cabildo, en donde conste la  existencia   de   una   autoridad  propia,  las  disposiciones  que  regulen  el  procedimiento  a  seguir  y las sanciones contempladas para castigar la conducta  de  violación,  sino porque las manifestaciones allí consignadas imposibilitan  confirmar  que  se  garantizaría  un  debido  proceso en el que se respeten los  derechos  de  la  víctima, toda vez que, a la manera de un prejuzgamiento, deja  descubrir  que  en su criterio es injusta la acusación que se hace en contra de  Murry Estévez.   

De manera que el factor institucional no se  cumple.   

Por  consiguiente,  el  primer  cargo de la  demanda no prospera.   

La violación del principio de congruencia  y la dosificación punitiva hecha en segunda instancia   

11. En la censura subsidiaria, el recurrente  sostiene    que    el    ad    quem    transgredió   el   principio   de   congruencia  porque  dedujo  la  circunstancia  de  agravación  punitiva  del  numeral  7° del artículo 211 de  Código  Penal,  sin  que  hubiese  sido endilgada en la acusación; y, además,  incurrió   en   un   yerro   porque  al  tasar  la  pena,  luego  de  hacer  la  redosificación   correspondiente,   inobservó  el  criterio  del  a  quo y no impuso el límite inferior del  primer cuarto.   

12.  Tal  como  se  dejó  expuesto  en los  antecedentes   de   esta   sentencia,   la   fiscalía   acusó  a  Murry  Estévez  como  presunto  autor del  delito  de  acceso  carnal violento, agravado únicamente por el numeral 4° del  precepto  21150.   Por   manera   que   el  juez  plural  no  podía,  motu  proprio,  deducirle  la del numeral  7°.   

Sin  embargo,  a  pesar  de  evidenciar tal  dislate,  ninguna  trascendencia  tiene  en  esta  ocasión, puesto que, en todo  caso,  el  injusto  continúa  agravado  por el numeral 4° del mismo artículo,  que,  como  se  vio,  fue endosado por el ente acusador y conlleva igual aumento  punitivo de la tercera parte a la mitad.   

13.  Cosa  distinta  ocurre  con  el reparo  atinente  a  que  la  colegiatura,  desatendiendo  los  criterios  del  juzgador  singular, se alejó del extremo inferior del primer cuarto.   

En  efecto, el Juez se ubicó en el segundo  cuarto      de      movilidad      –conforme  se  consignó en el fallo de primer grado, oscilaba entre  234   a  27651-  y  fijó la  pena  prevista  en  el  límite  inferior  del  mismo,  234  meses  de prisión.   

Por su parte, el Tribunal, tras suprimir la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  del  numeral  2°  del  artículo  58 del  estatuto    sustantivo,   se   situó   en   el   primer   cuarto   –que    va    de    192    a    234  meses-,    pero,    se   alejó   del   quantum  mínimo e impuso 213, apoyado en  que  ese  incremento  de  21 meses «equivale al justo  medio       entre       ambos       extremos»52.   

Ese  aumento  es  no  solo  contrario  al  principio  de  legalidad  de la pena, en tanto ninguna motivación ofreció para  el  efecto,  sino  que desconoce las directrices del a  quo,  que  debía forzosamente acatar, por tratarse de  apelante único.   

Por  consiguiente, el cargo tiene vocación  de  prosperidad  y  ello  daría  lugar, si no fuese por lo que más adelante se  exhibe,  a casar parcialmente la sentencia para dejar la pena de prisión en 192  meses  y en igual término la de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

Las  facultades  oficiosas de la Corte como  tribunal de casación   

14.  El  recurso  de casación, por expresa  disposición  legal  (artículo  180  de  la  Ley  906 de 2004), propende por la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de  la jurisprudencia. Por ende, si la Sala advierte oficiosamente  que  se  ha  afectado algún derecho o se ha quebrantado una garantía no puesta  en  conocimiento por el demandante, tiene, no solo la facultad, sino el deber de  intervenir a efectos de su restablecimiento.   

Las garantías del derecho a la defensa y a  un juicio justo   

15.  El  artículo 29 de la Carta Política  contempla  una  amplia  gama  de  garantías,  entre ellas, que toda persona sea  juzgada  con  observancia de la plenitud de las formas de cada juicio, que pueda  ejercer  a  cabalidad su derecho a la defensa y que esté asistida, durante toda  la  actuación,  por  un  abogado,  ya  sea  de  su confianza o designado por el  Estado.   

En el plano internacional, el debido proceso  legal  se  asegura  en  diversos  instrumentos:  la  Declaración  Universal  de  Derechos                   Humanos53  (artículos  10  y  11), la  Declaración   Americana  de  los  Derechos  y  Deberes  del  Hombre54 (artículos  XVIII    y    XXVI),    el   Pacto   Internacional   de   Derechos   Civiles   y  Políticos55,  (artículos  14  y 15), y la Convención Americana sobre Derechos  Humanos56  (artículos 8 y 9), que consagran el derecho de toda persona a ser  oído  por  un tribunal independiente e imparcial, a tener un juicio público en  el  que  se  le  aseguren todas las garantías necesarias para su defensa, a ser  informado  detalladamente,  en  un  idioma que comprenda, sobre las causas de la  acusación,  y  a  ser asistida por un traductor o intérprete, si no habla o no  entiende el idioma oficial del tribunal.   

16.  El derecho a ser oído con las debidas  garantías  no  se  restringe  tan solo a lo que se desprende de su literalidad,  sino  que  tiene  un  sentido  más  amplio,  en  la  medida en que «trasciende  la  suma  de  las  garantías  específicas,  el cual  requiere  que  el  proceso en su totalidad sea, como indica con más claridad la  versión    en    español    de    la    Declaración    Universal,   justo   y  equitativo57.    Con    cierta    frecuencia    la  jurisprudencia   en   lengua   española   utiliza   el   término  ‘imparcial’   como  sinónimo  de  ‘justo’         o        ‘con         las        debidas  garantías’»,  lo  cual  se presta a confusión «dado  que  la  imparcialidad  del  tribunal es un requisito distinto  establecido  expresamente   por   la  normativa  internacional»58.   

Así,   el  derecho  a  un  juicio  justo  trasciende  el  contenido  del  derecho  de  defensa  y comprende un proceso sin  arbitrariedades  ni  denegación  de  justicia, y se ha convertido en la norma y  obligación  internacional  que  justifica  una excepción a la regla, según la  cual,  los órganos internacionales carecen de competencia para revisar la forma  como   las   decisiones  nacionales  han  valorado  las  pruebas  dentro  de  un  diligenciamiento.  Así ha sido reconocido por el Comité de Derechos Humanos de  las   Naciones  Unidas  (en  adelante,  el  Comité)  en  el  caso  Van  Meurs  c.  Países Bajos, párr. 7.1.  (1990)59;  por  el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, según lo ha citado  la   Corte   Interamericana   de  Derechos  Humanos60,  y  por  esa  misma  Corte.  Ésta,  en el caso Loayza Tamayo Vs. Perú, sostuvo:   

En  segundo  término,  la  señora María  Elena  Loayza Tamayo fue enjuiciada y condenada por un procedimiento excepcional  en   el   que,   obviamente,  están  sensiblemente  restringidos  los  derechos  fundamentales  que  integran  el  debido proceso. Estos procesos no alcanzan los  estándares  de  un  juicio  justo  ya  que  no  se  reconoce  la presunción de  inocencia;  se  prohíbe  a  los procesados contradecir las pruebas y ejercer el  control  de  las mismas; se limita la facultad del defensor al impedir que éste  pueda   libremente   comunicarse   con  su  defendido  e  intervenir  con  pleno  conocimiento  en todas las etapas del proceso. El hecho de que la señora María  Elena  Loayza Tamayo haya sido condenada en el fuero ordinario con fundamento en  pruebas  supuestamente  obtenidas  en  el procedimiento militar, no obstante ser  éste  incompetente,  tuvo  consecuencias  negativas  en  su  contra en el fuero  común.61   

La  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  en  el  Informe  50/00, caso 11.298 Reinaldo  Figueredo     contra    República    Bolivariana    de    Venezuela62, definió el  derecho  a  un  juicio  justo  como  «una  garantía  básica  del  respeto  de  los  demás  derechos  reconocidos en la Convención,  debido   a  que  representa  un  límite  al  abuso  del  poder  por  parte  del  Estado63».   

En  ese  orden,  un  juicio  justo  implica  garantizar   a  la  persona,  en  los  términos  del  artículo  14  del  Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos:   

a)  Ser informada sin demora, en un idioma  que  comprenda  y en forma detallada, de la naturaleza y causas de la acusación  formulada contra ella:   

(…)  

f)  A  ser  asistida  gratuitamente por un  intérprete,   si   no   comprende   o   no  habla  el  idioma  empleado  en  el  tribunal.   

Y,  en lo que corresponde con el precepto 8  de  la  Convención  Americana sobre Derechos Humanos, relativo a las garantías  judiciales:   

1. Toda persona tiene derecho a ser oída,  con  las  debidas  garantías  y  dentro  de  un  plazo razonable, por un juez o  tribunal  competente,  independiente  e  imparcial, establecido con anterioridad  por  la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra  ella,  o  para  la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil,  laboral, fiscal o de cualquier otro carácter.   

2.  Toda persona inculpada de delito tiene  derecho  a  que  se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su  culpabilidad.   Durante  el  proceso,  toda  persona  tiene  derecho,  en  plena  igualdad, a las siguientes:   

a.  derecho  del inculpado de ser asistido  gratuitamente  por  el  traductor  o  intérprete, si no comprende o no habla el  idioma del juzgado o tribunal;   

b.  comunicación  previa  y  detallada al  inculpado de la acusación formulada;   

(…)  

Importa  ilustrar  que  el  Comité,  en la  Observación       General       n.°       1364,  se  ocupó sobre el primer  precepto transcrito así:   

1. El Comité advierte que el artículo 14  del  Pacto  es  de  una  naturaleza  compleja  y  que diferentes aspectos de sus  disposiciones  exigirán  observaciones  concretas.  La finalidad de todas estas  disposiciones  es garantizar la adecuada administración de la justicia y, a tal  efecto,  afirmar  una  serie de derechos individuales, como la igualdad ante los  tribunales  y  cortes  de  justicia y el derecho a ser oído públicamente y con  las  debidas  garantías  por un tribunal competente, independiente e imparcial,  establecido  por  ley.  No  en  todos los informes se ofrecen detalles sobre las  medidas  legislativas  o  de  otra  índole adoptadas concretamente para aplicar  cada una de las disposiciones del artículo 14.   

(…)  

13.  En  el  apartado f) del párrafo 3 se  dispone  que  si  el  acusado  no  comprende o no habla el idioma empleado en el  tribunal  tendrá  derecho  a  ser  asistido  gratuitamente  por un intérprete.  Este  derecho  es  independiente  del  resultado  del  procedimiento  y  se aplica tanto a los extranjeros como a los nacionales. Tiene  importancia  básica cuando la ignorancia del idioma utilizado por un tribunal o  la  dificultad  de  su  comprensión puede constituir un obstáculo principal al  derecho            de            defensa.65         (Subraya la Corte)   

La  Corte  Constitucional,  sobre el juicio  justo, ha sostenido:   

…la    garantía   general   de   la  implementación  de  un  juicio  justo,  trae       consigo      la      obligación      de      garantizar      todas     aquellas  situaciones  que se deriven  de  una  desigual  participación en un proceso penal. En cuestiones probatorias  los   distintos   tribunales   garantes   de   derechos   fundamentales   (Corte  Constitucional  colombiana,  CDH  y TEDH) han demostrado la necesidad de nivelar  en  posibilidades  de  contradicción al acusado, respecto de su acusador. Y han  presentado  a  los funcionarios judiciales como responsables del cumplimiento de  esto.   

18.-  Según lo dicho hasta el momento, la  estructura  del derecho constitucional de defensa en materia penal (art 29 C.N),  establece    la    realización    de    un   juicio  justo  a  través  de la satisfacción garantías que  exceden  el  contenido  normativo del derecho de defensa. De conformidad con los  casos  referenciados, dentro de estas garantías se podrían contar por ejemplo:  el  acceso  de  la  defensa  a  la  información  probatoria  con  que cuenta el  acusador,  con  el  fin  de  preparar  una  defensa  técnica  estratégica;  la  referencia  de todas las pruebas relevantes existentes en el proceso, incluso si  la  defensa  no  las alega; y la posibilidad de tomar medidas para la nivelar la  participación  en  el  proceso del acusador y el acusado de conformidad con los  medios   con   que   cuenta  cada  uno.  (Cfr. CC T-799A/11).   

17. Ahora, en algunas decisiones, el Comité  ha  destacado  la importancia de que, en los tribunales, los procesados utilicen  los    idiomas    regionales    o    minoritarios66.   

Vale la pena traer a colación, simplemente  por  amplitud  en  el  campo  teórico  internacional,  que  el  artículo 6 del  Convenio  Europeo  para  la  Protección  de  los  Derechos  Humanos  y  de  las  Libertades        Fundamentales        (CEDH)67 también prevé:   

1.  Toda  persona  tiene  derecho a que su  causa  sea  oída  equitativa, públicamente y dentro de un plazo razonable, por  un  tribunal  independiente  e  imparcial, establecido por la ley, que decidirá  los  litigios  sobre  sus  derechos y obligaciones de carácter civil o sobre el  fundamento  de  cualquier  acusación  en  materia  penal  dirigida contra ella.   

(…)  

3.  Todo  acusado tiene, como mínimo, los  siguientes derechos:   

a) A ser informado en el más breve plazo,  en  una lengua que comprenda y detalladamente, de la naturaleza y de la causa de  la acusación formulada contra él.   

(…)  

e)  A  ser  asistido  gratuitamente  de un  intérprete,   si   no   comprende   o   no  habla  la  lengua  empleada  en  la  audiencia.   

En  aras  de facilitar la aplicación de la  trascrita  disposición  y  de  garantizar  los  derechos  a  la  traducción  e  interpretación    en   los   procesos   penales   y   en   los   procedimientos  correspondientes  a  la  ejecución  de  una  orden  de  detención  europea, el  Parlamento  Europeo  y  el Consejo de la Unión Europea profirieron la Directiva  2010/64/UE,  de  20  de  octubre de 2010, en la que se establece que los Estados  miembros     velarán     porque     «todo  sospechoso  o  acusado  que no hable o entienda la lengua del  proceso  penal  se  beneficie sin demora de interpretación en el transcurso del  proceso  penal  ante las autoridades de la investigación y judiciales, incluido  durante  el  interrogatorio  policial,  en  todas  las  vistas  judiciales y las  audiencias      intermedias      que      sean     necesarias»     (artículo  2,  apartado  1).  Y,  en  punto  de  la  calidad  de la  interpretación,  en  el  apartado  8  del  mismo  precepto, señala que deberá  ser    «suficiente  para  salvaguardar la equidad del proceso, garantizando  en   particular   que  el  sospechoso  o  acusado  en  un  proceso  penal  tenga  conocimiento  de  los cargos que se le imputan y esté en condiciones de ejercer  el derecho a la defensa.»   

Con  igual  moderación  se  ocupa sobre el  derecho   a   la   traducción   de  documentos  esenciales,  para  «garantizar  que  esté  en condiciones de ejercer el derecho a la  defensa  y  para salvaguardar la equidad del proceso»,  y la calidad de aquélla (precepto 3, apartados 1 y 9).   

18.   A  nivel  interno,  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004 prevé que nadie podrá ser investigado y juzgado  sino  «con observancia de las formas propias de cada  juicio»  (artículo  6) y, como una forma de asegurar  la  defensa,  estatuye  que  el  imputado  y  la víctima tendrán derecho a ser  asistidos  gratuitamente  por  un  traductor debidamente acreditado o reconocido  por  el  juez  «en  el  caso  de no poder entender o  expresarse  en el idioma oficial» (cánones 8, literal  f) y 144).   

19.  Así  las  cosas,  la  presencia  del  traductor  en las actuaciones judiciales, desde su inicio, es relevante para una  real     garantía     de     los     derechos,     tanto    del    procesado,  a  efectos  de  asegurar  que  pueda  entender  a  cabalidad  el  contenido  de  los cargos que se le endilgan,  ejercer   su  defensa  material  y  comunicarse  con  su  abogado;  como  de  la  víctima,  en  procura  de  contribuir, esencialmente, a la verdad y a la justicia.   

Más  aún, la traducción que se haga debe  ser  idónea,  no  solo  para que el inculpado tenga absoluta claridad sobre los  cargos  que  se  le  imputan,  las  circunstancias  de modo, tiempo y lugar, las  consecuencias  jurídicas  de  sus  actos,  las  sanciones que enfrentará y las  ventajas  que  obtendría si admite la responsabilidad, sino para que las partes  y  el  juez  entiendan  lo  que  aquél,  que no habla el idioma nacional, está  diciendo,  y así puedan elaborar las estrategias acusatorias o defensivas, y el  juzgador,  por  su  parte,  tenga  incondicional  seguridad  en  torno  a lo que  manifiesta  y  contar  así  con  los  elementos  suficientes  para  adoptar  la  decisión que corresponda.   

20.  El  traductor, quien al interior de la  actuación  judicial  es  el  canal  comunicante  entre el juez, las partes y el  individuo   (hombre   o   mujer)  que  no  se  expresa  en  el  idioma  nacional  (castellano),  es  esencial  para poder predicar un proceso justo y equitativo.   

Bajo  esa  línea, es imperioso que el juez  verifique   que  quien  va  a  desempeñar  ese  rol  se  encuentra  debidamente  acreditado  y,  de  no  ser oficial, ese funcionario podrá reconocerlo como tal  luego  de  inspeccionar con detenimiento su experiencia y conocimientos sobre el  dialecto  o  lengua  foránea, de modo que pueda dar fe que está habilitado, al  tiempo  que  deberá  juramentarlo,  tal  como  lo  prevé  el artículo 401 del  Código  de  Procedimiento  de  2004,  en  concordancia  con el 389 ibidem,    formalidad   que,  si  bien  no  impacta en la legalidad o  ilegalidad   de   su   intervención,  sí  es  necesaria  para  garantizar  que  desempeñará el cargo con verdad y diligencia.   

La   idoneidad  del  traductor  y  de  la  traducción  en  este  caso.  Otras  anomalías  que  impiden pregonar un juicio  justo   

21.  Según  se  registró a lo largo de la  actuación,     la    lengua    natal    de    Murry  Estévez  es la embera katio  y,  si bien entiende determinadas palabras y de alguna  manera  se  puede  comunicar en castellano, lo cierto es que no comprende muchas  expresiones,  ni  el  contexto  de  las  conversaciones,  menos  los  términos,  conceptos  y debates jurídicos. Por esa razón, se procuró que durante toda la  actuación estuviera asistido por un traductor.   

Sin embargo, luego de examinar con atención  los  videos de las distintas audiencias llevadas a cabo, se constata que en esta  ocasión  no  se  le  garantizaron  a  plenitud  sus  derechos,  justamente  los  correspondientes  a  la asistencia del traductor y a la traducción adecuada, de  modo que se predicara en su favor un juicio justo. Obsérvese:   

22.  En  la  preliminar de legalización de  captura,  formulación  de imputación e imposición de medida de aseguramiento,  Murry   Estévez   estuvo  asistido  por Jairo de Jesús Chicama, gobernador del Cabildo indígena (urbano)  Embera,     Katio    Chami,    CIECKCH,     quien    también    –según   allí  se  dijo68-  colaboró  con  el  proceso de materialización de los  derechos del capturado.   

Conforme  a  lo registrado en la sesión de  formulación  de  acusación,  Jairo  de  Jesús  Chicama  no  habla     embera     katio    –lengua   del   procesado-,  sino embera  chami.  Ello  se  hizo  público  cuando  el  Juez  de  conocimiento  le  pidió  a  Chicama  que  tradujera  la acusación hecha por el  Fiscal,  instante  en  el  que el inculpado manifestó no entender, toda vez que  tenían          dialectos         distintos69.     El     a  quo lo requirió, tras indicarle que en  su  parecer  él  sí  comprende  el  español, pero la defensora intervino para  aclarar    que    no    es    así   –esa  realidad  la  pudo  corroborar  la  Corte  a  lo  largo  de la  actuación-.   

Esto dijo la profesional:  

Yo  he tenido la oportunidad de hablar con  el  señor Nelson y aun cuando él entiende el español digámoslo así, pues no  tiene  una  comprensión  global  (…)  he  notado  porque en las reuniones que  tenemos  para que él entienda un contexto, si, pues siempre me tomó mi tiempo,  si  no  estoy  acompañada  de  la  persona  que,  pues  que  nos  asesore (…)  Inicialmente, nos ayudó el  señor  Juan  Carlos  (…) él ha sido el que nos ha ayudado en las entrevistas  que      hemos      tenido      con      Nelson.70   

Esa  fue la razón para que en ese instante  se  relevara  a  Chicama  de  su  función  y se designara a Juan Carlos Murillo  Sintúa,   quien   lo   acompañó  en  adelante,  incluyendo  la  audiencia  de  sustentación llevada a cabo en esta Corporación.   

Así las cosas, solo a partir de ese momento  es  viable afirmar que el enjuiciado comprendió lo que estaba ocurriendo en los  estrados judiciales y los cargos que se le atribuían.   

Por manera, que durante el procedimiento de  su  captura  y  hasta, incluso, la audiencia del 6 de marzo de 2013 –cuando  ella  se  formalizó,  se  le  imputaron   cargos   y   se   le  impuso  medida  de  aseguramiento-,   estuvo   asistido  por  un  traductor  inidóneo.   Jairo   de  Jesús  Chicama,  se  itera,  no  hablaba  su  mismo  dialecto  y  ello  le impidió  asimilar   y   discernir    con    aptitud    la   conducta,  rodeada   de  las  circunstancias   de  tiempo, modo y lugar, que  se   le atribuía, así como la naturaleza de la  actuación  que  se adelantaba.   

Esa  situación  es,  sin  duda, lesiva del  debido    proceso   de   Murry   Estévez, en concreto, en su componente de defensa.   

23.  La aludida indefensión se ratifica en  el  video  correspondiente  a  la  audiencia  concentrada, cuando se observa que  Jairo  de  Jesús  Chicama  no  tradujo al encartado la imputación hecha por la  Fiscalía.  Y,  se  hace  más  patente  cuando el Juez de control de garantías  intentó dársela a conocer directamente.   

Para el efecto, le pregunta si entendió lo  expuesto         por         el        Fiscal71,  y  el  indiciado  responde  –la Corte no puede hacer  una  trascripción  literal,  toda vez que utiliza un lenguaje poco inteligible,  el    que,    no    se  explica,   cómo   pudo  entender  el  Juez-:  «ehh,  más  menos  lus  palabras donde unas ata todas [….] se hacieron situación el  problemas,  todos  yo  atiendos  …  poquitos  mis mis memorias (…) sí bueno  (…)  sí,  y yo atiendo todo problema de la niña, yo atiendo de vaginas y esa  cuestión  nosotras aquí la mesa de esta noche y [ ] investigación (…) bueno  (…)   donde   saco,   quiénes   personas   imágenes  sacaron  esos  unas  de  (…)72.   

El Juez insiste en saber si ha captado, para  lo  cual  le  dice:  «lo importante ahorita, ahora en  este  momento  es que usted haya entendido qué fue lo que pasó, qué es lo que  el       señor      fiscal      le      dijo»73,  que  lo  sindican de haber  cometido   un   delito,   sabe  qué  «¿eso  es  un  delito?»74,  expresa  el  indiciado:  «sí  por  ejemplo  eso  e  delito  es  como  uno edor, nosotros y  atonces    nosotros    (…)   parece   como   la   verdad   (…)»75. Pese a que  de  bulto  se  puede evidenciar que no ha comprendido, esa autoridad le pregunta  si  tiene  clara  la  pena  que  se  le  puede  imponer,  a lo cual Murry   Estévez   asiente   «sí,               sí»76. Luego lo interroga en torno  a   si  sabe  que  puede  ir  a  la  cárcel  y  aquél  responde:  «sí,      sí      17,      16»77.   

Durante  ese  diálogo  entre  sindicado  y  funcionario  judicial,  únicamente intervino el señor Chicamá para ambicionar  explicarle  el  monto  de  la  pena y el delito atribuido, instante en el que se  percibe   con   facilidad   que   tampoco   lo   comprende,   pues  Murry   Estévez   comenta   «mm,  o  sea  me  echo culpa, nosotros, nosotros (…) bueno, pero  porqué      así      me      echan     culpa»78    

Más  adelante,  el  Juez  procura saber si  captó  que  la  conducta  de  violar  a  la  niña  tiene  un castigo en la ley  ordinaria                  nacional79,  el  intérprete  gestiona  traducirle,  y  aquél  responde: «ley ordinaria, sí  castiga  también (…) sí castigan en territorio»80.        El  director  de  la  audiencia  le  pregunta  si  en  el territorio  también  castigan, y el inculpado aduce «sí, tienen  leyes,   tienen   cabildos,  así  castigan  (…).81.  Continúa  dicho  funcionario: «¿Usted sabía que en  ley  ordinaria  también  existía  ese  castigo?»82,   responde   Murry      Estévez:      «no»83.   

De nuevo esa autoridad judicial le recuerda  la  imputación  y  le  consulta  si  acepta,  pero,  después  de  la  presunta  traducción    por    parte    de    Chicama,   Murry  Estévez  responde «echando  culpas    de    verdad,    yo   creo   que   sí»84,  y  el Juez advierte que no  entendió.  Luego,  hace otro esfuerzo por aclararle que ya queda vinculado a la  investigación   penal   y  le  lee  sus  derechos,  a  lo  que  éste  responde  «sí,      sí»85.  En  seguida,  lo indaga en  punto  de  si  ha  tomado  algo  que  le  afecte  los  sentidos,  pero  responde  «no,  nosotros  tomar  algo el médico para el dolor  [se   ha   puesto  alcohol,  dice  el  traductor]»86.   

El  Juez  le  indaga  si  tiene  problemas  mentales  y  el  intérprete  afirma  «si  es loco o  no»87,  y el ya imputado responde: «sí yo sí  (…)  a  veces  dolor  de cabeza (…) no es loco»88.  Al preguntarle si acepta o  no  los  cargos,  después  de darle un tiempo para hablar con la defensora y el  intérprete,  responde:  «pero la verdad eso […] yo  no  fue nada»89.  El  juez  lo increpa para que sea puntual y él dice «sí,     pero,     no     violó»90  y finalmente refiere que no  acepta los cargos.   

24.  Lo  anterior  denota  que Murry   Estévez   no   comprendió   con  suficiencia  la  comunicación  de  cargos  hecha  por  el  representante  de la  Fiscalía,  pero tampoco lo que le dijo el Juez y muy poco lo que le orientó el  traductor.   

Por consiguiente, no es viable predicar que  se  le  haya asegurado un proceso justo. Su derecho a la defensa material no fue  suficientemente  garantizado  y  esa afectación no se enmienda con el posterior  cambio de traductor.   

25. Adicional a lo expuesto, la Corporación  advierte  anomalías en lo que toca con las diligencias en las que participó la  traductora,   Dora   Elena  Sepúlveda  Velásquez, quien  asistió     a     la    víctima    y    a    su    progenitora    –ninguna  habla castellano-.   

Revisados los registros, se constata que el  Juez  no  la  juramentó,  como  lo  manda  el  estatuto  procesal penal de 2004  (artículo  401),  y  la traducción que hizo no genera seguridad en punto de la  fidelidad    de    lo   que   trasmitió   tanto   a   aquéllas   como   a   la  audiencia.   

En  efecto,  cuando  madre e hija acuden al  juicio,  lo  que tuvo lugar por videoconferencia desde el Centro de Servicios de  Pereira91  -en los discos  compactos  solo  se  visualiza  la  Sala  de  audiencias en Bogotá-,  se  constata que Dora Elena Sepúlveda  Velásquez92  no  comunica  a los asistentes, en el idioma nacional, todo lo que  ellas  expresan  ni  los  términos  exactos  de  lo  que  lo narran93.   

Se escuchan diálogos en el dialecto nativo  con  la  mamá  cuyo  término  de duración no se acompasa con la respuesta que  luego   se   trasmite   al  público  –por   ejemplo,   entre   los  minutos  08:41  a  09:21  y  30:49  a  31:3894-,  tanto  así  que  el  Juez  resolvió  irrumpir  en  algún  momento para decir: «cualquiera  de  los  dos  traductores puede indicarme qué ha dicho la señora»95.  Es más, al  finalizar  el  interrogatorio,  el  funcionario  judicial  pregunta a Sepúlveda  Velásquez  si  todo  lo  que  ella  expresó  lo entendió la testigo y aquella  asiente,   sin   embargo,   cuando   hace   igual   cuestionamiento   a  Murillo  Sintúa96,  éste  responde  que  algunas  frases  no se entendieron bien por  parte   de   la   testigo   y   no  se  responde  toda  la  pregunta97,  empero,  el  director  de la  audiencia no hizo acotación ni adoptó medida alguna.   

Durante  la declaración de Y.Q.A. se oye a  Sepúlveda  Velásquez cuando,  al  trasmitirle  a  la  niña  las preguntas formuladas, pronuncia palabras como  “Bogotá”,  “embera”  y “rojo”, no incluidas por quienes interrogan,  lo que pudo influir en las respuestas ofrecidas.    

Así,  se  advierte  cuando  el Fiscal, sin  referir  alguna  ciudad,  la  interroga  en  torno a si recuerda la «diligencia     de    reconocimiento  fotográfico?98, acto seguido  la  traductora  se  comunica con la menor y se percibe  que   aquella   le  menciona  «Bogotá»99,  locución  no   incluida   por   el   ente   acusador,   y   luego  contesta:  «sí   manifiesta   que  en  Bogotá  lo  reconoció».   

Más adelante, el fiscal le pide que haga un  «paneo»100  de todos los que están en  la  sala  de  audiencias de la capital del país a ver si reconoce a alguno como  su  agresor  -la  Corte  deja constancia que allí se  encuentra   solo   un  indígena:  el  procesado-,  la  traductora  se  dirige  a  la  infante  y  se  escucha que le sugiere la palabra  “embera”,     dos  veces101,  que  no  fue pronunciada por el interrogador, y seguidamente Dora  Elena   Sepúlveda  Velásquez  afirma  «señala  al  indígena  de  suéter  azul [una voz femenina al fondo  dice   rojo],   ahh,   perdón,   roja»102.   

Aunque  antes  de  empezar con el siguiente  testimonio,  la  defensa  reclamó porque al parecer alguien había insinuado el  color    del    saco,    el   a   quo   dejó  constancia  que  ello  no ocurrió, lo que fue avalado por el  Tribunal,  tras manifestar que era imposible saber qué tan buena era la imagen,  por   lo   que   presume  la  honestidad  y  sinceridad  de  quien  dirigió  la  audiencia103.   

26. La trascendencia de las irregularidades  descritas  imponen  a  la  Corte  que,  oficiosamente, en aras de restablecer la  garantía  de defensa, así como el derecho a la verdad y a la justicia, declare  la  nulidad  de  lo actuado a partir, incluso, de la audiencia del 6 de marzo de  2013  (concentrada), a efectos de que se asegure la aptitud en el traductor y en  la traducción.   

Entonces,   los  jueces,  de  control  de  garantías  y de conocimiento, habrán de acreditar debidamente a la persona que  en  esa  condición  actúe  y  velarán,  en la medida de lo posible, porque la  traducción que se realice sea idónea.   

Como consecuencia, de la medida adoptada, la  Sala   ordenará   la   libertad   inmediata  e  incondicional  de  Murry  Estévez,  por   razón   de  este  proceso  y  siempre  que  no  sea  requerido  por  otra  autoridad.   

Teniendo   en  cuenta  su  condición  de  indígena,  sujeto de especial protección por parte del Estado, y toda vez que,  según  consta  en  el expediente, varios de los integrantes de la comunidad que  se  alojaba  en el albergue donde ocurrieron los hechos ya retornaron a su lugar  de  origen,  se  oficiará  a  la  Alcaldía  Mayor  de  Bogotá, Secretaría de  Gobierno,  Dirección  de  Etnias, o a quien haga sus veces, para que realice el  acompañamiento de rigor.   

27.  Finalmente,  la  Corporación quiere hacer un llamado de atención  en   relación   con   la   actuación  deficiente  advertida  a  lo  largo  del  proceso.   

La  Fiscalía General de la Nación, pese a  tener  oportuna noticia del acceso perpetrado, no actuó con prisa y diligencia.   

Los  investigadores  que  acudieron  a  la  vivienda  esa  misma  noche, en la madrugada y en la mañana del día siguiente,  no  recogieron  elementos materiales probatorios ni evidencias físicas que, por  la prontitud, habrían permitido dar con el real responsable.   

En  la  primera  oportunidad, solo hicieron  reconocimiento  del  lugar;  en  la  segunda, únicamente presenciaron cuando la  niña  hizo  el  señalamiento  de  los  lugares;  y  en la tercera iniciaron la  inspección  para  buscar  fluidos  y  hacer  un  álbum  fotográfico,  empero,  cancelaron  las  actividades  investigativas debido a la llamada de la Directora  de  la  Unidad  de Delitos Sexuales en la que se les comunicó que el asunto era  competencia    de   la   jurisdicción   indígena104, por lo que exclusivamente  alcanzaron a tomar algunas fotos.   

Ese  actuar,  a todas luces reprochable, le  impidió  cumplir con una adecuada, completa y suficiente investigación. Aunque  los  testigos  –auxiliar de  enfermería,  psicóloga  y madre de Y.Q.A.- acreditaron el excesivo sangrado de  la  menor –las dos primeras  utilizaron     el     término     “charco    de  sangre”-  y  la prueba sexológica lo corroboró, al  tiempo  que  evidenció  hematomas  y  desgarros,  recomendó  atención médica  urgente  para  suturar  lesiones  y figura que tomó muestras para detección de  semen  y posible cotejo genético, no se trasladó al plenario resultado alguno.   

Desde la primera visita habrían podido, con  fundamento  en  lo  dispuesto  en  el artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  adelantar  los actos urgentes, tales como como recolección de  evidencia  física,  sangre, fluidos, embalar elementos materiales probatorios y  tomar  entrevistas, sin perjuicio de que con posterioridad se determinara que el  asunto  no  era  de  competencia de la justicia ordinaria, caso en el cual sólo  les   comportaba  hacer  la  remisión  pertinente  a  las  autoridades  nativas  correspondientes.  Sin  embargo,  se desaprovechó esa valiosa oportunidad, que,  sin duda, habría dado otro giro al proceso.   

El  juez que controló las garantías en la  audiencia  preliminar  concentrada  no se percató de la inhabilidad e ineptitud  del   traductor   y  el  juez  de  conocimiento  tampoco  adoptó  medidas  para  salvaguardar   ese   derecho,  así  como  que  la  traducción  fuese  idónea.   

El  delegado  de  la  Fiscalía  cumplió  deficientemente  con  su tarea de llevar al juicio testimonios de los residentes  del  albergue  a  efectos de que relataran sobre lo acaecido. Su indiferencia se  hace  más evidente, en la forma en que manejó los interrogatorios, no solo los  de  la niña105  y  la madre, que por su idioma y cosmovisión son difíciles, sino  los  de  la  auxiliar  de enfermería y la psicóloga del alojamiento indígena,  desaprovechando  que  tuvieron  contacto  directo  con  la  víctima  y  con  su  progenitora el día de los hechos.   

También  se reprueba la actuación durante  la  vista  oral  del  juez  y  de la representante del ministerio público, como  garante  de los derechos fundamentales, pues sin necesidad alguna, habida cuenta  de  la  suficiencia  descriptiva del informe técnico médico legal sexológico,  admitieron  que, como prueba de la Fiscalía, la médica forense exhibiera en el  juicio  las fotos que de las partes íntimas tomó a Y.Q.A. el día en el que le  practicó  el examen para enseñar los edemas y las laceraciones causadas por el  acceso                     carnal106,  espectáculo  que  pudo  causar  un  grave  perjuicio  indebido  en el juzgador, por razón de un impacto  recargado107.   

Así mismo, a pesar de que se corroboró que  la  traductora  de la niña y de la madre no comunicaba a los asistentes todo lo  que  las  declarantes expresaban y en ocasiones, incluso, no hizo la traducción  pedida,   omitieron  hacer  requerimiento  y  observación al respecto, en aras de salvaguardar los derechos  de  los  intervinientes  y  esencialmente para asegurar un proceso transparente.   

Con  la  finalidad  de  que  no  vuelvan  a  incurrir  en  esas  falencias, la Secretaría de la Sala remitirá copia de esta  providencia  a  los  jueces  que  intervinieron desde el inicio de la actuación  judicial,  así  como  al  Tribunal  Superior,  éste  por  no percatarse de las  mismas,    y    al    señor    Fiscal   General   de   la   Nación.   

Decisión  

28.  La  Corte  no casará la sentencia por  razón  de los cargos propuestos en la demanda de casación presentada, pero sí  oficiosamente  para declarar la nulidad de lo actuado a partir, inclusive, de la  audiencia  concentrada  que  tuvo  lugar  el  6  de marzo de 2013, al tiempo que  dispondrá  la  libertad  inmediata  de  Nelson  Murry  Estévez.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Casar  oficiosamente  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá y, en  su  lugar, declarar la nulidad  de  lo  actuado a partir, incluso, de la audiencia concentrada del 6 de marzo de  2013,   por   las   razones   expuestas   en  la  parte  considerativa  de  esta  providencia.   

Segundo.   Como  consecuencia   de   la   medida   adoptada,  ordenar  la  libertad  inmediata  e  incondicional   de   Nelson  Murry  Estévez,  por razón de este proceso y siempre que no sea requerido por otra  autoridad.   

Para      tal      fin,  la  Secretaría  librará  la  orden de  excarcelación  y  las  comunicaciones respectivas, así como la comunicación a  la  Alcaldía  Mayor  de  Bogotá,  conforme  a  lo  expuesto en este proveído.   

Tercero.   La  Secretaría  remitirá  copia de esta providencia a los juzgadores de instancia,  al  juez  que ejerció funciones de control de garantías y al Fiscal General de  la Nación.   

Cuarto. Contra esta  decisión no cabe recurso alguno   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Suprimió  la  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad  prevista  en el  numeral 2° del artículo 58 del Código Penal.   

2 No se  menciona el nombre para proteger su intimidad.   

3  El  Fiscal  hizo  tal  solicitud  por  ser  la  víctima  menor  de edad.   

4  Cfr. folio 8 de la carpeta  1.   

5  Cfr.   folios  35  a  37  Id.   

6  Información    extraída    del   disco   compacto   2,   contentivo   de   esa  sesión.   

7  Cfr.  folios  4  a  18 del  cuaderno del conflicto.   

8  Cfr.  folios 53 a 57 de la  carpeta 1.   

9  Cfr.   folios  73  y  74  Id,   aunque  con  mayor  precisión, en disco compacto 4.   

10  Cfr.  folios 76 a 81 de la  carpeta 1.   

11 El  17  septiembre  de 2013 no llegó la traductora que asistiría a la víctima y a  su  madre  (Cfr. folios 38 y  84  Id),  como  tampoco lo  hizo  el  21  de  noviembre posterior, recalcando el Juez que no ha sido posible  conseguir  en  Bogotá personas que hablen la lengua nativa. La defensa recordó  que  pese  a  que el acusado entiende algunas palabras de español, no comprende  el      contexto      global      de     una     conversación     (Cfr.   folios   88  a  90  Id).   

12  Cfr.  folios  131  a  134  Id.   

13  Cfr.  folios  142  a  144  Id.   El  Juez  excluyó  algunos  elementos  que  se  pretendían  introducir con el Investigador Fabián  Andrés  Padilla  Gracia,  pero  el  Tribunal,  al  resolver la apelación de la  fiscalía,  en  auto del 19 de marzo de 2014, revocó esa decisión y dispuso su  incorporación    (Cfr.  folios170       a       184       Id.).   

14 No  se  pudo  realizar  por  la  inasistencia de los traductores de la víctima y su  madre,   y   del   procesado,   que  tienen  dialectos  distintos  (Cfr.  folios  194  y  195  Id.).   

15  Folios  202  a  204  Id. En  esta  fecha  el  Juez solicitó cambio de radicación por dificultades en lograr  la   comparecencia   de  los  traductores,  pero  esta  Corporación,  en  auto del 27 de agosto de 2014, se  abstuvo  de  decidirlo porque ese funcionario no probó la estructuración de un  hecho  relevante  que  pudiera  atentar  contra el normal desarrollo del proceso  penal,  pues  no  agotó  todos  los  mecanismos  para lograr la designación de  traductores  (Cfr. folios 4  a 12 del cuaderno del Cambio de Radicación).   

16  Cfr. folios 282 y 283 de la  carpeta   1.  No  se  pudo  realizar  por  imposibilidad  de traslado del traductor hasta el lugar dispuesto  para  hacer videoconferencia con la niña ofendida y la madre, habida cuenta que  ellas regresaron a su lugar de origen en Chocó.   

17  Cfr.  folios  303  y  304  Id.   

18  Cfr.  folios  5 a 13 de la  carpeta 2.   

19  Cfr.   folios  15  a  19  Id.   

20  Cfr.   folios  28  a  67  Id.   

21  Consideró  que  está  integrada  en  la conducta punible atribuida.   

22  Cfr.  folios  49  a 58 del  cuaderno del tribunal.   

23  Cfr.  folio 5 del cuaderno  de casación de la Corte.   

24  Para  efectos  de  garantizar  los  derechos  del  procesado,  a la audiencia se  convocó  y  asistió  un  traductor  de  su  lengua nativa, Juan Carlos Murillo  Sintúa.   

25  Cfr.  record  09:23  del  registro de la audiencia.   

26  Cfr.    record   33:07  Id.   

27 El  artículo  17  del Acto reformatorio derogó el 257 constitucional. Sin embargo,  la  Corte  Constitucional,  en sentencia C-285 de 2016, lo declaró inexequible,  «salvo  en  lo que tiene que ver con la derogatoria,  tanto  de la expresión “o a los Consejos seccionales, según el caso”, como  de  los  numerales 3º y 6º del artículo 256 de la Constitución, en relación  con  lo  cual  la  Corte  se  INHIBE  de  pronunciarse  de  fondo  por ineptitud  sustantiva de la demanda».   

28  Sentencia T-552 de 2003.   

29 La  Corte  Constitucional  ha  manifestado  que  los  conceptos  fuero  indígena  y  jurisdicción      indígena      son      disímiles,     pues     «mientras  el  fuero  indígena  es  un  derecho fundamental de la  persona  estructurado  a  partir  de  la  concurrencia  del factor territorial y  personal   que  pretende  proteger  la  conciencia  étnica  del  individuo,  la  jurisdicción  especial  indígena  se define como un derecho autonómico de las  comunidades  indígenas  de  carácter  fundamental, cuyo ejercicio por parte de  las    autoridades   tradicionales   depende   de   los   múltiples   criterios  jurisprudencialmente  establecidos  por  la  Corte  Constitucional  y el Consejo  Superior  de  la Judicatura para delimitar la competencia. Uno de esos criterios  es el fuero indígena.» (CC T-002/12).   

30  [cita  de la trascripción] “el factor territorial debe entenderse en armonía  con  la  idea  de  ámbito  territorial  de  la comunidad, definida por la Corte  Constitucional  en  otras  providencias, de acuerdo con el cual el territorio es  el  lugar  en  donde  se  desarrolla  la  vida social de la comunidad indígena:  “Como  dentro  de  la juridicidad occidental, es un  contrasentido  que  la  tierra sea sujeto del derecho, entonces, hay que inferir  que  la  Constitución  le  otorga “derechos” es al territorio del resguardo  como  una  entidad  que  en  su  identidad  no  solo  expresa  parte  de nuestra  nacionalidad  colombiana,  sino  que  es un concepto que también se ubica en el  terreno  de  la  cultura (Sentencia T-634 de 1999)”.  Sentencia T-617 de 2010.   

31  [cita   de  la  trascripción]  Esta  noción  de  territorio  hace  eco  de  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos en materia de  territorios  colectivos  de  las  comunidades  indígenas:  “La cultura de los  miembros  de  las  comunidades  indígenas  corresponde  a  una  forma  de  vida  particular    de    ser,   ver   y   actuar    en    el   mundo,   constituido   a   partir   de  su estrecha relación con sus  territorios  tradicionales  y los recursos que allí se encuentran, no sólo por  ser  estos  su  principal medio de subsistencia, sino además porque constituyen  un  elemento  integrante  de  su  cosmovisión,  religiosidad y, por ende, de su  identidad  cultural.  Lo  anterior  guarda  relación  con  lo  expresado  en el  artículo  13  del  Convenio No. 169 de la OIT, en el sentido de que los Estados  deberán   respetar   “la   importancia  especial  que  para  las  culturas  y  valores   espirituales  de los pueblos interesados reviste su relación con  las  tierras o territorios, o con ambos, según los casos, que ocupan o utilizan  de  alguna  otra  manera,  y  en  particular  los  aspectos  colectivos  de  esa  relación.”.   En  consecuencia,  la  estrecha  vinculación  de  los  pueblos  indígenas  sobre sus territorios tradicionales y los recursos naturales ligados  a  su  cultura  que ahí se encuentren, así como los elementos incorporales que  se  desprendan  de  ellos,  deben  ser  salvaguardados por el artículo 21 de la  Convención  Americana”  Corte IDH. Caso Comunidad  Indígena  Yakye  Axa Vs. Paraguay.  Sentencia 17 de junio de 2005, Serie C No.  125.   

32  [cita  de la trascripción] Estos criterios deben aplicarse con cautela en casos  de  comunidades  indígenas que, por causa de desplazamiento forzado, han tenido  que  reubicarse  o  se  encuentran  en  procesos  de  retorno.  Algunas de estas  comunidades  pueden  tener  la  institucionalidad necesaria para conocer el caso  pese   a   no  estar,  temporalmente,  residiendo  en  su  ámbito  territorial.   

33  [cita  de  la  trascripción]  En  este sentido, “no  puede  exigirse  a  la  comunidad indígena que acredite la existencia de normas  escritas,   o   de   compendios   de  precedentes  para  ejercer  la  autonomía  jurisdiccional,  debido  a  que  el  derecho  propio  se encuentra en proceso de  formación  o  re construcción”. Sentencia T-617 de  2010.   

34  [cita de la trascripción] Sentencia T-617 de 2010.   

35  [cita  de la trascripción] El concepto de relativismo  ético  moderado  se  contrapone  al  de relativismo   ético   extremo.   En  la  sentencia  T-254  de  1994 la Corte acogió el primero siguiendo las reflexiones  de  Agnes  Heller:  “Para  esta  autora, el verdadero respeto de la diversidad  cultural  impone  el  respeto   absoluto  a  los parámetros valorativos de las  diversas  culturas,  y  obliga a propender por un relativismo moderado en el que  se  admita  la comparabilidad entre culturas bajo la fórmula de la tolerancia y  el  respeto de la especificidad cultural, salvo los casos en que esta encubra un  inaceptable  doble  código  de  valores  y una situación de fuerza o coacción  susceptible  de  afectar  la vida, la integridad o la libertad de la persona. La  necesidad  de defender unos mínimos universales éticos que permitan trascender  la   especificidad   de   las  diferentes  culturas  y  construir  un  marco  de  entendimiento  y diálogo entre las civilizaciones justifica la adopción de las  Cartas Internacionales de Derechos Humanos”.   

36  [cita inserta en la trascripción] Ibíd.   

37  Cfr.  folios  4  a  18 del  cuaderno  del conflicto.   

38  Cfr.   página   9   del  proveído.   

39  Id.   

40  Cfr.   página   6   del  fallo.   

41  Id.   

42  Así  lo  manifestó  su gobernador en la audiencia de imputación (Cfr.  record  07:56 del cuarto registro,  disco compacto 2).   

43  Cfr. record 09:02, registro  cuatro, del CD 2.   

44  Cfr.    record   11:52  Id.   

45  Cfr.    record   14:22  Id.   

46  Cfr. folio 24 de la carpeta  1.   

47  Id.   

48 No  se tiene conocimiento si es o no familiar del acusado.   

49  Cfr. folios 263 y 265 de la  carpeta 1.   

50 Ser  la víctima menor de 14 años.   

51 Hay  que  señalar  que  lo correcto era 234 meses +1 día a 276 meses, empero no hay  lugar  a  hacer  corrección  alguna por principio de favorabilidad, dado que el  procesado es apelante único.   

52  Cfr.  páginas 14 y 15 del  fallo.   

53  Adoptada  por  la  Asamblea  General de las Naciones Unidas en Resolución 217 A  (III) de 10 de diciembre de 1948.   

54  Aprobada  en  la Novena Conferencia Internacional Americana, Bogotá (Colombia),  abril de 1948.   

55  Adoptado  por  la  Asamblea General de las Naciones Unidas en Resolución 2200 A  (XXI),  de  16 de diciembre de 1966 (entró a regir para Colombia el 23 de marzo  de 1976, en virtud de la Ley 74 de 1968).   

56  Suscrita  en  San José de Costa Rica el 22 de noviembre de 1969 (entró a regir  para   Colombia   en   18  de  julio  de  1978,  en  virtud  de  la  Ley  16  de  1972).   

57  [cita  inserta  en el aparte trascrito] Los textos de las versiones en inglés y  francés  de  la  Declaración  Universal de Derechos Humanos y del PIDCP apoyan  esta  interpretación. Las primeras emplean el término “fair hearing” y las  últimas   la   expresión   “droit   á   ce   que  sa  cause  soit  entendue  équitablement”.  En cuanto a la Convención Americana, la versión en inglés  del  primer  párrafo  del  artículo 8 consagra el derecho a ser oída, “with  due    guarantees”,    pero    el    título    del   artículo   es   “Fair  trial”.   

58  Cfr.    O’Donnell  Daniel. (2004). Derecho   Internacional   de   los   Derechos   Humanos.  Normativa, jurisprudencia y doctrina de los sistemas universal e  interamericano  (pp.  368). Bogotá, Oficina en Colombia del Alto Comisionado de  las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.   

59  Citado  en obra ut supra (pp  371).   

60  Cfr.    Caso   Bámaca  Velásquez  Vs.  Guatemala, Sentencia de 25 de noviembre de 2000 (fondo), párr.  189.   

61  Cfr. Caso Loayza Tamayo Vs.  Perú. Sentencia de 17 de septiembre de 1997, párrafo 62.   

62 13  de abril de 2000.   

63  [Cita  inserta  en  el  aparte  trascrito]  El  derecho  a un juicio justo está  regulado   en   varios  artículos  de  la  Convención  a  saber,  7,  8,  9  y  25.   

64  21° periodo de sesiones 1984.   

65  https://conf-dts1.unog.ch/1%20SPA/Tradutek/Derechos_hum_Base/CCPR/00_2_obs_grales_Cte%20DerHum%20%5BCCPR%5D.html.  Consulta  realizada  el  1  de  noviembre  de  2016  a  las 5:20  pm.   

66  Comité   de   Derechos   Humanos.  Caso  Dominique  Guesdon  v.  France  (1990)  Comunicación  n.°  219/1986 U.U., párrafos 10.2 y 10.5 y Caso Ives Cadoret v.  Francia (1991). Comunicación n.° 221/1987, párr. 5.6.   

67  Suscrito en Roma el 4 de noviembre de 1950.   

68  Cfr.  record 06:41, primer  registro, disco compacto 2.   

69  Cfr.  record  29:50, disco  compacto 4.   

70  Cfr.    record   31:10  Id.   

71  Cfr.   record   1:53:05,  registro cuarto, disco compacto 2   

72  Cfr.   record   1:53:14  Id.   

73  Cfr.   record   1:54:42  Id.   

74  Cfr.   record   1:55:15  Id.   

75  Cfr.   record   1:55:18  Id.   

76  Cfr.   record   1:56:17  Id.   

77  Cfr.   record   1:57:24  Id.   

78  Cfr. record 1:58:12 Id.   

79  Cfr. record 02:35, registro  cuarto del disco compacto 2.   

80  Cfr.    record   03:29  Id.   

81  Cfr.    record   03:50  Id.   

82  Cfr.    record   04:03  Id.   

83  Cfr.    record   05:08  Id.   

84  Cfr.    record   27:15  Id.   

85  Cfr.    record   35:38  Id   

86  Cfr.    record   35:50  Id.   

87  Cfr.    record   36:11  Id.   

88  Cfr.    record   36:17  Id.   

89  Cfr. record 01:03, registro  5 del disco compacto 2.   

90  Cfr.    record   01:15  Id   

91  Cfr.  primer  registro del  disco  compacto  16  (ya  para  la  fecha habían regresado a su comunidad en el  Chocó).   

92  Trabajadora  Social  de  la  Asociación de Cabildos Indígenas del Departamento  del Chocó.   

93  Durante  el testimonio de la progenitora, el defensor pregunta si la habitación  que  señaló la niña en la madrugada siguiente a los hechos era la del agresor  y  Dora  Elena,  la  traductora, responde que sí. Sin embargo, ese abogado pide  que  por  favor  comunique  todo  lo que aquélla relata, puesto que no lo está  haciendo.  El  Juez,  entonces,  hace tal reclamó y la traductora, sin dialogar  con  la  testigo,  simplemente  afirma  «ella  está  respondiente      que      sí»     (cfr.  record  56:24 del segundo registro  el disco compacto 16).   

94  Id.   

95  Cfr.    record   32:27  Id.   

96  Allí  en  el  Centro  de  Servicios de Pereira también estaba el traductor del  procesado.   

97  Cfr.    record   45:50  Id.   

98  Cfr.    record   24:59  Id   

99  Cfr.    record   25:07  Id.   

100  Cfr.    record   31:32  Id.   

101  Cfr.    record   32:47  Id.   

102  Cfr.    record   32:54  Id.   

103  Cfr.  pie de página 29 en  páginas 9 y 10 del fallo de segunda instancia.   

104  Así  lo  manifestó  en  juicio  y  lo plasmó en su informe el investigador de  policía judicial Armando Jacinto Silva.   

105  No  resulta  admisible  que  a  una  menor  de  escasos  7 años se le pregunté  ¿qué sintió luego de la penetración? (cfr,  record  20:10    del    primer    registro    del    disco    compacto   16).   

106  Dicto compacto 10, segundo registro.   

107 A  la  luz  del  literal  a) de artículo 376 del Código de Procedimiento Penal de  2004,   toda   prueba   pertinente   es   admisible,   salvo   que  «exista  peligro  de causar grave perjuicio indebido».     

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