SP16846-2014(42561)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrada ponente  

SP16846-2014  

Radicación N° 42.561  

(Aprobado Acta N°  432)   

Bogotá  D.C., diez (10) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas y  lógicas   de   la  demanda  de  casación  presentada  por  los  defensores  de  Estela   y   Doris  Cecilia  Barrios  Mendoza contra la  sentencia  proferida  el  24  de  junio  de  2013 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  revocó  la absolución impartida el 26 de enero de  2012  por  el Juzgado Quince Penal del Circuito de esta ciudad y, en cambio, las  condenó  por  el delito de peculado por apropiación, a la primera, en concurso  con   tentativa   del   mismo  reato  –en  concurso  homogéneo  y sucesivo- y a la segunda únicamente en  la modalidad consumada.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

ESTELA BARRIOS MENDOZA laboró en Puertos de  Colombia,  Terminal  Marítimo y Fluvial de Barranquilla, desde el 16 de febrero  de  1987  hasta el 31 de diciembre de 1993, por la liquidación definitiva de la  compañía  en  virtud  de  la  Ley  1ª  de  1991.1   

Mediante acto administrativo 049500 de 24 de  diciembre             de             19932, la empresa canceló a ésta,  la  suma  de  $6.054.773.29  por  concepto de prestaciones sociales.3   

El  27  del  mismo mes y año, en virtud de  acta      de     conciliación     (no101-2449)4    suscrita    entre    la  extrabajadora  y  el  representante  legal  de  la  entidad  en liquidación, se  reconoció   en   su   favor   por  su  condición  de  directivo  sindical  una  compensación        por        $2.522.863.925.   

Al  día  siguiente aceptó del patrono, la  suma  de  $5.217.562.65 como indemnización por retiro del cargo, según acuerdo  plasmado         en         acta         24486,  pago  que  fue  ordenado en  Resolución                  0495947,   emitida  por  el  gerente  William Hernández Carrillo.   

No obstante lo anterior, el 23 de diciembre  de    19968,  pidió  de  la  misma el reconocimiento y pago de la pensión de  jubilación  para  lo  cual aportó, según la acusación, documentación falsa;  petición  que se negó mediante Resolución 1376 de 26 de septiembre de 1997 al  advertir    que    no    le    asistía    derecho9.   

De   igual   forma,   luego  de  efectuar  personalmente  reclamaciones  administrativas confirió poder a varios abogados,  entre  ellos,  FIDEL  ERNESTO  OÑORO  RETAMOZO y DORIS CECILIA BARRIOS MENDOZA,  para  que  en  su  nombre instauraran procesos laborales ordinarios y ejecutivos  contra  el  Fondo  de  Pasivo  Social  —Foncolpuertos-  a  través  de  los  cuales  solicitó  pensión de  jubilación  y  reajustes  sucesivos  de  conceptos  laborales  ya satisfechos o  prestaciones  no  consagradas  en  la  ley  ni  en  la Convención Colectiva del  Trabajo,   pretensiones   que  en  su  mayoría  fueron  acogidas,  logrando  el  desembolso de cuantiosas sumas; así:   

1.-  Por demanda instaurada (el 17 de abril  de    199510)  por  el abogado FIDEL ERNESTO OÑORO RETAMOZO, el 25 de enero de  1996  el  Juzgado  Quinto  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla  condenó  a  Foncolpuertos  a  pagar a ESTELA BARRIOS MENDOZA: reliquidación de: i) la prima  de  antigüedad  correspondiente  al  segundo  trienio  (sic),  ii)  la prima de  servicios  correspondiente  al  periodo  de  los  años 1991 y 1992, iii) de las  vacaciones  proporcionales,  iv) de la prima de vacaciones proporcionales, y) de  la   prima   de   antigüedad   proporcional,  vi)  de  la  prima  de  servicios  proporcional,  reliquidación  de  cesantía y, salarios moratorios a partir del  12  de  marzo  de  1994  hasta cuando se cancelara lo adeudado (sic)11.   

El  16  de  marzo de la misma anualidad, el  despacho  libró  mandamiento  de  pago  por  la suma de $24.447.770.10, el cual  ordenó  cumplir la demandada, según Resolución 1768 de 3 de noviembre de 1997  en       cuantía       de       $28.739.477.6912,   que   se   canceló  al  apoderado  según  comprobante  de  egreso 103.478 de la fiduciaria la Previsora  S.A.13   

La  sentencia fue revocada en su integridad  por  la  Sala Laboral de Descongestión de esta Corporación, en decisión de 27  de  septiembre  de  2001  al  resolver  la  consulta14.   

2. El Juzgado Cuarto Laboral del Circuito de  Barranquilla  dentro del proceso ordinario 13148 -demanda que presentó el 18 de  abril   de   1995   el   abogado   Luis  Alberto  Gutiérrez  Alfaro15-,  emitió  fallo    el    22    de    noviembre    siguiente16  en  el  cual  condenó  a  Puertos  de  Colombia  a pagar a ESTELA BARRIOS MENDOZA: i) prima de servicio de  diciembre  de  1991  a diciembre de 1993, ii) vacaciones años 1992 y 1993, iii)  prima  de  vacaciones  por  el  mismo  período,  iv)  prima  de antigüedad 2°  trienio,  v) reliquidación de las prestaciones sociales definitivas: vacaciones  proporcionales,   prima  de  vacaciones  proporcionales,  prima  de  antigüedad  proporcional,     prima    de    servicio    proporcional,    v)    (sic)  auxilio de cesantía definitiva y  vi)  la suma de $30.814.38 diarios a partir del 11 de marzo de 1994 por concepto  de salarios moratorios.   

Con fundamento en la sentencia impuesta, la  exportuaria  por  intermedio  de María Gladys Varela Flórez, presentó demanda  ejecutiva  el 12 de octubre de 2001, cuyo trámite correspondió al Juzgado Once  Laboral      del     Circuito     de     Bogotá17    bajo    el    radicado  0757.   

El  31  de  ese  mes  y  año,  se  libró  mandamiento            de            pago18   y  el  14  de  junio  de  200219  se  liquidó  el  crédito  por  la  suma  de $87.795.463.70, sin  embargo,  en  atención  al  oficio  remitido  por la Contraloría General de la  República20   y  el  Ministerio  de  Trabajo  y  Seguridad  Social21,  el 29 de  julio          de          esa          data22  se  abstuvo  el  Juez  de  ordenar  la  entrega  a la parte actora del título judicial en el que consta la  señalada cifra.   

En   decisión  de  4  de  septiembre  de  200223,  el  aludido  Despacho judicial declaró la nulidad de lo actuado  dentro  del  proceso,  a  partir  del  auto  que  libró  mandamiento  de  pago,  determinación  que  fue impugnada por la parte actora y confirmada en todas sus  partes  por  la  Sala  Laboral  de  esta  Corporación  el  28 de octubre de esa  data24.   

3. Con ocasión a las pretensiones incoadas  por  el  mismo  Gutiérrez  Alfaro  en  escrito  presentado  el  18  de abril de  199525,   nuevamente   el   Juzgado   Cuarto   Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla  -radicado  13149-,  condenó a Foncolpuertos mediante sentencia de  17        de        abril        de       199626  al  reconocimiento a favor  de     la     mencionada,    de    $32.650.837.6727  por concepto de diferencia  de  sueldos de los meses de octubre a diciembre de 1992 y enero a abril de 1993,  diferencia  de  vacaciones  compensadas  en  octubre  de 1992, reliquidación de  vacaciones   y   prima   de  vacaciones  proporcionales,  prima  de  antigüedad  proporcional,  prima  de  servicio proporcional, auxilio de cesantía y sanción  moratoria,   fallo   que  fue  conciliado  el  5  de  mayo  de  199828  ante  la  Inspección  Octava  del  Trabajo  Regional Bogotá por la abogada DORIS CECILIA  BARRIOS                    MENDOZA29,     por     valor    de  $66.000.000.00,   cuyo   desembolso   ordenó   la  Entidad  a  través  de  las  Resoluciones   1369   y   2070   de   mayo   de  este  último  año30.   

El  19  de  septiembre  de 200331,    el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Santa Rosa de Viterbo, en sede de  consulta,  revocó  íntegramente  la referida providencia, al considerar que no  existía  evidencia de descuentos de índole judicial o sindical que sustentaran  el  reconocimiento de diferencia de sueldos estimados por el a quo a favor de la  exportuaria,  quien,  al acogerse al programa de retiro voluntario, aceptó como  indemnización  $5.217.562.65, luego, no podía revivir el conflicto ya dirimido  con su empleador.   

4.  Manuel Arturo Jiménez, apoderado de la  extrabajadora,  presentó  demanda  ordinaria,  cuyo trámite se adelantó en el  Juzgado  Sexto  Laboral  del Circuito de Barranquilla -radicado 9532-, autoridad  que   en   sentencia   de   diciembre  12  de  199732,  condenó al Fondo al pago  de  diferencia de sueldos de 1° de enero al 15 de septiembre de 1991, por “la  nivelación  de categoría de sexto a séptimo nivel F”, concepto que de suyo,  conllevó  a la reliquidación de horas extras, vacaciones, prima de vacaciones,  prima  de antigüedad proporcional y prima de servicio proporcional, e impuso la  Cancelación  de  $30.814.38  diarios  a  partir  del  11  de  marzo de 1994 por  sanción moratoria.   

El  19  de  diciembre  de  1997  se  libró  mandamiento  de  pago  por  valor  de $69.220.839.9333, cantidad que de acuerdo al  documento  denominado  “liquidación  de  sentencias y mandamientos de pago”  fue   computado  junto  con  salarios  moratorios  e  intereses  comerciales  en  $86.504.101.8234.   

No  obstante,  la  citada  providencia  fue  revocada  el  20  de  enero  de  2004  en sede de consulta por la Sala Única de  Decisión del Tribunal Superior de Pamplona.   

5.  Mediante  sentencia de 17 de febrero de  199835,  el  Juzgado  Primero  Laboral  del  Circuito de Barranquilla, en  proceso  ordinario 12832 condenó al Fondo a pagar a la exportuaria: 1.662 horas  extras  laboradas en 1992; 282 refrigerios, 58 días de descanso remunerado y el  consecuente  reajuste de prestaciones sociales y salarios moratorios equivalente  a  la  suma  diaria  de  $33.364.38  a  partir  del  12  de marzo de 1994. El 27  siguiente  se libró mandamiento de pago por valor de $61.598.756.1436; actuación  que  fue  declarada  nula  en audiencia pública de marzo 7 de 2002, por haberse  omitido    el    trámite    de    la    consulta37.   

El 30 de agosto de esa anualidad38,  la  Sala  Laboral   del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla   en   razón  al  grado  jurisdiccional,  revocó  el  fallo  de  primera instancia al establecer que las  copias  aportadas  por  el apoderado de la demandante en la segunda audiencia de  trámite,  carecían  de  valor  probatorio  por  no  cumplir con los requisitos  exigidos en el Código de Procedimiento Civil.   

Además, instauró otros procesos laborales:  n°  15117 representada por Arturo Rafael Jiménez Sánchez por pago de días de  salario  promedio  entre el vencimiento del plazo estipulado y la fecha efectiva  de  realización del examen médico de retiro; 15296 que promovió Manuel Arturo  Jiménez  Sánchez por despido unilateral, injusto e ilegal; 14048 apoderada por  Maritza  de  Jesús  Tatis  Ricardo  por recargo 35% trabajo nocturno, todos que  cursaron   en   el   Juzgado  Cuarto  laboral  del  mismo  Circuito.39   

2. El 15 de noviembre de 2002, un Fiscal de  la  Unidad  Investigativa  Especial  de  Foncolpuertos,  con  sede  en  Bogotá,  profirió   resolución   de   apertura   de  investigación  previa40.   

3.  El  13  de  mayo  de  2003, se declaró  formalmente  abierta  la  instrucción y se ordenó la vinculación a través de  indagatoria  de  Estela  Barrios  Mendoza y   María   Gladys   Varela   Flórez41.   

4.  Lo  mismo  dispuso la Fiscalía Segunda  Seccional    de    la    Capital    –a  la  cual  se  le reasignó el sumario- el 9 de noviembre de 2004  respecto   de   Fidel   Ernesto   Oñoro   Retamozo42,  y el 29 de agosto de 2005  frente  a  Doris  Cecilia  Barrios Mendoza43.   

5.  El  6 de agosto de 2006 se clausuró el  ciclo  instructivo en relación con Estela y   Doris   Cecilia   Barrios   Mendoza  y    Fidel    Ernesto    Oñoro   Retamozo44.   

6.  El mérito del sumario se calificó con  resolución  mixta  del  22  de  diciembre siguiente, por cuyo medio se acusó a  Doris     Cecilia    Barrios    Mendoza  y  Fidel  Ernesto Oñoro Retamozo como determinadores del injusto  de  peculado  por  apropiación  (artículo  133  del Código Penal de 1980) y a  Estela  Barrios  Mendoza por  el  mismo  delito  consumado  y  en  igual  grado de participación, en concurso  homogéneo  y sucesivo –en  la  modalidad  tentada-,  en  concurso  heterogéneo  con  falsedad  material en  documento  público,  agravada  por  el  uso, en concurso homogéneo y sucesivo,  fraude procesal y tentativa de estafa agravada.   

Igualmente, se precluyó la investigación a  favor  de  las  hermanas  Barrios  Mendoza  por  los  punibles  de  falsedad material en documento público y  falsedad  ideológica en documento público y se declaró la prescripción de la  acción  penal a favor de todos los sindicados por el injusto de prevaricato por  acción.45   

7. Contra esta determinación, Fidel Ernesto  Oñoro  Retamozo  interpuso  recurso de reposición y en subsidio de apelación.  El  primero  se  desató  el  3  de  mayo de 2007 en el sentido de no reponer la  decisión                  impugnada46  y  el  segundo,  el  14 de  agosto  de  2009  por  la  Fiscalía  50  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Bogotá,                confirmándola47.   

8. El conocimiento del asunto, inicialmente,  le  correspondió  al  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la capital, despacho  que,  el  5 de octubre de dicho año, dispuso correr el traslado de que trata el  artículo    400   de   la   Ley   600   de   200048.   

9.  Conforme al acuerdo PSAA10-6691 de 2010  de  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, el 23 de marzo  de  2010  el  expediente  se  remitió  a  los  jueces  penales  del circuito de  descongestión49,   correspondiéndole   al  Octavo,   el   cual   tras  avocar  la  actuación  el  12  de  mayo  del  mismo  año50,   celebró   la   audiencia   preparatoria   el   17   de   junio  ulterior51.   

10. La vista pública de juzgamiento inició  el    28    de    septiembre    de    ese    año52,   continuó   el   22  de  octubre53   y   concluyó   el   19   de   noviembre   posterior54.   

11. En cumplimiento del Acuerdo PSAA10-6847  de  2010, el asunto se reasignó al Juzgado 48 Penal del Circuito de Bogotá, el  cual   lo   avocó   el   11  de  febrero  de  201155,   pero   nuevamente,  por  razón  del  Acuerdo  PSAA11-8074  el  30  de mayo siguiente pasó al Juzgado 55  Penal    del   Circuito   de   la   misma   ciudad56,  y luego, el 19 de octubre  de  ese  año  a  su  homólogo  15  con  ocasión  del  Acuerdo  PSAA11-8670 de  201157,  despacho  que finalmente dictó el fallo de primera instancia el  26 de enero de 2012.   

12.  En  dicha  providencia,  de  carácter  absolutorio,  se  declaró prescrita la acción penal por uno de los punibles de  peculado     por    apropiación    –el  de  cuantía  de  $28.739.477,69-, en  favor  de  Oñoro  Retamozo y de falsedad en documento público, agravada por el  uso  y  estafa  imperfecta  respecto  de Estela Barrios  Mendoza58.   

13.  Inconformes  con  esta  decisión, los  representantes  de  la Fiscalía y del Ministerio Público interpusieron recurso  de  apelación  que  fue  decidido  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá   el   24   de   junio   de   2013,   en   el  sentido  de  revocar           parcialmente el proveído impugnado para  declarar  penalmente responsables a Estela y      Doris      Cecilia     Barrios  Mendoza  por  el delito de peculado por apropiación,  en   calidad   de   determinadoras,   la  primera,  en  la  modalidad  consumada  –un  comportamiento-, en  concurso  con  el  mismo  punible, en grado de tentativa, en concurso homogéneo  –tres  conductas-  y  la  segunda,      solo      por      ese      injusto     consumado     –un punible-.   

Les impuso las penas principales de noventa  y  seis  (96)  y setenta y ocho (78) meses de prisión, respectivamente, y multa  en  cuantía  de  sesenta  y  seis millones de pesos ($66.000.000), así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  la sanción privativa de la libertad y la condena  solidaria   en   perjuicios   materiales   por   dicha   suma.   A  Doris  Cecilia,  además la sancionó con  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la  profesión  de  abogado, por igual  término.  Por último, les negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y la prisión domiciliaria.   

Del    mismo    modo,    revocó la declaración de prescripción  por     el     reato     de     peculado     por    apropiación    –por          valor         de  $28.739.477,69- decretada a  favor   de   Oñoro   Retamozo,   por   lo   que   dispuso   que  «con  la  copia de la actuación que reposa en ese Despacho, [o sea,  el  Juzgado  Quince  Penal del Circuito de Bogotá] se proceda a dictar en forma  inmediata  la  sentencia que corresponda con relación al delito de peculado por  apropiación  decisión  que,  en  lo  que  se  desprende  del  mismo  enunciado  fáctico,    se    hace   extensiva   a   ESTELA   BARRIOS   MENDOZA»59.   

Finalmente,   suspendió   los   efectos  jurídicos  y  económicos  de  la  resolución  1369  del 8 de mayo de 1998 que  ordenó  el  pago  de  $66.000.000  a  favor  de  Doris  Cecilia  y  el  acto  administrativo  2070 del 20 del  mismo   mes60.   

14.  Inconformes  con  el  fallo de segundo  nivel,    Fidel    Ernesto    Oñoro   Retamozo,   las   hermanas   Barrios  Mendoza  y   sus defensores  contractuales   interpusieron   oportunamente   el   recurso  extraordinario  de  casación61.  La  sustentación,  también  en  tiempo,  estuvo a cargo de los  apoderados       de       las       procesadas62.   

LAS DEMANDAS  

    

1. A favor de Estela Barrios Mendoza     

Previa   identificación  de  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  impugnada,  el  defensor sintetiza los hechos y la  actuación  procesal  para,  luego,  postular  tres  cargos, uno principal y dos  subsidiarios.   

     

1. Primer cargo (principal)     

Al amparo de la causal tercera del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000 invoca la nulidad descrita en el numeral 1º del  canon  306  ejusdem, la cual  se  dispone  a  sustentar  conforme  al  cuerpo primero de la causal primera del  referido precepto 207.   

Explica el censor que los jueces de instancia  de  Bogotá  carecían  de  competencia  para  adelantar  el  juzgamiento porque  desconocieron  el factor territorial, habida cuenta que el delito se ejecutó en  Barranquilla,  y  la  actuación  ha  debido  ser  conocida  por  los operadores  judiciales de ese distrito.   

De este modo, se violaron, de forma directa,  los  artículos  29  de  la Constitución Política; 6º del Código Penal, 6º,  11,  24  y  306.1  del  Estatuto Adjetivo Criminal; 15 del Pacto de San José de  Costa   Rica;   y   8º   y   9º   de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos.   

En  criterio  del  jurista,  las  normas  de  competencia  –y  no solo  las  relativas  al principio de juez natural- son de obligatorio acatamiento, al  tenor de los cánones 2º, 4º y 29 de la Carta.   

Así mismo, tras mostrarse inconforme con la  figura   del   cambio   de   radicación   que,   a  su  juicio,  «se  hace  de  espaldas  a  las  garantías  del  juez natural o del  respeto  al  factor  territorial  como  parte  de  la competencia del juez o del  Tribunal»63, precisa que, en este caso,  pretende  discutir  únicamente  lo  relativo  al mentado factor de competencia,  para  lo  cual  recuerda  que  la  cuestión  fáctica acaeció en Barranquilla,  cuando     Estela    Barrios    Mendoza  le  confirió  poder  a un abogado para que promoviera un proceso  ordinario  laboral  contra  Foncolpuertos,  lo cual hizo el 17 de abril de 1996,  obteniendo  fallo  favorable  a  sus  pretensiones,  y  mandamiento  de pago por  $32.650.837.67  el  21 de mayo del mismo año, de tal forma que toda la conducta  se desarrolló en esa ciudad.   

Aunque     después,     Doris  Cecilia Barrios Mendoza representó  a  su  hermana,  ante  la  Inspección  Octava de Trabajo de Cundinamarca, en la  conciliación  que  tenía  por  objeto  el  pago de dicha suma, esta actuación  administrativa  es  un «acto accesorio, por cuanto el  proceso  ejecutivo  laboral se debió continuar en la ciudad caribeña, es decir  al  finiquitarse el mandamiento de pago y cobrar ejecutoria el referido auto, ya  la  apropiación desde la perspectiva legal se encontraba alcanzada.»64   

Para  reforzar su tesis, añade que si no se  hubieran  creado juzgados de descongestión para el tema Foncolpuertos, con sede  en  Bogotá,  la  etapa  del  juicio  tendría  que  haberse  llevado  a cabo en  Barranquilla  y  que  no  era  viable  aplicar  la  figura  de  la competencia a  prevención, descrita en el artículo 83 del Código Penal.   

En  cuanto a los procesos radicados bajo los  números  1348, 9532 y 12832, tramitados en ese distrito, respecto de los cuales  no  existió  pago  de la condena, cree que «al (sic)  conducta  relacionada  con  aquellos debió llevarse a cabo en el Circuito Penal  de    Barranquilla»65.   

Volviendo   al   tema   de  la  medida  de  descongestión  confeccionada  para  el  manejo de los asuntos de Foncolpuertos,  destaca  que  ella culminó con el Acuerdo PSAA09-6062 de 2009, el cual señaló  que  los  juzgados penales del circuito de descongestión funcionarían hasta el  30  de  septiembre  del  mentado  año  y  que  los  despachos primero y segundo  fallarían  durante la prórroga la totalidad de los procesos a ellos asignados.  Como  esto  no  se  cumplió,  -todos  lo  sabemos, dice el censor- los procesos  debían  ser  reenviados a los jueces competentes respectivos, que para el caso,  era Barranquilla.   

Enseguida,  elabora un minucioso recuento de  la  actuación  procesal  correspondiente a la fase del juzgamiento y critica al  Juez  Cuarto  Penal  del Circuito de Bogotá por ignorar que para cuando asumió  conocimiento  del  asunto  -5  de  octubre  de  2009-  estaba vigente el mentado  acuerdo  que  disponía  el reenvío del proceso a la autoridad competente, así  como  a  los demás jueces que tramitaron la actuación y sujetos procesales que  no advirtieron el punto.   

Resalta  que  la  apoderada de Fidel Ernesto  Oñoro  Retamozo  solicitó  la nulidad por ausencia de competencia, pero en una  decisión,  carente  de  motivación,  pronunciada  durante la sesión del 22 de  octubre   de   2010   de  la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  se  estimó  extemporánea,  siendo  que  las  nulidades  pueden  ser planteadas en cualquier  momento, a voces del artículo 308 de la Ley 600 de 2000.   

El  defecto, según el letrado, es relevante  ya  que  la sentencia fue dictada por un juez incompetente, yerro que trasciende  a  la  segunda  instancia  y  lesiona  el  debido  proceso  en  su componente de  competencia.   

De la misma manera, asegura el jurista que la  censura  cumple los principios orientadores de las nulidades porque se ampara en  una  causal  de  nulidad  prevista en la ley, no existe otro medio procesal para  subsanar   la   falencia   y   «el   principio   de  convalidación  es  eminentemente  relativo  y no opera cuando se transgrede una  garantía  fundamental»66,  además  que  la falta de  queja  al respecto del defensor que lo precedió, «no  guarda  la  envergadura  necesaria  para  inferir  que  se  convalidó  el  acto  irregular»67   y  tampoco  provocó  la  irregularidad.   

En consecuencia, solicita declarar la nulidad  de  lo  actuado  desde  el auto del 5 de octubre de 2009, por cuyo medio el Juez  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Bogotá se abrogó la competencia y dispuso el  traslado  del  artículo 400 del Código de Procedimiento Penal, a fin de que la  Fiscalía     envíe    el    diligenciamiento    al    juez    competente    de  Barranquilla.   

     

1. Segundo cargo (subsidiario)     

Invoca la causal primera, cuerpo segundo del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  y acusa el fallo de segundo grado de  incurrir  en  la  infracción indirecta de la ley sustancial por falso juicio de  existencia  por suposición, que condujo a la falta de aplicación del canon 7º  ejusdem y a la aplicación  indebida  de los preceptos 9º, 10, 11, 12, y 30, inciso 2º del Código Penal y  232 del Estatuto Procedimental.   

Para  acreditarlo,  previa  alusión  a  la  técnica  que  rige  el yerro seleccionado, transcribe algunos apartes del fallo  absolutorio  de  primera  instancia  en  los  que se aplicó el criterio de duda  razonable  y  compendia,  en  extenso,  el  de  segundo nivel, cumplido lo cual,  asevera  que  este  supuso un medio de conocimiento para demostrar la calidad de  determinadora de su prohijada en los delitos enrostrados.   

Acude a doctrina nacional y a jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  sobre  la  figura  de la determinación y asegura que el  Tribunal  supuso  una  prueba para acreditar que su representada actuó con dolo  como  determinadora de los servidores públicos que intervinieron en el trámite  de  los  procesos  ordinarios y ejecutivos, a fin de apropiarse indebidamente de  unos dineros del erario público.   

Según el jurista, las pruebas supuestas son  las    copias   de   i)   los   procesos   ordinarios   laborales   –salvo  el  identificado  con  el  No.  13149   que   no   fue   allegado   a  la  actuación-,  ii)  las  reclamaciones  administrativas  para  obtener el pago –entre  ellas, la relativa al expediente 13149-, como la que hizo la  abogada   Doris  Cecilia  Barrios  Mendoza  respecto  de  la  sentencia emitida en el radicado número 13148,  iii)  el  proceso  ejecutivo laboral presentado por María Gladys Varela Flórez  frente  a  esa  providencia,  iv)  las sentencias laborales de segunda instancia  dictadas  dentro  de  los  radicados 9532, 12832, v) la Convención Colectiva de  Trabajo  que  sirvió de base a las demandas, y vi) las resoluciones No. 049594,  049593   y   049500   expedidas   por  Puertos  de  Colombia  al  retiro  de  la  procesada.   

En  sentir  del  libelista, dichos elementos  suasorios  demuestran que su representada, a través de varios abogados, inició  procesos  laborales  -uno de estos, desencadenó en una reclamación tendiente a  cobrar  el  valor  de  la condena-, pero no que determinara a los servidores que  intervinieron en los procesos judiciales y administrativos.   

Para  insistir  en  esta  postura,  cita  un  fragmento  de la sentencia de segundo nivel en el que se considera que la prueba  confluye  a  demostrar  tal calidad, y manifiesta que su falta de concreción no  aclara  cuál  de los medios de convicción la acredita, por lo que concluye que  «supone  la  prueba de una forma general y abstracta  para  afirmar  que  en  todos  los procesos laborales actuó como determinadora,  pero  individualmente  no  identifica  si la prueba es directa o indirecta, o al  menos  logra  vislumbrar  en  cuál  es  la  que sustenta la demostración de la  responsabilidad.»68   

Añade  que,  además  de  los  elementos de  persuasión   mencionados,   también   se  valoró  el  testimonio  de  William  Hernández  Carrillo, gerente para el año 2003 del Terminal Marítimo y Fluvial  de  Barranquilla, acervo que, a lo sumo, acredita la materialidad de la conducta  endilgada  más  no  «cómo ni cuándo y a través de  que  (sic)  modalidad  alternativas  (sic)  se sembró la idea criminal por [su]  mandante     en     los     diferentes     servidores     públicos.»69   No  existe,  pues,  nexo  lógico  entre  los  hechos y la condena bajo la modalidad de determinación. En  ese   orden,   la   colegiatura  supuso  la  existencia  de  la  prueba  de  tal  calidad.   

En  criterio  del defensor, si no se hubiera  incurrido   en   el   yerro   denunciado,  la  decisión  atacada  habría  sido  diametralmente    opuesta,    en    aplicación   del   principio   in dubio pro reo.   

En este punto, el libelista cita el fallo de  primer  nivel  en  el  que  se  desvirtúa  la condición de determinadora de la  acusada   respecto  del  delito  de  peculado  por  apropiación,  en  grado  de  tentativa,  en  cuanto  a la orden de pago de $87.795.783.70, que estuvo a cargo  de  la abogada Gladys Varela en favor de Estela Barrios  Mendoza,  en  la  medida que no obra constancia sobre  alguna  investigación  penal  o  condena  en contra del Juez Cuarto Laboral del  Circuito  de  Barranquilla  y  refiere  el  letrado  que  de  la misma manera se  pronunció frente al resto de los punibles reprochados.   

En  el  acápite dedicado a la trascendencia  del  error,  reseña  el  recurrente  que  la determinación no se dedujo de los  actos  de  su  procurada  como  ex  portuaria  sino  del  hecho  de  haber  sido  sindicalista,   lo  cual,  según  el  Tribunal,  la  hacía  conocedora  de  la  ilegalidad  de  lo  pedido en los procesos laborales; esto se expresó así, por  cuanto,  asevera  el  demandante,  la prueba no demostraba más que el actuar de  una persona que se siente mal liquidada.   

Añade  que  la  presunción  de  buena  fe  «no  se  derruye  por  la  aislada  motivación  del  Tribunal»70   y   que  los  principios  rectores   del   Código  Penal,  impiden  elevar  reproche  objetivo  alguno  o  sustentarlo en una mera causalidad.   

Solicita casar el fallo impugnado, revocarlo  y confirmar el proferido en primer grado.   

     

1. Tercer cargo (subsidiario)     

Con  apoyo  en  la  causal  primera,  cuerpo  primero  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, denuncia la infracción  directa  de  la ley sustancial por aplicación indebida del canon 23 del Código  Penal  anterior  y  la  consecuente  falta  de  aplicación del inciso final del  precepto 30 de la Ley 599 de 2000.   

En desarrollo de la censura, recuerda que los  hechos  sucedieron  entre  1995  y  1998,  época para la cual estaba vigente el  Decreto  100  de  1980  y  la figura del determinador como parte del concepto de  autor  (artículo 23), mientras que el único partícipe era el cómplice (canon  24),  pero  con la entrada en vigencia de la Ley 599 de 2000, el determinador es  un  partícipe  –no autor-  (precepto 30), como el cómplice y el interviniente.   

Descendiendo a esta última figura, luego de  definirla,  de  citar  jurisprudencia  sobre  la  aplicación de la lex  tertia  y  el  motivo  de casación  seleccionado  y  de  acudir,  en  extenso,  a  doctrina  nacional  y  a  algunas  decisiones  de  la  Corte  Suprema  acerca  de  los  conceptos de determinador e  interviniente,   distingue  entre  los  dos  y  considera  que  éste  grado  de  participación  es  aplicable,  de  manera  favorable, a su representada, habida  cuenta  que  las  reclamaciones  administrativas que hizo ante Foncolpuertos, en  tanto,  «primer  escaño  que  como  acto  ejecutivo  debió       agotarse       en      el      itinerario      criminal»71,  fueron  las  que después  «permitieron  el trámite de los procesos ordinarios  que  arrojaron  el  pago  de dos de ellos a través de los abogados Fidel Oñoro  Retamozo  y  Doris  Cecilia  Barrios  Mendoza  (…)  y  permitió a la vez, que  respecto  a  tres  procesos  ordinarios  que  no se finiquitaron con pago, se le  condenara   como   determinadora   por   el  delito  de  peculado  en  grado  de  tentativa.»72   

Como  a  partir  de  la prueba obrante en la  actuación,  el  Tribunal estableció que la procesada no intervino directamente  en   los  juicios  ordinarios  y  ejecutivos,  pero  sí  en  las  reclamaciones  administrativas  y  agotó  la vía gubernativa, con conocimiento de la ilicitud  de  lo  cobrado,  por  haber  sido  líder  sindical y saber de las convenciones  colectivas  de  trabajo,  es  claro  para  el  letrado  que su asistida llevó a  cabo   actos  ejecutivos  materiales  en  el  desarrollo  del  iter   criminis   y   que,  en  sentido  restringido,  es  autora  o  coautora  material  de  los injustos, cuestión que  excluye  la  calidad  de determinadora –ya  que  no  sembró  la  idea  criminal- y la ubica en el plano de  interviniente,       conforme       al       artículo      30      ejusdem.   

Relieva el profesional del derecho que si su  mandante  no  hubiera hecho, por propia mano, las reclamaciones administrativas,  no  habría  podido  iniciar  los  trámites  judiciales laborales ni el decurso  criminal.   He   ahí,  asevera  el  libelista,  el  yerro  de  subsunción  del  ad quem.   

El defecto es relevante porque incidió en la  vulneración   del   principio   de   legalidad,  en  sede  de  tipicidad  y  de  pena.   

Pide  casar  la sentencia confutada y dictar  fallo  de reemplazo que condene a la acusada como interviniente y redosifique la  sanción.   

    

1. A favor de Doris Cecilia Barrios Mendoza     

Luego de identificar los sujetos procesales y  la  providencia  acusada, compendia la cuestión fáctica y el devenir procesal,  postulando    también    tres   cargos,   uno   principal   y   los   restantes  subsidiarios.   

2.1.  Primer  y  segundo  cargo (principal y  subsidiario, respectivamente)   

         Como  quiera  que  la  Corte advierte palmarias semejanzas de estas  censuras  con las identificadas con los mismos ordinales de la demanda promovida  a   favor   de   Estela  Barrios  Mendoza,  esta  Corporación  se  abstiene  de  volver  a sintetizarlas en  aquellos  apartes  idénticos,  con  la  obvia salvedad consistente en que estos  reproches    se   refieren   a   la   conducta   desplegada   por   Doris          Cecilia          Barrios          Mendoza.   

         Como  cuestión  adicional,  en el primer  reparo,  el  libelista precisa que los hechos por los  que  se  investigó  a  su asistida, los cuales se contraen a la representación  judicial    de    su    hermana    Estela  en  la  conciliación  ante  la  Inspección Octava de Trabajo de  Cundinamarca,  a  efecto  de lograr el pago del mandamiento librado por valor de  $32.650.837.67, se suscitaron en Barranquilla.   

En  el  segundo  reproche,  por su parte, luego de transcribir algunos  fragmentos  de los fallos de instancia –absolutorio  y  condenatorio- relativos al compromiso penal o no de  la  abogada  y  de  adverar  que  el  proveído de segundo nivel supuso un medio  suasorio  para  acreditar  la  calidad de determinadora de la procesada, alude a  los   elementos   de   convicción   –indagatoria,  proceso  laboral con radicado No, 13149, poder, actas  de  conciliación  (de  1993  y  1998)  y  de transacción, sentencia laboral de  segundo  grado, testimonio de William Hernández Carrillo, resoluciones mediante  las  cuales  se  ordenó el pago de $66.000.000- y a los tópicos examinados por  el  Tribunal  –o sea, la  razón  por  la que Estela le  sustituyó  a su hermana el mandato conferido inicialmente al letrado Gutiérrez  de  Alba,  el monto de lo pagado, los ítems reclamados y no debidos (vacaciones  compensadas,  diferencia  de sueldos) y la revocatoria de la sentencia ordinaria  laboral por el Tribunal de Santa Rosa de Viterbo-.   

Enseguida,  estima  que  el  ad  quem  no  podía  dar por sentado, a  manera    de    inferencia,   que   Doris      Barrios     Mendoza  sabía  que  las  prebendas  solicitadas  no tenían vocación de  prosperidad,  pues  la misma colegiatura admitió que ella no fue la abogada que  presentó    la    demanda    ordinaria    o    intervino    en   el   ejecutivo  subsiguiente.   

Cuestiona que a la enjuiciada se le hubiere  deducido    responsabilidad    «por   dos   caminos  inconsultos:  uno,  apegado  a  sus calidades personales, a sus atributos y a su  formación   personal,  lo  que  no  es  en  sí  una  prueba  misma»73  e  implica  la aplicación  del  proscrito  derecho penal de autor y «[o]tro, que  se  concluyó erradamente que tenía un conocimiento previo de que lo solicitado  en  los  respectivos  procesos  ordinario  y  ejecutivo  laboral  era  ilegal  o  ilícito,      o      ya     se     habían     (sic)     cancelado,»74  siendo que no intervino en  los trámites judiciales.   

Asevera  el jurista que, la conclusión del  Tribunal  pareciera  fundarse  en  el hecho notorio del desgreño patrimonial de  Foncolpuertos,  cuando  «esa connivencia delictiva en  la  que  participaron  diferente (sic) sectores de la sociedad, no se constituye  por   sí   sola   como   prueba   demostrativa  de  responsabilidad»75  o  regla de la experiencia  que  permita  mantener  la condena, máxime cuando en materia penal no existe la  presunción de dolo.   

A continuación, valora los medios de prueba  recién  enlistados  y  establece  que  las  actas  de  conciliación de 1993 se  realizaron  respecto  de  acreencias legales, pues fueron las pagadas al momento  del   retiro;  el  proceso  laboral  muestra  que  quien  lo  promovió  fue  un  profesional  del  derecho  diverso a la doctora Barrios  Mendoza;  la declaración de Hernández Carrillo solo  da   cuenta   de   que,   como   a   los  demás  exportuarios,  a  Estela  Barrios  Mendoza se le cancelaron  todos  los  valores  adeudados;  y  las  actas  de  conciliación en las que sí  participó  la  jurista  tenían origen en el mandato conferido por su hermana y  están  soportadas  en  el principio de buena fe en el ejercicio de la actividad  profesional.   

De  estos elementos de conocimiento, arguye  el  demandante,  no  se  desprende  que  su  prohijada  actuó  con conciencia y  voluntad  dolosa  pues  no  se  sabe  «como (sic), ni  cuando  (sic)  ni  a  través  de  que  (sic)  comportamiento,  determinó a los  servidores   públicos,   como   erradamente  lo  aduce  el  ad-quem»76, además que las conjeturas  o  presunciones,  que  se  pretenden disfrazar como indicio grave no sirven para  acreditar la certeza.   

En  este  caso,  asegura  el recurrente, no  pretende  criticar  algún error en la inferencia lógica pues no existe ningún  medio  directo  o  indirecto  que acredite la responsabilidad de su defendida en  calidad de determinadora.   

Las peticiones son iguales a las formuladas  en  los  dos  reproches  a  favor  de  Estela  Barrios  Mendoza.   

2.2. Tercer cargo (subsidiario)  

Invoca   la   infracción   directa  por  aplicación   indebida  del  artículo  23  del  Código  Penal  de  1980  y  la  consecuente     falta    de    aplicación    del    canon    24    ejusdem.   

Previa   referencia,   con   apoyo   en  jurisprudencia  de  la  Sala,  a  la  técnica  que  rige  el  motivo  de ataque  seleccionado  y  a  las  categorías  dogmáticas  de  la  determinación  y  la  complicidad,  describe  la  cuestión fáctica, enlista las pruebas examinadas y  afirma  que  el  juez  colegiado  concluyó  que su asistida no intervino en los  procesos  ordinario y ejecutivo laboral, pero tenía conocimiento de la ilicitud  de  lo cobrado y de que no se había surtido el grado de consulta, por lo que su  conducta   no   se   podía   adecuar   a   la   de  determinadora  –no sembró la idea criminal y tampoco  tenía  dominio  del hecho (la que sí tenían los servidores públicos)- sino a  la  de  cómplice porque su actuar «se circunscribió  al   final   del   proceso   delictivo»77,  esto es,  para  consumar  la  apropiación de los dineros y solo participó «cuando  ya  existía una orden judicial que ordenaba unos pagos, lo  que  tenía  como  efecto  que el Fondo de Pasivos debía cancelar dicha suma en  obediencia  a  dicha  decisión,  ello  independientemente  que  aquellos  hayan  actuado   dolosamente   al   condenar   a   esa  persona  jurídica.»78   

Como  existió  solución  de  continuidad  entre  los primeros actos consumativos que terminaron con el mandamiento de pago  y  el  trámite  administrativo  de  cobro,  no  es  posible, asevera el censor,  endilgarle  a  su  mandante  el  hecho  de  sembrar  la  idea  criminal  en  los  funcionarios  judiciales. Por eso, el proceso de subsunción del juzgador plural  fue equivocado.   

La  trascendencia  del presunto yerro y la  pretensión  se  presentan  en idénticos términos que en el tercer cargo de la  demanda   propuesta   a   favor   de   Estela  Barrios  Mendoza, solo que aquí se enfrenta la determinación  con la calidad de cómplice.   

CONSIDERACIONES  

En orden a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

En  ese  sentido,  la  demanda  debe  ser  íntegra  en  su  formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y  eficaz  en  la pretensión, de tal suerte que se debe soportar en los principios  que  rigen  este  mecanismo  de  impugnación,  en  especial,  los  de claridad,  precisión,  fundamentación, prioridad, no contradicción y autonomía, sin que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de  instancia.  La  proposición  de  los  cargos exige escoger adecuadamente la causal y el sentido  de    la    violación    y,    concretar    el    disenso   en   términos   de  trascendencia.   

De  conformidad  con  el artículo 213 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  Sala inadmitirá los libelos,  porque  no  reúnen  las exigencias mínimas previstas en el canon 212 del mismo  Estatuto.   

1.  Primer cargo común a favor de Estela y  Doris Cecilia Barrios Mendoza.   

Profusamente ha insistido la jurisprudencia  de  esta  Corporación  que  la causal de nulidad prevista en el numeral 3º del  artículo  207  ejusdem, no  es  de  libre  postulación,  sino  que  debe  cumplir  mínimos presupuestos de  procedibilidad,  de  tal  forma que es necesario señalar con claridad meridiana  el  fundamento del vicio alegado, su carácter sustancial y la trascendencia que  el mismo tiene en la decisión censurada.   

Ahora,   cuando   lo  pretendido  es  la  invalidación  por  falta de competencia, la regla de argumentación es mixta en  tanto  la  postulación  se  debe intentar al amparo de la causal tercera habida  cuenta  que  comporta  un  yerro  de  estructura,  pero, como a él se llega por  vicios  in  iudicando,  el  desarrollo  ha  de  agotarse  conforme  a  los lineamientos propios de la causal  primera,  demostrando  que  se incurrió en violación directa o indirecta de la  ley sustancial, según sea el caso.   

En  el asunto de la especie, los censores se  acogieron  a  la  causal  tercera de casación (artículo 207) y a la primera de  nulidad  (canon  306)  y  en  su  acreditación  invocaron el cuerpo primero del  motivo  primero  de  casación;  sin  embargo,  aunque señalaron vulnerados los  preceptos  29  de la Constitución Política, 6º del Código Penal, 6º, 11, 24  y  306.1 del Estatuto Adjetivo Criminal, 15 del Pacto de San José de Costa Rica  y  8º  y  9º  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos, omitieron  identificar  la  modalidad  específica de error (aplicación indebida, falta de  aplicación  o interpretación errónea), lo cual impide, de entrada, comprender  cuál  es  el sentido de ataque verdaderamente seleccionado, y la Corte no puede  suponerlo   sin   quebrantar   el   principio   de   limitación   que  rige  el  recurso.   

De igual modo, se observa que, más allá del  solo  parecer de los letrados, en el sentido que el proceso debió promoverse en  la  ciudad  de  Barranquilla  porque  ahí  se ejecutaron las conductas punibles  juzgadas,  esto es, se tramitaron los procesos ordinarios y ejecutivos laborales  para  lograr el pago de los reajustes salariales y prestacionales no debidos, no  se  explicó por qué, en el caso de la especie, no podía operar la competencia  a  prevención,  descrita  en  el  artículo  83  de  la  Ley 600 de 2000, ni se  explicó,  con  suficiencia,  qué  trascendencia tuvo para los fines del debido  proceso  o  de  la  defensa  que  el  juicio  se hubiera adelantado en la ciudad  capital.   

Ahora, de cualquier manera, en cuanto hace al  peculado  por  apropiación  endilgado a Estela Barrios  Mendoza  en  relación  con  el proceso laboral 13148  promovido  en  Barranquilla, se advierte que el ejecutivo sucedáneo se tramitó  ante  el  Juzgado  Once  Laboral del Circuito de Bogotá y la nulidad posterior,  estuvo  a  cargo del Tribunal Superior del mismo lugar, luego, es nítido que la  acción  criminal  también se desplegó, parcialmente, en esta ciudad y, en ese  sentido, la actuación penal podía seguirse en Bogotá.   

De  similar  forma,  respecto  al  proceso  identificado  con  radicado  13149,  tras el cual Doris  Cecilia   Barrios   Mendoza,   logró  el  cobro  de  $66.000.000  a  favor  de  su  hermana, es lo cierto que, la conducta punible se  desarrolló,  de  forma  parcial,  en Bogotá, circunstancia que, contrario a lo  señalado     en     la    demanda    por    el    abogado    de    Estela,  no constituye un acto accesorio,  en     tanto     la     conciliación     administrativa     que    Doris   agenció   en   favor   de   su  consanguínea  se  llevó  a  cabo  ante  la  Inspección  Novena  de Trabajo de  Cundinamarca  y,  en ese sentido, los libelistas no explicaron por qué si dicha  diligencia  se  surtió  en este distrito, no podía tramitarse el proceso penal  en  el  mismo  lugar,  máxime  cuando  no  responde al principio de corrección  material  aseverar,  en  este  caso, que el injusto de peculado se agotó con la  ejecutoria  del  mandamiento  de  pago,  pues,  justamente,  faltaba  el recaudo  efectivo  del dinero, el cual obtuvo la abogada Barrios  Mendoza   tras   suscribir   una  conciliación  con  representantes de la empresa demandada.   

Súmese   que,   de   tiempo   atrás,  «[l]a  Corte,  además,  se  ha pronunciado sobre el  tema,  para  indicar que la competencia para conocer en primera instancia de los  delitos  relacionados específicamente con el proceso de liquidación de Puertos  de  Colombia  corresponde  a los Juzgados Penales del Circuito de Descongestión  para  Foncolpuertos  de  Bogotá,  y  la  segunda  instancia, a la Sala Penal de  Descongestión  FONCOLPUERTOS  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá.» (CSJ SP, 22 ago. 2008, rad. 26.483).   

En  el  asunto  examinado,  tal  como  se  desprende   del   recuento   de   la  actuación  procesal,  consignado  en  los  antecedentes  de  esta  providencia,  es  claro que el proceso fue tramitado por  jueces,  en función de descongestión, en cumplimiento de las directrices de la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  la cual está  facultada  por  el  artículo  63 de la Ley 270 de 1996 para descongestionar los  despachos  judiciales,  mediante la redistribución de asuntos, o creando cargos  de jueces y magistrados, con carácter transitorio.   

Agréguese, para terminar, que los censores  carecen   de   legitimidad   para   alegar   la   incursión   del  a  quo en alguna anomalía de motivación  al  desatar  una  solicitud  de  nulidad  invocada  en  similar  sentido  por el  representante    judicial    de    otro    de    los   procesados   –Fidel   Ernesto   Oñoro  Retamozo-,  máxime  cuando  el  Tribunal declaró la ruptura de la unidad procesal respecto  de dicho sujeto.   

Siendo  lo  anterior  así, no hay lugar a  admitir el reproche.   

2.  Segundo  cargo  común  a  favor de las  hermanas Barrios Mendoza   

Recuérdese  que  la  proposición  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial producida por error de hecho en el  sentido  de  falso  juicio  de  existencia  demanda del casacionista el deber de  acreditar  que el juzgador omitió valorar un medio de convicción que tenía la  capacidad  probatoria  de  variar  el  sentido del fallo (supresión) o apreció  como  si  efectivamente  se  hubiera  practicado,  una  prueba que no obra en el  proceso  (suposición), para dar por probado algún supuesto de hecho o derecho,  con efecto trascendente en la decisión de fondo.   

Para los actores, ésta última alternativa  es  la  que  se  verifica  en  el asunto examinado toda vez que, en su criterio,  contra  cualquier  evidencia de prueba que acredite la determinación y el dolo,  el    Tribunal   habría   tenido   por   probada   la   existencia   de   tales  categorías.   

Al  respecto,  es claro que los libelistas  quebrantaron  el  principio  lógico  de  no  contradicción  pues  a la par que  identificaron  todas  las  pruebas  evaluadas  por  la colegiatura como aquellas  objeto  de  suposición,  y ello, en sí mismo, implica que no fueron inventadas  por  el  fallador  sino,  por  el  contrario,  analizadas  en la providencia, no  ubicaron  cuál  es  el  medio  de persuasión verdaderamente considerado por el  ad  quem  pese  a  que  no  integra el acervo probatorio.   

Además, la pormenorizada verificación del  fallo  de segunda instancia permite establecer que los demandantes vulneraron el  postulado  de  corrección  material  pues distinto a lo aducido por aquellos se  advierte  que  tanto  la determinación, en cuanto grado de participación, como  el  dolo, en tanto elemento subjetivo del tipo, fueron válidamente deducidos de  la prueba recaudada legalmente en la actuación.   

En   verdad,  respecto  de  Estela  Barrios  Mendoza,  la providencia  impugnada  enseña que la determinación resultó acreditada a partir del examen  de  la  prueba  documental  que  estableció  la  condición de extrabajadora de  Foncolpuertos,  su  calidad  de  sindicalista  y  su  obvio  conocimiento de las  Convenciones   Laborales,  de  las  reclamaciones  administrativas  –realizadas directamente- y judiciales  –a través de abogados-,  de  los  actos  administrativos y las sentencias producidas para dar respuesta a  las   mismas,   por   cuyo   medio   se   reconocieron  reajustes  salariales  y  prestacionales  ilegales,  así como de la deducción lógica construida por los  falladores  sobre  la  oportunidad  para influir decididamente, a través de sus  abogados,  en  los funcionarios judiciales y administrativos -terceros con poder  dispositivo  sobre  el patrimonio estatal, involucrados en el concierto criminal  para  desfalcar  las arcas de la entidad- dada su especial cercanía a la misma,  y  el  conocimiento  del  tema laboral –a  su  retiro ejercía el cargo de analista de personal- y sindical  a  fin  de  obtener  como  en  efecto  lo  consiguió,  beneficios laborales que  sobrepasaron los definidos en sede convencional.   

Del  mismo  modo,  siendo  que  el  dolo  involucra  elementos  de  orden  subjetivo que pertenecen al fuero interno de la  persona,   la  prueba  del  conocimiento  por  la  procesada  de  los  elementos  estructurales  del  tipo penal endilgado en concurso homogéneo y de la voluntad  para  actuar  en  orden  a  que  se  produjeran  los  resultados  lesivos  de la  administración  pública, se trasladó como correspondía a la verificación de  actos  externos  de  la acusada que evidenciaron la realización intencional del  comportamiento delictivo.   

Es  así  como  el  Tribunal  alcanzó  la  certeza  acerca del pleno conocimiento que la enjuiciada tenía sobre i) el pago  total  por  parte  de  su  empleador  de las obligaciones laborales adeudadas al  final   de   la   relación  laboral  –incluidas  las  indemnizaciones  por retiro y dirección sindical-,  las  cuales  le  fueron canceladas en su totalidad, como advirtió el gerente de  la  entidad,  al  momento  de  liquidarla,  ii)  los términos de la convención  colectiva  de  trabajo  por  razón  de  su  cargo  y su condición de directiva  sindical  y  iii) la imposibilidad de cobrar reajustes por vacaciones y prima de  vacaciones,   primas   sobre   primas   de  servicios,  diferencias  salariales,  reliquidación  y  pago de horas extras, reajuste de prima de antigüedad, días  de  descanso  y  refrigerios  y  sanciones  moratorias,  habida  cuenta  que los  factores     laborales     reclamados     le     habían     sido     cancelados  oportunamente.   

Así  también,  la  prueba  del  elemento  volitivo   del  dolo  evaluada  por  el  juez  plural  se  materializó  en  las  reclamaciones   administrativas   formuladas   directamente   y  judiciales  por  intermedio  de  apoderados,  cuando  era  consciente  de  la inviabilidad de sus  pretensiones.   

En  cuanto  se  refiere  a  Doris  Cecilia Barrios Mendoza, se observa  que  la magistratura se valió de prueba documental e indiciaria para establecer  que  el  acuerdo  conciliatorio  en  el que participó se realizó gracias a que  determinó   a  los  funcionarios  de  Foncolpuertos,  prevalida  de  una  clara  connivencia  con  ellos, a efecto de que asintieran en pagar sumas de dinero que  legalmente no eran debidas a su hermana.   

En los siguientes términos se expresó el  ad quem:   

5.2.7.  Contrario  entonces, a lo esbozado  por  el juez de primera instancia, en manera alguna puede predicarse la buena fe  de  la  implicada en las gestiones adelantadas ante el citado Fondo, pues de ser  así,  no  hubiera  consentido en la reliquidación de unas acreencias laborales  ya  satisfechas  o inexistentes pactando simultáneamente sanciones moratorias y  comerciales  que,  por  ende,  tampoco  procedían,  aspecto  que,  se itera, no  ignoraba,  a  más  de  que,  en  la  consabida  diligencia se “concilió otra  sentencia,  igualmente  proferida  a favor de ESTELA, sin que en ese momento, no  obstante  era protuberante el error, DORIS CECILIA advirtiera a la contraparte y  dejara  para  luego,  eso  sí,  después  de  verificarse  el pago, informar lo  pertinente  al  Fondo, por lo que se suscribió el acta de transacción no. 2581  de      27      de      julio      de      199879.   

Circunstancia que de contera deja entrever  la  existencia  de una clara connivencia con los funcionarios de esa entidad que  suscribieron  en  tales  términos  el  acuerdo conciliatorio aquí cuestionado,  incluso  con  el  inspector  del  trabajo  que  lo aprobó como paso previo a la  emisión de las resoluciones que dispusieron su pago.   

5.2.8. Dicha inferencia surge nítida, toda  vez  que  la  empresa contaba con suficiente información, en primer lugar, para  oponerse  a  las  pretensiones  de  la  demanda  tramitada  en el Juzgado Cuarto  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla y segundo, para abstenerse de conciliar  una  sentencia  que independientemente de encontrarse o no ejecutoriada, pues no  fue    sometida    a    consulta    –solo  hasta el 19 de septiembre de 2003 cuando el Tribunal Superior  de  Santa Rosa de Viterbo revocó la decisión adoptada por el a quo80,  evidenciaba    la   presencia   de   irregularidades   por   lo   referido   con  anterioridad.   

5.2.9. Aunado a ello, para la época de la  suscripción  del  acuerdo  -5 de mayo de 1998-, ya era de público conocimiento  el  estado  de  corrupción  que  se  generó con ocasión de la liquidación de  Puertos  de Colombia, el cual flageló gravemente las arcas del Estado, conocido  solamente  por  informaciones  periodísticas,  sino por el propio gremio de los  puertos  marítimos  del  país, entiéndase exportuarios, sindicatos, abogados,  inspectores  de  trabajo,  tanto de las diferentes Terminales de la empresa como  en  esta  capital,  sede de Foncolpuertos, quienes a la postre instauraron miles  de  procesos contra la empresa y posteriormente contra el Fondo de Pasivo, luego  de  lo  cual se suscribieron igual número de conciliaciones, como en este caso,  para  legalizar  en  esta forma el apoderamiento ilícito de cuantiosas sumas de  dinero,  en  lo  que  ha constituido uno de los desfalcos más grandes al Tesoro  Público.81   

El  dolo  de  la  mentada  abogada, por su  parte,  quedó más que acreditado inferencialmente al establecerse que teniendo  formación  profesional  en  derecho, con suficiente experiencia en el área del  litigio  laboral  y  siendo  pensionada  de  la  empresa  portuaria  para la que  trabajó  en  la  sede  de  Bogotá,  tenía  cabal  conocimiento  de las normas  convencionales   y   podía   establecer,   con  facilidad,  que  «las  pretensiones  incoadas  primigeniamente  [por otro abogado] no  tenían   vocación  de  prosperidad,  sin  embargo,  dicha  situación  no  fue  obstáculo  para  que  acudiera ante Foncolpuertos a exigir su pago, actitud que  denota    plenamente    su   intención   de   defraudar   al   patrimonio   del  Estado.»82   

Por  manera  que no le asiste razón a los  libelistas  cuando  predican falsos juicios de existencia por suposición en los  que  no  incurrió el fallador colegiado pues como se observa, prueba de las dos  figuras  en  cuestión  -determinación  y dolo- es lo que justamente obra en el  proceso,  habiendo  sido  valorada  ampliamente  aunque  en  sentido distinto al  pretendido la defensa.   

Ahora, frente a la crítica según la cual,  tal  como  lo  estimó  el  juez  de  primer  nivel,  no  era posible deducir la  condición  de  determinadora  respecto del punible de peculado por apropiación  en  grado de tentativa, en punto de la orden de pago de $87.795.783.70 porque no  obra  prueba de la existencia de alguna investigación penal o condena en contra  del  Juez  Cuarto  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  suficiente resulta  señalar  que,  tal  reproche  no corresponde más que a un alegato de instancia  inadmisible  en  esta  sede  que  omite confrontarse con las consideraciones del  Tribunal,  autoridad  judicial  que,  con  apoyo en la sentencia CSJ SP, 22 mar.  2011,   rad.  35.592  de  la  Sala  de  Casación  Penal,  sobre  el  particular  expuso:   

5.1.14.  Ahora  bien, para la Sala resulta  indispensable  aclarar,  que si bien en la foliatura no existe prueba de condena  proferida  a  los  abogados  o  jueces  que  intervinieron en el trámite de los  procesos  citados  en precedencia, dicha situación no conduce indefectiblemente  a  la  emisión  de sentencia absolutoria a favor de ESTELA BARRIOS MENDOZA como  erróneamente  lo  estimó el Juez Quince Penal del Circuito de Bogotá en folio  22      de      la      decisión      recurrida83,  aserto  que a todas luces  resulta  deleznable y carente de sustento jurídico, olvidando que el compromiso  penal   del  inductor  no  depende  en  manera  alguna  de  la  declaratoria  de  culpabilidad  del  sujeto  inducido, pues basta únicamente con el despliegue de  actos  revestidos  de suficiente idoneidad por parte del primero, para lograr en  el   otro   la   realización   material   de  la  conducta  sancionada  por  el  legislador.84   

Finalmente,  si  la  motivación  de  la  decisión  les  resultaba  a  los  recurrentes  aislada o incompleta, han debido  acudir   al  motivo  tercero  de  casación,  precisando  la  trascendencia  del  defecto.   

Así  las cosas, tampoco es viable admitir  esta censura.   

3. Tercer cargo (subsidiario) a favor de las  hermanas Barrios Mendoza   

Por la vía directa, los defensores de las  acusadas,  propugnan  porque  contrario a lo decidido en la segunda instancia se  inaplique  el artículo 23 del Decreto 100 de 1980, concretamente, la categoría  dogmática   de  la  determinación  y  se  degrade  la  conducta  a  grados  de  participación   más   benignos   punitivamente   hablando,   esto   es,  a  la  intervención  y  la  complicidad, consagrados en los cánones 30, inciso 2º, y  24    del    Código   Penal   actual,   según   se   trate   de   Estela  y  Doris  Cecilia, respectivamente.   

Sin  embargo, es claro que la propuesta de  los  demandantes  se  apoya en una visión fragmentada de la cuestión fáctica,  que   dicen   reconocer,   vulnerando   de   contera   el  principio  de  razón  suficiente.   

En   efecto,   frente   a   Estela,   su   apoderado,   de   manera  conveniente,   funda   la   pretensión  de  reconocimiento  de  su  calidad  de  autora-coautora    y,    consecuentemente    de    interviniente   -por             no              reunir            las             calidades          personales          del             tipo-,   en  el  comportamiento  de  su  asistida,  consistente  en  agotar  directamente la vía gubernativa, dejando de  lado,  que  el  reproche  jurídico  penal que se enervó en su contra no lo fue  exclusivamente  por  esa  parte  de  su actividad criminal sino, en esencia, por  incidir  a  través  de  sus  abogados,  en los jueces de la República para que  dictaran  sentencias  abiertamente ilegales, conducta que se adecua plenamente a  la figura de la determinación y no a la de la intervención.   

En punto de Doris  Cecilia, la argumentación es igualmente deficiente y  fraccionada,  ya que en una postura claramente ventajosa e infundada, asevera el  letrado  que  su  representada  no  debe  responder como determinadora sino como  cómplice  habida  cuenta  que para cuando participó en el ilícito ya existía  orden  de pago judicial, siendo que a ella se le atribuyó haber incidido en los  funcionarios   de   Foncolpuertos   para   que,  mediante  el  mecanismo  de  la  conciliación,  accedieran a cancelar los valores reconocidos, de manera ilegal,  judicialmente.   

Así  las  cosas,  no  se  trató  de  la  contribución  de  la  abogada  en  la  realización  del peculado o de su ayuda  posterior,  por concierto previo o concomitante, a título de cómplice, sino de  la  determinación  de  la profesional del derecho en los funcionarios del Fondo  para que ejecutaran el punible.   

En  este  orden  de ideas, tampoco cabe la  admisión de esta censura.   

4. La casación oficiosa.   

Siendo   el  recurso  extraordinario  de  casación  un  control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias de segunda  instancia,  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia le  corresponde  salvaguardar  los  derechos  fundamentales  de  las  partes  en los  procesos   penales.  En  vigencia  de  esa  tarea  debe  velar  por  el  respeto  irrestricto  de  las  garantías esenciales debidas a los sujetos procesales, en  aras de posibilitar la efectividad de las mismas.   

En  aplicación  de tal compromiso y en el  marco  del  estado  social  y  democrático  de  derecho,  cuando  quiera que se  advierta  la  existencia  de  alguna  trasgresión  sustancial  de  los derechos  constitucional   o  legalmente  reconocidos,  deberá  remediarla  oficiosamente  aunque el censor no lo advierta en su libelo.   

Este es el caso, pues se observa que, tras  individualizar  las penas de prisión, multa e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas respecto de Doris  Cecilia   Barrios   Mendoza,  el  Tribunal  tasó  la  sanción  accesoria  de inhabilitación para ejercer la profesión de abogado en  el  mismo término de la sanción aflictiva de la libertad, lo que desconoce los  lineamientos del canon 61 del Código Penal, como pasa a verse.   

En verdad, de acuerdo con dicha norma, una  vez  establecidos  los  mínimos  y  máximos en que se ha de mover el juzgador,  éste  está obligado a dividir, el ámbito punitivo de movilidad previsto en la  ley,   en   cuatro  cuartos,  para  luego,  seleccionar  el  que  en  cada  caso  corresponde,  según  no  existan agravantes o concurran únicamente diminuentes  (mínimo),  coexistan  circunstancias  de  agravación  y  atenuación punitivas  (medios) o solamente se perciban causales de agravación (máximo).   

Una vez identificado el cuarto respectivo,  el  fallador  debe  imponer  la  pena  a  la que haya lugar, atendiendo, para el  efecto,  «la mayor o menor  gravedad  de la conducta, el daño real o potencial creado, la naturaleza de las  causales  que  agraven  o  atenúen  la  punibilidad, la intensidad del dolo, la  preterintención  o  la  culpa  concurrentes, la necesidad de pena y la función  que     ella     ha    de    cumplir    en    el    caso    concreto».   

En  el caso de la especie, se tiene que el  inciso  tercero  del artículo 51 de la Ley 599 de 2000 determina que la pena de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  profesión, arte, oficio, industria o comercio durará entre seis  (6) meses y veinte (20) años.   

Esto,  significa  que,  los  cuartos  de  movilidad serían los que a continuación se relacionan:   

Primero85             

Segundo             

Tercero             

Cuarto  

6   m.-64   m.  15  d.             

64 m. 16 d.–123 m.             

123    m.   1  d.–181    m.    15  d.             

181   m.   16  d.– 240 m.  

Como  ocurrió  cuando  el sentenciador de  segundo  nivel  dosificó  la pena de prisión, para tasar la sanción accesoria  que  nos  ocupa,  debía  ubicarse  en el cuarto mínimo -6 a 64.5 meses- habida  cuenta que no se dedujeron circunstancias de mayor punibilidad.   

En  cambio, el fallador plural se instaló  en  el  segundo  cuarto –o  primero  medio-  e  impuso  la pena de 78 meses, desbordando con suficiencia, el  ámbito  punitivo en que le era permitido moverse siendo que, se insiste, le era  imperioso situarse en el primer rango.   

Ahora,  como  el parámetro utilizado para  determinar  el quantum de la  pena  de  prisión, consistió en incrementar sobre el mínimo de la infracción  -72  meses-,  seis (6) meses más por la gravedad de la infracción, corresponde  incrementar  la  misma proporción, es decir, 12.12%86  al  mínimo de la sanción  accesoria    para   un   valor   de   7.09   meses87,  que    sumados   a   los   6   meses   –pena    mínima-    es   igual,   a  13.09  meses, o lo que es lo  mismo,    13    meses    y    27   días.    

Este  es,  pues,  el  tiempo  que  deberá  descontar  la sentenciada, por razón de la inhabilitación para el ejercicio de  la  profesión  de  abogado,  en  cambio  de  los  78  meses que le habían sido  impuestos.   

En lo demás, el fallo de segundo grado se  mantiene incólume.   

Por  último,  la  Sala  no  observa otras  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni  motivos   distintos   al   señalado   que   conduzcan  a  la  necesidad  de  un  pronunciamiento  profundo  frente  al expediente en razón de las finalidades de  la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores  de Estela  y Doris  Cecilia  Barrios Mendoza contra la sentencia proferida  el   24   de  junio  de  2013  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

Segundo.  Casar    oficiosa    y   parcialmente   la  sentencia  impugnada,  en  el  sentido  de  fijar  la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio    de    la   profesión   de   abogado,   impuesta   a   Doris          Cecilia          Barrios          Mendoza,     en  trece    (13)   meses   y   (27)   días. En lo demás,  se mantiene incólume.   

Tercero.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Oficio  no 229860 de 23 de  diciembre de 1993 obrante a folio 3 anexo 1.   

2 Fl 4  ibidem.   

3 Fl. 3  Anexo 3.   

4 Fl.  219 cuaderno original 3.   

5 Ver  folio  102  Anexo  7,  desempeñó el cargo de secretaria de servicios públicos  del    Comité    Ejecutivo    de    la    Federación   de   Trabajadores   del  Atlántico-Fedetral-.  El  desembolso  se ordenó en Resolución 049593 de 29 de  diciembre de ese año.   

6 Fls,  218-219 c.o.3.   

7 Fl.  286 ibidem.   

8  Fl  137 c. anexos 7.   

9 Fl.  225 c. anexo 7.   

10 Fl.  1 anexos 2.   

11 Fl.  166 y siguientes ídem.   

12 Fl  228 anexo 7ª.   

13 Fl.  58 c. o 4.   

14 Fl.  98 c. o. 4.   

15 Ver  folio 11 anexo 3 sello oficina judicial de Barranquilla.   

16  Fls.      168     y     ss.     Ibidem.   

17 Fl.  256 c. o. 1.   

18  Fls.      259     y     ss.     Ibidem.   

19 Fl.  126 c.o.2.   

20  Oficio  Contraloría  General de la República, recibido el 16 de julio de 2002,  obrante   a   folios  134  y  ss.  Ibidem.   

21  Fls.      140      y     ss     Ibidem.   

22 Fl.  151 ibidem.   

23 Fl.  172        y        ss.       Ibidem.   

24  Fls.      190      y     ss     Ibidem.   

25 Ver  dato   consignado   en   la  inspección  judicial  obrante  a  folio  256  c.o.  3.   

26  Fls. 115 c.o.3.   

27 Ver  mandamiento     de     pago     obrante    a    folio    113-114    ibidem.   

28  Fls. 60 y ss. c.o.4.   

29  Poder y sustitución de poder obrante a folios 120 y 121 c.o.3.   

30  Fls. 60 y s. c.o.3 y fls 142 y ss. anexo 7.   

31  Fls. 282 y ss. c.o.2.   

32  Fls. 238 y ss. anexo 7.   

33 Fl.  245 ibidem.   

34 Fl.  249 ibidem.   

35 Fl.  128 y ss. anexo 5.   

36  Fls.         139-140         ibidem.   

37  Fls.      153     y     ss.     ibidem.   

38  Fls.      61      y     ss.     ibidem.   

39  Cfr.  folios  1-5  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a folios 46-50 del  cuaderno del Tribunal.   

40  Cfr. folios 11-12 del cuaderno original 1.   

41  Cfr.      folios      44-47     ibidem.   

42  Cfr.  folios  15-20 del cuaderno original 3. Este imputado fue declarado persona  ausente  mediante  resolución  del  28  de junio de 2006. Cfr. folios 30-32 del  cuaderno   original   5.   No  obstante,  con  posterioridad  al  cierre  de  la  instrucción,  compareció  actuando  en su propio nombre y representación para  presentar alegatos de conclusión.   

43  Cfr. folios 160-164 del cuaderno original 4.   

44  Cfr.       folio       82      ibidem.   

45  Cfr.  folios  190-241  del  cuaderno  original  5. En esta decisión también se  suspendieron   los  efectos  de  las  actas  de  conciliación,  resoluciones  y  sentencias   que   reconocieron   las   ilegales   prestaciones  a  Estela Barrios Mendoza.   

46  Cfr. folios 9-13 del cuaderno original 6.   

47  Cfr. folios 4-31 del cuaderno de segunda instancia de la Fiscalía.   

48  Cfr. folio 52 del cuaderno original 6.   

49  Cfr.       folio      115      ibidem.   

50  Cfr.       folio      122      ibidem.   

51  Cfr.     folios     127-131     ibidem.   

52  Cfr. folios 1-71 del cuaderno original 7.   

53  Cfr.     folios     115-116     ibidem.   

54  Cfr.     folios     184-187     ibidem.   

55  Cfr. folio 5 del cuaderno original 8.   

56  Cfr.     acta     de     reparto     visible    a    folio    27    ibidem.   

57  Cfr.     acta     de     reparto     visible    a    folio    30    ibidem   

58  Cfr.      folios      31-57     ibidem.   

59  Cfr.  folios  53  de  la  sentencia de segunda instancia a folio 98 ibidem.  El ad  quem  consideró  que  si bien en la parte resolutiva  del  fallo  de  primera instancia no se declaró la prescripción por este reato  en  relación  con  Estela Barrios Mendoza,   ello   ocurrió   por   un   lapsus  calami, habida cuenta que en su parte motiva se dejó  expresa constancia de la intención de proceder en tal sentido.   

60  Cfr.      folios     46-100     ibidem.   

61  Cfr.     folio     116,     118,     124-125,    131    y    135    ibidem.   

62  Cfr. folios 142-240 y 241-323 ibidem   

63  Cfr.     folio    27    de    la    demanda    a    folio    168    ibidem.   

64  Cfr.     folio    31    de    la    demanda    a    folio    172    ibidem.   

65  Cfr.     folio    32    de    la    demanda    a    folio    173    ibidem.   

66  Cfr.     folio    38    de    la    demanda    a    folio    179    ibidem.   

67  Cfr.     folio     39     de     la     demanda     folio    180    ibidem.   

68  Cfr.     folio    62    de    la    demanda    a    folio    203    ibidem.   

69  Cfr.     folio    66    de    la    demanda    a    folio    207    ibidem.   

70  Cfr.     folio    71    de    la    demanda    a    folio    212    ibidem.   

71  Cfr.     folio    88    de    la    demanda    a    folio    224    ibidem.   

72  Cfr.    folios   87-88   de   la   demanda   a   folios   223-224   ibidem.   

73  Cfr.     folio    46    de    la    demanda    a    folio    286    ibidem.   

74  Cfr.     folio    47    de    la    demanda    a    folio    287    ibidem.   

75  Ibidem.   

76  Cfr.     folio    52    de    la    demanda    a    folio    292    ibidem.   

77  Cfr.     folio    76    de    la    demanda    a    folio    316    ibidem.   

78  Cfr.     folio    77    de    la    demanda    a    folio    317    ibidem.   

79  Fls. 133 y s.s. c.o.4.   

80  Fls. 282 y ss. c.o.2.   

81  Cfr.  folios  44-45  de  la  sentencia  de  segunda instancia a folios 89-90 del  cuaderno del Tribunal.   

82  Cfr.  folio  44  de  la  sentencia  de segunda instancia a folio 89 ibidem.   

83  Sentencia obrante en el cuaderno original 8 de juzgamiento.   

84  Cfr.  folio  39 de la sentencia de segunda instancia a folio 84 del cuaderno del  Tribunal.   

85 Las  siglas son como siguen: m. (meses); d. (día).   

86 Una  vez  se obtiene el ámbito de movilidad del primer cuarto de la pena de prisión  (121.5-72=49.5)  se  establece  cuál  fue la proporción de incremento sobre el  mínimo (6×100%/49.5=12.12%).   

87 La  operación   aritmética   es   la  siguiente:  en  un  ámbito  de  58.5  meses  (64.5-6=58.5)   que   equivale  al  100%,  el  12.12%  es  igual  a  7.09  meses  (58.5×12.12%/100%=7.09 meses).     

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