SP16258-2015(45463)

2015

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

SP16258-2015  

Radicación No. 45463  

Aprobado Acta No. 424  

          Bogotá   D.C.,   veinticinco  (25)  noviembre  de  dos  mil  quince  (2015).   

VISTOS  

La Corte resuelve los recursos de apelación  interpuestos  contra  la  sentencia  proferida por la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  31  de  octubre  de  2014,  respecto de los  postulados  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ, JOSÉ BERNARDO  LOZADA  ARTÚZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ, JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO, JIMMY VILORIA VELÁSQUEZ y  LENIN    GEOVANNY    PALMA    BERMÚDEZ, ex integrantes del Bloque Catatumbo de las AUC.   

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

          Con  el  propósito  de  facilitar  el  cabal  entendimiento  de las  conductas  objeto  de  juzgamiento  en este proceso, su gravedad e incidencia en  las   comunidades   afectadas   por   ellas,   antes  de  adoptar  la  decisión  correspondiente,  la Corte estima indispensable referirse al marco histórico en  el cual tuvieron desarrollo.   

          Para  ello  recurrirá  a  lo  establecido, de manera general por la  Sala  en  anteriores  oportunidades  sobre  la  génesis  y  desarrollo  de  los  denominados        grupos        paramilitares1. En lo particular, es decir en  lo  atinente  al  Bloque Catatumbo, se apoyará en lo consignado por el Tribunal  de  instancia  en  el  fallo recurrido, con fundamento en la actuación donde se  origina.   

          Inicio de las autodefensas   

Si bien el fenómeno de violencia en Colombia  es   bastante   anterior,   diferentes   estudios   sobre   la   evolución  del  paramilitarismo2,  coinciden  en  ubicar como punto de partida  de este tipo de  organizaciones3,  la  expedición del Decreto Legislativo 3398 de 1965, destinado a  organizar  la  defensa  nacional,  preceptiva  expedida  por  el  Gobierno  como  respuesta  al  surgimiento  de grupos subversivos durante la década de 1960 y a  su     constante     y    perturbador    accionar4.    

Entre las motivaciones dadas a este decreto,  adoptado     como   legislación   permanente5  por  la  Ley  48  de 1968, se  consignaron:  la  ausencia  de  un instrumento legal para articular la seguridad  interior  y  exterior  de  la  nación;  la  obligación  estatal de procurar el  bienestar  y protección de los asociados; la necesidad de unir los órganos del  poder  público  y  «las fuerzas vivas de la nación»  para   enfrentar  la  acción  subversiva  de  grupos  extremistas  y  la  importancia  de  enterar  a  la  población colombiana de la  movilización   y  la  defensa  civil,  temas  que,  por  su  trascendencia,  no  incumbían    de    manera   exclusiva   a   las   Fuerzas   Armadas6.   

Los   artículos   25  y  33  del  decreto  mencionado,  concluyó  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos7, prohijaron la  aparición     de    los    llamados    Grupos    de  Autodefensa,  en  tanto el primero de ellos, permitía  al  Gobierno  Nacional utilizar ciudadanos, no comprendidos en el llamamiento al  servicio  militar  obligatorio,  en  actividades  tendientes  a  reestablecer la  normalidad,  mientras el segundo facultó al Ministerio de Defensa Nacional para  amparar  como  de  propiedad  particular,  cuando lo estimara conveniente, armas  consideradas como de uso de las Fuerzas Armadas.   

El  efecto  de tales disposiciones, dijo ese  alto  Tribunal,  se  tradujo  en  que  particulares ajenos a esas instituciones,  podían  utilizar  armas  de  uso privativo, es decir, las destinadas a efectuar  operaciones  de  ataque,  no  sólo  de defensa y, adicionalmente,  cumplir  funciones de seguridad.   

En  vigencia  del  decreto citado, surgieron  diferentes  grupos con el propósito inicial de protegerse de las acciones de la  guerrilla,  entre  ellos  la Asociación de Campesinos y Ganaderos del Magdalena  Medio,  ACDEGAM,  creada  en  1984,  cuya  influencia  se extendió a los municipios de Puerto Boyacá, Puerto  Berrío   y   Cimitarra.   Esta  organización,  además  de  defenderse  de  la  subversión,  estructuró  todo un sistema orientado a atacarla militarmente con  la       pretensión       de       erradicarla8   y,  luego,  a  través  del  Movimiento  de Renovación Nacional, MORENA,    trató    de    extender   su   experiencia   como   ideología  política9.   

Sólo  unos  años antes, en 1981, se había  constituido    el    MAS,  — Muerte a Secuestradores  —, movimiento fundado por  miembros  de  los carteles del narcotráfico como Pablo  Escobar  Gaviria  y  Gonzalo  Rodríguez     Gacha,     para    defenderse    del  secuestro10.    ACDEGAM  replicó  el  modelo  del MAS,  para  ese  momento trasladado por sus creadores al Magdalena medio con el fin de  proteger  sus  propiedades,  adquiridas  en  forma  masiva  en  esa  zona, donde  fundaron    los    primeros    grupos   armados,   particularmente   en   Puerto  Boyacá11,  destino  de  mercenarios israelíes e ingleses traídos para  entrenar militarmente a sus miembros.   

De  la mano del narcotráfico, el esquema de  estas    organizaciones,    que    adoptaron    el    nombre   de   Autodefensas,  llegó  a  otras  zonas del  país  y,  así,  se  entronizó  en  Urabá  y  en  el  sur de Córdoba bajo la  dirección   de   Fidel  Castaño  Gil,  quien    convirtió    su    finca   Las  Tangas,  ubicada  en  Valencia, Córdoba, en centro de  entrenamiento   de   su  grupo  armado,  reconocido  luego  bajo  el  nombre  de  Autodefensas     Campesinas     de     Córdoba     y    Urabá,    ACCU12.   

La  estrategia  de  paz  implementada por el  Gobierno   Nacional,   entre  1982  y  1986,  consistente  en  los  diálogos  y  negociaciones  con  las  fuerzas  insurgentes, no impidió la multiplicación de  los  grupos de autodefensa, cuyas numerosas y cruentas acciones, muchas de ellas  dirigidas  contra  ex  integrantes  de la guerrilla que habían sido indultados,  determinaron  en  abril  de 1989, la expedición, al amparo del estado de sitio,  del  Decreto  0815  a  través  del  cual  se  suspendió  la aplicación de los  artículos  25  y  33,  parágrafo  3°,  del  Decreto Legislativo 3398 de 1965.   

Esta   decisión  fue  justificada  en  la  existencia   de  bandas  de  sicarios,  escuadrones  de  la  muerte,  grupos  de  autodefensa   o  de  justicia  privada,  paramilitares,  responsables  de  actos  perturbadores del orden público.   

Además, se dijo, al interpretar esas normas  surgió  en  algunos  sectores  de la opinión pública confusión en torno a su  alcance  y finalidades, en tanto «…se pueden llegar  a  tener  como una autorización legal para organizar grupos civiles armados que  resulten  actuando  al  margen  de  la  Constitución y las leyes…»,  proceder  reprochado por el Gobierno  Nacional.   

De igual forma, se enfatizó, los operativos  orientados   a   restablecer  el  orden  público  son  función  exclusiva  del  Ejército,  la  Policía  Nacional  y  los  organismos  de seguridad del Estado.   

En sentencia N° 022 del 25 de mayo de 1989,  la  Sala  Plena  de  esta  Corporación  declaró  la  inconstitucionalidad  del  parágrafo  3°  del  Decreto  3398  de  1965,  al  considerar que se oponía al  monopolio  de  las  armas  de  guerra  deferido  por el Ordenamiento Superior al  Gobierno  Nacional,  responsable  de  mantener el orden público y restablecerlo  cuando   es  turbado,  «…fórmula  que  tenía  un  sentido  histórico  y  que  ahora adquiere una renovada significación ante los  problemas  que suscitan las diversas formas de la actual violencia».   

No obstante, en 1994, mediante el Decreto 356  se  autorizó  la creación de las Asociaciones Comunitarias de Seguridad Rural,  CONVIVIR, cuyo propósito era  colaborar  con  la  Fuerza  Pública  acopiando  información  para prevenir las  actividades   de   la   insurgencia;   además,  propendía  por  organizar  las  comunidades   como   cooperativas,   juntas   de   acción  comunal  o  empresas  comunitarias,  con el fin de proporcionar la vigilancia y la seguridad privada a  sus  miembros  o  asociados en el área donde la respectiva comunidad tuviera su  sede13.   

La   proliferación   de   este   tipo  de  organizaciones  fue  inmediata,  de  manera  que  para abril de 1997, 507 nuevas  CONVIVIR    tenían   la  aprobación  de  la Superintendencia de Vigilancia Privada y existían, además,  cerca  de 300 empresas de seguridad particular, cuya justificación era permitir  que  civiles  prestaran  servicios  especiales de vigilancia, contando para ello  con  armas  de  uso  restringido  de  las  Fuerzas  Militares.  Esta  situación  facilitó  a los grupos paramilitares aumentar su poder y control territorial en  zonas  como Córdoba, Urabá, Magdalena Medio, Sucre, Sur de Bolívar, Putumayo,  Cauca,         Meta         y        Caquetá14.   

Para  ese momento, en lo atinente al tema de  esta  sentencia,  las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU,  lideradas    por    los    hermanos    Fidel  y  Carlos  Castaño,  habían consolidado su poder, tras aliarse,  a  principios  de  esa  década,  con  el  Cartel  de  Cali  y  el  grupo de los  PEPES     —   Perseguidos   por   Pablo  Escobar  —,  para enfrentar a este  narcotraficante.   

Dicha   organización,  convertida  en  la  estructura  paramilitar más sólida, extendió su accionar a todo el territorio  nacional  y  Carlos Castaño,  como  su  máximo líder, inició un proceso de unificación de esos grupos, los  cuales  bajo  su  mando, se consolidaron en 1997 como las Autodefensas Unidas de  Colombia,      AUC15.   

El  crecimiento  del  paramilitarismo  así  organizado  y  su dominio territorial, fue favorecido por el progresivo poderío  económico   originado   en   las   contribuciones   cobradas   a   empresarios,  terratenientes,  ganaderos  y dueños de tierras; cuotas extorsivas; porcentajes  exigidos  a  las  autoridades  administrativas  por  concepto  de  contratación  estatal,  así  como  en  el  narcotráfico,  actividad  que se convirtió en su  principal  fuente  de  ingresos  y a la cual deben adicionarse el despojo de las  tierras  de  quienes  desplazaban y el hurto de combustible, entre otras fuentes  de recursos.   

En cuanto a las actividades de dichos grupos,  éstas  se  orientaban  a  combatir  la  guerrilla  y  a  sus reales o supuestos  colaboradores  y  simpatizantes, recurriendo para ello a unos concretos patrones  delictivos,  comunes  en todas las zonas donde estos grupos tuvieron influencia,  tales  como  torturas,  desapariciones forzadas, homicidios selectivos, masacres  selectivas,  reclutamiento de menores, desplazamiento forzado, delitos sexuales,  entre otros.    

          La  estadística de estas acciones y de sus víctimas, elaborada por  la   Unidad   Nacional  de  Justicia  y  Paz  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación16,  informa, fundada en los datos acopiados en desarrollo del proceso  de desmovilización, 57.883 hechos confesados.   

Según  la  misma  fuente,  40.161  de estos  sucesos   corresponden   a   homicidios,   2.574   a   reclutamientos,  7.020  a  desapariciones   forzadas,   17.914   a   desplazamientos   forzados,   2.847  a  extorsiones,  5.017  a  secuestros,  135  a  delitos  de violencia sexual, 946 a  episodios  relacionados  con  destrucción  y apropiación de bienes protegidos,  2.034   a   casos   de   tortura,   599  de  constreñimiento  ilegal,  2.464  a  contribuciones  arbitrarias,  895  a  actos de terrorismo, 4.109 a hurtos, 673 a  lesiones  personales,  72 a toma de rehenes y 191 de tráfico, fabricación  o porte de estupefacientes.   

Importa  advertir  que  si bien la Fiscalía  aclara  que  estos  datos también incluyen información de acciones reconocidas  por  desmovilizados  individuales  pertenecientes a grupos subversivos, no puede  obviarse  que  el  proceso  de  desmovilización  adelantado hasta hoy cobija en  mayor   medida   a   las   40  estructuras  paramilitares  que  se  acogieron  a  él17  y  que  sólo  14  de  éstas,  integradas por 203 postulados, han  confesado  6.737  hechos  que generaron 14.621 víctimas, según reseña el ente  acusador  en  su  plan  de  priorización  de  201418.   

La  actividad  cumplida  por  estos  grupos  ilegales  contó,  desafortunadamente,  con el apoyo de algunos servidores   públicos  de  diversas  instituciones y niveles, así como de otros ciudadanos,  quienes  por  acción  u  omisión  la  promovieron o facilitaron, circunstancia  acreditada   en   los   concretos   casos  fallados  por  esta  Sala19 y por otras  instancias  de  la  justicia nacional, algunos mencionados  en la sentencia  objeto  del  recurso,  en  la  cual  se  enumeran,  a espacio, con fundamento en  información  allegada  por  la  Fiscalía, los funcionarios públicos del nivel  departamental  y  municipal  a  quienes  se  investiga o se ha sancionado por su  relación       con       las      autodefensas20.   

El bloque Catatumbo  

          Para   asegurar   su   presencia  en  el  territorio  nacional,  las  Autodefensas   Unidas  de  Colombia  se  estructuraron  a  través  de  bloques,  integrados  a  su  vez  por  frentes,  comandados unos y otros por individuos de  absoluta  confianza  de  la  Casa Castaño,    que    ejecutaban    las   directrices   dispuestas   por   sus  superiores.   

Sin  desconocer  que,  como  se esboza en el  fallo   impugnado,   el  postulado  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ   estuvo   vinculado   en  la  dirección  del  denominado  Bloque  Norte,  cuyo  accionar  se  cumplió prioritariamente en los  departamentos  de Atlántico, Guajira, Magdalena y Cesar, al igual que en la del  Bloque  Héroes  de los Montes de María, con influencia en la región del mismo  nombre   ubicada   entre  los  departamentos  de  Bolívar  y  Sucre21, la Sala se  centrará      en      el     denominado     Bloque  Catatumbo  sobre  el  cual  versa  el  fallo  parcial  impugnado.   

Respecto  de  la  zona  del mismo nombre, la  Oficina  del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR,  señaló en octubre de 2004:   

La  región  del  Catatumbo  se  encuentra  ubicada  en  el departamento de Norte de Santander, en el noroccidente del país  y  se  extiende  hasta Maracaibo en la República de Venezuela. La región está  demarcada  por  zonas  planas,  montañosas  y  selváticas  alrededor  del río  Catatumbo  y  está  conformada  por  los  municipios de Convención, El Carmen,  Hacarí,  El  Tarra,  Tibú,  San Calixto, Sardinata, La Playa y Teorama. Limita  por  el  norte y por el occidente con la República de Venezuela, por el oriente  con  el sur del departamento de Cesar, por el sur con los municipios de Cúcuta,  Puerto  Santander,  El  Zulia  y Villa del Rosario. La población estimada de la  región  según  cifras  del  DANE  para  2004, es de 176.472 habitantes, siendo  Tibú,  El  Carmen,  Convención  y  Sardinata, en su orden, los municipios más  poblados del Catatumbo.   

El  principal factor generador de violencia  en  la actualidad, que ha incidido de manera determinante en la degradación del  conflicto  armado,  lo  constituye  la  disputa  entre organizaciones armadas al  margen  de  la  ley  por  el  control de la zona que representa grandes ventajas  estratégicas  para  los  grupos  armados  ilegales  por  su localización en la  frontera  con  Venezuela,  así  como  por  el  paso  del oleoducto Caño Limón  –    Coveñas;    la  producción  coquera, las explotaciones carboníferas, de oro, mármol y caliza,  la  existencia  de  corredores que comunican el oriente con el norte del país y  la  cercanía  en  el  norte  con la Serranía del Perijá que provee una salida  hacia los departamentos de La Guajira, Bolívar y César.   

La  guerrilla  ha  tenido presencia en esta  región  desde  cerca  de  treinta  años  y  a  pesar de los ataques directos e  indirectos  de  los  grupos  de  autodefensas  y  de los operativos de la Fuerza  Pública,  ha  logrado  mantener su influencia aprovechando las características  montañosas   y   selváticas   de   algunas  zonas  de  la  región22. Los grupos  de  autodefensas,  por  su  parte,  se  han asentado principalmente en las zonas  planas  y  selváticas,  tanto  en la frontera con el sur del Cesar, como en los  márgenes  derecho e izquierdo del río Catatumbo, en las cabeceras municipales,  algunos  corregimientos  de  municipios ubicados en la zona montañosa y algunas  áreas  rurales  con  cultivos  de  coca.  Desde  estos  lugares,  organizan sus  incursiones  a  las  zonas  rurales  donde  la  influencia  de las guerrillas es  mayor23.   

          Sobre  el  origen  del Bloque Catatumbo, la actuación cuenta con la  versión    del    postulado    SALVATORE    MANCUSO  GÓMEZ,   quien   confirma   que,   como   dijo   la  Fiscalía24,    en   1998   los   hermanos   Vicente  y Carlos Castaño,  comandantes  de  las  AUC  concluyeron que la zona fronteriza con  Venezuela   ubicada   en   Norte   de  Santander  representaba  una  retaguardia  estratégica  para  el  ELN y las FARC, grupos subversivos que decían combatir.  Sobre el particular, la sentencia confutada hizo la siguiente cita:   

(01:11:11)  El  “BLOQUE  CATATUMBO”  nace de una idea del comandante Carlos Castaño. Dentro  de  la  guerra  irregular, lo primero que uno hace es mirar de donde se financia  el  enemigo  de  la nación colombiana: la guerrilla, y uno de los mayores focos  generadores  de  economía  para  las  guerrillas  estaba en Norte de Santander,  además  de  ser  estratégico  por ser limítrofe al país vecino de Venezuela,  por  donde  ingresaban  armas  y  sacaban  droga y narcotraficaban y hacían una  serie  de  situaciones,  que se convertía en una retaguardia estratégica tanto  militar,  económica,  como  política, porque de allí emanaban directrices del  Bloque  y del estado mayor de él, conformado por las FARC en esa área y por el  ELN,-  porque  además  ahí quedaba el comando central del ELN, el COCE – en un  sitio  conocido  como  la  Bogotana  donde  pasaba  el  cura guerrillero y donde  pasaban  varios  de  los  comandantes  de la ELN y FARC en esta zona, Timochenko  incluso     está     en    esa    área    (…)25.   

          Según     la     misma     decisión26,  la Fiscalía acreditó que  desde  comienzos  de  la  década  de 1980, la presencia guerrillera en Norte de  Santander  era  muy  activa,  motivada  por  el  potencial  minero, la actividad  económica   regular,   al   igual  que  la  clandestina,  representada  por  el  contrabando  y  el  narcotráfico  al  que  se  dedicaron grandes extensiones de  selva, principalmente en la región del Catatumbo.   

          Reseñó  que en las tres últimas décadas, el sur y centro oriente  del  departamento  fue  ocupado progresivamente por el Frente 33 de las FARC; el  nororiente  fue  copado  por  el  ELN,  dedicado  a  afectar  la infraestructura  petrolera  del  país,  si bien este grupo se expandió también al sur y centro  del  departamento  donde  realizó  tomas  armadas  con  escalas  terroristas  a  poblaciones.  A  su  vez  el  EPL  hacía  presencia  con su Frente Libardo  Mora  Toro, en municipios como El  Carmen,  Convención, Teorama, el Tarra, Tibú, San Calixto, Hacarí, Ocaña, La  Playa, Abrego, entre otros.   

          Los  propósitos  que  para  las  AUC  justificaban  su ingreso a la  región  del  Catatumbo,  fueron señalados por MANCUSO  GÓMEZ, así:   

(01:16:04)  1.  Quitarle  el  área  a  la  guerrilla  para  reinsertarla  o  para  entregarlas  plenamente insertadas a las  instituciones del país.   

2.   Ejercer  nosotros  el  control  como  autoridades de facto.   

3.  Quitar el abastecimiento económico que  tenía.   

4. Quitarle el poder a la guerrilla y asumir  nosotros   el   control  territorial  y  ejercer  como  autoridades  judiciales,  militares,         políticas,        etc.”27.   

          A   partir   de   esa   precisión,  el  a  quo  discierne que el objetivo común de dicho ingreso  era  la disputa de las AUC con la guerrilla y clasifica las razones indicadas en  políticas, económicas y geográficas.   

          El  objetivo  político, afirma, se centró en la noción que tenía  el   grupo  del  concepto  de  autodefensa,    atribuible,    en    palabras    del   postulado   MANCUSO          GÓMEZ,         a  organizaciones  …que  se  autodefiendan  no  solo  militarmente  sino  políticamente,  y  defiendan a una  región  y  a  su  gente  y le busquen solución a los problemas que le aquejan,  iniciando  por  el bien básico y esencial de la seguridad personal y colectiva,  que  es  el fundamento de los demás bienes, y también buscarle solución a los  problemas  sociales,  económicos  y  políticos,  iniciando con aquellos bienes  básicos   insatisfechos   para   ir   escalando   en   la   solución   de  los  mismos28.   

          Las  autodefensas,  según     el     mismo     postulado,     difieren    de    los    paramilitares,  en que éstos «no están defendiendo a las regiones ni  a  las poblaciones de esas regiones. (…) Ellos, los paramilitares y los narcos  solo   están  interesados  en  satisfacer  sus  intereses  particulares  y  las  actividades del narcotráfico».   

          Esa  percepción  sobre la razón de ser de las AUC, llevó entonces  a  sus  comandantes,  entre  ellos el postulado MANCUSO  GÓMEZ,   a   considerar   políticamente  necesario,  trasladar  su  accionar  a  una  zona  copada  por movimientos guerrilleros para  enervarlos.   

          La  ideación  del  Bloque Catatumbo estuvo también determinada por  razones  económicas y geográficas, según el mismo individuo, por cuanto desde  1980,  los  cultivos  de  coca  y  el control ejercido por la subversión en ese  territorio  generaban  a  estos grupos abundantes recursos a los que pretendían  acceder   las   AUC,   organización   que,   según   la  Fiscalía29, consideraba  indispensable   «…consolidar   un   corredor  que  dividiera  al  norte  del centro del país y uniera el Urabá con el Catatumbo y  el  departamento de Arauca y crear puntos de apoyo para golpear las retaguardias  de  las  guerrillas  en  otras  zonas  del  país  y  obviamente  lucrarse de la  producción     y     comercialización    del    narcotráfico…».   

Como   señala   el  fallo  impugnado,  en  entrevista  publicada  en  El  Tiempo  el  15  de  marzo  de  1999, Carlos  Castaño  Gil,  comandante  de las  AUC,  luego de referirse al tema del despeje y a las negociaciones de paz con el  grupo  guerrillero  Ejército de Liberación Nacional, anunció la incursión de  su grupo en el Catatumbo, así:   

Ahora,   este  año  va  a  haber  fuerte  confrontación  con  el  Eln.  Nuestras  tropas están avanzando en este momento  hacia  el  norte,  en  Santander, y el mayor escenario de confrontación se va a  establecer  en  las  riberas  del  río Tarra, donde permanecen Gabino y Antonio  cuando no están vacaneados en el extranjero.   

El  país  tendrá que entender lo que va a  suceder  allí.  Ahí  está  el  Estado  Mayor,  el  Coce, y ellos se van a ver  obligados  a  replegarse por Sardinata hasta el río Guarumito, en jurisdicción  de territorio venezolano, en inmediaciones de Puerto Santander.   

Fundado  en  la  información  aportada  por  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ en  audiencia  del 20 de diciembre de 2006, allegada como material probatorio por la  Fiscalía  en la audiencia de control formal y material de cargos, sesión de 24  de  julio  de  2012  y en el escrito de formulación de cargos presentado por la  misma  entidad30,  el Tribunal a  quo   reseña  que  en  marzo  de  2009  Castaño        y       SALVATORE  MANCUSO se reunieron en Córdoba  con  un grupo de combatientes, concretamente en la finca La 35 o en La Acuarela,  donde funcionaban escuelas de adiestramiento de las AUC.   

Dicho  grupo  fue  reentrenado,  llevado  a  Tierralta,  Córdoba,  y  a  mediados  de mayo empezó su traslado al Catatumbo,  efectuado  en  8 o 10 camiones que albergaron a cerca de 220 hombres, quienes al  mando  del  capitán  retirado  del  Ejército Nacional  Armando   Pérez   Betancourt,   alias   Camilo,  atravesaron  los departamentos de  Córdoba,      Sucre,      Bolívar,      Magdalena      y     Cesar.    

El  arribo  de  los  miembros  del  Bloque  Catatumbo  a la que sería su zona de influencia, fue descrito como sigue por el  Tribunal, a partir del mismo fundamento.   

El  27  de  mayo  de  1999  en   horas   de  la  noche,  salieron  de  Pelaya,  y  entraron  al  corregimiento  El  Platanal, haciendo una estación en las fincas Peralonso y El  Piñal,  donde  pasaron  la noche, y recibieron apoyo de otro grupo de dieciocho  hombres  comandado  por  alias  RICARDO  o WILLIAM CHAMORRO VILLANUEVA, cabo del  ejército, gente del BLOQUE SUR de Bolívar.   

En  total  se  aproximó  un  grupo de 280  hombres,  que  a  las  siete  de  la  noche  del 28 de mayo iniciaron la última  travesía  apoyados,  esta  vez,  con  gente de JUANCHO PRADA del frente Héctor  Julio  Peinado  Becerra,  entre  ellos  los  comandantes de Ocaña JOSÉ ANTONIO  HERNÁNDEZ   VILLAMIZAR,  NOÉ  JIMÉNEZ  ORTIZ,  y  LEONARDO  ENRIQUE  SÁNCHEZ  BARBOSA,  encargados  de  coordinar  el paso hasta el Alto del Poso; lo hicieron  con  la  colaboración  del  Teniente ESCOBAR, jefe de inteligencia o del B2 del  batallón   Santander   y  un  sargento  conocido  como  DON  JAIME,  de  nombre  desconocido.   Adelante  de  los  camiones  iban  otros  dos  vehículos  y  una  motocicleta  ocupados  por  el  personal  de  apoyo,  incluidos los miembros del  Ejército,  y  al  menos  cuatro  guías, alias ANDRO o ANDRES desmovilizado del  EPL,  alias  NICARAGUA exguerrillero de ELN, alias LA RANA, dos para La Gabarra,  alias    CABEZA    DE    MOTOR   y   alias   LUCHO31.   

En el sitio Sanín Villa, antes de Ocaña,  en  un  retén  del Ejército los abordaron, pero lograron superarlo después de  dialogar  con  el  comandante.  Siguieron, llegaron a Río de Oro (Cesar) y como  tenían  que  pasar  frente  a la Estación de Policía, también coordinaron, y  llegaron  a  la ciudad de Ocaña, se aprovisionaron de combustible y el Teniente  ESCOBAR  verificó  el  paso  frente  al Batallón Santander diciéndoles que el  comandante  de  la patrulla, un sargento no se quiso transar y se vio obligado a  coordinar  con  el  comandante de la Unidad Militar, CR. RINCÓN. En Ábrego uno  de  los  camiones  presentó  fallas  y  el personal lo trasbordaron al resto de  camiones,  y  siguieron,  precisando que en el primer camión iba ISAÍAS MONTES  HERNÁNDEZ,  y  llevaba  como  guía un soldado del Batallón Saraguro de Tibú,  alias  BRAYAN  o GEOVANNY VELÁSQUEZ ZAMBRANO. Pasaron  por  un  lado  del  casco urbano del municipio de Sardinata y aclarando, el día  sábado  29  de mayo llegaron a La “Y” de Astilleros, municipio El Zulia. En  ese  lugar  se  encontraron  con  un retén militar permanente adscrito al Grupo  Mecanizado  No.  5  Maza  de  Cúcuta,  y  el teniente comandante de la patrulla  intentó  detenerles  el  paso  al detectar que no eran militares, sino un grupo  armado  ilegal,  el  comandante  del  retén confrontó a Armando Alberto Pérez  Betancourt  y después de un diálogo facilitan el paso, igualmente superaron el  control  que  usualmente hacía la policía nacional de la Estación Refinería,  vía obligada para arribar a La Gabarra.   

El  paso  de  la  caravana  por  Norte  de  Santander,   estuvo   coordinado   con  altos  mandos  del  Ejército  Nacional,  mencionando  a alias DAVID 250, al parecer familiar de SALVATORE MANCUSO GÓMEZ,  como   baluarte   para   la   obtención   de   los  “permisos”.   

Los  ilegales  no  contaron  que  a  pocos  kilómetros  de  Refinerías,  en  el puente Carboneras y muy cerca de la vereda  Socuavo  Norte,  la  guerrilla  los iba a emboscar, resultando muertos y heridos  varios  paramilitares. Como represalia a esta acción,  en  la vereda Socuavo Norte, ARMANDO ALBERTO PÉREZ BETANCOURT ordenó montar un  retén,  inmovilizando  por  varias  horas  vehículos y centenares de personas,  procediendo  a asesinar y desaparecer a más de quince pobladores y uno que otro  guerrillero,  con  el  apoyo de miembros del Ejército Nacional acantonado en la  zona,  exactamente  del  Batallón  Saraguro  cuyo comandante, el Mayor MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ, hoy condenado a cuarenta años de prisión, ha reconocido que  superiores  suyos  facilitaron  el  ingreso  de  las  autodefensas. Estos hechos  fueron  conocidos  como  la  Masacre  del  Socuavo en el cual se documentaron la  muerte  y  desaparición  de aproximadamente quince personas, aunque se dice que  fueron  señalados  por los guías que los acompañaban, lo cierto es que previo  a   quitarles   la   vida,   a   muchos   de   ellos,   los   despojan   de  sus  haberes.   

(…)  Al  día  siguiente,  domingo 30 de  mayo,  recibieron  apoyo  de la patrulla militar adscrita al Batallón Saraguro,  al  mando del capitán JAVIER ESCOBAR, a quien según el Mayor MAURICIO LLORENTE  CHÁVEZ  envió  a  enfrentarlos,  capturarlos  o  darlos  de  baja y terminaron  uniéndoseles,  protegiéndolos  hasta el lugar previsto donde luego de masacrar  otras  personas,  les  permitieron  montar  la  base y el puesto de mando, pocos  kilómetros antes del caserío de La Gabarra.   

Además  de  la  masacre del 29 de mayo de  1999,  se  documentaron  otras  acciones  empleadas  como manera de someter a la  comunidad:  la masacre del 17 de julio de 1999, resultando once personas muertas  en  plena  cabecera  del  municipio de Tibú. Según el postulado ISAÍAS MONTES  HERNÁNDEZ,  comandante  del  grupo perpetrador, contó con la colaboración del  comandante  del  Batallón  Contraguerrilla  No.  46  Héroes de Saraguro, Mayor  MAURICIO LLORENTE CHÁVEZ.   

Luego  se  produce  la  masacre  del 21 de  agosto  de  1999 con más de treinta personas muertas en el caserío La Gabarra,  donde  según  EDILFREDO  ESQUIVEL  RUIZ,  contaron  con  la  colaboración  del  personal  de la base del Ejército Nacional al mando del Capitán CAMPUZANO, hoy  condenado.  Repitieron  su accionar criminal en la modalidad de masacres el 6 de  abril  de  2000  en  el municipio de Tibú, barrios El Triunfo y La Pista, donde  murieron 21 personas y otras cuatro quedaron gravemente heridas.   

También  comandado  por  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  entre  enero  y febrero de 2000 incursionaron al corregimiento Filo  Gringo,  municipio  El  Tarra,  Norte  de  Santander,  no  sin  antes asesinar y  desaparecer  a  más  de  diez  personas,  una  de  las  víctimas menor de edad  embarazada  de  quien  dicen le sacaron el feto. Al llegar a Filo Gringo toda la  población  había  abandonado  el  caserío, solo una pareja de ancianos que no  tuvieron   para   donde  irse  quedaron  allí;  en  la  retirada  los  ilegales  incineraron  las  viviendas.  El  5 de agosto de 2000, también bajo el mando de  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  instalaron  un  falso  retén  en  la  vía  entre  Sardinata  y  Cúcuta,  y  haciéndose  pasar  como miembros de la guerrilla con  brazaletes  de  ELN, detuvieron vehículos e interceptaron a ocho personas (8) a  quienes acribillaron y despojaron de sus pertenencias. (…)   

A  los  pocos  días  de incursionar el ex  comandante  Armando  Alberto  Pérez  Betancourt,  dentro  del  caserío  de  La  Gabarra,  montó  su propia oficina con todas las comodidades que sobresalían a  lo  común,  cerca  de  la  Estación  de Policía, donde atendía sus funciones  delincuenciales,  especialmente el manejo del narcotráfico, la logística de la  organización  y atendía a la comunidad que acudía para que le solucionara los  problemas  y  les  diera  información por la suerte de sus familiares, es decir  sustituyó a las autoridades civiles y policiales.   

La  organización  del  bloque  Catatumbo  respondía   a   una   jerarquía   definida,  contaba  con   estatutos  de  constitución  y  régimen  disciplinario,  reformados y aprobados en la Segunda  Conferencia   Nacional   de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia32,    los  cuales     permitían    el    ascenso    de    sus    miembros    en   esa  estructura33  y, especialmente, estableció y aplicó unos específicos métodos  de  lucha,  a  través  de  los  cuales  buscó consolidar el control político,  militar, social y económico de su zona de influencia.   

Acorde con lo informado por los postulados  en  sus versiones, reseñadas en el escrito de formulación de cargos, el bloque  Catatumbo,   tuvo   una  cúpula  conformada  por  los  hermanos  Carlos  y  Vicente  Castaño Gil,  al  igual  que  por  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ, encargado de la estrategia política y militar  que  debía  cumplirse  en  Norte  de  Santander,  labor  que  adelantaba  desde  Montería.   

          Dependiendo  en  forma  directa de esa estructura, dada la unidad de  mando  característica  de  las  AUC,  ARMANDO ALBERTO  PÉREZ   BETANCOURT,   alias  Camilo,   ejerció  ya  en  el  terreno  y  desde  su  integración,  la  máxima  comandancia  del  mencionado  bloque, apoyado, entre  diciembre  de  1999  y  abril  de  2000,  por Doménico  Mancuso,         alias        Lucas,  quien  se  encargaba,  según  su  pariente   SALVATORE,   de  coordinar  con  precisos  integrantes  de  la  fuerza pública, la ayuda que les  atribuye.   

          Iniciando  enero  de  2000,  JOSÉ BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  alias  Mauro  o   Jerarca  5,  se integró al  grupo  y reemplazó a ARMANDO ALBERTO PÉREZ BETANCOURT  durante   el  mes  de  vacaciones  que  tomó;  alias  Mauro  asumió  luego  como  segundo  mando,  posición que ocupó hasta el 17 de julio del mismo año cuando  ésta   fue   adquirida   por   DIEGO  FERNANDO  FINO  RODRÍGUEZ,         alias         Marlon,  quien  lo  desplazó  al  tercer  mando.   Este  esquema  se  conservó  hasta  la  desmovilización  del  bloque.   

          Con  sustento  en  las versiones de los postulados, se conoce que el  Bloque  Catatumbo estuvo integrado por cerca de 400 hombres, organizados en tres  frentes:   

(i)    La  Gabarra,      comandado      por      ARMANDO   ALBERTO   PÉREZ   BETANCOURT  o  Camilo;   

(ii)          Tibú,  cuyas  operaciones  iniciaron  a  finales  de  octubre  de  2000,  tuvo su sede en el municipio del mismo nombre y  bajo    el    mando    de   JOSÉ   BERNARDO   LOZADA  ARTUZ,           alias           Mauro,  actuó  en su casco urbano, en sus  corregimientos  Campo  Dos  y  Pacelli, al igual que en Las Mercedes, Luis Vero,  San Martín de Loba, La Victoria, corregimientos de Sardinata.   

(iii) Fronterizo o  Fronteras,  integrado  al Bloque el 20 de diciembre de  2001,   su  influencia  se  extendió  a  Cúcuta,  Villa  del  Rosario,  Puerto  Santander,   Los   Patios,   el  Zulia,  la  provincia  de  Pamplona34   y   los  municipios  de  Arboledas,  Salazar, Gramalote y Sardinata. Estuvo comandado por  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  alias  el  iguano, Raúl o Pedro Fronteras,  miembro  de  las AUC desde 1996. El 5 de mayo de 1999 llegó a la  ciudad  de  Cúcuta  como  parte  del  grupo de justicia privada de EDGAR    CERCADO,   alias   Papo,  y  luego  se  integró  de lleno al  accionar    delictivo    del    Frente   Fronteras35.   

          Los  frentes  estaban  organizados  en  compañías de choque con un  promedio  de  200  integrantes,  divididas  a  su  vez  en  6  grupos de 30 a 35  individuos,  asignados  a  escuadras  de  10  o 12 sujetos. Además, existía un  bloque   móvil  liderado  por  RUBÉN  DARÍO  ÁVILA  MARTÍNEZ,          alias         FELIPE, con actividades en el municipio de  El     Tarra;     un     grupo     al     mando     de     alias    FABIÁN, para la seguridad de ARMANDO   ALBERTO   PÉREZ   BETANCOURT  o  Camilo; un grupo urbano de 15  individuos   en   La  Gabarra,  inicialmente  al  mando  de  alias  el     gato,     luego     crispeta   y  por  último,  bachiller, estructuras que contaron con el  soporte     administrativo     o     logístico     de     alias    Guarín    y   alias   GACHA.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

          Con  la  pretensión  de  «…combatir el  enemigo  de la nación colombiana, para retomar esos territorios para la nación  y  para  quitarle  las  finanzas  de  las  que se abastecía la guerrilla y para  quitarle    el    fortín    político,   militar   y   económico   que   ellos  tenían…»36,  el  Bloque  Catatumbo  definió  y  ejecutó contra la población  civil  de  su área de influencia, métodos de dominio consistentes en masacres,  homicidios  selectivos,  desplazamiento  forzado,  despojo  de  ganado y bienes,  exacciones  cobradas a empresas, gremios y comerciantes de Cúcuta por el frente  Fronteras.   

          De  forma  paralela  incursionó en el narcotráfico, actividad que,  señala  la Fiscalía en forma general a partir de lo informado por el postulado  MANCUSO     GÓMEZ37, cada año produjo al Bloque  las  siguientes cantidades de cocaína por número de hectáreas controladas: en  1999,  7.500  kg  por 2.400 ha; en 2000, 21.000 kg por 3.500 ha; en 2001, 30.000  kg  por  5.000 ha; en 2002, 32.400 por 5.400 ha; en 2003, 18.500 kg por 3.000 ha  y en 2004, 11.000 kg por 2.200 ha.   

El  mismo  ex comandante señaló que buena  parte  de  los  recursos  obtenidos  del  tráfico de narcóticos se destinó al  sostenimiento   de   ese   ejército   ilegal,  en  las  cuantías  que  indica.   

El  grupo  ilegal,  con 1.435 miembros, 988  armas  largas,  71  armas  cortas,  55  armas  de acompañamiento, 13 granadas y  287.444   municiones,   se   desmovilizó  en  la  finca  Brisas  de  Sardinata,  corregimiento  Campo  Dos  del  municipio  de Tibú, el 10 de diciembre de 2004,  bajo   el   mando   del  postulado  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ.   

En  el anterior escenario se cumplieron los  hechos   materia   de   esta   sentencia   parcial,   comunes   a   SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JORGE  IVÁN LAVERDE ZAPATA,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ, ISAÍAS  MONTES   HERNÁNDEZ,   JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS  OSPINO,  JIMMY  VILORIA  VELÁZQUEZ  y  LENIN GIOVANNY  PALMA BERMUDEZ.   

Los  cargos  formulados  por  el  Fiscal 41  Delegada  ante Tribunal de Distrito, adscrita a la Unidad Nacional de Justicia y  Paz,  aceptados  por  los  postulados  son  los  siguientes,  los  cuales fueron  agrupados  por  la  Colegiatura  de primera instancia acorde con los patrones de  macro criminalidad señalados por la Fiscalía:   

1. Incursiones a municipios y caseríos como  manera  de  intimidación  a la población civil para ejercer y mantener control  territorial   

Cargo   Nº  5.  Homicidio   en   persona  protegida;  secuestro  simple;  actos  de  terrorismo;  violación de habitación ajena.   

En  la  madrugada  del 10 de enero de 2001,  hombres   uniformados   y  fuertemente  armados  del  Frente  Fronteras  de  las  Autodefensas,   comandado   por  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  incursionaron  violentamente en la población  de   Lourdes   (Norte  de  Santander).  Mientras  unos atacaban con fusiles las instalaciones de la Estación  de  la  Policía  Nacional,  otros,  apoyados  por  un guía, se dirigieron a la  vivienda   del   señor   Antonio  Jerez  y  preguntaron  por  su  hijo Wilson Ramiro  Jerez  Sanabria.  Como  no  se encontraba obligaron al  padre  a llevarlos a la casa donde su hijo convivía con su familia; de allí lo  sacaron  y  lo  llevaron  hasta  la salida del pueblo por la vía que conduce al  municipio  de  Sardinata  y  frente a la cancha fútbol le propinaron múltiples  impactos de arma de fuego, con los que le causaron la muerte.   

El  mismo  grupo  de  hombres  entró  a la  vivienda    del    joven    Jesús    David   Aponte  Urbina, lo interrogaron por unas armas, registraron la  casa   y  salieron  con  él,  obligándolo  a  señalarles  la  casa  de  alias  “El  Gato”;  de allí lo  trasladaron  a  Telecom,  lo  transportaron  en  la  camioneta  donde llevaban a  Jerez  Sanabria, de forma que  pudo  observar  el  momento  en  que le quitaron la vida; después lo dejaron en  libertad.   En   el  hecho  participó  JIMMY  VILORIA  VELÁSQUEZ.   

Cargo   Nº  7.  Homicidio  en persona protegida; secuestro agravado; actos de terrorismo; aborto  sin consentimiento.   

Entre la noche del 13 de enero de 2001 y la  madrugada  del  día  siguiente,  un  grupo  de  hombres  del  Frente Fronteras,  comandado  por  JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA,  movilizados en tres camionetas, incursionaron en el corregimiento  La   Curva,   municipio   de   Bucarasica  (Norte  de  Santander),   asaltaron   la  finca  Media  Libra  de  Eluduvina      Carreño     Estupiñan.  En  la  calle  observaron  un automóvil ocupado por María   Fernanda   Carreño   Estupiñan,  embarazada,   y   su   esposo   José  Hernán  Mejía  Mejía,   quienes   fueron   conducidos   junto   con  Andelfo  Lozano  Riveros a la  finca  La  Palmita,  donde  los  asesinaron  con  múltiples disparos de arma de  fuego.   

El mismo grupo armado sustrajo de la Escuela  Patio  Barrio  a  dos  personas  más,  quienes corrieron la misma suerte de los  antes   mencionados.  De  ellas  sólo  se  logró  identificar  a  Alirio  Ropero  Galván,  mientras  que la  otra,   correspondía   a  una  mujer  de  aproximadamente  18  años  de  edad.   

Para  aterrorizar  y  generar zozobra en la  comunidad,  fijaron  en  las  paredes  de  las  viviendas  avisos  y grafitis de  contenido  amenazante que anunciaban la llegada de las Autodefensas a la región  y   conminaban   a   la   población   a   que   los  apoyaran.  En  este  hecho  participó JIMMY VILORIA VELÁSQUEZ.   

Cargo   Nº  9.  Homicidio  en  persona protegida; secuestro simple; despojo en campo de batalla;  destrucción, supresión y ocultamiento de documento público.   

El  12  de octubre de 2000, integrantes del  Frente  Fronteras de las Autodefensas al mando de JORGE  IVÁN   LAVERDE   ZAPATA   llegaron   a  la  casa  de  Luis  Ernesto  Mantilla Niño  ubicada  en Sardinata (Norte de Santander),  lo  sacaron  bajo  promesas  de empleo, lo obligaron a abordar un  vehículo  y horas después apareció sin vida en el kilómetro 3 de la vía que  conduce  a  Lourdes.  El  cuerpo  presentaba  múltiples  heridas producidas con  proyectiles de arma de fuego; fue despojado de sus pertenencias.   

A los cuatro días de la ceremonia fúnebre,  otros  sujetos  del  grupo  armado  ilegal  volvieron  a  la casa del occiso y a  Miriam  Rodríguez  Lázaro,  esposa,  le  pidieron  las  llaves  del  local  donde  funcionaba  el  taller de  ornamentación  y saquearon todos los elementos de trabajo, avaluados en setenta  millones de pesos.   

Cargo  Nº  10.  Homicidio  en persona protegida; secuestro simple; tortura en persona protegida;  actos de terrorismo en circunstancias de mayor punibilidad.   

El 23 de diciembre de 2001, un grupo de 230  hombres  del  Bloque  Catatumbo,  en  cumplimiento  de  las órdenes directas de  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ  y  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA ARTUZ  de   tomarse   el   corregimiento   Las  Mercedes  del  municipio  de  Sardinata  (Norte   de   Santander),  montaron  un  retén  en  el  punto  conocido  como El Placer o Las Vegas, donde  interceptaron  a  los  señores  Luis Felipe Hernández  Gómez,    Jorge    Vaca   Colmenares   y  Abilio  Guzmán  Pinto  Camelo, a quienes  señalaron  de colaborar con la guerrilla, motivo por el cual los asesinaron con  múltiples        disparos        de       armas       largas       (fusiles).       A      Jorge  Vaca  Colmenares, le dispararon por  la espalda cuando intentaba huir.   

Cargo  Nº  11.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada  en circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  27  de  diciembre de 2001, un grupo del  Bloque  Catatumbo  incursionó  en el corregimiento Luis Vero de Sardinata   con  el objetivo de dar muerte y desaparecer a Orfelina  Pérez  Ureña,  propietaria  de un negocio y de quien  decían   era   hermana   del  comandante  de  las  FARC  alias  “Flaminio”.  En  presencia  de  sus  dos  menores  hijos  la  sacaron  contra  su voluntad de la casa, la condujeron a las  afueras  del  pueblo  donde  la mataron y desaparecieron su cuerpo, sin que a la  fecha se conozca el sitio donde fue inhumada.   

Cargo  Nº  16.  Homicidio  en  persona protegida; actos de terrorismo en circunstancias de mayor  punibilidad.   

El  13  de  enero  de 2001, por órdenes de  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  un   grupo   del  Frente  Fronteras  integrado,  entre  otros  por  JUAN   RAMÓN   DE   LAS  AGUAS  OSPINO  y  JIMMY   VILORIA  VELÁSQUEZ  incursionaron  en  el municipio de Gramalote (Norte de  Santander) con la finalidad de asesinar al ex concejal  de     ese    municipio    Oscar    Enrique    Niño  Ramírez,  a  quien  ubicaron  en  el  establecimiento  ubicado en la calle 5 No. 6- 29 o Calle Real.   

El  señor  Pedro  Antonio  Pérez  Gómez gritó desde la calle que no se  lo  llevaran  porque  era  una  buena  persona  y  los miembros del grupo armado  también  lo  obligaron  a  que los acompañara. Los condujeron a otro lugar del  pueblo,  donde  los  ataron  y sometieron contra el piso en posición de cúbito  dorsal,  para  enseguida  asesinarlos  con  disparos  de arma de fuego. Luego se  trasladaron    a    la    vivienda    de    Benedicto  Velandia  y  como  no  respondió dispararon contra la  casa.  Al marcharse pintaron insignias de las A.U.C. en los muros de la vivienda  y en la mayoría de la localidad de Gramalote.   

Cargo  Nº  21.  Homicidio  en  persona protegida; actos de terrorismo en circunstancias de mayor  punibilidad.   

El 30 de noviembre de 2001, entre las 4 y 5  a.m.,  a  200  metros  de  la  vía  que  del  municipio  de El Zulia conduce al  corregimiento  de  Campo  Alicia, a la altura del caserío El Salto, hombres del  Frente  Fronteras  al  mando  de  JORGE  IVÁN LAVERDE  ZAPATA,  instalaron  un  retén e inmovilizaron varios  vehículos  ocupados  por José Alirio Mandón Suárez,  José  Leonidas  Quintero,  Deleizer Mantilla Picón, Yesid Alberto Yáñez Soto  y    Carlos    Andrés  Oliveros,  a quienes bajaron y amarraron de las manos.   

Al  parecer, una de estas personas informó  que  en  el  automotor  llevaban  armas  y  al revisar encontraron 2 fusiles y 5  pistolas.  A  los  mencionados  señores  los asesinaron con disparos de arma de  fuego  calibre 9 mm. Así mismo, incineraron los carros Dodge Dart, taxi, placas  URC-405  y  Ford  modelo  53,  con  placas  URI-285  de propiedad de Deleizer Mantilla Picón.   

Cargo  Nº  36.  Homicidio  en  persona  protegida;  actos de barbarie; violación de habitación  ajena en circunstancias de mayor punibilidad.   

El 24 de noviembre de 2001 a las 10:20 a.m.,  dos  integrantes  del  grupo  paramilitar  de Salazar de las Palmas, al mando de  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  ingresaron   de   manera   violenta  al  inmueble  distinguido  con  el  número  9–63 del barrio El Páramo  de  dicho  municipio,  donde  vivían  Rosa  Alexandra  Carrillo  Díaz,  Nelly  Carrillo  Díaz  y  Johanna  Silva  Carrillo,  a quienes les  dispararon  con  armas  calibre  9  mm.  Rosa Alexandra  Carrillo  Díaz  perdió la vida en el lugar, mientras  que   Nelly  y  Johana  alcanzaron  a ser conducidas vivas  al  hospital de la localidad, donde fueron alcanzadas por los mismos agresores y  en presencia del personal médico las ultimaron.   

Cargo  Nº  42.  Homicidio  en  persona protegida; actos de terrorismo; violación de habitación  ajena en circunstancias de mayor punibilidad.   

El 28 de junio de 1999, sujetos fuertemente  armados,  entre  ellos JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA, JUAN  RAMÓN  DE  LAS AGUAS OSPINO y  JIMMY  VILORIA  VELÁSQUEZ  incursionaron  a la vereda  Santa  Cecilia  del  corregimiento  El Salado e ingresaron de manera violenta al  inmueble  número  K  – 42,  identificaron  a  Jorge Eliécer Rosas Luna,  quien  aparecía  en  una  lista de personas para asesinar. Éste  dormía  con  su  hija  de  4  años  y  después  de quitarla de sus brazos, en  presencia de la niña, le dispararon hasta causarle la muerte.   

Durante  la incursión, fijaron letreros en  los  muros  de  la  casa  de  la  víctima  y  de otras viviendas del sector con  mensajes  contentivos  de  amenazas  contra  la  población como “MUERTE  ACCU  A  LOS  SAPOS  VIVAN LAS AUTODEFENSAS ACCU”.   

Cargo  Nº  59.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  agravado:  actos  de  terrorismo;  despojo   en   el   campo  de  batalla;  deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento  forzado  de  población civil; tráfico, fabricación y porte de  estupefacientes.   

El  31  de  julio  de  1999, en una acción  planeada    directamente    por   SALVATORE   MANCUSO  GÓMEZ  y  ejecutada  en  compañía  de  JOSÉ  BERNARDO LOZADA ARTUZ y David  Hernández,  alias  “39”,  arribaron  en  helicóptero  a las  veredas  Los  Cuervos y Puerto Barrancas del corregimiento La Gabarra, municipio  Tibú  (Norte de Santander).   

En el lugar se dividieron en dos grupos, uno  con  SALVATORE MANCUSO GÓMEZ  en  la  vereda  Los  Cuervos  y otro con JOSÉ BERNARDO  LOZADA  ARTUZ  en  la vereda Puerto Barrancas, apoyado  por  el grupo Los Atacadores al mando de ISAÍAS MONTES  HERNÁNDEZ.  Procedieron a montar retenes fluviales en  el  río  Catatumbo  para  inmovilizar  a los pobladores que se transportaban en  canoas  y  obligarlos  a  participar  en  una  reunión  en la cual les dieron a  conocer  la  presencia  del  grupo ilegal en la región y amenazaron de muerte a  quienes apoyaban a la guerrilla.   

Posteriormente    despojaron   de   sus  pertenencias  a  algunos de los retenidos, de una cantidad indeterminada de base  de  coca  y  más de cien millones de pesos. En la referida maniobra le quitaron  la  vida a Jorge Páez Garzón  (también   lo   despojaron   de  una  canoa  de  su  propiedad),  Edison  Alberto  Galván   Flórez   y  José  Ángel  Contreras  Rincón, en la vereda Los Cuervos; y  en   la  vereda  Barrancas,  a  Luis  Antonio  Padilla  y  Luis  Jesús  Contreras  Torrado,  todos  de  oficio  bogas  o  transportadores  fluviales.   

Cargo  Nº  61.  Homicidio   en   persona  protegida;  secuestro  simple;  actos  de  terrorismo;  desplazamiento  forzado  de  población  civil;  despojo  en campo de batalla en  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 14 de agosto de 1999, aproximadamente 40  hombres  armados  y  uniformados,  entre  ellos ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  llegaron a la finca de la familia  Guerrero  García, ubicada en  el  sector  Campo  Tres, vereda La Esmeralda, corregimiento Campo Dos, municipio  Tibú,  y  sacaron de la casa a Apolinar Contreras, Ana  Judith  Guerrero  Contreras,  Abelino  Guerrero  García,  Luis Antonio Guerrero  Contreras,     Eugenia    Contreras    y  Miguel  Alberto  Guerrero  Contreras, los  llevaron  a  un  palo de mango, les amarraron las manos atrás y les dijeron que  venían por el ganado y los vehículos.   

Una  vez  terminaron de sustraer el ganado,  regresaron  a la finca y se llevaron a Abelino Guerrero  García  y  a  Luis  Antonio  Guerrero  Contreras y a los 20 minutos se escuchó una  fuerte  explosión  seguida  de  disparos.  Le prendieron fuego a un rancho, muy  cerca   al   sitio  donde  quedaron  parcialmente  incinerados  los  cuerpos  de  Abelino    y   Luis  Antonio.  Por  estos  hechos,  la  familia  salió  desplazada  hacia  Tibú.  Los miembros del grupo armado ilegal  despojaron  a  las  víctimas  de  200  cabezas  de  ganado,  10  gallinas,  una  herramienta  y  todos  los  alimentos  perecederos  que  tenía  en  la alacena,  también  hurtaron  dos  carros,  un  Willis modelo 1961 con placa IW-5093 y una  camioneta modelo 1994 con placa SCG-930 de Venezuela.   

Cargo  Nº  62.  Homicidio  en persona protegida; secuestro simple; tortura en persona protegida;  despojo  en  campo  de  batalla;  actos de terrorismo; violación de habitación  ajena con circunstancias de mayor punibilidad.   

El  21  de  agosto  de  1999,  en la vereda  Petrolea,   corregimiento   Campo   Dos,   municipio   de  Tibú,  un  grupo  de  Autodefensas,  armado y uniformado de manera similar a los militares, algunos de  ellos   encapuchados,   al  mando  de  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  ingresaron  al  caserío,  sacaron de sus  casas  a  los  pobladores, los obligaron a participar en una reunión y después  de  tratarlos  de  auxiliadores  de la guerrilla, escogieron y dieron muerte con  disparos   de  arma  de  fuego  a  Benjamín  Remolina  Lindarte,   David   Hernández   Jaimes,   Luis   Daniel   Villamizar  Contreras  y     Omar     Orlando  Pérez,  de  quienes  sólo  se  pudieron  recoger sus  cuerpos al siguiente día.   

A David Hernández  Jaimes,  lo  despojaron  de  trescientos mil pesos y a  Benjamín  Remolina  Lindarte  de  dinero y artículos de su negocio. Igualmente, fueron retenidos Jair  Moncada, los profesores Pablo  Bonilla  y  Ángel    María,   los   conductores   Luis     Murillo     y     Nelson  Reyes,  y los hermanos  Javier  Villamizar  Contreras,  Abel Villamizar Contreras, Víctor  Manuel   Contreras,   Víctor   García  y Tato Santander.   

Cargo  Nº  63.  Homicidio  en  persona protegida; secuestro simple agravado; despojo en campo de  batalla;   deportación   expulsión   traslado   o  desplazamiento  forzado  de  población civil en circunstancias de mayor punibilidad.   

El  21  de  agosto  de  1999,  David  García Manosalva se desplazaba de  la  vereda  Miraflores  hacia la vereda Campo Giles del corregimiento Campo Dos,  municipio   de   Tibú,   cuando  miembros  de  las  autodefensas  al  mando  de  ISAÍAS  MONTES HERNÁNDEZ lo  retuvieron,  lo  amarraron  y  ejecutaron  frente a la gruta de la Virgen, en el  sitio  conocido  como  Patagallinas.  Junto  a  él  dieron  muerte  a otras dos  personas   identificadas   como   Pedro  Pablo  Torres  y José de Jesús Gutiérrez  Vargas,   a   quienes   sacaron  de  la  finca  donde  trabajaban.   

Cargo     Nº     65.    Homicidio   en   persona   protegida;  secuestro  simple;  actos  de  terrorismo;  desplazamiento  forzado de la población civil; despojo en campo de  batalla;  utilización  de  medios  y  métodos  de  guerra  ilícitos,  todo en  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 10 de junio de 2001, en la vereda Puerto  Palmas  del corregimiento La Gabarra, municipio de Tibú, integrantes del Bloque  Catatumbo     al    mando    de    ISAÍAS    MONTES  HERNÁNDEZ  instalaron  un  retén  a orillas del río  Catatumbo y obligaron a detenerse a quienes por allí transitaban.   

Alrededor  de  cincuenta  personas  fueron  retenidas  contra su voluntad; al cabo de dos horas a la mayoría le permitieron  alejarse,  salvo  a  Samuel  Darío  Jaimes Cruz, Ciro  Antonio  Reyes  Pinilla y Antonio María Meza Ardila, a  quienes   mantuvieron  en  cautiverio.  A  Ever  Reyes  Molina,  Ciro  Eduardo Reyes Molina y Noriel Reyes, los  condujeron  hasta  una  casa  donde  permanecieron dos horas más. Al medio día  liberaron  a  los tres últimos, mientras que a los tres primeros los asesinaron  con  disparos  de arma de fuego. Posteriormente saquearon la tienda de abarrotes  de    Samuel   Darío   e  Isabel  Ruiz;  igualmente se  apoderaron  del  ganado,  canoas  de  motor  y  otros  bienes  de  propiedad  de  Ciro  Antonio  Reyes  y  sus  hijos.   Atemorizados   por   los   hechos,   optaron   por  desplazarse  de  la  zona.   

Cargo     Nº     76.    Homicidio  en  persona  protegida;  tortura  en  persona  protegida;  secuestro  simple agravado; actos de terrorismo; despojo en el campo de batalla;  violación      habitación     ajena     en     circunstancias     de     mayor  punibilidad.   

El  1º  de  diciembre  del año 2001, a la  vivienda  de  Miguel Ángel Rodríguez López, Geovanny  Rodríguez  López  y Yoneisi  Rodríguez  López,  ubicada en el Kilómetro 14 de la  vía  Tibú  – La Gabarra, llegaron hombres del grupo urbano de las autodefensas  al  mando  de  JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ,  quienes  los  sacaron  de  sus  habitaciones junto a Víctor   Manuel   Rodríguez,  visitante  ocasional.   Luego  los  ataron  y  los  ejecutaron  uno  a  uno  con  elementos  contundentes  como  garrotes  y piedras que les descargaron sobre sus cabezas. A  Víctor Manuel Rodríguez, lo  requisaron,  lo  despojaron  de  tres millones de pesos y lo dejaron en libertad  con  la  advertencia  que  debía  guardar  silencio.  La  señora  Olga  López  Ochoa,  madre de los occisos  intentó  llegar  hasta  el  lugar,  pero un miembro del grupo se lo impidió, a  pesar de lo cual dice haber escuchado los gritos de sus hijos.   

Cargo  Nº  79.  Homicidio  en  persona protegida; secuestro simple; tortura en persona protegida  en circunstancias de mayor punibilidad.   

El  13  de  mayo  de  2000,  José  Belén Páez Rosso, presidente de la  Junta  de  Acción  Comunal de la Vereda Río Nuevo del Corregimiento Campo Dos,  municipio  de  Tibú,  se  encontraba  en  su  finca  con su esposa Blanca  Carrillo Mogollón, cuando un grupo  de    hombres    al    mando    de   ISAÍAS   MONTES  HERNÁNDEZ,  llegó  y  luego de preguntar por él, lo  acostaron  boca abajo, lo ataron de pies y manos, lo internaron por un matorral,  donde  lo golpearon. Al siguiente día lo metieron a un rancho donde permaneció  varias  horas, luego lo obligaron a abordar un camión y al caer la tarde, en un  paraje solitario, fue hallado su cuerpo.   

Cargo     Nº     81.    Homicidio   en   persona   protegida;  secuestro  simple;  actos  de  terrorismo en  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  30  de  julio  de  2000,  Cesar  Augusto  Noriega participaba de una  fiesta  en  el Club Barquito del municipio de Tibú, cuando irrumpió un comando  de  hombres que portaban armas largas, quienes atropellaron y dañaron todo a su  paso,  agredieron y amenazaron a los participantes del evento, a las mujeres las  llevaron  a  la  cancha  de  microfútbol  y  a los hombres después de hacerles  quitar  la  camisa, los obligaron a meterse a la piscina del balneario, mientras  les apuntaban con los fusiles para vigilar sus movimientos.   

Luego   se   marcharon   del   lugar  con  Cesar Augusto Noriega Osorio,  a  quien  señalaban como auxiliador de la guerrilla. Al amanecer, por los lados  de  la  planta  de  tratamiento  del  agua potable de Tibú, en el barrio Divino  Niño,  encontraron su cuerpo con heridas producidas con armas contundentes y de  fuego   

Cargo  Nº  86.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple;  actos  de  terrorismo en  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  7  de  julio  de  2000,  en  la primera  incursión  de  las  autodefensas  al  municipio  de  Sardinata, aproximadamente  cuarenta  hombres  fuertemente  armados  y uniformados, al mando de ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  ingresaron a  los  barrios  El Poblado y Centenario donde retuvieron a más de quince personas  y  las  condujeron  al  parque  de  La Virgen. Por señalamiento de Alex   Cobos,   dejaron   a  Gonzalo   Pereira  Lindarte  y  Guzmán  Rodríguez  Vergel,  a  quienes  dieron muerte.   

Entre las personas retenidas y conducidas al  parque  de  La  Virgen  se  han identificado a Hernando  Edwin  Castañeda,  Oscar  Torres  Fiallo,  Roque  Arteaga  Vaca,  Sergio María  Camacho  Flórez,  Luis Ramón Gutiérrez Rey, José David Pérez Rozo, Humberto  Peñaranda,  Luis  Alfonso  Camacho  Flórez,  Jesús  Alirio Cristancho, Jesús  Iván  Tolosa,  Evaristo  Julio Garavito, Luis Antonio Támara Tarazona y Miguel  Rosales Ibarra.   

Cargo  Nº  100.  Homicidio  en persona protegida; secuestro simple; tortura en persona protegida;  despojo  en  campo de batalla; destrucción y apropiación de bienes protegidos;  desplazamiento  forzado  de  población  civil; represalias en circunstancias de  mayor punibilidad.   

El 25 de julio de 2000, hombres armados con  fusil,  ametralladoras  M-60,  granadas,  uniformados  de  camuflado  y otros de  civil,  portando  brazaletes  con  la  sigla  AUC  incursionaron al caserío del  corregimiento  Campo  Alicia, municipio El Zulia. Reunieron a la comunidad en el  Colegio  Básico  y  a  los  docentes  los  obligaron  a salir de las aulas, los  interrogaron  sobre  su  vinculación  laboral y les dijeron que a partir de ese  momento  tenían  que  trabajar  con  ellos;  luego,  se dirigieron a la sede de  TELECOM,  destruyeron  las  ventanas,  se  apropiaron  de  dinero en cuantía de $1.200.000 y con artefactos  explosivos causaron daños a la sede.   

De  la  reunión  sacaron  a  Carmen  Belén Sandoval Sandoval, promotora  de    salud,    sindicada   de   apoyar   a   la   guerrilla,   a   Teodoro  Galvis  Hernández  y  Germán Galvis Flechas; aproximadamente a  un  kilómetro  los mataron con disparos de arma de fuego. Para salir de la zona  se  apoderaron  de  dos  automotores,  entre  ellos  un  campero de propiedad de  Marcelino             Martínez.   

2. Homicidios y desapariciones forzadas por  no compartir el actuar criminal del grupo armado ilegal   

Cargo  Nº  12.  Homicidio   en   persona  protegida  en  circunstancias  de  mayor  punibilidad;  constreñimiento a apoyo bélico.   

El  10  de  noviembre de 2000, José   Espíritu   Lizarazo  Ramos  desde  Sardinata  abordó  un bus de servicio público con destino al corregimiento Las  Mercedes  de  la  misma  municipalidad.  En el sitio conocido como La Virgen era  esperado   por   miembros   del  grupo  urbano  de  autodefensas  comandado  por  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  quienes  lo  bajaron del automotor y en presencia de los ocupantes le dispararon  múltiples    proyectiles    de   arma   de   fuego   que   le   produjeron   la  muerte.   

Cargo  Nº  19.  Homicidio   en   persona  protegida;  secuestro  simple;  represalias,  todo  en  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  1º  de  agosto  de  2002,  Jairo  Genes Gómez Ariza, contratista de  la  Fundación Catatumbo -Proyecto Cacao- con sede en el Municipio de Tibú, fue  abordado  por  8  hombres vestidos de civil que lo llevaron a la vía Los Patios  donde lo asesinaron con disparos de arma de fuego.   

Cargo  Nº  73.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple; despojo en campo de batalla  en circunstancias de mayor punibilidad.   

El  4  de abril de 2003 los integrantes del  grupo  urbano  de  las  autodefensas de Tibú sacaron de las instalaciones de la  Fundación   para   el   Desarrollo   del  Catatumbo  FUNDESCAT,  a  la  doctora  Martha Estela Viancha Rangel,  abogada    discapacitada    (ausencia   de   pierna  derecha),   asesora   jurídica  de  la  entidad;  la  obligaron  a  subir  a  un  vehículo  en  el  que  la condujeron a la pista del  aeropuerto  de la localidad donde, luego de conversar por algunos minutos con el  comandante     paramilitrar     Richard     Pitalua  Martínez         alias         “Chamba”,  le  causaron  la  muerte  con  disparos   de   una   pistola   9   mm.   y   la   despojaron   de  sus  objetos  personales.   

Cargo  Nº  24.  Homicidio  en  persona protegida; actos de barbarie, concurren en circunstancias  de mayor punibilidad.   

El  6  de  octubre de 2003, sobre las 11:30  p.m.,    el    doctor    Alfredo   Enrique   Flórez  Ramírez, asesor jurídico de la Alcaldía de Cúcuta,  abandonó  las  instalaciones del Palacio Municipal con destino a su residencia,  cuando   fue   interceptado   por  dos  sujetos  del  Frente  Fronteras  que  se  transportaban  en  una  motocicleta,  los  cuales  le dispararon con una pistola  calibre 9 mm causándole la muerte.   

Cargo  Nº  26.  Homicidio  en  persona  protegida  consumado  y en grado de tentativa; concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 1º de noviembre de 2003, en la calle 14  con  avenida 0 de la ciudad de Cúcuta, el doctor Jaime  de  Jesús  Arango Muñoz, superintendente de Ecopetrol  en  Tibú,  y  su menor hija Clara Inés Arango Delgado  fueron atacados con armas de fuego por integrantes del  Frente    Fronteras   que   se   movilizaban   en   motocicletas.   Arango  Muñoz  perdió la vida y la niña  quedó herida.   

Cargo  Nº  31.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple en circunstancias de mayor  punibilidad; violación de habitación ajena; represalias.   

El  19  de agosto de 2000, siendo las 10:30  p.m.,   Leónidas   Quintero   Mendoza   y     Martha     Cecilia     Hernández  Luque,  presidenta  de  la  Asociación  Municipal  de  Mujeres  Campesinas  de  El  Zulia  y  candidata  al Concejo de la localidad, se  encontraban  en  su  residencia  ubicada  en  el  paraje  el  Triunfo  de  dicho  municipio,  cuando  varios  sujetos  armados  del  Frente  Fronteras los sacaron  contra  su  voluntad,  los  condujeron  al sector de Urimaco donde funcionaba el  basurero  público  de  Cúcuta  y  los asesinaron tras dispararles con armas de  fuego calibre 9 mm.   

Cargo  Nº  43.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple, concurren circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  29  de  octubre de 1999, en horas de la  madrugada,  integrantes  del  Frente  Fronteras sacaron del centro de diversión  Rumichaca   a   Wilson  Javier  Villamizar  y lo condujeron al anillo vial occidental de la ciudad de Cúcuta,  sector  Las  Polleras,  barrio  Aguas  Calientes, donde le propinaron múltiples  disparos  con  arma de fuego, por la sospecha de que les hacía seguimiento para  que el D.A.S. los capturara   

Cargo  Nº  74.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  tortura  en persona  protegida, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  24  de  abril  de  2001,  llegaron a la  residencia   de  Félix  Casadiego  Parra,  ubicada  en  el barrio Miraflores de Tibú, integrantes del grupo  urbano  de  las  autodefensas.  Como no lo encontraron, lo ubicaron en un billar  sobre  la  vía  al  cementerio donde lo obligaron a subirse a un vehículo y lo  trasladaron  a  la  casa  de Richard Pitalua Martínez.  Allí  lo  retuvieron  por  espacio  de dos días y al  tercero  lo  sacaron  y  le  causaron  la  muerte con varios impactos de arma de  fuego.  Su cuerpo fue abandonado en el sitio los Higüeros, vereda Campo de Yuca  de  esa  localidad,  donde fue encontrado por sus familiares el día 27 de abril  de 2001.   

Cargo  Nº  75.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro simple; obstaculización de tareas  sanitarias  o  humanitarias,  concurren  circunstancias  de  mayor  punibilidad;  represalias; tortura en persona protegida.   

El  10  de  julio  de  2001,  Feliciano  Casadiego  Rincón se encontraba  en  una caseta del municipio de Tibú consumiendo cerveza. Al notar la presencia  del    paramilitar    José    del    Carmen   Jaime  Solano, que había participado en la muerte de su hijo  Félix  Casadiego  Parra, le  reclamó  airadamente  siendo  golpeado por aquél en el brazo izquierdo, motivo  por  el  cual  fue  llevado  al  Hospital  San  José,  de  donde fue sacado por  integrantes  del  grupo urbano y después de mantenerlo retenido, en horas de la  noche le causaron la muerte con arma de fuego.   

Cargo  Nº  96.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple;  represalias, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  18  de  junio  de  2001,  Alejandra  Liliana  Torres Riaño salió de  su  casa  a  las  8  de  la  noche  a  realizar una llamada telefónica y cuando  regresaba  fue  abordada  por miembros del grupo urbano de autodefensas de Tibú  al  mando  de  JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ,  quienes  se  la  llevaron  hasta la finca Altamira del barrio Los  Pinos   donde  le  dieron  muerte  con  arma  de  fuego.  La  asesinaron  porque  supuestamente  daba  información  al  ejército  sobre  el  movimiento  de  las  Autodefensas.   

3.  Acciones con multiplicidad de víctimas   

Cargo  Nº  20.  Homicidio  en  persona  protegida  consumado  y en grado de tentativa, concurren  circunstancias de mayor punibilidad; actos de terrorismo.   

El  3  de  abril  de 2002, a las 6:15 p.m.,  JORGE  IVÁN LAVERDE ZAPATA y  cuatro    integrantes   del   Frente   Fronteras,   entre   ellos   LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ, armados  con  pistolas nueve milímetros, ingresaron al inmueble de la calle 9ª No. 16 N  – 20 barrio Cecilia Castro  de  la ciudad de Cúcuta, donde funcionaban unos billares, y dispararon en forma  indiscriminada  porque  supuestamente  allí  se  reunían integrantes de bandas  delincuenciales   y  consumidores  de  droga.  Perdieron  la  vida  Luis  Fernando  Bonilla  Acuña,  Aramis  Ortiz  Sepúlveda,  Javier  Rincón  Vargas,  Helena Cárdenas Pérez y  Marino  Rentería  Cuero,  y  resultaron  lesionadas  Luz  Esther Vargas Gómez y Jenny Carolina  Villamizar,  menor  de  10  años de edad. En el lugar  fijaron  letreros alusivos a las Autodefensas en los que anunciaban actos contra  la  población  civil,  con  textos  como:  «RODARÁN  CABEZAS»,  «FUERA  VICIOSOS»,  «MUERTE  A  VICIOSOS»,  «MUERTE  A RATAS»,  «FUERA ZORRAS», entre otros.   

Cargo  Nº  27.  Homicidio  en  persona protegida, concurren circunstancias de mayor punibilidad;  violación de habitación ajena.   

El  13  de  marzo de 2002, en la casa de la  avenida  1º  No.  10  – 45  barrio   Carlos   Ramírez   París   de   la   ciudad  de  Cúcuta,  integrantes  del  Frente  Fronteras  al  mando   de  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  con  la  participación de LENIN GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ, ingresaron violentamente y ejecutaron  con   múltiples   disparos  a  Ángel  María  Rivera  Quintero,  Gabriel  Rivera  Quintero, Luis Jesús Rivera Quintero y Luis Antonio  Meza Cárdenas.   

Cargo  Nº  28.  Homicidio  en  persona  protegida  consumado  y en grado de tentativa; concurren  circunstancias  de  mayor  punibilidad;  simulación  de  investidura  o  cargo.   

El  19 de marzo de 2002, en el separador de  la  avenida  1ª  con  calles  4ª y 5ª, a la altura  de la ciudadela Juan  Atalaya  de  la  ciudad  de  Cúcuta,  Juan  de Jesús  Alcibíades  Gerardino,  Miguel  Ángel  Méndez,  Juan  Bohormita  y  José  Ismael  Santos Amaya,  fueron  interceptados  por tres individuos armados pertenecientes  al  Frente  Fronteras, entre ellos LENIN GEOVANNY PALMA  BERMÚDEZ,  quienes se hicieron pasar como miembros de  la  Fiscalía  General de la Nación, les solicitaron una requisa y los pusieron  con   las   manos   arriba;   posteriormente,   les   pidieron   documentos   de  identificación  y  cuando  bajaron  las manos les dispararon con pistolas 9 mm.   

En  esta acción quedaron sin vida los tres  primeros  y  gravemente  herido  José  Misael  Santos  Amaya.  Por  el  lugar  transitaba la niña de escasos  seis  años  de  edad  A.P.G.B.,  acompañada  de  su  progenitora  Martha     Ballesteros,    quien    como  consecuencia  del  ataque  resultó  gravemente  herida  al ser impactada por un  proyectil  que  se alojó en su cabeza, el que le produjo la muerte cuatro días  después    en    el   hospital   Erasmo   Meoz.   El   ciudadano   José  Ismael  Santos  Amaya, fue objeto de  similar  atentado  contra  su  integridad  personal,  luego  de que a través de  engaños  fuera  sacado de su residencia por integrantes del grupo armado ilegal  quienes  lo  trasladaron  a un lugar en donde le dispararon, pero logró escapar  del   atentado   y   se   dirigió   a   una   institución   médica  para  ser  atendido.   

          Cargo   Nº   29.  Homicidio  en  persona  protegida, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  5 de mayo de 2002, en la avenida 52 N°  18  – 27 del Barrio Antonia  Santos  de  la  ciudad  de  Cúcuta,  en  los  billares El Cóndor, Jairo  Barbosa Pérez, Adalbert Alberto Pardo Arias, Cristian Alexis  Monsalve   Solano  y  Miguel  Ángel  Flórez  Carreño fueron sorprendidos por tres  sujetos  armados  pertenecientes al Frente Fronteras, quienes sin mediar palabra  dispararon  armas  automáticas  tipo  pistolas  calibre  9  mm  y  45 mm, hasta  dejarlos  sin  vida. Acto seguido, LENIN GEOVANNY PALMA  BERMÚDEZ     sacó     del     lugar     a     los  perpetradores.   

Cargo  Nº  30.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El 18 de mayo de 2002, en el sitio conocido  como  restaurante  Natilan de la ciudadela Juan Atalaya de Cúcuta, José   Luis   Santander  Amaya,  Willington  Eduardo  Rubio  Tolosa  y    Mauricio    Pacheco  Pérez  fueron  asesinados por tres sujetos del Frente  Fronteras,   entre   ellos,   LENIN   GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ,     quienes     se     movilizaban    en  motocicletas.   

Cargo  Nº  45.  Homicidio   y   tortura   en  persona  protegida;  secuestro  simple,  concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 13 de abril de 2000, en vía pública de  la  avenida  7ª  B  Canal  frente  al No. 5 N-33 del barrio Sevilla de Cúcuta,  Germán   Ortiz   Aguilar,   Fabio  Caviedes  Guevara  y   Jorge   Yovanni  Ruíz  Guiza,  fueron  ejecutadas  con  disparos  de  arma de  fuego,  tipo  pistola  9  mm,  por integrantes del Frente Fronteras, entre ellos  JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS  OSPINO.   

Cargo  Nº  48.  Homicidio  en  persona  protegida;  despojo  en  campo de batalla; violación de  habitación ajena, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El 2 de agosto de 2000, en el inmueble de la  Manzana  5  Lote 19-1, barrio Atalaya de Cúcuta, fueron asesinados Jefferson  Ospina  Ropero, Raúl José Contreras Galvis y  Jairo  Omar Morantes Jaimes,  por  hombres  pertenecientes  al  Frente  Fronteras, entre ellos,  JUAN RAMÓN DE LAS AGUAS OSPINO.   

Cargo  Nº  53.  Homicidio   en  persona  protegida;  despojo  en  campo  de  batalla,  concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 18 de diciembre de 2000, en la manzana 14  Lote  8  Primera  Etapa  de  la  ciudadela Juan Atalaya de Cúcuta, Alirio   de   Jesús   Suescún   Flórez,  Edgar  Suescún  Flórez  y   Emel   Arturo   Yaruro  Flórez  fueron  asesinados. Este último salía de su  casa  en  motocicleta  en compañía de su menor hija de 7 años de edad, cuando  se   acercaron   dos   hombres   armados  del  Frente  Fronteras,  entre  ellos,  JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS  OSPINO,  quienes  lo  obligaron a bajar de la moto y ordenaron que la menor  entrara  a  la  casa,  luego,  procedieron  a  dispararle  en  varias ocasiones.  Ejecutado  el  hecho  despojaron a las víctimas de la motocicleta, un celular y  una pulsera.   

Cargo  Nº  84.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple;  despojo  en  campo  de  batalla,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  3  de  septiembre de 2000, Omar    Alirio   Parada,   Raúl   Álvarez   Velásquez  y  Henry Álvarez Velásquez  estaban  hospedados  en  un  hotel  del centro de Tibú y de allí  fueron  sacados  contra  su  voluntad  por  miembros  del  grupo  urbano  de las  autodefensas,  que  los  condujeron  hasta  la vereda Las Delicias, sector de la  Hamaca,  les  dieron muerte con disparos de pistola 9 mm y los despojaron de sus  pertenencias.   

Cargo     Nº     99.    Homicidio  en  persona protegida; secuestro simple; despojo en campo  de   batalla;   actos   de   terrorismo,   concurren   circunstancias  de  mayor  punibilidad.   

El 5 de agosto de 2000, en el sitio conocido  como  San  Roque, sobre la vía Cúcuta-Sardinata, miembros del Bloque Catatumbo  comandados  por  ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ,  colocaron  un  falso  retén  donde  detuvieron  y requisaron los  vehículos  que pasaban, al tiempo que identificaban a sus pasajeros, de los que  seleccionaron  a  Ovidio  Díaz Fuentes, Nelson Duarte  Flórez,  Ramón Gómez Palacio, Óscar Arnoldo Jaimes Celis, John Jairo Guevara  García,  Carmen  Emiro  Sánchez Coronel,  María Josefa Canal Rodríguez,  Orangel    Mendoza   Contreras,   José   Antonio   Guerrero   Baena,  quienes fueron ejecutados con armas largas y cortas. Además, los  despojaron   de   sus   pertenencias;  para  confundir,  usaron  brazaletes  del  E.L.N.   

4. Desapariciones forzadas con la finalidad  de ocultar evidencia.   

Cargo  Nº  66.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El  22  de  Febrero  de  2000, Javier  Silva  Sánchez se encontraba en el  Puerto  Maderero del corregimiento La Gabarra de Tibú a bordo de una canoa para  dirigirse  a  la  vereda  Caño Guadua, cuando fue interceptado por miembros del  grupo  urbano  de  las  autodefensas,  quienes contra su voluntad lo obligaron a  trasbordar  a otra canoa, lo condujeron a la vereda Caño Guadua y lo entregaron  al  comandante  paramilitar  de la zona, quien se encargó de darle muerte y, al  parecer,  enterrar  el  cuerpo  en fosa común, pues se desconoce el lugar donde  fue dejado.   

Cargo  Nº  67.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad; violación de habitación ajena.   

El  12  de  marzo  de  2000,  Fernando  Cely  Díaz  fue  sacado  de una  residencia  ubicada  en  el  corregimiento La Gabarra de Tibú por cinco sujetos  armados  del  grupo  urbano  de  las  autodefensas  vestidos  de  civil,  que lo  trasladaron   hasta   la   orilla   del   río   Catatumbo,  donde  Edilfredo  Esquivel  Ruíz  le  causó  la  muerte y arrojó su cuerpo a las aguas.   

Cargo  Nº  71.  Homicidio  en persona protegida, desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El  6  de  junio  de  2000,  Luis  David  Mariño  Sierra  salió de la  finca  El  Cedral, zona rural de La Gabarra de Tibú, al sector del comercio del  mismo  corregimiento  y  de  regreso,  en  el  puerto  principal  sobre  el río  Catatumbo,  dos  miembros del grupo urbano de las autodefensas, lo llevaron río  abajo  hasta  una  cacaotera  donde  lo  hicieron  descender y le dispararon con  pistola  calibre 9 mm.; su cuerpo fue lanzado al rio Catatumbo, sin que hasta la  fecha se haya recuperado.   

Cargo  Nº  72.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada; actos de terrorismo;  despojo    en    campo   de   batalla,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  29  de  abril  de  2000,  en  la  calle  principal  del  corregimiento La Gabarra de Tibú, Juan  José  Durán  Pabón fue abordado y retenido contra su  voluntad  por integrantes de las autodefensas que lo llevaron en una camioneta y  lo  condujeron  a  orilla  del  río  Catatumbo, donde fue asesinado y su cuerpo  lanzado  a las aguas del río. A la fecha no ha sido posible la recuperación de  su   cadáver.   En  la  misma  época,  el  grupo  comandado  por  Abel  Miro  Manco Sepúlveda, despojó a la  familia  de la víctima de 106 reses, bajo el argumento de que los animales eran  propiedad de la guerrilla.   

Cargo  Nº  78.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad; tortura en persona protegida.   

El   1º  de  mayo  de  2000,  José  Daniel Hernández Contreras llegó  a  casa  de  sus  padres  en el barrio Kennedy de Tibú, guardó el vehículo de  servicio  público  con  el que trabajaba. En ese momento, integrantes del grupo  de  autodefensas  asentados  en  la  zona  bajo  la  comandancia  paramilitar de  ISAÍAS  MONTES HERNÁNDEZ se  lo  llevaron y lo condujeron hasta la vereda Campo Tres, donde lo asesinaron; se  desconoce el lugar donde reposa el cuerpo.   

Cargo  Nº  68.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El   2  de  mayo  de  2000,  Marcos  Elías  Rojas Ortiz trabajaba en el  sitio  Puente  Río  Nuevo  Presidente,  corregimiento  de  Campo  Dos de Tibú,  ayudando  a  transbordar  a  las  personas porque la guerrilla había tumbado el  puente.  Hasta  allí  llegaron  miembros  de  las  autodefensas  comandados por  ISAÍAS     MONTES     HERNÁNDEZ,     siendo   señalado  por  Nubia  Peñaranda  Quintero  como colaborador de la guerrilla, motivo por  el  cual  lo  obligaron  a subirse en una camioneta para después desaparecerlo,  sin que se conozca su paradero.   

En  similares  condiciones, el 3 de mayo de  2000,  fueron  desaparecidos  los señores Hugo Alberto  Miranda    Durán,    Simón    Roa    Contreras   y   Juan   José   Hernández  Acevedo. Se dice que fueron enterrados en fosa común,  sin que haya información del lugar.   

Cargo  Nº  82.  Homicidio   en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  secuestro  simple;  despojo  en  campo de batalla; desplazamiento forzado de población civil; actos  de  terrorismo,  concurren  circunstancias  de  mayor punibilidad; violación de  habitación ajena.   

El  29  de  mayo  de  2000,  José  Nelson  Pérez  Ortega salió en la  motocicleta  de  su  propiedad,  de  su  casa  ubicada en la parcela No. 6 de la  vereda  Campo  Tres,  Corregimiento  Campo  Dos  de Tibú, al caserío a comprar  algunos  víveres.  A  las  3:00  p.m.,  arribaron  a  la citada vivienda cuatro  paramilitares    en    dos    motocicletas,    incluida   la   de   Pérez   Ortega,   quienes   ordenaron  a  Martha  Rubiela Zapata Areiza  que  abandonara  la  zona y por ello se vio obligada a desplazarse con sus hijos  menores  hacia  la  ciudad  de Santa Marta, sin que se conozca el paradero de su  esposo.   

Ese   mismo   día  llegaron  a  Campo  Tres,    Juan    Galán    Trespalacios  y  otros  tres  paramilitares, en dos motocicletas, incluida la de  José   Nelson  Pérez,  se  estacionaron  frente  a  una  caseta  cercana  a  la  escuela  y preguntaron por  Pedro Nel Hernández. Como no  se    encontraba,    retuvieron    a    José   Nixon  Hernández,  a  quien  subieron  a  un  camión  y  lo  llevaron  hasta  el  sitio  donde  se  hallaba  su  padre y procedieron a darles  muerte.  Luego  amenazaron  a  los  familiares  y  por  ello salieron de la zona  Gladys  María  Ortega  Rodríguez, Elizabeth Cassiani  con  tres  hijos  menores  y  Martha  Rubiela  Zapata  Areiza  y  sus dos hijos. Los  agresores sacaron de la finca Galicia 64 cabezas de ganado.   

Cargo  Nº  80.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El  6  de junio del año 2000, Orlando   Herrera   Ovalles   acudió  al  caserío  Petrolea acompañado de dos empleados para atender un daño eléctrico  reportado  en  el  sector.  Una  vez  allí, hombres comandados por ISAÍAS  MONTES HERNÁNDEZ interceptaron el  vehículo  en  el  que  se  movilizaba,  lo retuvieron para posteriormente darle  muerte con arma de fuego y desaparecer el cadáver.   

Cargo  Nº  85.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo en campo de  batalla, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El   5   de  septiembre  del  año  2000,  Nerio  Buitrago  Torres  se  encontraba   en   el   estadero   La  Cigarra  de  Tibú  en  compañía  de  su  esposa   Ofelia   Remolina,  cuando  fue abordado por tres miembros de las autodefensas, quienes lo obligaron  a  subirse  a  un  vehículo.  Ella  los  siguió y como no pudo alcanzarlos, se  dirigió  a  la  Policía,  donde expuso lo sucedido, sin encontrar el apoyo que  requería.  Ante  esta  situación,  la  familia  inició su búsqueda, fueron a  Campo   Dos  y  hablaron  con  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  comandante paramilitar en la zona, quien luego  de consultar una lista manifestó que sus hombres no lo tenían.   

Según   los   familiares,   Nerio  llevaba  en  su poder un millón de  pesos  y  una cadena de oro, elementos de los que fue despojado, al igual que de  una    motocicleta.    José    del   Carmen   Jaime  Solano,  postulado  en Justicia y Paz, manifestó ante  el  Fiscal  174  de la Subunidad de Exhumaciones de la Unidad de Justicia y Paz,  que  fue sacado de una fuente de soda, lo introdujeron en un carro y lo llevaron  para la Finca de los Pinos y en ese lugar fue desaparecido.   

Cargo     Nº     64.    Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición forzada, concurren  circunstancias de mayor punibilidad; actos de terrorismo.   

El  22  de  septiembre de 2000,   Jesús   Alejandro   Osorio  Contreras,  vendedor  de  tinto  en  las  calles de Tibú, fue interceptado por miembros del  grupo  urbano  de  las autodefensas comandado por JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ, que lo obligaron a subir a un  vehículo  y  lo desaparecieron. El postulado Edilfredo  Esquivel   Ruíz   señaló   que  lo  decapitaron  y  enterraron cerca al Barrio Los Pinos, del mismo municipio.   

Cargo   Nº  6.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  tortura  en persona  protegida, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

En  enero de 2001,  Juan  de  Jesús Guerrero Barón y Carlos Julio Flórez  se  dirigieron al municipio de Puerto Santander (Norte  de   Santander)  con  el  propósito  de  trabajar  en  agricultura.  En  cumplimiento  de  órdenes  de  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA, fueron sacados de la finca donde  laboraban  por integrantes del Frente Fronteras y conducidos al corregimiento La  Esperanza,   donde   fueron   entregados  al  grupo  paramilitar  comandado  por  Harold Enrique Arce Graciano,  quien  después  de  interrogarlos,  los  asesinó con disparos de fusil, siendo  enterrados en fosa común.   

Cargo  Nº  87.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  tortura  en persona  protegida;  despojo  en  campo  de  batalla,  concurren  circunstancias de mayor  punibilidad.   

El  20  de septiembre de 2001, Roque  Noriega Bayona salió de trabajar de  un  asadero  de  pollos  que  administraba  en  el  centro  de Tibú, cuando fue  interceptado  y retenido contra su voluntad por miembros del grupo urbano de las  autodefensas  que  lo  llevaron al sector conocido como Recta Los Higuerones, en  la  vía a El Tarra, donde lo amarraron de las manos, lo torturaron, le causaron  la  muerte con una herida en el cuello con arma corto punzante y lo enterraron a  orillas  del  río  Tibú.  El  cuerpo  fue  hallado  el  29  del  mismo  mes  y  año.   

Cargo  Nº  89.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo en campo de  batalla, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  4  de  febrero  de  2001,   Luis   Arsenio   Garay   Peñaranda  se  encontraba  en  el  parque  principal  de  Tibú  en  su  actividad  de vendedor  ambulante,  cuando llegaron varios miembros de las autodefensas que por orden de  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA ARTUZ  lo   llevaron   hasta   el   barrio  La  Esperanza,  le  causaron  la  muerte  y  desaparecieron el cuerpo.   

Cargo  Nº  94.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad; tortura en persona protegida.   

El   14   de   febrero  2001,  Ramón María Becerra Ardila fue abordado  y  retenido  en  la  zona céntrica de Tibú por hombres del grupo urbano de las  autodefensas  bajo  el  mando  de JOSÉ BERNARDO LOZADA  ARTUZ,  que  lo  condujeron  hacia  la trocha entre el  barrio  La  Esperanza  y la vereda La Serena, donde le dieron muerte con arma de  fuego.  El  cadáver  fue encontrado con señales de tortura el 22 de febrero de  2001 por la Fiscalía Local en una fosa común con otros cuerpos.   

          Cargo   Nº   90.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo  en  campo  de  batalla,  concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  16  de  febrero  de  2001,  Tito  Chacón  Rivera  fue  abordado por  miembros  del grupo urbano de las autodefensas que lo condujeron entre el barrio  La  Esperanza  y la vereda La Serena, donde lo degollaron y descuartizaron. Seis  días después, el cuerpo fue encontrado en fosa común.   

Cargo  Nº  93.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  tortura  en persona  protegida, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El   17  de  febrero  2001,  Expedito  Carrero Albarracín se encontraba  en  el  perímetro  urbano  de  Tibú cuando fue retenido contra su voluntad por  hombres  pertenecientes  al  grupo  urbano  de  las  autodefensas  comandado por  JOSÉ  BERNARDO LOZADA ARTUZ,  que  lo  condujeron  hasta la trocha entre el barrio la Esperanza y la vereda La  Serena,  donde  le  dieron  muerte  con  arma cortante, mediante degollamiento y  posteriormente lo enterraron en fosa común.   

Cargo  Nº  95.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada; utilización de medios y  métodos  de  guerra  ilícitos;  actos de terrorismo; violación de habitación  ajena.   

El   17  de  marzo  de  2001,  Cleofe  Angarita  Amaya,  de 75 años de  edad,   fue  sacado  violentamente  de  su  casa  del  barrio  El  Limón  de  Tibú  por  miembros  de  las  autodefensas   al   mando  de  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTÚZ.  El  13 de junio de 2008, la Fiscalía exhumó  los  restos  humanos  del  citado en la finca La Granjita, sector Divino Niño y  Villa Paz, de la misma municipalidad.   

Cargo   Nº  2.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo en campo de  batalla,      concurren      circunstancias      de      mayor      punibilidad;  represalias.   

William Marino Walles Villafañe  trabajaba  como vigilante de Ecopetrol en la sede Tibú y el 29 de  mayo  de  2001,  luego  de  terminar  su  turno  y dirigirse a su residencia fue  desaparecido  por  integrantes del grupo urbano del Bloque Catatumbo al mando de  JOSÉ    BERNARDO    LOZADA    ARTUZ.   El  14  de febrero de 2009 los restos óseos fueron exhumados de una  fosa   común   en   predios   de   la  Finca  Altamira,  Barrio  Los  Pinos  de  Tibú.   

Cargo  Nº  91.  Homicidio   en  persona  protegida;  secuestro  simple;  desaparición  forzada;  tortura   en   persona   protegida;  despojo  en  campo  de  batalla,  concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  11  de  febrero  de  2001, Juan  Bautista  Flórez  Moncada, su esposa  Carmen  Aminta Flórez Blanco  y   su   hija   Esther   Flórez  Flórez  atendían  un  puesto de venta en la plaza de mercado de Tibú. Al  lugar  arribaron  cinco  miembros  del  grupo  urbano de las autodefensas que le  solicitaron  a  Juan Bautista  que  los  acompañara;  ante  su negativa lo trasladaron junto con su hija a una  vivienda  donde  permanecieron  retenidos  por  tres  días.  El lunes siguiente  fueron  separados  y  se permitió a Esther  retornar  a su hogar. Ocho días después se tuvo conocimiento que  en  la  vereda  La  Serena  se  habían  hallado  dos cuerpos, entre ellos el de  Juan  Bautista que presentaba  heridas en el cuello causadas con arma blanca.   

Cargo  Nº  92.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo en campo de  batalla,  tortura  en  persona  protegida,  concurren  circunstancias  de  mayor  punibilidad.   

El  14  de  febrero  de  2001,   Samuel   Soto  Durán  fue  abordado  y  retenido  contra  su  voluntad  por miembros de las autodefensas en el centro de  Tibú.  De  allí  fue  trasladado  al  sitio  conocido como Paloquemao donde le  dieron  muerte  con  arma blanca, lo descuartizaron y enterraron en fosa común.  El  22  de  febrero  del mismo año, el padre de la víctima encontró la fosa y  procedió a sacarlo.   

Cargo  Nº  97.  Homicidio   en   persona  protegida;  desaparición  forzada;  secuestro  simple  agravado;  tortura  en  persona  protegida,  concurren  circunstancias  de mayor  punibilidad.   

En  julio de 2001,  Celis  María  Ascanio Ortiz y  Alba  Esther  Guerrero  Claro se hospedaban en un hotel  del  Municipio de Tibú cuando fueron retenidas por miembros del grupo urbano de  las  autodefensas que las trasladaron a la residencia del comandante paramilitar  JOSÉ  BERNARDO LOZADA ARTUZ,  donde  las  recluyeron  durante  15 días mientras las interrogaban. Finalmente,  les   dieron   muerte   con   arma   de   fuego.   El   cuerpo  de  Celis  María  Ascanio  se encontró en la  vía  que  de  Tibú  conduce  a Campo Yuca; el de Alba  Esther Guerrero Claro no se ha recuperado.   

Cargo  Nº  33.  Homicidio   agravado;   desaparición  forzada;  hurto  calificado  y  agravado,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El    9   de   enero   de   2002,   los  jóvenes  Sair  Eduardo  López  Ramírez y      Luis      Alberto      García  Ramírez salieron de la casa en una motocicleta Suzuki  FR-80    de    placas    PES    63    con    destino   a   Ureña   (Venezuela)  a  realizar  un  trabajo  de  carpintería  y  desde ese momento los familiares no volvieron a saber de ellos.  La  investigación  de la Fiscalía determinó que fueron retenidos y asesinados  por  los  paramilitares  del Frente Fronteras, sus cuerpos fueron incinerados en  improvisados  hornos  diseñados  por  el  grupo paramilitar. La motocicleta fue  sustraída  y los familiares la vieron en poder de las Autodefensas en Villa del  Rosario, pero no se atrevieron a reclamarla.   

Cargo  Nº  37.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El 6 de abril del 2002, en el corregimiento  La  Parada  del  municipio de Villa del Rosario (Norte  de   Santander),   Moisés  Flórez  Soledad  y Elvis Luis  Vargas   Jaimes   (menor  de  15  años)  fueron  retenidos  por  integrantes  del  Frente Fronteras que los  condujeron  al  corregimiento de Juan Frío, sin que se volviera a tener noticia  de su paradero.   

Cargo  Nº  38.  Homicidio  agravado;  desaparición  forzada,  concurren circunstancias de mayor  punibilidad.   

El  22  de  junio  de  2002,  Jaime   Alain   Escalante  Castellanos  se  despidió     de     su     progenitora     Bernarda  Castellanos y le dijo que salía con destino al Centro  Comercial  Alejandría, sin que desde ese momento volviera a tener noticia de su  paradero.   

La investigación de la Fiscalía permitió  conocer   que   fue   retenido  por  Alexander  Ardila  Lindarde, Cabo de la Policía Nacional, distinguido en  las   autodefensas   con   el   alias  de  “El  Cabo  Ardila”          o          “Mascotica”, quien junto con Elmer   Darío   Atencia  González  alias  “Polocho”, lo llevaron al  sótano  del  centro  comercial  y  éste  último, se encargó de conducirlo al  sector  de  Juan Frío del municipio de Villa del Rosario, donde lo asesinaron y  desaparecieron en los hornos crematorios diseñados por ellos.   

Cargo  Nº  22.  Homicidio en persona protegida; desaparición forzada,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  27  de  octubre  de  2002,   Luis   Óscar  Gualdrón  Goyeneche  se  dirigía  a  su  residencia ubicada en la carrera 15 No. 14-67 barrio Primero de  Mayo  de  Villa  del  Rosario,  pero  nunca  se  volvió  a  saber  de  él.  La  investigación  permitió  conocer  que  fue abordado por integrantes del Frente  Fronteras   que   en   cumplimiento  de  órdenes  impartidas  por  ARMADO   RAFAEL   MEJÍA   GUERRA   alias  “Hernán”,  comandante  paramilitar  de  la  zona,  lo  llevaron  hasta Juan Frío donde lo asesinaron e  incineraron su cuerpo en un horno crematorio.   

Cargo   Nº  1.  Homicidio  en persona protegida; desaparición forzada, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El 30 de agosto de 2010 el investigador del  C.T.I.   Carlos   Alberto   Pinzón  Gil,  junto  a  Carolina Osma Claro,  se  dirigieron  hacía  la entrada principal de la Represa Incora  del  municipio  El  Zulia  para  reunirse  con  Carlos  Enrique  Rojas  Mora,  Carlos  Andrés    Palencia    González    y   Luis   Fernando   Madera  comandantes  del  Frente  Fronteras.  En  desarrollo del encuentro, éste último disparó su arma  de  fuego  contra  las mencionadas personas; los cuerpos fueron recogidos por el  carro  de  una  funeraria  de  El  Zulia  y  en  el  trayecto  el  vehículo fue  interceptado  por hombres de la citada organización que se llevaron los restos.   

5.    Victimización    de   servidores  públicos   

Cargo   Nº  2.  Homicidio  en  persona protegida; represalias, concurren circunstancias de mayor  punibilidad.   

En  las  horas  de  la  mañana  del 1º de  noviembre  de  2001,  el  doctor  Carlos  Arturo Pinto  Bohórquez,   Fiscal  Especializado  de  Cúcuta,  se  dirigía  hacía  su  oficina  ubicada  en  el  Palacio  de Justicia, cuando fue  interceptado  por  dos  integrantes del Frente Fronteras que se transportaban en  una  motocicleta,  quienes  accionaron  un  arma  de fuego contra el funcionario  hasta dejarlo sin vida.   

Según   la   investigación,  el  doctor  Pinto    Bohórquez   fue  declarado  objetivo militar porque en criterio de los paramilitares, únicamente  los   investigaba   a   ellos.  Así  mismo,  se  estableció  que  Alexander  Ardila  Lindarte,  Cabo  de  la  Policía  de  Tránsito  de  Cúcuta,  hizo  seguimientos  y transportó el arma  utilizada   para   el   hecho   delictivo.  La  acción  criminal  fue  ordenada  directamente     por     JORGE     IVÁN    LAVERDE  ZAPATA   

Cargo   Nº  3.  Homicidio  en persona protegida consumado y en grado de tentativa; deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento  forzado  de población civil; actos de  terrorismo;      represalias,      concurren     circunstancias     de     mayor  punibilidad.   

El 28 de julio de 2001, a las 6:40 p.m., la  doctora  María  del  Rosario  Silva Ríos,  Fiscal  Especializada  de  Cúcuta,  en  compañía  de su esposo  Ernesto Rodríguez Beltrán y  sus  dos  menores  hijos,  salió  de  la  Clínica San José de Cúcuta. En ese  momento,  cuatro  miembros  del  Frente  Fronteras  se  acercaron al automotor y  dispararon  contra  la  funcionaria causándole la muerte e hiriendo a los otros  ocupantes del automotor.   

Cargo   Nº  4.  Homicidio  en persona protegida consumado y en tentativa; represalias, concurren  circunstancias   de  mayor  punibilidad;  actos  de  terrorismo;  desplazamiento  forzado de población civil.   

La  noche  del  12  de  febrero de 2001, el  doctor  Ángel  Iván  Villamizar  Luciani,  rector  de  la  Universidad  Libre  de  la  Seccional Cúcuta, en  compañía  de  un grupo de seguridad, abandonó la institución académica y en  la    calle    7ª    N    frente    al    inmueble    No.    7    E–152  del  barrio  Ceiba II de Cúcuta,  fueron  interceptados  por  un  vehículo  ocupado  por  integrantes  del Frente  Fronteras,  entre  ellos,  JUAN  RAMÓN  DE  LAS AGUAS  OSPINO   y  JIMMY  VILORIA  VELÁSQUEZ, quienes descendieron y dispararon armas de  fuego.   Producto  del  intercambio  de  disparos,  se  produjo  el  deceso  del  académico  y  lesiones  a  los escoltas Rafael Méndez  Cárdenas,  Benjamín  Quintero  Barrera  y   Jesús   Aparicio  Vera,  este  último  detective  del  D.A.S.  a quien sindican de haber colaborado con el grupo armado  ilegal.   

Cargo  Nº  35.  Homicidio  en  persona  protegida  consumado  y en tentativa;  represalias;  actos de terrorismo, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  20  de  septiembre  de 2001, a las 7:50  p.m.,  en la avenida 1ª con calle 19 del barrio Blanco de la ciudad de Cúcuta,  el   doctor  Jesús  David  Corzo  Mendoza  se  desplazaba  en  su  vehículo  en compañía de su progenitora  Danielle   Mendoza   Corzo,  cuando  fueron interceptados por otro automotor, ocupado por dos integrantes del  Frente  Fronteras,  quienes dispararon en repetidas ocasiones, ocasionándole la  muerte  a  Corzo Mendoza   y heridas a su familiar.   

La   orden   fue  dada  por  JORGE   IVÁN  LAVERDE  ZAPATA  porque  la  víctima  fue  uno  de los investigadores del C.T.I. que intervino en su captura  del  16  de  noviembre  de  2000  y,  además,  judicializó  a  miembros  de la  organización  en  Ocaña.  En  el  seguimiento  de  la  víctima  participó el  entonces     Subintendente     de     la    Policía    Nacional    Alexander Ardila Lindarte.   

Cargo  Nº  39.  Homicidio  en persona protegida; represalias; actos de terrorismo; daño en bien  ajeno, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  24 de marzo de 2003, a la 1:30 a.m., en  la     avenida     8ª     frente    al    inmueble    N°    6    N–21  del barrio Sevilla de la ciudad de  Cúcuta,  un  vehículo  de servicio público taxi de placas URK-362 explotó en  plena  vía.  En  el baúl se encontró incinerada una persona de sexo masculino  con  quemaduras  de  tercer  nivel  en  el  95%  de  la  superficie corporal. Se  estableció  que  era  el  ex  investigador  del  C.T.I  de Cúcuta Milton  Eduardo  Márquez  Meza  que había  participado  en  la  captura  de  JORGE  IVÁN LAVERDE  ZAPATA el 16 de noviembre de 2000.   

La  víctima  había  sido  trasladada a la  Seccional    de   Florencia   (Caquetá)  y  luego  de  ser  declarada insubsistente el 11 de marzo de 2002,  regresó  a  Cúcuta,  donde  se  dedicó  a conducir el taxi de propiedad de la  señora  Zenaida Ochoa. Se ha  establecido   que  el  hecho  fue  ejecutado  por  los  integrantes  del  Frente  Fronteras,   entre   ellos   LENIN   GEOVANNY   PALMA  BERMÚDEZ.   

Cargo   Nº  8.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple; represalias; desplazamiento  forzado  de  población  civil; actos de terrorismo; destrucción y apropiación  de  bienes  protegidos  por  el  D.I.H.;  despojo en campo de batalla, concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  5  de  diciembre  de  2000,   Marco   Antonio   Quintero   Chaparro,  corregidor  de  Las Mercedes del Municipio de Sardinata, fue citado por el grupo  urbano  del  Frente  Fronteras  al  sitio  conocido  como  La  Piscina, donde lo  recriminaron  por  no haberlos apoyado en la intención de entrar a Las Mercedes  y  por  haber  avisado  al  Ejército  Nacional  que  los enfrentó y lesionó a  JIMMY VILORIA VELÁSQUEZ. Con  autorización     de     JORGE     IVÁN    LAVERDE  ZAPATA,  lo  condujeron  al parque La Virgen, donde lo  asesinaron  con arma de fuego; la familia de la víctima salió desplazada de la  región.   

6. Homicidio o desaparición forzada por no  contribuir con la financiación del grupo armado ilegal   

Cargo  Nº  57.  Homicidio   en  persona  protegida;  exacciones  o  contribuciones  arbitrarias,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

Los  días  3  y 6 de diciembre de 2002, un  grupo  de  hombres  del  Frente Fronteras, entre ellos,  LENIN   GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ,  ingresaron  a  la  central  de  abastos  Cenabastos  de  Cúcuta;  en la primera calenda ubicaron a  José  Joaquín  Fierro Ortega, Dinael Rincón Suárez  y   Luis  Esteban  Patiño  Osorio  y  les dieron muerte con armas de fuego; en la  segunda,   asesinaron   a   José   Ascencio   Osorio  Castellanos  y Andrés Osorio  Castellanos.  La  Fiscalía afirmó que los precitados  venían  siendo  víctimas  de  exigencias  económicas  y  se  habían negado a  pagarlas.   

7.  Homicidios en connivencia con la fuerza  pública   

Cargo  Nº  60.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple;  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias  de  uso  privativo  de las fuerzas militares, concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El 11 de agosto de 1999, en la vereda Vetas,  sobre   la   vía   al   corregimiento   La   Gabarra   de  Tibú,  Néstor  Alfonso  Campo  Sánchez, Eder Alonso Álvarez Lara, Diomar  Barrios  Vega  y  otro  más  de  sexo  masculino  sin  identificar  hasta  el  momento,  se  desplazaban  en  un  vehículo de servicio  público  que  resultó  inmovilizado  por  integrantes  del  grupo liderado por  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ.   

Los condujeron al sitio El Mirador en donde  los  obligaron a vestir uniformes del Ejército Nacional y luego fueron llevados  al  sector  Vetas  Central,  donde los dejaron a cargo de otro grupo paramilitar  que  los  entregó  a  una patrulla del Batallón No. 46 Héroes de Saraguro del  Ejército  Nacional, comandada por el Teniente Daladier  Rivera  Jácome, que procedió a ejecutarlos en estado  de   indefensión   y   a   presentar   el   hecho   como   una   operación  de  combate.   

8.  Homicidio  y  desaparición  forzada de  personas con el fin de despojarlas de sus haberes y pertenencias   

Cargo  Nº  15.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple; destrucción y apropiación  de  bienes  protegidos; despojo en campo de batalla, concurren circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  19  de  agosto  de  2000,  Herminio  Córdoba Palacio fue sacado de su  vivienda  por  integrantes  del  grupo  urbano de las autodefensas comandado por  ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ. Lo  trasladaron  hasta  el  sitio Los Higuerones sector Paloquemao sobre la vía que  de  Tibú  conduce  al Municipio El Tarra, en donde lo asesinaron con múltiples  disparos.  Producido  el  deceso,  los  victimarios  ocuparon  la vivienda de su  propiedad  ubicada  en  la  carrera  7ª  con  calle  6ª  No. 5-28-30-32 barrio  Libertador  y se apropiaron de todos los enseres, siendo utilizado como lugar de  diversión  pública  porque  se instaló la discoteca ECLIPSE, administrada por  los  comandantes  del  grupo  urbano.  El inmueble fue abandonado después de la  desmovilización.   

Cargo  Nº  69.  Homicidio  en  persona protegida; secuestro simple; despojo en campo de batalla,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  24  de mayo de 2000, en la vía que del  municipio  de El Zulia conduce a Tibú, ramal la Angelita, finca Las Salinas, un  grupo  de  autodefensas  comandadas  por ISAÍAS MONTES  HERNÁNDEZ,  asesinó a David  Enrique     Bermúdez     Benítez,     Pablo     Rojas    Parra    y      Pablo      Antonio     Carreño  Buitrago,    quienes   trasportaban   víveres   del  supermercado  La  Canasta  Familiar  de  Tibú  en  un vehículo tipo camión de  placas  FBI-882.  El  automotor fue abandonado sin la mercancía en el sector de  la Llana, Campo Dos.   

Cargo  Nº  70.  Homicidio en persona protegida; desaparición forzada;  despojo    en    campo   de   batalla,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  4  de  febrero  de  2000,  Mario  Alfonso Ruiz Galvis fue retenido por  miembros   del   grupo  urbano  de  las  Autodefensas  en corregimiento La Gabarra y fue llevado al puerto El  Caracol,      lo     despojaron     de     la     suma     de     $6’000.000,  le dispararon y arrojaron el  cuerpo  al  río Catatumbo. El cadáver fue encontrado por la familia tres días  después frente a la finca El Remolino.   

Cargo  Nº  83.  Homicidio  en  persona  protegida;  desaparición  forzada;  despojo en campo de  batalla, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  12  de  octubre  de  2000,  Jairo  Guerrero  Galvis resultó afectado  en  su  integridad  en  un accidente doméstico en la finca El Suspiro de Tibú,  por  lo que se desplazó a Cúcuta para recibir atención médica. El bus en que  se  transportaba  fue  retenido  por integrantes de las autodefensas al mando de  ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ que  hicieron  descender  a  sus  ocupantes y, momentos después, le dieron muerte al  citado  ciudadano  y su cadáver fue abandonado. Los dolientes aseguraron que la  víctima  llevaba  consigo  $500.000,  para  los  gastos médicos, los cuales no  fueron encontrados.   

Cargo  Nº  98.  Homicidio  en  persona  protegida;  despojo  en campo de batalla; desplazamiento  forzado    de    población    civil,    concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El   14   de  mayo  de  2004,  hombres armados del grupo urbano de las  autodefensas  de  Tibú  al  mando  de  JOSÉ BERNARDO  LOZADA     ARTUZ    asesinaron    a    Andrés  Meneses  Castro en la vereda Campo  Seis,  carretera   Tibú  y El Tarra, cuando se movilizaba en una camioneta  de  su  propiedad  cargada  de  víveres  que  vendía  en  las  tiendas  de  la  región.   

El  señor Juan de  Dios  Montaguth  Navarro que casualmente transitaba por  el  sector, también fue asesinado para que no atestiguara sobre esos hechos. La  familia  de  esta víctima debió salir desplazada hacia Venezuela ante amenazas  contra su vida.   

Cargo  Nº  88.  Homicidio  en  persona  protegida;  secuestro  simple  agravado;  desplazamiento  forzado  de  población civil; actos de terrorismo; despojo en campo de batalla,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  13  de septiembre de 2002, Elías   Beltrán   Eslava   y   José   Antonio  Beltrán  Quintero  se  dirigieron  a  realizar diligencias personales a Tibú; de regreso, en la vereda  Llano  Grande de Campo Dos, fueron asesinados por hombres armados comandados por  JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTÚZ.   

A  los  15  días, integrantes del grupo de  autodefensas    arribaron    a    la    finca   de   la   familia   Beltrán   Eslava   y,   por   orden  del  comandante  paramilitar  de  la  zona,  se  llevaron 105 reses. Bajo amenazas de  muerte  desplazaron  a María Stella Rangel Villamizar,  Elías  Beltrán  Rangel,  Tatiana Beltrán Rangel, Rosa Amelia Quintero Rivera,  José   Antonio  Beltrán  Eslava,  Reinel  Beltrán  Quintero,  Uriel  Beltrán  Quintero,  Ezequiel  Beltrán  Quintero  y Javier Beltrán Quintero.   

9.   Homicidios   selectivos  del  Frente  Fronteras   

Cargo     Nº     13.    Homicidio  en  persona protegida consumado y en tentativa, concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  16  de  enero  de  2002,  Sor  María  Ropero  Albernia en compañía  de  varios  familiares se encontraba en su residencia ubicada en la calle 31 No.  8–32 Barrio La Hermita de  la   ciudadela   Juan   Atalaya   de  Cúcuta.  Al  lugar  arribaron  integrantes del Frente Fronteras, entre  otros,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ,  que  le  dispararon  en  repetidas  ocasiones hasta ocasionarle la  muerte.  Resultaron  lesionados Francisco José Montoya  Herrera  (cuñado) y la menor  Marisela Montoya. La víctima  era   madre  comunitaria,  presidenta  del  sindicato  de  dicha  asociación  e  integrante de la JAC del barrio.   

Cargo  Nº  14.  Homicidio  en  persona  protegida; actos de terrorismo, concurren circunstancias  de mayor punibilidad.   

El  15  de  mayo  de  2002,  José   Pérez  Gaona  fue  asesinado  por  miembros  de  las  autodefensas  cuando  atendía una caseta de venta de bebidas  ubicada   en  el barrio La Victoria de Cúcuta. La ejecución del ciudadano  provino  de  LENIN GEOVANNY PALMA BERMÚDEZ, comandante en la zona de Atalaya.   

Cargo  Nº  17.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  26 de abril de 2002, en el Barrio Doña  Ceci    de    Cúcuta,    José    Evelio   Quintana  Pineda  estaba  dentro del camión Ford 1964 de placas  venezolanas  No.  583  SAI  frente  al restaurante El Kiosco. En ese momento fue  sorprendido  por  dos  sujetos  armados  del  Frente  Fronteras que por orden de  LENIN    GEOVANNY    PALMA    BERMÚDEZ   le   dispararon   en   seis   oportunidades   hasta  causarle  la  muerte.   

Cargo  Nº  18.  Homicidio  en  persona protegida; represalias, concurren circunstancias de mayor  punibilidad.   

El  22  de  abril  de  2004,  dos  sujetos  perteneciente    al    Frente    Fronteras,    por    orden    de   Armando  Rafael  Mejía  Guerra -comandante  paramilitar  de Villa del Rosario-, ingresaron al colegio Nuevo Palo Gordo Norte  de  ese  Municipio  y  ubicaron  al  rector  Juan José  Guevara  Maturana,  a quien le dispararon en la cabeza  con pistola calibre 9 mm, producto de lo cual falleció.   

Cargo  Nº  25.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  12  de  diciembre de 2001, Rosa  Haydee Esteban Rodríguez culminó su  jornada  laboral  como  Registradora  Municipal  de  Salazar  de las Palmas y se  desplazó   en  un  vehículo  de  transporte  intermunicipal  al  municipio  de  Arboledas   donde   residía.   Miembros  del  Frente  Fronteras  comandado  por  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  retuvieron  el automotor, identificaron a la prenombrada, quien fue ultimada con  disparos  de  arma  de  fuego  a  la  altura de la cabeza. Conductor y pasajeros  fueron  obligados  a  recoger el cuerpo y llevarlo hasta Arboledas donde debían  informar    de    la   autoría   del   hecho   a   la   comunidad   y   a   las  autoridades.   

Cargo  Nº  34.  Homicidio  en  persona  protegida;  desplazamiento  forzado de población civil,  concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El   31   de   octubre   de   2003,   el  doctor  Jairo  Ernesto  Obregón  Sabogal  atendía a algunos clientes en su oficina de abogado ubicado en la  calle  17  No. 4 – 21 de la  ciudad   de   Cúcuta,  cuando  José  Gregorio  Díaz  Acevedo    alias    “La  Churca”, le disparó con pistola 9 mm causándole la  muerte.   El   actuar   delictivo  generó  el  desplazamiento  de  Aura   Elena   Obregón  Conde,  hija  del  obitado.   

Cargo  Nº  40.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple, concurren circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  9  de  enero  de  2000,  Baudilio  Soto  Peña salió de su vivienda  ubicada   en  el  barrio  las  Américas  de  Cúcuta  a  realizar  una  llamada  telefónica  siendo interceptado por JUAN RAMÓN DE LAS  AGUAS   OSPINO   y   JIMMY  VILORIA, que lo condujeron al establecimiento público  El  Cabrito  Dorado,  ubicado  en  la  vía que de Cúcuta conduce a Patillales,  donde fue ultimado.   

Cargo  Nº  41.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  11  de  noviembre de 2000, Carlos  Julio Soto Carvali se encontraba en  la  avenida  7ª  con  calle  5ª barrio Sevilla de Cúcuta, cuando JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS OSPINO y alias  “Cusumbo”   dispararon  contra su humanidad provocándole la muerte.   

Cargo  Nº  44.  Homicidio  en  persona protegida; actos de terrorismo; violación de habitación  ajena,     concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  27  de  diciembre  1999,  en  la  zona  céntrica   de   Villa  del  Rosario,  tres  sujetos  pertenecientes  al  Frente  Fronteras,  entre  ellos  JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO,  se  dirigieron a un estanco donde preguntaron  por  el  propietario.  Como  no  se  encontraba,  ordenaron  el  cierre  de  los  establecimientos  de  la  cuadra.  A  Reynaldo  Gómez  García,  conocido como “El  Morado”,  le  dispararon  hasta  causarle la muerte;  igual     suerte     corrió     Daniel    Ibáñez  Manosalva  propietario  de  unas  licoreras,  que  al  escuchar  los  disparos  se  dirigió al sitio. Al abandonar el lugar fijaron un  letrero anunciando la presencia de las Autodefensas.   

Cargo  Nº  47.  Homicidio agravado, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  23  de  febrero  de  2000,  el joven Sergio  Alexander  Caicedo Reyes fue citado a la parte alta del  barrio  Alfonso  López  de  la  ciudad  de Cúcuta, por el sujeto conocido como  “El  Negro  Peligro” con  quien  lideraba  una banda delictiva que se hacía pasar por autodefensas. En el  lugar,  JUAN  RAMÓN  DE  LAS AGUAS OSPINO       alias      “Chaca”  le  propinó veinte impactos de bala que le causaron la muerte.  El   “Negro   Peligro”,  identificado  como  Juan  Gildardo  López,  fue  asesinado  en  la Cárcel Modelo de Cúcuta el 18 de mayo de  2000, tras recibir 79 heridas con arma corto punzante.   

Cargo  Nº  49.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El 12 de agosto de 2000, en la calle 11 con  Avenida  5ª  Esquina del barrio Motilones de la ciudad de Cúcuta, Alirio   Ortiz   Cantor,   vigilante  del  sector,    y  Rosalba Jaimes,  residente,  fueron  asesinados por integrantes del Frente Fronteras, entre ellos  JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS   OSPINO    y    alias   “Carepuño”.   

Cargo  Nº  50.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  11  de  agosto de 2000, en la calle 8ª  Norte  frente  al  No.  2  E-92  del  barrio  Ceiba  II de Cúcuta, José   Álvaro   Hernández   Cuevas  fue  asesinado  por dos hombres pertenecientes al Frente Fronteras identificados como  JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS   OSPINO       alias      “Chaca”    y    alias    “José”,  quienes  se  movilizaban  en  una motocicleta conducida por el  primero.   

Cargo     Nº     51.    Homicidio  agravado;  secuestro  simple, concurren circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  30  de septiembre de 2000, Divinson  Aldemar  García Durán salió de  la  casa  de  un familiar en el barrio Lomitas de Cúcuta con destino al mercado  La  Victoria  de  esa ciudad. Allí fue retenido y sacado del lugar en contra de  su  voluntad  por  dos  integrantes  del  Frente  Fronteras,  identificados como  JUAN   RAMÓN   DE   LAS   AGUAS   OSPINO       alias      “Chaca”  y  Andrés  Robledo Rivas    alias    “El    Gringo”,  quienes  lo asesinaron y dejaron el cuerpo en el corregimiento  Patillales, vía que de Cúcuta conduce a Puerto Santander.   

Cargo  Nº  52.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  13 de diciembre de 2000, en la calle 24  con  avenida 23, Barrio Nuevo de Cúcuta, laboraban como vigilantes los señores  José       Omar       Mendoza       y      Alonso     Angarita.  A  las  2:00 a.m. llegó al lugar un vehículo de vidrios oscuros  en  cuyo interior se movilizaban Richard, Carlos Arturo  Núñez,  JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO  y alias  “Arley”, quienes llamaron  a   los  vigilantes  y  les  disparan  con  una  Mini  Uzi  hasta  dejarlos  sin  vida.   

Cargo  Nº  55.  Homicidio    en   persona   protegida,   concurren   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

El  16 de enero de 2001, en un bar conocido  como  El Rincón de los Abuelos, ubicado en el local No. 20, en la calle 5ª No.  6-86  de  Cúcuta,  José  Enrique García  fue  asesinado  por  un  hombre del Frente Fronteras, identificado  como  Jaime  de  Jesús  Sánchez  Salgado   (fallecido)   alias   “Meneco”,   quien   le  propinó  varios  disparos  con  arma de fuego calibre 9 mm. La orden fue emitida por JUAN  RAMÓN DE LAS AGUAS OSPINO, porque la  víctima  estaba  incluida  en la lista de personas suministrada por JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA.   

Cargo  Nº  56.  Homicidio    en    persona    protegida,   concurren  circunstancias de mayor punibilidad.   

El  13  de  marzo  de 2001, al barrio 20 de  julio  de Villa del Rosario, llegaron sujetos pertenecientes al Frente Fronteras  identificados  como  José  Ignacio Rivera      alias      “Gonzalo”    y    alias    “Julio”    (sin    identificar),  quienes  siguiendo  órdenes  de Armando  Rafael    Mejía    Guerra   alias   “Hernán”,  dieron  muerte con arma corto  punzante   al   menor   de   17   años  Edwin  Cetina  Crispín.   

Cargo  Nº  58.  Homicidio  en  persona  protegida;   secuestro  simple agravado; despojo en  campo de batalla, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  31 de enero de 2001, en el Municipio de  El  Zulia, Orlando Villamizar,  quien  se  dedicaba a reparar llantas de carro en un taller de su propiedad, con  el  pretexto  de prestar un servicio fue llevado mediante engaños a las afueras  del  pueblo  donde  lo  esperaba  el comandante de las Autodefensas,  Ángel  Celis  Ibarguen  Figueroa, alias  “Polocho”,  “el  negro”, Francisco    Mosquera   Córdoba,   alias  “niche  26”, Gilma  Mena  Cabrera alias “Balsudito”   y   otros,   quienes   le  dispararon  con  arma  de  fuego  calibre  9  mm  hasta  causarle  la muerte. Lo  despojaron  de  una bicicleta, una cadena, tres anillos de oro, y la cartera con  el dinero del producido del día.   

10.   Homicidios   y   desapariciones  de  integrantes  del propio grupo armado ilegal por indisciplina e incumplimiento de  convenios.   

Cargo  Nº  23.  Homicidio agravado, concurren circunstancias de mayor punibilidad.   

El  22 de octubre de 1999, en vía pública  de  Cúcuta,  Belisario  Ruíz  Quintero  recibió  varios  disparos de parte de JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO  alias  “Chaca”  que  le  causaron  la muerte. El  postulado  aseguró  que  la  víctima  hizo  parte  del  grupo  “los  polleros” donde era conocido con los  alias  de  “Belisario” o  “Presidente”,  grupo que  se   integró   a   las   autodefensas.   Como  Ruíz  Quintero   desobedeció   el  mandato  que  prohibía  secuestrar  y  extorsionar,  “Gustavo 18”  dio  la  orden de ejecutarlo, pues, además, integraba la lista  elaborada   por   JORGE  IVÁN  LAVERDE  de personas que debían ser asesinadas.   

Cargo  Nº  54.  Homicidio  agravado; desaparición forzada; tortura, concurren circunstancias de  mayor punibilidad.   

El  13  de  diciembre de 2000, José  Agustín  Barrera  Díaz  transitaba  por  la  avenida  11  con  calle  13  barrio  La Libertad de Cúcuta, cuando fue  abordado   por   JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO  alias  “Chaca”,  Andrés  Robledo  Rivas y     Jaime    de    Jesús    Sánchez  Salgado,  integrantes del Frente Fronteras, quienes lo  llevaron    hasta    el   corregimiento   San   Faustino,   donde   JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA lo interrogó  sobre  unas armas que había acordado entregar a las Autodefensas, al no obtener  respuesta     satisfactoria,     le     ordenó    a    alias    “Guacharaco”         (sin   identificar)  que  lo  ejecutara,  desmembrara  y  enterrara  en una fosa común del sector, sin que hasta la fecha  haya sido posible ubicar los restos.   

11. Cargo de narcotráfico  

Cargo  Nº  77.  Conservación  o  Financiación  de Plantaciones; Tráfico, Fabricación o Porte  de  Estupefacientes;  Destinación  Ilícita de Muebles o Inmuebles; Tráfico de  Sustancias   para   el   Procesamiento  de  Narcóticos,  en  circunstancias  de  agravación  punitiva; Existencia, Construcción y Utilización Ilegal de Pistas  de Aterrizaje.   

El      postulado      SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ desde 1996 al 10  de  diciembre  de  2004,  realizó  actividades  relacionadas  con  tráfico  de  estupefacientes.  Desde  cada uno de los determinados frentes de los que hacían  parte,   los   postulados   que   se  relacionan  a  continuación,  desplegaron  actividades  encaminadas  a  que  la  aludida  actividad ilícita fuera la mayor  fuente  de  financiación  de  las  Autodefensas: JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA mientras fungió como miembro del  grupo  de  Autodefensas  Norte  de  Santander  de  mayo  de  1999  a  mayo 2004.  JOSÉ    BERNARDO    LOZADA    ARTUZ    desde  enero  del año 2000 al 10 de diciembre de 2004. ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ desde el 29 de  mayo  de 1999 a agosto de 2003 cuando hizo parte del Bloque Catatumbo, lo propio  aconteció  cuando el postulado perteneció al Bloque Mineros desde octubre 2003  hasta enero 2006.   

12. Uso indebido de uniformes e insignias de  las fuerzas militares   

Cargo  Nº  101.  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  desde  febrero  de  1994 hasta que se desmoviliza en enero de 2006 con el Bloque  Mineros,  utilizó  uniformes con características similares a las del Ejército  Nacional.   

13.    Cargo    de    concierto    para  delinquir   

Cargo  Nº 102. El  accionar     delictivo    de    SALVATORE    MANCUSO  GÓMEZ  inició  en mayo de 1992 en el departamento de  Córdoba   con   apoyo   del   Mayor   del   Ejército   Nacional   Walter  Fratini,  con  quien  conformó un  grupo  de justicia privada auspiciado por ganaderos de esa región. Producido el  deceso  del  oficial  en  el  año 2003, el postulado continuó la ejecución de  ilicitudes  al margen de la ley con un grupo especial organizado por ex soldados  y  militares  de  la  Brigada  XI.  En  mayo  de  1994, después de la muerte de  Fidel  Castaño, sus hermanos  Carlos    y    Vicente    Castaño   unieron   tales  organizaciones.  En  1999  MANCUSO  GÓMEZ  asumió funciones como Comandante del Bloque Catatumbo, las cuales  concluyen el 10 de diciembre de 2004 con su desmovilización.   

JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ  se  incorporó a las Autodefensas Unidas de Colombia en septiembre  de   1998.   Desde   enero   de   2000   bajo   las   órdenes  de  MANCUSO  GÓMEZ  se encargó de preparar a  los  hombres  que  ingresarían al Bloque Catatumbo al que se integró de lleno;  se desmovilizó el 10 de diciembre de 2004.   

ISAÍAS   MONTES   HERNÁNDEZ  ingresó  a  las  Autodefensas  Unidas  de Colombia a comienzos de  1994,     donde     le     asignaron     el     alias     de     “Junior”;  luego  de  entrevistarse  con  Carlos    Castaño,   se  desempeñó  como  radio  operador  y  comandante de grupos del Bloque Catatumbo  hasta su desmovilización que se produjo el 20 de enero de 2006.   

JIMMY   VILORIA   VELÁSQUEZ  ingresó a la ilegalidad el 4 de marzo de 1995, cuando contaba con  14  años  de edad; inicialmente se desempeñó como escopetero. A partir del 15  de    mayo    de    1999,    por    orden    de    los   hermanos   Castaño     y     de     SALVATORE  MANCUSO  arribó a Cúcuta para  conformar  un grupo del Frente Fronteras del Bloque Catatumbo, en el cual ocupó  el  cargo  de  Inspector  hasta  su  desmovilización  el  10  de  diciembre  de  2004.   

JUAN RAMÓN DE LAS AGUAS OSPINO ingresó  a  las  autodefensas  en  abril  de 1998 donde desempeñó  varias  actividades hasta llegar a ser comandante de un grupo especial encargado  de  atentar  contra  personalidades  de  la  región.  Se  desmovilizó el 10 de  diciembre de 2004.   

14.   Hechos   controlados   material   y  formalmente  en relación del postulado LENIN GEOVANNY  PALMA BERMÚDEZ.   

Cargo  Nº  1. En  marzo  del  año  1999  inició  la  incursión  de  las  Autodefensas Unidas de  Colombia  en  Norte  de  Santander  con  el  Bloque  Catatumbo  bajo el mando de  SALVATORE   MANCUSO,  quien  creó  el Frente Fronteras bajo la comandancia de JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA, a cuyo mando estuvo LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ, quien se  desempeñó  como  sicario y posteriormente como comandante de grupo en el área  metropolitana   de   Cúcuta.   También   delinquió   en  el  departamento  de  Cundinamarca  entre  el  17 de julio de 2003 hasta el 10 de enero de 2004. Luego  regresó  a  Norte de Santander donde continuó como comandante del grupo urbano  del  Frente  Fronteras,  en  los  sectores de Juan Atalaya, Belén La Libertad y  Aeropuerto  de  la  ciudad  de  Cúcuta,  así como en el municipio de Villa del  Rosario  y  Salazar de las Palmas. El cargo de concierto para delinquir agravado  comprende  los hechos acaecidos entre el 10 de mayo de 2003 y el 10 de diciembre  de 2004.   

Cargo   Nº  2.  Homicidio  en  persona  protegida,  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones y actos de terrorismo.   

El  10  de  febrero  de  2002  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ y otro  integrante  del  Frente  Fronteras  ingresaron  a  la  vivienda  de José  Luis  Silva  Arias,  conocido  como  “Chelín”, ubicada en la  manzana  4,  lote  10  de  la  ciudadela  Juan  Atalaya  de  Cúcuta, a quien le  propinaron  varios  disparos  con  arma  9  mm  que  le  ocasionaron  la muerte.   

Cargo   Nº  3.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones, agravado; actos de terrorismo.   

El  11  de Febrero de 2002, en la ciudad de  Cúcuta,     Jorge    Cáceres    Ovalle     conducía     el    taxi    de    placas    SYV    –     776    y    transportaba    al  menor  José  Luis  Moreno,  siendo    interceptado    por    la   motocicleta   ocupada   por   LENIN    GEOVANNY   PALMA   BERMÚDEZ   y  Helmer    Darío    Atencia    González      alias      “Polocho”  quienes  accionaron  armas  de fuego ocasionándoles la muerte.  PALMA  BERMÚDEZ indicó que  el  proceder delictivo se concretó porque el menor al parecer participó en una  extorsión.   

Cargo      Nº      4.  Homicidio en  persona   protegida;  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego de uso privativo  de   las   fuerzas   militares;   violación  de  habitación  ajena;  actos  de  terrorismo.   

El  12  de  Marzo de 2002, en los barrios  Antonia  Santos  y  los  Olivos de la ciudad de Cúcuta, un grupo de cerca de 20  hombres  pertenecientes  a  las AUC ingresaron violentamente a los domicilios de  las   familias  Balaguera  y  Quintero,  siendo asesinados  Marco   Tulio  Balaguera  y  José  del  Carmen  Quintero,  señalados  de integrar grupos  subversivos.  El  postulado PALMA BERMÚDEZ  confesó  estos  homicidios  y manifestó que recibió la orden de  alias  “Mascota” y alias  “Teniente   Roso”  como  política    trazada    por   JORGE   IVÁN   LAVERDE  ZAPATA.   

Cargo   Nº  5.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego  o  municiones,  agravado;  violación  de  habitación  ajena;  actos  de  terrorismo.   

El  13  de  marzo  de  2002,  LENIN   GEOVANNY   PALMA   BERMÚDEZ,  en  compañía  de tres individuos pertenecientes al Frente Fronteras, ingresó a la  residencia  ubicada en la avenida 1ª No. 10-45 de Cúcuta y ultimó con arma de  fuego  a  Ángel María Rivera Quintero, Gabriel Rivera  Quintero,  Luis  Jesús Rivera Quintero y a  Luis  Antonio  Meza  Cárdenas a quienes  consideraban integrantes de grupos subversivos.   

Cargo   Nº  6.  Homicidio  en  persona  protegida  consumado y tentado; fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones agravado.   

El 19 de marzo de 2002, en vía pública de  la  ciudadela  Juan  Atalaya de Cúcuta, Juan de Jesús  Álvarez  Gerardino,  Miguel  Ángel Méndez, Juan Bohormita Durán y  José  Ismael  Santos Amaya  fueron abordados por LENIN GEOVANNY PALMA  BERMÚDEZ y otros dos integrantes de las autodefensas;  los  requisaron y les dispararon hasta terminar con la vida de los tres primeros  pues  el  último  resultó  lesionado.  La  menor  de  seis años, Angie  Paola  González  Ballesteros,  fue  alcanzada  por  las  balas  y  como  consecuencia  de las lesiones que le fueron  ocasionadas  días después falleció. Según el postulado, la orden era ultimar  a  las  personas  que  estuvieran en compañía de Juan  Bohormita  Durán, integrante de un grupo delincuencial  de la zona.   

Cargo   Nº  7.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones  agravado; violación de habitación ajena.   

El  19 de marzo de 2002 en el barrio Pueblo  Nuevo  de  Cúcuta,  un  grupo  de  aproximadamente  veinte  hombres  del Frente  Fronteras,   entre   ellos   LENIN   GEOVANNY   PALMA  BERMÚDEZ,  sacaron  de  sus residencias a   Luis   Manuel   Gómez  Pérez   y  a  Sergio Armando Sotelo, los  trasladaron  a  una  cancha  de fútbol donde fueron asesinados. La explicación  vertida   por   el   postulado   señala   una   operación  de  “limpieza social”.   

Cargo   Nº  8.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones agravado; violación de habitación ajena.   

El  30  de  marzo  de  2002  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y  otro  integrante  del  Frente  Fronteras,  ingresaron  violentamente  a la vivienda de  José  Armando Rodríguez Rey  donde  lo  ultimaron  con  arma  de  fuego;  lo  sindicaban  de  informar  a las  autoridades sobre los integrantes de la organización ilegal.   

Cargo   Nº  9.  Homicidio  agravado;  homicidio  agravado en la modalidad tentada; fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

El  3  de  abril  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y  tres  integrantes  del  Frente  Fronteras  arribaron  a  un  establecimiento comercial  ubicado  en el barrio Cecilia Castro de Cúcuta donde operan unos billares y sin  mediar   palabra   accionaron   sus   armas,   resultando  muertos  Luis  Fernando  Bonilla  Acuña,  Aramis  Ortiz  Sepúlveda,  Javier  Rincón  Vargas, Helena Cárdenas Pérez y Marino    Rentería   Cuero;   lesionadas  Luz Esther Vargas Gómez y la  menor    Jeimy    Carolina    Villamizar.  Con el ánimo de amedrentar a la ciudadanía, se fijaron grafitis  con  inscripciones  como: “RODARAN CABEZAS”, “FUERA VICIOSOS”, “MUERTE  A RATAS”, “FUERA ZORRAS”.   

Cargo     Nº     10.    Homicidio  en  persona  protegida; fabricación, tráfico y porte de  armas  de  fuego  o municiones  agravado; fabricación, tráfico y porte de  armas  de  fuego  de  uso  privativo  de las fuerzas militares; toma de rehenes;  tortura  en  persona  protegida; violación de habitación ajena; destrucción y  apropiación de bienes protegidos.   

El  16  de  abril  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA BERMÚDEZ conformaba  un  grupo  de  aproximadamente 20 hombres de las AUC que con listado de personas  presuntamente   pertenecientes  a  grupos  guerrilleros,  ingresaron  al  barrio  Belisario  Betancourt  de  Cúcuta  y  procedieron  a  sacar  de  sus  viviendas  alrededor  de  70  personas.              Del   grupo   fueron   apartados   Carlos        Arturo        Castro       Jiménez       y   Jorge   Barco  Garnica.  A  este  último   le  amputaron  su  oreja derecha y en cuatro  oportunidades  le  propinaron  puñaladas  en  el  tórax.  Al  percatarse de la  presencia  policial,  el  grupo ilegal les cegó la vida con armas 9 mm. y fusil  5.56.  En  la  huida en un automotor hurtado tomaron como escudo a la población  civil retenida.   

Cargo     Nº     11.    Homicidio  en  persona  protegida; fabricación, tráfico y porte de  armas de fuego o municiones  agravado.   

El  26  de  abril  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros  integrantes  de  las  AUC  dieron muerte a José Evelio  Quintana   Pinera  que  se  encontraba  a  bordo  del  vehículo  camión  FORD  1964  de placas Venezolanas SAI 583 en el barrio Doña  Ceci  de  Cúcuta.  Se  adujo  la  pertenencia  del  occiso  a  las  bases de la  guerrilla.   

Cargo  Nº  12.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego  o  municiones  agravado;  hurto  calificado  y  agravado;  violación  de  habitación ajena.   

El   4  de  mayo  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros  integrantes  de las autodefensas ingresaron a la casa de la manzana 33, Lote 20,  barrio  Palmeras  parte  alta  de  Cúcuta,  donde  operaba un expendio de droga  administrado  por  Genarina Gómez Arévalo,  que  había  sido  advertida  para que dejara dicha actividad; le  dispararon hasta ultimarla y hurtaron un televisor.   

Cargo  Nº  13.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones agravado.   

El   5  de  mayo  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros  integrantes  de las AUC arribaron al establecimiento público del barrio Antonia  Santos  de  Cúcuta,  y sin mediar palabra dispararon armas calibre 9 mm. contra  Jairo   Barbosa   Pérez,  Adalbert  Alberto Pardo Arias  y  Miguel Ángel Flórez hasta  acabar con su vida, bajo la excusa de que delinquían en la zona.   

Cargo     Nº     14.    Homicidio  en  persona protegida; tortura en persona protegida; toma  de  rehenes;  violación de habitación ajena; fabricación, tráfico y porte de  armas de fuego o municiones  agravado.   

El  5  de mayo de 2002, un grupo de las AUC  liderado      por      LENIN     GEOVANNY     PALMA  BERMÚDEZ retuvo, torturó y dio muerte a Edwin  Alejandro  Santiago  Acero,  John  Wilmer  Torres  Rodríguez  y    Marcelino    Alsina  Ortega, éste último fue sustraído de la vivienda de  su  abuela. Los cuerpos sin vida fueron hallados en el relleno sanitario Urimaco  de Cúcuta. Los acusaban de pertenecer a la subversión.   

Cargo  Nº  15.  Homicidio  en  persona protegida; tortura en persona protegida; toma de rehenes;  violación  de  habitación  ajena;  fabricación,  tráfico y porte de armas de  fuego o municiones agravado.   

El  10  de  mayo  de  2002,  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros  individuos  sustrajeron  de  manera  violenta de la vivienda ubicada en la calle  6ª  No.  2-02  del  barrio Motilones de Cúcuta a Luis  Eustorgio  Mantilla  García,  cuyo cuerpo sin vida se  halló  en  el  barrio  Seis de Enero con heridas de arma de fuego. Se adujo que  integraba un grupo delincuencial.   

Cargo      Nº      16.  Homicidio en  persona  protegida; actos de terrorismo; fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones  agravado;  fabricación,  tráfico y porte de armas de  fuego   de   uso   privativo   de   las   fuerzas   militares;   daño  en  bien  ajeno.   

El  15  de  mayo  de  2002,  LENIN  GEOVANNY PALMA BERMÚDEZ y otros dos  integrantes  de  las  autodefensas  se  trasladaron  al  barrio  Victoria  donde  funcionaba   un   establecimiento   comercial   de   propiedad  de  José  Pérez  Gaona, a quien ultimaron con  la  utilización  de  armas  pistola calibre 9 mm. Posteriormente, retornaron al  lugar  para  destrozar  el negocio con una granada de fragmentación. La acción  delictiva   se  ejecutó  con  el  argumento  que  el  mencionado  fungía  como  colaborador de la subversión.   

Cargo     Nº     17.    Homicidio  en  persona  protegida; fabricación, tráfico y porte de  armas de fuego o municiones agravado.   

El 18 de mayo de 2002 en el lugar denominado  Natilan,  barrio  Atalaya, fueron asesinados José Luis  Santander     Amaya,    Willington    Eduardo    Rubio    Tolosa    y   Mauricio  Pacheco  Pérez     por     LENIN    GEOVANNY    PALMA  BERMÚDEZ  y  dos  integrantes de las autodefensas con  armas    calibre    9   mm.   Adujeron   que   los   occisos   extorsionaban   a  comerciantes.   

Cargo  Nº  18.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones agravado.   

El  20  de  mayo  de  2002,  Kennedy  Hernando  Silva  Rolón,  Ever  Eduardo Ortega y      Diego      Alexander      Ortiz  Andrade se encontraban jugando futbol en la cancha del  barrio  Cundinamarca  de  Cúcuta  y  al  notar  la presencia sigilosa de varias  personas  en  un  vehículo  blanco se retiraron del lugar; sin embargo, cuadras  más  adelante  fueron  alcanzados  y asesinados. LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  indicó haber integrado el  grupo  que  les  dio muerte, pues eran consumidores de alucinógenos y conforman  un grupo delincuencial.   

Cargo  Nº  19.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego  o  municiones  agravado; fabricación, tráfico y porte de armas de fuego  de uso privativo de las fuerzas militares.   

El 23 de mayo de 2002, en la parte alta del  sector  del  Seis  de  Enero de Cúcuta, LENIN GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ y cinco integrantes de las AUC fueron  hostigados  por  otro  grupo  armado,  ataque  que  repelieron  con  fusiles; en  desarrollo   del   fuego   cruzado   se   produjo   el  deceso  de  Pedro    Rafael    Vejar    y  Mario  Hernández  Parada,  personas que  transitaban por la vía pública.   

Cargo  Nº  20.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones agravado.   

El  5 de junio de 2002, en la vía pública  del   barrio  Carora  de  Cúcuta  departían  Héctor  Enrique   Torres   Bayona  y  Jesús  Eliécer  Morantes  Rolón,  cuando  arribaron  LENIN    GEOVANNY    PALMA    BERMÚDEZ  y  otro integrante de las AUC que procedieron a accionar sus armas  de  fuego  calibre  45  mm.  hasta  ocasionarles su muerte. Se adujo su presunta  pertenencia a una organización delincuencial de la zona.   

Cargo  Nº  21.  Homicidio  en  persona  protegida;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego o municiones agravado.   

El  8  de  junio  de  2002,  dos  sujetos  integrantes   de  las  AUC  identificados  como  LENIN  GEOVANNY     PALMA    BERMÚDEZ    y    Helmer  Darío  Atencia  González lanzaron  una  granada  M  26  debajo  del  puente  ubicado  en el canal de la calle 5 con  avenida  8,  ocupado por indigentes, con la finalidad de asesinar y causar daño  indiscriminadamente  a  las personas que allí se encontraran, acción delictiva  que   causó   la   muerte   a  “Chaolin”,  “Jobo” o  “El Karateka” y heridas a  Mercedes  de  La  Rosa  Atehortua  Arias  y    a    Orley    Alfonso    Velásquez  Cáceres.   

Cargo  Nº  22.  Homicidio agravado consumado y en tentativa.   

El  13  de  junio de 2003, en el barrio Los  Alpes  de  Cúcuta,  Gerson Alex Solano Pacheco, Ramón  Alfonso  Jacome Pacheco y Juan  Carlos  Jiménez  recibieron  disparos provenientes de  sujetos  que  se  movilizaban  en  una  motocicleta, ocasionándole la muerte al  primero  y  lesiones  a  los  restantes;  el  segundo  falleció  en  el  centro  hospitalario  a  donde  fue  remitido.  LENIN GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  señaló  que  coordinó el accionar  delictivo porque las víctimas eran señaladas como delincuentes.   

Cargo  Nº  23.  Homicidio agravado en circunstancias de mayor punibilidad.   

El  23  de  junio  de  2002  los  hermanos  Jesús  María,  José Ángel  y  Aníbal  Castro  Núñez  estaban  departiendo  en  un  establecimiento  de  billares del barrio Ermita de  Cúcuta,  lugar  a  donde  arribó LENIN GEOVANNY PALMA  BERMÚDEZ  y  tres  integrantes  de  las  AUC  que los  sacaron  del  lugar  y  los  hicieron tender en el piso donde los ejecutaron con  armas   calibre   9  mm,  pues  supuestamente  pertenecían  a  la  subversión.   

El referido hecho delictual estuvo precedido  del  apoderamiento  de dos camiones de la Empresa de Aseo Proactiva Oriente S.A.  guiados   por  Hamilton  Alexander  Casadiego  Mendoza  y    Édgar    Sarmiento  Sepúlveda   que   fueron   retenidos,   amordazados,  amenazados  y  compelidos  a  recoger  a  los  agresores  en  el  lugar en donde  cometieron el crimen.   

Cargo  Nº  24.  Homicidio   en   persona   protegida;   tentativa   de   homicidio   en  persona  protegida.   

El  24  de junio de 2002 un grupo comandado  por   LENIN   GEOVANNY   PALMA  BERMÚDEZ  se desplazó en dos motocicletas al billar ubicado en el barrio 28  de  Febrero  de  Cúcuta  y  los  parrilleros accionaron indiscriminadamente sus  armas   de   fuego   calibre   9  mm,  ocasionando  el  deceso  de  Ramón   Elías   Peñaranda   Ortiz,   John   Fredy   Daza  Vanegas  y   Edilson   Peñaranda  Ortiz  y  heridas  al  menor  de 12 años Juan Carlos Carrascal Barbosa.   

Cargo  Nº  25.  Homicidio  en  persona  protegida consumado y tentado.   

El  1  de  julio  de  2002 en el barrio San  Miguel   de   Cúcuta,  fue  asesinado  Rolando  Yesid  Soto por LENIN GEOVANNY PALMA  BERMÚDEZ,   señalado   de  pertenecer  a  la  banda  delincuencial     de     la     “Zurca”  y  de  lanzar una granada de fragmentación en el barrio Carora  que  terminó  con  la vida de una mujer embarazada. También resultó lesionado  Yefrey              Gutiérrez.   

Cargo  Nº  26.  Homicidio agravado consumado y en grado de tentativa.   

El  17  de septiembre de 2002, LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros  integrantes  de  las  AUC,  en  los barrios La Victoria y el Desierto de Cúcuta  ultimaron  con  arma  de  fuego  calibre  9  mm.  a  los vigilantes Luis  Alberto Herrera, José Ramiro Acevedo, Andrés Pedraza Meneses  y  Henry  Rubelio  Sánchez  Ortega  y  heridas  a Manuel  Uribel  Flórez,  a  quienes  señalaban   de   colaborar   con   la   subversión.   

Cargo  Nº  27.  Homicidio en persona protegida.   

El 30 de noviembre de 2002, miembros de las  autodefensas,   entre   ellos   LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ,  se  dirigieron a la ciudadela Juan Atalaya  de  Cúcuta  y  dispararon  sus  armas  calibre  9 mm. y 38, contra Óscar   Armando   Salcedo   y  José  Darío  Fernández que fallecieron  en  el  acto.  Fueron  ultimados  por  su  presunta  pertenencia  a  los  grupos  subversivos.   

Cargo  Nº  28.  Homicidio Agravado consumado y en tentativa.   

El  12  de  noviembre de 2002, LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y cuatro  integrantes   de   las   autodefensas   arribaron  al  establecimiento  billares  “La  Cristalina” ubicado  en   el   barrio  Bellavista  de  Cúcuta,  y  accionaron  sus  armas  en  forma  indiscriminada  contra las personas que allí departían, proceder que ocasionó  el  fallecimiento  de Jorge Alexander Sanabria Camacho,  Nelson    Omar    Peñalosa   García   y  Adalberto Rojas Ortiz, así como lesiones  a   Helder   Reales  Mojica  y  Yoni  Alberto  Gómez. El  ataque   se   sustentó   en   que   con   frecuencia   allí   se   presentaban  inconvenientes.   

Cargo     Nº     29.    Homicidio  en  persona protegida y  exacciones o contribuciones  arbitrarias.   

Por  su negativa a cancelar “cuotas   extorsivas”  establecidas  para  financiar    la    guerra    y    obtener    protección   por   parte   de   la  organización,      LENIN      GEOVANNY      PALMA  BERMÚDEZ  y otros integrantes de las autodefensas, en  la  madrugada  de  los días 3 y 6 de diciembre de 2002 ingresaron al galpón de  Cenabastos   de   Cúcuta.   En   la  primera  fecha  ultimaron  a  José    Ascencio    Fierro    Ortega   y  a  Dinael Rincón Suárez. En  la    segunda,    a   José   Ascencio   y  Andrés  Osorio Castellanos;   así   mismo,   Luis  Esteban  Patiño  Osorio.   

Cargo  Nº  30.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro simple agravado; hurto calificado y  agravado;    violación    de    habitación    ajena;    tortura   en   persona  protegida.   

Gerson    Gallardo    Niño,   estudiante  de  la  Facultad  de  Biología  de  la  Universidad  Francisco  de  Paula Santander de Cúcuta; Carlos Celis  Suescún,      odontólogo;     y     Edwin  Ariel  López Granados, estudiante y  profesor  de  la  referida institución educativa, fueron retenidos por un grupo  de  autodefensas  los  días  3,  12  y 13 de abril de 2003, respectivamente, el  primero  en el Centro Comercial Bulevar de Cúcuta, el segundo en su consultorio  odontológico  y  el  tercero, en su lugar de residencia de donde fue sustraído  un  televisor  marca  Kendo,  un  VHS  marca  Panasonic, dos grabadoras Sony, un  computador  Clon  Pentium,  un  teléfono  inalámbrico, la suma de $400.000 mil  pesos,  y  una  tarjeta  debito con la que al parecer retiraron de la respectiva  cuenta bancaria la suma de $150.000 mil pesos.   

El  7 de junio de 2003, en el kilómetro 18  de  la  vía  que  de  Tibú  conduce  al  corregimiento  de  la Gabarra, fueron  encontrados  los cuerpos de las tres víctimas, presentando impactos con arma de  fuego  en  diferentes  partes  del  cuerpo.  La  retención  y ejecución de los  ciudadanos  en  mención,  fue  materializada por LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y otros integrantes de las  autodefensas,  bajo  el argumento de que sus nombres se encontraban relacionados  en un computador incautado a la guerrilla.   

Cargo  Nº  31.  Homicidio  en  persona  protegida; secuestro agravado; violación de habitación  ajena; tortura en persona protegida.   

El  6  de  marzo  de  2003,  LENIN  GEOVANNY PALMA BERMÚDEZ y otros dos  integrantes  del Frente Fronteras cuando se desplazaban en un taxi por el barrio  Kennedy  de  Cúcuta,  procedieron a dispararle a la buseta de servicio público  de   placas   URG   067   guiada   por   José  Uriel  Sánchez  quien  estaba  acompañado  por    Jorge   Obdulio   Zúñiga,   quienes  fallecieron;    el    ayudante    Reinaldo    Jaimes  Botello  sobrevivió,  pero  fue  asesinado tres días  después  en  el barrio el Rosal. El accionar se justificó porque las víctimas  supuestamente  participaron  en  el  atentado  terrorista  al  Centro  Comercial  Alejandría de esa ciudad.   

Cargo  Nº  32.  Homicidio en persona protegida; violación de habitación ajena.   

El  10  de  marzo  de  2003,  LENIN     GEOVANNY    PALMA    BERMÚDEZ  y   Helmer   Darío  Atencia  González  ingresaron  a  la vivienda de Jaime Lázaro  Moreno  ubicada en el barrio Antonia Santos de Cúcuta  y procedieron a dispararle hasta ocasionarle su muerte.   

LOS POSTULADOS  

De  acuerdo  con  la sentencia del Tribunal  a  quo, las personas juzgadas  ostentan los siguientes datos de identidad:   

SALVATORE   MANCUSO   GÓMEZ,  se identifica con cédula de ciudadanía Nº 6.892.624, nació el  17      de      agosto      de      1964      en      Montería     (Córdoba),  realizó estudios superiores  en    Administración    Agropecuaria,    estuvo    casado    con   Martha   Elena   Dereix.  Ingresó  a  las  Autodefensas  en  enero  de  1991 y es conocido con los alias de “Mono   Mancuso”,   “Santander   Lozada”,   “Uno   Quince”,  “Manuel”   y  “Triple  Cero”;  fue  extraditado  el 13 de mayo de 2008 y se  encuentra  recluido  en  NORTHERN  NECK  REGIONAL  JAIL,  en la ciudad de Warsaw  –  Virginia  – Estados Unidos.   

JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  se identifica con la cédula de ciudadanía Nº 72.204.351, nació  el     21     de     octubre    de    1974    en    Barranquilla    (Atlántico),  estudió la primaria en el  Colegio  Colón  de Barranquilla, el bachillerato en el Colegio Militar Alcosure  de  la  misma  ciudad,  ingresó  a  la Escuela Militar José María Córdoba de  Bogotá  en  el  año  1994,  allí  permaneció  por  espacio  de  3  años; se  desempeñó  como Subteniente del Ejército Nacional en el Batallón Bomboná de  la       Brigada       XIV       en       Puerto       Berrio       (Antioquia)   de   donde   desertó   en  septiembre  de 1998. Ingresó a las Autodefensas en octubre de 1998 en San José  de  Nus (Antioquia), conocido  con    los    alias   de   “Mauro”   o   “el   Viejo   Mauro”,  comandó  el Frente Tibú, fue instructor militar de la escuela La  35,  luego  dirigió  las  escuelas de instrucción militar en El Diamante y Los  Guayabos  y en la zona del Catatumbo. Se encuentra recluido en la Cárcel Modelo  de Barranquilla.   

JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  se  identifica  con  la  cédula  de  ciudadanía Nº 71.985.935,  nació    el    12    de    septiembre    de   1976   en   Turbo   (Antioquia);   fue   reclutado   por  las  Autodefensas  en  Turbo  a  los  17 años, vinculado formalmente en noviembre de  1996  cuando  tenía  20  años,  conocido  con  los  alias  de  “El    Iguano”,    “Sebastián”,    “Raúl”    y    “Pedro   Fronteras”,  ocupó el cargo de comandante del Frente Fronteras con influencia  en  el  área  metropolitana  de  Cúcuta,  Puerto Santander, Villa del Rosario,  Zulia,  Gramalote,  Aguas  Claras, La Floresta, Distrito de Riego, Banco Arenas,  La  Silla,  Vigilancia,  La  Y  de Astilleros, Sardinata, Conejo, Salazar de las  Palmas,  El  Ran,  Roganvalia, Chinácota, Pamplona, Cucutilla, Los Patios, Juan  Frío,  La Arboleda y Guaramito. Actualmente se encuentra recluido en la Cárcel  de Itagüí.   

ISAÍAS   MONTES  HERNÁNDEZ,  identificado  con la cédula de ciudadanía Nº 98.597.623, nació  el    10   de   mayo   de   1972   en   San   Pedro   de   Urabá   (Antioquia),  prestó servicio militar en  el  Batallón  Vélez  de  la  Brigada  17  de  Carepa  y  ostentó  el grado de  Dragoneante.  Ingresó  a  las  Autodefensas a comienzos de 1994 en San Pedro de  Urabá  y  es  conocido  con  los alias de “Junior”  o “Mauricio”;  fungió  como  comandante a cargo de las incursiones al Catatumbo.  Se encuentra recluido en la Cárcel de Itagüí.   

JUAN RAMÓN DE LAS AGUAS OSPINO,  identificado con la cédula de ciudadanía Nº 91.185.278, nació  el     31     de     agosto     de     1965     en     Clemencia    (Bolívar),  prestó  servicio militar en  el      Batallón     33     de     Junín     en     Montería     (Córdoba),  fue soldado voluntario en la  Brigada  Móvil Nº 2 con la cual recorrió todo el nordeste Antioqueño, el sur  de  Bolívar  y parte del Norte de Santander y de Sucre, en 1992 pidió la baja.  Ingresó  a  las Autodefensas en mayo de 1999, aunque desde abril de 1998 hacía  parte    de   un   grupo   de   justicia   privada   en   Cúcuta   (Norte  de Santander), es conocido con los  alias   de   “Chaca”  o  “Rumichaca”. Actualmente  está recluido en la Cárcel Modelo de Cúcuta.   

JIMMY   VILORIA   VELÁSQUEZ,  identificado con la cédula de ciudadanía Nº 98.600.876, nació  el   28   de   septiembre   de   1980   en  San  Pedro  de  Urabá  (Antioquia).  Ingresó a las Autodefensas  en  junio  de  1995,  a  los  15  años  de  edad,  es  conocido con el alias de  “Jairo   Sicario”,  se  desempeñó  como  inspector  de las Autodefensas en Pamplona, participó en los  homicidios  de  compañeros de las A.U.C. y actualmente se encuentra recluido en  la Cárcel de Itagüí.   

LENIN  GEOVANNY PALMA BERMÚDEZ,  se  identifica  con  la  cédula  de  ciudadanía Nº 88.229.608,  nació  el  12  de  Julio de 1977 en Cúcuta (Norte de  Santander),  es  padre  de tres hijos menores de edad.  Fue  reclutado en 1991 por las milicias de la guerrilla del E.L.N., época en la  que  tenía  14  años  de edad, donde estuvo hasta 1995 aunque mantuvo vínculo  con  esa  organización  hasta  el año 2000 cuando lo declararon objetivo y por  eso,  en  marzo del mismo año, ingresó a las autodefensas. Es conocido con los  alias   de   “Alex”,   “Carlos”  y  “Erick Estic Luna Camacho”,  operó  en  el  Frente  Fronteras  en  Cúcuta  en los barrios  Atalaya,  Belén,  La  Libertad,  Aeropuerto  y  en  los municipios de Villa del  Rosario  y  Salazar  de  las  Palmas.  Actualmente  se  encuentra recluido en la  Cárcel Modelo de la ciudad de Cúcuta.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  8  de  noviembre  de  2011 la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación en contra de SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTÚZ,  JORGE  IVÁN LAVERDE ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE  LAS AGUAS OSPINO, JIMMY VILORIOA  VELÁSQUEZ.   El  de  LENIN  GEOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ fue radicado el 17 de abril  de 2009.   

La  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal  Superior  de  Bogotá avocó el conocimiento del trámite el 18 de mayo de 2012,  momento  a  partir  del  cual adelantó las audiencias orientadas a legalizar la  aceptación  de  cargos.  Posteriormente,  en cumplimiento de lo dispuesto en la  Ley   1592  de  2012,  ajustó  el  procedimiento  para  realizar  la  audiencia  concentrada.   

Entre el 17 de junio y el 4 de septiembre de  2013  la  magistratura adelantó el incidente de identificación de afectaciones  causadas a las víctimas.   

Finalmente,  el  31  de  octubre  de  2014  profirió  sentencia  respecto de la cual el Ministerio Público, la Fiscalía y  los  apoderados  de algunas víctimas interpusieron el recurso de apelación que  se procede a desatar.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

Sea  lo  primero advertir que el magistrado  Eduardo  Castellanos  Roso  enuncia  en  su  salvamento de voto que la   parte   resolutiva   de  la  sentencia  que  fue  (sic)  leída  en audiencia pública del  31   de  octubre  pasado,  no  corresponde  con  el  fallo  aprobado  final  fue  (sic)   allegado   a  mi  despacho   el  día  anterior.  La  parte  resolutiva  del  proyecto  tenía  52  numerales,  pero  de  manera  extraña en el acto de comunicación la Magistrada  Ponente  excluyó  y  recompuso  la  parte  resolutiva  sin que en mi caso se me  hubiera advertido de tal situación.   

Sin  embargo,  a  partir del desarrollo que  imprime  a  este  hecho,  se  concluye  que  dicha  variación  se  limita  a la  supresión,  en  la parte resolutiva del texto definitivo del fallo, de la orden  de  expedir copias para investigar la selección del doctor Mario Iguarán Arana  como Fiscal General de la Nación.   

En  consecuencia,  su  inconformidad  no se  orienta  a  destacar  otros  cambios  en el contenido del fallo ni a señalar su  inexistencia,  sobre  la  cual  no hay duda, en tanto fue suscrita por todos los  integrantes  de  la  Sala  de  decisión,  doctores  Alexandra  Valencia  Molina  —  ponente  —,  Eduardo  Castellanos  Roso y Lester  María González Romero.   

La  multiplicidad de temas abordados en las  811    páginas    de    la    sentencia   parcial38   determina   que  en  este  acápite  sólo  se  reproduzca  la parte resolutiva del fallo, pues en la parte  considerativa  se  extractarán los temas materia de impugnación y se expondrá  la  decisión  de  la  Corte  en  torno a ellos. Las decisiones adoptadas por el  Tribunal son las siguientes:   

PRIMERO:   DECLARAR   que  los  señores  SALVATORE  MANCUSO GÓMEZ identificado con cédula de ciudadanía Nº. 6.892.624  de  la ciudad de Montería (Córdoba); JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ, identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  Nº  72.204.351 de Barranquilla (Atlántico);  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  identificado  con  la cédula de ciudadanía Nº  71.985.935  del  municipio  de  Turbo  (Antioquia);  ISAÍAS  MONTES HERNÁNDEZ,  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  Nº  98.597.623 de San Pedro de  Urabá  (Antioquia);  JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO,  identificado con la  cédula  de ciudadanía Nº 91.185.278 de Clemencia (Bolívar); y LENIN GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ,  identificado  con la cédula de ciudadanía Nº 88.229.608 de  Cúcuta  (Norte  de  Santander;  son  penalmente responsables por los hechos que  fueron objeto de conocimiento de esta Sala.   

SEGUNDO:  DECLARAR  que  los  hechos  que  motivaron  la  formulación  de  cargos y la condena en contra de los postulados  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ, JORGE IVÁN LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO y LENIN  GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ,  fueron  cometidos  durante  y  con  ocasión  de su  pertenencia  al  Bloque  Catatumbo  de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)  conforme  con  el  grupo  de  hechos  presentados  por  la Fiscalía, el cual NO  OSTENTA  EL CARÁCTER DE PATRONES DE MACROCRIMINALIDAD, conforme con lo expuesto  en la parte motiva de esta decisión.   

TERCERO: DISPONER la acumulación jurídica  de  las  penas  impuesta  en  la  justicia  ordinaria a los postulados SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE  LA AGUAS OSPINO y LENIN GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ,  en  los  términos  y  condiciones  consignadas  en  la parte  considerativa de esta sentencia.   

CUARTO: CONDENAR a SALVATORE MANCUSO GÓMEZ  a  las  penas  principales  de  cuatrocientos  ochenta  (480) meses de prisión,  cincuenta  mil  (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa y  doscientos  cuarenta  (240)  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas; al haber sido hallado penalmente responsable de  los   delitos   de:  (i)  concierto  para  delinquir  agravado;  (ii)  actos  de  terrorismo;  (iii)  homicidio  en  persona  protegida; (iv) homicidio en persona  protegida  en  la modalidad de tentativa; (v) tortura en persona protegida; (vi)  toma  de  rehenes; (vii) destrucción y apropiación de bienes protegidos por el  Derecho  Internacional  Humanitario  (DIH);  (viii) hurto calificado y agravado;  (xi)  exacción  o  contribuciones arbitrarias; (x) secuestro simple y agravado;  (xi)  desaparición  forzada;  (xii)  actos  de  barbarie;  (xiii) deportación,  expulsión,  traslado o desplazamiento forzado de población civil; (xiv) tratos  inhumanos  y  degradantes;  (xv)  represalias;  (xvi) obstaculización de tareas  sanitarias   y  humanitarias;  (xvii)  despojo  en  campo  de  batalla;  (xviii)  simulación  de  investidura  o  cargo;  (xix) tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes;  (xx)  destinación  ilícita  de  muebles  o  inmuebles; (xxi)  tráfico   de   sustancias   para   el   procesamiento  de  narcóticos;  (xxii)  conservación   o   financiación   de   plantaciones   y;   (xxiii)  existencia  construcción y utilización ilegal de pistas de aterrizaje.   

QUINTO:  CONDENAR  a JOSÉ BERNARDO LOZADA  ARTUZ  a las penas principales de cuatrocientos ochenta (480) meses de prisión,  cincuenta  mil  (50.000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa;  doscientos  cuarenta  (240)  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, al haber sido hallado penalmente responsable de  los  delitos  de:  (i)  actos de terrorismo (ii) homicidio en persona protegida,  (iii)  tortura  en persona protegida, (iv) destrucción y apropiación de bienes  protegidos  por  el  DIH,  (v)  secuestro  simple y agravado, (vi) desaparición  forzada,  (vii)  deportación,  expulsión, traslado o desplazamiento forzado de  población  civil,  (viii) tratos inhumanos y degradantes; (ix) obstaculización  de  tareas  sanitarias  y  humanitarias, (xi) despojo en campo de batalla, (xii)  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes; (xiii) destinación ilícita  de  muebles  o  inmuebles; (xiv) tráfico de sustancias para el procesamiento de  narcóticos;  (xv)  conservación  o  financiación  de  plantaciones;  y  (xvi)  existencia,    construcción    y    utilización    ilegal    de    pistas   de  aterrizaje.   

SEXTO:  CONDENAR  a  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA;  a  las  penas  principales  de  cuatrocientos  ochenta  (480)  meses de  prisión,  cincuenta  mil  (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes  de  multa;  y  doscientos  cuarenta  (240)  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, al haber sido hallado penalmente  responsable  de  los  delitos  de:  (i)  actos  de terrorismo, (ii) homicidio en  persona  protegida  (iii)  homicidio  en  persona  protegida  en la modalidad de  tentativa;  (iv)  tortura  en persona protegida, (v) destrucción y apropiación  de  bienes  protegidos  por  el  DIH,  (vi)  hurto  calificado y agravado; (vii)  secuestro  simple  y  agravado  (viii)  desaparición forzada (ix) deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento forzado de población civil, (x) tratos  crueles,  inhumanos  y  degradantes,  (xi)  experimentos  biológicos en persona  protegida  (xii) represalias, (xiii) despojo en campo de batalla, (xiv) tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos;  (xv)  conservación o  financiación  de  plantaciones y; (xvi) existencia construcción y utilización  ilegal de pistas de aterrizaje.   

SÉPTIMO:   CONDENAR  a  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  a  las  penas  principales  de cuatrocientos ochenta (480) meses de  prisión,  cincuenta  mil  (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes  de  multa y doscientos cuarenta (240) meses de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas, al haber sido hallado penalmente responsable  de  los  delitos  de  (i)  concierto  para  delinquir  agravado,  (ii)  actos de  terrorismo,  (iii)  homicidio  en  persona  protegida,  (iv)  tortura en persona  protegida,  (v) destrucción y apropiación de bienes protegidos, (vi) secuestro  simple   y   agravado,   (vii)   desaparición   forzada,  (viii)  deportación,  expulsión,  traslado  o desplazamiento forzado de población civil, (ix) tratos  inhumanos  y  degradantes en persona protegida, (x) represalias, (xi) despojo en  campo  de  batalla,  (xii)  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes;  (xiii)   destinación  ilícita  de  muebles  o  inmuebles;  (xiv)  tráfico  de  sustancias   para   el   procesamiento  de  narcóticos;  (xv)  conservación  o  financiación  de plantaciones y; (xvi) existencia, construcción y utilización  ilegal de pistas de aterrizaje.   

OCTAVO: CONDENAR a JUAN RAMÓN DE LAS AGUAS  OSPINO,  a  las  penas  principales  de  cuatrocientos  ochenta  (480)  meses de  prisión,  veintitrés mil (23.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes  de  multa y doscientos cuarenta (240) meses de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas, al haber sido hallado penalmente responsable  de  los  delitos  de:  (i)  concierto  para  delinquir  agravado,  (ii) actos de  terrorismo,  (iii)  homicidio  en  persona  protegida, (iv) homicidio en persona  protegida  en  modalidad  tentativa,  (v)  tortura  en  persona  protegida, (vi)  secuestro  simple  y agravado, (vii) desaparición forzada, (viii) deportación,  expulsión,  traslado  o desplazamiento forzado de población civil, (ix) tratos  inhumanos  y  degradantes  y  experimentos biológicos en persona protegida, (x)  represalias, (xi) despojo en campo de batalla.   

NOVENO:  CONDENAR  a  LENIN GIOVANNI PALMA  BERMÚDEZ  a  las  penas  principales  de  cuatrocientos  ochenta (480) meses de  prisión,  treinta  y cuatro mil ciento cincuenta punto siete (34150.7) salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes de multa y doscientos cuarenta (240) meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, al  haber  sido hallado penalmente responsable de los delitos de: (i) concierto para  delinquir  agravado,  (ii)  actos  de  terrorismo,  (iii)  homicidio  en persona  protegida,  (iv)  homicidio  en persona protegida en modalidad de tentativa, (v)  toma  de  rehenes,  (vi) destrucción y apropiación de bienes protegidos, (vii)  hurto  calificado y agravado (viii) exacciones o contribuciones arbitrarias (ix)  secuestro simple y agravado, y (x) tratos inhumanos y degradantes.   

DÉCIMO:   LEGALIZAR   el   cargo   de  narcotráfico  respecto  de  los  postulados  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO   LOZADA   ARTUZ,   JORGE   IVÁN  LAVERDE  ZAPATA  e,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ.   

DÉCIMO PRIMERO: DECLARAR a los postulados  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ, JORGE IVÁN LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO y LENIN  GIOVANNI  PALMA BERMÚDEZ como elegibles al beneficio de la alternatividad penal  consagrado en los artículos 3 y 10 de la Ley 975 de 2005.   

DÉCIMO   SEGUNDO:   SUSPENDER  la  pena  privativa  de  la  libertad  impuesta a SALVATORE MANCUSO GÓMEZ, JOSÉ BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES HERNÁNDEZ, JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS  OSPINO  y  LENIN  GIOVANNI PALMA BERMÚDEZ y en su lugar  imponerles  la  pena  alternativa  de  ocho (8) años o de ochenta y cuatro (84)  meses  de  prisión  efectiva  de  la  libertad.  La que debe ser efectiva en un  centro  de  reclusión bajo las condiciones impuestas en la parte motiva de esta  providencia.   

DÉCIMO  TERCERO:  IMPONER  a  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO y LENIN GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ, la obligación de suscribir un acta en la que se comprometan a  contribuir  con su resocialización a través del trabajo, estudio o enseñanza,  durante  el  tiempo  que permanezcan privados de la libertad y luego de adquirir  la  libertad  a  promover  la  paz  de  alguna  manera  y la reconciliación del  país.   

DÉCIMO  CUARTO:  NO  CONCEDER a SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ  BERNARDO  LOZADA  ARTUZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO y LENIN GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ  ningún  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena  privativa de la  libertad  por prohibición expresa del parágrafo del artículo 29 de la ley 975  de 2005.   

DÉCIMO QUINTO: EXCLUIR al postulado JIMMY  VILORIA  VELÁSQUEZ del proceso de Justicia y Paz, por los argumentos que fueron  expuestos en la parte motiva de esta decisión.   

DÉCIMO SEXTO: ABSTENERSE de decidir sobre  la  excepción  por  inconstitucionalidad  presentada  por los representantes de  víctimas.   

DÉCIMO SÉPTIMO: RECONOCER a las víctimas  directas  del accionar delictivo del Bloque Catatumbo la reparación integral de  los  perjuicios  en  los términos y condiciones señalados en la parte motiva y  en  el cuadro liquidatorio que hace parte de este fallo y en los términos de la  ley  975  de  2005  y  en  las  condiciones  en  las  que se pronunció o en los  términos  en  los  que  se  pronunció  la  Corte Constitucional al declarar la  inexequibilidad del artículo respectivo de la ley 1592 de 2012.   

DÉCIMO OCTAVO: CONDENAR en forma solidaria  a  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ, JORGE IVÁN LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ,  JUAN  RAMÓN  DE LAS AGUAS OSPINO y LENIN  GIOVANNI  PALMA  BERMÚDEZ,  al  pago  de perjuicios materiales y morales en los  términos  reconocidos  y  cuantificados en la parte considerativa y cuadros que  hacen parte de la liquidación de esta decisión.   

DÉCIMO  NOVENO:  NEGAR  las  pretensiones  indemnizatorias  presentadas  por  el  apoderado del menor D. A. Martínez Díaz  por las razones esbozadas en lo pertinente.   

VIGÉSIMO:   INVOLUCRAR   a   la  Unidad  Administrativa  para  la  Reparación de las Víctimas para que haga parte de la  relación  del  daño colectivo y valore de manera preferente si las comunidades  afectadas  con  el  accionar  del  Bloque  Catatumbo deben ser incorporadas a la  reparación colectiva en los términos de la ley 1448 de 2011.   

VIGÉSIMO  PRIMERO:  REMITIR  a  la Unidad  Administrativa  para  la  Reparación  de  las  Víctimas,  las  peticiones como  medidas  de satisfacción presentadas en forma individual por los representantes  de  víctimas  y por las mismas víctimas directas, medidas de satisfacción que  también hicieron parte del cuerpo de esta decisión.   

VIGÉSIMO  SEGUNDO: DECLARAR la extinción  del  derecho  de  dominio  de  los  bienes  ofrecidos para la reparación de las  víctimas   y  que  fueron  relacionados  en  el  acápite  respectivo  de  esta  sentencia.  Para el cumplimiento de lo anterior, en firme el fallo, se oficiará  a  la  oficina  de  registro  de  instrumentos  públicos  correspondiente  y se  comunicará  a  la  Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  la  Reparación  de  las  Víctimas  y al Fondo para la reparación de las víctimas  para  los  fines  pertinentes.  Así  mismo,  se  dispone que por secretaría se  elaboren  las  comunicaciones  a  la  dirección  Nacional de estupefacientes en  Liquidación  y  a  las  autoridades  judiciales  que  adelantan los procesos de  extinción  del  derecho  de  dominio respecto de los bienes y dineros entregado  por  Martha  Helena  Dereix,  Adolfo  Arrieta,  y Benito Osorio Villadiego en la  forma indicada en la parte motiva de este fallo.   

VIGÉSIMO   TERCERO:   NO   DECRETAR  la  extinción  del  derecho  de  dominio  con  relación  a los derechos posesorios  ofrecidos  por  el  postulado  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ  respecto  del  predio  denominado  “La  Escuelita”,  lote  de  mejoras 1, 2 , 3 ,4 ,5 ,6 ,7, y 8 de  conformidad    con    lo    esbozado    en    las    consideraciones   de   esta  decisión.   

VIGÉSIMO  CUARTO:  ORDENAR  al  Comando  Conjunto  de  las  Fuerzas militares y por medio de este a quien sea competente,  presentar  a la Sala un informe acerca de las hojas de vida y trayectoria dentro  de   las  institucionalidad  castrense  de  quienes  fueron  nombrados  en  esta  decisión  como  miembros  de  las  fuerzas  militares de quienes se dijo fueron  colaboradores  de  los  grupos  de  autodefensa  y  luego integrantes del Bloque  Catatumbo  y  sus  frentes,  conforme  lo  analizado  en la parte motiva de esta  decisión.   

VIGÉSIMO QUINTO: COMPULSAR COPIAS ante la  Fiscalía  General de la Nación para que se adelanten las investigaciones a que  haya  lugar,  respecto  a  la  información  presentada  en  el  cuerpo  de esta  decisión.   

VIGÉSIMO  SEXTO: COMPULSAR COPIAS ante la  Fiscalía  General de la Nación para que se inicien las indagaciones tendientes  a  dilucidar  la  participación de personas pertenecientes al comercio, gremios  económicos,  casas  de  cambios,  empresas prestadoras de servicios públicos y  otras  entidades como TERMOTASAJERO, y demás personas que se dice financiaron y  auspiciaron  la  llegada  y  consolidación  del  Bloque Catatumbo. Esto, en los  términos del artículo 46 de la ley 1448 de 2011.   

VIGÉSIMO  SÉPTIMO: COMPULSAR COPIAS ante  la  Comisión  de  acusaciones de la Cámara de Representantes, o la entidad que  se  propone  el  proyecto de ley que la restructura, para que se investiguen las  conductas  punibles  en  que  haya podido incurrir el señor LUIS CAMILO OSORIO,  por  su  desempeño  como  Fiscal  General de la Nación entre 2001 y 2005 en lo  relativo  a  la designación y permanencia en el cargo, como directora seccional  de   Fiscalías   de   Cúcuta   de   quien  se  identificara  como  Ana  María  Flórez.   

VIGÉSIMO OCTAVO: COMPULSAR COPIAS ante la  Fiscalía  General de la Nación para que se investigue la presunta vinculación  y  colaboración  de los directores del Departamento Administrativo de Seguridad  (DAS) para 1999 a 2003 con el bloque Catatumbo de las AUC.   

VIGÉSIMO  NOVENO:  COMPULSAR COPIAS en lo  pertinente  con  destino  a  la  Fiscalía General de la Nación y Procuraduría  General  de la Nación, para que se investiguen las presuntas irregularidades en  que  pudo incurrir la Superintendencia de Sociedades en el procedimiento surtido  con  relación a la liquidación de la empresa L´enoteca Atlántico S.A. en los  términos esbozados en estas consideraciones.   

TRIGÉSIMO:   COMPULSAR   COPIAS  en  lo  pertinente   con   destino  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y  a  la  Procuraduría  General  de  la  Nación,  para  que se investiguen las presuntas  irregularidades  en  que pudo incurrir la Dirección Nacional de Estupefacientes  en  liquidación,  en  la  administración  de  los  bienes  entregados  por los  postulados de conformidad con lo analizado en precedencia.   

TRIGÉSIMO PRIMERO: COMPULSAR COPIAS de lo  pertinente  con  destino  a  la  Fiscalía General de la Nación y Procuraduría  General  de  la  Nación para que se investiguen las posibles irregularidades en  que  pudo  haber  incurrido  la  oficina  del  Alto Comisionado para la Paz y el  Ministerio  del  Interior  en  la  administración  de los proyectos productivos  agroindustriales  de  Tierralta  (Córdoba), proyecto respaldado por el gobierno  nacional,  actividad que según el ente instructor presentó la pérdida de más  de  mil  millones  de  pesos, conforme a lo señalado en la parte motiva de esta  sentencia.   

TRIGÉSIMO  SEGUNDO:  EXHORTAR a la Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y la Reparación de las Víctimas  para  que  elabore y presente una iniciativa legislativa donde se codifique o se  implemente  la  afectación  del  patrimonio  de  las personas jurídicas que de  alguna  forma  se  les  demuestre  haber  colaborado y auspiciado el nacimiento,  expansión  o  permanencia  del  fenómeno  paramilitar, especialmente en lo que  tiene  que  ver  con  el  Bloque  Catatumbo  de  las  AUC,  con el fin que estas  afectaciones  patrimoniales  tengan como destino el Fondo para la Reparación de  las Víctimas.   

TRIGÉSIMO  TERCERO:  EXHORTAR a la Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  la Reparación Integral de las  Víctimas,  para que presente una iniciativa legislativa donde se legisle acerca  de   la   posibilidad   de  afectar  las  vigencias  futuras  de  las  entidades  territoriales  en  las  que tuvo alto impacto la presencia paramilitar. Regiones  en  las  que  tuvo  lugar la consolidación y expansión de estos grupos armados  ilegales,  con  el  fin  de  garantizar  o  de  comprometer  a  las  autoridades  encargadas  de  estas  entidades  territoriales  para que nunca más se vuelva a  permitir   la   permanencia   de   estos  grupos  en  las  regiones  que  estén  liderando.   

TRIGÉSIMO CUARTO: EXHORTAR al Congreso de  la  República  para  que  profiera  una legislación que tipifique el delito de  “ofensa”   con  el  fin  de  establecer  la  responsabilidad  penal  de  los  funcionarios  públicos  que  en  sus  declaraciones  o  manifestaciones  puedan  generar  discursos  de  odio o estigmatización, tal como quedó explicado en la  parte de consideraciones de esta decisión..   

TRIGÉSIMO  QUINTO:  EXHORTAR  a la Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las  Víctimas  para  que  las víctimas directas e indirectas sean diagnosticadas de  manera  inmediata  a  través  de  la red de salud pública con presencia en los  municipios donde se encuentre ubicados.   

TRIGÉSIMO  SEXTO:  EXHORTAR  a  la Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  la Reparación Integral de las  víctimas   para   que   implemente  inmediatamente  un  programa  de  atención  psicológica  individualizada  para  las  víctimas  del  conflicto  armado,  un  programa  que  sea  especializado y posiblemente coordinado con el Ministerio de  Salud  y desarrollado por las secretarias departamentales y municipales de salud  que  hayan  sido  capacitados en temas de conflicto armado y específicamente se  ubiquen estos centros en los lugares de origen de las víctimas.   

TRIGÉSIMO  SÉPTIMO: EXHORTAR A la Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las  Víctimas,  para  que  dispongan  lo necesario para que las diferentes entidades  que  administran  o  participan del sistema de seguridad social en salud a nivel  nacional,  departamental  y  municipal,  sean informadas del padecimiento de las  víctimas  del  conflicto  armado  y  en  esa  medida  privilegien y presten los  servicios   médicos   necesarios   para   atender   las   secuelas  físicas  y  psiquiátricas  de  las víctimas así no estén cubiertas estas personas por el  régimen  subsidiado de salud al que se encuentren afiliados. Los costos de este  procedimiento  deberán  estar  a  cargo  del  Fondo de Solidaridad y Garantías  FOSYGA.   

TRIGÉSIMO  OCTAVO:  EXHORTAR  a la Unidad  Administrativa   Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas,  para  que  por  intermedio  del  Instituto  Colombiano  de Bienestar  Familiar  (ICBF)  se  priorice en todos los municipios de Norte de Santander una  estrategia  de prevención del reclutamiento ilícito, conforme a lo previsto en  el documento CONPES 3673 de 2010.   

TRIGÉSIMO  NOVENO:  EXHORTAR  a la Unidad  Administrativa   Especial   para  la  Atención  y  Reparación  Integra  a  las  Víctimas,  para  que  previo  estudio  de  campo, el servicio nacional del SENA  evalúa  la  necesidad  y  pertinencia  de  implementar  programas  técnicos  y  tecnológicos  dirigidos a la personas afectadas por el conflicto armado interno  en las zonas del departamento de Norte de Santander.   

CUADRAGÉSIMO:   EXHORTAR  a  la  Unidad  Administrativa   Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas,  para  que  las  Universidades  públicas  y  privadas  de  Norte  de  Santander  y los departamentos aledaños permitan que los jóvenes víctimas del  conflicto  armado  que  reúnan  los requisitos académicos puedan acceder a los  cupos   estudiantiles   de   manera  prioritaria  para  adelantar  sus  estudios  profesionales.   

CUADRAGÉSIMO PRIMERO: EXHORTAR a la Unidad  Administrativa   Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas  para  que el Ministerio de Educación nacional gestione becas, ya sea  con  instituciones  privadas  o  a  través  del  ICETEX  para que las víctimas  directas  e  indirectas,  especialmente  los  jóvenes  víctimas  del conflicto  armado  interno  que  reúnan  los  requisitos,  puedan  acceder  a los estudios  superiores.   

CUADRAGÉSIMO  SEGUNDO:  EXHORTAR  a  las  autoridades  administrativas  y especialmente a la Unidad Administrativa para la  Reparación  para  que  a  través  de las gobernaciones de Norte de Santander y  Cesar  intervengan  los  municipios  de  su  jurisdicción  para  fortalecer  la  producción  de  riqueza  y  auto  sostenimiento  con  planes de desarrollo y se  vinculen  presupuestos anuales que incluyan un rubro particular que no desmejore  las inversiones y a existentes.   

CUADRAGÉSIMO  TERCERO:  DISPONER  que los  postulados  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ, JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ, JORGE IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ, JUAN RAMÓN DE LAS AGUAS OSPINO y  LENIN   GIOVANNI   PALMA   BERMÚDEZ,  permanezcan  en  ese  reconocimiento  que  públicamente  hicieron de su arrepentimiento y compromiso de no reincidir en la  comisión   de   conductas   punibles.   Estas  manifestaciones  tuvieron  lugar  reiteradamente  en  las  sesiones  de  audiencia  y considera la Sala importante  lograr  la difusión de estas manifestaciones, al igual, que las manifestaciones  de  reconciliación  que  tuvieron  lugar  respecto  de  muchas  víctimas hacia  ellos.   

CUADRAGÉSIMO   CUARTO:   DISPONER   de  actividades  en  las  que  se faciliten escenarios colectivos de reconciliación  entre  postulados  y víctimas que permitan la redignificación de las víctimas  de  acuerdo  a  los  programas  que  se han implementado por las autoridades que  participan dentro de esta temática.   

CUADRAGÉSIMO  QUINTO: ORDENAR a todas las  entidades  en  cuya  cabeza se encuentran las acciones de reparación, presentar  mediante  su  representante legal o su delegado un informe a esta Sala acerca de  la  planeación  y  ejecución  de  las medidas que serán tomadas para tener en  cuenta  las  decisiones  que  en vía de reparación han sido anunciadas en esta  decisión.   

CUADRAGÉSIMO SEXTO: SOLICITAR a la Fiscal  General  de  la  Nación, la elaboración de un informe acerca de los avances en  las  investigaciones  surgidas con ocasión al presente fallo o derivadas de los  requerimientos  de investigación mencionados en este fallo, informe que tendrá  lugar  dentro  de  los  seis  (6)  meses  siguientes  a  la  ejecutoria  de esta  providencia,  y  el  avance  de esas investigaciones tendrá que hacer parte del  seguimiento  a  la  sentencia o a la ejecutoria de esta sentencia, tal y como lo  señala la ley.   

CUADRAGÉSIMO  SÉPTIMO:  REMITIR COPIA DE  ESTA  DECISIÓN  a  las  Fiscalías  encargadas  de  las  investigaciones que se  adelantan  contra  Doménico  Mancuso  conocido  con el alias de “Lucas” y a  Armando Alberto Pérez Betancourt alias “Camilo”.   

CUADRAGÉSIMO   OCTAVO:  EN  FIRME  ESTA  DECISIÓN  REMITIR  al  juzgado  de  ejecución  de  penas  de justicia y paz la  sentencia para su seguimiento, ejecución y vigilancia.   

CUADRAGÉSIMO   NOVENO:  EN  FIRME  esta  decisión   expídanse   las   copias   de   la   misma   ante  las  autoridades  correspondientes.   

QUINCUAGÉSIMO:  Contra  esta  decisión  procede  el  recurso  de  apelación  que  se surtirá ante la Sala de Casación  Penal de la Honorable Corte Suprema de Justicia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Competencia  

De  conformidad  con  el parágrafo 1º del  artículo  26  de  la Ley 975 de 2005, modificado por el canon 27 de la Ley 1592  de  2012,  y  los  artículos  68  ibídem  y  32-3 de la Ley 906 de 2004, esta Colegiatura es competente para  desatar  los  recursos  de  apelación  interpuestos  en  contra de la sentencia  proferida  por  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá el 31  de octubre de 2014.   

Las impugnaciones  

En  atención  a que el Ministerio Público  solicita  declarar  la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la elaboración del  contexto  incluido  en  la  sentencia,  la  Sala emprenderá el estudio de dicho  planteamiento  de  manera  prioritaria,  pues  en  caso  de  prosperar tornaría  nugatorio  cualquier  pronunciamiento  sobre los demás motivos de la alzada. De  igual   forma,   varios   apoderados   de  víctimas  requieren  que  se  nulite  parcialmente  la actuación porque el a quo  no se pronunció sobre la pretensión indemnizatoria de algunas de  ellas.   

Para    una   mejor   comprensión   se  identificarán   los   temas  objeto  de  inconformidad  y  a  continuación  se  plasmarán   las   consideraciones   y   la   decisión  de  la  Sala  sobre  el  particular.   

1.          Nulidades propuestas   

1.1.          El  contexto  consignado en la sentencia  excede  los  temas  debatidos  en  las  audiencias  y las pruebas aducidas en el  trámite   

El Ministerio Público cuestiona el contexto  incluido  en  la  sentencia  porque  se configuró con base en fuentes ajenas al  trámite  transicional,  no  debatidas  por  los intervinientes. En tal sentido,  añade,  se  analizaron  hechos  y  patrones de criminalidad declarados en otras  sentencias,  obviando  los criterios previstos en el artículo 162 de la Ley 906  de  2004 para el traslado probatorio, precepto aplicable en virtud del principio  de complementariedad.   

Acerca de lo anterior, los defensores de los  postulados39  consideran  que  el  proceso no está afectado de nulidad, dada la  naturaleza  especial  del  trámite  transicional  donde  deben  prevalecer  los  derechos  de  las  víctimas, con mayor razón cuando la parte recurrente estuvo  presente  en  toda  la  actuación  sin  manifestar  objeción  alguna al acopio  probatorio,  de  manera que convalidó lo actuado, pues el contexto fue definido  de  forma  conjunta  y  cuando  las  partes  no  estuvieron  de acuerdo sobre lo  sucedido  se  dejaron  las dos versiones en el expediente, sin que el impugnante  se opusiera a ello.    

1.2. El Tribunal carece de competencia para  determinar     la     responsabilidad     del    Estado    en    el    fenómeno  paramilitar   

El  delegado de la Procuraduría General de  la  Nación  considera  que  el  Tribunal no tiene competencia para pronunciarse  sobre  la  responsabilidad  del  Estado  en  la  conformación, consolidación y  expansión  de  los  grupos  paramilitares, menos aun cuando las conclusiones en  torno  a ese aspecto las obtiene a partir de generalizaciones sin particularizar  cuáles entidades o funcionarios contribuyeron a ese accionar.   

         La  Justicia  Transicional,  agrega,  está instituida para juzgar a  los  miembros  de los grupos delincuenciales sometidos a la Ley 975 de 2005 y no  a  los  miembros  del  Estado,  cuyas  conductas  deben  ser investigadas por la  justicia  ordinaria.  Por ello, el fallo vulnera los derechos al debido proceso,  juez  natural y derecho de defensa cuando afirma, sin ningún fundamento, que el  paramilitarismo fue parte de la política estatal.   

         Y  aunque  es  probable  la  vinculación  de algunos integrantes de  instituciones  públicas  con  grupos  al  margen de la ley, ello no comporta la  existencia   de   políticas  públicas  orientadas  a  favorecerlos.  En  forma  subsidiaria  pide  revocar  las  afirmaciones  que apuntan al establecimiento de  responsabilidad estatal.   

Frente  a  lo  anterior,  los  defensores  destacan  que  la  parte resolutiva del fallo no declaró la responsabilidad del  Estado,  razón  por  la  cual  carece de fundamento el reproche del impugnante.   

Consideraciones de la Sala  

     

i. Del contexto en Justicia Transicional     

La   macrocriminalidad,   entendida  como  fenómeno  que  trasciende el ámbito de la empresa criminal para incursionar en  un  aparato  delincuencial  organizado  y  jerarquizado, orientado a desarrollar  múltiples  frentes  delictivos  dentro  de una amplia cobertura geográfica, no  puede  ser  investigada  en  forma  tradicional  como  si se tratara de una gran  cantidad  de  hechos aislados. Precisa por ello, de una respuesta judicial capaz  de   articular   todos   esos  comportamientos,  necesidad  que  ha  llevado  al  surgimiento de la noción de contexto.   

En relación con ésta, la Ley 1592 de 2012  dispone en su artículo 10:   

Esclarecimiento  de  la verdad. Dentro del  procedimiento   que   establece   la   presente  ley  los  servidores  públicos  dispondrán  lo  necesario  para  que se asegure el esclarecimiento de la verdad  sobre  el patrón de macro-criminalidad en el accionar  de  los  grupos  armados  organizados  al  margen  de  la ley y se pueda develar  (sic)   los  contextos,  las causas y los motivos del  mismo;  la  información que surja de los procesos de  Justicia  y  Paz deberá ser tenida en cuenta en las investigaciones que busquen  esclarecer  las redes de apoyo y financiación de los  grupos     armados     organizados     al     margen     dela    ley.   

A  su  vez,  en  su  artículo  13  prevé:   

Con  el  fin de garantizar los derechos de  las  víctimas,  el  Fiscal  General de la Nación determinará los criterios de  priorización  para  el  ejercicio  de  la  acción penal que tendrán carácter  vinculante  y  serán  de  público conocimiento. Los criterios de priorización  estarán   dirigidos   a  esclarecer  el  patrón  de  macro-criminalidad   en   el   accionar   de   los  grupos  armados  organizados  al  margen  de  la  ley  y  a develar los   contextos,  las  causas  y los motivos del mismo, concentrando los  esfuerzos  de  investigación  en los máximos responsables. Para estos efectos,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  adoptará  mediante resolución el Plan  Integral  de  Investigación  Priorizada. (negrillas y  subrayas fuera de texto).   

          Y  acorde  con  el  artículo  2.2.5.1.2.2.2  del  Decreto  1069  de  201540:   

Para   efectos  de  la  aplicación  del  procedimiento  penal  especial  de  justicia y paz, el  contexto  es  el marco de referencia para la investigación y juzgamiento de los  delitos  perpetrados  en  el  marco  del  conflicto  armado  interno,   en  el  cual  se  deben  tener  en  cuenta  aspectos  de  orden  geográfico,  político,  económico,  histórico, social y cultural. Como parte  del  contexto se identificará el aparato criminal vinculado con el grupo armado  organizado    al    margen    de    la    ley   y   sus   redes   de   apoyo   y  financiación.   

Estas definiciones develan al contexto como  un   método  de  análisis  orientado  a  establecer  las  causas  y  motivos del conflicto, el accionar del  grupo  delictivo,  identificar su estructura y a los máximos responsables, así  como las redes de apoyo y financiación.   

        De  igual  forma,  señalan  que  la  identificación  del contexto corresponde a un  objeto   de   la   investigación,  sin  que  pueda  tenérsele  como  medio  de  acreditación autónomo.   

En ese orden, el contexto corresponde a una  herramienta   que   facilita   el   derecho   a   la  verdad,  del cual son titulares tanto la víctima como  la  sociedad,  pues  apunta  a que se determine de manera precisa cómo tuvieron  ocurrencia  los  hechos  en  general,  sus  autores, sus motivos, las prácticas  utilizadas,  los  métodos de financiación, las colaboraciones internacionales,  estatales  o  particulares  recibidas,  a fin de que salga a la luz pública ese  acontecer  soterrado  que debe exponerse a la comunidad para que implementen los  correctivos  necesarios  en  orden  a  impedir la reiteración de tales sucesos,  así  como  establecer  dónde se encuentran los secuestrados y los forzosamente  desparecidos,  amén  de integrar de la manera más fidedigna posible la memoria  histórica.   

El análisis de contexto tiene su origen en  las  decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sustentado en la  flexibilización  probatoria  en  favor  de las víctimas, propuesta en procesos  donde  (i) no se sanciona a individuos sino a Estados, (ii) hay inversión de la  carga  de  la  prueba  y  (iii)  corresponde  al  país  demandado desvirtuar el  contexto  y,  con  ello,  su  responsabilidad  internacional, aspectos todos que  impiden  trasladar,  sin  más,  ese  examen al derecho penal interno de índole  individual.   

En  tal sentido, la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos  distingue  el  proceso por responsabilidad estatal surtido en  esa  instancia,  de  las actuaciones judiciales penales adelantas al interior de  los Estados, en los siguientes términos:   

134.    En    efecto,    la  protección  internacional  de  los  derechos  humanos  no debe  confundirse  con  la  justicia  penal. Los Estados no  comparecen   ante   la   Corte   como  sujetos  de  acción  penal.  El  Derecho  Internacional  de  los  derechos humanos no tiene por objeto imponer penas a las  personas  culpables  de sus violaciones, sino amparar a las víctimas y disponer  la  reparación  de  los  daños  que  les  hayan  sido causados por los Estados  responsables de tales acciones.   

135.  A  diferencia  del  Derecho  penal  interno,  en  los procesos sobre violaciones de derechos humanos, la defensa del  Estado  no  puede  descansar  sobre  la  imposibilidad del demandante de allegar  pruebas  que,  en  muchos  casos,  no  pueden  obtenerse sin la cooperación del  Estado.         (Sentencia        Velásquez  Rodríguez  vs  Honduras, 29  julio     1988).     (Negrillas    fuera    de    texto    original)          

        El  proceso  transicional  procura  individualizar tanto a los determinadores como a  los   autores   materiales  y  cómplices  de  los  delitos,  también  llamados  “agentes    de    la    primera   zona”41;  igualmente,  a quienes los  financiaron,  seleccionaron  las víctimas o se beneficiaron con la comisión de  esas  conductas, es decir, “los agentes de la segunda  zona”, e inclusive, a los ciudadanos pasivos que por  miedo  o  simpatía  con tales comportamientos se plegaron a los perpetradores y  cuyo  testimonio  resulta  importante  para  arribar  a  la verdad, esto es, los  “agentes    de    la    tercera   zona”.   

Lo  anterior  implica que no se confunda el  objetivo  de la investigación, esto es la verdad, con su prueba. El contexto es  un   propósito,  pues  aún  demostrado  el  cuadro  conjunto  de  un  proceder  macrocriminal,  de  allí  no se pueden establecer, sin más, responsabilidades,  ni  es  en  sí  mismo un medio de acreditación, dado que, por el contrario, su  conformación  debe nutrirse de las fuentes que a la postre demuestran los otros  objetivos  del  proceso, esto es, de las pruebas legal y válidamente aportadas,  como   por   ejemplo,   estudios   de   técnicos   y   peritos,  declaraciones,  etc.   

         Por  ello  no  resulta  aconsejable que sin una juiciosa y ponderada evaluación  previa,  se  acuda en la construcción del contexto a toda suerte de documentos,  indagaciones  o  estadísticas,  pues  resulta  innegable  que cada uno de ellos  contiene  una  carga ideológica transversal, capaz de distorsionar o hacer más  o  menos  fiable  su  aporte.  Por  tanto,  si  se  acogen esos elementos, será  necesario  que  en la decisión el juzgador exprese, sin ambages, por qué tal o  cual  fuente  denota imparcialidad, seriedad, hondura y aproximación efectiva a  la  reconstrucción de la verdad y, ahí sí, proceda a extractar apartes que le  sirvan para edificar el contexto.   

         Desde  luego,  si  ya  en  otras  sentencias  que  han  cobrado ejecutoria se ha  establecido  un  contexto,  por  ejemplo, respecto del proceder macrocriminal de  determinado  grupo armado al margen de la ley, no habría necesidad de construir  otro,  salvo  que  nuevos  elementos  de  convicción  no ponderados en aquellas  decisiones,   permitan  arribar  a  otras  apreciaciones  capaces  de  afinar  o  robustecer el contexto ya elaborado.   

Con fundamento en lo expuesto, es pertinente  puntualizar  que si la responsabilidad penal es individual, el contexto no puede  corresponder  a  una  prueba,  en  tanto,  se  reitera,  aquél  da cuenta de un  conjunto  de  situaciones,  de  un  cuadro,  de un proceder que no basta por sí  mismo para derivar responsabilidad penal a persona alguna.   

El  contexto  ayuda  a  comprender, pero es  insuficiente  e impertinente para atribuir, pues estar inmerso en un contexto de  macrocriminalidad  no  releva  al  ente acusador de acreditar individualmente la  responsabilidad penal por tener la carga de la prueba.   

         Tampoco  es  un espacio ilimitado, en el cual los funcionarios judiciales puedan  declarar   la   responsabilidad   de  personas  o  instituciones  no  vinculadas  debidamente  al  trámite,  sobre  todo,  si  se tiene en cuenta que la justicia  transicional  no  es  competente para derivar ese tipo de atribuciones porque su  objeto  se  circunscribe  a  juzgar a los postulados por el Gobierno Nacional al  proceso de Justicia y Paz.   

         ii) Del caso concreto   

Acorde con el principio de complementariedad  previsto   en   el   artículo  62  de  la  Ley  975  de  2005,  “para  todo  lo  no  dispuesto en la presente ley se aplicará la Ley  782  de 2002 y el Código de Procedimiento Penal”, de  manera  que  los  principios  que  informan  el  decreto de las nulidades son de  innegable aplicación en el procedimiento de Justicia y Paz.   

Uno de ellos es el de trascendencia, según  el  cual  sólo  se acude a esta medida extrema si la irregularidad de carácter  sustancial   afecta   garantías   de   los   sujetos  procesales  o  las  bases  fundamentales de la actuación.   

Revisado  el  fallo  en  cuestión  no  se  advierte  vulneración  de  derechos esenciales de las partes e intervinientes o  afectación  de  la  estructura  propia  del proceso transicional en punto de la  elaboración  del  contexto,  motivo por el cual la pretensión anulatoria será  desestimada.       

La   Corte   en   diversas  oportunidades  (CSJ  AP 12/02/09, Rad. No. 30998, 31/08/11, Rad. No.  36125,  23/07/14, Rad. 43005, entre otros) ha señalado  que   el  procedimiento  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  busca  facilitar  la  reincorporación  individual  y  colectiva  a  la  vida civil de los miembros de  grupos  armados  al margen de la ley, garantizando los derechos de las víctimas  a  la  verdad, la justicia y la reparación, de forma que ostenta una naturaleza  especial y diversa a la de los estatutos punitivos vigentes.   

La  condición sui  generis  del proceso transicional se origina en que la  actuación   se   inicia   a   instancias   del  desmovilizado  cuando  libre  y  voluntariamente  solicita su postulación al trámite y, una vez verificadas por  el  Gobierno  Nacional las exigencias legales, inicia la etapa judicial, la cual  se  funda  en  la  confesión  de  sus  crímenes, situación que necesariamente  conlleva la emisión de sentencia de carácter condenatorio.   

En  ese  orden,  el  establecimiento  de lo  acontecido  empieza  con  la confesión del postulado, prosigue con la necesaria  actividad  de  verificación e investigación de la Fiscalía y continúa con la  legalización  de  cargos,  en  la audiencia concentrada, donde las víctimas e,  incluso   la  magistratura,  pueden  complementar  y/o  cuestionar  el  contexto  presentado,  evento  en  el  cual surgirá la necesidad del decreto probatorio a  efectos   de   construir   entre   todos  la  verdad  que  se  incluirá  en  la  sentencia.   

Entonces,  la  audiencia  concentrada  de  formulación  y  aceptación  de cargos (art. 21 de la  Ley  1591  de  2012,  modificatorio  del  19  de la Ley 975 de 2005),  es  el  escenario  idóneo  para confrontar y ajustar el contexto  presentado  por  la Fiscalía General de la Nación sobre la actividad del grupo  armado  al  margen  de  la  ley, sus causas y motivos, construido a partir de la  confesión  de  los  postulados,  de los aportes de las víctimas  y de los  actos  de  investigación  realizados  por  el ente acusador, el cual finalmente  será integrado a la sentencia.   

La magistratura debe velar porque la verdad  consignada  en  el  fallo  se  ajuste  a  las  causas,  motivos, consecuencias y  tipología  de  la especie de violencia perpetrada por el grupo armado al margen  de  la  ley  examinado  en cada caso en particular, de acuerdo con lo debatido y  probado  en  el  proceso  y  conforme  a  lo  decantado  por la jurisdicción en  sentencias   ejecutoriadas   referidas  a  la  misma  estructura  delictiva.  No  obstante,  dicha  facultad  no  comporta la posibilidad de estructurar contextos  genéricos  y  especulativos  a  partir  de  percepciones  particulares  de  los  hechos.   

Conforme lo establece el artículo 15 de la  Ley  975  de  2005,  la  reconstrucción  de  lo  acontecido  constituye misión  primordial  del  trámite transicional a efectos de materializar el derecho a la  verdad  de  las  víctimas  y  de  la  sociedad  e impedir la repetición de los  patrones de criminalidad develados.   

Con todo, la Sala ha reconocido la necesidad  de   flexibilizar   el   acopio   de   la  verdad  ante  la  complejidad  de  la  reconstrucción  de  los hechos dado el elevado número de delitos cometidos, el  lapso  transcurrido y la degradación del conflicto, la barbarie de los métodos  utilizados  en la ejecución de las conductas, la muerte de algunos victimarios,  las  deficiencias  en  el  registro de las personas y de los bienes, entre otros  factores.  Precisamente  por  ello,   se imponen exámenes de contexto y la  disminución  de  exigencias probatorias respecto de la comprobación del relato  del   postulado  y  del  daño  causado  (CSJ AP 21 septiembre 2009, Rad. No. 32022).   

En el caso examinado, el Ministerio Público  solicita  que  «no se valide  el  contexto presentado en la Sentencia, por no estar soportado en los elementos  materiales  probatorios  que  se  aportaron  en  desarrollo  del  proceso  y  en  consecuencia  ser  especulativo  y  proceder del conocimiento privado y no hacer  parte  del  proceso  todos  aquellos  elementos  que  de manera subjetiva fueron  introducidos   por   la   magistratura».   

Como se decantó en el acápite anterior, el  contexto  es  una  herramienta  para  materializar el derecho a la verdad de las  víctimas  y  la  sociedad  en  tanto permite establecer de manera precisa cómo  tuvieron  ocurrencia  los  hechos.  De  esta manera, comprende el estudio de las  causas,  desarrollo  y  consecuencias  del fenómeno de violencia y criminalidad  generado  por  el  grupo  organizado  al  margen de la ley al que perteneció el  postulado que se juzga.   

Es  cierto  que  en  la reconstrucción del  contexto  de  la  violencia paramilitar, la magistratura se apoyó en anteriores  pronunciamientos  judiciales  y  en  textos de sociología y violentología; sin  embargo,  esa situación no está proscrita en la normativa nacional ni infringe  el  debido  proceso  transicional.  Por  el  contrario,  el  inciso  tercero del  artículo  15  de la Ley 975 de 2005 indica que la información que surja de los  procesos   de   Justicia  y  Paz  deberá  ser  tenida  en  cuenta  «en  las  investigaciones  que  busquen  esclarecer  las  redes  de apoyo y financiación de los grupos armados al margen  de la ley».   

Si  los  datos  obtenidos  en  el  trámite  transicional   sirven   para   fundar   nuevas  investigaciones,  los  contextos  expresados  en  fallos  ejecutoriados  pueden ser incluidos en otras decisiones,  dado  el  carácter público de las sentencias y la doble presunción de acierto  y legalidad que las acompaña.   

Con  mayor  razón  cuando a través de las  diversas  sentencias, muchas de ellas parciales respecto de un mismo postulado o  estructura   delictiva,  se  pretende  construir  un  marco  de  referencia  del  conflicto   armado   colombiano   para   entender   sus  causas,  desarrollos  y  consecuencias con el propósito de evitar su repetición.   

Si   en   un  fallo  ejecutoriado  ya  se  estableció   cómo  surgió  y  operó  un  grupo  ilegal,  no  existe  ningún  obstáculo  legal  o  práctico  para  que  sea considerado en otras actuaciones  relacionadas  con  la  misma estructura delictiva. Por el contrario, complementa  los  patrones  de  criminalidad  examinados  y  el  contexto  del caso concreto.   

Tratándose del trámite de Justicia y Paz,  dado  que  se  procura  reconstruir causas y desarrollos de la violencia que por  más  de  medio siglo ha azotado a la Nación, resulta aceptable acudir a textos  especializados   que   pueden  contribuir  a  ilustrar  puntuales  aspectos  del  contexto,  sin  que  por ese hecho se incurra en afectación del debido proceso,  como lo pregona el impugnante.   

Con  todo,  la magistratura debe evaluar el  material  utilizado para evitar la distorsión de los hechos al incluir lecturas  sesgadas  de  los  mismos  y,  por ello, debe explicar por qué razón la fuente  utilizada  muestra  imparcialidad  y capacidad de acercarse a la reconstrucción  de la verdad.   

No obstante, la posibilidad de establecer el  marco  de  referencia  dentro  del  cual  operó  la  estructura  delictiva,  no  significa  que  el juzgador pueda consignar en el fallo hipótesis genéricas de  carácter  especulativo  como  la denominada “teoría  del   reloj  de  arena”42,  expuesta  en los apartados  538,  540  y  550  a  575,  a  partir  de  la  cual se afirma la responsabilidad  institucional  del  DAS,  Policía,  Ejército Nacional, Fiscalía General de la  Nación,  Ecopetrol,  Termotasajero,  empresas  y  gremios de comerciantes en el  actuar  criminal  del Bloque Catatumbo en el Departamento de Norte de Santander.  Nótese   lo   expuesto   por   el  a  quo:    

“538.  Los  altos mandos referenciados y  nombrados   anteriormente,   pertenecientes   a   las  instituciones  legalmente  constituidas   (Policía,   Ejército,   DAS,   Fiscalía),   se   reitera,  con  jurisdicción   y   competencia  en  el  departamento  de  Norte  de  Santander,  pertenecieron  a   la  red  criminal  del  BLOQUE  CATATUMBO  junto  con su  organización política, financiera y militar. (…)   

540.  La Sala considera que estos miembros  de  la  red  ilícita  del  BLOQUE  CATATUMBO,  que  a  su  vez  pertenecieron a  instituciones  estatales  y  que,  en  razón a la entidad de sus cargos, fueron  cabeza  o  integraron  la cúpula de la red ilícita, deben responder penalmente  como  lo  hacen  quienes están en la cabeza, dirigen, o están en la cúpula de  los     aparatos    organizados    de    poder”43.   

“556. En este sentido, considera la Sala  que   puede  imputarse  a  los  miembros  del  Ejército  nacional  (sic)  con  jurisdicción  en  Norte  de  Santander,  con  poder  de  mando, los delitos ejecutados por el ala militar del  BLOQUE  CATATUMBO,  como  autores  mediatos en virtud de aparatos organizados de  poder,   pues   ha   quedado   clara   su   pertenencia   a   la   organización  ilegal(…).”   

557.   Igual  imputación  debe  hacerse  respecto  (sic) los miembros  de  la  policía  y las fuerzas de seguridad del Estado como el DAS en la ciudad  de  Cúcuta,  cuyas  funciones   en  la  red  criminal del BLOQUE CATATUMBO  consistieron  también  en dejar pasar las estructuras militares sin impedirlo y  pasar  información  a  tales  estructuras sobre personas de la población civil  …”.   

558.  Así  mismo  puede  imputarse  a los  miembros  de  las  empresas, gremios de comerciantes etc., como autores mediatos  los  delitos  ejecutados  por los miembros del ala militar del BLOQUE CATATUMBO;  pues  la  función  de aquellas empresas y gremios fue aportar recursos a la red  del  BLOQUE  CATATUMBO  para  que  prestaran  “servicios  de  seguridad”,  e  informar  movimientos  de  personas contra quienes posteriormente tal estructura  militar      realizó     acciones     violentas44.             

Como se ve, son afirmaciones genéricas que  no  pueden tener como soporte los apartes de la sentencia donde se particulariza  el  apoyo  de  determinados  funcionarios del Estado al Bloque Catatumbo, pues a  partir  de  éstas  lo único que puede predicarse es la posible responsabilidad  de    aquéllos,    pero    no    de    las    instituciones    a   las   cuales  pertenecieron.   

Sin  sustento  probatorio que corrobore las  conclusiones  esbozadas  en  contra  de  las  instituciones estatales, gremios o  empresas   privadas,   lo   dicho   en   torno  a  la  supuesta  responsabilidad  institucional  queda  como  especulaciones de la Colegiatura, inadmisibles en la  pretendida construcción de un contexto.    

La Corte no ignora la relación que existió  entre  algunos  integrantes de entidades públicas con el Bloque Catatumbo, como  los  citados  por SALVATORE MANCUSO GÓMEZ45   en   su  versión  libre;  sin  embargo,  ello  no  implica  que las instituciones en sí  mismas   puedan   ser   señaladas   de   contribuir   al   funcionamiento   del  paramilitarismo,  máxime  cuando  muchos  de  sus miembros fueron víctimas del  accionar  criminal  del Bloque Catatumbo, precisamente por investigar u oponerse  a  su  presencia  en la región, por ejemplo los fiscales, el defensor público,  —luego     rector  universitario—   y  los  investigadores    asesinados    en    la    ciudad   de   Cúcuta   (cargos   2,   3,   35,  39  y  8).    

Es  cierto que al establecer el contexto se  deben  reseñar  los  sucesos  que  rodearon  el nacimiento y funcionamiento del  grupo  ilegal,  incluidos  los que develen complicidad de los integrantes de las  instituciones  públicas; no obstante, esa obligación no se puede confundir con  la  de juzgar a instituciones y personas que no han sido parte de la actuación,  como  ocurrió  en  este  evento  donde  se afirmó la responsabilidad de varias  entidades  y  se  indicó  cómo debía imputarse a sus integrantes aduciendo la  autoría mediata.   

Esas  afirmaciones resultan genéricas y no  ostentan  el  rigor  propio  de las decisiones judiciales, razón por la cual no  pueden  hacer  parte  del contexto, pues en lugar de evidenciar el nexo aducido,  confunden  al  ubicar en un mismo nivel, sin mayor precisión ni discernimiento,  a  múltiples  instituciones,  funcionarios  e integrantes de la sociedad civil.   

De  otra  parte,  tal  como  lo  pregona el  Ministerio  Público, la justicia transicional no está instituida para declarar  la   responsabilidad  estatal  por  las  fallas  (por  acción   u   omisión)   de   sus   instituciones  o  funcionarios.   

          La  Ley  de  Justicia  y  Paz  tiene  como  objetivo  «facilitar  los  procesos  de paz y la reincorporación individual y  colectiva  a  la  vida  civil de miembros de grupos armados al margen de la ley,  garantizando  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad, la justicia y la  reparación»,  propósito  en  el  cual  establece un  procedimiento   para   investigar,  procesar,  sancionar  y  otorgar  beneficios  judiciales  a  los  desmovilizados,  respecto de los delitos cometidos durante y  con  ocasión  de  su  pertenencia  a  esas  estructuras delictivas.     

          Recuérdese  que  la  responsabilidad  penal  recae  sobre  personas  naturales  debidamente  individualizadas  e  identificadas  en  relación con un  hecho   concreto   que   han   realizado   consciente   y  voluntariamente   (derecho  penal de acto). En  el  evento  examinado,  no  se  sabe  respecto  de  cuál funcionario pregona el  a  quo la autoría mediata ni  por cuáles de los múltiples hechos sancionados.   

         

Y aunque ninguno de los cincuenta numerales  que  conforman  la  parte resolutiva de la sentencia, declara la responsabilidad  del  Estado  en la creación y fortalecimiento de los grupos armados organizados  al  margen  de  la  ley,  en  los  apartados  538,  540 y 550 a 575 se consignan  afirmaciones  que dan por sentado, se itera, de manera genérica, que el DAS, la  Fiscalía,  el Ejército, la Policía y los gremios de la región hicieron parte  del Bloque Catatumbo.   

Incluso  se menciona la obligación de los  directores  seccionales del DAS y de la Fiscalía General de la Nación de pedir  excusas  públicas  a la sociedad colombiana (apartado  575), expresar su compromiso con el esclarecimiento de  la  verdad  y  mencionar  a los responsables de designar en sus cargos a quienes  resultaron miembros del Bloque Catatumbo.   

Esa  orden,  no  incluida  en  la  parte  resolutiva  del  fallo,  es  ajena  a la justicia transicional, pues ese tipo de  mandatos  sólo  puede  adoptarse  en  los  procesos donde el Estado sea parte y  tenga  la  oportunidad  de  defenderse,  valga  decir,  a  nivel interno ante la  jurisdicción  contencioso-administrativa  y  a  nivel internacional en la Corte  Interamericana de Derechos Humanos.   

A  propósito de las órdenes dictadas por  este  Tribunal  internacional, cuya competencia aceptó el Estado colombiano por  haber  suscrito  y  posteriormente  ratificado  la Convención Interamericana de  Derechos   Humanos  a  través  de  la  Ley  16  de  1972,  recuérdese  que  su  jurisdicción  abarca  los Estados partes y, por ende, es natural que los fallos  de  responsabilidad  contengan este tipo de mandatos, situación que, por manera  alguna,  resulta asimilable a la de los Tribunales y jueces internos, quienes no  pueden   invadir   órbitas  funcionales  que  constitucionalmente  no  les  son  propias.   

Sobre  la  responsabilidad  de los Estados  partes  que  se  genera  por  suscribir  la  Convención  Americana  de Derechos  Humanos,  son  claras  las  siguientes  disposiciones  contenidas  en  su texto:   

“Artículo   62.  (…)  3.  La  Corte tiene competencia para conocer de cualquier  caso  relativo  a  la interpretación y aplicación de las disposiciones de esta  Convención  que  le  sea  sometido,  siempre  que los Estados partes en el caso  hayan  reconocido o reconozcan dicha competencia, ora por declaración especial,  como  se  indica  en  los  incisos  anteriores,  ora  por  convención  especial  (…).   

Artículo 68. 1.  Los Estados partes en la Convención se comprometen a  cumplir  la  decisión de la Corte en todo caso en que  sean partes.   

2.   La  parte  del  fallo  que  disponga  indemnización  compensatoria  se  podrá ejecutar en el respectivo país por el  procedimiento  interno  vigente  para la ejecución de  sentencias    contra    el    Estado…” (subrayas fuera de texto).   

          De  lo  anterior se infiere que las sentencias dictadas en virtud de  la   competencia   contenciosa   de   la  Corte  Interamericana  surten  efectos  vinculantes  para  los  Estados  partes  en  litigio  en cuanto han reconocido o  reconozcan    dicha    jurisdicción,    por    declaración    o    convención  especial.   

No  es viable equiparar la competencia del  juez  penal  interno  con  la  del  Sistema  Interamericano de Derechos Humanos,  porque  según  la Convención la responsabilidad de los Estados es de carácter  principal,   mientras   en  el  ámbito  interno  de  justicia  transicional  es  subsidiaria  frente a las víctimas en punto de la indemnización de perjuicios,  como  lo  enfatizó  la Corte Constitucional en la sentencia C-370 de 2006. Y en  materia  de responsabilidad del Estado y de sus integrantes sólo los tribunales  competentes  pueden  establecerla (Jurisdicción de lo  Contencioso Administrativo).   

En  consecuencia,  aunque  la  Corte  no  declarará  la  nulidad  solicitada  por  el Ministerio Público en tanto no hay  afectación  de  derechos  fundamentales de las partes e intervinientes ni de la  estructura  básica  del proceso transicional, sí aclara que los apartados 538,  540  y 550 a 575 de la parte considerativa del fallo, exceden la competencia del  Tribunal  para  señalar  la  responsabilidad  de  las instituciones públicas y  privadas  mencionadas  en  la sentencia y por ello no tienen la potencialidad de  sustentarlo.   

1.3.  El  incidente  de identificación de  afectaciones  no  se  ajustó  a  los  lineamientos  de  la  sentencia  C-286 de  2014.   

         

        El  Ministerio Público aduce que el incidente de identificación de  afectaciones  debió ajustarse al de reparación integral en los términos de la  sentencia  C-286  de  2014,  que en su opinión dejó sin efectos el fallo C-180  del   mismo   año,   para   evitar   confusiones   sobre   el  procedimiento  a  aplicar.   

Ello porque en la actuación surtida en el  Tribunal   la   mayoría  de  representantes  de  víctimas  no  formularon  las  reclamaciones  en  debida forma, pues se limitaron a enunciar la pretensión sin  acompañarla de las pruebas  respectivas.    

Así  mismo,  porque  no  se  invitó  a  conciliar  a los intervinientes como lo dispone el inciso final del artículo 23  de  la  Ley  975  de  2005  ni  se resolvió sobre el daño colectivo, porque su  estudio  se  trasladó  a  la  Unidad  Administrativa  para  la  Reparación  de  Víctimas.  Por  lo  anterior,  pide decretar la nulidad del incidente por estar  viciado el trámite procesal que se le imprimió.   

Consideraciones de la Sala  

1.  Acorde con el original artículo 23 de  la  Ley  975  de  2005,  en  el  incidente de reparación integral de los daños  causados  con  la  conducta  criminal,  la  víctima  o  su apoderado expresará  «de  manera  concreta  la  forma  de reparación que  pretende»   e   indicará  «las  pruebas  que  hará valer para fundamentar sus  pretensiones».  La  Sala de conocimiento «examinará   la   pretensión   y   la  rechazará  si  quien  la  promueve  no  es  víctima o está acreditado el pago  efectivo  de  los perjuicios», si esta fuere la única  solicitud.   

Admitida  la  pretensión,  la  Sala  la pondrá en conocimiento del imputado que haya aceptado  los  cargos  y  a  continuación  invitará a los intervinientes a conciliar. Si  hubiere  acuerdo  su  contenido  lo  incorporará  a  la  decisión que falla el  incidente;  en  caso contrario dispondrá la práctica de la prueba ofrecida por  las  partes,  oirá  el fundamento de sus respectivas pretensiones y en el mismo  acto  fallará  el incidente. La decisión en uno u otro sentido se incorporará  a la sentencia condenatoria.   

Este  precepto  fue  modificado  por  los  cánones  23  y  24  de  la  Ley 1592 de 2012, de manera que el trámite pasó a  denominarse   incidente   de  identificación  de  afectaciones  causadas,  cuya  principal  característica consistía en que prohibía a la judicatura tasar los  daños,  pues  los  mismos  serían  reparados  por  la  Unidad Especial para la  Reparación  de Víctimas y la Unidad de Restitución de Tierras, conforme a los  parámetros previstos en la Ley 1448 de 2011.     

Mediante sentencia C-180 del 27 de marzo de  2014  la Corte Constitucional declaró inexequibles las expresiones «las  cuales  en  ningún  caso  serán  tasadas»  del inciso 4 del  artículo   23   de   la   Ley   1592   de  2012,  y  el  apartado  «y  remitirá  el expediente a la Unidad  Administrativa  Especial para la Atención y Reparación Integral a las Victimas  y/o  a  la Unidad Administrativa Especial de Gestión de Restitución de Tierras  Despojadas   para   la   inclusión   de   las   víctimas   en   los  registros  correspondientes   para   acceder  de  manera  preferente  a  los  programas  de  reparación  integral  y  de restitución de tierras de que trata la Ley 1448 de  2011  a  los  que  haya  lugar» del inciso quinto del  artículo  23,  como también, el inciso segundo del artículo 24 de la Ley 1592  de 2012.   

Y  en  sentencia  C-286 del 20 de mayo del  mismo  año, el Tribunal Constitucional declaró inexequibles: a) los artículos  23,  24  y  25  de  la  Ley  1592  de  2012; b) la expresión  «y  contra  el  fallo  del  incidente de  identificación   de   las   afectaciones  causadas»  contenida  en  el  inciso  3º  del artículo 27 de la  misma  normativa; c) los artículos 33, 40 y 41 de la citada ley. De esta forma,  se   reincorporó  al  ordenamiento  jurídico  patrio  el  texto  original  del  artículo          23          de          la         Ley         975         de  2005.           

En  el  caso  examinado,  el  incidente de  identificación        de        afectaciones46  se realizó en los meses de  agosto  y  septiembre  de  2013  bajo  los  parámetros  de la Ley 1592 de 2012,  normativa    vigente   para   esa   época.   No   obstante,   al   iniciar   el  trámite  la  magistratura  señaló47,  ante  el  anunció  de los apoderados de víctimas de acudir a la  excepción   de   inconstitucionalidad  respecto  de  los  artículos  23  y  24  ibídem,  que  la  solicitud  sería  resuelta  al  final  del procedimiento, razón por la cual debían tasar  sus  afectaciones  y demostrarlas aportando la prueba del parentesco y del daño  causado.   

En  cumplimiento  de  esa  premisa,  los  defensores   de   víctimas   formularon   las  pretensiones  indemnizatorias  y  entregaron   los   documentos   base  de  la  reclamación,  los  cuales  fueron  trasladados   a   la   defensa  material  y  técnica,  sin  que  se  presentara  oposición.   

          

Conocidos los fallos de constitucionalidad  citados48,  por  sustracción  de materia, el Tribunal se abstuvo de resolver  en  la sentencia la excepción de inconstitucionalidad y procedió a valorar los  daños  causados  con  base  en  las  pruebas  aportadas, pues consideró que el  incidente  se  ajustó  a  los  lineamientos  del  artículo 23 de la Ley 975 de  2005.   

Pues bien, la Sala desestimará la censura  porque  la  forma  como  se  desarrolló  el trámite incidental permitió a las  víctimas   formular   su   pretensión  indemnizatoria  y  aportar  los  medios  probatorios                respectivos49.  De  esta  manera,  aunque  estaba  vigente  la  reforma  introducida  por la Ley 1592 de 2012 que prohibía  tasar  las  afectaciones, el Tribunal otorgó la posibilidad de valorar y probar  los  daños,  situación  que  se  identifica  con  el  componente  central  del  incidente   de   reparación  integral  del  artículo  23  de  la  Ley  975  de  2005.   

Es cierto que la situación apareja algún  grado  de  confusión porque en ese momento el Tribunal debía circunscribirse a  identificar  afectaciones,  no  obstante  lo  cual  autorizó la formulación de  pretensiones   indemnizatorias.   Con   todo,  esa  circunstancia  no  resultaba  violatoria   de   ninguna   garantía   y   a   la   postre   permitió   a   la  Colegiatura  tasar los daños  con  base  en lo solicitado y probado, en armonía con el canon 23 de la Ley 975  de  2005,  reincorporado  al  ordenamiento jurídico nacional a partir del 22 de  mayo  de  201450.     

No  sobra  precisar  que,  contrario  a lo  manifestado  por el  impugnante, las sentencias C-286 y C-180 de 2014 no se  contraponen  sino  que  se  complementan,  pues  la  primera de ellas determinó  «Declarar  ESTARSE  A  LO  RESUELTO      en      la      sentencia     C-180     de     2014…».   

Por tanto, en la práctica, se cumplió con  el  objetivo  del  incidente  de  reparación integral, motivo por el cual no se  declarará   la  nulidad  postulada  por  cuanto  no  se  vulneraron  garantías  fundamentales    ni    se    afectó    la   estructura   del   debido   proceso  transicional.   

2. El recurrente también radica la nulidad  en  que  no se propició la conciliación prevista en el trámite de reparación  integral del artículo 23 de la Ley 975 de 2005.   

Este  reproche  tampoco  prospera  porque  cuando     se     surtieron     las    audiencias    pertinentes    (agosto  a  septiembre de 2013) esa figura  no  estaba  prevista  en  el  incidente  de identificación de afectaciones. Por  ende,  su  ausencia  no  puede  considerarse  violatoria  del debido proceso por  cuanto  obedeció  a  la  aplicación  de la ley que en ese momento se presumía  conforme   con   los   mandatos   superiores  y  estaba  en  vigor  (Ley 1592 de 2012, artículos 23 y 24).   

Según  el  principio  de trascendencia,  quien  alegue  la  nulidad  está  en  la  obligación de acreditar que el vicio  afecta  las  garantías  constitucionales  de los sujetos procesales o desconoce  las  bases  fundamentales  de  la actuación. En otras palabras, debe evidenciar  con  suficiencia cómo el sentido de la decisión habría de ser sustancialmente  diverso   si   no  se  hubiera  incurrido  en  la  irregularidad  procedimental.   

En  este caso, la pretensión de anular la  actuación  para  que  se invite a los postulados y a las víctimas a conciliar,  no  cumple  con  la carga argumentativa de demostrar la vulneración de derechos  fundamentales,  con  mayor  razón  cuando los interesados directos no presentan  ningún reparo sobre ese aspecto.   

Aún  más,  retrotraer  la  actuación en  procura  de  propiciar  fórmulas conciliatorias comportaría mayor vulneración  de   los   derechos  de  las  víctimas,  expectantes  por  obtener  una  pronta  satisfacción  de  sus derechos a la verdad, justicia, reparación y a acceder a  las  garantías  de  no  repetición declaradas en el fallo por hechos ocurridos  hace más de diez años.   

3. Según el impugnante, el  Tribunal,  con  apoyo  en  el  parágrafo  4º  del artículo 23 de la Ley 1592 de 2012, se  abstuvo  de pronunciarse sobre la reparación del daño colectivo pretendida por  el  Ministerio  Público  y  ordenó  su remisión a la Unidad de Reparación de  Víctimas51,    decisión    que   por   su   ilegalidad   impone   anular   la  actuación.   

Frente  a lo anterior, la Sala observa que  la  Colegiatura  de  primera  instancia  sí  se  refirió  a la pretensión del  Ministerio  Público  en  torno  al  daño colectivo, al punto que consignó sus  conclusiones  en  los folios 803 y 804 del fallo. Y aunque erradamente se apoyó  en  un  precepto  que  había  sido  retirado  del ordenamiento jurídico por la  sentencia  C-286  de  2014, hizo suyas las recomendaciones que sobre ese tópico  formuló el delegado de la Procuraduría.   

Así,  en  la  parte  resolutiva del fallo  dispuso  exhortar  a la Unidad Administrativa para la Atención y Reparación de  Víctimas       para       que      «implemente  inmediatamente  un  programa  de  atención sicológica  individualizada   para   las   víctimas   del   conflicto  armado»52  y coordine  con  el  SENA  la  ejecución de programas técnicos y tecnológicos dirigidos a  las  personas  afectadas  por  el  conflicto  armado  en  la  zona  de  Norte de  Santander53,  decisiones  que  coinciden  con  lo  pretendido por el Ministerio  Público.    

Aún  más,  la  Colegiatura  de  primera  instancia   motu   proprio  señaló   otras   medidas   orientadas   a  procurar  el  resarcimiento  de  la  colectividad  de la zona del Catatumbo, como las contenidas en los numerales 37,  38,  40, 41 y 42. Por ende, el diagnóstico del daño colectivo ocasionado a las  comunidades  de  esa  región fue incorporado al proceso durante la audiencia de  identificación  de  afectación y se incluyó en la sentencia, lo cual descarta  la irregularidad pregonada.   

Y  aunque  el  estudio  fue  remitido a la  Unidad  Administrativa  Especial  para la Atención y Reparación Integral a las  Víctimas,  ello  obedeció  a  la  necesidad  de  cumplir lo preceptuado en los  artículos  151  y  152  de  la  Ley  1448  de  2011  que  ordena  a esa entidad  empoderarse de la reparación del daño colectivo.   

Por  lo anterior, no se decreta la nulidad  propuesta por el Ministerio Público.   

1.4.  El  Tribunal  no se pronunció sobre  algunas pretensiones indemnizatorias   

La  apoderada  de  víctimas  Claudia  Liliana  Guzmán  Sánchez impetra  la  nulidad  parcial de la actuación por cuanto el Tribunal olvidó cuantificar  los  daños  causados  a  algunas  víctimas  cuya pretensión indemnizatoria se  planteó  en forma oportuna, situación que no puede corregirse por la Corte sin  afectar el principio de la doble instancia.   

En  igual  sentido,  los representantes de  víctimas    Álvaro   Maldonado   Chaya,  Yucely Cañizares Pacheco, Lucila Torres  de  Arango  y  Ruby Stella Castaño Sánchez aducen que  la  primera instancia pretermitió pronunciarse sobre algunas de las solicitudes  de  indemnización,  motivo  por  el  cual  impetran  la adición del fallo o su  revocatoria parcial.   

Por tratarse de censuras sobre ausencia de  decisión,  se  resolverán  en este acápite por ser el pertinente con ese tipo  de falencias.       

Consideraciones de la Sala  

La  Corte  ha  decantado  que  también en  materia   transicional   cuando   se   omite   resolver  una  petición  elevada  oportunamente  por  las  partes,  tal  yerro  no  puede ser enmendado en sede de  segunda  instancia,  en  tanto  se  pretermitirían  las  reglas  básicas de un  proceso  debido, porque el superior funcional está habilitado para corregir los  yerros  del  a quo, pero bajo  el  presupuesto  necesario de que este se haya pronunciado en uno u otro sentido  (SP  12/12/12,  Rad.  38222;  SP3950 19/03/14; AP2226  30/04/14, entre otras).   

Ello  porque la Sala, como juez de segunda  instancia,  no  puede  reemplazar  lo inexistente, esto es, mal puede adicionar,  corregir  o  revocar  lo  que no se decidió. En ese orden, la competencia de la  Corte  sólo  surge  después  de  que  el  juez  de  primer  grado  adopte  una  determinación  susceptible  de  cuestionamiento por las partes, para que, así,  enfrentados  los  dos  criterios,  pueda resolver lo que en derecho corresponda.   

Respecto  de  los casos reseñados por los  impugnantes, la Sala encuentra lo siguiente:   

i)   Álvaro  Maldonado   Chaya  afirma  que  el  Tribunal  omitió  pronunciarse   sobre   la  petición   de  indemnización  de  Ana  Milena  Quintero  Suárez,  esposa de  Carlos   Celis   Suescún  víctima directa del hecho 30.   

En el folio 627 del fallo se relaciona como  víctima    indirecta    a    la   señora   Quintero  Suárez  en su condición de cónyuge; sin embargo, en  el   cuadro   que   condensa   las   indemnizaciones   decretadas   (folio  797)  se  incluyó a Linda  Alexandra Rondón Ortega en la misma  calidad    (aportó    escritura    de   matrimonio  civil).  Revisada  las  diferentes  carpetas,  la Sala  encuentra  que  las  dos  mujeres  adujeron  similar relación con el fallecido,  situación que motivó la inconsistencia detectada.   

Entonces,  como  las  solicitudes  fueron  mezcladas  y una de las peticionarias quedó sin solución de su pretensión, se  decretará  la  nulidad  a  efectos  de  que  el a quo  dilucide el punto.   

ii)   Yucely  Cañizares  Pacheco   indica  que  el fallo no se  pronunció   sobre  la  solicitud  de  reparación  del  hecho  victimizante  de  desplazamiento   forzado   de   Ana  Dilia  Villamizar  Velásquez,   Yendri   Milena  Quintero  Villamizar  y  Angie  Marcela  Quintero  Villamizar.   

Examinados los folios 583, 584 y 739 de la  sentencia,  así  como  la  carpeta  correspondiente  a  la  formulación  de la  pretensión  indemnizatoria  de  dicho  grupo  familiar,  la  Sala encuentra que  efectivamente  el  a quo no se  pronunció  sobre la petición de compensar el desplazamiento forzado consignada  en  el  escrito  respectivo.  Por  ello,  se  anulará  parcialmente para que la  primera instancia decida el punto.   

Esta  litigante  también  aduce  que  el  Tribunal  se  abstuvo  de  resolver  la  solicitud de que el servicio médico de  Ecopetrol   atienda   las   afectaciones   a  nivel  emocional  de  Nancy  Patiño  de  Wallens,  esposa de la  víctima     directa    William    Marino    Wallens  Villafañe.   

Pues  bien,  el  estudio  de la carpeta de  formulación  de  pretensiones de la señora Patiño de  Wallens  indica  que  en verdad se solicitó la medida  señalada,  la cual no fue resuelta, motivo por el cual se anulará parcialmente  para que la primera instancia decida el punto.   

iii)   Claudia  Liliana      Guzmán     Sánchez     refiere   que   el   a  quo  no    se    pronunció    sobre   las   siguientes   peticiones   de  reparación:   

a)  Ángelo  y  Rafael   Méndez   Castro   hijos   de   Rafael  Ángel  Méndez  Cárdenas víctima  directa del hecho 4.   

          En  el  folio  734 del fallo se observa que a los citados ciudadanos  se  les  reconoció  indemnización  por  parte  del  Tribunal  en  cuantía  de  $21.730.537,66   y   $26.654.538,11,   respectivamente,  situación  que  impone  desestimar la solicitud de nulidad.    

b) Mabel y Brayan  Quintero   hijos   de   la   víctima   Benjamín     Quintero     del    hecho  4.   

Igual situación se presenta con relación  a  éstas  dos  personas  porque  en  el  folio  735  se  les asignó un pago de  $32.562.163,56  y  34.980.568,07, respectivamente. En consecuencia se deniega la  anulación propuesta.    

c)   Jesús  Aparicio   Vera  víctima  directa del punible de homicidio imperfecto (hecho 4).   

Este  ciudadano  fue  relacionado  en  las  páginas   580   y   734  de  la  sentencia;  sin  embargo,  no  se  le  asignó  indemnización  a  pesar  de  haberse  incoado  solicitud  en  tal sentido ni se  explicó  la razón de esa situación. Por tanto,  se anulará parcialmente  para que la primera instancia decida el punto.    

d)   A  Deiver  Sánchez  Lizarazo  y  a María Misay Lizarazo Ramos no  se  les  reconoció  como  víctimas indirecta de José  Lizarazo    Ramos   (caso  12).   

Es  cierto  que  a  pesar  de  referir  a  Deiver Sánchez Lizarazo como  víctima  en el folio 529, en el acápite pertinente no liquidó su pretensión,  sin  explicar  por qué razón, motivo por el cual se anulará parcialmente para  que   el   a   quo  decida.   

En  la  carpeta de pretensiones la doctora  Guzmán  Sánchez no incluyó  a  la  señora  Misay Lizarazo  como  víctima indirecta, imponiéndose negar su petición anulatoria, con mayor  razón  cuando  aportó  certificado  de  defunción,  según  el  cual  aquella  falleció  el  21  de  septiembre de 1999, un año antes de que su hermano fuera  asesinado  por  el  Bloque  Catatumbo (10 noviembre de  2000).   

e)  Yeniree Ruiz  Arenas   y   Jeffson   Arbey   Ruiz  Arenas  hijos  de  Belisario   Ruiz   Quintero  víctima directa del hecho 24.   

A folio 776 del fallo se observa que a los  citados  ciudadanos  se  les reconoció indemnización por parte del Tribunal en  cuantía  de  $10.089.902,88  y  $23.836.281,46,  respectivamente.  Por ello, se  desestima la nulidad invocada.    

f)   Juan de  Jesús  Guerrero  Páez  hijo  de  la víctima directa  Juan    de    Jesús   Guerrero   Barón (hecho 6).   

En  folio  712 del fallo se observa que el  Tribunal   liquidó   en   favor   de  Guerrero  Páez  la  suma  de  $61.918.355,05,  situación  que  impone  desatender la pretensión porque sí fue resuelta.    

g)   No  se  reconoció  a  Erika  Cárdenas Páez, hija de la víctima  directa    Maritza    Cárdenas    Peña   (hecho  20),  pues     son     dos     personas     diferentes,     una     es    Erika   y   la   otra   es   Juliana.   

No  asiste  razón  a la impugnante, en la  medida  que  el  registro  civil,  recaudado  por la Fiscalía en la carpeta No.  494524,  señala  que  el  nombre  de  esta  víctima  indirecta es Erika  Yuliana  Cárdenas Pérez a quien la  primera  instancia  reconoció  la  suma  de $11.643.551,86 como indemnización.  Además,  la  litigante  no aportó registro civil que demuestre su afirmación,  esto  es, que se trata de dos personas diversas. En consecuencia, no se acoge la  solicitud de la apoderada de víctimas.   

h)   No  se  reconoció  a  Luz  Dary y Yolima  Oliveros   Parra  hermanas  de  la  víctima  directa  Carlos Andrés Oliveros Parra  (caso                 21).       

La  afirmación  de  la abogada pretermite  considerar   que   el   Tribunal   señaló   (folio  485)  que  no  atendía la pretensión resarcitoria de  estas  dos  personas  porque  ya  fueron  indemnizadas  por iguales hechos en la  sentencia  del  2  de  diciembre  de  2010,  proferida en contra de JORGE  IVÁN  LAVERDE ZAPATA en la cuantía  allí  indicada, argumento no rebatido por la impugnante. Por ende, no se accede  a nulitar la actuación por este hecho.   

iv)   Ruby   Stella   Castaño  Sánchez  pregona la omisión del Tribunal frente a la solicitud  resarcitoria     de     María     Estela    Rangel  Villamizar,     compañera     de     Elías  Beltrán  víctima de homicidio en  persona  protegida  (hecho  88),  respecto   de  105  cabezas de ganado que  perdió.     

A  folio  596  del  fallo,  el  Tribunal  señaló:    Con   relación   a   la   pretensión  indemnizatoria  por  la  pérdida  de  unos  bienes, habrá de decirse que no se  acreditó  objetivamente  la  preexistencia y propiedad de los mismos, así como  tampoco   se   allegaron  elementos  de  convicción  que  permitan  calcular  o  determinar  su valor actual, razón por la que no habrá lugar al reconocimiento  por dicho concepto.   

De  esta  manera la Colegiatura de primera  instancia  sí se pronunció frente a tal pretensión, sólo que no la encontró  probada,  situación que no fue controvertida por la recurrente quien no señala  con   qué   medio  de  convicción  se  estableció  la  preexistencia  de  los  semovientes   ni   la   Sala   lo   observa   de  la  revisión  de  la  carpeta  correspondiente.   En   consecuencia,   no  se  accede  a  la  petición  de  la  recurrente.   

v)  Lucila  Torres  de Arango aduce  que  el  fallo  omitió  pronunciarse  sobre  la petición de  indemnización    de    José   Julián   Hernández  Jaimes  hijo  de  la  víctima  directa  Juan   José  Hernández  Acevedo  (hecho  68).   

Es  cierto  que  a  pesar  de  referir  a  Hernández   Jaimes   como  víctima  en  el  folio  557,  en  el  acápite  pertinente  no  se  liquidó su  pretensión,  sin  explicar  por  qué  razón,  motivo  por el cual se anulará  parcialmente  para  que  a quo  decida.   

En  suma, en algunos de los eventos atrás  reseñados,  el  Tribunal  faltó  a  las  formas  del  debido proceso al omitir  pronunciarse  sobre  las  pretensiones  resarcitorias.  La  afectación  de  los  derechos  de  estas víctimas es manifiesta y, por ende, exclusivamente respecto  de  ellas  se  declarará  la  nulidad  de  lo  actuado,  a  efectos  de  que el  a  quo  proceda a decidir las  solicitudes oportunamente radicadas.   

La  Corte  no  puede  suplir  la  falta  y  reconocer  los  derechos  reclamados,  en  tanto  tal  mecanismo  vulneraría el  principio  y derecho fundamental constitucional de la doble instancia, porque lo  censurado  no  es  una  decisión  en  uno  u otro sentido, sino precisamente le  ausencia de pronunciamiento.   

2.         Impugnaciones de fondo   

2.1.          Los hechos confesados por los postulados  no contribuyeron a develar patrones de criminalidad   

El  Ministerio  Público  afirma  que  los  hechos  confesados  por  los  postulados  no  permitieron  develar  lo realmente  acontecido.   No   entiende   por   qué  razón  si  del  Bloque  Catatumbo  se  desmovilizaron  1437  hombres,  sólo entregaron 988 armas largas, 71 cortas, 55  de  acompañamiento  y  13  granadas,  situación  que  debió  influir  en  los  requisitos  de  elegibilidad  y  permanencia  en  el trámite de Justicia y Paz.   

Igual  situación refiere frente al delito  de  narcotráfico,  punible  imputado y legalizado, pero respecto del cual no se  profundizó  en las circunstancias de tiempo, modo y lugar de su comisión, como  si se tratara de un punible de ejecución permanente, sin serlo.   

En   tal   sentido,   afirma,   resulta  improcedente    legalizar    el    cargo   de   narcotráfico   a   SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ desde 1996 hasta  su  desmovilización  el  10  de  diciembre  de  2004  porque  la sentencia debe  circunscribirse  a  los  hechos  cometidos  por el grupo paramilitar en Norte de  Santander.  Lo  anterior  además  por  cuanto  el  Tribunal  no  valoró que el  postulado enfrenta un proceso en Estados Unidos por ese delito.   

Por lo anterior, pide revocar la condena y  legalización  de  cargos  del  delito  de narcotráfico respecto de  SALVATORE MANCUSO GÓMEZ, JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTUZ, JORGE IVÁN  LAVERDE ZAPATA e ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ.    

Los    no    recurrentes54 se oponen a  esa  petición  porque  comportaría  desconocer  el  contexto  del  conflicto y  jurisprudencia   que  ha  explicado  cómo  esa  actividad  fue  usada  para  el  fortalecimiento  de  los  actores  armados  al  margen  de  la  ley. Y aunque la  conducta  punible  se  imputa  por  un  lapso  determinado,  ello  obedece  a la  imposibilidad de particularizar cada operación delictiva.    

Consideraciones de la Sala  

1.   Contrario  a  lo  afirmado  por  el  recurrente,   los   acontecimientos  narrados  por  los  postulados  permitieron  evidenciar  la forma cómo se conformó y operó el Bloque Catatumbo de las AUC.   

De ello dan cuenta las múltiples citas de  los   hechos   reseñados   por   SALVATORE   MANCUSO  GÓMEZ55,      JORGE      IVÁN      LAVERDE56,   JOSÉ   BERNARDO  LOZADA  ARTÚZ57,     ISAÍAS    MONTES    HERNÁNDEZ58,   RAMÓN   DE   LAS  AGUAS  OSPINO59  y JIMMY VILORIA  VELÁSQUEZ60,   con  fundamento  en las cuales el  Tribunal    construyó   los   capítulos   correspondientes   al   origen   del  paramilitarismo  y, en particular, del Bloque Catatumbo, así como su expansión  y consolidación en la zona de Norte de Santander.   

A  partir  de  las  confesiones  de  los  postulados  la  sentencia pudo reconstruir y develar el contexto del surgimiento  y  consolidación  del  Bloque  Catatumbo,  así como las modalidades delictivas  usadas  por  esa  estructura  ilegal.  Precisamente  por ello, la Colegiatura de  primera   instancia   declaró   satisfechos  los  requisitos  de  elegibilidad,  situación    que   no   se   modifica   por   las   puntuales   críticas   del  recurrente.   

Aún más, la clasificación de los cargos  consignada   en  la  sentencia  refleja  el  esfuerzo  de  la  magistratura  por  aproximarse  a  los  patrones  macrocriminales  utilizados  por dicha estructura  delictiva,  tal  como  lo  señaló  la  Colegiatura  a  quo:   

777.  Como  se  referenció,  la  Sala se  encontraba  en  el desarrollo de las audiencias de control de legalidad formal y  material  de  cargos  (ley 975/05), cuando tuvo lugar la promulgación de la ley  1592  de  2012,  que  dio  origen  al  tema objeto de análisis en este acápite  “patrones de macrocriminalidad”.   

778.  Conforme  a ello, la determinación  que  se  asumió  por parte de esta Corporación fue acoplar la presentación de  la  Fiscalía  que  en  un primer momento se denominó políticas de grupo a una  aproximación  del  naciente término políticas de macrocriminalidad, que en la  medida  de  lo  razonable,  empírico  y  factible  se  acoplara a los retos que  propone la ley 1592 de 2012.   

779.  Pensar  en  un  criterio positivo o  negativo  frente  al  planteamiento que presentó la Fiscalía, como producto de  una  sentencia  en  justicia  y paz, conforme a los desarrollos conceptuales que  actualmente  han  tenido  lugar,  resulta incompatible con el ejercicio que tuvo  lugar    en    este    asunto,    por    cuanto   la  conceptualización  de  los  patrones  de  macrocriminalidad  en  el  sub  lite,  resultaba  prematura  en  la  dinámica  procesal  referenciada,  máxime  si se  atiente  a  que (i) el sub judice no ostenta la categoría de un caso priorizado  y  que, como ha sido anunciado, (ii) al momento de la dinámica de aproximación  de  los  patrones  de macrocriminalidad, estaba ausente el desarrollo conceptual  que  contempla,  entre otros, el Decreto Reglamentario 3011 de 2013. (…)   

786.  En suma, debe pronunciarse que bajo  los  parámetros  actuales de patrones de macrocriminalidad, los establecidos en  esta  sentencia  antes  que una definición de los mismos, se constituyen en una  aproximación  de  tales, pues el ejercicio de su establecimiento hasta ahora se  empieza  a  evaluar  por  parte de la magistratura con base en el trabajo previo  realizado  por  la Fiscalía. Por lo tanto en esta decisión no se establecieron  con  la  claridad necesaria conforme el ordenamiento jurídico transicional, los  denominados  patrones  de macrocriminalidad. (Subrayas  fuera de texto).   

El    concepto    de    «patrón               de  macrocriminalidad»61,  de   reciente   incorporación  al  sistema  jurídico  transicional62, demanda la  fijación  de  las  prácticas  y  modos de operación criminal desarrollados de  manera  repetida  en  determinado territorio, acorde con las pautas definidas en  el artículo 2.2.5.1.2.2.4. del Decreto 1069 de 2015.   

Su  determinación, además de ilustrar el  contexto,   resulta  importante  porque  posibilita  acceder a la sentencia  anticipada,  tal como lo señala el parágrafo del artículo 18 de la Ley 975 de  200563:   

Parágrafo.  Cuando  los hechos por los que se impute al postulado  hagan  parte  de  un  patrón de macro-criminalidad que ya haya sido esclarecido  por  alguna sentencia de justicia y paz de conformidad  con  los  criterios de priorización, y siempre que ya se hayan identificado las  afectaciones  causadas  a  las víctimas por tal patrón de macrocriminalidad en  la  respectiva  sentencia, el postulado podrá aceptar  su  responsabilidad  por  las  conductas  imputadas  y solicitar la terminación  anticipada    del   proceso.   (…).   (subrayas fuera de texto).    

Entonces,  aunque  no  se  establecieron  patrones  macrocriminales  en los términos y con las consecuencias previstas en  la  normatividad  transicional vigente, la magistratura sí procuró acercarse a  dicho    concepto    clasificando    las   conductas   delictivas   según   sus  características comunes.   

En  ese  orden,  las  versiones  de  los  postulados  sobre  los  acontecimientos  que rodearon la creación, desarrollo y  operación  del  Bloque  Catatumbo sí permitieron a la judicatura establecer el  contexto  de lo sucedido y develar las modalidades delictivas desplegadas por la  estructura     criminal,     deviniendo     infundada     la     crítica    del  impugnante.   

2. De otra parte, la discordancia entre el  número    de    desmovilizados   (1437)      y      el      de      armas      entregadas      (1115),  encuentra explicación en que no  todos  los  integrantes  del  grupo ilegal ejercieron funciones operativas, como  relataron  los  procesados,  de manera que la conjetura del recurrente carece de  sustento,  dada  la ausencia de elementos de prueba que evidencien, por ejemplo,  que el grupo ilegal ocultó parte de su arsenal.   

3.  Tampoco  es cierto que las confesiones  de  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE  ZAPATA,  ISAÍAS  MONTES  HERNANDEZ  y  JOSÉ BERNARDO LZOADA ARTÚZ   no  hayan  develado lo realmente acontecido en relación con  el  narcotráfico en la zona. Por el contrario, permitieron establecer la activa  participación  del Bloque Catatumbo en la comisión de ese delito, al punto que  esa actividad constituyó su principal fuente de financiación.   

Así, con base en las declaraciones de los  postulados,  se  estableció que en un inicio la participación del grupo ilegal  se    concretó   al   cobro   del   “impuesto   de  gramaje”,  situación  que  mutó en forma inmediata  porque  tomaron  el control del proceso de producción y venta del alcaloide, en  tanto  compraban la hoja de coca a los campesinos, la procesaban en laboratorios  propios   y   vendían  la  cocaína  a  otros  narcotraficantes  encargados  de  exportarla64.   

En  tal sentido, la Fiscalía refirió que  MANCUSO     GÓMEZ,    LAVERDE    ZAPATA,    MONTES  HERNÁNDEZ    y    LOZADA  ARTÚZ   son   responsables,  a  título  de  autores  mediatos,  del  procesamiento y venta de 116.000 kilos de cocaína producidos en  la zona de su influencia entre el 1999 y 2004.   

Los artículos 10.5 y 11.6 de la Ley 975 de  2005  buscan  evitar  que  personas  dedicadas exclusiva o preponderantemente al  narcotráfico  se  beneficien  de  la  pena  alternativa,  objetivo que debe ser  garantizado   por   los  operadores  judiciales  mediante  el  examen  estricto,  riguroso   y  minucioso  de  los contextos y medios de prueba adosados a la  actuación.     

Ello   porque   como   lo   decantó  la  Sala65,   ningún  delito  ha  sido  excluido  del  trámite  de  justicia  transicional,  por  manera que en punto del narcotráfico se debe examinar si la  estructura  delincuencial  se  estableció  exclusivamente  para  el tráfico de  estupefacientes  y  si  los  hechos  delictivos  de  ese  orden fueron cometidos  durante   y   con   ocasión   de  su  pertenencia  a  la  citada  organización  ilegal.   

Hecha  esta  precisión,  se  advierte que  SALVATORE      MANCUSO     GÓMEZ     inició  su  comportamiento  delictivo en Montería en enero de 1991  cuando  conformó  un  grupo  de  autodefensas  que delinquió en esa zona, pero  sólo  a  partir  del  año  1996 se involucró en el narcotráfico,   inicialmente  en  el  departamento  de  Córdoba  y  con  posterioridad en Norte de Santander como comandante del Bloque  Catatumbo,  creado  por  orden de la casa Castaño para combatir y exterminar la  guerrilla  ubicada  en  el  departamento  fronterizo  y arrebatarle su principal  fuente  de  financiación.  Entonces,  la estructura delictiva no se constituyó  exclusivamente  para  traficar  estupefacientes  y  el narcotráfico se ejecutó  durante   y   con   ocasión   de  la  pertenencia  a  la  citada  organización  ilegal.      

En  consecuencia,  como  lo  señaló  el  a   quo,  se  satisface  el  requisito  de  elegibilidad  del  numeral 10.5 de la Ley 975 de 2005 en tanto el  grupo  organizado  al  margen  de  la  ley  al  que  pertenecieron  MANCUSO   GÓMEZ,   LAVERDE   ZAPATA,  MONTES  HERNÁNDEZ  y  LOZADA  ARTÚZ  no  se  estableció  con  el  fin  exclusivo o  preponderante  de  llevar  a cabo actividades de narcotráfico o enriquecimiento  ilícito.       

4.  Sobre  la  inquietud  esbozada  por el  representante  del  Ministerio  Público  relativa a la existencia de un proceso  por  narcotráfico  contra  MANCUSO GÓMEZ  en los Estados Unidos, corresponde indicar que ese hecho no impide  ejercer   la  jurisdicción  nacional,  en  tanto  no  se  adujo  ni  se  probó  circunstancia   alguna   que   tenga   tal   efecto66.   

En ese orden, lo expuesto por el Procurador  no  pasa  de ser una observación a la que no dio sustento ni puede tenerse como  una  inconformidad  con  la sentencia que habilite un puntual pronunciamiento en  esta instancia.   

Y  aunque las conductas relacionadas con  narcotráfico  son  de orden transnacional, no son más graves y lesivas que los  delitos  de  lesa  humanidad  legalizados,  vale  decir, masacres, homicidios en  persona  protegida,  tortura,  desaparición  y  desplazamiento  forzados, entre  otros.   

          5.  Con  todo, asiste razón al impugnante al cuestionar la forma en  que  el  Tribunal de primera instancia legalizó los cargos por narcotráfico en  la  medida  que  carecen  de la concreción e individualización que ese tipo de  comportamientos ilícitos demandan.   

En  efecto,  la  sentencia  legaliza  los  delitos  de   conservación  o  financiación  de plantaciones (art.   375),  tráfico,  fabricación  o  porte   de   estupefacientes  (art.  376),   destinación   ilícita   de   muebles  o  inmuebles    (art.   377),   tráfico   para   el  procesamiento  de  narcóticos  (art. 382)  y  existencia,  construcción  y  utilización ilegal de pistas de  aterrizaje   (art.   385),  cometidos  por  MANCUSO GÓMEZ  desde  1996  al 10 de diciembre de 2004; LAVERDE ZAPATA  de   mayo   de   1999  a  mayo  de  2004;  MONTES  HERNÁNDEZ del 29 de mayo de 1999  a   agosto   de   2003;   y  LOZADA  ARTÚZ entre enero de  2000 a diciembre de 2004.   

Esa  decisión se apoya en los precedentes  jurisprudenciales  sobre  la  materia  y  en  la transcripción de apartes de la  intervención       de       la       Fiscalía67   a   partir   de  lo  cual  colige:   

1107. Conforme a lo anterior, y atendiendo  a  los aportes jurisprudenciales que fueron esgrimidos, resulta preciso advertir  que  la  ocurrencia  de la actividad del narcotráfico nació de la “necesidad  de  incrementar  los  ingresos y las cuotas que permitan el sostenimiento de los  miembros  de  la  organización”;  premisas  como  esta  permiten aseverar que  efectivamente  el narcotráfico fungió como una actividad que se desarrolló al  interior  del  Bloque  Catatumbo, es decir, surgió durante y con ocasión de su  pertenencia  al  denominado  BLOQUE  CATATUMBO,  el  cual se creó con los fines  antisubversivos que han sido aludidos.   

1108. Verificados los lineamientos que ha  trazado  el  alto Tribunal para la legalización de esta actividad delictual, la  Sala  encuentra  que  el  sustento fáctico que fue presentado en el sub lite se  corresponde  con las conductas descritas argüidas por la Fiscalía Delegada. En  tal  sentido  se  legalizaran los delitos descritos en el art 375, 376, 377, 382  con  circunstancias  de  agravación  punitiva  descritas en el art. 384 numeral  tercero,  y  art  385  respecto  del  cargo  Nº  77,  se reitera, cometidas con  ocasión  y  en  desarrollo  del  conflicto  armado68.   

Sin embrago, la sentencia no particulariza  las  situaciones  de tiempo modo y lugar en que cada tipo penal se configuró ni  las  circunstancias modales y de agravación imputadas, pues no explica cómo se  concretaron  los  delitos,  qué  participación tuvieron los postulados en cada  uno  de  ellos,  qué  verbo  rector  infringieron,  entre  otros  aspectos  que  necesariamente deben individualizarse.   

Así,  por  ejemplo, no se indica cuántas  pistas  de  aterrizaje  usaron o construyeron ni sus lugares de ubicación, qué  bienes  inmuebles  se  destinaron  para  ese propósito, cuántas operaciones de  tráfico  de  estupefacientes llevaron a cabo y de qué manera; quiénes además  de   los   desmovilizados   intervinieron,  entre  otros  muchos  interrogantes.   

Y  aunque  los  postulados  indicaron  en  términos  generales  la forma como se desplegó el narcotráfico en la zona, la  Fiscalía  no  precisó  la  imputación  fáctica  correspondiente  a cada tipo  penal,  falencia  no  detectada  por  el  Tribunal al legalizar los cinco hechos  punibles imputados.   

En efecto, a partir de las versiones de los  postulados,   principalmente   de  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  se  develó  el  contexto  dentro del cual el  Bloque  Catatumbo  desarrolló  esa  actividad, incluido el suministro de cifras  globales   de   extracción   de   alcaloides.   Con  todo,  la  atribución  de  responsabilidad   penal   respecto   de   cada   delito   imputado   demanda  la  particularización   y   prueba   de   los  elementos  del  tipo  penal,  siendo  insuficiente el contexto para fundar la sanción penal.    

También  resulta  improcedente  legalizar  cargos   por  hechos  ajenos  al  Bloque  Catatumbo69, como lo hizo el Tribunal en  punto  del  narcotráfico,  en  tanto  el  análisis fáctico y probatorio de la  sentencia  se  circunscribió  a  examinar el accionar de ese grupo ilegal, así  como  el  espacio  geográfico  de Norte de Santander, y no lo acaecido en otros  departamentos con antelación a 1999.   

Y  si bien es posible que en una sentencia  parcial  expedida  en  la  jurisdicción  transicional  se  legalice  un  delito  cometido  en  diferentes  periodos y en diversos bloques o frentes, verbigratia, el concierto para delinquir o  el  narcotráfico, en esos eventos la Fiscalía debe especificar las condiciones  temporo-modales  en  que  se  concretó cada uno de ellos, pues no basta con una  descripción     genérica,    como    la    señalada    en    la    acusación  examinada.   

Con  mayor  razón  cuando  los  delitos  de   conservación  o financiación de plantaciones; tráfico, fabricación  o  porte de estupefacientes; destinación ilícita de muebles o inmuebles;   tráfico  para  el  procesamiento  de narcóticos; y existencia, construcción y  utilización  ilegal  de  pistas  de  aterrizaje se materializan cada vez que se  conjuga  alguno  de  los verbos rectores incluidos en el tipo penal en tanto son  punibles  de  mera  conducta que demandan la prueba de cada uno de sus elementos  descriptivos.   

         

En ese orden, se revocará la legalización  de  los  cargos  respecto  de los aludidos delitos porque carecen de imputación  fáctica   concreta   e   individualizada  que  evidencie  la  modalidad  de  su  configuración,  la  fecha de la misma, la cantidad de veces en que se cometió,  la  participación  y  el verbo rector conjugado por cada postulado, entre otros  aspectos esenciales.   

          En  consecuencia, la Fiscalía deberá ahondar y precisar los cargos  referidos  a  esos  punibles  a  efectos  de  presentar  a  la  magistratura una  acusación que determine los aspectos que se echan de menos.   

   

2.2.          La solicitud al Congreso de la República  de  tipificar  el  delito  de  “ofensas” excede la competencia del Tribunal   

El Procurador 2, Judicial II, pide revocar  el  exhorto  orientado a que se legisle respecto de los llamados “discursos  de odio” porque representa una  intromisión   en   la   funciones  del  legislativo  y,  además,  comporta  la  imposición  de  límites,  más allá del respeto de los derechos humanos, a la  labor  de  los  periodistas  a  quienes de forma genérica no se les puede hacer  responsables   de   la   expansión   paramilitar   por   la   difusión  de  su  ideología.      

          Consideraciones de la Sala   

La  norma  que establece la competencia de  los  Tribunales  Superiores de Distrito Judicial en materia de Justicia y Paz es  el  artículo  32  de  la  Ley 975 de 2005, modificado por el canon 28 de la Ley  1592 de 2012, según el cual:   

Competencia  funcional de los magistrados  de  los Tribunales Superiores de Distrito Judicial en materia de Justicia y Paz.  Además  de  las  competencias  establecidas  en  otras  leyes,  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  designados  por  el  Consejo  Superior de la  Judicatura  serán  competentes  para  adelantar  la etapa de juzgamiento de los  procesos de los que trata la presente ley.   

Este  precepto  debe complementarse con el  inciso   cuarto   del   artículo   16   de  la  misma  normatividad70,  disposición que en términos similares señala:   

El Tribunal Superior de Distrito Judicial  que  determine el Consejo Superior de la Judicatura, mediante acuerdo que expida  antes  de  que  se  inicie cualquier trámite, será competente para conocer del  juzgamiento   de   las   conductas   punibles  a  que  se  refiere  la  presente  ley.   

          Pues  bien,  como  acto  final  de  juzgamiento,  tras  agotarse  la  dinámica  del proceso de Justicia y Paz, el Tribunal debe dictar sentencia cuyo  contenido    se   encuentra   regulado   en   el   artículo   24   ibídem71,       conforme      al  cual:   

De acuerdo con los criterios establecidos  en  la  ley,  en  la  sentencia condenatoria se fijarán la pena principal y las  accesorias.  Adicionalmente  se  incluirán  la  pena alternativa prevista en la  presente  ley, los compromisos de comportamiento por el término que disponga el  Tribunal,  las  obligaciones de reparación moral y económica a las víctimas y  la   extinción   del   dominio   de   los   bienes  que  se  destinarán  a  la  reparación.   

La  Sala  correspondiente  se ocupará de  evaluar  el  cumplimiento de los requisitos previstos en esta ley para acceder a  la pena alternativa.   

          Del  contenido  de  las  disposiciones  citadas  se  colige  que  la  competencia  del  Tribunal al momento de dictar sentencia se circunscribe a: (i)  legalizar  cargos  e individualizar la pena ordinaria y la alternativa en contra  de  los  postulados,  (ii) fijar compromisos de comportamiento, (iii) determinar  las  obligaciones  de  reparación  moral  y económica a favor de las víctimas  (medidas    de    restitución,    indemnización,  rehabilitación,  satisfacción  y  garantías  de  no  repetición)  y,  (iv)  decretar  la extinción del dominio de los bienes que se  destinarán a la reparación.   

Ahora,  de acuerdo al canon 1º, la Ley de  Justicia     y     Paz     busca     «facilitar  los  procesos  de paz y la reincorporación individual y  colectiva  a  la  vida  civil de miembros de grupos armados al margen de la ley,  garantizando  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad  la justicia y la  reparación».   

Entonces,   al   dictar   sentencia   la  magistratura  transicional  ostenta  la  potestad  de decretar todas las medidas  dirigidas  a  sancionar  a  los  responsables  de  los crímenes y reparar a las  víctimas  de manera integral por el daño causado con las violaciones masivas y  sistemáticas de derechos humanos aceptadas por los postulados.   

          En  ese orden, la competencia del Tribunal se desborda cuando adopta  medidas  alejadas de esos objetivos y de las facultades expresamente conferidas,  como  la  contenida  en  el  numeral  34  del  fallo,  por cuyo medio exhorta al  Congreso    de    la    República    «para  que  profiera  una  legislación  que  tipifique el delito de  ofensa  con  el  fin  de establecer la responsabilidad penal de los funcionarios  públicos  que  en  sus declaraciones o manifestaciones puedan generar discursos  de   odio  o  estigmatización,  tal  como  quedó  explicado  en  la  parte  de  consideraciones de esta decisión».   

En  efecto,  exhortar  al  Congreso  de la  República  para que tipifique un delito e indicarle las características que el  mismo  debe  reunir  (acápites 284 a 299)  excede las facultades concedidas en la Ley de Justicia y Paz a los  magistrados,  con mayor razón cuando esa decisión no se relaciona directamente  con  ninguno  de  los  aspectos  que  por  mandato  legal  deben incluirse en la  sentencia.   

Además, esa determinación comporta asumir  asuntos  del  resorte  exclusivo  de  otra rama del poder público, en tanto los  artículos  154, 155 y 156 del ordenamiento Superior precisan quiénes tienen la  iniciativa   legislativa,   sin   que  incluya  a  los  Tribunales  de  Distrito  Judicial.   

En   consecuencia,   se   revocará   la  determinación contenida en el numeral 34 del fallo.     

2.3. El Tribunal no tiene competencia para  imponer obligaciones a otras entidades   

El Procurador Judicial 2 impetra revocar el  exhorto   relacionado   con   las   medidas   de   rehabilitación  (tratamientos     sicológicos     y     siquiátricos     a    las  víctimas)  porque  excede  la competencia asignada al  Tribunal,  en  tanto  no  está  facultado  para  imponer  obligaciones  a otras  entidades  estatales  y, además, crea expectativas en las víctimas que quizás  no puedan ser satisfechas.   

Consideraciones de la Sala  

En punto de la reparación de víctimas la  Sala  de Conocimiento del Tribunal está revestida de facultades para ordenar en  la   sentencia   medidas   de   restitución   (art.  46),  indemnización  (art.  44),  rehabilitación  (art.  47),   satisfacción,   no  repetición  (art.   48)   y  medidas  de  reparación  colectivas    (inc.    8,   art.   8°)  en  su  favor,  como  taxativamente  lo establece el artículo 43,  cuando   advierte  que:  «El  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  al  proferir  sentencia,  ordenará  la  reparación  a  las  víctimas  y  fijará  las  medidas pertinentes» y del  canon  45,  según  el cual,  «las  víctimas  de  los  grupos  armados  al margen de la ley pueden  obtener  reparación  acudiendo  al  Tribunal  Superior de Distrito judicial, en  relación   con   los   hechos   que   sean   de  su  conocimiento».   

Adicionalmente,   el  inciso  final  del  artículo  8° de la misma ley consagra el derecho-principio a la reparación de  las    víctimas:   «Las  autoridades  judiciales  competentes  fijarán  las  reparaciones  individuales,  colectivas   o  simbólicas  que  sean  del  caso,  en  los  términos  de  esta  ley».   

De  esta  manera,  al  dictar sentencia la  magistratura  transicional  ostenta  la  potestad  de decretar todas las medidas  dirigidas  a  la  reparación de las víctimas, con la salvedad que cuando en su  materialización  involucran  a  otras entidades estatales, su formulación debe  hacerse  por  la  vía  del exhorto, como forma de respetar la independencia que  debe existir entre los poderes públicos.   

La Corte ha explicado la situación en los  siguientes  términos  (SP 27/04/11, Rad. No. 34547):   

Ante  esta realidad surge el interrogante  de  si  la  autoridad  judicial  dentro  del  proceso  de  justicia  y paz puede  “ordenar”  a  estas  entidades  su  ejecución,  tal  como  se dispuso en la  sentencia impugnada.   

Para  la  Sala  la respuesta es negativa,  porque   tal  proceder  resquebraja  el  postulado  de  separación  de  poderes  consagrado  en  el  artículo  113  de  la  Constitución  Política, fundante y  estructural  del  Estado  Democrático de Derecho al que adscribe la misma Carta  Fundamental  en  su artículo primero, por lo que no puede el juez, bajo ninguna  circunstancia,   arrogarse   funciones   que   constitucionalmente   no  le  son  deferidas.   

En consecuencia, el procedimiento correcto  para  conciliar  el principio democrático de separación de poderes adoptado en  la  Constitución  Política,  los derechos de las víctimas y las facultades de  las  autoridades  judiciales dentro del régimen transicional de justicia y paz,  cuando  tales  medidas  de  reparación  involucran a  entidades  del  Estado  de  cualquier  nivel, esto es, nacional, departamental o  municipal,  es  exhortarlas  para su cumplimiento, con  lo  cual,  además,  se  satisfacen los estándares internacionales en punto del  contenido   de   tales   medidas,  principalmente  desarrolladas  por  la  Corte  Interamericana    de    Derechos    Humanos    a   través   de   sus   últimos  fallos.   

Exhortar   significa   “Incitar  a  alguien con palabras, razones y ruegos a que haga o deje  de    hacer    algo”72.  En  ese orden, no se trata  de  una imposición sino de la exposición motivada de una serie de acciones que  la  magistratura  considera  fundamentales  para  materializar  las  medidas  de  reparación  individual  y colectiva de las víctimas, y que las entidades deben  considerar  de  manera  prioritaria, agotando las exigencias presupuestales y de  procedimiento interno para concretarlas.    

En  consecuencia,  no  asiste  razón  al  impugnante  al  censurar  que  el Tribunal exhortara   a   la   Unidad   Administrativa  para  la  Atención  y  Reparación    de    Víctima    (numerales   35   a  37)  en  tanto  la  magistratura  transicional  está  facultada  para  pronunciarse  sobre  las  medidas  necesarias para concretar la  reparación  integral  de  las  víctimas, incluido el tratamiento sicológico y  siquiátrico cuestionado.   

Además,  en  cumplimiento  de  las pautas  jurisprudenciales      vigentes,     la  solicitud  se  elaboró  a manera de exhorto y se dirigió a una  entidad  involucrada directamente en la reparación de las víctimas. En ello no  puede  verse  la  creación  de falsas expectativas, como sugiere el recurrente,  pues  el  Estado  en  su  conjunto  está  obligado  a  contribuir  a superar la  vulnerabilidad  manifiesta de aquellas, como lo prevé el artículo 14 de la Ley  1448  de  201173.    

De  otra  parte, resulta contradictoria la  postura  del  recurrente  porque dentro de la solicitud de reparación del daño  colectivo  impetró  establecer programas de ayuda sicológica como el dispuesto  por  la  Colegiatura a quo, de  suerte  que  no  se  ve  por  qué  razón  censura  que  se  hayan ordenado. En  consecuencia,   no   se   revocarán  las  exhortaciones  35  a  37.     

2.4.  Ubicación  de los bienes entregados  para la reparación   

El   delegado  del  Ministerio  Público  considera  extraño  que la mayoría de bienes entregados para la reparación de  víctimas  se encuentre en los departamentos de Córdoba y Bolívar, no Norte de  Santander  donde  delinquió  el  Bloque Catatumbo, circunstancia omitida por el  Tribunal,  que  tampoco consideró las dificultades en la administración de los  mismos,  hecho  por  el cual debieron compulsarse copias como se hizo en el caso  de   la   L’enoteca.   

En razón de lo anterior, cuestiona si los  postulados  cumplieron con el requisito del artículo 10.2 de la Ley 975 de 2005  y  si  los  bienes  entregados  satisfacen  los  requerimientos  necesarios para  reparar a las víctimas.   

Consideraciones de la Sala  

Acorde con la sentencia C-370 de 2006, los  requisitos  de  elegibilidad consagrados en los artículos 10 y 11 de la Ley 975  de  2005 son condiciones de accesibilidad a los beneficios otorgados a la Ley de  Justicia  y  Paz.  En  materia de bienes, el numeral 10.2 prevé como condición  previa  que  los  postulados  entreguen todos los conseguidos de forma ilegal y,  posteriormente,  con  el  fallo  por medio del cual se los declara responsables,  deben  responder  con  su  patrimonio obtenido lícitamente, como lo precisó el  Tribunal Constitucional:   

Los  requisitos  de  elegibilidad  de que  tratan   los   artículos  10  y  11  parcialmente  demandados,  son  requisitos  ‘para  acceder  a  los  beneficios       que       establece       la      presente      ley’,   es  decir,  son  condiciones  de  accesibilidad.  En estas circunstancias no parece necesario que en esta etapa la  persona  entregue  parte  de su patrimonio lícito, pues al menos técnicamente,  no  existe  aún  un  título  para  dicho  traslado. Ciertamente, los bienes de  procedencia  ilícita  no le pertenecen y, por lo tanto, la entrega no supone un  traslado   de   propiedad  sino  una  devolución  a  su  verdadero  propietario  –    mediante    la  restitución  del bien – o  al  Estado.  Sin  embargo,  su patrimonio lícito le pertenecerá hasta tanto no  exista  una  condena  judicial  que  le ordene la entrega. En cambio, los bienes  producto  de  la  actividad  ilegal,  todos  ellos  sin  excepción,  deben  ser  entregados  como  condición  previa para acceder a los beneficios que establece  la  Ley  975/05.  El  legislador puede establecer ese requisito de elegibilidad,  tanto   para   la  desmovilización  colectiva  como  para  la  desmovilización  individual.   Por   estas   razones  la  Corte  no  encuentra  inexequibles  las  expresiones  ‘producto de  la  actividad  ilegal’ del  numeral    10.2    del    artículo    10    de    la    Ley    y   ‘producto     de    la    actividad  ilegal’ del numeral 11.5  del  artículo  11 de la misma Ley. Así se declarará en la parte resolutiva de  esta providencia.   

     

En  el  evento  examinado el recurrente no  formula  ningún  reparo  frente  a  la decisión del a  quo,  pues  se limita a mencionar su extrañeza porque  los  bienes  entregados  para la reparación se encuentren en zonas diferentes a  Norte   de   Santander.   Esa  situación  no  comporta  incumplimiento  de  las  obligaciones   de   los   postulados   y   se   explica   en   que  MANCUSO  GÓMEZ  es  natural de la región  noroccidental  de  Colombia, lugar donde posaba como ganadero, circunstancia que  le    permitió    invertir    los    recursos    mal    habidos   sin   mayores  inconvenientes.   

Con  todo, lo importante para el requisito  de  elegibilidad  del  artículo  10.2  es  que el postulado entregue los bienes  producto  de  la actividad ilegal, sin importar la zona del país o del exterior  donde los tenga.   

    

Ahora, las falencias en la administración  de  los  bienes entregados no pueden afectar la permanencia de los postulados en  el  proceso  transicional  en  tanto  son  responsabilidad  de los entes que los  tienen  a cargo, situación que debe ser investigada por la Fiscalía General de  la  Nación  con  independencia  de  que  la  magistratura compulse o no copias.   

En  ese  orden, como el recurso no plantea  ningún  argumento concreto que permita pensar que los sentenciados incumplieron  la  obligación  de entregar los bienes obtenidos en forma ilegal, la Sala no se  adentrara  en  el  examen  del  requisito  de  elegibilidad.  No obstante, si se  llegase  a  demostrar que alguno de los postulados incumplió esta exigencia, la  Fiscalía      deberá      iniciar      el      trámite      de     exclusión  correspondiente.   

2.5. No se debió reconocer como víctimas  a quienes no probaron el parentesco   

El   delegado  del  Ministerio  Público  considera  que la prueba sumaria aplica para acreditar la condición de víctima  pero  no  para  evidenciar  el  daño padecido, el cual debe demostrarse con los  medios  probatorios  idóneos,  de  forma que no basta con la simple afirmación  del  perjudicado  sobre la materialización del perjuicio. Y si bien la Ley 1448  de  2011  se  refiere a esa clase de medios de convicción, no aplica al proceso  transicional,     sino     a     la     reparación     administrativa     allí  regulada.       

         

En  ese  orden,  censura el reconocimiento  como  víctimas  de  las  personas  que  no  aportaron  el  registro  civil para  demostrar  el  parentesco  con  la víctima directa, obligación que el Tribunal  trasladó  a  la  Unidad   para  la  Atención  y  Reparación  Integral de  Víctimas,  entidad  cuyas  funciones  están  previstas  en  la ley y no pueden  modificarse por órdenes judiciales.   

En   consecuencia,   pide   revocar   el  reconocimiento  de  la  calidad de víctimas que el Tribunal efectuó subsanando  las falencias probatorias aduciendo el principio de buena fe.   

Consideraciones de la Sala  

La     Colegiatura     de    primera  instancia74  determinó  liquidar  los  perjuicios  ocasionados  a  un grupo de  ciudadanos  que  adujeron  la  condición  de  víctimas sin aportar el registro  civil  que  demostrara  su  parentesco  con  la  persona asesinada por el Bloque  Catatumbo.  De  igual  forma, les impuso la obligación de acreditar esa calidad  ante  el  Fondo  de  Reparación  de  Víctimas  como condición del pago de las  indemnizaciones ordenadas.   

Pues  bien,  esa  determinación  resulta  contraria  al  ordenamiento  jurídico  por  cuanto  desconoce la obligación de  probar  la  condición  de  víctima  y  el daño padecido cuando se formula una  pretensión   indemnizatoria   ante   la  jurisdicción.       

Ello  por  cuanto  no  se  aportó ninguna  prueba,  aunque  fuese  sumaria,  sobre  el  grado de parentesco que unía a los  peticionarios  con la víctima directa del delito, situación que imposibilitaba  su reconocimiento.   

El Decreto 315 de 2007, reglamentario de la  Ley  975  de  2005,  vigente  durante  el  trámite de la audiencia concentrada,  estableció las siguientes obligaciones a cargo de las víctimas:   

Artículo  3.  Para  intervenir  en  las  investigaciones  que  se  adelanten  de  acuerdo  con la Ley 975 de 2005, en los  términos   previstos   en   este  decreto,  las  víctimas  deberán  acreditar  previamente   esa   condición   ante   el   Fiscal  delegado…que  conozca  la  investigación,  mediante  la  identificación  personal  y la demostración del  daño  sufrido  como  consecuencia  de  las  acciones  que hayan transgredido la  legislación  penal,  realizados  por  uno  o  varios miembros de grupos armados  organizados  al  margen de la ley que hayan decidido acogerse al procedimiento y  beneficios de las Ley 975 de 2005.   

Artículo  4.  La demostración del daño  directo  a  que  se  refiere el artículo 5 de la Ley 975 de 2005, así como los  artículos  1  y  2 del presente decreto, se podrá realizar mediante algunos de  los siguientes documentos:  (…)   

e) Certificación que acredite o demuestre  el  parentesco con la víctima, en los casos que se requiera, la que deberá ser  expedida por la autoridad correspondiente.   

          Esta  última  obligación  tiene  hoy  plena vigencia, en tanto fue  reproducida  en  similares  términos  en el Decreto 1069 de 2015, reglamentario  del     Sector    Justicia    y    del    Derecho75.   

El  registro civil, documento idóneo para  demostrar  el  parentesco, es de fácil consecución, de suerte que su no aporte  en  los  más  de  cinco  años  que  perduró  la actuación evidencia falta de  diligencia  o  interés del solicitante o de su apoderado, omisión que no puede  suplirse  suponiendo  esa calidad ni trasladando la obligación de verificar ese  aspecto   a  la  Unidad  Administrativa  para  la  Atención  y  Reparación  de  Víctimas.   

Es cierto que la justicia transicional, en  aplicación  de los principios de buena fe (art. 5 Ley  1448  de  2011) y pro homine,  ha flexibilizado los estándares probatorios aplicados  a  las  peticiones resarcitorias permitiendo la verificación del daño a partir  de  hechos notorios (art. 177 del C.P.C.),  juramento  estimatorio  (art.  211  del  C.P.C.),  modelos baremos, presunciones y reglas de la  experiencia.  Con  todo,  no  se  ha  eliminado  la  necesidad  de  demostrar la  condición   de   víctima  y  el  daño  padecido  con  el  accionar  criminal.   

Así,  el  artículo  23  de la Ley 975 de  2005, en lo pertinente, preceptúa:   

Artículo     23.     Incidente  de reparación integral. En la  misma  audiencia  en  la  que la Sala del Tribunal Superior de Distrito Judicial  correspondiente  declare  la  legalidad  de  la  aceptación  de  cargos, previa  solicitud  expresa  de  la  víctima,  o  del  fiscal del caso, o del Ministerio  Público  a  instancia  de ella, el magistrado ponente abrirá inmediatamente el  incidente  de  reparación  integral  de  los  daños  causados  con la conducta  criminal  y  convocará  a  audiencia  pública  dentro  de  los cinco (5) días  siguientes.   

Dicha  audiencia  se  iniciará  con  la  intervención  de  la  víctima o de su representante legal o abogado de oficio,  para  que  exprese  de  manera  concreta la forma de reparación que pretende, e  indique    las    pruebas    que    hará    valer    para    fundamentar    sus  pretensiones.   (subrayas  fuera del texto original).   

Entonces,   el   legislador  dispuso  la  necesidad  de  que  la  víctima  ofrezca o solicite pruebas sobre su calidad de  ofendida  y  su  pretensión  indemnizatoria,  de  forma  que  si no acredita la  condición  aducida,  no pude ser reconocida ni puede ordenarse el resarcimiento  invocado  en  tanto  las  sentencias  deben  estar  soportadas  en  elementos de  convicción legal, oportuna y válidamente incorporados.   

Ello porque la flexibilización probatoria  no  equivale  a  la  ausencia  de prueba. Y a pesar de que los postulados están  obligados  al  pago de las indemnizaciones ordenadas en Justicia y Paz, eventual  y  subsidiariamente,  podrían  afectarse  recursos  públicos,  situación  que  demanda  de  la  judicatura  la  corroboración probatoria de que quien aduce la  condición de víctima, en verdad lo sea.   

La   Corte  Constitucional  en  reciente  pronunciamiento  ratificó  la  necesidad de probar en justicia transicional los  perjuicios aducidos y, obviamente, la condición de víctima:   

Desglosando  la  jurisprudencia  de  esta  Corte,  se  tiene  que existen importantes y decisivas diferencias entre la vía  de  reparación  judicial  y  la  administrativa:  (i) Las reparaciones por vía  judicial   pueden   ser  por  vía  de  la  jurisdicción  penal  o  contencioso  administrativa.  (ii)  La  reparación  dentro  del proceso penal se caracteriza  porque  (a)  se  desprende  del  incidente de reparación integral, que busca la  investigación  y  sanción  de  los  responsables  del  delito,  a  partir  del  establecimiento   de  la  responsabilidad  penal  individual  en  cada  caso  en  concreto;  (b) tiene efecto solo para las víctimas que acuden al proceso penal;  (c)   debe   demostrarse   dentro   del  proceso  la  dimensión,  cuantía  y  tipo  del  daño  causado; (d) debe poderse demostrar,  identificar,  tasar  o  cuantificar  el  daño  para  poder determinar de manera  proporcional  e  integral  el  monto a indemnizar a las víctimas, así como las  diferentes  medidas  de  reparación  integral,  tales  como la restitución, la  indemnización,  la  rehabilitación,  la reparación simbólica, las garantías  de  no  repetición; (e) la reparación que se concede  en  vía  judicial  penal  está  basada en el criterio de restituo in integrum,  mediante  el  cual se pretende compensar a las víctimas en proporción al daño  que  han  padecido;  (f)  los  responsables  patrimoniales  primordiales  de  la  reparación  son  los  victimarios,  y  solo subsidiariamente, en caso de que el  victimario   no   responda,  o  no  alcance  a  responder  totalmente,  responde  subsidiariamente  el Estado; (g) la reparación por vía judicial que nos ocupa,  en  el  marco  de  la  justicia  transicional,  se  puede dar en nuestro sistema  jurídico,  en  el proceso penal de justicia y paz, a través de un incidente de  reparación  integral  previsto  dentro  del  proceso penal especial de justicia  transicional,   de   conformidad   con   el  artículo  23  de  la  Ley  975  de  2005. (C-286 de 2014)   

Téngase  en  cuenta que la indemnización  dispuesta   por   la   justicia   transicional  es  de  carácter  judicial,  no  administrativa,  motivo  por  el cual el Tribunal debe ocuparse prioritariamente  de   verificar   la   calidad   aducida,   por   ser   condición   sine  qua  non  para reconocer y ordenar el  pago   resarcitorio,   obligación   que   no  puede  trasladarse  a  instancias  administrativas,  como  impropiamente  lo determinó la Colegiatura a quo.   

Y si bien la Unidad Administrativa para la  Atención  y  Reparación de Víctimas tiene a su cargo el reconocimiento y pago  de  la indemnización administrativa de la Ley 1448 de 2011, ello no implica que  esté  autorizada legalmente para establecer y verificar esa situación frente a  quienes acuden a un proceso judicial.   

En  armonía con la postura de la Sala, la  Corte  Constitucional  ratificó  la  necesidad  de que la víctima demuestre su  pretensión  indemnizatoria,  con  mayor  razón  el parentesco que corrobore su  afectación:   

Concluyó  la  Sala  que  la  providencia  cuestionada   tampoco   incurrió   en  defectos  procedimental  y  fáctico  al  abstenerse  de  decretar  y practicar pruebas de manera oficiosa para establecer  la  propiedad  de  los predios, pues en este caso no concurrían las condiciones  que  activan  la  obligación  del juez de hacer uso de su facultad inquisitiva,  dado  que  (i)  la calidad de propietarios fue controvertida desde el inicio del  proceso  por  las entidades demandadas en reparación directa; (ii) los  accionantes no mostraron una actitud diligente para satisfacer  la  carga  probatoria  que  les correspondía, no explicaron las razones para no  aportarla   oportunamente,   ni   solicitaron   su   práctica   dentro  de  las  oportunidades  probatorias correspondientes; (iii) los  demandantes   en  el  proceso  de  reparación  directa  no  se  encontraban  en  circunstancias  de  indefensión  que   meritasen la intervención oficiosa  del  juez  para  ordenar  la  práctica  de  las  pruebas;  y  (iv) los  estándares  de  buena  fe  y  traslado  de  carga  de prueba,  establecidos  en  los  artículos  5  y  78  de la Ley 1448 de 2011 en principio  aplican  para  la  reparación  por  vía  administrativa y para los procesos de  restitución  de  tierras, sin que puedan trasladarse,  sin  más,  a  los  procesos  de  reparación  directa  que se adelantan ante la  jurisdicción      contencioso     administrativa.  SU-636  7  octubre  201576.          (subrayas  propias)   

En   consecuencia,   se   revocará   el  reconocimiento  como  víctimas  y  pago  indemnizatorio  dispuesto frente a las  personas enlistadas en los párrafos 479 a 481 de la sentencia.   

2.6.  No  procede  el  reconocimiento como  víctimas  de  los familiares de los integrantes de los grupos armados al margen  de la ley   

El  Procurador  Judicial  pide  revocar el  reconocimiento  de  las  víctimas  indirectas de los homicidios de Belisario   Ruiz   Quintero  y   Agustín   Barrera  Díaz  (hechos  23  y  54)  y las indemnizaciones  decretadas  en  su favor porque éstos ingresaron voluntariamente al conflicto y  constituye  un  contrasentido  ubicarlas  en  igualdad  con  quienes  sin  tener  relación  con  el  mismo  sufrieron  graves afectaciones en sus derechos.    

Consideraciones de la Sala  

El  Tribunal  reconoció  como  víctimas  indirectas   a   los  familiares  de  Belisario  Ruíz  Quintero      (hecho  23)  y  José Agustín Díaz  Barrera    (hecho   54),  integrantes  del  Bloque Catatumbo, asesinados por sus  compañeros  por  no cumplir las directrices de la organización y no dar cuenta  de  unas  armas  que  se  había comprometido a suministrar, respectivamente. El  a  quo  razonó  que  cuando  fueron  asesinados  se encontraban en situación de indefensión y no estaban en  combate,  circunstancia  que  los  convierte en personas protegidas por el DIH y  por  ello  no  aplica la prohibición del parágrafo 2 del artículo 3 de la Ley  1448 de 2011.   

          Pues  bien,  la  Corte  revocará  la  determinación  impugnada por  cuanto  desconoce  el  mandato  legal vigente según el cual, para efectos de la  justicia  transicional, los familiares de los miembros de los grupos organizados  al  margen  de  la  ley no pueden ser considerados como víctimas indirectas. El  precepto citado establece:   

Parágrafo     2°.    Los  miembros de los grupos armados organizados al margen de la ley  no  serán  considerados víctimas, salvo en los casos  en  los  que  los  niños, niñas o adolescentes hubieren sido desvinculados del  grupo armado organizado al margen de la ley siendo menores de edad.   

Para los efectos de la presente ley, el o  la  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente,  o  los  parientes  de los  miembros  de  grupos armados organizados al margen de la ley serán considerados  como  víctimas  directas  por el daño sufrido en sus derechos en los términos  del  presente  artículo, pero no como víctimas indirectas por el daño sufrido  por los miembros de dichos grupos.   

Esta  regla  es  aplicable  al  proceso de  Justicia  y  Paz  por  cuanto la normatividad en la cual está inserta tiene por  objeto   establecer   un  conjunto  de  medidas   judiciales,  administrativas,  sociales   y  económicas,  individuales  y  colectivas,  en  beneficio  de  las  víctimas  de  las  violaciones  contempladas  en su artículo 3º, dentro   de   un   marco   de   justicia   transicional,  que  posibiliten  hacer  efectivo  el  goce de sus derechos a la  verdad,  la  justicia  y la reparación con garantía de no repetición, de modo  que  se  reconozca  su  condición  de víctimas y se dignifique a través de la  materialización  de  sus  derechos constitucionales77.   

La Corte Constitucional en sentencia C-253A  de    2012   avaló   la   exequibilidad   del   inciso   primero   del   citado  parágrafo78  precisando  que el propósito del canon  3º  de  la  Ley  1448 de 2011 no es definir o modificar el concepto de víctima  porque  esa  condición  responde  a  una  realidad  objetiva, sino identificar,  dentro  del  universo  de  las víctimas, a aquellas que serán destinatarias de  las    medidas   especiales   de   protección   previstas   en   la   normativa  transicional.   

Bajo  el  mismo  criterio, agrega la Sala,  resulta  razonable  la exclusión de los afectados indirectos con los perjuicios  sufridos  por  los  miembros  de  los grupos organizados al margen de la ley que  voluntariamente  ingresaron  a  esas  estructuras  delictivas  y se expusieron a  múltiples riesgos.   

Aún más, debe precisarse que el precepto  no  excluye  a  los  familiares de la posibilidad de acceder a los derechos a la  verdad,  justicia y reparación. De hecho, los dos primeros se garantizan dentro  del  marco  del  denominado  proceso  de  Justicia  y  Paz  y el tercero ante la  justicia ordinaria.   

Ello es así porque el hecho generador del  daño  ocurrió  cuando  el afectado directo se encontraba por fuera del ámbito  de  legalidad, situación que difiere de quienes sufrieron perjuicios a pesar de  respetar  y  cumplir  con  la  normatividad.  La  Corporación se pronunció con  antelación de la siguiente manera:   

Que  la  norma cuestionada hubiese fijado  unos  criterios  de  diferenciación,  no  infringe el postulado de la igualdad,  sino  que,  dentro  de  la  libertad  de  configuración que le es permitida, el  legislador  estableció  parámetros  para  fijar  razonables  diferencias entre  iguales,  conforme  con los cuales quien en forma voluntaria integre un grupo al  margen  de la ley y en desarrollo de su actividad ilegal reciba un perjuicio, no  puede  pretender  acceder  a  unos  procedimientos  expeditos  de reparación en  idénticas   condiciones   de  quien,  actuando  dentro  de  la  legitimidad  es  perjudicado en sus derechos.   

En los dos supuestos existen perjudicados,  lo  cual les genera derechos de reclamar y acceder a la reparación, desde donde  existe  igualdad  de  protección  estatal, pero sucede que esa situación en la  cual  voluntariamente se puso el integrante del grupo armado ilegal comporta que  este  deba  reclamar  sus  derechos a través de las vías comunes, en tanto que  quien  se  ajustó  a  la  legalidad  se  encuentra  habilitado para acudir a la  reparación  de  que  se  trata  en  este asunto, contexto dentro del cual no se  presenta  discriminación  alguna, sino un válido parámetro de diferenciación  que  deriva  como  consecuencia  exclusiva del actuar libre del integrante de la  organización       armada      ilegal.      (CSJ  AP2226-2014).   

En  igual sentido, la Corte Constitucional  precisó:   

“…a  partir  del contexto de la ley y  del  mismo  artículo  en  el  que  se  inserta  la expresión, así como de los  antecedentes  legislativos,  se puede concluir que no se niega la posibilidad de  que  los integrantes de grupos armados organizados al margen de la ley puedan, a  su  vez,  en  ciertas  circunstancias,  ser  víctimas,  y  que  el  sentido del  parágrafo  demandado  es  el  de  contribuir  a  delimitar  el  universo de los  destinatarios  de las medidas especiales de protección contenidas en la ley, en  los  términos del primer inciso de su artículo 3º”.       

Así,  como  se  ha  señalado,  de  la  disposición  demandada no se desprende que los integrante de los grupos armados  organizados  al  margen  de  la  ley,  cuando  sean víctimas de infracciones al  Derecho  Internacional  Humanitario  o de violaciones graves y manifiestas a las  normas   internacionales   de  Derechos  Humanos,  ocurridas  con  ocasión  del  conflicto  armado  interno,  no  puedan  acceder  a  los  mecanismos  de verdad,  justicia  y  reparación previstos en el ordenamiento jurídico, sino que no son  beneficiarios  de  las  medidas de protección especial previstas en la Ley 1448  de   2011,   lo   cual   impone   la   necesidad   de   establecer  cuáles  son  ellas.     

De  este  modo  concluye  la Corte que el  parágrafo  2º del artículo 3 de la Ley 1448 de 2011, en cuanto dispone que no  serán  considerados víctimas los integrantes de los grupos armados organizados  al  margen  de  la  ley, no es contrario a la Constitución, en la medida en que  (i)  no  implica negar, de manera general, la condición de víctimas que pueden  tener  los  integrantes  de  esos  grupos  como  consecuencia de infracciones al  Derecho  Internacional  Humanitario  o  de  graves  violaciones  de  las  normas  internacionales  de  Derechos  Humanos en el marco del conflicto armado interno;  por  consiguiente, (ii) no los priva de la posibilidad  de  acceder,  con la plenitud de las garantías, a las instancias ordinarias que  el  ordenamiento jurídico ha previsto para garantizar los derechos a la verdad,  la  justicia  y  la reparación; ni, (iii) los sustrae  del  marco  de  protección  previsto  en  el  DIH  y  el  DIDH y (iv) comporta,  únicamente,  su  exclusión  de un conjunto especial de medidas de protección,  complementarias  y  de  apoyo,  que  se  han previsto en la ley en beneficio que  quienes,  encontrándose  dentro  de  la  legalidad   han sido víctimas de  infracciones  al  Derecho  Internacional  Humanitario o de graves violaciones de  las  normas internacionales de Derechos Humanos en el marco del conflicto armado  interno.  (C-253  A  de  2012).  (Subrayas  fuera  de  texto).      

En  ese  orden,  resulta  claro  que  la  normatividad  transicional vigente no cobija con las prerrogativas especiales en  ella  consagradas a los miembros de los grupos organizados a la margen de la ley  ni   a   sus   familiares  por  los  perjuicios  indirectos  originados  en  las  afectaciones de aquellos.   

El  Tribunal  señala  que  Ruiz     Quintero     y    Barrera  Díaz se encontraban en situación  de  indefensión,  circunstancia que los convierte en personas protegidas por el  Derecho Internacional Humanitario.   

Nada más alejado de la realidad porque al  proceso  no  se  allegó ninguna evidencia de que estuviesen heridos, enfermos o  fuesen                   náufragos79,      prisioneros     de  guerra80,         población        civil81o   hubiesen   depuesto  las  armas.  Por  el  contrario,  de  acuerdo  a  lo señalado en la actuación, eran  miembros  activos de la estructura delictiva. Y si bien cuando los asesinaron no  estaban  en  combate,  sí permanecían dentro de la organización y compartían  sus idearios.   

Por   demás,  la  mayor  parte  de  los  homicidios   se   concreta   aprovechando   la   indefensión  de  la  víctima,  circunstancia  que  debe  ser ponderada al momento de la tipificación y condena  del  delito,  pero  que  no  comporta  la  inclusión  en el ámbito del Derecho  Internacional  Humanitario. En consecuencia, dada la equivocación argumentativa  del  a quo, se impone revocar  la indemnización decretada en favor de estos grupos familiares.   

             

2.7.  No  procede  el  reconocimiento  de  algunas víctimas por la extemporaneidad de la solicitud   

El  Ministerio  Público  pide  revocar el  reconocimiento  como víctimas de Yury Emilia Martínez  y  el  menor  D.A. Martínez  Díaz  porque su solicitud fue extemporánea, esto es,  se  presentó  con posterioridad al cierre del incidente de reparación integral  y,      además,      contiene      inconsistencias     probatorias     y     de  representación.   

Consideraciones de la Sala  

En  los  apartados 1603 a 1617 el Tribunal  analizó   la   petición   presentada   por   el   apoderado   de  Yury  Emilia  Martínez  Díaz, quien adujo  ser  compañera permanente de la víctima directa José  Daniel     Hernandez     Contreras     (hecho  78) y madre del menor D.A.  Martínez  Díaz, presuntamente hijo  del obitado.   

La  Colegiatura a  quo,  a  pesar  de  que  la solicitud se presentó con  posterioridad   al   incidente  de  reparación,   reconoció  y ordenó la indemnización en favor de la  señora      Martínez      Díaz     porque  demostró sumariamente la condición aducida, mas no así en  favor  del  menor  de  quien  no  existía  evidencia  sobre  su calidad de hijo  de      Hernández  Contreras.   

La  Sala revocará esta determinación por  cuanto  la pretensión indemnizatoria fue radicada ante el Tribunal a  quo el 28 de julio de 2014, esto es, con  posterioridad  al incidente de reparación realizado entre el 1º de agosto y el  4  de  septiembre  de 2013. De esta manera, la pretensión es extemporánea y su  reconocimiento afecta el debido proceso transicional.   

En efecto, acorde con el artículo 23 de la  Ley  975  de  2005,  la  oportunidad  para acudir a la judicatura a acreditar la  calidad  de víctimas y solicitar el resarcimiento de los daños causados por el  accionar  de  los  grupos  armados  al  margen  de  la  ley  es  la audiencia de  reparación  integral,  de  manera  que  si  se  deja pasar esta etapa procesal,  deberá  acudirse  a  otras  instancias  en procura de satisfacer la pretensión  indemnizatoria.   

Habilitar   momentos  diferentes  a  los  previstos  en  la  ley  para  radicar peticiones de resarcimiento resquebraja la  estructura  del  proceso  transicional  porque se muta la naturaleza oral por un  trámite  escrito  en  el  que  se ordenan traslados por fuera de audiencia y se  pretermite  la  posibilidad  de que los postulados se pronuncien respecto de las  mismas.   

Y si bien en el fallo se indica una posible  omisión  de  la  Fiscalía,  la  Sala  no  observa tal falencia porque la parte  interesada  se  abstuvo  de acudir al trámite incidental, carga procesal que no  se  suple  con  la acreditación provisional otorgada por la Fiscalía, en tanto  debe  hacerse  parte en el proceso, identificar las afectaciones y demostrar los  daños                    sufridos82.   

Por  demás,  en el proceso figuran varias  declaraciones  que señalan que JOSÉ DANIEL HERNÁNDEZ  CONTRERAS  era  soltero  y  vivía  con  sus padres al  momento  de  la  muerte,  situación que debió ser dilucidada en la oportunidad  procesal  pertinente;  no  obstante la tardanza de la parte interesada en acudir  al  proceso  transicional  impidió que se aclarara el asunto mediante el aporte  de     pruebas     que     demostraran     el     vínculo     y     el    daño  causado.         

          En  consecuencia,  se  revocará  el reconocimiento extemporáneo de  Yury Emilia Martínez Díaz y  la indemnización ordenada en su favor.   

          2.8                        Impugnación de la Fiscalía   

          El  delegado  de la Fiscalía General de la Nación solicita revocar  el  numeral  22  de  la  sentencia  por cuanto el Tribunal no tuvo en cuenta que  algunos  bienes ya habían sido objeto de extinción de dominio y otros no hacen  parte  del  proceso transicional, con lo cual se vulneraron los principios de la  cosa juzgada y el debido proceso.   

          En  tal  sentido,  señala,  en  la sentencia proferida en contra de  JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA se  declaró  la extinción de dominio de los predios Villa  Amalia,  El  Chimborazo,  Carare,  San  José  (Guamo-Bolívar),  El  Bongo, Las  Pampas,  Nueva  Delhi,  Villa  Nueva,  La Guaira, Esperanza II, Providencia, Paz  Verde,  La Gloria, Cumbia 3, Esperanza I, Pollo Fiao, Vizcaya, El Escondido, San  José,  Villa Rosa y Mi Refugio. Por ello, pide revocar  la declaratoria de extinción de dominio      

         

De   igual   forma,   pide   excluir  el  Lote    No    2   Manzana  A y los predios Costa  Azul,  La  Delicias,  La  Dicha,  El  Guayabo,  Buenos  Aires,  La  Fuente,  Los  Almendros  y   La  Gloria  que  figuran  a  nombre  de  Martha Elena  Dereix   (ex–esposa      de      MANCUSO      GÓMEZ)     porque  hacen  parte de la sentencia del 30 de enero de 2014 emitida  por    el    Juzgado    Segundo     Especializado    en    Extinción    de  Dominio.           

De  otra  parte,  afirma,  se  decretó la  extinción  de  dominio de bienes no afectados con medida cautelar en el proceso  transicional,  así:  a) La suma de $62’000.000  producto de la venta del local de la carrera 5ª No. 62B-15  M.I.    140-75569;    b)    Los    inmuebles   Puerto  Escondido           y           Halicarnaso,   ofrecidos  por  MANCUSO  GÓMEZ  para  la reparación de  víctimas,  pero  que  no  han sido afectados con medida cautelar en el marco de  justicia  transicional,  aunque  sí  en  el  trámite de extinción de dominio.   

Por  ello, aduce, no puede ser definida su  situación  en  Justicia  y  Paz, máxime cuando sobre ellos existe solicitud de  restitución ante la Unidad de Restitución de Tierras.   

          Consideraciones de la Sala   

1. La primera censura del ente acusador se  circunscribe  a  señalar  la afectación del principio de cosa juzgada en tanto  el  Tribunal  decretó la extinción de dominio sobre bienes que ya habían sido  materia  de  igual  medida  en  la sentencia parcial dictada contra JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA.   

Pues  bien, la Corte verificó que el 2 de  diciembre  de  2010  la  Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá  emitió  contra  el  citado  postulado  fallo condenatorio en el que decretó la  extinción      de      dominio     sobre     los     inmuebles     Vizcaya  (M.I.  140-106465),                Carare   (M.I.  062-12266)     y    San  José  (Guamo Bolívar, M.I.  062-06254).   

El   6   de   junio   de   2012   esta  Corporación83   desató   la   impugnación   propuesta  por  diferentes  sujetos  procesales y, entro otras decisiones, dispuso:   

a) Revocar la extinción ordenada frente al  predio  San José (Guamo Bolívar);   

b)   Confirmar   la   de   Vizcaya  (M.I.  140-106465)           y          Carare   (M.I.   062-12266);   

c)   Adicionar  el  fallo  ordenando  la  extinción  de  dominio  de  los siguientes fundos: San  José   (Tierralta   M.I.  140-85134),                Providencia          (M.I.     140-21220),     Esperanza       I       (M.I.     140-105381),    Mi  Refugio  (M.I. 140-107254),     Villa     Amalia     (M.I.     062-0016733),    El  Bongo  (M.I.  062-0010155),     Nueva  Delhi       (M.I.  140-15288),     Villa  Nueva   (M.I.  140-31267),  La   Guaira   (M.I.   140-0031268),     Pollo  Fiao       (sin  folio),  Cumbia 3    (M.I.    140-105385),   Villa   Rosa  (140-85132),  Las  Palmas  y El  Cortijo.   

En  consecuencia,  asiste  razón  a  la  Fiscalía  al  pregonar  la afectación de la cosa juzgada en tanto ya se había  dispuesto  su  extinción de dominio en el fallo citado. Por tanto, se revocará  la  orden de extinguir el dominio exclusivamente frente a los siguientes bienes:  Vizcaya      (M.I.  140-106465);     Carare  (M.I.     062-12266);  San  José  (Tierralta M.I.  140-85134),                Providencia  (M.I. 140-21220),   Esperanza  I  (M.I.     140-105381),  Mi   Refugio  (M.I.     140-107254),    Villa       Amalia       (M.I.     062-0016733),    El  Bongo  (M.I.  062-0010155),     Nueva  Delhi       (M.I.  140-15288),     Villa  Nueva       (M.I.  140-31267),   La   Guaira  (M.I.   140-0031268),  Pollo   Fiao  (sin   folio),  Cumbia     3    (M.I.  140-105385),     Villa  Rosa       (M.I.  140-85132).   

No  sucede  lo  mismo  frente  al inmueble  San  José  (Guamo Bolívar)  porque  la  extinción  de  dominio  decretada  por el  a quo fue revocada en segunda  instancia;   tampoco   se   vulnera  la  cosa  juzga  respecto  de  los  predios  Chimborazo,  Las  Pampas,  Esperanza II, Paz Verde, La  Gloria      y     El  Escondido  porque  sobre ellos nada se resolvió en el  citado fallo.   

En  consecuencia,  en  relación con estos  predios  se  confirma  la decisión contenida en el numeral Vigésimo Segundo de  la sentencia.   

2.  La Fiscalía también pide excluir del  fallo  los  siguientes  bienes  cuya  extinción de dominio decretó  el  30  de  enero  de  2014  el Juzgado  Segundo  Especializado  en  Extinción de Dominio: Lote  No   2   Manzana   A  (M.I.  140-46272),     Costa  Azul       (M.I.  140-108660),      La  Delicias      (M.I.  140-5157),       La  Dicha       (M.I.  140-41606),      El  Guayabo  (M.I.  140-6059),  Buenos    Aires   (M.I.  140-2614),       La  Fuente       (M.I.  140-96803),      Los  Almendros      (M.I.  140-96804)     y     La  Gloria       (M.I.  140-68442),   los   cuales   figuran   a   nombre  de  Martha       Elena       Dereix      (ex–esposa de  MANCUSO GÓMEZ).   

En    el   aludido   fallo84    se  dispuso:   

PRIMERO.  DECLARAR  la  extinción  del  derecho   de  dominio  a  favor  de  la  Nación,  sobre  los  bienes  inmuebles  distinguidos:  con  las  matrículas  inmobiliarias  de No. 140 75569,  140  46272;  No.  140 5157; No. 140 41606; No. 140 6059; No. 140 2614; No. 140 96803;  No.  140  96804;  No.  140 68442 y No. 140 108660 de conformidad con las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión. (…).   

CUARTO.  ORDENAR  la  tradición  de  los  inmuebles  140  46272;  No. 140 5157; No. 140 41606; No. 140 6059; No. 140 2614;  No.  140  96803; No. 140 96804; No. 140 68442 y No. 140 108660 a favor del Fondo  para  la  Reparación  de  las  Víctimas Unidad Administrativa Especial para la  Atención    y    Reparación    Integral    a    las   Víctimas   –,  de  acuerdo  con  lo normado en el  artículo 16 de la Ley 1295.   

En   consecuencia,   asiste   razón  al  impugnante  al solicitar la revocatoria parcial del fallo en punto de los bienes  reseñados  en  tanto  ya  fue  decretada  su extinción de dominio en favor del  Fondo para la Reparación de las Víctimas.   

3. Por último, el recurrente cuestiona que  se  haya  decretado  la  extinción  de dominio frente a bienes no afectados con  medida  cautelar  en  el proceso transicional, como lo exige el artículo 17B de  la  Ley  975  de  2005, con mayor razón cuando existe solicitud de restitución  ante    la    Unidad    de    Restitución    de   Tierras   respecto   de   los  inmuebles.   

Pues  bien, según informe de la Fiscalía  No.   0001336   del   8   de   octubre   de   2012,   la   señora  Martha  Elena  Dereix  Martínez dentro del  trámite  de  extinción  de  dominio  No.  4128  ofreció  entregar  la suma de  $62’000.000  correspondiente  a la venta del local de la carrera 5 No. 62B-15 M.I. 140-75569.  Sin  embargo,  nunca concretó el suministro del dinero. No obstante, el Juzgado  Segundo  Especializado en Extinción de Dominio, en sentencia del 30 de enero de  2014,  extinguió el derecho de dominio que sobre ese bien invocaba Jaime  Roberto  Maroso Pontiggia, comprador  del inmueble.   

En  ese  orden, era al interior del citado  proceso  donde  debía  resolverse  el destino del inmueble y del producto de su  venta,  como  en efecto sucedió, pues en ningún momento ha hecho parte de esta  actuación  transicional  en  la medida que no fue ofrecido o denunciado por los  postulados  para  la  reparación  de víctimas ni fue objeto de medida cautelar  que  lo  vinculara  a  esta  actuación.  Por  ende, se debe revocar la orden de  extinción de esa suma de dinero.   

En  cuanto  a  los  bienes  Puerto    Escondido    y    Halicarnaso,  ofrecidos para la reparación  de  víctimas  por SALVATORE MANCUSO GÓMEZ85, se observa  que  ostentan  medida  cautelar  proferida  dentro del trámite de extinción de  dominio 4739 y no fueron afectados por cuenta de este proceso.   

Por  ende,  será  en  la  jurisdicción  señalada  donde  se  resolverá  sobre  ellos,  con  la  salvedad  de que si se  comprueba  que pertenecieron a miembros del grupo armado organizado al margen de  la  ley,  se deberá ordenar su tradición a favor del Fondo para la Reparación  de las Víctimas.   

Como corolario de lo anterior, se revocará  la  extinción  de dominio decretada respecto de la suma de $62.000.000 y frente  a     los     predios     Puerto     Escondido    y  Halicarnaso.   

2.9.   No  se  indemnizaron  los  gastos  funerarios     

Las  apoderadas  de víctimas Lucila  Torres  de  Arango  y Ruby  Stella  Castaño  Sánchez consideran  que  el  Tribunal  debió reconocer a las víctimas indirectas los gastos en que  incurrieron  con ocasión del fallecimiento de su familiar. Ello porque ese tipo  de   expensas  se  presumen  legalmente  y  no  requieren  de  ningún  tipo  de  prueba.   

En  particular,  la  doctora  Castaño  Sánchez, refiere los hechos 73,  75,  81,  76,  83,  82,  84,  86,  87, 88, 97, 92, 91, 93, 95 y 100 y la doctora  Torres de Arango a los hechos  55, 56, 58, 59, 62, 63,64, 65, 67, 68, 69, 64, 70 71.   

Consideraciones de la Sala  

      

Es bien sabido que dentro de los objetivos  esenciales  de la Ley de Justicia y Paz, según se desprende del contenido de su  artículo  1º,  se encuentra aquél encaminado a garantizar los derechos de las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación.  En tal sentido, el  artículo  8º  de  la  mencionada  normatividad, preceptúa que el derecho a la  reparación   de   las   víctimas   comprende  las  acciones  tendientes  a  la  restitución,  indemnización,  rehabilitación, satisfacción y garantía de no  repetición,     y     precisa     que     la     indemnización    «…consiste   en   compensar   los  perjuicios  causados  por  el  delito…».   

Implica   lo  anterior  que  la  misión  fundamental   de  la  ley  de  Justicia  y  Paz  consiste  en  contribuir  a  la  reconciliación  nacional,  bajo  la premisa previa e ineludible de garantizar a  las  víctimas  verdad,  justicia  y  reparación con ocasión de los perjuicios  causados por el delito.   

En  orden a definir los conceptos básicos  que  estructuran la indemnización que corresponde a las víctimas, es necesario  acudir  no  sólo  al  principio de complementariedad del artículo 62 de la Ley  975  de  2005,  sino  también  a  los  ordenamientos  jurídicos  afines  a  la  naturaleza  del  proceso  de  Justicia  y  Paz  y  a  las  orientaciones  de  la  jurisprudencia,  en  cuanto algunos aspectos relacionados con el tema continúan  sin regulación.   

Dentro de dichos lineamientos, para efectos  del  reconocimiento  y  liquidación  del  daño  emergente  con ocasión de los  gastos  funerarios  a  que se ven avocadas las víctimas indirectas en los casos  de   homicidio,  necesariamente  ha  de  acudirse  a  la  regla  jurisprudencial  contenida  en  múltiples fallos de esta Sala y del Consejo de Estado, según la  cual  debe  presumirse,  en  los  casos de homicidio, que existió un detrimento  patrimonial  mínimo  consistente  en  los costos funerarios a los que se vieron  obligadas  las  víctimas  indirectas,  expensas  que  emergen  directamente del  crimen perpetrado y que deben ser reparadas por el victimario.   

De  acuerdo  con lo anterior, es claro que  como  en  los  casos  resaltados por las apoderadas recurrentes, no se aportaron  elementos  de  convicción  suficientes que permitieran ofrecer certeza sobre la  existencia  de  tales  perjuicios  en  cabeza  de  las  víctimas indirectas, es  necesario   dar   aplicación   la  regla  jurisprudencial  en  mención,  y  en  consecuencia,   presumir   que   existió   un  detrimento  patrimonial  mínimo  consistente  en  los  respectivos  costos  del sepelio que debieron sufragar las  víctimas indirectas.   

Atendiendo  dicha premisa, el monto que se  reconocerá   en  virtud  de  esta  presunción  será  de  $600.000,  suma  que  corresponde  a  la  cuantía  media  demostrada  por  las víctimas a las que el  Tribunal a quo les reconoció  ese  rubro, la cual deberá ser debidamente indexada86.   

Así las cosas, la providencia impugnada se  modificara  en  orden a reconocer indemnización por concepto de daño emergente  a  cada  uno  de  los  grupos  familiares señalados por las recurrentes, en los  términos anteriormente descritos.   

2.10. No se consideró el abandono forzado  de bienes por las víctimas   

La doctora Torres  de  Arango  afirma  que el Tribunal omitió analizar y  resarcir  el abandono de tierras y bienes posterior al asesinato. Por ello, pide  reconsiderar  la indemnización decretada respecto de los núcleos familiares de  los  hechos  61,  63,  65  y  68  en relación con los cuales se legalizaron los  cargos de desplazamiento forzado y despojo de bienes.     

Consideraciones de la Sala  

La Sala reitera cómo, acorde con el canon  23  de  la  Ley  975  de  2005,  en  el  trámite  de reparación integral deben  demostrarse  los  daños  materiales  y  morales recibidos como consecuencia del  delito  cometido  por  el  grupo  organizado al margen de la ley, acorde con los  parámetros   de   flexibilización   probatoria  (no  eliminación    probatoria)    previstos    en    la  jurisprudencia transicional.   

En   ese   orden,   respecto  del  hecho  6187   el   Tribunal   a   quo   dispuso  reconocer  al  grupo  familiar  la  suma  de $1.500.000 por  gastos  fúnebres  en  tanto  fueron  acreditados.  De igual forma, señaló que  respecto  de  los  demás  bienes que se dice eran de  propiedad  de los extintos, no se reconocerá valor resarcitorio por los mismos,  toda  vez que no se demostró su preexistencia, la que debió acreditarse con la  documentación  pertinente expedida por las autoridades respectivas y por tanto,  no  resultan  de juicio las declaraciones extra juicio, que se insisten, carecen  de respaldo probatorio.   

Igual  determinación  adoptó frente a la  solicitud  de  resarcir  la  pérdida  de  bienes  en  el  hecho  6388,  6589             y             6890, esto es, las denegó porque  no   se   acreditó   la   existencia   de   los  bienes  relacionados  por  los  peticionarios   

Entonces,   el   Tribunal   no   omitió  pronunciarse  sobre  las  pretensiones  resarcitorias.  Por  el  contrario,  las  desestimó  porque  no  las  encontró  probadas, argumento que la recurrente no  rebatió,  por  ejemplo,  evidenciando  que  sí  suministró  la  prueba  de la  existencia  de  los  bienes. En ese orden, no se revocará la determinación del  a  quo,  con  mayor  razón  cuando  en  las  carpetas respectivas no se observan medios de convicción sobre  los bienes aducidos.   

De  otra parte, no se formuló pretensión  resarcitoria  frente al punible de desplazamiento forzado, razón por la cual el  Tribunal  no  se  pronunció  al respecto. Por ende, no se configura la falencia  atribuida al fallo.     

2.11.  No  se  reconoció  la  dependencia  económica de algunas víctimas indirectas   

La abogada Torres  de  Arango  pide  que  se  reconozca  que «existía   alguna   dependencia  económica  de  sus  hijos,  muy  frecuentes  en  nuestro  medio,  teniendo  en  cuenta  que es usual el aporte de  integrantes  de  la  familia para el sustento diario»  respecto    de    Eugenia  Contreras      (caso  61),    Cecilia   Pérez  (hecho  62),  Ana  Mercedes  Sánchez  de  Silva  (caso  66),    Martha    Ortíz  López   (hecho   68)   y  María  Maximiliana  Buitrago  (hecho  69). En tal sentido,  señala,  algunas  madres  aportaron  juramento  estimatorio  que  verifica  ese  hecho.   

Consideraciones de la Corte  

El  juramento estimatorio está reglado en  el  artículo  211  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  modificado  por  el  artículo    10   de   la   Ley   1395   de   201091,    en    los   siguientes  términos:   

Quien  pretenda  el reconocimiento de una  indemnización,  compensación  o  el  pago  de  frutos  o mejoras, deberá  estimarlo  razonadamente  bajo  juramento  en la demanda o  petición   correspondiente.  Dicho  juramento  hará  prueba  de  su monto mientras su cuantía no sea objetada por la parte contraria  dentro   del  traslado  respectivo.  El  juez,  de  oficio,  podrá  ordenar  la  regulación  cuando  considere  que  la  estimación  es  notoriamente injusta o  sospeche  fraude  o  colusión. (…). (subrayas fuera  de texto).   

Se  trata  de  un  mecanismo  aplicable al  trámite  de  Justicia  y Paz en virtud del principio de complementariedad, cuya  finalidad  consiste  en  permitir  que  la  víctima  valore el perjuicio a ella  causado.  Si  el estimativo no es controvertido por la contraparte, se acepta el  valor  fijado  como suma a indemnizar, en tanto esta figura procesal se funda en  el  principio  de la buena fe del artículo 83 Superior y busca otorgar agilidad  a  las actuaciones procesales permitiendo a las partes participar activamente en  la solución de sus conflictos de índole pecuniario.   

No  sobra  indicar  que la valoración del  juramento  estimativo  debe sujetarse a las reglas de apreciación del mismo, en  virtud  de  las  cuales,  no  basta con las afirmaciones del demandante, pues es  menester  de  una  parte,  que  las  sumas  se  encuentren  señaladas de manera  razonada,  y  de  otra,  que  de conformidad con la sustancialidad de las formas  debe  mediar  un  principio  de  acreditación,  siquiera precario, de cuanto se  expresa  en  él,  sin  olvidar,  que en el trámite de la Ley de Justicia y Paz  corresponde  al  postulado  pronunciarse al respecto y formular las objeciones u  observaciones  a  que haya lugar, o por el contrario, asumir una actitud pasiva,  denotando   con   ello   que   se  allana  al  pedimento  en  tales  condiciones  presentado.   

Entones,  el  juramento  estimatorio  se  utiliza  para  valorar  el  monto  del  perjuicio  causado  y  no para probar la  dependencia  económica, como lo pretende la recurrente. Por ello, debe acudirse  a  otros  medios  para  demostrar  esa  situación,  pruebas  ausentes  en  este  caso.   

La    revisión    de   las   carpetas  correspondientes  a  los  eventos citados evidencia cómo no se aportaron medios  de  convicción  sobre la dependencia económica de las progenitoras respecto de  sus  hijos  fallecidos,  entre  otras  cosas, porque en la mayoría de los casos  eran  casados  y  tenían  hijos,  obligaciones  que  debían  atender  de forma  prioritaria.   

La   presunción  legal  de  dependencia  económica   aplica  frente  a  hijos  menores  de  edad,  esposa  o  compañera  permanente.  Cuando  no  se  ostenta ese vínculo, debe demostrarse a través de  los   diversos   medios   previstos   en  el  ordenamiento  jurídico  nacional.   

En  el  evento  examinado, no se aportaron  elementos  de  convicción  sobre ese aspecto ni se detalló en qué consistió.  Por  ende,  se  denegará  la pretensión defensiva en la medida que el Tribunal  actuó  correctamente  al  fijar  la  indemnización  en  la  forma  en  que  la  elaboró.   

2.12.  No  se  reconocieron  las  cifras  indemnizatorias solicitadas   

La  apoderada  de  víctimas  Patricia  Alfonso Mondragón señala que el  Tribunal  no  reconoció  las  cifras  indemnizatorias  solicitadas,  las cuales  fueron  calculadas  con  base  en  el  dictamen  del  perito  financiero  de  la  Defensoría  del  Pueblo  y en criterios jurisprudenciales vigentes. Enlista los  siguientes  casos: 46, 48, 49, 28, 31-1, 31-2, 36-1/3, 45-2, 49-2, 45-3, 25, 26,  27-2, 27-3, 35, 38, 39, 42, 43, 44, 50, 52, 53-1.    

Pide ajustar las liquidaciones e incluir a  los  familiares  excluidos  en  tanto  la Fiscalía recopiló los documentos que  demuestran su vínculo y las afectaciones causadas.   

Consideraciones de la Sala  

Acorde  con el artículo 5º de la Ley 975  de  2005,  modificado  por  el artículo 2º de la Ley 1592 de 2012, víctima es  quien  individual  o  colectivamente  ha «sufrido   daños   directos  tales  como  lesiones  transitorias  o  permanentes  que  ocasionen  algún  tipo de discapacidad física, psíquica y/o  sensorial  (visual  y/o  auditiva), sufrimiento emocional, pérdida financiera o  menoscabo   de   sus   derechos  fundamentales»  como  consecuencia  de  las  acciones  delictivas  perpetradas por los miembros de los  grupos  armados  organizados  al  margen  de  la ley92.         

En ese orden, para acreditar esa condición  resulta  indispensable  demostrar,  i) el daño directo padecido y ii) que éste  se  genera  en  el  accionar  del  grupo ilegal. Así mismo, para identificar la  afectación,  se  requiere  determinar  la  clase  y  el monto del daño moral o  material causado.   

Y  según  el  inciso  segundo  del citado  canon,   si  la  persona  afectada  es  el  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente  o  familiar en primer grado de consanguinidad de la víctima directa  de  los  delitos  de homicidio o desaparición forzada, esto es, padres o hijos,  se    presume   la   afectación   moral  y,  por  ello,  con  la prueba del parentesco puede acreditarse la  calidad  de víctima y el daño inmaterial dada la presunción legal establecida  en su favor.      

La impugnante cuestiona la exclusión como  víctimas  de  madres,  padres y hermanos, pues en su opinión esa condición se  comprueba  con  el  registro civil, el cual fue suministrado en todos los casos.  Con  todo,  no  concreta  qué peticionarios (padres o  hermanos) fueron excluidos, situación que impide a la  Corte analizar dicho aspecto.   

No sobra recordar que la Ley de Justicia y  Paz  no  excluye  a  ningún  familiar  o allegado como potencial víctima de un  hecho  delictivo  cometido  por  el grupo organizado al margen de la ley. Por el  contrario,        el        artículo        593    ibídem    es  claro  en señalar que la condición de víctima se adquiere por  el  simple  hecho  de  padecer  un  daño como consecuencia del accionar de esas  estructuras delincuenciales.   

  Así se desprende de la definición  de  víctima  y  del  contenido  del inciso final de dicha preceptiva, según el  cual   «también  serán  víctimas  los demás familiares que hubieren sufrido daño como consecuencia de  cualquier  otra  conducta  violatoria  de  la ley penal cometida por miembros de  grupos  armados  organizados  al  margen  de la ley».  Es  decir, cualquier familiar que sufra un daño puede  acreditarse  como  víctima,  sólo  que ostenta la carga de probar el perjuicio  padecido,  pues  no  basta  demostrar  el  parentesco  como  sí  sucede  con el  cónyuge,  compañero  o compañera permanente y con los padres e hijos, dada la  presunción  establecida  en  su  favor  (SP 30/04/14,  Rad. No. 42534).    

Sin  embargo, se reitera, ante la falta de  individualización  de  los casos donde supuestamente se concretó esa falencia,  no es posible atender la pretensión de la impugnante.   

Respecto  de la liquidación de perjuicios  presuntamente  mal  realizada, la recurrente no explica la razón por la cual se  incurrió   en  esa  falencia,  pues  se  limita  a  señalar  que  «no    se    reconoció    el    valor  solicitado»   o  «se  reconoció  una  suma  muy  inferior  a  la  solicitada  en el dictamen pericial  allegado»,  sin desarrollar y demostrar su aserto. De  esta  manera,  no  se  sabe  cuál es el soporte probatorio de su disentimiento.   

Y  aunque  aduce  haber  aportado dictamen  suscrito  por  perito  de la Defensoría Pública, la elaboración de un estudio  contable  donde  se  liquide  una  indemnización  no  basta  para  considerarla  procedente.  Además  de  ello,  se  deben  suministrar  medios  de  convicción  demostrativos  de  que  quien la solicita tiene derecho a recibirla, bien porque  el  vínculo,  grado  de  parentesco  y/o  la  edad  obligaban al fallecido a la  manutención  del  reclamante  (esposa/o, compañera/o  permanente,   hijos  menores  de  edad)  o  porque  se  demostró  la  dependencia económica (cuando se aduce  frente   a   padres  u  otros  familiares  sin  capacidad  de  valerse  por  sí  mismos).   

Pues  bien,  la  revisión de las carpetas  correspondientes   a  los  casos  enlistados  por  la  impugnante  evidencia  lo  siguiente:   

Hecho   46,  homicidio  de  José    Alberto   Ibarra   Aguilar,   se  reconoció  a  los  padres 100 smlmv y a cada uno de los ocho hermanos 50 smlmv,  por      concepto      de      daño      moral94.  En  la  carpeta respectiva  sólo  se  observan  registros  civiles  y copias de cédulas de ciudadanía, de  forma  que  aunque  el  perito  contable  liquidó  el  lucro cesante, carece de  soporte  probatorio, con mayor razón cuando el obitado no dejó hijos, esposa o  compañera  permanente  y  los  hermanos  no demostraron vínculo económico que  hiciera  procedente  reconocer  el  perjuicio  material  aducido.  Por tanto, el  reproche carece de sustento.    

Hecho   48,  homicidio  de  Raúl    José   Contreras   Galvis,   se  reconoció  a  los  padres  100  smlmv  y a un hermano 50 smlmv, por concepto de  daño  moral95.  En  la  carpeta  respectiva  no  se  observan  pruebas  sobre los  perjuicios   materiales  causados,  razón  que  explica  por  qué  no  se  les  reconocieron,  máxime  cuando no hay hijos menores de edad, esposa o compañera  permanente,  personas  respecto de quienes se presume la dependencia económica.  Por tanto, el reproche carece de sustento.    

Hecho   49,  homicidio  de  Alirio  Ortíz Cantor, el Tribunal liquidó  perjuicios  morales  a la compañera y los hijos a razón de 100 smmlv para cada  uno;  así  mismo,  reconoció  daños materiales en cuantía de $105.604.138,26  respecto  de  la  compañera  y  el hijo menor de edad, para lo cual aplicó las  formulas  reconocidas  por  esta  Corporación  y  el  Consejo de Estado. Aunque  existe  diferencia  entre  lo  solicitado  y  lo  determinado,  la recurrente no  cumplió  con la carga procesal de explicar la razón por la que debe prevalecer  su pretensión; por tanto, se denegará su petición.   

   

Lo  anterior  con  mayor  razón cuando el  Tribunal  a  quo señaló que  Con  relación a la pretensión indemnizatoria por la  pérdida  de unos bienes, habrá de decirse que no se acreditó objetivamente la  preexistencia  y  propiedad  de  los  mismos,  así  como  tampoco  se allegaron  elementos  de  convicción  que  permitan calcular o determinar su valor actual,  razón   por   la   que   no   habrá   lugar   al   reconocimiento   por  dicho  concepto96,   razonamiento   frente   al   que   la   impugnante  no  efectuó  pronunciamiento.   

Hecho   28,   homicidio   de  Juan  De  Jesús  Alviadez  Gerardino, el  Tribunal  determinó que Como quiera que en pretérita  oportunidad  la  Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bogotá  mediante sentencia de 2 de diciembre de 2010, dispuso la indemnización  de  perjuicios a un grupo de víctimas por hechos que igualmente son controlados  formal  y  materialmente  en  el  presente fallo, las personas que se encuentran  relacionadas  en  el  cuadro  adjunto  a  continuación y que hacen parte de los  mismos,  no  serán objeto de decisión resarcitoria97,         argumento  frente al cual la recurrente no formula ningún reproche.   

De esta manera, sus representados ya fueron  indemnizados  por  los  mismos  hechos en anterior fallo judicial. Se deniega la  pretensión.   

Hechos  31-1  y  31-2,  homicidio  de  los  esposos  Martha  Cecilia  Hernández  Luque y Leonidas  Quintero  Mendoza,  el  Tribunal  liquidó  perjuicios  morales  a los hijos a razón de 150 smmlv para cada uno; así mismo, reconoció  daños  materiales  en  cuantía  de  $  4.142.152,54   respecto   de   dos  hijos  menores  edad98. Si bien se  advierte  diferencia  entre  lo  solicitado  y  lo determinado, la recurrente no  demuestra  que  deba  prevalecer  su  pretensión indicando las falencias en que  eventualmente   pudo  incurrir  el  a  quo; por ello, se deniega su solicitud.   

Hechos  36-1/3,  homicidio de Rosa   Alexandra   y   Nelly   Johana   Carrillo   Díaz,  el  Tribunal liquidó perjuicios morales a hijos y padres por 100  smmlv  para  cada  uno;  así mismo, reconoció daños materiales en cuantía de  $110.655.642,63   para   los   hijos  menores  edad99.  Y aunque existe diferencia  entre  lo solicitado y lo determinado, la recurrente no explica la razón por la  cual debe prevalecer su pretensión y por ello se denegará.   

Hecho  45-2,  homicidio  de  Fabio  Caviedes  Guevara,  la  Colegiatura  a  quo  liquidó  perjuicios  morales  a  compañera  e  hijos  por  100  smmlv  para cada uno y 50 smmlv para  hermanos;   así   mismo,   reconoció   daños   materiales   en   cuantía  de  $148.700.193,3  para  esposa  e  hijos  menores edad100. Y aunque existe diferencia  entre  lo solicitado y lo determinado, la recurrente no explica la razón por la  cual  debe  prevalecer  su  liquidación  frente  a  la de la judicatura, motivo  suficiente para denegar su solicitud.   

Hecho  49-2,  homicidio  de  Rosalba  Jaimes,  el Tribunal liquidó  perjuicios   morales   a   los   hijos   por   100   smmlv  y  50  smmlv  a  los  nietos101.  No  reconoció  daños  materiales  en  tanto  no se acreditó la  existencia  de compañero permanente o hijos menores de edad. Por tal razón, la  solicitud  de  resarcir  el lucro cesante no ostenta respaldo probatorio, motivo  por   el  cual  se  ratificará  la  decisión  del  a  quo,  con  mayor razón cuando la litigante no explica  por qué procedía el pago que reclama.   

Hecho  45-3,  Homicidio  de  Jorge  Yovanny  Ruiz  Guiza, la Colegiatura  a  quo  liquidó  perjuicios  morales    a    la    hermana    por    50   smmlv102  y  no  reconoció  daños  materiales  porque  no  se  demostró  dependencia  económica y el fallecido no  dejó  esposa  o  hijos.  En  consecuencia,  la  solicitud  de resarcir el lucro  cesante  no  ostenta  respaldo  probatorio,  motivo  que  determina ratificar la  decisión impugnada.   

Hecho   25,  homicidio  de  Rosa  Ayde  Esteban Rodríguez, el Tribunal  liquidó   perjuicios   morales   de   100   smmlv   para   la  hija103.   No  reconoció  daños  materiales  a  la  reclamante porque tenía más de 23 años  para  el  momento  del  fallecimiento  y  no demostró que existiese dependencia  económica.  Por  ende,  la  solicitud  de  resarcir el lucro cesante no ostenta  respaldo probatorio y por ello se ratificará la decisión.   

Hecho   26,  homicidio  de  Jaime   de   Jesús   Arango   Monroy,  la  Colegiatura  a  quo liquidó  perjuicios  morales  a  la esposa, hijos y madre a razón de 100 smmlv y 50 para  la  hermana.  Así  mismo,  reconoció  indemnización  por daños materiales en  cuantía         de         $1.559.228.350,50104  a esposa e hijos menores.  Para  los  restantes  familiares no reconoció esa medida porque no se demostró  dependencia  económica.  Revisada la carpeta respectiva, la Sala observa que no  aparece  prueba  de  tal  situación  ni  la  recurrente  señala  los medios de  convicción que la corroboran.   

Se repite, no basta que un perito contable  liquide  una  indemnización para darla por procedente. Se requiere, además, el  aporte  de  medios  de convicción que demuestren el fundamento de la petición.  En  este  caso,  no  se  probó  que la madre y la hermana del fallecido estaban  legitimadas  para  recibir ese beneficio, circunstancia por la cual se desestima  la pretensión.   

Hecho  27-2,  homicidio  de  Ángel  María Rivera Quintero, el Tribunal  liquidó  perjuicios  morales  a esposa e hijos por 100 smmlv para cada uno y 50  smmlv  para  hermanos;  así  mismo,  reconoció daños materiales para esposa e  hijos             menores            edad105,  para  lo  cual  aplicó  fórmulas  reconocidas por la jurisprudencia nacional. Además, la recurrente no  explica  por  qué  debe  prevalecer  su  pretensión  ni  cuál  es  su soporte  probatorio, motivo por el cual se denegará.   

En  cuanto a quien aduce ser la compañera  permanente106,  es  cierto  que  a folio 538 se le relaciona como víctima y, sin  embargo,  no se liquidó en su favor ninguna indemnización sin que se explicara  por  qué  se  excluía. Dicha omisión  impone declarar la nulidad parcial  para   que   la   primera   instancia   se  pronuncie  sobre  dicha  pretensión  resarcitoria.   

Hecho   27-3,  homicidio  de  Gabriel  Rivera  Quintero, la Colegiatura  a  quo  liquidó  perjuicios  morales    a    la    hermana    por    50   smmlv107  y  no  reconoció  daños  materiales  porque  no  se demostró dependencia económica. En consecuencia, la  solicitud  de  resarcir  el lucro cesante no ostenta respaldo probatorio, motivo  por el cual se ratificará la decisión impugnada.   

Hecho   35,  homicidio  de  Jesús  David  Corzo  Mendoza, el Tribunal  liquidó  perjuicios  morales  de  100  smmlv  para  madre,  esposa  e  hijos  y  reconoció     por     daño     materiales     $138.919.018,30108.  Aunque existe  diferencia  entre lo solicitado y lo ordenado, la recurrente no explica por qué  debe prevalecer su pretensión, razón suficiente para denegarla.   

Hecho   38,  homicidio  de  Jaime  Alain  Escalante  Castellanos,   la  Colegiatura a quo liquidó  perjuicios  morales  de  100  smmlv  para  madre  e  hijos  y 50 para hermanos y  reconoció     por     daño     materiales      $46.353.794,20109. Con todo,  la  impugnante  no  explica  la razón por la cual debe prevalecer su criterio y  por ello se deniega su petición.   

Hecho   39,  homicidio  de  Eduardo   Márquez   Meza,   el  Tribunal  liquidó  perjuicios  morales  de 100 smmlv para compañera e hijos y reconoció  por     daño     materiales     $346.302.793,58110.  Existe  diferencia entre  lo  solicitado  y  lo  ordenado,  pero la recurrente no explica la razón por la  cual debe prevalecer su criterio.   

Hecho   42,  homicidio  de  Jorge  Eliécer  Rosas Luna, la Colegiatura  a  quo  liquidó  perjuicios  morales  de  100  smmlv  para  compañera,  padre  e hijo y reconoció por daño  materiales            $178.324.705,40111.  Aunque existe diferencia  entre  lo  solicitado  y  lo  reconocido, no se demuestra que deba prevalecer la  liquidación  de  la  impugnante  frente a la del a quo  y por ello se denegará su pretensión.   

En  cuanto a la exclusión de Juan  Sebastián  Rosas  Rivera,  la  Sala  observa  que  no  se  aportó copia del registro civil que refiera el parentesco  aducido,  situación  que  impide acoger la solicitud y explica su no inclusión  en  la  sentencia  en tanto los peticionarios incumplieron con la carga procesal  de evidenciar el vínculo familiar.    

Hecho   43,  homicidio  de  Wilson   Javier  Villamizar,  el  Tribunal  reconoció   100   smmlv   por   daño   moral   a   la  progenitora112.   No  liquidó  daños  materiales  porque  no se demostró dependencia económica. En  consecuencia,  la  solicitud  de  resarcir  el lucro cesante no ostenta respaldo  probatorio. Por ende, se ratificará la decisión.   

Hecho   44,   homicidio   de    Daniel    Ibáñez    Monsalve,   la  Colegiatura  a  quo  liquidó  perjuicios  morales  de  100 smmlv para compañera e hijo y reconoció por daño  materiales            $100.399.283,68113.  Aunque existe diferencia  entre  lo  solicitado y lo reconocido, la recurrente no explica la razón por la  cual  debe  prevalecer  su  criterio  y,  por  ello,  se denegará su solicitud.   

Hecho   50,  homicidio  de  José         Álavaro         Hernández         Cuevas,  el  Tribunal  reconoció   100   smmlv   por   daño  moral  a  la  progenitora  y  50  a  los  hermanos114.  No  liquidó daños materiales porque no se demostró el vínculo  económico. Por tanto, se ratificara la decisión recurrida.   

Hecho   52,   homicidio   de   Alonso   Angarita  Monroy,  la  primera  instancia   reconoció  100  smmlv  por  daño  moral  a  compañera  e  hija  y  $164.814.185,4    por    perjuicios    materiales115. En consecuencia, contario  a  lo  esbozado  por  la  recurrente,  el  Tribunal  sí  reconoció  y liquidó  indemnización por los daños acreditados.   

Hecho  53-1,  homicidio  de  Jesús  Suescún  Flórez,  la Colegiatura  a quo reconoció 50 smmlv por  daño  moral  al  hermano.  No liquidó daños materiales porque no se demostró  dependencia  económica,  con  mayor  razón cuando el obitado no dejó esposa o  hijos.  En  consecuencia,  la  solicitud de resarcir el lucro cesante no ostenta  respaldo   probatorio,   motivo   por   el  cual  se  ratificará  la  decisión  impugnada.   

   

2.13.  La  indemnización  se liquidó con  base en un salario menor al demostrado.   

Ruby Stella Castaño Sánchez,  apoderada  de  víctimas,  pide  modificar  la sentencia porque se  liquidaron   perjuicios   morales   para   padres  y  hermanos  de  Raúl   y  Henry  Álvarez    Velásquez   por   100   y   50   smmlv,  respectivamente,  cuando  debió  ser  200  y 100 en tanto son dos las víctimas  directas    (hecho   84).   

De igual forma, advierte que en el hecho 83  se  probó  la  dependencia  económica de María Elena  Galvis  con  su  hijo  y  no  se  le  reconoció lucro  cesante.  En  el  evento 77, aduce, se demostró con certificación de contadora  pública  que  la  fallecida  ganaba  dos  millones  de  pesos  y sin embargo se  liquidó  con  base  en  el  mínimo;  igual situación advierte frente al hecho  99.   

Consideraciones de la Sala  

1.  Acorde  con  lo  documentado  en  el  expediente  (hecho  84), los  hermanos  Raúl y Henry    Álvarez    Velásquez    fueron  asesinados  el 3 de septiembre de 2000 en Tibú. Les sobreviven el padre y siete  hermanos,   a   quienes  el  Tribunal  reconoció  100  y  50  smmlv  para  cada  uno116     como     indemnización     por    los    perjuicios    morales  sufridos.   

Sin embargo, como se trata de dos víctimas  directas,  los  peticionarios tienen derecho a que se les indemnice por cada uno  de  sus  familiares muertos, en tanto el Tribunal sólo liquidó daños respecto  de  uno  de  ellos. En consecuencia, al padre le corresponden 200 smmlv y a cada  hermano  100  smmlv.  Por  tal  motivo,  la  Corte  reformará la sentencia para  precisar  que  la  indemnización  a  este  grupo  familiar  asciende a la cifra  indicada.          

2. La recurrente demanda reconocimiento de  perjuicios  materiales  para  la  señora  María Elena  Galvis  por  cuanto  probó  la dependencia económica  respecto  de  su hijo Jairo Guerrero Galvis   (hecho  83).  Con  todo,  la  Sala  no  accederá  a  esta  pretensión  en  tanto  el aludido vínculo pecuniario no se  demostró.   

Hay  dependencia  económica  cuando  la  supervivencia  y  atención de las necesidades básicas diarias está atada a la  ayuda  financiera de otra persona. Frente a la esposa/o, compañera/o permanente  e  hijos  menores  de  edad,  la  ley  presume  ese vínculo, de forma que basta  demostrar   la   relación   familiar   para   verificar   su  existencia.    

Esa  presunción  no opera respecto de los  padres,  de  suerte  que debe demostrarse la  ausencia  de  recursos  propios y la dependencia total o parcial  evidenciando  la recepción periódica, no ocasional, de recursos sin los cuales  no podrían satisfacer las necesidades diarias fundamentales.   

En  el  evento examinado, esa prueba está  ausente  porque  la  declaración  extra juicio aportada, sin juramento, vertida  once  años  después  del  deceso, no suministra el más mismo detalle sobre la  razón  de  la  afirmación, motivo por el cual no ostenta peso legal o material  para   evidenciar  el  aludido  aspecto.  Así,  no  se  explicó  cómo  estaba  conformado  el  núcleo familiar ni a qué labores se dedicaban sus integrantes,  aspectos  necesarios  para  dilucidar  el asunto, con mayor razón cuando varios  hijos  de  la  peticionaria en esa época eran mayores de edad. En consecuencia,  se ratificará la decisión impugnada.   

3.     La    doctora    Castaño  Sánchez afirma que está probado  que    Martha   Stella   Viancha   Rangel  devengada  $2.000.000,oo mensuales y, sin embargo, la liquidación  se  hizo  con  base  en  el  salario  mínimo  (hecho  73)117  y  por  ello  pide  la  corrección del  fallo.   

El  Tribunal  reconoció  100  smmlv  para  esposo  e  hijos  de  la  fallecida  por  perjuicio  morales  y la suma de   $87.365.656,72     por     daños     materiales118  con  base  en  el salario  mínimo.  Revisadas  las  carpetas   correspondientes, la Sala no halló la  certificación  mencionada  por la recurrente, motivo por el cual ratificará la  determinación  de  primera  instancia, dada la ausencia de prueba de un ingreso  diferente al considerado en la sentencia.   

4.  Frente  al  hecho  99,  referido  al  homicidio  de  9 personas perpetrado el 5 de agosto de 2000 en el sitio conocido  como  San  Roque,  sobre  la vía Cúcuta-Sardinata en Norte de Santander, entre  ellas  Carmen  Emiro  Sánchez  Coronel,  la   Colegiatura   a   quo   reconoció  100  smmlv  para cada una de las compañeras e hijos del  fallecido  por  concepto  de perjuicio morales y la suma de  $97.393.490,27  por daños materiales  con base en el salario mínimo.   

Revisadas     las     carpetas   correspondientes,  la  Sala encontró certificación expedida por la Secretaría  de  Educación  de  Norte  de  Santander  en  la  que  detalló  los ingresos de  Sánchez   Coronel   como  director    de    escuela    en   el   año   2000119,   así:   $1.445.999  de  sueldo  y  $144.600  como  sobresueldo  y  $927.849120  de  prima  de navidad, lo  cual  arroja  un  promedio mensual de $1.667.919,75, suma con base en la cual se  debió  efectuar la liquidación del lucro cesante. Por ende, asiste razón a la  impugnante y se procede a reliquidar este rubro.   

$1.667.919,75       – 25% (gastos  propios)=$1.250.939,8.  Dicho  salario  se  actualiza,  así:   

$1.250.939,8    x    IPC   junio   de  2015(122,08236)              =$2.497.484,5   

              IPC agosto de 2000 (61,14860)   

Lucro     cesante     pasado     o  consolidado   

S=    Ra    x   (1+i)n   – 1   

I  

Donde,  S  es  la  suma  de indemnización  debida,  i  es la tasa de interés puro (0.004867), n es el número de meses que  comprende  el  periodo  a  indemnizar (179) meses desde la fecha de la muerte al  momento de la liquidación) y 1 es una constante matemática.   

$2.497.484,5   x  (1  +  0.004867)179-1  =                     $710.562.020,3   

                      0.004867   

Esta  cifra  se deberá repartir entre las  compañeras    reconocidas    por   el   Tribunal   a  quo y el hijo menor de edad para el momento del deceso  (José     Emilio     Sánchez,     nacido     el  28/12/84).   

Lucro cesante futuro  

Este rubro sólo se reconoce a la esposa y  compañera   (Argenis   Quintero   y  Mayra  García  Ibáñez),  por  cuanto para la fecha los hijos ya han  superado  la  edad  prevista en la ley para las obligaciones de sostenimiento de  los padres.   

En  razón a ello, se parte del límite de  vida  máximo  más bajo de los compañeros (se aportaron registros civiles), el  cual        corresponde        a        30,91121.   

S  =  R  x  (1+i)n  -1   

i(1+i)n  

Donde, S es el valor que ha de pagarse como  anticipo  de  lo perjuicios futuros, R es el ingreso o salario actualizado, i el  interés  legal  del  6%  anual (0,004867)    y   n   el   número   de  meses  a  liquidar  (191  meses,  descontados  ya  los 179 meses tenidos en cuenta como  lucro cesante consolidado).   

$2.497.484,5          (1+  0,004867)191-1                    =          $310.161.710,8   

    0.004867 (1+0.004867)191   

                                                                 

Esta   suma  se  divide  entre  las  dos  compañeras  del  obitado reconocidas por el Tribunal a  quo.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.          DECLARAR que no  procede       la       nulidad      solicitada  por  el  Ministerio  Público respecto del contexto y el  incidente de reparación integral.   

2.          DECLARAR LA NULIDAD PARCIAL del  fallo  a  efectos  de  que  el  Tribunal  proceda a decidir las  pretensiones  oportunamente  radicadas  por  los  apoderados  de  las siguientes  víctimas,  determinación  que  se  integrará  a  la sentencia materia de este  recurso:   

–  Hecho  30,  homicidio  de Carlos Celis Suescún;   

–  Hecho  8,  desplazamiento  forzado  del  núcleo  familiar  de  Ana Dilia Villamizar;   

–  Hecho  32,  servicio  de  salud  para  Nancy  Patiño  de  Wallens;   

–   Hecho   4,   petición   relativa  a  Jesús   Aparicio   Vera;   

–   Hecho   12,   solicitud   relativa  a     Deiver     Sánchez     Lizarazo;   

–  Hecho  68,  petición  de  José          Julián         Hernández         Jaimes;   

–  Hecho  27,  solicitud  de  Damarys      García     Guevara.    

        3.        REVOCAR  la legalización de los cargos de  conservación  o  financiación  de plantaciones, tráfico, fabricación o porte  de  estupefacientes, destinación ilícita de muebles o inmuebles, tráfico para  el  procesamiento  de  narcóticos  y  existencia,  construcción y utilización  ilegal  de  pistas  de aterrizaje. Consecuentemente, SE  REVOCA     la    condena    impuesta    por    estos  delitos.   

4.  REVOCAR  el  numeral 34 del fallo.   

5.  REVOCAR  el  reconocimiento  como  víctimas  y  la  indemnización decretada respecto de las  personas  enlistadas  en los folios 479 a 481 de la sentencia y el resarcimiento  en  favor  de  Yury Emilia Martínez Díaz.                     

6.  REVOCAR  la  indemnización  decretada  en beneficio de los familiares de los integrantes del  Bloque Catatumbo referidos en los hechos 23 y 54.   

7.  REVOCAR   la  orden  de  extinguir  el  dominio  de  los  bienes  enlistados  en  la parte  considerativa de la decisión.   

8.  REVOCAR  las  órdenes  que  se  deriven  de  los  apartados 538, 540 y 550 a 575 del fallo de  primera instancia.    

9. ACLARAR que las  atribuciones  de  responsabilidad  efectuadas  en  la  sentencia a instituciones  públicas  y  privadas  exceden  la  competencia  del Tribunal y no sustentan el  fallo.   

10. MODIFICAR las  indemnizaciones  relacionadas con los hechos 84 y 99, las cuales corresponderán  a los montos señalados en el acápite explicativo del fallo.   

11.  MODIFICAR el  fallo  de primer grado en el sentido de reconocer como indemnización por gastos  funerarios  la suma de $600.000, debidamente indexada, a los núcleos familiares  de  los hechos 73, 75, 76, 81, 82, 83, 84, 86, 87, 88, 91, 92, 93, 95, 97, y 100  representados     por     la     doctora    Castaño  Sánchez  y 55, 56, 58, 59, 62, 63,64, 65, 67, 68, 69,  64,  70  71  solicitados  por  la  abogada  Torres  de  Arango.   

12.  CONFIRMAR en  todo lo demás el fallo de primera instancia.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia del 27/04/11 Rad. 34547.   

2 Cfr.  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado  que  devora  el  país,  agosto de 2004, www.javiergiraldo.org. También  Equipo    Nizkor,    Conflicto    Armado    y   Paramilitarismo   en   Colombia,  www.derechos.org.;  Fundación haz lo posible, Origen y Desarrollo de los Grupos  Paramilitares,  abril  de  2004,  canalsolidario.org;  Rivas  Nieto  Pedro y Rey  García   Pablo,  Las  Autodefensas  y  el  Paramilitarismo  en  Colombia,  1964  –  2006,  enero de 2008,  confines.mty.itesm.mx;  Pérez  Gallo,  Miriam  Stella,  Sentidos  de  memoria e  historia  sobre el paramilitarismo en Colombia en el marco del actual proceso de  negociación       para       la       reincorporación      a      la      vida  civil,www.scribd.com.   

3 Cfr.  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado  que  devora  el  país,  agosto de 2004, www.javiergiraldo.org. También  Equipo    Nizkor,    Conflicto    Armado    y   Paramilitarismo   en   Colombia,  www.derechos.org.;  Fundación haz lo posible, Origen y Desarrollo de los Grupos  Paramilitares,  abril  de  2004,  canalsolidario.org;  Rivas  Nieto  Pedro y Rey  García   Pablo,  Las  Autodefensas  y  el  Paramilitarismo  en  Colombia,  1964  –  2006,  enero de 2008,  confines.mty.itesm.mx;  Pérez  Gallo,  Miriam  Stella,  Sentidos  de  memoria e  historia  sobre el paramilitarismo en Colombia en el marco del actual proceso de  negociación       para       la       reincorporación      a      la      vida  civil,www.scribd.com.   

4  El  decreto  mencionado  se  emitió  al amparo del Estado de Sitio declarado en ese  momento a través del Decreto 1288 del 21 de mayo de 1965.   

5  Excepto los artículos 30 y 34.   

6 Cfr.  Decreto Legislativo 3398 de 1965.   

7 Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, Sentencia del 5 de julio de 2004, Caso 19  Comerciantes contra Colombia, numeral 84 a).   

8 Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, Sentencia del 5 de julio de 2004, Caso 19  Comerciantes contra Colombia, numeral 84 d).   

9  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado que devora el país, agosto de 2004, www.javiergiraldo.org.   

10 El  MAS  se  conforma  a  partir del secuestro de Marta Nieves Ochoa, pariente de un  miembro del Cartel de Medellín.   

11  Verdadabierta.com   

12  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado que devora el país, agosto de 2004, www.javiergiraldo.org.   

13  International     Peace    Observatory,  Balance  del Proceso de Desmovilización de los Paramilitares en  Colombia, Justicia, 10 de julio de 2007, www.peaceobservatory.org.   

14 Ib.  International     Peace    Observatory, www.peaceobservatory.org.   

15  ACNUR,   Grupos   Paramilitares   y   de   Autodefensa,  www.acnur.org.com  e Ib.  International     Peace    Observatory, www.peaceobservatory.org.   

16  Cfr.                            www.fiscalia.gov.co  Estadísticas   Dirección   de  Fiscalía  Nacional  Especializada   de   Justicia   Transicional,  datos  actualizados a 31 de julio de 2015.   

17  Cfr.                            www.bdigital.unal.edu.co.  Universidad  Nacional  de  Colombia, Observatorio de Procesos de  Desarme,      Movilización     y     Reintegración,     ODDR.     Estructuras    de    Autodefensas    y    Proceso    de    Paz   en  Colombia,  pág. 7: «…3.  A  modo  de  síntesis.  De  las  40 estructuras de Autodefensas que operaron en  Colombia,  34  de  estas  se desmovilizaron en 37 ceremonias, durante el periodo  comprendido  entre el año 2000 y 2006. Algunas se desmovilizaron en más de una  ceremonia.   Los  Anillos  de  Seguridad  se  desmovilizaron  en  una  ceremonia  adicional,  para  un  total  de  38  ceremonias  (Ver tabla No. 6)».   

18  Cfr.                            www.fiscalia.gov.co  Estadísticas   Dirección   de  Fiscalía  Nacional  Especializada   de   Justicia   Transicional,  datos  actualizados a 31 de julio de 2015.   

19  Rad.  23973  contra  Ana  María  Flórez;  Rad. 26118 contra Erick Julio Morris  Taboada;  Rad.  26470  contra  Mauricio  Pimiento; Rad. 26470A contra  Luis  Eduardo  Vives  Lacouture; Rad. 26942 contra Reginaldo Enrique Montes Álvarez y  Juan  Manuel  López  Cabrales; Rad. 27195 contra Karelli Lara Vence; Rad. 29640  contra   Ricardo   Escure  Chacón;  Rad.  31943  contra  Jorge  Eliécer  Anaya  Hernández;  Rad.  27941  contra  Gonzalo  García  Angarita;  Rad. 32672 contra  Salvador   Arana   Sus;   Rad.   23802   contra   Vicente   Blell   Saad,  entre  otros.   

20  Cfr.:    318.    Referencias    a    José   Miguel  Narváez,   ex  Subdirector  del  DAS;  323  y  340.  Referencias  a José Bernardo Lozada Artuz    y    José    Alexander   Sánchez  Castro,  ex  oficiales  del Ejército Nacional; 337 y  354.  Referencias  a  Jorge  Muñoz,  Teniente  de  Infantería  de  Marina y el  Contraalmirante         Armando        Rodrigo  Quiñónez; 4.5.3.2.5.1. Referencia a los Mayores del  Ejército  y  la  Policía  Nacional Mauricio Llorente  Chávez    y  Harbey  Fernando  Ortega Ruales; 4.5.3.2.5.2. Referencia al TE  Luis    Fernando   Campuzano   Vásquez,  miembro  del  Ejército  Nacional.  4.5.3.2.7.1.  Referencias  a  alcalde   y   concejales   de   Tibú.4.5.3.2.7.2.   Referencia  a  Jorge  Díaz,  Director del DAS en Norte  de  Santander. 440. Referencias a integrantes de las mismas instituciones, entre  otras menciones.   

21  Cfr.  CSJ  SP  27  Ab  de 2011 Rad. 34547. La región está integrada por quince  municipios,  siete  del  primer  departamento y ocho del segundo; los municipios  bolivarenses  son  El  Guamo,  San Juan Nepomuceno, María La Baja, San Jacinto,  Zambrano,  Carmen  de  Bolívar  y  Córdoba  (Tetón). Los de Sucre son Ovejas,  Colozó,  Los  Palmitos,  Morroa, San Antonio de Palmito, Tolú Viejo, Chalán y  San Onofre   

22 El  territorio   montañoso   corresponde  a  la  Cordillera  Oriental,  cuya  parte  meridional,  en  límites  con  el  departamento  de Santander, forma el Nudo de  Santurbán,  del  cual se desprenden dos grandes ramales, uno que sigue hacia el  norte  para formar la Serranía de los Motilones y otro hacia el noreste, que se  interna  en la República de Venezuela. Se destacan numerosas elevaciones, entre  ellas  los  páramos  de Tamá con 3.329 m sobre el nivel del mar, y Santurbán;  los  cerros  de Bobalí Sur, Central y Norte y jurisdicciones, y la Serranía de  Tibú.  La  unidad  plana  cubre  principalmente  el  norte  del  departamento y  corresponde  al  valle  del  río  Catatumbo,  formado por los dos ramales antes  mencionados; aquí los suelos son aptos para la agricultura.   

23  www.acnur.org   «Algunos   indicadores   sobre   la  situación    de   derechos   humanos—La  Región  del  Catatumbo», octubre de  2004.   

24  Cfr.  Fl.  37  Escrito  de Formulación de cargos, fechado el 10 de noviembre de  2011.   

25  Audiencia  de  control  formal  y  material de cargos, sesión de 24 de julio de  2012,  información  presentada por la Fiscalía de versión libre del postulado  SALVATORE     MANCUSO     GÓMEZ     de   20  de  diciembre de 2006.    

26  Ver  N° 255: Fls. 135 a 137 fallo.   

27 Ver  Fls.  133  y  134  sentencia:  Se  refiere  a  la  versión  libre del postulado  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  cumplida  el 20/12/06, presentada por la FGN en la audiencia de control formal y  material de cargos, sesión del 24/07/12.   

28  Cfr.  Fl. 134 sentencia recurrida. Se refiere a la intervención de Mancuso   Gómez   presentada   en   la  audiencia  de  control formal y material de cargos, sesión del 01/08/10, minuto  00:15:38.   

29  Cfr.  Fl. 37 Escrito de Formulación de Cargos presentada por la Fiscalía el 10  de Noviembre de 2011.   

30  Cfr.  Pie de página 244, Fl. 186 sentencia apelada, donde se cita esta fuente y  se  precisa  que   la  información  suministrada en la audiencia del 20 de  diciembre  de  2006  obra  a  los minutos 4:31:40 y 4:34:13, mientras la traída  durante  la  audiencia  de control formal y material de cargos, sesión de 24 de  julio de 2012 se registra al minuto 01:10:31.   

31  Respecto  de  estas personas, la sentencia recurrida aclara que no se precisaron  los nombres de las personas cuyos alias se registran en ese aparte.   

32  Cuaderno  original correspondiente al Bloque Montes de María. La Convención se  celebró durante el 16, 17 y18 de mayo de  1998.   

33  Cfr.  Fls.  235  a 258, carpeta anexa N° 9, Estatutos  ACCU.   

34  Formada  por  los  municipios  de  Chinácota,  Chitagá,  Cácota,  Bochalema y  Durania.   

35  Fls. 42 y 18 Escrito de acusación del 10/10/11.   

36  Versión  de  Salvatore  Mancuso Gómez, 20 de diciembre de 2006 (min. 9:31:40 a  9:34:13).   

37  Versión libre del 17 de mayo de 2007.   

38 Se  trata  de  una sentencia parcial que no incluye todos los hechos perpetrados por  el  Bloque  Catatumbo, pues en el Tribunal Superior de Bogotá, Sala de Justicia  y  Paz,  se  adelanta  el  proceso  No.  2014-00027  contra esa misma estructura  delictiva, el cual se surte bajo el esquema de caso priorizado.   

39 Se  trata  de  los apoderados de SALVATORE MANCUSO GÓMEZ,  JORGE  IVÁN  LAVERDE,  JOSÉ BERNARDO LOZADA ARTÚZ, ISAÍAS MONTES HERNÁNDEZ,  LENIN   GIOVANNY  PALMA  BERMÚDEZ  y  JUAN  RAMÓN  DE  LAS  AGUAS,    quienes   se   pronunciaron   en   el   traslado   a   los   no  recurrentes.   

40 Por  su  parte,  la  Fiscalía  expidió la Resolución 1810 de 2012 mediante la cual  creó  la  Unidad Nacional de Análisis y Contextos, y en la Directiva 001 del 4  de  octubre  de 2012 define el contexto como: Marco de  referencia  contentivo  de  aspectos  esenciales,  acerca  de elementos de orden  geográfico,  político,  económico,  histórico  y  social,  en el cual se han  perpetrado  delitos  por  parte  de grupos criminales, incluidos aquellos en los  que  servidores públicos y particulares colaboran con aquellos. Debe igualmente  comprender  una descripción de la estrategia de la organización delictiva, sus  dinámicas  regionales, aspectos logísticos esenciales, redes de comunicaciones  y  mantenimiento de redes de apoyo, entre otros. No bastará con la descripción  de  la estructura criminal o  una   enunciación   de   sus   víctimas,  sino  que  se  deberá  analizar  su  funcionamiento.   

41  PAUL  RICOEUR.  La  memoria,  la  historia, el olvido, México, Fondo de Cultura  Económica, 2004. p. 606.   

42  Cfr.                            www.lamaquinademercadeo.com.       Sistema       Duct      Tape  Marketing,     El     Reloj     de    Arena    del  Mercadeo,  John  Jantsch.  Esta  teoría  ha  sido  utilizada  para  explicar  múltiples  situaciones, por  ejemplo, los pasos previos para la generación de ventas.   

43  Cfr. Folios 264 y 265 de la sentencia.   

44  Cfr. Folios 268 y 269 de la sentencia.   

45  Cfr. Ver apartados 309 y 310, entre otras.   

46 En  sesiones  del  1, 2, 12, 13 1,13 15,16,  20, 21, 22, 23, 26 y 27 de agosto;  2, 3 y 4 de septiembre de 2013.   

47  Cfr.   Audio   primera   sesión   del   1   agosto   de   2013,   minuto  66  y  siguientes.   

48 La  sentencia  C-180  de  2014 se dio a conocer mediante comunicado de prensa No. 10  del  27  de  marzo de 2014 y la C-286 de 2014, a través de comunicado de prensa  No. 19 del 21 de mayo del mismo año.   

49 La  situación  difiere  de  la  considerada  por la Corporación en AP4505 del 5 de  agosto  de 2014 (Rad. 44154), pues en esa oportunidad no se dio la oportunidad a  las  víctimas  de valorar y probar sus pretensiones indemnizatorias, motivo por  el cual el Tribunal no tasó los daños causados.   

50  Corte  Constitucional,  sentencias C-973 de 2004, T-832 de 2003, C-327 de 2003 y  C-551  de  2003,  entre otras: “En el mismo sentido,  esta  corporación ha expuesto en forma reiterada que cuando en una sentencia no  se  ha  modulado  el  alcance  del  fallo, los efectos  jurídicos  se  producen  a partir del día siguiente a la fecha en que la Corte  ejerció,  en el caso específico, la jurisdicción de que está investida, esto  es,  a  partir  del  día  siguiente  a  aquél  en  que  tomó  la decisión de  exequibilidad  o  inexequibilidad,  y no a partir de la fecha en que se suscribe  el  texto  que a ella corresponde o de su notificación o ejecutoria” (subrayas fuera del texto original).   

51 Ver  folios 804 y 807, numeral vigésimo del fallo confutado.   

52  Numeral    trigésimo    sexto   de   52 Numeral  trigésimo noveno del fallo.   

la sentencia.  

53  Numeral  trigésimo noveno del fallo.   

54 Los  apoderados de los postulados.   

55 A  partir  del  folio  129 de la sentencia EL Tribunal cita en múltiples ocasiones  la    confesión   de   MANCUSO   GÓMEZ.     

56 Ver  folios 141, 159 del fallo, entre otros.   

57  Cfr. Folio 163, entre otros.   

58 Ver  folio 165, entre otros.   

59 Ver  Folio 253, entre otros.   

60  Cfr. Folio 166, entre otros.   

61  Según   el  artículo  2.2.5.1.2.2.3  del  Decreto  1069  de  2015  patrón  de  macrocriminalidad,  es  el  conjunto  de  actividades  criminales,  prácticas  y  modos  de  actuación criminal que se desarrollan de  manera  repetida  en  un  determinado  territorio y durante un periodo de tiempo  determinado,  de  los  cuales  se pueden deducir los elementos esenciales de las  políticas  y  planes  implementados por el grupo armado organizado al margen de  la   ley   responsable   de  los  mismos.  La  identificación  del  patrón  de  macrocriminalidad  permite  concentrar  los  esfuerzos  de investigación en los  máximos  responsables  del  desarrollo  o  realización  de  un plan criminal y  contribuye  a develar la estructura y modus operandi del grupo armado organizado  al  margen  de  la  ley,  así  como  las  relaciones  que  hicieron  posible su  operación.   

62 El  término  se  introdujo  a  justicia transicional a partir del 3 de diciembre de  2012  con  la  expedición  de  la  Ley 1592 y sólo hasta el 26 de diciembre de  2013,  con  el  Decreto  3011, se otorgó una definición del mismo (artículos             16            y            17).       

63  Modificado por la Ley 1592 de 2012.   

64  Cfr.   Versiones   libres   de   SALVATORE   MANCUSO  GÓMEZ  de  mayo de 2007 y febrero de 2009 y versión  conjunta de noviembre de 2011.   

65  Cfr. CSJ AP501-2014 y SP200-2014.   

66  Esta  Corporación  emitió concepto favorable a la extradición de SALVATORE   MANCUSO   GÓMEZ  el  24  de  noviembre  de  2004,  Rad. 22245, frente al cargo contenido en la acusación No.  02-388ESH,  dictada  el  17 de septiembre de 2.002, en la Corte Distrital de los  Estados  Unidos  para  el Distrito de Columbia, relativo a la conspiración para  cometer  los  delitos  de importar 5 kilogramos o más de cocaína a los Estados  Unidos  desde  Colombia;  y  para  fabricar  y distribuir 5 kilogramos o más de  cocaína,  con  la  intención  y  a  sabiendas  que la sustancia se importaría  ilícitamente  a los Estados Unidos. Fue extraditado por el Gobierno Nacional el  13 de mayo de 2008.   

67 En  la intervención de la audiencia del 4 de abril de 2013.   

68  Cfr. Folio 382 del fallo impugnado.   

69  Existente entre marzo de 1999 a diciembre de 2004.   

70  Modificado por el canon 12 de la Ley 1592 de 2012.   

71  Este  canon  fue  modificado  por  el  artículo  25 de la Ley 1592 de 2012; sin  embargo,  la  redacción  original  se  reincorporó  al  ordenamiento jurídico  nacional  a  partir  del  21 de mayo de 2014, en virtud de la sentencia C-286 de  2014 que declaró la inexequibilidad de la reforma.   

72  Diccionario de la Reala Academia Española, edición 22.   

73  Según  esa  norma,  el  Estado debe implementar todas las medidas de atención,  asistencia y reparación a las víctimas.    

74 Ver  folios 479 a 481 del fallo.   

75 El  Decreto  1069  de  2015,  por medio del cual se recopiló la reglamentación del  Sector    Justicia,    en    términos    similares    establece:   Artículo  2.2.5.1.2.2.13.  Demostración  del  daño  directo.  La  demostración  del  daño  directo a que se refiere  el artículo 5º de la  Ley  975  de  2005,  se  podrá  realizar  mediante  alguno  de  los  siguientes  documentos, sin que ello implique una lista taxativa: (…)   

e) Certificación  que  acredite  o  demuestre  el  parentesco con la víctima, en los casos que se  requiera,     la     que    deberá    ser    expedida    por    la    autoridad  correspondiente. (negrilla  fue de texto).   

76  Comunicado de prensa No. 45 del 7 de octubre de 2015.   

77  Negrilla fuera del texto original.   

78 No  estudió   el   segundo   inciso   porque   el   cargo   no   fue  correctamente  formulado.   

79  Convenios I y II de Ginebra de 1949.   

80  Convenio III de Ginebra.   

81  Convenio IV de Ginebra.   

82 La  peticionaria  se  presentó  ante  la  Fiscalía  en  julio  de 2013, situación  informada  al Tribunal a quo  mediante  oficio  D-54DFNJT  del  11  de  julio  de  2013 y obtuvo acreditación  provisional  como  víctima  el  13  de  agosto de 2013, sin embargo, no se hizo  parte en el trámite incidental, como debía hacerlo.   

83  Dentro del radicado No. 35637.   

84 La  sentencia   fue  remitida  digitalmente  a  esta  Corporación  por  el  Juzgado  correspondiente,  dependencia que indicó que el proceso se remitió al Tribunal  Superior el 17 de marzo de 2014, sin que haya regresado.    

85  Fueron  ofrecidos  en  la  versión  de  los días 19 a 21 de noviembre de 2013.   

86 Por  ejemplo,  hecho  20,  homicidio  de  Héctor  Enrique  Torres    Bayona,   certificación   de   funeraria  “Rincón     Casa    de    Funerales”  y  homicidio  de  Pedro Rafael Vejar  Ramírez,    certificación    de   “Funeraria Los Olivos”.   

87  Cfr. Folio 512 del fallo.   

88 Ver  Folio 518 del fallo.   

89 Ver  Folio 522 del fallo.   

90  Cfr. Folio 559 del fallo.   

91 En  anterior  oportunidad  la  Sala  examinó el instituto del juramento estimatorio  (SP   27-04-11,   Rad.   No.   34547),  análisis  que  se  reproduce,  dada  su  pertinencia.   

92 La  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-  052  de  2012  declaró  exequible  el  artículo  3  de  la  Ley  1448 de 2011, norma de similar contenido al artículo  examinado.   

93  Modificado por el canon 2 de la Ley 1592 de 2005.   

94  Folios 763 y 764 del fallo.   

95  Folio 690 del fallo.   

96  Cfr. Folio 606 del fallo.   

97 Ver  folios 485 y 486 del fallo.   

98 Ver  folio 674 del fallo.   

99 Ver  folio 646 del fallo.   

100  Ver folio 688 del fallo.   

101  Ver folio 766 del fallo.   

102  Ver folio 688 del fallo.   

103  Ver folio 754 del fallo.   

104  Ver folio 673 del fallo.   

105  Ver folios 681 y 682 del fallo.   

106  Damarys García Guevara.   

107  Ver folio 682 del fallo.   

108  Ver folios 637 y 638 del fallo.   

109  Ver folio 727 del fallo.   

110  Ver folios 736 y 737 del fallo.   

111  Ver folio 647 del fallo.   

112  Ver folio 675 del fallo.   

113  Ver folio 762 del fallo.   

114  Ver folio 768 del fallo.   

115  Ver folio 771 del fallo.   

116  Ver folio 693 del fallo.   

117  La  impugnante  refiere  el  hecho  77,  pero  en  realidad corresponde el hecho  73.   

118  Ver folio 676 del fallo.   

119  Ver folio 22 carpeta víctimas hecho 99.   

120  Se  suman los rubros de salario, se multiplican por 12; se agrega el valor de la  prima  y el resultado se divide por 12, obteniéndose el promedio mensual.    

121  Carmen    Emiro    Sánchez    Coronel    tenía    48    años    de   edad   al   morir,   Argenis  Quintero  tenía  45 al momento  del   deceso   de   su  compañero  y  Mayra  García  Ibáñez  39.  Conforme a las tablas aprobadas por la  Superintendencia  Financiera,  usadas  de  manera  uniforme por las altas Cortes  para  efectos  de  liquidación,  la  expectativa  de vida media completa era de  30,91,  34,44 y 39,91, respectivamente por lo cual se aplicará el guarismo más  bajo.     

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