SP16203-2014(38081)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP16203-2014  

Radicación N° 38081  

(Aprobado  Acta N°  397)   

Bogotá D.C., veinte (20) de noviembre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

          Resuelve  la  Corte  los  recursos de apelación interpuestos por la  Fiscalía  13  Delegada ante el Tribunal de Bogotá y el Procurador 181 Judicial  Penal  II,  contra la sentencia del 23 de noviembre de 2011, mediante la cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, absolvió a Luz        Ensueño        Rocha       Hinestroza       y      Gloria      Isabel     Mamanche  Junca,    por   el   delito   de   prevaricato   por  omisión.   

HECHOS  

          El  22 de julio de 2009 le fue asignada a la Fiscalía 129 Seccional  de  la  Unidad  de  Automotores  de  Bogotá  a  cargo de la doctora   Luz   Ensueño   Rocha  Hinestroza,  la  investigación  de la banda denominada “el terror de los taxistas”, dedicada  al   hurto   de   vehículos,   grupo  criminal  que  operaba  al  sur  de  esta  ciudad.   

          Con  tal  fin,  la  funcionaria  diseñó un plan metodológico, que  incluyó  audiencias  preliminares para autorizar la búsqueda selectiva en base  de  datos,  vigilancias, seguimientos e interceptaciones telefónicas a cada uno  de los presuntos miembros de la organización.   

          El  1  de julio de 2010, en cumplimiento de su labor, solicitó ante  los  juzgados  de  control  de  garantías la expedición de órdenes de captura  contra   9   individuos,   las   que   se   materializaron   el   9   de   julio  siguiente.   

          Ese  mismo  día, la señora fiscal solicitó la realización de las  audiencias  de  control  de  legalidad  de las capturas, los allanamientos y las  incautaciones  cumplidas,  así  como  las  de  formulación  de  imputación  e  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  diligencias  que correspondieron al  Juzgado  24  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de la ciudad  de Bogotá.   

          Ante  la pluralidad de hechos investigados, el Fiscal Coordinador de  la  Unidad de Automotores designó en esa misma fecha a la fiscal 132 seccional,  doctora   Gloria  Isabel  Mamanche  Junca,  como  fiscal  de  apoyo  para que prestara su colaboración en el  desarrollo de las diligencias.   

          En  horas  de  la  tarde  del  mismo  9  de  julio,  se  inician las  audiencias  de  legalización  de  capturas,  allanamientos  e  incautación  de  elementos  materiales  probatorios,  diligencia  que por haberse extendido hasta  las  3  de la mañana, fue suspendida para ser reanudada el 10 de julio en horas  de la tarde.   

          Finalizadas  la  audiencias  de  control,  la  doctora  Rocha  Hinestroza  se  dispuso a continuar  con  la  de formulación de imputación, diligencia en cuyo desarrollo, luego de  ser  interrumpida  por el Juez para que precisara el acontecer fáctico debido a  la  variedad  de  implicados,  solicitó  la  suspensión  de la misma invocando  problemas  familiares,  petición  ante  la  cual  el presidente de la vista, la  requirió  para  que manifestara si se trataba de una suspensión o retiro de la  solicitud,  y  si  alguien  podía  asumir  el  caso, dado que los indiciados se  encontraban  detenidos  y  no  era  posible prolongar tal situación, reflexión  frente  a  la  que  manifestó  que  nadie estaba en capacidad de hacerse cargo,  atendida  la  complejidad  del asunto y, por tal razón, retiró las solicitudes  advirtiendo  previamente  a los indiciados, acerca de la actuaciones penales que  mantenían en contra de aquellos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  18  de  enero y 1º de febrero de 2011, la Fiscalía 13 Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Bogotá, les formuló imputación a las doctoras  Luz Ensueño Rocha Hinestroza y Gloria Isabel Mamanche  Junca,  por  la  presunta  comisión  del  delito  de  prevaricato  por  omisión  agravado,  por  la  actuación  de  aquellas  en  la  audiencia  en la que finalmente se dispuso la libertad de los presuntos miembros  de  la  banda  criminal  “el  terror de los taxistas”, ante el retiro de las  solicitudes de imputación e imposición de medidas.   

          El  16  de febrero de 2011, se presentó el escrito de acusación y,  el  3 de marzo de siguiente, se llevó a cabo la correspondiente formulación de  la misma ante la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

          Los  días 19 de mayo y 23 de junio de 2011, tuvo lugar la audiencia  preparatoria  y  en  sesiones  del  10,  11,  26  y  27 de octubre, la de juicio  oral.   

          Mediante  sentencia  del  23  de  noviembre  de  2011,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  absolvió  de responsabilidad a  Luz    Ensueño    Rocha   Hinestroza   y Gloria Isabel Mamanche Junca  por los cargos que les fueron formulados como coautoras del delito  de prevaricato por omisión agravado.   

LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA  

          En  criterio de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá no se  reunieron  las  exigencias  previstas  en la Ley 906 de 2004 para condenar a las  doctoras  Luz  Ensueño  Rocha Hinestroza y Gloria Isabel Mamanche Junca,  por  el  delito  de prevaricato por omisión agravado, por el que  fueron acusadas. Sus argumentos se pueden sintetizar así:   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en los artículos 286 y 287 de la  Ley  906  de  2004,  era  una  orden  legal (no discutida por las partes) la que  tienen  los  funcionarios del ente acusador de formular imputación e invocar la  imposición  de  medida de aseguramiento, cuando se pueda inferir razonablemente  la  participación  de  los  indiciados  en  los  delitos que se investigan; por  tanto,    la    actuación   de   la   fiscal   Rocha  Hinestroza  como  directora  de  la  investigación al  abstenerse  de  hacerlo,  configura  objetivamente  el delito de prevaricato por  omisión.   

          Precisa  que  no obstante estructurarse la conducta típica, para la  declaratoria  de  responsabilidad  resulta insuficiente verificar el desapego de  un  servidor público a una determinada función, en tanto que impera acreditar,  igualmente,  que  su  voluntad  fue  libremente  dirigida  a  la comisión de la  conducta.   

          I.  De  la responsabilidad de       Luz       Ensueño      Rocha  Hinestroza.   

          Aunque  la  omisión objeto de reproche se deriva de la solicitud de  retiro   de  las  audiencias  preliminares  de  formulación  de  imputación  e  imposición    de   medida,   dicha   actuación   no   puede   calificarse   de  dolosa.   

          Después  de  transliterar los distintos apartes de la diligencia en  los  que  el  juez requiere a la fiscal para que precise los aspectos relevantes  de  la  imputación  y  las  alegaciones  de  aquella  en  torno a recomponer su  discurso  hasta el momento en que pide excusas por no ser capaz de argumentar en  debida  forma las solicitudes, dada su difícil situación familiar, relacionada  con  un  cáncer  que  padece  su  esposo y las dificultades que por tal noticia  sacuden  a  sus  hijas  adolescentes,  considera  el a  quo,  que  tal  calamidad  doméstica  fue  acreditada  debidamente  en  el juicio como un suceso coexistente a la conducta imputada, lo  que repercute directamente en el juicio de responsabilidad.   

          Pese   a   descartar   un  trastorno  mental  transitorio,  pues  la  enfermedad  que  padecía  su  esposo  “fue  diagnosticada desde noviembre de 2009, por ello su exigencia y  gravedad  por acomodación a la situación, percibimos, no constituía un motivo  fundamental  para que de un momento a otro el conocer una crisis de sometimiento  hospitalario    de    aquel   motivara   un   desorden   intelectivo1”  o  no preordenado, por el consumo de  “prosac       o  fluoxetina2”,  lo  cierto  es que en el devenir de  las  expresiones  y  actitudes  de la fiscal no se logra la convicción sobre su  actuar  doloso  más  allá  de toda duda razonable, pues no es posible dejar de  lado  su aflicción familiar y todos los esfuerzos de aquella en el cumplimiento  de  su  función  ante  los  requerimientos  del juez, previo a la solicitud del  retiro de las diligencias.   

          Como  no  existe  ningún  medio de prueba del que se deduzca que su  comportamiento    “lo  dirigió  de  modo deliberado a esquilmar los intereses de la administración de  justicia,    haciendo    dejación    de   su   obligación   constitucional   y  legal3”,   se   debe   absolver   por  duda  “en  cuanto  no hubo contundencia con respecto a la  configuración  dela  tipicidad  subjetiva  dolosa.4”   

          II.   De  la  responsabilidad  de  Gloria  Isabel Mamanche Junca.   

          Aunque  la Fiscalía acreditó que con resolución del 9 de julio de  2010,  el  Coordinador  de  la  Unidad de Automotores dispuso que la funcionaria  acusada  apoyara  transitoriamente  la investigación de la doctora Rocha  Hinestroza,  lo  cierto  es  que su  similar   0-5007   del   21   de  octubre  de  20045,  que  autoriza  este  tipo de  asignaciones,  en  ningún  caso  faculta  al  fiscal de apoyo para que asuma el  conocimiento de la investigación.   

          Y,  aunque  se  demostró que la funcionaria se encontraba preparada  de  manera formal para las audiencias preliminares de legalización de capturas,  registros  y allanamientos, en cuanto aquellas comportan un análisis puntual de  las  actividades  de  policía judicial, lo cierto es que no se probó; respecto  de  la  audiencia  de  imputación,  qué  obligaciones  incumplió  la  fiscal,  producto  del  nombramiento  transitorio que se le hizo para apoyar a la titular  de la investigación.   

          Si  a  ello  se  le  agrega  que  dentro  de la sesión de audiencia  cuestionada  nunca  se le otorgó el uso de la palabra a la funcionaria acusada,  omitiendo  lo  propio  con  la  nutrida  bancada defensiva, es claro que se debe  absolver,   pues   aquella   no   cometió  la  conducta  delictiva  que  se  le  enrostra.   

LOS MOTIVOS DE IMPUGNACIÓN  

          1.- Por la Fiscalía:   

          Autoridad  que  se  muestra  inconforme  con: i) la fijación de los  hechos,  ii)  el  análisis dogmático del prevaricato por omisión propia, iii)  la  valoración  de  las  pruebas  y  iv)  en  la  absolución  de  Luz    Ensueño    Rocha   Hinestroza   y  Gloria Isabel Mamanche Junca.   

          1.1.- En cuanto a la fijación de los hechos:   

          No  es  cierto  que  la  doctora  Mamanche  Junca  hubiese  sido  designada  para colaborar en las  audiencias  preliminares de legalización de capturas, allanamientos y registros  y  no  para  asistir  a  la  fiscal  titular  en  la  audiencia  de formulación  imputación  e  imposición  de medidas, pues la resolución que la designa el 9  de  julio  de  2010,  le  otorgó  plenas  facultades  para  adelantar todas las  audiencias preliminares que se requirieran.   

          Tampoco  concuerda  con  la realidad histórica de lo acontecido que  se  diga  que  la  fiscal  Rocha Hinestroza,  haya pedido en  un  primer  momento  la suspensión, cuando lo cierto es que a pesar de que así  lo  solicitó  en  su  argumentación invocó la libertad de los capturados; por  tanto,  es  falso  que  la  funcionaria  ante  el  requerimiento  del  juez haya  modificado  su pretensión cuando desde un primer momento pretendió la libertad  de los capturados.   

          Resultaba  apenas lógico que el juez pidiera aclaración por cuanto  la  fiscal  puso  de presente una situación de fuerza mayor -que no de falta de  conocimiento  y  voluntad,  menos  de  imputabilidad-  pues  aunque alega que su  esposo  se  estaba  muriendo,  la  enfermedad la venía padeciendo desde el año  2009;  lo  que  significa  que en el ejercicio pleno de sus facultades, decidió  apartarse de la ley.   

          A  ello  se  suma,  que  en  el  preciso  momento  en que la doctora  Rocha    Hinestroza   fue  interrogada  acerca  de  la posibilidad de que otra persona asumiera como fiscal  de  apoyo,  es  ella  misma  quien  en  forma  arbitraria  dice  que no hay otro  funcionario  en  capacidad  de  asumir la investigación, ni tampoco solicita la  ayuda   del   Jefe   de   la   Unidad,   en   tanto   la   fiscal   Mamanche  Junca  guarda  silencio ante tal  cuestionamiento.   

          Finalmente,  en  cuanto  a  la  intervención del juez de control de  garantías,  para  la  recurrente  es  claro  que  aquel  no  influyó  con  sus  requerimientos  en  la  decisión prevaricadora de las acusadas como así parece  inferirlo el Tribunal.   

          1.2.-La dogmática del delito de omisión propia.   

          Si  la  absolución  de  la  acusada  Rocha  Hinestroza obedece a la existencia de duda en el dolo,  y   la  de  la  doctora  Mamanche  Junca  porque  no  cometió  la  conducta,  tales  decisiones  se  debieron  estudiar en sede de tipicidad.   

          En  tal  sentido  sostiene,  que  si  la  opinión  dominante  suele  distinguir  entre  un  aspecto  objetivo  y  uno  subjetivo  en el tipo, y en el  llamado  tipo  doloso yacen los elementos descriptivos y normativos del tipo, en  tanto  el  segundo  abarca  el  dolo,  no resulta armónico como se hizo en este  asunto,  que  se estudie la tipicidad, la antijuridicidad, la imputabilidad como  presupuesto  de  culpabilidad  para luego concluir que existió duda en el dolo,  con lo cual el Tribunal incurrió en serias incoherencias.   

          La  recurrente  agrega  que,  en  este  evento, tanto el desvalor de  acción,  como  el de resultado se configuran a cabalidad y que la culpabilidad,  integrada  bajo  la  teoría normativa, por la imputabilidad, el conocimiento de  la  antijuridicidad  y la exigibilidad de conducta diversa, estuvieron presentes  en las conductas de las acusadas.   

          1.3.- La valoración de las pruebas.   

          Pese  a  que la sentencia parte del planteamiento básico de derecho  probatorio  según  el cual para condenar se requiere el conocimiento más allá  de  toda  duda razonable, lo cierto es que en la conducta atribuida a la doctora  Rocha  Hinestroza, a pesar de  transcribir  casi  la  totalidad  de  las sesiones de audiencia en las que ésta  intervino  los  días  9  y  10 de julio, omitió referirse al requerimiento que  hizo  el  juez  de  control  de  garantías  antes  de  avalar  el retiro de las  peticiones  acerca  de si existía la posibilidad de que asumiera otra fiscal el  caso,    pues    de   ello   se   deriva   la   responsabilidad   de   las   dos  acusadas.   

          La  libelista  después  de transliterar apartes de la intervención  de    la    doctora    Rocha   Hinestroza  en la sesión del 10 de julio, considera que cuanto se advierte es  la  preocupación  de la funcionaria por otorgarle la libertad a los indiciados,  que  no la carga de privarlos de ella, pues ni siquiera llegó a la petición de  medida de aseguramiento.   

          De  otro  lado, el Tribunal desconoce la orientación probatoria del  sistema  acusatorio,  pues  aunque  se  alegaron dos vicisitudes, esto es: i) la  salud    del    esposo    de    la    doctora   Rocha  Hinestroza  y, ii) las afecciones de sus dos hijas por  esta  condición,  aquellas circunstancias no fueron objeto de prueba legalmente  aducida  en  el  juicio,  por  cuanto  que la historia clínica del esposo de la  acusada  se  decretó  para probar su existencia, mas no su contenido, como así  se  indicó  dentro de la audiencia preparatoria y, en cuanto a la situación de  las  niñas, no aparece en el juicio referencia a sus nombres, edad y situación  emocional,  por  tanto  la  fiscalía  no podía desconocer esta situación como  equivocadamente lo indicó el Tribunal.   

          1.4.-  La  duda  en  el dolo como fundamento de la absolución de la  doctora Rocha Hinestroza.   

          Aunque  se  comparte la afirmación del Tribunal en cuanto a que los  hechos  expuestos  en  la  acusación,  la  teoría  del  caso y los alegatos de  conclusión  estructuran objetivamente el delito de prevaricato por omisión, es  también  claro  que  contienen  el  elemento  subjetivo  que  corresponde  a la  “pasividad de la conducta externa en la voluntad de  las   autoras6”.   

          Las  funcionarias  conocían  el alcance y los límites de su actuar  y,  con  su  omisión,  contrariaron de forma grosera el ordenamiento jurídico,  por   lo   tanto,   atendiendo  lo  sostenido  por  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  para que se estructure el dolo en el prevaricato solo se requiere  que  se tenga conciencia de que el pronunciamiento se aparta ostensiblemente del  derecho  sin que importe el motivo que el servidor público tenga para actuar de  tal manera, que fue lo que aquí se demostró.   

          A   pesar   que   el   a  quo  aduce  que  la  Fiscalía  no aportó razones para desestimar como  incidentales  en  el  retiro de las solicitudes, la interferencia del juez y las  aflicciones  familiares  de  la acusada, lo cierto es que ni existió influencia  en  la  conducta  omisiva  de las acusadas, ni las aflicciones familiares pueden  vulnerar la capacidad de discernimiento de la acusada.   

          En   tales   condiciones  la  conducta  es  dolosa  “porque  cuando  se  sabe,  cuando  se  conoce  y  se  comprende como  contrario  a  la ley aquello que se quiere omitir y voluntariamente se omite, se  incurre     en     el     tipo    subjetivo    de    esa    omisión”7   

          No  se  puede  plantear  que  hay  duda  en  el  actuar doloso de la  acusada,  cuando  ella  misma  siente vergüenza y pide perdón por la decisión  que  va  a  tomar, más aun cuando se atreve a acudir a un perito siquiatra para  ser  reconocida como inimputable por carencia de juicio y voluntad, declaratoria  que  hubiese  sido  inminente  de  no  ser  por  el  perito  de refutación, que  concluyó   un   claro   desconocimiento  de  la  lex  artis en el médico siquiatra refutado, lo que de suyo  amerita  la  valoración penal y disciplinaria, así como del Tribunal de ética  médica acerca de su conducta.   

          “Las  acusadas,  dada  su  experiencia  como   funcionarias   investigadoras,  como  excelentes  trabajadoras,  podían,  conocían  y debían completar las audiencias que habían solicitado8”,   sin  embargo,   la   doctora  Rocha  Hinestroza  sin  más,  retira  la  solicitud  de  imputación  y  solicita la  libertad  de  los  capturados  por lo que su conducta se subsume en el delito de  prevaricato  por  omisión,  pues conocía que la conducta era típica y quería  su realización.   

          1.5.-   La  absolución  de  Gloria Isabel Mamanche Junca.   

          La  funcionaria  faltó  a  su  deber  legal  y  constitucional,  al  permitir  que  se  otorgara la libertad incondicional e ilegal de ocho personas,  cuyas capturas ella misma legalizó.   

          En  su  condición  de fiscal de apoyo se encontraba legitimada para  actuar  en todas las audiencias preliminares, sin ninguna limitación, prueba de  ello  es  que  se  hizo  reconocer  como  tal y, en forma simultánea, actuó en  varias  de las audiencias que antecedieron a la formulación de la imputación e  imposición de medida.   

          Como  fiscal  de  apoyo  conocía  la cuestión fáctica y jurídica  como  lo  reconoció  en  el juicio oral, de manera que era su deber jurídico y  legal  acompañar  a  su  colega  en  la  formulación  de  la  imputación y la  solicitud  de  medida, es por ello que nada justifica la conducta que asumió al  guardar  silencio  ante  el  ilegal  retiro  de la imputación y la solicitud de  libertad de los indiciados.   

         

          No  es  admisible que el a quo  concluya que el fiscal de apoyo no se arroga el conocimiento de la  investigación,  pues puntualmente la resolución que la designó le indicó que  asumía  las  funciones  de  apoyo  en  las  audiencias  preliminares  y  la  de  imputación  e imposición de medida lo eran, sin que se pueda explicar cuál es  la  razón  para  que  actuara  en  unas  audiencias  preliminares  y  en  otras  no.   

          La  conducta de la fiscal se subsume en el delito de prevaricato por  omisión,  en  donde su “no hacer” consistió en permitir la culminación de  las  audiencias preliminares y la consecuente libertad ilegal de los capturados,  con  lo cual se apartó de la Constitución y la ley, con la única finalidad de  favorecer la libertad de los miembros de una banda delincuencial.   

          Por  las  anteriores  razones  solicita  la  revocatoria  del  fallo  recurrido  y  la  compulsa  de  copias en contra de los médicos Nancy de la Hoz  Matamoros   y   Juan  Diego  Barrera  Vásquez  por  faltar  a  la  lex   artis  al  momento  de  emitir  su  concepto,  por  lo  que  considera  incurrieron  en el delito de prevaricato por  acción.   

          2.- La Procuraduría.   

          Su  inconformidad  radica en la absolución proferida en favor de la  doctora  Rocha Hinestroza, la  que argumenta de la siguiente manera:   

          2.1.   Luego   de  realizar  un  estudio  sobre  los  elementos  que  estructuran  el  delito  de  prevaricato  por  omisión, identificando el sujeto  activo  calificado, los alcances de la omisión propia, la conducta alternativa,  el  bien  jurídico protegido y su condición de tipo penal doloso, concluye que  en  este evento no solo se demostró la condición de funcionaria pública de la  acusada,  sino que además su conducta omisiva al no imputar e invocar medida de  aseguramiento en contra de los capturados.   

          2.2.  Sostiene  que  nadie  indujo  a  la funcionaria a actuar en la  forma  en  que  lo  hizo,  como  así  parece  entenderlo  el  Tribunal;  por el  contrario,  se acreditó que aquella era consciente de su actuar ilegal, sin que  se  pueda  predicar  su  enajenación  mental o se llegue estructurar una fuerza  mayor  de  lo  calamidad domestica que la aquejaba hacía dos días, por la cual  habría podido pedir una licencia o una incapacidad.   

          3.- Representante de la víctima.   

          Luego  de  resumir  los  pormenores  de  la  actuación  demanda  la  revocatoria  de  la  sentencia,  tras advertir que las funcionarias contaban con  los  elementos de juicio suficientes para fundamentar la imputación y la medida  de  aseguramiento;  sin  embargo  y  pese  a  tratarse de funcionarias altamente  calificadas,  con su extraño proceder al incumplir sus deberes atentaron contra  la   administración   pública,  y  la  seguridad  jurídica  de  la  comunidad  conformada por el gremio de los taxistas.   

          Respecto    de    la   doctora   Ensueño  Rocha,  advierte  que  pese  a  su dolorosa situación  familiar,  son  muchas las personas que deben padecer situaciones similares y no  por  eso  se  pueden  excusar  en el cumplimiento de sus obligaciones, con mayor  razón  si  se  trata  de  una  funcionaria  pública  a quien se le exige mayor  cuidado  en  el  cumplimiento  de  sus  deberes,  lo  que  constituye  una carga  adicional,  que  fue  desconocida  por la funcionaria quien de manera negligente  incumplió con su deber legal.   

          Los traslados   

          El  defensor  de  la  acusada  Luz Ensueño  Rocha  Hinestroza,  demanda  la  confirmación  de  la  sentencia  y,  con  tal fin, rebate los puntos que fueron objeto de controversia  por  parte  del ente acusador y expone los argumentos por los cuales comparte la  decisión del Tribunal.   

         

          Respecto  de  la  fijación  de  los hechos, señala que el Tribunal  asumió  dicho  ámbito  conforme  a  la  realidad  procesal, extractándolo muy  juiciosamente  del  audio  de  las  audiencias  con apego en lo cual refiere que  Rocha    Hinestroza,   si  solicitó   la   suspensión  de  la  audiencia  y,  lo  hizo,  movida  por  las  circunstancias  agobiantes  en  que vivía, por la grave enfermedad de su esposo  -tópico  enteramente  acreditado-  pero  que  el  juez,  actuando en pro de las  garantías  de  los  indiciados,  la  previno  para  que retirara la petición o  mirara  si  alguien  podía tomar su lugar, respondiendo frente a ello de manera  negativa  porque,  como  lo  adujeron  los  fiscales  Ramírez y Mamanche, quien  podía  imputar  y  solicitar  las  medidas de aseguramiento, era ella, dado que  poseía el conocimiento acerca del asunto.   

          Esgrime  que  el  tratamiento dogmático que la primera instancia le  infirió  al delito de prevaricato por omisión, por completo, es acertado, toda  vez  que advirtió el componente objetivo de la tipicidad, mas no el relativo al  dolo,  dado  que,  sugirió  como un hecho relevante y coexistente a la conducta  reprochada  a  su  asistida,  la  crisis  patológica  de  su  cónyuge  que  es  reveladora  de  la  duda  en  el  aspecto  volitivo; por lo tanto, nunca ignoró  –el    a  quo-  ese  aspecto  subjetivo,  ni  lo  reemplazó  por  la  antijuridicidad,  como  lo pretende hacer ver la Fiscalía.   

            Aunque se aparta de la valoración que el fallador de primer nivel  realizó  al  testigo  de refutación de su contraparte, valga decir, el médico  psiquiatra  Julio  Arboleda Florez, al pasar inadvertido que éste desconoce los  protocolos  nacionales  para  las  experticias psiquiátricas y, que, en ningún  momento,  valoró  a su prohijada; sí, de manera plausible, se refiere al mismo  trabajo  que  la  primera  instancia  desempeñó  en  punto del restante caudal  probatorio,  porque  lo  acogió  integralmente  y  fue  como  pudo arribar a la  conclusión  acerca de la ausencia de voluntad nociva en el actuar de la doctora  Rocha Hinestroza.   

Finalmente, en torno a la inimputabilidad que  pudo  cobijar  a su defendida a causa de un trastorno mental, merced al drama ya  conocido,  solicita a la Corte estudie de oficio si concurrió en la funcionaria  tal  condición,  pues  el  perito  de  refutación  no  logró  desvirtuar  las  conclusiones  a  las  que  arribaron  los  expertos  profesionales  de  Medicina  Legal.   

          Clama    de    esa   manera,   por   la   confirmación   el   fallo  absolutorio.   

          Por   su   parte   la   doctora   Mamanche  Junca,   invoca  la  confirmación  de  la  decisión  discutida  tras  advertir que no cometió el delito de prevaricato por omisión,  dado  que  dentro  del  juicio se demostró con solvencia que cumplió su rol en  las  audiencias  preliminares  de legalización para las que fue habilitada y no  se  le  facultó el desplazamiento de la fiscal de conocimiento, pues además de  no  haber  sido asignada con tal fin, desconocía los pormenores del proceso por  no haber participado en la investigación.   

CONSIDERACIONES  

          1. La competencia.   

          1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo 32, numeral 3 de la Ley  906  de  2004,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia es  competente  para  conocer  de  los recursos de apelación interpuestos contra la  sentencia  por medio de la cual la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  absolvió  a Luz Ensueño Rocha  Hinestroza  y  Gloria Isabel  Mamanche  Junca,  por  el  delito  de  prevaricato por  omisión.   

          2.   También  es  oportuno  señalar,  que  esta  intervención  se  circunscribe  a  los  motivos de disenso expu por los apelantes frente al fallo,  más  aquellos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados  al  objeto  de  la  impugnación,  sin que resulte posible acometer el estudio de la inimputabilidad  como  lo  pretende  el  defensor  de Luz Ensueño Rocha  Hinestroza,  dado  que no se constituyó en apelante y  dicha  temática  tampoco  fue  objeto  de  postulación  por  los  recurrentes;  igualmente, en razón a que no se considera necesario su abordaje.   

          3.  Como  metodología,  la Sala, asumirá las censuras relacionadas  con cada una de las procesadas.   

          2.-    La    actuación   de   la   doctora   Luz   Ensueño   Rocha  Hinestroza.   

          De  la investigación que adelantaba la citada funcionaria, se deben  destacar los siguientes hechos:   

          1)  El  22  de  julio  de  2009 le fue asignada, en su condición de  fiscal  129  adscrita a la unidad de automotores de Bogotá, la investigación y  procesamiento  de  la  banda criminal denominada “el terror de los taxistas”  que  operaba  en  el  sur  de esta ciudad, y que se dedicaba al hurto de taxis y  comercialización de sus autopartes.   

          2)  La  funcionaria  de inmediato diseñó un plan metodológico que  incluyó  la solicitud de distintas audiencias preliminares de control previo de  búsqueda   selectiva   en   base   de   datos,   vigilancias,   seguimientos  e  interceptaciones telefónicas a cada uno de los indiciados.   

          3)  Ante  los  avances  investigativos,  el  1  de  julio  de  2010,  solicitó  a  los  jueces de control de garantías la expedición de órdenes de  captura  contra  9  personas,  las  que se materializaron el 9 de julio de 2010,  contra 8 de los indiciados.   

          4)   Ese   mismo   día  Rocha  Hinestroza  solicita las audiencias de control de legalidad de las  capturas,  legalidad de allanamiento, incautación de elementos, formulación de  imputación  e imposición de medida, diligencias que correspondió adelantar al  Juzgado   24   Penal   Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Bogotá.   

          5)  Previamente  y  ante  la  complejidad  del negocio, la Fiscalía  asigna  como  fiscal  de  apoyo  en  las  audiencias  preliminares, a la doctora  Mamanche  Junca, diligencias  que  inician  a las 7:15 de la noche y se prolongan hasta las 3:00 de la mañana  en  donde se alcanzan a evacuar las audiencias previas de incautación de bienes  y  legalización  de captura de los 8 indiciados; ante lo avanzado de la hora se  dispuso  su  reanudación  para  la 1:00 de la tarde9.   

          6)  El  10  de  julio a las 1:23 de la tarde se reanuda la audiencia  con  dos peticiones adicionales, relativas a audiencias reservadas de control de  legalidad  sobre  los registros y allanamientos practicados, que son sustentadas  por la fiscal de apoyo.   

          7)  A las 2:30 de la tarde se inicia la audiencia de imputación, en  la   que   la   doctora  Rocha  Hinestroza,  asistida  de  medios  audiovisuales  y  con  la  asesoría  de un  capitán   que   participó   en   los   procedimientos,   realiza  una  extensa  presentación,  en  donde  pretendió exponer el modus  operandi  de  la  banda  criminal;  sin embargo, al no  precisar  los hechos jurídicamente relevantes con miras a la imputación de los  indiciados,  el  juez  la requirió para que diera cumplimiento a las exigencias  de ley.   

          Con  estas prevenciones la funcionaria continúa su argumentación y  10  minutos  después  es  nuevamente  exhortada  para  que  concrete los hechos  jurídicos  a  imputar,  y, con tal propósito, el juez ordena la suspensión de  la    audiencia    por    15   minutos   para   que   la   fiscal   “recomponga” su argumentación.   

          8)  A  las 3:39 de la tarde, se reanuda la diligencia y en uso de la  palabra la señora fiscal manifestó:   

         Sabemos  y  la  preocupación  de mi policía judicial, de nuestros  compañeros  es  muy  grande  y muy frustrante en este momento que esta Delegada  toma  esta  decisión  tan  brusca  y  tan  fuerte,  por  primera vez en su vida  laboral,  por  primera  vez  en  mi  vida  judicial. Vergonzoso es para mí ante  ustedes  presentar  esas  disculpas,  pero mi esposo tiene un cáncer y se está  muriendo  y  tengo dos niñas adolescentes que, excúseme por favor, que, que no  manejan  muy  bien  esto  y,  al  parecer, la mamá tampoco. Entonces, estos dos  últimos  días  en  que  se  dio  el  operativo  de  ustedes  (se refiere a los  indiciados),  mmm,  esta  delegada está viviendo esta situación, razón por la  cual  ustedes  han  sido  afortunados … Ruego, pues, establecer señor Juez el  derecho  a  estas  personas dejarlos en libertad y, de la misma manera, presento  las  más  grandes  excusas  a  nuestros  compañeros,  todo  el  público aquí  presente,  por su tiempo, pero es una razón de fuerza mayor y, tan humana, como  nos  puede  pasar  a  cualquiera  de  nosotros  …10   

          2.1.-   El   aspecto   objetivo   del   delito  de  prevaricato  por  omisión.   

          El  artículo  414  de la Ley 599 del 2000 define el prevaricato por  omisión en los siguientes términos:   

“ARTICULO 414. PREVARICATO POR OMISION. El  servidor  público  que omita, retarde, rehúse o deniegue un acto propio de sus  funciones, incurrirá en prisión …”   

          En  pasada  oportunidad  la  Sala,  al  examinar  el alcance de esta  disposición, recordó:   

“De  acuerdo  con  la  norma  transcrita,  incurre  en  el delito de prevaricato por omisión todo servidor público que en  desarrollo  de  las  funciones que le hayan sido asignadas por la Constitución,  la  ley o el reglamento omita, retarde, rehúse  o deniegue el cumplimiento  de  un  acto que le corresponda. Es decir, que el delito se estructura por el no  cumplimiento  de  un  deber  legal  que  es propio del funcionario, mediante una  cualquiera  de  las  conductas previstas en el tipo penal. Pero, además, de ese  aspecto   objetivo   que   se  traduce  en  un  comportamiento  omisivo  resulta  indispensable  que  el  infractor,  esto  es,  que quien tenga el deber legal de  ejecutar  el  acto,  no obstante lo consciente de su obligación legal, en forma  voluntaria   omita,  retarda,  rehúsa  o  deniega  su  cumplimiento11”.   

          En  consecuencia,  se  precisa determinar si se estructura el delito  de   prevaricato   por   omisión   en   el  caso  de  la  doctora  Rocha    Hinestroza   al   no   formular  imputación,   ni  solicitar  medida  de  aseguramiento  en  relación  con  los  indiciados  de  la  banda criminal conocida como “el  terror  de  los  taxistas”  y,  precipitar,  de  esa  manera,  su  libertad  sin  exponer para ello, fundamento fáctico, probatorio o  procesal,   

          Los    artículos    286   y   287   de   la   Ley   906   de   2004  disponen:   

ARTÍCULO   286.   CONCEPTO.  La  formulación de la imputación es el acto a través del cual  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  comunica  a  una  persona su calidad de  imputado,  en  audiencia  que  se  lleva  a  cabo  ante  el  juez  de control de  garantías.   

ARTÍCULO 287. SITUACIONES QUE DETERMINAN LA  FORMULACIÓN  DE  LA  IMPUTACIÓN.  El fiscal hará la  imputación  fáctica  cuando de los elementos materiales probatorios, evidencia  física   o   de   la   información   legalmente  obtenida,  se  pueda  inferir  razonablemente  que  el  imputado  es  autor  o  partícipe  del  delito  que se  investiga.  De  ser  procedente,  en  los  términos  de este código, el fiscal  podrá  solicitar  ante  el  juez  de control de garantías la imposición de la  medida de aseguramiento que corresponda   

          Entonces  por  definición  legal, la formulación de la imputación  en  el sistema procesal actual, constituye, además de un acto de formalización  de  la  investigación,  un  acto  de  comunicación  que  se hace a una persona  (capturada  o  no)  de  su  calidad de imputada, que la vincula formalmente a la  actuación  y  materializa  el  ejercicio  de  la  acción  penal  a cargo de la  Fiscalía General de la Nación.   

          A   su   turno   los   artículos  306  y  308  del  mismo  estatuto  enseñan:   

ARTÍCULO  306. SOLICITUD DE IMPOSICIÓN DE  MEDIDA           DE           ASEGURAMIENTO12.  El  fiscal solicitará al  Juez  de  Control  de  Garantías  imponer medida de aseguramiento, indicando la  persona,  el  delito, los elementos de conocimiento necesarios para sustentar la  medida  y  su  urgencia,  los cuales se evaluarán en audiencia permitiendo a la  defensa la controversia pertinente…   

“ARTÍCULO  308.  REQUISITOS.  El juez de control de garantías, a petición del Fiscal General  de  la Nación o de su delegado, decretará la medida de aseguramiento cuando de  los  elementos materiales probatorios y evidencia física recogidos y asegurados  o  de  la información obtenidos legalmente, se pueda inferir razonablemente que  el  imputado  puede  ser  autor  o  partícipe  de  la conducta delictiva que se  investiga,   siempre   y   cuando   se   cumpla   alguno   de   los   siguientes  requisitos:   

1. Que la medida de aseguramiento se muestre  como  necesaria  para  evitar que el imputado obstruya el debido ejercicio de la  justicia.   

2.  Que  el  imputado constituye un peligro  para la seguridad de la sociedad o de la víctima.   

3.  Que resulte probable que el imputado no  comparecerá al proceso o que no cumplirá la sentencia…”   

          De  manera  que  estas  facultades se encuentran dentro del marco de  las  funciones legales asignadas a la Fiscalía General de la Nación, autoridad  que  las  ejerce  por intermedio de sus delegados, cuando se encuentren reunidos  los requisitos para ello.   

          En   este   trámite,  una  vez  legalizada  la  captura  de  los  8  indiciados,  así  como  la  incautación  de  los  bienes  y  los  registros  y  allanamientos  practicados,  resultaba  procedente  realizar  las  audiencias de  imputación   y   de   medidas   cautelares;   sin   embargo,  contrariando  sus  obligaciones, la mencionada funcionaria dijo:   

“Gracias,  su  señoría  esta  delegada  investida  de facultades constitucionales de acuerdo al artículo 250 se permite  realizar  una suspensión, solicitarle al señor juez se realice una suspensión  de  esta  diligencia de imputación y de la posterior de medida de aseguramiento  en  el  sentido  de  que  de todas manera ya tenemos una investigación avanzada  desde  hace  mucho  tiempo  con  elementos  materiales  probatorios que mucho de  ustedes  han  conocido  aquí,  eehh…con personas plenamente identificadas que  han  sido  arrimadas  legalmente  a  la  justicia  las  cuales  aun se encuentra  capturadas,  personas  que  tienen un alto grado de probabilidad de que sean los  participes   o   los   autores   directos   de  los  hechos  que  aquí  se  han  investigado…   

(…)  

Ruego  pues,  restablecer  señor  JUEZ  el  derecho  a  esta  personas,  dejarlos en libertad y de la misma manera presentó  las  más grandes excusas a nuestro compañeros, todo el público aquí presente  por  su tiempo es una tazón de fuerza mayor y tan humana como nos puede pasar a  cualquiera           de           nosotros13”.   

          Al  retirar  las  solicitudes de imputación e imposición de medida  de  aseguramiento,  lo  cual  se  traduce en un comportamiento configurativo del  verbo  rehusar  y,  como  consecuencia  de  ello,  invocar  la  libertad  de los  indiciados  legalmente  capturados,  surge  nítidamente  la  materialidad de la  ilicitud  que  se  estructura  con  la  sola  confrontación  objetiva  entre su  actuación  y el deber omitido, pues no adujo para ello, un fundamento soportado  en la ley.   

          No  obstante,  conforme  lo  tiene  definido la jurisprudencia de la  Sala,  la  demostración  objetiva  de  la  conducta  omisiva,  por  sí sola no  conlleva la estructuración del delito de prevaricato por omisión:   

“no cualquier tipo de retraso ni éste por  si  solo  puede  llegar  a  constituir  infracción  a  la ley penal, pues será  preciso  que  se  encuentre  acompañado  de  la  clara voluntad de obrar con el  propósito  de  desatender  los  términos  procesales sin que concurran razones  atendibles  en  tal  comportamiento  omisivo, encaminado a retardar, a rehusar o  dilatar  el  cumplimiento  de  las funciones que la ley le atribuye.                    14”   

          Por  consiguiente,  será  preciso  analizar  las circunstancias que  rodearon  el  trámite  del  proceso,  para  determinar  si existen elementos de  juicio   que  permitan  afirmar,  deducir,  o  vislumbrar  con  certeza  que  la  funcionaria,  de  manera deliberada y consciente, omitió el cumplimiento de las  funciones  que le correspondían para no sustentar la imputación y la medida de  aseguramiento,  labor  que  le  correspondía  como  Fiscal  129 de la Unidad de  Automotores.   

          2.2.-.     El     aspecto     subjetivo    del    prevaricato    por  omisión.   

          El  delito de prevaricato por omisión es eminentemente doloso, vale  decir,     no     es     posible     jurídicamente     mediante     culpa     o  preterintención.   

          El  dolo, entendido como el conocimiento por parte del sujeto agente  de   los  hechos  constitutivos  de  la  infracción  penal  y  la  voluntad  de  realizarlos,  según  se  desprende  del  artículo  22  del  Código Penal, mal  podría  verificarse  de  manera  diferente  a  la de la conjunción de esos dos  elementos;  en  ese  orden,  jurídicamente  no  sería admisible que se dé por  establecido  apenas  con el primero, o sea, con el componente cognitivo, pues de  esa  manera  se  asumiría  que  la  tipicidad  en  su  esfera  intrínseca  fue  construida   sin   ese   fundamental   y  garantista  factor  que  le  resta  al  conocimiento,  desentendido de cualquier otro de índole inmaterial, la eficacia  de inferirle daño al bien jurídicamente tutelado.   

          Si  se  aceptase  la tesis de que la realización del tipo objetivo,  el  cual  tuvo  que  ser  previamente  conocido  y  entendido  por el infractor,  satisfacen  plenamente  la  tipicidad,  habría  que  aceptar  entonces,  que la  causalidad  por  sí  sola  basta  para la imputación jurídica del resultado y  quedaría  desmontada,  a  base  de  una  sinrazón,  la  plausible prohibición  dispuesta en el artículo 9º ibídem.   

          En  adelante,  la  labor  de la Sala será la de corroborar si ambos  ingredientes subjetivos, se avienen al presente caso.   

          No  se  remite  tan  siquiera  a  duda,  que la doctora Luz  Ensueño  Rocha  Hinestroza sabía que  rehusarse  a  formular imputación, como a solicitar la imposición de la medida  de  aseguramiento  contra las personas capturadas e indiciadas, entre otros, por  los  delitos de concierto para delinquir y hurto, tras el apoderamiento de taxis  bajo  de  la  modalidad de atraco nocturno, constituía una omisión proscrita y  penada  por  la  ley  penal;  para dichos cometidos, precisamente, solicitó las  audiencias  en donde materializaría cada una de las instituciones procesales en  cuestión  y contaba con los suficientes elementos de juicio que le asegurarían  superar  cualquier  impase,  porque  fueron  el fruto de una prolongada y activa  investigación que llevó a cabo durante varios meses.   

          De  la  prosperidad  de  que irían a cobijarse sus pretensiones, ya  estaba  empezando a convencerse. Ello, a partir de observar que los controles de  legalidad  acerca de la captura de los indiciados, labor que no le fue extraña,  ya  que  si  bien  su  rol  no  fue  estelar,  sí  tomó  parte en la misma, se  decidieron a su favor.   

          La  señora  Rocha  Hinestroza,  para desempeñarse como fiscal y, consecuentemente, en pos de que  le  fueran  asignadas  y asumiera las funciones, entre las cuales se encontraban  las  que  hallaron  resistencia  de  parte  de  ella, primeramente se graduó de  abogada  y  en  dicha  profesión  liberal  ya  acumulaba más de una década de  experiencia;  sus  estudios  no  se  quedaron  ahí, dado que se especializó en  derecho  penal.  Tampoco puede pasarse por alto, que no estaba recién ingresada  al  ente  acusador,  porque  ello se dio el 10 de abril de 2006, vale decir, que  para   cuando  se  registraron  los  hechos  del  sub  lite,  su  antigüedad como funcionaria judicial en la  especialidad penal, había sobrepasado los 3 años.   

          Todo  lo  anterior,  constituye  las  bases  en  torno de lo cual se  predica  que  la implicada conocía ampliamente lo dispuesto en el artículo 414  del  Código  Penal,  vale  decir,  los  elementos que le dan forma al reato del  prevaricato  omisivo, pero, adicionalmente, que su función en el caso en el que  optó  por no actuar, era desenvolverse en derredor de los canones 286, 287, 306  y  308  de  la  Ley  906  de  2004,  reproducidos en antelación, argumentando y  sustentando  debidamente  sus  pretensiones  conforme a los elementos materiales  probatorios y evidencia de que disponía.   

          Eso,  a  profundidad,  lo  dominaba  su intelecto y no menos, que el  abstenerse  de actuar de conformidad, la ubicaban en las previsiones del mentado  delito  contra  la  administración  pública,  claro  está,  en  parte  de  su  vertiente endógena.   

          Por  consiguiente, se hará el estudio, de la exigencia volitiva, lo  cual,   sumado   al  anterior  trabajo,  autorizará  concluir  si  Rocha  Hinestroza,  dolosamente se mantuvo  inactiva frente a la función que debía cumplir.   

          El  reparo de los recurrentes estriba en que la acusada enfiló toda  su  voluntad a transgredir el ordenamiento jurídico y, por lo tanto, en esencia  procedió  con  dolo,  siendo  sus mismas manifestaciones las que patentizan ese  reprochable no hacer.   

          La  solución  al  problema ofrecido, para que sea correcta y justa,  debe   integrar  y  analizar              el fundamento de que se valió la implicada, con  el  fin  de dejar de hacer cuanto estaba llamada a realizar; por mejor decir, el  infortunio  que se estaba cerniendo sobre ella y la manera como en los instantes  respectivos “asimilaba” ese estado de cosas.   

          El expediente, enseña:   

          La   fiscal   solicitó   la   suspensión  de  las  diligencias  de  imputación  e  imposición  de  medida de aseguramiento y en la misma audiencia  explicó su razón:   

“…por  primera vez en mi vida judicial.  Vergonzoso  es  para  mí  ante ustedes presentar estas disculpas pero mi esposo  tiene  un  cáncer  y  se  está  muriendo  y tengo dos niñas adolescentes que,  excúsenme  por  favor,  que,  que no manejan muy bien esto y al parecer la mama  tampoco,  entonces  estos dos últimos días que se dio el operativo que ustedes  ummm,  esta  delegada está viviendo esta situación, razón por la cual ustedes  han  sido  afortunados  por  un tiempo y un espacio no tan indeterminado, porque  seguramente  como quiera que yo conozco más que ningún otro de mis compañeros  de  esta  unidad  este  caso,  porque  he  vivido  las  vivencias  de  todos los  denunciantes  que  han  pasado por mi fiscalía con el compromiso y el juramento  que  les  he  hecho  de hacer justicia, créanme que muy pronto estarán ustedes  nuevamente  aquí, arrimados a la justicia para cumplir con la responsabilidad y  las consecuencias de sus conductas.   

Ruego  pues,  restablecer  señor  JUEZ  el  derecho  a  estas  personas, dejarlos en libertad y de la misma manera presentó  las  más grandes excusas a nuestro compañeros, todo el público aquí presente  por  su tiempo es una razón de fuerza mayor y tan humana como nos puede pasar a  cualquiera de nosotros”   

          El  móvil  de  su  proceder  estuvo  determinado por circunstancias  anteriores muy particulares:   

i)  Su  esposo  Juan  Abel  Lara  Dorado fue  diagnosticado  con  cáncer  y en el mes de mayo de 2010, le ordenaron un primer  ciclo        de        3        quimioterapias15.   

          ii)  El  medicamento utilizado en las quimioterapias produce efectos  secundarios  tales  como:  fiebre,  escalofrió,  astenia, cefalea, irritación,  faríngea,    dolor    abdominal,    náuseas   vómito,   pancitopenia,   edema  angineurótico,  hiperglicemia  artralgias,  mialgias,  y  se catalogan como los  posibles      riesgos      del      tratamiento16.   

          iii)  El día 7 de julio de 2010, al esposo de la acusada lo someten  a   una   sesión   de   quimioterapia,   con   las  consecuencias  posibles  ya  enunciadas.   

          iv)  El  9  de  julio siguiente, dos días después de la sesión de  quimioterapia,  se  realiza  la captura de los presuntos integrantes de la banda  criminal  “el terror de los taxistas”  y,  en  la  misma  fecha,  la funcionaria acusada participa de las  audiencias  preliminares  de  control de legalidad de las capturas, incautación  de  bienes  y registro y allanamientos, diligencias que culminaron pasadas las 3  de la madrugada del día siguiente.   

          v)  Según  se advierte dentro del dictamen siquiátrico forense que  le             fue             practicado17,  a  las 4 de la mañana del  10  de  julio  cuando la funcionaria llega a su casa, se encuentra con su esposo  en  delicado  estado  de  salud  producto  de  la  quimioterapia  de  los  días  anteriores  quien  junto  con sus hijas la recrimina por su falta de solidaridad  con su situación.   

          vi)  Ese  mismo  día, a la 1 de la tarde, se reanuda la audiencia y  aunque  por  espacio  de  una  hora  la  fiscal  intenta recrear el modus   operandi   de  la  organización  criminal,   ante  su  falta  de  concreción  sobre  los  hechos  jurídicamente  relevantes,  el  juez Oswaldo Mojica Quintero suspende la diligencia para que la  funcionaria organice sus ideas.   

          vii)   En  ese  receso  la  doctora  Rocha  Hinestroza ingresa con la representante del Ministerio  Público,  a  la  oficina del doctor Mojica Quintero18,  y  le pone en conocimiento  la  difícil  situación  familiar por la que atraviesa ante la enfermedad de su  esposo,  manifestándole  “que  no podía continuar  con             la             audiencia19”,  ante  lo  cual es el propio funcionario quien la insta para que se  comunique   con   la  Coordinación  o  acuda  a  la  fiscal  de  apoyo  doctora  Mamanche  Junca  con miras a  que  se  haga  cargo de las audiencias restantes, verificando el juez, que ésta  sí  se  hallaba presente, pero en total incapacidad de adelantar las audiencias  “porque  no  tenía  conocimiento  del caso, fue lo  primero            que           verifique20”.  El  doctor  Mojica informa además, que no obstante explicarle las  consecuencias  de  no  imputar,  ella  se  encontraba  muy  nerviosa21.   

          viii)  Llama  igualmente la atención, que dentro del juicio oral la  doctora   Gloria  Isabel  Mamanche  Junca22,  reconoce  que  acordó que “su rol”  como   fiscal  de  apoyó  se  circunscribía  a  realizar  las  diligencias  de  legalización  de  captura, incautación de bienes y allanamientos, mas no la de  imputación   e   imposición   de   medida,  pues  quien  conocía  la  copiosa  investigación  (contentiva  de  14  cuadernos  y  1534  folios), era la doctora  Rocha  Hinestroza,  por tanto  una  vez  terminó  su participación se mantuvo en la audiencia pero dentro del  público.   

          ix)  Ante  la demora en reanudar el trámite, el doctor Sady Oswaldo  Ortiz23,  defensor de uno de los indiciados ingresa al despacho y encuentra  a  la doctora Rocha Hinestroza  llorando      copiosamente     y     “totalmente  desencajada24”,  momento  en  que el juez le informa  que  el  estado  de  la funcionaria obedece a una tragedia familiar por la grave  enfermedad que padece su esposo.   

          x)   Al   reanudarse  la  diligencia  y  ante  la  imposibilidad  de  suspenderla  o  de  que  algún fiscal la remplazara, la acusada, luego de pedir  disculpas,  expreso  que se trataba de un evento de fuerza mayor que le impedía  continuar   con  las  audiencias  y  tomó  la  determinación  de  retirar  las  solicitudes justificando su proceder en su tragedia familiar.   

          Es  importante  precisar, en punto de lo señalado por la Fiscalía,  referido  a  la falta de prueba cabal de la enfermedad del esposo de la acusada,  que  ello  concierne  a una afirmación que no se ajusta a la realidad procesal,  pues  aunque  el  Tribunal  al  decretar  la pertinencia de la historia clínica  limitó  su  alcance “a demostrar su existencia más  no   su   contenido”,   es  claro  que  mal  podía  demostrarse  con  tal  elemento  material  de  convicción,  el  alcance  de  la  enfermedad  o  patología  del paciente, esto es el contenido medico científico  de  lo que allí se anuncia, todo lo cual correspondería acreditarlo al médico  tratante.   

          No  se  pierda  de  vista  que la existencia de la historia clínica  como  tal, que fue lo que se ordenó, así como los documentos ingresados por el  investigador  que  prueban la citación del señor Lara Dorado a sus sesiones de  quimioterapia,  (una  de  aquellas dos días antes de  que  se  diera  inicio  a  estas  audiencias), no es un  asunto  que correspondiera refrendarlo estrictamente al médico tratante, motivo  por  el  cual,  es  falso  que la enfermedad “que la  misma       recurrente       no       desconoce25”,  y a la que se refiere en el escrito de acusación, hubiese quedado  sin  acreditar  en  debida  forma mediante el ingreso no objetado por ninguno de  los  intervinientes,  de  la  evidencia  número  3  de  la defensa como así se  advierte en el juicio oral.   

          De  manera  que, prueba indicativa de que el propósito inmediato de  Rocha  Hinestroza fuera el de  incumplir  su  deber  para atentar contra la administración pública, en manera  alguna  se percibe dentro del proceso. Igual, la Fiscalía se desentendió de la  labor  de  acreditar  que  la procesada estuviera en capacidad de usar la excusa  para  un  fin protervo y no para lo que verdaderamente la promovió, como lo fue  denotar  lo afectada que se encontraba, que su mente no estaba en condiciones de  prodigarle  ideas  para  el  buen  desenvolvimiento  en  la ritualidad procesal,  puesto  que se hallaba seriamente desestabilizada y sin probabilidad de volver a  la normalidad en esos instantes.   

          Es  que  su ser estaba invadido por negativas circunstancias como lo  son  la  enfermedad de su esposo, su trasnocho del viernes 9 de julio hasta más  de  las  3  de  la  mañana  del  día  siguiente,  la necesidad de asistir a su  compañero  ante los efectos colaterales de la quimioterapia en la madrugada del  mismo  día, la obligación de abandonar a su familia nuevamente el sábado para  continuar  con la audiencia suspendida 10 horas antes, la complejidad del asunto  que  impedía  que la fiscal de apoyo la asistiera, pues con aquella acordó que  su  intervención sería en las audiencias preliminares de control de legalidad,  ya  que  ésta  desconocía  los  pormenores  de  la  investigación26,  así como  la  imposibilidad  de  suspender la actuación ante la privación de la libertad  de los indiciados.   

          Frente  a  lo  anterior,  unido  a  la fuerza de los acontecimientos  recordados,  no  puede  decirse  con  firmeza  que  los  arrestos  de la doctora  Rocha    Hinestroza   se  mantuvieran  incólumes, hasta el punto de permitirle fraguar y ejecutar un plan  orientado  a  hacerle  el  quiebre  a  la ley y que hubiera sumado, en son de la  prosperidad  de  esa  cuestionable  empresa,  su  preparación  académica  y la  experiencia judicial que se le conoce.   

          Ahora  bien, esas circunstancias fácticas y modales que rodearon la  especial   situación   de   la   funcionaria,  vistas  de  manera  -ex  post-   no  tendrían  en  todo  escenario  la  suficiente fuerza para descartar la intencionalidad de su actuar;  sin  embargo,  si  se  tiene  en  cuenta  la  situación concreta de la acusada,  reflejada  en  la  audiencia  con  su  falta  de  concentración,  su permanente  dubitación  y  su  posterior  llanto en el momento en que se dispuso el receso,  todo  lo  cual  se  traduce  en  indicios  serios  de  su  acentuado abatimiento  sicológico,  se  concluye  la ausencia en la acusada, de fuerza perturbadora de  la normatividad vigente.   

          En  ese  sentido,  asumir que la fiscal por encima de cualquier otra  finalidad  lo  que  buscaba  era  incumplir su deber para, de manera caprichosa,  otorgar  la  libertad  a  los 8 indiciados, deviene incoherente y no consulta la  realidad procesal.   

          La  Fiscalía  y la representación del Ministerio Público, derivan  el  dolo  del  hecho  de  que la enjuiciada explícitamente sintió vergüenza y  pidió  perdón  por la decisión que tomaría, a la sazón, la de abstenerse de  imputar  y  de  solicitar  medida  de  aseguramiento contra los capturados, pero  dejan  de  explicar,  cómo  es  que  esa  actitud,  solo  puede propiciar dicha  lectura.   

          Sin  embargo,  otra visión permitiría catalogar de noble y humilde  esa  postura. Obsérvese que la acusada se desenvolvió de tal modo en medio del  público  presente en la audiencia, a riesgo de que fuera criticada y tachada de  no  sobreponerse a las adversidades; adicionalmente, conforme lo denotó, estaba  sometiendo  su  penoso  comportamiento  al  escrutinio  y  a  la  aprobación de  quienes,  de  alguna  manera,  habían  sido  reducidos  y  estaban ad  portas  de ir a la cárcel, merced al  poder  que  ella  ostentaba y, más aún, porque esa intervención podría estar  de   sobra,  en  tanto  que  ya  había  dado  a  conocer  los  motivos  que  le  obstaculizaban el desempeño esperado.   

          Definitivamente,  lo  que  se constata aquí, es que la procesada en  medio  de  su  tribulación  sintió  que  había  defraudado  porque  se tenía  confianza  en  que  iba a prosperar en la empresa que había emprendido en cabal  cumplimiento  de  sus  funciones,  pues,  para  ello,  se  ejercitó  de  manera  abnegada,   pero  causas  extrañas  no  derivadas  de  su  voluntad,  pero  sí  relacionadas  con algo muy entrañable para ella, como lo son su esposo e hijas,  la invadieron y la inhibieron de actuar como hubiera querido.   

          Ese  pesar  por  lo  que debía hacer y pudo hacer, de no ser por la  intromisión  de  circunstancias  que  la  atribularon,  pudo  llevarla a sentir  remordimiento  y  ello  explicaría  esa especie de docilidad y sumisión que se  entienden  a  partir  de  esas  frases  que  el  ente  acusador y Procuraduría,  interpretan,    no    obstante,    como    reveladoras    del    dolo    de   la  implicada.   

          Las  razones  por  las  cuales  no  se  aceptan  los  motivos de las  impugnaciones, se amplían de la manera como sigue:   

          (I)  Respecto  de  la forma en que ocurrieron los hechos, se sugiere  irrelevante  la inconformidad de la Fiscalía por cuanto como quedó visto, para  la  Sala  ninguna trascendencia tiene la eventual intervención del juez, frente  al  conocimiento del injusto que se investiga en la actuación de la funcionaria  para  el  momento  en que retira las solicitudes de imputación e imposición de  medida de aseguramiento, ante el juez de control de garantías.   

          (II)  En  relación  con  la  valoración de las pruebas, no resulta  evidente  que  la  preocupación  de  la  funcionaria  fuera  el de otorgarle la  libertad  a los indiciados, (si ello es así, con qué  fin,  teniendo a su esposo enfermo, solicitó el día anterior fiscal de apoyo y  se  mantuvo  hasta las 3 de la madrugada soportando la legalidad de las capturas  ordenadas  por ella misma), es más, lo que se advierte  en  la  audiencia del 10 de julio, es su deseo de excusarse ante la concurrencia  de  una  situación  que  la  acusada  equivocadamente  rotula como “fuerza  mayor…una  situación  difícil de manejar y yo no soy  dada  a  lo  imposible  y lo imposible para este momento es tener mi mente clara  para poder continuar con esto”.   

          (III)  De cara a las precarias argumentaciones de la Procuraduría y  en  torno a sus motivos de inconformidad, baste con reiterar que el hecho de que  se  pruebe  objetivamente  la realización de una conducta típica, no significa  que  de esa sola circunstancia se derive el juicio de responsabilidad penal, sin  que    obre    probado    que    la   acusada   Rocha  Hinestroza           se          arrogó  de manera caprichosa la facultad  de  dirigir  las  actuaciones  omitidas  para  atentar contra la administración  pública,  pues  como  quedó  demostrado  en  el  juicio, la misma funcionaria,  evidentemente  congestionada  en  su  psiquis,  puso en conocimiento del juez su  dificultad  para continuar la audiencia y ante la imposibilidad de suspenderla o  de   que   otro   fiscal   asumiera   la   función27, pese a las advertencias del  funcionario  judicial, retiró sus solicitudes, tras considerar que no era capaz  de lidiar con lo “imposible”.   

          No  se  trata  de  imponer  “una  carga  adicional”  nada  más  que  por  la  condición  de  servidor   público   y,   la   misma   sea   constitutiva   de  presupuesto  de  responsabilidad  penal,  de acuerdo al manejo que se le haya dado. Menos, que el  desacato   a  los  deberes  funcionales  conlleve  dicha  consecuencia,  o  sea,  otorgarle  validez  a  un juicio de reproche, sin sopesar la concreta situación  del sujeto activo, la cual podría serle oponible.   

          (IV)  Una  razón  adicional:  Los  recurrentes  incurrieron  en una  falacia  de  petición de principio, en cuanto terminan asumiendo como verdad lo  que  se debía probar, (esto es, que la omisión misma  demuestra  el prevaricato por omisión), cuando tenían  que  acudir a factores distintos si pretendían demostrar que la conducta había  estado   acompañada   del  propósito  de  atentar  contra  la  administración  pública.   

          En   consecuencia,   las  referencias  acerca  de  la  comprobación  objetiva  de  la  responsabilidad penal, a causa del retiro de las solicitudes y  las  excusas  presentadas  al  momento  de  no  dar  cumplimiento  a su deber de  imputar,  sin  importar  el  motivo  que  la servidora pública haya tenido para  dejar  de  actuar  de  conformidad,  resultan  altamente  inquietantes,  por  el  decidido  avasallamiento  de  caros  postulados  de  la  ley penal Colombiana, a  partir  de  los  cuales  el  comportamiento  humano  debe  auscultarse desde sus  vertientes  tangible  como  intangible y, en todo caso, el elemento psicológico  mal  puede  quedar  al  margen  en  el  proceso  de verificación de la conducta  punible.   

          Indudablemente,  para  tener  una  semblanza  del  manido  elemento,  había  la  necesidad  de  realizar  un  examen en el caso concreto y dentro del  contexto  de  circunstancias  en las cuales se vio inmersa la acusada, pues unas  son  las  previsiones  legales,  y otras muy distintas, las realidades diarias a  que  deben  enfrentarse los servidores públicos en el ejercicio de su función.  Por  ello,  un  análisis  de  los  deberes  de la funcionaria, desligado de las  condiciones  fácticas  dentro  de  las cuales se presentó el acto omisivo, sin  lugar   a   equívocos   sugiere  un  argumento  insuficiente  para  invocar  la  responsabilidad  penal,  por ausencia de las premisas fácticas que le sirvan de  sustento.   

          A  juicio  de la Sala, no existe prueba que indique fehacientemente,  que  la acusada procedió de manera voluntaria a quebrantar el bien jurídico de  la  administración pública y, en ese entendimiento, mal puede atribuírsele el  tipo  subjetivo  del  prevaricato  por  omisión, ni es posible, jurídicamente,  sostener  que  incurrió  en  dicho  reato;  por  lo  tanto, deviene inexorable,  confirmar el fallo apelado.   

          3.-   La   actuación   de   la   doctora   Gloria  Isabel  Mamanche  Junca.   

          La  acusación  formulada  en  contra  de  la  dicha  funcionaria le  atribuye  haber incurrido en el delito de prevaricato por omisión, “[p]uesto  que  no actuó, guardó silencio ante el ilegal retiro  de  la  imputación  y  la solicitud de libertad de los indiciados , no obstante  que  el  Juez  24  Penal  Municipal  de  Control  de Garantías, preguntó en la  audiencia  si  puede  otra  Fiscal,  se  refería  desde  luego  a  la de apoyo,  continuar   con   la  audiencia,  nada  dijo  al  respecto,  fue  así  como  la  formulación  de  imputación  y  solicitud  de  medida  de aseguramiento fueron  retiradas                 finalmente28”.   

          Frente  a  esta  acusación  conviene  precisar  qué  ha  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Corte  en  relación  con la estructura de esta conducta  punible:   

“Del estudio dogmático del tipo se tiene  que  el  sujeto  activo  puede ser cualquier servidor público y que la conducta  está  regida  por los verbos omitir, rehusar, retardar o denegar un acto propio  de sus funciones.   

De  tiempo  atrás,  la  Sala  ha  venido  reiterando  que para la configuración del prevaricato por omisión no basta con  que  la  conducta objetivamente concurra sino que adicionalmente es menester que  el  autor haya omitido, rehusado o retardado un acto propio del cargo, con pleno  conocimiento  y  voluntad  de  su infidelidad con el ejercicio de sus funciones,  sea  que  con  ello pretenda ocasionar un agravio, obtener ventajas personales o  para  un  tercero,  o simplemente sobreponer su capricho a los propósitos de la  norma de la cual se margina.   

Por consiguiente, para acometer el juicio de  tipicidad  es  necesario  establecer  primero  qué  norma  asigna  al sujeto la  función  y  el  término  para  su  cumplimiento  y,  luego,  verificar  si  el  funcionario  conociendo  el precepto, deliberadamente omitió, rehusó, retardó  o  denegó  el  acto propio de la función, y finalmente si el comportamiento se  encuentra        o        no       justificado29.(subraya    fuera    del  texto)   

          En  forma  reciente  y  en torno a la necesidad de que se establezca  para  su  tipificación  la  norma  que  consagra  la  función y el término de  cumplimiento, la Sala destacó:   

“Esta postura es una consecuencia lógica  del  principio  de  la  función  pública,  de que trata el artículo 122 de la  Constitución    Política,    de    acuerdo    con    el    cual   “[n]o  habrá  empleo  público que no tenga funciones detalladas  en  ley  o reglamento”. Así mismo, del principio de  responsabilidad  previsto  en  el  artículo  6º  de  la  Carta, por el que los  servidores  públicos,  además  de  responder ante las autoridades “por  infringir  la  Constitución  y  las  leyes”, también lo  hacen   “por   omisión   o   extralimitación   en   el   ejercicio   de  sus  funciones”.   

Ahora  bien,  la  determinación  del deber  funcional  debe  ser clara e inequívoca en el proceso, aunque no necesariamente  sujeta  a  la  expresa  mención  de  cada  norma, ley, reglamento o instrumento  jurídico  que  sustente  la  obligación  de  actuar  por  parte  del  servidor  público,  ni  tampoco  del  tenor  literal de los preceptos contenidos en tales  disposiciones.   Lo   importante,  en  cualquier  caso,  es  que  las  funciones  prescindidas  le  hayan  sido  concretadas  al sujeto activo de la conducta como  tales,  es  decir,  como obligaciones o mandatos derivados del cargo respecto de  los  cuales  no podía pretermitir, demorar o negar su realización. Ello sería  suficiente  para  garantizar  la  crítica racional de las decisiones que en tal  sentido  se  adopten  tanto  en  la  acusación  como  en el fallo, por ejemplo,  indicando  que  la función atribuida no le era exigible al servidor público, o  no  procedía  para el caso concreto, o la norma que la consagraba fue declarada  inexequible, o incluso jamás ha existido.   

Por  supuesto, la manera más sencilla para  concretar  el deber funcional esperado sería con la mención expresa de la ley,  estatuto  o reglamento que lo contemplase. Sin embargo, es posible que el juez o  el  funcionario  instructor,  por cualquier motivo, no especifique la norma o se  equivoque  al  señalarla, ya sea porque la citó erróneamente, o aludió a una  que  había  sido  derogada  por  otra  de  igual  contenido,  o a la que siendo  posterior  a  los  hechos  igual  estuvo vigente en otra regulación, etcétera.  Frente  a  estas eventualidades, lo trascendente para la correcta imputación al  tipo  objetivo,  reitera  la  Sala, es la inclusión verificable o refutable del  deber  de  proceder  en  las circunstancias particulares del asunto, y no la del  artículo,  inciso  o  parágrafo  que  lo  regula.30”   

          Frente  a  este  marco  jurisprudencial,  corresponde determinar las  normas  aplicables,  para  establecer  luego,  si las funciones que se califican  como  omitidas  le fueron concretadas a la funcionaria, en forma de obligaciones  o  mandatos  derivados  del cargo respecto de los cuales no podía pretermitir o  negarse a su realización.   

          Entonces,  con  arreglo  a  lo  previsto  en  el  artículo  7 de la  Resolución  No. 5007 del 21 de octubre de 2004, emanada de la Fiscalía General  de  la Nación31, se tiene que:   

“Artículo 7o. Conocimiento transitorio de  la  actuación.  Los  jefes de unidades de fiscalía,  mediante  resolución  motivada, podrán disponer que transitoriamente un fiscal  delegado  realice actuaciones urgentes cuando por ausencia extraordinaria u otra  situación  justificada  diferentes  a la vacancia, el fiscal de conocimiento no  pueda  atender inmediatamente determinadas diligencias, sin que ello implique su  desplazamiento”.   

          Con   fundamento   en   tal  normatividad  y  ante  el  ofrecimiento  voluntario  de  la  doctora  Mamanche Junca   en  su  condición  de  Fiscal  132  Seccional  para  prestar  su  colaboración  en  la  realización  de las audiencias preliminares dentro de la  investigación  adelantada por la Fiscal 129 dentro de la investigación para el  desmantelamiento  de  bandas  criminales,  el  Jefe  de  la Unidad, doctor Hader  Ramirez  Barragán,  profirió  la  Resolución del 9 de julio de 2010 en la que  resuelve:   

“PRIMERO:   DISPONER   que   LA   Fiscal  Seccional  Ciento  Treinta  y  Dos  (132)  Adscrita  a ésta Unidad, Apoye (sic)  transitoriamente  el  conocimiento  de la investigación radicada con el número  No.  110016000053200900447  dentro  de  la cual se requiere como Fiscal de Apoyo  para  la  Fiscalía  129 Seccional y acuda ante los Juzgados Penales Municipales  con  funciones de Garantías ante las audiencias que se requieran…32”.   

          De  acuerdo  con  lo  anterior,  para  la  Corte es inconcuso que la  acusada  Mamanche Junca estaba  obligada  a  apoyar  a  la Fiscal 129 en las audiencias preliminares que así lo  requiriera  pues  a  ello se circunscribió la asignación realizada por el Jefe  de la Unidad.   

          En   cumplimiento  de  tal  designación,  la  doctora  Mamanche  Junca,  acudió a la audiencia y  acordó   con   la  directora  de  la  investigación,  la  fiscal  Rocha  Hinestroza,  que  ésta  hacía  la  presentación  y  el  bosquejo general en cada caso, en tanto que ella realizaba  las  solicitudes de legalización, trabajo que así se desplegó durante toda la  tarde  y  la noche del 9 de julio y se prolongó hasta las 3 de la madrugada del  día  siguiente,  audiencia que continuó el 10 de julio en horas de la tarde al  evacuarse  una diligencia de legalización de registro y allanamiento que había  quedado   pendiente,   con   lo   cual   afirma   la   acusada,   finalizó   su  colaboración.   

          Ante  tal  afirmación  y  como  quiera  que  la  resolución que la  designa  no  es  un modelo de claridad en cuanto a precisar, en su condición de  fiscal  de  apoyo,  cuál  era  el límite de su actuación,  se convocó a  juicio  al  Jefe  de  la  Unidad  que profirió la cuestionada decisión, doctor  Hader Ramírez Barragán, quien en relación con aquella indicó:   

“…en  la  resolución  no  se especifica  claramente  cuál  debía  ser  su  actuación  porque  no se podía prever qué  podría  ocurrir  en el desarrollo de esas audiencias. El apoyo o el respaldo de  un  fiscal  en  las  audiencias  que  adelantaba  la  doctora Luz Ensueño, pues  simplemente  era  para eso, para lo que usted hizo, que fue presentar o tramitar  audiencia  de  captura,  de  incautación de elementos, yo creo que eso lo hacen  porque  ustedes  concertadamente  deciden  que  así  sea,  de eso se trababa de  apoyar  al fiscal en el evento en que se pudiera presentar alguna situación que  requiriera      del      fiscal     de     apoyo33.”   

          En  el  presente  asunto,  la Fiscalía le atribuye a la funcionaria  que  faltó  a  su  deber  legal y constitucional, pues al conocer la situación  fáctica  y  jurídica del proceso, y ante la negativa de la fiscal Rocha             Hinestroza de continuar con las audiencias  preliminares,  debió  ocupar  su  lugar  para  continuar  con  la  audiencia de  imputación,   sin  embargo,  “asume  una  conducta  prevaricadora  omisiva,  su  no  hacer consistió precisamente en permitir la no  culminación  de  las  audiencias  preliminares  solicitadas  y  la  consecuente  libertad  ilegal de los indiciados…se apartó de la Constitución, de la ley y  de  la  jurisprudencia,  con la única finalidad de favorecer ilegalmente con la  libertad  a  miembros  de una banda delincuencial…34.”   

          De  la  reseña  procesal  vista,  la Sala advierte que el organismo  acusador  no  demostró  la  existencia de un mandato expreso que consagrara las  obligaciones  funcionales  imputadas, las que tampoco fueron incluidas de manera  clara  y específica, en la resolución que designó a la acusada como fiscal de  apoyo,  de  suerte  que  fue  el  mismo  Jefe  de  Unidad quien reconoce que las  audiencias   preliminares  para  las  que  aquella  fue  habilitada,  no  fueron  precisadas  y  en  últimas, conforme al entendimiento  de    quien    la    designó,    fueron   las   que  agotó.   

          En  estas  condiciones, razón le asiste al Tribunal cuando advierte  que    la    función   de   la   fiscal   de   apoyo,   no   era   arrogarse    la    dirección   de   la  investigación  (indagación que además comprometía  a   por   lo   menos   8   indiciados  y  que  agotó  la  doctora  Rocha             Hinestroza  por  un  lapso  superior a un  año),  y  aunque  la  Fiscalía  insiste  en  que las  funciones   de  “apoyo”  incluían     las     de     adelantar,     “motu  proprio”  tales  audiencias  por el conocimiento que  tuvo  de  los hechos el día anterior, tal conclusión no emerge de la revisión  de  los mandatos normativos que regulan su función, ni de la resolución por la  que se le asignó como fiscal de apoyo en la investigación.   

          Si  el  Diccionario  de  la  Real Academia de la Lengua respecto del  término    “apoyo”   especifica   en   su   acepción   primera:   “cosa  que  sirve  para  apoyar  o  apoyarse”;   y   en  la  segunda:   “protección,  auxilio  o  favor” y en tal  contexto  fue  entendido  por  el Jefe de la Unidad, por la doctora Ensueño              Rocha35    y    por    la   propia  acusada36,  no  resulta  acertado  concluir  que  aquella  faltó  a su deber  jurídico     y     legal,     al    no    asumir37   las   funciones   de   su  compañera.   

          Para   la  Sala,  resulta  evidente  que  a  lo  largo  de  toda  la  actuación,  la  Fiscalía  no  logró  demostrar  la  correspondencia entre los  mandatos  normativos  que  alega  desconocidos,  con  la  conducta omisiva de la  funcionaria,  y  aunque  no  se  desconoce  que  lo deseable hubiese sido que la  resolución  que  la designó, precisará el alcance de su asignación con miras  a  que  aquella  no  acordara  con la titular de la investigación, como        se        acostumbra38,    el   alcance   de   su  colaboración,  ninguna  prueba  permite  inferir  que  la  doctora Mamanche  Junca hubiese incumplido con las  obligaciones  propias de su encargo transitorio, en condición de funcionaria de  “apoyo”,  ni muchísimo  menos  que  en  el  caso concreto incumpliera con sus deberes, con el propósito  inequívoco  de “favorecer  ilegalmente  con  la  libertad a miembros de una banda delincuencial…39”   

          En  consecuencia,  no  resulta  admisible  la  tesis  de  la  fiscal  recurrente  cuando  sostiene  que con fundamento en el artículo 250 de la Carta  Política,  la  funcionaria  de  apoyo “estaba  obligada  a  adelantar  el  ejercicio de la acción penal y  realizar  la  investigación  de los hechos que revistan las características de  un   delito40”    pues   de   estas   obligaciones  institucionales,  que  hacen  parte  de  las  funciones  constitucionales  de la  Fiscalía  General de la Nación, no se puede inferir de manera clara y expresa,  los deberes funcionales que se dicen omitidos.   

          Tampoco   se   podría  concluir  que  la  escueta  resolución,  la  habilitaba  para  asumir  directamente la investigación, pues aquella facultad,  acorde  con lo dispuesto en el artículo 251 de la Constitución Nacional, está  reservada  al  Fiscal  General  de  la Nación, quien a través de sus delegados  puede   desplazar   libremente   a   sus   funcionarios  lo  que  aquí  tampoco  ocurrió.   

          En  estas  condiciones, de la ponderación conjunta de los medios de  convicción  que  integran  el proceso, frente a los fundamentos que soportan la  absolución  y los ofrecidos por la Fiscalía recurrente en la sustentación del  recurso41,  la  Sala  llega  a  la  convicción,  que la doctora Mamanche  Junca, no omitió ejecutar alguna  tarea  específica  o  concreta,  establecida  por la Constitución, la ley o la  resolución  que  la  habilitó  como  fiscal  de  apoyo,  motivo por el cual la  decisión será confirmada.   

          4.-   Del   recurso   interpuesto   por   la   representante  de  la  víctima.   

          Finalmente,   la   Sala   advierte  de  las  falencias  del  recurso  presentado  por  la  interviniente  especial  ya mencionada, en relación con la  absolución  proferida  en  favor  de  la  fiscal Rocha  Hinestroza,  pues  pese a que con su interposición se  le  imponía  exponer  de manera clara las razones por las que no se comparte la  sentencia  recurrida,  prescindió de toda argumentación en tal dirección y se  limitó  a  concluir  que  la  acusada por su experiencia y capacidad, tenía el  deber  de  actuar,  sin  controvertir  ninguna  de  las  razones  por las que el  a  quo  consideró  que  la  conducta resultaba atípica.   

          Como  la  libelista no se refiere a ninguno de los argumentos que en  tal  sentido presentó el Tribunal, y la sustentación del recurso irrumpe en el  ordenamiento  como  una  carga  procesal de ineludible cumplimiento, su omisión  conduce a declarar desierto el recurso interpuesto.   

          Consecuente  con lo analizado, se confirmará la sentencia objeto de  apelación  y, de otro lado, se declarará desierto el recurso presentado por la  interviniente especial.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.-           Confirmar, de acuerdo a lo aquí plasmado,  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Bogotá, el 23 de noviembre de  2011,  mediante  la cual absolvió a Luz Ensueño Rocha  Hinestroza  y  Gloria Isabel  Mamanche Junca.   

2.-   Declarar   desierto  el  recurso  de  apelación  que  contra  la  misma  decisión,  interpuso la representante de la  víctima.   

3.- Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  200 cuaderno principal.   

2 Que  le  fue  recetado  para combatir sus estados de ansiedad, aunque no se probó la  frecuencia en su consumo.   

3 Folio  204 íd.   

4  Íd.   

5 De la  Fiscalía General de la Nación.   

6 Folio  246 cuaderno principal.   

7  Fl. 24 memorial del recurso.   

8 Folio  253 íd.   

9  En  estas  audiencias  actuaron  en  forma  conjunta  las  dos  fiscales, la titular  haciendo  una exposición del caso concreto y la fiscal de apoyo presentando los  elementos materiales probatorios que soportan cada actuación.   

10  Record:   03:04   último   archivo,   cd  contenido  en  la  estipulación  No.  7.   

11  Sentencia 20929 del 13 de julio de 2005   

12  Artículo modificado por el artículo 59 de la Ley 1453 de 2011.   

13  Record 00:36 a 5: 58 cd   

14  Corte   Suprema.  Sala  de  Casación  Penal.  Única  16838,  noviembre  19  de  2002.   

15  Evidencia número 3 de la defensa.   

16 Fl  15,  evidencia  número  3  de  la  defensa,  solicitud  de  autorización  para  medicamentos.   

17 Y  que fue decretado como prueba de la defensa.   

18  Record.   1.40   cd   II   juicio   oral   Así   lo  manifiesta  aquél  en  el  juicio   

19  Record 1:56 cd II juicio oral.   

20  Record 1:45 cd II juicio oral.   

21 La  Sala  destaca  que  aunque  la  fiscal  pidió  tener  en cuenta “como   un   todo”,   el   informe  de  investigador     de     campo     FPJ-11     junto     con    el    cd  rotulado  como  evidencia probatoria  número  1  de  la  Fiscalía,  y  en  estas  condiciones el Tribunal ordenó su  incorporación,  (record  1:31  cd II juicio oral), es evidente que aquel recoge  la  entrevistas  de  la  representante  del Ministerio Público doctora Araminta  Esther  Riveros  y del Capitán Héctor Ruiz Arias, quienes estuvieron presentes  cuando  se  ordenó  el  receso  y expusieron las circunstancias que rodearon la  actuación  de  la  fiscal  acusada;  sin  embargo,  pese  a  la solicitud de la  Fiscalía    y    la    orden    del   Tribunal,  tal  evidencia  que “como un  todo”  en  principio  favorece  a  la  defensa,  no  puede   valorarse  en  su  totalidad,   pues   la  deficiente  actividad probatoria del estrado defensivo, no hizo posible escuchar  a aquellos testigos en el juicio.   

22  Record: 3:15:a 3:45 cd II juicio oral.   

23  Record 15:00 a 20:22 cd II juicio oral.   

24  Así describe la forma en que observó a la fiscal.   

25  Así lo afirma en su apelación.   

26 En  las  audiencias  de  control  de  legalidad  celebradas  el  9 de julio de 2010,  claramente  se  advierte que quien realiza la presentación del caso en cada una  de    las    audiencias    es   la   doctora   Rocha  Hinestroza,   en   tanto   la  doctora  Mamanche   Junca,  interviene  sobre  el  aspecto técnico de cada solicitud.   

27 La  propia  doctora Mamanche Junca reconoció que no tenía el conocimiento pleno de  la densa investigación.   

28  Folios 9 y 10 cuaderno principal, escrito de acusación.   

29  Sentencia  20648 del 2 de octubre de 2003.           

30  Sentencia 34852 del 27 de junio de 2012.   

31  Aunque  ingresó  al juicio como estipulación probatoria número 6, el Tribunal  y  los  sujetos procesales se equivocaron al otorgarle tal carácter, por cuanto  lo que se estipula son hechos y no normas de contenido legal.   

32  Estipulación número 8   

33  Record 1:54:00 a 1:55:48 cd I juicio oral.   

34  Folio 259 cuaderno 1.   

35  Cuando    reconoce    en   la   audiencia   que   no   hay   nadie   que   pueda  remplazarla.   

36 Que  así lo refiere de manera reiterada en el juicio.   

37  Según  la  Real  Academia  de la lengua: “hacerse cargo, responsabilizarse de  algo”.   

38  Así lo reconoció el jefe de la Unidad que la designó.   

39  Así lo califica la recurrente.   

40  Folio 258 cuaderno1.   

41 La  Sala  destaca  que  aunque  la  representante  de las víctimas al interponer el  recurso  reclama la revocatoria de la sentencia, no ofrece ningún argumento con  miras  a  controvertir  la  decisión  tomada  por  el  Tribunal  respecto de la  absolución    proferida    en    favor    de    esta    funcionaria.     

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