SP15414-2014(41994)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

SP15414-2014  

Radicación Nº 41994  

Aprobado mediante Acta No. 382  

Bogotá  D.C.,  once (11) de noviembre de dos  mil catorce (2014).   

Surtido  el  trámite  de  rigor,  la Sala se  pronuncia  de fondo sobre la demanda de revisión presentada por el apoderado de  GENARO   ACEVEDO  MARTÍNEZ  contra  la  sentencia proferida el 8 de septiembre de 2010 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  que confirmó la  emitida  el  24  de  junio  anterior  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  Zipaquirá,  que  lo  condenó  a 160 meses de prisión, multa  equivalente   a   3.415  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  determinador del delito de tentativa de extorsión agravada.   

ANTECEDENTES  

1. Fácticos  

En las sentencias del Juzgado y del Tribunal,  cuya revisión se pide, fueron reseñados así:   

«Los hechos tuvieron origen desde el día 11  de  abril de 2009, cuando el señor WILLIAM OCTAVIO VANEGAS RAMÍREZ, quien para  la   época   fungía  como  Alcalde  del  municipio  de  Sopó  (Cundinamarca),  procedente  del  número  3143896313  comenzó  a recibir mensajes de texto a su  celular,  de  quienes  se  identificaban  como  integrantes del Frente 29 de las  “FARC  Jacobo  Arenas”  y le exigían pagar la suma de $100.000.000.oo y que  de  no  hacerlo atentarían contra la vida de él y/o la de su familia, mensajes  que  fueron  reiterados.   En  la denuncia manifestó que no sólo recibía  llamadas   y   mensajes,   sino  también  cartas  extorsivas  de  personas  que  manifestaban  pertenecer al frente 29 de las FARC, y que en tales comunicaciones  se  emitían  amenazas  de  muerte, en donde se le declaraba objetivo militar en  caso de no efectuar el pago del dinero exigido.   

Adelantadas las labores investigativas por la  Policía  Judicial,  se  ordenó la práctica de la diligencia de allanamiento y  registro  del  inmueble  ubicado en la calle 34 Sur No. 4 A-67, barrio Atenas de  Bogotá,  siendo capturado en el aludido inmueble el señor JOSÉ HUMBERTO DÍAZ  VELASCO  (quien  dijo  era  su  domicilio),  hallando  en  su  poder elementos y  manuscritos  alusivos  a  las  “FARC”, así como diskettes, sim cards, cds y  teléfonos   celulares,  los  cuales  fueron  incautados.   Igualmente,  se  encontraron  “DOCUMENTOS  VARIOS DE LA ALCALDIA DE SOPO (CUND), Y FAX CON C.C.  2.148.768  DE  ACEVEDO MARTÍNEZ GENARO” y DOCUMENTOS DE LAS FARC EP DIRIGIDOS  AL   SR.   GENARO   –  3  FOLIOS”   

Por  su parte, JOSÉ HUMBERTO DÍAZ VELASCO,  en  entrevistas  rendidas a los investigadores, aceptó su participación en los  hechos  indagados  e  informó  los  nombres  de  otros  partícipes,  como  son  EURIPIDES  SILVA  TORRES  y  GENERO  ACEVEDO  MARTÍNEZ,  quienes posteriormente  fueron  capturados, señalando a este último como la persona que ideó el plan,  quien,  además,  trabajaba junto con la víctima y por ello conocía de primera  mano   lo   que   acontecía   con   sus  propósitos  extorsivos.».   

2. Procesales  

                                              2.1.    En  razón   del   precitado  acontecer   fáctico   y  aprehendido  GENARO ACEVEDO  MARTÍNEZ,  el   6  de  agosto  de  2009  ante  el Juzgado Promiscuo Municipal de  Sopó  (Cundinamarca)  con  Funciones    de    Control    de    Garantías   se  legalizó  su  captura  y,  seguidamente,     la    Fiscalía    le    formuló  imputación         como         determinador  del  delito  de  extorsión  agravada  tentada,  conforme  los  artículos 27, 244,  245    numeral   3º   y  267.1  del Código     Penal,     modificados     por    los    artículos     5º    y    6º  de  la  Ley  733  de  2002 y 14 de la Ley 890 de 2004,    cargos   que   el   mencionado   no  aceptó1.   

                                            2.2.  El 1º de  septiembre  de  2009  la  Fiscalía  18  Especializada  Delegada  ante  el Gaula  Cundinamarca  presentó ante  el   Juez   de  Conocimiento  escrito  de  acusación  contra  el  citado  ciudadano como determinador de la  conducta    punible   por   la   que   se   formuló  imputación2;    sin   embargo,   previo  a  realizarse la audiencia  para  su  formulación,  el  15  de  enero de 2010 se  presentó  un preacuerdo entre las partes3, consistente  en    que    ACEVEDO    MARTÍNEZ    aceptaba    su  participación  y  consecuente  responsabilidad en el  delito   de   extorsión  agravada  tentada  y  en  los  términos imputados. Se  advirtió  además  que la  Fiscalía   no   ofrecía  rebaja   de  pena  como  consecuencia  de     su     allanamiento    ante    la  prohibición  del artículo  26 de la Ley 1121 de 2006.   

                   Igualmente,  se    dejó    consignado    que   GENARO   ACEVEDO  MARTÍNEZ  indemnizó  de  manera  integral  los daños y perjuicios causados   a  WILLIAM       OCTAVIO      VANEGAS      RAMÍREZ,  cancelándole  la  suma  de  cinco  millones de pesos  ($5.000.000.oo),    los    cuales    fueron   recibidos   a   satisfacción.   

2.3. Examinado  por el Juez Penal del Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Zipaquirá  Cundinamarca el respeto de las  garantías  procesales y derechos fundamentales, el 24 de junio de 2010 condenó  a  GENARO  ACEVEDO  MARTÍNEZ  a  la  pena  de  prisión  de  160  meses y multa  equivalente   a   3.415   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como  determinador  del delito de extorsión agravada tentada, artículos 27,    244,    245    numeral   3º   y  267.1 del Código     Penal,     modificados    por    los    artículos    5º    y    6º de la Ley 733 de 2002 y 14 de la Ley 890 de 2004.   

Importa destacar, que se negó  la  concesión  de  rebaja de pena con  ocasión  de  la aceptación de cargos (art. 351 Ley 906 de 2004), atendiendo la  prohibición  contemplada en el artículo 26 de la ley 1121 de 2006. Igualmente,  se  abstuvo de dar aplicación al artículo 269 del Código Penal por las mismas  circunstancias  y  atendiendo  lo señalado en ese momento por la jurisprudencia  de la Corte.   

2.4.  Apelada  la  sentencia,  el Tribunal Superior de Cundinamarca la confirmó el 8 de septiembre  de  2010,  avalando  la  decisión del Juez de conceder cualquier tipo de rebaja  por     la     aceptación     de     cargos     o     beneficio    –   reparación  integral-,  ante  la  prohibición  expresa  de  la Ley 1121 de 2006, sentencia que quedó debidamente  ejecutoriada el 17 de septiembre de 2010.   

DEMANDA DE REVISIÓN  

          El  apoderado  del  condenado,  al  amparo  de  la  causal  7ª  del  artículo    192    de   la   Ley   906   de   2004,   esto   es,   «cuando   mediante   pronunciamiento   judicial,  la  Corte  haya  cambiado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que sirvió para sustentar la  sentencia  condenatoria,  tanto  respecto  de  la  responsabilidad  como  de  la  punibilidad»,  presentó  demanda de revisión contra  la sentencia de segunda instancia.   

Sostiene  que,  el  condenado GENARO ACEVEDO  MARTÍNEZ   desde   el  momento  en  que  suscribió  el  preacuerdo  indemnizó  integralmente  los  daños y perjuicios ocasionados a la víctima, cancelándole  la  suma de cinco millones de pesos los cuales fueron recibidos a satisfacción,  no  obstante,  los  juzgadores  de primera y segunda instancia se abstuvieron de  reconocer  la  rebaja  de  pena  por  reparación  conforme el artículo 269 del  Código  Penal,  por  la  prohibición  contemplada en el artículo 26 de la Ley  1121  de  2006,  aunado  a  que  existía  jurisprudencia que así lo señalaba;  igualmente  se  inhibieron  de hacerlo con ocasión de la aceptación de cargos,  bajo los mismos parámetros.   

Apuntala  el demandante que la Corte Suprema  de  Justicia,  mediante  fallo de tutela (Radicación 49479), proferido el 10 de  agosto  de  2010,  ha  establecido  que  las  rebajas  de  pena  por reparación  integral,   en   tratándose   de   delitos  contra  el  patrimonio  económico,  constituyen  un  derecho  y  no  un  beneficio,  por  tanto  se  excluye  de  la  restricción  del  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006. Invoca igualmente la  decisión de fecha 1º de julio de 2009 (radicación 30800).   

En ese orden, como el juez de conocimiento y  el  Tribunal  al  momento de fallar y sustentar su negativa a conceder la rebaja  de  pena  por  reparación  tuvieron  en  cuenta  sentencias  anteriores como la  proferida  el  29 de junio de 20008 (radicado 29788), procedente resulta acceder  a  la revisión de los fallos aludidos y se proceda a reconocerle a su prohijado  la reducción de pena correspondiente.   

De  otro lado, solicita la aplicación de la  sentencia  de  27  de  febrero  de 2013 proferida en el radicado 33.254, pues al  aceptar  el  sentenciado  los  cargos  imputados  a  través de un preacuerdo es  inaplicable  el incremento de la sanción que en las instancias se hizo con base  en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

En  ese  orden, requirió dejar sin valor la  sentencia  que  motivó  la  acción,  para  que  en  su  lugar  se dicte la que  corresponda otorgando las rebajas de pena correspondientes.   

ACTUACIÓN SURTIDA EN LA CORTE  

Admitida  la demanda, se solicitó y allegó  el  expediente  que se pide revisar y, dada la causal invocada, no se dispuso la  práctica de pruebas.   

ALEGACIONES     DE     LOS     SUJETOS  PROCESALES   

Habiéndose adelantado la audiencia pública  de  sustentación,  los  intervinientes  presentaron  sus  alegaciones,  que  en  síntesis son las siguientes:   

La   demandante.  Insiste  en  sostener  que  se ha demostrado que hubo variación jurisprudencial  que  beneficia los intereses del sentenciado, por tanto, debe declararse fundada  la causal de revisión invocada.   

Hace referencia al principio de legalidad de  la  pena  y  añade  que el mismo se lesiona cuando se desconocen los beneficios  que  la misma ley otorga en materia punitiva, como, en su sentir, ha sucedido en  el  presente  caso, pues de un lado, los juzgadores no obstante reconocer que el  sentenciado  había  reparado  integralmente a la víctima, estimaron que no era  procedente  otorgarle  la  rebaja  de pena conforme el artículo 269 del Código  Penal  en  la  medida que el criterio de la Corte era que dicho beneficio estaba  excluido  por  las previsiones del artículo 26 de la Ley 1121 de 2006, aspectos  que  a  través  de  la  sentencia  con  radicado 30800 del 1º de julio de 2009  varió  en  la  medida  que  ahora  se  considera  que  la  reparación no es un  beneficio  sino  un  derecho,  por lo que resulta incluso procedente en aquellos  delitos  enlistados  en  el  citado artículo 26. De ahí que resulte procedente  redosificar  la  pena  para  que  con  base  en  esas decisiones se reconozca el  derecho denegado por los juzgadores de instancia.   

Igualmente, la Corte ha señalado, sentencia  del  27  de  febrero de 2013, radicado 33254, que en los supuestos en los cuales  el  procesado se allane a cargos o acuerde con la Fiscalía, pero estuviese ante  las  prohibiciones  del  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006, no hay lugar a  aplicar  el incremento punitivo del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, aspectos  acreditados,  al  estar  demostrado que ACEVEDO MARTÍNEZ preacordó y el delito  por  el  cual  fue condenado se encuentra enlistado en el citado artículo 26 de  la Ley 1121 de 2006.   

Así las cosas, solicita redosificar la pena  impuesta  al  sentenciado  ACEVEDO  MARTÍNEZ, y bajo los parámetros tenidos en  cuenta   por  el  juez  de  instancia,  se  reconozca  la  rebaja  de  pena  por  reparación,  artículo  269  del  Código  Penal, así como que se excluyan los  aumentos  que  estableció  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004 y que fueron  considerados por el Juzgado y Tribunal.   

El    Ministerio    Público.  Se  pronunció por la prosperidad de la pretensión, toda vez que  la  Corte  en  decisión  del 6 de junio de 2012 (rad. 35767) concluyó luego de  los  estudios de los antecedentes pertinentes que el beneficio de rebaja de pena  por  reparación que se prevé para los delitos contra el patrimonio económico,  no  se  encuentra  previsto  dentro de la prohibición de descuentos punitivos o  concesión  de  subrogados  de  que trata el artículo 26 de la Ley 1121, lo que  conduce  a  concluir que efectivamente se produjo una variación jurisprudencial  a  favor  del  sentenciado,  aunado  a que se encuentra acreditado que en efecto  hubo una reparación integral de perjuicios.   

          Por  otro lado, a través de la sentencia del 27 de febrero de 2013,  radicado  32254,  la Corte concluyó que ante las prohibiciones del artículo 26  de  la  Ley  1121  del  2006  y  en aquellos eventos de terminación anormal del  proceso  no  son  aplicables los aumentos de pena del artículo 14 de la Ley 890  del 2004.   

CONSIDERACIONES  

          De  conformidad  con  lo establecido en el numeral 3º del artículo  32  de  la Ley 906 de 2004, la Corte es competente para conocer de la demanda de  revisión  presentada  por GENARO ACEVEDO MARTÍNEZ a través de apoderado, como  quiera  que  se  promueve  contra  sentencia  dictada  por  Tribunal Superior de  Distrito Judicial.   

En  cuanto  a  la  acción de revisión esta  Corporación  la  ha  definido como un mecanismo adjetivo excepcional de control  que  se  concreta  a  través  de un proceso judicial independiente, mediante el  cual  se  busca  levantar  los  efectos  de  cosa  juzgada  y  la presunción de  legalidad  de una decisión jurisdiccional ejecutoriada, acusada de ser injusta,  nítidamente  alejada  de  la  verdad  real  e histórica, para que se emita una  nueva.   

Por  su  parte,  la  Corte Constitucional ha  destacado  la  realización  del  valor  justicia  y la prevalencia de la verdad  material  como  fin  último  o  razón  de  ser  de la acción de revisión, en  cumplimiento  de  los  propósitos  esenciales  del  Estado  conforme a la Carta  Política de 1991, así:   

        «En  este  sentido  puede  afirmarse  que  la revisión se opone al  principio     ´res    iudicata    pro    veritate    habertur´    para    evitar    que    prevalezca   una   injusticia,  pues  busca  aniquilar  los  efectos  de  la  cosa juzgada de una  sentencia   injusta   y   reabrir   un   proceso   ya   fenecido.   Su  fin  último  es, entonces, buscar el imperio de la justicia y  verdad  material,  como  fines esenciales del Estado.»  (Sentencia     C-871     de     2003)4.   

En tanto no es una prolongación del juicio,  su  naturaleza excepcional, hace que proceda únicamente por las causales que de  manera  taxativa  han  sido previstas en la ley y bajo las exigencias requeridas  para  su  admisión,  las  cuales,  por  razón  de las notas de inmutabilidad e  intangibilidad     que     acompaña     la    res  iudicata, compete acreditar al accionante.   

Así, el juicio rescindente de la acción de  revisión  no  opera  en  relación  con  trámites  o  actuaciones ya agotados,  independientemente   de   que   se   evidencien   irregularidades   u  omisiones  trascendentes  en  curso  del proceso, las cuales, debieron tener como escenario  natural  de discusión los recursos ordinarios o el extraordinario de casación,  como bien lo ha precisado la Sala:   

«1.  La  acción de revisión, a diferencia  del       recurso       extraordinario       de      casación      –a  través  del  cual, con apoyo en los  motivos  legales que lo hacen procedente, es posible discutir la regularidad del  trámite  procesal,  el cumplimiento de las garantías debidas a las partes, los  supuestos  de  hecho  de la sentencia de segunda instancia no ejecutoriada y sus  consecuencias  jurídicas—,  tiene  como  objeto  una  sentencia, un auto de cesación de procedimiento o una  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  que  hizo tránsito a cosa  juzgada  y  como  finalidad remediar errores judiciales originados en causas que  no  se  conocieron durante el desarrollo de la actuación y que están limitadas  a las previstas en la ley.   

No  es  la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en fundamentos propios del recurso de casación. Tampoco  es  una  tercera  instancia a la que se accede para discutir lo resuelto por los  jueces  o  fiscales  con  base  en  los  mismos  elementos  probatorios  que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

Lo  anterior  significa  que por medio de la  acción  de revisión no se puede abrir de nuevo el debate sobre lo declarado en  la sentencia.» (CSJ AP, 6 Feb. 2007, Rad. 23839)   

También refirió la Corte:  

        «No  busca  pues,  la  acción  de  revisión,  subsanar errores de  juicio  o  de  procedimiento  porque  esa  es  la  función  de  los recursos de  instancia  y de la casación. La revisión, en cambio pretende la reparación de  injusticias  a partir de la demostración de una REALIDAD HISTÓRICA diferente a  la  del  proceso y únicamente dentro del marco de invocación precisado por las  causales establecidas.» (CSJ AP, 23 Ag. 2000, Rad. 15322)   

Es  evidente  que dentro de estas exclusivas  causales  de  revisión  asoma  la  invocada  por  el accionante, orientada a la  invalidación  de  un  fallo  ejecutoriado, bajo el supuesto que la Corte  haya  variado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que  sirvió  para  sustentar  una  sentencia  condenatoria,  tanto  respecto  de  la  responsabilidad, como de la punibilidad.   

Causal frente a la cual la Corte tiene  dicho que para su configuración  es   indispensable   que   el   actor  no  solamente  demuestre  cómo  el  fundamento de la sentencia cuya  remoción   se   persigue   es   entendido  por  la  jurisprudencia     de    modo    diferente,    sino    que,    de    mantenerse,  comportaría   una   clara   situación    de    injusticia,    pues   la   nueva   solución  ofrecida  por  la  doctrina  de la Corte conduciría     a    la    sustitución    del  fallo.   

         De    otra    parte,   recientemente  señaló:   

«El entendimiento normal de la disposición  apuntaría  a  que  el  pronunciamiento  favorable  de  la  Corte deba darse con  posterioridad  a  los  fallos  de  instancia. No obstante, puede suceder que los  jueces  de  conocimiento  no  se  hubiesen  enterado, no estuvieren al tanto, no  supieran  de  la  existencia de la nueva jurisprudencia y que, como consecuencia  de   ello,  su  decisión  se  hubiese  adoptado  con  fundamento  en  criterios  anteriores de la Sala de Casación Penal.   

En  esas  eventualidades,  así  el criterio  favorable  de  la  Corte  sea posterior en el tiempo a la emisión de los fallos  por  revisar,  para esos casos concretos se muestra como “nuevo”, porque, en  efecto,  la  novedad  de lo dicho por la Corte radica, no en su ubicación en el  tiempo  siguiente  a  las  decisiones  de  los  jueces, sino en relación con la  época del criterio adoptado en ellas.   

Por  mejor  decir,  la  inteligencia  de  la  posterioridad  del  lineamiento  jurisprudencial  de la Sala de Casación Penal,  apunta  no  a  las  fechas de las decisiones, sino a las épocas en que la Corte  adoptó  los  dos  criterios:  el  que  sirvió  de soporte a las sentencias por  revisar  y  el aducido como nuevo y favorable. Así, el argumento benéfico debe  haberse  producido luego de aquel que fue el fundamento de los fallos demandados  en revisión.   

Esta   interpretación  se  adecua  con  precisión  al mandato legal, como que en estricto sentido este no determina que  lo  trascendente  sea el momento de emisión de la jurisprudencia, sino que ella  sea  benéfica  y  posterior  a  aquella  que sirvió de soporte a los jueces de  instancia.». (CJS SR, 20 Ag. 2014, Rad. 43624).   

Hechas   las   anteriores   precisiones,  lo  primero que habrá de  señalarse y como  bien lo reconociera la demandante  en     los    alegatos    de    conclusión,    la  acción   apunta   no  a  derruir  los  juicios  de  responsabilidad  sino  a  morigerar  sus efectos, en  tanto  los  juzgadores  de  instancia,  impartieron una condena e impusieron una  sanción,     basados     en     una     precisa  interpretación  jurisprudencial  que posteriormente  fue   variada.   De  manera  que  habiéndose  modificado     el  precedente   en  favor  del  procesado,  se  impone  proceder  al  reconocimiento  de lo que se le denegó  con fundamento en la determinada y revocada jurisprudencia.   

        En    ese    orden,    la  primera hipótesis que se plantea es  la  de  que  no  se  le  reconoció  la  rebaja  del  artículo   269   del  Código     Penal5,      a     pesar     de  haberse acreditado que el  sentenciado   indemnizó  los    perjuicios    ocasionados    con   el   delito   a   la   víctima.   

         

        Ciertamente,  las  sentencias  de primer y segundo grado coinciden  en   declarar   que  la  disminución  de  pena  por  reparación  no  procede  para el caso del delito de  extorsión,   amparados   en   la   preceptiva  del  artículo   26  de  la  Ley  1121  de  20066   

.  

        Al    respecto   señaló        el       Juzgado       de  Conocimiento:   

        «Por            último, es  preciso   dejar   en   claro,   para   que  no  se  considera  una  omisión  del    Juzgado,    que    por    prohibición   del  artículo  26  de  la Ley 1121 de 2006, no procede y  por  ello  no  se  reconoce, la reducción de pena al  procesado     por    el    allanamiento    a    la  imputación  y  por  la  indemnización  de  perjuicios  a la víctima,     prohibición  que  la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte  de Suprema de  Justicia  ha reiterado para casos como el que ocupa nuestra atención,     entre    otros    pronunciamientos,    como    los   que   seguidamente   se   citan  (sentencia    30800   de   julio   1º   de  2009),  disposición   que,   por  cierto,  fue  declarada  exequible  por  la  Corte  Constitucional  en  Sentencia  C-073  de  2010, M.P. Dr. Humberto Antonio Sierra  Porto…».   

        El   Tribunal   Superior   se  amparó  igualmente  en las decisiones del 1 de julio de 2009  (radicación      30800)     y     28        de        octubre      de     2009        (radicación             31568),          para sostener:   

        «De  los  precedentes  anotados  surgen  como    problemas    jurídicos   los   siguientes,  ¿en    el    punible   de   extorsión,  si la víctima indemniza  procede  la  rebaja  de  pena  prevista en el artículo 269 del CP? (…)   

        2.1.   No  se  discute  que  el  procesado  ha  indemnizado  a  la  víctima, tampoco tiene relevancia jurídica  si  para  ello  el acusado debió  vender   sus   bienes,   entonces,   la   controversia   gira   en  torno  a  la  prohibición   contenida  en  el  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006,  respecto  del  cual,  como  lo  señaló         el         a         quo,         la         jurisprudencia   de   la   Sala   de  Casación   Penal,   en   un   caso   similar,     extorsión  agravada  en  tentativa por hechos ocurridos en el mes de abril  de 2008, precisó:   

        (…)   

        En   cuanto   este  orden,  los  procesados  por  la  conducta    punible   de   extorsión  así   hayan   indemnizado   a  la  víctima,  están  excluidos de la rebaja  de  pena  contenida  en  el  artículo  269  del CP,  inicialmente  por  la Ley 733 de 2002, en la actualidad por la Ley 1121 de 2006,  como  acaba  de  verse,  ello en razón a       la       política  criminal adoptada por el legislador en virtud de la potestad  de   libre  configuración  de  la  ley.».   

         

        No  obstante,  mediante  las decisiones que se citan en la demanda  y las proferidas dentro de  los  radicados  31531,  35767, 25741, 32762, la Corte ha admitido la procedencia  del  beneficio punitivo para quien repara a las víctimas, cuando del punible de  extorsión  se  trata,  a pesar de la prohibición legislativa. Particularmente,  conviene  traer  a  colación la decisión del 6 de junio de 2012, dentro del ya  referido  radicado  35767,  en  donde  luego  de  un  recuento  detallado de los  precedentes  jurisprudenciales  y  de  los  antecedentes  de  la  ley en comento  postula  la  Corte  que el desconocimiento de la aludida rebaja de pena conculca  un  derecho del procesado, desconoce el principio de proporcionalidad de la pena  y atenta contra los derechos de las víctimas, concluyendo:   

       «Así  pues,  la  Sala,  en lo sucesivo, modifica en tal sentido la  interpretación  sobre  el  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006. Su nueva  hermenéutica  se  contrae a que se concede la reducción de pena prevista en el  artículo  269  del  Código  Penal  a quienes siendo procesados por extorsión,  repararon  los  perjuicios  en  los términos previstos por el artículo 269 del  Código  Penal;  sin que tal situación afecte los extremos punitivos, ya que la  disminución  se  realiza  una  vez individualizada la pena, y sin efectos en el  término   prescriptivo   de   la   acción  penal7.»   

En  el  sub  examine,  las  sentencias  de  instancias  se  profirieron con antelación al criterio de la Corte que se tiene  por  favorable (radicado 35767), dando aplicación precisamente a los postulados  de  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  que por aquel entonces admitían que la  indemnización  de perjuicios era un beneficio más no un derecho y por tanto se  encontraba  previsto  dentro  de  la  prohibición  de  descuentos  punitivos  o  concesión  de  subrogados  de que trata el artículo 26 de la Ley 1121  de  2006.   

Ahora,  la  Sala  de  Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  varió  favorablemente  su  postura  en torno a la  inaplicación  de  la  rebaja  de  pena  del  artículo 269 del Código Penal en  aquellos  casos  donde  había  reparación integral por la prohibición expresa  del artículo 26 de la Ley 1121 de 2006.   

Hecha  así la constatación respectiva, se  advierte  sin  ninguna  dificultad  que  el nuevo razonamiento jurídico habría  implicado  un  trato punitivo más beneficioso para el demandante, a quien se le  negó  el  derecho  a  tener una rebaja de pena por haber reparado integralmente  los  perjuicios a la víctima, motivo por el cual resulta material y formalmente  ajustada  la  causal  de  revisión  frente a este puntal aspecto, máxime si se  tiene  en  cuenta  que  ciertamente  el  sentenciado indemnizó integralmente al  ofendido,  circunstancia  que  no  solamente  se denota en el acta de preacuerdo  suscrita,    sino    que    así    lo    reconocieron    los    juzgadores   de  instancia.   

       El   segundo   tema   propuesto  al  amparo  de  la  misma  causal  revisoría,   tiene   que   ver   con  la  inaplicabilidad  del  incremento  de pena del artículo 14 de la  Ley  890  de  2004, pues la Corte con posterioridad al criterio sostenido en las  sentencias  de  instancias  concluyó  que  en  los  supuestos  en los cuales el  procesado  se allane a cargos o acuerde con la Fiscalía, pero se estuviese ante  las  prohibiciones  del  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006, no hay lugar a  aplicar   el   incremento   punitivo   del   artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.   

       Al  respecto lo primero que tendrá que  advertirse   como   se   consignara   en   párrafos  anteriores  el juez de instancia ciertamente negó al  sentenciado  la rebaja de pena prevista en el artículo  351  del  Código  de  Procedimiento Penal no obstante haber aceptado los cargos  imputados  por  vía de un preacuerdo, por expresa prohibición del artículo 26  de la Ley 1121 del 2006.   

Con  posterioridad  a  las  sentencias  de  instancia,  la  Sala  de  Casación  Penal  profirió  el fallo 33.254 del 27 de  febrero  de  2013,  concluyó que en los supuestos en los cuales el procesado se  allane  a  cargos  o  acuerde  con  la  Fiscalía,  pero  se  estuviese ante las  prohibiciones  del  artículo 26 de la Ley 1121 del 2006, no hay lugar a aplicar  el incremento punitivo del artículo 14 de la Ley 890 del 2004.   

Lineamiento  que parte de la base de que la  Ley  1121 del 2006 prohíbe conceder cualquier tipo de prebendas cuando, como en  este  caso, se trate del delito de extorsión, razón por la cual no se entiende  que  se aplique el aumento señalado, cuando su razón de ser es la de propiciar  una justicia premial.   

En   esta   providencia,   concluyó   la  Corte:   

«Por   consiguiente,  a  la  luz  de  la  argumentación  aquí  desarrollada,  fuerza  concluir  que habiendo decaído la  justificación  del  aumento  de  penas  del  art.  14 de la Ley 890 de 2004, en  relación  con los delitos incluidos en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006 –para  los  que  no  proceden  rebajas  de  pena  por  allanamiento o preacuerdo–, tal  incremento  punitivo,  además  de  resultar  injusto  y contrario a la dignidad  humana,  queda  carente  de  fundamentación,  conculcándose  de esta manera la  garantía de proporcionalidad de la pena.   

Así  mismo, en ejercicio de su función de  unificación  de  la  jurisprudencia,  la Sala advierte que, en lo sucesivo, una  hermenéutica   constitucional  apunta  a  afirmar  que  los  aumentos  de  pena  previstos  en  el  art.  14  de la Ley 890 de 2004 son inaplicables frente a los  delitos  reseñados  en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006. No sin antes advertir  que   tal   determinación   de  ninguna  manera  comporta  una  discriminación  injustificada,  en  relación con los acusados por otros delitos que sí admiten  rebajas  de  pena  por allanamiento y preacuerdo, como quiera que, en eventos de  condenas  precedidas  del juicio oral, la mayor intensidad punitiva no sería el  producto  de una distinción arbitraria en el momento de la tipificación legal,  ajustada  por  la Corte, sino el resultado de haber sido vencido el procesado en  el  juicio,  sin  haber  optado  por  el acogimiento a los incentivos procesales  ofrecidos  por  el  legislador;  mientras que, frente a sentencias condenatorias  por  aceptación  de  cargos,  la  menor  punibilidad,  precisamente,  sería la  consecuencia  de  haberse  acudido  a  ese  margen  de negociación, actualmente  inaccesible  a  los  delitos  referidos  en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006.».   

Con posterioridad, el 19 de junio siguiente,  dentro del radicado 39.719, reiteró:   

«Durante las alegaciones orales, de consuno  la  Fiscalía y la representación del Ministerio Público, pidieron se aplicase  de  oficio,  en favor del procesado, la más reciente jurisprudencia de la Sala,  consignada en el radicado 33254 del 27 de febrero de 2013.   

La  decisión  en comento, cabe recordar, a  partir  de  la  aplicación del principio de proporcionalidad y la verificación  del  querer  del  legislador  al expedir la Ley 890 de 2004, concluyó que a los  delitos  a  los  cuales  cobija  la  prohibición  de  rebajas  o beneficios del  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006,  entre  ellos la conducta punible de  extorsión,  no  les es aplicable el incremento generalizado de pena establecido  en el artículo 14 de la primera normatividad citada.   

Empero,  de  lo expuesto por la Corte hacen  los  representantes  de  la Fiscalía y la Procuraduría una equivocada lectura,  pues,  no  deriva  de  allí  que la eliminación del incremento opere general e  indiscriminada  para  esos  delitos reseñados en el artículo 26 de la Ley 1121  de    2006,   sin   que   importen   las   vicisitudes   procesales   del   caso  concreto.   

Todo  lo  contrario,  en  la jurisprudencia  objeto  de  análisis,  dentro al apartado final del tópico referido al tema en  cuestión, la Corte advirtió: (…)   

Claramente  el  apartado trascrito contiene  una  restricción  al concepto de inaplicación del aumento de penas establecido  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de 2004, pues, precisamente para que el  principio  de  igualdad  respecto  de  personas a quienes se condena por la vía  ordinaria  en  delitos  diferentes,  no  sea  vulnerado,  establece como premisa  básica  que  el  no  incremento  sólo opera cuando el procesado se acoge a los  mandamientos  de  justicia  premial que contienen las figuras del allanamiento a  cargos y preacuerdos.   

Vale  decir,  en los casos en los cuales la  persona  vinculada por delitos contemplados en el artículo 26 de la Ley 1121 de  2006,  no hace manifiesta su intención de acogerse a la terminación anticipada  del  proceso,  vía  allanamiento  o  preacuerdo, y ello no se materializa en la  consecuente  definición anticipada del asunto, la pena aplicable debe consultar  también  el  incremento  dispuesto  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.   

Pues, de no ocurrir así quedaría huérfana  de  soporte  la  tesis  que gobierna la jurisprudencia examinada, que tiene como  objeto  central de definición la imposibilidad de incrementar penas de Ley 890,  a quienes no acceden a la justicia premial.   

Cuando  el  asunto  discurre  por el camino  ordinario  del juicio oral, ya se hace necesario igualar a todas las personas de  conformidad  con  lo  establecido  por el artículo 14 de la tantas veces citada  Ley  890 de 2004, no sólo porque aquí en nada incide la justicia premial, sino  porque  de no hacerse así se establece una desigualdad gratuita e injustificada  a  favor  de  quienes,  precisamente,  cometen  delitos graves que el legislador  estimó necesitados de más draconiano trato.   

Por  lo  demás,  si  se  dejara de lado la  necesaria  acotación  del  criterio  establecido  por la Corte, ningún sentido  tendría  la  exhortación que en la decisión jurisprudencial objeto de examen,  se  hace  para  que  el  legislador  en  lugar  de  limitar las posibilidades de  terminar  los  asuntos  rápidamente  a  través  de  los mecanismos de justicia  premial,  las  flexibilice  a efectos de hacer funcional y eficaz el sistema, so  pena de su colapso.   

Apenas  natural surge que si la posibilidad  del  no  incremento de pena en los delitos objeto de prohibición de beneficios,  resulta  consecuencia de acceder a alguno de los institutos de justicia premial,  ello  servirá  de acicate para que así suceda y se eviten los efectos dañosos  de la congestión judicial.   

         En  consecuencia,  la Corte reafirma que por inescapables razones de  igualdad  y  funcionalidad  del sistema, la prohibición del incremento de penas  general  dispuesto  en  el  artículo  14 de la ley 890 de 2004, respecto de los  delitos  enlistados  en  el  artículo  26  de  la Ley 1121 de 2006, únicamente  remite  a aquellos casos en los cuales la persona se allanó a cargos o llegó a  un  acuerdo  con  la Fiscalía y en atención a ello se terminó anticipadamente  el proceso».   

Postura  que  se  acredita  en  el caso sub  examine,  dado  que  GENARO  ACEVEDO  MARTÍNEZ  acordó  con  la  Fiscalía  la  admisión  de  los cargos, convenio que constituyó el soporte de las sentencias  de  condena  y  en  la  dosificación  punitiva  se  aplicó  el aumento de pena  consagrado  en  el  artículo  14  de  la  Ley 890 del 2004, pero se le negó la  rebaja  del  artículo 351 procesal, porque así lo reglaba el 26 de La Ley 1121  del 2006.   

En  ese orden, no son necesarias, entonces,  mayores  lucubraciones  jurídicas  o fácticas para concluir que, en efecto, se  presentó   un   cambio   favorable  de  jurisprudencia  en  el  aspecto  de  la  punibilidad,  motivo  por  el  cual  resulta  material y formalmente ajustada la  causal  de revisión contemplada en el numeral 7° del artículo 192 del Código  de    Procedimiento   Penal   de   2004,   invocada   por   el   apoderado   del  sentenciado.   

En consecuencia, la Sala declarará fundada  la  acción  de  revisión  objeto  de estudio, por lo que dejará sin efecto la  dosificación  punitiva  contenida  en  la sentencia condenatoria dictada contra  GENARO ACEVEDO MARTÍNEZ y,  en  su lugar, procederá a  emitir  la  providencia  respectiva,  tal  y como lo  dispone   el   numeral   1°  del  artículo  196  de  la  Ley  906  de  20048   

,   reconociendo   la  rebaja  de  pena  contemplada  en  el artículo 269 del Código  Penal  y sin tener en cuenta los aumentos contemplados en el  artículo    14    de    la   Ley   890      de      2004,     con     la  precisión que se respetaran los criterios adoptados  por el a quo al momento de dosificar la pena.   

El   artículo  244  del  Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  5º de la Ley 733 de 2002, contempla una pena de  prisión   de   12   a   16   años   -144   a  192  meses-   y  multa de 600 a 1200 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, pero al ser la conducta agravada por lo previsto en  el  numeral 3º del artículo 245 ibídem, modificado por el artículo 6º de la  Ley  733  de  2002,  dicha  sanción  se aumenta hasta en una tercera parte y la  multa  queda  de  3.000  a  6.000  salarios mínimos legales mensuales vigentes;  luego;  hecho  el  cálculo según el artículo 60.2 del Código penal, deja los  topes  de  144  a  256  meses,  pero  como quiera que concurre adicionalmente la  circunstancia  genérica  consagrada  en el artículo 267 numeral 1º del citado  estatuto,   los  guarismos  deberán  aumentarse  de  una  tercera  parte  a  la  mitad9,  quedando entonces la pena entre 192 meses y 384 meses de prisión  y    multa    de   4.000   a   9.000   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

         Ahora,  como  se  trata  de una conducta en grado de tentativa, debe  considerarse  lo  dispuesto  en  el artículo 27 del Código Penal, es decir, la  pena  no  puede  ser  menor de la mitad del mínimo ni mayor de las tres cuartas  partes  del  máximo de la señalada para la conducta punible consumada. De esta  forma,  la  pena,  queda  de  96 meses a 288 meses de prisión y multa de 2000 a  6.750 salarios mínimos legales mensuales vigentes   

El juzgador se ubicó en el cuarto inferior,  que  en  este  caso  va  de 96 a 144 meses de prisión y multa de 2000 a 3.187,5  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, sin embargo, no partió de las  citadas  penas  mínimas  sino  que  incremento  dichas  proporciones  en un 40%  atendiendo  los parámetros establecidos en el inciso 3º del artículo 61 de la  norma  sustantiva.   Así  las  cosas, atendiendo tales cuantificaciones la  pena  finalmente queda oscilando entre 134 meses 12 días de prisión y multa de  2.800 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

De otra parte,  atendiendo  la  prosperidad de la acción,   debe   darse  aplicación  a  las  preceptivas  del artículo  269     del     Código    Penal,    pues    ciertamente   como   incluso   se   reconoció  desde  el momento en que se presentó  el  preacuerdo, el ciudadano que padeció  la  delincuencia  fue indemnizado,   cancelándosele  para  el  efecto   la   suma   de   cinco  millones  de  pesos  ($5.000.000),  los  cuales  recibió a satisfacción.   

Ahora,         como   el   precitado   artículo   269   no   contiene   exigencias   subjetivas  y  si  la  indemnización  de  perjuicios es un tema de estricto derecho privado, según lo  ha  reconocido  la  Corte, o que este fenómeno post delictual se consagró como  aliciente   para   hacer   cesar   los   efectos   nocivos   del  comportamiento  delictivo10,  la  graduación  de  la pena no es facultativa del Juez, sino que  depende  de  la  prontitud  en la reparación que se haga a la víctima a fin de  que  cesen  los  efectos  dañinos  del ilícito, lo que se tiene en cuenta a la  hora de aplicar un mayor o menor descuento en la pena.   

En el presente caso, considera la Sala, que  no  es  procedente  reconocer  el  máximo  de  rebaja  de pena consagrado en la  precitada  normatividad,  es decir, las ¾ partes, sino el 50%, toda vez que los  efectos  dañinos del ilícito solo se vinieron a aplicar 9 meses después de la  fecha  de  los  acontecimientos,  por  tanto,  la  indemnización no conjuró el  perjuicio  en  forma  inmediata, lo que generó que las consecuencias nocivas se  extendieron  por  un  tiempo  considerable.  Los  cinco millones de pesos fueron  cancelados  el  día  en que se suscribió el preacuerdo, esto es, el 7 de enero  de 2010.   

En  consecuencia,  a  los  134  meses  12  días  de  prisión  y  multa  equivalente  a  2.800  salarios  mínimos legales mensuales vigentes  atrás    referidos,  se  les  debe  hacer una  reducción   en   la   mitad,  de  acuerdo  con  la  previsión  del artículo  269  de  Código  Penal,  por  tanto, realizadas las  operaciones  aritméticas da un total de 67           meses       6       días      de     prisión   y   multa   de   1.400   salarios  mínimos   legales  mensuales  vigentes.   

Ahora,   como   el   artículo   52  del  Código  Penal  inciso  3º,  prevé que la pena  de    prisión    conllevara   la   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas,  por  un  tiempo  igual    al    de   la   pena   a   que   accede,   ésta   se   fijará   67   meses  y  6  días,  término de la pena  principal privativa de la libertad.   

En  conclusión, se tiene que las penas que  debe  cumplir  el  sentenciado  GENERO  ACEVEDO  MARTÍNEZ  son  de 67  meses 6  días       de  prisión y multa de 1.400  salarios      mínimos     legales     mensuales  vigentes  para el año 2009, al igual que la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  lapso igual que el de la pena privativa de la libertad.   

Finalmente,  procedente  es  que  la  Sala  verifique  si  GENARO  ACEVEDO  MARTÍNEZ  tiene  derecho a la libertad por pena  cumplida,  atendiendo  la  prosperidad de la causal, el tiempo que lleva privado  de  su  libertad  y  los  lapsos  que  se  le  han reconocido como redención de  pena.   

En ese orden, se tiene que ACEVEDO MARTÍNEZ  fue  privado de su libertad el 6 de agosto de 2009, de donde se concluye que por  tiempo  físico  al  momento  de  registro de esta decisión (10 de noviembre de  2014),  lleva  sesenta  y  tres  (63)  meses  seis (6)  días11  privado  de  su  libertad, tiempo al que ha de incrementársele el  redimido por estudio y/o trabajo.   

Acorde  con decisión de 30 de noviembre de  2011,  proferida  por  el  Juzgado  4º  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de  Seguridad  de  Bogotá, se le hizo un descuento de pena por estudio y enseñanza  de    5,    meses,    11    días   y   12   horas12.   

Ahora,  el  27  de  diciembre  de  2012, el  Juzgado  4º  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Descongestión de  Neiva  Huila, hizo un descuento de pena por estudio y enseñanza de 3 meses y 17  días13.   

Finalmente, mediante auto de 23 de enero de  2014,  el  Juzgado  2º  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad de  Descongestión  de Florencia (Caquetá), redimió el equivalente a 30.8 días de  prisión     por     concepto     de     trabajo14.   

Realizadas las correspondientes operaciones  aritméticas  respecto  del tiempo redimido por enseñanza, estudio y trabajo da  un    total    de    9    meses    y    28   días15.   

De  manera  que  sumados  los  anteriores  guarismos,   es   decir,   el  tiempo  físico  de  privación  de  la  libertad  (63  meses 6 días), con el  de  redención  de  pena  a  que tiene derecho por estudio, trabajo y enseñanza  (9  meses,  28  días), se  concluye    que    GENARO    ACEVEDO   MARTÍNEZ   ha   acumulado   setenta   y   tres   (73)   meses  y  cuatro  (4)  días;   es   decir,   que   la  pena  de  67  meses   6   días   de  prisión   que   le  fue  impuesta, se encuentra cumplida.   

En tales condiciones, se ordena conceder la  libertad  inmediata  e  incondicional  a  GENARO ACEVEDO MARTÍNEZ por razón de  este  proceso,  para  lo  cual  se  ordena  librar  la correspondiente boleta de  libertad  dirigida  al  Director  del Establecimiento Penitenciario y Carcelario  Las  Heliconias  de  Florencia  Caquetá,  quien  la hará efectiva siempre  que  el citado no sea requerido por otra autoridad judicial  y diverso asunto.   

La libertad que se otorga es consecuencia de  la  decisión  que  se adopta en el trámite de la acción de revisión y no por  causa diferente.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO.  DECLARAR FUNDADA la causal de  revisión  invocada  por  el defensor de GENARO ACEVEDO  MARTÍNEZ.   

SEGUNDO.  DECLARAR    SIN    VALOR,  PARCIALMENTE,  la  sanción  impuesta  en  las  sentencias del 24 de junio de 2010 y 8 de septiembre de 2010,  proferidas,  en  su  orden, por el Juzgado Penal del Circuito de Conocimiento de  Zipaquirá  y  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Cundinamarca,  exclusivamente  para dejar  en    67    meses   6  días         de         prisión, multa de  1.400    salarios    mínimos   legales   mensuales  vigentes en el año 2009 e inhabilitación de derechos  y  funciones  públicas  por  un lapso igual a la pena privativa de la libertad,  siendo  estas  las  penas  que  debe  cumplir  GENARO  ACEVEDO  MARTÍNEZ,  como  determinador  del  delito  de  tentativa  de  extorsión agravada por el que fue  condenado.   

En   todo  lo  demás,  los  fallos permanecen vigentes.   

                                             TERCERO. CONCEDER  la libertad inmediata e incondicional a GENARO ACEVEDO  MARTÍNEZ,  por  pena  cumplida,  acorde con las consideraciones plasmadas en la  parte motiva,   

En  consecuencia,  se  ordena  librar  la  correspondiente  boleta  de libertad a favor de GENARO ACEVEDO MARTÍNEZ ante el  Director  del  Establecimiento  Penitenciario  y  Carcelario  Las  Heliconias de  Florencia  Caquetá,  quien  la  hará efectiva siempre  que   el  citado  no  sea  requerido  por  otra  autoridad  judicial  y  diverso  asunto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

         Con  el  respeto  debido  hacia  las opiniones y el criterio ajenos,  procedo  a  consignar las razones que me llevaron a aclarar el voto en relación  con  la  decisión  adoptada por la Sala dentro de este proceso, a través de la  cual  se declaró fundada la acción de revisión presentada por el apoderado de  GENARO     ACEVEDO     MARTÍNEZ     propuesta  contra  el  fallo  proferido  por el Tribunal Superior de  Cundinamarca  que  confirmó  la  condena  dictada  en  primera instancia por el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Zipaquirá por el delito de extorsión agravada  en grado de tentativa.   

          Dos  son los aspectos respecto de los cuales procederé a aclarar mi  voto:  i)  frente  a la postura prohijada por la Sala mayoritaria según la cual  procede        la  rebaja de pena consagrada en el  artículo  269  del Código Penal, por reparación, para las conductas incluidas  dentro  de  las  prohibiciones establecidas en el artículo 26 de la Ley 1121 de  2006,  referidas  a  los  punibles  de terrorismo, financiación del terrorismo,  secuestro  extorsivo, extorsión y delitos conexos, siempre que fueran cometidos  dentro  de  su vigencia, con independencia de si se trataba del sistema procesal  reglado   en   la  Ley  600  de  2000  o  en  la  Ley  906  de  200416 y ii) en lo  atinente  a  la  posición  también asumida por la Sala mayoritaria en cuanto a  que  es  improcedente  el  incremento  generalizado  de  penas  consagrado en el  artículo  14  de  la  Ley  890 de 2004 para esas mismas conductas con el fin de  permitir  un  margen  de  maniobra a la Fiscalía en procura de conseguir fallos  anticipados  por  vía  de  los  acuerdos  y  allanamientos,  porque con ello se  violaría   el   principio   de   proporcionalidad  de  la  sanción17.   

          Pues  bien,  en  lo  que incumbe al primer  punto   considero   que,   contrario  a  lo  definido  mayoritariamente,  no  es  procedente la rebaja de pena por reparación respecto  del  delito  de  extorsión,  dada  la  expresa  prohibición introducida por el  legislador en el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006.   

          De  esa  manera,  bien  está  evocar  el  claro  texto de la citada  disposición, según el cual:   

“ARTÍCULO 26.  EXCLUSIÓN   DE   BENEFICIOS  Y  SUBROGADOS.  Cuando  se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y  conexos, no procederán  las  rebajas  de  pena  por sentencia anticipada y confesión, ni se concederán  subrogados  penales  o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de la  libertad  de  condena  de  ejecución  condicional  o suspensión condicional de  ejecución   de   la  pena,  o  libertad  condicional.  Tampoco  a  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión, ni  habrá   lugar   ningún   otro   beneficio   o   subrogado  legal,  judicial  o  administrativo,    salvo    los    beneficios    por   colaboración  consagrados  en  el  Código de Procedimiento Penal, siempre que  esta     sea    eficaz”    (subraya    fuera    de  texto).   

          Del  citado  precepto  se  establece  que  tratándose del delito de  extorsión  no  es procedente descuento punitivo alguno, tanto menos el derivado  de  la  reparación  a la víctima por parte de autores o partícipes, según ya  lo  tenía suficientemente decantado esta Colegiatura, como así se consignó en  sentencia   de   casación   del   29   de   julio  de  2008  (Rad.  29788),  al  señalar:   

“La Corte puede  afirmar  sin  dubitación  alguna  que  el querer del legislador al promulgar la  norma  cuestionada  fue  negar en adelante, cualquier  posibilidad  de  descuento o subrogado penal a los condenados por los delitos de  terrorismo,  financiación  de terrorismo, secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, sin distinguir el  sistema  procesal  en el cual regiría” (subraya fuera de texto).   

Es  importante recordar que si bien en el  Proyecto   de   Ley  No  208  que  cursó  en  el  Senado  (138  en  Cámara)  ,  “por el cual se dictan normas para la prevención,  detección,  investigación  y  sanción  de  la  financiación del terrorismo y  otras  disposiciones”, no aparecía en un principio  el  citado  precepto prohibitivo de beneficios, en las modificaciones efectuadas  por  los  ponentes  Germán  Vargas  Lleras,  Ciro Ramírez Pinzón, Mario Uribe  Escobar  y  Héctor  Helí  Rojas  se  introdujo  tal norma, cuya inclusión fue  aprobada  por  la  Comisión  Primera  del  Senado  de la República18, la cual  únicamente  fue  modificada  ulteriormente  al  marginar el delito de secuestro  simple e incluir el punible de financiación del terrorismo.   

Los  motivos expuestos para establecer la  prohibición de beneficios fueron:   

“Se propone  introducir  un artículo nuevo, retomando el artículo 11 de la Ley 733 de 2002,  a  través  del cual se excluyó la posibilidad de conceder subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena cuando se trate de delitos de terrorismo,  financiación  del  terrorismo,  secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión y conexos.   

Ello  por  cuanto  en  reciente sentencia  proferida  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia  el  14 de marzo de 2006, dicha  Corporación  consideró  que las prohibiciones contenidas en el artículo 11 de  la  mencionada Ley 733 no son aplicables a los delitos de extorsión, secuestro,  terrorismo  y conexos cometidos a partir del 1 de enero de 2005 en los distritos  en que rige a plenitud la Ley 906 de 2004.   

Bajo   esta  perspectiva,  estaríamos  avocados  a  que  los  terroristas,  secuestradores y  extorsionistas,  no  estén  recluidos  en  la  cárcel,  al  considerar  que el  artículo   11   quedó   derogado  al  entrar  en  vigencia  el  nuevo  sistema  procesal” (subrayas fuera de texto).   

         Conforme  a  lo  anterior,  es  palmario  que  si  por  razones de  política  criminal,  más  específicamente  de política penal, la pretensión  del  legislador  fue  la  de excluir a los condenados por delitos de terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, de  cualquier  rebaja de pena o subrogado penal, no resulta procedente aducir que en  aras  de preservar la justicia restaurativa o los derechos de las víctimas, sea  viable  interpretar  el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006 en el sentido de que  allí  no  se  prohíbe  la  rebaja  de  pena  por reparación para el delito de  extorsión  y  que por ello es viable dar aplicación al artículo 269 de la Ley  599 de 2000 para los condenados por tal punible.   

         Si  de acuerdo con una regla interpretativa de vieja data donde el  legislador  no  distingue es improcedente que el intérprete lo haga, no resulta  plausible  reconocer rebaja de pena para quien repare a la víctima de un delito  de  extorsión,  pues  esa  no  es  la  voluntad del legislador, ni es lo que se  deduce del texto legal analizado.   

         No  en vano el artículo 27 del Código Civil colombiano establece  que  “Cuando el sentido de la ley sea claro, no se  desatenderá  su  tenor literal a pretexto de consultar su espíritu”,    y    a    renglón   seguido   puntualiza:   “Pero  bien  se puede, para interpretar una expresión oscura de la  ley,  recurrir  a  su  intención  o  espíritu, claramente manifestados en ella  misma   o   en   la   historia   fidedigna   de  su  establecimiento”.   

          De  acuerdo  con  la  disposición trascrita puede colegirse, de una  parte,  que  el  artículo 26 de la Ley 1126 de 2006 es lo suficientemente claro  en  cuanto  se  refiere  a negar toda rebaja de pena o subrogado penal a quienes  fueren  condenados, entre otros, por el delito de extorsión. Y, de otra, que al  consultar  la  exposición  de  motivos para que el legislador introdujera dicho  precepto,  logra establecerse que su finalidad no fue otra a la de responder con  dureza  punitiva a la comisión de tales punibles, sin permitir, se reitera, las  rebajas de penas o el otorgamiento de subrogados.   

          Esto  último  como  respuesta  necesaria  y   proporcional del  legislador  al  clamor  de  una sociedad inerme que ve cómo se han incrementado  desorbitadamente   estas  modalidades  delictivas,  a  cargo,  generalmente,  de  estructuradas  organizaciones  que  han  encontrado  en la extorsión una fuente  inagotable  de  ingresos, sacando provecho del temor y el estado de indefensión  del  ciudadano  ante  el  abandono  de  un  Estado que, en la realidad, no logra  garantizar su seguridad.   

          Es  por  eso que a través de la jurisprudencia no se puede descocer  el  propósito  exteriorizado  del constituyente derivado de erradicar o, por lo  menos,  atemperar  esa  realidad criminal, mediante el instrumento legítimo que  hace  parte  de  su  libertad de configuración legislativa en materia penal, de  negar   todo   beneficio  o  subrogado  a  quienes  sean  condenados  por  tales  delincuencias,  incluyéndose  allí,  desde  luego,  la  reducción de pena por  reparación  consagrada  en  el  mencionado artículo 269 del Código Penal para  los  delitos  contra el patrimonio económico, como se venía sosteniendo por la  Sala hasta antes de esta variación de la cual me aparto.   

          Es  que  el  bien  intencionado  objetivo  perseguido  con el cambio  jurisprudencial  de  velar,  a tono con la tendencia actual de la Corte, por los  derechos  de  las  víctimas  mediante  la  materialización  a  su  favor de la  denominada    justicia    restaurativa    en    el   sentido   de   “propiciar  y  estimular  la  reparación  de los perjuicios por  medio  de  consecuencias favorables para el agresor”,  realmente logra el efecto contrario, por las siguientes razones:   

          En   primer  lugar,  porque  ubica  a  las  víctimas  en  un  plano  regresivo,  como si su interés dentro del proceso penal fuera exclusivamente el  de  obtener un resarcimiento económico, dejando de lado la evolución que sobre  al  particular  han  labrado Corte Constitucional y esta Sala en cuanto a que su  rol  se ha redimensionado para dar paso a la búsqueda de los derechos de verdad  y justicia.   

          En   segundo   término,   por   considerar   que  el  principio  de  conmutatividad,  cuyo propósito es el de buscar un punto de equilibrio entre el  dolor  ocasionado  a  los ofendidos y al que por haberlo infligido debe soportar  el  agresor,  se  satisface  con  el excesivo descuento punitivo contenido en la  norma   “de   la   mitad   a   las  tres  cuartas  partes”, el cual no sólo torna inanes los esfuerzos  del   legislador  ya  referidos,  tendientes  a  combatir  y  erradicar  ciertas  modalidades  delictivas,  sino  que  deja  prácticamente  en  la  impunidad  la  comisión,  como  ocurría  antes  de  la veda implementada con la Ley 1121, del  delito  de extorsión, desconociendo que se trata de un comportamiento de enorme  gravedad  y  actualidad  que principalmente afecta la autonomía personal y trae  consigo  un  inmenso grado de zozobra a quien lo padece, en tanto la mayoría de  las  veces  la amenaza o factor intimidante utilizado va dirigido a causar daño  a la vida o integridad propia o a la del grupo familiar.   

          En  tercer  lugar,  la  tesis  prohijada  por la Sala mayoritaria se  muestra  distante  de la realidad social, en donde la víctima indefensa, que ya  ha  sido  coaccionada  una vez,  por cuenta, en su generalidad y como ya se  dijo,  de  organizaciones  delictivas con gran capacidad de daño, debe soportar  una  segunda  coerción  para  aceptar  la  cantidad  ofrecida como reparación,  haciéndose  así  acreedores  al  significativo  descuento  punitivo   que  otorga    la    norma,    siendo,    por    tanto,    objeto    de   una   nueva  victimización.   

Tal  postura,  por  último,  que  en  la  práctica,  según  lo expuesto, patrocina la impunidad del delito de extorsión  en  contravía con el fin perseguido por el legislador, correlativamente lacera,  a  diferencia  de  lo que se expone en la decisión mayoritaria, la credibilidad  del  ciudadano  en  la  Administración  de  Justicia, quien espera una sanción  efectiva de este tipo de conductas.     

         Ahora  bien,  en  lo  que atañe al segundo  punto  que  amerita  mi aclaración debo manifestar que  si  bien corresponde a los funcionarios judiciales interpretar la legislación y  no  limitarse  a  ser  únicamente  la  “boca de la  ley”  mediante  el  escueto  proceso  de subsunción  derivado  del “silogismo de la justicia”,  en  el  cual  la  premisa mayor era el texto legal, la premisa  menor  el  caso  y  de  allí se extraía, sin más, la consecuencia, como en su  momento  lo  postuló  Cesare  Beccaría,  uno  de  los  adalides  del Estado de  derecho,  también considero ineludible recordar que en virtud del artículo 230  de  la  Carta Política, los jueces estamos sometidos al imperio de la ley, y en  virtud   de   ello,   no   resulta   viable   que   invocando  el  principio  de  proporcionalidad  de  la pena, se desborden los precisos lineamientos dispuestos  por  el  legislador  en  punto  de la imposición de las sanciones, pues ello no  solamente  comporta  desorden  e  inclusive arbitrariedad, sino que rompe con el  principio  de  seguridad  jurídica, amén del principio de legalidad tan caro a  los sistemas jurídicos democráticos de derecho.   

Olvida la Sala mayoritaria que el principio  de  proporcionalidad  de  la pena se encuentra limitado por los precisos baremos  dispuestos  en la ley, dentro de los cuales se encuentra el ámbito de movilidad  punitiva  del  sentenciador, pues de no haber sido tal el querer del legislador,  habría  señalado que la tasación de la pena fuera establecida prudencialmente  por  el  juzgador  conforme  a  ciertos  criterios,  sin  establecer  mínimos y  máximos.   

Tan cierto será lo anterior, que fue con la  Ley   599  de  2000  que  el  legislador  delimitó  aún  más  el  ámbito  de  discrecionalidad   de  los  jueces  en  la  cuantificación  de  las  penas,  al  incorporar  el  sistema  de  cuartos,  circunstancia  a  partir de la cual puede  colegirse  que,  contrario a la tesis mayoritaria, se ha pretendido conseguir la  interdicción  de  la  arbitrariedad,  en  procura  de  honrar  el  principio de  legalidad.   

Para una mejor comprensión de mi desacuerdo  con la referida decisión, me permito rememorar que:   

1.           Mediante  la Ley 906 del 31 de agosto de  2004  se  implementó el sistema penal acusatorio, vigente gradualmente a partir  del 1º de enero de 2005.   

2.           El  7  de julio de la misma anualidad se  sancionó  la  Ley  890 a través de la cual, fundamentalmente, se incrementaron  las  sanciones  establecidas en la Ley 599 de 2000, con el propósito de otorgar  un  margen  de  maniobra a la Fiscalía General de la Nación en la negociación  de las penas en procura de  conseguir  acuerdos  y  allanamientos con los procesados, según se constata sin  dificultad  en las exposiciones y debates que en el Congreso de la República se  libraron sobre tal normatividad, como sigue:   

i)           “Atendiendo  los  fundamentos  del sistema acusatorio, que prevé  mecanismos  de  negociación  y preacuerdos, en claro  beneficio  para  la  administración  de  justicia  y los acusados, se  modifican  las penas…”19    (subrayas    fuera   de  texto).   

ii)             “La  razón  que  sustenta  tales incrementos  (de  las  penas establecidas en la Ley  599    de    2000,    se    aclara)   está  ligada  con  la adopción de un sistema de rebaja de penas,  materia    regulada   en   el   Código   de   Procedimiento   Penal,  que surge como resultado de la implementación de mecanismos de  ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,  aseguren  la imposición de sanciones proporcionales a la naturaleza de  los    delitos    que    se   castigan”20  (subrayas  fuera de texto).   

iii)          “El primer  grupo  de normas (aquellas relativas a la dosificación  de   la   pena,  se  aclara),  está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal (Ley 906 de  2004,     se     precisa)     de     rebaja  de  penas y colaboración con la justicia, que le permitan  un  adecuado  margen  de  maniobra a la Fiscalía, de modo que las sanciones que  finalmente  se  impongan  guarden proporción con la gravedad de los hechos, y a  la  articulación  de las normas sustantivas con la nueva estructura del proceso  penal”21    (subrayas    fuera   de  texto).   

iv)          “Teniendo en  cuenta   que   se   hace   necesario   ajustar  las  disposiciones  del Código Penal a los requerimientos que implica la adopción y  puesta  en marcha del sistema acusatorio, solicitamos  a  la Plenaria de la Cámara de Representantes dar segundo debate al proyecto de  ley   número   251   de   2004   Cámara,   01   de   2003   Senado”22    (subrayas    fuera   de  texto).   

v)           “El actual  proyecto   de   ley,   insisto   hasta   la   saciedad,  únicamente  tiene  una  justificación  y una explicación: permitir poner en  funcionamiento  el  Código  de  Procedimiento Penal,  que  se  convertirá  en  ley  de  la  república  y  que  fue expedido por esta  Corporación”23    (subrayas    fuera   de  texto).   

vi)          “Lo que hay  que  modificar  son algunos artículos del Código, en razón a que como   entra  a  operar  el  sistema  acusatorio  será  necesario  aumentar   algunas  penas  para  que  haya  margen  de  negociación,  porque  de  lo contrario la sociedad se vería burlada con base  en     las     rebajas     que     pueda     hacer     el     fiscal”24.   

De  modo  que el objetivo perseguido por el  legislador  con  la  implementación  de  la  Ley 890 de 2004 no riñe con el de  artículo  26  de la Ley 1121 de 2006 porque, conforme atrás se explicó, éste  consistió  en excluir a los condenados por delitos de terrorismo, financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo, extorsión y conexos, de cualquier rebaja  de  pena  o subrogado penal, por tanto, no resulta atinado aducir que en aras de  preservar  el principio de proporcionalidad de la pena, sea viable asumir que al  negarse  las  rebajas de pena por sentencias anticipadas derivadas de acuerdos o  allanamientos,  no  es procedente el incremento punitivo dispuesto en la Ley 890  de    2004    para   los   condenados,   entre   otros,   por   el   delito   de  extorsión.   

4.  De otro lado, he de hacer hincapié que  mi  punto  de  vista disidente frente a esta posición también se robustece con  las  razones  de  política  criminal  y  de  protección de los derechos de las  víctimas  que  llevaron  a consagrar la prohibición del artículo 26 de la Ley  1121 de 2006 expuestas en precedencia y a las cuales me remito.   

Conforme  a  los  planteamientos  aducidos,  evidente  deviene  que  no  comparto  las posturas de la Sala sobre las materias  vistas.   

Con la mayor atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha ut supra.  

    

1  Folios 16-22 Carpeta Juzgado de Instancia   

2  Folios 55-60 ibídem   

3  Folios 82-89 ibídem   

4  Citada en la sentencia T 442 de 2007 de la Corte Constitucional.   

5  ARTICULO  269.  REPARACION.  El  juez  disminuirá  las  penas señaladas en los  capítulos  anteriores  de  la  mitad  a  las  tres cuartas partes, si   antes   de   dictarse   sentencia   de   primera   o   única  instancia,  el  responsable  restituyere  el  objeto  material  del  delito  o  su  valor, e indemnizare los perjuicios ocasionados al  ofendido o perjudicado.   

6  ARTÍCULO 26. EXCLUSIÓN DE BENEFICIOS Y SUBROGADOS.  Cuando   se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, no procederán las rebajas de pena  por  sentencia  anticipada  y confesión, ni se concederán subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la libertad de condena de  ejecución  condicional  o  suspensión  condicional de ejecución de la pena, o  libertad  condicional. Tampoco a la prisión domiciliaria como sustitutiva de la  prisión,  ni  habrá lugar ningún otro beneficio o subrogado legal, judicial o  administrativo,  salvo  los  beneficios  por  colaboración  consagrados  en  el  Código de Procedimiento Penal, siempre que esta sea eficaz.   

7 Tal  como  se  explica  en  la  sentencia  de  casación  de 26 de septiembre de 2006  radicado  25741,  lo cual fue ratificado, entre otras, en sentencia de casación  de 3 de diciembre de 2009 radicado 32768.   

8  “Revisión   de   la   sentencia.  Si  la  Sala  encuentra  fundada  la causal invocada, procederá de  la siguiente forma:   

1.  Declarará    sin    valor    la   sentencia   motivo   de   la   acción  y  dictará    la    providencia    que   corresponda  cuando   se   trate   de   prescripción  de  la  acción penal, ilegitimidad  del  querellante, caducidad de la querella, o cualquier otro evento generador de  extinción  de la acción  penal,      y     la     causal     aludida  sea  el  cambio  favorable  del criterio jurídico    de    sentencia    emanada    de    la   Corte.”  (Se  destaca).   

9  Se  aplica  la  regla  4ª  del  art.  60  del Código Penal toda vez que la pena se  aumenta en dos proporciones   

10C.S.J  SP, 22 Jun. 2006, Rad. 24.817   

11 La  captura  del  sentenciado  fue el 6 de agosto de 2009, por tanto durante el año  2009  purgó físicamente 4 meses y 26 días, en el 2010 12 meses, en el 2011 12  meses,  en  el  2012  12  meses,  en el 2013 12 meses y en el 2014 10 meses y 10  días,   para   un   total   de   63   meses   y  6  días.   

12  Fls.46-48 cuaderno Ejecución de Penas Bogotá   

13  Fls.72-76 cuaderno Ejecución de Penas Neiva   

14  Fls. 18-19 Cuaderno Ejecución de Florencia Caquetá   

15   5  meses      11  días    12  horas  +  3  meses      17 días + 30.8 días = 9 meses 28 días   

     

16  Cfr.  Sentencia  del  6 de junio de 2012, rad. 35767.   

17  Cfr. Sentencia de 26 de febrero de 2013, rad. 33254.   

Cfr.  Gaceta  del Congreso No.  132 del 19 de mayo de 2006. págs. 9-10.   

19  Exposición  de  motivos  del Proyecto de ley por el cual se modifica la Ley 599  de 2000.   

20  Ponencia  para  primer  debate  al  Proyecto  de  ley  01 de 2003 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Senado.   

21  Informe  de  ponencia  para  primer debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

22  Informe  de  ponencia  para segundo debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

23  Intervención  del  Vicefiscal  General  de  la  Nación en el segundo debate al  Proyecto  de ley 251 de 2004 por el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara  de Representantes.   

24  Discusión  en  segundo  debate  del  Proyecto de ley 251 de 2004 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.     

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