SP13905-2014(43413)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

SP13905-2014  

Radicación No. 43413  

(Aprobado Acta No. 337)  

          Bogotá   D.C.,   quince   (15)   octubre   de   dos   mil  catorce  (2014)   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala el recurso de apelación  interpuesto  por  la  Fiscalía  contra  la  sentencia  del  15 de enero de 2014  mediante  la  que  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar absolvió a la doctora  GLADYS  ELENA  ZAPATA DUQUE  del  cargo  de  prevaricato  por acción.   

HECHOS  

Olinda   Medina   de   Mejía                denunció1   que   en   julio  de  2002  Luis      Ballesteros      Bueno     perturbó  la  posesión  que  ejercía sobre la finca Albania  de la vereda Llana del municipio  de  San  Alberto  (Cesar),  motivo     por     el    cual     acudió  al  alcalde municipal a solicitar el desalojo del invasor.  Sin  embargo,  el  burgomaestre  delegó,  sin  estar  facultado  a  ello, en el  inspector  el  trámite  de  la acción y éste no garantizó sus derechos, pues  dilató la actuación y envió el proceso a los jueces agrarios.   

La  anterior queja fue asignada  a la Fiscalía Veinte Delegada ante los  Juzgados   Penales   del   Circuito   de  Aguachica2,   a  cargo  de  la  doctora  GLADYS  ELENA ZAPATA DUQUE,  quien  el 11 de octubre de 2005 profirió resolución inhibitoria por atipicidad  de las conductas denunciadas.   

Esta  determinación  fue calificada por la  Fiscalía  como  manifiestamente contraria a la ley porque las anomalías en que  incurrieron  los  funcionarios  “debieron ser objeto  de  una  investigación  profunda  y  acuciosa por parte de la señora Fiscal 20  Seccional  de  Aguachica,…, dado que ni siquiera vinculó en la investigación  previa  que adelantó a estas personas, inhibiéndose de aperturar instrucción,  sin  motivar dicha providencia interlocutoria, desconociendo las irregularidades  y  perjuicios  causados  por  los  investigados  a  la  señora OLINDA MEDINA DE  MEJÍA”3.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  6 de julio de 2009 la Fiscalía Primera  Delegada   ante   el   Tribunal  de  Valledupar,  luego  de  surtir  indagación  preliminar,   abrió   instrucción   en   contra  de  la  doctora  GLADYS  ELENA ZAPATA DUQUE por el punible  de  prevaricato  por  acción;  el  4  de  agosto siguiente la vinculó mediante  indagatoria  y  el  1  de  febrero  de  2010  le  definió  situación jurídica  imponiéndole medida de aseguramiento no privativa de la libertad.   

El  17  de  abril de 2012, previo cierre de  instrucción4,  calificó  el  mérito  de sumario con resolución de acusación  por  el  delito  de  prevaricato  por  acción,  determinación impugnada por la  defensa;   sin   embargo,   como   no   sustentó   el   recurso,   se  declaró  desierto5.   

El  29  de  junio de 2012 la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Valledupar asumió el conocimiento del proceso y dispuso  el  traslado del artículo 400 de la Ley 600 de 20006;  el  16  de  mayo  de  2013  realizó  la  audiencia  preparatoria  y el 3 de diciembre siguiente realizó la  diligencia  de  juzgamiento.  Finalmente,  profirió sentencia el 15 de enero de  2014, cuya impugnación se resuelve en este proveído.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

El  Tribunal  califica  de desafortunada la  motivación  incluida  en  la  resolución  del  11  de octubre de 2005, pues la  conducta  denunciada  no  se relacionaba con un asunto civil o policivo sino con  la  configuración de los punibles de prevaricato por acción y por omisión: el  primero,  por  delegar  el  alcalde su participación en la acción policiva sin  estar  facultado  para  ello  y el segundo por no hacer efectivo el inspector el  lanzamiento por ocupación de hecho.     

En  ese  orden,  aduce  el   a   quo,   la  doctora  ZAPATA  DUQUE debía analizar si existía  o  no  mérito  para  investigarlos  por  los  delitos contra la administración  pública  y  no conformarse con la lacónica afirmación de que se trataba de un  asunto ajeno al derecho penal.   

Con  todo,  el  Tribunal  considera  que la  decisión  censurada  no  es  manifiestamente  contraria a la ley por cuanto los  funcionarios   denunciados  no  incurrieron  en  actuaciones  delictivas.  Así,  destaca  cómo  el  conflicto  entre  Olinda Medina de  Mejía     y     Luis  Ballesteros no era de hecho sino de derecho porque el  supuesto  invasor  había  adquirido  la cuota parte del inmueble a Luis  Francisco  Mejía Zárate,  ex  esposo  de  la  denunciante  de  lo  cual  deduce que los servidores municipales  actuaron  correctamente  al  dejar a las partes en libertad de acudir al proceso  de deslinde y amojonamiento para zanjar sus diferencias.   

Lo  anterior  con  mayor  razón  cuando la  posibilidad  del  alcalde de delegar su participación en las acciones policivas  ha  sido  objeto  de  diversas  posturas  jurídicas,  situación que elimina la  connotación de ostensiblemente ilegal de ese proceder.    

Colige que la situación fáctica, jurídica  y  probatoria  revisada  por  la  doctora ZAPATA DUQUE  hacía  innecesaria  la  recepción  de las versiones  libres   reclamadas   por   acusador  y  le  impedían  ordenar  la  apertura  de  investigación. Por ello,  afirma,  la decisión cuestionada no se aleja del ordenamiento jurídico pues la  atipicidad   decretada  se  configuró.  Además,  añade,  los  interesados  no  impugnaron  la  determinación  ni  aportaron  nuevas  pruebas  que  permitieran  remover  la  decisión  inhibitoria en los términos del artículo 328 de la Ley  600 de 2000.   

LA IMPUGNACIÓN  

         

El Fiscal Tercero Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Valledupar  se  opone  a la absolución de la doctora GLADYS  ELENA  ZAPATA DUQUE por cuanto la  resolución  inhibitoria por ella suscrita es manifiestamente contraria a la ley  porque  se produjo sin recaudar las pruebas ordenadas por el fiscal anterior con  lo  cual  cercenó  la  posibilidad de investigar a los funcionarios municipales  que  incurrieron en irregularidades sustanciales constitutivas de los delitos de  prevaricato por acción y por omisión, así:   

a)  El  alcalde  delegó en el inspector de  policía  el  trámite  de  la  querella  policiva  pese a que la Ley 57 de 1905  dispone    que   esa   función   es   indelegable7;  b) el inspector desconoció  el     dictamen     indicativo    de    que    Luis  Ballesteros construyó en el predio de la denunciante  y  dilató  la actuación para no desalojar al invasor; c) la decisión del 2 de  diciembre  de  2002, por cuyo medio el inspector se abstuvo de seguir conociendo  el  amparo es ilegal; d) el burgomaestre omitió ejecutar el lanzamiento una vez  el expediente regresó del juzgado al cual había sido enviado.   

Esas  anomalías  imponían  a  la  doctora  GLADYS  ELENA  ZAPATA DUQUE  abrir  investigación en contra de los funcionarios de la alcaldía municipal de  San   Alberto;  como  se  inhibió  de  hacerlo,  incurrió  en  el  punible  de  prevaricato  por acción. Lo anterior con mayor razón cuando la finalidad de la  instrucción  es  determinar  si  se  ha infringido la ley penal, por manera que  sólo  es  posible  abstenerse  de abrir en los casos donde existe certeza de la  atipicidad.    

Por demás, ZAPATA  DUQUE  incumplió  la  obligación  contenida  en los  artículos  232  y  238 de la Ley 600 de 2000 de motivar la decisión y fundarla  en  la  ponderación  de  las  pruebas acopiadas, pues se limitó a mencionar la  causal por la que se inhibía.        

Considera contradictoria la afirmación del  Tribunal  según la cual la decisión inhibitoria fue discordante pero acertada,  pues  ello  demuestra  su  carácter prevaricador en tanto la administración de  justicia   no   puede   someterse   al   azar   como   se  indica  en  el  fallo  absolutorio.   

     

Le  resulta  claro  que el propósito de la  doctora  ZAPATA  DUQUE  fue  violentar  y  transgredir  el  universo  jurídico  porque:  a) no hizo el menor  esfuerzo  por  recaudar  las  pruebas  ordenadas  en  el  auto  de  apertura  de  indagación  preliminar, lo cual devela su desinterés por investigar los hechos  denunciados;   b)   no   reflexionó  sobre  los  documentos  aportados  por  la  denunciante  como  soporte  de  su  queja,  de  manera  que  la decisión quedó  absolutamente  inmotivada; c) cercenó los hechos de la denuncia limitándolos a  la  existencia  de  amenazas  en contra de la vida de la quejosa cuando el punto  basilar  del  asunto  era  la  actuación  de los funcionarios municipales en el  trámite de la querella.     

La doctora ZAPATA  DUQUE,  agrega,  se  desempeña como fiscal seccional  desde  1992  lo  cual le daba la experiencia para comprender el tema y saber que  debía  abrir  la investigación. Como se abstuvo de hacerlo, vulneró el debido  proceso  en su componente legalidad de las formas propias del juicio al soslayar  la  manera  como  deben  valorarse  los  medios  de  convicción incorporados al  expediente.   

En consecuencia, pide condenar a la doctora  GLADYS  ELENA  ZAPATA DUQUE  como autora responsable del punible de prevaricato por acción.   

     

CONSIDERACIONES  

La  Sala  es  competente  para  resolver la  alzada  de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 75 de la  Ley  600  de  2000, pues la acción penal es ejercida contra una fiscal, juzgada  en  primera  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  por  actos  realizados con ocasión del cargo desempeñado.   

La  labor  de  la  Corte  se  contraerá  a  examinar  los aspectos sobre los cuales se expresa inconformidad, incluyendo los  temas  inescindiblemente  vinculados  al  objeto  de la censura. Así, en primer  orden  se  analizarán  las  características  del  prevaricato  por  acción  y  enseguida se revisará el caso concreto.    

     

i. Del prevaricato por acción     

La  Sala  ha  decantado  que  el  delito de  prevaricato  por  acción  precisa  de  una  resolución,  dictamen  o  concepto  –  en  este  caso,  auto  –    ostensiblemente  contrarios  a  la  legislación,  es  decir, que su contenido torna notorio, sin  mayor  dificultad,  la  ausencia  de  fundamento  fáctico  y  jurídico,  y  su  contradicción  con  la normatividad, rompiendo abruptamente la sujeción que en  virtud   del   “imperio  de  la  ley”  del  artículo  230  de la Carta Política deben los funcionarios  judiciales al texto de la misma.   

Tal   ocurre,  por  ejemplo,  cuando  las  decisiones  se  sustraen  sin  argumento  alguno  al  texto de preceptos legales  claros  y  precisos, o cuando los planteamientos invocados para ello no resultan  de   manera   razonable   atendibles   en  el  ámbito  jurídico,  verbi   gratia,   por  responder  a  una  palmaria  motivación sofística grotescamente ajena a los medios de convicción  o   por   tratarse   de   una   interpretación   contraria   al  nítido  texto  legal.   

Con  un  tal  proceder  debe  advertirse la  arbitrariedad  y  capricho  del  servidor  público  que adopta la decisión, en  cuanto  producto  de  su intención de contrariar el ordenamiento jurídico, sin  que,  desde  luego,  puedan  tildarse  de prevaricadoras las providencias por el  único  hecho  de  exponer un criterio diverso o novedoso y, de manera especial,  cuando  abordan  temáticas  complejas o se trata de la aplicación de preceptos  ambiguos, susceptibles de análisis y opiniones disímiles.   

Es  también necesario indicar que respecto  de  la apreciación de las pruebas no es suficiente con la posibilidad de hallar  otra   lectura  de  ellas,  en  cuanto  es  menester  que  la  considerada  como  prevaricadora  resulte  contundentemente  ajena a las reglas de la sana crítica  al  momento  de ponderar los medios probatorios, de manera que denote capricho y  arbitrariedad de quien así procede.   

            

i. Del caso concreto     

En la resolución de acusación se imputó a  la  doctora  GLADYS  ELENA  ZAPATA  DUQUE  la comisión del punible de prevaricato  por  acción  con  ocasión de la resolución del 11 de octubre de 2005 por cuyo  medio  se  inhibió  de  abrir  investigación  en  contra de funcionarios de la  administración  municipal  de  San  Alberto  (Cesar)  por    hechos    denunciados    por    Olinda    Medina    de    Mejía.    

El Tribunal Superior de Valledupar absolvió  a  la  funcionaria  por considerar que aunque la decisión cuestionada carece de  fundamentación,  no  resulta  manifiestamente  contraria  a  la  ley porque los  elementos   fácticos,  jurídicos  y  probatorios  incorporados  al  expediente  impedían  la apertura investigativa ante la inexistencia de las irregularidades  atribuidas   al  alcalde  y  al  inspector  denunciados.       

En sentido contrario, el impugnante predica  la  ilegalidad  de  la  decisión  porque  carece  de motivación, no valoró la  prueba  documental  adosada  con la denuncia, se adoptó sin recaudar los medios  de   convicción   decretados   en  el  auto  de  apertura  de  indagación  preliminar y no se configuró la atipicidad decretada.   

Como se indicó en acápites anteriores, el  delito  de  prevaricato  por  acción  demanda la emisión de una determinación  ostensiblemente   contraria   a   la  ley,  esto  es, que sin mayor dificultad se advierta su contradicción  con la normatividad.   

Esa  condición no la reúne la resolución  inhibitoria  del  11  de octubre de 2005 porque la atipicidad aducida en ella no  es  infundada  o  carente de soporte jurídico y/o probatorio. Por el contrario,  el  examen  de los documentos adosados a la denuncia, la normatividad referida a  la  acción  policiva  de  lanzamiento  por  ocupación  de  hecho, así como la  existencia  de  tres  denuncias  por  los  mismos  sucesos,  le  permitían a la  procesada abstenerse de abrir indagación.   

Y  aunque  la  resolución  no ofrece mayor  explicación  sobre  el  fundamento  de  la  atipicidad decretada, salvo que los  hechos  denunciados  “son de carácter policivo…o  de  carácter  civil”, tal situación por sí misma  no  es  constitutiva  del  punible  contra la administración pública porque la  decisión  y  el  análisis  que  subyace  a  la  misma  no  es  contrario  a la  legislación,  a  pesar  de que pueda censurarse desde el ámbito disciplinario,  dadas las falencias de sustentación señaladas.   

Acorde con el artículo 327 de la Ley 600 de  2000,  los  fiscales  “se  abstendrán  de  iniciar  instrucción  cuando  aparezca  que la conducta no ha existido, que es atípica,  que  la  acción  penal  no puede iniciarse o que está demostrada una causal de  ausencia de responsabilidad”.   

Entonces,  el  funcionario  a  cargo  de la  indagación  previa  debe  valorar  los  hechos  y  los  medios  de  convicción  aportados  y/o  recaudados  a  fin  de  determinar si se configura alguna de las  situaciones  prevista  en esa norma o si, por el contrario, en los términos del  artículo        331        ibídem,   es necesario abrir la investigación para determinar si se  ha  infringido la ley penal, quiénes son los autores o partícipes, los motivos  y  factores  de la infracción penal, las circunstancias de tiempo, modo y lugar  de  la  conducta,  la  personalidad del procesado, sus antecedentes y los daños  ocasionados.   

En   el   evento  examinado,  la  doctora  ZAPATA  DUQUE  revisó  la  actuación  y  coligió  la  atipicidad  de la conducta punible atribuida por la  señora   Olinda   Medina   de   Mejía   a   los  funcionarios  de  la  administración  de  San  Alberto  (Cesar), conclusión que no  se  muestra  irracional,  arbitraria  o  caprichosa  y,  menos aún, orientada a  contrariar el ordenamiento jurídico.   

En   efecto,   la   señora  Medina    de    Mejía   denunció   a  Javier   Zárate   Ariza,  alcalde  municipal, a Fredy Quintero Jaime,  inspector de policía, y al particular  Luis  Ballesteros Bueno. A los primeros lo señaló de  incurrir  en  delitos  contra  la  administración  pública  por no decretar el  lanzamiento    de    Ballesteros   Bueno   y   a   éste   lo   acusó   del   punible   de   invasión  de  tierras.      

Los reproches de la quejosa a los servidores  municipales  se  concretaron  en  que el burgomaestre delegó en el inspector el  trámite  de la acción policiva, sin estar facultado, y a que éste funcionario  dilató  el trámite y remitió el proceso a los juzgados agrarios sin que fuera  procedente hacerlo.   

La  querella fue instaurada el 15 de agosto  de  2002  y  día 21 siguiente el alcalde delegó en el inspector el trámite de  la  queja,  funcionario  que  ese  mismo  día  la  admitió  y  el 8 de octubre  practicó  inspección  ocular  con  la  intervención de perito, quien el 20 de  noviembre       entregó       su      concepto8.  El  2 de diciembre remitió  la  actuación  a los jueces agrarios al considerarlos competentes de conocer el  asunto por recaer sobre bienes rurales.   

   

El  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  San  Alberto,  el  6 de febrero de 2003, resolvió tutela instaurada por Olinda   Medina   de  Mejía  contra  la  anterior  decisión, declarando la nulidad de la acción policiva a partir de la  delegación  efectuada por el alcalde por cuanto la T-705 de 1998 estableció la  indelegabilidad  de esa función. Por último,  el alcalde municipal, el 26  de  febrero  de  2003,  llevó  a cabo inspección en el terreno, escuchó a las  partes y, finalmente, decidió:   

“En este estado de la diligencia escuchado  lo   manifestado  por  el  apoderado  del  señor  LUIS  BALLESTEROS  BUENO,  la  exhibición  de  títulos,  la declaración de (…) de la fecha de ocupación y  del  señor LUIS FRANCISCO MEJÍA ZÁRATE, se determina en primera instancia que  los  días  supera a lo indicado en el Decreto 992 de 1930…y se observa que es  un   proceso  policivo  de  tipo  litigioso  ante  la  justicia  ordinaria  para  determinar  un  proceso  de  deslinde y propiedad que hoy se da en discusión el  ejecutivo  procede a suspender la diligencia de lanzamiento quedando en libertad  los  interesados  para  recurrir a la justicia ordinaria y decretándose en este  mismo    acto    un    estatuquo   (sic)  es  decir  que  las  cosas  deben  mantenerse  como  hasta hoy se  encontraron   hasta   que   halla   (sic)     una    decisión    judicial”9.          

Pues bien, la acción policiva se instauró  y  tramitó con fundamento en el artículo 15 de la Ley 57 de 1905 acorde con el  cual,   

“Cuando  alguna  finca ha sido ocupada de  hecho  sin que medie contrato de arrendamiento ni consentimiento del arrendador,  el  jefe  de  policía ante  quien  se  presente  la  queja  se  trasladará al lugar en que esté situada la  finca  dentro  de  las  cuarenta  y  ocho horas después de la presentación del  escrito  de  queja;  y  si los ocupantes no exhiben el  contrato  de arrendamiento, o se ocultan, procederá a  verificar  el  lanzamiento  sin  dar  lugar a recurso alguno ni a diligencia que  pueda     demorar    la    desocupación    de    la    finca”    (subrayas fuera de texto).   

La  lectura  del  anterior  texto  permite  colegir  que, contrario a lo manifestado por el impugnante, la norma no prohíbe  la  delegación  de la función por parte del alcalde; simplemente no prevé esa  temática.    

Con todo, sobre la posibilidad del alcalde,  jefe  de  policía  en  cada  municipio, de delegar el trámite de la acción de  lanzamiento  por  ocupación  de  hecho  en  el  inspector de policía de tiempo  atrás  han  existido  posturas  contrapuestas:  unas autoridades consideran que  ello             es             factible10    y    otras    que    es  improcedente11.  Se  trata,  por tanto de un asunto que no ha sido pacífico y ha  suscitado      diversas      interpretaciones      entre      los     operadores  jurídicos.   

Incluso,   la  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-241  del  7  de  abril  de  2010  determinó  que  ese precepto fue  subrogado  por  el  artículo  125  del  Decreto  Ley  1355  de 1970 y al efecto  razonó:     

“En  esos términos, la acción policiva  prevista  en  el  artículo  15  de la Ley 57 de 1905, coincide en sus elementos  esenciales  con  lo  previsto  en el artículo 125 del Decreto Ley 1355 de 1970,  con  lo cual es posible concluir que el Código Nacional de Policía subrogó la  acción  de lanzamiento por ocupación de hecho, tanto para predios rurales como  urbanos,  prescrita  en  artículo 15 demandado y, además, amplió su contenido  al   autorizar,   como   se   ha  dicho,  al  ocupante  no  sólo  demostrar  el  consentimiento  expreso o tácito del “arrendador” sino cualquier otro justo  título,   derivado   de   la   posesión   ó   de   una   orden  de  autoridad  competente”.      

Y  sobre  la  posibilidad  del  alcalde de  delegar, en la misma providencia, señaló:   

“Finalmente,  la  Corte  Constitucional  mediante  la  acción  T-560  de 2009, en la cual se discutió la procedencia de  recursos  en el trámite de la diligencia de lanzamiento por ocupación de hecho  regulada  por  el  artículo  15  de  la  Ley  57 de 1905, la Corte (sic) concluyó que, la competencia para  conocer  de  las querellas de lanzamiento por ocupación de hecho corresponde al  alcalde  como  primer  autoridad  de  policía,  pero  las disposiciones locales  pueden atribuirla a los inspectores de policía”.   

Entonces,  contrario  a lo afirmado por el  impugnante,  no  era  clara,  nítida o evidente la imposibilidad del alcalde de  delegar  en  el  inspector de policía el trámite de la querella instaurada por  la   señora   Olinda  Medina  de  Mejía  en  tanto  existían  criterios  divididos  entre  los diferentes  actores  jurídicos  sobre  la  materia.  Lo anterior con mayor razón cuando el  fallo  de  tutela  citado como soporte de la postura que niega la juridicidad de  la  delegación  tiene  efectos inter partes y no erga  omnes.   

De otra parte, acorde con la normativa bajo  cuya  égida  se  adelantó  el procedimiento policivo, el lanzamiento procedía  “si  los  ocupantes  no  exhiben  el  contrato  de  arrendamiento,  o  se  ocultan”.  Para  el caso, el  accionado  no se ocultó, pues según la constancia de la inspección ocular del  8        de        octubre       de       200212   estuvo   presente;  así  mismo,  adujo  títulos  de  propiedad de los terrenos porque había adquirido a  Luis    Francisco    Mejía    Zárate,  ex  esposo  de  la  quejosa,  la  titularidad del mismo, el cual  estaba  englobado  materialmente  con  el  de  Olinda  Medina  de  Mejía, de suerte que no existía claridad  sobre los linderos de cada inmueble.   

La  presentación de una querella policiva  donde  se  aduzca  la ocupación de hecho no comporta el lanzamiento automático  del  querellado en tanto el funcionario tiene el deber de examinar la situación  a  efectos  de  determinar  la  concurrencia de los requisitos legales previstos  para ordenar el desalojo.   

Ello explica que los servidores municipales  no  dispusieran  el desalojo, pues al realizar la inspección ocular encontraron  a  un  ciudadano que presentaba títulos de propiedad; así mismo, se percataron  de  la  inexistencia  de  claridad  sobre  los  linderos  de  los terrenos de la  accionante y el accionado.   

Si  la  actuación  de  los  funcionarios  municipales  no se observaba manifiestamente contraria a la ley, la decisión de  la  doctora  ZAPATA DUQUE de  abstenerse  de  abrirles  investigación tampoco lo es, así no la explicara con  la suficiencia demandada por ese tipo de determinaciones.   

Lo anterior con mayor razón cuando estaba  enterada  de  que  los  mismos hechos habían sido indagados por su colega de la  Fiscalía  21, quien había dictado resolución inhibitoria. En efecto, la queja  fue  presentada  en  tres  oportunidades  diferentes,  originando las siguientes  indagaciones previas:   

Fecha  denuncia             

Fiscalía             

Radicado  No.             

Decisión  

8-05-  2003             

21   Seccional  Aguachica,   

Dr.   William  Francisco           Luque           García13             

168369             

Resolución  Inhibitoria del 21 de junio de 2005 por atipicidad de la conducta  

17-9-2003             

21   Seccional  Aguachica   

Dr.   William  Francisco Luque García             

168350             

Resolución  Inhibitoria del 21 de junio de 2005 por atipicidad de la conducta  

1-12-2003             

20   Seccional  Aguachica,   

Dra. Gladys Elena Zapata Duque            

167604             

Resolución  Inhibitoria del 11 de octubre de 2005 por atipicidad de la conducta  

Esa situación fue advertida por la doctora  ZAPATA  DUQUE,  según  se  adujo  en  la  audiencia  de juzgamiento, y por ello  consignó     en     la     resolución     inhibitoria     que,    “Dentro  de  las  diferentes  decisiones  tomadas  dentro  de  la  queja   de  la  señora  OLINDA  MEDINA  el  despacho  encuentra que son de  carácter  policivo  unas,  y  oras  (sic)  de  carácter civil, por lo que ya hubo  pronunciamiento     al     respecto”.  Entonces,  tratándose de despachos vecinos resulta posible, como  señala  la  defensa, que la fiscal se enterara de la existencia de indagaciones  por  iguales  acontecimientos,  circunstancia  que  le imponía el archivo de la  indagación  a  su  cargo sin practicar las pruebas dispuestas por su antecesor,  so  pena  de  infringir  el  postulado  del non bis in  ídem.   

Además,  cuando  el  análisis  fáctico,  jurídico   y/o   probatorio   de   un   expediente  arroja  como  resultado  la  configuración  de  alguna  de las causales contenidas en el artículo 327 de la  Ley  600  de 2000, resulta viable inhibirse de abrir investigación aunque no se  hayan  recaudado  medios  de  convicción  ordenados con antelación, pues surge  innecesario  desgatar  la  administración de justicia en ejercicios probatorios  respecto  de  conductas  inexistentes,  atípicas  o  amparadas  por causales de  ausencia de responsabilidad.    

No   sobre   mencionar   que  contra  la  resolución  inhibitoria  proceden  los  recursos  de  ley, los cuales no fueron  incoados  por  la  interesada  a  pesar de que se le remitió comunicación a la  dirección     registrada    en    la    denuncia14.   

En ese orden, los reproches del impugnante  no  logran  desvirtuar  los  argumentos  expuestos  por  el Tribunal Superior de  Valledupar  para  absolver  a  la doctora GLADYS ELENA  ZAPATA  DUQUE, motivo por el cual la Sala confirmará  la decisión objeto de recurso.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1º. CONFIRMAR la  sentencia  del  15  de  enero  de  2014 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Valledupar, conforme con lo expuesto.   

2º. Informar que  contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Comuníquese  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA  

Secretaria  

    

1 Queja  radicada  el  1 de diciembre de 2003 ante la Coordinación del Programa de Lucha  contra la Corrupción.   

2  La  resolución   de   apertura   a   previas  se  dictó  el  día  6  de  mayo  de  2004.   

3 Cfr.  Folio   5   de   la   resolución   de   acusación   (Folio  269  del  cuaderno  principal).   

4 Folio  254 del cuaderno principal.   

5 Cfr.  Folio 296 cuaderno principal.   

6 Folio  309 del cuaderno principal.   

7  Señala  que  la  imposibilidad  de los alcaldes de delegar su participación en  las  acciones  policivas  quedó  definido  en la sentencia T-705 de 1998.    

8  Determinó   que   la   casa   construida   por  Luis  Ballesteros  estaba  ubicada  en  la  propiedad de la  quejosa.   

9 Cfr.  Folio 38 proceso anexo No. 168369.   

10 Cfr.  Consejo  de  Estado,  Sala  de  Consulta  y  Servicio  Civil, concepto del 30 de  septiembre de 1986.   

11  Cfr. T-705 de 1998.   

12  Folio 117 expediente 168369.   

13 El  fiscal  fue denunciado por proferir esta decisión; sin embargo, al calificar el  sumario,  el  19  de  diciembre  de  2007,  el  Fiscal  Primero Delegado ante el  Tribunal  de  Valledupar precluyó la investigación, determinación confirmada,  previa  impugnación  del  denunciante, el 22 de agosto de 2008 por la Fiscalía  11   Delegada   ante   la  Corte  Suprema  de  Justicia.       

14  Cfr. Folio 94 del cuaderno principal.     

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