SP12181-2016(48485)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

SP12181-2016  

Radicación  No.  48485   

(Aprobado    en   acta   nº 274)   

          Bogotá,  D.  C.,  agosto  treinta y uno (31) de dos mil dieciséis  (2016).           

ASUNTO  

          Resuelve      la     Sala  el  recurso  de  apelación interpuesto  por    el    Fiscal    Tercero   Delegado   ante   el   Tribunal   Superior   de  Riohacha-Guajira,    en    contra    de  la  sentencia  proferida el 28 de abril  de    2016    por   esa  Corporación, mediante  la  cual absolvió   a   FABIO   ALFONSO   FONSECA   SOTO  del  cargo  de  prevaricato  por  acción.   

HECHOS  

Se extrae de la actuación que el 2 de junio  de  2006, la Unidad de Guardacostas del Caribe capturó en aguas del mar Caribe,  a  tres  millas  náuticas  de  Punta  Gallina en la alta Guajira,  a Iván  José  Barón Palacio, Gaspar Herrera, Augusto Charris Bayona, Tupac Amarú Ruiz  Parra,  Fenelón  Barón Palacio y Edwin Díaz Acevedo, a quienes incautó 1.395  galones   de   gasolina,  una  pistola  Pietro  Bareta  calibre  9  mm,  con  15  proyectiles,  varios  teléfonos  celulares,  un  teléfono satelital, cartas de  navegación,  $1.040.000,oo  en  efectivo y un pasaporte expedido por República  Dominicana a nombre de Edwin Díaz Acevedo.   

En  la  misma  fecha,  los  capturados  y  elementos  decomisados  fueron  puestos a disposición del Fiscal de turno de la  Unidad  de  Reacción  Inmediata de Riohacha, doctor FABIO ALFONSO FONSECA SOTO,  quien  con fundamento en el informe presentado por el comandante de la Estación  de  Guardacostas  de  Puerto  Bolívar, abrió investigación por los delitos de  favorecimiento  del  contrabando  de  hidrocarburos  y porte de armas de defensa  personal  y  escuchó  en indagatoria a los implicados, luego de lo cual ordenó  su  libertad  por  considerar  que  tales  conductas  punibles  no  obligaban  a  resolverles situación jurídica.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.  Por estos hechos, según se consigna en  la  sentencia  impugnada, el 11 de septiembre de 2007, abrió indagación previa  un  Fiscal  delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá, adscrito al Grupo de  Trabajo  para  la Investigación de Funcionarios de la Rama Judicial y Fiscalía  General de la Nación.   

2.  El  18  de  mayo  de 2010, el Fiscal 52  delegado,  dispuso  la  apertura  formal  de  investigación,  el  17  de  junio  siguiente  vinculó mediante indagatoria al ex Fiscal FABIO ALFONSO FONSECA SOTO  y  el  20  de agosto del mismo año resolvió su situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de caución prendaria y prohibición de salir del país, como  presunto autor del delito de prevaricato por acción.   

3.  El 21 de julio de 2011, luego de cerrar  la        investigación        –resolución  de 5 de mayo anterior-   formuló  resolución  de  acusación  contra  el funcionario por la conducta en  mención.   

4. En fallo del 28 de abril de 2016, la Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Riohacha, tras  agotar  las  audiencias  preparatoria  y  pública, absolvió a FONSECA SOTO del  cargo por el que fue acusado.   

Inconforme  con  lo  decidido,  el  Fiscal  delegado interpuso y sustentó recurso de apelación.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

El Tribunal precisó, tras referir al delito  de  prevaricato por acción, los elementos normativos que integran el tipo penal  y  la actuación objeto de cuestionamiento, que el procesado en su condición de  servidor  público  emitió  la  resolución tildada de prevaricadora, adecuando  los  hechos  en los delitos de favorecimiento al contrabando de hidrocarburos en  concurso  con  el  de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego, como lo  consignó  en  el  auto  de  apertura  de  la  investigación y lo imputó a los  capturados en sus indagatorias.   

Afirma, que por estas conductas punibles no  resultaba  necesario  resolver  la  situación  jurídica  de  los capturados ni  imponerles  medida  de  aseguramiento,  pues  conforme  a  la  Ley  599  de 2000  original,  tienen  señaladas  penas  mínimas  inferiores a 4 años y no están  incluidas  en  la  relación contenida en el numeral 2º del artículo 357 de la  Ley 600 de 2000.   

De otra parte, aduce, no resulta suficiente  para  establecer  la  comisión del prevaricato, la tesis de la Fiscalía de que  el  procesado debió hacer un nuevo proceso de readecuación típica a partir de  los  hechos  y  la  indagatoria  de  Charris Bayona, por ser claro que se estaba  frente  al  contrabando  de  hidrocarburos  (sancionado  con  pena  superior a 5  años),   pues   adicionalmente   se   requiere,   la  demostración  del  pleno  conocimiento  y  voluntad del servidor público de quebrantar sus funciones para  ocasionar  un  agravio  a  la  ley,  obtener ventajas personales o a favor de un  tercero, o simplemente anteponer su capricho.   

En criterio del a  quo,  de  las hipótesis delictivas y las pruebas que  para  aquel  momento  tenía  a  disposición el servidor público, no se podía  inferir  un delito diverso al de favorecimiento de contrabando de hidrocarburos,  como  lo  calificó  provisionalmente, por cuanto Charris Bayona, quien admitió  ser   propietario  de  la  gasolina, manifestó haberla comprado en Manaure  para  llevarla  a  la  alta  Guajira  con  el  propósito de venderla a un mayor  precio,  versión que ratificaron los demás implicados, lo que impedía colegir  la  existencia  del  contrabando del hidrocarburo. Tampoco, añade la sentencia,  es  dable  aplicar  el  verbo  exportar, atendiendo el lugar donde se produjo la  captura  y  es Venezuela el país que provee el combustible. Además, el informe  de  los  guardacostas  daba  cuenta  de  la  comisión  de ese delito y porte de  armas.   

Por  estas  razones,  asevera, la decisión  cuestionada  no  se  puede  tildar de ser manifiestamente contraria a la ley o a  las  facultades otorgadas por el legislador, pues en cumplimiento de sus deberes  el  ex  Fiscal  FONSECA  SOTO  encontró  en  el  referido  proceso,  motivada y  razonablemente  que  las  conductas  debían  calificarse como favorecimiento al  contrabando  y fabricación, tráfico y porte de armas, proceder que en criterio  de la Sala, no es indicativo de una actuación prevaricadora.   

Para el Tribunal a  aquo  no  puede considerarse prevaricador el hecho de  apartarse  de  la  adecuación típica planteada por la Fiscalía, por cuanto el  tipo  penal seleccionado en ese momento por el Fiscal acusado se adecua en mejor  forma  al  supuesto fáctico, a partir de los elementos probatorios allegados en  ese fase precaria de la investigación.   

Sostuvo que si bien en la decisión de 2 de  junio  de  2006,  mediante  la  cual  dispuso  la  libertad  de  los capturados,  consideró  el  funcionario  la  Ley  906  de  2004,  en virtud del principio de  favorabilidad,  también  la  Ley 600 de 2000, atendiendo el mínimo de la pena,  establecía  la  procedencia  de  la  libertad sin resultar necesario definir la  situación  jurídica.  La  intención  del  acusado, dice el fallador de primer  grado,   era   «aplicar  el  principio  de  justicia  material   relacionada   con   la   vigencia  de  un  orden  justo»,  y  los  fundamentos de la misma no son irrazonables, mucho menos  prevaricadores,  dado  que  de  aplicar  cualquiera  de  las  dos normatividades  resultaba viable su reconocimiento.   

Y  aun  aceptando, que FONSECA SOTO hubiese  podido  tomar una postura distinta, su conducta se tendría como ausente de dolo  porque  no  se  evidencia  intención  de  actuar desconociendo abiertamente las  normas  procesales,  sino  que,  a partir de su criterio y razonamiento lógico,  obró convencido de que la determinación se ajustaba a la ley.   

No  encontrando  entonces  demostrado  el  aspecto  objetivo  del  delito,  la Sala absolvió al procesado del cargo por el  que fue acusado.   

LA IMPUGNACIÓN  

El  Delegado  de la Fiscalía General de la  Nación  solicita  a la Corte Suprema de Justicia revocar la sentencia censurada  y  en  su  lugar  declarar  al  procesado  FONSECA  SOTO  autor  del  delito  de  prevaricato  por acción, pues con la resolución que profirió el 2 de junio de  2006,  contrarió  manifiestamente  el  ordenamiento  jurídico que gobernaba el  asunto,  concretamente  los  artículos  238,  341  y  356  de  la  Ley  600  de  2000.   

Indicó,  luego  de  reseñar  apartes  del  contenido  de  dicha  resolución,  los  medios  de  convicción incorporados al  proceso  hasta  ese  momento  y la actuación surtida por el acusado, que aunque  coincide  con  la  sentencia,  acerca  de  que  para decretar la libertad de los  procesados  no  era  necesario invocar el principio de favorabilidad, porque los  delitos  por  los  cuales  se  profirió apertura de investigación-fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  favorecimiento  al  contrabando    de   hidrocarburos-,   no   comportan  detención  preventiva  de conformidad con la Ley 600 de 2000, ello no ampara la  cuestionada decisión.   

Precisa que según la sistemática de la Ley  600  de  2000  y  considerando  los  fines de la instrucción, artículo 331, el  exfiscal,  conforme  al  avance  de la averiguación y los medios de convicción  allegados,  podía plantearse hipótesis delictivas diversas a la definida en la  apertura de la investigación.   

De  conformidad  con  esta  norma,  dice el  apelante,   el   funcionario   tenía   la  obligación  legal  de  atender  las  indagatorias   de   los  sindicados  (dada  la  doble  connotación  de  medio  de  defensa  y  de  prueba) y  analizarlas  en  conjunto con las restantes pruebas, acorde con las reglas de la  sana  crítica, tal como lo ordena el artículo 238, precepto desconocido por el  hoy  procesado  por  cuanto  de  haberlo  verificado, la adecuación típica que  había          efectuado          «resultaba  insostenible»,  cuando  menos frente a la situación  particular  de  Augusto  Rafael  Charris  Bayona, quien aceptó la propiedad del  combustible     «introducido    al    país    de  contrabando», de donde su confesión hacía probable  la  actualización  de  la  conducta  de  contrabando  de  hidrocarburos  y  sus  derivados  (artículo  319-1  C. P.), atendida la cantidad incautada que superó  ampliamente la señalada en la ley.   

Además,  advierte, los capturados llevaban  consigo  cartas  de navegación y un teléfono satelital, por lo que era posible  inferir  la  comisión  de  ese  ilícito,  conclusión a la que igual se podía  arribar  de  la  lectura  de  los  medios  de  convicción con los que contó el  procesado    al    momento    de    proferir    la    resolución   tachada   de  prevaricadora.   

El  recurrente  sostiene  que  la sentencia  impugnada     «tomó  partido  por el proceso de  adecuación   típica   llevado   a   cabo   por   el   acusado»,  con  lo  que  pasó por alto la confesión de Charris Bayona. En su  criterio    dicha    postura   es   «insostenible»  de cara a los elementos de convicción allegados, los  cuales  permitían predicar la existencia de una organización criminal dedicada  al  contrabando  de  gasolina,  puesto  que  el capturado aceptó como cierto la  propiedad del combustible.   

Aduce, que aun admitiendo que la gasolina se  adquirió  en territorio patrio, ello bastaba para configurar ese tipo penal por  estar  siendo  sustraído  del  control  aduanero, circunstancia que obligaba al  encartado  a efectuar un nuevo proceso de adecuación típica con apego a la ley  y las pruebas, que finalmente desconoció.   

Sostiene  que  el  exfiscal FONSECA SOTO al  proferir  la  resolución  de  2  de  junio  de 2006 mediante la cual dispuso la  libertad  de los capturados, contrarió las pruebas y el artículo 341 de la Ley  600  de  2000, que exige apreciarlas en conjunto de acuerdo con las reglas de la  sana  crítica,  expresando  el  mérito asignado a cada una de ellas; medios de  convicción  que  sustentaban una conclusión opuesta a la que adoptó, producto  de    la   arbitrariedad,   con   el   fin   de   contrariar   el   ordenamiento  jurídico.   

En  cuanto  hace  al  aspecto  subjetivo,  precisó,  luego  de  referir al dolo y su demostración, que el acusado para la  época  de  los  hechos  era  un abogado antiguo y Fiscal de amplia trayectoria,  especializado  en  derecho procesal y probatorio, tema éste que dominaba por su  experiencia,  lo cual le permitía conocer con suficiencia la ley y el derecho a  aplicar.   

No  obstante,  concedió la libertad de los  capturados  al  amparo  del  principio  de favorabilidad sin exponer las razones  para  arribar  a  esa  conclusión,  develándose el capricho y subjetividad, en  desmedro  de  la  administración  de  justicia  porque  ninguna  argumentación  dirigida a la ponderación de derechos o intereses efectuó.   

Para  la  Fiscalía,  no  podía  decirse  entonces  que  la  ilegal decisión obedeció a la inexperiencia o ineptitud del  funcionario,  por  deficiente información o a la equivocada comprensión de las  normas  llamadas  a  gobernar el asunto, por el contrario, el conocimiento de la  ley   y  de  los  hechos  por  parte  de  aquél,  conducen  a  colegir  que  la  determinación  fue  fruto  de  su  capricho,  del  afán de hacer prevalecer su  criterio  y  su  propósito  de  favorecer  a  Rafael  Charris Bayona, con grave  afectación  de  los  bienes  jurídicos  de  la  administración  pública y de  justicia,  pues  desconoció  el  debido  proceso al no aplicar la ley llamada a  regular  el  asunto  cuando  tenía  esa  posibilidad,  dada  su  experiencia  y  trayectoria   que   le   permitían  la  sana  y  correcta  interpretación  del  derecho.   

Así,  concluye,  no  se  trata de un error  judicial,  de  negligencia  en  el cumplimiento de la labor o la concreción del  principio  de  autonomía propio de los funcionarios al interpretar la ley, sino  de la comisión del delito de prevaricato por acción.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  32, numeral 3º,  de  la  Ley 906 de 2004, la Sala de Casación Penal de  la   Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente  para  conocer  del   recurso   de   apelación           propuesto         por        el          delegado    de    la    Fiscalía  contra  la  sentencia     proferida     por    la    Sala    de  Decisión   Penal   del  Tribunal      Superior     de     Riohacha  el 28 de abril de 2016,   mediante   la   cual   absolvió  al  procesado.   

El     problema     jurídico  propuesto  a  la Sala en esta oportunidad, consiste en determinar  si  la  decisión  de  liberar  a  Iván  José  Barón Palacio, Gaspar Herrera,  Augusto  Charris Bayona, Tupac Ruiz Parra, Fenelón Barón Palacio y Edwin Díaz  Acevedo, fue manifiestamente ilegal.   

Para resolver, se  debe  recordar que la Fiscalía General de la Nación,  acusó   a  FABIO  ALFONSO  FONSECA  SOTO    en    su   condición   de   Fiscal  Seccional  como  autor  de  prevaricato  por acción,  materializado  en  la  orden  de  libertad  en  mención,  al  considerar que en  contravía  de  la  ley  y  sin análisis de los elementos de prueba con los que  contaba  en  ese  momento, adecuó el comportamiento ilícito desplegado por los  capturados  en el tipo penal de favorecimiento de contrabando de hidrocarburos y  sus  derivados,  cuando  éste  correspondía al de contrabando de hidrocarburos  descrito  en  el  artículo  319-1,  conducta  punible  por  la que procedía la  detención preventiva.   

Según  el artículo  413  de  la  Ley  599  de  2000,  incurre  en  la  conducta punible de prevaricato  por  acción, «El  servidor  público  que  profiera  resolución,    dictamen    o    concepto   manifiestamente   contrario   a   la  ley.»   

En   lo  que  respecta  a  este último  presupuesto –resolución,   dictamen   o   concepto   manifiestamente   contrario   a  la  ley-,    la    Sala   recordó  en  auto  de  27  de  junio de 2012,  radicado  37733,  que  la  Corporación  ha  sido  enfática     y     reiterativa     en        considerar         que        «su     configuración     no    sólo    contempla    la  valoración  de  los  fundamentos  jurídicos  que  el servidor público expuso  en  el  acto judicial o administrativo (o la ausencia  de   ellos),   sino   también  el  análisis   de   las  circunstancias  concretas  bajo  las  cuales  lo  adoptó,  así como el de  los elementos de juicio que contaba al momento de proferirlo:   

“[…]  la  ley,  a  cuyo imperio están  sometidos  los funcionarios judiciales en sus decisiones, no surge pertinente al  caso  concreto de manera automática, sino como fruto de un proceso racional que  le  permite al juez o al fiscal determinar la validez, vigencia y pertinencia de  la   norma   a   la   que   se   adecua   el  supuesto  de  hecho  que  pretende  resolver.   

“Pero  ésa  que  es,  o intenta ser, la  verdad  jurídica es apenas una parte del contenido de una providencia judicial.  Ésta  se  halla  igualmente  conformada  por  la  verdad fáctica. Tal concepto  corresponde  a  la  reconstrucción  de  los  hechos  de  acuerdo  con la prueba  recaudada,   siendo   necesario   que   entre   ésta   y  aquélla  exista  una  correspondencia  objetiva  en  cuanto las específicas circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar  en  que  ocurrió  el acontecimiento fáctico, [que deben] estar  demostradas   con   el  material  probatorio  recaudado  en  la  actuación.  El  prevaricato  puede  entonces  ocurrir en uno de los dos aspectos de la solución  del  problema  jurídico.  En  el  fáctico  o  en  el  jurídico.  O en los dos  simultáneamente,  pero,  en  todo  caso, el uno no puede desligarse del otro en  cuanto  la  función  judicial  consiste  precisamente en determinar cuál es el  derecho    que    corresponde    a   los   hechos1.»   

En     la     misma     providencia        citada           puntualizó:   

«…la  adecuación  típica  del  delito de prevaricato debe surgir de un cotejo simple  del  contenido  de  la  resolución  o dictamen y el de la ley, sin necesidad de  acudir  a  complejas elucubraciones o a elocuentes y refinadas interpretaciones,  pues  un  proceso  de  esta índole escaparía a una expresión auténtica de lo  ‘manifiestamente  contrario  a  la  ley’.  Así  entonces,  para  la  evaluación  de esta clase de conductas delictivas se  adopta  una actitud más descriptiva que prescriptiva, es decir, sujeta a lo que  realmente  hizo el imputado en la respectiva actuación, asistido de sus propios  medios  y conocimientos, no a lo que debió hacer desde la perspectiva jurídica  y  con  base  en  los  recursos  del  analista  de  ahora (juicio ex ante y no a  posteriori).   Desde  luego  que  si  el  objeto  de  examen  es  una  decisión  ostensiblemente  contraria a la ley, el juzgador no puede abstenerse de señalar  el      ‘deber  ser’  legal  que  el  infractor     soslayó     maliciosamente,    pero    como    un    ‘deber        ser’  que  éste conocía (no aquél) y  que   obviamente   estaba   al   alcance   de  sus  posibilidades”2.   

De  ahí que el  estudio  para establecer  el   carácter   manifiestamente   contrario  a  la  ley  de  la  resolución,  dictamen      o      concepto,      demande  al  juzgador  ubicarse  en    el  momento  histórico  en  el  que el  servidor  público emitió  el   acto   calificado   de   prevaricador   y   el  análisis    de   las  circunstancias, supuestos  de  hecho  y elementos   de   pruebas  conocidos     por     él   para   ese  momento,    a   efectos   de   determinar       su       discrepancia  caprichosa  con  la ley o    si  la                    disposición     es    producto    de  apreciaciones probatorias sesgadas  o  contrarías     a     la     realidad    del  proceso.   

En   el   asunto  examinado,  no se ha controvertido la calidad de  servidor   público  que  ostentaba  FABIO  ALFONSO  FONSECA   SOTO    en  la  fecha  en  que  en  ejercicio  de  sus  funciones  profirió  la     orden     de     libertad    cuestionada,    época       para       la      cual  desempeñaba  el  cargo  de  Fiscal  2º Seccional de Riohacha.   

Se  informa  que el  2  de  junio  de  2006, Unidades de  Guardacostas    del    Caribe    de    la    Armada  Nacional, en aguas del mar  Caribe,    a   tres   millas   náuticas   de   Punta   Gallina   en   la   alta  Guajira,   capturaron  a   Iván  José  Barón  Palacio,  Gaspar  Herrera,  Augusto  Charris  Bayona, Tupac Ruiz Parra, Fenelón  Barón  Palacio  y Edwin Díaz Acevedo, a quienes les decomisó 1.395 galones de  gasolina  que  transportaban,  una  pistola Prieto Baretta, calibre 9 mm, con 15  proyectiles,   un   teléfono   satelital,  teléfonos  celulares,  la  suma  de  $1.040.000.oo  en  efectivo,  cartas  de navegación y un pasaporte expedido por  República Dominicana a nombre de Edwin Díaz Acevedo.   

En    la    misma    fecha,   los  capturados  y  los  elementos  incautados con el informe  respectivo,       fueron      puestos    a  disposición  del        Fiscal        de       turno  de  la     Unidad    de  Reacción    Inmediata   de   Riohacha,      doctor     FABIO     ALFONSO  FONSECA     SOTO3,  (Fiscal  2º    de    la    Unidad    de    Vida    de    Riohacha),  quien  con    ese    fundamento    dispuso   abrir  investigación  por   los   delitos   de   fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego  o  municiones  y  favorecimiento  de  contrabando  de  hidrocarburos,             y,  vinculó    mediante  indagatoria    a   los  aprehendidos,   tras  lo  cual  emitió    orden   de   libertad     en     su    favor,  con auto  de    sustanciación,  en  el  cual  consignó4:   

«Como  quiera que los delitos por los que  aquí  se  procede  tienen  una  pena  de prisión mínima, el cual (sic)   aparece   en  el  listado  del  artículo  357 como aquellos que se resuelve situación jurídica, pero dándole  aplicación  a  la  Ley  906 de 2005 (sic), donde se establece que para resolver  situación  jurídica  con  detención  preventiva el mínimo de la pena deberá  ser  de  4 años, tendríamos entonces que aplicar el principio de favorabilidad  por  lo  que  se  ordenará la libertad de los indiciados que nos ocupan quienes  deberán  suscribir  diligencia  de  compromiso. Cúmplase FABIO ALFONSO FONSECA  SOTO Fiscal 001 de vida.»   

Así,   las  concretas  circunstancias  fácticas,  procesales  y  probatorias  que  tuvo  ante  sí  el  acusado   al  momento  de  proferir la  orden   de   libertad  censurada,  pueden  resumirse  en:    i)  el  informe  de la Unidad de Guardacostas del Caribe  en  el  que se dio cuenta  de  las  condiciones  de  tiempo,  modo  y  lugar en las que fueron aprehendidas           6  personas, ii)     la     incautación  1395 galones de gasolina, una pistola  Prieto  Baretta,  calibre  9  mm,  con  15  proyectiles, un teléfono satelital,  teléfonos   celulares,   la  suma  de  $1.040.000.oo  en  efectivo,  cartas  de  navegación  y un pasaporte expedido por República Dominicana a nombre de Edwin  Díaz Acevedo y, iii) las indagatorias rendidas por los capturados.   

Contrastadas   las  pruebas   que  tuvo  a  disposición     el     procesado    FONSECA    SOTO   en   el    asunto    concerniente    a   la  aprehensión   de  Iván  José  Barón Palacio, Gaspar Herrera, Augusto Charris Bayona, Tupac Ruiz Parra,  Fenelón  Barón  Palacio  y  Edwin Díaz Acevedo, la  Corte  no  observa         equívoco  en   la   calificación  jurídica   provisional  dada al supuesto de hecho  puesto  en  conocimiento  del funcionario,   pues  de       manera      objetiva      permitían  inferir,  además    de    la  comisión  del  punible  atentatorio    contra    la   seguridad   pública,  un  presunto favorecimiento   de   contrabando  de  hidrocarburos    y    sus    derivados,  por  las razones que a continuación  se  exponen.   

Según  el  artículo  320-1,  incorporado  por el artículo 72 de  la   Ley  788  de  2002,  vigente   en   ese  entonces,  incurre  en esta última conducta:   

«El que posea,  tenga,  transporte, almacene, distribuya o enajene hidrocarburos o sus derivados  introducidos  al  territorio colombiano por lugares no habilitados, u ocultados,  disimulados  o  sustraídos  de la intervención y control aduanero, en cuantía  superior  a  veinte  (20)  galones, incurrirá en pena de prisión de tres (3) a  seis  (6)  años  y multa de trescientos (300) a mil quinientos (1.500) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  sin que en ningún caso sea inferior al  200%   del   valor   aduanero   de   los  bienes  importados  o  de  los  bienes  exportados.   

El  Juez  al imponer la pena, privará al  responsable  del derecho de ejercer el comercio, por el término de la pena y un  (1) año más.   

No  se  aplicará  lo  dispuesto  en  el  presente  artículo  al  consumidor final cuando los bienes que se encuentren en  su  poder,  estén  soportados con factura o documento equivalente, con el lleno  de  los  requisitos legales contemplados en el artículo 771-2 del estatuto tributario»   

En    este    caso,    el  informe  la Unidad de Guardacostas  del           Caribe          daba  cuenta  que             la            aprehensión    del  multicitado   grupo  de  personas,   tuvo  lugar  dentro  del  territorio  nacional,  en aguas del mar Caribe, a 3 millas de Punta  Gallinas,  lugar       ubicado       en       la           alta             Guajira.   

El capturado     Augusto     Rafael     Charris    Bayona   en  la  indagatoria5,         manifestó   ser  el  propietario  del       combustible,    el  cual      había  comprado en el    municipio   de   Manaure  para  llevarlo  hasta  la  alta  Guajira   y   venderlo  a       un       mayor       precio;             versión      que     ratificó  Gaspar  Herrera6 al mando de  la   motonave   y  sus  trabajadores,  los  hermanos  Iván José7    y  Fenelón    Antonio  Barón    Palacio8,         persona         ésta     que     aceptó   la   tenencia   del   arma   y   no   tener   permiso  para  su  porte.   

Por    su    parte,    Edwin    Díaz   Acevedo9  y  Tupac  Amarú      Ruíz  Parra10        corroboraron,  pese a mostrarse ajenos a los hechos,  que    en    el   momento   de   la   detención  se  dirigían   a  la  alta Guajira.   

Con         estos        elementos    de   juicio,   no   es     posible     determinar     la  existencia       de       contrabando       de  hidrocarburos,  pues  aunque  la  motonave  en  la  que fue  hallado  una  importante cantidad  de   combustible   fue  interceptada en     aguas     territoriales    de  Colombia,   sumado   a  que  los  tripulantes no  portaban    autorización   o   permiso  que  los facultara para su             transporte   y   no  se  acreditó  la  propiedad  del mismo, nada  en       la       actuación       adelantada        hasta       ese       momento       evidenciaba  que aquellos lo     hubieran    introducido    al  país   o        que        pretendieran   exportarlo, supuestos  en  los  que  se  ajusta esa conducta típica,  los  cuales  aluden al traspaso  físico  de las fronteras  o     límites     territoriales,    evadiendo  la intervención y el control aduanero.   

En        efecto,             según  lo  determina           el          artículo 319-1 de la Ley 599 de 2000,  incorporado  por  el  artículo  70 de la Ley 788 de  2002,  vigente  para el momento de ocurrencia de los  hechos,  el  delito  de  contrabando    se    configura    así:   

«El  que  en  cantidad superior a veinte  (20)  galones,  importe hidrocarburos o sus derivados  al  territorio  colombiano, o los exporte desde él, por lugares no habilitados,  o   los   oculte,   disimule   o   sustraiga   de  la  intervención  y  control  aduanero, incurrirá en prisión de tres (3) a cinco  (5)  años  y  multa  de  trescientos  (300)  a  mil quinientos (1.500) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  sin que en ningún caso sea inferior al  200%   del   valor   aduanero   de   los  bienes  importados  o  de  los  bienes  exportados.   

Si  la  conducta  descrita  en  el inciso  anterior  recae  sobre  hidrocarburos  o  sus derivados cuya cantidad supere los  ochenta  (80)  galones,  se  impondrá una pena de cinco (5) a ocho (8) años de  prisión  y  multa  de  mil quinientos (1.500) a cincuenta mil (50.000) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  sin que en ningún caso sea inferior al  doscientos  (200%)  del  valor aduanero de los bienes importados o de los bienes  exportados.  El  monto  de  la  multa no podrá superar el máximo de la pena de  multa establecido en este Código.   

PARÁGRAFO.  La  legalización  de  las  mercancías no extingue la acción penal.»   

Cabe  advertir   para   dar  respuesta    al    recurrente,   que   este         delito,             está           indisolublemente  vinculado  con  el  control aduanero al que debe  someterse  el  ingreso o  salida    del   país  de  los  hidrocarburos y  sus       derivados.       Su      perfeccionamiento    presupone,    por    ende,    que    se   traspase   o   eluda  dicho control. De ahí que no se  trate  de una       acción      diversa,  que     de    manera    independiente,   estructure  el  punible       como      aquél         lo        anuncia   en  el  recurso.   

De    otra    parte,    tampoco  del  encuentro  de  cartas  de  navegación, el          teléfono  satelital,  celulares  y  dinero  en  efectivo incautados    en    las    circunstancias    que    dan      cuenta      las      diligencias     preliminares  sometidas  al  conocimiento  del  enjuiciado, se  podía             derivar  la  ocurrencia  de alguno   de  esos  eventos,     por    cuanto    se  trata  de instrumentos básicos      y      necesarios         para      quienes     navegan    en    altamar,  de  los  que    suelen    proveerse    los   que   habitualmente  transitan  por  esta  vía    para       lograr      una  navegación segura, tanto en aguas  territoriales   como   fuera  del  país.   

Es   sabido  que   las  cartas       náuticas         son        elementos         útiles           para       determinar      la      posición   de   la   embarcación   y  el  rumbo    a    seguir,  así   como   para  la  fácil   llegada   y   salida   de         los        puertos,  y,  la  circulación  por  vías  de  denso tráfico,  también  para  conocer la  topografía  submarina  y  la  localización  de  peligros  en  los  trayectos a  recorrer;   y  en  cuanto  a  los  teléfonos,  como   es  apenas         obvio,    son    el    medio  práctico  de comunicación  con  tierra        y        con        otras        embarcaciones, cuando no  se  cuenta con otros tipos  de    sistemas,   sin  que   su  tenencia    resulte   extraordinaria   o   excepcional,   como   para   derivar   de   ello  la  comisión        del        contrabando             de  hidrocarburos,        menos       para            asegurar la  existencia  de una organización criminal con esos fines.   

No  obraban    entonces    elementos   de  conocimiento  que  de  manera  objetiva            permitieran      suponer,      con  base  en el estudio de las pruebas  que  tuvo  a  disposición el procesado FONSECA  SOTO en el asunto concerniente  a  la  aprehensión  en  flagrancia  de Iván   José  Barón  Palacio,  Gaspar  Herrera,  Augusto  Charris  Bayona,   Tupac   Ruiz   Parra,   Fenelón   Barón   Palacio   y   Edwin  Díaz  Acevedo,  que  se estaba  ante  un  contrabando de  hidrocarburos.   

Por   el   contrario,   del           análisis   de   la   secuencia   fáctica  reconstruida  con  base en el reporte que conoció al  acusado, de los elementos  incautados, las    explicaciones    brindadas  por   los   capturados  en  sus  injuradas  y el  transporte      sin     autorización     del    hidrocarburo   por  aguas  marinas  del   territorio   patrio  resultaba     razonable      colegir      que       los      indiciados      presuntamente      habrían  incurrido    en    el    comportamiento   que   tiene   correspondencia  con  la  hipótesis delictiva del  artículo    320-1,  que    tipifica    el  favorecimiento  de contrabando de hidrocarburos y sus  derivados  .   

Sobre este particular importa precisar, que  si  bien  el  tipo  penal  del  favorecimiento,  en términos generales, implica  reconocer  que  previamente  existió  el  contrabando  de  un  bien  que  se ha  sustraído  de  la  intervención  y  control  aduanero,  ello  no significa que  aquellas  personas  que de manera específica prestan su ayuda en otros momentos  para  su  encubrimiento  o facilitación, puedan verse por ese hecho enjuiciadas  por esa conducta punible.   

Es  que  con  la  información,  puesta  en  conocimiento del acusado,  éste   no  tenía  dato    o  noticia  de    la      que      lograra   objetivamente   concluir   que  el  combustible   incautado  había  sido  ingresado  ilegalmente  al  país por  los  capturados  o  que  conformaban    una  organización    criminal   concertada   con   ese  propósito,  máxime          cuando         todos  los  implicados   en   sus  versiones    fueron  contestes   respecto   del   lugar   de  partida y  el  destino,       situados      ambos           dentro         del         territorio         nacional,    lejanos    de    la   zona   de  frontera.   

De   manera  que  del  estudio  de  las  diligencias    no   se  podía        establecer   que   con   la   conducta   desplegada   por   los   capturados  pretendían     el     contrabando     del    hidrocarburo   quedando   entonces   en  vigor el  sustento   de   la  orden  de  libertad  cuestionada  a   FONSECA  SOTO,  por  cuanto   es  claro  que  resolvió  conforme a  lo  que  le enseñaban las  pruebas,  efectuando  una correcta         adecuación  típica.   

Bajo    esta    precisión,    el    exfiscal    no    estaba  obligado   entonces  a  definir  la  situación  jurídica    a   los  indagados,   según   lo   preceptuado  en  el  artículo  354  de  la Ley 600 de 2000, por       cuanto      no        se        encontraban  dentro    de    ninguno    de    los    eventos   y  causales en los que procede la detención      preventiva     señalados  el  artículo  357 de ese  mismo     Estatuto     Procesal,    los  injustos  a            ellos            imputados         se           encontraban  sancionados11   

,   para  ese  entonces, con  penas   mínimas  inferiores  a  4  años     y    no    se    trataba    de   alguna   de     las    conductas    punibles  allí  enlistadas, luego  no   había   lugar   a   restringir  su      derecho     a     la     libertad.   

Es cierto que el funcionario,    en   orden   a   sustentar     la     concesión     de     libertad    de    los  capturados, acudió a una  disposición  procesal  consagrada  en  la  Ley  906  de  2004,  la cual resulta  inapropiada   para   invocar   el   principio   de  favorabilidad,             ya   que  bajo  el  régimen de  la  Ley  600  de  2000,  estatuto   bajo   el   cual   se  rituó  el  proceso,  procedía      igualmente     la     libertad     inmediata     en    consideración    a    los   delitos   imputados  por el monto de la pena  con la que se encontraban sancionados.   

No   obstante,   en   criterio  de  la  Sala,           tal           desacierto       no  es constitutivo de prevaricato por  cuanto  es  claro  que  la resolución adoptada  por   el   funcionario  se        encuentra       ajustada  a las  previsiones    del  citado   ordenamiento  jurídico.   

Así  las  cosas,  no  le  asiste  razón al recurrente cuando  afirma   que  el  acusado  se  apartó  de  la  ley  al no realizar un nuevo  proceso     de     adecuación    típica,     una     vez         escuchó   en   indagatoria   a   los   capturados,   estimando        que    el    delito   en    el    cual    encajaba    su  comportamiento        correspondía   al   de  contrabando.   

La  Sala no advierte, como quedó expuesto  en  precedencia, que el actuar del funcionario sea contrario al orden jurídico,  tampoco  la  interpretación  de  las  pruebas  con  las  que  contaba hasta ese  momento,  por  ende,  no  surge discrepancia entre la ley y la orden de libertad  emitida por FONSECA SOTO.   

El  Fiscal  recurrente  se  equivoca  al  pretender  imponer  la  forma  como el acusado debió apreciar las pruebas, y de  esa  manera  señalar  que  el  comportamiento  desplegado  por los aprehendidos  correspondía  a  un  delito diverso al seleccionado por el funcionario acusado,  soslayando  que  en  el delito de prevaricato por acción, el juicio de reproche  está  encaminado  a  determinar  la  ilegalidad  de  la  decisión,  más no su  acierto.   

Por  las  anteriores razones, encuentra la  Sala  que  el  actuar  del  acusado  FABIO  ALFONSO  FONSECA SOTO, dentro de las  diligencia  relativas  a la captura en flagrancia de  Iván  José  Barón Palacio, Gaspar Herrera, Augusto  Charris  Bayona,  Tupac  Ruiz  Parra,  Fenelón  Barón  Palacio  y  Edwin Díaz  Acevedo,  no se ajusta a un comportamiento típico, en cuanto sus decisiones son  producto  de  la  valoración  probatoria,  sin  que  se evidencie apreciaciones  caprichosas  o  alejadas de los elementos de conocimiento con los que contaba en  ese momento.   

De  acuerdo  con  lo  anterior,  no  se  accederá   a   la   solicitud  de  la  Fiscalía, debiendo en consecuencia  impartirse               confirmación  a la  sentencia            impugnada.   

En mérito de  lo  expuesto, la Sala de  Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR   la  sentencia  proferida el  28  de abril de 2016 por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Riohacha, por medio  de  la  cual absolvió a FABIO ALFONSO FONSECA SOTO,  en  su  condición de Fiscal Seccional, del cargo de  prevaricato  por  acción,  conforme    a    las    motivaciones    plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  SP  de  8  de  nov.  de  2001,  rad. Nº 13956.  Criterio  reiterado  en  el  mismo  sentido  en  SP  de 25 de abr. de 2007, rad.  Nº  27062,  22 de abr de 2009, rad. Nº  28745,  16  de  mar  y  31 de may. de 2011, rad. Nº  35037 y 34112, respectivamente, entre  otras.   

2  Cfr. Sentencia del 26 de mayo de 1998, radicación 13628.   

3  Fl.128  c.  c.  1.Según   versión  del  procesado  rendida  en  audiencia  pública  se encontraba en turno entre las 6:00 de la  tarde a 6:00 de la mañana,   

4 Fl.  135  c.  c.  1.  Según  lectura del contenido de la providencia que realizó el  Fiscal en los alegatos finales.   

5  Fl. 35, C.1   

6 Fl.  38 Ibídem   

7 Fl.  29 Ibídem   

8 Fl.  32 Ibídem   

9  Fl. 25 Ibídem   

10  Fl. 41 Ibídem   

11  ARTICULO  365.  FABRICACION, TRÁFICO Y PORTE DE ARMAS DE FUEGO O MUNICIONES. El  que   sin   permiso   de   autoridad  competente  importe,  trafique,  fabrique,  transporte,   almacene,   distribuya,   venda,   suministre,   repare   o  porte  armas de fuego de defensa  personal,  municiones  o  explosivos, incurrirá en prisión de uno (1) a cuatro  (4) años.   

La  pena mínima anteriormente dispuesta se  duplicará    cuando    la    conducta    se    cometa    en    las   siguientes  circunstancias:   

1. Utilizando medios motorizados.  

2.   Cuando   el   arma  provenga  de  un  delito.   

3.  Cuando  se  oponga resistencia en forma  violenta a los requerimientos de las autoridades, y   

4.  Cuando se empleen máscaras o elementos  similares que sirvan para ocultar la identidad o la dificulten.   

Artículo 320-1 adicionado por la Ley 788 de  2002  art.  72.  FAVORECIMIENTO DE CONTRABANDO DE HIDROCARBUROS O SUS DERIVADOS.  El  que posea, tenga, transporte, almacene, distribuya o enajene hidrocarburos o  sus  derivados introducidos al territorio colombiano por lugares no habilitados,  u  ocultados,  disimulados o sustraídos de la intervención y control aduanero,  en  cuantía  superior  a veinte (20) galones, incurrirá en pena de prisión de  tres  (3) a seis (6) años y multa de trescientos (300) a mil quinientos (1.500)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  sin  que  en ningún caso sea  inferior  al  200%  del  valor aduanero de los bienes importados o de los bienes  exportados.   

El  Juez  al  imponer  la pena, privará al  responsable  del derecho de ejercer el comercio, por el término de la pena y un  (1) año más.   

    

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