SP11349-2014(41395)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

SP11349-2014  

Radicación N°41395  

(Aprobado   Acta  No.280)   

Bogotá  D.C.,  veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).    

Se     pronuncia    la    Sala  sobre la  admisión  de la demanda de  casación  presentada  por el defensor de JORGE  ELIÉCER DÍAZ OLAVE contra   la   sentencia   dictada   por   el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  el  30       de       noviembre       de  2012,     mediante    la   cual   confirmó  la  proferida  por el Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Descongestión de esa  ciudad     el     29     de     junio     del     mismo    año,    que         condenó       al  procesado por el delito de homicidio.   

Hechos  

El  3  de noviembre de 2007, en las primeras  horas  de la noche, en la vereda Las Vacas, Corregimiento La Buena Esperanza del  Municipio  de  Cúcuta,  en  desarrollo  de  una  pelea  que  se presentó en el  interior  de  un  billar,  JORGE  ELIÉCER DÍAZ OLAVE  desenfundó  una  navaja  y  apuñaló repetidamente a  FRANCISCO   JAVIER   JIMÉNEZ   GARCÍA,   causándole   heridas  de  naturaleza  esencialmente  mortal,  que  minutos  más tarde desencadenaron su muerte. En el  lugar   de   los   hechos  se  hallaban,  entre  otros,  OMAR  JIMÉNEZ  GARCÍA  (hermano  de  la  víctima),  quien  recibió  una herida en el abdomen de manos del mismo sujeto, YADIR JOSÉ  GARCÍA  PORTILLA  (sobrino de la víctima),  quien  atendía  el  negocio en esos momentos, y JORGE ALEJANDRO  DÍAZ    RIAÑO    (hijo   del   agresor),        quien       participó       activamente       en       la  reyerta.       

         

          Actuación procesal relevante   

          1  La fiscalía vinculó al proceso mediante declaración de persona  ausente  a  JORGE  ELIÉCER  DIAZ  OLAVE  y  el  18 de febrero de 2009 calificó el sumario con resolución de  acusación  en  su contra, por el delito de homicidio, decisión que fue apelada  por  la  defensa,  y confirmada por la Fiscalía Delegada ante el tribunal el 21  de          octubre         de         2011.1   

          2.  Rituado  el  juicio,  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de  Descongestión  de  Cúcuta, mediante sentencia de 29 de junio de 2012, condenó  a    JORGE   ELIÉCER   DÍAZ   OLAVE   a  la  pena  principal  de  16  años  de prisión y la accesoria de  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por 20 años,  como    autor   responsable   del   delito   de   homicidio   imputado   en   la  acusación.2   

          3.  Impugnado  este  fallo por la defensa, para pedir la nulidad del  proceso   por   afectación   del   principio   de  investigación  integral,  y  alternativamente,  la  absolución  del  procesado,  el  reconocimiento  de  una  legítima  defensa  excedida, o la disminución de la pena, el Tribunal Superior  de  Cúcuta,  mediante  el  suyo  de 30 de noviembre de 2012, que ahora el mismo  sujeto   procesal   recurre   en   casación,   lo   confirmó   en   todas  sus  partes.3   

          La demanda   

          Contiene  un  cargo  principal  de  nulidad  al  amparo de la causal  consagrada  en  el  numeral  3°  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, y uno  subsidiario,  por  violación  indirecta de la ley sustancial, con fundamento en  la causal prevista en el numeral primero cuerpo segundo ejusdem.   

          Nulidad   

          Sostiene  que  la  fiscalía incumplió el deber de investigar tanto  lo  favorable  como  lo desfavorable al procesado, como quiera que solo trajo al  informativo  los  testimonios  del  hermano  y del sobrino de la víctima, y las  actas  de  inspección  al cadáver y el protocolo de necropsia,  brillando  por  su  ausencia  otros medios de prueba, frente a los cuales nunca se procuró  su aporte.   

          La  fiscalía  se  contentó  con acotar que los testigos no podían  trasladarse   del  campo  a  la  ciudad  a  declarar,  porque  residían  en  el  Corregimiento  Las  Vacas,  dejando de citar a los allegados del procesado, a su  hijo,  su hermano y los vecinos del lugar de residencia que estaban presentes en  el lugar y en el momento de los hechos.   

          Se  tiene,  por ejemplo, que en el lugar hubo una tertulia, donde se  hallaban  FRANCISCO  JAVIER  JIMÉNEZ  GARCÍA,  OMAR  JIMÉNEZ  GARCÍA,  JORGE  ELIÉCER  DÍAZ OLAVE, los hermanos de éste EDUARDO, ERLING y ALEXIS, y su hijo  ALEJANDRO  DÍAZ  RIAÑO,  y  otros  testigos  mencionados  por  el joven DAYRON  ALBERTO  GUTIÉRREZ  RODRÍGUEZ,  siendo  manifiesta  su  relevancia probatoria.   

          Ni  siquiera se llamó a declarar a ALEJANDRO DÍAZ RIAÑO, hijo del  procesado,  quien  solo  testificó  al  término del juicio, después de muchos  años  de  haber  ocurrido  los  hechos, pudiendo la fiscalía haber recibido su  declaración  en  forma  oportuna,  lo  que  traduce  falta  de  mística  en el  cumplimiento del deber.   

Era necesario aclarar los golpes con taco que  supuestamente  recibió  la víctima de manos de ERLING DÍAZ y ALEJANDRO DÍAZ,  puesto  que  las  lesiones en la zona frontal de la cabeza pueden corresponder a  este  elemento  y  no  a  un  arma  cortopunzante,  como por error lo sostuvo el  legista.  Tampoco  se  tiene  clara la causa del deceso, la que no determina con  certeza el perito forense.    

          Dado  que  las indagaciones iniciales y las actas informaban que los  protagonistas  de la tertulia y posterior gresca se encontraban libando licor, y  que  entre  ellos  se  hallaba la víctima, “debió cumplirse con lo dispuesto  sobre  la  producción  en  cuanto  a  los  resultados  de las órdenes dadas al  momento   del   levantamiento   del  cadáver  sobre  alcoholemia  y  el  examen  toxicológico”,   aspectos  relevantes  para  la  investigación,  que  no  se  intentó incorporar.   

          Insiste   en   que   la   fiscalía   no  se  esforzó  en  escuchar  oportunamente  a  los  hermanos  del  procesado (EDUARDO y ERLING), ni a su hijo  (ALEJANDRO),  y  que  en el único testimonio que se interesó fue en el de OMAR  JIMÉNEZ  GARCÍA,  quien  declaró tres veces, acotando en cada salida algo muy  distinto a la forma como ocurrieron realmente los hechos.   

          Argumenta  que  el testigo ERLING DÍAZ no puede ser oído porque ya  falleció,  pero  que  debe procurarse escuchar los testimonios de EDUARDO DÍAZ  OLAVE,  hermano del procesado, que es trascendental, y de los demás testigos ya  nombrados,  al  igual que el de su ex pareja, quien para la época de los hechos  era la compañera de la víctima.   

         

          Agrega  que  el  incumplimiento  del  deber de observar el principio  constitucional  de  investigación  integral por parte de la fiscalía, vulneró  el  debido  proceso,  en perjuicio del acusado, porque de haberse practicado las  pruebas  omitidas, el proceso habría terminado con preclusión, o con sentencia  absolutoria,  lo cual estructura una causal de nulidad, que debe ser decretada a  partir  del  cierre  de la investigación.                              

         

          Violación indirecta   

          Sostiene   que   la  sentencia  viola  en  forma  indirecta  la  ley  sustancial,   por  falta  de  aplicación  del  artículo  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  consagra  el principio in dubio pro reo, debido a un  error  de hecho por falso juicio de identidad “al ponderar solamente la prueba  de   cargo,  dejando  de  lado  la  de  descargo,  sabiéndose  que  la  inercia  investigativa  de  la  fiscalía  fue  latente  y  que  no  hay  certeza  de  la  responsabilidad penal del implicado en los hechos.   

          Explica  que el fallo se sustenta en las  declaraciones de OMAR  JIMÉNEZ   GARCÍA  (hermano  del  occiso),  a  quien se le otorga credibilidad en torno a la responsabilidad  penal  del  procesado,  “a  pesar  que  no  se  sustenta  su  dicho en testigo  presencial  de  los  hechos,  mientras  que  el  testimonio  del  hijo  del  hoy  sentenciado,  introduce  al  juicio,  la  verdad  material  como  sucedieron los  hechos,   de   manera   contraria   a   la  expuesta  por  el  hermano  del  hoy  occiso”.   

          A  través  de  este nuevo testimonio, que controvierte la prueba de  cargo,  ALEJANDRO  DÍAZ  enseña la forma como ocurrieron los hechos, indicando  que  el  hoy  occiso  es  quien  inicia  el ataque en contra suya, por lo que su  padre,   el  hoy  procesado,  se  aprestó  a  defenderlo,  recibiendo  también  agresión de éste y de los conmilitones de tertulia y embriaguez.   

          Afirma  que  la  defensa  ha solicitado a los jueces de instancia la  aplicación  del  principio in dubio pro reo, y por esta vía la absolución del  procesado,  “pero  se desatienden las peticiones defensivas para caer inmersos  en  el error en cuanto a la apreciación o mérito probatorio que es precario en  cuanto a sus elementos materiales”.   

          Concluye  diciendo  que  el error denunciado es trascendente, porque  el  procesado viene soportando una condena de 13 años (sic) de prisión, y pide  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada,  para  dictar  en su lugar una de  carácter absolutorio.   

SE CONSIDERA                                            

La Sala inadmitirá la demanda que se estudia  por  no  cumplir  los  requisitos  mínimos  de  fundamentación exigidos por la  lógica  casacional  para  su  estudio  de fondo, ni satisfacer los presupuestos  básicos  de  idoneidad  sustancial necesarios para la realización de los fines  del recurso. Por separado se analizarán los cargos propuestos.   

Nulidad  

Pacífica ha sido la doctrina de la Corte en  sostener  que  cuando  se  plantea  nulidad  por  violación  del  principio  de  investigación  integral,  no  es  suficiente  afirmar   que  se dejaron de  practicar   determinadas  pruebas,  sino  que  es  necesario  acreditar  que  se  cumplían  los  requerimientos  de  conducencia,  pertinencia y utilidad para su  práctica,   y  que los funcionarios nada hicieron para aportarlas, estando  en  condiciones  de  hacerlo,  o  que  lo  realizado por ellos para lograrlo fue  insuficiente.   

También ha dicho que es carga del impugnante  acreditar  que  la  omisión  fue  trascendente, concepto que, en criterio de la  Sala,  se  identifica  con  la aptitud probatoria del medio que se echa de menos  para  modificar  el  sentido  del  fallo,  o  sus consecuencias punitivas, y que  presupone  probar  que  de haberse concretado su recaudo, las conclusiones sobre  la  responsabilidad  de  procesado  en  los  hechos habría sido sustancialmente  distinta  (CSJ,  AP,  agosto  5/10,  radicado  33048;  CSJ, AP, diciembre 14/10,  radicado  31838;  CSJ,  AP,  marzo  9/2011,  radicado 31398; CSJ, AP, octubre 12  /2011,  radicado  37334;  CSJ, AP, 18 de abril/2012, radicado 34011; CSJ, AP, 29  de mayo/2013, radicado 40319, entre otras)       

En  el  caso  analizado,  el  casacionista  incumple  la  mayor  parte  de  estas  exigencias,  pues  se limita a relacionar  desordenadamente  las  pruebas omitidas, sin aludir para nada al cumplimiento de  los  requisitos  de  conducencia,  pertinencia  y  utilidad  para su recaudo, ni  explicar  por  qué las gestiones realizadas por los funcionarios judiciales con  el   fin   de   obtener   la   práctica   de   algunas  de  ellas  fueron   insuficientes.   

Tampoco  se ocupa de probar la trascendencia  del  vicio,  pues no dice qué hipótesis fáctica, distinta de las debatidas en  el  proceso,  acreditan  las  pruebas  dejadas  de  recaudar,  ni  por  qué  su  demostración  tiene  la virtualidad de descartar o modificar la responsabilidad  del  procesado en los hechos, o de poner en duda su compromiso penal, como   de manera general lo plantea.      

Revisada  la actuación, se establece que en  ella    no    solo    declararon    OMAR    JIMÉNEZ    GARCÍA    (hermano  de  la  víctima)  y YADIR JOSÉ  GARCÍA  PORTILLA  (sobrino),  como  insinúa  el  demandante,  sino  también  JORGE  ALEJANDRO  DÍAZ  RIAÑO  (hijo  del procesado), quien  planteó  una legítima defensa, o cuando menos, una defensa excedida, tesis que  los  juzgadores descartaron por considerar que los relatos de los otros testigos  eran  mucho  más  consistentes,  y  encontraban  respaldo  en  el  protocolo de  necropsia,  donde se describían las heridas, su profundidad, ubicación y clase  de arma utilizada.   

El casacionista extraña la práctica de los  testimonios  de  EDUARDO  y  ERLING  DÍAZ, hermanos del procesado, pero no dice  sobre  qué  situaciones  concretas  habrían  declarado,   ni  qué hechos  habrían  revelado, ni por qué sus relatos modificarían el fundamento fáctico  del  fallo. También reclama porque no se allegaron los exámenes de alcoholemia  y  toxicología  de  la  víctima,  pero no se ve, ni el impugnante explica, por  qué     su     aportación     habría     enervado     la     decisión     de  condena.       

Se  queja igualmente por no haberse ordenado  el  recaudo  del  testimonio  de la ex pareja de EDUARDO DIAZ, pero no dice qué  aporte  a  la  investigación  habría  hecho en concreto esta testigo, y aunque  podría  decirse  que daría fe de una enemistad anterior entre las familias por  un  romance  suyo con la víctima, dicho aporte sería intrascendente, porque la  prueba  pacíficamente  enseña  que  el  problema  se  inició por otro motivo.   

También polemiza por no haberse establecido  con  certeza la causa de la muerte, pues sostiene que la lesión que la víctima  presenta  en la zona frontal de la cabeza pudo haber sido causada con un taco de  billar  por  ERLING DÍAZ o ALEJANDRO DÍAZ, reflexión que carece totalmente de  fundamento,  porque el protocolo de necropsia es absolutamente claro en sostener  que  la víctima presentaba  seis (6) heridas, todas con arma blanca, entre  ellas  la  ubicada  en la región frontal, y en declarar como causa de la muerte  shock  hipovolémico  agudo con paro respiratorio, secundarios a dichas heridas:  “Se   encuentran   seis   (6)   heridas  por  arma  cortopunzante  (ACP)  en la región frontal derecha, cuello sobre el tercio  medio  y  hombro  izquierdo, reborde costal anterior y dorso lumbar derechos las  cuales  lesionan en el cuello la carótida primaria izquierda y penetran abdomen  produciendo  herida  del  hígado  hasta  el hilio vascular desencadenando ambas  lesiones  shock  hipovolémico  agudo  con  paro  cardiorrespiratorio  hasta  la  muerte”.4    

Adicionalmente  a  estas  inconsistencias,  suficientes  de  suyo  para  inadmitir  el  cargo,  la  Sala  encuentra  que las  afirmaciones  del  casacionista,  referidas  a la falta de gestión  de los  funcionarios  judiciales  en  la  actividad  investigativa  no  son literalmente  ciertas,  porque la actuación muestra que en repetidas oportunidades intentaron  contactar  a  las  personas que venían siendo citadas en la investigación como  testigos  de los hechos, sin lograr su asistencia, por hallarse residenciadas en  la  zona  rural.5   

Advierte  igualmente  la  Sala que quien hoy  funge  como  demandante,  carece  de  legitimidad  para  invocar  la nulidad que  plantea,  en  virtud  del  principio  de  protección  de  los  actos procesales  consagrado  en el artículo 310.3 de la Ley 600 de 2000, por cuanto, hallándose  en  condiciones  de  solicitar  la  práctica  de  las pruebas que ahora echa de  menos,   no   lo  hizo,   pues  siendo  defensor  guardó  silencio  en  la  oportunidad   que   tenía   para   pedir   pruebas   en  el  juicio6,  y cuando el  juez  las  ordenó  de  oficio  no  colaboró  en la citación y traslado de los  testigos,    no    obstante    haberse   comprometido   a   hacerlo,7 ni impugnó la  decisión  mediante la cual el juzgado clausuró el ciclo probatorio en vista de  su                   inasistencia.8   

Violación indirecta  

La jurisprudencia de la Corte ha dicho que el  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad se presenta cuando el juzgador  distorsiona   el   contenido   material   de  una  prueba,  porque  le  atribuye  afirmaciones      o     negaciones     que     no     contiene     (distorsión  por  adición), o cercena su  expresión      material      (distorsión     por  cercenamiento),  o cambia su literalidad (distorsión  por  trasmutación), y que su  demostración  presupone,  por  tanto,  poner de presente qué parte de ella fue  adicionada,  cercenada  o  modificada, y qué implicaciones tuvo el error en las  conclusiones del fallo.    

También ha dejado en claro que este error es  distinto  del  que  se  presenta  en  la  valoración  del  mérito de la prueba   

por  desconocimiento de las reglas de la sana  crítica,   llamado   por   la  Sala  de  raciocinio,  porque  éste,  además  de  ser  valorativo, tiene un  objeto  de demostración distinto, en cuanto impone acreditar, no equivocaciones  en  la lectura del contenido de la prueba, sino en la valoración de su mérito,  originadas  en  la  inobservancia de los principios de la lógica, las reglas de  experiencia o los postulados de la ciencia.   

Realizada  esta  precisión  conceptual,  no  cuesta  trabajo  advertir  que  el  fundamento  de  esta  censura  es totalmente  equivocado,  porque  el  demandante  invoca un error de identidad, que presupone  demostrar  que los juzgadores alteraron el contenido material de la prueba, pero  lo  que  realmente  hace  es  cuestionar  su valoración, por haberle  dado  crédito  al relato suministrado por OMAR JIMÉNEZ GARCÍA y no al entregado por  JORGE ALEJANDRO DÍAZ RIAÑO.   

Este  planteamiento  imponía  orientar  el  ataque  por  la  vía  del error de hecho por falso raciocinio, y demostrar, por  tanto,  que  los  juzgadores  desconocieron  en  esta  valoración  un principio  lógico,  una  máxima  de  experiencia  o  un  postulado de la ciencia, pero el  demandante  obviamente  no lo hace, y la Corte no puede, en virtud del principio  de  limitación  que  preside  el  recurso,  entrar a suplirlo en esta actividad  demostrativa.   

Decisión  

Visto, entonces, que la demanda no cumple las  exigencias  mínimas de orden formal ni sustancial requeridas para su estudio de  fondo,  se  la  inadmitirá  a  trámite,  en  aplicación de lo dispuesto en el  artículo  213  la  Ley  600  de  2000.  Pero  como  se advierte que en la   dosificación  de  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  los  juzgadores desconocieron el principio de  legalidad,  la  Corte  hará  uso  de  la  facultad  oficiosa  establecida en el  artículo 216 ejusdem para enmendar el error.   

Casación oficiosa  

El artículo 52 del Código Penal dispone, en  su   inciso   tercero,  que  la  pena  de  prisión  conlleva  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de  la pena a que accede, y hasta por una tercera parte más,  sin exceder el límite fijado en la ley.   

En  la  sentencia  de  primera  instancia,  confirmada    por    el   tribunal,   el   juzgado   condenó   a   JORGE  ELIÉCER  DÍAZ  OLAVE  a  la  pena  principal  de  16  años  de  prisión  y  la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por veinte (20) años, amparado en  la siguiente argumentación,   

«Igualmente será  condenado  el  procesado  a  las  penas  accesorias  de  inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, que conforme al artículo 52 de la  Ley 599 del 2000, será de 20 años»   

La lectura que el juzgador hace del artículo  52  es  equivocada,  porque  la norma no dispone que la pena accesoria sea de 20  años,  sino que sea igual a la pena a la cual accede, es decir, igual a la pena  de  prisión  impuesta,  que en el presente caso fue de dieciséis (16) años, y  aunque   puede  ser  aumentado  hasta  en  1/3  parte,  el  funcionario  no  manifestó  que  estuviera  haciendo  uso de esta facultad para arribar al monto  que impuso.   

Con  el propósito, entonces, de corregir el  error,  la  Sala  casará  de  oficio, en forma parcial, la sentencia impugnada,  para  reducir  a dieciséis (16) años la pena accesoria de inhabilitación para  el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

                     

          RESUELVE   

1.   Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JORGE ELIÉCER DÍAZ  OLAVE.   

2.   Casar  de  oficio,  parcialmente,  la  sentencia  impugnada,  para  fijar en dieciséis (16) años la pena accesoria de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

En   lo  demás,  la  sentencia  no  sufre  modificaciones.    

Contra  esta decisión no proceden recursos.   

          NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE   

                FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 58 , 89-97 y 114-130 del cuaderno original 1.   

2  Folios 110-183 ídem.   

3  Folios 5-21 del cuaderno del tribunal.   

4  Folios 34 del cuaderno principal.   

5  Confrontar  folios  11,  21,  46,  47, 52, 55, 56, 57, 72-73, 144-145, 150 y 152  ídem.   

6  Folios 136 y 144-145 del cuaderno principal.   

7  Folios 152 ídem.   

8  Folios 165 ídem.     

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