SP11224-2015(37047)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER   

Magistrado Ponente  

SP11224-2015  

Radicación 37047  

(Aprobado Acta No. 294).  

Bogotá D.C., agosto veintiséis (26) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Luego  de recibir el concepto emitido por el  Procurador  Segundo  Delegado  ante  esta  Colegiatura,  se pronuncia la Sala de  fondo  sobre  el  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  del acusado  RAÚL PÉREZ FLÓREZ, contra  el  fallo  condenatorio de segunda instancia proferido por decisión mayoritaria  de  una  Sala  de  Conjueces del Tribunal Superior de Cúcuta, confirmatorio del  dictado  por  el  Juzgado Primero Adjunto Penal del Circuito Especializado de la  referida   ciudad,   por   cuyo   medio  lo  condenó,  junto  con  Richard   Antonio   Assaf   Lobo,   como  coautores  del  concurso  de  delitos  de  concierto para delinquir con fines de  narcotráfico  y  tráfico  de estupefacientes agravado en razón de la cantidad  de sustancia incautada.   

HECHOS  

A partir de una comunicación suscrita por la  Teniente   Elika   Yaned   Smith   Olmos,  en  la  cual  informó a la Fiscalía acerca de una organización  ilícita  dedicada  al  tráfico  de  estupefacientes en Bogotá, Barranquilla y  Cúcuta,  que  utilizaba caletas en vehículos de carga pesada y correos humanos  con  destino  a  Venezuela,  se  dispuso  un procedimiento de interceptación de  varias  líneas  telefónicas  durante  el  periodo comprendido entre febrero de  2004  y  marzo  de  2005,  a  partir  del cual fue posible ubicar, identificar e  individualizar   a   varios   de   los   integrantes   de   la   citada  empresa  delincuencial.   

          El  13 de octubre de 2004 se incautaron en la ciudad de Barranquilla  200  kilos  de  cocaína  cuando  eran  transportados  de manera camuflada en un  camión  de  placas  CIF  872; con posterioridad se estableció que el conductor  era     miembro     de     la     organización     delictiva     dedicada    al  narcotráfico.   

          Adelantadas     las    correspondientes    labores    investigativas  (allanamientos,  registro  de personas, seguimientos y vigilancia) por parte del  Grupo  de  Estupefacientes  de  la  DIJIN  en  diversas  ciudades  del país, se  capturó,    entre    otros,    a    RAÚL   PÉREZ  FLÓREZ  y  Richard Antonio  Assaf Lobo.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Dispuesta la apertura de instrucción, en su  desarrollo  fueron  vinculados  mediante  indagatoria,  además  de  otros,  los  citados    ciudadanos   PÉREZ   FLÓREZ  y Assaf Lobo, a  quienes  les fue resuelta su situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención   preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posibles  coautores  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes agravado por el factor  cuantitativo de la sustancia.   

         

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue calificado el 3 de marzo de 2006 con resolución de acusación  en  contra  de  aquellos,  como  presuntos  coautores del concurso de delitos de  concierto  para  delinquir  con fines de narcotráfico y el punible que sustento  la medida de aseguramiento.   

Impugnada  la acusación por la defensa, fue  confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cúcuta,  mediante proveído del 11 de julio de 2006.   

Culminado el juicio, el Juzgado Primero Penal  Adjunto  del  Circuito Especializado de Cúcuta profirió fallo el 9 de julio de  2010,  a  través  del  cual  condenó  a RAÚL PÉREZ  FLÓREZ  y  Richard Antonio  Assaf  Lobo a la pena principal de 18 años de prisión  y  multa  de  4000  salarios  mínimos  legales  mensuales,  y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de libertad, como coautores del concurso  de delitos objeto de acusación.   

          En  la  misma providencia les fue negado tanto el subrogado penal de  la  condena de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva  de   la   intramural,   pero  se  concedió  a  Assaf  Lobo  la reclusión domiciliaria en razón de la grave  enfermedad que lo aqueja.   

Impugnada  la  sentencia de primer grado por  los  defensores,  una  Sala  de  Conjueces  del  Tribunal Superior de Cúcuta en  decisión  mayoritaria  la  confirmó  mediante proveído del 26 de noviembre de  2010,   contra   la   cual   el   abogado  de  PÉREZ  FLÓREZ  interpuso recurso extraordinario de casación  y  allegó  la  respectiva  demanda,  cuyo  primer cargo, en el cual deploró la  falta  de  motivación  de  la decisión de segundo grado, fue admitido por esta  Corporación  mediante  auto  del  8 de febrero de 2012 e inadmitió los reparos  subsidiarios.   

Surtido  el  correspondiente  traslado  al  Ministerio  Público  y  recibido  su concepto, la Corte profirió fallo el 7 de  marzo  de  2012,  mediante  el cual casó parcialmente el fallo de segundo grado  por   “absoluta  falta  de  motivación”  y,  por  ello,  ordenó “REMITIR la  actuación   al  Tribunal  de  Cúcuta  para  que  se  pronuncie    en    segunda    instancia    de    manera    motivada   sobre   la  impugnación  propuesta  por  el  defensor  de  RAÚL  PÉREZ” (subrayas fuera de texto).   

          Entonces,  la  misma  Sala  de  Conjueces  en  decisión de mayoría  profirió  fallo  el 6 de julio de 2012, a través del cual confirmó la condena  dictada  por  el  a quo, y en  providencia  del 9 de octubre de la misma anualidad, a instancia del defensor de  RAÚL   PÉREZ   FLÓREZ,  declaró  prescrita  la  acción derivada del delito de concierto para delinquir  con  fines  de  narcotráfico y dispuso la cesación de procedimiento adelantada  por   dicho   delito,   sin   modificar  el  quantum  de  pena  impuesto  a  los  procesados.   

          Contra     la    sentencia    del    ad  quem  el  defensor  del mencionado ciudadano interpuso  nuevamente  recurso  de  casación y allegó la correspondiente demanda, la cual  fue  admitida  a  través  del  auto  del  9  de  julio  de 2013 y se surtió el  respectivo  traslado  al  Ministerio  Público, cuyo Procurador Segundo Delegado  ante  esta  Corporación  allegó  su  concepto el pasado 9 de junio, en el cual  solicita casar parcialmente el fallo por falta de motivación.   

LA DEMANDA  

El  defensor propone dos reparos, los cuales  postula y desarrolla en los siguientes términos:   

1.            Primer  cargo  (principal):  Nulidad por  falta de motivación del fallo   

Al  amparo de la causal tercera de casación  establecida  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, aduce que el Tribunal no  dio  respuesta a cada uno de los planteamientos que formuló contra la decisión  del  a  quo, y solamente se  limitó  a  generalizar,  “bajo el argumento de las  juiciosas   consideraciones   derivadas  de  un  análisis  de  lo  allegado  al  proceso”  y  se  apartó  de  lo  dispuesto por esta  Corporación  al  decretar  en anterior oportunidad la invalidez de la sentencia  proferida por los Conjueces por falta de motivación.   

Luego de transcribir los párrafos a través  de  los  cuales la Sala mayoritaria de Conjueces del Tribunal definió el asunto  en  segunda  instancia,  el  recurrente afirma que no fueron abordados los temas  propuestos  para  conseguir  la  exoneración de responsabilidad de su asistido,  por  ejemplo,  que  el suceso ocurrido en Barranquilla no guardaba relación con  el procedimiento adelantado en Bogotá.   

Igualmente  deplora  que  la  sentencia  de  primera  instancia también carece de motivación, pues únicamente señaló que  se  apartaba  de  los planteamientos de la defensa, sin detenerse a abordar cada  uno de los aspectos controvertidos.   

Acto seguido el impugnante refiere apartes de  los  motivos  de  impugnación  del fallo de primer grado, tales como que no fue  visto   en   casa   de   PÉREZ  FLÓREZ  el  camión en el cual se transportó la droga incautada, o que el  operativo  adelantado  en Bogotá no tuvo relación con la incautación acaecida  en  Barranquilla,  amén  de las intervenciones de las autoridades de policía y  posibles   inconsistencias  en  los  testimonios  de  la  Teniente  Smith    Olmos,   el   Mayor  Juan  Darío  Rodríguez  Martínez y el  Capitán   José   Jesús  Corzo  Veloza.   

De  otra  parte, orienta su labor a analizar  las  indagatorias  de  las  personas  vinculadas  a este proceso, en punto de la  ausencia de responsabilidad de su procurado.   

Con base en el anterior análisis, el censor  concluye  que  la Sala de Conjueces del Tribunal de Cúcuta violó el derecho al  debido   proceso   y   a   la   defensa   de   PÉREZ  FLÓREZ,  en  cuanto  no  se  ocupó  de  analizar  el  compromiso   de   su  responsabilidad,  pues  sin  motivación  alguna  decidió  confirmar de manera general la sentencia de primer grado.   

Tras   citar  abundante  jurisprudencia  y  doctrina  sobre  la  exigencia  de motivación de los fallos judiciales, asevera  que  si  se  hubieran  analizado  con  detenimiento sus planteamientos, amén de  valorar  el  acervo  probatorio, otra habría sido la decisión del ad quem.   

Considera quebrantados los artículos 29, 31,  228  y  230  de la Carta Política, 13, 170, 171 y 306 de la Ley 600 de 2000, 55  de  la  Ley  270  de  1996,  5º y 14 del Pacto de Nueva York, además de que se  desconoció  el  precedente  judicial,  esto  es,  la  sentencia  C-037 de 1996,  proferida por la Corte Constitucional.   

          A  partir  de  lo expuesto, el defensor solicita a la Sala invalidar  los  fallos  de primero y segundo grado, y en subsidio, se profiera sentencia de  reemplazo   absolviendo   a   su   patrocinado  por  ausencia  de  certeza  para  condenar.   

2.            Segundo cargo (subsidiario): Falso juicio  de existencia por omisión de pruebas   

          Afirma  el  demandante  que  el  ad  quem  no  tuvo  en cuenta la inspección judicial practicada  al  proceso  No. 198.350, ni las fotocopias tomadas a dicho diligenciamiento que  obran en la actuación.   

          Advera  que  con  la  prueba  echada  de  menos  se desvirtuaban las  declaraciones  de  los  policías, en cuanto se refiere a que la incautación de  Barranquilla  no tuvo relación con el procedimiento adelantado en Bogotá, pues  en  los  informes de policía no se menciona ese vínculo, de modo que, reitera,  lo   sucedido   en   Barranquilla   fue   un   hecho   aislado,  “y  por  reglas  de  la  experiencia, entre autoridades de una misma  institución  no  tendría  por  qué  ocultarse algo tan elemental de coordinar  operativos,  máxime  cuando  se  dice que el vehículo había salido de Bogotá  supuestamente  cargado  con  droga, al cual le hicieron seguimiento a través de  teléfonos   interceptados,  algo  que  también  resulta  inverosímil  por  la  distancia     que     hay     entre     Bogotá    y    Barranquilla”.   

          De  otra  parte,  asevera  que  no  se  tuvo  en cuenta lo dicho por  Luis   Enrique   Sarria   Atia,  Aldemar  Rodríguez  Vásquez,   José   Evangelista  Marroquín  Sánchez,  Simón  Lara  Rodríguez  y     Sequey     Mora  Alvarado.   

          Puntualiza   que   con   los   dos   primeros  se  descarta  que  el  estupefaciente  haya  sido  cargado en la casa de su procurado, pues dijeron que  ello  ocurrió  cerca  de San Andresito. También dice que con las declaraciones  de   los   demás   se   logra  demostrar  que  RAÚL  PÉREZ  se  dedicaba  a  la venta de huevos y pollos y  contaba con solvencia moral, social y laboral.   

          Plantea  que  de  no  haber  sido marginados los referidos medios de  convicción,  los  falladores  habrían concluido que su asistido es inocente, o  por  lo  menos, que había serias dudas sobre su responsabilidad, de modo que la  sentencia proferida sería absolutoria en su favor.   

          De  acuerdo  con  lo anterior, el defensor solicita la casación del  fallo  atacado,  a  fin  de  que  se  dicte  sentencia de absolución a favor de  RAÚL        PÉREZ        FLÓREZ.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

En    punto    de    la    primera   censura  el  Procurador  Segundo  Delegado  para la Casación Penal señala que la motivación de las providencias  judiciales  se erige en una obligación de los funcionarios, cuyo incumplimiento  corresponde  a  una  irregularidad que afecta el debido proceso, e inclusive, el  derecho de defensa.   

Precisa que la jurisprudencia tiene decantado  que  si  bien el principio de motivación de la sentencia no aparece en la Carta  Política  de  1991,  de  sus  artículos  28  y 228 se deduce que constituye un  desarrollo  de  la  publicidad,  en  cuanto  factor  legitimante de la actividad  judicial,    siempre    y    cuando    guarde    coherencia   y   tenga   fuerza  persuasiva.   

De otra parte manifiesta que en el artículo  13  de  la Ley 600 de 2000 se dispone que los funcionarios tienen la obligación  de  motivar  sus decisiones, exigencia por cuyo medio se garantiza el derecho de  impugnación, pues se conocen los fundamentos de la providencia.   

          Indica   que   si  la  segunda  instancia  está  limitada  por  los  planteamientos  de  la impugnación, corresponde al ad  quem ofrecer una respuesta sobre aquellos.   

Acerca del asunto examinado refiere que ya la  Corte  invalidó  el fallo de segundo grado por falta de motivación, y por ello  remitió   la   actuación   al  ad  quem  para  que  corrigiera dicha falencia, pero una vez más la Sala de  Conjueces   transcribió   lo   expuesto   por  el  a  quo,   sin  ocuparse  de  las  pruebas  aportadas  al  proceso.   

Añade que la Sala de Conjueces no procedió  a  motivar  el fallo de acuerdo a las pruebas obrantes en la actuación y no dio  respuesta  a  los  planteamientos  defensivos,  conforme  lo  dispuso esta Sala,  circunstancia  que  comporta  violación  del  derecho  al  debido  proceso y al  derecho  de  defensa, suficiente para invalidar una vez más el fallo de segundo  grado.   

Con    relación    al    cargo  subsidiario  advera  que si bien es  cierto  las pruebas señaladas por el recurrente fueron omitidas en el fallo del  Tribunal,  lo  cierto  es  que  el  a quo  se  ocupó  de  ellas  y  a  partir  de  su  ponderación  dio por  acreditada  en  grado  de  certeza  la  comisión  de  los delitos por parte del  procesado    RAÚL    PÉREZ    FLÓREZ.   

          Agrega  que  el recurrente simple y llanamente pretende anteponer su  criterio  sobre  el  de los falladores, proceder inadmisible en sede casacional,  motivo por el cual el cargo no debe prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

El principio de motivación de las decisiones  judiciales   

Ab  initio impera  señalar  que  la  motivación  de  los  fallos era un postulado contenido en el  artículo  163 de la Constitución de 1886, no obstante, aunque tal norma no fue  reproducida  en  la  Carta  Política  de  1991, se ha reconocido que constituye  pilar  fundamental  del  derecho a un debido proceso, habida cuenta que comporta  una  garantía contra la arbitrariedad y el despotismo de los funcionarios, a la  vez  que se erige en elemento de certeza y seguridad para efecto de ejercitar el  derecho  de  impugnación  por  parte  de  cualquiera  de los sujetos procesales  intervinientes en el trámite judicial.   

         En  efecto, la Carta Política (artículo  29)  eleva  a  la  especial  condición  de derecho fundamental del procesado la  impugnación  del  fallo  de  condena  –  salvo  las  excepciones  legales,  como ocurre con los asuntos de  única         instancia        –.   

Pese    a  lo  anterior,  el acceso a  tal   revisión   por   parte  del  superior  se  encuentra  condicionada  a  la  interposición  oportuna  del  recurso  y  a su debida sustentación.  En  virtud  de  esta, el impugnante se  encuentra  obligado  a  señalar  de  manera  clara  y  precisa  los  motivos de  disentimiento,  por  los  cuales estima que se debe revocar, modificar o aclarar  la   providencia   recurrida,   lo  cual  le  impone  abordar  puntualmente  los  fundamentos  de  la  decisión  atacada,  con  el  propósito  de  conseguir  su  modificación en alguno de los sentidos indicados.   

Ahora, una vez satisfecho el requisito de la  debida   sustentación  del  desacuerdo,  la  identificación  temática  de  la  inconformidad  viene  a  delimitar  el  preciso  ámbito  dentro  del cual puede  pronunciarse   el  ad  quem  (principio de limitación).   

          Tal  estrecha  e  inescindible relación entre los fundamentos de la  impugnación  y las respuestas del superior, permite advertir que corresponde al  funcionario  de segundo grado ocuparse de los motivos de descontento planteados,  habida  cuenta  que son ellos el soporte mismo de su órbita competencial; de lo  contrario,  se  da  paso  a  la  arbitrariedad,  al  capricho  y al decisionismo,   en   perjuicio   de   la  legitimidad  del  proceso  penal, además de hacer poco menos que imposible o un  tanto dificultosa, su ulterior impugnación casacional.   

          Es  por  lo expuesto, que el deber de motivar no se satisface con la  simple  y  llana  expresión  de  lo  decidido por el funcionario judicial, pues  menester   resulta   la   indicación   clara,   expresa   e   indudable  de  su  argumentación,  con soporte en las pruebas y en los preceptos aplicados en cada  asunto,  como  que  no  de otra manera se garantizan los derechos de los sujetos  procesales,  a  la  vez  que se hace efectivo el principio de imperio de la ley,  esto es, de sometimiento de los jueces al ordenamiento jurídico.   

          En  punto  de  la  garantía de motivación de las decisiones, y con  ella  del  debido  proceso,  el  artículo 170 de la Ley 600 de 2000 señala los  requisitos   que   deben   contener   los   fallos,   entre  los  cuales  figura  “la  valoración jurídica de las pruebas en que ha  de   fundarse   la   decisión”  y  “la    calificación    jurídica    de    los    hechos”,   de   donde  se  desprende  que  si  la  sentencia  carece  de  motivación,  o  esta es incompleta, ambigua, equívoca o soportada en supuestos  falsos,  no  sólo  quebranta  el  derecho de los intervinientes en el proceso a  conocer  sin  ambages el sentido de la decisión, sino que también imposibilita  su  controversia  a  través de los medios de impugnación, con lo que, sin duda  alguna,  se  lesiona el derecho al debido proceso, que en virtud de lo dispuesto  en  el  numeral  2º  del  artículo  306 del estatuto procesal penal constituye  causal de invalidez de la actuación viciada.   

Sobre  la  motivación  de las sentencias de  tiempo  atrás  ha  precisado la Sala que puede ocurrir alguno de los siguientes  vicios:  (i)  que  el  fallo  carezca totalmente de motivación; (ii) que siendo  motivado,  sea  dilógico  o  ambivalente;  (iii)  que  su  motivación  resulte  incompleta;   o   (iv)   que   la   motivación   sea   solamente   aparente   o  sofística.   

Al respecto tiene dicho la Corte:  

La  “ausencia  absoluta  de motivación se configura cuando no se precisan las razones de orden  probatorio  y  jurídico que soportan la decisión; la  motivación  es ambivalente cuando contiene posturas contradictorias que impiden  conocer  su  verdadero  sentido;  y,  será  precaria  o  incompleta, cuando los  motivos   que   se   exponen   no   alcanzan   a  traslucir  el  fundamento  del  fallo1.  La  motivación  es  aparente  o sofística, señaló la Sala en  otra       oportunidad,       cuando       se       desconocen      ‘pruebas  que objetivamente conducen a  conclusiones  diversas’,  de  modo  que se socava la estructura fáctica y jurídica del fallo”2 (subrayas fuera de texto).   

Si   es   incuestionable   la   raigambre  esencialmente  constitucional del debido proceso, en cuanto límite al ejercicio  de  la  función  judicial, además de conformar una metodología dispuesta para  asegurar  las  garantías  de  los  sujetos  procesales,  entre  las  cuales  se  encuentra  la  motivación  de las decisiones, tiene sentado la Sala3   que   la  sentencia   se   encuentra  afectada  como  acto  procesal  (error  in  procedendo)  y  por  tanto  es  nula,  cuando   carece  totalmente  de  motivación,  ora  cuando  siendo  motivada  es  dilógica  o  ambivalente,  o bien, cuando su motivación es incompleta, caso en  el   cual   el   ataque   casacional  debe  adelantarse  conforme  a  la  causal  tercera.   

          Ahora,  el  otro  vicio mencionado, que corresponde a la motivación  sofística,  falsa  o  aparente,  conforma una falencia del fallo como decisión  (error  in  iudicando), cuya  impugnación  en  sede  extraordinaria  debe  formularse  al amparo de la causal  primera de casación, cuerpo segundo.   

          En  el  ámbito  del  recurso  de  casación  impera recordar que en  virtud    del    principio   de   unidad   jurídica  inescindible,   los   fallos  de  primera  y  segunda  instancia  forman  un solo cuerpo en aquello que el ad  quem  imparta  confirmación, motivo por el cual, para  desvirtuar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  en punto de constatar la  motivación  de  tales  decisiones,  es  ineludible  verificar  conjuntamente lo  expuesto  en  ambas  instancias,  pues  en  no pocas ocasiones se complementan e  incluso  las  falencias  o vacíos de una son enmendadas o llenados por la otra,  circunstancia  que  impone  al recurrente encaminar su labor a derruir todos los  fundamentos   planteados,   esto   es,  no  únicamente  los  contenidos  en  la  providencia  de  segundo  grado, sino también los ofrecidos por el a quo.   

          El caso concreto   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  con relación al primer cargo,  en el cual la defensa depreca la nulidad por falta de motivación  del  fallo  de  segundo  grado,  en  cuanto  no  dio respuesta a cada uno de los  planteamientos  que formuló contra la decisión del a  quo,   se   limitó  a  generalizar,  “bajo  el argumento de las juiciosas consideraciones derivadas de un  análisis  de lo allegado al proceso” y se apartó de  lo  dispuesto  por  esta  Corporación  al  decretar  en anterior oportunidad la  invalidez  de la sentencia proferida por los Conjueces por falta de motivación,  encuentra  la  Colegiatura que el recurrente ataca únicamente la motivación de  la  sentencia  del  ad quem,  pero,  olvidando  el  ya  referido principio de unidad  inescindible  de  los fallos, no se detiene a verificar  los fundamentos de la providencia del juez de primer grado.   

1.            Acerca  de  que  no  se  abordó el tema  referido   a  conseguir  la  exoneración  de  responsabilidad  de  RAÚL   PÉREZ   FLÓREZ   por  vía  de  acreditar  que  no  fue visto en su casa el camión en el cual se transportó la  droga  incautada, o que el operativo adelantado en Bogotá no tuvo relación con  la  incautación  acaecida  en  Barranquilla, sin dificultad se verifica que tal  temática fue tratada por el juez de primer grado al señalar:   

“La  Teniente  Elika  Yaned Smith Olmos narra que de acuerdo al control del abonado telefónico  interceptado         a         ‘Nando’, que  no  es  otro  que  Hernando  Sarria  Mahecha,  este  se  comunicaba  con Aldemar  Rodríguez        Vásquez       ‘Memo’,  lo  que   permitió   conocer   de   un  envío  de  droga  con  destino  a  Italia,  posteriormente  manifestó que era mejor enviarla por la ciudad de Barranquilla,  destacando   que   esto   se   realizó   el   29   de   septiembre  de  2004  y  coincidencialmente  el  13 de octubre del mismo año, se incautaron 200 kilos de  cocaína  en Barranquilla, capturándose a Luis Enrique Sarria Atia ‘Lucho’,  hijo  de  Hernando Sarria Mahecha,  quien  conducía el vehículo de placas CIF 872, matrícula de la cual se había  hecho     referencia     telefónicamente     por     pate    de    ‘Lucho’ a su padre.   

“Agrega  igualmente    que    el    día    6    de    octubre   de   2004   ‘Nando’   le   preguntó   a   ‘Lucho’   por   las   placas  del  camión,  indicando  CIF  872  de  Chía;  en  otra  llamada  ese  mismo día ‘Nando’   le   pregunta   a   ‘Lucho’   que  cuánto  le  falta  y  éste  manifiesta  que  91, y en otra llamada ‘Memo’ habla  con   ‘Lucho’  y  le  dice que no olvide botar las  cajas.   

“Sobre   los  procesados  en  concreto señala que en actividades de  seguimiento  y vigilancia en la ciudad de Bogotá, en Villa Prado, residencia de  Raúl    Pérez    conocido   como   ‘Cachas     o    Cachita’,     allá     se    hospedan    Antonio    Assaf,    ‘Nando’         y        ‘Lucho’ y otras personas que para el momento  no  eran  conocidas  dentro  de la investigación y se observó el mismo camión  furgón  350  que  posteriormente  fue inmovilizado con 200 kilos de cocaína en  Barranquilla.   En   dicha   vigilancia  observó  a  ‘Lucho’  y otro sujeto cargando el vehículo  y  sacaban de la casa de Raúl Pérez cajas de cartón  medianas  que  depositaban  en  el furgón y luego las  bajaban  desocupadas,  hecho  que  se  corrobora con la llamada ocurrida el 6 de  octubre     en     la     cual     ‘Memo’  le  dice  a ‘Lucho’  que  no  olvide  botar  las  cajas.  Señala  que Raúl Pérez no solo prestaba su vivienda  para  el  almacenamiento  de la sustancia cuando estaba en tránsito en Bogotá,  también  para  el  hospedaje en algunas ocasiones de personas que hacían parte  de la organización.   

“En  cuanto  a  Richard   Antonio   Assaf   Lobo   es   colaborador   directo   de  ‘Nando’         y        ‘Memo’  ya  que  las conversaciones no solo  dejan  ver  la  colaboración  que  prestaba  sino  que  igualmente fue  observado en Bogotá en casa de Raúl Pérez para la época en  que  se  cargó  el  camión  que resultó incautado en Barranquilla.  En  ampliación  de declaración señala que en la diligencia de  allanamiento y registro a la Vivienda de Raúl Pérez  se     hallaron     muestras     de    sustancias    estupefacientes”.   

“El  mayor Juan  Darío  Rodríguez  Martínez  da cuenta del modus operandi de la organización,  como  quiera  que  ingreso  al Grupo Investigativo para el 15 de abril de 2004 e  inició  su  conocimiento  a  través  de  las  investigaciones  desplegadas, se  ordenaron  interceptaciones  telefónicas  y  celulares  (…)  agrega  que Luis  Hernando  Sarria  Mahecha  contaba a su disposición con vehículos tipo furgón  350  a los cuales le realizaba compartimientos ocultos con el fin de transportar  estupefacientes  como  el  encontrado en el camión de placas CIF 872 que le fue  incautado     a     su     hijo     ‘Lucho’,  vehículo que fue observado salir de la residencia de  Raúl          Pérez          ‘Cachita’ de  donde  salía  cargado  con  cajas  las  cuales  regresaban  vacías” (subrayas fuera de texto).   

          Como  viene de verse, es claro que sobre el tópico planteado por el  defensor  de  PÉREZ FLÓREZ  el  a  quo  se  explayó lo  suficiente,  hasta  llegar  a  concluir  que  sí existía ese vínculo entre la  residencia  de aquél donde fue cargado un camión con 200 kilos de cocaína, el  mismo  que  tiempo  después  fue  retenido  en  Barranquilla  y  en  el cual se  encontró el estupefaciente.   

          2.        Acerca  de  las  críticas  que  el  libelista  emprende  contra los  testimonios  de  la  Teniente  Smith Olmos,   el   Mayor  Juan  Darío  Rodríguez  Martínez     y     el     Capitán    José  Jesús  Corzo  Veloza se encuentra  que  también  el  fallador de primera instancia en sus consideraciones realizó  un   relato  acerca  del  cuadro  conjunto  de  investigación  en  el  cual  se  adelantaron  los  seguimientos  para  desmantelar  la banda criminal dedicada al  narcotráfico. En tal providencia se expresa:   

“Sobre   la  materialidad  del  dual  comportamiento  criminoso  imputado a los procesados se  tiene   como   génesis   de   la   presente   investigación  la  solicitud  de  interceptación  de  abonados  telefónicos  elevada  por la oficial Elika Yaned  Smith  Olmos,  quien  da  cuenta  de la existencia de una red de traficantes que  tiene  su  asiento  en  esta ciudad de Cúcuta, organización liderada por alias  ‘Don  Rafa’.   

“A partir del mes  de  febrero  de  2004  la  Fiscalía  empezó a ordenar la interceptación de un  número  plural  de  abonados  telefónicos  fijos  y  móviles,  indicándose a  través  de  informe  No.  24  de  fecha 6 de enero de 2005 que los abonados son  utilizados  por Lucho, hijo de Hernando sarria, Reymundo, Memo, Hernando, Tulio,  Antonio,   Ancizar,   Sergio,  El  Gordo,  Nandito,  hijo  de  Hernando  Sarria,  Raúl  alias  Cacha  y  a  través  de  informe  de  policía  judicial  de  fecha  7  de marzo de 2005, se  individualiza  e  identifica  a  los  integrantes  de la organización como Luir  Hernando       Sarria       Mahecha,       conocido       como      ‘Nando’ y sus diálogos lo relacionan con el  envío  de  200  kilos  de  cocaína  incautados  el 13 de octubre de 2004 en la  ciudad  de  Barranquilla  en  el  camión  de  placas  CIF  872 y se indican los  diferentes  vehículos  en que se moviliza (…) Raúl  Pérez   Flórez,   conocido   como   ‘Cacha’  o  ‘Cachita’  implicado  en  el transporte de 200  kilos  de  cocaína  incautada en Barranquilla, facilitó su casa para el acopio  de   la   droga   (…)”  (subrayas fuera de texto).   

          3.        Como  también el defensor deplora que no medió coordinación entre  las  autoridades  de  Bogotá  y  Barranquilla  en  punto de la incautación del  alijo,  oportuno  resulta  traer  a  colación  lo  expuesto por el a quo sobre el particular:   

“Igualmente  de  los  diálogos  interceptados  se  establece  la  coordinación  de un envío de  mercancía  de  la  ciudad  de Barranquilla, la cual iba camuflada en el camión  marca  Ford,  350,  color  gris, de placas CIF 872, el  cual  partió  de  la ciudad de Bogotá, información que fue suministrada a los  uniformados   de   esa   ciudad,   lográndose  al  inmovilización  del  citado  vehículo,  el  cual  era  conducido por Luis Enrique  Sarria    Atia,    conocido   como   ‘Lucho’,  en  cuyo  interior  se  incautaron  200  kilos  de  una  sustancia que dio resultado  positivo  para  cocaína, hechos por los cuales el conductor se allanó a cargos  y    fue    sentenciado”    (subrayas   fuera   de  texto).   

4.             Dado   que  también  el  casacionista  cuestiona  lo deducido de las diversas injuradas, es oportuno recordar que sobre  tal aspecto fue señalado en la sentencia de primer grado:   

“Estos medios de  convicción  permiten  establecer  ciertamente  que  los procesados Assaf Lobo y  Pérez  Flórez  están  comprometidos  a  título de coautores en las conductas  investigadas;  las  declaraciones  de  los  uniformados  que tuvieron a cargo la  investigación   son   claros   en   explicar   las  actividades  que  cada  uno  desarrollaba.   

“Pérez Flórez  prestaba  su casa para el almacenamiento del alcaloide  y  Assaf  Lobo  estuvo  al  tanto  del  trasporte  de Bogotá a Barranquilla. Se  pregunta   el   despacho   si  efectivamente  Pérez  Flórez  se  dedica  a  la  comercialización  de  pollos  porque  no  habla  en la terminología propia del  gremio  de  los  avicultores;  igualmente  si Assaf Lobo es un profesional en la  compraventa  de  vehículos  porque no hablarlo en forma clara en sus diálogos.  Se   escudan   en   estos   negocios   lícitos   para   disfrazar   su   actuar  delictivo.   

“Analizando las  injuradas  de  estos  dos  procesados  son  evidentes las inconsistencias en que  incurren  y  por  más  que  tratan  de  hilvanar  sus  versiones para darle una  explicación  coherente a las llamadas interceptadas incurren en contradicciones  y  explicaciones  ilógicas. No resulta acorde con las  reglas  de la experiencia que si el señor Assaf Lobo, experto en compraventa de  vehículos  pues  se  dedica  a  esa  actividad  hace 25 años, de la noche a la  mañana  invite  a  un experto en producción y comercialización de huevos como  lo  es  Raúl  Pérez,  pues  se  dedica a esa actividad desde 1974, para que lo  asesore  en  la  compra  de  un  vehículo  en  la ciudad de Cúcuta.   

“Ahora tratando  de   darle  sentido  a  esta  entendible  postura  defensiva  incurren  en  más  contradicciones.  Pérez  Flórez señala que conoció a Hernando Sarria Mahecha  en  Cúcuta cuando Assaf Lobo lo trajo como asesor para la compra del BMW; Assaf  Lobo  dice  que  lo  conoció  en  Bogotá  en casa de Pérez Flórez y Hernando  Sarria  dice  que  conoció  a  Raúl  Pérez  por  presentación que le hiciera  Aldemar  para  que  le  comprara una camioneta roja que tenía estrellada. Ahora  sobre  el  supuesto  viaje  de  Raúl  Pérez  a  Cúcuta,  dice que se vino por  carretera  cubriendo  Assaf  Lobo  todos  los  gastos,  pero Assaf Lobo dice que  viajaron  los  tres  Hernando,  Raúl  y  él  y se hospedaron en casa de Sarria  Mahecha.  Raúl  Pérez señala que Sarria Mahecha se hospedó en su casa en dos  oportunidades  con  posterioridad  a la compra del carro por parte de Assaf Lobo  pero  este  afirma  que  antes de negociar el carro lo conoció en casa de Raúl  Pérez en Bogotá. Entonces?”.   

También  se  puntualiza que “Pérez  Flórez  no  da  una  explicación  satisfactoria  sobre la  presencia  del  camión del placas CIF 872 en su casa,  pues  explica que Hernando Sarria en las dos oportunidades que estuvo en su casa  compró  artesanías  en  grandes  cantidades,  pero no sabe cómo las sacó, es  decir,  no  vio el camión en su casa, pero resulta ilógico que el día que los  uniformados  observaron  que  estaban  cargando  el  camión  con  las supuestas  artesanías  este  no  se hubiera dirigido a Cúcuta sino a Barranquilla; ahora,  tratándose  de  artesanías  estas  con delicadas y requieren mucha protección  para  su  transporte por lo que resulta ilógico que subieran las cajas cargadas  y  luego  las  bajaran descargadas y así sucesivamente, para luego a través de  las    llamadas    indicarle    a    ‘Lucho’  que  no   olvidara   botar   las   cajas.   Ahora,  en  el  allanamiento  a  la  vivienda  de  Pérez  Flórez  se encontró una porción de  cocaína  y para el despacho no resulta satisfactoria  la     confesión    que    hace    ‘Memo’, quien  aceptó  cargos  en etapa instructiva, con el objeto de sacar en limpio a varios  de  los  vinculados,  entre ellos a Pérez Flórez y Hernando Sarria, quien a la  final también aceptó los cargos”.   

Con  base  en lo anterior, encuentra la Sala  que,  contrario  a  lo  propuesto por el recurrente, el fallo atacado sí cuenta  con  suficiente  motivación,  toda  vez  que  si  bien  la Sala de Conjueces se  limitó  a  introducir  algunas  frases  de cajón y a transcribir apartes de la  sentencia  contra  la  cual  fue interpuesto recurso de apelación, lo cierto es  que  en virtud del principio de unidad inescindible de  los   fallos,   la   providencia   del   a     quo     analizó    in   extenso   la   responsabilidad   de  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ, todo  lo  cual  permite  concluir  que no se trata de una decisión con  absoluta  falta  de  motivación,  o que ésta sea ambivalente, contradictoria, precaria o  incompleta.   

          Palmario  se advierte que el yerro del defensor consistió en atacar  la  argumentación  ofrecida  en  el  fallo  de  segundo  grado, sin detenerse a  deplorar  las  consideraciones  abundantes que sobre la responsabilidad penal de  PÉREZ FLÓREZ se plantearon  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  la  cual,  como ya fue puntualizado,  integra  con  la  otra,  en  cuanto  fue confirmatoria, una unidad inescindible,  suficiente  para  que  no  pueda  deslegitimarse  en  procura  de  conseguir  su  invalidación.   

          En    tales    condiciones,   el   reparo   no   está   llamado   a  prosperar.   

Con    relación    al    segundo  cargo,  en  el cual el impugnante  denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de error de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión de pruebas, específicamente  respecto  de  la inspección judicial practicada al proceso 198.350 y las copias  tomadas  a  dicho diligenciamiento que obran en la actuación, con las cuales se  demuestra  cómo la incautación de los 200 kilos de cocaína en Barranquilla no  tuvo  nada  que  ver  con  el  procedimiento  adelantado en Bogotá, pues en los  informes  de  policía  no  se  menciona esa relación, de modo que, reitera, lo  sucedido  en  Barranquilla  fue un hecho aislado, “y  por  reglas  de  la  experiencia, entre autoridades de una misma institución no  tendría  por qué ocultarse algo tan elemental de coordinar operativos, máxime  cuando  se  dice que el vehículo había salido de Bogotá supuestamente cargado  con   droga,   al   cual   le  hicieron  seguimiento  a  través  de  teléfonos  interceptados,  algo  que también resulta inverosímil por la distancia que hay  entre  Bogotá  y  Barranquilla”,  baste señalar lo  siguiente:   

1.            El actor se funda en lo que él llama una  regla  de  la  experiencia, sin siquiera proceder a identificarla, y tanto menos  demostrar  que  en  verdad  tiene tal carácter, omisión con la cual olvida que  las  máximas  de la experiencia tienen una entidad definida y no corresponden a  simples  enunciados  imprecisos,  personales  y  caprichosos de quien demanda en  casación.   

Al  respecto  ha  dicho la Sala (CSJ. SP, 28  sep. 2006. Rad. 19888):   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre   o   casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede   B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso     final     su     causa     eficiente     (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo anterior, se advierte que el casacionista procede de  manera  impropia  a  insistir  en  la total independencia entre el procedimiento  adelantado  en  Barranquilla y el cursado en Bogotá, sin tener en cuenta que el  relato  de  los investigadores da cuenta de unos seguimientos e interceptaciones  por  más de 13 meses, en cuyo marco se estableció que el camión de placas CIF  872   que   fue  cargado  en  casa  de  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ  en la ciudad de Bogotá, fue luego registrado  en  la ciudad de Barranquilla, encontrando en su interior 200 kilos de cocaína,  circunstancia  que  deja  sin  piso  la  argumentación  del  defensor,  pues se  consigue  establecer  el  vínculo  que medió entre uno y otro procedimiento y,  desde  luego, la intervención útil de su asistido en el envío de la sustancia  estupefaciente.   

2.             Si   RAÚL  PÉREZ  se  dedicaba  a  la venta de huevos y pollos y  contaba  con  solvencia  moral,  social  y  laboral, ello no es reprochado en la  sentencia  del a quo, pues lo  importante  es  el  vínculo  que  tenía  con  la  organización  delincuencial  dedicada  al  narcotráfico,  según  fue  establecido  por  los investigadores,  quienes  realizaron  sus  seguimientos e interceptaciones telefónicas por mucho  tiempo,  para luego concluir y señalarlo como parte del engranaje criminal, con  precisión sobre su aporte.   

          En  verdad  el  despliegue investigativo de los miembros de la Dijin  en   Bogotá   fue  de  tal  envergadura  y  duración,  que  en  sus  ordenadas  exposiciones,  así  como en sus informes, proceden a establecer las identidades  y  sobrenombres  de los miembros de la empresa criminal, varios de los cuales se  allanaron  a  cargos,  amén  de  precisar  en qué consistió su intervención,  circunstancia  que  no da lugar al estado de duda o incertidumbre que postula el  recurrente en favor de su asistido.   

En  suma, tal como lo señaló el Ministerio  Público  en  su concepto, se advierte que si bien las pruebas señaladas por el  actor  no fueron ponderadas por el ad quem,  lo  cierto  es que el a quo  se  ocupó  de  ellas  y  a  partir  de  su  apreciación  dio por  acreditada  en  grado  de  certeza  la  comisión  de  los delitos por parte del  procesado    RAÚL    PÉREZ    FLÓREZ,  de  modo  que  el  recurrente  simplemente  pretende anteponer su  criterio  sobre  el  de los falladores, proceder inadmisible en sede casacional,  motivo por el cual el reparo no está llamado a prosperar.   

          Cuestión final   

          Como  la  Sala  de Conjueces decidió mediante auto del 9 de octubre  de   2012   declarar   prescrita,  a  instancia  del  defensor  de  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ,  la acción penal  derivada  del  delito de concierto para delinquir con fines de narcotráfico por  el  cual  fue  condenado  en  compañía  de  Richard  Antonio  Assaf  Lobo,  pero no procedió a efectuar el  correspondiente  ajuste punitivo, se impone rebajar la pena impuesta, pues sólo  subsiste el delito de tráfico de estupefacientes agravado.   

En  tal cometido se tiene que los procesados  fueron  condenados  en  primera  instancia  a  la  pena principal de 18 años de  prisión  y  multa de 4000 salarios mínimos legales mensuales, y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de libertad, como coautores del concurso  de   delitos   de   concierto  para  delinquir  y  tráfico  de  estupefacientes  agravado.   

          En  la  cuantificación  de  la  sanción expresó el funcionario de  primer grado:   

“De conformidad a  las  reglas  establecidas  para  el concurso de conductas punibles, la pena más  grave  según  su  naturaleza  es  la  del delito de tráfico de estupefacientes  agravado,  dosificada en el mínimo de dieciséis (16) años de prisión y multa  de   2000   salarios   mínimos   legales  mensuales,  a  la  cual  le  incrementaremos  dos  (2)  años  más y 2000 salarios mínimos  legales   mensuales  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  dosificándose  en  definitiva  la  pena a Richard Eduardo Assaf  Lobo  y  Raúl  Pérez  López en 18 años de prisión y multa de 4000 SMLM cada  uno.   Se   ha   de  condenar  también  a  los  procesados  a  la  inhabilitación   para   el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   un  lapso  igual  al  señalado  para  la  pena  privativa  de  libertad,  en  razón a lo expresamente consagrado en  los  artículos  44 y 52 del Código Penal” (subrayas  fuera de texto).   

Entonces,  la cesación de procedimiento por  prescripción  de  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  concierto para  delinquir   impone   marginar   la   penalidad   dispuesta   por  el  a  quo,  de  modo  que  los  procesados  PÉREZ   y   Assaf   quedan   condenados  a  la  pena  principal  de  16  años  de  prisión y multa de 2000 salarios mínimos legales  mensuales,  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la sanción privativa de libertad,  como coautores del delito de tráfico de estupefacientes agravado.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.             NO  CASAR  el  fallo  impugnado  por  el  defensor  de  RAÚL PÉREZ  FLÓREZ, de acuerdo con lo expuesto en la parte motiva  de esta providencia.   

2.            REDOSIFICAR la  sanción   para   condenar  a  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ  y  Richard  Antonio  Assaf  Lobo  a  la  pena  principal de 16 años de prisión y  multa  de  2000  salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de la sanción privativa de libertad, como coautores del delito de  tráfico de estupefacientes agravado.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 28 de febrero de 2006. Rad. 24783.   

2  Sentencia del 22 de mayo de 2003. Rad. 29756.   

3  Sentencia del 31 de marzo de 2004. Rad. 17738.     

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