SP10525-2015(45428)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

SP10525-2015  

Radicado N° 45428.  

Aprobado acta No. 276.  

Bogotá, D.C., once (11) de agosto de dos mil  quince (2015).   

V I S T O S  

Se  examina en sede de casación el fallo de  segunda  instancia emitido por el Tribunal Superior de Bogotá el 15 de julio de  2014,  que  confirmó  la  decisión condenatoria de primera instancia proferida  por  el Juzgado 41 Penal del Circuito adjunto de esta ciudad, el 30 de agosto de  2012,  en  la  cual se condenó a PABLO JOSÉ RAMÍREZ HERNÁNDEZ, BENJAMÍN DEL  SOCORRO  MEDINA  RODRÍGUEZ,  Alberto  Silva  Colmenares  y  Fabio Andrés Ortiz  Ramírez,  los  tres  primeros  como  coautores  y  el  último  en  calidad  de  determinador  del  delito de peculado por apropiación, en la que se impuso pena  de  prisión  de  77 meses y multa en cuantía de 10 millones de pesos, para los  tres  primeros,  y  74  meses  de  prisión  con  multa de 10 millones de pesos,  respecto   del  último;  así  mismo,  se  decretó,  en  calidad  de  sanción  accesoria,  la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas de todos los  acusados,  por  monto  igual  al  de  la pena aflictiva de la libertad; y se les  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la  pena.   

HECHOS  

A fin de verificar supuestas irregularidades  en  el Banco Caja Agraria, sede de San José de Cúcuta, la Policía Judicial, a  través  de  la  orden  de  trabajo  046  del  5  de  agosto  de 1999, adelantó  diligencias  que  condujeron  a  determinar   irregularidades en préstamos  otorgados,  directamente  o  como  codeudor,  a Fabio Andrés Ortiz, de quien se  anotó en el informe, carecía de capacidad de pago.   

En   particular,   se   detallaron   dos  obligaciones:   

    

1. Obligación  42.329,  del  23  de  julio  de  1996,  por  la suma de  $200.000.000,  a  favor de Fabio Andrés Ortiz, propietario del Centro Comercial  El Cuji.     

    

1. Obligación  42.740,  del  22  de  enero  de  1997,  por  la suma de  $600.000.000,  otorgada  al  Fidecomiso  CIEL Ltda, Proyecto Centro Comercial El  Cuji, en el cual se reporta como codeudor a Fabio Andrés Ortiz.     

El  primer  crédito  fue aprobado por PABLO  JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ,  en calidad de Vicepresidente de Crédito del Banco  Caja  Agraria;  el segundo fue recomendado por este, pero aprobado por BENJAMÍN  DEL   SOCORRO   MEDINA   RODRÍGUEZ,   Presidente   nacional   de   la   entidad  crediticia.   

El gerente de la sede Cúcuta del Banco Caja  Agraria,  Alberto  Silva Colmenares, desembolsó ambos créditos, que finalmente  no fueron pagados.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Conforme con misión de trabajo realizada por  investigadores  de  la Fiscalía, el 5 de agosto de 1999, se denunciaron ante el  Coordinador   de   la   Unidad   Nacional   Anticorrupción,   en  Bogotá,  las  irregularidades  detectadas  en la Sucursal Cúcuta de la Caja Agraria, respecto  de  los  créditos aprobados y desembolsados en julio de 1996 y enero de 1997, a  favor   de  FABIO  ANDRÉS  ORTIZ  RAMÍREZ,  ya  en  forma  directa,  ora  como  codeudor.   

A  través de la Resolución 00579 del 27 de  agosto  de  1999,  la  Directora  Nacional  de  Fiscalías  asignó  a la Unidad  Nacional  de  Fiscalía  Especializada  en  Delitos  Contra  la  Administración  Pública,  el  conocimiento  de  lo  denunciado en el Informe del 5 de agosto de  1999.   

En consecuencia, por medio de la Resolución  000232,  del  13  de  septiembre  de  1999,  el asunto le fue asignado al Fiscal  Quinto  de  la  Unidad  Nacional de Fiscalía Especializada en Delitos Contra la  Administración  Pública,  Delegado  ante  los  Jueces Penales del Circuito, en  Bogotá.   

El día 12 de octubre de 1999, el funcionario  en  cuestión abrió formal instrucción y dispuso vincular mediante indagatoria  a  PABLO  JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ,  ALBERTO SILVA COLMENARES y FABIO ANDRÉS  ORTIZ RAMÍREZ.   

La  injurada fue rendida por PABLO RAMÍREZ,  el  19  de  noviembre  de 1999; ALBERTO SILVA lo hizo el 17 de abril de 2002; y,  similar   diligencia   se   cubrió   con   FABIO  ORTIZ,  el  28  de  julio  de  2002.   

En auto del 3 de junio de 2004, la Fiscalía  se  abstuvo  de imponer medida de aseguramiento en contra de los implicados y en  lugar  de  ello precluyó a su favor la instrucción, en decisión impugnada por  la  representación  de  la  parte  civil.  En respuesta de la apelación, el Ad  quem,  a  través  de  proveído  datado  el  14  de febrero de 2006, revocó la  preclusión.   

En resolución del 19 de septiembre de 2006,  el  funcionario  instructor  dispuso  vincular mediante indagatoria, en el mismo  asunto,  a  BENJAMÍN  MEDINA,  diligencia  que  se cumplió el 12 de octubre de  2006.   

El  22  de  octubre  de 2007, fue cerrada la  investigación.  Consecuentemente,  el  15  de  mayo  de 2008, fue calificado el  mérito  de  la  investigación con resolución de acusación en contra de PABLO  JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ,  BENJAMÍN  DEL  SOCORRO MEDINA RODRÍGUEZ, ALBERTO  SILVA  COLMENARES  y  FABIO  ANDRÉS  ORTIZ  RAMÍREZ,  los  tres  primeros como  coautores  y  el  último  en calidad de determinador del delito de peculado por  apropiación.   

Algunos de los defensores solicitaron nulidad  de  lo  actuado  y  otros  apelaron  la  acusación,  por  virtud  de  lo  cual,  finalmente,  en decisión del 31 de enero de 2011, fue confirmado el llamamiento  a juicio.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  proceso  le  fue repartido para adelantar la fase del juicio al Juzgado 30 Penal  del Circuito de Bogotá, el 4 de abril de 2011.   

La audiencia preparatoria se llevó a cabo el  7 de julio de 2011.   

La audiencia pública de juzgamiento comenzó  el 1 de septiembre de 2011 y culminó el 10 de julio de 2012.   

El  fallo de primer grado fue expedido el 30  de  agosto  de  2012  y  contra  el  mismo sustentaron recurso de apelación los  defensores de los acusados y la representación de la parte civil.   

La  sentencia  de  segunda  instancia  fue  proferida  el  15  de julio de 2014 y como quiera que confirmó en su integridad  lo   resuelto   por  el  A  quo,  fue  objeto  de  impugnación  a  través  del  extraordinario  recurso de casación, presentado y sustentado por los defensores  de todos los acusados y la representación de la parte civil.   

En auto proferido el 11 de marzo de 2015, la  Sala  admitió las demandas presentadas a nombre de BENJAMÍN DEL SOCORRO MEDINA  RODRÍGUEZ,   excepto   el   cargo   primero,   y   de   PABLO   JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ.   

El  13  de  marzo  siguiente,  se  dio  el  correspondiente  traslado  al Procurador Delegado, quien hizo llegar su concepto  el     3     de     julio    de    2015.   

LOS CARGOS ADMITIDOS  

A   NOMBRE   DE   BENJAMÍN   DEL  SOCORRO  MEDINA   

       1. Cargo segundo   

      Ahora  por  la vía  indirecta  de  los  errores  de  hecho  consagrados  en  la  causal  primera del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente advera que se materializaron  en  la  decisión  del  Tribunal vicios “evidentes y  manifiestos,  generados  por  falsos  juicios  de identidad de algunas pruebas y  falso     juicios     de     existencia     de     otras     pruebas”.   

      En  la  particular  forma  asumida  por  el  casacionista  para  desarrollar  el cargo, comienza por  anunciar  los  que dice errores de hecho cometidos por el Tribunal, consistentes  en   dar  por  probado  “no  estándolo”,  que  su  representado  judicial aprobó el crédito 42740, sin  cumplimiento  de  los  requisitos legales; que este mismo dispuso irregularmente  de  los  recursos  públicos  de  la  Caja Agraria, aprobando el crédito pese a  poseer  una  “carpeta  de  antecedentes del segundo  crédito”, que reportaba cartera vencida y castigada  respecto  del  favorecido  con  el  crédito;  que  ese  crédito  también  fue  respaldado  en  una  garantía  fiduciaria  ineficaz;  que  el acusado BENJAMÍN  MEDINA,   en   cuanto  Presidente  de  la  entidad  crediticia,  “no    verificó    la    capacidad   y   hábitos   positivos   del  cliente”;  y, que las pruebas obrantes en el proceso  conducen   al   grado   de  certeza  acerca  de  la  responsabilidad  de  MEDINA  RODRÍGUEZ.   

     Luego, en el acápite  que     rotula     “identificación    de    las  pruebas”,  hace  un  listado  de  las  pruebas  que  entiende   “equivocadamente  apreciadas”   y   otras   “cuya  existencia  se  supone”, en lo que pretende encuadrar la omisión en  considerarlas del Tribunal.   

      A renglón seguido,  se  ocupa de demostrar el cargo, referenciando cada uno de los errores de hecho,  que enlista uno a uno, así:   

       1.   No   está  demostrado,  afirma  el  demandante,  que  el  crédito  aprobado no reunía los  requisitos exigidos para ello.         

     En aras de demostrar  su  aserto, el recurrente aborda las argumentaciones presentadas por el Tribunal  y,  en  contraposición,  asume  su  particular  visión  de  lo que las pruebas  arrojan,  tratando  de  definir la diferencia entre cartera vencida y castigada,  así  como las características y efectos de la mora advertida en el solicitante  del crédito.   

      Afirma, así mismo:  “No se debe olvidar que el juicio de valor en torno  de  la  responsabilidad  penal de una persona debe hacerse ex ante y no ex post,  porque  los  juicios  de valor no pueden ser atemporales ni ahistóricos, y para  examinar  los  hechos  en sus justas proporciones, el juzgador debe colocarse en  el   momento  en  el  que  actuó  el  autor,  es  decir,  ex  ante.”   

     Respecto dela cartera  castigada,  dice  el  recurrente que el Tribunal no tuvo en cuenta el oficio del  11  de  enero de 2012, suscrito por la Directora Jurídica de DATACREDITO, en el  cual    se   explica   la   diferencia   entre   cartera   vencida   y   cartera  castigada.   

     De haberlo tenido en  cuenta,  razona  el  impugnante, el Tribunal no hubiera concluido que el acusado  tuvo  información  sobre  cartera castigada y pese a ello aprobó la operación  crediticia.   

      Además, agrega, el  Tribunal  tergiversó  el contenido de los literales f) y g) del numeral 7° del  Informativo  Urgente  N°  017 de 1996, pues, consideró que aprobar es lo mismo  que  contabilizar,  desconociendo  que  el literal f) en mención solo limita la  aprobación  del  crédito  a  los  casos  de  cartera castigada, al paso que el  literal g) impide su desembolso en caso de cartera vencida.   

      Como la aprobación  es  previa  al  desembolso,  concluye el demandante, su representado judicial no  tenía que   verificar lo referido a cartera vencida.   

      Dice  el recurrente  que  el  Tribunal  desconoció, al significar como obligación del Presidente de  la  entidad, verificar requisitos propios del desembolso, las normas que regulan  sus  funciones,  establecidas  en  ese  mismo Informativo Urgente 017, numerales  2.2. y  4.   

      En suma, señala el  casacionista  que si el Tribunal no hubiera incurrido en los errores destacados,  habría  concluido, primero, que el solicitante no contaba con cartera vencida o  castigada  al  momento de aprobarse su crédito, y, segundo, que así se hallase  vencida  la  cartera, ese no era un requisito a examinar para la aprobación del  crédito.   

       2.   Dar   por  demostrado,  no  estándolo,  que  el  Presidente  de la Caja Agraria, BENJAMÍN  MEDINA  RODRÍGUEZ,  contó  con  una  “carpeta  de  antecedentes  del  segundo  crédito”,  en la que se  reportaba  la  cartera  vencida y castigada del solicitante del crédito, razón  suficiente para no aprobarlo.   

     Luego de reseñar los  partes  del  fallo que, en sentir del demandante, contienen la afirmación antes  referenciada,  concluye  que  el  Ad  quem  incurrió  en  el yerro propuesto al  suponer  la materialidad de una carpeta de antecedentes del segundo crédito que  llegó    a   manos   del   Presidente   de   la   Caja   Agraria   “cuya  existencia  crea  el Tribunal en el expediente pero que no  se  encuentra  en  el mismo”.       

      Añade que nunca se  ha  probado  la  existencia de los documentos en cuestión, ni puede constatarse  qué  fue  lo  que  tuvo en cuenta el acusado o si ello incluía información de  cartera vencida o castigada.   

     Y si bien, agrega, en  el  expediente  reposan  documentos  atinentes  a  cartera  vencida  y castigada  “no  se dice dónde fueron obtenidos y por lo tanto  no  se  puede  suponer  que  pertenecían  a  la  “carpeta de antecedentes del  segundo  crédito”,  como  equivocadamente  lo  dice  el  Tribunal”.   

       3.   Dar   por  demostrado,  sin  estarlo, que en la aprobación del crédito operó ineficaz la  garantía fiduciaria.   

     Estima el recurrente  que  el Tribunal leyó equivocadamente el Manual de Crédito de la Caja Agraria,  descontextualizando  dos  párrafos  del  mismo,  en  tanto,  concluyó  que  la  verificación  de  las  garantías  debe  operar  previo  a  la  aprobación del  crédito.   

     Esa interpretación,  dice     el     demandante,    es    absurda,    porque    es    “contrario  a  la  lógica  del  orden,  de  registrar una garantía  fiduciaria  al mismo tiempo que se aprueba el crédito, porque podría llevar al  absurdo  de  que  se  constituya  la  garantía  y que después no se apruebe el  crédito.”.   

        Advierte   el  demandante  que  el  error  del  Tribunal,  también dentro de la vía del falso  juicio  de  identidad por cercenamiento, opera consecuencia de pasar por alto la  integralidad   del   Informativo   Urgente   17   del   26  de  abril  de  1996,  específicamente  al  omitir examinar lo contemplado en el numeral 3.6 del mismo  –que  transcribe-,  donde  expresamente  se exige que la constitución de la garantía opere posterior a la  aprobación  del  crédito, e incluso prohíbe que se haga antes; y el numeral 4  –también  transcrito-que  impone  al  Director  de  Oficina  desembolsar  el  crédito  una  vez  se hayan  constituido  las  garantías  con el correspondiente registro ante la Oficina de  Instrumentos    Públicos,   la   Cámara   de   Comercio   y   Secretaría   de  Tránsito.   

      De  ello  se sigue,  asevera   el   impugnante,  que  no  era  posible  exigirle  al  acusado  MEDINA  RODRÍGUEZ,  apenas  encargado  de  aprobar  el  crédito, verificar la efectiva  constitución  de  las  garantías,  en cuanto, se trata de un paso posterior al  suyo.   

     Añade el demandante  que  las  irregularidades  u  omisiones  en  que pudo incurrir el director de la  oficina  de  Cúcuta,  conforme su particular intervención en el desembolso del  crédito,  no pueden hacerse valer en contra del acusado MEDINA RODRÍGUEZ, dado  que  este  cumplió  con lo exigido por la normatividad al aprobar el crédito y  las demás exigencias corrían de cargo de aquel.   

      A continuación, el  impugnante  estudia  desde  su  óptica  las  normas  civiles  y comerciales que  regulan    la    fiducia,   para   advertir   que   el   Tribunal   “incurre  en  un  error  de  hecho” al  examinar de manera diferente lo contemplado allí.   

      Luego,  cita varias  pruebas,  que  dice tergiversadas por el Tribunal al concluir en la necesidad de  inscribir la fiducia en la Cámara de Comercio.   

     A fin de demostrar el  yerro,   procede   a   delimitar   lo   que   en   su  entender  contienen  esas  pruebas.   

     Concluye, finalmente,  que  “Si  el  Tribunal hubiera verificado todas las  situaciones  indicadas  y  no  hubiera  interpretado  las  normas  sustantivas y  procesales,  incluidas  las  del  Código  de  Comercio,  con efectos claramente  desfavorables  para  el  procesado,  hubiera  concluido  que  la  garantía  fue  constituida   en   debida   forma   y   que   por  ende  era  eficaz.”   

       4.   Dar   por  demostrado,  no  estándolo,  que  el  acusado  MEDINA RODRÍGUEZ, en calidad de  Presidente  de  la  entidad  crediticia omitió verificar la capacidad de pago y  hábitos del solicitante del crédito.   

     Cita el demandante un  apartado  del  fallo  donde  se  reseña  que  en  atención  a su condición de  comerciante,   el   solicitante   del  crédito  no  tenía  experiencia  en  la  construcción  de  centros  comerciales, razón por la cual, según el Manual de  Crédito,  debería demostrarse que contaba con apoyo confiable para dedicarse a  esa labor.   

     Al respecto, sostiene  el  impugnante  que  el error del Tribunal, al hacer la formulación en reseña,  estriba  en asumir que el crédito 42740 fue otorgado a la sociedad CIEL Ltda, y  no,  como  en  verdad  sucedió,  al  Fideicomiso CIEL Ltda, Centro Comercial el  Cuji.   

       Añade   que  la  conclusión    del    Tribunal    surge    consecuencia   de   la   “desfiguración   del  contenido  objetivo  de  la  escritura  de  constitución  del  fideicomiso  y  de  la carta de aprobación del crédito N°  42740…”.   

       Ello   condujo,  sostiene  el recurrente, a que se considerara a la sociedad como la beneficiaria  del  crédito  y  no  al fideicomiso, que para el efecto contó con una serie de  bienes      encaminados      a      garantizar      las     obligaciones     del  fideicomitente.   

      Entonces, advierte,  no  podía  el  Tribunal  examinar  la experiencia de la Sociedad Ciel, dado que  ella no fue la beneficiaria del crédito.   

     También tergiversó  el  Tribunal  “la  situación real del crédito N°  42740”,   pues,   el  mismo  no  fue  solicitado  o  desembolsado  a  Fabio  Ortiz  Ramírez,  sino  al  fideicomiso, figurando aquel  apenas como codeudor.   

      El  ad  quem, acota  “no  valoró  adecuadamente la carta de aprobación  del  crédito,  el  pagaré  suscrito  el  22  de  enero  de 1997 y el manual de  crédito de la entidad”.   

      Por  ello,  acota  “es     impreciso     señalar     –como  lo  hace  el  Tribunal-  que la  existencia  de  un crédito anterior por $200 millones de pesos a favor de FABIO  ANDRÉS   ORTIZ   RAMÍREZ,   no   permitía   la   aprobación   de  una  nueva  operación”.   

      Incluso,  afirma el  demandante,  el Tribunal “falseó el contenido de la  prueba”,  al  desconocer  que el fideicomiso contaba  con  bienes  fideicomitidos con avaluó comercial superior a dos mil novecientos  millones  de  pesos,  suficientes  para  garantizar  el préstamo de seiscientos  millones.   

      Así mismo, refiere  el  casacionista,  el  Tribunal  incurrió  en  falso  juicio  de existencia por  omisión  cuando  dejó  de considerar la declaración de renta de FABIO ANDRÉS  ORTIZ  RAMÍREZ,  correspondiente  al año gravable 1995, en la cual se verifica  que  su  patrimonio  líquido para ese momento ascendía a $576.398.000, casi el  monto del préstamo.   

      De  haber tomado en  consideración  este  elemento de juicio engastado en la foliatura, significa el  impugnante,  no  habría  concluido  el Tribunal que ORTIZ RAMÍREZ, carecía de  solvencia    para   soportar   el   préstamo   de   seiscientos   millones   de  pesos.   

     Pero además, agrega,  el  Ad  quem  tergiversó  el  contenido de la carta de aprobación del crédito  42329  de  julio de 1996, por la suma de doscientos millones de pesos, en tanto,  allí  se  advierte  que  el vencimiento opera a los doce meses, pagadero en una  sola  cuota.  Como  el  préstamo  se  desembolsó  el  23  de julio de 1996, el  vencimiento  operaría el 23 de julio de 1997, y no, como sostuvo el ad quem, el  23  de  enero  de  1997,  esto  es,  un día después de haberse desembolsado el  crédito por la suma de seiscientos millones de pesos.   

      De  igual  manera,  aduce  el demandante, la aprobación del crédito 42740 por seiscientos millones  de  pesos,  fue efectuada por el acusado el 6 de diciembre de 1996, esto es, mes  y  medio  antes  del  desembolso  que  quiere hacer coincidir el Tribunal con el  vencimiento del plazo del otro crédito.    

     5. Dar por demostrado  en  grado  de certeza que BENJAMÍN MEDINA RODRÍGUEZ, es responsable del delito  que se le atribuye.   

     Este punto parece ser  conclusivo  de  los  anteriores, dado que el recurrente lo utiliza para advertir  que  por ocasión de los errores significados en ellos, no es posible determinar  con   certeza   la  responsabilidad  del  acusado  en  el  peculado  que  se  le  atribuye.   

     Estima el demandante  que  de  no  haberse  materializado  los  vicios  en  cuestión, su representado  judicial debió haber sido absuelto, cuando menos por duda.   

      Pide,  así, que se  case la sentencia en este sentido.   

        2. Cargo tercero   

        También  dentro de la senda de los errores de hecho y bajo la misma  dinámica  del  cargo  anterior,  en  la  que  parte  por  reseñar  las pruebas  tergiversadas  u omitidas por el Tribunal, a lo que suma los apartados del fallo  que  se  refieren  al  tema, el recurrente advera que la determinación del dolo  atribuido  en  su actuar a BENJAMÍN MEDINA RODRÍGUEZ, derivó irregular, fruto  de los vicios en mención.   

      Para  soportar  el  cargo,  manifiesta  el recurrente que el Tribunal basó el elemento cognoscitivo  del  dolo,  en  que el procesado tuvo a la vista los documentos que verifican la  cartera  morosa  de  FABIO  ANDRÉS  ORTIZ, su incapacidad de endeudamiento y la  inidoneidad de la garantía ofrecida.   

      Empero,  sostiene,  ello  derivó  consecuencia  de tergiversar el contenido del Informativo Urgente  017   de   1996,   confundiendo   cartera   morosa   con   cartera   vencida   o  castigada.   

      Luego,  reitera  lo  dicho  en  el cargo anterior acerca de las exigencias para aprobar el crédito y  desembolsarlo,   distinguiendo  que  en  el  primer  caso  debe  verificarse  la  inexistencia  de  cartera castigada, al tanto que el segundo reclama examinar si  se  halla  vencida,  conforme  lo  consigna,  en  el  aparte tergiversado por el  Tribunal,  el  numeral  7°,  literales  f)  y  g)  del  Informativo  Urgente en  reseña.   

        Entiende   el  demandante,  además,  que  la mora de 30 días reportada por el CIFIN, en julio  de  1995,  fue  apenas transitoria, dado que en el reporte de agosto de 1995, no  aparece el saldo en mora.   

     Algo similar ocurre,  indica  el  casacionista,  con  el crédito del BCH calificado en “C”, pues,  esa  denominación  no  implica que la cartera se encuentre en mora o castigada,  de lo que se sigue que no impide la aprobación del crédito.   

      De igual manera, el  reporte  del Banco de Bogotá, aducido por el Tribunal, no puede utilizarse para  determinar  responsabilidad  en  el acusado, dado que se generó tiempo después  -6 de octubre de 1996- de que se aprobara el crédito.   

      En similar sentido,  prosigue  el demandante, el Tribunal incurrió en falso juicio de existencia por  omisión  respecto  del  oficio  de  fecha  11 de enero de 2012, suscrito por la  Directora  Jurídica  de  DATACRÉDITO,  en  el  cual se establece la diferencia  entre cartera morosa y castigada.   

     De haberlo tomado en  consideración,  no  hubiese advertido el ad quem que la mora representa cartera  castigada.   

     Insiste el recurrente  en  que  el  Tribunal  pasó  por  alto  el  Informativo  Urgente 017, en cuanto  determina  la  labor que cumple el Presidente de la entidad, de solo aprobación  del  crédito,  frente  a la que se demanda del director de oficina, que dispone  el desembolso.   

     De haber examinado el  Ad  quem  la prueba en su totalidad y sin tergiversación, razona el impugnante,  habría  concluido  que  el  codeudor  del  crédito no tenía cartera castigada  cuando  se aprobó el mismo y que, si bien, contaba con cartera vencida, ello no  impedía    la    aprobación    en    cita,    sino   su   contabilización   o  desembolso.   

     Dice el casacionista  que  el elemento cognoscitivo del dolo también fue deducido por el Tribunal del  hecho  de  no contar el codeudor del crédito por seiscientos millones de pesos,  de  capacidad de pago, deducido de la deuda que este tenía vigente con la misma  institución por la suma de doscientos millones de pesos.   

       Afirma  que  esa  deducción  opera  consecuencia  de “un falso juicio  de  suposición  de  normas  no incluidas en el Manual de Crédito vigente de la  entidad,  según  las  cuales, cuando una persona tuviere un crédito activo con  la    Caja    Agraria,    no    podría    servir    como   codeudor   de   otra  obligación”.   

      De  la misma forma,  añade    el   impugnante,   se   “tergiversa   la  prueba”  al  tomarse en consideración un reporte de  DATACRÉDITO  posterior al momento de aprobación del crédito, a más que allí  no  se  determina  el monto, pudiendo ser diferente a los $397.000, relacionados  por el fallador de segundo grado.   

     Además, sostiene el  recurrente,  se  pasó  por  alto  que  FABIO  ANDRÉS  ORTIZ, sí era solvente,  conforme  se  demuestra con su declaración de renta de 1995, referenciada en el  cargo anterior.   

      En  tercer  lugar,  respecto  de  los  factores  que  dice el demandante consideró el Tribunal para  soportar  el  elemento  cognoscitivo  del dolo, acude a la afirmación de que el  acusado  aprobó  el  crédito  a  pesar  de  no contar con garantía idónea el  deudor.   

      En  torno del tema,  repite  las  críticas  consignadas en el cargo anterior, que remiten al momento  en  el  cual  debe  constituirse  la  garantía  y la efectividad de la fiducia,  añadiendo   que   en  atención  a  no  tratarse  de  un  abogado,  su  cliente  “no  podía conocer obligaciones legales diferentes  que  no  estuvieran  expresamente  reguladas en el Código de Comercio o a nivel  reglamentario   en   la  Caja  Agraria”.     

      Seguidamente,  el  demandante  reitera  su  crítica  del cargo anterior referida a que el Tribunal  supuso   la   existencia   de   una   “carpeta  de  antecedentes del segundo crédito”.   

      Culmina sosteniendo  el  demandante  que  lo expuesto en el cargo demuestra cómo no se demostró que  el  conocimiento  propio  del  dolo  atribuido  al  acusado,  fuese  efectivo  o  actual.   

     Atinente al elemento  volitivo  del  dolo, el recurrente advierte que el Tribunal lo dedujo al suponer  la  existencia  de  prueba  y,  en  concreto  “de la  supuesta  violación  de  la  normatividad  del  Manual  de  Crédito de la Caja  Agraria  y  las  demás  normas  reglamentarias,  que  como  se  indicó  en  el  desarrollo  del  elemento cognoscitivo, no fueron desconocidas por BENJAMÍN DEL  SOCORRO MEDINA RODRÍGUEZ”.   

     De no haber incurrido  en  los  errores  reseñados, señala el impugnante, el Tribunal habría asumido  que  no  existe  prueba que refiera la voluntad del procesado dirigida a obtener  el resultado contrario a la ley.   

        3. Cargo cuarto   

        Ahora  dentro  del  ámbito  del cuerpo primero de la causal primera  establecida  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el casacionista alega  que  el  ad  quem  incurrió en violación directa de la ley sustancial, dada la  indebida  aplicación del artículo 29 de la Carta Política y de los artículos  36  y  133 del Decreto ley 100 de 1980, que condujo a la falta de aplicación de  los artículos 37 y 137 de esta última normatividad.   

     Al efecto, arguye que  si  bien,  el  delito  de  peculado  reclama la modalidad dolosa “en  realidad,  de  los  hechos,  de  los  fundamentos probatorios y  según  los  argumentos  fácticos  y  jurídicos  expuestos  en dicho fallo, se  deduce  la  configuración  de  un  peculado en la modalidad culposa.”   

     Acude el demandante,  entonces,   a   lo   referido   por  el  Tribunal  en  la  sentencia  impugnada,  particularmente,  lo  dicho  acerca de la forma en que el acusado puso en riesgo  mayor  al  ordinario la actividad crediticia, incumpliendo el deber de cuidado y  los  reglamentos,  para  concluir  cómo  la  doctrina  tiene establecido que la  referencia   al  deber  objetivo  de  cuidad  dice  relación  con  los  delitos  culposos.   

      De  esta  manera,  señala,  si  el  Tribunal  acudió  a  las  categorías  dogmáticas  del deber  objetivo  de  cuidado,  elevación  del riesgo y principio de confianza, propias  del   delito   culposo,   debió   condenar   por   esta   categoría  y  no  la  dolosa.   

      Seguidamente,  el  impugnante  se  ocupa  de  demostrar que la exposición del Tribunal cubre todos  los  elementos  propios  del  delito  culposo,  razón  por  la cual no debieron  aplicarse  los  artículos  36  y  133  del Decreto Ley 100 de 1980 –que   consagran   la   modalidad   de  culpabilidad  dolosa y el delito de peculado por apropiación, respectivamente-,  sino  los artículos 37 y 137, a su vez reglamentarios de la culpa y el peculado  culposo.   

       El   error   fue  trascendente,  alega  el  demandante, pues, no solo se violó el debido proceso,  sino  que  facultó  imponer  una  pena  más  alta  al  acusado  y  eliminar la  posibilidad    de    acceder   a   subrogados   penales.       

      Pide, acorde con lo  anotado,  casar el fallo para efectos de condenar al acusado en calidad de autor  del delito de peculado culposo.       

3. EN REPRESENTACIÓN DE PABLO JOSÉ RAMÍREZ  HERNÁNDEZ   

    Cargo único  

        Aunque  el demandante dice que solo postula un cargo, por violación  indirecta  representada  en  errores  de  hecho,  es  lo cierto que subdivide la  causal en varios yerros individuales, así resumidos:   

      1.  Falso juicio de  existencia  por  omisión  de  la  comunicación  FIDU 412 del 1 de noviembre de  1996,  dirigida  por  la  Presidenta  del Banco FIDUBANCOOP, al gerente regional  dela  Caja  Agraria en Cúcuta, ALBERTO SILVA COLMENARES, en la cual solicita el  otorgamiento  de  un  crédito  a  favor  del FIDEICOMISO CIEL LTDA-FIDUBANCOOP,  PROYECTO CENTRO COMERCIAL EL CUJI.   

     Del documento en cita  se  extracta que la solicitante del crédito fue la Fiduciaria en cuestión y no  FABIO  ANDRÉS  ORTIZ RAMÍREZ; que el Fideicomiso se constituyó con patrimonio  autónomo  inicial  de $2.920.000.000 y tenía como objeto la readecuación como  centro  comercial  de  un inmueble; que para la fecha de la solicitud en reseña  ya  se  habían realizado preventas referidas al 97% de los locales, con ingreso  de  $102.000.000, administrados por la Fiducia; y que la dicha fiducia sería la  directa administradora de los dineros del préstamo.   

        Entiende   el  demandante  que gracias al elemento de juicio en cita se advierte cómo existía  un  proyecto  inmobiliario  serio  y debidamente sustentado en lo económico que  adelantaba  una  entidad  idónea  vigilada  por  la  Superintendencia Bancaria.   

      De  paso, acota, se  desvirtúa  lo  dicho  por la funcionaria en su testimonio bajo juramento, entre  otras   cosas,  porque  afirma  desconocer  todo  lo  referido  al  crédito  en  cuestión,  cuando  ella  misma  fue  quien lo solicitó e incluso suscribió el  pagaré por la suma de seiscientos millones de pesos.   

      Esto, en sentir del  demandante,                             desvirtúa                            la  tesis             -sostenida  en  los  fallos-  de que a FABIO ANDRÉS ORTIZ RAMÍREZ se le había  hecho  un préstamo por doscientos millones de pesos y sin haberlo pagado, se le  otorgó otro por seiscientos millones.   

       Luego,  pasa  el  casacionista   a  explicar  la  razón  por  la  cual  se  concedió  un  primer  “crédito   puente”  a  ORTIZ  RAMÍREZ,  por  la  suma  de  doscientos  millones  de  pesos, no para su  beneficio  personal,  sino  con  miras  a  adelantar  el  proyecto inmobiliario,  respaldado con fiducia.   

     De haberse tenido en  cuenta  el  documento  echado  de menos, advera el impugnante, se habría tomado  una   decisión   de   fondo   “que  comportara  la  absolución    del    ing.    PABLO   JOSÉ   RAMÍREZ   HERNÁNDEZ.”   

     2. Error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por omisión del pagaré N° 510614-42740, por la  suma  de  seiscientos  millones de pesos, elaborado por la Caja Agraria sucursal  Cúcuta,  en  el  que  figura  como  deudor  el patrimonio autónomo FIDUBANCOOP  PROYECTO  CENTRO COMERCIAL EL CUJI, signado por Margarita María Villa Ochoa, en  calidad de representante legal de FIDUBANCOOP.   

       La   prueba   en  cuestión,  aduce  el  recurrente,  demuestra que el crédito fue desembolsado a  FIDUBANCOOP;  que  debe  excluirse a FABIO ORTIZ RAMÍREZ, como destinatario del  mismo;  y  corrobora que “los presupuestos objetivos  y  la valoración llevada a cabo por parte de la vicepresidencia comercial de la  Caja  Agraria  para  recomendar  la  aprobación  de  dicho crédito”,  atendieron  siempre  a  la  solicitud y documentos de respaldo  presentados por FIDUBANCOOP.   

      Además, se deja en  evidencia  el  comportamiento mendaz adoptado por María Margarita Villa, cuando  en declaración jurada se dijo ajena al préstamo en cuestión.   

        Las    demás  conclusiones    operan    iguales    a    las   relacionadas   en   el   numeral  anterior.   

     3. Error de hecho por  falso  juicio  de existencia por omisión respecto de la rendición semestral de  cuentas  contenida en documento remitido el 16 de julio de 2007 al representante  legal  de  CIEL LTDA, FABIO ANDRÉS ORTIZ, con corte al 30 de junio de 2007, por  parte de la liquidadora principal de FIDUBANCOOP.   

       Considera   el  demandante  que  el  contenido del oficio en mención refleja cómo sí existía  una  garantía  real  e  idónea  -representada  por un número significativo de  inmuebles  aportados  por  la  sociedad  fideicomitente al patrimonio autónomo-  para  respaldar  las  obligaciones  crediticias  adquiridas con la Caja Agraria.   

     Asevera el recurrente  que   de   haberse   tomado   en   cuenta   el  documento  omitido  “junto  con  las  claras  y  precisas  explicaciones dadas por el  vicepresidente  comercial  a  lo largo de sus intervenciones y las de la defensa  técnica  dentro  del presente proceso, amén de los demás documentos aportados  y   que  apuntan  en  la  misma  dirección…”,  la  decisión habría sido absolutoria.   

     4. Error de hecho por  falso  juicio de existencia por omitir examinar varios certificados de garantía  fiduciaria  expedidos  por  FIDUBANCOOP,  por la suma de mil sesenta millones de  pesos,  que  garantizan  los préstamos otorgados a FABIO ORTIZ y al FIDEICOMISO  CIEL LTDA, por la suma de ochocientos millones de pesos.   

      Esos  certificados,  acota  el  demandante,  se  expidieron  con  cargo  al  patrimonio autónomo que  contaba  con  bienes  inmuebles  con valor comercial estimado de $2.920.100.000.   

      En  punto  de  la  trascendencia  de  la  prueba dejada de considerar por el fallador, significa el  recurrente  que con ello se desvirtúan las afirmaciones del ad quem referidas a  la carencia de fuente de pago o respaldo del mismo.   

      Luego  agrega  que  “desafortunadamente  los  aludidos  certificados de  garantía  fiduciaria  en  relación  con los cuales se realiza el análisis del  presente   yerro   aparecen   sólo  tangencialmente  mencionados  en  los fallos de instancia”, pero no se  analizaron    en    aras   de   determinar   el   adecuado   respaldo   de   los  préstamos.   

     5. Error de hecho por  falso  juicio  de  existencia por omitir el examen del Oficio FIDU-3.3.0120, del  27  de  febrero de 1998, firmado por la Gerente de Operaciones y la directora de  Fiducia  de  Garantía  de  FIDUBANCOOP, dirigido a la Gerente Regional Norte de  Santander  de  la Caja Agraria, en el cual se ofrecía la dación en pago de los  inmuebles con los cuales se constituyó el patrimonio autónomo.   

      Con ese elemento de  juicio,  arguye  el  demandante,  se  demuestra  que  sí  existía una adecuada  garantía  para  los préstamos y que efectivamente se ofreció por FIDUBANCOOP,  solo  que  no  hubo  oportuna  gestión  para que con ella se cubriera la deuda,  aunque,   resalta,   esa   tarea   no   competía   al   acusado   PABLO   JOSÉ  RAMÍREZ.   

     6. Error de hecho por  falso  juicio de existencia por omitir considerar la comunicación enviada el 27  de  noviembre  de 1996, por un Profesional Especializado de la Gerencia Nacional  de Crédito de la Caja Agraria, al acusado RAMÍREZ HERNÁNDEZ.   

      Dice  el recurrente  que  en  la  comunicación  citada  se  advierte que la Caja Agraria conocía al  detalle  la  forma  en  que  se construía el centro comercial financiado con el  crédito,  así como la necesidad de dar a la venta los locales, ya que con ello  se pagarían las obligaciones crediticias.   

        Agrega    el  casacionista    que   si   se   analiza   la   prueba   en   cita   “en  forma  conjunta con los demás elementos de prueba que obran  en  autos,  se pueden desvirtuar categóricamente todas las aseveraciones hechas  en  lo  fallos  de  instancia en relación con la supuesta carencia de fuente de  pago   y   falta   de   capacidad   para  el  respaldo  financiero  de  los  dos  créditos”.   

     7. Error de hecho por  falso  juicio de existencia por omitir examinar la certificación expedida el 26  de  diciembre  de 1997 por el Gerente de la Sucursal Cúcuta de la Caja Agraria,  respecto  de  contar  en su oficina con 90 solicitudes de crédito para adquirir  locales  en  el  centro  comercial  El  Cuji,  por  valor  total  aproximado  de  $450.000.000.   

      Dicho  documento,  señala  el  impugnante,  tiene similares efectos demostrativo al relacionado en  el  cargo  anterior,  a más de comprobar que efectivamente existía demanda por  los  locales y que la comercialización de los mismos era un factor incidente al  momento de aprobar el crédito.   

      De igual manera, se  reitera  que con esta y otras pruebas analizadas en conjunto, se desvirtúan los  presupuestos  del  fallo  atinentes  a  la  falta de respaldo o garantía de los  créditos, obligando la absolución del procesado.   

     8. Error de hecho por  falso  juicio de existencia por dejar de considerar la comunicación dirigida el  23  de  abril de 1998 por el Gerente encargado de la Sucursal Cúcuta de la Caja  Agraria,   a  FABIO  ORTIZ  RAMÍREZ,  dándole  a  conocer  que  los  créditos  individuales  solicitados  por  las  personas para adquirir locales en el centro  comercial,  no  se desembolsarían directamente a estos, sino que aplicarían al  pago   de   los   créditos   tomados   por  FIDUBANCOOP  CIEL  LTDA,  ante  esa  entidad.   

      Con  la  prueba  en  mención,   acota   el   demandante,   se   corroborarían  todos  los  factores  referenciados  en  los  cargos  anteriores,  referidos  a  la real existencia de  garantía  efectiva  y  la  simbiosis  existente entre el crédito otorgado y la  venta  de  locales  comerciales, respaldando lo dicho al respecto por el acusado  RAMÍREZ HERNÁNDEZ.   

       9.  “Error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la valoración del  “Reglamento       de      Atribuciones      Función      Crédito””       

        Sostiene   el  recurrente  que  la  valoración  efectuada  por las instancias al reglamento en  cuestión  “quebranta los principios de la lógica y  las máximas de la experiencia”   

     A fin de precisar el  tópico,  parte  el  demandante  por  explicar  cuál  es el contenido del medio  probatorio,  en particular, lo referente a las competencias que cada funcionario  asume en aras de aprobar y desembolsar un crédito.   

     De allí extracta que  la  competencia  para  la  constitución  de  garantías y consecuente registro,  radica   en   el   Director   de   Oficina,  al  igual  que  el  desembolso  del  crédito.   

      Así  mismo, que es  necesario  diferenciar  aprobación, contabilización y desembolso de créditos,  cada  una  con  exigencias  distintas,  de  manera que la primera etapa obligaba  considerar  que  no  existiera,  respecto  del  solicitante,  cartera castigada,  dación   en   pago   o   remate   anteriores;  la  contabilización  no  podía  materializarse  si  existía  cartera  vencida,  directa o indirectamente; y, el  desembolso  del  crédito  se  hallaba sujeto al perfeccionamiento y registro de  las garantías.   

       Pese   a   ello,  determinado  que  tanto  para  la  aprobación  del  primer  crédito  por   doscientos  millones de pesos, como en la recomendación para la aprobación del  segundo,  por  seiscientos  millones,  solo era necesario verificar, conforme el  Informativo  Urgente  N°  17,  que el solicitante no tuviese cartera castigada,  daciones   en   pago   o   remates  de  bienes,  las  instancias  exigieron  del  Vicepresidente  Comercial,  el  acusado  PABLO  RAMÍREZ HERNÁNDEZ, actividades  ajenas   a  su  cargo  o  función  en  los  préstamos,  incluso  de  imposible  realización,  en lo que toca con hacer seguimiento de los créditos otorgados a  lo ancho del territorio nacional.   

        Advierte   el  impugnante,  en  este  sentido,  que a su representado judicial se le exigieron,  por  las  instancias, obligaciones que no le competen, pues, la verificación de  mora  en  las  obligaciones  del  solicitante opera no para la aprobación, sino  respecto  de  la  fase  de contabilización y posterior desembolso del crédito,  que no le correspondía a RAMÍREZ HERNÁNDEZ.   

      Toma el demandante,  de  otro  lado,  un  apartado  del fallo de segundo grado en el cual el Tribunal  dice  irrelevante  para  definir responsabilidades, el funcionamiento interno de  la  Caja  Agraria,  en  aras de significar la sinrazón de lo afirmado, dado que  precisamente  la responsabilidad surge del tipo de obligación atribuible a cada  funcionario  y  no  es  posible  exigir, como lo intenta el ad quem, que una vez  cumplida  su tarea, quien aprueba el crédito verifique cumplidas las exigencias  para su contabilización o desembolso.   

      En similar sentido,  las  normas  de  funcionamiento interno de la Caja Agraria, acota el recurrente,  obligaban  de  las  instancias  superiores  verificar  únicamente  la calidad y  suficiencia  de  las  garantías,  al  tanto  que  la  constitución  material y  registro   de   las  mismas  se  defiere  “a  otras  instancias, ya operativas”.   

     No es cierto como lo  dice  el  Tribunal,  advierte el recurrente, que “el  aprobador  del  crédito,  previo  a  su  aprobación,  debía  verificar que se  cumplieran  los  requisitos  en  su totalidad”, entre  otras  razones,  porque  ello  contraría lo establecido en el Numeral 3.6.1 del  Informativo  Urgente  N°  17,  en  cuanto,  expresamente consigna: “queda  prohibido  constituir  garantías  antes  de  obtener  la  aprobación del crédito respectivo”.   

     Asevera el impugnante  que  dada  la  complejidad  de  las actividades humanas, es frecuente que muchas  personas  intervengan  en ellas, lo que obliga división de funciones. Entonces,  añade  “constituye  un  quebrantamiento  a la sana  crítica,  en la modalidad de desconocimiento de un postulado lógico, reconocer  la  existencia  y  validez  de  tal  distribución  de  trabajo  y, sin embargo,  reprochar  a  determinado  concurrente  por el incumplimiento de actividades que  –se sabe de antemano y se  acepta que- no son las que le competen.”   

       En   punto   de  trascendencia  del  yerro,  destaca  el  impugnante  que  de  haberse  tomado en  consideración  el  reglamento  y  las  funciones  asignadas  al  Vicepresidente  Comercial,  necesariamente  habría  devenido  absolutorio  el  fallo,  pues, se  verifica   que   siempre   actuó   apegado   a   los  mismos.      

      10. “Error  de  hecho por falso raciocinio, al concluir que se trató de  un comportamiento doloso”   

     Asevera el demandante  que  la  conclusión del Tribunal referida a que el acusado PABLO JOSÉ RAMÍREZ  HERNÁNDEZ,  actuó con conciencia de antijuridicidad y con intención de que el  particular  se  apropiara  de  los  recursos  públicos,  es errada, dado que la  valoración  de  los  medios  de prueba “a la luz de  los  principios  de  la  lógica,  del  sentido  común  y de las máximas de la  experiencia        no        autorizan        tal        conclusión”.   

     En lo fundamental, el  recurrente  reitera  los  argumentos  plasmados en el cargo anterior respecto de  los  reglamentos  que  signan  la  función de todos quienes intervinieron en la  aprobación,  contabilización y desembolso de los créditos, aunque la regla de  la   lógica   aquí   construida   opera   bajo   la  fórmula  “no    se   puede   querer   lo   que   no   se   conoce”,  remitida en concreto a que el procesado no tuvo conocimiento y  voluntad,   en   cuanto,   elementos   indispensables   para   perfeccionar   el  dolo.   

     Ello, agrega, porque  los  elementos  de  juicio con los que contaba para aprobar o recomendar aprobar  los  créditos,  le  impedían  conocer  que ellos no serían pagados, y tampoco  dispuso de su voluntad para que ello ocurriera.   

       Y,   afirma   el  recurrente,  si  la  deducción  del  dolo  se  hace consistir apenas en que los  créditos  no  fueron  pagados,  ello  corresponde  a un tipo de responsabilidad  objetiva proscrito en nuestro ordenamiento penal.   

      No  debió  haber  tenido  lugar la imputación penal, concluye el impugnante, motivo para deprecar  que se corrija el yerro y sea declarada la inocencia del acusado.   

      11. “Error  de  hecho  por  falso raciocinio al negar la aplicación del  principio de confianza”   

     Advera el demandante  que   el  ad  quem  valoró  indebidamente  el  Reglamento  de  Atribuciones  de  Crédito,   como  en  los  cargos  anteriores lo hizo ver, y ello condujo a  omitir  tomar  en  consideración  el  principio de confianza, con violación de  “la  lógica,  de las máximas de la experiencia y,  sobre todo del sentido común”.   

       Luego  de  citar  apartados   jurisprudenciales   de  la  Corte  que  delimitan  el  principio  de  confianza,  de  nuevo  remite  al  Informativo  Urgente  17  y  a  lo que de él  concluyó  el  Tribunal,  para  derivar así que el fallador de segundo grado no  reconoció  en  esa  normatividad  el  fundamento  que  faculta  acudir aquí al  principio  de  confianza,  en  el  entendido  que, cubierta su obligación en la  aprobación  del  crédito,  no  le  era  ni jurídica ni humanamente posible al  Vicepresidente  Comercial  de  la  entidad, verificar que los otros funcionarios  cumplieran con su particular tarea.   

       Respecto   del  postulado  lógico  violado,  transcribe  íntegramente lo reseñado en el cargo  nueve,  atrás  resumido, añadiendo que en razón a cumplir cabalmente con lo a  él  encomendado,  tiene  derecho  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ a invocar en su favor el  principio  de  confianza,  como  así  debe  declararlo la Corte a través de la  correspondiente absolución.   

Concepto del Ministerio Público  

Luego  de  resumir  los  hechos y el decurso  procesal,  así  como  los cargos admitidos por la Corte, la representación del  Ministerio  Público  examina  de  forma  conjunta los mismos, dada su identidad  fáctica  y  jurídica,  para  concluir  que,  en efecto, asiste la razón a los  demandantes.   

     En aras de precisar  su  concepto,  el  Procurador  Delegado  analiza  varios aspectos puntuales, del  siguiente tenor:   

-Aciertan  los  demandantes cuando advierten  que   el  Tribunal  confundió  los  conceptos  de  cartera  vencida  y  cartera  castigada,  pues,  la  primera obedece a mora entre 30 y 120 días, al tanto que  la  segunda se remite a un plazo superior a este último, dentro del concepto de  deuda irrecuperable.   

El  error del Ad quem estriba en que estimó  al  deudor  Fabio  Andrés  Ortiz,  incurso  en la calidad de cartera castigada,  cuando  apenas  reportaba cartera vencida, lo que lo habilitaba para recibir los  créditos objeto de controversia.   

Además,  el  Tribunal pasó por alto que el  reporte   de   cartera   castigada   –mayo  de 1998- operó cuando ya había sido aprobado el crédito por  la  suma  de  seiscientos  millones  de  pesos  -6 de diciembre de 1996-, lo que  conduce  a concluir que para este momento el cliente no se hallaba incurso en la  prohibición  establecida  en  el  numeral 7°, literales f y g, del Informativo  Urgente  17  de  1996,  que  impide  otorgar  el  crédito a quienes cuentan con  cartera  castigada  o  cancelaron  sus  obligaciones con dación en pago  o  remate de bienes.   

-Es cierto, como asumen los demandantes, que  la  obligación de pagar la primera cuota de intereses respecto del crédito por  doscientos  millones  de  pesos  otorgado inicialmente a Fabio Andrés Ortiz, se  generaba  el  23  de  enero  de  1997,  esto  es, un día después de haber sido  aprobado  el  crédito  por la suma de seiscientos millones de pesos, de lo cual  se  sigue  que al no existir posibilidad de mora respecto del primer desembolso,  no  había  razón  para  abstenerse  de  aprobar  el  segundo,  contrario  a lo  sostenido por el ad quem.   

-No   existía,   como  lo  sostienen  los  recurrentes,  mora en la obligación crediticia adquirida por Ortiz Ramírez con  el  BCH,  pues,  si  bien,  en  la  CIFIN  se  reportó con calificación c este  crédito  –esto  es,  con  mora  de  al  menos  60  días-,  el  banco en cuestión expidió certificación  datada  el  15  de julio de 1996, en la que señaló que el deudor se hallaba al  día en el pago de las cuotas de amortización del crédito.   

Es,  además, contradictorio que el fallo de  segunda  instancia  advierta  al  día  al  deudor,  en  lo  que a este crédito  corresponde,  pero  a  la  vez  se  deduzca  responsabilidad en su contra por la  inexistente mora.    

-No es posible atribuir responsabilidad a los  acusados  por  los  reportes de cartera castigada referenciados por Datacrédito  -6  de  octubre  de  2006-, Davivienda –agosto        de        2006-,        Credencial        –mayo    de    1998-,    Banco    de  Bogotá              –septiembre  de  2006-  y  Banco  del Estado –julio de  2006-,  por  la  indiscutible razón que son posteriores a la aprobación de los  créditos y no pudieron ser conocidos por ellos.   

-El   Tribunal,  tal  cual  sostienen  los  impugnantes,  confundió  los  conceptos  de  aprobación  y contabilización de  créditos  –esta última a  cargo  del  Director  de  la  Oficina  donde se tramitó la solicitud-, pues, el  segundo  ocurre  con  mucha  posterioridad  al  primero  y  remite  al  efectivo  desembolso del préstamo.   

La  cartera  castigada, se agrega, impide la  aprobación  del crédito, pero esa circunstancia no se había reportado existir  cuando  fueron  aprobados,  por  los  acusados  BENJAMÍN  MEDINA  y PABLO JOSÉ  RAMÍREZ,  los  préstamos por las sumas de doscientos y seiscientos millones de  pesos  en  favor  de  Fabio  Ortiz  y  la  Fiduciaria  El Cuji, respectivamente.   

-Asiste también la razón a los demandantes,  cuando  significan  que  el  Tribunal  supuso,  sin  prueba  de respaldo, que el  procesado  BENJAMÍN  MEDINA RODRÍGUEZ, contaba con una carpeta de antecedentes  en  la  cual se reportaba, para el segundo crédito, que el codeudor contaba con  cartera vencida y castigada.   

Dado que al expediente jamás se anexó este  documento   o   carpeta,   no  era  posible  asumir  su  existencia  por  el  ad  quem.   

-Es   verdad,   como   lo   afirmaron  los  casacionistas,  que  el  registro  de  la  garantía fiduciaria no podía operar  previo  o  simultáneo a la aprobación del crédito, dado que se hace necesaria  la   efectiva   contabilización   (desembolso)  del  mismo,  para  evitar  que,  eventualmente,  se  afecte  el  derecho  de  dominio de manera innecesaria si el  crédito no se desembolsa.   

Ello  precisamente  es  lo  que consagra el  numeral  3.6 del Informativo Urgente N° 17 del 26 de abril de 1996, desconocido  por  el Tribunal, en cuanto, prohíbe expresamente constituir la garantía antes  de la aprobación del crédito.   

Tampoco, agrega el concepto, correspondía a  la  función  del  Presidente  de  la  entidad  o  del Vicepresidente Comercial,  verificar  la  constitución  de  la  garantía,  dado que tal tarea es asignada  directamente  al Director de la oficina de Cúcuta       –primero verifica que las  garantías  ofrecidas  no  tengan  impedimento  y después de la aprobación, su  efectiva  constitución-,  acorde  con el numeral 1.1 del Informativo Urgente en  referencia.   

-No  es  acertado señalar, como lo hizo el  Tribunal,  que  la  fiducia  no  fue  constituida  legalmente, como quiera que a  través  dela  Escritura  Pública N° 1722 del 28 de abril de 1996, suscrita en  la  Notaría  5 de Cúcuta, ello ocurrió, sin que, para la época, se exigieran  otros  requisitos  diferentes al establecido en el artículo 1228 del Código de  Comercio  y verificado que respecto de cada bien inmueble constitutivo del dicho  fideicomiso, se registró este.   

La  exigencia  de  inscribir en el Registro  Mercantil  el  contrato de fiducia solo fue impuesta en la Ley 1116 de 2006 y el  Decreto   2785  de  2008,  que  reglamenta  la  anterior,  esto  es,  con  mucha  posterioridad a lo que aquí se examina.   

Junto  con  lo  anotado,  se  añade por la  Delegada,  no  es  cierto,  tal  cual manifiesta el Tribunal, que la ausencia de  Registro  Mercantil  afecte la eficacia de la garantía constituida a través de  escritura  pública,  pues,  de  tanto  valor  se  erigía  esta  que  permitió  adelantar  el  proceso  ejecutivo  en  el  que se libró mandamiento de pago sin  jamás cuestionarse la validez del documento soporte.   

Aclara  el  Ministerio  Público  que  el  solicitante  del  crédito  lo  fue  el  Fideicomiso CIEL Ltda., Proyecto Centro  Comercial  El  Cuji,  y  no  el  fideicomitente Ciel Ltda, asunto que al parecer  confundió   al   ad   quem   y   lo   llevó   a    exigir   el   Registro  Mercantil.   

Advierte,  así  mismo,  que el certificado  fiduciario  N°001599  del  123 de enero de 1997, emitido por FIDUBANCOOP, es el  que    consolida    la   garantía   –no,  como  lo  entiende  el  Tribunal, el contrato de fiducia-, pero  dicho  documento  no  podía  ser  conocido  previamente por los acusados MEDINA  RODRÍGUEZ  y  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ, dado que la aprobación del crédito 42740,  por  seiscientos  millones  de  pesos,  operó  antes,  el  6  de  diciembre  de  1996.   

-En  torno  de  la afirmación del Tribunal  atinente  a  que los acusados dejaron de verificar la muy poca capacidad de pago  del  cliente de los préstamos, la Procuraduría Delegada destaca que el Ad quem  se  remitió  apenas  a  la  razón  social  de  la  empresa  CIEL  –venta   de   artículos  eléctricos,  servicio  de  aparcadero  y  venta  de  misceláneos-,  pasando  por alto que el  préstamo  de seiscientos millones de pesos no se realizó a dicha empresa, sino  al  Fideicomiso  Ciel  Ltda  Proyecto Centro Comercial El Cuji, administrado por  FIDUBANCOOP,   que   recibió   varios   inmuebles   para   garantizar   con  su  administración     las     obligaciones     presentes     y     futuros     del  fideicomitente.   

Desconoció  el Tribunal, se añade, que la  entidad  administradora  de  los  bienes expidió tres certificados de garantía  fiduciaria  a favor de la Caja Agraria, por valores superiores a cada uno de los  préstamos  otorgados  a  Fabio  Andrés  Ortiz  o al fideicomiso. Todo ello, se  aclara,  contando  con  el respaldo que ofrecía un patrimonio bruto estimado en  $2.920.100.000oo.   

Ello desvirtúa que los deudores no contasen  con  capacidad  de  pago  o  que  las  garantías  entregadas fuesen ineficaces.   

-No  era impedimento para la concesión del  segundo  préstamo,  por  la  suma  de  seiscientos millones de pesos, que allí  figurase  como  codeudor Fabio Ortiz Ramírez, en tanto, este solo asumió allí  la  calidad de deudor solidario, dado que, como lo demuestran los documentos, la  obligación   fue   adquirida   por   el   Fideicomiso  CIEL  Ltda  –Proyecto Centro Comercial El Cuji-, al  punto  que  el  pagaré  elaborado  para  soportar el préstamo, fue firmado por  Margarita  María  Villa Ochoa, en calidad de representante legal de FIDUBANCOOP  y   vocera   del  patrimonio  autónomo,  y  la  garantía  representada  en  el  certificado  fiduciaria  era superior al monto del préstamo, en cumplimiento de  lo dispuesto en el numeral 3.19 del Reglamento de Crédito.   

Pero,   además,   añade  el  Ministerio  Público,  no es verdad, conforme se lee en el fallo de segundo grado, que Fabio  Andrés  Ortiz  careciera  de  solvencia económica, pues, en la declaración de  renta  presentada en el año 1996, se verifica contar con un patrimonio líquido  de $576.398.000.   

De  igual  manera, en el expediente reposa,  desconocido  por  el ad quem, oficio suscrito por el presidente de FUNDACOOP, de  fecha  1  de noviembre de 1996, en el cual verifica que para ese momento ha sido  puesto   en   preventa   el  97%  de  los  631  locales  del  centro  comercial,  recaudándose por ese concepto $102.000.000.   

Ello  demuestra  la  seriedad  del  negocio  apalancado  con  los  créditos,  ratificada  con  la  comunicación enviada por  Rodrigo  Almeida,  profesional  adscrito  a  la  Gerencia  Nacional  de  la Caja  Agraria,  en  la cual se planteó la posibilidad de abrir una línea de crédito  a    los    compradores    de    locales    comerciales,   para   financiar   la  adquisición.   

En  similar  sentido,  el  Gerente  de  la  Sucursal  Cúcuta de la Caja Agraria, Jorge Enrique Arenas, en documento omitido  por  el Tribunal, hizo constar que existían en dicha oficina, para diciembre de  1997,  90 solicitudes de crédito para la adquisición de locales en el proyecto  El Cuji, por valor aproximado de $450.000.000.   

Ignoró  el  fallador  de  segundo  grado,  también,  que  una  vez  cesados  los  pagos y fracasadas las posturas de venta  publicadas  en  diarios de circulación nacional, la gerente de Operaciones y la  Directora   de  Fiducia  de  Garantía  de  FIDUBANCOOP,  dirigieron  el  oficio  FIDU-3.3.0120,  del  27  de  febrero  de  1998,  a  la Gerente Regional Norte de  Santander  de  la  Caja  Agraria,  en  la que ofrecían a la entidad bancaria la  entrega,  como  dación  en  pago, de algunos inmuebles integrados al patrimonio  autónomo,  con  lo  que  se  demuestra  que  sí  existía  capacidad de pago y  garantía sólida.   

Entiende  la  delegada de la Procuraduría,  que  los vicios advertidos en la decisión del Tribunal resultaron trascendentes  en  el  cometido  de  condenar a BENJAMÍN MEDINA RODRÍGUEZ, razón por la cual  solicita   de  la  Corte  revocar  dicha  decisión  y  reemplazarla  por  fallo  absolutorio.   

En    un   acápite   subsecuente,   la  representación  del  Ministerio Público verifica que los cargos referidos a la  determinación  del  dolo  en  el  actuar  de  los  acusados MEDINA RODRÍGUEZ y  RAMÍREZ   HERNÁNDEZ,   guarda   estrecha   relación  con  los  analizados  en  precedencia.   

Consecuentemente,   luego  de  relacionar  nuevamente  los  documentos y normas dejados de considerar o tergiversados en su  contenido  por  el  Tribunal, señala la Delegada que efectivamente los acusados  verificaron  cubiertos  los  requisitos  exigidos  para  aprobar  los créditos,  conforme  su  particular,  específica y compartimentada intervención, reglada,  en todo el trámite.   

Pide,   entonces,  que  se  determine  la  prosperidad de este cargo.   

A renglón seguido, asume la Procuradora el  examen  del  cargo  cuarto  postulado en favor de BENJAMÍN MEDINA, a efectos de  significar  que  no  asiste  la  razón  al  demandante  cuando significa que lo  ocurrido    debe    atribuirse    al    procesado    a   título   de   peculado  culposo.   

Ello,  en  sentir de la representación del  órgano  de  control, porque el acusado actuó conforme a derecho, en respeto de  las  normas  que  regulan  la aprobación del crédito, en comportamiento que no  puede significarse omisivo o negligente.   

Entiende necesario precisar, además, que en  sí  misma  la  actividad  crediticia  debe  asumirse  riesgosa,  sin  que pueda  atribuirse  responsabilidad penal por el solo incumplimiento de la obligación a  cargo   del   beneficiario  del  crédito.  Máxime  que  cada  uno  de  quienes  intervienen  en  el  trámite  del préstamo lo hace amparado en el principio de  confianza,  por  cuya  virtud,  si  actúan conforme a la ley y los reglamentos,  deben esperar que los demás lo hagan de la misma forma.   

Solicita  la  Procuradora,  acorde  con  lo  anotado,  que  se  case  parcialmente  la sentencia a efectos de dictar fallo de  reemplazo  en  el  cual  se absuelva a BENJAMÍN DEL SOCORRO MEDINA RODRÍGUEZ y  PABLO  JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ,  del  cargo  de  peculado por el cual fueron  acusados.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

       Desde  ya la Corte anuncia que los cargos presentados por la defensa  de  los  acusados  RAMIREZ HERNÁNDEZ y MEDINA RODRÍGUEZ, conforme la admisión  que  se hizo de las demandas, tienen vocación de prosperar, pues, efectivamente  se  demuestran  los  errores  en  que incurrió el Tribunal y ello se representa  trascendente,  como  lo  significa  en  su  concepto la Procuradora, al punto de  obligar revocar la condena.   

     Dado que los cargos  planteados  por  el  defensor de BENJAMÍN MEDINA, coinciden con la postulación  general  que en el único cargo hizo el defensor de RAMÍREZ HERNÁNDEZ, la Sala  tomara  como  base  de  evaluación los primeros y, en lo necesario, acudirá al  segundo.   

      Ahora,  como  el  demandante  inserta  en  un  mismo  cargo asuntos distintos, o mejor, diferentes  errores,   la   Sala,   para   mayor   comprensión  metodológica,  tomará  en  consideración cada tema objeto de controversia.   

a)  El  Tribunal desconoció los requisitos  contemplados  en  el  Informativo  Urgente N° 17, así como la diferencia entre  cartera  castigada  y  cartera  vencida,  en  omisión  de  lo  que  al respecto  especificó  la directora jurídica de DATACRÉDITO en oficio del 11 de enero de  2012   

      Aunque el Ad quem  se  refiere  expresamente,  en  su decisión, a la cartera vencida, entiende que  esta  constituía  impedimento,  no  solo  para  desembolsar  el  crédito, sino  respecto de su aprobación.   

      Es   por   ello  que  sostiene:   

      “A  pesar  de saber que el beneficiario de los créditos tenía  una  cartera  vencida,  los aprobaron y desembolsaron, siendo conscientes que de  ese  modo  incrementaban indebidamente el riesgo que esto le generaría al banco  de    que    el    valor    del    crédito    no   retornara,   como   ocurrió  efectivamente.   

(…)  

      Es cierto que la  contabilización  de  los  dos  créditos la hacía el Gerente de la Sucursal de  Cúcuta,  ALBERTO  SILVA,  pero  también  lo  es  que  ésta  era  una gestión  posterior  a  la aprobación del crédito, debiendo el vicepresidente comercial,  al    verificar    que    el    cliente   no   cumplía   los   requisitos,   no  aprobarlo”.   

      

    Con lo anotado, conforme  lo  advierten  los  demandantes  y  el  Ministerio Público, el Tribunal no solo  desconoció  la  diferencia  entre  cartera vencida y castigada, sino las normas  que  al  interior  del  Banco  Agrario  regulaban el trámite del crédito y, en  especial,   la   intervención   compartimentada   de   varios  funcionarios  en  ello.   

      No  es cierto, al  efecto,  que  la existencia de cartera vencida obligara, cual supone el ad quem,  a  improbar  la solicitud de crédito, ora por recomendación del Vicepresidente  Comercial, ya por decisión a cargo del Presidente dela entidad.   

      Las  normas  que  regulaban  la  actividad financiera en el Banco Agrario permitían, sin ambages,  que  al  cliente  con  cartera  vencida  le fuese aprobado el crédito, solo que  debía ponerse a paz y salvo antes del desembolso del mismo.   

      Eso  sí,  en los  casos de cartera castigada se obligaba la improbación.   

         En    la  certificación  enviada  por  la Dirección jurídica de Datacrédito al juzgado  instructor1, esto se anotó:   

      “Por su parte,  es  de  aclarar,  que  una  mora  de 30 días no es equivalente a una “cartera  castigada”.  Estos  conceptos  corresponden  a  la  manera  como  las  Fuentes  (entidades  con  las  cuales  los  ciudadanos establecen relaciones de crédito)  clasifican  la  antigüedad  de  su  cartera;  usualmente  lo  hacen  por meses,  iniciando  en  30  días,  luego  60 días, 90 días, 120 días y posteriormente  “cartera  castigada”  cuando  al  entidad que ha otorgado el crédito decide  que  la deuda es irrecuperable y así lo reconoce en los términos y condiciones  establecidos  por  el Código de Comercio para el castigo de cartera”.   

      A  su  turno,  el  Informativo      Urgente     017     de     19962,  que contiene el “REGLAMENTO    DE    ATRIBUCIONES   FUNCION   CREDITO”,  detalla los niveles de intervención de los funcionarios en el  trámite  del  crédito,  con  fines de descentralización, como se indica en el  proemio.   

      A este efecto, el  numeral 1,1, consagra:   

         “1.1.  DESCENTRALIZACIÓN.   

      Como  principio  fundamental  para  el  adecuado funcionamiento de la CAJA, todos los niveles que  desarrollen   actividades   de   colocación   de  crédito  deben  hacerlo  con  responsabilidad  y  contando previamente con las atribuciones para el desarrollo  de la función”.    

       En   aras   de  efectivizar  el  cometido descentralizador, no solo se faculta la posibilidad de  delegación,  sino  que  en el numeral 1.3, son fijados niveles de intervención  de  los  distintos  funcionarios,  nacionales,  regionales  o  locales,  para la  aprobación del préstamo, conforme su cuantía.   

      Pero, además, se  advierte:      “1.5.     EXCESOS     EN     LAS  ATRIBUCIONES. Excederse en las atribuciones asignadas  o  delegadas,  constituye causal de mala conducta; los funcionarios responsables  de  ésta  conducta  se  harán  acreedores  a  las  sanciones  administrativas,  judiciales   y   pecuniarias  a  que  haya  lugar  por  estos  actos”.   

      El  numeral  2,  detalla     los     organismos     y     funcionarios     con    “atribuciones   para   el   otorgamiento   de   crédito”, relacionándolos en orden descendente, así:   

  -Junta directiva  

      -Comité    Nacional    de  Crédito   

  -Presidente  

  -Vicepresidente Comercial  

    -Vicepresidente  de  crédito  y  cartera   

  -Gerentes Regionales  

  -Gerentes Zonales  

  -Directores de oficina  

      Ello,  se  acota,  conforme  el  anexo 1, en el que se determinan los montos a partir de los cuales  se  faculta  la  intervención  de  cada  funcionario  o cuerpo colegiado, en el  trámite de aprobación del crédito.   

     Ahora, en los casos  en  que  la  aprobación del crédito supera los montos que radican la actividad  en  el  Director  de  Oficina,  de  todas  maneras  este  adelanta  la  tarea de  verificación  de  la  solicitud  y  sus  anexos,  y  solo envía a la instancia  superior cuando los advierte cumplidos.   

      Así expresamente  lo  contempla  el  numeral  2.7,  cuando,  entre  otras  funciones atribuidas al  Director   de   Oficina,   estatuye:   “Evaluar  y  recomendar,  incluyendo  las  garantías  que las respalden, las solicitudes que  sean     de     competencia    de    las    instancias    superiores”.   

       Precisamente,  respecto  de las garantías, el numeral 3.5, define cómo se realiza el trámite  y  atribuye  al  Director  de  Oficina  la  tarea  de designar un ente o persona  encargado de efectuar el avalúo de la garantía.   

      El  numeral 6 del  Informativo  en  cita,  define  el  trámite  de  las  solicitudes  de crédito.  Respecto de la intervención del Director de Oficina, refiere:   

     “a) El Director  de  la  Oficina  recibe  la  solicitud  del cliente, verifica que los documentos  necesarios  estén  completos  y  evalúa  la  operación;  si no es aprobada le  informa  al  cliente  y  devuelve la documentación. Si se considera viable y el  monto  solicitado  está  dentro  de  sus  atribuciones,  aprueba la operación.   

     (…)  

   

      b)  Cuando  la  solicitud  excede  las  atribuciones del Director éste realiza la evaluación y  con  su  concepto  sustentado  y  recomendación,  la remite a la Gerencia zonal  correspondiente,    acompañada    de    los    documentos    necesarios    para  análisis.”   

     Muy especialmente,  para  lo que se debate aquí, es necesario destacar el contenido del acápite de  normas  generales  atinente a cartera vencida, cartera castigada y verificación  de garantías:   

       “f)  No  se  aprobarán  créditos,  si  el  cliente  presenta cartera castigada o si hubiere  pagado  sus  obligaciones  por  la  vía  de  la  dación  en  pago  o remate de  bienes.   

       g)   No   se  contabilizarán  créditos,  si  el  cliente  presenta cartera vencida directa o  indirectamente.   

       h)   No   se  desembolsarán   créditos,   sin   el   perfeccionamiento  y  registro  de  las  garantías”.   

      Importa destacar,  aquí,  que  la  tarea  de  contabilizar  o  desembolsar  es  diferente de la de  aprobación  del  crédito  y  corresponde  exclusivamente  al  director  de  la  oficina,  como  así  lo  determina  el  manual  en  examen,  corroborado con lo  explicado al respecto por los acusados en sus indagatorias.   

      Desde luego, cabe  relevar,  si en dos acápites distintos se señalan efectos diversos respecto de  los  momentos en que se presentan los fenómenos, para la cartera castigada y la  vencida,   es   precisamente   porque   entre   ellas   media   una   diferencia  sustancial.   

      Entonces, resulta  claro  que  si  el  cliente  registra  cartera  castigada  (más de 120 días de  vencimiento  del  plazo  e  imposibilidad  de  recaudo), no es posible que pueda  acceder  a  la  aprobación  del  préstamo, conforme expresamente lo detalla el  literal f) del numeral 7 del Informativo Urgente.   

      En contrario, sí  es  factible  que  el  cliente  con  cartera  vencida obtenga la aprobación del  crédito,  solo  que  debe  haber  cubierto  la  deuda  para  el  momento  de la  contabilización   o   desembolso   del  mismo,  asunto  que  compete  verificar  exclusivamente  al  Director  de Oficina, pues, si no sucede así, no se permite  dicha  contabilización,  a  voces  del  literal g) del numeral 7 de la norma en  comento.   

     De igual manera, el  perfeccionamiento  y  registro de las garantías compete verificarlo únicamente  al  Director  de  Oficina,  como lo indica el literal h) arriba reseñado, pues,  ello  se  ofrece  necesario,  no  para  la  aprobación,  sino en el cometido de  obtener el desembolso del crédito.   

     Así se reitera en  el  numeral  4  del  Informativo  examinado,  en tanto, dispone que “El  Director  de la oficina ordenará efectuar el desembolso del  crédito   aprobado,   siempre   que  se  hayan  constituido  adecuadamente  las  garantías  y  se  efectúe  el  registro de éstas en la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  y  Privados,  Cámara  de  Comercio,  o  Secretaría de  Tránsito      y      Transporte      de      la      jurisdicción.”   

     No es posible, por  ello,  que  en  el trámite de aprobación del crédito, o mejor, como requisito  para  esta,  se  exija  la  previa  constitución  y  registro  de la garantía.  Incluso,  de manera perentoria se prohíbe que así suceda en el numeral 3.6, de  esta manera redactado:   

      “CONSTITUCIÓN  DE LA GARANTÍA.   

     El Director de la  oficina  ordenará  constituir la garantía cuando la solicitud sea aprobada por  quien  tenga  la  atribución  del  caso.  Por tanto, queda prohibido constituir  garantías     antes     de     obtener     la    aprobación    del    crédito  respectivo”.   

      Ha sido necesario  transcribir  los  amplios  apartes  del  Informativo Urgente 017, no solo porque  allí  se condensan las facultades y deberes de los acusados adscritos a la Caja  Agraria,  detallándose sus funciones y el trámite que debe seguir la solicitud  de  crédito, sino en atención a que fue precisamente en atención a ignorar su  contenido  o  tergiversarlo, en ostensibles errores de hecho por falso juicio de  identidad  por  cercenamiento  y  tergiversación,  que  el Tribunal llegó a la  definición  de  responsabilidad  penal  en  contra  de BENJAMÍN MEDINA y PABLO  JOSÉ RAMÍREZ.   

      En  este sentido,  para  comenzar  con  los errores evidentes consignados en el fallo atacado, cabe  destacar  la  manera  en  que  se  afirma,  pasando por alto la diferencia entre  cartera  vencida  y castigada, así como los literales f) y g) del numeral 7 del  Informativo,  que  todos  los  funcionarios, esto es, el Director de Oficina, el  Vicepresidente  Comercial  y  el Presidente “A pesar  de  saber  que  el beneficiario de los créditos tenía una cartera vencida, los  aprobaron  y  desembolsaron,  siendo  conscientes que de este modo incrementaban  indebidamente   el   riesgo   que   esto   le  generaría  al  banco…”   

      Como  aprobar  y  desembolsar  no  corresponden  a la misma actividad ni, en este caso, se reputan  actividades  a  cargo  del  mismo  funcionario;  y, así mismo, la condición de  cartera  vencida  solo  se  reputa  impeditiva  del  desembolso,  por las mismas  razones  que  aduce el Ad quem, inconcuso se advierte el error en que incurre el  Tribunal   al   asimilarlas  como  una  sola  acción,  o  determinar  que  cabe  responsabilidad a todos los involucrados, por ellas.   

      Ello  obedece  a  pasar   por   alto  el  contenido  expreso  de  las  normas  consignadas  en  el  Informativo,  a  partir  de  las  cuales  se determina que los acusados MEDINA Y  RAMÍREZ,   de  ninguna  manera  pueden  ser  responsables  de  que  se  hubiese  desembolsado     el     crédito    –si  ello  efectivamente sucedió- hallándose con cartera vencida el  cliente,  en  tanto, se reitera, lo obligado examinar por ellos, a efectos de la  aprobación,  es  que  el  solicitante  no tuviese cartera castigada, asunto que  jamás  ha  insinuado  el  fallador,  a  no  ser porque en algunas líneas de la  sentencia  impugnada  advierte,  sin sentido claro respecto a la incriminación,  que  después  de desembolsado el último crédito, el cliente registró cartera  castigada,  evento  ex post que, por obvias razones, ninguna incidencia tiene en  lo examinado.   

      No  se  entiende,  acorde  con  lo  dicho,  por  qué  el  ad  quem,  a  pesar  de  aceptar  que la  contabilización  del  crédito  corresponde  a  las  funciones  del Director de  Oficina,  a  renglón  seguido añade: “que esta era  una   gestión   posterior   a   la   aprobación   del  crédito,  debiendo  el  vicepresidente   comercial,   al  verificar  que  el  cliente  no  cumplía  los  requisitos, no aprobarlo”.   

      Huelga anotar que  el  Tribunal  yerra,  desconociendo  lo  contemplado  en el Informativo Urgente,  cuando  señala  que el cliente no cubría los requisitos legales por contar con  cartera vencida para el momento de la aprobación del crédito.   

     Y, si es claro que  el  trámite de la solicitud permitía al cliente pagar la cartera vencida antes  de  que  se contabilizara el crédito, mal podía el funcionario encargado de la  aprobación  negarla  sin  conocer  si  el  hecho  condicional   futuro  se  materializaría o no.   

     En similar sentido,  refiriéndose  a  la  responsabilidad  de  BENJAMÍN  MEDINA  por el crédito de  seiscientos millones aprobado, el Ad quem sostuvo:   

        “En   la  aprobación  del  crédito 42.740 por $ 600.000.000, a través del reporte de la  CIFIN  el  presidente  BENJAMÍN  MEDINA  conocía  la  falta  de requisitos del  codeudor  y  así  aprobó el crédito, incumpliendo el informativo urgente 017,  que   prohibía  contabilizar  créditos  a  clientes  que  presentaran  cartera  vencida”.   

     Ostensible se alza  que  el  Ad  quem  realizó  una  lectura sesgada del Informativo Urgente 017, o  cuando  menos que tergiversó su contenido -cubriendo objetivo el error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad-,  pues,  precisamente  esta  normatividad  le  permitía  advertir  que la contabilización del crédito operaba posterior a la  aprobación,  por  funcionario  diferente; y que, además, la exigencia de paz y  salvo   por   cartera   vencida   era   menester   cubrirla   para   obtener  la  contabilización, pero no previo a la aprobación.   

      El  yerro  del Ad  quem  se  manifestó  trascendente para la decisión, en tanto, por virtud de su  lectura  parcial o tergiversada de las normas regulatorias el crédito, vinculó  con  similares deberes y facultades a todos los funcionarios adscritos a la Caja  Agraria,  derivando  de  esa  confusión  la responsabilidad general por todo lo  tramitado.   

b)   El   Ad   quem  desconoció  pruebas  pertinentes  que  demuestran  suficiente la garantía del cliente, para soportar  ambos préstamos   

       El fallador  colegiado   estimó   que  los  acusados  BENJAMÍN  MEDINA  y  PABLO  RAMÍREZ,  incumplieron  su  obligación de verificación de requisitos para aprobación de  los  créditos,  pues, en lo que toca con el segundo por seiscientos millones de  pesos,  no tuvieron en cuenta que ya se había hecho un préstamo por la suma de  doscientos  millones  de  pesos  al cliente y que en ambos casos se presentó la  misma garantía.   

      Para  el  efecto,  estableció que:   

       -Fabio   Ortiz  (cliente)  no  contaba  con suficientes ingresos para merecer el crédito, pues,  uno  de  los  certificados  de  ingresos lo significaba percibiendo mensualmente  seis millones de pesos, y el otro, un millón doscientos mil pesos.   

      Considera,  así,  respecto  del  primer crédito “…si no se cobraran  intereses,  para el retorno del crédito era necesario que el cliente acreditara  ingresos  mensuales  superiores  a  $32.000.000,  para  que  pudiera destinar al  servicio    del    crédito   solo   por   concepto   de   capital   $16.666.666  mensuales.”   

     Además, advirtió  que  los  acusados no tuvieron en cuenta que el objeto de la Sociedad CIEL Ltda,  beneficiaria  del  segundo  crédito,  por  seiscientos  millones  de  pesos, se  limitaba  a compra y venta de artículos eléctricos, aparcadero, arrendamientos  y     venta    al    detal    de    electrodomésticos,    ropa,    zapatos    y  misceláneas.   

       Dado   que  el  beneficiario  del  crédito,  razona  el  Tribunal,  no  tenía  experiencia  en  construcción  de  centros  comerciales,  debía  verificarse  que  “disponía  de  un apoyo confiable para desarrollar correctamente  tal   actividad”,  como  lo  exigía  el  Manual  de  Crédito.   

     El fallador ad quem  desconoció,   para   realizar   estas  afirmaciones,  pruebas  testimoniales  y  documentales  que verifican suficiente la garantía ofrecida en ambos créditos,  así se tratase de la misma fiducia.   

     Al respecto, en la  diligencia  de  indagatoria  sostuvo  PABLO JOSÉ RAMÍREZ HERNÁNDEZ, que ambos  créditos  se  otorgaron  con  un  fin  específico, la construcción del centro  comercial  El  Cuji, pero que el primero fue expedido a favor, directamente, del  propietario  del  lote,  al tanto que el segundo operó respecto del fideicomiso  Fidubancoop-Ciel      –no  directamente a favor de la empresa  Ciel,  como  lo  señala  el  Tribunal  para dudar de su experiencia o capacidad  económica-.   

       Añadió   el  procesado,  que precisamente por tratarse de un patrimonio autónomo el ligado a  la  fiducia  –el lote y los  locales-,  se  cubrían  con  creces las obligaciones referenciadas en todos los  créditos,  si  se  tiene en cuenta que el valor inicial del mismo se avaluó en  la  suma  de  $2.920.000.000,  de  los  cuales  podía  emitir  certificados  de  garantía la fiduciaria, hasta por el 70%.   

      Explicó,  así  mismo,  que  la  fiducia se justifica en la medida que los bienes adscritos a la  misma,  en tratándose de inmuebles, no se encuentran atados individualmente, en  garantía,  a  determinado  crédito,  sino  que en atención al valor total del  patrimonio,  se  expiden  certificados  fiduciarios  hasta un monto que no cubra  totalmente   esta   suma   (en   el  caso  examinado,  setecientos  millones  de  pesos).   

      Las  afirmaciones  del  acusado  fueron  corroboradas  no  solo  con  el  contenido  mismo  de  los  documentos  fiduciarios,  en  los  cuales se especifica su naturaleza y el monto  del  patrimonio  autónomo,  sino  por los testimonios de Margarita María Villa  Ochoa  y  Sigifredo  Ardila Peña, que obvió examinar el ad quem por considerar  que nada aportaban al objeto de investigación.   

     Empero la omisión  del  fallador  -claramente  constitutiva  de  un  falso juicio de existencia- se  ofrece  trascendente  precisamente  porque  los declarantes en cita verifican la  efectiva  garantía  representada  por el patrimonio autónomo que constituye la  fiducia,  desnaturalizando  las  afirmaciones  que  en  contrario,  sin  mayores  elementos de juicio, realiza el juez colegiado.   

      En  este sentido,  ambos  declarantes  ratifican  que el patrimonio autónomo se erige en dueño de  los  bienes  que lo constituyen y es administrado por la entidad fiduciaria, que  expide   certificados   fiduciarios  para  garantizar  los  préstamos,  siempre  contando  con el respaldo de esos bienes, al punto que, incluso, el beneficiario  puede  solicitar  la  venta  de  los  bienes  para  hacer  valer su derecho, sin  necesidad de adelantar un proceso ejecutivo.   

      Por lo demás, en  lo  que  corresponde a la capacidad económica personal del tomador del crédito  inicial  por  el valor de doscientos millones de pesos, el Tribunal se limitó a  referenciar   dos   certificados  de  ingresos,  advirtiendo  que  lo  percibido  mensualmente no era suficiente para cubrir esa acreencia.   

        Con   ello,  desconoció  el  Ad  quem, en primer lugar, lo expresado por los acusados en sus  indagatorias,  atinente  a  que  el  préstamo  iba dirigido a construir locales  comerciales  en  el  lote de propiedad del solicitante del crédito –que  a  la  vez servía de respaldo al  préstamo-,  de lo cual se sigue que la evaluación no podía efectuarse de cara  a  los  ingresos  mensuales ordinarios del tomador, sino en consideración a los  locales  que  paulatinamente  se  iban  vendiendo  y permitían ingresar dineros  destinados al pago.   

      Ello, además, se  evidencia  adecuado,  si  en  cuenta se tiene que el pago no se haría mensual o  periódico,  sino  a  la finalización del periodo pactado, que contaba con seis  meses de gracia.   

     Así se registra en  el     pagaré     firmado    por    el    deudor3,   pasado   por  alto  en  la  evaluación  del  Tribunal,  donde  claramente  se  determina  que  el pago debe  hacerse en una sola cuota, el 23 de julio de 1997.   

     Omitió el Ad quem,  de  igual  manera,  considerar  el  Informe  360078, del 5 de septiembre de  20074,  rendido  por  el  investigador criminalístico VII, en el cual se  señala que:   

        “….el  prementado  Sr.  Ortiz  Ramírez  contaba  con  Patrimonio  Líquido (Patrimonio  Bruto-  Pasivos  o  Deudas)  de  aproximadamente  $576.398.000,  es decir que el  prementado  Sr.  Ortiz  Ramírez  contaba  con  un  Patrimonio  contable  que le  permitiría  adquirir  deudas  u  obligaciones  hasta por un monto aproximado de  $576.398.000,oo  con  corte  a Diciembre 31 de 1995”.   

     Así las cosas, con  la  prueba  dejada  de  lado  por  el Tribunal se demuestra, de un lado, que las  garantías  presentadas emergen efectivas, y del otro, que el cliente, en cuanto  persona  natural,  sí  contaba  con patrimonio suficiente para responder por la  deuda de doscientos millones de pesos adquirida.   

      De forma similar,  asiste  la razón a los demandantes cuando advierten el equívoco en que incurre  el  Ad  quem al definir como destinatario del préstamo por seiscientos millones  de  pesos a la empresa CIEL Ltda, con lo cual despeja impropio haber aprobado el  préstamo   a  quien  no  tiene  experiencia  en  la  construcción  de  centros  comerciales.   

     Es claro que no fue  así,  pues,  ampliamente  la documentación aportada, incluidos los contratos y  pagarés  que  los  respaldan,  desconocidos  por el fallador, demuestran que el  crédito  no se otorgó a la empresa comercial. Tanto, que el pagaré respectivo  fue  firmado por Margarita María Villa Ochoa, en calidad de representante legal  de  Fidubancoop  y  vocera  del  Patrimonio  Autónomo  denominado  Fidubancoop,  proyecto     centro     comercial     El     Cuji5.   

      Desde  luego, que  obtenido  el  préstamo  precisamente  por  la  fiducia creada para adelantar el  proyecto  de  construcción,  se  desvirtúa  la  razón  que  funda la crítica  realizada  por  el  Tribunal  al  actuar  de quienes recomendaron o aprobaron el  crédito por seiscientos millones de pesos.   

c)  El  Tribunal erró al considerar que la  garantía  no  era  eficaz,  por  no  haber  sido  inscrita  en  la  Cámara  de  Comercio   

                                                   

      El  fallador  de  segundo   grado,   buscando  ratificar  lo  expuesto  por  el  A  quo,  afirmó:  “Es   razonable   el   argumento  del  juzgado  al  considerar  que  hubo  una  disposición  irregular  de  recursos  públicos  al  desembolsarse    el    crédito    sin    la    debida   constitución   de   la  garantía”.   

      El  error  en  lo  afirmado  estriba,  no  en  sostener  que el desembolso efectivamente reclama de  previa  constitución  de  la  garantía,  sino  en  extender  la obligación de  examinar  dicha  constitución  a  los  funcionarios, Vicepresidente Comercial y  Presidente    de    la    entidad,    cuando   recomendaron   o   aprobaron   el  crédito.   

     Sucede, como desde  un  comienzo se ha hecho ver, que en la Caja Agraria el trámite de la solicitud  de  crédito  reclama  de  varias etapas debidamente diferenciadas y a cargo, en  algunos casos, dependiendo del monto, de distintos funcionarios.   

     De esta manera, si  el  Tribunal  hubiese  leído  en  su  totalidad y adecuadamente, el Informativo  Urgente  017,  habría  advertido  que  la  constitución  de la garantía opera  posterior,  necesariamente, a la aprobación del crédito y debe ser verificada,  no  por  los  funcionarios  que  efectuaron  este  paso, sino por el Director de  Oficina.   

    Expresa y claramente, sin  posibilidad  de  yerro  en  su interpretación, el numeral 3.6. del Informativo,  regula:

    “CONSTITUCIÓN DE LA GARANTÍA   

     El  Director  de  la  oficina  ordenará  constituir la garantía cuando la solicitud sea aprobada por  quien  tenga  la  atribución  del  caso.  Por tanto, queda prohibido constituir  garantías  antes  de obtener la aprobación del crédito respectivo”.   

       Expresa   la  prohibición  de que la garantía pueda constituirse antes de la aprobación del  crédito,  no  existe  posibilidad de extender la obligación del Vicepresidente  Comercial  y  el  Presidente  de  la  Caja  Agraria,  a  esta tarea, que ha sido  radicada  en cabeza del Director de Oficina y opera posterior a la intervención  de aquellos.   

      Se  discutió, en  torno  de  la  garantía, si efectivamente debía o no registrarse la fiducia en  la Cámara de Comercio.   

      Al  efecto, el Ad  quem  efectuó  una lectura amplia de las normas, para significar que se trataba  de  un  requisito  obligatorio,  al  tanto  que  los demandantes y el Ministerio  Público  en  su concepto, verifican que la exigencia solo operó a partir de la  expedición del Decreto 2785 de 2008.   

     El examen del tema  permite   advertir   cómo   el   fallador   de   segundo   grado  realizó  una  interpretación  bastante  libre  de  las  normas  que  regulan  el  tema, pues,  admitiendo  que,  en efecto, el Decreto 2785 de 2008, reglamentó obligatorio el  registro  de  la  fiducia  en  la  Cámara  de  Comercio,  entiende que ello era  exigible  desde  el  mismo  Código  del  Comercio,  dado  que el artículo 1228  delimita  la  naturaleza  de  la  Fiducia  y  la  significa  con  traslado de la  administración  de  los  bienes,  de  lo  cual  deduce  que  debe  aplicarse el  contenido   del   artículo   28-5  ibídem,  en  cuanto,  especifica  que  debe  inscribirse    en    el    registro   mercantil,   entre   otros,   “todo  acto  en  virtud del cual se confiera, modifique o revoque  la    administración   parcial   o   general   de   bienes   o   negocios   del  comerciante”.   

      Empero,  pasa por  alto  el  ad  quem,  que respecto de la forma de constituir la fiducia, la parte  especial  del  Código de Comercio, cuando regula específicamente el instituto,  determina su forma legal, diferente de la norma general.   

      En  efecto,  el  artículo 1228 de esa normatividad, reseña:   

      “CONSTITUCIÓN  DE  LA  FIDUCIA.  La  fiducia constituida entre vivos  deberá  constar  en  escritura  pública registrada según la naturaleza de los  bienes.     La     constituida     Mortis     causa,     deberá    serlo    por  testamento.”   

            

      De  esta  manera,  evidente  surge  que  la  validez  de  la fiducia no dependía de su registro en  Cámara  de Comercio, sino de que se elevara a escritura pública, momento en el  cual se entendía constituida la misma.   

     Y, si se dijera que  de  todas  formas debía inscribirse en Cámara de Comercio, es lo cierto que no  se  trataba  de  un  requisito  necesario  para  la  constitución,  como se ve,  independientemente  de  sus  efectos de publicidad, que en la generalidad de los  casos   no   afectan   el   contrato   mismo,   sino   su   inoponibilidad  ante  terceros.   

      Para  efectos  de  publicidad  es  que  se entiende lógica la expedición del Decreto 2785 de 2008  (que  reglamentó  el  artículo  123 de la Ley 1116 de 2006, redactado en forma  similar),  pues, el título se rotula “Publicidad de  los  contratos  de  fiducia  mercantil  con  fines  de  garantía que constan en  documento privado”.   

     

        La  naturaleza  y  efectos específicos del Decreto ( y de la norma  reglamentada,  contenida  en  el artículo 123 de La Ley 1116, en cita), permite  advertir  que,  precisamente, se expidió porque antes del mismo, esto es, en el  contenido  del  Código  del  Comercio,  no  se halló expresa la obligación de  inscribir en la Cámara de Comercio la fiducia.   

    

     Y, cabe relevar, en  el  mismo  decreto  se  hace  ver  que la inexistencia de registro en Cámara de  Comercio  no  afecta  la  validez o inhabilita la constitución de las fiducias,  sino     que     “serán     inoponibles    ante  terceros”,  como  lo  contempla  el  parágrafo del  artículo primero.   

     Muestra evidente de  que  la  fiducia  sí  cubrió  su  constitución  legal  y  tuvo plenos efectos  respecto  de  la  garantía  de  los créditos, es que nunca se controvirtió la  validez  de  la  misma  e incluso, como lo hizo ver el Ministerio Público en su  concepto,  sirvió  para adelantar el correspondiente proceso ejecutivo de cobro  de los saldos insolutos.   

           

      De  lo  anotado es  fácil  colegir  que  por  la  vía  de  examinar  de manera parcial las pruebas  obrantes  en  el  expediente  o  de  interpretar inadecuadamente el contenido de  normas   expresas   –en  errores  que  representan,  por  sí  mismos,  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento  y  violación directa de la ley por tergiversación-, el Tribunal  concluyó,  de  manera  equivocada,  en primer lugar, que la constitución de la  fiducia  operaba  previo  a  la aprobación del crédito y debía ser verificada  por  el Vicepresidente Comercial y el Presidente de la entidad crediticia; y, en  segundo  término,  que  para  la  época  de  los hechos la dicha constitución  obligaba,  como  requisito  de  validez, de la inscripción en el registro de la  Cámara de Comercio.     

     

d) Se equivoca el Tribunal cuando entiende  doloso,  por  parte  de  BENJAMÍN  DEL  SOCORRO  MEDINA  RODRÍGUEZ, aprobar el  préstamo  por seiscientos millones de pesos sin contar con que al mismo cliente  se  le  habían  prestado  doscientos  millones  de pesos, todavía sin cancelar  cuando       se      hizo      el      segundo      desembolso        

     En la sentencia de  segundo  grado  se  lee  que  el  comportamiento  contrario  a derecho de MEDINA  RODRÍGUEZ,  se  debe  a  que “Se aprobó un segundo  crédito  por  $  600.000.000  sin  que  el  cliente  hubiera  pagado  el primer  crédito(…)   

     Al ser FABIO ORTIZ  deudor   de   un  crédito  por  $200.000.000  con  el  mismo  banco,  ese  dato  necesariamente  afectaba  su  capacidad  de pago y de endeudamiento, lo cual era  relevante para aceptarlo como codeudor del segundo crédito (…)   

     Es jurídicamente  relevante  que  el  desembolso del segundo crédito se hizo un día antes de que  se  venciera  el  primero,  esto  es,  el  22 de enero de 1997. De modo que esta  información  no  podía  ser  desconocida por el presidente de la Caja Agraria,  porque  era  un  registro  dentro  del propio banco.”   

      Cuentan  con  la  razón  los  demandantes y el Ministerio Público, cuando objetan la conclusión  del  Ad  quem,  pues, con ella desconoció de tajo, como ya se anotó en líneas  anteriores,  que  se  trata de préstamos independientes, realizados respecto de  una  persona  natural,  el  primero,  y  en  favor de una fiducia con patrimonio  autónomo, el segundo.   

     Ya se demostró con  documentos  desconocidos por el Tribunal, así mismo, que pese a tratarse de dos  créditos  con  igual  garantía -la fiducia soportada en patrimonio autónomo-,  esta era más que suficiente para respaldarlos ambos.   

     De igual forma, no  se  entiende  cómo  el fallador de segundo grado afirma que el Presidente de la  entidad  debía  saber,  al momento de aprobar el segundo préstamo, que este se  desembolsaría  un día antes de que se venciera el plazo del primero, cuando es  claro,  porque  el  Informativo Urgente así lo establece en la norma pasada por  alto,  que  la  contabilización  y  el  desembolso  del crédito no solo operan  posteriores,  sino  a  cargo  del Director de Oficina, quien solo puede efectuar  esta  tarea  una  vez  verificados  otros  requisitos,  por  manera  que para el  presidente  operan ajenas y aleatorias, tanto la posibilidad de desembolso, como  la fecha en que ocurrirá.   

      Y  si,  como  se  insinúa  en el fallo atacado, era aconsejable esperar el vencimiento del primer  crédito  para  comprobar  la  seriedad  en  el  pago,  ello es tarea propia del  Director  de Oficina y no del Presidente de la entidad, conforme la división de  funciones establecida en el Informativo.   

     La afirmación del  Ad  quem, además de pasar por alto las normas expresas del Informativo Urgente,  omitió  considerar  lo  expresado  en  la  indagatoria por PABLO JOSÉ RAMÍREZ  HERNÁNDEZ6, quien a pregunta expresa sobre el tema, sostuvo.   

      “Debo  aclarar  que  en  la  CAJA  AGRARIA  estaban  (sic)  claramente normado el aspecto de los  desembolsos  de   los  créditos  en cuanto a que los mismos eran de única  responsabilidad  de  los  gerentes  o  directores  de todas las sucursales. Esta  norma  se  debía a que el deudor debía acercarse físicamente a cada uno (sic)  de   las   852   oficinas   que   existían   en  el  país  para  identificarse  plenamente   y  suscribir  con  su  puño  y  letra  el  pagaré estampando  adicionalmente  su  huella  y  por  su parte el director debía autorizar con su  firma  la contabilización del pagaré (…) Le aclaro que otra cosa es la fecha  de  la  aprobación de esa operación la cual tuvo que ser antes del 22 de enero  de  1997  y  ya  que usted toca ese punto, como concepto muy personal se me hace  que  si  el  doctor ALBERTO SILVA COLMENARES manejaba en su sucursal el crédito  de  $200 millones de FABIO ORTIZ,  que se vencía el 23 de enero de 1997, y  empezaría  a manejar el nuevo crédito por $600 millones de pesos, bien hubiera  podido  esperar  un  día  más  para  conocer  el  comportamiento  del pago del  crédito  de  los $200 millones. Revisando el fólder encuentro que el préstamo  por  $600  millones  por  usted  comentado, fue aprobado por el doctor BENJAMÍN  MEDINA   RODRÍGUEZ,   Presidente   de   la  entidad  y  por  el  suscrito  como  vicepresidente   el   día   6   de  diciembre  de  1996,  47  días  antes  del  desembolso…”.   

       Lo  dicho  por el acusado no fue tomado en cuenta por el Tribunal, a  pesar  de explicar con suficiencia la ausencia total de intervención suya y del  Presidente de la Caja Agraria, en el desembolso del crédito.   

      No  puede pasarse  por  alto,  además, que claramente los acusados en sus intervenciones injuradas  detallaron  la  participación  que  cada  uno  tuvo  en  el  trámite  de ambos  créditos;  y  que,  en  particular,  los  documentos  obrantes  en la foliatura  demuestran,  sin  ninguna controversia, que BENJAMÍN MEDINA RODRÍGUEZ, no tuvo  ninguna  intervención,  principal  o  accesoria,  en  la aprobación del primer  crédito  por  la  suma de doscientos millones de pesos   –dado   su  monto  la  aprobación  le  competía al Vicepresidente Comercial-.   

      Entonces,  apenas  obedece  a  mera  especulación  del Tribunal, o mejor, a asumir engastada en el  informativo   una  prueba  inexistente,  como  lo  aducen  los  demandantes,  la  referencia  a  la  presunta  existencia de una carpeta enviada al acusado MEDINA  RODRÍGUEZ  para la aprobación del segundo crédito, por la suma de seiscientos  millones  de pesos, que presumiblemente consignaba los antecedentes del crédito  anterior.   

       Ese   acopio  documental,  huelga  anotar,  no  se  verifica  aportado  al plenario y por ello  incurre  el  ad quem en un vicio por falso juicio de existencia por suposición,  cuando  soporta su acusación de conocimiento previo del acusado, en un elemento  de juicio inexistente.    

        Yerra    el  sentenciador  de  segundo  grado  cuando sin ningún soporte probatorio asevera:  “Es  jurídicamente relevante que el desembolso del  segundo  crédito  se hizo un día antes de que venciera el primero, esto es, el  22  de  enero  de  1997. De modo que esta información no podía ser desconocida  por  el  presidente de la Caja Agraria, porque era un registro dentro del propio  banco.”   

       Las   normas  regulatorias   del   crédito,  así  como  lo  explicado  por  los  procesados,  demuestran  que  ese  “registro  dentro  del propio  banco”  solo  se  hallaba  en  conocimiento  y plena  disposición  del  Director de la Oficina en Cúcuta, pero ya no era del resorte  del  Presidente  o  del Vicepresidente Comercial, precisamente porque al aprobar  los  créditos  enviaron  la  documentación  a aquel, a fin de continuar con el  trámite de contabilización y desembolso.   

e)   Desconoce   el   Tribunal   pruebas  documentales  precisas  que  verifican inexistente algún tipo de mora o castigo  de  cartera  respecto  del  crédito hipotecario adquirido por el cliente con el  BCH;  pero,  además,  que  sí se registró en escritura pública el patrimonio  autónomo   

       A   manera  de  conclusión  de  sus  argumentos,  el  ad  quem  consigna  respecto de todos los  acusados,  que además de aprobar y desembolsar los créditos pese a que contaba  el  cliente  con  cartera  vencida,  se  pasó  por  alto  que  el deudor estaba  “calificado  con  crédito C con el BCH”.   

     Nunca el Tribunal,  sin  embargo, determina cuál es el efecto de que el cliente se halle dentro del  rango  C  de  calificación  del  crédito  hipotecario,  o mejor, por qué ello  impedía aprobar los créditos.   

      Pero,  además,  desconoció  prueba documental engastada en el informativo que de manera expresa  advierte  cómo  para el momento de los desembolsos, ya sea en calidad de deudor  directo  o  a  título de codeudor, Fabio Ortiz Ramírez, se hallaba al día con  su deuda hipotecaria ante el BCH.   

       Así  se  hace  constar  en  certificación expedida por esa entidad7    el   15   de   julio   de  1996.   

      Además  de  lo  anotado,  el  fallador  de  segundo  grado  expresa  que  a  pesar  de  emitirse  certificados   fiduciarios   “no   se   apreciaron  escrituras  públicas  o  certificados  de tradición y libertad que determinara  que  los  bienes  inmuebles  fueron  entregados  en  FIDUCIA,  como  tampoco hay  evidencia   del   curso   del   proyecto   ni   de  su  factibilidad”.   

        Todos   los  involucrados  en  el  trámite  del crédito, así como los terceros conocedores  del  proceso  de  fiducia,  su  naturaleza y alcances, coincidieron en verificar  inconcuso  que la fiducia fue constituida con patrimonio autónomo representado,  en  principio,  por  el  lote  donde se construiría el complejo comercial, para  cuyo  efecto  fue constituida la escritura pública N° 1722, del 26 de abril de  1996,   en   la   Notaría   Quinta   de   Cúcuta8.   

     Ello fue ratificado  por  el liquidador de FIDUBANCOOP, en oficio dirigido a la Fiscalía9,  donde   corrobora  la  expedición  de  la  escritura  1722  de 1996, representativa del  patrimonio  autónomo  constituido  con  un  inmueble  avaluado  en  la  suma de  $2.920.100.000;  cuyo  valor  se  incrementó  posteriormente,  hasta la suma de  $3.035.922.910,  aunque  hubo de reducirse a $2.861.443.476, dado que se habían  incluido 8 predios ajenos al fideicomiso.   

      La prueba omitida  en  su  consideración  por  el  ad  quem,  demuestra,  tanto  que  la garantía  inmobiliaria  sí  existía  y  fue constituida con la correspondiente escritura  pública,  como que no se alzaba, por razón de la calificación C entregada por  el  BCH  al  crédito  hipotecario  del  cliente,  impedimento  para otorgar los  préstamos  solicitados  ante  la Caja Agraria, entre otras razones, porque para  el  momento  del  desembolso el solicitante se hallaba al día en el pago de las  respectivas amortizaciones.   

       TRASCENDENCIA DE LAS OMISIONES   

      Ambas  instancias  soportaron  el  fallo  de  condena  emitido  en  contra  de PABLO JOSÉ RAMÍREZ  HERNÁNDEZ  y  BENJAMÍN  DEL  SOCORRO  MEDINA  RODRÍGUEZ,  en la que entienden  obligación  común  de estos de verificar todo el trámite del préstamo, hasta  su  desembolso;  la  existencia  de  circunstancias  que  impedían  incluso  su  aprobación:   cartera   vencida   y    calificación  C  de  un  préstamo  hipotecario  con  el BCH; la responsabilidad por desembolsar el segundo crédito  apenas  un  día  antes  de vencerse el primero; y la inexistencia de garantías  suficientes que respaldasen las sumas entregadas.   

      Como  en  líneas  precedentes,  al examinar cada tema, se demostró, las conclusiones del Tribunal  obedecieron  a  protuberantes  errores de hecho que van desde el falso juicio de  existencia  por  omisión  y suposición, hasta el falso juicio de identidad por  omisión y tergiversación.   

      En  especial,  se  destacó  la  manera  en que las instancias leyeron el contenido del Informativo  Urgente  17,  pues,  fue  desconocido su contenido íntegro y contextualizado, a  partir  del  cual  se  observa  incontrastable  que  dentro  de  la división de  funciones  propia de la entidad crediticia, cada funcionario adscrito a la misma  desempeñaba  un  rol  específico en el trámite del crédito, en compartimento  separado   que,   incluso,  impedía  invadir  órbitas  de  competencia  ajena.   

      De  esta  manera,  pudo  advertirse  que  la  actuación de los acusados PABLO RAMÍREZ y BENJAMÍN  MEDINA,  en  la  aprobación  de  los  créditos puestos en cuestión, se ciñó  estrictamente   a  la  competencia  deferida  expresamente  por  el  Informativo  Urgente,  sin  que,  pese a lo irregularmente sostenido por el Tribunal, pudiera  verificarse  materializada  la  inexistencia  de  alguno  de  los requisitos que  gobernaban su particular intervención.    

       Además,   el  fallador  no  estableció algún principio o norma que permita verificar que, en  efecto,  el Vicepresidente Comercial y el Presidente de la Caja Agraria, estaban  en  la  obligación  de  apersonarse  del trámite completo de los créditos, al  punto   de  hacer  necesario  determinar  si  el  desembolso  cumplía  con  los  requisitos   legales,  en  reemplazo  de  la  función  expresa  y  directamente  atribuida al Director de la Oficina en Cúcuta.   

      Si  se  parte del  principio  referido  a  que  el  funcionario  público  solo puede adelantar las  tareas  expresamente  consignadas  en  la  ley,  so pena de extralimitarse en su  funciones,  y  claramente  el Informativo Urgente 17 detalla que “excederse  en  las  atribuciones  asignadas o delegadas, constituye  causal  de  mala  conducta”, no se entiende bajo qué  presupuesto  legal  o  dogmático  el  Tribunal  reclama de los acusados en cita  injerir  en  competencias  ajenas,  solo  porque de manera abstracta se impone a  todos     los    funcionarios    públicos    impedir    el    incremento    del  riesgo.       

       Precisamente   la  atribución  del  incremento  del  riesgo  demanda  demostrar  que  el procesado  incumplió  con  las  específicas  tareas  a  él  asignadas,  para  lo cual se  entiende   indispensable   verificar,  entonces,  cuáles  son  esas  detalladas  actividades  que  le  competen,  sin  que  sea  factible,  por  obvias  razones,  extenderlas  a órbitas ajenas, estableciéndose también claro que en este tipo  de  organizaciones  basta  con  que  el  funcionario desempeñe adecuadamente su  labor,  a  la  espera,  en  uso  del  principio  de confianza, de que los demás  realicen la suya.   

     Para el caso, como  lo  señalaron  los demandantes, los deberes de los acusados RAMÍREZ HERNÁNDEZ  y  MEDINA  RODRÍGUEZ,  fueron  cubiertos a cabalidad, sin que se demostrara que  pasaron  por  alto  de  manera  consciente  una norma o reglamento específicos,  demostrado  que  los  requisitos  previos  a  la aprobación del crédito fueron  cubiertos a satisfacción.   

       Formalmente,  entonces,  nada  se alza para determinar la elevación del riesgo que pregona el  Tribunal.   

     Pero además, en un  plano  estrictamente  material,  resulta  bastante desproporcionado exigir a los  funcionarios  del  rango  nacional, cuando se trata de un sinnúmero de oficinas  ubicadas  en  todo  el  país,  examinar uno a uno todos los préstamos hasta su  desembolso  e  incluso  pagos  parciales  o  definitivos,  en  tarea  ingente de  imposible realización.   

     Es por ello, huelga  anotar,  que  a  los funcionarios del orden nacional se les asignan específicas  tareas,  entre  ellas  la  aprobación, dependiendo del monto del préstamo, sin  que  ninguna de estas implique efectuar el desembolso o determinar cubiertos los  requisitos que lo habilitan.   

      Así  las  cosas,  ostensible  que  la  responsabilidad  penal de los acusados PABLO JOSÉ RAMÍREZ  HERNÁNDEZ   y  BENJAMÍN  DEL  SOCORRO  MEDINA,  se  soportó  en  evidentes  y  trascendentes  errores  de  hecho en el examen de lo que la prueba objetivamente  contiene,  se  impone  casar  parcialmente  la sentencia a efectos de revocar la  condena    proferida   contra   ellos   y   en   su   lugar   emitir   sentencia  absolutoria.   

      No  es  necesario  realizar  pronunciamiento  referido  a  la  libertad  de  los acusados absueltos  aquí,  pues,  no  les  fue  impuesta medida de aseguramiento durante el decurso  procesal.   

      En  mérito de lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

CASAR parcialmente  la  sentencia de segunda instancia dictada por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá  el  15  de  julio  de  2014,  en el sentido de REVOCAR la  sentencia  condenatoria  proferida  contra  PABLO  JOSÉ  RAMÍREZ  HERNÁNDEZ y  BENJAMÍN  DEL  SOCORRO  MEDINA  RODRÍGUEZ,  y  en  su lugar absolverlos por el  delito  de  peculado  por  apropiación  por el que fueron acusados, dejando sin  efectos las penas principales y accesorias fijadas en su contra.   

      En lo demás rige  sin variaciones lo dispuesto por las instancias.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Despacho de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folios 263 a 266 del Cuaderno Original 5   

2  Folios 55 a 60 del Cuaderno Original 1   

3 Folio  15 del Cuaderno Original 1   

4 Folio  35, Cuaderno Original 4   

5 Folio  16 del Cuaderno Original 1   

6  Folios 97 y 98 del Cuaderno Original 1   

7  Folios 178 a 181 del cuaderno de anexos número 8   

8 Así  lo  especificó en su indagatoria Fabio Ortiz Ramírez, a folio 277 del cuaderno  original 1   

9  Folios 81 a 86 del Cuaderno Original 4     

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