SP1003-2017(45464)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

SP1003-2017  

Radicación N° 45464  

(Aprobado acta Nº 025)   

Bogotá,  D.C.,  primero (1°) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

La  Sala  examina,  de forma oficiosa, si se  vulneraron  garantías  fundamentales en el trámite de la referencia seguido en  contra     de     IVAN     CELY    CELY.   

H E C H O S  

Fueron  expuestos en pretérita ocasión por  la Corte, de la siguiente manera:   

“El   día   16   de   abril  de  2010,  aproximadamente  a  las  6  p.m.,  fue  víctima  del  delito  de  secuestro  el  adolescente  de  17  años de edad L.J.T.M. […]. Llegaron a su residencia tres  personas  hoy ya identificadas (Juan Carlos Rodríguez Pinto, Nelson alias “El  Paisa”  y  Mario  Cely  Barreto),  ingresaron  arbitrariamente  al lugar […]  portando  armas de fuego de uso personal, procedieron a intimidar al joven y dos  personas  más  que se hallaban en dicha casa […] y seguidamente procedieron a  llevar, retener y ocultar a dicho adolescente.   

Posterior al secuestro […] su padre […]  recibió  varias  llamadas  telefónicas.  Un  hombre  que  se  identificó como  miembro  de las autodefensas, a cambio de la liberación de su hijo, le hizo una  exigencia  económica  de  $500.000.000  so  pena  de atentar contra la vida del  joven.   

Días  después,  el plagiado fue rescatado  por  miembros de la Policía Nacional adscritos al Gaula-Casanare, en un proceso  de  verificación  de  información  en hechos ocurridos la tarde del día 23 de  abril  de ese año, en área rural de la vereda Guineo del municipio de Aguazul.  En  dicho rescate fue dado de baja la persona identificada como Ramiro Cifuentes  Orozco  Pinto  y  capturado  Juan  Carlos  Rodríguez  Pinto,  ya judicializado,  igualmente  en  dicho  sitio  fue hallada y recuperada una de las armas de fuego  utilizadas en esta conducta.   

De acuerdo a los operativos de inteligencia  realizados  por  las  autoridades,  se dice que el secuestro fue planificado por  los  señores  Bladimir  Culman  Sunz  e  IVÁN  CELY  CELY,    éste  último  aprovechando  la  condición de profesor de música  del  menor desde hace varios años, quien al parecer era la persona encargada de  aportar los datos […] para facilitar el delito”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Culminada  la fase del juicio y anunciado el sentido absolutorio del  fallo   por  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Yopal  (Casanare),  estrado  judicial al que correspondieron las diligencias, se dictó  la  respectiva  sentencia  el  26  de junio de 2014.1   

         

2.  Apelada  esta  determinación  por  la  Fiscalía,  el  Ministerio  Público  y  el  representante de las víctimas, fue  revocada  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Yopal -Sala Única-  el  29  de  octubre  de  2014  que,  en  su  lugar,  le  impuso  a  CELY   CELY   las  penas  principales  de  prisión  por  cuatrocientos  veinticuatro  (424)  meses,  multa  de  cuatro mil  doscientos  (4200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  sanción  privativa de la libertad, al hallarlo coautor  responsable  de  los  delitos  de  secuestro extorsivo y fabricación, tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego  o municiones (artículos 169 y 365 del  Código Penal).2   

          3.  Interpuesto  el  recurso  extraordinario  de  casación  por  el  apoderado  de  CELY  CELY  en  contra  esta  providencia,  fue  inadmitido  por la Corte en proveído del 29 de  abril  de 2015, en el cual se dispuso que las diligencias regresaran al despacho  del  Magistrado  Ponente  para  examinar  la probable vulneración de garantías  fundamentales,   en   punto   de  la  posible  conculcación  del  principio  de  congruencia  y  del  de  legalidad,  respecto  de  la  imposición  de  la  pena  accesoria.3   

          4.  Agotado  el  trámite  de  insistencia  sin que la Procuraduría  Delegada  ante esta Corporación hubiese hecho uso de tal facultad, con ocasión  de  la  petición  que  en  ese  sentido  elevó  el  apoderado  de CELY   CELY,4  se  procede  a  resolver  lo  pertinente.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De acuerdo con lo reseñado en el citado  auto  de  29 de abril de 2015, advierte la Corte que en este asunto el Tribunal,  al  proferir sentencia condenatoria por el delito consagrado en el artículo 365  del  Código  Penal,  transgredió el debido proceso. Ahora, no obstante que tal  vulneración  conforme  la  postura  jurisprudencial para esa época se develaba  por  vía  de la eventual conculcación del principio de congruencia contemplado  en  el  artículo  448  de  la  Ley  906  de  2004,5  el  nuevo criterio que maneja  la  Sala  mayoritaria acerca del punto (CSJ SP 6808-2016) conlleva a un reexamen  del  caso  que  presenta  la  violación  a las formas propias del juicio, en su  componente  de  actos  concatenados cuyo cumplimiento legitima fases ulteriores,  como  la circunstancia prevalente que infirma parcialmente la validez del fallo.  Véase:   

2. Al cotejar la sesión de juicio oral en la  que   el   delegado  de  Fiscalía  expuso  su  alegato  de  cierre,6  se vislumbra  que  el  funcionario hizo un recuento de los hechos y de las pruebas practicadas  con   el   fin  de  evidenciar  que  IVÁN  CELY  CELY  hizo  parte  del  grupo  que  planeó  y  ejecutó  el  secuestro  del  joven  L.J.T.M.,  poniendo  en  entredicho  la retractación del  testigo  Juan  Carlos  Rodríguez  Pinto  en cuanto al señalamiento inicial que  realizó  en  ese  sentido.  Así,  y recabando en los medios de convicción que  convergían  a ubicar al implicado como uno de los gestores de la retención del  adolescente,  solicitó  se dictara fallo condenatorio en su contra “por   el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado”,   sin   explicitar   consideraciones   adicionales.7   

Es decir, ninguna mención, siquiera tácita,  hizo  con  relación  a  la  conducta punible de fabricación, tráfico, porte o  tenencia  de  armas  de fuego o municiones ya bien fuera para pedir sentencia de  condena o absolutoria, tratándose de ella.   

Frente  a  lo  anterior,  la  delegada  del  Ministerio   Público   refirió   que   con  las  pruebas  recaudadas  estimaba  desvirtuada   la  presunción  de  inocencia  de  CELY  CELY  por  lo  que  avaló  la  petición  de  condena  elevada,  aclarando  que  la  formulación  de  acusación incluyó este último  ilícito  del  cual  no  hizo  alusión  el Fiscal en esa diligencia8    y    a  continuación  presentó  una  tesis  similar  a la esbozada por ese funcionario  durante  su  alocución,  es  decir,  vinculada al cargo endilgado por secuestro  extorsivo agravado.   

Por  su  parte,  la  defensa  se  opuso  al  pedimento  poniendo  de  relieve aquellas probanzas que exhibían a su prohijado  ajeno  a  la  comisión  del delito contra la libertad individual, deprecando la  absolución a su favor.    

3.  El  juez de primera instancia, aduciendo  perplejidad  con  relación  a  la  efectiva  participación  del  acusado en la  ideación  y  ejecución  del  secuestro,  dictó  sentencia  absolutoria. Valga  anotar  que en su proveído, ninguna referencia plasmó en lo atinente al delito  previsto  en  el  artículo  365  del  Código  Penal,  limitándose en la parte  resolutiva    a    “absolver    a    IVÁN   CELY  CELY  de  la  conducta  de  secuestro  extorsivo agravado”, de hecho, acudiendo a  la  literalidad  del  fallo,  aparece  que en el análisis de rigor se limitó a  auscultar      dicha      figura      delictiva.9   

4.   De  cara  a  esta  determinación  la  Fiscalía,  la  Procuraduría  y  el  apoderado  de víctimas presentaron sendos  recursos  de apelación en los que impetraron revocar la sentencia proferida con  argumentos  que  giraban  en  torno  al  compromiso  penal  del mencionado en la  retención  de  L.J.T.M.,  impugnación  acogida  por el Tribunal que no solo lo  declaró  coautor  responsable  del  delito contra la libertad, sino además del  atentado   contra   la   seguridad   pública.   Sobre  el  punto,  reflexionó:   

“Ha  sido  acusado el señor IVÁN   CELY   CELY   por  el  secuestro  extorsivo  agravado  por  la  coparticipación  criminal.  Es  decir coautor del  delito  en  las mismas condiciones en que, según se ha demostrado, actuaron los  otros  cinco miembros de la banda. No hay duda de la calidad de su actuación en  el  escrito  de  acusación y de acuerdo con el análisis probatorio antecedente  encuentra   este   Tribunal   que   se   configura   plenamente   su  coautoría  […].   

Pero  también  ha sido llamado a juicio el  señor  IVÁN  CELY  por el  delito  de  porte de armas sin permiso o salvoconducto. Es posible, en sentir de  esta  Sala,  imponer  condena  por  este delito, ya que se trata de los casos de  flagrancia,  pues  uno de los miembros de la “banda” fue hallado con el arma  en  el  momento  del  rescate del menor. Esta se hallaba en manos de quien cayó  muerto  en  el operativo de rescate, señor Ramiro Cifuentes. La responsabilidad  en  este caso deviene de la situación de coautoría impropia, ya que los varios  autores  acuerdan  la  comisión  del delito con el uso de armas de fuego, hecho  este  que  resulta  suficientemente  demostrado”.10   

5.  En estas condiciones, es palmario que el  ad  quem abordó un tema que  no  fue  objeto de discusión en cuanto a aristas esenciales, si de legitimar la  condena en este aspecto se trata.   

Lo  anterior, pues retomando la dinámica en  la   que   se   allegaron   las  pruebas  -que  puede  cotejarse  a  partir  del  descubrimiento   probatorio   de   la   acusación11  y las actas de la audiencia  de        juicio       oral       respectivas,12   cuyas   incidencias   son  reseñadas   de   manera   pormenorizada   en   la   apelación  del  Ministerio  Público-,13  surge  que la controversia agotada por las partes e intervinientes  se  enmarcó  en  el  vínculo  cierto  de  CELY  CELY  con  las  personas  que  sustrajeron  y  retuvieron  a  L.J.T.M.,   restringiéndose   las   referencias  con  relación  al  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego a las declaraciones de Jhon  Fredy  Merchán  Bolívar, miembro de la Policía Nacional que dio cuenta de las  circunstancias   en  las  que  se  logró  rescatar  al  plagiado  luego  de  un  intercambio  de  disparos  con  sus  captores,  en el que resultó muerto uno de  ellos  encontrándose junto a su cadáver un revólver, Rafael Martínez Díaz y  María  Jimena  Arias Correa, investigadores del CTI que practicaron inspección  al  lugar  corroborando  esa  situación  y Luis Eduardo Lesmes Acuña, también  integrante  de  esta  última  institución  quien  fungió como investigador de  laboratorio  “indagando  la  aptitud  de un arma de  fuego  que  me allegaron, en el cual rendí un informe indicando que el arma era  apta,   al   igual   que   los   cartuchos   excepto   uno   y   las   vainillas  aptas”,14  introduciéndose  con ese testigo dicho  informe catalogado como evidencia 4.   

Este informe, calendado 27 de abril de 2010,  recayó  en  un  revólver  calibre  38,  marca  Smith & Wesson, con número  serial  de identificación K 146208 y en el se concluye que el arma es apta para  disparar.15   

Ahora, si se dice que no hubo una discusión  sobre  aspectos  fundamentales  del  tipo  consagrado  en  el  artículo 365 del  Código  Penal,  lo  es  porque  este  recuento permite avizorar que se dejó de  constatar  un  elemento esencial del mismo, esto es, la ausencia de “permiso     de     autoridad     competente”,     según  lo  prevé  el  canon  en  comento, ya que, en principio, no  puede   presumirse   sin   respaldo  probatorio  alguno  que  las  personas  que  irrumpieron  en  la vivienda de L.J.T.M. esgrimiendo armas de fuego carecían de  permiso  para  su  porte  o  que  el  revólver  incautado  en  el  sitio  donde  posteriormente  fue ubicado estuviese en la misma situación, conforme ha tenido  oportunidad    de   precisarlo   la   jurisprudencia  (cfr. CSJ SP 2162-2016).   

6. Entonces, recapitulando, en este evento se  transgredieron  los  postulados  del  debido  proceso  por  la  ausencia  de  un  análisis  específico  durante los alegatos de cierre tratándose del delito de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego o municiones,  omisión  que  replicó  el  juzgador  de  primera  instancia  y, de contera, es  manifiesto  que  el  Tribunal  no tenía competencia para entrar a examinar este  injusto  por la inexistencia de decisión sobre el particular, aunado a la falta  de reproche puntual de los apelantes en cuanto a este aspecto.   

De  otro  lado,  no  puede  asumirse  que el  ad  quem  corrigió  con su  providencia  la  falencia, ya  que  al  hacerlo pretermitió, como se vio, la controversia propia a este asunto  en  concreto  y  de  paso  la  garantía  a  la  doble instancia y al derecho de  defensa,  porque al margen de que en la acusación se hiciese mención del porte  de  armas de fuego de uso personal sin el debido salvoconducto no aparece que se  haya  discutido  en  el juicio esta última arista del tipo penal, se recalca, y  no  podría  entrar la Corte a corroborarlo, precisamente, porque no hubo debate  frente  al  mismo,  petición  alguna  por  parte  de  la  Fiscalía, ni tampoco  sentencia  de  primer grado, de tal modo que era necesario, insoslayable, que el  a   quo   se  pronunciara  cumplida  en  debida  forma  aquella  fase en uno u otro sentido con relación a  este  ilícito  para  así  dar  cabida al interés jurídico de quien resultase  perjudicado  con  su  determinación, en pos de la interposición del recurso de  apelación y, dado el caso, de la casación.   

7.  Por  consiguiente,  procede  decretar la  nulidad  parcial del trámite en lo que tiene que ver con el delito en cuestión  con  la  correspondiente ruptura de la unidad procesal, a partir de los alegatos  de  conclusión,  con el objeto de que la Fiscalía acate el artículo 443 de la  Ley   906   de   2004,  en  cuanto  al  deber  que  le  asiste  de  “expon[er]  oralmente los argumentos relativos al análisis de la  prueba,  tipificando  de  manera  circunstanciada  la  conducta  por  la cual ha  presentado  la  acusación”  y  para  que los demás  intervinientes  y  la  defensa,  si a bien lo tienen, en los términos del mismo  precepto,  se  manifiesten  sobre el particular. Además para que se adopten las  determinaciones  pertinentes en lo concerniente al arma incautada, puesto que en  las diligencias nada se dijo al respecto.   

Con  relación  a  lo anterior, vale la pena  destacar  que  para  el  Fiscal  es  ineludible agotar los actos de postulación  propios  a  su  cargo  y  que  dentro  de  la  perspectiva  del  modelo procesal  contemplado  en  la  Ley  906  de  2004,  en  la  fase  del juicio, van desde la  presentación  de  la  teoría  del  caso  (artículo  371)  hasta el alegato de  cierre,  actuaciones que no le son facultativas (como lo son para su contraparte  y  los  demás  intervinientes) sino imperativas, lo cual encuentra explicación  en  que  en su condición de titular de la acción penal es el llamado a plasmar  las  aristas  de  interés  en  las  que se desenvuelve su pretensión punitiva,  permitiendo  así  el  ejercicio  del derecho de defensa y contradicción, entre  otras  garantías  integrantes del debido proceso. Es decir, su intervención en  aquellos  momentos  es indispensable porque marca la pauta en la que se dará la  controversia  propia  a  la  dialéctica  del  trámite  en  donde se discute la  posible  imposición  de  una  sanción  privativa de la libertad, por lo que es  necesario  que  explicite  cuál  es  su posición frente al particular para por  decirlo   de   alguna   manera,   permitir   que   se   trabe   la  litis  y  en esa secuencia se legitima no  solo  el  ius  puniendi  del  Estado,  sino  además  otras  variables  concebidas  a la hora de desplegar esa  prerrogativa,     verbi    gratia,    el   derecho   que   tiene  la  defensa  a  gozar  del  “último  turno  de  intervención  argumentativa” (artículo 443 ibídem).   

Así  las  cosas,  se  casará la sentencia,  parcialmente  y,  de oficio, en aras de hacer efectivo el derecho material y las  garantías  fundamentales (artículo 180 de la Ley 906 de 2004). Ello conlleva a  que   deba   ser   excluida   la   pena  de  prisión  impuesta  a  IVÁN    CELY    CELY    por  el  delito  de  fabricación,  tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego o municiones.   

De  este  modo, toda vez que el ad  quem  aumentó la sanción dosificada  para  el secuestro extorsivo por razón del concurso de conductas punibles en un  quantum     de     veinticuatro    (24)    meses,16    ese    guarismo   será  descontado  quedando  la  pena  en  definitiva  en  cuatrocientos (400) meses de  prisión.   

Cabe anotar que el Tribunal, al acudir a los  extremos  punitivos  aplicables  para este injusto, se remitió al artículo 169  del  Código  Penal  pasando  por alto que desde la formulación de imputación,  hasta  el  alegato de clausura, la Fiscalía irrogó las causales de agravación  consagradas  en  el  artículo  170  de  la  misma  obra  en sus numerales 1º y  6º,17  las  cuales  incrementan la punibilidad sin perjuicio de la causal  de  agravación  genérica  del  artículo  58,  numeral 10º, ibídem, también  endilgada  y  que a la postre fue la única considerada por esa Corporación, la  que  no expuso en su providencia las razones por que prescindió de aquellas. No  obstante,  tal aspecto no será objeto de variación conforme la prohibición de  reformatio      in      pejus,      atendiendo  que  el  procesado  funge  en  esta  sede  como apelante  único.   

Sin  embargo,  esa  limitación no es óbice  para  destacar  que  tratándose  de  los  mecanismos  sustitutivos  de  la pena  privativa  de  la  libertad,  el  juzgador  de  segundo  grado  no  hizo ningún  pronunciamiento.  En consecuencia, el fallo será complementado en el sentido de  precisar  que por el factor objetivo contemplado en los artículos 38 y 63 de la  codificación  en  cita  y  la  prohibición del artículo 199 de la Ley 1098 de  2006,  son  improcedentes  la  concesión  de  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

De  otra  parte  y según lo avizorado en su  momento,  al  fijarse  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  en  el  lapso  de la principal de prisión se  desconoció  el  principio  de legalidad en el entendido que para su imposición  se  pretermitió  el  máximo  previsto para esta sanción y que lo es, al tenor  del  artículo  51  del  Código  Penal,  veinte  (20)  años, o sea, doscientos  cuarenta (240) meses.   

El principio de legalidad de las penas es una  garantía  fundamental  que  constituye  un  baremo  al  poder sancionatorio del  Estado,  en  la medida que “Nadie podrá ser juzgado  sino  conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa”18.  Por   lo   tanto,  también  se  casará  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  en  el  sentido  de  declarar  que  en  el sub  examine  la  inhabilitación para el  ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas  tendrá  un  término  no  superior  a los veinte (20)  años.   

8.    Por  último, se precisa que la  decisión  del  ad  quem en  los   demás   aspectos   que  no  fueron  objeto  de  modificación    ni   de  invalidación,  permanecen  incólumes.     Por  consiguiente,       el       Tribunal       de       origen       habrá  de librar la correspondiente orden  de  captura  en  contra de IVÁN CELY CELY   según  lo  dispuso  en  su  proveído  y,  adicionalmente,  una  vez agotados los trámites  de   rigor  remitirá  el  expediente  con  destino  a  la  Sala  Disciplinaria del Consejo Seccional de la  Judicatura        de        Boyacá        y        Casanare,       conforme  lo  requirió esa Corporación  mediante  oficio L.F.C.F/.  201100546                    -A-.19   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:   CASAR   PARCIALMENTE   DE   OFICIO  la           sentencia          emitida  por  el  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de Yopal  -Sala      Única-     el     29  de octubre  de    2014.   

SEGUNDO:  DECRETAR LA  NULIDAD  PARCIAL  de  la  actuación  en lo referente  al  delito  de  fabricación,  tráfico, porte    o    tenencia    de  armas  de fuego o municiones a partir de los alegatos de cierre  de    las   partes   e   intervinientes,   para   que  éstos  se  pronuncien         con        respecto        a        dicha conducta punible. En consecuencia,  se    dispone    la    RUPTURA    DE    LA   UNIDAD  PROCESAL    a    efectos    de   que   se     remitan     copias    de    las  diligencias      al      Juzgado     Único  Penal  del Circuito Especializado       de       Yopal      y      se      profiera,  una  vez agotada esa fase, la  correspondiente          sentencia.   

TERCERO:             FIJAR  la  pena  principal  de  prisión  impuesta  a  IVÁN  CELY CELY en   cuatrocientos   (400)  meses  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas en veinte (20) años, como coautor  penalmente responsable del delito de secuestro extorsivo.   

CUARTO: Aclarar que  IVÁN  CELY  CELY  no  tiene  derecho  a  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena ni a la  prisión  domiciliaria, de conformidad con lo expuesto en la parte considerativa  de este proveído.   

QUINTO:  PRECISAR  que  la  decisión del ad  quem  se mantiene incólume en todo lo demás que no  fue      objeto      de      modificación     ni  invalidación.   

Contra  la  presente  decisión  no procede  ningún recurso   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

SP-1003-2017  

Radicación: 45464  

         

        Con  el  respeto de siempre por la opinión mayoritaria de la Sala,  y  acorde  con  las  manifestaciones  que  expresamos  durante la discusión del  proyecto,  nos  permitimos  aclarar  el  voto en relación con lo expuesto en el  fallo  sobre la omisión del fiscal de presentar alegato de conclusión frente a  los delitos incluidos en la acusación.   

        En  primer  término,  debe  resaltarse  que  las  omisiones en que  incurra   el  fiscal  en  su  alegato  de  conclusión,  en  el  sentido  de  no  pronunciarse  frente  a  todos  los delitos incluidos en la acusación, no puede  equipararse   a   una   solicitud   de   absolución.   Por  tanto,  las  reglas  jurisprudenciales  desarrolladas  en  la  decisión  CSJ  SP  6808-2016  no  son  aplicables al caso objeto de análisis.   

        Lo  anterior  es  así,  porque  una  cosa es que el delegado de la  Fiscalía  incumpla el deber regulado en el artículo 443 de la Ley 906 de 2004,  y  otra muy distinta que en ejercicio del mismo concluya que no hay mérito para  condenar  a una persona por un delito en particular. Esto en armonía con lo que  se  expondrá  a  continuación  en  torno  a  la importancia de los alegatos de  conclusión  del  fiscal  en  el modelo procesal regulado en la Ley 906 de 2004.   

        Compartimos  las  conclusiones atinentes a la obligación que tiene  el  fiscal  de  “exponer  oralmente los argumentos  relativos  al  análisis  de la prueba, tipificando de manera circunstanciada la  conducta  por  la  cual ha presentado la acusación”  (Art.  443  de  la Ley 906 de 2004). En el mismo sentido, el artículo 371 ídem  establece   que   “antes   de   proceder   a   la  presentación   y   práctica   de   la   prueba,   la   Fiscalía  deberá presentar la teoría del caso.  La  defensa,  si lo desea,  podrá      hacer     lo     propio”20.   

        Al  respecto,  se aclara que el legislador estableció expresamente  que  ese  ejercicio es obligatorio para el ente acusador, y facultativo para los  demás  intervinientes. Ello se desprende de la literalidad de la aludida norma,  en  cuanto expresa que el delegado del Ministerio Público y el representante de  la   víctima   “podrán  presentar  sus  alegatos  atinentes  a  la  responsabilidad del acusado”, y la  defensa,  “si lo considera pertinente”, expondrá  sus  argumentos  los  cuales  podrán  ser  controvertidos exclusivamente por la  Fiscalía”.   

        La  trascendencia de esta obligación de la Fiscalía va mucho más  allá de lo expuesto en el fallo.   

        A  la  par  de  la  importancia  de  establecer la postura del ente  acusador   frente   a   la   valoración  de  las  pruebas  y  la  tipificación  circunstanciada  de  la  conducta punible, en orden a que la defensa pueda, si a  bien  lo  tiene,  presentar  el  respectivo  contraargumento,  el  alegato de la  Fiscalía  constituye  un  insumo  determinante  para  que el juez establezca el  sentido de la decisión.   

        Lo  anterior  por  cuanto, por mandato constitucional y legal, a la  Fiscalía  le corresponde: (i) establecer la hipótesis de hechos jurídicamente  relevantes  (Arts.  288,  337,  y  371),  (ii)  diseñar  y ejecutar el programa  metodológico  orientado a la verificación de la misma (Art. 207); (iii) elegir  las  pruebas  que  utilizará  para  su  demostración  (Arts.  344 y 357); (iv)  participar  en la práctica de las pruebas orientadas a demostrar su teoría del  caso;  y  (v)  luego  del  debate  probatorio,  explicar  si  su  teoría logró  demostrarse  o  no  más allá de duda razonable, de lo que depende la solicitud  de condena o absolución (Art. 443).   

        Por  las  anteriores  razones,  el  alegato de la Fiscalía, en los  términos  del  artículo  443  en  cita, es trascendente para: (i) proteger los  derechos  de  la víctima y, en general, el interés legítimo de la sociedad en  que  el delito sea esclarecido y sus responsables sancionados, porque, según se  indicó  en  precedencia,  ningún  otro  interviniente  se  encuentra  en mejor  posición  para  explicar por qué la teoría del caso incluida en la acusación  fue  debidamente  sustentada;  (ii)  evitar  la imposición de sanciones penales  cuando   no   se   reúnan   los   requisitos   para   ello,  pues  aunque  su  solicitud  de  absolución  no  es  vinculante para el  juez,   el   fiscal   se   encuentra   en  posición  privilegiada  para  hacer  notar  las falencias en la demostración de su propia  teoría;  y  (iii)  desarrollar  el  modelo  epistémico  inherente  al  sistema  acusatorio,  estructurado  sobre la idea de que la teoría del ente acusador sea  sometida  a  prueba por los demás intervinientes, en orden a que el Juez cuente  con  suficientes  elementos  de juicio para tomar una decisión tan trascendente  como lo es la procedencia o no de la sanción penal.   

        Ante  esta  realidad,  el juez, como director del proceso, tiene la  responsabilidad  de  constatar  que  el  delegado  de la Fiscalía General de la  Nación  cumpla  la  obligación  expresamente  consagrada  en  el artículo 443  frente a todos los delitos incluidos en la acusación.   

        Ello  resulta  determinante  para:  (i)  lograr  la prevalencia del  derecho  sustancial  y  la eficacia del ejercicio de la justicia (Art. 10); (ii)  corregir  los  actos  irregulares  (Art.  139,  numeral 3º); y (iii) evitar las  actuaciones que puedan dar lugar a la declaratoria de nulidad.   

        En  este orden de ideas, la irregularidad atribuible al fallador de  primer  grado  no  se  reduce  a  la  falta  de  pronunciamiento sobre el delito  previsto  en  el  artículo 365 del Código Penal. Finalmente, la omisión de la  Fiscalía  frente a la obligación consagrada en el ya referido artículo 443, y  la  falta  de  control  del  Juez  frente  al  mismo  punto,  desencadenaron  la  actuación  sobre  la  que  recayó  la nulidad decretada por esta Corporación.   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

SALVAMENTO  PARCIAL  DE  VOTO  A LA SENTENCIA  SP1003-2017   

Con el acostumbrado respeto por la decisión  de  la  mayoría, me permito manifestar salvamento parcial de voto, de la manera  como sigue:   

En la sentencia de la que me separo se casa  parcialmente  el  fallo  impugnado  de  la  Sala Única del Tribunal Superior de  Yopal,  en  relación  con el delito de fabricación, tráfico, porte o tenencia  de   armas  de  fuego  o  municiones  por  el  que  fue  condenado  Iván   Cely,  a  efecto  de  declarar  la  nulidad  parcial  de  la actuación desde los alegatos de cierre y la ruptura de  la  unidad procesal a partir de idéntico momento procesal, con el propósito de  que   el   Juez   de   conocimiento   profiera   la  sentencia  que  en  derecho  corresponda.   

Concuerdo  en que la solución correcta era  la  de  invalidar  de  manera  parcial la actuación y declarar la ruptura de la  unidad  procesal  con  ocasión de la irregularidad sustancial proveniente de la  condena  impartida  por  el  Tribunal  por el punible en mención, pese a que el  a  quo omitió una instancia  al  dejar  de pronunciarse en la sentencia de primer grado sobre la materialidad  de  dicha  conducta  punible  y  la  responsabilidad  que  le  pudiera  caber al  procesado  en la misma, vulnerando de ese modo la colegiatura el principio de la  doble instancia.   

Sin embargo, disiento de la decisión de la  mayoría en dos aspectos a saber.   

Por  un  lado, considero que la nulidad del  proceso  ha  debido  decretarse  a partir de la sentencia de primera instancia y  no,  desde  la  fase de los alegatos conclusivos, habida cuenta que, a partir de  la      sentencia      CSJ      SP6808-2016,      la      Corte     –en   sala   mayoritaria-  varió  la  jurisprudencia  hasta  ese  momento imperante sobre la obligación de los jueces  de  acatar  la  petición  del  fiscal  de  condena  o  absolución –a   manera   de  retiro  de  cargos-  realizada  en  los  alegatos  de  cierre,  en  el  sentido que tal solicitud del  órgano de persecución penal no es vinculante para el juzgador.   

En efecto, en esa providencia se señaló lo  siguiente:   

Conforme a lo anterior, la interpretación  del  artículo  448  del C.P.P./2004 permite entender: (i) que agotado el debate  probatorio,  la  Fiscalía puede, al igual que los demás intervinientes, elevar  solicitud  de  absolución  o  de  condena. Si opta por la última, es claro que  podrá  proponer  una  calificación  jurídica  distinta  a  la contenida en la  acusación,  ajustándose a las condiciones ya reseñadas; y (ii) que el juez de  conocimiento  oficiosamente  puede  desvincularse  de  la  calificación típica  realizada  por  la  Fiscalía, atendiendo los mismos requisitos. Adicionalmente,  como  se  mostró  en  el  apartado  inicial  de  estas consideraciones, la Sala  también  ha  establecido,  en  la  mayoría  de ocasiones, que una consecuencia  necesaria  del principio de congruencia es que la petición de absolución de la  Fiscalía  inexorablemente  debe  conducir  a  una  sentencia  en igual sentido.   

(…)  

Se  varía,  entonces,  la jurisprudencia  anterior  para  que,  en  adelante,  se entienda que la petición de absolución  elevada  por  la  Fiscalía  durante  las  alegaciones  finales  es  un  acto de  postulación   que,   al  igual  que  la  planteada  por  la  defensa  y  demás  intervinientes,  puede  ser  acogida  o  desechada  por el juez de conocimiento,  quien  decidirá  exclusivamente con fundamento en la valoración de las pruebas  aducidas      en      el      juicio      oral21.  Así,  la  sentencia, al  constituir  una  verdadera  decisión  judicial, sea condenatoria o absolutoria,  siempre   será  susceptible  de  recurso  de  apelación  por  la  parte  o  el  interviniente  que  le  asista  interés. A su vez, el juez de segunda instancia  revisará  la  corrección  del fallo a partir de los puntos de impugnación que  se  le  propongan  o  los que resulten inescindiblemente vinculados, sin que, en  todo   caso,   su   resolución   pueda   agravar  la  situación  del  apelante  único.   

Las  razones  de  la tesis interpretativa  expuesta, se pueden sintetizar así:   

a)  La  reforma  introducida  por el Acto  Legislativo  No 03 de 2002 y desarrollada por la Ley 906 de 2004, profundizó la  orientación  del  proceso  penal  hacia  un  modelo  acusatorio;  sin  embargo,  presenta   características   propias   que   lo   diferencian  de  sistemas  de  enjuiciamiento  similares acogidos en otras latitudes. Por tanto, es equivocado,  por  la  vía  de  la interpretación de las reglas legales, proceder a importar  instituciones,  como  por  ejemplo  la del “retiro de la acusación”, por el  solo  hecho  de  que  provengan  de  legislaciones  procesales encasilladas como  acusatorias.   

b)  Una de tales peculiaridades es que la  titularidad  de  la  acción penal en Colombia implica que el ejercicio de ésta  es   un  deber  constitucional  (principio  de  legalidad)  y  no  una  facultad  discrecional;  por  tanto, a la Fiscalía le está vedado suspender, interrumpir  o  renunciar  a  la persecución penal, salvo cuando sea procedente el principio  de  oportunidad  cuya  aplicación,  valga recalcar, es bastante reducida por la  triple  limitación  a  que se encuentra sometida: es excepcional, es taxativa y  sujeta a control judicial.   

c)  Todos  los mecanismos de terminación  anticipada  del  proceso  penal,  tanto  las  que  provienen  de alguna forma de  discrecionalidad   de  la  Fiscalía  (oportunidad  en  sentido  estricto  y  la  negociación  de  culpabilidad),  como las que son consecuencia del principio de  legalidad   (preclusión   y  absolución  perentoria);  deben  someterse  a  la  decisión  de los jueces, quienes podrán aprobarlos y dictar la providencia que  ponga  fin  al  proceso  o simplemente negarlos cuando no reúnan los requisitos  legales que sean exigibles.   

d) Una sentencia que “decida” absolver  al  acusado  porque  la  Fiscalía  así  lo  “solicita”, con exclusión del  ejercicio   de   valoración   -autónoma   e   independiente-  de  las  pruebas  válidamente  incorporadas;  no constituye una verdadera decisión judicial sino  la  mera  refrendación  de la voluntad del acusador. Esta última tampoco puede  ser  catalogada  como  una petición sino como un verdadero acto de disposición  de  la acción penal. Así, la equiparación entre la petición de absolución y  el  retiro  de la acusación viola el principio lógico de identidad, tal y como  ya  lo  había dejado entrever la sentencia del 27 de julio de 2007, Rad. 26468,  al inicio citado.   

e) La garantía de la impugnación de las  sentencias  absolutorias  y  de las demás decisiones relativas a la continuidad  de  la  persecución penal; hace parte esencial de los derechos fundamentales de  las  víctimas  a  la  justicia,  a la verdad y a la reparación. El presupuesto  esencial  de tal garantía es la existencia de una auténtica decisión judicial  porque  sólo respecto de ésta se puede plantear la controversia de las razones  fácticas, probatorias y jurídicas en que se fundó.   

f)  El  principio  de la doble instancia,  componente  esencial  del debido proceso, se desnaturalizaría si la competencia  del  juez  superior  se  viera  limitada por factores diferentes al objeto de la  impugnación  y  a la prohibición de reforma en perjuicio, como ocurriría, por  ejemplo,  si  aquella se circunscribiera a la verificación de la voluntad de la  Fiscalía    o    por    otras    razones    de    una   pretendida   coherencia  sistemática.   

g)  Ni  el  artículo 448 ni ninguna otra  norma  de  la  Ley 906 de 2004 concibe en su literalidad la figura del retiro de  cargos  o de la acusación. Esta tampoco puede inferirse o entenderse implícita  en  el  estatuto  procesal  porque  una  interpretación así violaría la regla  constitucional de la irrenunciabilidad de la persecución penal.   

h)  No  debe  confundirse  la  facultad  –limitada como se vio-  que  conserva  la  Fiscalía  hasta  los  alegatos  finales  para  proponer  una  imputación  jurídica  diferente  a la planteada en la acusación, con el poder  de  retirar  esta  última  o  de  cualquier  otra manera disponer de la acción  penal.  El  primero  constituye un margen de libertad en el imperativo ejercicio  de  la  persecución  penal, mientras que el segundo es un desconocimiento de la  obligación que al respecto estatuye la Constitución.   

i) La sentencia debe ser congruente con la  acusación,  entendida  ésta  como el acto complejo integrado por el respectivo  escrito  y  su  formulación  oral. No obstante, es claro que tanto la Fiscalía  como  el  juez de conocimiento pueden apartarse de la calificación jurídica de  los   hechos   contenida   en   la   acusación,   en   las   condiciones  antes  anotadas.   

En  ese  orden  de ideas, si se parte de la  base  que la petición que el ente acusador eleve en los alegatos conclusivos no  vincula  al  fallador,  de  tal suerte que la congruencia únicamente se predica  entre  la  acusación  y la sentencia, encuentro insustancial o innecesario que,  en  este  asunto,  la  declaración  de  nulidad  y la consecuente ruptura de la  unidad  procesal se lleve a cabo desde los mencionados alegatos, por más que la  sentencia  de  la  que  me  aparto  parcialmente haya acudido al argumento de la  obligación  legal que subsiste en cabeza del funcionario fiscal de concretar su  petición   frente   a   la   acusación   en   dicho   momento  conclusivo  del  juicio.   

Recuérdese  que,  la nulidad es una medida  extrema  para  remediar  las  irregularidades  sustanciales acaecidas durante un  proceso,  cuya  declaratoria  procede  solamente desde el acto procesal que haya  dado  lugar  al  vicio.  En  este  evento,  ese  acto es la sentencia de primera  instancia,  porque,  se  insiste,  independientemente  de lo que el fiscal pueda  alegar  al  cierre del debate oral (absolución o condena) la decisión de fondo  del  juez  únicamente debe atender los términos de la acusación en tanto acto  jurídico complejo (escrito y sustentación oral).   

Lo  contrario, pareciera, sugerir una nueva  variación  jurisprudencial  que  retomaría la postura superada según la cual,  el  artículo  448  de  la  Ley  906  de  2004 permite concluir que la solicitud  realizada  por  el  órgano de persecución penal durante los alegatos de cierre  vincula al juez en su sentencia.   

De  otra parte, como producto de la nulidad  declarada  y  la  subsecuente  habilitación  para que el juez de la causa emita  nueva  sentencia  de  primera  instancia  respecto  del  delito de fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia de armas de fuego o municiones, estimo que la Sala  Mayoritaria  no ha debido analizar las pruebas obrantes en la actuación de cara  al   elemento  normativo  del  tipo  consistente  en  el  permiso  de  autoridad  competente,  por  cuanto a mi juicio ello constituye un prejuzgamiento por parte  de  esta  Corporación  que  vulnera el principio de imparcialidad en tanto  necesariamente  irá  incidir  en  la  sentencia  que  ha de proferir el juez de  primera instancia.   

Son  estas  las  razones  que  me  llevan a  apartarme parcialmente de la posición dominante de la Sala.   

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Cfr. Folio 156 cuaderno actuación 2   

2  Cfr. Fl. 260 c.a 2   

3  Fl. 5 y siguientes cuaderno Corte   

4  Fl. 29 y s.s. cuaderno Corte   

5  “El  acusado  no  podrá ser declarado culpable por  hechos  que  no consten en la acusación, ni por delitos por los cuales no se ha  solicitado condena”   

6  Cfr.  sesión  de 20 de noviembre de 2013, grabación  1, récord 8:13 y s.s   

7  Cfr. ibídem, grabación 1, récord 54:18 y s.s    

8  Cfr.   ídem,   grabación   2,   récord   1:23   y  s.s   

9  Así  aparece  expresamente  en  el acápite titulado  “Del  delito  por el que se procede” (Fl. 3 sentencia primera instancia / Fl. 154 c.a 2)   

10  Cfr.  Fl.  34  y  s.s  sentencia  segunda instancia /  anverso Fl. 245 y s.s c.a 2   

11  Cfr.  Fl.  4 y s.s escrito de acusación / Fl. 75 c.a  1   

12  A  partir  de  la sesión de 26 de julio de 2011, Fl.  240 y s.s c.a 1   

13  Cfr. Fl. 203 c.a 2   

14  Cfr.  audiencia  de  27  de  mayo de 2013 (Fl. 75 c.a  2)   

15  Cfr. Fl. 34 cuaderno de evidencias   

16  Cfr.  Fl.  37  sentencia  segunda instancia / Fl. 243  cuaderno Tribunal   

17  “La  pena  señalada  para  el  secuestro extorsivo  será  de cuatrocientos cuarenta y ocho (448) a seiscientos (600) meses […] si  concurriere  alguna  de  las  siguientes  circunstancias:  1.  Si la conducta se  comete  en  […]  menor  de dieciocho (18) años […] 6. Cuando se presione la  entrega  o verificación de lo exigido con amenaza de muerte o lesión […]”.   

18  Código Penal, artículo 6   

19  Cfr. Fl. 45 cuaderno Corte   

20  Negrillas fuera del texto original.   

21  Artículo 162-4 C.P.P./2004.     

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