AP883-2015(41218)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada Ponente  

AP  – 883 – 2015   

Radicación n° 41218  

Aprobado acta nº 77  

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015)   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada   por   el  defensor  de  la              procesada          NIDIA  ISABEL  PIÑA DE CASTRO, contra el  fallo  de  segunda instancia que profiriera el Tribunal Superior de Barranquilla,  fechado  el  8  de  octubre  de 2012, mediante el cual  confirmó   la  sentencia  condenatoria  emitida  por  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de       esa      ciudad.   

HECHOS  

En la sentencia de primera instancia quedaron  consignados de la siguiente manera:   

Se  conocen  a  través  de  la  denuncia  instaurada  por  el  señor CARLOS ISIDRO GUTIÉRREZ RENDÓN, ante la Oficina de  Asignaciones  de  la  fiscalía  de  esta  ciudad,  en la que señala que en una  oportunidad  le  firmó una letra de cambio a la señora NIDIA PIÑA,  POR  VALOR  DE  diez  millones,  cuarenta  y  cuatro mil, ciento  cincuenta  pesos  ($10.044.150), que cuyo (sic)  valor  fue  llenado a máquina de  escribir   por  la  señora  NIDIA  ARAUJO,  quien  para  ese  entonces  era  su  secretaria,  se le puso además, que ese título vencía el 6 de mayo de 2002, y  las   cancelaciones   de   sus   cuotas   serían   de   $100.450.oo  mensuales.  Acota  el  denunciante  que siendo ya cancelado desde  hacía  un  año  aproximadamente  ese  título, la denunciada presentó demanda  ejecutiva  en  su contra con ese mismo documento, ante el Juzgado Séptimo Civil  Municipal  de  esta  ciudad,  donde  le  tocó presentar excepciones de mérito.  Estima  que con el actuar desplegado por la denunciada en adulterar el contenido  de  la  letra de cambio que le ha servido de base para  el   proceso  ejecutivo,  esta  señora  violó  las  disposiciones  de  nuestro  ordenamiento  sustantivo  y  procedimental  penal,  mismo que con manipulaciones  engañando  a  la justicia le deviene el delito de FRAUDE PROCESAL. Estima tener  conocimiento   que   los   únicos  espacios  de  la  letra  que  llenó  fueron  los  señalados  anteriormente y en forma fraudulenta  aparecen  llenos  los  espacios  en  blanco, sin las más mínimas observaciones  legales  que estipula el artículo 622 del Código de Comercio, al aparecerle al  título  valor, tachones, enmendaduras y escrito a máquina que no corresponde a  la  que  utilizó  él  y  su  secretaría  NIDIA;  por  lo que se demuestra una  flagrante  falsedad,  que con este documento ha tratado de manipular, engañar a  la justicia civil, incurriendo en el delito de FRAUDE PROCESAL.   

DECURSO PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia que presentara  el  señor  Carlos  Isidro  Gutiérrez  Rendón  y  después  de  adelantar una  investigación   previa,   mediante  resolución  de  sustanciación    del    día    20    de  octubre de  2005,   la   Fiscalía  60  Seccional  de  Barranquilla  ordenó  la  apertura  de  la instrucción, disponiendo la vinculación mediante  indagatoria    de    NIDIA    ISABEL    PIÑA    DE  CASTRO,  diligencia  que  fue surtida el 9 de marzo de 2006.   

Adelantada    la    etapa   de   instrucción,   mediante   resolución   del   13   de  diciembre  de  2007,  la  misma  fiscalía  decretó  el  cierre  de  la  investigación,  luego  de  lo cual, el  31   de  marzo  de  2008,  calificó  el  mérito  de  la  instrucción  decretando  la  preclusión  de la  investigación.   

La decisión fue  impugnada  por  parte  del  apoderado  de  la parte civil y del Ministerio Público, siendo revocada el 9 de  agosto  de 2010 por la Unidad de Fiscales Delegados ante el Tribunal Superior de  Barranquilla,  que  en su lugar emitió resolución de acusación en disfavor de  NIDIA  PIÑA  DE CASTRO como  autora  del  delito  de  fraude  procesal.   

Ejecutoriada la acusación, el asunto le fue  repartido,    para    adelantar    la    fase   del  juicio,           al           Sexto Penal del Circuito de Barranquilla, ante el cual se instaló y  culminó     la     audiencia    de    juzgamiento    el    día    16         de        mayo de 2011.   

El       día       11 de enero de  2012   el   mismo   juzgado  emitió  la  sentencia  correspondiente,   declarando  responsable  a  NIDIA  ISABEL    PIÑA    DE   CASTRO,   en   calidad   de  autora   del   delito  de   fraude   procesal,  imponiendo   en   su   contra   pena   principal      de     cuarenta   y   ocho   (48)  meses  de  prisión    y    la    accesoria    de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por el mismo lapso. También la condenó al  pago  de  perjuicios  materiales  por  valor  equivalente a 60 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  morales  en  cuantía  de  30 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

Le fue concedido a la procesada el sustituto  de  la  prisión  domiciliaria,  con  fundamento  en el artículo 38 del Código  Penal.   

En  contra  de  lo  decidido,    el  defensor  del  procesado  interpuso   recurso   de  apelación.  La  Sala  Penal      del      Tribunal     Superior     de  Barranquilla,  mediante  decisión  del 8   de   octubre  de  2012,   confirmó   el  fallo,     modificando     el     monto     de     los    perjuicios         materiales,        determinándolos  en veinte millones ochenta y ocho mil trescientos pesos, más su  corrección monetaria al momento de su pago.   

Oportunamente       el defensor  de    la    condenada    NIDIA    ISABEL    PIÑA    DE    CASTRO   interpuso  el  recurso extraordinario de casación, el mismo que  fue  sustentado en escrito que ahora analiza la Corte  en su debida fundamentación.   

LA DEMANDA  

Un   reproche  postula  el  apoderado  del  sindicado  NIDIA  ISABEL PIÑA DE CASTRO, que fundamenta de la siguiente manera:   

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, acusa la sentencia del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  según  su  postulación,  por violación  indirecta  de  la ley sustancial (artículo 453 del Código Penal), por indebida  aplicación   derivada de un error de hecho por falsos juicios de identidad  por cercenamiento de la prueba.   

En su sustentación, el impugnante censura el  fallo  por considerar que en su valoración fueron cercenados los testimonios de  María  Amparo  Enuth  Delgado  de  Gutiérrez, Richard Nils Gutiérrez Delgado,  Carlos  Isidro Gutiérrez Rendón, Nidia Candelaria Araújo Ramos y Uriel Muñoz  Valencia.   

Transcribe  los  apartes correspondientes de  las  declaraciones  de  dichos testigos, para señalar que todos ellos indicaron  que  fue  la  acusada  NIDIA  ISABEL  PIÑA  DE CASTRO la persona que prestó el  dinero  en  suma  de $10.044.150 al denunciante Gutiérrez Rendón, mientras que  de  manera  equivocada los falladores asumieron que el préstamo lo hizo Richard  Nils Gutiérrez Delgado.   

Sumado  a  ello, puntualiza el libelista, el  testimonio  de  María  Amparo Enuth Delgado de Gutiérrez dejó en claro que la  acusada  PIÑA  DE  CASTRO  no recibió el valor del préstamo que hizo, tampoco  sus intereses, por lo que la obligación no fue saldada.   

De  igual  manera  se  desconoció  por  los  juzgadores  que  Richard  Nils Gutiérrez Delgado le prestó dinero a sus padres  Carlos  Isidro  y María Amparo, pero por cantidades distintas a las consignadas  en  la  letra  de cambio puesta en poder de la acusada, por lo que se trataba de  una distinta obligación.   

Con lo anterior, concluye el casacionista, se  evidencia  una  duda sobre la real existencia de la obligación y su impago, por  lo  que entiende que de no haber incurrido el fallador en los yerros reseñados,  habría absuelto a la procesada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuestión previa  

Como mecanismo de impugnación extraordinario  el  recurso  de  casación impone que los recurrentes formulen sus reproches con  apego  a  los  requisitos  de lógica y adecuada argumentación definidos por el  legislador  y  desarrollados  por la jurisprudencia, con el fin de evitar que se  convierta   en   una   instancia   adicional   a  las  ya  surtidas,  en  el  entendido  que  a  esta sede  arriba   el   fallo   prevalido  de  una    doble    presunción de acierto y legalidad.   

Tales  requerimientos están orientados a la  presentación  de  una  exposición  argumentativa  basada  en unos presupuestos  mínimos  de  lógica  y  coherente  postulación  y  desarrollo  de  los cargos  propuestos,   de  tal  manera  que  resulten  claros  e  inteligibles,  sin  que  corresponda  a  la Corte el desentrañar el sentido de las pretensiones a partir  de oscuras y contradictorias alegaciones del demandante.   

La demanda está sujeta de manera ineludible  a  unos  contenidos mínimos de naturaleza formal, que a decir del artículo 212  de  la  Ley 600 de 2000, estatuto bajo el cual se tramitó este proceso, son los  siguientes:  (i)  la identificación de los sujetos procesales y de la sentencia  impugnada;  (ii)  una  síntesis  de  los  hechos materia de juzgamiento y de la  actuación  procesal;  y,  (iii)  la enunciación de la causal y la formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  el demandante estime infringidas.   

Igualmente, la Sala ha puntualizado de tiempo  atrás1  que  al  impugnante  le  es exigible conjugar la sustentación del  recurso  extraordinario  con  sus precisos fines, por lo que sus reproches deben  estar   encaminados  a  obtener  la  efectividad  del  derecho  material  y  las  garantías  de  los  intervinientes  en  el proceso penal, la unificación de la  jurisprudencia  nacional  y/o  la  reparación  de  los agravios inferidos a las  partes  con  la sentencia demandada (artículo 206 de la Ley 600 de 2000).    

Adicionalmente,  el  libelo  debe enmarcarse  dentro  de  los principios que gobiernan el recurso extraordinario de casación,  entre los que destacan:   

[l]os de sustentación suficiente según el  cual,  la  demanda  debe  bastarse  a  sí misma para provocar la anulación del  fallo;  el  de  crítica  vinculante, por cuyo medio se exige una argumentación  fundada  en  las  causales previstas taxativamente por la normatividad vigente y  el  cumplimiento  de  los  requisitos  de  forma  y  contenido de acuerdo con la  seleccionada  por  el  actor;  el  de  no  contradicción, que informa que no es  posible,  en  un  mismo  cargo,  invocar  varias  causales; y el de objetividad,  conforme   al  cual  la  alegación  debe  guardar  absoluta  fidelidad  con  la  actuación2.   

De  otro  lado,  como  quiera que el recurso  extraordinario  de  casación  fue  interpuesto en contra de un fallo de segunda  instancia,  dictado  por  un  Tribunal Superior de Distrito Judicial, en proceso  adelantado  por  delito  cuya  pena  máxima  es  de  ocho  (8) años (delito de  fraude   procesal,   tipificado  en  el  artículo 453 del Código Penal), es absolutamente claro que  el  demandante  omitió  atender las previsiones legales y jurisprudenciales que  se  han  trazado respecto de la casación discrecional, única vía para acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación  en  la sistemática de la ley 600 de  2000,   cuando  el  delito  tiene  prevista  pena  de  prisión  de  8  años  o  menos.   

En  efecto,  el  censor  estaba  obligado  a  atender  el  contenido normativo del inciso 2° del artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal que rige el caso, esto es, demostrar la necesidad de que la  Corte  avoque  el  conocimiento  del  asunto  “para  el   desarrollo   de  la  jurisprudencia       o       la      garantía    de    los    derechos    fundamentales”.   

Sin embargo, ese requisito de fundamentación  no  se  satisface  con la simple transcripción de precedentes jurisprudenciales  sobre  la  materia  y  la mera indicación de que se procura la garantía de los  derechos  fundamentales  de  la  procesada,  como  hace  el  demandante,  sin el  ofrecimiento  de  la  más mínima propuesta argumentativa sobre la necesidad de  admitir  la  demanda por la vía excepcional para los fines previstos en la ley,  situación    que    por   sí   sola   es   suficiente   para   desestimar   su  demanda.   

Empero,   podría   razonarse   que   la  fundamentación  relativa  a  la  necesidad de reivindicar a través del recurso  extraordinario   de   casación   una   garantía  fundamental  conculcada,  sea  construida  a  través  del  desarrollo  de  la  censura que, como ahora ocurre,  discurre  en  esa  dirección.  Sin  embargo,  no es este el caso, puesto que el  reproche  presentado  tampoco  satisface  mínimos  criterios  demostrativos  y,  además,  no se advierte la existencia de cualquier irregularidad sustancial que  haga viable la intervención oficiosa de la Corporación.   

En este sentido, la Sala abordará el estudio  de  la censura, anticipando su rechazo en virtud del desconocimiento de los más  elementales requisitos de lógica y argumentación jurídica.   

          Es  presentado el único cargo como error de hecho, por falso juicio  de  identidad, por cercenamiento, lo que en su criterio condujo a los juzgadores  a  la aplicación indebida del artículo 453 del Código Penal, referido al tipo  penal      de     fraude     procesal.   

          Tratándose  del  error  de  hecho por falso juicio de identidad, es  deber  del  demandante  acreditar que el juzgador, al  emitir  el  fallo  impugnado,  distorsionó el contenido fáctico de determinado  medio  de  prueba, haciéndole decir lo que en realidad no dice, bien sea porque  hace  una  lectura  equivocada  de  su  texto  (falso  juicio  de  identidad por  tergiversación),  o  le  agrega  aspectos  que  no  contiene  (falso  juicio de  identidad  por  adición), o le mutila partes relevantes del mismo (falso juicio  de identidad por cercenamiento).   

         El  libelista  precisa  su  censura  en  el  entendido de un falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento,  caso  en  el cual se encontraba   compelido   a  identificar  el  elemento  de  persuasión  sobre el cual recayó el  dislate,  para  lo cual debía realizar un cotejo entre su contenido y aquel que  le   atribuyó  el  fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta  la  mutilación  para  evidenciar  la  infidelidad en la  determinación  de su contenido y, al tiempo, acreditar  la trascendencia del yerro.   

          Ningún  ejercicio idóneo en   este  sentido  realizó  el  demandante,  ocupándose  de  la  transcripción  de  algunos  apartes  de los testimonios, cuyo contenido anuncia  cercenado,   y   sobre  su  base  lleva  a  cabo  una  muy  particular  e  interesada    valoración   de   lo   que   la   prueba   arroja,   para  concluir  que el Tribunal incurrió en el vicio propuesto al  no  extraer  de allí una suerte de duda probatoria favorable a los intereses de  la procesada.   

        De   esta   manera,   el   censor  pretende  desconocer  el  valor  demostrativo  que  las  instancias  dieron  a  la  prueba  recaudada,   dando   un  personal  giro  interpretativo,  que  no  se  compadece  con su apreciación   en   conjunto,   a  los  testimonios   de   María  Amparo  Enuth  Delgado  de  Gutiérrez,  Richard  Nils Gutiérrez Delgado, Carlos Isidro Gutiérrez Rendón,  Nidia   Candelaria   Araújo   Ramos   y   Uriel   Muñoz  Valencia.     

          Así,  de  manera sesgada traslada el problema jurídico relacionado  con  la  tipicidad  de  la  conducta  a  un escenario fáctico que desconoce las  premisas sobre las que se fundamentó la decisión.   

          Concretamente,  para  el  Tribunal,  avalando  la percepción de los  hechos   presentada   por   el   A  quo,  se  demostró  que  la acusada hizo entrega en préstamo a Carlos  Gutiérrez  Rendón  de la suma de $10.044.150.oo, obligación que respaldó con  una  letra  de  cambió  en  favor  de aquella. Sin embargo, también se dio por  acreditado,  que  ese  dinero  en  realidad  pertenecía  a  Richard  Gutiérrez  Delgado,  hijo de aquel, quien confió su gestión a la mujer que era allegada a  la familia.   

          De  igual  manera  dio  por  probado que ese dinero, o al menos gran  parte  de  él, fue cancelado por el deudor, concluyendo que cuando la procesada  a  través  de  apoderada  presentó  para  su  cobro  ejecutivo ante el Juzgado  Séptimo  Civil  Municipal de Barranquilla la letra de cambio con la pretensión  de  obtener  la  suma total de su valor, se tipificó la conducta prevista en el  artículo  453  del  Código Penal, en tanto con ese proceder indujo en error al  servidor  público  a  fin de obtener una decisión judicial contraria a la ley.   

          De  tal suerte que al sustentar el cargo, el demandante omitió examinar o controvertir dichos  argumentos empleados por el Tribunal para desestimar  la  tesis  que  desde entonces ha venido ofreciendo la defensa, en el sentido de  entender  de  manera literal que el préstamo lo hizo la acusada PIÑA DE CASTRO  y  no  el  hijo  del  denunciante,  como  si  con ello se desdibujara el núcleo  fáctico del juicio de responsabilidad penal.   

        Ningún  cercenamiento puede advertirse  cuando     en     su    sentencia    resultó  evidente  para el Tribunal que el dinero que determinó la obligación contenida  en  la  letra  de  cambio  presentada  para  su  cobro  judicial,  provenía del  patrimonio  del  hijo  del  denunciante  y  que  fue  entregado   por   la   acusada   habida  cuenta  que  a  ella encargó para la administración temporal de  sus  recursos.  De modo que si unos testigos afirmaron que el dinero lo entregó  la  procesada,  es  porque en efecto así aconteció,  pero   bajo   el   entendido   que  no  era  de  su  propiedad,  sino  que  lo hizo en razón del encargo  que le fue encomendado por su titular.   

        Ese  aspecto en particular, lejos de ser mutilado al momento de la  asunción  de  los  testimonios  en  la  valoración  conjunta de la prueba, fue  asumido  en su integridad por el fallador,  deduciéndose entonces que efectivamente el dinero que llegó a  manos  de  Carlos  Isidro  Gutiérrez constituyó una obligación respaldada por  una  letra  de  cambio,  la  misma  que  fue  presentada para su cobro ejecutivo  por   la   acusada   no  obstante haber sido cancelado su valor por el obligado.   

        En    este    sentido   estribó   el  fundamento   de   la  decisión  de  las  instancias,  por  lo que resulta  tendenciosa  la  atribución  de  un falso juicio de  identidad,  cuando  de  la  mera  contrastación  con las pruebas aducidas no se  advierte    que    su    contenido    se    haya   cercenado   en   sentido alguno.   

        Tampoco  viene  al  caso  el  marginal  planteamiento  que hace el  demandante  referido  a  que  como  existían  otras  deudas  entre  Richard  Nils  y  su  padre  Carlos  Isidro Gutiérrez, el dinero  cancelado       posiblemente       pertenecía  a  otra  obligación, pues  aparte   de   ser  una  afirmación  especulativa  y  sin       sustentación      alguna,  lejos se  halla  de  perfilar la materialización del vicio propuesto o cualquier otro que  eventualmente pueda ser alegado en esta sede.   

        Infructuoso,  por demás, resulta el propósito del defensor de la  procesada  de  evidenciar  una duda probatoria de la  existencia  de  la  conducta  punible,  sobre  la  base de aquellas personales         consideraciones  que  en  nada consultan la realidad probatoria.   

El cargo no se admitirá.  

DECISIÓN   

Como    consecuencia   de   lo   antes  expuesto, la Sala inadmitirá la demanda      de      casación      presentada      por      el     defensor     de    la  enjuiciada  NIDIA ISABEL  PIÑA  DE  CASTRO,  no sin  antes  advertir  que  revisada la actuación en lo pertinente, no se observó la  presencia  de  alguna  de  las  hipótesis  que permitirían a la Corte obrar de  oficio  de  conformidad  con el artículo 216 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,    la   Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de    casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado     NIDIA    ISABEL    PIÑA    DE  CASTRO,  conforme con las motivaciones plasmadas en el  cuerpo de este proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1                    CSJ AP, 6 jul. 2011, Rad. 35486.   

2                    CSJ AP 3439, 25 junio 2014, Rad. 41752.     

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