AP8464-2016(48316)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrada ponente  

AP8464-2016  

Radicación N° 48.316  

(Aprobado acta Nº. 387)  

Bogotá,  D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de la demanda de casación presentada por la representante de la parte  civil   (Unidad   Administrativa  de  Pensiones  y  Contribuciones  Parafiscales  -U.G.P.P.-  contra  la  sentencia proferida el 16 de febrero de 2016 por la Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá, que confirmó la absolución proferida  a    favor   de   Florentino   de   Jesús   Ramírez  Sánchez  el  16  de  julio  de  2014  por  el Juzgado  Dieciséis  Penal  del  Circuito  de  esta ciudad, por el delito de peculado por  apropiación, a título de determinador.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

Con  ocasión  de  la  liquidación  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia (COLPUERTOS) se asignó al Fondo de Pasivo Social  de   la   misma   (FONCOLPUERTOS),  entre  otras  funciones,  la  de  pagar  las  prestaciones  sociales  de  exempleados  y  pensionados de la extinta compañía  portuaria,  entidad  contra  la  cual  se  promovieron  multitudes de peticiones  administrativas,  procesos  laborales  y  acciones  de  tutela,  orientadas a la  cancelación  de todo tipo de prestaciones legales o convencionales sin sustento  legal  o  cuyos  rubros  correspondientes ya habían sido pagados al momento del  retiro   por   pensión   de   los  reclamantes  o  de  la  liquidación  de  la  empresa.   

El  señor  FLORENTINO  DE  JESUS  RAMIREZ  SANCHEZ  laboró  en  COLPUERTOS  desde el 7 de diciembre de 1981 hasta el 11 de  octubre  de  1991,  reconociéndosele pensión de invalidez mediante Resolución  No. 141237.   

Mediante  apoderado  el  procesado  RAMIREZ  SANCHEZ  interpuso  demanda  laboral,  con  base en la cual, el 10 de octubre de  1995,  el Juzgado 1 Laboral del Circuito de Barranquilla profirió sentencia con  la  cual condenó a COLPUERTOS a pagar al actor diversos conceptos laborales. El  5  de  agosto  de  1996,  ese  Estrado  libró  mandamiento  de pago a favor del  demandante contra COLPUERTOS por la suma de $52.255.119.52   

Con la Resolución No. 1087 del 7 de mayo de  1998,  esa entidad estatal ordenó cancelar tales decretos judiciales, de suerte  que el pago efectivamente fue recibido por el sindicado.   

Por  otra  parte, el 28 de julio de 1998 se  profirió  la  Resolución  2590  que  ordenó  reajustar  la mesada pensional y  cancelar  diferencias  pensionales  por valor de $253.152.297,60, producto de la  sentencia  del  Juzgado  2 Laboral del Circuito de Cartagena del 13 de diciembre  de 1996 y el mandamiento de pago de 7 de febrero de 1997.   

Sin embargo, con la referida providencia del  13  de  diciembre  de  1996,  emitida  por  el Juzgado 2 Laboral del Circuito de  Cartagena,  se impuso a FONCOLPUERTOS pagar a favor de LUIS CARLOS GAVIRIA LUCAS  –persona  distinta  de  FLORENTINO  DE  JESUS  RAMIREZ SANCHEZ así como Juzgado y proceso diferente del  anterior-  la suma de $2.359.900,00 por reliquidación de viáticos, $408.571,00  por  diferencia  de prima proporcional de antigüedad, $68.075,75 por diferencia  de  la prima proporcional de servicio, y $5.529.828,03 por reliquidación de las  cesantías  definitivas.  Además  se  ordenó el (sic) cancelar diversos montos  por concepto de pensión de invalidez y sanción moratoria.   

Advertida   tal   situación,  el  25  de  septiembre  de 1998 se emitió la Resolución No. 2773 que ordenó revocar en su  totalidad  la  Resolución  No.  2590,  y  se  estableció que el señor RAMIREZ  SANCHEZ   debía   reintegrar   la  suma  de  $206.884.167,00  a  FONCOLPUERTOS.  Finalmente,  se  dispuso  que  la coordinación de contabilidad de la entidad se  abstuviera  de  colocar  a  disposición de la DIAN la suma (sic) $41.814.000,00  que  por  concepto de retención en la fuente se efectuara al pago del procesado  RAMIREZ                   SANCHEZ.1   

2.  El  30  de  noviembre  de 2004 el Fiscal  Séptimo  Seccional  de  Bogotá  declaró formalmente abierta la instrucción y  ordenó   la   vinculación   a   través   de   indagatoria   de   Florentino  de  Jesús Ramírez Sánchez2.   

3.  El  31  de enero de 2011 se clausuró el  ciclo                   instructivo3.   

4.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución  del  29  de  marzo  de  ese  año,  por  cuyo  medio  se  acusó  a  Florentino  de  Jesús  Ramírez  Sánchez   como   presunto   determinador   del   delito   de  peculado  por  apropiación,    así    como    se    abstuvo    de    imponerle    medida   de  aseguramiento4.   

5.   Contra  esa  providencia  la  defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  la  cual  fue  confirmada  el 31 de octubre  siguiente   por   la   Fiscalía  22  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá5.   

6.   El   conocimiento   del   asunto   le  correspondió  al  Juez  Cuarenta  y  Nueve  Penal  del  Circuito de la capital,  despacho  que,  el 30 de marzo de 2012 lo avocó y dispuso correr el traslado de  que  trata  el  artículo  400 de la Ley 600 de 20006.   

7.  El  5  de  julio  de 2012 se celebró la  audiencia                preparatoria7   y   la  vista  pública  de  juzgamiento  se  llevó  a  cabo  en  tres  sesiones  (12  de  marzo8     y  19  y     2110 de agosto de 2013).   

8.  Mediante  sentencia  del  16 de julio de  2014,   Florentino   de   Jesús   Ramírez  Sánchez  fue  absuelto del delito de peculado por apropiación,  a        título        de        determinador11.   

9.   Inconforme  con  esta  decisión,  la  representante  de  la  parte  civil  interpuso  recurso  de apelación, pero fue  confirmada   por   la   Sala   Penal  –mayoritaria12-  del  Tribunal  Superior de  Bogotá  el  16  de  febrero  del  año en curso, con la adición consistente en  instar   a  la  Unidad  de  Gestión  Pensional  y  Contribuciones  Parafiscales  U.G.P.P.,  adscrita al Ministerio de Hacienda y Crédito Público, a que adopte,  de  no haberlo hecho antes, las medidas pertinentes a fin de obtener la efectiva  restitución  de  la  suma entregada al prenombrado, en virtud de la Resolución  No.    2590    del    28    de   julio   de   199813.   

10.  El  mismo  sujeto  procesal  que apeló  interpuso  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación14 y presentó  en     tiempo     el    libelo    correspondiente15.   

LA DEMANDA  

Previa identificación del procesado y de los  apoderados  de  la parte civil, sintetiza la cuestión fáctica, oportunidad que  aprovecha  para  resaltar  que  el  procesado  actuó  con dolo debido a que, i)  inicialmente,     «[d]e    manera    injusta    e  ilegal»16  obtuvo  una liquidación de  pensión  12%  superior  a lo que devengaba, ii) después, abusando del derecho,  alcanzó    una    mesada   de   «15.55%   salarios  mínimos»17  superior  a  la  autorizada  convencionalmente   –del  15%-,  a través de peticiones y procesos judiciales, iii) dada su condición de  oficinista,  de  la  que no se deduce una «ignorancia  educativa»18  logró la expedición de la  Resolución  No. 2590 del 28 de julio de 1998, que en su parte motiva mencionaba  a  otro  extrabajador –Luis  Carlos  Gaviria Lucas- «utilizando ello en su nombre,  como  lo  admitió en su indagatoria, para la obtención de un provecho ilícito  equivalente  a la suma de $253.152.297,60»19,   y  iv)  finalmente,  «con  su  insana  ambición,  recurrió  nuevamente  para  censurar  el  descuento  de  Retención en la fuente que se le  hacía   por   la  suma  de  $41.814.000»20.   

La  recurrente  destaca  que,  sabiendo  el  procesado  de  la  ilegalidad  del  pago  de $211.338.297, que este dinero no le  pertenecía  sino  al  señor Gaviria Lucas, y que la resolución que autorizaba  su  desembolso  no  correspondía  al  juzgado  ante el cual había promovido su  demanda,  lo recibió, agotando de esta manera el iter  criminis,   «es   decir,  premeditar,  realizar  y  consumar  cada  una  de  sus  actuaciones en beneficio  propio»21.   

Destaca   la   colaboración   interna  de  funcionarios  de  Foncolpuertos  para  atender  favorablemente las reclamaciones  ilegales   y  presume  que  el  dinero  fue  distribuido  entre  los  diferentes  partícipes  de  la  defraudación porque el acusado no lo devolvió, pese a que  ello  se  ordenó  en  la Resolución No. 2773 del 25 de septiembre de 1998, por  cuyo medio se revocó la No. 2590 del 28 de julio anterior.   

Tacha  de  temeraria,  dolosa,  paulatina  y  programada  la  conducta  del  enjuiciado,  toda  vez  que sabía «a  que  (sic)  funcionarios  debía  realizar  sus  peticiones para  conseguir       su       indebido       incremento       patrimonial»22.   

Reprueba  la  absolución concedida en ambas  instancias  al  encartado  porque premia su mala conducta y le permite conservar  los  dineros  que a la fecha no han sido reintegrados, cuando lo que se imponía  era su condena.   

Para  la  demandante,  dado  el  monto de lo  apoderado,   es   ilógico   y  risible  que  Ramírez  Sánchez reconociera los hechos en su indagatoria pero  se  amparara  injustificadamente  en  el  desconocimiento  de lo que hacía y la  buena fe en sus actuaciones.   

En  este  punto,  opina  que  no  es posible  predicar  el  principio  de  buena  fe  porque «si se  consultara  el  estado  bancario del indiciado, las sumas no se encuentran allí  consignadas,  sino han sido desaparecidas para obstaculizar su recuperación por  parte    del   Estado»23.   

Enseguida,  en  el  único  cargo propuesto,  acusa  el  fallo  de  segunda  instancia  «de  haber  violado  directamente  la ley sustancial por no desconocer la apreciación de la  prueba  sobre  la  cual  se  funda  la  Sentencia,  esto es, por haber incurrido  parcialmente  en  la  CAUSAL  PRIMERA DE CASACIÓN, consagrada en el numeral 1º  del   artículo   207   del   Código   de   Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000).»24   

En  desarrollo  de  la  censura, critica las  sentencias  por  no  haber  valorado  «plenamente el  acervo    probatorio»25,  lo  cual  sucedió,  dice,  debido  a  que  no  se tuvo en cuenta que la calidad de determinador del acusado  está demostrada.   

Así   mismo,  recuerda  que  i)   el   enjuiciado   tiene   estudios  secundarios  completos,  ii)  como  servidor  público  debía  saber  que  el  delito  de peculado contrae un  desangre  patrimonial  para el Estado, iii)  laboró como oficinista por espacio de aproximadamente 10 años y  iv) que por ello conocía el  personal idóneo para perfeccionar el delito.   

Resalta también que en la audiencia pública  de  juzgamiento,  el  procesado  ofreció devolver el dinero en cuotas mensuales  irrisorias  y  no  como lo percibió; por ende, se infiere que ya no lo tiene en  su  poder,  «lo  cual es ilógico, tratándose de la  cantidad  recibida,  de  lo  cual  puede predicarse ya había hecho los repartos  correspondientes  a quien o quienes lo favorecieron en el desfalco estatal. Este  indicio  nunca  fue  tomado  en  cuenta  por  el ente instructor como el Juez de  Conocimiento,  tampoco  por  el  A  Quo.»26   

A juicio de la abogada, el conocimiento de la  ilicitud  se  desprende  de los dichos del acusado, ya que alguien con meridiana  capacidad   cognoscitiva   habría  advertido  que  la  cantidad  reconocida  no  correspondía  a  su  demanda; no obstante, no solo la cobró sino que cuando se  advirtió  el  error  en  la  Resolución  No.  2773  de  2011, no hizo nada por  devolverla.   

A continuación, asegura que se incurrió en  error  in procedendo porque,  «en   cualquiera   de   las  instancias»27,   oficiosamente,  debieron  decretarse   las   pruebas   conducentes   y   pertinentes  para  «desenmarañar      el      desfalco      al      Estado»28.    Añade   al   respecto  que:   

La  conjunción de las pruebas aportadas al  plenario  si  se  hubieran  visto  bajo  las  reglas  de  la sana critica (sic),  habrían  determinado de manera oficiosa la práctica de las pruebas conducentes  y  pertinentes,  ya  que eran indiciarias para determinar la responsabilidad del  autor  (determinador),  y  determinar  sus  coparticipes. Situación necesaria y  obligatoria      del      ente      instructor.29   

Cierra   este   apartado   señalando  que  «la  falta  de  apreciación de la prueba y falta de  solicitud   de   estas»30   no   puede   conducir   a  «un  injusto  jurídico que lesione patrimonialmente  al      Estado.»31   

En  el acápite conclusivo, tras insistir en  el  acaecimiento  del  yerro in procedendo  mencionado,  reclama  la  declaración  de responsabilidad penal y  civil     contra    Ramírez    Sánchez,  con  fundamento  en  «la  conjunción  probatoria    tanto    de    indicios   como   de   la   injuriada   (sic)   del  implicado»32   y   la   aplicación   de  «la  doctrina  de  la antiprocesabilidad penal, como  principio      universal     procesal»33.   

Así  mismo, solicita el embargo y secuestro  de  las  cuentas  bancarias, a nivel nacional, del acusado, con el propósito de  evitar  que  se  insolvente  y oficiar al Instituto Geográfico Agustín Codazzi  para determinar sus propiedades.   

Finalmente,   pide   casar  «el    presente    proceso»34  y,  en  su  lugar, condenar al enjuiciado.   

CONSIDERACIONES  

En  orden  a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000.   

En ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su  formulación, suficiente en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de  tal  suerte  que  ha de soportarse en los principios que rigen este mecanismo de  impugnación,  en especial, los de claridad, precisión, fundamentación debida,  prioridad,  no  contradicción,  crítica  vinculante,  corrección  material  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un alegato de  instancia.   La  proposición  de los cargos exige escoger adecuadamente la  causal  y  el  sentido  de la violación y, concretar el disenso en términos de  trascendencia.   

De  conformidad con el canon 213 del Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  Sala  inadmitirá el libelo, porque no  reúne   las  exigencias  mínimas  previstas  en  el  precepto  212  del  mismo  Estatuto.   

Para empezar, en el único cargo formulado la  recurrente  invocó la violación directa de la ley sustancial, proposición que  exigía  admitir  la cuestión fáctica y la apreciación de las pruebas como se  concibió  por  los  juzgadores,  dado  el debate de puro derecho que representa  este tipo de censura.   

No  obstante, el yerro denunciado, en parte,  se  hizo  consistir  en «no haber valorado plenamente  el   acervo  probatorio»35,  en  punto de la calidad de  determinador  del  acusado,  lo cual correspondería a una infracción indirecta  de  la  ley sustancial, en el sentido de falso juicio de existencia por omisión  o  quizás  de  falso juicio de identidad por cercenamiento, en tanto la demanda  no  precisa si lo reprobado es la falta de apreciación de un medio de prueba en  particular    (no    identificado)   –primer   caso-   o   de   un   fragmento   del   mismo  –segundo evento-.   

Así  mismo,  vulnerando  el  principio  de  autonomía,   a   la   par   denunció  un  error  in  procedendo  proveniente  de  no  haber  practicado las  pruebas       pertinentes       y      conducentes      para      «desenmarañar      el      desfalco      al      Estado»36,  reproche este propio de la  vulneración  del  principio de investigación integral, pasible de ser acusado,  únicamente, por la senda de la causal tercera de nulidad.   

A  ello  se  suma,  que  aún de superar tal  defecto  argumentativo,  la letrada no identificó cuáles serían los medios de  convicción  que  la  fiscalía  y el juez de conocimiento dejaron de practicar,  cuál  la  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  de  los  mismos  y  cuál  la  posibilidad efectiva de recaudo.   

Repárese cómo, pese a que la vía de ataque  seleccionada  –directa- le  imponía  a la jurista acusar la falta de aplicación, la aplicación indebida o  la  interpretación errónea de una norma de efectos sustanciales, su reflexión  se  desenvolvió  hacia  varios  motivos  de  disenso en los que indistintamente  cuestionó   la  valoración  probatoria  como  la  inercia  de  los  operadores  judiciales  en el recaudo de la prueba indispensable para llegar al conocimiento  de  los  hechos, deficiencia que le resta toda claridad, coherencia y precisión  al libelo.   

Es así que, si pretendía demostrar que los  juzgadores  ignoraron  que  el  grado  de  instrucción  académico –secundario-   del  exportuario  y  su  precedente  condición  de  oficinista  por  un lapso aproximado de 10 años, le  permitió  conocer  el  personal  idóneo  de Foncolpuertos para perfeccionar el  delito  de  peculado  por apropiación, estaba impelida a acudir al falso juicio  de  existencia  por  omisión,  señalando la prueba que así lo acreditaba y la  trascendencia  de  esa  información,  de  cara al resto de los argumentos de la  decisión censurada.   

Lo  mismo  se  debe  decir  de la falta de  estructuración  del  indicio  de  repartición  del  dinero  obtenido entre los  funcionarios  partícipes  del  ilícito,  que  surgiría  del  hecho  indicador  consistente   en   que  Ramírez  Sánchez  no devolvió la suma pagada en bloque sino que ofreció retornarla  en  cuotas,  pues,  en ese caso, la libelista estaba obligada a señalar de qué  prueba  provenía  ese  supuesto,  así  como  a  identificar el postulado de la  persuasión  racional  que  permitía  inferir  como  hecho  cierto –desconocido-  o  por lo menos probable  que el procesado procedió de la manera señalada.   

Así también, por la ruta del error de hecho  por  falso  raciocinio,  a  la recurrente le correspondía señalar la ley de la  sana   crítica  que  imponía  deducir  que  alguien  con  meridiana  capacidad  cognoscitiva  habría advertido que la cantidad reconocida no correspondía a la  que venía demandando.   

Lo  anterior,  sobre  todo  si  se tienen en  cuenta      las      reflexiones      de     los     juzgadores     –ignoradas  por  la actora-, según las  cuales   no   solo  no  se  llevaron   elementos   de  juicio  al  proceso  que  permitieran  desvirtuar  la  razonabilidad  de  la  justificación  esgrimida por el encartado, relativa a la  confusión  en  que  habría  recaído  al  recibir  un  dinero  que  pensó  le  correspondía   por  razón  de  un  reajuste  previamente  solicitado  ante  la  jurisdicción  ordinaria  laboral  sino  que  el  encartado  no  fue  notificado  personalmente  de  la  determinación  administrativa  que ordenó el desembolso  del  dinero en cuestión, cuyo beneficiario era otra persona.   

Además,  según  se  lee  en  los fallos de  instancia,   el   procesado,   contrario   a   lo   aducido  por  la  libelista,  inmediatamente  se enteró del error en que había incurrido la administración,  sí  intentó  la  devolución  del  valor  pagado,  al  punto  que autorizó su  descuento  del  monto  de  las  mesadas,  sólo  que  Foncolpuertos  denegó esa  propuesta porque pretendía la recuperación inmediata del dinero.   

De  otra  parte,  aunque  la  casacionista  pretende  acreditar  el dolo del procesado en el delito endilgado a partir de la  enunciación  de  todas  las  actuaciones presuntamente desplegadas por él para  obtener,  a  través  de  diversas  peticiones  y  demandas, sucesivos reajustes  pensionales,   ignora,   como   lo   destacó  el  ad  quem,  que  el derecho penal de acto impide extender o  trasladar  el  conocimiento  de  la ilicitud y la voluntad de realización de un  acto  desvalorado a otros de similar naturaleza ejecutados por la misma persona,  así  como  que  este  proceso se circunscribe, exclusivamente, al desembolso de  $211.338.297,  con  ocasión  de  la  Resolución  2590 del 28 de julio de 1998,  mediante  la  cual  se  ordenó  equívocamente  su pago al acusado –el mandamiento de pago se había hecho  a  favor  de  Luis  Carlos  Gaviria  Lucas- y no a la expedición de otros actos  administrativos,  cuya  legalidad está siendo investigada en cuerdas procesales  diferentes,  incluso  por  la  compulsa  de copias que hiciera el Tribunal en la  sentencia impugnada.   

Lo demás es un claro alegato de instancia,  inadmisible  en sede de casación, por cuanto no proyecta ningún yerro concreto  de  los  fallos  de primera y segunda instancias que permitiere derruir la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad que las ampara, sino que corresponde a la  mera  opinión  o  percepción  particular  de  la abogada, la cual aspira a ser  sobrepuesta a la de los sentenciadores.   

Es  así como, por ejemplo, opina que no es  viable  conferirle credibilidad al dicho exculpatorio del sentenciado ni aplicar  el  principio  de  buena  fe  frente  a sus actos, desconociendo con ello que el  mérito  asignado  a una prueba no es susceptible de ser censurado en casación,  salvo  cuando  se emprende la demostración de la violación de alguna ley de la  sana crítica, que no es el caso.   

Igualmente,   la  libelista  apela  a  la  aplicación  de «la doctrina de la antiprocesabilidad  penal»37,    que    considera    un  «principio     universal     procesal»38.  Sin  embargo,  la Corte no  tiene  noticia  o  referencia alguna acerca de tal postulado y mucho menos de su  alcance y pertinencia respecto del caso en examen.   

Ahora,  tampoco  es  posible  atender  la  solicitud  de  embargo  y  secuestro  de  las  cuentas bancarias del procesado u  oficiar  al  Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi  a  efecto  de determinar  cuáles   son   sus   propiedades,  pues  tal  pretensión  no  solo  no  guarda  correspondencia  con  la  competencia de la Corte en sede de casación, sino que  la  inadmisión  de  la demanda sometida a revisión condiciona la firmeza de la  sentencia  absolutoria  de  segunda  instancia proferida a favor de Ramírez Sánchez.   

En todo caso, está bien resaltar que, como  medida   de   restablecimiento  del  derecho,  el  ad  quem  adicionó  el  fallo  de segunda instancia en el  sentido  de «instar a la Unidad de Gestión Pensional  y  Parafiscales  (sic)  U.G.P.P.  adscrita  al Ministerio de Hacienda y Crédito  Público  que  adopte,  de  no  haberse  hecho, las medidas pertinentes a fin de  obtener  la  efectiva restitución de la suma entregada al prenombrado en virtud  de  la  Resolución  no 2590  de  28  de julio de 1998.»39   

Por  último, la Sala no observa flagrantes  violaciones   de   derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos  distintos  al  señalado  que  conduzcan  a  la  necesidad de un pronunciamiento  profundo   frente   al   expediente   en   razón   de  las  finalidades  de  la  casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  representante de la parte civil  (Unidad  Administrativa  de  Pensiones  y Contribuciones Parafiscales -U.G.P.P.-  contra  la  sentencia  proferida  el 16 de febrero de 2016 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Bogotá a favor de Florentino de  Jesús Ramírez Sánchez.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.   folios   2-3  del  cuaderno del juicio 3.   

2  Cfr.  folios  186-187  del  cuaderno de instrucción 1.   

3  Cfr. folio 147 del cuaderno  de instrucción 2.   

4  Cfr.   folios   164-172  ibidem.   

5  Cfr.   folios  2-57  del  cuaderno de apelación de la resolución de acusación.   

6  Cfr.   folios   3-4  del  cuaderno del juicio 1.   

7  Cfr.    folios   31-35  ibidem.   

8  Cfr.   folios   121-124  ibidem.   

9  Cfr.   folios  1-22  del  cuaderno del juicio 2.   

10  Cfr.    folios   34-55  ibidem.   

11  Cfr.   folios  2-33  del  cuaderno del juicio 3.   

12 El  magistrado  Fabio  David  Bernal  Suarez  manifestó  salvamento  de  voto  a la  sentencia   de   segunda  instancia.  Cfr.   folios   31-38   ibidem.   

13  Cfr.   folios  5-22  del  cuaderno  del Tribunal. También se compulsaron copias ante la Fiscalía General  de  la  Nación con el fin de que investigara la participación del procesado en  la  expedición  de  diversas  resoluciones  por  cuyo  medio  Foncolpuertos  le  reconoció algunos ajustes prestacionales y pensionales.   

14  Cfr. folio 42 ibidem.   

15  Cfr.    folios   43-52  ibidem   

16  Cfr. folio 45 ibidem.   

17  Ibidem.   

18  Ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Cfr. folio 46 ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Cfr. folio 47 ibidem.   

23  Cfr. folio 48 ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Cfr. folio 49 ibidem.   

27  Cfr. folio 50 ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Ibidem.   

33  Cfr. folio 51 ibidem.   

34  Ibidem.   

35  Cfr. folio 48 ibidem.   

36  Cfr. folio 50 ibidem.   

37  Cfr. folio 51 ibidem.   

38  Ibidem.   

39  Cfr. folio 22 ibidem.     

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