AP826-2014(37021)EDITADA

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP826-2014  

Radicación n° 37021  

(Aprobado  Acta No.  053)   

Bogotá  D.C.,  veintiséis de febrero de dos  mil catorce (2014).   

Se     pronuncia    la    Sala  sobre la  admisión  de la demanda de  casación      presentada      por      el      defensor     de     MCV  contra la  sentencia     dictada    por    el    Tribunal    Superior    de    (…) el 24 de  mayo  de 2011, mediante la cual confirmó la proferida  por        el        Juzgado       21   Penal   del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  la  misma   ciudad  el  16  de  diciembre      de     2010,      que  condenó  al procesado por  el  delito  de acceso carnal abusivo  con  menor  de  14  años  en  concurso homogéneo y sucesivo.    

Hechos  

          El  23  de  enero  de  2009, el menor D.L.R.G., de 13 años de edad,  quien  se  encontraba  en  vacaciones  escolares  en (…), procedente de (…),  durmió  en  la  casa de MCV,  por  iniciativa  de  su  padre. Tres meses después, ante las advertencias de su  mamá   LEGR,  con  quien  reside  en  (…), de que lo enviaría a vivir a  (…)  con  su  papá  si  no  mejoraba  su  rendimiento  académico y dejaba su  rebeldía,   el menor se angustio y le relató llorando que la noche del 23  de  enero, en las horas de la madrugada, hallándose compartiendo cama con (…)  (también  menor  de  edad,  hijo  del  dueño  de  casa),  llegó  MCV  borracho y  lo  hizo  pasar  a su cama, que era doble,  pretextando comodidad, donde lo  obligó  a  practicarle  sexo  oral  y lo accedió analmente varias veces.    

          Actuación procesal relevante   

1.  El  20  de octubre de 2009, la fiscalía  presentó       escrito       de       acusación       contra      MCV   por  el  delito  de acceso carnal abusivo con menor de 14 años, en concurso homogéneo y  sucesivo,  de conformidad con lo previsto en los artículos 209 y 31 del Código  Penal,  y  el  24   de noviembre del mismo año le formuló estos cargos en  audiencia.    

2. Rituado el juicio, el juez anunció que el  fallo  sería condenatorio, y así lo plasmó en la sentencia de 16 de diciembre  de   2010,  en  la  que  condenó  a  MCV  a  la  pena  principal  de 160 meses de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  período,  como  autor  responsable de los  delitos imputados en la acusación.   

          3.  Apelado  este fallo por la defensa, para demandar la absolución  del  procesado  por  existir  muchas  dudas sobre la ocurrencia de los hechos, y  subsidiariamente  la  reducción  de  la  condena  al  pago  de  perjuicios,  el  tribunal,  mediante  el  suyo  de  24 de mayo de 2011, que ahora el mismo sujeto  procesal recurre en casación, lo confirmó en todas sus partes.   

          La    demanda                  

         

         

          Al  amparo de la causal prevista en el numeral tercero del artículo  181  de la Ley 906 de 2004, presenta un cargo contra la sentencia impugnada, por  violación  indirecta de la ley sustancial, debido a un error de hecho por falso  raciocinio en la apreciación de las pruebas.   

          Sostiene  que  el  tribunal erró al valorar el testimonio del menor  presentado  como  víctima,  al  hacerlo  en  ausencia  de las reglas de la sana  crítica  y  la  experiencia,  puesto que son múltiples los reparos en su dicho  que  dan  al  traste  con  la  certidumbre  necesaria para desvirtuar el derecho  fundamental de la presunción de inocencia.   

          Explica   que   el  ad  quem,  al  analizar  la  veracidad  de  este  testimonio,  se  limita  a  reiterar  que  su  relato  es  lo “suficientemente  demostrativo  de  las  ilicitudes”,  de  la  mano de una sentencia de la Corte  Suprema  de Justicia que no aterriza al evento sub examine, y excusando la falta  de  reacción  de  la  víctima  ante  la  agresión que dice padeció contra su  voluntad,   “máxime  si  como se insistió el examen médico sexológico  en  NINGUNA  parte avaló el mendaz relato de la supuesta víctima, toda vez que  el experticio descarta penetración vía anal”.   

          Así  las  cosas,  es  insalvable  la  duda  que surge en torno a la  existencia  del  acceso como presupuesto de tipicidad, no pudiendo ser de recibo  la  lucubración  que contra toda lógica realiza el tribunal para justificar el  juicio  de  culpabilidad,  cuando  sostiene  que “la penetración vía anal en  menores  de  no  muy  corta edad como lo es D.L.R.G., difícilmente deja huellas  físicas  que  la  evidencien por la elasticidad de esa parte del cuerpo humano;  luego  su  no  presencia  de  manera  alguna  determina  la  imposibilidad de la  existencia del proceder ilícito”.   

          Es  evidente,  asimismo, que el tribunal, al valorar como pruebas de  cargo   el  relato  contradictorio  del  menor,  al  igual  que  la  valoración  sicológica  aportada  por  la  fiscalía,  dejando  de  lado el restante caudal  probatorio   que  alimenta  el  infolio,  «omitió  soportar  sus  conclusiones  explicando  en  concreto  en qué reglas de la sana crítica, aparece que el ano  es  una  cavidad  elástica, omitiendo igualmente especificar en qué máxima de  experiencia,  o  ley  de  la  lógica  formal  o  dialéctica, encuentra aval lo  plasmado».   

          De  haberse  valorado,  como manda la jurisprudencia, el hecho real,  aceptado  por  las  partes,  de  que  no  existen evidencias de penetración, el  procesado  NUNCA  hubiera sido condenado, «toda vez que precisamente de la mano  de  las plurales contradicciones que se esbozaron en el escrito de apelación en  punto  de  lo  aseverado  por  menor,  resultaba  como  en  efecto  se  hizo  un  despropósito  pregonar consumación de una conducta que tan solo existió en la  mente del menor…».   

              Argumenta,  después  de  citar  jurisprudencia  sobre  los  errores  que  pueden  cometerse  en  la construcción y valoración de la prueba  indiciaria,  que  la  inferencia lógica puede ser atacada en casación, pero en  atención  a  que  esta es el resultado de un proceso intelectual valorativo, la  única  vía  para  hacerlo es el error de hecho por transgresión ostensible de  los  principios  de  la sana crítica, alternativa que supone la aceptación del  hecho  indicador  y  la  demostración  de que el juzgador realizó un juicio de  valor  en  contravía de las leyes de la ciencia, los principios de la lógica o  las reglas de experiencia.   

          Agrega,   después   de   manifestar  haber  cumplido  con  la   demostración  del  cargo,  que  el  tribunal  deja  de  lado la aplicación del  principio  in  dubio pro reo, apotegma que corresponde a un estadio cognoscitivo  en  el  que  en  la  aprehensión  de  la  realidad concurren circunstancias que  afirman  y  niegan  la  existencia  del objeto de conocimiento.  Apoyado en  jurisprudencia  de  la  Corte, se refiere a los contenidos y aplicación de este  principio,  y  solicita  a la Corte casar el fallo impugnado, para dictar, en su  lugar, uno absolutorio.   

          SE CONSIDERA   

          La  Sala  inadmitirá  la  demanda de casación que se estudia   por  no  cumplir  el  requisito  referido  a  la  debida sustentación del cargo  propuesto,  ni  satisfacer  los  presupuestos  básicos  de idoneidad sustancial  necesarios para la realización de los fines del recurso.   

La  Corte  tiene  dicho  que  el  error  de  raciocinio  se  presenta  cuando  el  juzgador  desconoce  los  principios de la  lógica,  las  reglas  de  experiencia  o  los  postulados  de  la ciencia en la  valoración  de  las  pruebas,  y que su demostración, por tanto,  implica  precisar  cuál  o  cuáles  de  estos  componentes  de  la sana crítica fueron  desatendidos,  las  razones  por  las  cuales se presentó su desconocimiento, y  qué  implicaciones  tuvo  el  error  en  las concusiones probatorias del fallo.   

Este  ejercicio  argumentativo  no  es el que  acompaña  la  fundamentación  del  cargo,  pues  el  censor, como viene de ser  visto,  se limita a sostener, de manera general, que el tribunal desconoció las  reglas  de  la  sana crítica en la apreciación de las pruebas, sin ocuparse de  precisar   cuál  principio  lógico,  cuál  máxima de experiencia o cual  postulado  científico fue desconocido por los juzgadores, en qué consistió la  incorrección, ni por qué condujo a una decisión ilegal.   

          Lo  único  que logra establecerse del contenido del cargo es que su  inconformidad  deriva  de  la  apreciación  que  los  juzgadores  hicieron  del  testimonio  del  menor, de su  evaluación sicológica y del examen médico  sexológico  que  le  practicaron,  pero  más  allá  de esta manifestación de  disenso  con la valoración de estas pruebas, era imperativo acreditar  que  su  apreciación   atentaba  contra  la  razón, el buen juicio, el sentido  común, o las leyes científicas.   

         

          Esto,  porque  el  error de raciocinio no surge de la disconformidad  que  pueda  existir  entre  la valoración realizada por los juzgadores y la que  las  partes  asumen  o postulan como correcta, sino de su contradicción con los  principios  lógicos,  las  máximas  de  experiencia  o  los  postulados  de la  ciencia,  y  porque  el demandante en casación debe probar toda afirmación que  contraríe  las  conclusiones  del  fallo,  en virtud de la doble presunción de  acierto y legalidad que lo ampara.   

          Adicionalmente  a  que  el  libelista  no  demuestra qué principio,  máxima  o  postulado  de la sana crítica los juzgadores  desconocieron en  la  valoración  de  cada  una  de  las  pruebas  que  menciona,  ni acredita su  existencia,    ni    trascendencia,   la   argumentación   que   acompaña   la  fundamentación  de  la censura se torna en algunos pasajes incomprensible, pues  paralelamente  se  queja  porque  los  juzgadores dejaron de valorar la restante  prueba  allegada al juicio, con lo cual pareciera estar denunciado igualmente un  error de existencia, que tampoco acredita.   

También cita jurisprudencia sobre la forma de  atacar  la prueba indiciaria en casación y los errores que pueden eventualmente  cometerse  en el proceso de construcción y valoración de la misma, tornando el  planteamiento  aún  más  confuso,  por  cuanto  no  dice,  ni  la  Corte logra  establecer,  qué  relación  vincula  este  nuevo planteamiento con los errores  que  denuncia.   

Por lo demás, la Corte no advierte que   la  valoración  de  las  pruebas  cuestionadas contraríe las reglas de la sana  crítica,  ni  que  en  relación  con  el  dictamen  sexológico los juzgadores  hubiesen  puesto  a  decir  a  la  prueba  lo  que  no  dice, como lo sugiere el  recurrente  al  sostener  que  «el  experticio  descarta  la  penetración vía  anal».   

          Visto,  entonces,  que la demanda no cumple las condiciones mínimas  de  orden  formal  y  sustancial  exigidas  para  su selección a estudio, se la  inadmitirá  a  trámite,  en aplicación de lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906 de 2004, y se ordenará devolver el proceso a la oficina de origen,  no  advirtiendo violaciones a las garantías fundamentales que la Corte esté en  el deber de proteger de manera oficiosa.   

Insistencia  

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia  por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en el  artículo  184  inciso  segundo  ejusdem,  en  la oportunidad, forma y términos  precisados  por  la  Corte en reiterada jurisprudencia (CSJ, SP, 12 de diciembre  de  2005,  radicado  24322; CSJ, SP, 28 de septiembre 2011, radicado 33181; CSJ,  SP, 17 de octubre 2012, radicado 34946, entre otras).   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

                     

          RESUELVE   

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  MCV.   

          Contra esta decisión procede la insistencia   

          NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE   

              

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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