AP802-2014(42906)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP802-2014  

Radicación N° 42906.  

Aprobado Acta No. 53.  

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil catorce (2014).   

V  I              S              T              O              S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del acusado CRISTIAN  ALFREDO  RAMÍREZ  GIRALDO, en  contra  de  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por la Sala Penal del  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali  (Valle  del  Cauca),  el  20   de   septiembre  de  2013,  mediante  la cual  confirmó  el fallo emitido  por  el  Juzgado  Diecinueve  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la  misma ciudad, el  22   de   febrero de ese  año,   por   cuyo   medio  condenó  al  mencionado  procesado,   como  coautor  responsable del concurso de  conductas   punibles   constitutivas   de   homicidio  agravado   y   homicidio  agravado   tentado,   a   la   pena   principal   de  42  años  de  prisión  y a la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término       de      20      años.   

HECHOS  

Sucedidos   en   la   ciudad   de   Cali  (Valle   del  Cauca),  las  instancias los describen de esta manera:   

“…[d]ieron  inicio  a la investigación  hechos  ocurridos el día quince (15) de Noviembre de dos mil ocho (2008), en la  calle  70ª  No. 22-15, Barrio Charco Azul, cuando transcurrían aproximadamente  las  18:35  horas de la tarde el señor JOSEPT STIVEN ZAMBRANO PAZ, salía de su  casa,  arriba  señalada,  pues  se  disponía a comprar comida. En este momento  observa  que frente a su casa arriban dos motocicletas, una con un pasajero y la  otra  con dos. De la segunda comienza a dispararle el parrillero o copiloto, por  lo  que  emprende  veloz  carrera  con  el  ánimo de introducirse de nuevo a su  residencia,  y  al  momento  que  ingresa y se dirige al patio, su señora madre  GRACIELA  PAZ RIVAS, que se encontraba en la sala, se coloca detrás de él y le  dice que cierre la puerta.   

Como  quiera  que  desde  la  calle estaban  disparando,  la  mujer recibe dos heridas de arma de fuego en región lumbar, en  tanto  que  su  hijo (Josepth Stiven Zambrano Paz) había recibido una herida en  la espalda antes de ingresar al inmueble.   

Como  resultado,  son  llevados al Hospital  Carlos  Holmes  Trujillo,  en  donde son remitidos al Hospital San Juan de Dios,  logrando  salvarle  la  vida  a JOSEPTH STIVEN ZAMBRANO PAZ, pero su progenitora  GRACIELA  PAZ  RIVAS,  que  había sido trasladada al Hospital Universitario del  Valle,  fallece  el  17 de noviembre como consecuencia de las heridas recibidas,  pues  la  necropsia  señala  como  causa  básica  de  la muerte, herida lumbar  penetrante  a  abdomen con sección vena cava inferior, por proyectil de arma de  fuego.   

Capturando posteriormente el 17 de enero de  2010,  al  señor  Christián  Alfredo Ramírez Giraldo, como consecuencia de la  información  aportada  por  las  víctimas Josepth Stiven Zambrano Paz y Walter  Zambrano”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En   audiencia  preliminar  celebrada  el 14 de enero de 2010 ante el Juzgado Octavo   Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Cali  (Valle  del  Cauca),  se  ordenó  la  captura  de  CRISTIAN  ALFREDO  RAMÍREZ  GIRALDO, la cual se obtuvo el 17 de enero siguiente.   

El  18  de  los  mismos  mes  y año, el Juzgado 31 de esa especialidad  legalizó      dicha      aprehensión,  avaló  la  imputación  que  por  los  delitos  de  homicidio    agravado,   homicidio   agravado   tentado  y  fabricación,  tráfico  y porte de  armas   de   fuego   o   municiones  le  formuló  la  Fiscalía,        y       le       aplicó   medida  de  aseguramiento  de  detención        preventiva        en        establecimiento       carcelario.   

Como       el       imputado  no  se  allanó  a  los cargos  formulados,   el   ente   instructor  presentó  escrito  acusatorio   el   16   de   febrero   ulterior,  ratificándolos.   

La          fase  del  juicio  fue  asumida  por  el  Juzgado  19 Penal del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Cali, despacho que luego de realizar  las   audiencias   de   acusación   –el  17  de  marzo  de  esa  anualidad-,  preparatoria –el   21   de   abril  posterior-  y juicio oral –en  sesiones del 27 de abril, 12 de  julio,  16  de  septiembre,  y  17  de  noviembre  de  2010,  7 de junio y 17 de  noviembre  de  2011, y 1° de marzo y 10 de diciembre de 2012-, dictó sentencia  el  22  de  febrero  de  2013,  condenando al acusado  RAMÍREZ  GIRALDO  por los ilícitos contra la vida y  absolviéndolo por el atentado contra la seguridad pública.   

Consecuente  con  su  determinación,  el  A  quo  le  impuso  las  sanciones  reseñadas  en  la  parte inicial de este  proveído,   y  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y  prisión domiciliaria.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado, la Sala Penal  del  Tribunal Superior de Cali lo confirmó íntegramente el 20 de septiembre de  ese  año,  mediante la providencia que hoy es objeto del recurso extraordinario  de casación por parte del mismo sujeto procesal.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo      único:      violación  indirecta.   

Luego  de  afirmar  que  con  la  casación  propende  por  la  unificación  de  la jurisprudencia nacional, debido a que en  este  evento  se  incurrió  en  errores  en  la  apreciación  de  las  pruebas  “y  de  la  ley  del debido proceso”,  afectando  así las garantías de su representado, el defensor de  CRISTIAN  ALFREDO  RAMÍREZ GIRALDO se apoya en el numeral 3° del artículo 181  de  la  Ley  906  de  2004 para denunciar que en el fallo del Tribunal se violó  indirectamente la norma sustancial.   

En  orden  a fundamentar la censura, asevera  que  el Ad quem confirmó la  condena  con  base  en  testigos  no  presenciales,  para  lo cual transcribe un  apartado  en  el que se menciona la declaración de un agente policial que alude  a  la  versión  de  Walter  Zambrano,  quien  no compareció a testificar en el  juicio  y,  por  tanto,  no  podía  “traerse como  referencia  de  algo  que  debe concretarse en juicio oral en calidad de testigo  presencial”.   

Así,  después  de  referir  la  forma  de  incorporar  y  valorar  las entrevistas recepcionadas en la etapa preliminar, el  casacionista  sostiene  que  no es suficiente con que el funcionario de policía  judicial  que las realizó comparezca a la diligencia, las lea y sea interrogado  sobre  lo  allí plasmado. Ello, con el agravante de lo ocurrido en este asunto,  puesto  que  “cuando forzadamente comparecieron los  entrevistados  y  se  retractaron  del  contenido de la entrevista, se tuvo como  prueba  de  referencia”, desconociéndose que cuando  el   testigo   comparece,   el   medio   probatorio   deja   de   ostentar   esa  calidad.   

Cuestiona,  entonces,  que  esas entrevistas  hayan  sido  tenidas  en  cuenta  para  edificar  la  condena,  a  pesar  de que  “no  existen en la investigación ya que no fueron  traídas   respetando  el  régimen  probatorio  en  el  sistema  acusatorio  de  controversia  en presencia de la defensa y el funcionario competente”.   

Por último, el memorialista cita las normas  que   conciernen   a   la  prueba  de  referencia,  concreta  que  los  testigos  entrevistados     que    luego    se    retractaron    fueron    “JOSEPT    STIVEN    y    YORANIS   MOSQUERA   IBARGUEN”,  trae  a  colación dos párrafos del juzgador que no comparte,  insiste  en  que  la prueba testimonial fue indebidamente practicada, y solicita  que  se  case la sentencia demandada, para en su lugar absolver a su defendido y  disponer su libertad inmediata.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Siendo   evidente   que   el   libelista  desconoce    absolutamente   los   requisitos   de  fundamentación  exigidos  para  la  admisibilidad  de  la demanda de casación,  desde ya anuncia la Sala que inadmitirá la misma.   

Pero, previamente a examinar la censura que  presenta   en   contra   de   la   sentencia   demandada,   debe   reiterar   la  Corte   cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza de la  casación  en  cuanto  medio  de control constitucional y legal habilitado ya de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas por  los   Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las partes, en seguimiento de lo consagrado por el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

Precisamente,  en  aras de materializar el  cumplimiento  de  tan específicos intereses, la Ley 906 de 2004 dotó a la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de una serie de facultades  realmente  especiales,  como lo hizo con aquella consagrada en el artículo 184,  a  saber,  la  potestad de “superar los defectos de  la   demanda   para   decidir  de  fondo”  en  las  condiciones  indicadas  en él, esto es, atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  censor  dentro  del proceso e  índole  de  la  controversia planteada; y  la referida en el artículo 191, para emitir un “fallo       anticipado”       en  aquellos  eventos en que  la  Sala  mayoritaria  lo  estime  necesario  por  razones  de interés general,  anticipando  los  turnos  para  convocar  a  la  audiencia  de  sustentación  y  decisión.   

Es  necesario,  sin  embargo, inadmitir la  demanda  si,  como  postula  el  inciso segundo de aquél precepto: “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades     del     recurso”    (CSJ  AP,  13 de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP, 23 de julio  de 2007, Rad. 27.810).   

Atendidos estos criterios, ha señalado la  Corte:   

“De  allí que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta      de      aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de  constitucionalidad,  constitucional  o legal, llamada a regular el caso-, recoge  los  supuestos  de  la  que  se  ha  llamado  a  lo largo de la doctrina de esta  Corporación como violación directa de la ley material.   

b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de  nulidad  por  errores  in  iudicando,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación de las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente   por   falso   juicio   de   convicción,   mientras   que  el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que   surgen   a  través  del  falso  juicio  de  identidad          –distorsión  o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar  un  hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas ilógicas o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,    abordará    la    Sala    el   estudio   de   la   demanda   de  casación.   

2. El caso concreto.  

De acuerdo con los referentes normativos y  jurisprudenciales  que  vienen  de reseñarse, advierte la Sala varias falencias  en  el  libelo  objeto  de  estudio, las cuales dan al traste con la pretensión  casacional       del      impugnante.   

Para  empezar, se abstiene de concretar  cuál  es  la finalidad del  recurso  en los términos del artículo 180 de la Ley 906 de 2004, circunstancia  que  por  sí  sola amerita el rechazo de la demanda, la cual carece de los más  elementales  rudimentos  de  fundamentación,  constituyendo  en la práctica un  simple  alegato  de  instancia,  completamente ajeno a la sede casacional, en el  cual  pretende  entronizar  su  particular visión, obviamente interesada, de lo  que  estima  ajeno  a  lo  que  la  norma sustancial consagra, absteniéndose de  desarrollar una verdadera crítica.   

Al efecto, era absolutamente necesario que  explicara,  en acápite separado, qué pretendía con el recurso extraordinario,  esto  es,  si  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, o la  unificación de la jurisprudencia.   

Una declaración en tal sentido brilla por  su  ausencia,  por  manera  que  no puede entenderse  suplida   con   las   manifestaciones   abstractas   en   las  que  dice  propender  por la unificación de la jurisprudencia o por la  reparación  de  los agravios sufridos por su defendido a causa de errores en el  examen  probatorio, pues, era menester que explicara  las  razones que determinan la necesariedad del fallo de casación para alcanzar  alguna  de las finalidades señaladas para el recurso, de acuerdo con el aludido  precepto.   

Sin   duda   alguna,   el  censor  desconoce que a esta sede llega  la  sentencia prevalida de una doble condición de acierto y legalidad, que para  desarticularla,  tal  como se expresa en su reproche, es necesario que compruebe  la  existencia de un yerro sustancial con virtualidad de socavar la decisión ya  adoptada,  y  que  fundamente  el  cargo  de  manera  tal que a simple vista sea  perceptible  el motivo por el cual resulta inexorable la casación deprecada, lo  que  no  sucede  en  este  evento,  pues,  examinada  la censura, ésta también  adolece  de  crasos yerros en su postulación, al punto de impedir conocer de la  Corte  cuál  en  concreto  es  la  violación trascendente que se reputa en las  providencias       de       las      instancias.      En      efecto,   

2.1. Respuesta a  la demanda.   

Frente  a  la  propuesta  casacional  del  actor,  poco  tiene  que  decir  la  Sala,  por  elemental  sustracción  de materia, pues, no se concreta  ninguna  causal,  se deja de fundamentar la postura e incluso se omite señalar,  así  fuese  de  manera  genérica, cuál es el yerro en el que pudo incurrir el  Tribunal  o  cómo  lo  solicitado  encuentra  eco en los hechos evaluados en el  expediente.   

En suma, del inconexo escrito allegado por  el   defensor  difícil  resulta  adivinar qué es lo pretendido, pues, aunque dice formular el  reproche   porque   el  fallador   incurrió   en  errores  en  la  apreciación  probatoria,   de  manera  vaga  y  abstracta  alude  a  varias  alternativas  que    admiten    esa    modalidad    de      ataque     casacional,     pero     sin     desarrollarlas  argumentativamente.   

En  efecto,  al  tiempo  que  cuestiona  la  forma  en que fueron  introducidas  varias  entrevistas  al  proceso  y su  posterior   valoración  como  prueba  de  referencia,  con  lo que pareciera  querer  denunciar  la  incursión en los  errores de  derecho   por   falsos  juicios      de  legalidad  y convicción,  en   últimas   aclara   que   los  testigos  cuyas  declaraciones   previas   fueron   incorporadas,  sí  comparecieron  al  juicio  oral,  criticando  esta  vez     que     sus     retractaciones  no  hayan  sido  tenidas en cuenta,  ventilando  así  la comisión de errores de hecho en el examen probatorio, pero  sin concretar alguno de ellos.   

Así, lejos de  especificar   en   qué  consistieron     esos     desaciertos   en   el   examen   probatorio,   el  casacionista  apenas  cita  breves  fragmentos  del fallo de segundo grado, para  sostener  una y otra vez que la versión de Walter Zambrano fue introducida como  prueba   de  referencia  inadmisible,  asi  como  que,  por  el  contrario,  las  deponencias  de  una  de  las  víctimas y Yonaris Mosquera Ibarguen se tuvieron  como  tal,  a  pesar  de  que  dichos  testimoniantes  sí  comparecieron  a rendir su declaración. Claro  está,  en  este  último  evento,  su  inconformidad  radica  en  que no se dio  crédito a dicha retracción por parte de los citados.   

Nunca,  entonces,    especifica    cuál   fue    el    yerro    probatorio   pretendido   denunciar,  ya que con la misma generalidad que denuncia esa circunstancia,  alega  que se lesionaron las reglas de debido proceso, pero sin ningún  tipo  de fundamentación, dejando  así  en  claro  que lo buscado atacar por él es el  examen  probatorio  de  los  juzgadores  y,  en especial, la credibilidad que se  otorgó       a       la      prueba      testimonial      que      sustentó  la  condena  impuesta  a su  representado.   

Así   las   cosas,  como  su  planteamiento riñe con la lógica  más   elemental,   dada   la  indeterminación  de  las  postulaciones, debe la Corte hacer hincapié  en  cómo  de manera pacífica y reiterada ha advertido  la  necesidad  de  que la demanda de casación comporte un mínimo rigor lógico  jurídico  y argumental, pues, no se trata de hacer valer una especie de tercera  instancia  que sirva de escenario adecuado a la controversia ya superada por los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la   decisión   de  los  jueces  A  quo  y Ad quem,  entre   otras   razones,   porque,   como   ya   se  anotó, a esta sede arriba la decisión judicial con  una doble connotación de acierto y legalidad.   

Se  faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a través de criterios claros, lógicos, coherentes y  fundados,  derivados  del  compromiso  de  demostrar  la  violación  en la cual  incurrió  el  fallador,  suficiente para derrumbar el contenido de verdad de la  sentencia,  en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra  hubiese  sido  la  decisión y precisamente así se ofrece trascendente recurrir  al mecanismo extraordinario de impugnación.   

Lejos  de  ello,  en  la  demanda  que se  examina,  el  demandante,  con  total  desconocimiento  de los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada  una  de  las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 181    de    la   Ley   906   de  2004,  denuncia  de  forma  genérica  la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  aduciendo  la  presencia  de  errores en la  apreciación de las pruebas, que nunca explica.   

Si  se  asume  que la crítica casacional  demanda  de  criterios  objetivos a partir de los cuales se permita conocer a la  Sala  cuáles  en  concreto  son los yerros ostensibles que por su trascendencia  demandan   derribar   el   fallo,  lo  menos  que  puede  esperarse  es  que  la  demostración  asuma  en  concreto lo expresado por la prueba y el análisis que  de  ella  hicieron las instancias, para evitar, como evidentemente sucede aquí,  que  el  soporte de la controversia sean apenas las lucubraciones o conclusiones  meramente    subjetivas   del   memorialista,  entre  otras  razones,  porque  si  ello es así, se trata  apenas  de  anteponer  sus  particulares  inferencias,  a  las  más autorizadas  del juzgador.   

Para   ilustración   del  impugnante     y    con    criterios  pedagógicos,  la  Corte estima tempestivo traer a colación lo que ya de manera  uniforme  ha  reiterado en punto de la forma de argumentar lógicamente respecto  de   la   supuesta  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –por  él seleccionada-, por errores  en la apreciación probatoria:   

“2.  En efecto, la violación indirecta  de  la  ley  sustancial, vía de ataque preferida por el libelista para censurar  el  fallo  de  segundo  grado,  está  ligada a la materialización de vicios de  naturaleza   probatoria   de   dos   clases   distintas:   de   derecho   y   de  hecho.   

Los  errores de derecho se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio de convicción consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los  errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en falso juicio de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El falso juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un falso juicio de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente, el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra  destacar  que, adicionalmente,  como  es  sabido,  bien  se  trate  de  errores  de  derecho o ya de hecho, tras  demostrar  objetivamente el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o,  lo  que  es  lo  mismo,  que  de no haberse incurrido en él, la declaración de  justicia  hecha  en  sentencia  habría sido distinta y favorable a la parte que  alega   el  respectivo  desaguisado”  (CSJ  AP,  10  de octubre de 2007, Rad. 22597; CSJ AP, 27 de junio  de  2012,  Rad. 39307; CSJ  AP,   28   de  noviembre  de  2012,  Rad.  39889;  y  CSJ  AP,  28  de  agosto  de 2013, Rad. 41985, entre  otros).   

Como ninguno de los anteriores derroteros  cumple  el recurrente en la fundamentación del cargo  propuesto,  pues,  no  concreta  yerro alguno de los  anteriormente  mencionados,  entendiendo  que  basta  expresar   su   inconformidad   con   lo   decidido,  el    mismo    será  rechazado.   

2.2.  Precisiones finales.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Sala  inadmitirá la demanda de casación presentada por el defensor del acusado  CRISTIAN   ALFREDO   RAMÍREZ   GIRALDO,     no    sin    antes    advertir  que  revisada  la actuación en lo pertinente, no se  observó   la   presencia   de   alguna  de  las hipótesis que le permitirían superar sus defectos para  decidir  de  fondo,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo de insistencia, en  los   términos   ampliamente   decantados   por  la  jurisprudencia de la Corte.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.           INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor del procesado CRISTIAN ALFREDO RAMÍREZ GIRALDO, en  seguimiento   de   las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del censor elevar petición de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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