AP6983-2014(40416)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP6983-2014   

Radicación     No.     40416   

(Aprobado acta No.  385)   

Bogotá, D. C., doce (12) de noviembre de dos  mil catorce (2014).   

Se  pronuncia la Corte sobre la insistencia         del  Procurador  Segundo Delegado para la Casación Penal, en que se  admita  la  demanda  de  casación  presentada por el  defensor   del   acusado  JOAQUÍN    ENRIQUE    ALDANA    ORTIZ.   

ANTECEDENTES  

1.-   La  Sala,  mediante  providencia de 27 de agosto de 2014, resolvió inadmitir la demanda de  casación  presentada  por el defensor del acusado JOAQUIN ENRIQUE ALDANA ORTIZ,  contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Ibagué, por cuyo medio confirmó la condena a 33 años y  4  meses  de  prisión  que  le  fuera impuesta por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  esa  ciudad,  a  consecuencia de  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  delito  de homicidio agravado,  imputado en la acusación.   

1.1.- En relación  con  los  planteamientos  del  demandante contenidos en el libelo, consideró la  Corte, entre otros aspectos, lo siguiente:   

8.-  Si  bien  sugiere  que  el sentenciador  incurrió  en errores de hecho en la apreciación probatoria, los que discrimina  en  falsos  raciocinios,  falsos  juicios  de  identidad  y  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión, señalando al efecto los medios de conocimiento sobre  los  cuales  afirma  haberse  incurrido  en  cada uno de los yerros que pretende  noticiar,   es  lo  cierto  que  a  pesar  de los esfuerzos que realiza, no  solamente  deja  de  acreditar  de  manera  objetiva  la  configuración  de los  desaciertos,   sino   que   falla   en  el  deber  de  demostrar  su  definitiva  trascendencia.   

Es tanto esto, que ni siquiera confronta sus  asertos  con  las  declaraciones  fácticas  realizadas  por  los  juzgadores de  instancia  en  cada una de las sentencias por ellos proferidas, que para efectos  de  la  casación integran una unidad jurídica inescindible en los aspectos que  no  hubieren  sufrido  modificación con ocasión de la alzada interpuesta, sino  que  tampoco  se  da a la tarea de presentar un panorama fáctico diverso en que  se  corrija  el  error,  y se evalúe la totalidad de los medios de conocimiento  válidamente  practicados en el juicio, nada de lo cual siquiera ensaya, dejando  así la propuesta a medio camino.      

A la mejor manera de un alegato más propio  de  las  instancias  ordinarias  del trámite que del recurso extraordinario, al  referirse  el  demandante  a  las  sentencias  de  instancia,  aún sin todavía  formular  un cargo concreto, toma apartes de las mismas dejando de lado aspectos  de  fundamental  importancia  en  la decisión para presentar  particulares  consideraciones sin ilación ninguna.   

Si  bien  acude  a los errores de hecho por  falsos  raciocinios, falsos juicios de identidad y falsos juicios de existencia,  es  lo  cierto  que  al  no existir prueba directa de la cual se estableciera la  autoría  del procesado en el delito de homicidio agravado que le fuera imputado  en  la  acusación,  para  confrontar  las  consideraciones del sentenciador era  deber  del  casacionista  acudir a los derroteros trazados por la jurisprudencia  para  elaborar este tipo de censuras, precisar la validez de los medio de prueba  con  los  cuales  pretende acreditar la existencia de los hechos indicadores que  denotarían  la  inocencia  del acusado; evidenciar el mérito persuasivo acorde  con  las  reglas de la sana crítica y qué es lo que objetivamente se establece  de  los  mismos;  realizar  las  correspondientes  inferencias lógicas a fin de  denotar  el  hecho  que  en cada caso pretende indicar; y así sucesivamente con  cada  uno  de  los  indicios  que considera se debieron construir a partir de la  prueba  recaudada;  así  como  la convergencia y entrelazamiento de los mismos,  sin   dejar   de   precisar  cómo  ello  resulta  suficiente  para  variar  las  conclusiones  fácticas  del fallo y la correspondiente declaración del derecho  contenida en su parte resolutiva.        

Nada de esto realiza el demandante. En lugar  de  estructurar  con  la  lógica  debida  cada  uno  de  los indicios que en su  criterio  señalan la ausencia de responsabilidad penal del acusado en el delito  de  homicidio agravado por el cual fue convocado a responder en juicio criminal,  así  como acreditar su articulación y convergencia para de este modo tratar de  confrontar  sus  asertos  con los del juzgador a fin de denotar el desacierto de  éste,  acude  directamente  a  los   yerros  de  raciocinio,  identidad  y  existencia,  pero  sin  patentizar  con la objetividad requerida en casación la  prueba  del hecho indicador, el mérito persuasivo, la regla de ciencia, lógica  o  experiencia  que  permite  hacer  la  inferencia  lógica,  y  el indicio que  surgiría de ella, dejando así sus reparos en el sólo enunciado.   

En  realidad lo que se observa en el libelo  son  discrepancias  al  mérito  persuasivo  conferido  por  los juzgadores a la  prueba  recaudada,  con  lo  cual no solamente incumple el deber de acreditar la  objetiva  configuración  de  la  causal  de casación que correspondería a los  yerros  que  pretende  noticiar,  sino  que  omite  satisfacer  la  necesidad de  presentar  un  ataque formal y sustancialmente completo, a tal punto que tampoco  logra  poner de presente que en la ponderación de la prueba practicada  se  hubieren   transgredido   por   los  juzgadores  las  reglas  que  gobiernan  la  apreciación probatoria.   

Es  tan  cierto  ello  que  es  el  propio  casacionista  quien  al  reconocer, como así fue declarado por el juzgador, que  en  la actuación no obra prueba directa de la responsabilidad penal de acusado,  presenta  ataques parciales a la ponderación de algunos medios, dejando de lado  el  análisis  de  la  totalidad  de  las pruebas que sirvieron de sustento a la  declaración  de  condena,  con  lo  cual  el  tipo  de  desacierto que pretende  noticiar cae en el más absoluto vacío.   

2.-  En  oportunidad, el recurrente dirigió  escrito  al  Procurador  Delegado para la Casación Penal, en el que le solicita  insistir  ante la Sala para que admita la demanda de casación presentada por la  defensa  a  nombre del acusado JOAQUÍN ENRIQUE ALDANA ORTIZ, por considerar que  la   misma   reúne   los   requisitos  legales  mínimos  para  su  estudio  de  fondo.   

3.-   El   Procurador   Segundo   Delegado  para   la  Casación  Penal,  después  de              efectuar        algunos comentarios  particulares  sobre la naturaleza y fines del recurso  extraordinario,   así   como  en  relación  con  las  funciones  que  respecto  del     referido     instrumento     cumple    la    Corte    Suprema    de    Justicia,    entre    otras    consideraciones    que    realiza,   estima  que  <<el auto mediante el  cual  la  Corte  inadmite  una demanda de casación impide de plano un verdadero  acceso  a la administración de justicia pues sólo si se supera la primera fase  de  ADMISIBILIDAD  se  puede  examinar  de fondo el asunto que son los problemas  jurídicos    planteados   en   la   demanda>>  (sic).   

A continuación, el Procurador Delegado alude  a   las   previsiones   de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  en relación con el derecho  de   acceso   a   la   justicia,   y   concluye   que   

[E]n materia del  recurso  extraordinario  de  casación sería aconsejable para el país integrar  los  conceptos  propios  de  la  Convención  Americana de Derechos Humanos y la  interpretación  que  viene  dando  la Comisión y la Corte sobre el asunto para  aliviar  los  requisitos  y  formalidades  de  acceso  a  la  administración de  justicia,  entendiendo que la mayor parte de las demandas de casación deben ser  admitidas,  salvo  aquellas  que  por su extrema falta de técnica, fundamento o  presentación  impidan  abiertamente  su  selección,  para   que  la Corte  pudiera  pronunciarse de fondo, es decir, materializar  el  acceso  a  la  administración  de  justicia  y de esa manera ocuparse de la  solución  de  los  problemas  jurídicos  planteados  en la demanda, lo cual no  sólo  permitiría  la  satisfacción  de  los  demandantes  de  justicia,  sino  también  la intervención del Ministerio Público, quien misionalmente debe ser  garante  de  la  legalidad y defensor de los derechos fundamentales porque en un  tal  escenario  habría una participación verdadera de la Procuraduría pues en  la  actualidad  cuando  se  inadmite una demanda  no hay participación del  Ministerio  Público  y lo  legítimo  es  que nuestra  actuación  sea en todas las actuaciones para decidir  un   problema   jurídico   de   fondo  planteado  en  la  demanda  de  casación.  Razón de más para solicitar comedidamente a la H.  Corte,  se  reconsidere  la  decisión  tomada  en  el  auto  inadmisorio  y sea  seleccionada   la   demanda   presentada   por   el   recurrente,  ahora insistente.   

A  continuación,  en  punto  de             las  finalidades  del    mecanismo   de   la   insistencia,   de   acuerdo   con   los   criterios  jurisprudencialmente  establecidos,  y  de manera específica la relacionada con  el  deber  de  <<demostrar  que no obstante los  defectos   de  la  demanda,  era  preciso  superarlos  y  decidir  de  fondo  el  asunto>>,    el  Procurador  Delegado  considera que dicha eventualidad  <<se  relaciona  directamente  con la finalidad  del  proceso penal, pues no puede relegarse al olvido que al lado de su interés  en  la  efectiva  realización  de la ley penal sustantiva, ha de encaminarse la  búsqueda  de  la  verdad  como uno de sus fines esenciales, en la medida en que  dicha  búsqueda se ha considerado siempre como objetivo natural y necesario del  proceso  penal  y,  de  contera,  de  la  actividad probatoria, como presupuesto  ineludible   para   la  aplicación  de  la  sanción  penal>>.   

Agrega  que  lo  anterior,                <<en   el   entendido   que  al  iniciarse  el  trámite  del proceso penal, se está  ante  una  verdad  provisional,  que  surge cuando se pone en conocimiento de la  justicia  la  existencia  de  un  hecho  que  reviste  caracteres  de  delito y,  eventualmente,  de  quienes  participaron  en  su comisión, y por consiguiente,  acorde  con la reglamentación vigente en la actualidad al respecto, corresponde  al  Estado  por  medio  de  sus  agentes  la  carga  de  probar,  para que dicha  afirmación      se      transforme     en     verdad     definitiva>>       (sic).   

Estima  el  Procurador  Delegado,  que  los  cargos   incluidos   en   la   demanda  de  casación  debieron  ser  admitidos,  <<en    atención    a    que   la  obligación de los funcionarios judiciales en el caso sometido  a  estudio,  no se concretaba solamente a tomar como contundente y excluyente el  resultado  de  la “bluestar forensic”, ya que como fue debidamente explicado  por  los  peritos  forenses,  se  trata de un criterio orientador, motivo por el  cual   era   necesario  ahondar  en  la  investigación  científica  sobre  tal  aspecto>> (sic).    

   

Coincide con el casacionista en considerar  necesaria la intervención  de  la  Corte  <<en  orden  a  desarrollar  la  jurisprudencia  sobre  el  tema, eventualidad que tendría incidencia directa en  la   decisión  adoptada  por  los  funcionarios  de  instancia,  ya  que,  de  llegar  a  concluirse que los resultados obtenidos con  dicha  prueba  en  esta  oportunidad  no  son  contundentes  ni  excluyentes, la  decisión  de  condena  perdería  uno de sus pilares fundamentales, cual fue la  obtención de rastros de sangre>>.   

Menciona  que  la  situación  que  pone de  presente  <<amerita  un  examen  profundo  por  parte  de  la  judicatura,  y  no  simplemente  formal  como  fue asumido en las  instancias>> (sic).   

A  más  de lo anterior,  en  cuanto  hace  al segundo cargo postulado por el demandante, el  Procurador   Delegado  considera   que   <<la   censura  amerita  un  análisis  de  fondo>>,  pues  en su opinión,  <<las  reglas  de  la  lógica  indican que la  ejecución  del delito objeto de este proceso requería de un lapso considerable   y no de unas cuantas horas, motivo por el cual  es  necesario  examinar  cuidadosamente la construcción de la prueba indiciaria  suficiente  para  acreditar que el acusado contó con la oportunidad y el tiempo  necesario    para    la    materialización    del    punible    que    se    le  endilga>>.   

En   su   criterio,   igualmente  resulta  atentatorio      contra     las     reglas     de     la     lógica  y de  manera  específica  contra  el  principio  de  no contradicción, aducir que el  autor  de la conducta materia de investigación y juzgamiento, es una persona inteligente, preparada y con  capacidades  suficientes  para planear y ejecutar el hecho, características que  posee  el  acusado,  y  pretender al mismo tiempo que esa persona que planeó el  delito  incurriera en la conducta propia de un criminal inexperto de dejar cerca  de   su  residencia  una  camiseta  que  lo  comprometía  en  el  delito.   Este  aspecto,  en  opinión del Procurador Delegado  <<tal  y  como se propone en el cargo segundo,  debe        ser        analizado        en       profundidad>>.   

El Procurador Delegado concluye manifestando  que   en   su  opinión  la  Corte  debe  seleccionar  la  demanda  <<ya  que se hace necesario por la posibilidad de garantizar  los   derechos   fundamentales   del   sentenciado   y  la  unificación  de  la  interpretación  de  las  normas  sobre  el  tema, cuya escasez de desarrollo es  patente>>        (sic).    

SE  CONSIDERA   

1.-    La  Sala  de  antaño  tiene precisado que aun cuando la  insistencia   no   es   un   recurso,  participa   de   sus   características,   en  cuanto  no  sólo exige legitimación e interés para su ejercicio, sino  que  dicho  mecanismo  excepcional  debe  intentarse  dentro  de  los  términos  establecidos  para  hacerlo,  y acompañarse de una fundamentación adecuada, de  modo  tal  que  resulten  exteriorizados,       de       manera       clara      y      precisa,  los  motivos  por  los  cuales  se  considera  que  la  Sala  debe modificar su decisión de inadmitir la demanda de  casación presentada.   

2.- De este modo,  se   tiene   que   las  finalidades    de   la   insistencia   se    circunscriben    a:    (i)  posibilitar  que la Sala  reexamine  las  razones   que  tuvo  para no admitir la demanda al trámite  casacional  con  miras  a  un  pronunciamiento  de  fondo,   o (ii)   acreditar   que,  pese  a  las  incorrecciones  formales o sustanciales que el libelo  ostenta,    las    cuales    determinaron    su   inadmisión,   dada  la  urgente  y necesaria  intervención  de  la  Corte   para asegurar al  menos  uno  de  los  fines  propios del recurso extraordinario, previstos por el  artículo    180    del    Código    de     Procedimiento    Penal    de  20041,    en  consideración  a  la posición del impugnante dentro  del   proceso   o  la  índole  de  la  controversia  planteada  en  el  libelo,  resulta  aconsejable  superar los defectos  que  fueron   advertidos  en  la  decisión  y,  como  si  no existieran,  el  Juez  de Casación decida      conocer      de      fondo     el     asunto,  a fin  de  garantizar  derechos constitucionales fundamentales que real y objetivamente  hubieren  podido  resultar  conculcados  en la actuación, o alcanzar un máximo  acierto  en la definición del asunto y, de contera, un grado superior de verdad  y  justicia  al  declarado  en  el fallo proferido en las instancias.   

3.- En el presente evento, ninguna objeción  se    podría    formular    en    lo    que    respecta   a   la   legitimidad   e   interés  del  solicitante,  a  la  oportunidad  en la cual se promovió su  ejercicio  ante  el Procurador Delegado por parte del  defensor   del   acusado   ALDANA  ORTIZ,    o  al   término   dentro  del  cual  la  Agencia  del  Ministerio  Público  aceptó  la  petición  del  demandante  y  dio  a conocer  su   solicitud  de  insistencia a la Sala, de suerte que tales presupuestos  podrían entenderse satisfechos.   

4.- No sucede igual, sin embargo, en torno a  los  motivos  de  procedencia  aducidos por el Procurador Delegado, toda vez que  no  logra <<rebatir  los  argumentos  con  fundamento en los cuales se decidió la no admisión de la  demanda>>   como  tampoco   <<demostrar  que  no  obstante  los  defectos   de  la  demanda,  era  preciso  superarlos  y  decidir  de  fondo  el  asunto>>,  puesto  que  la  argumentación  que  propone lejos está de  poder acreditar alguna de dichas finalidades.   

Si lo primero, es claro que por parte alguna  el solicitante le muestra  a  la Sala que la demanda  de   casación   presentada   a  nombre     del    acusado    JOAQUÍN   ENRIQUE   ALDANA   ORTIZ  satisfizo  íntegramente  los  presupuestos    normativa    y   jurisprudencialmente   establecidos  para  que lograra superar el juicio de admisibilidad que por ley  le  corresponde  realizar  a  la  Corte,  es  decir,  que   hubiere  cumplido  a  cabalidad  la  doble  exigencia  de ser formal y sustancialmente idónea para  desquiciar  los  fundamentos  fácticos  o jurídicos de la sentencia de segunda  instancia,  y  que  pese  a  ello  la Sala optó por  disponer    su    inadmisión   a   trámite   casacional   con   miras   a   un  pronunciamiento   de  fondo.   

Si lo segundo, tampoco le indica a la Corte  la  razón  o  razones  por  las  cuales,   en  el  caso  concreto,   resulta   indispensable  superar  los  defectos  advertidos  al  calificar   la   idoneidad   formal   y  sustancial  de  la  demanda.  Perdiendo  de vista que la casación no es una instancia más a  las   ordinarias  del  trámite,  y  que  el  juicio   terminó  con  el  proferimiento  del fallo de  segunda   instancia,  el  cual  se presume fáctica y jurídicamente correcto, cuya desvirtuación compete  al  demandante,  funda  la  pretensión en sostener que la finalidad del proceso  penal  es  la  búsqueda  de  la verdad <<en la  medida  en que dicha búsqueda se ha considerado siempre como objetivo natural y  necesario  del  proceso  penal  y,  de contera, de la actividad probatoria, como  presupuesto  ineludible  para  la  aplicación  de la sanción penal>>,   pero  sin aludir para  nada   a   las   consideraciones   de  los  sentenciadores  de  instancia  en  relación     con     los     fundamentos     de     la    declaración     de     condena,   las  argumentaciones  postuladas         por        el  demandante   en  el  libelo  inadmitido,  ni  las de la Corte en relación con  los                        cargos                        formulados.         

Es  precisamente debido a dicho desacierto,  que  inadvertidamente da en suponer que la      Corte      debe  emitir  el  fallo  de mérito con el cual se ponga fin al debate  fáctico   y   jurídico   llevado   a   cabo   en  el  juicio  oral,   en  relación  con  los  cargos  atribuidos  por  la  fiscalía al acusado <<en  el  entendido que al iniciarse el trámite del proceso  penal,  se  está  ante  una  verdad  provisional,  que  surge cuando se pone en  conocimiento  de la justicia la existencia de un hecho que reviste caracteres de  delito  y,  eventualmente,  de  quienes  participaron  en  su  comisión,  y por  consiguiente,  acorde  con  la  reglamentación  vigente  en  la  actualidad  al  respecto,  corresponde  al  Estado  por medio de sus agentes la carga de probar,  para     que     dicha    afirmación    se    transforme    en    una    verdad  definitiva>>,  y     no  juzgar la juridicidad y acierto del  fallo  de segunda instancia, como le corresponde proceder en sede extraordinaria  cuando   la   demanda   de   casación   ha  logrado  superar  el  juicio  de  admisibilidad  que  le  compete  realizar  a  la  Sala.      

     

Tanto  el casacionista como el Procurador         Delegado,  consideran  que la Corte ha debido admitir a estudio  de   fondo   el   primer   cargo  formulado  en  la  demanda,  fundados en la  necesidad       de       que       la       Corte       siente      <<jurisprudencia>>  sobre  el  alcance  probatorio  de los resultados obtenidos  con    la   aplicación   del   reactivo   químico  <<Bluestar     Forensic>>,      dando      en      sugerir     que     los     alcanzados         en  el  caso  concreto  no  fueron  concluyentes para acreditar la  existencia  de  sangre  humana  en  la  residencia que habitaban el acusado y la  víctima,  que   por   tanto  allí  no  se  cometió  el  crimen,  y que lo mismo se evidenció en  el  vehículo  automotor  utilizado  por  el acusado,  pero  nada  informan  sobre las consideraciones sobre  el      particular     realizadas     por     los  juzgadores, en el sentido  que  si  bien  dicho  compuesto químico     reacciona     en     presencia    de    otras    sustancias     distintas    de    la  sangre humana, no lo hace  con     la    misma    intensidad    -descrita   como   <<brillo     azul     intenso     de     la    reacción>>-, cuando se  está  en  presencia  del líquido orgánico a que se  aludió  cuando  se  recogió  la evidencia, pues, en  palabras  del  Tribunal, los peritos <<destacan  entonces,  la intensidad  permanente  del  azul  como  rasgo  propio  de  la  sangre  cuando  se aplica el  reactivo,      y     que     otras     sustancias     muestran     degradaciones  diversas>>.    

Tampoco el solicitante logra mostrarle a la  Corte,  la  razón  o razones por las cuales resultan  erradas  las  consideraciones  del  juzgador  en  el  sentido  que  <<pese  a  los  diligentes esfuerzos del homicida por borrar  las  huellas  del  crimen,  no  le  fue  posible lograrlo, pues de acuerdo a los  hechos  fácticos  relacionados,  siempre  quedaron vestigios y trazas de sangre  que  son  indicativas  de  acuerdo  a  lo  dicho,  que  fue  allí en donde tuvo  ocurrencia   el   hecho  criminal  que  aquí  se  investiga>>   o,   según   se   indicó   por   el   Tribunal   <<¿cómo  explicar  que  desconociéndose  el  paradero  de  Erika  Cecilia  Yenerys, Aldana Ortiz decidiera pintar en compañía de su hijo,  los  zócalos  de las escaleras del sótano, mandara lavar el vehículo familiar  que  casi  no  utilizaba  y, con la colaboración de varios policías pintara el  inmueble   para   entregarlo   a   su  dueña?,  las  cuales, en el contexto de  la     censura,     se    muestran    inconmovibles,  pues  los  resultados  de laboratorio no  fueron  los  únicos  medios  de convicción que soportaron la  sentencia,  como  para  afirmar,   sin   ser   ello  irrefutable,  que  los juzgadores consideraron “contundente y excluyente”  los resultados  de la referida prueba, cuando   lo   cierto   es   que  los  evaluaron  en  conjunto  con    un   cúmulo   de   hechos  indicadores  debidamente  acreditados,  respecto de los cuales no  se logró  demostrar yerro alguno.   

De  igual modo, el peticionario, sin mayor argumentación,    considera    que   el    segundo   cargo   incluido   en   la   demanda   ha   debido  admitirse  por  la Corte,  tras  sostener  que, como  <<la ejecución del  delito  objeto  de  este proceso requería de un lapso considerable y no de unas  cuantas   horas>>,   se   hace  indispensable  <<examinar  cuidadosamente la construcción de  la      prueba     indiciaria>>     a    fin    de    acreditar  que  el  acusado  contó con la oportunidad y el tiempo  necesarios    para  ejecutar  el crimen, pero sin patentizar las razones  por  las  cuales  el  Tribunal  transgredió  las  reglas de la sana crítica al  considerar,   entre   otros   aspectos, lo siguiente:   

“A juicio de la Sala, la inferencia del a  quo  tiene  suficiente  fundamento  dado  que  fue  el  8 de septiembre del año  citado,  que  en  horas del mediodía, tanto Yaneth Ramírez Gómez, empleada de  la  familia,  como  su hija DAAY, vieron por última vez a Érika Cecilia, quien  quedó en la vivienda únicamente en compañía del procesado.   

(…)  

Si  a esto se suma, que fue ese mismo día  que  en  horas  de  la  noche  el  acusado  se comunicó telefónicamente con la  mencionada  empleada  para  solicitarle  que  al  siguiente  día  llegara  más  temprano  con  el  objeto de alistar a las niñas para el colegio, se puede  deducir  entonces,  que Erika Cecilia ya no se encontraba en su casa, y por eso,  el  acusado  necesitaba  que  su colaboradora madrugara con miras a preparar las  niñas para su jornada escolar.   

“Si  tal  circunstancia se enlaza con el  hecho  que  el 9 de septiembre de 2009 a las 8:30 a.m., valga decir, en horas de  la  mañana  del  día  siguiente,  fue  cuando  se hallaron los primeros restos  humanos   –cabeza  y  miembros  superiores- de Erika Cecilia Yeneris Gutiérrez en inmediaciones de la  hacienda  San Isidro, es  evidente   que   su   deceso  ocurrió  en  ese  y  no  en  otro  interregno  de  tiempo.   

(…)  

También   le   parece   imposible,   al  impugnante,  que  su  defendido  en tan sólo tres horas, lapso que a su modo de  ver  transcurrió  entre  la  salida y regreso de sus hijas del colegio, hubiese  podido  asesinar  a  su esposa, desmembrarla, limpiar las huellas del crimen, ir  hasta la vía en que se hallaron los restos y regresar a la casa.   

Esta   apreciación,   que   bordea   la  especulación  al  no  contener  concreto  argumento que la respalde, no permite  mayor  análisis,  pero  sí  se  resalta  que  ese intervalo de tiempo fue más  prolongado  pues  la  niña  DAAY  indicó  que  la  recogieron a la 1.45 p.m. y  regresó     entre     las     5.55     y    las    6.10    p.m.    ( Audiencia  de  juicio  oral.  CD.  3.  Reg. 4 Min.2.22 ss), sin que se torne desmedido para  ejecutar  tales  actividades,  toda  vez  que Aldana Ortiz contaba con capacidad  suficiente  dado  que su  contextura  física  y  conocimientos  técnicos, le  facilitaban  no  sólo  ejecutar el desmembramiento sino también borrar algunas  huellas  visibles  del  crimen,  además  la  distancia entre la casa y el lugar  donde  fueron  lanzadas  las partes corporales no exige, en términos de tiempo,  un desplazamiento que implique varias horas.   

      

En    todo    caso,   ha  de  resaltar  la  Corte  que  el  solicitante  deja  de  aludir  a  lo  considerado en el acto calificatorio de la  demanda,  en  donde  se  puso de presente la inidoneidad sustancial de la misma,  toda  vez  que <<el  sentenciador  fue  claro  en  indicar  que el primer golpe mortal lo recibió la  víctima  en la cabeza en momentos en que se encontraba en situación de reposo,  lo  cual  pudo  haber  ocurrido precisamente en la habitación que ocupaba en la  residencia,  y  que el acusado impidió que la empleada del servicio revisara al  día       siguiente       cuando       acudió       al       lugar>>.   

Tampoco se toma el trabajo de indicarle a la  Corte,  las  razones  por  las cuales estima errada la decisión de inadmitir el  reparo  en  comento,  después  de advertir que el mismo se ofrece incompleto en  cuanto,    a    más  de conjeturar   el   libelista   sobre  lo que pudo haber ocurrido, o lo  que  podía  o no podía haber hecho el acusado en esas cuatro horas  en  que estuvo a solas con su esposa,  <<nada  dice  en  relación  con  las  demás  consideraciones  que  los  juzgadores  hicieron sobre la prueba practicada en el  juicio  oral,  y que les permitieron concluir que el acusado tenía motivos para  haber  dado muerte a su mujer, pues,  a partir de la interceptación de las  comunicaciones  privadas  de  la víctima, había descubierto que le era infiel;  que    las    relaciones    con    ella    no   eran   las   mejores;    que    ni    la    incapacidad  postoperatoria,  la  limitación  funcional de su mano derecha, y ni siquiera el  presunto  dolor  de espalda que  se adujo haber padecido, eran impedimentos  físicos  para  golpear con un elemento contundente la cabeza de su víctima, de  la  cual  sólo  él sabía de las cirugías a que se había sometido, así como  de  los  implantes  mamarios que le habían realizado, y que por eso se dio a la  tarea   de   borrar   sus  vestigios  para  impedir,  o  al  menos  retardar  la  identificación para el caso de que se hallara el cadáver>>.   

Observa  asimismo  la  Sala  que  la petición del Procurador  Delegado  parte  de  varios  supuestos  manifiestamente  equivocados.  En primer  lugar,  y  tal  vez  concibiendo  la casación como recurso ilimitado y de plena  justicia,  a  la  manera  de  la  desaparecida consulta, es decir, no sometido a  parámetro   legal,   lógico   o  técnico  alguno,  sostiene  que  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación no sólo  privilegia  las  formas sobre el derecho sustancial, sino que impide de plano un  verdadero acceso a la administración de justicia.   

Si   una  tal  consideración  tuviera  algún  asidero,   la   normativa   procesal   penal  vigente          no         habría            radicado  en  cabeza  de  la  Sala  la  facultad de rechazar la  demanda   <<si  el  demandante  carece  de  interés, prescinde de señalar la causal, no desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o cuando de su contexto se advierta fundadamente  que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de las finalidades del  recurso>>.    

De     llegar     a     acogerse   una  postura,  del  tipo  de  la  planteada  por  el  solicitante,  la  Corte  no  tendría  más  alternativa  que  admitir a trámite  para                   pronunciamiento  de  fondo,  todas las  demandas   de   casación   que  arriben  a  esta  sede,  independientemente  de  si las mismas cuentan con  el  debido sustento fáctico o jurídico, de si cumplen o no los presupuestos de  admisibilidad   normativa   y   jurisprudencialmente   señalados,  o de la ausencia de vicios de trámite  o  de  garantía  que ameritaran la intervención oficiosa, lo cual repugna a la  idea  de  instrumento  extraordinario,  sometido  al  cumplimiento  de rigurosos  requisitos           de           procedencia           y           admisibilidad.   

Si  la  Corte optara por dar cabida en este  caso   a  la  demanda  presentada  por  la  defensa,  tan   sólo   porque  el  Procurador  lo  solicita,  pese  a los ostensibles desaciertos que fueron    puestos    de    presente    por   la   Sala,  no  lograría  otra  cosa que   desconocer    el   carácter   extraordinario   que  la          casación          ostenta  y  desquiciar  el  andamiaje  jurídico  sobre  el  que  se  sustenta el centenario  instituto   a  que  se  acude,  dando  lugar  a  que  cualquiera  persona se  sienta  autorizada  para  acceder  a  ella,  de  cualquier  modo y por cualquier  motivo,  es decir, sin referencia a ningún parámetro legal, generando con ello  un    verdadero    caos   en   el   sistema   jurídico   colombiano.   

Lo anterior resulta aún más nítido, si se  da  en  considerar  que el  asunto  sub  judice  no corresponde a aquellos que permitan superar los defectos  de  la demanda, pues no se evidencia la violación de  alguna   garantía   fundamental   que   la   Corte   esté   en   el  deber  de  proteger,  máxime  si ningún otro interviniente en  el  trámite, incluida la Agente Especial del Ministerio Público designada para  el  caso,  ha cuestionado  la      inmaculación      del      trámite,         lo  que  denota que no surge manifiesta  la  presencia  de  vicios  trascendentes de trámite  o     de     garantía     que    debieran    ser  corregidos  por el Tribunal de Casación.     

En  las  anotadas  condiciones,  la Sala no  tiene   más   alternativa   que   reiterar   su   decisión   de  inadmitir  la  demanda   presentada  por  el  defensor,   dado   que   <<   lo   que   se   evidencia  en  la  formulación  de              los          reparos  no  es entonces la  existencia  de  desaciertos  en apreciación de la prueba, sino la simple y llana aposición  al  cumplimiento de la sentencia tan sólo porque no le resultó favorable a los  intereses   que   representa,   pero  sin  llegar  a  demostrar   la   existencia   de   un  específico   error  de  hecho  o  de  derecho,  ni cómo un tal desacierto resultó trascendente en la definición del  asunto>>.       

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

NO  ACCEDER  a la  solicitud  de  insistencia  elevada  por  el Procurador Segundo Delegado para la  Casación   Penal  y,  en  consecuencia,  MANTENER  LA  DECISIÓN   DE  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  acusado  JOAQUÍN  ENRIQUE  ALDANA   ORTIZ,  por  las  razones  expuestas  en  la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  no  procede  ningún recurso.   

Comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase la  actuación al Tribunal del origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Tales  como  la efectividad del derecho material, el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes en el trámite procesal, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos con la sentencia de segundo  grado,    o   la   unificación   de   la   jurisprudencia   sobre   determinado  tema.     

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