AP6961-2015(45074)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

AP6961-2015  

Radicación n° 45074  

(Aprobado Acta No. 424)  

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de noviembre  de dos mil quince (2015).   

ASUNTO  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor  y  por  el representante de víctimas, contra la  sentencia  emitida  por  la Sala de Justicia y Paz con funciones de conocimiento  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  mediante  la  cual  declaró  que el  postulado   Janci   Antonio  Novoa  Peñaranda  cumple  con  los  requisitos  de  elegibilidad  previstos  en  el  artículo  10º  de  la  Ley  975 del 2005 y en  consecuencia,  lo condenó por los delitos de concierto para delinquir agravado,  utilización  ilegal  de  uniformes e insignias, homicidio en persona protegida,  desplazamiento  forzado,  secuestro  simple,  tortura  en  persona  protegida  y  homicidio   en   grado   de   tentativa,  al  tiempo  que le concedió el beneficio de pena alternativa por un  período  de  ocho  (8)  años  de privación de la libertad, con la consecuente  suspensión  del  cumplimiento  de  la  pena  ordinaria,  en  los  términos del  artículo 8º del Decreto 4760 de 2005.   

ANTECEDENTES  

Informan  las  diligencias  que Janci Antonio  Novoa  Peñaranda,  quien  anteriormente había pertenecido al Ejército Popular  de  Liberación  – EPL – en  el        Frente       “Virgilio       Enrique  Rodríguez”  que  operaba  en  el departamento de la  Guajira  y  donde  estuvo  hasta  el año 1.990, ingresó al grupo armado ilegal  denominado   Autodefensas   Campesinas  del  Magdalena  y  Guajira  –ACMG-  en el  mes  de  febrero  del  año 1.991, cuyo comandante era Hernán Giraldo Serna. Al  ingresar    al    grupo   “paramilitar”  estaba  al mando de Humberto Blandón, quien fue la persona que  lo  reclutó  en  el  Municipio  de  Mingueo (Guajira)  al  haberse  convertido  en  objetivo  militar  de ese  grupo, por haber desertado del EPL.   

Durante su militancia en el grupo organizado  armado   al margen de la ley, actuaba en poblaciones del departamento de La  Guajira,  tales como Mingueo, Jerez, Las Flores, Mata Tigre,  Naranjal, Las  Totumitas,  Pénjamo, Las Hachas, donde participaba como patrullero y servía de  guía, ya que conocía la zona y la estructura de la guerrilla.   

El  18  de junio de 1998 fue capturado en el  kilómetro  once  (11)  de la vía que de Riohacha conduce a Maicao, no obstante  lo  cual  aun privado de la libertad, hacia parte del grupo armado ilegal, hasta  la  desmovilización  colectiva  del Bloque Resistencia Tayrona, verificada el 3  de  febrero  de 2006, ya que fue acreditado como postulado por el Comandante del  grupo,  Hernán  Giraldo Serna, quien en su calidad de miembro representante del  Ex  Bloque Resistencia Tayrona de las Autodefensas Unidas de Colombia, presentó  ante  el  Alto  Comisionado  para  la  Paz  de  la  Presidencia de la República  adición  a  la  lista  de miembros del bloque que se encontraban privados de la  libertad   al   momento  de  la  desmovilización  colectiva,  y  certificó  su  pertenencia al referido grupo.   

El  19  de  mayo  del  año 2008 el Gobierno  Nacional   postuló  a  Janci  Antonio  Novoa  Peñaranda  para  acceder  a  los  beneficios  de  la  Ley  975  de 2005, luego de lo cual se inició la actuación  correspondiente  y llevó a cabo la diligencia de versión libre en la Fiscalía  Delegada  de la Unidad Nacional para la Justicia y la Paz durante los días 15 y  16 de diciembre de 2008; 12 y 13 de febrero y 23 de abril de 2009.   

Posteriormente, en audiencia celebrada el 15  de  enero  de  2009  ante  el  Magistrado de Control de Garantías, se impartió  legalidad  formal  y  material al acto de imputación contra Janci Antonio Novoa  Peñaranda  y  se  impuso  en  su  contra medida de aseguramiento consistente en  detención preventiva.   

El  23  de marzo de 2010 el Fiscal Treinta y  Tres  Delegado  ante  la  Unidad  Nacional  para  la Justicia y la Paz, formuló  cargos  al  postulado  por  los  hechos  investigados  y  una  vez recibidas las  diligencias  en  la  Sala  de  Conocimiento  de Justicia y Paz, se dispuso fijar  fecha  para  adelantar  la  audiencia  pública de control de legalidad formal y  material de los mismos.   

El  20  de  junio  de  2011 la Fiscal Novena  solicitó  la  acumulación  de  las  causas  números  2011-2945,  2011-2944  y  2011-81192  adelantadas  contra  los  postulados  Cristian  Ochoa  Pinzón, Omar  Martín  Ochoa  Ballesteros  y  Eliseo  Beltrán Cadena, respectivamente, con la  adelantada  a  Janci  Novoa  Peñaranda, por cuanto éste y los otros postulados  relacionados  pertenecieron al Bloque Resistencia Tayrona, a fin de desarrollar,  entre  otros,  la parte general del bloque atinente a sus orígenes, objetivos y  estructura  de  la  organización en una sola audiencia, lo cual fue acogido por  el Despacho.   

Seguidamente, durante los días 8, 9 y 10 de  agosto  de  2011,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia  de  Legalización  de  la  aceptación  de cargos del postulado Janci Antonio Novoa Peñaranda ante la Sala  de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla.   

Por último, una vez finalizada la audiencia  de  Incidente  de Reparación Integral realizada el 11 de junio de 2014, la Sala  de  Justicia  y  Paz  del Tribunal Superior de Barranquilla emitió el fallo que  puso    fin    a    la    actuación    en    primera   instancia,   objeto   de  impugnación.   

IDENTIDAD DEL POSTULADO  

Janci Antonio Novoa Peñaranda, conocido con  el  alias  de “Tornillo”;  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  84.079.820 expedida en  Riohacha   (Guajira);   nacido  el  2  de  diciembre  de  1972  en  Las  Flores,  corregimiento  de  Dibulla  (La Guajira); hijo de Eduardo Novoa Mendoza y Dalida  Peñaranda  Moscote;  estado civil unión libre con Yenis Martínez;   grado   de  instrucción  primero  de  bachillerato;  exintegrante  del    frente   “Resistencia   Tayrona”,    ahora   llamado   “Bloque  Resistencia  Tayrona”  debido a la denominación con  la cual se produjo su desmovilización.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

Se   pronunció   el  Tribunal  sobre  los  requisitos  de  elegibilidad de Janci Antonio Novoa Peñaranda como destinatario  de  los  beneficios  de  la  Ley  de  Justicia  y Paz; al igual que acerca de la  legalización  de  los cargos y la pena alternativa, al tiempo que se manifestó  respecto  de la identificación de las víctimas y de las afectaciones causadas,  así como sobre la extinción de dominio de los bienes entregados.   

Declaró  que  el  postulado  en mención es  elegible  para acceder a los beneficios contemplados en la Ley de Justicia y Paz  y  que  el  “Bloque Resistencia Tayrona”  de  las  Autodefensas Unidas de Colombia, es responsable de los  hechos  por  los  que se condena a Janci Antonio Novoa Peñaranda, quien fungió  como  patrullero en dicho bloque, comportamientos ilícitos que fueron cometidos  durante  y  con  ocasión  de su pertenencia al grupo armado ilegal.     

En  torno  de la legalización de los cargos  formulados,  inicialmente  acudió  al contexto dentro del cual se desarrollaron  los  hechos constitutivos de conductas punibles, luego procedió al análisis de  los  delitos  imputados  y  aceptados  por el postulado, enseguida de lo cual se  adentró  en  el  estudio  de la acreditación de las víctimas y al análisis y  valoración   de   las   medidas   de   reparación   que  resultaba  procedente  decretar.   

De otra parte, sobre los bienes ofrecidos por  los  postulados  para  ayudar  a  la  reparación  de las víctimas, declaró la  extinción del derecho de dominio.   

En  concreto,  en  el  fallo  impugnado,  se  adoptaron las siguientes determinaciones:   

    

* Declaró   que  el  postulado  Janci  Antonio  Novoa  Peñaranda  es  elegible  para  acceder  a  los  beneficios contemplados en la Ley de Justicia y  Paz.     

    

* Que  el    “Bloque   Resistencia   Tayrona”  de  las  Autodefensas Unidas de Colombia, es responsable de los  hechos por los que se condena al postulado Novoa Peñaranda.       

* Determinó  que  los  hechos que motivaron la formulación de cargos  en  su  contra,  fueron  cometidos  durante  y con ocasión de su pertenencia al  “Bloque     Resistencia     Tayrona” de las Autodefensas Unidas de Colombia.     

    

* Legalizó  los  cargos  por  los delitos de concierto para delinquir  agravado,  utilización  ilegal  de  uniformes e insignias, homicidio en persona  protegida     del    que    fueran    víctimas    Carlos    Guillermo    Marzal  Velásquez,,  Olga  Marina  Molina  de Baquero y Rosalba Núñez Molina; desplazamiento forzado en contra de  Olga  Genith  Molina,  Noelia Molina, Arelis María Molina, Ludís Esther Molina  Velásquez  y  Luz Marina Escorcia Núñez,  al igual que otros menores que aparecen acreditados como víctimas  por  la  Fiscalía;  secuestro  simple del que fueron víctimas Carlos Guillermo  Marzal   Velásquez   y  Said  Contreras  Velásquez,  tortura  en  persona  protegida  ejecutado  igualmente en contra de Carlos Guillermo Marzal Velásquez  y  Said  Contreras  Velásquez  y homicidio en grado de tentativa, cuya víctima  fue Said Contreras Velásquez.     

    

* Condenó  a  Janci  Antonio  Novoa Peñaranda a la pena principal de  cuatrocientos  ochenta  (480) meses de prisión y multa de nueve mil setecientos  cincuenta   (9.750)  salarios  mínimos  mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  lapso de veinte (20) años, e inhabilidad para la tenencia y porte de armas  de  fuego  por  el término de quince (15) años, al hallarlo responsable de los  delitos  de  concierto para delinquir agravado, utilización ilegal de uniformes  e  insignias,  homicidio en persona protegida, desplazamiento forzado, secuestro  simple,    tortura    en   persona   protegida   y   homicidio   en   grado   de  tentativa.     

    

* Ordenó  la  acumulación  jurídica de las penas proferidas por las  diferentes autoridades en contra del postulado Novoa Peñaranda.     

    

* Concedió  al  postulado  el  beneficio  de pena alternativa, por un  período  de  ocho  (8)  años  de privación de la libertad, y consecuentemente  suspendió  el cumplimiento de la pena ordinaria, en los términos del artículo  8º del Decreto 4760 de 2005.     

    

* Reconoció   como  víctimas  a  las  personas  relacionadas  en  el  acápite  del  incidente  de  reparación  integral, en cuanto acreditaron dicha  condición.     

    

* Condenó  al  postulado  Janci  Antonio  Novoa  Peñaranda de manera  solidaria  con los demás ex integrantes del “Bloque  Resistencia  Tayrona”  de las Autodefensas Unidas de  Colombia,  al  pago  de  los  daños  y  perjuicios  materiales  e inmateriales,  ocasionados  con  los  punibles  que fueron objeto de sentencia, en los montos y  condiciones   debidamente   establecidos,   y  declaró  que  “…el  pago  por  parte  de  Estado  de esta obligación no exonera al  postulado  ni  al  bloque  de  su  obligación,  ni  implica  que  el Estado sea  responsable   por   los   hechos   sancionados   en   este   proceso…”.     

    

* Ordenó   al   Fondo   Reparación   de   Víctimas   de  la  Unidad  Administrativa  Especial de Atención y Reparación a las Víctimas, que proceda  a  pagar  las  sumas otorgadas por la Sala de Conocimiento del Tribunal Superior  del   Distrito   Judicial   de   Barranquilla   en   la  medida  de  reparación  indemnizatoria  y  que  disponga  de  los recursos necesarios y suficientes para  proceder  al pago, y agregó que “…el pago deberá  hacerse  bajo  los criterios de subsidiaridad sin que implique el reconocimiento  de  alguna  clase  de  responsabilidad del Estado y de residualidad conforme los  lineamientos     expresados     por    la    Corte    Constitucional…”.     

    

* Exhortó  a  la  Unidad  Administrativa Especial para la Atención y  Reparación   Integral  a  las  Víctimas,  que  antes  de  la  entrega  de  las  indemnizaciones  concedidas,  verifique  cuáles de ellas han sido reparadas por  otras  vías como la administrativa, para efectos de administrar en debida forma  los recursos.     

    

* Ordenó  que las  reparaciones  administrativas  canceladas  por la Unidad Administrativa Especial  para  la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, y las que a futuro se  entreguen  a  quienes  figuran  como  perjudicados,  sean tenidas en cuenta como  parte  de  las  sumas  reconocidas  por  concepto  de  la  indemnización de los  perjuicios  materiales  e  inmateriales,  a  efectos  de  que  procedan  con los  descuentos respectivos.     

    

* Ordenó  al  postulado  suscribir un acta en la cual se compromete a  contribuir  con  su resocialización a través del trabajo, estudio o enseñanza  durante  el  tiempo  que  permanezca  privado  de  la  libertad  y a promover la  desmovilización de los grupos armados al margen de la ley.     

    

* Aclaró  que si con posterioridad a la sentencia y hasta el término  de  la  condena  ordinaria  señalada,  se  determina  que  Janci  Antonio Novoa  Peñaranda  no ofreció o no denunció todos los bienes adquiridos por él o por  el  grupo  armado al margen de la ley durante y con ocasión a su pertenencia al  mismo,  de  forma directa o por interpuesta persona, perderá el beneficio de la  pena alternativa impuesta.     

    

* Le  impuso  al  sentenciado la obligación de tomar no menos de 200 horas de estudio  y  formación  en  derechos  humanos, para lo cual el INPEC y la Defensoría del  Pueblo   dispondrán   lo   pertinente.  Los  condenados  deberán  someterse  a  valoración  y  tratamiento psicológico que conduzca a su plena readaptación y  resocialización.  De  igual manera dispuso que el condenado deberá someterse a  valoración  y  tratamiento  psicológico  que conduzca a su plena readaptación  y   resocialización,  y  solicitó  al  INPEC  que periódicamente informe  sobre  las  políticas  de   resocialización  y rehabilitación que se han  adelantado  para  la  readaptación  y  reintegración  a la vida civil del  postulado  al  proceso  de  Justicia  y Paz, y sobre cuál ha sido el programa y  tratamiento  psicológico  que  se ha implementado para los ex militantes de las  Autodefensas Unidas de Colombia.      

    

* Exhortó  a  la  Unidad  Administrativa Especial para la Atención y  Reparación  Integral a las Víctimas, para que en la medida de lo posible y sin  que  desborde  su mandato constitucional y legal, procure la realización de los  derechos  de  las  víctimas a través de la inclusión preferente de Justicia y  Paz,   en   especial   afectadas   por  el  “Bloque  Resistencia  Tayrona”  de las Autodefensas Unidas de  Colombia.     

    

* Ordenó  a  la  Unidad  Administrativa  Especial para la Atención y  Reparación  Integral  a  las Víctimas, incluirlas en los planes o programas de  vivienda  que  se adelanten en el departamento de la Guajira o en el lugar donde  se encuentren residiendo actualmente.     

    

* Dispuso   que   Janci   Antonio   Novoa   Peñaranda   suscriba  una  comunicación,   publicada   en   un  periódico  de  alta  circulación  en  el  departamento  de  La  Guajira,  en  la  cual  haga reconocimiento público de su  responsabilidad   en  los  hechos,  ofrezca  disculpas  por  su  conducta  y  se  comprometa a no repetirlos.     

    

* Ordenó  a  la  Unidad  Administrativa  Especial para la Atención y  Reparación  Integral a las Víctimas que las vincule en el Programa de Servicio  Público  de  Empleo  ofrecido por el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) de  acuerdo  con  su  perfil  laboral,  y  les  ofrezca  acceso  preferencial  a  la  formación titulada a través de los Centros de Formación.     

    

* Exhortó  a  la  Unidad  Administrativa Especial para la Atención y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas  y al Centro de Memoria Histórica, que  desarrollen  actividades  de  pedagogía, las cuales deben estar en concordancia  con  el  Plan  Nacional de Educación en Derechos Humanos, para crear y cimentar  una  cultura de conocimiento y comprensión de la historia política y social de  Colombia  en  el  marco  del  conflicto  armado  interno, especialmente sobre la  región de la Guajira.     

    

* Solicitó  a  la  Fiscalía General de la Nación, que dentro de sus  estrategias  de  priorización  en  las Unidades Delegadas para la Justicia y la  Paz  y  en la Unidad de Análisis y Contexto, incluya procesos de investigación  sobre  las  afectaciones objeto de la presente determinación, con el fin de que  se  de  a  conocer  el  número  de  víctimas  de  la  violencia generalizada y  sistemática.     

    

* Solicitó  al  Juez  de Ejecución de Penas que dentro de los cuatro  meses  siguientes a la ejecutoria de la decisión, presente un informe sobre las  decisiones que se han dejado de cumplir del fallo.      

ARGUMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Defensor del postulado  

Disiente  del  monto  de la pena alternativa  impuesta  a  Janci  Antonio  Novoa Peñaranda, debido a que no se tuvo en cuenta  que  durante  su  “…breve vinculación…”  al  grupo  armado  ilegal,  lo  fue  en  calidad  de  simple  patrullero,  además  que  dejó  de  delinquir  por  convicción  propia,  y en  consecuencia  durante  el  lapso que perteneció a las autodefensas, su voluntad  quedó totalmente supeditada a las órdenes que recibía.   

Explica  que  la  época en que su defendido  perteneció  al  grupo  armado  ilegal,  se  caracterizaba  porque los medios de  defensa   de   que  disponían  eran  “…un  tanto  limitados  y aún rudimentarios ante su enemigo natural como fue la subversión;  época  en  que  éste  y  la  mayoría  de miembros laboraban en las fincas del  sector…”,  y  además  que la inasistencia estatal  los llevó a fomentar estructuras de defensa privada.   

Señala  que su representado cumplió con la  totalidad  de  compromisos  adquiridos  con  ocasión de su desmovilización, su  colaboración  fue efectiva y durante su permanencia en el centro de reclusión,  le fue posible trabajar, capacitarse y resocializarse.   

Considera    que    el    A-quo debió fijar la pena alternativa en  siete   (7)  años  de  prisión,  atendiendo  a  los  criterios  de  necesidad,  ponderación,  legalidad  y  corrección  en  el  comportamiento y agrega que se  vulnera  también  el  principio  de igualdad, por cuanto en otras sentencias de  justicia  y  paz  se  impuso  a  los  postulados la sanción que reclama para su  asistido.   

Solicita  en  consecuencia,  se  revoque  la  sentencia  impugnada  en  cuanto  se  relaciona  con la dosificación de la pena  alternativa y en su lugar sea tasada en siete (7) años.   

Apoderado de las víctimas  

Dirige  su cuestionamiento contra el numeral  noveno  de  la parte resolutiva de la sentencia, en cuanto no tuvo como personas  acreditadas  y  en  consecuencia  dejó  de reconocerlas como víctimas, a José  Carlos,   Jair,   Jeinis  y  Jaider  Enrique  Navarro  Barranco,  en  cuanto  se  desconoció  la  prueba  allegada  en  la  audiencia  de control de legalidad de  aceptación  de  cargos,  al  igual que la aportada en el curso del incidente de  reparación integral.   

Aclara  que  los  hermanos  Navarro Barranco  diligenciaron  el  formato  de hechos atribuibles a grupos organizados al margen  de  la  Ley  donde  relataron pormenorizadamente los acontecimientos respecto de  los  cuales  se  consideran  víctimas,  documentos con fundamento en los cuales  debió acreditárseles como tales.   

Agrega  que  en la audiencia celebrada en el  mes  de  agosto  de  2011  se  presentó de manera verbal solicitud sobre nuevos  hechos  y  cargos  y  se  allegó una carpeta en sustento de la petición, donde  obra  la  prueba  documental  de  las  referidas  pretensiones,  entre  ellas la  sentencia  condenatoria  emitida  contra  Janci  Antonio Novoa Peñaranda por el  homicidio  de  Carlos  Guillermo  Marzal  Velásquez, con lo cual se acredita el  daño  directo  de que tratan los artículos 5 de la Ley 975 de 2005 y 1 y 2 del  Decreto 315 del 7 de febrero de 2007.   

Señala  igualmente  como  desconocida  la  declaración  jurada  de  Olga  Esther  Marzal  Parodis,  mediante  la  cual  se  acreditan  los  perjuicios  a  los  hermanos  Navarro  Barranco por el delito de  desplazamiento  forzado  del  que  fueron víctimas, sin tener en cuenta además  que  dicha  condición se adquiere de facto por tratarse de un hecho notorio que  releva de prueba.   

Indica  que  en  la  carpeta allegada por la  Fiscalía  se  encuentran  diligenciados  los  formatos de hechos atribuibles al  postulado  narrados  por  sus  poderdantes,  donde se indica cómo se produjo el  desplazamiento a consecuencia de los homicidios denunciados.   

Manifiesta  que  la determinación del daño  moral  y  la  alteración de las condiciones de existencia como hechos notorios,  no  requieren  de  prueba  para  su  reconocimiento, porque se derivan del daño  mismo.   

Indica  que  no se valoró las declaraciones  juradas  de  Ledis  María  Ramírez Soto y María Laudit Borrego Contreras, que  acreditan  los  perjuicios  que  debieron  reconocerse  en favor de los hermanos  Navarro  Barranco por el homicidio de Carlos Guillermo Marzal Velásquez, debido  a  la dependencia económica de la víctima directa, así como el daño moral en  favor  de  Nirian  Isabel  Navarro  Barranco,  por  ser  una  de las compañeras  permanentes de Marzal Velásquez.   

Se  refirió  a  la  viabilidad de la prueba  supletoria  (testimonial) para acreditar el parentesco entre el fallecido Carlos  Guillermo   Marzal   Velásquez   y  los  hermanos  Navarro  Barranco,  ante  la  imposibilidad  de  aportar  los  registros civiles debido a que aquél nunca los  reconoció.   

De  otra  parte,  argumenta  que  no  se  reconoció  indemnización por daño emergente a Ludis Esther Molina Velásquez,  Noelia  Molina, Arelis María Molina, Olga Genith Molina y Zenit Parodi Maestre,  no  obstante que les correspondió asumir los gastos funerarios por el homicidio  de  Carlos  Guillermo Marzal Velásquez, Olga María Molina de Baquero y Rosalba  Núñez  Molina,  quienes  también  perdieron  bienes  por  el desplazamiento y  dejaron abandonada la finca “totumitas”.   

Explicó  que en la providencia cuestionada  ni  siquiera se aplicó la presunción en materia de gastos funerarios según lo  ha  hecho  la jurisprudencia en otras oportunidades, como tampoco tuvo en cuenta  los  documentos allegados a la actuación que acreditan los daños en cuestión,  esto  es  la declaración rendida por Olga Esther Marzal Velásquez, mediante la  cual  se  acredita  que  la  casa donde vivía Olga Marina Molina de Baquero fue  entregada   para  pagar  los  ataúdes  de  las  víctimas;  y  el  contrato  de  compraventa del inmueble en mención.   

Cuestiona  igualmente  que  no  se  hubiera  reconocido   los   frutos  civiles  y  ordenado  la  restitución  de  la  finca  “totumitas”,  cuya  posesión  tenían  los  padres  de  Ludis Esther Molina  Velásquez,  Noelia  Molina,  Arelis  María  Molina  y  Olga  Genith Molina, no  obstante  haberse  acreditado  la  unión  marital  de  hecho  entre  Bartolomé  Contreras  Silva  y  Olga  Marina  Molina de Baquero, la adquisición del predio  mientras  convivían, y que a raíz de la muerte de Contreras Silva la posesión  del  inmueble  continuó  en  cabeza  de  Olga  Marina  y  sus  hijos, según se  desprende  de los formatos de hechos atribuibles a grupos armados organizados al  margen de la ley.   

Solicitó  en  consecuencia  se  ordene  la  restitución  del  inmueble  “Las  Totumitas” y la indemnización por frutos  civiles  dejados  de  percibir  a  consecuencia  del  abandono  causado  por  el  desplazamiento  forzado, pero no en la cifra estática que se viene reconociendo  desde  la  sentencia  de  Mampujan, sino en aquella reclamada por las víctimas,  esto  es,  cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales vigentes para cada  una de ellas.   

Controvierte  la  decisión de no reconocer  indemnización  por  daño  moral  en  favor  de Ludis Esther Molina Velásquez,  Noelia  Molina,  Arelis  María  Molina,  Olga  Genith  Molina,  Lines  Patricia  Contreras  Molina,  Yeirlis  Castro Molina, Yileinis Paola Castro Molina, Carlos  Manuel  Marzal  Parodis,  Olga  Esther  Marzal  Parodis,  José  Carlos  Navarro  Barranco,  Jair  Navarro  Barranco,  Jeinis  Navarro  Barranco,  Jaider  Enrique  Navarro  Barranco,  Luz  Marina  Escorcia  Núñez,  Yenys Castelbondo Núñez y  Henys  Castelbondo  Núñez,  por  los  homicidios  de  Carlos  Guillermo Marzal  Velásquez,  Olga María Molina de Baquero y Rosalba Núñez Molina, no obstante  que  se  allegaron  las  pruebas  que  acreditaban  la  aflicción  y  el dolor,  determinación   que   obedece  al  hecho  de  no  haber  tenido  en  cuenta  la  declaración  jurada  de  Magalis Milian Nieves, de la cual se desprende que las  muertes  en  cuestión causaron “…mucha aflicción  y dolor…” a sus familiares.   

Aduce  que  la  pretensión  de reparación  sobre  los  hechos  donde  fue  víctima de secuestro y tortura Carlos Guillermo  Marzal  Parodis  y de secuestro, tortura y tentativa de homicidio Said Contreras  Velásquez,  esta  huérfana  de  motivación y de resolución en la providencia  impugnada.   

Con  fundamento  en  las  argumentaciones  precedentes,  solicita  el  apoderado  de  víctimas  decretar  la nulidad de la  providencia  impugnada,  y  subsidiariamente  modificar  el numeral noveno de la  parte   resolutiva,   en   orden   a   incluir   las   pretensiones  puestas  de  presente.   

CONSIDERACIONES  

De conformidad con los artículos 26, inciso  2º,  de  la Ley 975 del 2005 y 32, numeral 3º, de la Ley 906 del 2004, la Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia es competente para resolver  los  recursos  de  apelación  interpuestos  contra la sentencia por medio de la  cual  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla condenó a  Janci  Antonio  Novoa  Peñaranda,  lo  cual  hará  en  el  entendido de que su  competencia  es  funcional,  esto  es,  se  limitará  a  los aspectos objeto de  inconformidad   y   a   los   que   resulten  inescindiblemente  ligados  a  los  mismos.   

1.               Impugnación     defensor     del  postulado   

Anticipa la Sala su decisión en el sentido  de  no  acoger el planteamiento del defensor, en cuanto ninguna razón le asiste  en  su  reclamo  para  que  se  disminuya el monto de la pena alternativa que le  fuera impuesta a su representado, por las razones siguientes:   

La  Ley de Justicia y Paz, al establecer el  ámbito  de  su  aplicación,  dispone en su artículo 2º que sus destinatarios  son  los  integrantes  de los grupos armados organizados al margen de la ley que  “…hubieren  decidido  desmovilizarse y contribuir  decididamente  a  la reconciliación nacional…”, al  tiempo  que  en  el inciso segundo del artículo 29, estableció el beneficio de  la  pena  alternativa,  conforme  al  cual  aquellos individuos que accedieran a  entregarse  a las autoridades e hicieran dejación de sus armas, purgarían unos  pocos  años  de  cárcel para luego quedar exentos de cualquier persecución de  esa naturaleza.   

         En  desarrollo  de dichas preceptivas, quien aspire a ser favorecido  con  la  pena  alternativa, debe manifestar y poner en práctica su decisión de  dejar  atrás  el  accionar violento, lo cual concreta el legislador primero con  el  requisito  de  elegibilidad, entendida como la eventual posibilidad para ser  seleccionado beneficiario de las ventajas punitivas en mención.   

Una   vez   satisfecha  la  exigencia  de  elegibilidad,  el  desmovilizado debe cumplir con las obligaciones contenidas en  la  ley  y  en  la sentencia, relacionadas con la satisfacción de la verdad, la  justicia,  la  reparación  de sus víctimas y el cumplimiento de las garantías  de   no   repetición,   para   hacerse   acreedor   al  beneficio  de  la  pena  alternativa.   

         En  torno  a  los elementos fundamentales de la pena alternativa, la  Corte Constitucional precisó que:   

“…De  las  anteriores  disposiciones  se  derivan los elementos esenciales de la denominada  pena  alternativa, tal como la contempla la ley, que por su importancia conviene  sistematizar, a partir de lo dicho en el apartado 6.2.1.4.2., así:   

   

(i)  Es un beneficio punitivo que conlleva  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  determinada  en  la  respectiva   sentencia,  el  cual  responde  a  características  y  propósitos  específicos.   

   

(ii)  Es judicial y sustitutiva de la pena  ordinaria:  la  autoridad  judicial competente impondrá en la sentencia la pena  principal  y  las accesorias que correspondan de ordinario al delito conforme a  los  criterios  establecidos  en  la  ley  penal.  Esta  comprensión  se deriva  explícita   y   sistemáticamente   de   los  artículos  3º,  19,  20,  24  y  29.   

   

(iii)  Es  alternativa:  la  pena  que  de  ordinario  le  correspondería  cumplir al condenado es reemplazada por una pena  inferior  de  tal  forma  que el condenado debe pagar la pena alternativa, no la  pena ordinaria inicialmente impuesta.   

   

(iv) Es condicionada: su imposición está  condicionada  a  que  concurran  los  presupuestos  específicos previstos en la  presente  ley.  Verificado  su cumplimiento, el Tribunal impondrá lo que la ley  denomina pena alternativa.   

 (v) Constituye  pena   privativa  de  la  libertad  de  5  a  8  años,  que  deberá  cumplirse  efectivamente   sin  que  pueda  ser  afectada  por  otros  subrogados  penales,  beneficios   adicionales  o  rebajas  complementarias,  adicionales  a  la  pena  alternativa misma. (Par. Art. 29).   

   

(vi)  Su  mantenimiento  depende  de  la  libertad  a  prueba:  una  vez  cumplida efectivamente la pena alternativa, así  como  las condiciones impuestas en la sentencia según la ley (artículo 24), se  concederá  la  libertad  a  prueba  por un término igual a la mitad de la pena  alternativa   impuesta,   período  en  el  cual  el  sentenciado  debe  cumplir  determinados  compromisos:  no  reincidir  en  ciertas  actividades  delictivas,  presentaciones  periódicas  e  información  de cambio de residencia (artículo  29).   

   

(vii)  Extinción  de  la  pena  ordinaria  inicialmente  determinada:  Cumplidas las obligaciones impuestas en la sentencia  o  establecidas  en  la ley, y transcurrido el período de prueba, se declarará  extinguida la pena ordinaria inicialmente determinada.   

   

(viii) Revocatoria de la pena alternativa y  ejecución  de  la pena inicialmente determinada: si durante la ejecución de la  pena  alternativa  o  del  período  de  libertad  a prueba, se establece que el  beneficiario  ha incumplido alguna de las obligaciones impuestas en la sentencia  o  previstas  en  la  ley,  para  el  goce  del  beneficio, se revocará la pena  alternativa   y   se   harán  efectivas  las  penas  principales  y  accesorias  inicialmente  impuestas  en  la sentencia…”. (Corte  Constitucional.   Sentencia   C-   370   de   2006).   

         Ahora   bien,   en   orden  a  dosificar  la  pena  alternativa  que  corresponde  atribuir  al  sentenciado,  necesariamente  ha  de  acudirse  a  lo  previsto   en   el   artículo  29  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz,  el  cual  dispone:   

“Artículo 29. Pena  alternativa.  La  Sala  competente  del  Tribunal Superior de  Distrito   Judicial  determinará  la  pena  que  corresponda  por  los  delitos  cometidos, de acuerdo con las reglas del Código Penal.   

En caso que el condenado haya cumplido las  condiciones  previstas  en  esta  ley, la Sala le impondrá una pena alternativa  que  consiste  en privación de la libertad por un período mínimo de cinco (5)  años  y  no superior a ocho (8) años, tasada de acuerdo con la gravedad de los  delitos   y   su   colaboración   efectiva   en   el   esclarecimiento  de  los  mismos.   

Para tener derecho a la pena alternativa se  requerirá   que   el   beneficiario   se   comprometa   a   contribuir  con  su  resocialización  a  través del trabajo, estudio o enseñanza durante el tiempo  que  permanezca privado de la libertad, y a promover actividades orientadas a la  desmovilización   del   grupo   armado   al   margen   de   la   ley   al  cual  perteneció.   

Cumplida   la  pena  alternativa  y  las  condiciones  impuestas en la sentencia se le concederá la libertad a prueba por  un  término  igual a la mitad de la pena alternativa impuesta, período durante  el  cual  el beneficiado se compromete a no reincidir en delitos, a presentarse  periódicamente  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial que corresponda  y a informar cualquier cambio de residencia”.   

         Así  las  cosas,  atendiendo  al  contenido  de dicha norma y a las  orientaciones  respecto  de  los elementos fundamentales de la pena alternativa,  ninguna  incertidumbre se presenta respecto a que su concesión está supeditada  al  cumplimiento  de  los  requisitos  relacionados  con  la satisfacción de la  verdad,  la  justicia,  la  reparación de las víctimas, al cumplimiento de las  garantías   de  no  repetición  y  la  contribución  del  beneficiario  a  la  consecución  de  la  paz  nacional,  mientras  que  su dosificación debe estar  apoyada  en  el  análisis  de  la  gravedad  de  los delitos y la colaboración  efectiva  del postulado en el esclarecimiento de los mismos, lo cual implica que  visto  el caso concreto, corresponde al juzgador ponderar los aspectos relativos  a la gravedad de la conducta y el daño creado.   

         En  esta  oportunidad,  respecto  a las exigencias para acceder a la  pena  alternativa,  sostuvo el Tribunal Superior que en el curso del trámite se  acreditó  que  el postulado cumple con  los requisitos de elegibilidad, ha  contribuido   a   la   consecución   de   la   paz  nacional  con  su  acto  de  desmovilización  y colaborado con la justicia al asistir y acatar su compromiso  con  la  verdad en las distintas versiones libres y confesando las conductas por  él  cometidas  durante  y  con  ocasión  de  su  pertenencia  al  grupo armado  organizado  al  margen  de  la  ley,   sin  que  ello  implique que ha  culminado  con  el cumplimiento de todos los compromisos y obligaciones inmersas  en  el proceso de Justicia  y Paz, pero que no obstante lo anterior, por la  naturaleza  y  gravedad  de  los delitos que comportan la violación del derecho  internacional  de  los  derechos  humanos “…es   preciso imponer como pena  alternativa  el  tope  máximo  establecido  en  la  Ley,  correspondiente  a la  privación  de  la libertad por un periodo de ocho (8)  años   –   96   meses  –,    por  lo  cual  se  procederá  a suspender la ejecución de la pena  ordinaria  establecida en esta Sentencia y se reemplazará por la alternativa ya  anunciada…”.     

         Como  claramente  se  puede observar, del contenido del artículo 29  de  la  ley  de Justicia y Paz en torno a los parámetros a tener en cuenta para  dosificar   la   pena   alternativa  a  imponer,  los  concreta  a  (i)  la  gravedad  de  los  delitos,  y,  (ii)   la   colaboración  efectiva  en el esclarecimiento de los mismos, exigencias a las que se ciñó la  Sala  de  Conocimiento  para imponer el máximo de ocho (8) años de prisión al  postulado Janci Antonio Novoa Peñaranda.   

         En  consecuencia,  no le asiste razón al defensor cuando afirma que  la  calidad  de  patrullero del postulado impide que se imponga el máximo de la  pena  alternativa,  en  cuanto  el  Estado  de  Derecho exige el sometimiento al  imperio  de  la  Ley por mandato Constitucional, y en tales condiciones, cumplir  con  la  voluntad  del  legislador  que obliga a dosificar la pena acorde con la  reglamentación  expedida  para  el efecto, ninguna irregularidad susceptible de  ser  enmendada  acarrea la determinación adoptada por la Sala de Justicia y Paz  del  Tribunal  de Barranquilla, en cuanto la responsabilidad penal es individual  y   consecuentemente   también   la   pena   de   prisión   privativa   de  la  libertad.   

Finalmente, tampoco se vulnera el principio  de  igualdad con la imposición del máximo de la pena alternativa prevista para  el  proceso transicional, frente a casos en los que, aduce el abogado, se impuso  dentro  de  otros  procesos  menor sanción punitiva a otros postulados (Orlando  Villa  Zapata),  puesto que el procedimiento de tasación de la pena alternativa  requiere  de  la  valoración  inherente  a  cada  caso,  con  miras a juzgar la  gravedad de los delitos cometidos.   

Bajo  esas  circunstancias,  no es factible  alegar  violación  a tal principio constitucional, sin que se conozca cuál fue  el  patrón de igualdad; si desde la perspectiva fáctica el principio se violó  por  tratamiento  desigual  entre  iguales  o  igual entre disímiles, y si, las  situaciones  objeto  de  comparación, desde la Constitución, ameritan un trato  diferente o deben ser presentadas en forma igual.   

Además,  en  el  caso  señalado  por  el  defensor,  la  primera  instancia acudió a criterios extraños a los señalados  por  el  artículo  29  de  la  Ley  975  de  2005,  razón  por  la  cual, esta  Corporación  revocó  la decisión imponiendo el máximo del término dispuesto  para la pena alternativa.   

Conforme con lo expuesto, se confirmará la  pena  alternativa  de  ocho  (8) años impuesta al postulado Janci Antonio Novoa  Peñaranda.   

2.             Impugnación    del    defensor   de  víctimas   

2.1.          Calidad  de  víctimas  de  los hermanos  Navarro Barranco.   

Inicialmente  cuestiona el apoderado que el  Tribunal  no  tuviera  como  personas  acreditadas,  y en consecuencia dejara de  reconocerlas  como  víctimas,  a  José  Carlos  Navarro Barranco, Jair Navarro  Barranco,   Jeinis   Navarro   Barranco   y  Jaider  Enrique  Navarro  Barranco,  esencialmente,  en  cuanto  no allegaron los registros civiles de nacimiento que  los  acreditara  como  hijos  de  la  víctima  directa, Carlos Guillermo Marzal  Velásquez.   

Ciertamente, como lo afirma el impugnante,  en  materia  penal  rige  el  principio  de  libertad  probatoria,  consagrado  tanto  en el artículo 237 de  la  Ley  600  de  2000,  como  en  el 373 de la Ley 906 de 2004. Sin embargo, en  cuanto  se relaciona con la acreditación procesal del  parentesco,  la  situación  es  diversa,  ya que por  tratarse    este   de   un   asunto   ligado  al  estado  civil  de  las  personas, debe demostrarse con el  registro  civil  respectivo,  es  decir,  existe  una  tarifa  legal en torno al  tema.   

Lo  anterior  debido a que dicha exigencia  está  expresamente  consagrada  en el Decreto 315 de  2007,    mediante   el   cual   se   reglamenta   la  intervención      de     las     víctimas  durante  la investigación en los  procesos  de Justicia y Paz de acuerdo con lo previsto en la Ley 975 de 2005, en  armonía  con  lo  previsto  en  el artículo   4°,  donde  se  señala  que para demostrar el daño directo,  deberán    aportar,    entre    otros    documentos    “…Certificación  que acredite o demuestre  el  parentesco  con  la  víctima, en los casos que se  requiere,   la   que  deberá  ser  expedida  por  la  autoridad correspondiente…”.   

Tal  es el criterio expuesto por esta Sala,  según  lo consignado en proveído del 10 de noviembre de 1999 (Radicado número  14.944),  en el que consideró que el documento idóneo para acreditar el estado  civil  de  las personas es el registro civil correspondiente, oportunidad en que  sostuvo:   

“…Además,  atendida  la  fecha  de  nacimiento que allí se indica, el documento legalmente  válido  para  la  solicitud  de  la  expedición  de  la  referida  cédula  de  ciudadanía,  no  podía  ser  en manera alguna una partida de bautismo, sino un  registro  civil  de  nacimiento,  pues  de  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  105 del Decreto 1260 de 1.970, que regula lo atinente al estado civil  de  las  personas  y  a la forma como procede su registro, “Los hechos y actos  relacionados  con el estado civil de las personas, ocurridos con posterioridad a  la  vigencia de la ley 92 de 1.938, se probarán con copia de la correspondiente  partida  o  folio,  o  con  certificados  expedidos  con base en los mismos” y  específicamente,  tratándose  de  nacimientos,  su  inscripción  debe hacerse  dentro  del  mes  siguiente  a su ocurrencia ante el funcionario correspondiente  (art.  48  ibídem), debiéndose acreditar “mediante certificado del médico o  enfermera  que  haya asistido a la madre en el parto y en defecto de aquél, con  declaración     juramentada     de     dos     testigos    hábiles…”.   

Idéntico  criterio ha sido expuesto por la  Sala  de  Casación  Civil de esta Corte, específicamente en Sentencia del 4 de  abril de 2004, Radicado número 6.598), al señalar que:   

“…En  relación  con  el  estado  civil de las personas, la  filiación   se   entiende   como   el  vínculo        jurídico  que  une  a  un hijo con su padre o con su madre, y como tal,  corresponde   a   la   situación  jurídica  que un individuo ocupa en la familia y en la sociedad, por lo  tanto,  como  atributo  de la personalidad, es único,  indivisible,    indisponible    e    imprescriptible:  se  es  hijo  de  determinado  padre  y  no de otro,  calidad que indica el lugar en la familia y su grado de parentesco.   

El Decreto Extraordinario 1260 de 1970, que  contiene  el  estatuto  del  registro  del estado civil, en su artículo       2º      señala  que  el  estado civil deriva de los  actos,  hechos y providencias que lo determinan y de su calificación   legal,  y  a  su  vez  el  artículo  5º  prescribe que aquellos deben ser inscritos en el  competente   registro   civil,  de  donde  se  concluye  que  es  por  medio  de  éste  como  se   establece   la  filiación  de  una  persona.   

La  correspondiente  partida  del registro  civil  es  la  prueba  de  los  hechos, actos y providencias relativos al estado  civil  tanto  ante  las  autoridades  como en un proceso, que tratándose   de   la   inscripción   de  la  filiación    paterna  extramatrimonial    recoge    los    actos    declarativos   de   ésta,    bien    sea    el    reconocimiento    voluntario    o   la  declaración judicial de paternidad. Así  entonces,  el  certificado de nacimiento de una persona demuestra  su  estado de hijo extramatrimonial cuando   contempla   los   actos   a   que  se  hizo  alusión…”.   

La Corte Constitucional también  concluyó que el parentesco entre las  personas  debe  demostrarse  por  medio  del  registro  civil.  Así,   en   la   Sentencia   T-501   del   17   de   julio   de  2010,  expresó que:   

“…6.2.  A  través  de Ley 92 de 1938  “por  la cual se dictan algunas disposiciones sobre  el    registro    civil    y    cementerios”   se  reguló  lo  concerniente  al  Registro Civil de las  personas  y  dispuso lo relacionado con las autoridades competentes de emitir el  mencionado      documento      público.   

Antes de entrar en vigencia la mencionada  ley,  las  funciones  del  registro  civil  de  nacimiento las venían  realizando, hasta ese entonces, las actas de bautismo emitidas  por  párrocos  locales.  Por  esa razón,  las  autoridades  encargadas  de  expedir el registro  civil  no  anulaban  las  actuaciones  llevadas a cabo por la  iglesia católica.   

En virtud de lo anterior, la misma Ley en  sus   artículos   18   y   19  reguló  lo  atinente  a  las  pruebas del estado civil de las personas y  dispuso,  que  para  ello,  se  expiden  las  copias  auténticas  de las partidas del registro del estado  civil.  Sin  embargo,  indicó que ante la   falta   de   este   documento  se  podrá  allegar como instrumento probatorio, en caso  de      que      sea     necesario,     otro     documento     auténtico.   

De  este  modo,  quedaban  con  validez  las  partidas  de  bautismo  emitidas  por los Curas  Párrocos  antes de 1938, documento que se asimilaba  al  registro  civil  que  emiten  los Notarios pues, prestaban un servicio de fe  pública  respecto  de  las  circunstancias  de  una  persona.   

Al  respecto  la  Corte  ha indicado  que “dentro de las funciones  especiales  de  los  Curas Párrocos de dar fe de los  actos  de  los  particulares, está en especial la de  la  celebración del bautismo; ya que, la partida de  bautismo  con  anterioridad  al año de 1.938, era el  único         documento        que  demostraba  el estado civil de una  persona.   

6.3.  Sin embargo, con posterioridad a la  ley  92  de 1938 se expidió el Decreto 1260 de 1970,  el  cual  en  su  artículo  123 derogó  en  su  totalidad  a la mencionada ley. Por su parte, el Decreto  “Por  el cual se expide  el  Estatuto  del  Registro  del  Estado  Civil  de  las personas”     define    en    su    artículo  1º,  que  “El  estado  civil    de    una   persona   es   su   situación  jurídica  en la familia y la sociedad, determina su  capacidad  para  ejercer ciertos derechos y contraer ciertas obligaciones,  es indivisible, indisponible e  imprescriptible,  y  su  asignación corresponde a la  ley.” Y en su artículo  2º,  agrega  que  “El  estado  civil  de las personas deriva de los hechos, actos y providencias que lo  determinan   y   de   la   calificación  legal  de  ello.   

A   su  vez,  en  su  artículo  101,  determina  que  el  estado  civil  debe  constar en el  Registro   del   Estado   Civil   y   que   el   registro   es   público  y  los  libros,  tarjetas,  así  como  copias  y  certificados  que con base en ellos se expidan son instrumentos  públicos,             regulados  por  el  derecho  administrativo  colombiano.   

A  partir de la vigencia de este Decreto,  se  concluye que el estado civil y sus alteraciones deben constar en el registro  civil,  el  cual  es  llevado  por funcionarios especiales del Estado. Todos los  nacimientos,  matrimonios, defunciones, separaciones  de  cuerpos  o  de bienes, interdicciones jurídicas,  etc., deben inscribirse en el registro civil.   

6.4. Como consecuencia de lo anterior, se  ha  reconocido  que, de acuerdo con la regulación de  la  materia,  para  las  personas nacidas a partir de  1938,  el  estado civil sólo puede probarse mediante  el  correspondiente  registro civil según el Decreto  1260  de  1.970.  Este  nuevo  estatuto  introdujo  innovaciones con respecto al  antiguo   sistema   de   la   Ley   92   de   1.938,   que   distinguía entre  pruebas  principales  y  pruebas  supletorias  del estado civil. Las primeras se  vinculaban  al  registro  civil, no así las segundas  (partidas  eclesiásticas de matrimonios, bautismos y  defunciones).   

Ahora  bien,  en  lo  concerniente  a los  documentos   que   se  requieren  para  tramitar  el  registro  civil,  se  ha  indicado  que  si  la  solicitud  se  realiza  un  mes  después   del  nacimiento,  se  podrá  con la presentación de la partida de  bautismo  acompañada de la certificación  de  la  competencia del párroco que  celebró          el         bautismo,  diligenciar  el registro civil  de   nacimiento   y   obtener   el  documento  pertinente  a  través    del   cual   se   demuestra   el   estado   civil…”.   

El    criterio    allí  expuesto  fue  ratificado  en  la  sentencia  T-1045  del  14 de  diciembre  del  mismo  año, donde además  se  adujo que el parentesco consiste  en  “…la relación de  familia  que  existe  entre  dos personas, el cual puede ser de consanguinidad o  natural,   por   afinidad   y   por   adopción   o  civil…”,  se  puntualizó que el estado civil  debe    constar    en   el   registro   respectivo   de   cada   persona  por  constituir la prueba idónea  para  demostrar  el  parentesco,  y  que  de  acuerdo  con  el artículo  103  del Decreto 1260 de 1970, se presume la autenticidad de  las   inscripciones   hechas   en   debida  forma  en  el  registro  del  estado  civil.   

Tampoco   respecto   de   la  presunta  unión marital o de hecho  entre    la    víctima    directa    Carlos  Guillermo  Marzal  Velázquez  y  Nirian  Isabel Navarro Barranco se allegó elemento de  juicio  alguno que acredite su existencia, motivo por  el  cual  ningún cuestionamiento es dable aducir en  contra  de  la providencia impugnada por      no     haberle     reconocido  indemnización   alguna   con   ocasión de tal circunstancia.   

Ahora   bien,   en   cuanto  al  argumento  del  apoderado  respecto  a  que  si los llamados  “padres        de        crianza”   pueden   ser  reconocidos  como  víctimas en el proceso de justicia y paz, con mayor  razón  debería adoptar  idéntica  determinación  respecto  de los hijos biológicos no reconocidos, es  necesario  recordar que en el mencionado trámite, en  principio     pueden     ser     reputados          víctimas     los     cónyuges,    los  compañeros o compañeras  permanentes,  y cualquier pariente en primer grado de consanguinidad o civil, de  quien  haya padecido directamente el daño, es decir,  quien  haya muerto o desaparecido, criterio matizado por la Corte Constitucional  en  la  Sentencia  C-370  del 18 de mayo de 2006, al  considerar  que  la  exclusión  de  los  familiares  ajenos   al   primer   grado   de  consanguinidad  y  la  limitación  adicional  de  que  sólo  pueden concurrir cuando la víctima  directa  haya  muerto  o  desaparecido, conculca los  derechos  a  la igualdad, debido proceso, acceso a la administración  de  justicia  y  a  un recurso judicial efectivo, motivo por el  cual declaró    la    exequibilidad    condicionada    del   artículo  5° de la Ley 975 de 2005, en el  entendido    no    solo   de   que   pueden  ser  reconocidos víctimas  otros  familiares que hubieren sufrido un daño,  sino  también  de  que  ello  sea  consecuencia  de otras conductas delictivas cometidas por los miembros de grupos  armados  al  margen  de  la  ley,  diferentes  a  las  que  implican  la  muerte  o el desaparecimiento.   

En  tales  condiciones,  el  concepto  de  víctima  se  hizo  extensivo a otros familiares por  consanguinidad,  sin  importar  el  grado,  pero  que  en todo caso acrediten el  daño   causado   con   el  delito,  ámbito   dentro   del  cual  no  se  incluye  a  los  denominados        “padres    de   crianza”,   por   cuanto  en  ellos  no  es  predicable  algún  vínculo  de  parentesco  o  familiar y no obstante el estrecho  vínculo  afectivo  y  la  dependencia  espiritual y  hasta  patrimonial  que  puede  surgir  entre  los menores y sus “padres     de    crianza”,    estos    no   conforman   su  núcleo   familiar   ni   son   parientes,   y   en  consecuencia,   no  pueden  admitirse  como  familiares  por  consanguinidad  ni  reconocerse  víctimas dentro del proceso de justicia  y  paz, y consecuentemente  a  no  estimar  sus  pretensiones  para la reparación  integral,  eventualidad que deja sin sustento alguno  el planteamiento del defensor.   

Así las cosas,  se  concluye  que  la  certificación expedida por la  autoridad  correspondiente  a  que  alude  la  Ley 975 de 2005 para acreditar el  parentesco,  necesariamente  es  el  registro  civil  respectivo,  en  cuanto se trata de la prueba idónea  para  el efecto y resulta ser el documento indispensable para que los familiares  puedan  ser  reconocidos  víctimas  y  dado     que    tal    instrumento  no  fue  aportado en esta  oportunidad   por  José  Carlos  Navarro  Barranco,  Jair  Navarro  Barranco,  Jeinis  Navarro Barranco y  Jaider   Enrique   Navarro   Barranco   según   lo  argumentó   el   Tribunal  de  primera  instancia,  ningún  cuestionamiento  al  respecto  amerita  la  providencia      impugnada     que,     en     consecuencia,     será  confirmada  en cuanto se relaciona  con el punto objeto de inconformidad.   

2.2. Negativa a  decretar  indemnización  por  daño  emergente,  con  ocasión  de  los  gastos  funerarios  por  el homicidio de Carlos Guillermo Marzal Velásquez, Olga María  Molina de Baquero y Rosalba Núñez Molina   

El Tribunal de primera instancia, en efecto,  afirmó  que  la  señora  Zenit  Parodis  Maestre,  compañera permanente de la  víctima   directa   Carlos   Guillermo   Marzal   Velázquez,  si  bien  elevó  reclamación  por  valor de $300.000,oo con ocasión de los gastos funerarios en  que  incurrió,  no aporta material probatorio que respalde el monto solicitado,  y  que,  en  consecuencia,  ante  la  imposibilidad  de  efectuar  un promedio o  verificar  los gastos acaecidos, no reconoce la reparación por concepto de este  daño emergente.   

De  otra  parte,  en  relación  con gastos  funerarios  por  el  homicidio  de  Rosalba Núñez Molina, adujo el Juzgador de  primer   grado   que  “…esta  indemnización  por  concepto  de  daño  emergente,  no  fue solicitada por las víctimas indirectas  según  el expediente del representante judicial, así mismo no se demostró con  elemento  material  probatorio  la  existencia  de dicho daño. Por lo tanto, la  Sala   no   reconocerá   esta   indemnización…”.   

Por  último,  respecto  de la solicitud de  indemnización  por  el  daño emergente por concepto de gastos funerarios y por  la  pérdida  de viviendas, materiales para construcción, cosechas de plátano,  ganados,  aves  de  corral y terrenos elevada por Olga Genith Molina, hija mayor  de  la  víctima  directa  Olga  Marina  Molina  de  Baquero,  adujo el Tribunal  Superior  que  no  se allegaron elementos materiales probatorios donde conste la  existencia  de  estos  bienes  y  los  costos  aducidos,  motivo  por el cual no  accedió a la mencionada pretensión.   

Es  bien sabido que dentro de los objetivos  esenciales  de la Ley de Justicia y Paz, según se desprende del contenido de su  artículo  1º,  se encuentra aquél encaminado a garantizar los derechos de las  víctimas  a  la  verdad,  la justicia y la reparación. En tal sentido, el  artículo  8º  de  la  mencionada  normatividad, preceptúa que el derecho a la  reparación   de   las   víctimas   comprende  las  acciones  tendientes  a  la  restitución,  indemnización,  rehabilitación, satisfacción y garantía de no  repetición,    y    precisa    que    la    indemnización   “…consiste    en   compensar   los   perjuicios   causados   por   el  delito…”.   

Implica   lo   anterior  que  la  misión  fundamental   de  la  ley  de  Justicia  y  Paz  consiste  en  contribuir  a  la  reconciliación  nacional,  bajo  la premisa previa e ineludible de garantizar a  las  víctimas  verdad,  justicia  y  reparación con ocasión de los perjuicios  causados por el delito.   

En  dicho  cometido,  es  decir  en orden a  definir   los   conceptos   básicos   que  estructuran  la  indemnización  que  corresponde  a  las  víctimas,  es  necesario  acudir  no sólo al principio de  complementariedad  a  que se contrae el artículo 62 de la Ley 975 de 2005, sino  también  a  los  ordenamientos jurídicos afines a la naturaleza del proceso de  Justicia  y  Paz  y  a las orientaciones de la jurisprudencia, en cuanto algunos  aspectos relacionados con el tema continúan sin regulación.   

         Dentro  de  dichos  lineamientos,  para efectos del reconocimiento y  liquidación  del daño emergente con ocasión de los gastos funerarios a que se  ven  avocadas las víctimas indirectas en los casos de homicidio, necesariamente  ha  de  acudirse  a  la  regla jurisprudencial contenida en múltiples fallos de  esta  Sala y del Consejo de Estado, según la cual debe presumirse, en los casos  de  homicidio, que existió un detrimento patrimonial mínimo consistente en los  costos  funerarios  a  los  que  se  vieron  obligadas las víctimas indirectas,  expensas  que  emergen  directamente  del  crimen  perpetrado  y  que  deben ser  reparadas por el victimario.   

         De  acuerdo  con  lo  anterior,  es  claro  que  como  en  los casos  resaltados  por el apoderado recurrente, es decir los relacionados con la muerte  de  Carlos  Guillermo Marzal Velásquez, Olga María Molina de Baquero y Rosalba  Núñez  Molina,  no  se  aportaron  elementos  de  convicción  suficientes que  permitieran  ofrecer  certeza  sobre la existencia de tales perjuicios en cabeza  de   las   víctimas   indirectas,   es   necesario  dar  aplicación  la  regla  jurisprudencial  en  mención,  y  en  consecuencia,  presumir  que  existió un  detrimento  patrimonial  mínimo  consistente  en  los  respectivos  costos  del  sepelio que debieron sufragar las víctimas indirectas.   

         Atendiendo  a dicha premisa, el monto que  se  reconocerá  en virtud de esta presunción, en este caso debe ajustarse a la  pretensión  exteriorizada oportunamente por alguna de las víctimas indirectas,  específicamente  por Zenit Parodis Maestre, compañera  permanente  de  la  víctima  directa  Carlos Guillermo Marzal Velázquez, quien  elevó  reclamación por valor de $300.000,oo, monto que deberá ser debidamente  indexado.  Si  bien  ha sido  posición  de  la Corte abstenerse de admitir la simple declaración como prueba  fehaciente,  en esta oportunidad la cifra reportada es acorde con la presunción  a  que  se  ha  hecho  referencia,  máxime si no constituye un monto exagerado.   

         

         La  cifra  anterior  se  reconoce en favor de Zenit Parodis Maestre,  quien  adujo  haber asumidos los gastos por el fallecimiento de Carlos Guillermo  Marzal  Velázquez;  igualmente  en  beneficio  de  Olga  Genith  Molina,  quien  manifestó  que  hubo  un  daño  emergente  por  concepto  de los gastos en que  incurrió  por  la  muerte  de  su  progenitora  Olga  Marina Molina de Baquero.  Ningún  reconocimiento  en  favor  de  Ludís  Molina  Velásquez  procede  por  concepto  de  gastos  funerarios,  toda  vez  que  de  la actuación procesal se  desprende  que  para  la  época  de  los acontecimientos delictivos contaba con  catorce  (14)  años de edad, y en consecuencia, se presume que no se encontraba  en capacidad económica de asumir los costos en mención.   

         

          De  otra  parte,  habida  cuenta  que  dentro  del  expediente no se  acreditó  quién  asumió los gastos funerarios por el fallecimiento de Rosalba  Núñez  Molina,  el  monto de $ 300.000 se deberá entregar en partes iguales a  Olga  Genith Molina, Arelis María Molina y Noelia Molina, quienes en calidad de  hermanas    compartían    su    vida    con    la    occisa    y   probablemente  los  habrían  sufragado,  salvo  que  alguna allegue el certificado correspondiente, en cuyo caso el valor  se deberá entregar a ésta.   

         Así  las  cosas,  la providencia impugnada se modificara en orden a  reconocer  indemnización  por  concepto  de  daño  emergente, en los términos  anteriormente descritos.   

2.3.          Ausencia  de  reconocimiento  de  frutos  civiles y orden de restitución de la finca “totumitas”.   

El   Tribunal  Superior,  para  negar  el  reconocimiento  de indemnización por los frutos civiles dejados de percibir por  el  abandono  del  inmueble  “Las  Totumitas”  causado por el desplazamiento  forzado  y  no  ordenar  la restitución del predio en mención, adujo  que  las  pruebas  aportadas  indican  que  la titularidad del inmueble recae en otra  persona  que  no  participo  en  este  proceso, y además que no se demostró la  presunta  unión  marital  de  hecho  entre  el  propietario  de la finca con la  señora  Olga Molina de Baquero, ni tampoco el vínculo entre el propietario del  inmueble  y  las  señoras  Olga  Molina, Ludís  Molina Velásquez, Arelis  María Molina y Noelia Molina.   

El  representante  de  las  mencionadas  víctimas   indirectas,   por  su  parte,  alega  que  las  pruebas  aportadas  resultan  suficientes  para  afirmar  que  aquéllas  sufrieron  daños materiales a  consecuencia  de  los  frutos  civiles  dejados  de percibir por el abandono del  inmueble  “Las  Totumitas” causado por el desplazamiento forzado, y de igual  manera  que obra evidencia suficiente para ordenar la restitución del predio en  mención,  según  se  desprende  de  lo  plasmado  en  los  formatos  de hechos  atribuibles  a  grupos  armados  organizados  al  margen de la ley con registros  números   233356   y   233712   diligenciados   por   Nirian   Isabel   Navarro  Barrancos.   

Pero lo cierto es que de la revisión del  material   probatorio   no   se   desprende  la  realidad  de  tal  afirmación,  eventualidad  que  surge  de  la  misma  argumentación  del apelante, en cuanto  solicita  que  las  pretensiones  elevadas  ante la judicatura sean tenidas como  prueba  de  sí  mismas, de su realidad, contenido y alcance, con lo cual pierde  de  vista  que  el  propósito  del  proceso  penal,  concretamente en lo que al  incidente  de  reparación  integral  respecta,  no  es  otro que, precisamente,  lograr  la  demostración  de las reclamaciones indemnizatorias allí ventiladas  mediante el aporte de elementos de prueba suficientes para tal fin.   

Es por ello que el artículo 23 de la Ley  975   de   2005,   que   regula   dicho   incidente,   exige   que  la  víctima  “…indique  las  pruebas  que  hará  valer  para  fundamentar  sus  pretensiones…” y dispone que la  decisión  que  se  adopte  sobre  el  particular  se  tomará con fundamento en  “…la  prueba ofrecida por las partes…”.   

En dicho sentido, importa reiterar que el  criterio  de flexibilidad probatoria que se predica respecto de las víctimas de  graves  violaciones de derechos humanos en el contexto del proceso de Justicia y  Paz   “…no   puede  equipararse  a  ausencia  de  prueba…”,  y  en  tales  condiciones  “…los  aspectos  pecuniarios  que se  pretende  sean  reconocidos  deben estar acreditados con suficiencia…”.   

Adicionalmente,   el   argumento   del  recurrente  en  orden  a  que se tenga como prueba de la posesión sobre un bien  inmueble  la  simple manifestación de una pretensión, implicaría concluir que  cualquier  persona  que  acude  a  la  administración de justicia para reclamar  indemnización  de  alguna  índole,  sólo  por  ello  tendría  derecho  a  su  reconocimiento,  solución  que  comportaría  la desnaturalización del proceso  judicial  en lo que a la determinación de la responsabilidad civil atañe, pues  su  fin  no  es  otro  que  el  de  discernir  la  realidad y legitimidad de las  pretensiones que allí se debaten.   

El menor rigor probatorio exigible de las  víctimas  en el contexto del proceso de Justicia y Paz no puede entenderse como  la  posibilidad de conceder pretensiones totalmente desprovistas de prueba, cuya  realidad  es  simplemente  afirmada por el peticionario sin asidero demostrativo  suficiente.   

Es claro, de esta manera, que la pretensión  se  confundió con la demostración de la misma, al punto de limitarse la prueba  a la simple afirmación de los afectados.   

Además,   el  propósito  de  los  formatos  de  registro  de  hechos  atribuibles  a  grupos  armados es acreditar  sumariamente  la  condición  de  víctima  de los perjudicados para permitirles  “…intervenir  en  el  proceso  penal especial de  justicia  y  paz…”,  y  en consecuencia, ello no  comporta  una  exoneración o sustitución de la carga probatoria que les asiste  respecto de los perjuicios cuya indemnización reclaman.   

No  obstante, en la búsqueda de diferentes  procesos  y  mecanismos  judiciales o extrajudiciales para lograr el fin último  de  la reconciliación nacional y la paz duradera y sostenible, como parte de la  política  de justicia transicional, se expidió la Ley 1448 de 20111  a partir de  la  cual  se  creó  un procedimiento judicial para la restitución de tierras a  las   víctimas   del   despojo  y  las  que  hubieren  abandonado  sus  predios  forzadamente,  y  en  consecuencia, quien se considere titular del derecho puede  acudir  directamente  al  trámite  administrativo  ante  la  Unidad Especial de  Restitución  de  Tierras  Despojadas,  según  lo dispone el artículo 76 de la  mencionada Ley.   

En ese orden, los  argumentos  del  recurrente  carecen  de la entidad necesaria para desvirtuar el  fallo  impugnado,  pues razón asiste al Tribunal Superior al concluir que no se  demostró la presunta unión marital de hecho entre el  propietario  de la finca “Las Totumitas”, señor Bartolomé Contreras Silva,  con  la  señora  Olga  Molina  de  Baquero,  como  tampoco el vínculo entre el  propietario  del  inmueble y Olga Molina, Ludís  Molina Velásquez, Arelis  María  Molina y Noelia Molina, motivo por el cual no  queda  alternativa  distinta  que  la  confirmación del fallo confutado en este  punto.   

2.4.                Ausencia    de reconocimiento de indemnización por daño moral.   

El  apelante  pide  la  revocatoria de la  sentencia  de  primer  grado  en  cuanto negó la reparación por daños morales  solicitada  por  las  víctimas indirectas (hermanos,  sobrinos   y   nietos   de  Carlos  Guillermo  Marzal  Velásquez,  Rosalba  Núñez Molina y Olga María Molina de Baquero),  para  lo  cual argumenta que obra en  las  diligencias  la  declaración  jurada  de Magalis  Milian  Nieves,  de  la  cual se desprende que las muertes en cuestión causaron  “…mucha    aflicción    y    dolor…” a sus familiares.   

De  conformidad  con  lo  preceptuado en el  artículo   5°  de  la  Ley  975  de  2005,  se  tiene  que  “…se  tendrá  por  víctima  al  cónyuge,  compañero  o compañera  permanente,  y  familiar  en primer grado de consanguinidad, primero civil de la  víctima  directa,  cuando  a  esta  se  le  hubiere  dado  muerte  o  estuviere  desaparecida…”,  disposición  modificada  por  el  artículo  2°  de  la  Ley  1592  de  2012,  en  el  sentido  de  precisar  que  “…también serán víctimas los demás familiares  que  hubieren  sufrido  un  daño  como  consecuencia de cualquier otra conducta  violatoria  de  la ley penal cometida por miembros de grupos armados organizados  al margen de la Ley…”.   

A su vez, el artículo 3° de la Ley 1448 de  2011     preceptúa     que     “…son  víctimas  el  cónyuge,  compañero  o compañera permanente,  parejas  del  mismo  sexo  y familiar en primer grado de consanguinidad, primero  civil  de  la  víctima  directa,  cuando  a  esta  se  le hubiere dado muerte o  estuviere  desaparecida. A falta de estas, lo serán los que se encuentren en el  segundo        grado        de       consanguinidad       ascendente…”.   

Examinada   la   constitucionalidad   del  mencionado  artículo  3°  de  la  Ley  1448  de  2011, la Corte Constitucional  precisó  que  el  mismo  “…permite  presumir la  ocurrencia  de  daño…”, siempre que se acredite  “…la    existencia    de    un    determinado  parentesco…”,   en   concreto,  el  primero  de  consanguinidad  o  civil,  o la condición de cónyuge o compañero o compañera  permanente  “…así como la circunstancia de que a  la   llamada   víctima   directa   se   le  hubiere  dado  muerte  o  estuviere  desaparecida…”,   mientras   que   los   demás  interesados    en    ser    reconocidos    como   víctimas   “…deberán      acreditar      el      daño     sufrido…”,  como  quiera  que  el  mismo,  por  expresa -voluntad del  legislador,  no  se  presume.  (Corte Constitucional.  Sentencia C – 052 de 2012).   

En tales condiciones, ninguna duda existe  en  torno  a  que  de  dichos preceptos se desprende la exigencia para reconocer  como  víctimas  a los familiares del afectado directo distintos de aquellos que  se  encuentren  en  el primer grado de consanguinidad y diversos al cónyuge, el  compañero   o   compañera   permanente,   que   acrediten  haber  sufrido un daño como consecuencia del delito.   

En   esta   oportunidad,   se  aprecia que el recurrente no acreditó la ocurrencia de daños  morales   sufridos   por   los  hermanos,  sobrinos  y  nietos  de  Carlos  Guillermo  Marzal  Velásquez, Rosalba Núñez Molina y Olga  María  Molina  de  Baquero,  toda vez que los medios  cognoscitivos  no  dan  cuenta del sufrimiento emocional padecido por aquéllos,  ya  que  en  los  respectivos  registros  de hechos atribuibles a grupos armados  organizados  al  margen  de  la Ley, se limitan al relato de los acontecimientos  delictivos  atribuibles  al postulado Novoa Peñaranda,  sin   que   se   hubiese  afirmado  haber  soportado  sentimientos   de   dolor,  aflicción  o  tristeza,  ni  tampoco  se  acreditó  “…la     clase    de    relación…”  que  los  reclamantes  sostenían  con  sus  familiares  fallecidos.  Es decir, no se  probó  si  convivían  con los occisos, o si tenían con ellos una relación de  especial  cercanía,  eventualidad  que  tampoco se desprende de la declaración  rendida  por  Magalis Milian Nieves, aducida como soporte de la reclamación por  el recurrente.   

En  efecto, el relato de la anteriormente  citada  se  limita  a  una  afirmación  genérica respecto a que conocía a las  víctimas   directas   y  a  afirmar  que  su  fallecimiento  “…les   causó   mucho   sufrimiento   a   sus  hermanos…”,  aseveración  que  acorde al contexto del relato se asume  como  una  simple  deducción  del  sentimiento  que  se  puede  sentir  por  la  desaparición   de   un   familiar,   pero  que  en  manera  alguna  apareja  un  señalamiento de un hecho directamente percibido por la declarante.   

Según anteriormente se había anunciado, la  flexibilización  del  rigor  probatorio respecto de  las   víctimas  en  el  ámbito  del  proceso  de  Justicia  y  Paz,  no  implica  asumir  verdad irrebatible las afirmaciones aducidas  como  sustento de las pretensiones indemnizatorias, pues en dicha finalidad debe  acudirse  a  algún tipo de respaldo para que la fijación no opere caprichosa o  gratuita,  ni  pueda  decirse  que  genera  algún  tipo  de enriquecimiento sin  causa.   

Así  las  cosas,  la Sala considera que en  relación    con    este    punto,    la    sentencia    impugnada    debe   ser  confirmada.   

2.5.           Omisión   de   pronunciamiento  sobre  pretensión  de  reparación  del  daño  por  el  secuestro y tortura de Carlos  Guillermo  Marzal  Parodis  y  el secuestro, tortura y tentativa de homicidio de  Said Contreras Velásquez.   

Cuestiona el apoderado de víctimas en esta  oportunidad  que el juzgador de primer grado no hubiere dado respuesta expresa a  su  pretensión  de  indemnización  por  el  equivalente  a cuatrocientos (400)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  en  favor  de  cada una de las  víctimas  con  ocasión  del  secuestro  y  tortura  de Carlos Guillermo Marzal  Parodis  y  el  secuestro,  tortura  y  tentativa de homicidio de Said Contreras  Velásquez,  y  por  el  contrario  se haya limitado a citar una sentencia de la  Corte Suprema de Justicia.   

En relación con dicho aspecto, encuentra la  Sala  que  efectivamente  la exigencia de adecuada motivación de las decisiones  judiciales,  constituye  sustento  esencial  del derecho fundamental a un debido  proceso  e  instrumento  de  seguridad  para  el  cabal ejercicio del derecho de  impugnación  de  las providencias, pretensión que puede catalogarse incumplida  cuando  las  decisiones  judiciales omiten pronunciarse en forma clara y expresa  en    torno    a    las    reclamaciones    de    los   sujetos   procesales   o  intervinientes.   

Con  sustento  en  el  orden  normativo, la  propedéutica    jurisprudencial    tiene    decantado    que   la   obligación  “…de  exponer  en forma pormenorizada, coherente,  lógica  y  comprensiva  todos  los  supuestos  inescindiblemente  vinculados al  objeto  que  le  es  propio,  esto  es,  consignar  las  razones jurídicas y de  análisis     probatorio     que     sustentan     y     dan    fundamento    al  pronunciamiento…”,  es un aspecto que emana de una  comprensión  amplia  del  debido proceso en la medida que el acatamiento de tal  deber     lleva    implícito    “…la  salvaguarda  de  todas  aquellas  garantías que le son ajenas,  tales  como  las  de  la  defensa  técnica, la favorabilidad, la presunción de  inocencia  y  desde  luego, el principio de contradicción que se ejerce con las  impugnaciones.  Estas  garantías  solamente  pueden  materializarse frente a la  decisión  correspondiente,  en  tanto contengan los fundamentos con base en los  cuales  las mismas se dinamizan en el proceso, esto es, mientras se conozcan las  motivaciones    jurídicas    que   respaldan   una   determinación…”2   

Sin embargo, no se puede perder de vista que  si  bien  la  motivación  de  toda  decisión jurisdiccional es una obligación  legal,  como  requisito  indispensable para el ejercicio del derecho de defensa,  el  legislador  no  ha  establecido  un marco inflexible o rito obligatorio para  entender satisfecha dicha exigencia.   

En relación con este tema, se pronunció la  Sala  en  sentencia  del  17 de junio de 2015, radicado 43195, en los siguientes  términos:   

“…Esta  reflexión  para  concluir  que las motivaciones que solo apuntan a reiterar los  conceptos  plasmados  por  la doctrina y jurisprudencia foráneas y nacional, no  logran  suplir  las  argumentaciones  requeridas  en  casos  sobre los cuales ha  habido  controversia  o  peticiones,  y  por  ende,  resulta  ineludible  que el  funcionario  judicial de a conocer los motivos por los cuales accede o niega las  pretensiones de las partes.    

A  modo  de  ejemplo,  ninguna  víctima  indirecta  podrá  sentirse satisfecha si la judicatura no responde –aprobando  o  no-  su  ruego  de ser  sujeto  de  reparación.   Tampoco  es  asimilable  a la motivación de una  providencia  la  elaboración  de  un  cuadro  en  el  que se enlistan todas las  personas  que  se  presentaron  como víctimas (directas o indirectas) y en otro  acápite  encontrar  una  relación  similar  pero esta vez con la exclusión de  algunas  de  ellas,  debiéndose suponer que quienes allí no aparecen es porque  no  cumplen  con  los  requisitos  exigidos  en  la ley para tal fin…”.   

En   el   presente   asunto   sometido  a  consideración  de  la  Sala, se tiene que efectivamente la decisión de primera  instancia  se  limitó  a citar y transcribir los apartes pertinentes de algunas  providencia  de  la  Corte  Suprema de Justicia en torno a la liquidación de la  suma  que  corresponde  a  cada una de las víctimas como indemnización por los  perjuicios  sufridos  con  ocasión  de los distintos delitos ejecutados por los  grupos  armados  al  margen  de  la ley, pero no hizo manifestación en concreto  respecto  a  las  reclamaciones  de  las víctimas de los delitos de secuestro y  tortura.   

Ante  dicha realidad procesal, ninguna duda  existe  en  torno  a  que la omisión en cita constituye irregularidad que va en  detrimento  de  los  intereses  de  las víctimas representadas por el apelante,  motivo  por el cual, en aras de preservar los derechos de contradicción y doble  instancia,  la  Corte  anulará  parcialmente  la  sentencia  objeto de examen a  efectos  de que el Tribunal de primera instancia verifique los daños y el monto  que  eventualmente  debe  pagarse  en favor de las víctimas con ocasión de los  delitos  de  secuestro y tortura ejecutados en contra de Carlos Guillermo Marzal  Parodis  y  de  secuestro,  tortura  y tentativa de homicidio a que fue sometido  Said Contreras Velásquez.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Administrando Justicia en  nombre de la República de Colombia y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

          1.        Decretar  la  nulidad  parcial  de  la  sentencia  impugnada, en orden a que la Sala de Justicia y  Paz  del  Tribunal Superior de Barranquilla se pronuncie expresamente en torno a  las  pretensiones  de reparación del daño por el secuestro y tortura de Carlos  Guillermo  Marzal  Parodis  y  el secuestro, tortura y tentativa de homicidio de  Said Contreras Velásquez.   

         2.        Modificar  el  fallo de primer grado, en  el  sentido  de condenar a  Janci    Antonio    Novoa    Peñaranda,   y   solidariamente  a  los  demás  miembros   del   “Bloque  Resistencia  Tayrona”  de las Autodefensas Unidas de  Colombia,     al     pago     de     $300.000,oo,  monto  que  deberá ser debidamente indexado, en favor  de   Zenit   Parodis   Maestre   por  los  gastos  funerarios  asumidos  por  el  fallecimiento  de Carlos Guillermo Marzal Velázquez y de Olga Genith Molina por  concepto  de  los  gastos  en que incurrió por la muerte de su progenitora Olga  Marina  Molina  de  Baquero.  De  igual  manera  la  suma  en  mención  deberá  distribuirse  en  partes  iguales  en favor de Olga Genith Molina, Arelis María  Molina  y  Noelia  Molina,  respecto  de  quienes  se  presume que en calidad de  hermanas  de  Rosalba  Núñez  Molina,  asumieron  los gastos funerarios por su  fallecimiento.   

         3.        Confirmar en todo lo demás    la    sentencia    de    primera    instancia    objeto    de  impugnación,   de   conformidad   con   la   parte  motiva de esta providencia.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y Cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 De  Víctimas y Restitución de Tierras”.   

2  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala Penal, sentencia del 10 de noviembre de 2004.  M. P. Dr. Alfredo Gómez Quintero y otros. Rad. N°. 19055.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *