AP6908-2014(44899)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado  Ponente   

AP6908-2014  

Radicación N° 44.899  

Bogotá, D.C., doce (12) de noviembre de dos  mil catorce (2014)   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte sobre el conflicto  negativo  de  competencias suscitado entre el Juzgado 1° de Ejecución de Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  La  Dorada  – Caldas, y el Juzgado Cuarto de 10°  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Bogotá  para  ejercer  la  vigilancia  de  la  pena  impuesta  a  Wilmar  Salazar  Salazar  y/o  José  Helman  Giraldo Narváez.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Según  se  extrae  de la actuación que ha  llegado al conocimiento de la Corte, se tienen los siguientes:   

1. Mediante fallo del 16 de febrero de 2006,  el   Juzgado  8°  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá  condenó  a  Wilmar  Salazar  Salazar y/o  José     Helman    Giraldo    Narváez  a  la  pena  principal  de  222  meses  de  prisión, al hallarlo  responsable  del  delito de secuestro extorsivo, el cual fue confirmado el 12 de  diciembre    de   2006   por   la   Sala   Penal   del   Tribunal   de   Armenia  (descongestión).   

2.  Luego,  el 26 de noviembre de 2004, fue  condenado  por el Juzgado 7° Penal del Circuito de Bogotá, a la pena principal  de  27  años,  6 meses y 21 días de prisión, por la comisión de los punibles  de  homicidio  agravado  y porte ilegal de armas, fallo que cobró ejecutoria el  27  de  junio  de  2007  cuando  la Sala de Casación Penal casó de oficio para  reducir la pena accesoria.   

3.  La  vigilancia de la primera condena le  correspondió  al  Juzgado  2° de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Tunja,   por   cuanto   el  sentenciado  se  encontraba  en  el  Establecimiento  Penitenciario  y  Carcelario  de Cómbita. Autoridad que en auto del 13 de marzo  de  2013  la  concedió  la libertad condicional, no obstante, quedó por cuenta  del  segundo  proceso  para purgar la pena impuesta por los delitos de homicidio  agravado y porte ilegal de armas.   

4. Mediante auto del 29 de agosto pasado, el  Juzgado  ejecutor referido remitió las diligencias a los Juzgados de Ejecución  de    Penas    y    Medidas    de    Seguridad   de   La   Dorada   –  Caldas,  en  razón al traslado del  procesado al Complejo Penitenciario y Carcelario de esa localidad.   

5.  No obstante, el secretario Ad-hoc   del   Centro   de   Servicios  Administrativos  de los Juzgado de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  La  Dorada,  mediante  oficio  número  BM-6013  del  12  de  septiembre  de los  corrientes,  dispuso  remitir el expediente a su homólogo de Bogotá al estimar  que  «al señor JOSE HELMAN NARVAEZ o WILMER SALAZAR  SALAZAR  mediante  interlocutorio  No.  202  del 13 de marzo de 2013, el Juzgado  Segundo  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de Tunja, le concedió  LIBERTAD  CONDICIONAL  al  señor en mención, y de acuerdo con las actuaciones,  le  corresponde  por  competencia  a  los  Juzgado  de Ejecución de Penas de su  jurisdicción      vigilar      el      periodo     de     prueba.»         

6.  Asignado  el conocimiento del asunto al  Juez  10°  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de Bogotá, en  providencia  de  23  de  septiembre  de  2014  se  declaró sin competencia para  conocer  de  la  ejecución  de la sanción y ordenó devolver las diligencias a  los  Juzgados  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de La Dorada –  Caldas, proponiendo colisión de competencia negativa.   

Luego de citar jurisprudencia emanada de la  Corte  Suprema,  sostuvo  que  la  competencia  para  conocer  de  la  etapa  de  ejecución,  independientemente  del  número  de condenas, ni cuál de ellas se  encuentra  descontando el sentenciado, ni de peticiones que se hallen pendientes  de  resolver,  son  los  juzgados  de  ejecución de penas del lugar en donde se  encuentra recluido el procesado, en virtud del factor personal.   

7. Por su parte el Juzgado 1° de Ejecución  de    Penas    y    Medidas    de    Seguridad   de   La   Dorada   – Caldas, quien avocó conocimiento el  6  de  octubre hogaño, sostuvo que el condenado se encuentra recluido en la EPC  de    esa    urbe,   con   ocasión   de   un   asunto   distinto   (homicidio   agravado   y   porte  ilegal  de  armas)  al   que   se   discute   en   el   presente  proceso  (secuestro  extorsivo) y en el cual se le  concedió  la  libertad  condicional,  y  que  al encontrarse disfrutando de tal  beneficio,  la  ejecución  de  la  pena le corresponde al juez que profirió el  fallo de primera instancia.   

De  acuerdo  con  lo  anterior,  aceptó el  conflicto   planteado   y   ordenó   la   remisión   del   plenario   a   esta  Corporación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.           Esta Corporación, de conformidad con lo  previsto  en el artículo 75-4 de la Ley 600 de 2000, es el organismo competente  para  desatar  la  colisión de competencia negativa que se suscita entre jueces  que pertenecen a distintos distritos judiciales.   

2.            La  colisión  de  competencia  es  el  mecanismo  que  fijó el Legislador para determinar, en aquellos casos en que se  suscite  discusión  entre  varios  jueces, cuál de ellos es el competente para  conocer  de  unos  determinados  hechos  o situaciones jurídicamente relevantes  relacionados  con  un  proceso.  Tal mecanismo está encaminado a desarrollar el  principio  de  la  legalidad  del  juez,  el  cual  junto a los de legalidad del  delito,  de la pena y del procedimiento- encuentra su fundamento en el artículo  29 de la Constitución Política.   

3.  Ahora  bien,  en  el  caso que ocupa la  atención  de  la  Sala,  la cuestión a decidir consiste en determinar cuál es  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad al que le corresponde  vigilar   la   pena   de   prisión   que   cumple   el  condenado  Wilmar  Salazar  Salazar y/o José    Helman    Giraldo    Narváez,  actualmente  recluido  en  el  Establecimiento  Penitenciario y Carcelario de La  Dorada                 –  Caldas,  teniendo  en  cuenta   que   en   su   contra  pesan  dos  fallos  condenatorios  -proferidos  en  sendos  procesos  adelantados  por  los Jueces 8°  Penal   del   Circuito   Especializado  y  7°  Penal  del  Circuito,  ambos  de  Bogotá-  y,  además,  que  es  por  cuenta  de  la  sentencia  emitida  por  este  último  funcionario  judicial  que  hoy se halla  privado de la libertad.   

El punto ha sido dilucidado por la Sala, en  el  sentido  de  que, sin importar en dónde se profirió y causó ejecutoria el  fallo,  lo  relacionado  con  su  cumplimiento y todas las circunstancias que de  allí  deriven,  corresponde  al  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas de  seguridad  del lugar en donde tenga su sede el centro carcelario, en este caso a  la  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  La  Dorada –  Caldas.   

Consecuencia  de lo anterior es que cuantas  veces   haya   lugar  al  cambio  de  sitio  de  reclusión,  igual  mudará  la  competencia.  En  otras  palabras:  el  factor  que debe dirimir el conflicto es  personal,  esto  es,  que  sigue a la persona del sentenciado.   

La  excepción a esta regla está dada para  aquellos  eventos  en los cuales en el territorio de ubicación de la cárcel no  se  haya  designado juez de ejecución de penas y medidas de seguridad. En tales  eventos,  la  solución  es  la  prevista  por  el  parágrafo  transitorio  del  artículo  79 de la Ley 600 del 2000 (no reproducido en la Ley 906 del 2004): en  consecuencia,   hasta   tanto  no  sea  suplida  esa  falencia,  la  competencia  corresponde   al   juez   que   haya   proferido   la   sentencia   de   primera  instancia1.   

De  manera  acorde  con  lo ya expuesto, la  Colegiatura  ha  reiterado  que,  en  los  eventos  en que el condenado se halla  privado  de  la  libertad,  la ejecución de la sentencia le corresponde al  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, cuya competencia no depende  de  la  naturaleza de la conducta punible, o del territorio donde se cometió, o  del  despacho judicial que dictó el fallo, ni del número de condenas, ni cuál  de  ellas  se  encuentra  descontando  el  sentenciado de manera efectiva, ni de  peticiones   que   se   hallen   pendientes   de   resolver,  sino  de  un  factor  personal  relativo  al  lugar  donde  se  encuentre  cumpliendo la pena.   

De  forma subsidiaria, se tendrá en cuenta  si  en  ese  lugar  existe  o  no  un  juez  de ejecución de penas y medidas de  seguridad,  pues  de ser así, la atribución mencionada recae en el funcionario  que profirió el fallo de primera instancia.   

El  factor  personal  al  que  se  ha hecho  alusión  se  encuentra  consagrado  en el artículo 1° del Acuerdo 54 de 1994,  expedido  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura.  Dicha  norma consagra  que:   

(…)Los  Jueces  de  ejecución de penas y  medidas  de  seguridad,  conocen  de  todas  las  cuestiones relacionadas con la  ejecución  punitiva  de  los  condenados que se encuentren en las cárceles del  respectivo  circuito  donde  estuvieren  radicados,  sin consideración al lugar  donde se hubiere proferido la respectiva sentencia.   

Respecto del alcance de la norma reseñada,  la Sala ha venido sosteniendo lo siguiente:   

(…) El precepto  anterior  es  claro  en  establecer  para  los  jueces  de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad un factor de competencia distinto a los establecidos para  los  restantes despachos de la jurisdicción ordinaria. Se trata de un factor de  índole  personal,  de tal manera que la competencia para asumir el conocimiento  de  la  ejecución punitiva, depende de que el respectivo condenado se encuentre  recluido  en  uno  de  los  establecimientos  carcelarios  del circuito sede del  funcionario;  y  hasta tal punto se mantiene ese factor de competencia que sigue  al  convicto  al lugar donde fuere, pues de ser trasladado de penitenciaría, su  expediente  debe  ser  enviado al juez de ejecución de penas que esté radicado  en  el  lugar  de ubicación del centro de reclusión, o, en su defecto, al juez  que hubiere dictado el fallo de primera o única instancia.   

También  refulge  que  el  artículo  15  transitorio  del  estatuto  de  procedimiento  penal es de aplicación residual,  esto  es,  que  mantiene  la  función  de  ejecutar  la pena, en los jueces que  hubieren  dictado  la  sentencia  de  primera  o única instancia, solo para los  casos  en  que  el  condenado  se  halle  recluido  en  un  centro penitenciario  localizado   por   fuera   del  circuito  sede  de  un  juez  de  ejecución  de  penas.   

En   estas   condiciones,   carece   de  trascendencia  determinar  cuál  fue  el  primer  fallo ejecutoriado o cuál el  último,  ni  el número de condenas, ni cuál de ellas se encuentra descontando  el  sentenciado,  porque  sólo  dos  elementos  juegan en la determinación del  funcionario  competente  para  resolver cuestiones derivadas del cumplimiento de  la  pena:  la  ubicación del condenado y si en ese lugar existe o no un juez de  ejecución     de     penas     y    medidas    de  seguridad.2   

De  regreso al caso en estudio, y con apoyo  en  los  lineamientos  precedentes, se tiene que Wilmar  Salazar  Salazar  y/o  José  Helman  Giraldo  Narváez  tal  como  se  precisó en  acápite  anterior:  i) fue  condenado  a  pena  de  prisión  dentro  de  sendos procesos tramitados por los  Jueces  8° Penal del Circuito Especializado de Bogotá y 7° Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad;  ii)  actualmente  se  halla recluido en Establecimiento Penitenciario y Carcelario de  La   Dorada   –  Caldas,  descontando  la  pena  impuesta  por  el  segundo de los despachos referidos, y;  iii)  el  establecimiento  carcelario  donde  se  encuentra  el  sentenciado  se ubica en jurisdicción del  Circuito Penitenciario y Carcelario de esa localidad.    

Por lo tanto, surge nítido que, como ya lo  anticipó  la  Corporación,  la competente para atender todo lo relativo a  la  ejecución  de las penas que pesan en contra del condenado es el Juez 1° de  Ejecución   de   Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  La  Dorada  – Caldas.   

Dicha  conclusión  se  fundamenta  en  que  ninguna  relevancia  tiene,  para  el efecto de desestimar el factor personal de  competencia,  el  hecho  de  que  el  condenado  hubiere  sido condenado por una  autoridad  judicial  de  otra  localidad  (en  este  caso  la de Bogotá), o que  “el   sentenciado   no   este  detenido  por  este  asunto”,  argumento  del juez ejecutor de La Dorada  incomprensible  para  la  Sala,  por  su  ostensible falta de sustento.  Lo  cierto  es  que  el  mentado  condenado en el presente está descontando la pena  impuesta   por  un  juez  de  conocimiento  de  Bogotá  en  un  establecimiento  carcelario  ubicado  en la comprensión territorial del Circuito Penitenciario y  Carcelario  de  La  Dorada  –  Caldas,  lo  cual permite concluir que es a la ya  identificada   funcionaria   judicial  a  quien  le  corresponde  velar  por  el  cumplimiento de la pena que cualquier autoridad le haya impuesto.   

8.   Como  corolario  de  las  anteriores  consideraciones,  la Corte asignará la competencia para vigilar el cumplimiento  de  las  condenas que pesan en contra de Wilmar Salazar  Salazar  y/o  José Helman Giraldo Narváez al Juzgado  1°  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de la Dorada – Caldas, a  donde remitirá las diligencias.   

En  mérito  de lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.   ASIGNAR  la  competencia  para  vigilar el cumplimiento de las  condenas  que pesan en contra de Wilmar Salazar Salazar  y/o  José  Helman  Giraldo Narváez al Juzgado 1° de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad  de La Dorada – Caldas, a donde  remitirá las diligencias.   

2.   Por  Secretaría  de  la  Sala,  comuníquese  lo  aquí  dispuesto al Juez 10° de Ejecución de Penas y Medidas  de Seguridad de Bogotá, para su conocimiento.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese y cúmplase.  

Fernando Alberto Castro Caballero  

José Luis Barceló Camacho  

José Leonidas Bustos Martínez  

Eugenio Fernández Carlier  

María    del    Rosario    González  Muñoz   

Gustavo Enrique Malo Fernández  

Eyder Patiño Cabrera  

Patricia Salazar Cuéllar  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de  definición  de  competencia del 15 de septiembre de 2008, radicación No. 30553.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 22 de noviembre de 1996,  rad. 12451.     

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