AP6883-2015(46159)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE  SUPREMA DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP6883-2015  

Radicación     n°     46159   

(Aprobado Acta No.  424)   

         Bogotá, D.C.,  veinticinco  (25)  de  noviembre  de  dos  mil quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de Libia Pérez Pulido contra  la  sentencia dictada por la Sala Penal de Extinción del Derecho de Dominio del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  cuyo  medio se confirmó integralmente la  proferida  por  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito Especializado de la misma  ciudad, que la condenó por el delito de lavado de activos.   

HECHOS  

                                      

         Fueron   sintetizados   por   el   juez   a  quo  de  la  siguiente  manera:   

Entre  el  año  2005 y el mes de abril del  año  2008,  en  el  local  121  de la avenida 15 número 123-71 de esta ciudad,  funcionaba  una empresa de fachada denominada “Centro Multiempresarial C TEL K  Compañía  Limitada”,  donde  se  venía[n] adelantando actividades ilícitas  relacionadas   con   el   lavado  de  activos,  [de  lo  cual]  se  deriva  esta  investigación,  particularmente  de las interceptaciones telefónicas, donde se  tiene   noticia  que  LIBIA  PÉREZ  PULIDO,  quien  inicialmente  fungió  como  secretaria  de  la  empresa,  luego  como  socia,  fue  una  de las personas que  participó  en  [la]  comisión de la conducta punible por la que se procede, al  colaborar  a  los  señores  CARMENZA  NEMPEQUE y DUVÁN ALVARADO GALLEGO, en la  comercialización   de   grandes  cantidades  de  dinero,  según  instrucciones  previamente entregadas [por los mencionados].   

Da  cuenta la investigación que la señora  LIBIA  PÉREZ  PULIDO  se  dedicaba  al  cambio  de divisas de manera ilegal y a  puerta  cerrada,  pues  efectuaba operaciones sin que los ingresos y movimientos  bancarios  reflejaran  la  actividad  que  decía  efectuar,  máxime  cuando el  certificado  de  representación  legal  expedido  por la Cámara de Comercio de  Bogotá,  refleja  que  el  objeto  social  principal  de  la compañía, era el  comercio al por mayor de productos textiles.   

En   el   informe   relacionado  con  las  interceptaciones   al   abonado   telefónico   (sic)  6203272[,]  3103073864  y  3138377968,  entre  otros,  se  advierte el uso del lenguaje cifrado que emplean  los   interlocutores,  entre  ellos  la  acusada  LIBIA  PÉREZ  PULIDO,  en  la  negociación  irregular  de divisas; también se denota[n] posibles disputas por  el  dinero  que  se  maneja  al  parecer  producto  de  lo  que  ellos denominan  “plata caliente y grande”.   

Sobre   este   tópico   las  labores  de  investigación  adelantadas por la Fiscalía hacen alusión a la relación entre  las  divisas  objeto  de  transacción con el señor WILBER ALIRIO VARELA, alias  Jabón,  y  posteriormente [con] LUIS ENRIQUE CALLE SERNA, alias Comba, al igual  que  el nexo con CARLOS ARTURO CERÉN, requerido en extradición por el gobierno  de  los Estado Unidos por el delito de tráfico de estupefacientes y el vínculo  con  un  integrante  de  la  banda  denominada  “Los  Pepes” de la ciudad de  Cúcuta,    también    dedicada   al   tráfico   de   estupefacientes,   entre  otros.                   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  los días 21 y 22 de mayo de 2008, ante el Juzgado 29 Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Bogotá, una vez legalizada  la  captura  de  Libia  Pérez Pulido, la Fiscalía le formuló imputación como  autora  del delito de lavado de activos previsto en el artículo 323 del Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  17 de la Ley 1121 de 2006, incluyendo la  circunstancia  de mayor punibilidad prevista en el numeral 10º del artículo 58  ibídem; quien rechazó el cargo.   

         Seguidamente,  a  petición del representante del ente acusador, se  le      impuso      medida      de     aseguramiento     privativa     de     la  libertad.       

         2.  El 20 de junio de 2008, la Fiscalía  23  Especializada  de  la  Unidad  Nacional  para  la  Extinción del Derecho de  Dominio  y  Contra  el  Lavado de Activos presentó escrito de acusación contra  Libia  Pérez  Pulido y ocho personas más, el cual correspondió por reparto al  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá, que el 3 de julio  siguiente  adelantó  la  audiencia  correspondiente,  donde le fue impugnada la  competencia  por  la  defensa de los acusados, siendo resuelta tal cuestión por  esta  Corporación  en  auto  adiado  15  de  julio  posterior, mediante el cual  asignó   el   conocimiento   de   la   actuación   al   despacho  judicial  en  cita.   

         3.  Entre  tanto,  el  17  de octubre de  2008,  el  Juzgado  45  Penal Municipal con Función de Control de Garantías de  esta  ciudad  impartió legalidad a la solicitud de aplicación del principio de  oportunidad  en  la  modalidad de suspensión del ejercicio de la acción penal,  formulada  por la Fiscalía a favor de Libia Pérez Pulido, en razón de lo cual  en        dicha        ocasión        se        dispuso       su       libertad  inmediata.              

         4.  Como  consecuencia de la aplicación  del  principio de oportunidad, el 16 de enero de 2009, en la continuación de la  audiencia  de  formulación de acusación, el juzgado de conocimiento dispuso la  ruptura  de  la  unidad  procesal respecto de Libia Pérez Pulido, por lo que se  siguió por separado la actuación adelantada en su contra.   

         5. Requerida por el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá, para que informara sobre el resultado de  la  aplicación  del principio de oportunidad a favor de Libia Pérez Pulido, el  23  de diciembre de 2013 la Fiscalía 23 Especializada comunicó que no obstante  haberse  suspendido  el  ejercicio de la acción penal a favor de la mencionada,  mediante  resoluciones  No.  0-042 de 15 de noviembre de 2011 y No. 0-3148 de 28  de  agosto  de  2013,  suscritas por el Jefe de la Unidad de Fiscalías Delegada  ante  la  Corte  Suprema  de  Justicia y por el Fiscal General de la Nación, se  negó la aplicación definitiva de la figura en cuestión.   

         6.    Reanudada    la   audiencia   de  formulación  de  acusación y antes de finiquitarse la misma, el delegado de la  Fiscalía  allegó preacuerdo suscrito con la procesada Libia Pérez Pulido y su  defensor,  el  cual  fue  aprobado  en  sesión  de  15  de  septiembre de 2014,  oportunidad  en la que se surtió el traslado previsto en el artículo 447 de la  Ley 906 de 2004.     

         7.  El 8 de octubre siguiente, fruto del  preacuerdo,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá  profirió  sentencia por cuyo medio se condenó a la acusada Libia Pérez Pulido  a  las penas principales de 51 meses de prisión y multa de 330 SMLMV, así como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término de la sanción privativa de la libertad, como  cómplice   del  delito  de  lavado  de  activos,  negándosele  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

         8.  Apelada la anterior decisión por el  defensor  de  la  condenada,  la Sala Penal de Extinción del Derecho de Dominio  del  Tribunal  Superior  de Bogotá la confirmó en su integridad mediante fallo  adiado 8 de abril de 2015.   

         9. Contra la sentencia de segundo grado,  el  abogado  que  representa  los  intereses  de  Libia  Pérez Pulido interpuso  recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Omitiendo referirse a los fines que pretende  alcanzar  con  el  recurso  extraordinario,  el  demandante  formula un reproche  contra  la sentencia del Tribunal, al amparo de la causal primera prevista en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  que  se  sintetiza  de la siguiente  manera:   

         Denuncia  que  el  juez  colegiado  incurrió  en la «violación    directa    de    la    ley    sustancial   por   vía  indirecta–herror (sic) de  derecho»,     debido    a    la    «aplicación   equivocada  del  artículo  23  de  la  Ley  1709  de  2014», que establece los requisitos para conceder la  prisión domiciliaria, norma que se encarga de citar.   

         Señala  que  en  el  caso  de  su  representada  se  cumplen tales  exigencias,  por  cuanto, de una parte, fue condenada por el delito de lavado de  activos,  cuya pena mínima es de ocho (8) años de prisión y, de otro lado, la  conducta  punible  en  mención no está incluida en el inciso 2º del artículo  68A  de  la  Ley  599  de  2000;  además  que,  destaca, Libia Pérez Pulido no  registra  antecedentes  penales  y  se  demostró  que  tiene  arraigo  social y  familiar.   

         Reprocha  que los juzgadores de instancia, no obstante reunirse las  exigencias  legales,  le  negaran a su prohijada el reconocimiento del mecanismo  sustitutivo  en  cuestión, lo que en su opinión ocurrió porque «faltó   aplicación   de   la   norma   correcta,  [se]  hizo  una  interpretación   errónea   de   las   normas  aplicables  al  caso»,  valga decir, en vez de tener en cuenta los artículos 23 de la  Ley  1709  de  2014  y  68A del Código Penal, se aplicó la Ley 750 de 2002 que  consagra  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria para madres  cabeza de familia infractoras de la ley penal.   

         En  consecuencia,  solicita  casar  la sentencia impugnada y, en su  lugar,  modificarla  en  orden  a  que  se  reconozca a favor de su defendida el  sustituto de la prisión domiciliaria.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia   adicional   para   debatir   aspectos   que  ya  fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el recurrente (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

2.  En  primer  lugar,  debe advertirse que la sentencia confutada se profirió anticipadamente,  fruto  del  preacuerdo  suscrito  entre el delegado de la Fiscalía y la acusada  Libia  Pérez  Pulido, por lo cual el interés jurídico para recurrir se limita  a  aspectos  relacionados  directamente  con  el  monto  de  la  sanción  y los  mecanismos   sustitutivos  de  la  pena  intramural,  valga  decir,  condena  de  ejecución   condicional  y  prisión  domiciliaria1   

, además que también es posible denunciar  la vulneración de garantías fundamentales.   

En  el  caso  concreto, el demandante está  legitimado  para  recurrir  en  casación,  habida cuenta que el tema propuesto,  tanto  en  la  impugnación  de  la  sentencia de primera instancia como en sede  extraordinaria,  gira  en  torno al reconocimiento de la prisión domiciliaria a  favor  de  su  prohijada,  aun  cuando  en aquella oportunidad el defensor de la  procesada  hizo énfasis en la condición de madre cabeza de familia de aquella,  que en su parecer la habilita para acceder a dicho sustituto.   

3.  Una  primera  objeción  que  surge  frente  a  la  demanda  de  casación  examinada,  es  la  pretermisión  del censor de indicar cuál o cuáles de los fines consagrados en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004 es el que persigue con la impugnación  extraordinaria.    

         Tal  falencia  impide a la Corte desentrañar por qué en el asunto  de  la  especie  debe  intervenir como Tribunal de Casación, valga decir, si la  finalidad  es asegurar la efectividad del derecho material, reparar los agravios  inferidos  a  la  acusada  Pérez  Pulido  o unificar la jurisprudencia, máxime  cuando  en el único cargo propuesto no se evidencia de qué manera la sentencia  rebatida  afectó  las  garantías  de  la  mencionada, según se expondrá más  adelante.   

         Esa  circunstancia, por sí sola, amerita el rechazo del libelo, de  conformidad  con  el  decantado  criterio de esta Corporación, expresado, entre  otras,  en  CSJ AP, 18 abr. 2012, rad. 38678; CSJ AP, 30 abr. 2014, rad. 43428 y  CSJ AP, 10 dic. 2014, rad. 45065.   

    

4. Al margen del  anotado  desacierto,  surge  patente  que el recurrente desconoce los principios  que  gobiernan  la  impugnación extraordinaria, según se advierte de la manera  como  postula  el cargo por «violación directa de la  ley   sustancial   por   vía   indirecta-herror  (sic)  de  derecho»,  la  cual  es  abiertamente  contradictoria,  pues en el primer  evento,  esto  es,  en la trasgresión directa de la norma, el error de juicio o  in iudicando surge de forma  inmediata  en  la  declaración  del  derecho,  mientras que en el segundo caso,  valga  decir,  en  la vulneración indirecta de la ley, tal desatino se presenta  como  consecuencia  de  yerros en la valoración de la prueba, por manera que en  la  primera  hipótesis  el  debate  es  en estricto derecho, en tanto que en la  segunda se traslada al plano probatorio.       

         En  esa  medida,  no  pueden  alegarse  coetáneamente y dentro del  mismo  cargo  ambos sentidos de violación de la norma sustancial, pues cada una  de  ellos se sustenta en planteamientos excluyentes y surgen en razón de vicios  diferenciables,  que  en  su  demostración  obedecen  a  formulaciones lógicas  disímiles.   

         Así,  cuando  la  trasgresión  es  directa, puede presentarse por  falta  de aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea; mientras  que  si  la  vulneración  es  indirecta,  amén  de  darse  en los dos primeros  sentidos,  el  quebranto  se  ocasiona  bien por error de hecho, determinado por  falsos  juicios de existencia, identidad o raciocinio; ora por error de derecho,  originado en falsos juicios de legalidad o convicción.   

          

         Ninguna  de  tales  reglas  es  observada  por el impugnante, quien  además  aduce  que  los  juzgadores  de  instancia  negaron  a  su defendida el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria porque, en su opinión, «faltó   aplicación   de   la   norma   correcta,  [se]  hizo  una  interpretación   errónea   de   las   normas  aplicables  al  caso»,   lo  cual  también  resulta  contradictorio,  pues  no  puede  plantearse  que  una  norma  llamada  a  regular el caso concreto fue excluida y  simultáneamente        afirmar        que        se        le       interpretó  erróneamente.       

         Ahora,  como  del  contexto  de  la  demanda se extrae que el cargo  formulado  apunta  a  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, conviene  recordar  que  la  labor  de  demostración  del  referido  vicio  deberá estar  orientada  a  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó una norma que no era la  llamada   a   gobernar   el   asunto  –aplicación    indebida–,  omitió  otra  que  sí  resolvía  los extremos de la relación  jurídico  procesal –falta  de  aplicación  o  exclusión evidente–   o,   habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un  alcance  interpretativo  que  no  se  deriva  del  texto de la ley, es  decir,   le   atribuyó   un   sentido   jurídico  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos  contrarios  a  su   real        contenido       –interpretación  errónea–.   

         En  tratándose de la aplicación indebida de un precepto, ésta se  origina  cuando  el  sentenciador  se  equivoca  al calificar jurídicamente los  hechos  o  habiendo  acertado  en  su  adecuación,  desatina al elegir la norma  correspondiente  a  la  calificación jurídica impartida, es, pues, un error de  selección2.   

         Ahora,  a  fin  de  evidenciar el mencionado yerro en relación con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  orientarse a constatar la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado, respecto de la hipótesis  contemplada    en    el    respectivo    precepto3.   

         Cuando  se  pretende demostrar la falta de aplicación o exclusión  evidente,  corresponde acreditar cuál fue la situación fáctica reconocida por  el  fallador  y  cómo  a pesar de ello dejó de aplicarle la consecuencia en el  derecho,  valga decir, cómo omitió el empleo del precepto que regula el asunto  específico,  señalando  por  qué  la  norma  echada de menos era la llamada a  resolver  el  caso  y,  por  ende,  debía guiar el examen jurídico4.   

         En   relación   con  la  interpretación  errónea,  el  ejercicio  argumentativo  del  libelista  debe  abordar  cuando menos dos aspectos, uno que  ilustre  sobre cuál es el alcance y efectos fijados al precepto, acudiendo para  ello  a criterios de autoridad o doctrinales, más no a su personal comprensión  de  la  norma;  y otro, que demuestre cómo aquellos fueron desconocidos por los  falladores  de  instancia  en la sentencia impugnada5.   

         Importa  destacar  que  en esa labor se debe tener especial cuidado  en  no confundir el sentido de la violación en cuestión con los eventos en que  por  un error en la interpretación del precepto, se excluye su aplicación o se  aplica                 indebidamente6.   

         Empero,   ninguno   de   tales   derroteros   es   acatado  por  el  casacionista,   quien   formula   un   discurso   sustentado  en  su  particular  entendimiento  del subrogado de la prisión domiciliaria, dando por hecho que en  su  defendida  concurren  las  exigencias  legales  para  ser  beneficiaria  del  referido  mecanismo sustitutivo, concretamente las previstas en el artículo 38B  del  Código  Penal,  adicionado  por el artículo 23 de la Ley 1709 de 2014, en  concordancia   con  el  artículo  68A  ibídem,  pero  no  asume  la  tarea  de  identificar  en  las  motivaciones  del  fallo  confutado  cuál fue el error de  juicio  en  que  incurrió  el  ad  quem al negar su reconocimiento a la acusada  Libia Pérez Pulido.   

         Y  aun  cuando  el  demandante  aborda  el examen de los requisitos  objetivos  y  subjetivos  que la normativa referida ut  supra  establece  para la aplicación del pluricitado  sustituto,  lo  hace  de  manera sesgada, acomodándolos a la tesis que propone,  según  la cual en su defendida concurren tales exigencias, al punto de señalar  que  el  delito  de  lavado  de  activos  por el cual fue condenada Libia Pérez  Pulido,  no  se encuentra enlistado en el inciso 2º del artículo 68A de la Ley  599  de  2000, lo cual se aparta del tenor literal del mencionado precepto, pues  dicha  conducta  punible  sí  aparece  allí  relacionada,  por  lo  cual  a la  supranombrada   le   aplica   la   exclusión   de   beneficios   y   subrogados  penales.   

         Al  respecto  resulta  oportuno citar lo expuesto por el juez a quo  al  negar  el  mentado subrogado penal, cuyas motivaciones vienen a integrar una  unidad inescindible con la sentencia de segundo grado, así:   

De acuerdo al contenido de los artículos 38  y  38B  del  Código  Penal,  modificado[s] por los artículos 22 y 23 de la Ley  1709  de  2014,  la  prisión domiciliaria como mecanismo sustitutivo de la pena  privativa  de la libertad, será procedente siempre que concurran los siguientes  requisitos:   

1. Que la sentencia se imponga por conducta  punible  cuya  pena mínima prevista en la ley sea de ocho (8) años de prisión  o menos.   

2.  Que  no  se trate de uno de los delitos  incluidos en el inciso 2º del artículo 68 del Código Penal.   

3.  Que  se demuestre el arraigo familiar y  social del condenado.  (…)   

Si  bien  se  satisface el primer requisito  relacionado  con  la pena mínima prevista en la ley para el delito de lavado de  activos,  pues  por  la  época  de  los hechos, año 2008, cuando se encontraba  vigente  la Ley 1121 de 2006, la misma consagraba [como pena] un mínimo de ocho  (8) años de prisión.   

No  acontece  lo  mismo  con  el  segundo  postulado,  esto  es,  lo relacionado con las acepciones (sic) del artículo 68A  del  Código  Penal,  pues  justamente  el delito por [el] que se emite condena,  expresamente  se  encuentra  exceptuado  del  mecanismo sustitutivo (…).    

…de  todas  maneras,  tampoco resultaría  factible  conceder la prisión domiciliaria ante el incumplimiento del requisito  previsto  en  el  numeral  1º,  artículo  38B,  pues  conforme  a  la anterior  redacción  de  la  norma,  esto  es,  sin la reforma del presente año 2014, el  instituto  jurídico en estudio solo procedería para sentencias que se impongan  por  conductas punibles con pena mínima de cinco (5) años de prisión o menos,  [y]  en  este  asunto el delito [de lavado de activos] comporta una pena de ocho  (8) años de prisión.     

         Surge  patente  entonces,  que la norma aplicable al caso concreto,  de  conformidad  con  el principio de legalidad, es el artículo 38 del Estatuto  Punitivo,  modificado  por  la  Ley  1142 de 2007, vigente para la época de los  hechos  juzgados,  que  imponía  como  presupuesto para el reconocimiento de la  prisión  domiciliaria  un requisito objetivo consistente en que la pena mínima  del  delito  por  el  cual  se  profiere sentencia condenatoria sea de cinco (5)  años  de  prisión  o  menos;  el  cual no se cumple, puesto que el ilícito de  lavado  de  activos,  para  el momento de su realización, fijaba tal extremo en  ocho (8) años.      

         Por  otra  parte,  en este asunto no resulta aplicable el artículo  23  de  la Ley 1709 del 20 de enero de 2014, por cuanto no estaba vigente cuando  se  cometió  el  delito,  ni siquiera en razón del principio de favorabilidad,  dado  que  el nuevo precepto resulta ser menos beneficioso a los intereses de la  procesada,  habida  cuenta  que  si  bien amplió el factor objetivo a 8 años y  sustituyó  el  factor  subjetivo  por  uno  de naturaleza objetiva –la demostración del arraigo familiar  y  social  del condenado–,  introdujo  en  su  numeral 2º la prohibición de conceder el referido sustituto  penal  cuando  se  trate de las conductas punibles relacionadas en el inciso 2º  del  artículo  68A  del Código Penal, modificado por el artículo 32 de la Ley  1709  de  2014,  donde  se  incluye el delito de lavado de activos por el que se  condenó a la incriminada Pérez Pulido.   

         Agréguese  que  en el caso de la mencionada tampoco se cumplen las  exigencias  establecidas  en  el artículo 1º de la Ley 750 de 2002, en orden a  reconocer  la  prisión domiciliaria con fundamento en su supuesta condición de  madre  cabeza de familia, puesto que como acertadamente lo señaló el Tribunal,  no  puede  considerarse  que  la  acusada  tiene  tal  calidad,  atendiendo a lo  dispuesto  en el artículo 2º de la Ley 82 de 1993, modificado por el artículo  1º  de  la  Ley  1232 de 2008, y a la jurisprudencia de la Corte Constitucional  que        precisó       dicho       concepto7, ya que sus hijas son mayores  de  edad  y  pese  a  ser estudiantes, no se acreditó que éstas carecieran del  apoyo  económico  y  asistencial  de su padre; amén que la gravedad del delito  juzgado,  según  lo  concluyó  el  ad  quem,  aconseja  que  la pena se cumpla  intramuros.   

         Sobre el punto el juez colegiado señaló:   

         

Ahora, de acuerdo con el artículo 2º de la  Ley  82  de  1993,  modificado  por  el artículo 1º de la Ley 1232 de 2008, se  entiende  por  mujer  cabeza  de familia “quien siendo soltera o casada, tenga  bajo  su  cargo,  económica  o  socialmente,  en forma permanente, hijos  menores  propios  u otras personas incapaces o incapacitadas  para  trabajar,  ya  sea  por  ausencia  permanente o  incapacidad  física,  sensorial,  síquica  o  moral  del cónyuge o compañero  permanente  o deficiencia sustancial de ayuda de los demás miembros del núcleo  familiar”. (Subraya la Sala)  (…)   

…obran  en  el  expediente  copias de los  registros  civiles  de  nacimiento  de Ivonne Stephanie y Melissa Alonso Pérez,  hijas  de  la señora PÉREZ PULIDO y Teodoro Alonso8,  documentos de los cuales se  infiere  que  las  antes mencionadas nacieron el 4 de octubre de 1993 y el 13 de  diciembre  de  1994,  respectivamente, esto es, que en la actualidad no ostentan  la  calidad de menores de edad; es más, se allegaron sus respectivos documentos  de  identificación  que  las  acreditan como ciudadanas colombianas9.   

Ello  para  significar  que de acuerdo a la  previsión  normativa  del  artículo  2º  de  la  Ley  82 de 1993, previamente  citado,  la  procesada  LIBIA  PÉREZ  [PULIDO]  no  reúne  las  condiciones de  “mujer  cabeza  de  hogar”,  en  tanto:  i)  no demostró que desempeñe una  actividad  productiva  que  le  permita solventar las necesidades básicas de su  núcleo  familiar; ii) sus dos hijas no tienen la condición de menores de edad,  circunstancia  que constituye el ingrediente normativo esencial del instituto de  la  prisión  domiciliaria  en  razón  de  la  condición  de  madre  cabeza de  familia10;  y,  iii)  no acreditó que el señor Teodoro Alonso –padre          de         sus  consanguíneas– estuviera  relegado  de manera absoluta de la obligación alimentaria que le asiste con las  adolescentes. (…)      

Finalmente, debe recordarse que en reciente  pronunciamiento   el   máximo  Tribunal  de  Casación  señaló  que  para  la  concesión  del  beneficio de la prisión domiciliaria, aún a padres [o madres]  cabeza  de  familia,  es  necesario  el examen de la gravead del delito, el cual  debe  abordarse  con  el  propósito de “determinar el posible peligro para la  comunidad   y   la   personalidad   del   agente”11,   lo   cual,   dadas  las  particulares  características  del  presente  asunto, aconsejan que la sanción  punitiva  impuesta  se  cumpla  en un establecimiento penitenciario, dado que se  demostró  que  la procesada quebrantó la ley penal de manera libre, consciente  y  voluntaria,  formando  parte  de  una organización criminal dedicada a lavar  activos   provenientes   de   actividades  ilícitas  ligadas  al  narcotráfico  (…).    

         Frente   a   tales   razonamientos   el   censor  guarda  silencio,  seguramente  porque  la  tesis  de  que  la  incriminada  Pérez Pulido cumple a  cabalidad  los  requisitos  para que se le otorgue el pluricitado sustituto dada  su  condición  de  madre cabeza de familia, como lo planteó ante los jueces de  instancia,  no  resiste  ningún  análisis al confrontarla con la normativa que  regula  dicho  instituto  jurídico, por la potísima razón de que sus hijas no  son menores de edad ni están incapacitadas para trabajar.   

         Además,   en   punto   de  la  gravedad  de  la  conducta  juzgada  –lavado      de  activos–,     la  jurisprudencia12  de la Sala tiene dicho que  para  que  proceda  la  aplicación  del  mencionado  sustituto es necesario que  concurran  los  elementos  objetivos  y  subjetivos que le son propios, pues los  derechos  de  los  menores  y  los  de  otras  personas  que se encuentren en la  situación  prevista en el artículo 2º de la Ley 82 de 1993, modificado por el  artículo  1º  de  la  Ley  1232  de  2008,  si  bien  tienen  una  protección  constitucional  reforzada,  deben  ser ponderados frente a los fines de la pena,  pues  ello  «no implica un reconocimiento mecánico,  irrazonable  o  autoritario de sus derechos, sino que deben ser determinados por  las  circunstancias  personales  del  agente,  motivo por el cual tienen que ser  ponderadas    en   todos   los   casos».13   

         En  conclusión,  las protuberantes falencias de lógica y adecuada  fundamentación  advertidas en la demanda, aunado a la falta de demostración de  la única censura propuesta, conducen a su inadmisión.   

         

         5.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   por   el   defensor   de  Libia  Pérez  Pulido.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP, 30 abr. 2014, rad. 42189.   

2 CSJ  AP, 26 feb. 2014, rad. 42902.   

3 CSJ  AP, 13 nov. 2013, rad. 41683.   

4 CSJ  AP,  29  may.  2013,  rad. 39542 y CSJ SP, 16 oct. 2013, rad. 42258.   

5 CSJ  AP, 11 dic. 2013, rad. 37039.         

6 CSJ  AP, 11 dic. 2013, rad. 39989.   

7 Corte  Constitucional SU-388 de 2005.   

8  «C.O.  principal No. 3, folios 235 y 238».   

9  «Ibídem,    folios    234    y    237».   

10«Por   cuanto   el  instituto  lo  que  persigue  es  garantizar  y  proteger el interés superior del menor».    

11  «Cfr.  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,  Sentencia  del  28  de  mayo de 2014, Radicado: SP6699-2014, 43524, M.P.  Gustavo Enrique Malo Fernández».   

12 CSJ  SP,  22  jun.  2011,  rad.  35943  y  CSJ  SP,  28  may. 2014, rad. 43524; entre  otras.   

13 CSJ  AP, 9 may. 2012, rad. 38054.     

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