AP6658-2016(45618)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP6658-2016  

Radicación N° 45.618  

(Aprobado Acta Nº 305)  

Bogotá  D.C.,  septiembre veintiocho (28) de  dos mil dieciséis   

VISTOS  

          Con   el   fin   de   constatar  si  satisface  las  condiciones  de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de  DFS,  contra la sentencia del 24 de octubre de 2014, proferida por  la   Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva.   

            I. HECHOS   

          En  los  meses  de  junio  de  los  años  2003  a 2006, durante las  festividades  de  San  Pedro, la menor LSHO, nacida el 20 de septiembre de 1997,  disfrutaba  de sus vacaciones en la casa de su tía AOS, ubicada en el municipio  de  Hobo  (Huila).  Aprovechando momentos en que los adultos salían a disfrutar  de  las  festividades, DFS, primo de la niña, la accedió carnalmente en varias  ocasiones  y  en  otras  ejecutó actos sexuales diversos sobre ella. Los hechos  permanecieron  ocultos hasta que, en noviembre de 2010, luego de haberle contado  al  respecto  a  una  amiga,  la menor también se los reveló a su progenitora.   

II.      ANTECEDENTES     PROCESALES  PERTINENTES   

          Con  fundamento  en  la denuncia formulada por YO, el 6 de diciembre  de  2011  el  Fiscal  6º  Seccional  de Neiva abrió investigación contra DFS.  Habiéndose  negado  a  rendir indagatoria, aquél fue declarado persona ausente  el  30  de  mayo  de  2012  y  el  5  de  septiembre subsiguiente se le definió  situación  jurídica  con  imposición de medida de aseguramiento de detención  preventiva,  como  posible  responsable  del delito de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  años  agravado.  En  tal  virtud, el 15 de mayo de 2013 fue  capturado.   

          Cerrada  la  instrucción,  la Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  24 de idénticos mes y año. Profirió  resolución  de  acusación  en  contra  del  prenombrado  como  probable  autor  responsable  de  la  referida conducta punible (arts. 208 y 211-2 CP), decisión  que  fue  confirmada por la Fiscal 3ª Delegada ante el Tribunal Superior de esa  ciudad, en resolución del 28 de junio subsiguiente.     

          La  etapa  de juicio le correspondió al  Juzgado  5º  Penal del Circuito de Neiva. En el marco de la audiencia pública,  culminada  la  práctica  de  pruebas, la Fiscalía, bajo los supuestos del art.  404  inc.  1º  de la Ley 600 de 2000 (en adelante CPP), varió la calificación  jurídica.  Por una parte, aclaró que, en relación con los hechos ocurridos el  29  de  junio  de  2003,  el acusado no podría ser juzgado, por cuanto para esa  época  aún  era  menor de edad; por otra, habiéndose clarificado en el juicio  que,  entre  junio  de  2004  y  junio de 2006, DFS en varias ocasiones accedió  carnalmente  a  su  prima LSHO y, en otros momentos, ejecutó actos sexuales con  ella,   le  atribuyó  el  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  agravado  en  concurso  material  homogéneo,  a  su  vez  en  concurso  real heterogéneo con  actos  sexuales abusivos con  menor  de  catorce  años  agravado  (arts.  31  inc.  1º, 208, 209 y 211-2 del  CP)1.   

          Practicadas  las  pruebas solicitadas por la defensa con ocasión de  la   variación  de  la  calificación  jurídica,  y  escuchados  los  alegatos  respectivos,  la  juez  dictó  sentencia  el 29 de mayo de 2014. Declaró a DFS  autor    responsable    del    delito    de   acceso  carnal  abusivo  con  menor  de catorce años agravado  -en   concurso  homogéneo  y  sucesivo-,  en  concurso  con  la conducta punible de actos sexuales  abusivos  con menor de catorce años agravado. En consecuencia, lo  condenó  a  la  pena  principal  de  prisión  por 74 meses y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico  lapso,  al tiempo que le concedió la prisión domiciliaria. Por otra  parte,  declaró  la  extinción  de  la  acción  penal,  por prescripción, en  relación  con los actos sexuales abusivos que, en concurso material homogéneo,  le  fueron  atribuidos  al  acusado  por hechos acaecidos entre los años 2004 y  2005.   

          El  fallo  fue  impugnado por la defensa, dando lugar a la sentencia  de  segunda  instancia  arriba  mencionada.  De  un lado, el Tribunal lo revocó  parcialmente   para   absolver  al  procesado  por  el  delito  de  acceso   carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años;  de  otro,  confirmando la declaratoria de responsabilidad penal  por   la   conducta   de  actos  sexuales  abusivos  con  menor  de  catorce años agravada, redujo las penas  mencionadas en precedencia a 48 meses.   

         Dentro   del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

            Por  la  vía del art. 207-1 del CPP, el censor acusa la sentencia  de  segunda  instancia  de  violar  “directamente”  la  ley  sustancial,  por  errores  de “derecho”    en    la    “apreciación   y   valoración”  del  testimonio  de  LSHO.  Ello,  sostiene,  conllevó a la aplicación indebida del  art.    209    del    CP,    con    violación    del   art.   12   ídem,  así como de los arts. 7º, 232 y  238  del  CPP.  Pues,  en  su  criterio,  “la prueba  existente  en  el  proceso”  no  es  suficiente para  acreditar  en  grado  de  certeza la responsabilidad penal del procesado, quien,  dice,  ha  sido  víctima de acusaciones y señalamientos falsos, producto de un  montaje orquestado por la señora YO.   

          Para  demostrar  tales  planteamientos,  el  libelista presenta a la  Corte  “una  serie de elucubraciones”,  a  partir  de  las cuales, destaca, surge evidente la ausencia de  pruebas  sólidas  para  condenar,  como  quiera que no se realizó un análisis  integral,  conjunto  y  razonable de los medios de conocimiento, se inobservaron  las  “reglas  de  la  sana  crítica”  y  los  cuestionamientos  de la defensa fueron resueltos sin mayor  consideración.  En  términos  generales,  dice,  los  falladores  de instancia  pasaron   por  alto  múltiples  incongruencias,  ambigüedades  “insalvables”    y    “contradicciones”  en  las declaraciones  de  LSHO,  las cuales, subraya, dejan ver a “a todas  luces”  que  aquélla  falta  a  la verdad. Además,  asevera,   aplicaron   “presunciones  estáticas”  en    la    valoración    probatoria   -como  que  la  tardanza  en la denuncia no es atípica en casos de  abuso   sexual   infantil  y  que  la  víctima  calló  por  temor-   desconociendo   aspectos  particulares  del  asunto  sub júdice.   

          Contrario  a  lo analizado por el Tribunal, destaca, “se   probó”  que  i)  LSHO  tenía  un  resentimiento  hacia  el  acusado,  derivado  del  tratamiento  especial  que la  progenitora  de  aquélla  le  daba  a  éste;  ii) la menor no presentó en sus  versiones  discordancias  mínimas, sino que faltando a la espontaneidad se  ciñó  a un libreto limitándose a repetir categóricamente las incriminaciones  en  contra  de  su  primo  y iii) no existió persistencia en la incriminación,  sino   múltiples   “contradicciones”  que  afectan  el  grado  de  credibilidad  que  se  le  debe dar a  aquélla.   

          Sobre   este  último  particular,  tras  reseñar  apartes  de  las  diferentes  declaraciones  que  rindió  LSHO -el 8 de  diciembre  de  2010, el 15 de febrero y el 18 de mayo de 2011, así como el 7 de  noviembre  de  2013-,  destaca  diversos aspectos que,  según  su  perspectiva,  impiden  otorgarle  crédito  probatorio a la testigo.  Enfatiza  que,  al  empezar  a  declarar, la menor ya no era una niña, sino una  adolescente  que  señaló  a  su primo de 18 años de haberla abusado desde que  ella  tenía  6 años de edad. Además de que tal circunstancia, alega, deja ver  el  crecimiento  y  desarrollo  sicológico,  corporal y mental de la testigo, a  juicio  de  la  defensa  es claro que ella estaba influenciada por su madre para  perjudicar a DFS.   

          Bajo   tal   presupuesto,   solicita  a  la  Sala  que  examine  las  declaraciones  con  un alto  grado  de  cuidado  y diligencia, dado que la testigo adolescente se refiere con  lujo  de detalles a situaciones supuestamente vividas en su infancia, realizando  conjeturas  que,  para la edad que tenía en la época  a  la  que  se  refiere,  no  estaba  en  capacidad de  elaborar.   

          El  énfasis  en  la mayoría de edad del acusado, asevera, deja ver  sus  intenciones  de perjudicarlo, por cuanto sólo personas mayores de 18 años  pueden  ser  procesadas  penalmente,  mientras  que en relación con el supuesto  abuso  del  que  fue  víctima  por  otro  de  sus primos, no es tan insistente.   

         

          De otro lado, reitera, la defensa observa  la           incursión          en          múltiples          “contradicciones” e incongruencias en el  dicho  de  la menor, entre ellas: i) LSHO aludió al año 2010 como la época en  que  sucedieron por última vez los hechos, pero después aclaró que ocurrieron  entre  2003  y  2006;  ii)  no  resulta  “lógico”  que aquélla sostuviera que fue abusada en una oficina  en  la  casa  de su tía, porque de acuerdo con los testimonios de AO, LS, DFP y  YO,  “se prueba” que ese  cuarto  no existía y iii) es mentira que la menor se quedara sola en la casa en  las  fiestas  de  San  Pedro,  pues  “se  probó”  con  AO  que  en esas épocas llegaba mucha gente a su  residencia  y  ella siempre permanecía allí, sin que dejara la casa sola y sin  llave.   

          Luego  de  fraccionar los cuatro episodios de abuso sexual referidos  por  LSHO,  destacando detalles particulares sobre las circunstancias de tiempo,  modo   y   lugar   en   que   habrían   tenido   ocurrencia,   presenta  varios  cuestionamientos  que, según su entender, carecen de credibilidad por ofrecerse  contradictorios.   

          En  primer lugar, habiendo declarado la menor que en una ocasión su  primo  la  penetró  por  la  vagina  y  que, como ella sangró aquél lavó los  interiores      para      “borrar”,  sostiene,  es visible la falta de naturalidad de la versión, que  no  corresponde a la de un infante, sino a la de un adolescente que justifica su  dicho  para hacer incurrir en error a la justicia. Adicionalmente, cuestiona, no  es  creíble  -“por ley natural y lógica común”-  que YO, advirtiendo que en la ropa interior de su hija  había  sangre, se hubiera conformado con la explicación de la niña, de que no  le  pasaba  nada,  sin  que  la  hubiera  llevado  al  médico para indagar qué  sucedía.  Si  bien  aquéllas  se refirieron a una gota de sangre, enfatiza, el  dictamen  sexológico  indicó  que,  en  caso  de una penetración, se habrían  producido  graves  lesiones  difíciles  de ocultar, como desgarros del conducto  vaginal con extensión al periné.   

          En   la  misma  dirección,  cuestiona  que  la  mamá  de  LSHO  no  sospechara  de su sobrino pese a que en una ocasión encontró en la habitación  un  buzo -que confundieron con una camisa-,  aparentemente  de  éste,  pero  que  podría  pertenecer a otros  hombres  presentes  en  el  inmueble. Ello, concluye, permite advertir que tales  afirmaciones   son   mentirosas   y   “sin  ninguna  lógica”,   al   tiempo   que  corresponden  a  una  manipulación   planeada   entre  madre  e  hija  para  perjudicar  al  acusado.   

          En  segundo  orden,  explica, frente a la afirmación según la cual  el  acusado  dejó  de accederla porque sabía que ella se había desarrollado y  temía  embarazarla,  afirma,  no  es  creíble que una niña de 9 años de edad  pudiera  llegar a conclusiones de tal alcance. Ello, añade, junto a la alusión  a  que  ella le expresaba su cansancio al procesado y éste le respondía que le  daba  igual  porque  nadie  le iba a creer, denota que la adolescente confunde y  recrea  sus  testimonios  desde  su  actual  comprensión  de los hechos, lo que  “vicia” sus afirmaciones  en  esa  dirección.  Sobre  este último aspecto, agrega, es cuestionable creer  que  la  niña  tuviera un mismo nivel de diálogo con su primo, menos si jamás  existieron amenazas que la hubieran llevado a ocultar los hechos.   

          Otras    “contradicciones”,  enfatiza,  se  dejan  ver  cuando  LSHO, apenas con 6 años de  edad,  estuvo  en  capacidad de recordar la fecha en que fue abusada por primera  vez  por  su primo de 18 años de edad -29 de junio de  2003-,  pese a que tenía un grado cero de escolaridad  sin  saber leer ni escribir, por lo que mal podría recordar fechas ni decir que  ese   día   nunca   se   le   iba   a   olvidar.   Dentro  de  la  “lógica   común   y   la   naturaleza  normal”,  destaca,   ello   resulta   imposible.   Igualmente  “contradictorio”, según su perspectiva,  es  que  al  referirse  la  menor al último episodio de abuso, en el año 2006,  aquélla  no  recuerde la fecha exacta. Esto, indica, es un contrasentido que no  soporta    un    análisis    lógico”,  pues por ser el último evento más reciente y tener LSHO 9 años  de edad, debió recordar la fecha.   

          Y  las  “contradicciones”,  prosigue,  se  agravan  cuando  la testigo dice que DIEGO FABIÁN  vivió  en  Bogotá durante un mes, pese a que, según YO, la estadía de aquél  en  la capital duró un año. Mas ese aspecto desmentido, resalta, no fue tenido  en cuenta por el Tribunal.   

          Además,  cuestiona,  no  es  comprensible  que si la menor también  pasaba   vacaciones   en   diciembre   en  la  casa  del  acusado,  en  las mismas circunstancias, éste sólo  hubiera  abusado  de  ella  en  junio,  en  épocas  de  San  Pedro. Mucho menos  entendible,        destaca,       se       ofrece       la       “contradicción” cifrada en que la menor  dijo  que iba a la casa de su tía con el permiso de sus padres, porque la mamá  suponía  que,  allá, a ella no le iba a pasar nada de lo que estaba sucediendo  -pero    que    sólo    ella   sabía-.   

          Ya  en  punto  de  la  tardía revelación por parte de la víctima,  enfatiza,  deja  mucho  qué  pensar  la  justificación  dada por aquélla para  ocultar  los  hechos,  a  saber, que no le tenía mucha confianza a su mamá. Se  pregunta,  entonces,  cómo  es posible que una niña de 6 años tenga capacidad  para  determinar  en  quién  deposita  su  confianza, cuando a dicha edad no se  cuenta   con   la   formación   sicológica   para   ello.   Por   “experiencia  natural”,  indica,  una  niña  de  esa edad no calla nada y la primera persona en quien confía es en su  mamá.  Con  mayor  razón  cuando  ha  vivido  toda la vida con su progenitora,  siendo  la  menor  de  varios hermanos y muy consentida. Y la misma “ley  natural”, sostiene, debió haber  conducido  a  la  señora  YO  a  notar  cambios  comportamentales  en  su hija.   

          Sin   ser  suficiente  lo  anterior,  continúa,  otras  expresiones  mentirosas  se  identifican  en  las  declaraciones  de LSHO, como que el señor  Silvestre,  quien se estaba preparando para ser abogado, viviera en la casa. Por  una   parte,   destaca,  “se  probó”  que  la  mentada oficina no existía; por otra, señala, una niña  con  nivel  de  escolaridad  cero  no  podría  haber hecho ese análisis. Ello,  reitera,  es  la  percepción de una adolescente y no de una persona sin madurez  sicológica.  Percepción, continúa, que explica otras aseveraciones orientadas  a  perjudicar  al  procesado, como que ella estaba sola en la habitación porque  todos  bajaron  a  tomar  y  que  nunca  estuvo  acompañada  de  su  prima  LD.   

          Adicionalmente,  asevera,  no  es admisible defender la credibilidad  del  relato  de  LSHO  con base en las conclusiones de la prueba sicológica, en  tanto  correspondió  a  un examen incompleto que no tuvo en cuenta otros medios  de  conocimiento,  como  el  de  medicina  forense,  impidiendo ver que la niña  repitió un libreto carente de naturalidad y espontaneidad.   

          Por  último,  alega,  pese  a que científicamente se probó que no  existió  penetración vaginal, lo cual dio lugar a la absolución por el delito  de  acceso  carnal  abusivo,  no  puede  admitirse  la  explicación del médico  legista,  consistente  en que niños de 6 y 7 años de edad pueden confundir una  penetración  con  un  frotamiento  del  pene  en el ano o la vagina y que ésta  maniobra  también  sea  apta para causar sangrado.  Tampoco, afirma, puede  validarse   el   argumento   dado   por  el  Tribunal,  basado  en  la  supuesta  inexperiencia  sexual  de la menor, pues ello apenas queda dentro del ámbito de  posibilidades no demostradas en el presente asunto.   

           En   vista   de   tantas  “contradicciones  y  ambigüedades  insalvables”,  finaliza,    debió    el    Tribunal    aplicar   el   in  dubio  pro  reo.  Con  base  en ello,  solicita  a  la  Corte  que  case  la  sentencia y, en consecuencia, absuelva al  procesado  por el delito de actos sexuales con menor de catorce años agravado.   

  IV.   CONSIDERACIONES     

          4.1                       De  acuerdo  con  el art. 212-3 de la Ley 600 de  2000  (en  adelante  CPP),  la  admisión  de  la demanda de casación supone su  debida    sustentación. El censor está obligado a  consignar  de  manera  clara  y  precisa  tanto  las causales invocadas como sus  fundamentos.  Ello  implica  acreditar  la  necesidad del fallo de casación, de  cara  al  cumplimiento  de  alguno  de  sus  fines,  establecidos en el art. 206  ídem   (efectividad  del  derecho  material,  respeto de las garantías de los intervinientes, reparación  de    los    agravios    inferidos    a    éstos    y    unificación   de   la  jurisprudencia).   

               Ese propósito no se consigue de  cualquier      manera.     A     voces     del     art.     213     ídem,  el libelo será inadmitido cuando  el  demandante  carezca  de  interés  o  la  demanda  no  reúna los requisitos  formales  de  rigor.  Tampoco,  como lo ha precisado la Corte, si se advierte la  irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales  exigencias  derivan  de la naturaleza extraordinaria y rogada  del  recurso  de  casación,  características  enraizadas  en la presunción de  acierto  y  legalidad  inherente  a  los  fallos  de instancia. A partir de esta  presunción,  se asigna al censor la carga   de   acreditar  que  con  la  sentencia  se  causó  un  agravio,  apoyándose  para ello en las causales taxativamente consagradas en la ley (art.  207 del CPP).   

          En   ese   entendido,   el  libelo  debe  someterse  a  estrictas  y  específicas  reglas de postulación y bastarse a sí mismo para demostrar tanto  la  existencia  del  yerro  planteado  como  su  trascendencia. De suerte que el  recurso  extraordinario y la intervención de la Corte, conforme al principio de  limitación,  por  regla  general  se restringe a verificar dichos aspectos, sin  que      sea      dable      al      censor     exponer     una     abierta  discordancia de criterios con lo  determinado  en las instancias ni prolongar la controversia que finalizó con la  sentencia.  Pues  la  casación no es una tercera instancia del proceso penal ni  constituye     un     escenario     propicio    para    postular    cualquier  clase  de  irregularidad en el  trámite surtido.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,    la   debida   sustentación   implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo  con  sujeción  a  los  principios  de autonomía, no  contradicción,  coherencia  y razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se evidencie nítido y la  Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de garantías fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad  de  cara  a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       Como  a  continuación  se expondrá, la demanda  bajo  estudio  no  satisface los requisitos legales y jurisprudenciales para ser  admitida:  la  sustentación  de la censura incurre en múltiples incorrecciones  formales,  tanto  por desatender los principios de claridad y no contradicción,  como  por no desarrollar ningún cargo con sujeción a las exigencias propias de  la  causal  invocada.  Además, de entrada la censura se muestra carente de  aptitud sustancial.   

          4.2.1      De     acuerdo     con     el     cuerpo     primero  del  art.  207-1  del  CPP,  la  casación   procede   por  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida  de  una  norma  sustancial  llamada a regular el caso. La  norma  estatuye  la modalidad de infracción directa o  inmediata  de  la  ley.  Ello supone, entonces, que el  error   denunciado   ha  de  contraerse  a  una  mera  oposición  entre  la  sentencia  y  ley, sin    que    tenga   cabida   la   intermediación   de   aspectos  probatorios,  con  base  en los cuales el juez fija la  premisa fáctica del silogismo jurídico.   

         En  consecuencia,  al  escoger   esta   vía  de  impugnación,  el  recurrente  acepta  tanto  la  corrección  de  los  enunciados  fácticos  fijados  en  la  sentencia  como el  correspondiente  escrutinio  probatorio que los soporta, obligándose a dejar de  cuestionarlos,  so  pena  de  desbordar  la  unidad  lógica  del  reproche.  Al  respecto,  mediante  el  AP  25.04.2007,  rad.  26.9238,  la  Sala  puntualizó:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que  cuando el censor elige […] la violación directa de la ley se halla  en  el  deber de aceptar los hechos, las pruebas y la  valoración  que de ellas se hizo en las instancias, y  en  tales  circunstancias,  no le es factible discutir  cuestiones  de  facto, toda vez que la impugnación es  de  estricto  orden  jurídico  y recae sobre la ley sustancial por una de estas  razones:  falta  de  aplicación  o  exclusión evidente, aplicación indebida o  interpretación errónea.   

         Pues  bien,  contrastado  el  libelo  con tales premisas, salta a la  vista  que  la  censura  desbordó la unidad lógica del reproche por violación  directa    de   la   ley  sustancial,  vulnerando  los  principios  de  coherencia y no contradicción, lo  cual  también  implica  el  incumplimiento  de  las  exigencias  de  claridad y  precisión.  Esto,  por  cuanto,  habiendo invocado el demandante la infracción  directa  de  la  ley,  por  aplicación  indebida  del art. 209 del CP, no desarrolla ninguna argumentación  indicativa  de  que  el  ejercicio  de  selección  normativa o la hermenéutica  aplicada  por  los  falladores son equivocadas, como tampoco ofrece razones para  sustentar  que  su  criterio  es  más  adecuado  desde  el  plano  interpretativo.  Es  decir, la censura no  estriba  en  meros  aspectos  de  oposición entre la  sentencia  y  la  ley, aplicables a la construcción de  la  premisa  jurídica de la  decisión.   

          En  lugar de ello, el libelista estructura los reclamos a partir del  desconocimiento  de las premisas fácticas  fijadas en las decisiones confutadas. Ello es así, por cuanto, en  lugar  de  demostrar  por  qué  los  hechos  que los  juzgadores   declararon   probados   no  realizan  la  descripción  típica del delito de actos sexuales abusivos con menor de catorce  años,  sostiene  que  “la  prueba  existente en el  proceso”  no es suficiente para acreditar en grado de  certeza  la  responsabilidad  penal  del  acusado.  Por  consiguiente,  desde la  perspectiva   técnico-formal,  existe  razón  suficiente  para  inadmitir  los  reproches en cuestión.   

          Desde  luego,  la  Corte podría aplicar el principio de caridad, de  acuerdo  con  el cual el intérprete, como receptor del lenguaje común empleado  por   otro,   ha   de   suponer,  dentro  de  la  comprensión  y  comunicación  lingüística,  que  las afirmaciones son correctas a efectos de desentrañar el  mejor  sentido  de  las  censuras  (CSJ AP 09.09.2015,  rad.  46.235).  En  esa dirección, podría entenderse  que  el  libelista  erró  en la rotulación del reclamo y realmente propone una  discusión   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  en tanto invocó errores “de              derecho” que inciden en la apreciación  y  valoración  de las pruebas. Empero, como enseguida se pondrá de manifiesto,  tampoco  ofrece  razones  pertinentes  para  sustentar  una  impugnación en ese  sentido,  mientras  los reclamos que podrían encajar en violación indirecta de  la  ley  sustancial,  por errores de hecho,  son igualmente inadmisibles, dada su carencia de aptitud formal y  sustancial.   

          4.2.2         Conforme         al         cuerpo        segundo  del  art.  207-1  del  CPP,  la  casación  también  procede  cuando  la  violación  de  una  norma  de derecho  sustancial  proviene  de  errores de hecho  o de derecho en  la  apreciación  de  determinada  prueba.  Allí  se  encuentra  consagrada  la  modalidad   de   infracción   indirecta  o  mediata de la ley sustancial, por yerros en la construcción de  la   premisa  fáctica  del  silogismo jurídico.   

          Los   errores   de   derecho  presuponen  la  violación de una norma probatoria, por la vía de  falsos  juicios  de legalidad  o  de  convicción, mientras  las  infracciones  de  hecho  implican  el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica,  producto de la incursión en falsos juicios de existencia o identidad  y falso raciocinio.   

          El  falso juicio de legalidad  se  relaciona  con el proceso de formación de la prueba, esto es,  las  normas  que  regulan  la  manera  legítima de producirla e incorporarla al  proceso,  el  principio  de  legalidad en materia probatoria y la observancia de  los  presupuestos  y  las formalidades exigidas para cada medio de conocimiento.  Entraña,  de  un  lado,  la apreciación material de la prueba por el juzgador,  quien  la  acepta,  no obstante haber sido aportada al proceso con violación de  las  formalidades  legales  para  su  aducción;  de otro, su equívoco rechazo,  porque  a pesar de estar reunidos los requisitos para su incorporación, el juez  considera que no los cumple.   

          Por   su   parte,   aunque  de  restringida  aplicación  por  haber  desaparecido  de  la  sistemática  procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre en  falso  juicio de convicción  cuando  el juez desconoce el valor prefijado a la prueba en la ley o la eficacia  que esta le asigna.    

          Tanto  en  el  falso  juicio  de  legalidad  como  en  el  error  de  convicción  se  exige  del  censor,  de cara a la aptitud formal de la censura,  señalar  las  normas  procesales  que  regulan  los  medios de prueba sobre los  cuales  se  predica  el  yerro.  Mientras  que,  en  lo referente a la idoneidad  sustancial,  debe  acreditarse  cómo  se produjo la transgresión y enseñar su  incidencia  en  el  sentido  del  fallo,  es decir, evidenciar su trascendencia.   

          Sin  embargo,  pese  a  que  el  libelista  insistentemente  pregona  la configuración de errores  de  derecho  en  la fase de  apreciación   probatoria,   está   en   total   incapacidad   de  postular  la  configuración  de  algún  yerro perteneciente a dicha modalidad de infracción  indirecta  de  la ley. Sus reclamos de ninguna manera ponen de manifiesto que se  quebrantó  alguna  norma  concerniente  a  la  formación  o  aducción  de las  pruebas,  como  tampoco  evidencian que los falladores le hubieran asignado a un  determinado   medio   de   conocimiento   un  alcance  distinto  al  establecido  legalmente.   

            Ahora,   aun  superando  nuevamente  las  incorrecciones  formales  evidenciadas  en el libelo, para entender que, en verdad, lo que se cuestiona es  la  apreciación y valoración de las pruebas, en razón de la configuración de  errores   de   hecho,  la  sustentación  tampoco  acredita ninguna modalidad constitutiva de tales yerros.  Este  tipo  de  infracciones  implican  el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica,   producto   de  la  incursión  en  falsos  juicios  de  existencia       o      identidad    o    falso    raciocinio.   

          La  primera  de  dichas hipótesis -falso  juicio  de existencia- se presenta cuando, al proferir  la  sentencia  impugnada,  el  fallador  desconoce  por  completo  el  contenido  material  de  una  prueba  debidamente  incorporada  a  la actuación; también,  cuando  le  concede  valor probatorio a una que jamás fue recaudada, suponiendo  su existencia.   

         En  segundo  término,  el  falso  juicio  de identidad  tiene  ocurrencia  cuando  en el fallo  confutado  el  juzgador  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  conocimiento,  haciéndole  decir  lo que en realidad no  dice,  bien sea porque realiza una lectura  equivocada  de su texto, le agrega circunstancias que no contiene  u omite considerar aspectos relevantes del mismo.   

         En  tercer  lugar,  el  falso  raciocinio  se  configura  cuando el  Tribunal  observa  la prueba en su integridad, pero al  valorarla   desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir,  una  concreta ley científica, un principio lógico o una  máxima de la experiencia.   

         Cualquiera  de  estos errores,  desde  luego,  debe  ser trascendente  desde  el  punto  de vista  jurídico,    esto    es,    que    frente   a   la   valoración   conjunta  de  la  prueba realizada por el  Tribunal,  su  exclusión debería conducir a adoptar  una   decisión  sustancialmente  diversa a la recurrida.   

         Mas     examinados    los  reproches a  la  luz  de  los  antedichos  presupuestos,  salta a la  vista  su indebida sustentación. En estrictos términos de técnica casacional,  el   censor  no  formuló  ningún  cargo.   Con   la  amplitud  propia  de  un  alegato  de  instancia,  sin  consideración  de  la  estructura probatoria de las sentencias confutadas ni de  la   presunción  de  acierto  y  legalidad  que  las  cobija,  lejos  de  postular  con  cumplimiento de las  exigencias   pertinentes  alguna  de  las  modalidades  de  error  referidas  en  precedencia,  el  demandante  presenta  a  la  Corte  una valoración probatoria  alternativa, mediada por su  propia  lectura  y  entendimiento  de  los  hechos,  partiendo  de  la  base que  “lo  probado en  el  proceso” fue algo diverso a los  enunciados  fácticos  que  así  se declararon en las  sentencias.   

         Sin     entender     que     está     obligado    a    desmontar  tal  realidad  fáctica,  con  cumplimiento  de  las  exigencias  técnicas  propias  del  recurso extraordinario de casación, el libelista  pretende  que  la  Sala  acoja  el  escrutinio probatorio por él presentado, en  lugar  del aplicado por los juzgadores de instancia. Tanto así que explícitamente   solicita  a  la  Corte  examinar  nuevamente  las  declaraciones de LSHO, con cuidado y diligencia, como  si    el    recurso    extraordinario   de  casación  constituyera una tercera instancia de juzgamiento. Es  más:  contrastado  el  libelo  con  el memorial de sustentación del recurso de  apelación2,  se advierte que, en esencia,   la  demanda  de  casación  es  una  reproducción  textual  de  los argumentos ofrecidos por  el  defensor  en  contra  de  la sentencia de primera instancia, que  -como  más  adelante  se  verá  en  relación  con la ineptitud  sustancial  del  reproche (num. 4.2.2)- no confronta ni  refuta  con  suficiencia  la  estructura  probatoria  ni  las premisas fácticas  fijadas  por el ad quem en la  sentencia de segundo grado.   

            De  esta  manera, resulta inobjetable que el demandante incumplió  con  el deber de plantear cargos concretos   contra  las  sentencias  impugnadas.  En  ningún  aparte  de  la  sustentación  se  especifica el tipo de error bajo el cual convoca a la Corte a  estudiar  la  legalidad  del  fallo -falso raciocinio,  falso   juicio   de  identidad  o  falso  juicio  de  existencia-.  Y  aun  tratando  de  descifrar cuál es la específica modalidad de  error,  tampoco están dados los requisitos formales mínimos para el estudio de  fondo de los reclamos.   

         En  términos  generales,  de  la  reseñada  amalgama  de críticas  propuestas  por  el  libelista  se  extracta  que su inconformidad estriba en la  supuesta    valoración  indebida  de  las pruebas. Pero, por sí mismo, ello es insuficiente para que la  Corte  emprenda  un  estudio  de  fondo  bajo  la  óptica del falso raciocinio.   

          En  los  planteamientos de la demanda no se advierte la formulación  de  ninguna  regla  de la experiencia, principio lógico ni criterio científico  supuestamente  quebrantado, sino la simple referencia a apreciaciones subjetivas  sobre    la    valoración    probatoria    consignada    en    las   sentencias  confutadas.   

          En  efecto,  el  demandante  apenas  plantea la inobservancia de las  reglas  de  la sana crítica -sin especificar en cuál  de    sus   componentes   fueron   desatendidas   ni   acreditarlo   en   debida  forma-;  la  intención  de  LSHO  y su progenitora de  perjudicar  al  acusado;  que  se  pasaron  por  alto múltiples “contradicciones” e incongruencias, así  como  que  la  víctima  declaró  siguiendo  un libreto; la inexistencia de una  oficina  en  la casa de AO; la imposibilidad de que la menor se quedara sola; la  elaboración      de      conjeturas      por      LSHO      al     declarar,    en    su   condición   de  adolescente,  sobre  hechos  sucedidos  en  su  infancia; la incompatibilidad de  algunas  situaciones  frente  a  “la ley natural, la  experiencia  natural  y la lógica común” y, en  general,  la contraposición de la versión de la víctima con hechos que estima  probados.  Mas  tales  asertos  apenas  constituyen  reproches formulados con la  amplitud  propia  de  las instancias, los cuales distan mucho de los estándares  mínimos exigidos para ser estudiados de fondo en casación.    

          En  efecto,  no hay lugar a predicar la configuración de errores de  hecho  constitutivos  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  cuando  simplemente  se presenta una apreciación probatoria que no se comparte. La mera  disparidad  de  criterios  en  ese  aspecto  no  habilita  acudir  al recurso de  casación  (CSJ AP 03.12.09, rad. 27.264).  En  la  misma  dirección,  la  Sala  puntualizó  que  la simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas  contra  los razonamientos probatorios  efectuados   por  el  juez  o  la  postulación  de  críticas  a  la  actividad  valorativa,  formuladas  con  la amplitud propia del ejercicio de contradicción  de  las  instancias  y  sin  el  debido  planteamiento  técnico,  conduce  a la  inadmisión   del   recurso   de  casación  (CSJ  AP  16.06.2010, rad. 33.697).   

         Es  más,  el censor oculta que sus ataques a la credibilidad de las  declaraciones    de    la    víctima,   bajo   el   rótulo   de   “contradicciones”,  incongruencias  y  ambigüedades,  fueron  analizados  y  desestimados  por el Tribunal3.   Y   esas  razones   dadas   por  el  ad  quem no son cuestionadas  en  la  demanda  con  cumplimiento  de  los  requerimientos  propios  del  falso  raciocinio.  Simplemente, el demandante vuelve a postularlos, con el inadmisible  propósito  de  que  la Corte los examine de nuevo, como si actuara a título de  juez de instancia.   

         4.2.2    Pero  más  allá  de  las  advertidas  insuficiencias  formales,  los  reproches  carecen  de  toda  aptitud  sustancial para lograr la  infirmación  de  la  sentencia  condenatoria.  Pues  no  se puede derrumbar una  estructura     argumentativa     si     se     atacan     bases     diferentes  a  las que la sustentan, como  tampoco  si  éstas  no se refutan con suficiencia. Bajo esa óptica, la censura  se  ofrece  del  todo  inidónea  para  provocar  una  decisión sustancialmente  diversa  a  la  consignada  en las sentencias impugnadas, en la medida en que la  refutación   planteada   es   insuficiente,  infundada  en  varios  aspectos  y  desatinada   para   remover   los   cimientos  argumentativos  que  soportan  la  declaratoria  de responsabilidad penal, por el delito de actos sexuales abusivos  con menor de catorce años.   

                     

          En  primer  lugar,  el  libelista  no  pone  de  manifiesto  ninguna  contradicción:  ésta  se  presenta  cuando  alguien  afirma y niega algo    al    mismo   tiempo  y  bajo  el  mismo respecto.  Empero,  lo que aquél destacó de los testimonios de la víctima  y       de       su       progenitora      apenas      muestra      divergencias      o      discordancias,   no  contradicciones  en  estricto  sentido,  que la Corte no está llamada a atender con el propósito de  efectuar    una    nueva  valoración   probatoria,   orientada   por   la   lectura   propuesta   por  el  censor.   

         En  segundo  término,  en  las instancias se estableció que uno de  los  aspectos  neurálgicos  para  haberle  conferido  crédito probatorio a los  señalamientos  de LSHO en contra de su primo DFS es la inexistencia de rencor o  animadversión   de  aquélla  o  su  progenitora  hacia  aquél,  para  haberlo  sindicado  falsamente.  Y  ese enunciado fáctico no es refutado en debida forma  por  el  libelista.  Sin  ninguna base probatoria, éste afirma que YO y su hija  orquestaron  un  montaje  en contra del acusado para perjudicarlo y que la menor  tenía  resentimiento  hacia DFP. Empero, pasa por alto que en las instancias se  probó  algo  diferente:  El Tribunal puso de manifiesto que la menor no sentía  celos  de  su primo por el trato preferencial que su mamá le brindaba a aquél,  sino  que se sentía desconcertada porque, desde su óptica, él no merecía ese  trato   por   todo   lo   que   le   había   hecho4;   mientras   que   el   Juez  estableció,  con  base  en  el testimonio de YO, que ésta, lejos de profesarle  odio  o  rencor  a  su  sobrino  DIEGO  FABIÁN,  lo  trataba muy especialmente,  procurando  que  se  sintiera  bien durante sus estancias en Bogotá5.   

         En      tercer      orden,     no     se     ofrece     injustificado  que  el  Tribunal  hubiera  absuelto  al  procesado  por  el  delito  de  acceso carnal abusivo con menor de  catorce  años,  pero  hubiera  mantenido  la  condena  por  los  actos sexuales  abusivos.    La    sentencia    de   segunda   instancia   clarifica6  que  si bien  pueden  presentarse  dudas sobre la existencia de penetraciones  vaginales,  de  acuerdo  con  lo  expuesto por el médico legista, no es menos cierto que el  perito  puso  de  presente,  por una parte, que los menores entre 6 y 7 años de  edad  pueden  asimilar  un tocamiento o frotamiento del pene en su área genital  con  penetración por el ano o la vagina; por otra, que ese tipo de frotamientos  en  menores  de  edad  también  pueden  ocasionar  sangrado.  Por ello, para el  ad   quem,   la  versión  ofrecida  por  la  víctima  no  se veía afectada en su credibilidad. Mas estas  razones,  derivadas  de  prueba pericial, no   son   refutadas   apropiadamente   por   el  demandante,  quien  simplemente  las  descalifica  y las reputa como no probadas, sin explicitar por  qué  tales opiniones expertas se oponen a los principios científicos que rigen  los  dictámenes  sexológicos. En la misma dirección, tampoco cuestiona con el  debido  rigor  científico,  las conclusiones expuestas por el sicólogo forense  que examinó a LSHO.   

         Por  último, el censor de ninguna manera cuestiona, con observancia  de  las  exigencias  propias para el ataque del indicio en casación (cfr. entre  otras,  CSJ  SP  08.08.2000, rad. 15.836), la prueba indirecta construida por el  juez        de        primera        instancia7,  a  partir de los indicios de  presencia  y oportunidad predicables del acusado, en tanto los hechos ocurrieron  en  la  residencia de AO, en épocas de festividades, cuando la menor se quedaba  sola  porque  los  mayores  salían  a  disfrutar  de  las  fiestas, incluida su  progenitora,  en  quien se observó falta de cuidado y vigilancia sobre su hija.   

          Así,  es claro que el libelista incumple el deber de desarrollar un  ejercicio     de    deconstrucción    de  los  fundamentos  probatorios  de la unidad decisoria conformada  por  las  sentencias  de  instancia  (cfr., entre otras, CSJ AP 24.02.2016, rad.  43.017;  AP 25.05.2016, rad. 45.660 y AP 29.06.2016, rad. 44.42). Y esa falta de  refutación,  además de dejar desprovisto de aptitud sustancial a los reclamos,  confluye  con  las  incorrecciones  formales  atrás  advertidas.  Por  ello, es  innegable  su indebida fundamentación, lo que constituye razón suficiente para  inadmitirlos.   

               4.3                   Por  consiguiente, ante los insalvables defectos  de  fundamentación  que  la Corte no puede enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna  la  casación,  se inadmitirá la demanda estudiada,  pues  tampoco  se  observa  a  simple  vista la vulneración de alguna garantía  fundamental  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala, en  los términos del artículo 216 del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de DFS.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1 Fls. 224-225 C. 2.   

             2 Cfr. fls. 364-377 C.  2 y 60-74 C. Tribunal.   

            3   Fls. 33-38 C. Tribunal.   

            4 Cfr. fl. 34 C. del  Tribunal.    

            5 Cfr. fl. 339 C. 2.   

            6 Cfr. fl. 31 C. del  Tribunal.    

            7 Cfr. fls. 337 y 345  C. 2.     

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