AP6593-2016(47139)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP6593-2016  

Radicación N° 47139  

(Aprobado acta N° 305)  

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil dieciséis (2016)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La   Corte  examina  las  bases  lógicas,  jurídicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  Gloria  Patricia  Pérez  Díaz y  Mellis Patricia Pérez Díaz,  contra  la  sentencia  proferida  el  10  de junio de 2015 por el  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta, que confirmó la dictada el 28 de julio de  2014  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  la  misma  ciudad  y  condenó  a  las  procesadas  como  autoras  del delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  

El    A   quo  resumió   la  cuestión  fáctica  de  la  siguiente  manera:   

Ocurrieron  el  día  3  de agosto del año  2013,  a eso de las 04:15 horas aproximadamente, en el sector de la vía Troncal  del  Caribe, vía que de esta ciudad [Santa Marta] conduce a la de Riohacha a la  altura  de Cañaveral, miembros de la Policía Nacional detienen al vehículo de  transporte  público,  afiliado  a  la  empresa Cootransmag de placas SJK-537, y  realizado  el  registro  al  vehículo  y  a  los  pasajeros a la señora GLORIA  PATRICIA  PEREZ  DIAZ le fue hallado (sic) una faja que recubría su abdomen, en  ella  ocultaba cuatro (4) paquetes rectangulares, forrados en cinta transparente  y  látex,  de  color  negro,  los cuales contenían sustancia alucinógena, que  resultó  positiva  para  cocaína, con un peso neto de cuatro punto siete (4.7)  kilogramos,  o  lo  que  es lo mismo cuatro mil setecientos (4.700) gramos. Así  mismo,  a  la  señora MELLIS PATRICIA PEREZ DIAZ, se le encontró adherido a su  abdomen   y   sus  piernas  con  cinta  transparente,  tres  (3)  paquete  (sic)  rectangulares  forrados  en  cinta transparentes (sic) y látex, de color negro,  los  cuales  contenían  sustancia alucinógena, que resultó positiva en prueba  preliminar  para cocaína, en cantidad neta de tres punto ocho (3.8) kilogramos,  o  lo  que  es  lo mismo tres mil ochocientos (3.800) gramos, razón por la cual  fueron   capturadas   y   puestas   a   disposición   de  la  Fiscal  en  (sic)  URI1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  3 de agosto de 2013, ante el Juzgado  1º  Penal  Municipal  con funciones de control de garantías de Santa Marta, se  llevó  a cabo audiencia preliminar de legalización de captura, incautación de  elementos  y formulación de imputación por el delito de fabricación, tráfico  o   porte  de  estupefacientes,  en  la  modalidad  de  llevar  consigo,  contra  Gloria    Patricia    Pérez    Díaz   y  Mellis Patricia Pérez Díaz, quienes se allanaron al cargo formulado.   

La titular del despacho les impuso medida de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario2  que,  posteriormente,  el  Juzgado  Cuarto  de la misma categoría  sustituyó  por la de detención en el lugar de residencia de las implicadas, en  virtud  de  lo  dispuesto  en  el numeral 5º del artículo 314 de la Ley 906 de  2004,   referido   a  la  condición  de  madre  cabeza  de  familia3.   

2.  El  28  de  julio  de  2014, tras varias  suspensiones,  se  llevó  a  cabo  audiencia de verificación de allanamiento y  sentencia4,  por  lo  cual,  en  esa  calenda,  el  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la misma ciudad, dictó el fallo  correspondiente  contra las procesadas por el delito de fabricación, tráfico o  porte   de   estupefacientes,   previsto   en   el  artículo  376  del  Código  Penal.   

Les  impuso,  ciento  doce  (112)  meses  de  prisión,  multa  de  mil  ciento  sesenta  y siete punto tres (1167.3) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un periodo igual al de la pena  principal.   

Les  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria  como  madres  cabeza de  familia5.   

3.  El  10  de  junio  de  2015, el Tribunal  Superior  de ese Distrito Judicial, al resolver el recurso de apelación incoado  por  la  defensa,  confirmó  en  su  integridad  la  decisión del A                   quo6.   

LA DEMANDA  

Con  estribo  en  la  causal  primera  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, el libelista acusa la violación directa  de  la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea  de la Ley 750 de 2002,  porque   allí  no  se  contempla  prohibición  alguna  frente  a  la  conducta  desplegada por las procesadas.   

Comienza por recordar, que el Juez de primera  instancia   revocó   la   detención   domiciliaria  que  venían  gozando  sus  defendidas,  pese  a  que se demostró que son madres cabeza de familia, carecen  de  antecedentes  y  el  delito  por  el cual se les condenó, no está incluido  dentro de las prohibiciones de la citada normativa.   

Agrega que en el marco de la Ley 906 de 2004,  la  aplicación del sustituto no está limitada por la naturaleza del delito, la  carencia  de  antecedentes  penales  o  la  valoración  de componente subjetivo  alguno,  por  lo  cual resulta ser más ventajosa que aquella normatividad, como  que  basta demostrar la calidad de cabeza de familia respecto del hijo menor que  sufra incapacidad permanente y que haya estado bajo su cuidado.   

Razones  que  conllevan  a  ser aplicada por  favorabilidad,  dado  el  carácter  sustancial  del  instituto, la sucesión de  leyes   en   el   tiempo   y  la  «simultaneidad  de  sistema»,  con  lo  cual  se  reúnen  los  elementos  necesarios para el efecto.   

Al  final,  invoca  el  contenido  de  los  artículos  44  de  la Carta Política y 6º de la Declaración Universal de los  Derechos  del  Niño y pide «la aplicación de la Ley  750    de   2002,   por   resultar   más   favorable   al   interés   de   los  menores».   

CONSIDERACIONES  

1. La admisión de una demanda de casación,  en  el  contexto  de  la  regulación  consagrada  en  la Ley 906 de 2004, está  sometida  al  cumplimiento  de  determinados  requisitos  formales  orientados a  demostrar  el  acaecimiento  de  ostensibles  errores judiciales que ameriten la  intervención  de  la Corte, porque no se trata de un espacio procesal semejante  al   de   las   instancias,   que   permita   prolongar  un  debate  ampliamente  superado.   

Con ese propósito, el libelista con interés  jurídico   para   recurrir,  debe  comprobar  que  el  fallo  de  casación  es  indispensable  para  el cumplimiento de alguna de las finalidades consagradas en  el   artículo   180   de   la   citada   normativa7,   con   observancia  de  los  presupuestos  de  lógica  y  de  argumentación  inherentes a cada causal, cuyo  desarrollo   impone   el   respeto  a  las  reglas  que  rigen  la  impugnación  extraordinaria.   

2. A la luz de las anteriores precisiones, la  demanda  que  se  examina será inadmitida porque se avizora sin dificultad que,  aun  cuando al recurrente le asiste interés para impugnar la sentencia obtenida  por  vía  del  allanamiento  a cargos, en aras de obtener el reconocimiento del  mecanismo   de   la   prisión   domiciliaria,  se  sustrajo  de  justificar  el  cumplimiento  de  las  finalidades del recurso de casación y en la formulación  del  único  cargo  no  se  ciñó  a  las  reglas  que  rigen  la  impugnación  extraordinaria.   

3. La causal primera de casación, exige para  su  viabilidad  la  plena  aceptación de la forma como el sentenciador declaró  los  hechos y valoró las pruebas, de manera que en el sustento argumentativo se  promueva  un  debate  estrictamente jurídico, de puro derecho, por una de estas  razones:   

i)   Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  que  ocurre cuando el juez no da aplicación a la norma que regula el  caso concreto, porque la ignora o la desconoce.   

ii)  Aplicación  indebida,  que tiene lugar  cuando  los  supuestos  que contempla el precepto no coinciden con la situación  fáctica procesalmente reconocida.   

iii)   Interpretación  errónea,  que  se  presenta  cuando  el  funcionario  judicial  acierta  en  la  selección  de  la  disposición, pero le da un alcance que no tiene.   

          3.1.   El   libelista   asegura   que   el   juzgador  incurrió  en  interpretación  errónea  de  la Ley 750 de 2002, pero, de entrada, el sustento  del  cargo  se exhibe incompleto porque no demuestra, objetivamente, esto es, de  cara  a  las consideraciones del fallo, el aparte textual donde se estructura el  desacierto  que  pretende  hacer  valer,  sino  que enfatiza en la condición de  madres  cabeza  de  familia  de  sus  defendidas, en la ausencia de antecedentes  penales  y en que la norma no contempla prohibición alguna frente a la conducta  desplegada por las procesadas.   

Desconoce que la posibilidad de desarticular  la  doble  presunción  de acierto y legalidad que ampara la sentencia, comporta  la  carga  ineludible  de  evidenciar  que el juzgador incurrió en un desafuero  trascendente,  con  capacidad  para derruir la declaración de justicia al punto  que, sin la presencia del yerro, otra hubiese sido la decisión.   

         No    se    trata    de    hacer   valer   un   criterio   jurídico  distinto,   porque   la  casación  no  fue  consagrada para examinar alternativas de solución al asunto  suficientemente  debatido en las instancias, sino para remediar aquellos errores  judiciales que determinaron la emisión de una sentencia ilegal.   

3.2.  Lo  cierto  es  que  el  demandante no  plantea  una  discusión netamente jurídica, como lo impone la acreditación de  un  yerro  por  violación  directa,  sino  la  pretensión de que se examine su  personal entendimiento frente a la procedencia del instituto.   

Con   ese   objetivo,  incursiona  en  una  alegación  que desatiende de lleno el raciocinio del fallador de segundo grado,  quien  de  manera  expresa  señaló  que  no es suficiente con que el delito no  esté  contemplado  en  el  inciso  3º del artículo 1º de la Ley 750 de 2002,  porque  también  es  necesario  considerar  el  desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social,  con  miras  a  determinar  que  no pondrá en peligro a la  comunidad  o  a  las  personas  a  cargo, hijos menores o con incapacidad mental  permanente.   

          Sobre ese tópico, apuntó:   

No  sobra  remembrar  que  las  dos mujeres  condenadas  fueron  capturadas  en  situación  de  flagrancia,  cuando llevaban  adheridos  a  sus  cuerpos, más de siete kilos de cocaína, hipótesis fáctica  que   se   adecúa   al   tipo  penal  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  conducta que, como ya se dijera y se reiterará más adelante,  es       de       carácter       pluriofensivo8.   

Adicionalmente,  el juez plural no encontró  cabalmente  acreditada  la  condición  de  madres  cabeza  de  familia  de  las  procesadas porque,   

…si bien es cierto que el señor defensor  hizo   alusión   a  la  existencia  de  registros  civiles  de  nacimiento  que  acreditarían  que  las  procesadas  GLORIA  PATRICIA  PÉREZ  y MELLIS PATRICIA  PÉREZ  tienen  a su cargo dos y tres hijos menores de edad respectivamente (ver  fls.  6  y  7  de  la  sentencia de primer grado) y que además se refirió a un  número  plural  de  declaraciones de vecinos que dan cuenta de esta situación,  lo  cierto  es  que  para la Sala tales documentos y/o declaraciones no resultan  suficientes  de  cara  a mostrar la ausencia absoluta del padre de los menores o  de  otro  miembro  del núcleo familiar; dicho de otro modo, no se acreditó con  suficiencia  que  los  infantes  dependen exclusivamente de sus madres y que los  padres   de   las  criaturas  se  encuentran  incapacitados  física,  mental  o  moralmente  para  cumplir con las obligaciones civiles y morales respecto de sus  hijos  y  que  debido  a  tal  situación  resulte  totalmente  indispensable la  presencia  de  las  madres,  con  el fin de garantizar la atención de sus hijos  menores  de edad9.   

Y,  en  punto  del  interés superior de los  menores, discernió:   

En  contraposición  resultan afectadas las  garantías  de  los  menores  de edad, quienes, no se discute, de acuerdo con el  artículo   44   de  la  Constitución  Política  tienen  derecho  –de  manera  prevalente  –  a  tener  una  familia  y  a no ser  separados     de     ella.    Sin    embargo,    no    olvidemos    –con sustento en la jurisprudencia que  nos   ha   servido  de  auxilio  a  lo  largo  de  este  proveído  –  que  pese a que en la teoría   constitucional  tales  derechos tendrían un mayor peso abstracto reconocido por  la  norma  suprema,  tal  reconocimiento  no elimina ni hace inocuo el juicio de  ponderación,  pues  a  pesar  de que la supremacía o prevalencia del principio  debe   ser   respetada   por   el   intérprete   de   la   norma,  ello  no  excluye  que  en  más  de  una ocasión impere el que en  apariencia  ostenta  el  menor  raigambre (negrilla, subraya y cursiva original).   

4. De lo anterior surge nítido el propósito  del   demandante   de   obtener  una  tercera  evaluación  por  parte  de  esta  Corporación,  frente  a las mismas réplicas formuladas en las instancias, pero  en  ningún  momento  dirige  sus  argumentos  a  evidenciar,  a  partir  de  la  conformidad  con  la  declaración  fáctica y probatoria contenida en el fallo,  que  aun  cuando  el  precepto  es  correctamente  seleccionado  y  aplicado, el  juzgador  le  asigna  un  alcance que no se desprende de su contenido, en cuanto  restringe o traspasa sus efectos.   

En  el  afán  de  hacer  valer  su personal  interpretación,  esgrime  argumentos  tan  contradictorios,  que  es  imposible  entender  su  verdadera  pretensión,  cuando  asevera  que  en la Ley 906 basta  demostrar  la  calidad  de  cabeza  de familia respecto del hijo menor que sufra  incapacidad  permanente  y que haya estado bajo su cuidado, y que entonces, debe  ser   aplicada   por   favorabilidad,   pero   al   final,   pide   «la  aplicación  de  la  Ley  750  de  2002,  por  resultar  más  favorable al interés de los menores».   

Se  concluye  que  ninguno de los argumentos  plasmados  en  el  cargo enseñan la forma cómo el sentenciador incurrió en el  yerro  de  interpretación  reprochado,  situación  que  conduce  a predicar la  ausencia  de fundamento en la proposición y desarrollo de la censura, porque el  libelista  se sustrajo de formular un verdadero juicio a la sentencia recurrida,  y  más  bien  optó  por  criticar tangencialmente la labor apreciativa, con la  única  finalidad  de  oponer sus personales conclusiones a las del juzgador, lo  cual no constituye error demandable en casación.   

5. Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han sido  definidas  por la Corte desde el año 2005, en CSJ AP, 12 dic.2005, rad. 24322 y  precisadas          en          AP-3481-201410.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  formulada  a  nombre  de  Gloria Patricia Pérez Díaz  y  Mellis  Patricia  Pérez  Díaz.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 104 y 105 Cuaderno principal.   

2  Folios 5 y 6 Ib.   

3  Folios 13 y 14 Cuaderno de la Corte.   

4 Folio  103 Ib.   

5  Folios 104 a 112 Ib.   

6  Folios 151 a 195 Ib.   

7  La  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

8 Folio  164 Cuaderno principal.   

9 Folio  177 Ib.   

10  Radicado 42597.     

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