AP6273-2015(45980)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP 6273-2015  

Radicación N° 45980  

(Aprobado  Acta No.  380)   

Bogotá  D.C., octubre veintiocho (28) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Procede  la  Sala a abordar el estudio acerca  del  cumplimiento  de  los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado  JOHN  WILDER  HENAO  GIL contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Pereira el 27 de febrero de  2015,  por  cuyo  medio  confirmó  la  dictada por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de la misma sede el 26 de abril de 2013 que condenó al mencionado por  el  delito  de  homicidio en la persona de John Manuel  Isaza  Ramírez en concurso con fabricación, tráfico,  porte    o    tenencia    de    armas    de    fuego,   accesorios,   partes   o  municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   se   declararon  por  los  juzgadores, de la siguiente forma:   

En  horas de la noche del 3 de noviembre de  2011,  había un grupo de amigos, entre ellos, John Manuel Isaza Ramírez, en la  esquina  de  la  Manzana  B  Casa 11 del barrio La Unidad de esta ciudad, cuando  llegó  un  sujeto  y  disparó  en  contra  del señor Isaza, en la cabeza y el  tórax,  causándole  varias  heridas  que  le  implicaron  fracturas  craneales  múltiples,   laceraciones   encefálicas   extensas,   fracturas   vertebrales,  perforaciones  en  ambos  pulmones,  heridas  cardíacas,  herida  en diafragma,  herida  en  hígado, fracturas costales y laceración en aorta, lo que conllevó  choque   neurogénico   secundario   a   laceraciones  encefálicas  extensas  y  consecuentemente la muerte.   

En  virtud  de  voces  de  la  ciudadanía,  miembros  de  la Policía Nacional emprendieron la persecución de un sujeto que  habría  participado  en  el  hecho,  lográndose  la  captura  de  JOHN  WILDER  HENAO  GIL,  luego  de  que  colisionara   el  vehículo  motocicleta  en  que  se  transportaba.     

Por  lo anterior, se dispuso ante el Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Pereira la  realización  de  audiencia  preliminar concentrada durante la cual se impartió  legalización   a   la   aprehensión,  la  Fiscalía  formuló  imputación  en  contra   de  HENAO  GIL por los delitos de homicidio y  fabricación,  tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes  o  municiones  agravado,  cuya comisión no aceptó, y se le impuso en su contra  medida   de   aseguramiento   privativa   de   la  libertad  en  establecimiento  carcelario.   

El  30 de diciembre ulterior, el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación  en  contra del mencionado por las mismas   conductas,  que  luego  ratificó durante la audiencia de formulación celebrada  el  24  de  febrero  de  2012  ante  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito con  Funciones de Conocimiento de la capital risaraldense.   

Surtidas,   ante   este  último  despacho  judicial,  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, emitió sentencia de  primer  grado  el  26  de  abril  de  2013,  a  través  de  la cual condenó al  acusado  a la pena principal  de  doscientos  treinta  y  cinco  (235)  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  tras  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  de  los delitos de  homicidio  y  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de fuego,  accesorios, partes o municiones.   

En  la  misma  decisión  dispuso negarle el  subrogado   de   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

La  anterior  sentencia fue impugnada por la  defensa,  por lo que se pronunció el Tribunal Superior de la misma ciudad el 27  de   febrero   de  2015,  impartiéndole  confirmación.       

Inconforme  con  la determinación, la misma  parte  oportunamente  interpuso  y  sustentó  en su contra, de forma exclusiva,  recurso  extraordinario  de  casación,  esto  último  mediante libelo, de cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Formula dos cargos contra el fallo impugnado,  ambos  sustentados  en la causal tercera del artículo 181 del estatuto procesal  penal,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de  hecho  en la apreciación probatoria. En el primero, plantea falso raciocinio y,  en el segundo, falso juicio de identidad.   

En   la  primera  censura  empieza  por  señalar que en la apreciación  probatoria  se  desconocieron  reglas  de  la  sana crítica, particularmente al  justipreciarse  el  testimonio de José Germán Rosero  Valencia,  en quien los juzgadores fincaron la condena  contra su prohijado.   

No  obstante,  encuentra que dicho deponente  describe  como autor del homicidio a una persona muy distinta a su representado,  pues   mientras  refiere  que  quien  mató  a  Isaza  fue un hombre de 1.70 metros de estatura, su prohijado  tiene  una  estatura  de  1.75  metros;  dice  igualmente  que  se trataba de un  “hombre  mono”,  mas lo  cierto  es  que  HENAO GIL es  trigueño;  así  mismo,  que  el agresor tenía un corte de cabello a cuadros y  cola,  pero  HENAO  nunca ha  tenido  ese estilo; así mismo, que el homicida vestía chaqueta blanca de manga  larga,  cuando  HENAO GIL al  momento  de  la  captura tenía una camisa blanca de manga corta. De igual modo,  sostuvo  que  el  homicida  era  flaco  y  se  logra corroborar que HENAO     GIL    es    de    contextura  mediana   

Expresa que para reafirmar lo anterior basta  con  observar  los  videos  de  las audiencias preliminares. Luego, “se  dice  igualmente  que  los  que  mataron  a  Isaza, eran dos  personas  sin  casco,  al  momento de la captura mi cliente estaba solo. Esto lo  dijo  la  madre  del  occiso  Claudia  Yaneth Isaza Rodríguez; el informe de la  policía  corrobora esto; Camilo Castrillón sostiene lo mismo, que los sicarios  eran  dos y sin casco; ahora bien, lo curioso es que al señor JHON WILDER HENAO  GIL,  cuando  fue capturado estaba solo y tenía un casco cerrado”.         

Además,   prosigue,  los  testimonios  de  Claudia  Milena  Vélez  y  María  de  Los  Ángeles  Díaz  Posada,    explican    perfectamente    la   presencia   de   HENAO  GIL  en  Pereira  el  día  de los  hechos,  al  afirmar  que  había  ido  a  dicha  ciudad  a llevarle dinero a la  primera,  quien  vive  en Dosquebradas y es la madre de su menor hijo, como así  lo  manifestó  en  su interrogatorio en el juicio oral; sin embargo    “si    tomo   (sic)   el   testimonio   de   la   señora  Claudia  Milena,  cuando  dijo  ‘que  estuvo  con Wilder  hasta  las  9 de la noche’  para  inferir  que  de  las  9  a  las 9:30 JHON WILDER había podido cometer la  conducta    que    se   le   atribuye   de   manera   contundente”.   

El desconocimiento de la prueba testimonial,  “la cual no fue analizada en su conjunto, desconoce  el  derecho  fundamental  de  mi  representado  al  debido  proceso como núcleo  fundamental del derecho a la defensa”.   

Tras  recabar en torno al concepto del yerro  propuesto  y  en  el  de  las máximas de la experiencia, puntualiza que en este  caso  tuvo  concreción  porque  los  juzgadores  no le dieron importancia a las  inconsistencias      del      testigo      Rosero  Valencia  al  describir como autor del homicidio a una  persona  muy  diferente  de  su  representado  “y no  obstante  le  dio  (sic) toda  credibilidad    y   terminaron   condenándolo   por   un   homicidio   que   no  cometió”.   

Acto seguido, señala que frente al reproche  de  que dentro del proceso no se practicó el reconocimiento en fila de personas  ni  se aportó álbum fotográfico del sitio donde se dieron los hechos, a pesar  de   que   en   este   sentido   se  hicieron  dos  solicitudes  por  parte  del  investigador  Camilo  Eduardo Castrillón,    el    Tribunal   “se   sale   del  paso”  diciendo  simplemente  que la Fiscalía tiene  libertad  probatoria, y aun cuando ello, añade, es cierto no es excusa para que  se   dejen   de   practicar  pruebas  necesarias,  atendiendo  el  principio  de  integralidad  de  la prueba, según el cual se deben practicar tanto las pruebas  desfavorables como las favorables a la suerte del inculpado.   

En ello, añade, el Tribunal incurre en grave  imprecisión  al  manifestar  que  JHON  WILDER HENAO  GIL  no  quiso  acudir  al  reconocimiento  en fila de  personas,  pues  lo que sucedió fue que, cuando hicieron la solicitud para este  efecto  el  14  de  diciembre  de  2011, con el fin de que se practicara al día  siguiente  a  las  10:30  de  la mañana, su defendido fue trasladado de Pereira  para   la   Cárcel   de  Cartago,  según  informe  suscrito  por  Camilo  Eduardo Castrillón de fecha 27 de  febrero  de 2012, el cual hace parte del plenario y fue materia de estipulación  probatoria,  sin  que  se  le notificara fecha para su realización,  “nótese que es indispensable la presencia del abogado defensor  para  llevar  a  cabo dicho reconocimiento, entonces miente nuevamente el agente  Eduardo Castrillón”.   

Recalca que el álbum fotográfico del lugar  de  los  hechos  es  importante, dado que allí se determina el estado en que se  encontró  la  escena  del  crimen,  en  aspectos como visibilidad, luminosidad,  sentido  y  estado de las vías, y el elaborado por los miembros del Laboratorio  Móvil    de    Criminalística    de   Pereira,   suscrito   por   Yamil  Alexis  Solarte  y  el  patrullero  Álvarez, coincidiendo ambos  en  que  la  luminosidad  en  el  sitio  de los hechos era precaria, deficiente,  regular,  lo  cual  concuerda  con los videos aportados por la defensa, teniendo  ello   gran  incidencia  “pues  el  testigo  Rosero  Valencia  dice  haber  visto  lo  que  supuestamente  vio  desde  una  cuadra de  distancia,  -videos  a  los  que  ni  el  ad  quo (sic)  ni   el   ad  quem  le  dieron  importancia  alguna,  cercenando  gravemente el derecho fundamental del señor JHON WILDER HENAO GIL a  la defensa”.   

A    su    vez,   en   la   segunda  censura,  recuerda la noción del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, haciéndolo recaer, igualmente,  en   el   testimonio   de   José   Germán   Rosero  Valencia,  destacando  las  mismas inconsistencias del  anterior  en  relación  con  la  descripción del homicida, y subrayando que si  tenía   casco   y   era   cerrado,   le   era   imposible  al  testigo  ver  su  rostro.   

De   esa  suerte,  colige  que  “el  señor Rosero Valencia, habla de una persona completamente  diferente  a  HENAO  GIL,  pero  como  por  arte de magia el juzgador de primera  instancia   y   de   segunda   instancia,  hacen  abstracción  de  todas  estas  inconsistencias  e  incoherencias  en  esa  descripción de la persona que diera  muerte  a  Jhon  Manuel  Isaza,  y  básicamente  con ese testimonio edifican la  sentencia    condenatoria    que    tiene   privado   a   mi   cliente   de   su  libertad”.   

A  continuación,  advera  que  la sentencia  impugnada    vulnera   los  artículos  232  de  la Ley 599 de 2000, inciso segundo, y 7° y 381 del Código  de  Procedimiento  penal,   en  tanto  no existe conocimiento más allá de  toda   duda   respecto   a   la   presunta   responsabilidad   de   JHON  WILDER  HENAO en el delito imputado,  “pues  el  testigo de cargo directo, (señor Rosero  Valencia)  cuando  describe  la  persona que dio muerte a Jhon Manuel Isaza, esa  persona  no  coincide  en sus características morfológicas ni en la apariencia  física,  ni  en  la  vestimenta  que  llevaba  puesta mi cliente el día de los  hechos,  como  se  puede  ver  en la reseña decadactilar y acta de descripción  general    de    mi    defendido,    suscrita    por    el   señor   patrullero  Ordóñez”.   

Tale  dudas, acota, fueron resueltas por los  juzgadores  en contra de su patrocinado, cuando las normas sustantiva y adjetiva  dictan otra cosa.   

Por lo expuesto, depreca, en acápite final,  se  case  la  sentencia  demandada  y,  en  consecuencia,  se dicte sentencia de  reemplazo,  “en la cual, en lugar de la condena por  el  delito  de  homicidio  y  porte  ilegal de armas, se absuelva al señor JHON  WILDER    HENAO    GIL    de    todo    cargo,   y   se   ordene   su   libertad  inmediata”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Ley  906  de  2004  amplió  el radio de  acción  para  acceder  al  recurso  de  casación,  pues,  a  diferencia de los  ordenamientos  procesales  anteriores,  es viable contra todo tipo de sentencias  de  segunda  instancia  “en los procesos adelantados  por  delitos”, sin  que  obre  limitante  en  relación  con  la  autoridad  que la  profiere      y      eliminarse      la      exigencia      del     quantum de pena del delito.   

No obstante, ello por manera alguna significa  que  quien  acuda  a  este  medio de impugnación esté exento de satisfacer una  serie  de  requisitos  técnico jurídicos, básicamente de orden argumentativo,  encaminados a la cabal comprensión de la propuesta.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la necesidad del fallo de casación en aras de materializar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Por   ello,   en   la   demanda,   también   se   ha  reiterado  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental, en tanto la propuesta debe ser concisa, suficiente, clara  e  idónea,  pues  no  corresponde  a  la  Sala, dado el carácter eminentemente  rogado  del  recurso,  ocuparse  de  confusos, contradictorios, ininteligibles o  intrascendentes planteamientos.   

Pues bien, el libelo objeto de estudio acusa  evidentes  falencias  de  tal índole que conducirán hacia su inadmisión, como  pasa a verse:   

En  primer  lugar, en cuanto en los     dos     cargos    el   actor   se   sustrae   totalmente  al  carácter  eminentemente  teleológico  del  recurso,  lo cual, como ya precisó, se remarca en la Ley 906  de   2004,   donde  la  casación  tiene  por  razón  de  ser  precisamente  su  consecución,  al  punto  que  la  Corte puede superar los defectos formales del  libelo  cuando  lo  estima  necesario  para  su  materialización  y  dictar  el  correspondiente  fallo  de  fondo  o, al permitir la posibilidad contraria, esto  es,  aún  si reúne tales presupuestos puede inadmitirlo si encuentra que no se  hace necesario en tanto no se verifica alguno de ellos.   

Desconociendo  esa  esencia,  el  demandante  ningún  aserto  consigna  sobre  el particular y tampoco se colige de su texto,  máxime  cuando  las  dos censuras son confusas, contradictorias y no satisfacen  los   mínimos  presupuestos  de  argumentación  y  lógica  exigidos  para  su  admisión.   

Así,  en el primer  reparo, ya se vio cómo el actor endereza su propuesta  por  la  causal  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por haberse  incurrido  en  el  fallo  confutado en error de hecho por falso raciocinio en la  valoración  del  testimonio  de José Germán Rosero  Valencia.   

Sin  embargo,  en su interior indica que por  razón  del  mismo  error valorativo de la prueba se incurrió en violación del  debido  proceso,  del  derecho  de  defensa  y en transgresión del postulado de  integralidad  en  la  práctica de la prueba a cargo de la Fiscalía. Pues bien,  al  margen  de  que  un  yerro  de  ponderación probatoria no genera, por regla  general,  el  desconocimiento de tales garantías, lo cierto es que son aspectos  correspondientes  a  diversas  causales  de  casación  (tercera  y  segunda del  artículo   181   del   estatuto  procesal),  y  por  lo  mismo  conceptualmente  disímiles,  que  no  podía involucrar en el mismo cuestionamiento, a riesgo de  caer en contradicción.   

Tiene  dicho  la Sala de forma reiterada que  esas  dos  propuestas  no  sólo son sustancialmente diversas, sino que también  pueden  ser  contradictorias  y hasta excluyentes, porque cuando se cuestiona la  apreciación  probatoria en el fallo (violación indirecta) se acepta la validez  de  la  actuación  procesal  centrándose  el  ataque  en  errores  de juicio o  in  iudicando, mientras que  en  la  nulidad precisamente se discute ese aspecto -la validez del proceso o de  la  sentencia-  a  través  de  yerros  in procedendo  o de procedimiento.   

Es  claro  que  tal  forma  de  concebir las  censuras,   introduce  total  confusión  y  ambigüedad,  amén  de  que  torna  incomprensible  la  propuesta, evidenciando quebranto de principios basilares de  la  actividad  casacional  en  procura  de conseguir demandas que satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

A  dicha  falencia,  de suyo suficiente para  sustentar  la  decisión de inadmitir las censuras, se suman otras que refuerzan  esa determinación.   

De  ese  modo,  en  cuanto  el desarrollo de  los dos cargos es igual, pues  cuestiona  con  fundamento  en  las  mismas  razones el mérito otorgado por los  juzgadores  al  testimonio  de  José  Germán Rosero  Valencia  a  pesar  de  evidenciar  inconsistencias  y  contradicciones,  se  advierte  que  el  planteamiento expuesto no se enmarca en  ninguno  de  los  yerros de valoración probatoria invocados -cuya naturaleza al  parecer  conoce,  cuando quiera que la evoca con fundamento en jurisprudencia de  esta  Corporación-,  ni  en  ningún otro admisible en esta sede extraordinaria  con  la  entidad  de  demostrar  la  inconstitucionalidad o ilegalidad del fallo  impugnado.      

En  efecto,  en las dos censuras el actor se  limita    a   pregonar   que   el   testimonio   del   mencionado   Rosero  Valencia carece de credibilidad en  la  medida  en que la descripción que suministra del victimario de John  Manuel  Isaza  Ramírez  no coincide  con  la  de  su defendido, lo cual ni se corresponde con la hipótesis del error  de  hecho  por  falso  raciocinio  que postula en el primer cargo, ni con la del  falso juicio de identidad, pretextado en el segundo.   

Respecto del primero porque, contrariando la  esencia  de  ese  error  de  apreciación  probatoria,  ni  siquiera  señala  o  individualiza  las reglas de la sana crítica (postulados científicos, máximas  de  la  experiencia o pautas de la lógica) que se hayan conculcado al otorgarle  crédito.   

Y, en lo atinente al segundo, porque tampoco  establece  el  aparte  del  contenido material de la prueba en comento  que  haya  sido  adicionado  o  suprimido,  con  efectos  trascendentes  frente  a lo  decidido.   

Todo  ello  por  cuanto  su  pretensión  se  circunscribe  a  que,  acorde  con  su  íntimo  parecer,  la  aludida prueba es  inconsistente,  pues,  como  ya se dijo, la descripción que se  suministra  del   autor  material  del  homicidio  no  coincide  con  la  de  su  defendido.   

Tal   actitud   no  se  compadece  con  la  connotación  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  donde  no  es viable  debatir  abiertamente  y  al  estilo  de  las  alegaciones de instancia sobre el  mérito  de  las pruebas,   por estar previsto única y exclusivamente  para  evidenciar  que  el  fallo  acusa  defectos  que  dan  al  traste  con  su  constitucionalidad o legalidad.   

Adicionalmente, una discusión cifrada en el  mérito  de  las  pruebas  a  partir  de  la  mera  opinión de quien se muestra  inconforme,  contrapuesta  a  la  de  la  autoridad  judicial  emisora del fallo  impugnado,  no  evidencia  ningún  “error”  y, en ese mismo orden de ideas,  tampoco  consigue  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que  gobierna a la decisión judicial para su escrutinio en esta sede.   

En ese cuestionamiento, además, el actor se  sustrae  a  considerar  que  el  crédito otorgado al testimonio del multicitado  José    Germán    Rosero    Valencia  no  solo  emana de su alegada condición de testigo presencial del  homicidio,  sino,  igualmente, de la concatenación que su dicho ofrece frente a  lo vertido por otros deponentes.   

Es  decir, cualquier ataque a la valoración  de  esta  probanza  necesariamente  debía comprender la de aquella que para los  juzgadores  ratificó  su  credibilidad.  Así,  el  testimonio  del  uniformado  Diomedes  Sánchez  Bedoya,  quien,   junto   con   otro   policial,  tras  mediar  persecución,  logró  la  aprehensión   del   procesado   JOHN  WILDER  HENAO  GIL,  sujeto  que, tan pronto fue subido a la patrulla  -certifica  el  policial-  fue  reconocido  por Rosero  Valencia  como  el  autor  material  del  homicidio de  John     Manuel     Isaza     Ramírez1.   

Así  mismo,  con  lo  aseverado  por  el  investigador    de    homicidios   de   la   Policía   Nacional,   Camilo   Eduardo  Castrillón,  quien  en  desempeño  de su labor fue abordado por José Germán  Rosero  Valencia, manifestándole que fue  testigo  presencial  del crimen logrando ver al homicida, al que luego reconoció como el  individuo                  capturado2.   

Ahora,  es  cierto que en el desarrollo del  primer  cargo  el  actor involucra el testimonio del último en referencia, así  como  el  de  la progenitora del occiso Claudia Yaneth  Isaza  Rodríguez  y lo consignado en el informe de la  policía;  empero,  la crítica apunta hacia otro aspecto, donde también revela  su  indebido  propósito  de  atacar la prueba a partir de su simple percepción  personal,  en tanto pretende, nuevamente, cuestionar el crédito de lo dicho por  Rosero  Valencia  por estar  establecido  que  fueron  dos  personas  las  que  participaron en el homicidio,  aspecto  que  en  nada  desvirtúa  sus aseveraciones, pues el reconocimiento de  HENAO  GIL  no  descarta la  intervención       de      otro      individuo3.   

Tan  evidente  es el objetivo de imponer su  criterio  personal valorativo sobre la prueba que, en contraposición, encuentra  que  se  le  debe  otorgar  total  credibilidad  a  los  testimonios de descargo  rendidos   por   Claudia  Milena  Vélez   y   María   de  Los  Ángeles  Díaz  Posada,  simplemente porque avalan “perfectamente”  la  coartada  del procesado, sin explicar las razones de su aserto y, peor aún,  sin  adentrarse  en  los  argumentos expuestos por los falladores para arribar a  conclusión                 contraria4.   

En punto de la falta de trascendencia de las  censuras  también  importa  precisar que el libelista ninguna acotación expone  frente   al   argumento   plasmado   por   el   Tribunal   sobre  las  supuestas  inconsistencias    del    dicho    del    testigo   directo    Rosero  Valencia  en lo concerniente a la  descripción  del autor material del homicidio de John  Manuel  Isaza  Ramírez,  no  obstante que de ellas se  ocupó  por  haber sido planteada tal temática por la defensa para sustentar el  recurso  de  apelación  que  interpuso  contra  el fallo de primer nivel.   Indicó       el       ad       quem,   sobre  ese  particular:   

Para  la  Sala las afirmaciones del citado  testigo  merecen plena credibilidad por cuanto en su narración fue espontáneo,  se  mostró  tranquilo,  claro, explicó en forma detallada lo que vio, y estuvo  seguro  de sus respuestas. Adicionalmente, no se advirtió que tuviera un motivo  diferente  para  rendir  su declaración que el deseo natural a que se condene a  la persona que atentó contra la vida de su amigo.   

La  defensa  quiso  restarle  mérito  al  testigo  porque  según  su  criterio  incurrió  en  serias  contradicciones, y  adicionalmente  debido  a  que  considera  que  sus  dichos no concuerdan con lo  indicado  por  los  uniformados,  pero  lo  cierto  es  que  las  circunstancias  resaltadas   por   el   apelante   no   tienen  la  trascendencia  que  pretende  darles.   

En lo que tiene que ver con la descripción  física  y  de  las  prendas  de vestir, si bien la misma no concuerda de manera  exacta  con  la del acusado, ello no resulta relevante si se tiene en cuenta que  Rosero  Valencia  pudo observar nuevamente a dicho sujeto cuando lo subían a la  patrulla  de  la  Policía, y en efecto corroboró que era la persona que había  visto     disparar     contra     JHON     MANUEL5          (Subrayas fuera de texto).   

Corolario de las incorrecciones advertidas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por la Sala en virtud del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario  de  impugnación, deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en los aludidos artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Ahora,  en  atención  a  que  contra  esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  último  artículo referido, impera precisar que como dicha legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para  que  se aplique el referido instituto  procesal,  habrán  de  acatarse  las  reglas fijadas por la Sala en tal sentido  (CSJ   AP   12   dic.   2005,   rad.   24322   y  CSJ  AP  25  jun.  2014,  rad.  42597).   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor del procesado JOHN WILDER  HENAO  GIL, en virtud de las razones consignadas en la  anterior motivación.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Págs.  4  del  fallo de primer grado y 10 del fallo de segunda instancia.    

2  Ibídem.   

3 Cfr.  Pág. 9 de la sentencia de segunda instancia.   

4  Cfr.  Págs.  6 del fallo de primer grado y 12 del de  segunda instancia.   

5 Pág.  9 del  fallo de segundo grado.     

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