AP5827-2014(42206)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP5827-2014  

Radicación N°. 42206  

(Aprobado Acta N° 318)  

Bogotá,   D.C.,   veinticuatro   (24)  de  septiembre de dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Resuelve la Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Germán  Bernal  Manrique  y  Gustavo  Torres Vargas, contra la sentencia  proferida  el  25  de  junio  de  2013  por  el  Tribunal  Superior de Buga, que  confirmó   la   dictada   por  el  Juzgado  Segundo   Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad y condenó a los procesados como coautores del  delito    de    tráfico    de    sustancias    para    el    procesamiento   de  narcóticos.   

HECHOS  

          El      Ad      quem     resumió la cuestión fáctica de la siguiente manera:   

De  acuerdo  a  los  elementos  materiales  probatorios  allegados  a  la  actuación,  siendo  las  05:30  horas  del 30 de  septiembre  de  2006,  en  el  Kilómetro  16 de la carretera Cabal Pombo, en la  entrada  al  Corregimiento  del  Bajo  Calima,  cuando se realizaba un retén de  control  al mando del Comandante Fabio García Murcia, se inmovilizó el camión  marca  Chevrolet  Superbrigadier,  color  rojo,  carrocería  estaca,  de placas  VXF-780  conducido  por  Germán  Bernal  Manrique,  quien  iba  acompañado del  ciudadano  Gustavo  Torres  Vargas,  en  el  que  se  encontraron  i) 63 canecas  metálicas  de diferentes colores, con capacidad de 55 galones, para un total de  3.465,  los cuales contenían cetonas, ii) 24 bidones plásticos color negro con  capacidad  de  5  galones,  que  llevaban  ácido  clorhídrico, iii) 40 bidones  plásticos  color  negro  de  5 galones que contenían ácido sulfúrico, iv) 12  bultos  en  fibra  sintética  de  25  kilos cada uno, en lo (sic) que se halló  bicarbonato  de  sodio,  elementos  que  fueron  dejados  a  disposición  de la  Dirección     Nacional     de    Estupefacientes1.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El 1º de octubre de 2006, ante el Juzgado  Quinto  Penal  Municipal con funciones de control de garantías de Buenaventura,  se   llevó   a   cabo  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura  y  formulación  de imputación, en tanto que la titular del despacho se abstuvo de  imponer       medida      de      aseguramiento2.   

          2.  La  Fiscalía  Cuarta Especializada de Buga presentó el escrito  de  acusación  el  5  de diciembre del mismo año, por el delito de tráfico de  sustancias  para  el  procesamiento de narcóticos, descrito en el artículo 382  del  Código  Penal,  con la circunstancia de mayor punibilidad consagrada en el  artículo  58-10  ejusdem3.  La  audiencia  respectiva  se  llevó  a  cabo el día 27 siguiente, ante el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  con  funciones  de conocimiento de  Buga4.   

3.   Una   vez   se  agotó  la  audiencia  preparatoria    el    22    de   enero   de   20075,  el  juicio oral inició el 4  de      septiembre      de     esa     anualidad6, pero en el curso del mismo se  debió  declarar  la  nulidad  por  cambio  de  juez, reanudándose la práctica  probatoria    el    8    de    mayo    de    20127.  El  juicio  culminó el 5 de  abril   de   2013,   fecha   en   que   se   anunció   el   sentido  del  fallo  condenatorio8.   

El  día  24  posterior,  el despacho dictó  sentencia  en la que condenó a Germán Bernal Manrique  y   Gustavo  Torres  Vargas  como  coautores responsables del delito de tráfico de  sustancias      para     el     procesamiento     de     narcóticos,  a  la pena de noventa y seis (96) meses  de  prisión, multa de 2.666 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por tiempo igual a la pena privativa de la libertad.   

Les  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria9.   

4. El Tribunal Superior de Buga, al resolver  el    recurso    de    apelación    interpuesto   por   la   defensa   de   los  procesados,  confirmó  la  decisión       del       A      quo,  en  providencia  del  25  de  junio  de  201310.   

LA DEMANDA  

El libelista formula un solo cargo, con apoyo  en   la   causal   tercera  del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

En  el marco de una disertación, en extremo  ininteligible,  además  de  criticar  la actividad de la Fiscalía en el actual  sistema  de  procesamiento,  se  queja  de  las consideraciones contenidas en la  sentencia  de  segunda  instancia y pone de manifiesto la falta de una verdadera  técnica  de  análisis «de la supuesta droga para la  producción    de    cocaína»,   la   ausencia   de  fundamentación   de   los  dictámenes  y  la  oposición  de  la  fiscalía  a  «que  se  gestara  otro  con  razonada  técnica  y  fundamentos».   

Agrega,  luego,  que  el  fallador  también  se  apoya en el testimonio de  Carlos  Alberto  Saavedra, cuyo dicho prioriza tajantemente, no obstante haberse  demostrado  que  indujo en error al conductor, puesto que le aportó unas guías  que  provenían  de una reconocida empresa,  como  lo  es Carvajal, «resultado de la  confirmación  de  los  mismos,  no  ciertos, no fueron elaborados dicha entidad  comercial».   

Los  falladores  de  instancia, «sin  entender  la  valoración  consecuente  en  la  apreciación  probatoria,  se  paso (sic) a darles el valor de prueba en si sobre los hechos a  que  ellas  aluden  y  se ha considerado que el señor Bernal y su casual guía,  como   responsables   de   un   delito   que   no   han   cometido».   

Más  adelante,  señala  el  actor, que los  «elementos   captores»  jamás  dijeron  que  los  ocupantes  del  camión  sabían  o presumían lo que  acarreaban  y  que  tanto  el conductor como el ayudante manifestaron que era un  trasteo,  sin  ninguna otra especificación, que les entregó una suma de dinero  por  parte  del  remitente  Saavedra,  y  que  si  bien no se movilizaban por la  carretera  central, «se originó un corto desvío por  virtud  de  exigencia  de los ocupantes de la camioneta, que sea de paso referir  nuevamente   “el   déjelos   pasar   que   eso   está   arreglado   por   lo  alto”».   

La      fiscalía,      «para  decantar  esas  ocurrencias,  pidió  el  testimonio de los  parodiadores  de  “déjelos  seguir”,  si,  pero no alimento (sic) actividad  propia  de  su encargo para allanar en el proceso tal incontinencia, mas (sic) a  la  defensa  por  persistir  en  tales  pruebas,  se  lo amonesto (sic) de estar  dilatando  el proceso. O permitir contrainterrogar y no efectuar las pruebas, es  más  que claro que se violo (sic) similarmente el Debido Proceso y el Derecho a  la defensa».   

Todo   lo   anterior   impide   considerar  que,    tratándose   de  sustancias  para  narcóticos,  los  transportadores hubiesen procedido en forma  tan   desprevenida,   sin   que  se  pueda  pasar  inadvertido  el  «registro  milimétrico  a  lo  que  regla  el Consejo Nacional de  Estupefacientes»  a personas que no sabían lo que se  les  había  encargado  llevar  a su destino, dejando de lado, en el peor de los  casos,  «admitir  una  conducta negligente o culposa  que  esta  (sic)  considerada  en  el  estatuto  que reprime el trafico (sic) de  estupefacientes».   

Apunta  el  censor,  de otro lado, que en el  expediente  obra como indicio de inocencia de los sentenciados su buena conducta  anterior  y  presente, así como su poca cultura académica y social, que los ha  convertido  en delincuentes de un momento a otro, echando por la borda un pasado  de honorabilidad.   

Se  apoya  en apartes jurisprudenciales para  exaltar  que  un  fallo de condena precisa del conocimiento en grado de certeza,  al  que  se  llega  luego  de  apreciar  de  manera individual y mancomunada los  elementos  de  juicio  válidamente  allegados  al  proceso,  lo  cual  ha  sido  desconocido  en este caso, «por lo aducido en puntual  seguimiento  de las pruebas precariamente asimiladas y las que no se acreditaron  por los juzgadores de turno».   

Solicita se admita la demanda, por reunir los  requisitos consagrados en el artículo 184-3 de la Ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES  

1. El recurso extraordinario de casación no  es  un  mecanismo  de libre configuración al que se pueda acudir para prolongar  el  debate  fáctico  y jurídico que culminó en las instancias o para insistir  en  todos  aquellos  aspectos  que  fueron  objeto  de controversia, con miras a  obtener  un pronunciamiento distinto y favorable a los intereses del impugnante.   

A  partir  de  la  presunción  de acierto y  legalidad  que  cobija  al  fallo  de  segunda instancia, el demandante tiene la  carga  de  demostrar  que con su proferimiento se causó un agravio, apoyándose  para  ello  en una de las causales taxativamente consagradas en la ley, conforme  a los principios de lógica y debida argumentación.   

Adicionalmente, en el marco de la Ley 906 de  2004,  es  su  deber  acreditar  la  necesaria  intervención  de  la Corte para  alcanzar  alguno de los propósitos consagrados en el artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

2. En el asunto que es materia de examen, el  defensor  de los procesados no exteriorizó la posibilidad de alcanzar alguno de  tales  objetivos  primordiales  del  recurso  de  casación,  ni del texto de la  demanda  se  advierte  la  necesidad  de  ejercer  ese  control constitucional y  legal.   

En   la   confección   del   libelo,   la  argumentación  se exhibe tan confusa e imprecisa, que no es posible entender el  yerro   que   pretende   hacer   valer  y,  con  ello,  desatendió  a  los  parámetros  lógicos de adecuada  selección  de  la  causal  y  coherente  formulación  y  fundamentación de la  censura.   

2.1 El letrado se apoya en el numeral tercero  del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  que hace  referencia  al desconocimiento de las reglas de producción y apreciación de la  prueba,   pero   el   sustento   argumentativo   que  utiliza  no  demuestra  la  configuración  de  alguna  de las hipótesis descritas en la norma para obtener  el quebranto de la decisión impugnada.   

La  causal  invocada  permite  recordar, que  cuando    el    sentenciador    desconoce    las    reglas    de    producción,  se  estructura  un  error de  derecho por falso juicio de  legalidad,  porque  practicó  o  incorporó pruebas sin observar los requisitos  contemplados  en  la ley, o un falso juicio de convicción porque valoró alguna  prueba  desconociendo las normas reguladoras de su mérito probatorio. Y, cuando  desconoce   las   reglas  de  apreciación,      se     configuran     los     errores     de     hecho  que  pueden  surgir  a través del  falso    juicio    de   existencia   –exclusión    o    suposición    de    una    prueba   –    falso    juicio   de   identidad  –distorsión o alteración  del   contenido  material  o  expresión  fáctica  de  un  elemento  probatorio  –  y  falso  raciocinio  –desconocimiento  de  los  parámetros de la sana crítica-.   

          2.2.  El censor no encaminó su discurso a evidenciar una cualquiera  de  esas  hipótesis,  pues  ni  siquiera  hizo saber si la especie de error que  enrostra  al  sentenciador  es  de  hecho      o     de     derecho.  El  cúmulo  de críticas inconexamente  expuestas  en  el  libelo, apenas perfila una disparidad de criterios en torno a  la  labor  apreciativa  del  juez,  aspecto  que no comporta error demandable en  casación,  donde  no es posible elaborar distintas alternativas de solución al  asunto  debatido  para  que  sean  reevaluadas  por la Corte, a la manera de una  tercera instancia.   

2.3.  La Sala ha sido insistente en señalar  que  el  objeto  del  recurso  extraordinario  es  propiciar,  conforme al rigor  técnico,  la revisión de la sentencia para verificar si la misma fue proferida  con  apego  a  la  Constitución  y  la  ley. Para ese efecto, el demandante, al  momento  de  elaborar  los  reproches,  debe  ceñirse  a  los principios de (l)  sustentación  suficiente,  según  el cual la demanda debe bastarse a sí misma  para  propiciar  la invalidación del fallo; (ll) limitación, que presupone que  la  Corte  no puede entrar a suplir los vacíos, ni corregir las deficiencias de  la  demanda;  (lll)  crítica  vinculante, que implica que la alegación se debe  fundar  en  las  causales  taxativamente  previstas  en la ley, atendiendo a los  requisitos  de  forma  y  contenido  de cada reproche, y (lV) los de autonomía,  coherencia  y  no  contradicción que comportan la postulación independiente de  cada  censura  en  procura  de  mantener  la  identidad  temática  y  evitar la  entremezcla de argumentos y propuestas excluyentes.   

          Sin  acatar  esos lineamientos, el actor se dedica a criticar, tanto  la   actividad  desplegada  por  la  Fiscalía,  como  la  de  los  funcionarios  judiciales,  sugiriendo  que  se  impidió el ejercicio del contradictorio, para  derivar  de  allí,  el  desconocimiento  del  debido proceso y del derecho a la  defensa.   

          Con   tales   reflexiones   aumenta   más  la  incoherencia  de  su  alegato, porque un desafuero  de  tal  especie  debe  ser  denunciado  en forma independiente, a través de la  causal  segunda  de  casación y su demostración debe atender a las directrices  ampliamente  decantadas  por la jurisprudencia de esta Corporación, referidos a  la  necesidad de atender a los principios que rigen las nulidades y acreditar la  ocurrencia  de  un  acto  irregular,  concretando  si  se  trata  de un vicio de  estructura    o    uno    de   garantía, y su trascendencia en la decisión recurrida.   

3.  A  pesar  de  las  advertidas  fallas de  redacción   y   desarrollo   del  reproche,  la  Sala  percibe  que,  en  realidad,  el  demandante  pretende  revivir  un debate culminado y definido en las instancias, en cuanto reclama una  verdadera  prueba técnica «de la supuesta droga para  la  producción  de  cocaína»,  pues  se queja de la  falta  de  fundamentación  de los dictámenes, al tiempo que arremete contra la  valoración  probatoria  de  los  juzgadores,  especialmente por la credibilidad  otorgada  al  testimonio  de  Carlos Alberto Saavedra, para insistir en la tesis  defensiva   consistente   en  que  sus  asistidos  desconocían  la  especie  de  mercancía que transportaban.   

Objeciones  que  al  contrastarlas  con  la  estructura    argumentativa   de   los   fallos   de   instancia   se   muestran  intrascendentes,  toda  vez  que  el  análisis  del juzgador no solo cobijó al  indicado  testimonio  de  Carlos  Alberto  Saavedra  Molano,  como al parecer lo  entiende   el   actor,   sino   también   los  relatos  de  Jhon  Jarol  Ibatá  Hernández,  del  policial  Fabio  Murcia Castillo y, también la prueba indiciaria, cuyo examen en conjunto  permitió  determinar  el  conocimiento y voluntad de ambos procesados de lo que  estaban  transportando,  esto  es, las sustancias decomisadas, las cuales fueron  objeto de estipulación con la fiscalía.   

4. Como viene de verse, la demanda carece por  completo  de  fundamento,  no solo porque el recurrente omitió la demostración  de  los  errores  judiciales  que denuncia, sino que evadió los juicios que los  sentenciadores  edificaron  sobre  la  prueba  debatida  en  el juicio y que los  condujo  a  establecer  la  responsabilidad  de Germán  Bernal  Manrique  y  Gustavo  Torres  Vargas,  como coautores del delito de tráfico  de sustancias para el procesamiento de narcóticos.   

Además,  se  reitera,  no  evidenció  la  necesidad  de  un  pronunciamiento  de fondo para que se cumplan los fines de la  casación,  tal como lo disponen los artículos 180, 181, 183 y 184, inciso 2º,  del Código de Procedimiento Penal.   

Súmese  que  como no se encuentran causales  ostensibles  de  nulidad ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales, no  es   procedente   admitir   la   demanda   para   un  pronunciamiento  de  mayor  fondo.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  examinada.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 309 y 310 Cuaderno del Tribunal.   

2  Folios 85 y 86 cuaderno No 1.   

3  Folios 135 a 141 Ib.   

4 Folio  148 Ib.   

5 Folio  191 Ib.   

6 Folio  256 Ib.   

7  Folios 173 a 175 cuaderno No 2.   

8  Folios 244 a 246 Ib.   

9  Folios 257 a 278 Ib.   

10  Folios 309 a 323 Cuaderno del Tribunal.     

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