AP5737-2014 (43745)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP 5737-2014  

Radicación n° 43745  

(Aprobado Acta n° 318)  

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014).   

Decide  la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de la parte civil, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Manizales  el  20  de  enero de 2013, que confirmó el fallo dictado el 26 de septiembre de  2012  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito,  de  la misma ciudad, que  absolvió  a  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  JAIME LUIS CUELLAR TRUJILLO y  ALICIA  GUTIÉRREZ  GÓMEZ, del delito de estafa agravada, imputada a título de  coautores por la Fiscalía General de la Nación.   

HECHOS  

En  Bogotá,  el  15  de  diciembre  de 1980,  Hernán  Gutiérrez  Díaz  constituyó  la  sociedad  «ADMINISTRADORA  HERNÁN  GUTIÉRREZ  DÍAZ  Y  CIA S. en C.» y ante su deceso, en el mes de noviembre de  1998,  fue  sucedido  por  sus  hijos  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ GÓMEZ, ALICIA  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  Inés  Gutiérrez Gómez, y Margarita Gutiérrez Gómez. El  primero,  como  socio  gestor, las tres restantes, comanditarias, y cada uno era  propietario del 25%.   

El  21  de  diciembre de 1999 se denunciaron  malos   manejos  administrativos,  por  lo  que  el  25  de  mayo  de  2000,  la  Superintendencia   de   Sociedades,   Seccional  Manizales,  al  considerar  que  existían  irregularidades  en la contabilidad del ente societario, sancionó al  Representante  Legal  y  al  Revisor  Fiscal,  y  sugirió la liquidación de la  sociedad.   

Motivados en la irregularidad administrativa,  los  socios decidieron liquidar la empresa, pero dos días antes de iniciar este  proceso,  resolvieron  ofrecer  en  venta el 75% de las acciones para que fueran  pagadas  con  un  crédito que otorgaba la misma sociedad y por un precio que se  consideró  inferior a su valor real, participación que fue adquirida por todos  los cuatro hermanos.   

Realizada  la liquidación, el 25% restante,  se repartió en partes iguales entre los 4 socios.   

Inés  se  opuso  a  la  transacción,  pero  terminó  aceptando  la  oferta y adquiriendo parte de los bienes de la empresa;  sin  embargo,  tiempo  después inició varias acciones judiciales al considerar  que su patrimonio había sido afectado.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.- Con fundamento en los anteriores hechos y  una  vez  abierta  la investigación, Inés Gutiérrez Gómez, presentó demanda  de  constitución  de parte civil, la cual fue admitida mediante resolución del  28        de        octubre       de       20041.   

2.-  El  25 de febrero de 2008, la Fiscalía  profirió  resolución  de  acusación  contra  JORGE ALBERTO GUTIÉRREZ GÓMEZ,  RAFAÉL  CUELLAR MOLANO y JAIME LUÍS CUELLAR TRUJILLO, como presuntos coautores  del  delito  de  estafa agravada, y precluyó la instrucción en favor de ALICIA  GUTIÉRREZ                   GÓMEZ2.   

3.-  Recurrida la anterior decisión por los  apoderados  de  los procesados y de la parte civil, el 10 de septiembre de 2009,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal la confirmó parcialmente con relación  al  pliego  de  cargos formulado contra JORGE ALBERTO GUTIÉRREZ GÓMEZ, RAFAÉL  CUELLAR MOLANO y JAIME LUÍS CUELLAR TRUJILLO.   

En  referencia  a ALCIA GUTIÉRREZ GÓMEZ la  revocó   y  en  su  lugar,  la  acusó  como  coautora  del  delito  de  estafa  agravada3.   

4.-  El  23  de marzo de 2011 se realizó la  audiencia  preparatoria,  y el 26 de octubre siguiente y 25 de enero de 2012, la  de  juzgamiento4.   

5.-  La  sentencia  de  primera instancia se  dictó  el  26 de septiembre de 2012, absolviendo a los procesados JORGE ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  JAIME LUÍS CUELLAR TRUJILLO y ALICIA GUTIÉRREZ GÓMEZ del  delito por el que habían sido acusados.   

A  RAFAÉL  CUELLAR  MOLANO  se  le  dictó  cesación     de    procedimiento    por    muerte5.   

6.- Impugnada esta decisión por el apoderado  de  la  parte  civil, fue objeto de confirmación en el fallo proferido el 20 de  enero    de    2013,    por   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Manizales.   

7.-  Contra  esta última determinación, el  abogado    de    la    parte   civil   interpuso   recurso   extraordinario   de  casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al  amparo  del  «ordinal  tercero»  del  artículo  207 de la 600 de 2000, formula un único cargo alegando la violación  indirecta    de    la    ley    sustancial    por    errores   de   «hecho».   

En orden a fundamentar su pretensión, ataca  la  sentencia del Tribunal por «no dar por demostrado  estándolo»  la responsabilidad de los acusados JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  JAIME  LUÍS  CUELLAR TRUJILLO y ALICIA GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  como coautores del delito de estafa agravada por el cual se les acusó,  equivocación  con la cual, dice el censor, se infringieron  los artículos  372     del    Código   Penal,   158,   162   y   222   del   Código   de  Comercio.   

Controvierte  que  el  fallo esté edificado  sobre  la  base  de  la  inexistencia  de  prueba  para  demostrar  el  provecho  económico  obtenido por los acusados, al afirmar el Tribunal que los procesados  no recibieron dinero de parte de la ofendida.   

Afirma  que los jueces no tuvieron en cuenta  que    el    mecanismo   usado   en   la   estafa   fue   el   de   «desangrar»     a     la    sociedad  ADMINISTRADORA  HERNÁN GUTIÉRREZ Y CÍA S. en C., y de esta forma se obtuvo el  provecho  ilícito  en  perjuicio de la misma empresa y de la socia comanditaria  Inés  Gutiérrez  Gómez,  actividad  ilícita  que  realizaron  los procesados  mediante  manejos contables «amañados»,  que  los  llevaron  a  percibir,  cada  uno,  más  del  25% de la  participación que les correspondía.   

Critica  que el ad  quem  haya  fundado  su  decisión  a  partir  de  los  conocimientos  comerciales  y la asesoría legal con que contaba la víctima que  la  habilitaba  para  tomar  cualquier  decisión  con  relación a la sociedad,  condiciones  que  realmente  no  la  blindaron  del delito de estafa del que fue  objeto.   

Agrega,  que  en  el fallo se declara que no  está  demostrado  el  propósito  defraudador de los procesados ni que hubieran  realizado  actos de engaño para obtener beneficios económicos en detrimento de  la  ofendida,  aspecto  que  se  percibe de las actuaciones realizadas por JORGE  ALBERTO  GUTIÉREZ  GÓMEZ,  cuando  al  obrar como liquidador transfirió buena  parte  de los bienes a tres de los socios, a crédito y por un precio irrisorio,  en  contravía  de lo dispuesto en el artículo 222 del Código de Comercio y en  perjuicio   de   la  participación  del  25%  que  tenía  la  víctima  en  la  sociedad.   

La violación indirecta de la ley sustancial,  dice  el demandante, es evidente, porque en el proceso obran pruebas suficientes  que  llevan a la certeza, más allá de toda duda razonable, sobre la ocurrencia  de   la  conducta  punible  de  estafa  agravada  y  la  participación  de  los  acusados.   

Considera el recurrente, que de «haber    aplicado    debidamente    estas    normas»  y  realizado  una  «debida valoración  probatoria»   el   Tribunal   habría  declarado  la  responsabilidad   de  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  JAIME  LUÍS  CUELLAR  TRUJILLO  y  ALICIA  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  en  la  comisión del delito de estafa  agravada.   

En  un  acápite  titulado  análisis de las  pruebas  erróneamente  apreciadas,  refiere que se incurrió en un falso juicio  de identidad por la tergiversación de:   

i)  La  oferta  del  24  de  octubre de 2000  suscrita  por  Miguel Gutiérrez Botero, respecto de la cual en el fallo se dice  que  la  víctima  conoció  la  oferta de bienes realizada por el representante  legal  de  la  sociedad  y  con ello se desvirtúa la ocurrencia de artificios y  engaños.   

Destaca el recurrente, que los juzgadores no  tuvieron  en  cuenta  que  en  la  oferta se buscaba vender simultáneamente los  bienes  entre  socios y a precios irrisorios en desconocimiento del contenido de  los  artículos  162  y 222 del Código de Comercio, en los que se establece que  disuelta  la  sociedad, se procederá de inmediato a su liquidación, sin que se  pueda  realizar  ningún  otro acto, y que la ejecución de esta oferta mediante  la  venta  del  75%  de  la  sociedad, constituyó el artificio para realizar la  estafa.   

ii)  La  carta  dirigida a Miguel Gutiérrez  Botero  del  6  de  noviembre  de  2000,  suscrita por Gabriel Germán Londoño,  apoderado  de  la  víctima,  en  la  que  Inés  Gutiérrez  Gómez  acepta  la  oferta.   

Dice, que el fallo absolutorio se fundamentó  en  que  como  Inés  Gutiérrez  Gómez,  parcialmente  aceptó a través de su  apoderado  la  oferta  de  bienes  realizada  por  el  representante legal de la  sociedad,  no  era sujeto pasivo del delito de estafa agravada, sin advertir que  precisamente  ese era el mecanismo utilizado para perjudicar el patrimonio de la  empresa,  en  contravía de lo dispuesto en los artículos 162 y 222 del Código  de  Comercio,  pues  «en lugar de vender los activos  sociales,  los  entregaba  a  precios  irrisorios,  y  a crédito.»,  cuando la aceptación de la oferta se realizó, para no quedar en  «inferioridad»  con  los  demás socios.   

iii)  La  carta  dirigida  a  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ  del 20 de noviembre del 2000, suscrita por la víctima Inés  Gutiérrez Gómez en la que acepta la oferta de venta.   

Refiere  el  demandante, que la sentencia se  soporta  en  que  Inés aceptó la oferta y con ello se desvirtúa la existencia  de artificios o engaños.   

Según  el  censor,  el  Tribunal no tuvo en  cuenta        que        a        pesar        de        esa        «aceptación»,  a Inés solamente se le  transfirió  el  dominio de un lote de terreno sin que se entregaran acciones de  la  sociedad,  mientras que a los tres socios restantes se les entregaron bienes  que   representan  «cerca  del  75%  del  patrimonio  social.»   

Inés  Gutiérrez  Gómez  se vio obligada a  aceptar  la  oferta para no quedar en «condiciones de  inferioridad» frente a los socios restantes, lo mismo  que  se  le  «transfirieran 3 lotes de terreno y una  cuarta  parte de las acciones», pero que finalmente se  le entregó un solo lote.   

iv) Fotocopia de la escritura pública No. 41  del  18  de  enero  de  2001 de la Notaría Primera de Manizales por medio de la  cual  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ  en  su  condición de liquidador de la  sociedad  «ADMINISTRADORA  HERNÁN  GUTIÉRREZ  DÍAZ  Y  CIA  S.  en  C.», le  transfiere    un    lote   de   terreno   a   la   víctima   Inés   Gutiérrez  Gómez.   

El   fallo   absolutorio,   reseña   el  libelista,    se   soporta   en  que  Inés  recibió  el  lote  10  de  la  Urbanización  Quimbaya,  sin tener en cuenta que el valor del bien en la oferta  y   la  escritura  corresponde  a  $12’023.246  y  que  no  le fue transferido el 25% de las acciones de la  sociedad.   

Si       se      «hubiera  analizado  esta prueba» con la  oferta    de    los    bienes,    los    jueces    se    habrían   «percatado»  del detrimento patrimonial  al  que  se sometió a Inés Gutiérrez Gómez, porque se había establecido que  a   cada   socio   se   les   otorgaría   un   crédito   por  $122’360.561.oo   discriminados   de   la  siguiente        manera:       $3’963.246.oo   para  la  compra  de  bienes  raíces,  $15’000.000.oo  para  la  adquisición  de  ganado         más         $103’397.315.oo.   

Repite  el  censor,  que  a Inés Gutiérrez  Gómez  solo  se  le  transfirieron  bienes  por  un  valor  de  $12’023.246.oo,  motivo  por  el  cual las  pruebas  reseñadas  se  debieron valorar «conforme a  las  reglas  de  la  sana crítica», para acreditar la  responsabilidad   de  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  JAIME  LUÍS  CUELLAR  TRUJILLO y ALICIA GUTIÉRREZ GÓMEZ.   

En otro acápite de la demanda, el recurrente  relaciona las siguientes pruebas como no apreciadas en el fallo:   

i) La resolución 670-031 y 670-032 del 25 de  mayo  de  2000,  por  medio  de  las  cuales  la  Superintendencia de Sociedades  sancionó  a  HÉCTOR  IDARRAGA  y  JORGE  ALBERTO  GUTIÉRREZ  GÓMEZ,  en  sus  condiciones  de  fiscal  y  representante  legal  de  la sociedad ADMINISTRADORA  HÉRNAN  GUTIÉRREZ  Y  CIA  S en C., respectivamente, por irregularidades en el  manejo de la contabilidad.   

ii)  El  acta  No. 24 de la Junta General de  Socios  del  29 de mayo de 1999, por medio de la cual la sociedad ADMINISTRADORA  HÉRNAN   GUTIÉRREZ   Y   CIA  S  en  C.  decidió  «provisionar»  un  pasivo  correspondiente  a  lo  ordenado  por  el Juzgado Séptimo Civil del Circuito de  Bogotá  en favor de Inés Gutiérrez y otros pasivos que fueron solicitados por  los socios.   

iii)  Fotocopia  de la sentencia del Juzgado  Séptimo  Civil  del Circuito de Bogotá a favor de Inés Gutiérrez Gómez y en  contra   de   la   sociedad   ADMINISTRADORA  HERNÁN  GUTIÉRREZ  Y  CIA  S  en  C.   

iv) Acta No. 26 del 31 de julio del 2000, en  la  que la sociedad decidió suspender la aprobación de los estados financieros  de los años 1997, 1998 y 1999.   

v)  Acta No. 28 de la Junta de Socios del 10  de   febrero  de  2000,  en  la  que  se  declara  la  sociedad  disuelta  y  en  liquidación.  Afirma  el  libelista,  que  a partir de este acto, JORGE ALBERTO  transfirió  a  crédito  y  por  precios  irrisorios el 75% de los bienes de la  sociedad  a  nombre  suyo  y el de sus hermanas Alicia y Margarita, en perjuicio  del   ente   social   y  de  Inés  Gutiérrez  Gómez,  que  tenía  el  25  de  participación.   

vi) El dictamen contable No. 0213 GUA C.T.I.,  del   27   de   marzo   de   2006,   sobre   los   estados   financieros  de  la  sociedad.   

vii)  Los estados financieros de la sociedad  ADMINISTRADORA HERNÁN GUTIÉRREZ Y CIA S en C.   

El  demandante insiste en que el Tribunal no  tuvo  en  cuenta  las  anteriores  pruebas  documentales  y  que  con  ellas  se  acreditaba  de  los  hermanos JORGE ALBERTO, ALICIA y Margarita, la «intención»  que tenían en menoscabar  el  patrimonio de la sociedad y de los artificios con los que engañaron a Inés  Gutiérrez  Gómez  para lograr un provecho ilícito en perjuicio de la sociedad  «ADMINISTRADORA  HERNÁN GUTIÉRREZ DÍAZ Y CIA S. en C.», de la cual ella era  propietaria del 25%.   

No eleva una solicitud a la Corte.  

LOS NO RECURRENTES  

          El  apoderado  común  de  los  acusados presentó escrito en el que  luego  de  poner  sobre  relieve  plurales errores argumentativos de la demanda,  solicita sea inadmitida.   

Realiza  una  detallada  exposición  del  contenido  del  fallo  y  dice,  que  en el evento de no ser acogida la anterior  petición,  ante  la  ausencia  de acreditación de los errores formulados en el  libelo,  no se case la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.-   Asunto  previo   

Teniendo  en  cuenta  que la parte civil es  quien  recurre  la  sentencia  de  segundo grado, no sobra advertir, en camino a  establecer  su interés para recurrir en casación, que éste no llega solamente  hasta   la   reclamación   indemnizatoria,   también  incluye,  el  hacer  efectivos  sus  derechos  a la verdad y a la justicia, conforme a los contenidos  de la sentencia C-228 de 2002.   

Se destacó por la Corte Constitucional, que  el  derecho  a  la verdad se reflejaba en el derecho a conocer de manera precisa  cómo  ocurrieron  los  hechos,  y  a la justicia, además de estar encaminado a  impedir  que  la  conducta  quede  en  la  impunidad,  también  lo  está  a la  imposición  al responsable de una condigna sanción y la ejecución de ésta en  forma y términos de cumplimiento.   

Bajo  esta  precisión  y ante el contenido  absolutorio  del  fallo,  es  claro,  aunque no haya sido sustentado así por el  impugnante,  que  su  interés  para  recurrir  en  este caso se encamina en una  reclamación  de  justicia  al  pretender de manera principal la declaratoria de  responsabilidad  de  los  acusados,  que  le  de  paso a la probable pretensión  indemnizatoria,  suficiente  para hallarlo legitimado para recurrir y se ingrese  a   estudiar   los  presupuestos  argumentativos  del  libelo  en  camino  a  su  calificación.   

2.- El artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  establece  que  se  inadmitirá  la  demanda,  cuando  el  libelo  no reúna los  requisitos establecidos en el artículo 212, ibídem.   

Estos presupuestos en su orden corresponden,  a  la identificación de los sujetos procesales y de la sentencia demandada; una  síntesis   de   los   hechos   materia   de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal;   la  enunciación  de  la  causal  y  la formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas.   

        Pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la Corte que la demanda  de  casación  ha  de comportar un mínimo rigor lógico jurídico y argumental,  porque,  entre otras razones, la decisión judicial impugnada arriba a esta sede  con  una  doble  connotación  de  acierto y legalidad, presunción que sólo es  posible  derruir a través de criterios claros, lógicos, coherentes y fundados,  derivados  del  compromiso  de  demostrar  la violación en la cual incurrió el  fallador,  suficiente  para   desvirtuar  el  contenido  de  verdad  de  la  sentencia,  en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra  hubiese  sido  la  decisión y precisamente así se ofrece trascendente recurrir  al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         En  la  demanda  que  se  analiza,  los reproches formulados por el  apoderado  de la parte civil  no  pueden  ser  atendibles  en  sede  de  casación,  porque    no    demuestran    que    la   decisión  recurrida  desconoce  criterios de valoración que la hacen inconcebible.   

Cuando  en  esta  sede  se  acude  a  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en la  valoración  de  la prueba, ha dicho la Sala, es carga  procesal   de  quien  lo  propone  demostrar  que  su  configuración  obedeció  por  errores de hecho o de  derecho,   evento   en   el  que  debe  referirse  a  alguna             de         las         siguientes  modalidades:   

La    primera,    al    falso   juicio  de  existencia,  que  se  presenta  cuando  al  proferir  la  sentencia  impugnada  el  fallador omite por  completo  valorar  el  contenido  material  de  un  medio  de prueba debidamente  incorporado  a  la  actuación,  o también cuando le concede valor probatorio a  uno    que    jamás    fue    recaudado   y,   debido   a   ello,   supone   su  existencia.   

La    segunda,    al    falso  juicio  de  identidad, que ocurre  cuando  en  el fallo impugnado el juzgador distorsiona o tergiversa el contenido  fáctico  de  determinado  medio de prueba, haciéndole decir lo que en realidad  no  dice,  bien  sea  porque  realiza  una  lectura equivocada de su texto, o le  agrega  circunstancias  que  no contiene, u omite considerar aspectos relevantes  del mismo.   

La  tercero, al  falso  raciocinio,  que se  configura  cuando  el  Tribunal  valora  la  prueba en su integridad, pero en la  motivación  del  fallo  desconoce los postulados de la sana crítica, es decir,  de  una  concreta  ley  científica,  un  principio  lógico o una máxima de la  experiencia.   

La  cuarta,   el       falso       juicio       de  convicción  que tiene cabida cuando el juzgador no le  otorga   a   un   determinado   medio   de  prueba  el  valor  asignado  por  el  legislador.   

Y  finalmente, al  falso  juicio  de  legalidad el cual atiende al proceso  de  formación  de  la  prueba,  las  normas  que regulan la manera legítima de  producirla  e  incorporarla al proceso, con el principio de legalidad en materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades exigidas  para cada medio.   

Cualquiera  de  estos  yerros  debe  ser  trascendente  desde  un  punto de vista jurídico, lo que significa que frente a  la  valoración conjunta de la prueba realizada por el  Tribunal    o    las    instancias,    según    sea    el   caso,  su exclusión debería conducir a adoptar una decisión distinta  a la recurrida.   

        Además,  debe  tenerse  en cuenta que a  pesar  de  que  estas  especies  de  error  pertenecen  a  un mismo género, son  esencialmente  distintas,  en  cuanto  que  no  es  lo  mismo que una prueba sea  ignorada   o   imaginada,   a  que  haya  sido  tergiversada,  o  apreciada  con  desconocimiento  de  los principios reconocidos por la lógica, la experiencia o  la  ciencia,  razón  por  la  cual  no  es permitido alegar a un mismo tiempo y  respecto  de la misma prueba, más de una modalidad, por cuanto el planteamiento  resultaría necesariamente equívoco.   

3.-   En  el  presente    caso,    el   censor   entremezcla   los  tres     errores    de    hecho   en    un    mismo   cargo   y   realiza  proposiciones  contradictorias  con  ocasión  a  los  mismos  medios  de  prueba  que desde la visión de la  lógica  formal  se  excluyen  entre  sí   y  además  omite  la acreditación de cualquiera de los   ataques   propuestos  al  punto  que,  como  se  anunció,  su  argumentación  se  torna  completamente  impertinente  en  sede casacional, como  de   manera   acertada   lo   alega   el   no   recurrente   en  su  escrito  de  oposición.   

Así,  en  el  cargo   único  propuesto  parte    de  señalar  que ataca la sentencia por  la   causal  tercera  de  casación  que  se  ocupa  de  la  nulidad  y  en  el mismo momento alegar que los  jueces   incurrieron  en  falsos    juicios   de  identidad   por  la  tergiversación  de  múltiples  pruebas  documentales,  eje temático dentro del que  discute  que  con ocasión a los mismos elementos de  persuasión  se  desconocieron las reglas de la sana  crítica,    saltando  paradójicamente  al  campo  del  falso  raciocinio,  en   referencia   al   cual  guarda  silencio  para  indicar  la ley  científica,  principio lógico o postulado de la experiencia  que  fue  desconocido  o  transgredido, reproches que  como   se   acotó   resultan   excluyentes   entre  sí.  Luego,  en  la  misma  censura               agregó  reparos  por  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión  en atención a      otras     pruebas        documentales.   

Así,  los  reproches formulados carecen de  identidad,  claridad,  precisión  y  desarrollo,  dado  que omitió  realizar  el  más  elemental  ejercicio  que  se debe desplegar  cuando  se  invocan errores de hecho como el falso juicio de identidad, el falso  juicio  de  existencia  y  el  falso raciocinio, mediante la cita textual de los  apartes  del  fallo  en los que se evidencia  manifiesta e inequívocamente  los yerros planteados.   

En el escrito de sustentación no se conoce  el  contexto  argumentativo  del  Tribunal  en  que se muestre que efectivamente  tergiversó  el contenido de los documentos relacionados en la demanda y de otra  parte,  que  omitió  apreciar otros, único contraste dialéctico a través del  cual    se   evidenciaría   objetivamente   la   ocurrencia   de   los   cargos  formulados.   

Del  mismo modo, está ausente el contenido  literal  de  cada  uno  de estos elementos de conocimiento y de las reglas de la  sana  crítica  transgredidas  que subsiguientemente permitan la contraposición  con el contenido de la sentencia que evidencien el error formulado.   

Olvidó   por  completo  ocuparse  de  la  trascendencia  de  las  censuras formuladas, ejercicio dialéctico en el cual le  correspondía  demostrar  que suprimidos los defectos de valoración probatoria,  el    fallo    sería    otro    y   en   beneficio   de   los   intereses   que  representa.     

Por tanto, con el libelo no se demuestra la  alteración  del  contenido  de  las  pruebas  documentales  relacionadas  en la  demanda  ni  que  los  falladores  hayan  incurrido  en  el  error  de  omisión  probatoria  que  se  les  reprocha, por el contrario, en la discusión genérica  propuesta  por el demandante subyace el interés de introducir una alegación de  instancia  en  la  que  el censor no llega más allá de aspirar que su personal  percepción   sobre  los  medios  de  prueba  se  privilegie  sobre  la  de  los  juzgadores,  desconociendo  la  doble  condición  de  acierto  y  legalidad que  reviste  al  fallo,  la  cual  es  susceptible  de  remover  únicamente  con la  demostración  de  alguna  de las causales de casación establecidas en la ley y  desarrolladas   por   la   jurisprudencia,   parámetros  a  los  cuales  no  se  acogió.   

De   todas  maneras,   una   mirada  tangencial  a  la  sentencia  deja en evidencia que los  juzgadores  se  ajustaron  a  la  literalidad de los  medios  de  prueba  que  sometieron  a  su  consideración  y  que  sí  valoraron  los documentos echados  de     menos     por     el    censor.   

En  efecto, en  referencia      al      alegado     falso   juicio  de  existencia  por  omisión,  se  corrobora  que  el   a  quo  al  referirse  a  los alegatos de la  parte   civil6,    reseño   entre   muchos   otros  elementos,  las resoluciones 670031, 670032 y 670033  de  25  de  mayo  de  2000,  por  medio  de  las  cuales  la Superintendencia de  Sociedades  sancionó al  revisor   fiscal   y   al   representante   legal   de  la  sociedad;  el  acta No. 24 de 1999;    la    sentencia    del   Juzgado   Séptimo   Civil  del  Circuito  de Bogotá en la  que  se  dice  que a Inés  Gutiérrez      Gómez     «le       debían     1500     millones     de     pesos»;  las órdenes de la Superintendencia  de   Sociedades   para   «provisionar»  el pasivo de la sociedad para el pago  de  ese  valor  en  el  evento  en  que  la  segunda  instancia   confirmara   la   decisión;  el  examen  que  se  realizó a los  estados   financieros   de   1997,   1998   y  1999,  su   suspensión   y  posterior  aprobación; el informe del perito contable  de  la Fiscalía Luis Eduardo Sánchez Lugo; y el acta No. 28 de 2000, en la que  se  declara la disolución de la sociedad y su liquidación, derroteros a partir  de  los  cuales,  entre  otros,  sustentó  la decisión absolutoria. La censura  será rechazada.   

Por último, ha de manifestarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  amerite  el  ejercicio de las facultades oficiosas de la Corte,  que  la  lleve  a pronunciarse en camino a su protección, de conformidad con el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.-  Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil, conforme a lo expuesto en precedencia.   

       2.-  Contra  la  presente decisión no  procede recurso alguno.   

                 Cópiese,  notifíquese, cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ         LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.  

    

1 Fol.  14 del cuaderno de la parte civil.   

2  Cuaderno No. 4, folio 169.   

3  Cuaderno de la Fiscalía, folio 3.   

4  Cuaderno No. 6, folios 258 y 326.   

5  Cuaderno del juicio, folio 72.   

6  Páginas30 y s.s. de la sentencia de primer grado.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *