AP5677-2015(46328)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5677-2015  

Radicación 46328  

(Aprobado Acta No. 350).  

Bogotá D.C., septiembre treinta (30) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura  el  examen  de los  requisitos  de  argumentación  lógica  y  suficiente en el libelo de casación  presentado  por  el defensor del procesado RULBER ANAYA  VILLAMARÍN,  contra la sentencia proferida en segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  el  17  de  abril de 2015,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito con  función  de  conocimiento  de  la misma ciudad el 4 de marzo del año en curso,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de  fabricación, tráfico o porte de armas de fuego.   

HECHOS  

El  8 de septiembre de 2013, cuando miembros  de  la policía nacional realizaban un procedimiento de control en el kilómetro  1  de la vía al municipio del Tambo (Cauca), encontraron dentro de una chaqueta  ubicada  en  el asiento trasero de la camioneta de placas TKK 695, conducida por  RULBER  ANAYA VILLAMARÍN, un  revólver  38,  marca Llama y 6 cartuchos, sin que el referido ciudadano contara  con  permiso  para el porte o tenencia del arma, circunstancia que determinó su  aprehensión.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 9 de septiembre de  2013  en el Juzgado Quinto Penal Municipal con función de control de garantías  de  Popayán  se  impartió  legalidad  a  la  captura  y la Fiscalía imputó a  ANAYA    VILLAMARÍN   la  comisión  del delito de porte de arma de fuego de defensa personal, a la que se  allanó.   

          Entonces,   el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Popayán  profirió  fallo  el  4  de  marzo  de  2015,  a  través  del  cual  condenó a  RULBER   ANAYA  a  la  pena  principal  de  noventa  y cuatro (94) meses y quince (15) días de prisión, y a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  y privación del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa de libertad, como autor penalmente  responsable del delito objeto de acusación.   

En  la  misma  providencia  le fue negada la  condena de ejecución condicional y la prisión domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Popayán la confirmó mediante proveído del 17 de abril  de   2015,   contra  el  cual  el  defensor  de  ANAYA  VILLAMARÍN   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la  respectiva  demanda, cuya admisibilidad se examina en  este auto.   

EL LIBELO  

          El   recurrente   formula   dos  reproches,  los  cuales  postula  y  desarrolla de la siguiente forma:   

1.             Primer  cargo  (principal):  Violación  indirecta de la ley penal   

Luego    de   transcribir   in  extenso las normas sustanciales que se  ocupan  de  la  pena  de multa, el defensor manifiesta que erró el ad  quem al resolver en el fallo de segundo  grado  confirmar  la  sentencia  de  primera  instancia, pues agregó la pena de  “multa  de  $63.960.750”,  la  cual  no  fue  impuesta  por  el  a quo,  ni  fue  en  forma  alguna  abordada  en  las consideraciones del  Tribunal,  circunstancia  que  “más  parece  fue un  error      humano      cometido      de      manera     involuntaria”.   

          Con  base  en  lo anterior, el defensor solicita a la Corte casar el  fallo,   en   el   sentido   de   retirar   la  pena  de  multa  impuesta  a  su  procurado.   

2.            Segundo  reparo  (subsidiario): Error de  hecho por falso raciocinio   

Manifiesta  el  impugnante  que  el  juez de  primer   grado   negó   a   RULBER  ANAYA   la   prisión   domiciliaria,  decisión  confirmada  en  segunda  instancia,  sin tener en cuenta que cumple los requisitos establecidos en la Ley  750  de  2002  para acceder a dicho beneficio, pues tiene la condición de padre  cabeza de familia.   

Deplora   que   para   negar  la  prisión  domiciliaria  se  haya manifestado que las hijas menores del acusado cuentan con  la  protección  de  su  progenitora  y otros familiares, sin tener en cuenta el  vacío  que  puede  representar  la ausencia del padre en el hogar, amén de que  tampoco  fue  demostrada  la  suficiencia  de  los  ingresos  de  la  esposa  de  ANAYA VILLAMARÍN para cubrir  los gastos de las niñas.   

          Considera  que  los  falladores  no  protegieron  adecuadamente  los  derechos  de  las hijas del acusado, en cuanto no tuvieron en cuenta que durante  la  detención  preventiva  permaneció en su domicilio y ahora no contarán con  su presencia al ser recluido en forma intramural.   

          A  partir  de  lo  anterior,  depreca  a  la  Colegiatura  casar  la  sentencia,    a    fin    de    conceder    a    su    procurado   la   prisión  domiciliaria.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  puntualizado  la Corte que si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         En  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los libelos  casacionales,  es  deber de la Sala constatar en la formulación y desarrollo de  las   censuras  el  acatamiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional  a  las  ordinarias.  Tales  requisitos se orientan a conseguir el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

En   cuanto   atañe   al   primer  cargo encuentra la Sala que si bien  denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  penal,  en  realidad  alude  a  “un    error    humano    cometido    de    manera  involuntaria”  por  el  Tribunal,  pues  en la parte  resolutiva dispuso:   

“1. CONFIRMAR la  sentencia  No.  010  de  fecha marzo 4 anterior, a través de la cual el Juzgado  1º  Penal  del Circuito de esta ciudad, con funciones de conocimiento, condenó  anticipadamente  al  señor RUBER ANAYA VILLAMARÍN por ser autor responsable de  la  conducta  de  PORTE  O TENENCIA DE ARMAS DE FUEGO O MUNICIONES a 94 meses 15  días  de  prisión,  multa de $63.960.750,  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  negándole  al mismo tiempo los mecanismos alternativos y  sustitutivos  de la pena corporal” (subrayas fuera de  texto).   

En efecto, si en el fallo de primer grado no  se  condenó  al acusado a pena de multa como que resulta ajena al delito por el  cual  se  procede,  y  pese  a  ello,  por  un  lapsus  calami  el Tribunal la incluyó en la parte resolutiva  de  su  providencia,  amén  de  que  no  se  aludió  de  manera  alguna en las  consideraciones  a  dicha  sanción pecuniaria, estima la Sala que si como ya de  antaño        se        ha       puntualizado1,  la parte considerativa prima  sobre  la  resolutiva,  para enmendar dicha incorrección no es preciso acudir a  la  casación  del  fallo, sino simple y llanamente precisar, de conformidad con  lo  establecido  en los artículos 10º inciso final y 139 numeral 3º de la Ley  906  de  2004,  en virtud de los cuales se faculta a los funcionarios judiciales  para  corregir  los actos irregulares que no comporten nulidad de la actuación,  que  RULBER ANAYA VILLAMARÍN  no   fue   condenado   a   la   pena  de  “multa  de  $63.960.750”.   

Con    relación    al    segundo  reparo,  en  el  cual  postula un  error  de  hecho por falso raciocinio, impera señalar que tal yerro tiene lugar  cuando   las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan las reglas de la sana crítica, esto es, los principios  de  la  lógica,  las leyes de la ciencia y las máximas de la experiencia, caso  en  el  cual  es  deber del recurrente expresar qué dice concretamente el medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo   a   la  par  indicar  su    consideración    correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este asunto no acometió el  actor.   

          En  efecto,  el libelista únicamente orientó su labor a cuestionar  las  razones  por  las  cuales  no  se  concedió  a  su  asistido  la  prisión  domiciliaria  en  su  condición de padre cabeza de familia, pero no procedió a  señalar  cuál  fue  el  principio  lógico,  la  regla  de la experiencia o el  postulado   de   la   ciencia   desconocido   por   los  sentenciadores  en  sus  disquisiciones,  omisión  que  a  la  postre  le  impidió  señalar  la debida  aplicación  del  principio,  la  máxima o el postulado correcto, y tanto menos  estuvo  en  condiciones  de  acreditar  que  con  esa  adecuada  corrección las  conclusiones  del  fallo  en  punto  de  su  queja,  esto  es,  de  la  prisión  domiciliaria, serían diversas.   

          Adicionalmente,  no  es  claro  al  plantear  la  violación  de los  derechos  de  las  hijas  del  procesado,  pues de ser ello así, siempre que un  sentenciado  tuviera  hijos  menores  tendría  que  concedérsele  la  prisión  domiciliaria  en  su  condición  de  progenitor, posición inconsistente con el  desarrollo legal y jurisprudencial del instituto.   

Las  citadas  imprecisiones  del recurrente  contrarían  la exigencia reglada en el artículo 184  de  la  Ley  906  de 2004,  según  el cual, la demanda debe expresar “de manera  precisa   y  concisa  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos” (subrayas  fuera de texto).   

De  acuerdo  a  lo anterior, es claro que en  evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se  encuentra  revestido  el  fallo,  el  casacionista  únicamente  expuso en forma  imprecisa  e  indemostrada  que  no  estaba  de  acuerdo  con la negación de la  prisión  domiciliaria,  pero no se detuvo a observar las reglas propias de este  medio   de   impugnación,   desconociendo   que   este   recurso   de   índole  extraordinaria,  no  fue  instituido  para  alargar,  sin  más, el curso de las  instancias,  sino  para denunciar errores de los falladores en la aplicación de  la  ley,  la  apreciación  de  las  pruebas  o  la  legitimidad  y  validez del  diligenciamiento.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  factura,  su presentación  con  base  en análisis probatorios fragmentarios e imprecisos, y sin atenerse a  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan, obliga a la Sala a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal, violación de derechos o garantías del acusado, como para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la demanda y decidir de fondo,  según   lo   dispone   el   inciso   3º   del   artículo  184  de  la  citada  legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.            INADMITIR  el  libelo   casacional  presentado  por  el  defensor  de  RULBER  ANAYA VILLAMARÍN, de  acuerdo     con     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

2.             PRECISAR  el  numeral  primero  del  fallo  del  Tribunal,  en  el  sentido  de indicar que el  procesado    RULBER   ANAYA   VILLAMARÍN  no  fue  condenado  a pena de “multa de  $63.960.750”.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia  de  casación  del  19  de  marzo  de  2014. Rad. 40733, entre muchas  otras.     

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