AP5668-2015(46103)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5668-2015  

Radicación 46103  

(Aprobado Acta No. 350).  

Bogotá D.C., septiembre treinta (30) de dos  mil quince (2015).   

  VISTOS  

Se pronuncia la Sala en punto de la admisión  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  DANIEL   GALEANO  VÁSQUEZ,  contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Buga el  30  de  abril  de  2008, confirmatorio con algunas modificaciones respecto de la  modalidad  de conducta y el quantum punitivo, del dictado por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Cartago el 11 de diciembre de 2007, por cuyo medio fue  condenado   como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  en  José     Antonio     Yepes     Gallego.   

HECHOS  

El 26 de junio de 1997, aproximadamente a las  9:30  de  la  noche,  en  la  vereda La Quinta, perteneciente al municipio de El  Billar  (Valle),  DANIEL  GALEANO VÁSQUEZ  abordó  un vehículo conducido por José  Abelardo  Flórez  Jaramillo,  en  el cual también se  encontraba  Javier  Valencia,  propietario  del automotor, a quien GALEANO  le  solicitó  le  dejara  guardar  en  la  cabina una mochila que  momentos  antes  habían  recogido de la casa de una hermana suya, y al negarse,  desenfundó   un   revólver   y   le   disparó,  pero  hirió  a  José   Antonio   Yepes,  causándole  la  muerte.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La  Fiscalía  Seccional de Cartago vinculó  como  persona  ausente a GALEANO VELÁSQUEZ  y  lo  acusó  el 25 de septiembre de 1999 como presunto autor del  delito de homicidio doloso (artículo 323 del Decreto 100 de 1980).   

Surtida  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Cartago profirió fallo el 11 de diciembre de  2007,  mediante  el cual lo condenó a la pena principal de 24 meses de prisión  y  multa  por  $1.000, a las accesorias de interdicción de derechos y funciones  públicas  y  privación del derecho a la tenencia y porte de armas por el mismo  lapso   de   la   sanción   privativa  de  libertad,  y  a  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como autor penalmente responsable del delito de  homicidio    culposo.    Le    fue    negada    la    condena    de   ejecución  condicional.   

          Impugnada  la  anterior  providencia  por  la Fiscalía, el Tribunal  Superior  de Buga la modificó mediante sentencia del 30 de abril de 2008, en el  sentido  de condenar al acusado a 13 años de prisión, como autor del delito de  homicidio  doloso, oportunidad en la cual le negó la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

          Contra    la    determinación   del   ad  quem  la  defensa interpuso recurso de casación, pero  surtido  el  término  respectivo  no allegó el libelo correspondiente, de modo  que  la  impugnación  fue  declarada desierta mediante auto del 28 de agosto de  2008.   

LA  DEMANDA   

Sin invocar causal alguna de las establecidas  por  el legislador para promover la acción de revisión, el accionante comienza  por  plasmar  diversas  percepciones  que  tiene  del asunto y de algunas de las  pruebas  obrantes  en  la  actuación,  así  como  respecto de las providencias  adoptadas en el curso de las instancias.   

Añade  que  se  violaron  los  principios  non   bis  in  ídem,  cosa  juzgada    y    reformatio    in   pejus, reglados en la Ley 906 de 2004.   

Entonces sintetiza:  

          “Así las cosas tenemos su señoría que  si  observamos  bien  este  proceso  se  abre  en  los años de 1999 después de  haberse   tomado   toda  la  investigación  y  declaraciones  de  los  testigos  presenciales  tal como lo consagra el verbo rector del libro segundo del código  de  procedimiento  penal de la Ley 906 de 2004 que nos habla de las técnicas de  indagación  e  investigación  de la prueba y sistema probatorio, en su título  primero,  en  su  artículos 200 al 212, que para este proceso se llevó con los  parámetros  de  la Ley 600 de 2000 en sus artículos 311 al 331. Así las cosas  tenemos  que  desde el año 1999 al 2007 ya habían transcurrido aproximadamente  7  años,  y desde el día 26 de junio de 1997 a la fecha del 11 de diciembre de  2007  no  se  había  dado orden de captura ni medida de aseguramiento, allí se  observa       prescripción      de      la      sanción      penal”.   

Considera que hay una evidente violación del  derecho  al  debido proceso de su asistido, según lo establece el artículo 6º  de  la  Ley  599  de  2000,  y  destaca  que  el  Tribunal  sustentó la condena  “en  las  pruebas de referencia, solo lo que observo  (sic) en las declaraciones de  los    testigos    presenciales    a    las   que   hubieron   lugar”.   

          De  otra parte dice que “ni los dolientes  e    incluso    los    testigos    presenciales   declarantes   no   solicitaron  condena” contra su asistido.   

          Advera  que  el  fallo  condenatorio proferido el 11 de diciembre de  2007  se produjo tres años después de cumplirse el término de “prescripción       de       la      sanción      penal”.   

          Plantea   que   la   apelación   del  fallo  de  primer  grado  era  improcedente,  pues ya había cobrado firmeza, circunstancia que impone declarar  la  nulidad  de  la  decisión  de  segundo  grado, pues las nulidades se pueden  proponer en cualquier momento de la actuación.   

          Con   base   en   lo  expuesto,  el  defensor  solicita  a  la  Sala  “se  declare  la  nulidad procesal por ineficacia de  los  actos procesales de todo lo actuado por la Fiscalía 17 Delegada de Cartago  Valle,  y  el  Ministerio  Público  o  Delegado  de Cartago Valle y el Tribunal  Superior  de  Buga  Valle  de  fecha 4 de febrero de 2008 y 30 de abril de 2008.  Pretendo  su  señoría se le de nulidad a lo actuado el día 19 de diciembre de  2007”,  y  se  conceda  la  libertad  al sentenciado  DANIEL        GALEANO       VÁSQUEZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La acción de revisión tiene como finalidad  minar  la  intangibilidad  propia  de  la  cosa  juzgada,  motivo por el cual la  demanda  no  puede corresponder a un escrito de libre e informal planteamiento y  argumentación,  pues  por  mandato imperativo del legislador, es preciso que se  someta  a  las reglas del artículo 222 de la Ley 600 del 2000, y adicionalmente  que  se  alleguen  los  documentos  allí  indicados.  Si  no  se  cumple con lo  anunciado,  será  obligatorio  inadmitirla de conformidad con la preceptiva del  artículo 223 de la misma legislación.   

          Ab  initio advierte la Corte que de manera  impropia  el actor alude reiteradamente a la Ley 906 de 2004, sin percatarse que  el  diligenciamiento  fue rituado al comienzo conforme al Decreto 2700 de 1991 y  luego,  de  acuerdo  a la Ley 600 de 2000, toda vez que los hechos ocurrieron el  26 de junio de 1997.   

Ahora   bien,   si  esta  acción  procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  del  actor  allegar  copia  de  las  providencias  de  primera  y segunda  instancia con su respectiva constancia de ejecutoria.   

Al  estudiar  la  demanda  presentada por el  apoderado  especial  de  GALEANO  VÁSQUEZ se observa lo siguiente:   

Si  bien  anexó  copias  informales  de los  fallos  de  primero  y  segundo  grado,  y se advierte su ejecutoria, incurre en  graves  falencias,  comenzando  porque  no señala la causal en la cual funda su  pedido  de  revisión,  omisión  que  imposibilita  a  la Colegiatura saber con  certeza el motivo de inconformidad.   

         En  efecto,  el  artículo  220 de la Ley 600 de 2000 establece como  causales de la acción de revisión, las siguientes:   

“1. Cuando se haya  condenado  o  impuesto  medida  de seguridad a dos o más personas por una misma  conducta  punible  que  no  hubiese  podido  ser  cometida sino por una o por un  número menor de las sentenciadas.   

“2.  Cuando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o que imponga medida de seguridad, en  proceso  que  no podía iniciarse o proseguirse por prescripción de la acción,  por  falta  de querella o petición válidamente formulada, o por cualquier otra  causal de extinción de la acción penal.   

“3.   Cuando  después  de la sentencia condenatoria aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan  la inocencia del  condenado, o su inimputabilidad.   

“4.  Cuando  con  posterioridad  a  la sentencia se demuestre, mediante decisión en firme, que el  fallo   fue   determinado   por   una   conducta   típica  del  juez  o  de  un  tercero.   

“5.  Cuando  se  demuestre,  en sentencia en firme, que el fallo objeto de pedimento de revisión  se fundamentó en prueba falsa.   

“6.   Cuando  mediante  pronunciamiento  judicial,  la  Corte  haya cambiado favorablemente el  criterio     jurídico    que    sirvió    para    sustentar    la    sentencia  condenatoria”.   

          Como  viene  de  verse,  no  procede  en  el  marco de la acción de  revisión  que,  como en este asunto, el actor ofrezca su particular visión del  caso  o  de  los  medios  de  convicción  obrantes  y  tampoco  puede  simple y  llanamente  manifestar su criterio sobre las providencias proferidas en el curso  de las instancias.   

Tampoco es de recibo, como equivocadamente lo  hace  el  defensor,  plantear sin la correspondiente acreditación la violación  de    principios   tales   como   el   non   bis   in  ídem,     cosa     juzgada     y     reformatio  in  pejus, pues para ello debe  sujetarse   a   alguna   de   las   causales   taxativas   dispuestas   por   el  legislador.   

          Como  también  el  demandante en forma imprecisa y sin un correlato  coherente  con  las  normas  que se ocupan del instituto extintivo de la acción  penal  refiere  que  en  el curso del diligenciamiento operó el fenómeno de la  prescripción  de  la  acción,  impera señalar que tampoco acometió en debida  forma  la  acreditación  de  tal  circunstancia,  pues huelga señalar que para  emprender  esa  alegación  le  correspondía precisar el día de los hechos y a  partir  de  allí contabilizar el máximo de la pena dispuesto para el delito de  homicidio,  en  cuanto  atañe  a  la  fase  de  la instrucción, de modo que se  cumpliera antes de cobrar ejecutoria la acusación.   

          Y  si el reclamo se ubicaba en el ciclo del juicio, le correspondía  señalar  el  día  de ejecutora del pliego de cargos y contabilizar desde dicha  data  el  término  de prescripción de la acción penal por la mitad del tiempo  máximo  de  pena,  y  desde  luego,  demostrar  que  se  cumplió  antes  de la  ejecutoria  del  fallo  de  condena,  labor que no emprendió, pues se limitó a  manifestar  que  “desde  el  año  1999  al  2007 ya  habían  transcurrido  aproximadamente  7  años, y desde el día 26 de junio de  1997  a  la fecha del 11 de diciembre de 2007 no se había dado orden de captura  ni  medida  de  aseguramiento,  allí  se  observa  prescripción de la sanción  penal”.   

          La  Sala  advierte la mayúscula confusión del actor al reclamar la  “prescripción  de  la  sanción  penal”,  la  cual  es sustancialmente diversa de la prescripción de la  acción  penal,  razón  adicional  para  encontrar  falencias importantes en el  libelo  que  lo hacen poco menos que ininteligible y ajeno al rigor propio de la  acción de revisión.   

          Ahora,  si  los  hechos  ocurrieron  el  27  de  junio  de 1997 y la  acusación  cobró  ejecutoria  el  12  de  octubre  de 1999, es evidente que si  conforme  al  artículo  29 de la Ley 40 de 1993, para entonces vigente, la pena  máxima   para  el  delito  de  homicidio  era  de  40  años,  el  término  de  prescripción  en  la  instrucción  era  de  20 años (máximo dispuesto por el  legislador),  de  manera  que en dicho ciclo no prescribió la acción penal del  referido punible contra la vida.   

Y si en el juicio el fallo de condena quedó  en  firme  el  20 de agosto de 2008, es evidente que el término prescriptivo de  10  años  tampoco se consolidó antes de la ejecutoria de dicha providencia; es  decir,  el  reclamo  del  actor  carece  de  sustento  tanto  de  acuerdo con la  normatividad  vigente  para  aquella  época,  como  conforme  a  la aplicación  favorable  del  artículo  103  de  la  Ley 599 de 2000, el cual dispone para el  delito de homicidio una sanción de 13 a 25 años de prisión.   

En  suma,  considera  la  Sala  que  si  el  demandante  no  se  sujetó a los cánones legales para presentar y sustentar su  pedido  de  revisión,  pues  no  invocó  una  causal concreta, amén de que no  acreditó  por  qué  el Estado perdió la facultad para adelantar el proceso en  el  cual  se produjo la condena objeto de la acción instaurada, la consecuencia  jurídica no es otra que la inadmisión de su demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, en SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el defensor  de  DANIEL  GALEANO VÁSQUEZ,  de     conformidad    con    las    razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Bogotá D.C., octubre diecinueve (19) de dos  mil quince (2015)   

Como en el auto proferido el 30 de septiembre  del  año  en  curso,  a  través  del cual la Colegiatura decidió inadmitir la  demanda  de  revisión  presentada  por el defensor del sentenciado DANIEL  GALEANO  VÁSQUEZ, se incurrió en  un  lapsus calami, pues en la  parte   resolutiva   se   expresó  que  contra  esa  providencia  “no  procede recurso alguno”, de conformidad  con  lo  establecido en el inciso 2° del artículo 15 de la Ley 600 de 2000, en  virtud  del  cual  se  faculta  a los funcionarios judiciales para “corregir  los  actos  irregulares, respetando siempre los derechos y  garantías  de  los sujetos procesales”, siempre que no  comporten  nulidad  de  la  actuación,  se  dispone  precisar  que  la referida  decisión  inadmisoria  es  susceptible  de ser impugnada mediante el recurso de  reposición.   

Cúmplase,  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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