AP5402-2014(43716)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                      

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrados ponentes  

AP5402-2014  

Radicación 43716  

Aprobado acta número 298  

Bogotá, D. C., diez (10) de septiembre de dos  catorce (2014)   

Sería  del  caso  que  la  Sala  resolviera  de  fondo  el  recurso  extraordinario  de  casación  presentado  por  el  apoderado  de HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA contra el fallo de  segunda  instancia  proferido  por  el  Tribunal Superior de Barranquilla, si no  fuera  porque  advierte que  se  configuró el fenómeno extintivo de la prescripción de la acción     penal    por    la    conducta  punible    de    fraude  procesal,   en   razón   de  la  cual  la  referida  persona  fue  condenada  por  la  segunda  instancia a  setenta   y   dos   (72)   meses   de   prisión   e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          I. ANTECEDENTES   

1.  Carlos Arturo  Thomas  Miranda,  residente en Malambo (Atlántico), se trasladó el 25 de marzo  de  2004  al  municipio vecino de Galapa, en donde tenía con su esposa Yorlanys  Meza  Rodríguez  un lote de terreno de su propiedad. Allí lo encontró ocupado  y   habitado   por  Eloísa  Roa  Sandoval,  persona  que  le  aseguró  haberlo  comprado.   

Carlos  Arturo  Thomas  Miranda  fue  a  la  Notaría  Única  de  Santo  Tomás (Atlántico) y advirtió que en la escritura  pública  021  de  8  de  enero  de  2004  figuraba  tanto  la  cancelación del  patrimonio  de  familia inembargable como la venta del predio por parte de él y  su    esposa,   mediante   un   supuesto  poder  especial otorgado a HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA. Ellos, sin  embargo, jamás suscribieron ese documento.   

La cancelación del patrimonio familiar y la  compraventa  del  inmueble habían sido inscritas al día siguiente (9 de enero)  en   el   folio   de  matrícula  inmobiliaria  por  parte  del  Registrador  de  Instrumentos Públicos de Barranquilla.   

2.  Denunciado  tal  comportamiento  por  Carlos  Arturo  Thomas  Miranda  el  30  de marzo de 2004,  la Fiscalía General de la Nación ordenó abrir investigación y  vinculó  a  HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA mediante indagatoria. Ejecutoriado el  cierre  de  la instrucción el 24 de enero de 2007, calificó el sumario el 9 de  agosto   de  ese  mismo  año,  acusándolo  por  los  delitos  de  fraude    procesal    y   falsedad   material   en   documento   público   agravada  por  el  uso,  de  acuerdo  con  lo previsto en los artículos  «453   […],  287  […],  290 del Código Penal parte  especial»1.  El primero, con una pena de  prisión  «de seis (6) a doce (12) años»2;  y el segundo, «de tres (3) a seis (6)  años»3   aumentados  «hasta    en    la   mitad»4.   

La   conducta   materia   de  imputación  consistió  en engañar «a los funcionarios públicos  que  en  razón  de su oficio intervinieron en el acto, léase Notario Único de  Santo  Tomás,  Atlántico, y Director de la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos      de      Barranquilla»5:   

Es  decir,  el  procesado, utilizando poder  espurio  como  medio  fraudulento,  indujo  en  error al notario para obtener la  escritura  pública  021 del 8 de enero de 2004, donde se canceló el patrimonio  de  familia  inembargable  y  con fundamento en esa escritura se protocolizó la  venta  del  lote  4  de  la  manzana 31 del matrimonio  Thomas-Meza  ubicado  en el vecino municipio de Galapa, Atl., a favor de Eloísa  Roa6.   

Esta  providencia quedó ejecutoriada el 22  de          julio          de          20087.   

3.  Correspondió  el  conocimiento  de  la  etapa  siguiente  al Juzgado  Penal       del      Circuito      de      Soledad      (Atlántico),  pero debido a una medida adoptada por  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura (acuerdo 8189 de  16  de  junio  de  2011),  las  diligencias fueron remitidas al Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  Adjunto  de  Barranquilla  el  24  de  septiembre de 2012,  despacho  que  adelantó la audiencia pública y, en sentencia de 18 de junio de  2013,  absolvió  a  HENRY  JOSÉ CARRILLO ARIZA por la conducta de fraude  procesal, pero lo condenó por la  de   falsedad   material   en   documento   público  a cuarenta (40) meses de prisión y veinticuatro (24)  meses  de  inhabilitación  para  ejercer  derechos  y funciones públicas. Así  mismo,  le  concedió la prisión domiciliaria, le ordenó pagar por concepto de  perjuicios  morales  quince  (15) salarios mínimos legales mensuales vigentes y  dispuso  cancelar  la  escritura pública de 8 de enero de 2004, al igual que la  anotación del 9 de enero siguiente.   

Según  el  funcionario a quo, el delito de  fraude         procesal         «no   se   configura   […]  frente a los notarios cuando se  protocolizan     las     escrituras»8. Es decir,  «los  notarios  ni  son  funcionarios judiciales ni  ostentan    la    condición    de    autoridades    administrativas»9    y,    por   lo   tanto,  «no  le  asiste  la  razón  a  la  Fiscalía  para  argumentar  que fue engañada la Notaría en los referidos trámites»10.   

4.  Apelado el  fallo  tanto  por  el representante de la parte civil en cabeza de Carlos Arturo  Thomas  Miranda  como  por  el procesado HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA (el primero,  debido  a la absolución y los perjuicios materiales; y el segundo, en pro de la  prescripción  de  la acción penal), el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Barranquilla,  mediante  decisión  de 10 de diciembre de 2013, (i)   decretó   la   cesación   del  procedimiento  por prescripción en cuanto a la conducta punible de falsedad   material   en   documento   público  agravada  por  el  uso;  (ii)  revocó  la  sentencia  absolutoria  y,  en  su lugar, condenó al  procesado     por     el    delito    de    fraude  procesal,  conforme  a  la  pena  señalada  en  el  artículo  11  de  la  Ley 890 de 2004, a setenta y dos (72) meses de prisión e  inhabilitación;  (iii) le  negó  tanto  la  prisión  domiciliaria  como  la suspensión condicional de la  ejecución   de   la   sanción   privativa   de  la  libertad;  y  (iv)   confirmó  la  restitución  de  derechos y la pena en perjuicios dispuestas por el a quo.   

De  acuerdo con el ad quem, «el  Registrador  de  Instrumentos Públicos que hizo la anotación  final  de  la  compraventa que nos ocupa   es   sin   lugar   a  dudas  un  servidor  público»11     y    «el   acto   de   registro   comporta  la  dimensión  de  un  acto  administrativo;  es  por  ello que, cuando se incurre en error o imprecisiones u  otros   menesteres,   le   caben   inclusive  los  recursos  de  ley»12.    Por    consiguiente,  «no  cabe  duda  […]  que estamos ante un fraude procesal llevado hasta su  final   consumación,  esto  es,  lograr  el  registro  de  propiedad  en  forma  fraudulenta,  induciendo  en  engaño  tanto  al  notario como al registrador de  instrumentos  públicos,  con  el  propósito  deliberado de apropiarse en forma  indebida     del    bien    inmueble»13.   

5.   Contra  la   sentencia   de  segunda  instancia,  el  abogado  de HENRY JOSÉ CARRILLO  ARIZA interpuso, al igual  que               sustentó,   el   recurso   extraordinario  de  casación.   

La  Corte  declaró  ajustada a derecho la  demanda  el 12 de mayo de 2014 y el Ministerio Público presentó el concepto el  20  de  junio  siguiente, en el cual solicitó que se declarara la prescripción  de  la acción penal por el delito contemplado en el artículo 453 de la Ley 599  de 2000.   

II.          CONSIDERACIONES   

1.  Según  el  artículo   83   del   Código   Penal,  la  acción  penal prescribe «en un  tiempo   igual   al   máximo   de  la  pena  fijada  en  la  ley,  […]   pero  en  ningún  caso  será  inferior   a   cinco   (5)   años   ni  excederá  de  veinte  (20)».   

Así  mismo,  el artículo 86 del estatuto  sustantivo   señala   que   dicho   término   «se  interrumpe   con   la   resolución  acusatoria  o  su  equivalente  debidamente  ejecutoriada», caso en el cual éste «comenzará  a  correr  de nuevo por un tiempo igual a la mitad del  señalado  en  el artículo 83». Sin embargo, añade  el  precepto,  tal  lapso  «no podrá ser inferior a  cinco      (5)     años     ni     superior     a     diez     (10)»14.   

Igualmente, ha dicho la Corte que, desde la  perspectiva  de  la casación, cuando el término prescriptivo se agota luego de  proferido    el    fallo    objeto   del   recurso   extraordinario,  «es  deber del funcionario judicial  de  segunda  instancia,  o de la Corte si el fenómeno se produce en el trámite  del  recurso  de  casación,  declarar extinguida la acción en el momento en el  cual  se  cumpla […], ya  sea  de  oficio  o a petición de parte»15:   

Cuando  la prescripción opera después de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  se  debe  decretar  directamente y cesar  procedimiento  con  independencia del contenido de la  demanda  (se prescinde del juicio de admisibilidad) por haberse dictado el fallo  en  forma  válida,  en  cuanto se hallaba vigente la facultad sancionatoria del  Estado16.   

2.    En  este  asunto, HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA  fue  condenado  por el Tribunal como  autor     responsable    del    delito   de   fraude   procesal    de   que   trata   el   artículo  453   de   la   Ley   599   de   2000,  modificado  por el artículo 11 de la  Ley    890    de    2004,    comportamiento    que  además   fue   el   atribuido   en  el  pliego  de  cargos  y  contempla  una  pena máxima de doce (12) años de prisión.   

Lo anterior implicaba que, para la etapa de  instrucción,      el     lapso     prescriptivo  ascendía  a doce (12) años. Y, para la  fase  del  juicio,  éste  no  podía  ser  superior  a los seis  (6).   

Los  hechos del  caso  tuvieron lugar el 8 de enero de 2004, fecha en  la     cual     el  procesado  levantó  con  Eloísa  Roa  Sandoval  la  escritura  pública  que  al  día  siguiente fue inscrita por el Registrador de  Instrumentos Públicos de Barranquilla.   

El  24 de enero  de   2007,   quedó   en  firme  el  cierre  de  la  investigación.    El    pliego    de   cargos   cobró   ejecutoria  el  22  de  julio  de  2008. A partir  de  esa fecha, se produce  legalmente    la    interrupción   del   término  prescriptivo,    lo    que    implica   la   configuración  de  un  nuevo  lapso    para    la  prescripción     que     no    puede  exceder de  los seis (6) años.   

Como  quiera  que  a  esta  altura  de  la  actuación  operó  el  término  prescriptivo  de  la acción penal,   la   Sala   declarará   la  extinción  de  la    acción   penal   por   la   conducta   punible  de  fraude  procesal.   

Así mismo, como en este asunto se ejerció  la  acción civil con el fin de obtener la indemnización de perjuicios derivada  de  la  realización de la conducta punible, la Sala la declarará prescrita. Lo  anterior,   conforme   a   lo   dispuesto   en   el  artículo  98  del  Código  Penal17,   respaldado   por   una   línea   jurisprudencial  de  elevada  reiteración     proveniente    de    la    Sala18.   La  primera  instancia  realizará  todas  las  cancelaciones  y  anotaciones  que  se  deriven de estas  declaraciones de prescripción.   

Por  último, la Corte observa que el juez  de  primera  instancia,  en  decisión  confirmada  en ese punto por el fallo de  segunda19,  dispuso  a  modo  de  medida  de  restablecimiento  del derecho  cancelar  definitivamente  «la anotación número 5  de  fecha  09-01-2004  y  la escritura pública número 0125 del 08-012004 de la  Notaría   Única   de   Santo  Tomás»20.   

Cuando   es   necesario   asegurar   el  restablecimiento  del derecho en cualquier momento de la actuación procesal, la  Sala  ha  precisado  que,  independientemente  de los resultados de las acciones  penal  y civil, la cancelación de los registros obtenidos de manera fraudulenta  deberán en cualquier caso mantenerse:   

En virtud del restablecimiento del derecho,  no   obstante   la  declaración  de  prescripción  de  las  acciones  penal  y  civil,  y  desde  la  perspectiva  de  los fines del  Estado  de  procurar la “vigencia de un orden justo  y    la    preservación    del   derecho   de   propiedad   privada”  (artículos  1,  2  y 58, modificado por el A. L. núm. 01 de  1999  de  la  Constitución  Política),  la  Sala  no  elude  el  compromiso de  restituir  los  bienes  a su legítimo dueño o poseedor pacífico, salvo que se  acredite  mejor  derecho  (cf. artículo 64 inc. 2º, artículo 66 de la Ley 600  de   2000)21.   

Dicha  postura tuvo como base la sentencia  de  la  Corte  Constitucional CC C-060/08, en la cual el alto tribunal adujo que  el  restablecimiento  del  derecho  es  una  garantía  de  orden intemporal que  proviene en forma directa de la Carta Política.   

En palabras de esta Corporación:  

Una   apreciación   articulada  de  tal  antecedente  con  las consideraciones del fallo C-060  de   2008,  permiten  a  la  Sala  advertir  que  el  restablecimiento  del  derecho  de  la  víctima es una garantía intemporal que  dimana   directamente  de  la  Constitución  Política  y  del  cual  no  puede  sustraerse   el  juez;  por  ello,  a  pesar  de  la  prescripción  de  la  acción  como  declaración  objetiva de extinción de la  acción  penal  legalmente contemplada (artículo 38 de la Ley 600; artículo 77  de  la  Ley  906  de 2004), la competencia para hacer este tipo de declaraciones  se  mantiene [negrillas      dentro     del     texto     original]22.   

En  consecuencia,  la Sala confirmará las  decisiones  de  restablecimiento adoptadas por las instancia, con la aclaración  de  que  la  orden  de  cancelar el registro no sólo comprenderá la anotación  número  5,  relativa a la compraventa del inmueble, sino también la anotación  número    4,    atinente   a   la   «cancelación  constitución patrimonio  de     familia»23,  que  fue  el  otro  acto  realizado  por  HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA  con  el  fin de venderle en forma  fraudulenta  el inmueble a Eloísa Roa Sandoval. Para  el   cumplimiento   de  esta  última  decisión,  se  enviará  copia  de  esta  providencia      al     Registrador     de     Instrumentos     Públicos     de  Barranquilla.   

No  se  adoptará  decisión  alguna en lo  relativo  a la libertad del procesado, en la medida en que jamás estuvo privado  de ella por cuenta de este proceso.   

III.  DECISIÓN   

En mérito de lo  expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

Primero.        Declarar  prescritas  las  acciones  penal y civil por la conducta  punible     de     fraude    procesal  atribuida  a  HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA.   

Segundo.  Como  consecuencia  de  lo anterior, ordenar la cesación del procedimiento adelantado  contra         esta        persona.   

Tercero.        Disponer  que  por  conducto  del  juez  de  primera  instancia se  profieran  las  comunicaciones  y  cancelaciones a que haya lugar a raíz de las  decisiones adoptadas.   

Cuarto.         Mantener     las     medidas     de  restablecimiento  del  derecho  ordenadas  por  las  instancias   y  aclararlas  en  el  sentido  de  que  la  orden  de  cancelación  de  registro  no  sólo  comprende  la  anotación  número 5, relativa a la compraventa del predio, sino  también   la   anotación   número   4,  atinente  a  la  cancelación  de  la  constitución de patrimonio de familia sobre el inmueble.   

Quinto.  Enviar  copia  de esta decisión a  la  Oficina  de Registro de Instrumentos Públicos de Barranquilla para lo de su  competencia.   

Contra  esta  providencia,     procede     el     recurso    de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

Presidente   

                                                                                                            

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Salvamento parcial de voto  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Radicación 43716.  

A continuación expreso las razones por las  cuales  salvo  parcialmente  el  voto en el proceso referido, pues estimo que en  este   caso   los   hechos   corresponden   al   tipo   penal   de  obtención  de documento público falso  y     no     a     fraude    procesal.   

El  administrador  de  justicia,  dado  el  control  constitucional  y  legal  que  debe  ejercer  en el cumplimiento de sus  funciones,  tiene  que  velar  porque a la conducta se juzgue y se le asigne las  consecuencias  que  jurídicamente  correspondan  con  base  en  la realidad del  acontecimiento,  sin  que las formalidades puedan autorizar solución diferente,  como  resolver  la prescripción de la acción penal con base en una adecuación  que  no corresponde a la estricta tipicidad de los hechos que dieron origen a la  investigación  penal,  cuando  esta  última hipótesis es el único fundamento  válido y atendible para absolver, condenar o precluir.   

La   Sala,  en  el  radicado  30.693  de  septiembre  7  de  2014,  Acta  298, hizo prevalecer la presunción de inocencia  frente  a  la prescripción del delito de falsedad en  documento privado.   

Además, el criterio expresado es de añeja  data.  La Corte, en providencia de 29 de julio de 1947 (Gacetas 2055-2056), hizo  prevaler  las  garantías, concretamente la inocencia por sobre la extinción de  la        acción       penal       (Antología  jurisprudencial,   Corte   Suprema   de   Justicia,  1886-2006, Tomo V., p.136), al decidir:   

Ha  sido  jurisprudencia  de esta Sala, de  acuerdo  con  un  sano  criterio  de  equidad,  el decretar que siempre que haya  necesidad  de  cesar el procedimiento penal por causa de la muerte del acusado y  cuando  obre la prueba de la inexistencia del delito, se dé aplicación al art.  153  del  Código  de  Procedimiento Penal con base en la absoluta inocencia del  imputado,  con  el  objeto  de que su memoria quede al amparo de cualquier sobra  delictuosa.   

Luego, no es totalmente cierto y justo que  la  prescripción  impida  en  todos  los  casos  hacer valoraciones para que la  decisión  judicial  corresponda  a la verdad objeto del proceso, propósito que  no  se  cumple  si  la  prescripción  de  la acción penal se aplica a conducta  atípica. Las razones en este asunto son las siguientes:   

   

1. Como  la  demanda  interpuesta  por  el  apoderado  de HENRY JOSÉ  CARRILLO  ARIZA fue declarada desde un punto de vista formal ajustada a derecho,  a  mi  juicio la Sala debe resolver de fondo los problemas jurídicos planteados  en  el  escrito, en armonía con los fines de la casación de buscar la eficacia  del  derecho  material,  respetar  las  garantías  de quienes intervienen en la  actuación,   reparar  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  unificar  la  jurisprudencia,  tal  como  lo  consagra  el  artículo  206  de  la  Ley 600 de  2000.   

En  este  sentido,  el  profesional  del  derecho  propuso  dos  temas  de  análisis.  El  primero  tiene  que ver con la  adecuación  típica de la conducta punible de fraude  procesal. Según el demandante, la acción realizada  por  HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA  de  ninguna  manera  implicó la emisión de  sentencia,  resolución  o acto administrativo con trascendencia judicial en los  términos  de  la descripción típica señalada en el artículo 453 del Código  Penal.  Así  mismo,  dijo  que  el  comportamiento del procesado fue ajeno a la  presentación  de  la  escritura  en  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos  Públicos  para  efectos de inscribir y anotar el negocio en el respectivo folio  de matrícula inmobiliaria.   

La postura que el Tribunal había adoptado  al  respecto  consistió  en señalar que el procesado incurrió en el delito de  fraude  procesal en tanto  (i)  el  Registrador  de  Instrumentos     Públicos     es    un    servidor    público   y   (ii)  el   acto   de   inscripción   es   de  naturaleza  administrativa,  sobre el cual proceden incluso los recursos de ley. Además, el  Ministerio  Público  explicó  que del discurso del ad quem era posible extraer  que  el  acusado utilizó a Eloísa Roa Sandoval como instrumento para el fin de  protocolizar  la  venta  del  inmueble  y, por consiguiente, le era imputable la  inscripción   de   la   escritura   y   las   anotaciones   en   el  respectivo  folio.   

De  los  anteriores  planteamientos,  se  deriva  un  problema  jurídico,  frente  al cual la Corte ha proferido tesis no  pacíficas;  esto es, se trata de establecer si la obtención de la inscripción  y  anotación  por  el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  de  un negocio  jurídico  celebrado  con  medios  fraudulentos  afecta  la  administración  de  justicia  y  si,  en particular, encuadra en el delito de que trata el artículo  453 de la Ley 599 de 2000.   

El  segundo  tema  objeto de debate está  relacionado  con la prescripción de la acción penal por la conducta punible de  fraude  procesal, según  se  desprende  de  lo  dicho  por  el  censor  y  el  Procurador Delegado, quien  conceptuó  que  la  acción  penal por este comportamiento prescribió el 22 de  julio  de 2013, pues los efectos de la conducta por la cual el servidor público  fue  inducido  en  error  culminaron  el  día de la inscripción en el registro  (esto es, el 9 de enero de 2004).   

Admitida la demanda, el juez de casación  debe  ejercer  el  control de legalidad rogado por el  demandante,   pero,  más  aún,  debe  extender  el  cumplimiento  de sus deberes para verificar a través del control constitucional  que  los  derechos  y  garantías  de  las  partes,  como  el debido proceso, la  justicia    material    y    la    presunción    de    inocencia,    han   sido  respetados.   

A partir del problema jurídico enunciado,  se  debe  precisar  los criterios de la jurisprudencia para resolver el concurso  aparente  que  se  presenta  frente  a  la  adecuación típica de las conductas  punibles     de     fraude    procesal,   por   un  lado,  y  obtención  de  documento  público  falso,  por el otro.   

2. En el fallo  CSJ  SP,  7  abr.  2010,  rad.  30148, la Sala no casó una decisión de segunda  instancia  respecto  de  la  cual  se proclamaba la violación directa de la ley  sustancial  debido  a  la  aplicación  indebida  del  artículo 453 de estatuto  punitivo.   

De  acuerdo  con  el  demandante  en  ese  asunto,  «por  ser  [el  fraude  procesal] un delito contra la administración  de  justicia  y  el  Registrador de Instrumentos Públicos de Medellín no hacer  parte   de   los   órganos   que  administran  justicia  ni  ejercer  funciones  jurisdiccionales,  el  bien  jurídico  objeto  de  la tutela no sufrió ningún  riesgo  ni  lesión con la inscripción del acta de diligencia de remate y de la  providencia  que  lo  aprueba  como  tampoco  con  su  anotación en el folio de  matrícula         inmobiliaria»24.   

La  Corte,  en  cambio,  concluyó  que  «el  acto  de  inscripción  y  su anotación en el  folio  de  matrícula  inmobiliaria correspondiente por parte del Registrador de  Instrumentos  Públicos,  en  ejercicio  de  su  cargo, y en cumplimiento de sus  funciones,  constituye  un acto administrativo que crea una situación jurídica  particular  y surte efectos frente a terceros, razón por la cual el Tribunal no  incurrió  en  el  error  reprochado  en  la  demanda al dar por estructurada la  conducta    de    fraude    procesal»25.   

Dicha  postura fue sustentada con base en  los siguientes argumentos:   

2.1.  Si bien  «el  fraude  procesal  descrito en el artículo 453  […]  tutela  el  bien  jurídico  de  la  eficaz  y recta impartición de justicia, también protege de  manera     amplia     el     de    la    administración    pública»26.  Lo  anterior, por cuanto  «se  trata  de  un  tipo  penal  pluriofensivo cuya  determinación  se  deriva  del  hecho  de  recaer  la  acción  en  un servidor  público,  acepción  que  debe  ser entendida en los términos del artículo 20  del   Código  Penal»27:   

Por  eso, cuando el tipo penal se refiere  al  servidor público en general, de ningún modo puede inferirse de la función  delimitadora  que  cumple  el  bien  jurídico  que  aquel  concepto  se vincula  estrictamente  con  los funcionarios públicos que administran justicia, con las  autoridades  administrativas  a  las  que  excepcionalmente  la ley les atribuya  funciones  jurisdiccionales  o  con los particulares investidos transitoriamente  de  la  función de administrar justicia, porque la naturaleza pluriofensiva del  comportamiento  y el sentido de la descripción típica permiten señalar que la  protección  penal  abarca  a la resolución o al acto administrativo emanado de  cualquiera de ellos.   

De  modo que el tipo penal, al prever que  la  acción  punible  puede  recaer  sobre  cualquier  servidor  público con la  finalidad  de  obtener  sentencia, resolución o acto administrativo contrario a  la  ley,  no  excluye  a  ninguno  de los relacionados en el citado artículo ni  tampoco  se  refiere exclusivamente a quienes ejercen función jurisdiccional en  los  términos  del  artículo  116  de  la  Carta Política, como lo expresa el  casacionista.   

2.2.   Así  mismo,  la  Corte,  en  la providencia CSJ AP, 31 jul. 2009, rad. 31759, sostuvo  que    los    términos    «resolución   o   acto  administrativo»   contemplados   en   el  tipo  de  fraude         procesal         «no    deberán   entenderse   como  conceptos   cerrados  sino  amplios  en  sus  contenidos  materiales»28.   

En    consecuencia,    «la   conducta   punible  cobija  o  protege  tanto  los  trámites  gubernamentales  como  judiciales,  en  la  medida  que  los medios fraudulentos  mediante  los  cuales  se  induce  en error no están dirigidos en particular al  juez,  a  las autoridades o particulares que ejercen funciones jurisdiccionales,  sino  en  general  al  servidor  público  del  cual  se quiere obtener mediante  engaño  una  resolución  o  acto administrativo contrario a la ley»29.   

3.          Posteriormente,  en la sentencia CSJ SP, 21 abr. 2010, rad. 31848,  la  Sala  casó  un  fallo  de  segunda  instancia  para variar la calificación  jurídica   de   un   fraude  procesal  por   una   falsedad   en   documento  privado, luego de aducir que la conducta de promover  un  trámite  de  sucesión  ante  notario  ocultándole  la existencia de otras  personas  con  derecho  a  heredar  no  se  ajusta  a  la situación típica del  artículo 453 de la Ley 599 de 2000.   

En  principio,  en  el  marco teórico de  dicha  providencia,  la  Corte  apoyó  el  criterio conforme al cual inducir en  error   al  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  constituye  un  delito  de  fraude   procesal,  en  armonía  con  lo  analizado  en  la  decisión CSJ SP, 7 abr. 2010, rad. 30148,  reseñada en precedencia. En palabras de la Sala:   

Sobre  esta  figura  delictiva  resulta  relevante  señalar  que  el bien jurídico protegido por el legislador no alude  exclusivamente  a  las  actuaciones  propiamente  judiciales,  sino  también  a  aquellas  de  carácter administrativo en las cuales haya lugar a adoptar alguna  decisión   que   ponga   fin  a  un  trámite  previamente  solicitado  por  el  interesado.   

Precisamente  por  eso  es  por lo que el  funcionario   inducido  en  error  por  la  acción  del  agente  no  se  reduce  únicamente  a quien ostenta la condición de juez sino, en general, a cualquier  servidor  público.  De  ahí  también  que  la  conducta material del ilícito  contenga  como  elemento  subjetivo  la  pretensión  de obtener “sentencia,    resolución    o   acto   administrativo”,   decisiones   estas   últimas   a   cargo,  justamente,  de  autoridades administrativas.   

Es  por  lo  anterior  por  lo  que quien  promueve  una  investigación  disciplinaria ante la Procuraduría General de la  Nación,  con la pretensión de obtener decisión contraria a la ley, utilizando  para  el  efecto  medio  fraudulento  con  el  cual  induce en error al servidor  público  encargado  de  su  tramitación,  incurre  en  el  ilícito  de fraude  procesal.  Igual conducta comete quien con elemento de la misma naturaleza acude  a  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos con el fin de obtener su  inscripción  como  propietario  de un bien inmueble, sin obtener su titularidad  de             manera            válida30.   

Sin  embargo,  al  entrar  en materia, es  decir,  cuando analizó la naturaleza de la actividad notarial, la Corte enfocó  el  problema  desde  la perspectiva de determinar si el notario estaba investido  para     administrar     justicia,     esto     es,    si    era    (i)    un    funcionario   judicial,  (ii)   una   autoridad  administrativa     con     atribuciones    jurisdiccionales    o    (iii)  un  particular  habilitado para  ejercerlas:   

El  artículo  116  de  la  Constitución  Política,  modificado  por el artículo 1º del Acto Legislativo No. 3 de 2002,  señala  expresamente  los  órganos  que administran justicia, mencionando como  tales  a  la  Corte  Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de  Estado,  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  la  Fiscalía General de la  Nación,  los  Tribunales  y  los  jueces,  así como la Justicia Penal Militar.  Establece   también   que   el   Congreso   ejercerá   determinadas  funciones  judiciales.   

La  misma  disposición,  en  su  inciso  tercero,   prevé   que   la   ley  excepcionalmente  podrá  atribuir  función  jurisdiccional  en materias precisas a determinadas autoridades administrativas.  Sin  embargo,  excepciona la función de adelantar la instrucción de sumarios y  el juzgamiento de delitos.   

De acuerdo con el inciso cuarto del citado  precepto,  los  particulares  pueden también ser investidos transitoriamente de  la  función  de  administrar justicia en la condición de jurados en las causas  criminales,  conciliadores  o en la de árbitros habilitados por las partes para  proferir  fallos  en  derecho  o  en  equidad, en los términos que determine la  ley31.   

La respuesta de la Sala a ese interrogante  (es   decir,  si  el  notario  es  juez,  servidor  público  con  funciones  de  jurisdicción  o  particular  autorizado  para  administrar en forma transitoria  justicia)  no  fue  positiva.  En  primer  lugar,  porque el notario carecía de  atribuciones naturales de actividad judicial:   

Como  se  observa, los notarios no están  incluidos  entre  las  autoridades  con  atribución  natural  para  administrar  justicia.   Queda   entonces   la   posibilidad   de   que   lo   puedan   hacer  excepcionalmente,  bien  por  ser  autoridades administrativas o por ostentar la  condición          de         particulares32.   

En  segundo  lugar, porque ni siquiera se  trataba  de  un  servidor  público y, por lo tanto, tampoco podía considerarse  una   autoridad   administrativa   con   competencia   para   ejercer  actos  de  jurisdicción:   

[S]i bien los particulares que ejercen la  función  notarial  son  autoridades estatales, en cuanto realizan una actividad  de  la  cual  es  titular  el  Estado,  aquellos  no  son, en sentido subjetivo,  servidores  públicos,  por cuya razón no ostentan la condición de autoridades  administrativas.   

Sobre  el  particular,  en  la  sentencia  C-1159   de   2008,   [la   Corte   Constitucional]  señaló lo siguiente:   

“[…]  En  esas  condiciones,  debe concluirse que los notarios,  por  no  ser autoridades administrativas, no pueden ser titulares de la función  jurisdiccional” (subraya la Sala).   

Como  se  observa,  los  notarios  ni son  funcionarios    judiciales    ni   ostentan   la   condición   de   autoridades  administrativas.  Precisamente,  por  esto último tampoco se les puede facultar  para  administrar  excepcionalmente  justicia,  con  apoyo en lo dispuesto en el  inciso   3º   de   la   Constitución   Política33.   

Y  tercero,  porque la Carta Política no  incluye  la  actividad  notarial como una propia de los particulares habilitados  para ejercer funciones judiciales de manera transitoria:   

[A]unque  en  calidad  de  particulares  podrían,   con  fundamento  en  el  citado  artículo  116,  ejercer  funciones  jurisdiccionales,  no puede pasarse por alto que la autorización constitucional  solamente  se  extiende para actuar como jurados en causas criminales, así como  conciliadores  o  árbitros  en  virtud  de  habilitación  por  las  partes  en  ejercicio  de  su  autonomía  de  la  voluntad privada, sin comprender entonces  actividades   como   la   tramitación  de  actuaciones  sucesorales34.   

Esta providencia contó con el salvamento  de  voto  de  un  magistrado,  de  acuerdo  con el cual la decisión mayoritaria  contradijo  lo que se arguyó en la providencia CSJ SP, 7 abr. 2010, rad. 30148,  atinente  a  la  inscripción  y  anotación  por  parte de los Registradores de  Instrumentos  Públicos,  en el sentido de que el bien jurídico afectado con la  realización  del  tipo del artículo 453 del Código Penal no es sólo la recta  y  eficaz impartición de justicia, sino también la administración pública, y  por  lo  tanto la norma igualmente debía proteger la actividad de los notarios,  pues  éstos «cumplen funciones públicas y realizan  trámites  gubernativos  susceptibles  de ser afectados a través de la conducta  punible     de    fraude    procesal»35.   En  palabras del funcionario disidente:   

En   efecto,  en  el  fallo  objeto  de  casación,    el   procesado   […]   fue  declarado autor penalmente responsable de la conducta punible  en   comento,   la  cual  desestimó  la  Sala  apoyada  en  cita  de  la  Corte  Constitucional,  considerando  que  “los notarios,  por  no  ser autoridades administrativas, no pueden ser titulares de la función  jurisdiccional”.   

Acorde con ello, determinó la Sala que no  es   viable   predicar   la   estructuración   del   delito   de   fraude   procesal,   en  cuanto  este  comportamiento  implica  la pretensión de obtener sentencia, resolución o acto  administrativo,  decisiones  que  no  se  encuentran  bajo  el  resorte  de  los  notarios.   

Dicha apreciación contraviene lo decidido  en  reciente pronunciamiento (sentencia del 7 de abril de 2010, radicado 30148),  en  el  cual,  refiriéndose  a un trámite llevado a cabo por un Registrador de  Instrumentos  Públicos,  la  Corte  concluyó  que  respecto de las actuaciones  impulsadas  ante  esas  autoridades, sí se tipificaba el delito de fraude procesal.   

En    esa    ocasión,   […]  se  precisó que por razones de  técnica  legislativa, una conducta que puede encontrarse contemplada en un bien  jurídico  omnicomprensivo es igualmente “objeto de  tutela  en  otro  específico inmerso en él”, como  sucede  en  el  caso de la conducta punible de fraude  procesal,  que  si  bien  se encuentra ubicada en el  título  que protege la recta y eficaz impartición de justicia, también ampara  de manera amplia la administración pública.   

Para  la  Sala,  entonces, se trata de un  tipo  penal  pluriofensivo  cuya determinación se deriva del hecho de recaer la  acción  en  un  servidor  público,  acepción  que  debe  ser entendida en los  términos del artículo 20 del Código Penal.   

[…] Con base  en  la anterior argumentación, la Corte sostuvo que las actuaciones adelantadas  ante  el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  v.  gr.,  la inscripción y  anotación   en   el  folio  de  matrícula  inmobiliaria,  constituye  un  acto  administrativo  que  crea  una  situación  jurídica particular y surte efectos  frente a terceros.   

Avaló,    por    consiguiente,    la  configuración   del  ilícito  de  fraude  procesal  en esas diligencias.   

Por  ello, resulta contradictorio, con lo  que  se  dice  en aquella decisión, lo que se aduce en el fallo aprobado por la  mayoría […].   

Recuérdese  que  los  notarios  realizan  actos  y  trámites  gubernamentales  que  como tales, según lo ha reseñado la  jurisprudencia  de  la  Sala, son susceptibles de tutela a través del delito de  fraude  procesal,  en la  medida,  se repite, que los medios fraudulentos mediante los cuales se induce en  error   no  están  dirigidos  en  particular  al  juez,  a  las  autoridades  o  particulares  que  ejercen  [funciones] jurisdiccionales,  sino  en  general al servidor público del cual  se  quiere  obtener  mediante  engaño  una  resolución  o  acto administrativo  contrario a la ley.   

En este orden de ideas, si la inscripción  de  un  bien  en  la  oficina  de  registro  público  a través del Registrador  respectivo,  como  lo  reconoció la Sala, puede verse afectada por una conducta  delictiva  constitutiva  de  fraude  procesal,  lo  mismo  podría  decirse  con  relación  a  la protocolización de una escritura pública o la inscripción en  el  registro  civil  de  las personas, para citar solo dos ejemplos de trámites  que  realizan  los  notarios,  pues,  en todos estos casos, un servidor público  está  avalando  situaciones  jurídicas  concretas36.   

4.          Al    analizar    los    fallos   en  cita,       se  advierten   dos   (2)  posturas  teóricas  para  los  fines  de  establecer  la configuración típica  descrita en el artículo 453 del Código Penal.   

Por  un  lado, la contemplada en el fallo  CSJ  SP,  7 abr. 2010, rad. 30148, según la cual el  tipo  de  fraude procesal,  al     incluir    las    expresiones    «servidor  público» y «sentencia,  resolución  o  acto administrativo», no sólo busca  proteger  la  administración  de  justicia, sino la administración pública en  general,  de  suerte  que también abarcaría cualquier trámite gubernamental o  de similar índole.   

Y,  por  otro  lado,  la  prevista  en la  sentencia  CSJ  SP,  21  abr. 2010, rad. 31848, que,  aunque  formalmente  ratificaba  la  anterior decisión frente a las actuaciones  ante  el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos37,  sostenía como argumento  central  que  si  el  inducido  en  error  (en  ese  caso, el notario) carece de  atribuciones  de  jurisdicción,  no  sólo  porque  no  ostenta  la  calidad de  servidor  público,  sino  porque  tampoco  se  trata  de  un  particular  o una  autoridad  administrativa  habilitados  para  ejercerlas,  no  se  incurre en el  fraude  procesal.  Este  criterio,  sin  embargo, fue el que precisamente desestimó la Corte en el fallo  CSJ SP, 7 abr. 2010, rad. 30148.   

El  debate,  entonces, tendría que estar  circunscrito  a  establecer  si  la  conducta  de inducir en error a un servidor  público   con   el   propósito   de  obtener  sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario a la ley debería predicarse de actuaciones (ya sea de  índole  judicial o administrativa) en las cuales se debate un derecho o si, por  el  contrario,  comprende  cualquier  acto  gubernamental,  además  de  los  de  jurisdicción, susceptible de producir efectos jurídicos.   

5.   Al  respecto,  el  suscrito  considera  que   el   delito   de   fraude  procesal  se  configura  únicamente  en relación con asuntos  judiciales  o  administrativos  de connotación jurisdiccional, es decir, en los  que  se  induzca  en  error  a  un  servidor  público  con deberes y facultades  concretas   de   decisión,  disposición,  adjudicación  o  reconocimiento  de  derechos  (son  actos  de  justicia),  según  sea el caso. Lo anterior, por las  siguientes razones:   

5.1.   Los  fundamentos   de  la  sentencia  CSJ  SP,  7  abr.  2010,  rad.  30148,  no  son  contundentes. El principal argumento para aducir que  la  conducta  punible de fraude procesal afectaba  no  sólo  la  eficaz  y  recta impartición de justicia  (sino,  en  un  sentido más amplio, la administración pública) radicó en que  el  tipo  del artículo 453 del Código Penal se refería como sujeto materia de  inducción     en     error     al     «servidor  público».   

Tal   argumento   no   es   unívoco  y  aceptándose  como  válido  no  hace  prevalecer  el bien de la administración  pública  por sobre el de la impartición    de    justicia   en   el   fraude  procesal.   Esa   lectura,   en   todo   caso,   se  aleja  la  claridad y precisión de la redacción de  la     citada     conducta    punible.  Desconoce  el  principio  de  estricta  legalidad  y tipicidad, pues involucra conductas de  autoridades  administrativas que no resuelven asuntos  litigiosos,   derechos  de  partes  y  cuyo  fin  es  estrictamente cumplir una función administrativa.   

Admitir,  como hasta ahora lo ha hecho   la   jurisprudencia,   que  la  naturaleza      pluriofensiva      del     fraude  procesal  es suficiente para la consumación de esta  conducta  que  se ofenda a  la      administración     pública,   así   no   ocurra  lo  propio  con  la  administración  de justicia, para involucrar en  ese   ilícito   todo   acto   administrativo  obtenido  con  fraude,   no   es  más  que  un  equivocado  entendimiento  de  esa  modalidad  de  protección  del  legislador, como pasa a  demostrarse.   

Los  tipos penales pluriofensivos amparan  un  número  plural  de  intereses jurídicos, lo que  debe entenderse bajo los siguientes parámetros:   

(i)  No  significa  que  los  bienes      tutelados      secundariamente     desplacen     al     principal.   

(ii)  Tampoco  debe  entenderse  que  uno  de los intereses  subsidiarios  de  manera  independiente  en otro tipo  penal       pueda      tutelar      la             conducta          como  otra  modalidad  delictiva, precisamente por poner en riesgo  en un caso dado el bien jurídico primigenio.   

(iii)  Que  el  bien  jurídico  principal  que  el  legislador  selecciona para ubicar el tipo penal no deba ser  agredido  o  puesto  en peligro de manera grave no es  un   criterio   válido   en   todos   los  casos  para  interpretar  los  tipos  pluriofensivos,        sin        la ofensa a  ese  interés  la  acción  no  es  típica  de  esa  descripción,  podrá  serlo de otra y al amparo de un bien jurídico diferente.  Y  ello es así porque si  una  conducta óntica no estructura la totalidad de los elementos del tipo penal  y  el  bien  jurídico  es  uno  de  ellos,  no  habrá adecuación sin  atentar  contra el bien principalmente protegido,   a   lo   sumo  la  conducta  corresponderá  a  otra  tipicidad  si así está prevista.   

iv)          En          los          tipos  pluriofensivos, cuando no  se      pone      en      riesgo      el     bien     jurídico     principal,  pero  el  legislador  no  previó una modalidad delictiva al amparo del interés  subsidiario,   es   una  situación  en  la  que  es  suficiente  para  la  tipicidad  que  se reúnan las  demás    exigencias    del    tipo    conforme    al    derecho    principal   resguardado  por  la  ley  penal.   

De  no  interpretarse  de  la       manera      indicada   los  tipos  pluriofensivos  habrá           que           admitirse          entonces          absurdamente  que los titulares de los  bienes  jurídicos  principales  y  subsidiarios  serían  sujetos pasivos de la  conducta  punible,  cuando  de manera pacífica se admite que solamente lo es el  titular   del  bien  jurídico  afectado.   

En  la  doctrina  nacional  se afirma que  «en      los      tipos     de     conducta   pluriofensiva   cuando  no  existe  el bien jurídico primariamente tutelado y se vulnera el subsidiario, la  conducta  será  típica  respecto de él si se acomoda a todos sus elementos, o  típica   respecto   de  aquel  que  protege  por  separado  el  bien  jurídico  secundariamente  tutelado  en  el  tipo  primitivo, en la medida en que aquel se  subsuma   plenamente»38.   

El  argumento  referido  en  el  párrafo  anterior   es  incompleto  en  su  primera  premisa.  Si  el  bien  jurídico  primario  no existe bajo el  entendido  de  que no es  lesionado,   no   puede   decirse   que   la   tipicidad  persiste  si  no  se  verifica  la consagración de la conducta en otro tipo  penal  y  solamente  a  falta  de  ello  el examen de adecuación procederá con  fundamento  en  el  interés subsidiario si concurren  los   demás  elementos   

La anterior precisión se corrobora con la  segunda premisa del párrafo que se viene comentando  de  la  doctrina nacional,  en   cuanto  a  que  de  resultar  la  conducta  atentatoria solamente del bien jurídico secundariamente  protegido          será         típica del  “tipo             primitivo”, lo que  se antoja la solución  como  la que deviene acertada pues ha de entenderse que  el  legislador  en  descripción diferente ha regulado la conducta, precisamente  porque   el  bien  jurídico  principal  no  se  sacrifica  dada  una  exigencia  específica   que   se   quiere   tutelar  y  sin  la  cual  la  adecuación  se  traslada  a otra modalidad delictiva, además de que  no    se    dan    los    demás    requisitos   para   admitir   esta   última  tipicidad.   

Los   conceptos  expresados,    aplicados   a   las   conductas  fraudulentas  que  obtienen  un  acto  administrativo,  obligan  a  precisar que  algunos  ofenden  a  la  vez  la  administración pública o la fe pública y la  eficaz  y  recta impartición de justicia (fraude en un proceso de jurisdicción  coactiva   o   disciplinario),   otros   por   cumplir  meramente  una  función  administrativa  ofenden únicamente la administración pública o la fe pública  (fraude  para  obtener  un  documento  público  falso  como  la inscripción en  catastro,  industria  y  comercio,  registro  civil  de nacimiento o defunción,  oficina de registro de instrumentos públicos).   

Nótese  entonces  que  cuando  el  acto  administrativo   no  ofende  el  bien  jurídico  primario  (administración  de  justicia),  la  lesión  o  el peligro es exclusivo del interés o los intereses  secundarios  (administración pública o de pública), lo que obliga a trasladar  el  encuadramiento  típico  al  título  en donde la Fe Pública es principal y  bajo  cuyo  amparo  se  describe el fraude al servidor público para reprocharlo  como obtención de documento público falso.   

En    el    tipo    de   fraude  procesal,  si  en el juicio de  lesión  se  prescinde  del  bien jurídico de la recta y eficaz impartición de  justicia,   como  la  administración  pública  o  la  fe  pública,  conforme  lo  ha venido haciendo la  jurisprudencia  de la Sala hasta ahora, descontextualiza la descripción típica  del  fraude  procesal,  se aparta de la voluntad del legislador quien eligió al  primero   de   los  intereses  jurídicos  señalados  como  el  llamado  en  el  fraude   procesal   a  prevalecer  en  el campo  del   derecho   penal   mínimo,   porque  de  no  entenderse  así  el  alcance  interpretativo  corresponde  a  una  criminalización expansionista o de derecho  penal máximo.   

Y,    de  hecho,  ha aducido la doctrina, en relación con los  tipos   pluriofensivos,   que   «[a]  pesar  de  la  pluralidad  de  bienes a que la conducta típica se refiere, el legislador ubica  estos  tipos  dentro  del  título  que  protege  el  bien  que  considera  más  importante  o más hondamente lesionado»39.   Es  decir,  que en el caso del artículo 453 de la Ley 599 de 2000, siguiendo con la  postura  de  la Sala en el fallo CSJ SP, 7 abr. 2010,  rad.  30148,  el  bien  jurídico  principal  que  se pretende amparar de manera  preferente es la eficaz y recta impartición de justicia.   

El  artículo  453  sólo  se  predica de  procesos     judiciales     o     administrativos     con    connotaciones    de  jurisdicción.    El  interés  jurídico  tutelado  sería  principalmente  la  recta impartición de  justicia,  de  manera  que  sólo  podría  hablarse de una posible lesión a la  administración  pública o fe pública cuando de actuaciones administrativas de  naturaleza  jurisdiccional  se  tratase,  en  tanto  la atribución de funciones  judiciales  a  esas  autoridades  es excepcional, por mandato del inciso 3º del  artículo  116  de  la Carta Política, modificado por el Acto Legislativo 03 de  2002:   

Artículo     116-.    […]  / Excepcionalmente la ley podrá  atribuir   función   jurisdiccional   en   materias   precisas  a  determinadas  autoridades  administrativas.  Sin  embargo  no les será permitido adelantar la  instrucción de sumarios ni juzgar delitos.   

En   el   fallo  CSJ  SP,  7  abr. 2010, rad. 30148, para sostener  la   tesis   según   la  cual  el  fraude  procesal  se configura cuando se induce en error a un servidor  público  en  cualquier  actuación  judicial  o  gubernamental,  consistió  en  afirmar   que   la   frase   «resolución  o  acto  administrativo»  debía  entenderse  en  un sentido  amplio     en     cuanto     a     sus     contenidos     materiales:   

Desde   la   perspectiva   del  derecho  sustancial,  objetivo  máximo  de  la casación penal entendida como control de  constitucionalidad  y  legalidad  de las sentencias  de  segundo  grado,  se  hace  necesario  reiterar que  dentro   de  los  términos  “resolución  o  acto  administrativo”   se   implican   toda  clase  de  decisiones  entre  las que se encuentran autos interlocutorios o providencias de  autoridad  judicial  o  gubernativa.  En  esa  perspectiva, si bien es cierto el  nombre  de  aquéllos  deriva  del derecho procesal, no deberán entenderse como  conceptos   cerrados  sino  amplios  en  sus  contenidos  materiales40.   

Por tanto, aun bajo la concepción de ser  el  fraude  procesal  un  tipo  penal  pluriofensivo,  si  el acto administrativo no atenta contra el bien  jurídico principal no procede la adecuación en ese tipo penal.   

5.2.   El  artículo  453  del  Código  Penal fue inicialmente concebido por el legislador  como  un  delito  que  afecta única y exclusivamente  a la administración de justicia.   

En la Ponencia  para  primer  debate  en Comisión Primera de la Cámara del Proyecto de Ley por  el  cual  se expide el Código Penal, que culminó en  la  Ley 599 de 2000, se sostuvo como fundamento de la punición del fraude     procesal     que    dicho  «comportamiento  […]  es  de aquellos de común ocurrencia, prácticamente  se  constituye  en  un  lastre  para  la  administración de justicia, siendo un  elemento   perturbador  que  es  necesario  combatir  con  severidad».  Es  decir,  que  el  interés  jurídico  tutelado continuaba  siendo,  al  igual  que  en el código pasado, la administración de justicia o,  como   se   le   denominó   en   el   actual   estatuto,   su  recta  y  eficaz  impartición.   

Adicionalmente,   en   la  Exposición  de  motivos  del  Proyecto  de Ley Número 40 de 1998  Senado,  se sostuvo acerca del bien jurídico en los  delitos  contemplados  en el Título XVI («contra la  recta  y eficaz impartición de justicia») de lo que  hoy  en  día  equivale  al Código Penal que «no se  trata  de  proteger  sólo  los  atentados  contra  la  justicia en términos de  organización  formal,  sino  todo  agravio o atentado contra los mecanismos por  medios  de  los  cuales  se  discierne  y  se  reconoce  el  derecho»41. En otras palabras, que el  ámbito  de  cobertura  de  los delitos cobijados por aquel Título no podía ir  más  allá  de  las actuaciones en las cuales hubiese actividad jurisdiccional,  así  formalmente no pertenecieran a esta última, es decir, a aquellos procesos  administrativos  en los que se adjudica o debate la titularidad de un derecho en  determinada persona.   

La  anterior  postura  admite  una única  interpretación  del  artículo  453  de  la  Ley  599 de 2000: la obtención de  sentencia,  resolución  o acto administrativo buscada por el sujeto agente debe  materializarse   en   relación   con   actuaciones   que   conlleven  funciones  jurisdiccionales,  de  corte  judicial  o  administrativo,  porque sólo de esta  manera    podría    afectarse    la    eficaz    y    recta   impartición   de  justicia.   

5.3.  Tanto el  Título   XVI   en   donde   se   halla   consagrado   el  tipo  («delitos    contra    la    eficaz    y   recta   impartición   de  justicia»)   como   el   rótulo   que  lo  define  (fraude procesal) indican  sin  lugar  a  dudas que la conducta se predica solamente de procesos, bien sean  judiciales  o  administrativos,  que  en tanto tales presuponen una discusión o  pretensión de parte acerca de la existencia de un derecho.   

En  efecto,  además de los elementos del  tipo,  también  el  rótulo  (o  denominación jurídica) y el bien jurídico a  cuyo   amparo   el   legislador   describe   una   conducta  constituyen  reglas  hermenéuticas  que  permiten  en  el  proceso  de  adecuación  fijar  tanto el  contenido   como   el  alcance  en  su  aplicación  dentro  de  una  situación  específica dada.   

Por  un lado, es incuestionable dentro de  la  categoría  de  la  tipicidad  la función de sistematización que cumple el  bien  jurídico,  entendida  ésta  como  un  criterio  de  clasificación  para  organizar  en  capítulos  y títulos los tipos, de suerte que en ellos quedará  inscrito  no  sólo el objeto principal de su protección, sino además un punto  de   apoyo   válido  en  aras  de  delimitar  su  configuración,  precisar  la  antijuridicidad  material,  emplearlo  como  argumento  de  política criminal o  determinar  el momento consumativo de la conducta, entre otras orientaciones. De  ahí  que  en  el  evento  de  obviar esta función sistematizadora del interés  jurídico,  además  de  suplantar  la  voluntad legislativa, se terminaría por  penalizar  conductas  no correspondientes a la descripción legal o que podrían  adecuarse  a  previsiones  de otras normas penales ubicadas en bienes jurídicos  distintos,    tarea    que    en    cualquier    caso   le   está   vedada   al  intérprete.   

Por otro lado, la alusión a ‘proceso’  en  el  rótulo  de  fraude    procesal   comprende   toda  actuación  (judicial  o  administrativa)  que  implique  el cumplimiento de una  función jurisdiccional.   

En un sentido amplio, debe entenderse por  ‘proceso’  los  trámites  o  las etapas que  progresivamente  se  cumplen  para ejecutar una función por una autoridad en el  ámbito  judicial,  administrativo o legislativo. En un sentido restringido, sin  embargo,                ‘proceso’  es  aquel caracterizado por un fin específico, vinculado de manera inescindible  con  la  administración  de  justicia,  que consiste en resolver en derecho una  controversia  contenciosa  o  voluntaria  en  un  caso  concreto,  por autoridad  administrativa o judicial.   

Para  estos  efectos,  hay que distinguir  además   entre  (i)  el  proceso    administrativo    y    (ii)  el  procedimiento  (o  trámite)  administrativo.  El primero es  aquel   rito   en   el  cual  se  cumplen  de  manera  necesaria  las  funciones  administrativa  y judicial dentro de una situación específica. Y el segundo es  aquel   que,   si  bien  culmina  con  un  acto  administrativo,  conlleva  como  manifestación  de  la  administración  pública  el  cumplimiento exclusivo de  funciones   administrativas,  siendo  ejemplo  de  esta  última  situación  el  trámite  que  sigue a radicar un certificado médico de nacimiento para que por  medio  de  su  respectiva calificación el Registrador del Estado Civil autorice  inscribir el registro civil de determinada persona.   

En  la  doctrina  se  ha  precisado  la  distinción  entre  proceso  y  procedimiento  administrativo  de  la  siguiente  forma:   

En   efecto,   razones   históricas  y  políticas   han   dado   a   la   idea  de  proceso  un  significado  más  alto y valioso que el de mera  secuencia  de  actos estatales destinados a un fin determinado: Le han atribuido  la  característica fundamental de ser una secuencia de actos que tienen por fin  decidir  una  controversia entre partes (litigio) por  parte   de   una   autoridad   imparcial  e  independiente  (juez)  con  fuerza  de  verdad  legal  (autoridad  de  cosa  juzgada). No  importa  fundamentalmente,  tal vez, que el acto del juez resuelva estrictamente  un   litigio,   o   que  en  cambio  se  refiera  a  las  materias  llamadas  de  “jurisdicción  voluntaria”;  pero  sí es fundamental que el acto final del  proceso  sea  un  acto  judicial,  es  decir,  una  decisión proveniente de una  autoridad   imparcial   e   independiente,   “desinteresada”   respecto  del  proceso.   

Aplicar  el  concepto  de  proceso   a  todo  conjunto  de  actos  dirigidos  a  la  formación  o la aplicación de normas jurídicas (sean éstas  jurisdiccionales,  administrativas  o judiciales) implica quitarle ese carácter  fundamental  y  tradicional  de  medio  o  técnica  para  la administración de  justicia.  Bien es cierto  que  también la actuación de los órganos administrativos y legislativos está  sujeta  a  ciertos  principios  constitucionales  básicos y también comunes al  proceso,  y  que  igualmente tienen en definitiva como principio rector el de la  justicia:  pero  no  por  ello puede olvidarse que es precisamente en el proceso  judicial  donde se hará la determinación definitiva y correctora del derecho y  la  justicia  en  un caso concreto, controlando y eventualmente prescindiendo de  la   actuación   y   las   conclusiones   de   los   órganos   legislativos  y  administrativos.  Por  esas  razones  y  por  la  conveniencia de establecer una  diferencia  terminológica entre el conjunto de actos de la administración y el  conjunto  de  actos  judiciales  que  versan  sobre actos de la administración,  creemos     preferible     mantener     la    designación    de    proceso    estrictamente   para   el  proceso             judicial.   

[…]   Es  necesario  ahora  distinguir  proceso  y  procedimiento.  Proceso es un concepto  teleológico,  procedimiento   un   concepto  formal.  Al  hablar  de  proceso  se  destaca  que  el conjunto de actos en  consideración  tiene  por  finalidad  esencial llegar al dictado de determinado  acto:  En el concepto que adoptamos, ese acto es el jurisdiccional. Al hablar de  procedimiento,  por el contrario, se prescinde del fin que la secuencia de actos  pueda  tener, y se señala tan solo ese aspecto externo, de que existe una serie  de actos que se desenvuelven progresivamente.   

Por  ello  el  proceso y el procedimiento  tienen  de común que ambos son una serie o sucesión de actos coordinados; pero  mientras  que  la  mera  serie  o  sucesión  de  actos  coordinados  basta para  constituir  un  procedimiento,  no  alcanza  para  caracterizar un proceso. Todo  proceso,  “por  ser  su  primer  elemento  una  serie  o  sucesión  de  actos  coordinados,    implica    el    procedimiento;   todo   proceso   comporta   un  procedimiento”;  pero  en  cambio  no todo procedimiento implica o comporta un  proceso.   

En  efecto,  es  obvio que restringido el  concepto  de  proceso  sólo  a  aquel que tiene por objeto realizar la función  jurisdiccional  a  través  de  órganos imparciales e independientes, todas las  series  de actos realizados en cumplimiento de alguna función estatal quedarán  englobados   dentro   del   concepto  genérico  de  procedimiento  […].   

Se  sigue de lo anterior que al hablar de  derecho   procesal  nos  estaremos  refiriendo  únicamente  a  las  ramas  de la ciencia del derecho que  estudian  las  normas  que  rigen  los  distintos  procesos  judiciales:  Civil,  comercial, penal, contencioso-administrativo.   

Respecto  al  último, es de destacar que  modernamente  se  ha  simplificado  la  denominación, y en lugar de hablarse de  proceso  contencioso-administrativo  (o  sea,  contiendas ante la justicia de un  particular  contra la administración), se prefiere designarlo como proceso  administrativo, el cual será  estudiado   entonces   por   el   derecho  procesal  administrativo.   

En  tal  terminología,  por lo tanto, el  derecho   procesal   administrativo   se   refiere   sólo  a  los  procesos  judiciales   contra  la  administración,   y   no  abarca  el  estudio  del  procedimiento    administrativo    en    que    se   desenvuelve   la   función  administrativa42.   

En  este  orden  de  ideas,  el delito de  fraude  procesal, como su  denominación   jurídica  lo  indica,  sólo  debería  predicarse  de  los  procesos administrativos, es  decir,  de  cualquier  actuación  de  esa índole que conllevase en el servidor  público    funciones   de   jurisdicción,   y   no   de   los   procedimientos  administrativos,  esto  es,  de los trámites ante la administración que tienen  fines  distintos  al  de  resolver  un  conflicto  decidiendo  o  adjudicando un  derecho.   

5.4.   La  opinión  dominante  en  la  doctrina  nacional  ha considerado que el delito de  fraude  procesal alude a  procesos  judiciales  y  administrativos de carácter dispositivo o decisorio, y  no  a  cualquier  actuación  o  trámite  gubernamental,  debido  no  solo a la  función  del  bien  jurídico  que  la norma pretende proteger, sino además al  rótulo previsto en el tipo. Por ejemplo:   

El medio fraudulento, expresión eliminada  al  revisar  los proyectos de 1979 y reinstalada después sin que se conozca por  quién  ni  cuándo,  es  forzoso  que  se emplee en un proceso jurisdiccional o  administrativo,  pues  el  título  del artículo es parte del texto y en él se  enuncia      precisamente      el      “fraude  procesal”43.   

Uno  de  los  requisitos que presupone la  acción  descrita  e  indicada  con  el verbo inducir  es   la   existencia   de  un  proceso  judicial  o  administrativo,  sea de carácter civil, laboral o contencioso administrativo, o  bien  trátese  de  actuaciones  cumplidas  por  autoridades administrativas con  poder   legal   dispositivo   y   decisorio,   como   ocurre  con  los  llamados  “jueces   de   ejecuciones   fiscales”  que  funcionan por cuenta de las secretarías de Hacienda. De  suyo    esta    figura    adopta   el   específico   nombre   de   fraude  procesal  y esto es tanto como  decir  “dentro del proceso”. Más aún, la tipicidad mencionada advierte que  el  defraudador  pretenderá  que el juez o empleado oficial, haciendo uso de su  poder  decisorio,  dicten sentencia o resolución o acto administrativo, para lo  cual  lo  engaña, a fin de obtener una decisión esencialmente injusta. Supone,  por  tanto, que quien todo esto hace está actuando dentro de los límites de un  proceso,  en el cual va a ser oído y merece respuesta, según la ley; y que del  funcionario   con   poder   decisorio  se  espera  una  providencia  judicial  o  administrativa  con aptitud dispositiva de bienes, según la misma ley. Entonces  el  fraude  procesal se mueve, exclusivamente, en la esfera del proceso judicial  o  administrativo.  /  Precisamente porque el ámbito de ejecución de un fraude  procesal  es el proceso mismo, se tiene como un delito contra la administración  de  justicia.  El fraude busca el engaño del juez con el fin de hacerlo adoptar  decisiones   injustificadas,  pero  conforme  a  la  ley,  que  despojen  a  una  contraparte   de   sus   derechos,   en  beneficio  del  defraudador44.   

[H]ay  que  tener  presente  siempre  el  concreto  y  específico  interés  jurídico  tutelado,  que  es únicamente la  administración  de  justicia y no otro; de esa manera, no puede ser punible, al  menos     como     fraude    procesal,  el  engaño  para obtener acto administrativo o resolución que  no   tenga   el   carácter   de   judicial,   […]  esencialmente   por   ausencia   de    objeto  jurídico,   porque   no   es   posible   vulnerar  o  poner  en  peligro  a  la  administración  de  justicia  con  comportamientos  que nada tienen que ver con  ella45.   

5.4.  También  la  jurisprudencia de altas corporaciones, tanto de la Corte Constitucional como  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, han sostenido la opinión de acuerdo con la  cual     el     fraude    procesal    únicamente  se  realiza  cuando  se induce en error a un servidor  público con poder coercitivo de decisión.   

Por  un lado, la Corte Constitucional, en  el  fallo CC C-1164/00, mediante el cual declaró exequible el artículo 182 del  Decreto       Ley       100      de      198046  (actual artículo 453 de  la        Ley        599       de       200047),  no  sólo  especificó  que  «lo  que  determina  que la ley haya definido  esta  conducta  como  punible  es  el  bien  jurídico  de la administración de  justicia»48,  sino  adujo  igualmente  que    «para   la   consumación   del   ilícito  […]  sólo requiere,  como  fácilmente  se colige de su simple lectura, que se produzca la inducción  en      error      para     obtener     una     decisión     ilegal»49,  con  lo  cual ratificó  que  la  expresión  «sentencia, resolución o acto  administrativo»  debe  referirse a las actuaciones  judiciales  o administrativas en las que el servidor público ostenta facultades  decisorias.   

Por otro lado, la Sala, en la providencia  CSJ  AP,  31  jul.  2009,  rad.  31759    (citada    por    la   Corte   en   el   fallo   CSJ  SP,  7  abr.  2010, rad. 30148),  señaló   que   el  fraude  procesal  ocurre  en actuaciones judiciales o administrativas en las cuales  haya discusión de derechos de una determinada persona:   

El  delito  por el que resultó absuelto  […],  como su propio  nombre   específico   lo   indica,   es   un  injusto  típico  intra-procesal,  entendiéndose   desde   la  teoría  por  proceso  una  actuación  judicial  o  administrativa  en  la  que  hay  contención y discusión de derechos de alguna  persona  determinada,  de lo cual se infiere que la autoría y dominio del hecho  del  mismo  está  radicada  de  manera  exclusiva en los sujetos procesales que  intervienen  como  partes  al  interior  de  un  trámite  que corresponda a las  naturalezas en mención.   

[…]  Puede  afirmarse  que para la consolidación del elemento normativo “induzca en error  a   un   servidor   público   para   obtener   sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario a la ley”, como es de su esencia, se requiere que al  interior  de  la  actuación judicial o administrativa en la que haya discusión  de  derechos  de  alguna  persona  determinada,  el  sujeto  como  parte hubiese  colocado   en  acción  instrumental  o  en  algunos  casos  medios  probatorios  fraudulentos,  los  que  como  instrumentos  tengan la idoneidad para inducir en  error,  sin  que  para su consumación se exija la generación ni el efecto real  del  error50.   

5.5. Y, en el  derecho  comparado, la situación no ha sido diferente. En países como Italia y  México,   las  redacciones  de  los  tipos  que  corresponden  al  fraude  procesal  colombiano no dejan  duda  alguna  en  cuanto  a  que su ámbito de aplicación se circunscribe a los  procesos  judiciales o administrativos. Así, el artículo 374 del Código Penal  italiano señala:   

Artículo  374-.  El  perito  que, en la  ejecución  de  un dictamen pericial, o el que, en el curso de un proceso civil,  administrativo  o  penal, o anterior a este último, cambien artificiosamente el  estado  de  lugares,  de  cosas o de personas, con el fin de engañar al juez en  una   diligencia   de   inspección  o  de  reconstrucción  judiciales,  serán  castigados,  si  el  hecho  no  estuviese  previsto  como infracción por alguna  disposición  legal  especial,  con  reclusión  de  seis  (6)  meses a tres (3)  años.   

Y,  a  su  vez,  el  artículo  310  del  estatuto penal de México Distrito Federal contempla:   

Artículo  310-.  El que para obtener un  beneficio  indebido  para  sí  o  para otro simule un acto jurídico, un acto o  escrito  judicial  o  altere  elementos  de  prueba  y los presente en juicio, o  realice  cualquier  otro  acto  tendiente  a  inducir  en  error  a la autoridad  judicial  o  administrativa, con el fin de obtener sentencia, resolución o acto  administrativo  contrario  a  la  ley, se le impondrán de seis (6) meses a seis  (6)  años de prisión y de cincuenta (50) a doscientos cincuenta (250) días de  multa.   

Y,  en  la doctrina de este país, se ha  dicho   al   respecto   que  el  delito  de  fraude  procesal  sólo  podrá  producirse  dentro  de una  actuación  con  carácter  de  proceso,  es decir, aquella en la que se decida,  resuelva o adjudique un derecho:   

Fraude procesal significa falsedad en una  actuación     procesal     (judicial     o     administrativa)     […]   

Es  decir,  que  el  fraude  procesal es  realizado  por  cualquier persona que interesada en resolver un asunto jurídico  que  se  está  conociendo  en  alguna institución judicial provoque un error a  través  de  informaciones  falsas  para obtener un beneficio en consecuencia de  esa  información,  la  cual  no  habría sido obtenida si la información fuese  verídica.   

[…]  Para  que  exista  el  fraude procesal es necesario que haya una actuación judicial o  administrativa  ante  los  correspondientes  funcionarios y que dentro de éstos  deba resolverse algún asunto jurídico.   

El  fraude procesal significa inducir al  error  en  los procesos judiciales o administrativos, es la forma más común de  desvirtuar  el bien jurídico de la administración de justicia, desviarla de su  verdadera    función    que    es    la    protección    de   las   relaciones  jurídicas51.   

6.  Ahora  bien,  definido como está que no todos los actos administrativos emanados de un  servidor  público  a  quien  se  le  haya  inducido  en  error  son  materia de  protección   en   el  delito  de  fraude  procesal  contemplado  en  el  artículo 453 de la Ley 599 de  2000,   es   oportuno  preguntarse  qué  tipo  de  actuaciones  administrativas  quedarían comprendidas por la norma.   

La  respuesta tiene que fundamentarse en  el  inciso  3º  del artículo 116 de la Constitución Política, de acuerdo con  el   cual   «la   ley  podrá  atribuir  función  jurisdiccional    en    materias    precisas    a    determinadas    autoridades  administrativas».   

Un ejemplo de esta atribución en materia  de  facultades  judiciales  a entidades administrativas por parte del legislador  sería  la  consagrada  en  el  artículo  24  de la Ley 1564 de 2012, o Código  General del Proceso.   

Estas   atribuciones,   por  supuesto,  deberán  entenderse en términos de restricción y excepcionalidad, tal como lo  reiteró  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  CC  C-436/13, en la cual  declaró  exequible  la  asignación  de  funciones  judiciales  a la Dirección  Nacional  de Derechos de Autor prevista en el ya citado artículo 24 del Código  General            del           Proceso52:   

Está constitucionalmente ordenado que la  atribución  de  funciones  jurisdiccionales  sea  excepcional.  Ello tiene como  efecto  la  exigencia de interpretar restrictivamente las normas que asignen tal  tipo  de  funciones  y  un  deber  de  evitar  que  su atribución constituya la  regla general.   

Así  mismo, en armonía con lo previsto  en  el parágrafo final del artículo 24 del Código General del Proceso, habrá  funciones  legales  concedidas  a  autoridades  administrativas en las cuales el  legislador  no  se refiera de manera expresa a su carácter jurisdiccional o tan  solo  gubernamental  y cuya tal condición, para efectos de la adecuación en el  fraude    procesal,  deberá ser establecida por el juez en cada caso.   

Para ello, sin embargo, la jurisprudencia  constitucional  ha  desarrollado  una  serie de aspectos reguladores que en todo  caso  no  tienen  por  qué  considerarse  de  aplicación mecánica, rigurosa o  inflexible,  en la medida en que podrían entrar en conflicto dependiendo de las  singularidades  del  trámite en cuestión, dado que su mayor o menor relevancia  dependerá de las condiciones objetivas de cada asunto.   

Al respecto, la Corte Constitucional, en  el  fallo  CC  C-863/12,  por medio del cual declaró inexequible la facultad de  los  notarios  para  para practicar pruebas con fines judiciales (contemplada en  ciertos  incisos  del artículo 113 de la Ley 1395 de 2010), concluyó que dicha  actividad  era  de  orden judicial y con tal propósito desarrolló criterios en  aras  de  distinguir el carácter jurisdiccional o simplemente administrativo de  todo   acto  adelantado  por  servidor  público.  Estos,  conforme  a  la  alta  corporación,  son  de diversa índole, tanto de carácter formal como material,  de  suerte  que  su  procedencia  estará sujeta a la lógica de cada situación  particular. En palabras de la Corte Constitucional:   

La  jurisprudencia  de  esta  Corte  ha  mencionado   algunas   características   y   criterios  para  dilucidar  si  un  determinado  acto  o actuación tiene naturaleza jurisdiccional, y si, por ende,  es  propio  de la función de administrar justicia. Sin embargo, ha aclarado que  dichos  criterios  no  tienen  un carácter conclusivo o excluyente de otros que  puedan  resultar  adecuados  para resolver un determinado problema jurídico que  requiera dicha distinción.   

[…]  En  síntesis,   ha   reconocido   la   jurisprudencia   de  esta  corporación  las  dificultades  que en ocasiones presenta la definición acerca de si una función  atribuida  a  una  autoridad  o a un particular es de naturaleza jurisdiccional,  pero  también  ha  destacado  la  importancia  que tal distinción presenta, en  situaciones  similares  a  la  que  ahora  enfrenta  la  Sala,  para  definir la  constitucionalidad  de determinadas atribuciones. Para el efecto ha aplicado una  serie  de  criterios  que  sin  ser  exhaustivos,  ni  de aplicación mecánica,  cumplen      una     finalidad     orientadora53.   

Así,   de   esta   manera,  la  Corte  Constitucional   ha   señalado   como   factores  dignos  de  tener  en  cuenta  «la   potestad   decisoria   y  adjudicatoria  de  derechos,   […]  el  carácter  contencioso  de  la materia que origina la actuación y la naturaleza  coercitiva     del    procedimiento»54:   

Como se indicó, la función esencial de  la  administración  de  justicia es declarar si existen o no los derechos y, en  caso  afirmativo,  quién  es  su  titular.  Adicionalmente,  aquella asegura la  efectividad  de  los  derechos  ciertos,  mediante  un procedimiento coercitivo,  cuando    las    personas    llamadas    a    satisfacerlos    no    lo    hacen  voluntariamente.   

De  manera más específica, con miras a  diferenciar   la   función   jurisdiccional   de   la  fedataria,  [la    Corte   Constitucional]   ha  aplicado     criterios    como    (i)  la potestad decisoria y de adjudicación de derechos, propia de  los      jueces,      no      así     de     los     notarios;     (ii)  el carácter contencioso, o de  jurisdicción   voluntaria,   de   la  materia  que  origina  la  actuación;  y  (iii)  la  naturaleza  coercitiva  del  procedimiento judicial, a diferencia del notarial regido por la  autonomía        de       la       voluntad55.   

Igualmente,   señaló   que  el  acto  administrativo  no  es  de  índole  jurisdiccional  si la autoridad no tiene la  facultad de restringir el acceso a la administración de justicia:   

[E]n  ocasiones,  como  en el presente  caso,  es  necesario  definir si una autoridad ejerce o no funciones judiciales,  pues  es  el  presupuesto  para tomar la decisión en un sentido u otro. Es pues  necesario  adelantar  unos  criterios  que  permitan  entonces  determinar si la  función  ejercida por un particular, o por una autoridad, es o no de naturaleza  judicial.  Y,  en  tal contexto, la Corte considera que existen algunos ejemplos  formales     y    materiales    que    son    útiles    para    dirimir    esas  controversias.   

[…]  Así,  la   Constitución   establece   […]  el  derecho  de  toda persona a acceder a la administración de  justicia   (Constitución   Política,  artículo  229).  Por  consiguiente,  en  principio  no  sería  admisible que una autoridad, en ejercicio de una función  no  judicial,  pueda  limitar  el  acceso  a la administración de justicia. Por  ende,  debe  entenderse que en principio una decisión que restrinja el acceso a  la  administración  de  justicia  debe, a su vez, ser ejercicio de una función  judicial56.   

De   acuerdo   con   estos   criterios  orientadores,   no   tendría   características   judiciales   cualquier   acto  administrativo  que (i),  a  pesar  de  ejercer  una función de la administración pública, el ejercicio  por  la  autoridad  de  su  deber  no  tenga  trascendencia  en  el  plano de la  administración   de  justicia;  (ii)  provenga  de  un  servidor  público  que  carezca  de potestades  decisorias,   o   de   adjudicación   o  disposición,  respecto  de  derechos;  (iii) sea emitido en un  procedimiento   sin   fuerza   coercitiva;  y  (iv)  no  conlleve  una  restricción  del  acceso  a  la  administración de justicia.   

7.  En este  orden  de  ideas,  el  problema  en  el  presente  asunto  no  sólo consiste en  determinar  si  el  Registrador  de Instrumentos Públicos de Barranquilla es un  servidor  público,  o si la inscripción y anotación en el folio de matrícula  inmobiliaria  se  trata  de  un  acto  administrativo  productor de efectos ante  terceros,  que  fue  a  lo  que  se limitó la Sala en la sentencia CSJ  SP,  7  abr.  2010,  rad. 30148,  sino  también  si  ese  trámite  corresponde  a  una  actuación en la cual se  adjudique,  reconozca  o  decida  con  fuerza  vinculante un debate acerca de la  existencia    de    derechos    de    los   cuales   sea   titular   determinada  persona.   

La respuesta a este último interrogante  es negativa por lo siguiente:   

7.1.  El  Consejo  de Estado, Sección Tercera, Sala Plena, en el reciente fallo CE ST, 12  may.   2014,  rad.  23128,  cuando  unificó  la  jurisprudencia  «en  relación  con  la forma de probar el derecho real de dominio  sobre  un  bien inmueble dentro de los procesos que cursan ante la Jurisdicción  de   lo   Contencioso  Administrativo»57 (en el  sentido   de  que  «con  el  solo  certificado  de  Registro  de Instrumentos Públicos puede probarse la propiedad o la titularidad  de  un  derecho  real  sobre  el  bien objeto del respectivo folio de matrícula  inmobiliaria»58),     analizó     con  profundidad  el  tema  de  las  funciones  desplegadas  por  el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  así  como  del  sistema  registral  inmobiliario.  Al  respecto, precisó:   

7.1.1.  El  sistema de registro es un servicio público a cargo del Estado:   

Ciertamente,  como servicio público, el  registro  de  instrumentos  públicos  es  una  actividad organizada, dirigida a  satisfacer  las  necesidades de interés general de forma regular y continua por  parte  del  Estado  de  manera directa, específicamente en cuanto corresponde a  las  necesidades  encaminadas a garantizar la seguridad jurídica y la legalidad  –en los términos de  las     competencias     asignadas–  en  relación  con  los  derechos  reales  que  se constituyan,  declaren,  aclaren,  adjudiquen,  modifiquen,  limiten,  graven  o  extingan  en  relación     con     los     bienes    raíces59.   

7.1.2. El fin  esencial  de  este servicio público es brindar seguridad jurídica y publicidad  a    los    actos   jurídicos   relativos   a   la   negociación   de   bienes  inmuebles:   

[U]no  de  los aspectos más importantes  del   servicio   público  registral  lo  constituye  el  hecho  de  que  sirve,  justamente,      de      publicidad,  en  tanto da a conocer a terceros quién es el propietario del  bien  y,  en  consecuencia,  quién  puede disponer del mismo, así como su real  situación  jurídica, lo cual otorga a los usuarios de dicho servicio seguridad  jurídica  respecto  de  sus actuaciones sobre bienes inmuebles cuando éstas se  fundamentan  en  los  registros que lleva la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos60.   

7.1.3.  El  Registrador  de Instrumentos Públicos es un servidor público y sus actuaciones  constituyen verdaderos actos administrativos:   

Ahora  bien,  dado  que este servicio es  prestado  por  servidores públicos, puede concluirse que el cumplimiento de los  fines  del  sistema de registro se cumple a través del ejercicio de la función  pública  –entendida  como  toda  actividad  ejercida por los órganos del Estado para la realización  de  sus fines– y de la  función  administrativa,  la cual, también, está al servicio de los intereses  generales  y  se  desarrolla  con  fundamento  en  los  principios  de igualdad,  moralidad,  eficacia,  economía,  celeridad, imparcialidad y publicidad, según  los dictados del artículo 209 constitucional.   

De  ahí  que  los procedimientos que se  efectúen  en  cumplimiento  del  referido  servicio  público  de registro sean  actuaciones   administrativas   que   concluyen  a  través  de  típicos  actos  administrativos,  como  ejercicio  legítimo  de  poder  de  la  administración  pública  que  se  traduce,  principalmente,  en  la presunción de legalidad de  tales  actos,  la  obligatoriedad  intrínseca de los mismos y la capacidad para  que  la  administración  ejecute  por  sí  misma tales actuaciones61.   

7.1.4.  El  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  tiene el deber de examinar y calificar  tanto   el  título  como  el  folio  para  la  inscripción  de  la  matrícula  inmobiliaria,  lo  que  no implica que resuelva un litigio o defina un conflicto  sobre el derecho de propiedad:   

Uno  de los principios que debe guiar la  actividad  registral  es,  naturalmente,  el  de legalidad, el cual, se reitera,  consiste  en  la exigencia impuesta al registrador de examinar y calificar tanto  el  título  que  se  le pone de presente como el mismo folio registral sobre el  cual  recae  el  respectivo  inmueble, de manera que sólo cuando observe que la  inscripción  se  ajuste  a  la  ley  debe  autorizarla, de lo contrario deberá  negarla62.   

7.1.5.  Esa  función  de  examinar  y  calificar,  por  lo  tanto, no conlleva un control de  legalidad   ni  un  estudio  de  la  validez  del  negocio  jurídico,  que  son  atribuciones del juez ordinario:   

Ahora bien, esta Corporación ha indicado  que  la  etapa  de  calificación  y  examen  de  los actos jurídicos sujetos a  registro  y  protocolizados  a  través  de escritura pública no se extiende al  estudio  de  legalidad  y  validez  del  acto  mismo, por cuanto, tratándose de  documentos   privados,   dicho   estudio   es  competencia  del  juez  ordinario  […].   

En efecto, en sentencia de 23 de octubre  de    2003    [CE   SP,   23   oct.   2003,   rad.  1997-5610],  la  Sala  indicó  que  la  etapa  de  calificación  de los actos sujetos a registro no comprende el examen de validez  de  las  escrituras  públicas que los contienen, por cuanto ello implicaría la  invasión del ámbito de competencia del juez ordinario:   

“Como bien  lo  señala  el recurrente en su escrito, las escrituras son documentos privados  cuyo  examen  de  legalidad  le corresponde a la jurisdicción ordinaria, razón  por  la  cual no le es dable a esta jurisdicción entrar a pronunciarse sobre el  contenido  de  las  mismas (,,,) Es cierto que a las  Oficinas  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  les  compete  calificar las  distintas  clases de títulos, pero ello no significa que deban adentrarse sobre  la  legalidad de las mismas, pues, de hacerlo, usurparían la competencia de los  jueces     ordinarios     [negrillas    en    el  original]” [CE ST, 23  oct. 2003, rad. 1997-5610].   

La  Sala  ha  dicho,  igualmente, que el  examen  y  calificación  que  efectúa la sección jurídica de las Oficinas de  Instrumentos   Públicos   “(…)   no  puede  ir más allá de verificar la naturaleza del acto y su  registrabilidad    y   proceder   de   conformidad  (…)” [CE SP, 5 nov.  1998,  rad.  5134],  lo  que  no  significa  que la  calificación  a la que hacen referencia los artículos 24, 25 y 26 del Estatuto  de  Registro  de Instrumentos Públicos sea una función mecánica, puesto que a  los  Registradores  se  les habilita para realizar una valoración jurídica que  les  permita  determinar “(…) si la inscripción  del  título  es  legalmente  admisible,  según  preceptúa el artículo 37 del  Decreto  Ley 1250 de 1970, así como determinar la naturaleza jurídica del acto  con   miras  a  su  ubicación  en  la  clasificación  y  columnas  pertinentes  (artículo  25  ibídem)  y,  si  procede  su registro, según los términos del  artículo   52   ibídem   (…)”   [CE  SP,  5  nov.  1998, rad. 5134]63.   

7.1.6.  En  vigencia  del  Decreto  Ley 1250 de 1970 (que regía el 9 de enero de 2004, día  en  el  cual  se  dio  la inscripción en el folio de matrícula inmobiliaria en  este   asunto),   los   pasos   que  debían  «ser  verificados  por  el  Registrador  en ejercicio de la función calificadora para  que  proceda  la  inscripción  de  un  título  en  el registro de instrumentos  públicos       son,       al       menos,       los      siguientes»64:   

a)  La  presentación ante la Oficina de  Registro    de    Instrumentos    Públicos    de    un   título   –instrumento  público,  escritura  pública,  providencia judicial, etc.–   que   implique   constitución,   declaración,   aclaración,  adjudicación,    modificación,   limitación,   gravamen,   medida   cautelar,  traslación  o  extinción del dominio u otro derecho real principal o accesorio  sobre  bienes  raíces,  salvo  la  cesión del crédito hipotecario o prendario  (artículo 2 del Decreto 1250 de 1970).   

b)  Que el Registrador sea el competente  para   efectuar   la   inscripción   (artículo   3   del   Decreto   1270   de  1970).   

c)  Que  se  solicite la inscripción en  cumplimiento del principio de rogación.   

d)  Que  la solicitud se presente dentro  del  término  previsto  para  ello  (artículo  32  del  Decreto  1250 de 1970)  [para  casos  de  hipoteca  o patrimonio de familia  inembargable].   

e)   Que  se  indique  la  procedencia  inmediata  del  derecho  afectado  con  la  inscripción.  Principio  de  tracto  sucesivo (artículo 52 del Decreto 1250 de 1970).   

f)  Que  la  inscripción en el folio de  matrícula corresponda al inmueble objeto del respectivo título.   

Se reitera, según la jurisprudencia del  Consejo  de  Estado,  las  condiciones  de existencia y validez del título cuya  inscripción  se  requiere escapan a la competencia del Registrador, como quiera  que  sobre  estos  aspectos  única y exclusivamente  puede  pronunciarse  el juez ordinario, dado que se  trata  de  un negocio realizado entre particulares65.   

Todos   los   supuestos   en  mención  constituyen  aspectos formales sobre los cuales resuelve el servidor público la  inscripción,  mas  no constituyen requisitos sustanciales del negocio jurídico  que  registra  y  con  base  en  el cual el vendedor dice transferir derechos al  comprador.   

7.1.7.  La  inscripción   genera   dos   (2)   clases   de   efectos.  Uno,  de  transmisión  de  derechos;  y  el  otro, de publicidad, con fines probatorios:   

Una vez el Registrador competente realiza  el  examen  y  calificación  del título y verifica que la inscripción resulta  legalmente   admisible  y  procede  a  efectuarla,  se  generan  los  siguientes  efectos:   

i)          Transmisión de derechos sobre inmuebles.   

La  propiedad  y  demás derechos reales  respecto  de  bienes  inmuebles  sólo  existen  y  se  transmiten  mediante  la  inscripción del título en la matrícula inmobiliaria.   

ii) Opera el  principio de publicidad.   

De  conformidad  con el artículo 44 del  Decreto  Ley  1250  de  1970  y  el  artículo  46  de  la  Ley  1579  de  2012,  “por  regla general ningún título o instrumento  sujeto  a  registro  o  inscripción  surtirá efectos respecto a terceros, sino  desde    la    fecha    de   aquél”66.   

7.1.8.  En  consecuencia,  el servicio público de registro de instrumentos inmobiliarios, a  decir  del  Consejo  de  Estado,  «le  exige a los  Registradores  adelantar  un  procedimiento  técnico, jurídico y especializado  con  el  propósito  de  sólo  inscribir  aquellos  títulos  que  reúnan  los  presupuestos        legales        previstos        para        ello»67.   

Se advierte entonces que la naturaleza de  la   actuación   del   Registrador   en   esos   casos   es  un  «procedimiento»,  del  cual  ya  se  advirtieron        sus       diferencias       con       el       «proceso».   

7.2.  De la  anterior  reseña,  es obvio colegir que el trámite ante la Oficina de Registro  de   Instrumentos   Públicos   carece   de   connotaciones   de  jurisdicción,  controversia,  reconocimiento  o  adjudicación  de  un derecho en conflicto. Es  decir,  no implica ni formal ni materialmente una función judicial, en ese acto  se cumple tan solo una función administrativa.   

En efecto, si bien es cierto que se trata  de  una  actuación  adelantada por una autoridad administrativa (que, como tal,  realiza  en  ejercicio  de  sus  funciones  actos  de  igual  índole), y que la  inscripción  en  el folio de matrícula inmobiliaria genera efectos jurídicos,  no  sólo  entre las partes que negociaron el inmueble (transmisión de derechos  reales)  sino  entre  terceros (principio de publicidad), también lo es que las  facultades  del  Registrador carecen de alcances decisorios o dispositivos sobre  dichos  derechos,  pues no controla la legalidad del negocio que le es puesto de  presente  y  los  deberes  tanto  de  examinación como de calificación para la  procedencia  de  la  inscripción se limitan a comprobar unos presupuestos (como  los  relativos a la presentación de un título, la competencia del funcionario,  las  formalidades  en  la  solicitud  y  la correspondencia con el bien sujeto a  registro)  que  en  ningún  momento implican actos de jurisdicción, ni tampoco  limitan el derecho de acceso a la administración de justicia.   

En  palabras  del  Consejo  de  Estado,  reitera  la Corte, la actuación del Registrador corresponde a un «procedimiento  técnico,  jurídico  y  especializado»68  que, en tanto tal, tiene  como  fin  el  cumplimiento  de  una  función  administrativa,  mas  no  de una  judicial,  y  por  lo  tanto  no  corresponde  a un proceso administrativo ni de  cualquier  otra  índole,  es  decir,  no se trata de una contienda, conflicto o  discusión entre partes.   

Por  supuesto,  es perfectamente posible  que  durante esas labores de comprobación el Registrador advierta, por ejemplo,  que  el instrumento presentado es falso. El acto de no admitir o de suspender la  inscripción,  sin embargo, no obedecería a una decisión que le pondría fin a  litigio  o  debate  jurídico  alguno, sino al deber funcional de analizar si se  reúnen  las exigencias de ley para acceder al registro (en ese caso, no habría  un  título  que  implicase  transmisión, modificación, declaración, etc., de  derechos   reales),   sin   que   ello   represente,  como  lo  tiene  claro  la  jurisprudencia  del  Consejo de Estado, suplantar al funcionario competente para  pronunciarse   acerca  de  la  licitud  o  ilicitud  del  negocio  supuestamente  adelantado por los contratantes.   

Igualmente, dado que el acto de inscribir  en  la  Oficina de Registro de Instrumentos Públicos genera automáticamente la  transmisión  de derechos sobre inmuebles, ello en todo caso no significa que el  Registrador  está  decidiendo  o  disponiendo  algo acerca de la titularidad de  esos  derechos.  Simplemente,  está  obrando  conforme  a un trámite técnico,  jurídico  y  especial,  consistente  en  inscribir  cualquier  título  que  un  interesado,  en ejercicio de la autonomía de su voluntad, le solicita registrar  para efectos de formalizar la transacción y darle publicidad.   

Como lo sostuvo la Corte Constitucional,  «tanto  los  actos  administrativos como los actos  jurisdiccionales  son  actos  de  creación  de  disposiciones particulares o de  ejecución      de      la     ley»69.  Pero  dicha  similitud  no  significa  que  los  actos  administrativos  de  registro,  solamente  por  el  hecho  de suscitar cambios en el derecho de dominio frente a  terceros,  entran  a  ser parte del ámbito de protección del bien jurídico de  la  recta  y eficaz impartición de justicia, por cuanto no se puede predicar en  ellos  la  existencia  de  un  proceso,  es  decir,  de  un  trámite  con fines  judiciales.   

Los efectos de la inscripción no pueden  ser  confundidos  entonces  con  supuestos poderes decisorios o dispositivos por  parte   del  Registrador,  ni  el  procedimiento  que  éste  adelanta  con  una  actuación de naturaleza jurisdiccional.   

7.3.   De  acuerdo  con los criterios diferenciadores de la Corte Constitucional entre acto  administrativo  y  acto  judicial,  si  bien  la inscripción del Registrador de  Instrumentos  Públicos  materializa  con  efectos  oponibles  hacia terceros la  transmisión  del  derecho de propiedad, dicha función no podrá catalogarse de  jurisdicción. En efecto:   

7.3.1.  Se  trata de una actuación en la que no es posible  advertir  una  función  que  trascienda en la administración de justicia, sino  que   tanto   solo   es   el  resultado  de  facultades  o  deberes  de  índole  administrativa.   

7.3.2.  La inscripción no se deriva de un conflicto acerca  de  la  existencia  de  un  derecho,  ni  representa  el  reconocimiento  de  la  pretensión  de  una  parte  en  detrimento  de otra a quien se le garantizó el  debido  proceso.  Solamente  es un acto producto de la autonomía de la voluntad  de dos contratantes.   

7.3.3.  Tampoco  implica  el  trámite  ante  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos  Públicos  restricción  alguna  del  acceso  a  la  administración de justicia  (artículo  229  de  la  Constitución  Política), entendido como el derecho de  acudir  a  una  autoridad  en aras de resolver algún conflicto, transgresión o  reclamo  con  implicaciones  jurídicas  y,  de  esa  manera,  propugnar  por la  adecuada  protección  de  sus  intereses;  todo  ello  dentro de una actuación  procesal  que, en igualdad de condiciones a las de los demás sujetos que puedan  intervenir  en  ella,  asegure  en  forma  real  y  efectiva  el  respeto de las  garantías   judiciales,   así   como   la   realización   material   de   sus  fines.   

7.4.  Una  interpretación  en  el  sentido  contrario,  esto  es,  que  las  funciones del  Registrador    de    Instrumentos    Públicos    sí    guardan   connotaciones  jurisdiccionales,  desconocería  la  interpretación  restrictiva  que de tales  atribuciones  le  confiere  el  inciso 3º del artículo 116 de la Constitución  Política  al  legislador,  en los términos del fallo CC C-436/13 ya transcrito  (cf.  6), circunstancia que representa, además de un carácter excepcional, una  consagración    excesiva    de   funciones   judiciales   a   las   autoridades  administrativas,  así  como una confusión frente a las actividades principales  que desempeñan los entes del Estado.   

Es más, en el fallo CC C-1159/08, citado  por  la  Sala  en la sentencia CSJ SP, 21 abr. 2010,  rad.  31848  (reseñada en precedencia –cf.  3), el más alto tribunal en  materia  de  control constitucional señaló que todos los debates concernientes  a  la  propiedad  (que  impliquen declaración, adquisición, alteración, etc.,  del  derecho) deben, por su trascendencia, ser resueltos por los jueces debido a  su naturaleza jurisdiccional:   

Acerca de este tema es oportuno señalar  que  si  es  propio  de  la  jurisdicción  dirimir  los conflictos o contiendas  jurídicos  de  intereses  entre  las  personas, es decir, declarar, constituir,  modificar  o extinguir derechos en forma imparcial e independiente y con efectos  definitivos  en  relación  con  todo  tipo  de  derechos, ello tiene un relieve  especial  cuando  se  trata  del  derecho  de  propiedad  privada,  en cuanto su  consagración  o  no  consagración  en  el  ordenamiento jurídico determina la  existencia  de  diversos  tipos  o modelos de Estado, de modo que, en el aspecto  económico,  constituye uno de los pilares o fundamentos del Estado democrático  o liberal, así como del Estado Social de Derecho.   

Por  esta razón, constitucionalmente es  legítimo   que   las   disputas   jurídicas   relativas   a  la  adquisición,  modificación  o extinción del derecho de propiedad privada en el Estado Social  de  Derecho  colombiano  sean resueltas por los jueces, y no por órganos que no  están  investidos  de  la función jurisdiccional70.   

Las   funciones   del  Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  por  consiguiente,  a  pesar  de  su  incidencia en la  transmisión  de  derechos  reales,  como  no  se  predican de una actuación de  índole  contenciosa  en  la  que  se  decidan o adjudiquen, sino de un trámite  técnico,  especializado  y  regido  por la autonomía de la voluntad, no pueden  considerarse    como    parte   de   la   eficaz   y   recta   impartición   de  justicia.   

8.  Teniendo  en  cuenta,  entonces, que cualquier conducta fraudulenta susceptible de inducir  en  error a un Registrador de Instrumentos Públicos sería atípica frente a la  realización   del   delito   de   fraude  procesal  en particular, y no afectaría el bien jurídico de  la  recta  y  eficaz  impartición  de  justicia en general, cabe preguntarse si  dicho  comportamiento,  en  todo caso, encuadraría en algún tipo de la Ley 599  de 2000, actual estatuto sustantivo.   

El  artículo 29 del Decreto Ley 1250 de  1970  consagra  la  culminación del trámite de inscripción con la expedición  de una constancia que se le entrega al interesado:   

Artículo     29-.    Luego  de  efectuada  la  inscripción  y puesta la constancia de  ella  en  el  título  o  documento  objeto del registro, aquél regresará a la  sección  de  radicación  para  que allí, en la columna sexta del Libro Diario  Radicador,  enseguida  de  la radicación, se escriba el folio y la fecha en que  fue registrado, y se devuelva al interesado, bajo recibo.   

Al  respecto,  la  jurisprudencia  del  Consejo  de  Estado  ha  señalado  que  dicha  constancia es la que le sirve al  solicitante  como  medio  probatorio  para  la  acreditación  del  derecho real  transmitido:   

Como  se  observa,  la  conclusión  del  procedimiento  administrativo  de registro de un título se produce a través de  la  “puesta” en dicho documento de la constancia  de   inscripción,  la  cual  debe  devolverse  al  interesado.   

De  manera  que  a  ese interesado, como  prueba  de  la  inscripción,  se  le  entrega  el  respectivo  título  con una  constancia  de  que  se  efectuó  ese trámite, documento que, por supuesto, le  sirve    como    medio    de    prueba    para   acreditar   el   derecho   real  correspondiente71.   

El  artículo 288 de la Ley 599 de 2000,  por  su  parte,  prevé  el  tipo  de  obtención de  documento  público  falso  como aquel en el que se  induce  en error a un servidor público con el fin de conseguir un documento que  pueda  servir  de  prueba  y en el cual se halle consignada una alteración a la  verdad:   

Artículo    288-.    Obtención     de     documento    público    falso.  El  que  para  obtener  documento  público que pueda servir de  prueba  induzca  en  error a un servidor público en ejercicio de sus funciones,  haciéndole  consignar una manifestación falsa o callar total o parcialmente la  verdad, incurrirá en prisión de tres (3) a seis (6) años.   

En  este  orden  de ideas, la acción de  inducir  en  error al Registrador de Instrumentos Públicos para que inscriba un  acto  falaz  entre  partes  con  efectos  de transmisión del derecho de dominio  configura  el  delito  del  artículo  288  del  Código  Penal  respecto  de la  consecución  de  la  constancia  que,  culminado  el  trámite,  le  entrega al  interesado el servidor público.   

9.  En  el  presente  caso,  la  Fiscalía  General de la Nación le atribuyó a HENRY JOSÉ  CARRILLO  ARIZA,  en  la  resolución  de  acusación,  haber engañado tanto al  Notario  Único  de  Santo  Tomás  y  al  Director de la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  de  Barranquilla con el fin de protocolizar a nombre de  Eloísa  Roa  Sandoval  la  cancelación  del  patrimonio  de familia y la venta  fraudulenta  del  bien  inmueble  de propiedad de Carlos Arturo Thomas Miranda y  Yorlanys Meza Rodríguez.   

La   primera  instancia  absolvió  al  procesado  tras argüir, con fundamento en la sentencia de la Corte CSJ  SP, 21 abr. 2010, rad. 31848, citada en precedencia, que los  notarios  no  son  sujetos  de  inducción  en  error del delito de fraude    procesal   por   no   ser  servidores   públicos   ni   autoridades  administrativas  o  particulares  con  atribuciones            jurisdiccionales72.   

La parte civil apeló la absolución del  a  quo  con  un  único  argumento,  conforme al cual HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA  realizó  la  conducta punible imputada en su contra  mediante  dicha  actuación  fedataria. En palabras  del recurrente:   

[P]ara tener por acreditado el delito de  fraude   procesal  es  suficiente   con  que  exista  una  determinación  emitida  por  una  autoridad  competente  en  la  que  con fundamento en las normas que rigen el procedimiento  que  se  sigue  el  sujeto  activo  haya  obtenido un beneficio indebido, con la  consiguiente        afectación        a        la       contraparte.   

[…] Por lo  tanto,  no  comparto el hecho que el fraude procesal  no  se  aplique  contra  el  notario, siendo que el  mismo  es  utilizado  por  el  sentenciado  para  obtener  un  beneficio propio;  además,  él mismo es quien legaliza el acto de las compraventas de los predios  a       los       diferentes      compradores73.   

El  Tribunal, en cambio (aunque no citó  el  fallo  CSJ SP, 7 abr. 2010, rad. 30148), consideró al desatar la apelación  de  la  parte civil que el sujeto materia de engaño también fue el Registrador  de  Instrumentos Públicos, y como éste se trata de un servidor público que en  esa  misma  medida  adelanta  actos  administrativos susceptible de recursos, el  procesado  realizó  el  tipo  penal  del artículo  453. Según el ad quem:   

Es  decir,  independientemente  de  lo  sucedido  ante  el  Notario,  y de la falsedad documental de la que se valió el  sujeto  agente  para  desplegar  esta ilicitud, para la Sala no cabe duda que el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  que  hizo  la  anotación  final de la  compraventa  que  nos  ocupa  es,  sin  lugar  a  dudas, un servidor público, o  empleado  oficial  si  se  quiere, por lo tanto, el acto de registro comporta la  dimensión  de  un  acto  administrativo,  es por ello que, cuando se incurre en  error  o  imprecisiones  u  otros menesteres, le caben inclusive los recursos de  ley,  precisamente contra el acto administrativo que deja sentado una anotación  en el registro de instrumentos públicos.   

Por  lo  anterior, no cabe duda pues que  estamos   ante   un  fraude  procesal  llevado  hasta su final consumación, esto es, lograr el registro  de  propiedad  en  forma  fraudulenta,  induciendo  en  engaño  tanto al señor  Notario  como  al  Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  con  el propósito  deliberado   de   apropiase   [sic]   en  forma  indebida  del  bien  inmueble  de  narras [sic]74.   

10. Frente a  la  tipicidad  de  la  conducta  punible, tanto en la conducta realizada ante el  Notario  como  la  presentada  ante el Registrador de Instrumentos Públicos, el  criterio  del  Tribunal  resulta  equivocado  por  las  razones expuestas en los  párrafos que anteceden.   

Así  mismo, el hecho argüido por el ad  quem  conforme  al cual la inscripción realizada por el Registrador se trata de  un  acto administrativo susceptible de los recursos de ley, y por lo tanto de la  protección    del   fraude   procesal, no es acertado ni tampoco trascendente.   

Por  un  lado, debido a la naturaleza de  este  trámite,  la  interposición  de los recursos de reposición y apelación  contra  los  actos administrativos proferidos en asuntos registrales únicamente  serían  procedentes en aquellos concernientes a la no admisión o al rechazo de  un  registro, pero no frente al acto mismo de inscribir el título y anotarlo en  el    folio    de    matrícula    inmobiliaria75.   

Y,  por  otro lado, la interposición de  recursos  es  propia  de  los  procedimientos administrativos, situación que en  todo  caso  no  implica  la existencia de un proceso administrativo, esto es, de  una actuación con connotaciones jurisdiccionales.   

La  acción  atribuida  a  HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA  en  relación no solo con la inducción en error al Registrador  de  Instrumentos  Públicos  de  Barranquilla,  sino además en lo atinente a la  entrega  de  la  constancia  de  inscripción  de  que trata el artículo 29 del  Decreto   Ley   1250   de   1970,   constituye   el   delito   de   obtención    de    documento    público    falso   consagrado   en   el   artículo   288   de   la   Ley   599   de  2000.   

El demandante, al respecto, sugirió que  tal  acción era por completo atípica, toda vez que sostuvo en la sustentación  del  escrito  que (i) la  conducta  de HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA se redujo a firmar el poder falsificado,  (ii)  fue la compradora  Eloísa  Roa  Sandoval quien llevó la escritura pública elevada ante Notario a  la    Oficina   de   Registro   de   Instrumentos   Públicos   y   (iii)  el  procesado  entonces nunca  indujo en error al servidor público.   

Esta postura ignora que al sujeto agente  le  es  atribuible la obtención de la constancia contentiva de la falsedad, aun  en  el  evento  de  que  materialmente  no  hubiera  hecho  la solicitud ante el  Registrador,  a  título  de  autor  mediato,  consagrado  en  el inciso 1º del  artículo     29     del     Código     Penal76,  en  la  medida  en  que  utilizó,  como instrumento no doloso, a la compradora Eloísa Roa Sandoval para  culminar  los trámites relacionados con la cancelación del patrimonio familiar  y la transferencia de dominio del inmueble.   

No   se   trata,   como  lo  adujo  el  representante  del Ministerio Público, de que HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA actuó  «en   calidad   de  determinador  y  autor  material  al  valerse  del  notario  para  suscribir  la  escritura   de  venta,  engañando  a  la  compradora  Eloísa  Roa  Sandoval  y  posterior,  a  través de ella, inducir en error al registrador para que hiciera  la  respectiva  anotación  en  el  folio de matrícula inmobiliaria»77.   

Como se ha dicho en la doctrina, se trata  del  típico  ejemplo  de  dominio  de  voluntad  por parte del sujeto agente en  virtud   del   error   a   que   somete   al   sujeto  ejecutor  («[l]a  situación  en  que  el  sujeto  de  detrás se sirve de un  instrumento  bajo  error  para  cometer  un  delito pasa por ser el […]  caso  clásico, e indiscutido  en       lo       fundamental,       de       autoría       mediata»78).   

Más  allá  de  las  razones  por las cuales la Fiscalía no le  atribuyó   a   HENRY  JOSÉ  CARRILLO  ARIZA  la  realización  del  delito  de  estafa   en  el  que  habría  sido  víctima Eloísa Roa Sandoval, lo cierto es que para el procesado  era  una consecuencia necesaria la culminación del negocio con el trámite ante  el  Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  no sólo en aras de garantizar el  provecho  económico  producto de la cancelación del patrimonio de familia y la  compraventa  del  inmueble, sino además porque en la escritura pública 0021 de  8  de  enero  de  2004  (en  la  que aparece su firma como apoderado) el Notario  Único  de Santo Tomás hizo una petición formal de inscripción al funcionario  correspondiente:   

De la anterior cancelación de patrimonio  de  familia pido al señor Registrador de Instrumentos Públicos de la ciudad de  Barranquilla   tomar   atenta   nota   y   hacer  la  respectiva  anotación  de  rigor79.   

En  consecuencia,  la  obtención  del  documento  público falso no sólo le es atribuible a HENRY JOSÉ CARRILLO ARIZA  a  título  de  autor  mediato,  sino además se ajusta a lo descrito en el tipo  previsto   en   el  artículo  288  de  la  Ley  599  de  2000,  actual  Código  Penal.   

11.  Ahora  bien,  como  la  conducta  punible  de obtención de  documento  público falso se agotó el 9 de enero de  2004,  día  en el cual se adelantó el trámite de inscripción ante la Oficina  de  Registro  de  Instrumentos Públicos de Barranquilla, y como la pena máxima  de  este  comportamiento  asciende para los asuntos que se rigen bajo la Ley 600  de  2000 a seis (6) años de prisión, es obvio que los cinco (5) años que como  término  de  prescripción  contado a partir de la ejecutoria de la resolución  de  acusación  (22  de julio de 2008) vencieron el 22 de julio del año pasado,  esto  es, antes de la emisión del fallo de segunda instancia, que fue proferido  el 10 de diciembre de 2013.   

En  otras  palabras,  al  demandante  le  asistía  la  razón  en  cuanto  a  que  la  conducta atribuida al procesado no  constituía      fraude     procesal.  No  estaba  en  lo correcto cuando sugirió que la acción era  por   completo   atípica,   pues   ésta   encuadraba   en   una   obtención    de    documento    público   falso.   Y  era  ajustada  a derecho su pretensión última, conforme a la  cual  la  conducta  ya  había  prescrito cuando fue emitida la decisión del ad  quem.   

Pero esto último no fue por las razones  aducidas  por  el  censor,  ni  por  las  que fueron expuestas por el Procurador  Delegado  en  su concepto (relativas al momento consumativo del delito contra la  administración  de  justicia),  sino  porque  es  la consecuencia directa de la  acertada calificación jurídica de los hechos.   

De  ahí que la Sala debió declarar que  la  conducta  imputada  a  HENRY  JOSÉ  CARRILLO ARIZA, atinente al trámite de  inscripción  de  los  actos  de  cancelación  de  patrimonio de familia   y   compraventa  del  predio  por  parte del   Registrador  de  Instrumentos  Públicos,  se  adecua  al  tipo  de  obtención de  documento  público  falso de que trata el artículo  288  de la Ley 599 de 2000, con pena privativa de la libertad de tres (3) a seis  (6) años.   

Igualmente,   debió   decretar   la  prescripción  de  la  acción  penal  por  este  comportamiento,  así  como la  respectiva  cesación  del  procedimiento  en  razón  de  que  ésta  no  puede  proseguirse, porque esa fue la ilicitud cometida.   

Las garantías fundamentales referidas al  inicio  de  este  salvamento  de  voto,  el  debido  proceso,  la legalidad y la  estricta  tipicidad,  conllevan a que la calificación jurídica contenida en la  sentencia   constituye  ley  del  proceso  y  debe ser la que determine los  factores  para  efectos de la prescripción, siempre que esta situación exprese  con  acierto  la descripción típica que le corresponde a los hechos que dieron  lugar   la  investigación,  porque  la acción penal que se extingue es la  del  delito cometido, no la de los reatos no ejecutados, no realizados. Por ello  la  prescripción  que  procede  es  la del delito de la obtención de documento  público falso y no la de fraude procesal.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

    

1 Folio 88 del cuaderno de la Fiscalía.   

2  Ibídem.   

3  Ibídem.   

4  Ibídem.   

5 Folio  85 ibídem.   

6  Ibídem.   

7 Folio  92 ibídem.   

8 Folio 112 del cuaderno de juicio.   

9 Folio  114 ibídem.   

10  Folio 115 ibídem.   

11 Folio 25 del cuaderno del Tribunal.   

12  Ibídem.   

13  Folios 25-26 ibídem.   

14  Lo  anterior, en la medida en que la conducta no haya contado con  la  realización  o  participación  de un servidor público en ejercicio de sus  funciones,  de  su  cargo  o  con  ocasión  de ellos, pues, en esos eventos, el  término  prescriptivo  una  vez  producida la interrupción oscilará, para los  asuntos  que  rigen  bajo  el sistema de la Ley 600 de 2000, de seis (6) años y  ocho  (8) meses a trece (13) años y cuatro (4) meses. Cf., al respecto, CSJ AP,  21 oct. 2013, rad. 39611.   

15 CSJ  SP, 30 jun. 2014, rad. 18368.   

16 CSJ SP, 21 ag. 2013, rad. 40587   

17    Artículo    98-.   Prescripción.  La  acción civil proveniente de la conducta punible,  cuando  se  ejercita  dentro  del proceso penal, prescribe, en relación con los  penalmente   responsables,  en  tiempo  igual  al  de  la  prescripción  de  la  respectiva  acción  penal.  En  los  demás  casos,  se  aplicarán  las normas  pertinentes de la legislación civil.   

18  Cf.,  al respecto, fallos CSJ SP, 23 ag. 2005, rad. 23718; CSJ SP, 20 mar. 2013,  rad.  40567; CSJ SP,  21 ag. 2013, rad. 40587; y CSJ SP, 21 oct. 2013, rad.  38433.  Así mismo, autos CSJ AP, 29 ag. 2008, rad. 29906; CSJ AP, 10 dic. 2008,  rad.  30108; CSJ AP, 12 dic. 2012, rad. 39591; CSJ AP, 20 feb. 2013, rad. 40656;  CSJ  AP,  6  mar. 2013, rad. 40474; CSJ AP, 13 mar. 2013, rad. 40775; CSJ AP, 24  abr.  2013,  rad. 41010; CSJ AP, 24 abr. 2013, rad. 41090; CSJ AP, 22 may. 2013,  rad.  41302;  CSJ  AP,  4 jun. 2013, rad.  41143; CSJ AP, 3 jul. 2013, rad.  41521;  CSJ AP, 6 ag. 2013, rad. 41660; CSJ AP, 21 ag. 2013, rad. 41447; CSJ AP,  28  ag.  2013,  rad.  41937;  CSJ  AP,  9  oct.  2013,  rad.  42172, entre otras  providencias.   

19  Folio 30 del cuaderno del Tribunal.   

20  Reverso del folio 126 del cuaderno del juicio.   

21 CSJ SP, 10 jun. 2009, rad. 22881.   

22 Ibídem.   

23  Folio 5 del cuaderno de instrucción.   

24 CSJ SP, 7 abr. 2014, rad. 30148.   

25 Ibídem.   

26  Ibídem.   

27  Ibídem.   

28 Ibídem, citando a CSJ AP, 31 jul. 2009, rad. 31759.   

29  Ibídem.   

30   CSJ   SP,   21   abr.   2010,  rad.  31848.   

31 Ibídem.   

32  Ibídem.   

33 Ibídem. Subrayado dentro del texto original.   

34  Ibídem.   

35  Salvamento de voto al fallo CSJ SP, 21  abr. 2010, rad. 31848.   

36 Ibídem.   

37  Cf.,  por ejemplo, expresiones en la sentencia CSJ SP, 21 abr. 2010, rad. 31848,  como  la  siguiente:  «Significa  lo  anterior  que  cuando  el  notario adelanta por petición de las partes una sucesión no ejerce  funciones  jurisdiccionales. Su labor tampoco reviste naturaleza administrativa,  pues,  como  se  dijo,  no ostenta la condición de autoridad de esa estirpe. En  esas  condiciones,  no es viable predicar aquí la estructuración del delito de  fraude  procesal, en cuanto ese comportamiento implica la pretensión de obtener  sentencia,  resolución o acto administrativo, cuyas decisiones no se encuentran  bajo  el  resorte  de los notarios». Ninguna de estas  consideraciones,  sin  embargo,  hace  parte  de  los argumentos principales del  fallo, ya reseñados en precedencia.   

38    Reyes   Echandía,   Alfonso,   La  tipicidad,   Universidad   Externado   de  Colombia,  Bogotá, 1981, p. 162.   

39  Ibídem, p.  161.   

40  CSJ  AP, 31 ag. 2009, rad. 31759, citado en CSJ SP, 7 abr. 2010,  rad. 20148.   

41  Gaceta del Congreso Número 139, 6 de agosto de 1998.   

42  Gordillo, Agustín, Tratado de derecho  administrativo   y   obras   selectas.   Tomo  V.  Primeras  obras.  Libro  III.  Procedimiento   y  recursos  administrativos,  Buenos  Aires, FDA, 2012, pp. 6, 8 y 9.   

43  Pérez,  Luis  Carlos,  Derecho penal.  Partes  general  y especial, Tomo III, Temis, Bogotá,  1984, p.   

44      Ferreira      Delgado,     Francisco     J.,     Delitos    contra    la    administración    pública, Temis, Bogotá, 1985, p. 265.   

45  Camacho     Flórez,     Jaime,    ‘Delitos   contra   la   administración   de  justicia’,  en  Reyes  Echandía,  Alfonso, y  otros,  Derecho  penal.  Parte  especial,   Universidad   Externado   de  Colombia,  Bogotá,  Tomo  I,  p.  467.   

46   Artículo   182-.  Fraude  procesal.  El  que  por  cualquier  medio fraudulento induzca en  error  a  un  empleado  oficial  para  obtener  sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario a la ley incurrirá en prisión de uno (1) a cinco (5)  años.   

47  Artículo  453  [modificado  por  el  artículo  11  de  la  Ley  890 de 2004]-.  Fraude  procesal.  El que  por  cualquier  medio  fraudulento  induzca en error a un servidor público para  obtener  sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario  a  la  ley  incurrirá  en prisión de seis (6) a doce (12) años, multa de doscientos (200)  a  mil  (1.000)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas de cinco (5) a ocho (8)  años.   

48 CC  C-1164/00.   

49  Ibídem.   

50  CSJ  AP,  31  jul.  2009,  rad.  31759. En este caso, la Corte no  admitió  la  demanda, tras argüir que la decisión absolutoria del ad quem era  ajustada  a  derecho,  por  cuanto  no  se  había  demostrado  en la actuación  procesal  que  los  medios  fraudulentos  los  hubiese  empleado el procesado en  alguna  actuación  de  naturaleza  judicial o administrativa. En palabras de la  Sala:   «Era  de  necesidad  probatoria  que  a  la  investigación  adelantada  en  las  instancias  se  hubiese  allegado copia del  proceso  ejecutivo  adelantado  en  el  Juzgado Primero Civil Municipal de Cali,  despacho  que  según  la  información  del  denunciante  decretó el embargo y  secuestro  de  referencia,  a efectos de verificar la actuación de las partes y  por  ende  el  delito  de  fraude procesal, el cual tiene su espacio material es  [sic]   al  interior  de  actuaciones           judiciales          o          administrativas».   

51  Becerril Fernández, Mayté, Análisis  del     delito     de     fraude    procesal,    en  http://elultimoargumento.blogspot.com/2012/03/analisis-del-delito-de-fraude-pro-cesal.html.   

52  Dicha  declaración  fue  condicionada,  «siempre y  cuando  la  estructura y funcionamiento de la Dirección Nacional de Derechos de  Autor  garanticen  los  principios  de  imparcialidad  e  independencia,  en  el  ejercicio    de    las    funciones    jurisdiccionales    asignadas». CC C-436/13.   

53 CC C-863/12   

54 CC  C-863/12.   

55  Ibídem, citando a CC C-1159/08.   

56 CC C-863/12, citando a CC C-1038/02.   

57 CE ST (Plena), 12 may. 2014, rad. 23128.   

58  Ibídem.   

59  Ibídem.   

60 Ibídem.   

61  Ibídem.   

62 Ibídem.   

63   Ibídem,  citando  a  CE  SP,  17  mar.  2011,  rad.  2001-0075.  Igualmente, CE ST, 7 mar. 2012, rad. 20042.   

64  Ibídem.   

65 CE ST (Plena), 12 may. 2014, rad. 23128.   

66 Ibídem.   

67  Ibídem.   

68 CE ST (Plena), 12 may. 2014, rad. 23128.   

69 CC C-1159/08.   

70 CC C-1159/08.   

71 CE ST (Plena), 12 may. 2014, rad. 23128.   

72    Cf.,    al   respecto,   folios   112-115   del   cuaderno   de  juicio.   

73 Folio 159 del cuaderno de juicio.   

74 Folios 25-26 del cuaderno del Tribunal.   

75 Tal  es  el  concepto  de la Superintendencia de Notariado y Registro: «Recursos  de reposición y apelación contra actos administrativos  proferidos  por registradores de instrumentos públicos en asuntos registrales /  ¿En  qué consisten? / En la presentación personal de un escrito dentro de los  5  días  hábiles siguientes a la notificación (arts. 44 inc. 2o, 61 C. C. A.)  de  la  nota devolutiva del registro referente a la inadmisión o rechazo de una  inscripción  de  un  título  o  documento.  Puede  formularse  por  el usuario  interesado,   su   representante   o   apoderado   debidamente   constituido.  /  […]    Entre    las  finalidades  de  los recursos, es para que se revoque, reforme, aclare, corrija,  adicione  una  decisión  adoptada  en  cuanto  la  inscripción de un título o  documento,   lo   que   también   contrariamente   implica  el  rechazo  de  un  registro»,       https://www.supernotariado.gov.co/portalsnr/index.php?option=com_content&view=article&id=188&Itemid=173   

76  Artículo  29-.  Autores. Es  autor  quien  realice  la  conducta  punible  por  sí  mismo o  utilizando a otro como instrumento.   

77 Folio 28 del cuaderno de la Corte.   

78  Roxin,  Claus,  Autoría  y  dominio  del  hecho  en  derecho  penal, Marcial Pons, Madrid-Barcelona, 2000,  p. 194.   

79  Reverso del folio 9 del cuaderno de instrucción.     

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