AP5237-2014(44352)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

AP5327-2014  

Radicación 44352  

(Aprobado Acta No. 288).  

Bogotá D.C., septiembre tres (3) de dos mil  catorce (2014)   

VISTOS  

Procede  la  Corporación  a  constatar  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y acreditación suficiente dispuestos  en  la ley y desarrollados por la jurisprudencia, respecto del libelo casacional  presentado  por  la  defensora  de  CRISTÓBAL SEGUNDO  CORREA   LLORENTE   y  AURO  MORALES  ATENCIO,  contra  el  fallo  de segundo grado  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de  Montería  el  17  de  marzo  de 2014,  confirmatorio  de  la  condena  dispuesta  por  el Juzgado Penal del Circuito de  Cereté  el  21  de  mayo  de  2010 en contra de los mencionados ciudadanos como  autor   e   interviniente,   respectivamente,   del   delito   de  peculado  por  apropiación.   

HECHOS  

          El   12   de  junio  de  2002,  el  Alcalde  del  municipio  de  San  Antero   Wilmer   José  Pérez  Padilla  (fallecido)  suscribió con AURO MORALES  ATENCIO  el  contrato  de  obra  No. 0122 por valor de  $75.865.900.oo  para  edificar  un puente peatonal a la altura de la calle 7 con  carrera  12  de  esa  localidad,  disponiendo  de un término de 3 meses para su  entrega.  Se  designó  como  interventor a CRISTÓBAL  CORREA  LLORENTE,  Secretario  de  Obras Públicas del  referido municipio.   

          Posteriormente,  el  12  de julio de 2003 se firmó entre los mismos  un    contrato   No.   001,   adicional   al   ya   referido,   por   valor   de  $30.000.000.oo.   

          El  contratista  recibió  la  suma de $92.002.402.50, pese a que la  obra  quedó  inconclusa,  según  lo  estableció  el Investigador Onasis  Negrete el 8 de abril de 2005, de  modo  que el trabajo ejecutado fue avaluado en $11.230.800.oo y unas estructuras  metálicas adquiridas en $49.080.000.oo.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La  Fiscalía  Seccional  de  Montería  dispuso  la correspondiente  indagación  preliminar  y luego de practicar algunas diligencias dio apertura a  la    investigación,    vinculando    mediante   indagatoria   a   CRISTÓBAL   SEGUNDO   CORREA   LLORENTE,  Wilmer  Pérez  Padilla  y  AURO MORALES.   

Clausurada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  27 de enero de 2006 con resolución de  acusación  en  contra  de  los procesados, los dos primeros como coautores y el  último  como  interviniente  del  delito de peculado por apropiación. También  acusó    a    CORREA   y  Pérez como coautores de los  punibles  de  interés  indebido  en la celebración de contratos y contrato sin  cumplimiento de requisitos legales.   

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Lorica,  cuyo  titular se declaró impedido y  remitió  la  actuación a su homólogo de Cereté, despacho que en la audiencia  preparatoria   dispuso   la   cesación   del  procedimiento  adelantado  contra  Wilmer  José  Pérez  por  razón  de  su muerte, y una vez surtida la vista pública profirió fallo el 21  de  mayo  de  2010,  a  través  del  cual  condenó a  CRISTÓBAL  SEGUNDO CORREA LLORENTE a la pena principal  de  setenta  y seis (76) meses de prisión, multa por el valor de lo apropiado e  “interdicción    de    derechos    y   funciones  públicas”  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  libertad,  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso de  delitos  de  peculado  por apropiación, interés indebido en la celebración de  contratos y contrato sin cumplimiento de requisitos.   

En la misma decisión condenó a AURO  MORALES  a  la  pena  principal  de  cincuenta  y cuatro (54) meses de prisión, multa por el valor de lo apropiado e  “interdicción    de    derechos    y   funciones  públicas”  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa   de   libertad,   como  interviniente  del  delito  de  peculado  por  apropiación.   

          A  los  procesados  les  fue negada la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

         Impugnado  el  fallo del a quo  por  los  defensores  de  los  acusados,  el Tribunal de Montería  decidió  el  17  de marzo de 2014 confirmar la sentencia condenatoria proferida  contra   aquellos   por   el   punible   de  peculado  por  apropiación,  cesar  procedimiento  por  prescripción de la acción penal derivada de los delitos de  interés  indebido  en  la celebración de contratos y contrato sin cumplimiento  de  requisitos  por  los  cuales  fue  acusado  CORREA  LLORENTE,  y  en  consecuencia,  redosificar  la  pena  impuesta en setenta y dos (72) meses de prisión.   

Contra la sentencia del Tribunal la defensora  en   representación  de  los  procesados,  interpuso  recurso  de  casación  y  ulteriormente   allegó  la  demanda  cuya  admisibilidad  se  examina  en  este  auto.   

EL LIBELO  

La   recurrente  manifiesta  que  presenta  “Demanda   de  Casación  Discrecional”  y  formula  cinco  reproches  que  postula  y desarrolla en los  siguientes términos:   

1.            Primer  cargo: Nulidad por violación de  los principios de legalidad y debido proceso   

          Afirma  la  casacionista que los procesados fueron condenados por el  delito  de  peculado  por apropiación “y no por una  conducta  delictiva concreta, sino por un genérico y abstracto nomen juris. Sin  ubicar    la    conducta    en    ninguna    de    sus    exigencias”.   

          Puntualiza  que  el  artículo  397 de la Ley 599 de 2000 dispone de  tres  montos de pena para el delito de peculado dependiendo de la cuantía de lo  apropiado,   pero   en   este  asunto  no  se  especificó  la  cuantía  de  la  apropiación, necesaria para establecer la pena imponible.   

          Resalta  que  hay dos modalidades de peculado por apropiación, uno,  en  provecho  del  autor  y  otro,  en  favor  de  terceros,  y  es por ello que  “el artículo 287 de la Ley 906 de 2004”  señala  las  situaciones  que  determinan  la  formulación de  imputación,  pese  a  lo  cual  en esta actuación la Fiscalía no precisó las  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar de comisión del delito de peculado por  apropiación,  ni  le indicó a los procesados en qué consistió su acción, en  desmedro de su derechos al debido proceso y a la defensa.   

          Luego  de  referirse a los rasgos del sistema inquisitivo mixto y el  acusatorio,  así  como  al  principio  de  legalidad  como parte del derecho al  debido  proceso,  reitera  que  en  el curso de las instancias no se precisó el  inciso  del artículo 397 de la Ley 599 de 2000 por el cual se procedía, lo que  en  su  criterio quebrantó los derechos al debido proceso y a la defensa de los  acusados.   

          Señala  que  al  sumar $75.865.800.oo correspondientes al valor del  contrato  inicial,  más  $30.000.000.oo del contrato adicional, da un resultado  de  $105.865.800.oo,  de los cuales se entregaron al contratista $92.002.402.50.  A  esta  suma  debe  restarse  $44.500.000.oo  del  valor de las estructuras del  puente   y   $10.474.126.oo   que   devolvió   Auro  Morales  después  del  fallo de primer grado, para un  resultado final de $37.028.126.50.   

          Entonces,  colige  que  si  el salario mensual mínimo legal en 1992  era  de  $309.000.oo,  la suma mencionada anteriormente equivaldría a 119.83 de  tales  salarios,  luego  debió aplicarse el primer inciso del artículo 397 del  Código  Penal,  en  cuanto el monto de lo apropiado fue inferior a 200 salarios  mínimos y por tanto, la pena sería de 6 a 15 años de prisión.   

          Finalmente   manifiesta   que  “con  el  objeto  que  se corrija (sic)  las  irregularidades  sustanciales  que  llevaron  a  la  violación  del debido  proceso  y  que  causaron  en  contra  de  mis  defendidos señores AURO MORALES  ATENCIO  y  CRISTÓBAL  SEGUNDO  CORREA  LLORENTE,  la  violación al derecho de  defensas  (sic), solicito a  los  señores  Magistrados  se  decrete  la invalidez del proceso a partir de la  resolución      que     ordenó     abrir     la     investigación”.   

2.             Segunda   censura:   Error   de  hecho  “en   la   modalidad   de   la   identidad  de  la  prueba”   

          Advera  la  demandante  que  los falladores al apreciar los informes  presentados   por  el  Investigador  Criminalístico  del  CTI  Onasis  Negrete,  “los     cercionan  (sic)  y  tergiversan, dando pleno valor probatorio a  una  prueba que por idoneidad, el funcionario no podía pronunciarse, por no ser  persona  experta en avalúos y no cumplir los requisitos exigidos por la entidad  que los acredita”.   

Pone de presente que en el informe de agosto  de  2005, el Investigador dijo que no podía establecerse el estado de avance de  las  obras  y  precisó que su unidad no contaba con perito experto en avalúos,  pues  él  es  un  arquitecto  con 7 años de experiencia en obra, motivo por el  cual  los  falladores  no podían fundar su decisión de condena en los informes  de aquél.   

          Después  de  transcribir  apartes  de  los  fallos,  así  como  de  fragmentos  de  los  informes rendidos por el Investigador, asevera que si no se  contaba  dentro del proceso con un perito idóneo, sus evaluaciones como pruebas  son  violatorias de la ley e inútiles, en cuanto los valores consignados no son  realizados  por  un  experto, máxime si el Cuerpo Técnico de Investigación no  tiene personal con pericia en la materia.   

Concluye  que  no consiguió desvirtuarse el  principio  de  presunción  de  inocencia, motivo por el cual se impone declarar  fundada  la  causal  invocada, es decir, revocar la decisión objeto del recurso  extraordinario.   

3.              Tercer    reparo:    “HERROR            (sic) DE DERECHO  POR FALSO JUICIO DE LEGALIDAD”   

         

          Propone   la   defensora   que   algunas   pruebas   “DEBEN  SER  DECRETADAS  NULAS  Y  EN CONSECUENCIA NO SER TENIDAS EN  CUENTA  EN  EL  PRESENTE PROCESO POR NO CUMPLIR CON LOS REQUISITOS LEGALES DE SU  PRODUCCIÓN”; dice que se refiere a:   

(i)           Los Informes FGN del 25 de septiembre de  2004   suscritos  por  Edelmira  Jiménez  y  FGN  del  1º  de  septiembre  de 2004 firmado por Clareth  Sofía  Arango,  pues si bien la  Fiscalía  asignó una misión de trabajo a las investigadoras por 30 días, los  informes  fueron  rendidos, el primero 16 días y el segundo 6 días después de  vencidas   las  comisiones,  luego  son  extemporáneos  y  no  cumplen  con  la  oportunidad  procesal  para  ser  allegados,  de  manera  que  se  violaron  los  artículos   161   y   162   de   la  “Ley  600  de  2004  (sic)”  que  aluden  a  la contabilización de  términos y a la interrupción de la actuación.   

          (ii)                      Las   fotocopias  del  contrato  inicial  y  el  adicional   suscrito   por   el   municipio   de   San   Antero  y  AURO  MORALES,  pues  son  informales, en  quebranto  del  artículo  269  del  estatuto  procesal  penal de 2004 que exige  pruebas  en  original,  copia  auténtica  o  copias  reconocidas en inspección  judicial.   

          (iii)                       Las   diligencias   de   inspección   judicial  practicadas  al  puente objeto de los contratos y al taller donde se encontraban  las  estructuras  metálicas,  pues  aparecen  firmadas  por el Fiscal, y no por  quienes   en   ella   intervinieron,   motivo   por  el  cual  carece  de  valor  probatorio.   

          (iv)                      El  informe  FGN  del  28  de  abril rendido por  Onasis  Negrete  Contreras,  pues  no  fue  presentado en el término definido en la orden expedida, al punto  que se dispuso requerir al perito para que cumpliera su cometido.   

          (v)                       La   aclaración   del  dictamen  suscrita  por  Onasis  Negrete pues pese a  que  éste  manifestó  que  por  ser arquitecto con experiencia en obras no era  especialista  en  avalúos  y  el  CTI no cuenta con expertos en tal materia, se  corrió  traslado  del  dictamen a los sujetos procesales y luego los falladores  le   dieron   valor   para   edificar   el   fallo   de   condena   contra   los  acusados.   

          Resalta    que    esta   adición   del   dictamen   fue   entregada  extemporáneamente 25 días después.   

          También  señala  que  hay  imprecisión en los referidos informes,  pues  no  eran  procedentes  (artículo 249 de la Ley 600 de 2000), en cuanto el  CTI  no  cuenta con peritos avaluadores en la materia objeto de este proceso; no  se   envió   un   cuestionario   a  los  peritos  (artículo  252  ídem);  no  se  respetaron los términos  ordenados;  y  los  investigadores  no  eran  personas  idóneas  para  realizar  dictámenes    (artículo    257   ídem).   

          Acerca  de  la  trascendencia de los yerros afirma que si marginaran  los  informes  de  Edelmira Jiménez, Clareth Alcalá  y Onasis Negrete, el sentido el fallo sería absolutorio.   

4.            Cuarto cargo: Nulidad por violación del  debido proceso por ausencia de defensa técnica   

          Con  base  en la causal tercera de casación reglada en el artículo  207   de   la  Ley  600  de  2000,  la  defensora  manifiesta  que  CRISTÓBAL   SEGUNDO  CORREA  estuvo  sin  defensor  durante  la  fase del juicio desde el 22 de agosto de 2008 hasta el 10  de noviembre de 2009.   

          Considera  violados  los  artículos  29 de la Carta Política, 6º,  8º y 13 de la Ley 600 de 2000.   

          Luego  de citar jurisprudencia nacional sobre el derecho fundamental  a    la   defensa   técnica,   afirma   la   recurrente   que   “DESDE  EL  DÍA  22 DE AGOSTO DE 2008 HASTA EL DÍA 10 DE NOVIEMBRE  DE  2009,  (sic) ESTANDO SIN  DEFENSOR  MÁS  DE 14 MESES, LO QUE GENERA UNA NULIDAD POR VIOLACIÓN DEL DEBIDO  PROCESO”.   

Advera  que  el  13 de septiembre de 2007 se  reconoció  a  su defensor de confianza Carlos Enrique  García,   quien  previo  a  la  celebración  de  la  audiencia  preparatoria renunció al poder el 22 de agosto de 2008. No obstante,  llegado  el día de dicha diligencia impropiamente se dejó constancia que no se  realizaba por aplazamiento del mencionado defensor.   

El  27 de noviembre se aplazó nuevamente la  audiencia  preparatoria  por inasistencia del Fiscal, el Ministerio Público, el  procesado  y  el  defensor,  pese  a  que  se  designó  al  doctor Marco  Tulio Mangonez, quien el 5 de junio  de  2009 allegó un escrito en el cual expresó que por ser defensor público no  podía ser nombrado oficiosamente.   

          El  20  de  agosto  se  realizó  la  audiencia  preparatoria con la  asistencia  de  la  Fiscalía  y  el  defensor de AURO  MORALES,  donde se decidió fijar fecha para audiencia  pública,  dado  que  los  sujetos  procesales  no  solicitaron  pruebas,  ni el  despacho consideró que debían ser decretadas de oficio.   

          A  partir  de  lo  anterior,  la  recurrente solicita la nulidad del  trámite  desde  el  25  de  agosto  de  2008,  fecha  en la cual se realizó la  referida audiencia preparatoria.   

5.              Quinto    reproche:    Nulidad   por  prescripción  de  la  acción  penal  del  delito  de peculado por apropiación  respecto de AURO MORALES   

          Con  apoyo  en  el  numeral  3º  del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,   la   censora  refiere  que  si  AURO  MORALES  ATENCIO  fue  acusado  el  27  de  enero  de 2006 como  interviniente  del  delito  de peculado por apropiación, providencia que cobró  ejecutoria  el  10  de  junio siguiente, es claro que si la pena máxima para el  interviniente  de tal delito es de 135 meses, la acción penal prescribió el 22  de enero de 2012.   

Solicita   se  disponga  la  cesación  de  procedimiento  en favor de MORALES ATENCIO  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación y se cancelen los  compromisos      adquiridos     por     él     con     ocasión     de     este  diligenciamiento.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestión inicial   

Como  la  defensora inicialmente señala que  presenta  demanda  de casación discrecional, es pertinente acotar que según el  inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  este mecanismo de  impugnación   extraordinaria   procede  contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos      “por      los      tribunales   superiores   de   distrito  judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar”, siempre  que  se  proceda  por  “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente los libelos de casación presentados, “cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

En  el  caso  objeto de estudio advierte la  Colegiatura  que  en  punto  del  recurso  extraordinario de casación se impone  acudir  a  la  vía  ordinaria,  pues  el  delito de peculado por apropiación por  el  cual  se procede tiene una pena máxima superior a  ocho  (8)  años  requerida  para  acceder  a  la  casación  común,   circunstancia   que   denota   confusión  de  la  recurrente   en   el  planteamiento  de  apertura de su libelo.   

          Admisibilidad de la demanda de casación   

De tiempo atrás ha puntualizado la Corte que  en  el  examen  de  los  libelos casacionales corresponde a su órbita funcional  constatar  que  los  recurrentes  formulen  los  reparos  de conformidad con las  exigencias  de  crítica  lógica  y  suficiente argumentación definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el propósito de evitar  que  esta impugnación se convierta en una instancia adicional a las ordinarias.  Dichos  requisitos  pretenden  conseguir  demandas  presentadas  dentro  de unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en la postulación y sustentación de los  cargos  propuestos,  de  manera  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en esta sede.   

Además,  según la preceptiva del artículo  213  de la Ley 600 de 2000, “si el demandante carece  de  interés  o la demanda no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

          Una   vez   advertido   lo   anterior,  procede  la  Corporación  a  pronunciarse   sobre  la  admisibilidad  de  los  reproches  planteados  por  la  recurrente, así:   

Como  en la primera  censura  propone  la  nulidad  de  la  actuación,  es  oportuno   recordar   que   tratándose  de  la  causal  tercera  de  casación,  corresponde  al  demandante  señalar  con  claridad la especie de incorrección  sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos fácticos y las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la  indicación  de  los  motivos  de su  quebranto.  También  es de su resorte especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restaurar el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes  de demostración o en situaciones ausentes de quebranto, reglas que la  impugnante no acogió en su planteamiento.   

          En  efecto,  al  constatar  el  reparo  advierte  la  Corte  que  la  defensora  no es clara en su planteamiento, pues sin sujetarse a lo declarado en  los  fallos  afirma que no fue señalado el proceder de sus asistidos, sin tener  en   cuenta   que,   por   ejemplo,   en   la   sentencia  de  primer  grado  se  precisó:   

“Al   ser  escuchados  los sindicados MORALES ATENCIO y CORREA LLORENTE, alegaron una serie  de  situaciones  que  según  ellos  habían impedido la normal ejecución de la  obra,  primero  que  un permiso de INVIAS, segundo que el sitio era rocoso y que  había  que  utilizar  materiales explosivos para destruirlos y colocar en forma  adecuada  las  estructuras,  sin  embargo,  hasta  este  momento  y transcurridos  casi  8  años  desde  la  época del contrato, este  nunca   se   efectuó  dentro  de  las  especificaciones  del  mismo,  sin embargo se pagó en su totalidad. Los estudios respecto a la  conveniencia  de  la  ejecución  del mismo en ese sitio no fueron los adecuados  razón  que  lleva  a  concluir  que  evidentemente  el  comportamiento  de  los  funcionarios  que  intervinieron  en  este  contrato  merecen  todo  el reproche  necesario  por  parte  del derecho penal, pues como se  probó  hubo  apropiación  de  dineros  públicos  y  la  obra  no  se  hizo en  detrimento de la comunidad”.   

Tampoco  atina  a  señalar  de  qué manera  fueron  socavadas  las  bases  del proceso, en cuanto no identifica cuál fue en  concreto   el   perjuicio   que   sufrió  CRISTÓBAL  CORREA,  pues de una parte, se le acusó por el delito  de  peculado  por apropiación y por ese mismo punible fue condenado, y de otra,  la  actora  no  dice, ni la Sala advierte, cuál fue la repercusión concreta en  la  punibilidad resultado de no haber diferenciado si se procedía por el inciso  primero  o  el  segundo  del  artículo  397 de la Ley 599 de 2000, toda vez que  ambos  tienen la misma pena mínima, la cual a la sazón fue incrementada por el  concurso de delitos.   

Como la defensora refiere que no se precisó  si  CRISTÓBAL  CORREA  fue  condenado  por  el  delito de peculado por apropiación en provecho suyo o de un  tercero,  debe  reiterar  la  Corte que en sede casacional no basta con señalar  una  falencia  o  irregularidad  si  acto  seguido  no se acredita su injerencia  material  e importante en los derechos de los sujetos procesales, de modo que si  la  recurrente  no  indica  el  perjuicio  derivado  de su queja, no hay lugar a  reparar agravio alguno en esta sede extraordinaria.   

          Además,  olvida  que  sobre el particular ha señalado la Sala (CSJ  SP,  7  abr.  2010.  Rad. 25504) que “el hecho de no  haberse  establecido  en el proceso el destino final de los recursos y quedar en  la  indefinición  quién  exactamente  se  aprovechó  de  ellos,  que  es como  exactamente  se refleja en las sentencias lo ocurrido, no traduce la ausencia de  un  elemento  sin  el cual fuese imposible la defensa. Existió apropiación -lo  concluyeron  los  juzgadores-  y  la  misma  fue  en  beneficio  del  (…) o de  terceros,   no   siendo   la   indeterminación  del  beneficiario  real de la defraudación un factor que haga decaer el peculado por  apropiación” (subrayas fuera de texto).   

          Causa  curiosidad,  por  decir lo menos, que la censora invoque como  fundamento  de su inconformidad “el artículo 287 de  la  Ley 906 de 2004” en el ámbito de la formulación  de  la  imputación,  cuando lo cierto es que este diligenciamiento es gobernado  por la Ley 600 de 2000.   

No  dice  en  concreto  de  qué  manera fue  violado  el  derecho  de  defensa  de  su  asistido, es decir, en qué forma los  funcionarios   judiciales   consiguieron  entrabar  su  estrategia  defensiva  o  conculcaron sus garantías.   

De otra parte advierte la Corte que   la   actora   postula   en  forma  sincrónica  la  violación al debido proceso y al derecho de defensa, propia de  la  causal  tercera  de  casación, sin percatarse que uno y otro corresponden a  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general  un  vicio  de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera claro sobre el  particular    en   su   planteamiento,   evitando   su   impropia   formulación  simultánea.   

Finalmente, en absoluta falta de precisión,  y  sin  dar razones para así proceder, la defensora propone que para establecer  la   cuantía   de   lo   apropiado   se   reste   una   suma  que  ATENCIO  MORALES  devolvió  después del  fallo  de  primer  grado,  motivo adicional para inadmitir el reproche con tales  falencias presentado.   

Con    relación    al    segundo  reparo, como la impugnante plantea  un  error  de hecho “en la modalidad de la identidad  de  la  prueba”, es pertinente señalar que el falso  juicio  de  identidad tiene lugar cuando los sentenciadores al ponderar el medio  probatorio   distorsionaron   su   contenido   cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo,  motivo  por  el  cual corresponde al demandante identificar a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el elemento de convicción y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a partir de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia de  la  falencia  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  la prueba cuya tergiversación denuncia, en cuanto es su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro en la falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  señalar  la  modificación  sustantiva  de  la  sentencia  atacada  con la  corrección  del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto con las  demás,    obligaciones    que    no    fueron    asumidas    en    la   censura  examinada.   

En  efecto,  pese  a  que  la  casacionista  identifica  la  prueba sobre la cual considera recayó el yerro, no procede como  es  su  deber  a  especificar  cuál  fue el aparte cercenado o adicionado, pues  olvidando  que  el  error  mencionado es de índole objetiva y contemplativa, su  cuestionamiento  se  dirige  a  criticar  la  idoneidad  del perito, de modo que  ingresa  en  el  discurrir  propio del error de hecho por falso raciocinio, cuya  acreditación  es sustancialmente diversa del falso juicio de identidad, todo lo  cual  denota  confusión y falta de claridad en el planeamiento (numeral 3º del  artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  la  recurrente  no  demuestra una hipótesis diversa de la  señalada  por  la  Fiscalía y asumida en las instancias, es decir, no acredita  que  con la falencia denunciada el sentido del fallo fuera diverso y favorable a  los  intereses  de  su  procurado,  máxime si la citada prueba no fue el único  medio de convicción que soportó la sentencia de condena.   

          Las razones expuestas bastan para inadmitir la censura.   

En cuanto atañe al  tercer  cargo, en el cual se plantea un “HERROR (sic) DE  DERECHO  POR  FALSO  JUICIO  DE  LEGALIDAD”,  impera  rememorar  que  tal  yerro  acontece  cuando  los  falladores al apreciar alguna  prueba  la  asumieron  equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de manera errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos en la ley para su práctica o aducción,  caso  en  el cual, es del resorte del demandante identificar el medio probatorio  que  tacha  de ilegal, indicar las disposiciones legales o constitucionales cuyo  quebranto  determina  su  ilegalidad  y  demostrar  la efectiva ocurrencia de lo  denunciado;   ora,  comprobar  la  legalidad  de  la  prueba  desechada  por  el  juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió la libelista.   

En  el  caso  de  la  especie  se  consigue  verificar,  de  una parte, que la demandante no explica por qué la fecha de los  informes  rendidos  debía  encontrarse  dentro  del  término para practicar la  comisión  dispuesta por los funcionarios judiciales, y de otra, tampoco se toma  el  trabajo  de  demostrar  de qué manera al marginar los informes rendidos por  Onasis      Negrete      Contreras,      Edelmira  Jiménez  y  Clareth Sofía  Arango las conclusiones del fallo serían diversas, en  cuanto  huelga  decir  que  también  otras pruebas sirvieron como pilares de la  decisión de condena.   

          No  señala  la censora el perjuicio que sufrió su representado con  que  los  contratos,  el  inicial  y  su adición, fueran anexados en fotocopia,  máxime  si  en Colombia rige el régimen de libertad probatoria y la defensa no  expresó  en  el  curso del diligenciamiento, ni ahora, inconformidad alguna con  el texto de las copias de los referidos acuerdos.   

          Tampoco  explica  por  qué  razón  la  diligencia  de  inspección  judicial  practicada al puente objeto de los contratos y al taller en el cual se  encontraban  las estructuras metálicas carece de valor probatorio, toda vez que  si  bien  no  aparece firmada por quienes en ella intervinieron, si fue suscrita  por  el  Fiscal  que la realizó, quien en su condición de servidor público da  fe  de cuanto ocurrió, con mayor razón si tampoco a lo largo de las instancias  o  en  esta impugnación se tacha de irregular tal medio de convicción o denota  falseamiento de la verdad, de manera que la queja resulta inocua.   

          Ahora,  si  el  reparo  a  la  aclaración del dictamen suscrita por  Onasis Negrete radica en que  no  tenía  los  conocimientos  necesarios  para  hacer un avalúo, encuentra la  Corte  que  tal  inconformidad no propicia un reproche por vía del falso juicio  de  legalidad, sino a través del falso raciocinio, en cuanto el cuestionamiento  no  se  dirige  al  acatamiento  de  las  normas  que  gobiernan  la aducción o  práctica  de  tal  medio  probatorio, sino a la errada valoración que pudieron  otorgarle   los   falladores   sin   sujeción   a   las   reglas   de  la  sana  crítica.   

          Como  también indica que los referidos informes no eran procedentes  (artículo  249  de  la  Ley  600  de  2000),  pues el CTI no cuenta con peritos  avaluadores  en  la materia objeto de este proceso, no se envió un cuestionario  a   los   peritos  (artículo  252  ídem),  no se respetaron los términos ordenados y los investigadores no  eran  personas  idóneas  para  realizar dictámenes (artículo 257 ídem),  se impone señalar que adicional  a  tales  aspectos  era  imprescindible que la demandante explicara a la Sala la  trascendencia  de  las  incorrecciones  denunciadas  en punto de la decisión de  condena  cuestionada,  bien  para  atacar  la materialidad del punible, ora para  demostrar    la    inocencia    de    su    representado,    proceder   que   no  acometió.   

Finalmente  es  insuficiente señalar que al  marginar  los  informes  de Edelmira Jiménez, Clareth  Alcalá     y    Onasis  Negrete  el  sentido el fallo sería absolutorio, pues  era   menester   que   la   defensora   así  lo  demostrara  claramente  en  su  discurrir.   

          Las   consideraciones   precedentes   bastan   para   inadmitir   el  cargo.   

En    punto    de    la    cuarta  censura,  en la cual la impugnante  postula  violación  del  debido  proceso  por ausencia de defensa técnica, sin  dificultad  se  constata  que  desde la formulación del cargo incurre en graves  imprecisiones e incorrecciones.   

En efecto, tal como se puntualizó dentro de  esta  misma  decisión,  por  regla  general  en sede  casacional     no     es     viable     postular    de    manera    simultánea la  violación  al debido proceso y al derecho de defensa,  en   cuanto   corresponden   a  ámbitos    sustancialmente    diferentes;   la  vulneración    del    debido    proceso   comporta  un  vicio de estructura, en  tanto  que  la  lesión del  derecho  de  defensa afecta  la  garantía,  motivo por el cual era imprescindible  identificar  y no confundir  la afrenta a tales derechos.   

Adicionalmente,  olvida  la defensora que como ya ha tenido oportunidad  de  expresarlo profusamente la Corporación, cuando se  propone  la  nulidad  del  averiguatorio  es  indeclinable demostrar la efectiva  lesión  de los derechos de quien invoca la invalidación, pues no toda falencia  o incorrección conduce a la nulidad de lo actuado.   

Así pues, si bien es cierto que  durante la fase del juicio desde el 22 de agosto de 2008 hasta el  10  de  noviembre  de  2009 el procesado CRISTÓBAL  CORREA LLORENTE no contó con  adecuada  asistencia  letrada  en  atención  a varias vicisitudes de quienes lo  representaron,  lo cierto es que en dicho lapso no se practicaron pruebas, no se  surtieron  traslados,  no  se  notificaron decisiones de fondo, de manera que en  concreto  no  se  materializó  un  perjuicio  a  la  estrategia  defensiva  del  mencionado  ciudadano,  y  sin  ello,  el  reproche  resulta insulso,  máxime  si  la recurrente no expone cual fue el daño causado a  su     procurado.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

         Con     relación    a    la    quinta  censura,  en  la cual la defensa depreca la cesación  de  procedimiento  por  prescripción de la acción penal derivada del delito de  peculado  por  apropiación  respecto  de AURO MORALES  ATENCIO,  acusado  en  condición de interviniente de  tal  punible,  considera  la  Sala que por sujetarse a las reglas definidas para  acceder  a  este  recurso  debe  ser  admitida, y por tanto, se ordena surtir el  correspondiente   traslado   al   Ministerio   Público   para   que   rinda  su  concepto.   

En  suma,  encuentra  la  Corte que salvo el  quinto  cargo,  la  censora  dirige  su  labor  a deplorar en forma desordenada,  confusa  y  sin  un  hilo  conductor  la condena de su asistido, pero no atina a  señalar  con  precisión  cuál  es  su inconformidad, y lo más importante, de  qué  manera  los  falladores erraron gravemente en la aplicación de la ley, en  la  apreciación  de los medios probatorios o en la guarda de la legitimidad del  trámite,  olvidando  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la cual se  encuentra revestida la sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las   consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal  elaboración,  su  presentación  con  base  en  apreciaciones  confusas  e  imprecisas  y  sin  atenerse  a alguna de las reglas  lógicas   y   argumentativas   que   gobiernan  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  impone  la  inadmisión  de  los  cargos  primero  a cuarto de la  demanda   según   lo   dispuesto   en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.           

          Para  culminar  es  destacar  que  la  Corporación  no observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado   CORREA  LLORENTE,  como  para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador     en     punto    de    asegurar    su  protección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.                      INADMITIR              los   cargos   primero   a   cuarto  de  la    demanda    de    casación    presentada  por  la defensora del procesado  CRISTÓBAL   SEGUNDO   CORREA   LLORENTE,  de  acuerdo con las razones expuestas  en las consideraciones precedentes.   

          2.        ADMITIR  el  quinto  cargo  del  referido  libelo  y, en consecuencia, surtir el traslado legal al Ministerio Público para  que rinda su concepto.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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