AP5227-2014(44195)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP5227-2014  

Radicación n.° 44195  

(Aprobado Acta n.°  288)   

Bogotá  D.C.,  tres (3) de septiembre de dos  mil catorce (2014)   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  representante del Ministerio Público contra el auto del 9  de  mayo  de  2014,  por  cuyo  medio el Juzgado Noveno de Ejecución de Penas y  Medidas   de   Seguridad   de  Bogotá  concedió  libertad  condicional  al  ex  Representante  a  la  Cámara  por el Departamento de Antioquia ETANISLAO ORTÍZ  LARA.   

ANTECEDENTES  

1. ETANISLAO ORTÍZ  LARA,  en su condición de ex Representante a la Cámara, fue condenado mediante  sentencia  del  6  de  marzo de 2013 proferida por esta Corporación, como autor  del  delito  de  concierto para delinquir agravado bajo la modalidad de promover  grupos  armados  al  margen  de  la ley, imponiéndosele las penas de cien (100)  meses  de  prisión,  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   igual  lapso  y  multa  de  6.600  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

2. Así mismo, le  negó  al  sentenciado  el mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria, al  igual  que  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, providencia  que    quedó    ejecutoriada    el    13    de    marzo   de   2013.   

3. En razón de ese  proceso,  el  condenado  ha  estado  privado  de  la  libertad  desde  el  28 de  septiembre de 2010.   

4.   Correspondió  la  vigilancia  de  la  pena  al Juez Noveno  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá,  quien  mediante  auto  de  9  de  mayo de 2014 otorgó la libertad condicional a  ORTÍZ LARA.   

5.  Frente  a  la  anterior  determinación,  el  representante  del  Ministerio Público interpuso  recurso  de apelación que fue concedido en el efecto devolutivo por auto del 27  de  junio  de  2014,  motivo  por el cual llega el expediente a esta Colegiatura  para su resolución.   

IMPUGNACIÓN  

El Delegado del Ministerio Público invoca la  procedencia   de  la  alzada  a  partir  de  afirmar  su  extrañeza  porque  la  Funcionaria  de primera instancia no realizó el estudio de la conducta, como lo  impone el artículo 64 del Código Penal.   

Considera el impugnante que al aplicarse por  favorabilidad  el  artículo  30  de  la  Ley  1709  de  2014,  que modificó el  artículo  64  del  Código Penal, correspondía a la Juez realizar el análisis  de  la  gravedad  de  la  conducta  y  para  ello hubiera bastado remitirse a la  sentencia de única instancia.   

Por  último,  compartió  en  lo  demás el  proveído  apelado  por  cuanto  considera  que el condenado ETANISLAO ORTÍZ ya  cumplió    las   3/5   partes   de   la   pena   privativa   de   la   libertad  impuesta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Como  lo  ha  decantado  la  Corporación,  la  autoridad judicial competente para conocer del  recurso  de  apelación interpuesto contra la providencia emitida por un Juez de  Ejecución   de   Penas   y   Medidas  de  Seguridad,  tratándose  de  aforados  constitucionales,  es  la  Corte Suprema de Justicia, de acuerdo con lo previsto  en  el  primer  parágrafo  del  artículo  38 de la Ley 906 de 20041,  el  cual es  aplicable  por  favorabilidad a las actuaciones adelantadas bajo la égida de la  Ley 600 de 2000.   

Ello   puesto  que  la  vigilancia  de  la  ejecución  de  la  pena  no es una figura exclusiva del modelo de procesamiento  implementado  con  la  Ley  906  de  2004  y  el  supuesto  de  hecho  en  ambos  procedimientos  es  el mismo, razón por la cual el parágrafo 1º del artículo  38  de  ese  ordenamiento  es  más  beneficioso  en  cuanto  garantiza la doble  instancia,  pues  en  la  Ley  600  de  2000  ese  mismo  trámite era de única  instancia,   ostentando   innegable  carácter  sustancial  el  hecho  de  poder  controvertir  ante  el superior, situación que amerita la aplicación favorable  de la disposición más reciente.   

Así  lo  ha  sostenido esta Corporación en  reiterada jurisprudencia:   

«Si  bien  es  cierto,  de  conformidad con lo dispuesto por el artículo 79-8 de la Ley 600 de  2000,  la competencia para conocer de la ejecución de la sentencia condenatoria  en  los  casos  de  procesados  o condenados que gocen de fuero constitucional o  legal  permanece en la autoridad judicial de conocimiento, advierte la Corte que  con  la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  906  de  2004, tal precepto resulta  inaplicable  por  restrictivo  en los casos de única instancia de que conoce la  Corporación,  al  no permitir la impugnación de sus decisiones ya que la Corte  Suprema  de  Justicia es el Máximo Tribunal de la Jurisdicción Ordinaria en el  país,  ‘en tanto que al  asignarla  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad el nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  y  la segunda instancia al respectivo juez de  conocimiento,   materializa  las  garantías  fundamentales  de  impugnación  y  segunda  instancia  a  través  del  recurso ordinario de apelación, las cuales  hacen  parte  del  derecho al debido proceso consagrado en el artículo 29 de la  Carta     Política’  tal    cual   ha   sido  indicado    por    la   jurisprudencia.»    (CSJ  AP,   3   agosto   2005,  Rad.  22099).   

2.  Le corresponde  dilucidar  a  la  Corte  si  es  conforme  a  derecho la decisión de la primera  instancia  de  concederle  la libertad condicional al condenado ETANISLAO ORTÍZ  LARA,  condenado  por  promover  grupos  armados  al  margen  de  la  ley. Haber  permanecido  privado  de  la libertad más de las 3/5 partes de los 100 meses de  prisión   impuestos   y  mantenido  conducta  ejemplar  en  el  establecimiento  carcelario,  según  lo  certificó  el  INPEC,  fueron  los elementos de juicio  tenidos   en   cuenta   por   la   a  quo  para  otorgar  el  subrogado. El funcionario recurrente piensa que  debió ser objeto de consideración la gravedad de la conducta.   

El primer problema a resolver tiene que ver  con la norma de libertad condicional aplicable al presente caso.   

Para ello es oportuno recordar que el delito  de  concierto para delinquir por el cual se condenó a ETANISLAO ORTÍZ LARA, se  cometió  entre  los  años  2002  y  2006,  como  con claridad se deduce de los  siguientes términos de la sentencia:   

II.1.  Desde  pasadas décadas, en diversos  puntos  de  la  geografía  nacional  operaron  grupos  armados  ilegales que se  hicieron  llamar  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  “AUC”,  de  los cuales  hicieron  parte  los  bloques  “Turbo”  o  “Bananero”  al mando de ÉVER  VELOZA  GARCÍA  (a.  H.H.),  “Élmer Cárdenas” comandado por FREDY RENDÓN  HERRERA  (a.  Alemán),  y “Arles Hurtado” de RAÚL EMILIO HASBÚN (a. Pedro  Bonito), todos tres asentados en la región del Urabá.   

II.2.   Esas   organizaciones   armadas,  pretendiendo   obtener   representación   en  el  Congreso  de  la  República,  desarrollaron  un  proyecto  político  regional que se llamó “Por una Urabá  Grande,  Unida y en Paz”, a través del cual durante  las   elecciones   del   año  2002  obtuvieron  una  curul  en  la  Cámara  de  Representantes  por  el  Departamento  de  Antioquia,  que  durante  el  periodo  constitucional  2002-2006 se turnaron año por año cuatro de los líderes de la  región,     entre     ellos,     ETANISLAO     ORTÍZ     LARA.    (Negrillas      fuera      del      texto     original).   

ORTÍZ  LARA, en desarrollo de ese acuerdo,  ejerció  como  Representante  a  la  Cámara por el Departamento de Antioquia a  partir  del  17  de  agosto  de  2004,  ante  la renuncia de JESUS ENRIQUE DOVAL  URANGO.        Un       año      después2   también   dimitió  a  la  investidura    para    dar    paso    al    último    de    los    ‘cuatrillizos’.   

De  la  secuencia  anterior se concluye que  aunque  la  alianza  de  la  cual hizo parte el ex Representante a la Cámara se  gestó  en  el  año  2002, ésta permaneció y se prolongó en el tiempo por lo  menos  hasta  el mes de agosto de 2005, cuando ETANISLAO ORTÍZ LARA renunció a  la   curul   que   consiguió  con  la  ayuda  del  grupo  paramilitar  «AUC»,  concretamente  del  Bloque  ELMER CÁRDENAS, comandado por FREDY RENDÓN HERRERA  (a.   Alemán),   quien   asumió   la   dirección  del  proyecto  «Por una Urabá grande unida y en paz».   

Así  lo  sostuvo  la  Sala  en  el  fallo  condenatorio3  al  expresar que la seguridad pública sufrió un grave deterioro  y  fue  mayor  la  intensidad  del  dolo  en  consideración  a que el concierto  “inició  con  la  coalición político-paramilitar  que  condujo  a  sus  elecciones  en el Congreso de la República y se extendió  durante  el ejercicio alternado del cargo”, cada uno  por  un año. (Las negrillas  son ajenas al texto original).   

Durante el lapso de cometimiento del delito  imputado  al  condenado  rigió  el artículo 64 original de la Ley 599 de 2000,  cuyo texto era el siguiente:   

Libertad     condicional.   El  Juez concederá la libertad condicional al condenado a  pena  privativa  de  la  libertad  mayor  de tres (3)  años4,  cuando  haya  cumplido  las  tres  quintas partes de la condena,  siempre  que de su buena conducta en el establecimiento carcelario pueda el Juez  deducir,   motivadamente,   que  no  existe  necesidad  para  continuar  con  la  ejecución de la pena.   

No  podrá  negarse  el  beneficio  de  la  libertad  condicional  atendiendo a las circunstancias y antecedentes tenidos en  cuenta para la dosificación de la pena.   

El  período  de  prueba será el que falte  para el cumplimiento total de la condena.”   

Esa  disposición  fue  modificada  por  el  artículo  5º de la Ley 890 de 2004, vigente desde el 1º de enero de 2005. Los  siguientes fueron los términos de la nueva norma:   

Artículo       64.      Libertad  condicional.  El  juez  podrá  conceder  la libertad  condicional  al  condenado a pena privativa de la libertad previa valoración de  la  gravedad  de  la  conducta  punible,  cuando  haya cumplido las dos terceras  partes  de  la  pena y su buena conducta durante el tratamiento penitenciario en  el  centro de reclusión permita suponer fundadamente que no existe necesidad de  continuar  la  ejecución  de  la  pena.  En  todo  caso  su  concesión estará  supeditada   al   pago   total   de   la   multa   y  de  la  reparación  a  la  víctima.   

El tiempo que falte para el cumplimiento de  la  pena  se  tendrá  como  período de prueba. Cuando este sea inferior a tres  años, el juez podrá aumentarlo hasta en otro tanto.   

          Sobre  la  vigencia  del  artículo  5º  de la Ley 890 de 2004, que  modificó  el  artículo  64  de  la  Ley  599 de 2000, debe retomar la Corte su  estudio  para  señalar que se encuentra rigiendo en todo el territorio nacional  desde  el 1º de enero de 2005, por no estar su incorporación a la legislación  colombiana   sujeta   a   la   implementación   gradual   del   sistema   penal  acusatorio.   

          Aunque  la Ley 890 se publicó en el diario oficial el 7 de julio de  2004,     el     artículo    15    dispuso    que  regiría  a partir del 1°  de  enero  de 2005, «con excepción de los artículos  7º  a  13»,  que  entraron  en  vigencia  en  forma  inmediata.   

         

Acorde con lo anterior, la ley comentada no  previó  excepción  o  condicionamiento  para  que  el artículo 5º empezara a  regir  el  1º  de  enero  de  2005, junto con el resto del articulado.  La  única  discusión  surgió en la aplicabilidad del aumento punitivo descrito en  el  artículo  14  ibídem,  respecto  del cual la Corte ha estimado pacíficamente, en casos de no aforados,  que   empezó   a  regir  para  conductas  ocurridas  en  vigencia  del  sistema  acusatorio.  Y  como  este  empezó  a  funcionar  gradualmente en los distintos  Distritos  Judiciales,  según  la selección establecida en el artículo 530 de  la  Ley 906 de 2004, también el aumento de penas contemplado en el artículo 14  de  la  Ley 890 adquirió vigor de manera progresiva5.   

Frente a aforados constitucionales la Sala ha  considerado  que “el incremento del quantum punitivo  previsto  en  el  artículo  14  de  la  ley  890 de 2004, no aplica al trámite  especial  para  aforados  de la ley 600 de 2000, en cuanto desconoce el querer y  voluntad  del  legislador  en  punto  a la distinción de dos procedimientos que  sólo  son  compatibles  cuando  medie  el  principio  de favorabilidad, sin que  existan   en   esta  oportunidad  motivos  poderosos  para  variar  la  doctrina  jurisprudencial  reiterada, sobre la imposibilidad de aplicar el sistema general  de  agravación  punitiva  del citado precepto, a casos rituados bajo el imperio  de  la Ley 600 de 2000, sin importar la condición del procesado” (CSJ     SP,     18     Ene     2012,    Rad.    32764).   

Acerca de la vigencia de los artículos de la  Ley   890  de  2004 diferentes al 14, sostuvo recientemente la Sala (CSJ AP  3439 de 25 de jun. 2014, radicado 41752):   

No  menos desafortunada es la presentación  de  la  crítica  del  actor  orientada  a  poner  de  presente  que  en el caso  particular,  en  razón  de  la  fecha y el sitio de comisión de los hechos, al  dosificar la pena de prisión se rebasó su máximo legal.   

Ello  es  así,  por  cuanto  desconoce  la  normatividad que estaba vigente para aquel entonces.   

En efecto, no es cierto que el límite legal  de  la  pena  de  prisión  aplicable en este asunto sea el previsto en el texto  original  del  artículo  37-1 de la Ley 599 de 2000, es decir, “cuarenta (40)  años”,  pues  contrario  a  su  parecer,  dicha  norma  fue modificada por el  artículo  2º  de  la  Ley  890  de  2004,  el  cual  fijó un nuevo límite de  “cincuenta  (50)  años,  excepto  en  los  casos  de concurso” de conductas  punibles,  que a voces del artículo 31 (también reformado por la Ley 890) fija  un extremo para este evento de “sesenta (60) años”.   

Es  necesario  señalar  al  respecto,  que  contrario  a  lo  afirmado  por  el  impugnante,  el  aumento de la pena máxima  estipulado  en  el  artículo  2º  de  la  Ley  890  de 2004, modificatorio del  artículo  37  del  Código  Penal, se aplica para todos los delitos cometidos a  partir  de  la  vigencia  de  la  ley  en  cita,  independientemente  de  si  su  juzgamiento  se  rige por el Estatuto Procesal Penal de 2000 o por la Ley 906 de  2004.   

Al respecto baste recordar que el artículo  15  de  la  Ley  890  de  2004  fija  la  fecha de su entrada en vigor sin hacer  distinción alguna al respecto.   

No   es   posible   atender  entonces  la  afirmación  del  recurrente en punto de que se debía aplicar por favorabilidad  el  texto original del artículo 37 del Código Penal al dosificar la pena en el  caso  de  la  especie,  pues no puede perderse de vista que los hechos objeto de  juzgamiento  ocurrieron  el 24 de diciembre de 2006, es decir, con posterioridad  a  la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  890  de  2004  e, igualmente, resulta  intrascendente  que para la fecha de lo sucedido no estuviera vigente la Ley 906  de  2004  en  el  Distrito  Judicial  de Sincelejo, amén de que se trata de una  norma  que  modificó  la  parte general del Código Penal (en igual sentido CSJ  AP, 11 Dic. 2013, Rad. 39280).   

Es  claro,  pues,  conforme a lo hasta aquí  dicho  que  dos  normas de libertad condicional rigieron durante la comisión de  la   conducta  punible.  El  artículo  64  original  de  la  Ley  599  de  2000  –vigente  hasta  el 31 de  diciembre  de  2004— y el  5º  de  la  Ley 890 de 2004, el cual modificó el anterior y empezó a regir el  1º de enero de 2005.   

Aunque la primera instancia no explicó bajo  cuál  de  los disposiciones anteriores le otorgó la libertad condicional al ex  Representante  a  la  Cámara  aquí  condenado,  asume  la Sala que lo hizo con  sustento  en  el artículo 64 original de la Ley 599 de 2000 porque su análisis  se  limitó  a  dos supuestos: el cumplimiento de las 3/5 partes de la pena y la  buena  conducta  del  condenado en el establecimiento carcelario. Pasó por alto  ese  despacho  judicial  que  tratándose  de  delitos  de ejecución permanente  cuya   comisión   comenzó   en   vigencia  de  una  ley   y   se   continuó  ejecutando hasta el advenimiento de una legislación       posterior,      se  imponía   la   aplicación   de  ésta  última  en  concordancia  con  el criterio jurisprudencial sentado por la Corte en sentencia  del  25  de  agosto  de  2010,  casación 31407. Dijo la Sala en esa oportunidad  que   

tratándose  de  delitos  permanentes  cuya  comisión  comenzó  en  vigencia  de  una  ley,  pero que se postergó hasta el  advenimiento  de una legislación posterior más gravosa, se impone aplicar esta  última normatividad, de acuerdo con las siguientes razones:   

Primera,   no   tienen   ocurrencia   los  presupuestos  para  dar aplicación al principio de favorabilidad por vía de la  ultraactividad  de  la norma vigente para cuando inició el comportamiento, pues  dicho  principio  se  aplica cuando dos legislaciones en tránsito legislativo o  coexistentes  se  ocupan  de regular de manera diferente, entre otros casos, las  consecuencias  punitivas  de un mismo comportamiento determinado, de modo que se  acoge la sanción más beneficiosa para el procesado.   

Siendo  ello  así, palmario resulta que no  opera  el mencionado principio tratándose de delitos permanentes, pues el tramo  cometido  bajo el imperio de una legislación benévola, no es el mismo acaecido  en  vigencia  de una nueva ley más gravosa, en cuanto difieren, por lo menos en  el  aspecto  temporal,  así se trate del mismo ámbito espacial, pues el tiempo  durante  el  cual  se ha lesionado el bien jurídico objeto de protección penal  en  vigencia de la nueva legislación más severa, es ontológicamente diferente  del  lapso  de  quebranto  acaecido  bajo el imperio de la anterior normatividad  más benévola.   

Segunda, si en materia de aplicación de las  normas   penales   en   el   tiempo   rigen   los   principios  de  legalidad  e  irretroactividad,  en virtud de los cuales, la ley gobierna los hechos cometidos  durante  su  vigencia,  es  claro  que  si  se  aplicara  la  norma inicial más  beneficiosa,  se dejaría impune, sin más, el aparte de la comisión del delito  que   se   desarrolló   bajo   la   égida   de   la  nueva  legislación  más  gravosa.   

(…)  

Cuarta,   obsérvese  que  si  a  quienes  comenzaron  el  delito  en  vigencia  de  la ley anterior se les aplicara la ley  benévola  de manera ultraactiva con posterioridad a su derogatoria, obtendrían  un  beneficio  indebido,  pues  si  otras personas cometieran el mismo delito en  vigencia  de  la nueva legislación se les impondría esa pena más grave, trato  desigual  que  impone  corregir  la inequidad, con mayor razón si en virtud del  principio  de  proporcionalidad  de  la pena, el delito cuya permanencia se haya  extendido  más  en  el tiempo debe tener una sanción superior a la derivada de  un punible de duración inferior.   

Quinta, si uno de los propósitos de la lex  previa  se  orienta a cumplir con la función de prevención general de la pena,  en  el  entendido  de  que  cuando  el  legislador  dentro  de  su  libertad  de  configuración  normativa  eleva  a  delito  un determinado comportamiento está  enviando  un mensaje a la sociedad para que las personas se abstengan de cometer  tal   conducta,   so   pena   de   estar   llamadas   a   soportar  la  sanción  anunciada…   

(…)  

De conformidad con lo expuesto, concluye la  Sala  en  primer  lugar, que cuando se trata de delitos permanentes iniciados en  vigencia  de  una  ley benévola pero que continúa cometiéndose bajo la égida  de  una  ley  posterior  más  gravosa, es ésta última la normativa aplicable,  pues  en  tal  caso  no  se  dan  los  presupuestos  para acoger el principio de  favorabilidad,  sino  que  opera la regla general, esto es, la ley rige para los  hechos cometidos durante su vigencia.   

En  segundo  término,  si la situación es  inversa,  esto  es,  el  delito  permanente comienza bajo la vigencia de una ley  más   gravosa,   pero  posteriormente  entra  a  regir  una  legislación  más  benévola,  también  se aplicará la nueva ley conforme con la anunciada regla,  en cuanto expresión de la política criminal del Estado.   

Si  en  el  presente  caso  la  modificación  introducida  por  el  artículo  5º  de  la  Ley 890 de 2004 entró en vigencia  mientras  se  cometía el delito objeto del proceso, se imponía su aplicación.  A  condición,  como es obvio, de que resulte más favorable al condenado que el  recientemente  expedido  artículo  30  de  la  Ley 1709 de 2014, por el cual se  varió  nuevamente  el  artículo  64  del  Código  Penal  y  cuyo  tenor es el  siguiente:   

Artículo        64. Libertad   condicional. El  juez,  previa  valoración  de  la  conducta  punible,  concederá  la libertad condicional a la persona condenada a  pena   privativa  de  la  libertad  cuando  haya  cumplido  con  los  siguientes  requisitos:   

1.  Que  la  persona haya cumplido las tres  quintas (3/5) partes de la pena.   

2.   Que   su   adecuado   desempeño   y  comportamiento  durante  el tratamiento penitenciario en el centro de reclusión  permita  suponer fundadamente que no existe necesidad de continuar la ejecución  de la pena.   

3. Que   demuestre  arraigo  familiar  y  social.   

Corresponde al juez competente para conceder  la  libertad condicional establecer, con todos los elementos de prueba allegados  a  la  actuación,  la  existencia  o  inexistencia del arraigo. En todo caso su  concesión  estará supeditada a la reparación a la víctima o al aseguramiento  del  pago  de  la  indemnización  mediante garantía personal, real, bancaria o  acuerdo de pago, salvo que se demuestre insolvencia del condenado.   

El tiempo que falte para el cumplimiento de  la  pena  se  tendrá  como  periodo  de prueba. Cuando este sea inferior a tres  años,  el  juez  podrá  aumentarlo  hasta en otro tanto igual, de considerarlo  necesario.   

Teniendo   en   cuenta   que  el  principio de favorabilidad de la ley penal ha de aplicarse caso  por   caso   y   no  de  manera  general,  por  cuanto  cada  asunto  tiene  sus  particularidades,  debe  la  Sala  ahora  definir  cuál  de  las  dos normas de  libertad  condicional  (el Art. 5º de la Ley 890 de 2004 o el 30 de la Ley 1709  de  2014)  le resulta más beneficioso al condenado, advirtiendo antes acerca de  la  impertinencia  de  construir  una  tercera disposición con partes de ambas.   

«(…)tomar  factores  favorables de una y  otra  normatividades,  para así construir el beneficio o subrogado –señaló    la   Sala   en   pasada  oportunidad—,  no  solo  implica  una  suplantación  ilegal  del  legislador,  sino  que  finalmente  la  combinación  normativa  desnaturaliza  por  completo  la  figura del beneficio,  desdice  de  su  finalidad  y,  no  por  último  menos  importante, termina por  violentar     el     principio     de    igualdad.»  (CSJ, AP 2146 30 de abril de  2014, radicación n° 43256)   

          Los  dos  artículos  coinciden en los siguientes requisitos para la  concesión  de la libertad condicional: i)       valoración       de      la      conducta;      ii) buena conducta durante el tratamiento  penitenciario,   y,   iii)  reparación  a  la  víctima.  En  la porción que debe haberse descontado de la  pena  privativa  de  la libertad para obtener el beneficio (2/3 partes según la  Ley  890  y  3/5  parte  conforme  a  la  Ley  1709),  resulta notablemente más  favorable al condenado la última.   

          Adicionalmente  se observa que mientras la Ley 890 de 2004 requería  para  la  procedencia  del  subrogado  penal  el  pago  de la multa impuesta, el  artículo  3º  de  la  Ley 1709 dispuso: «En ningún  caso  el goce efectivo del derecho a la libertad, a la aplicación de mecanismos  sustitutivos  de  la  pena privativa de la libertad o a cualquier otro beneficio  judicial  o  administrativo,  podrá  estar  condicionado al pago de la multa»,  favoreciendo  evidentemente  los  intereses  de ORTÍZ  LARA,  ya  que  no  obra  constancia en la actuación de la cual se concluya que  efectuó  el pago de la pena principal pecuniaria impuesta en la sentencia del 6  de marzo de 2013 que se encuentra en ejecución.   

          En  relación  con la exclusión legal de subrogados penales, aunque  en  el  artículo  68  A del Código Penal, modificado por el artículo 32 de la  Ley  1709  de  2014, se encuentra incluido el delito de concierto para delinquir  agravado,   el   parágrafo  1º  ejusdem  dispone  que  esa  prohibición  no  se  aplicará  a  la libertad  condicional.    

          No  cabe  duda, en conclusión, que es más favorable al sentenciado  el  artículo  30  de la Ley 1709 de 2014. Y aunque no se debe olvidar que allí  se  introdujo  como  exigencia  de  la libertad condicional la demostración del  arraigo  familiar  y social,  se trata de un aspecto que puede ser valorado  por  el  Juez  con los elementos de prueba obrantes en la actuación o allegados  por   el   peticionario,   naturalmente  después  de  comprobar  satisfecho  el  cumplimiento  del  factor objetivo, que como quedó evidenciado disminuyó a las  3/5  partes,  en  comparación  con  el  establecido  en  la  Ley  890  de 2004.   

          3. La razón, entonces, está del lado del  recurrente  pues  ninguna  alusión  hizo  la  primera  instancia  a la conducta  punible.  En la determinación de conceder o no el subrogado penal aquí aludido  el  artículo  5º  de  la  Ley  890  –se  recuerda—  le   ordenó   al   funcionario   judicial   tener  en  cuenta  la  «gravedad  de  la  conducta». El vigente  artículo  64  del Código Penal (modificado por la Ley 1709 de 2014 y aplicable  por  favorabilidad  al  presente  caso) estableció la procedencia del mecanismo  “previa     valoración     de    la    conducta  punible”.   Indiscutible,   por   tanto,   que   la  a  quo se equivocó al   soslayar   las   consideraciones   del  caso  asociadas  a  la  estimación  del  comportamiento  imputado  al  ex  Representante  a  la  Cámara  ETANISLAO ORTIZ  LARA.   

El examen de ese aspecto es previo al estudio  de  las  demás exigencias y no supone una disertación adicional a la realizada  por  el  juzgador  en  el fallo, como lo entendió la Corte Constitucional en la  Sentencia   C-   194   de   2005   al   analizar   la   constitucionalidad   del  mismo.   

Ahora bien, en el caso de la norma sometida  a  juicio  –expresó  el  Tribunal       Constitucional       en       dicha       providencia—,  el  demandante  considera  que  la  valoración  que hace el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad para  determinar  la  posible concesión de la libertad condicional es un nuevo juicio  de  la  responsabilidad  penal  del  sindicado, por lo que la misma quebranta el  principio  constitucional  en  cita.  No  obstante, establecidos los alcances de  dicho  principio,  resulta  evidente  que  tal  valoración  carece de la triple  coincidencia que es requisito para su configuración.   

   

En efecto, de acuerdo con la norma legal que  se  discute,  pese  a  que el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad  somete  a  valoración  al mismo sujeto de la condena, aquella no se adelanta ni  con  fundamento  exclusivo  en  el  comportamiento que fue objeto de censura por  parte  del  juez  de  la  causa,  ni desde la misma óptica en que se produjo la  condena del juicio penal.   

   

En primer lugar, debe advertirse que el Juez  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad no puede apartarse del contenido  de  la sentencia condenatoria al momento de evaluar la procedencia del subrogado  penal.  Esta  sujeción  al  contenido  y  juicio  de  la  sentencia  de condena  garantiza  que los parámetros dentro de los cuales se adopta la providencia del  Juez  de  Ejecución  de Penas y Medidas de seguridad sea restringido, es decir,  no pueda versar sobre la responsabilidad penal del condenado.   

   

En  los  mismos  términos, cuando la norma  acusada  dice  que  la libertad condicional podrá concederse previa valoración  de  la  gravedad de la conducta, no significa que el Juez de Ejecución de Penas  y  Medida de Seguridad quede autorizado para valorar la gravedad de la conducta.  Lo  que  la  norma  indica  es  que dicho funcionario deberá tener en cuenta la  gravedad  del  comportamiento  punible,  calificado y valorado previamente en la  sentencia  condenatoria por el juez de conocimiento, como criterio para conceder  el subrogado penal.   

         La  valoración  de  la  gravedad  de  la  conducta  como  aspecto a  estudiar  en  la  libertad  condicional,  fue  introducida  por el legislador en  desarrollo  de  su  libertad  de  configuración,  lo  cual  no implica un nuevo  análisis   de  la  responsabilidad  penal  y  tampoco  el  quebrantamiento  del  principio    constitucional   non   bis   in   ídem  porque  no  concurren los presupuestos de identidad    de    sujeto,    conducta   reprochada   y   normativa  aplicable.   

        Así  lo  indicó  también  la  Corte  Suprema de Justicia (AP, 27  enero 1999, radicado 14536):   

«Ahora bien, la mayor o menor gravedad del  hecho  punible  es  un  componente  que  con  distinta  proyección incide en la  medición  judicial  de  la  pena  (C.P.  art. 61), la suspensión de la condena  (art.  68  idem)  o  la  libertad  condicional  (art. 72, ib), instituciones que  corresponden  a  pasos  graduales  en el desarrollo del proceso penal y por ende  ningún  sacrificio  representan  para  el principio del non bis in idem, pues,  verbigracia,  cuando  tal ingrediente se considera para negar la libertad por su  mayor  desacatamiento  frente  a  otros,  no  se propugna por la revisión de la  sanción  o  la  imposición  de otra más grave, sino que, por el contrario, se  declara  la necesidad del cumplimiento cabal de la que se había dispuesto en la  sentencia porque el procesado no tiene derecho al subrogado»   

Sobre  esta  evaluación que corresponde al  Juez  que  vigila  la  ejecución  de la sentencia, encuentra la Corte que en el  presente  caso  el  diagnóstico  es de necesidad de cumplimiento de la pena por  parte  del  condenado.  Si  se  le concediera la libertad, serían negativos los  efectos  del  mensaje  que  recibiría  la  comunidad  pues  entendería  que si  personas  socialmente  calificadas delinquen y en la práctica no se materializa  la  sanción  que les corresponde,  también ellos podrían vulnerar la ley  penal con la esperanza de que la represión será insignificante.   

         

Siendo ETANISLAO  ORTÍZ  LARA  un  dirigente  político  del  Urabá, se valió de su ascendencia  sobre   la   población   para   aliarse   con   los  paramilitares  con  influencia  en  la  región   y   de  esa  manera              –dijo     la     Sala     en     la  sentencia—  «(…)   a  solapa  de  nobles causas como “servir a la región”, se rebelaron contra la  ley  del Estado, que bajo égida del delito de concierto para delinquir prohíbe  hacer  alianzas,  pactos o acuerdos políticos, económicos y de todo orden, con  ejércitos  ilegales,  autodefensas  o  paramilitares,  con  el fin de promover;  fortalecer,  catapultar  o legitimar ese tipo de organizaciones…».   

          Se precisó más adelante en el mismo pronunciamiento:   

La  gravedad de la conducta juzgada superó  de  modo  importante  su  tope  básico, necesaria para configurar el delito, en  tanto  significó cooptación de por lo menos un escaño en el poder legislativo  por  grupos  al  margen  de  la  ley, con menoscabo de los valores que nutren un  Estado  democrático;  el  daño  fue  significativo,  porque se fundió en unas  mismas  personas  las condiciones de agentes de grupos ilegales y del Estado; la  seguridad  pública  sufrió grave deterioro amén su legitimidad; la intensidad  del  dolo  se  verificó  mayor,  dado que inició con  la coalición   político  paramilitar  que  condujo  a  sus  elecciones  en  el  Congreso de la  República  y se extendió durante el ejercicio alternado del cargo cada uno por  año;  aunada  la  necesidad  de  pena  a  propósito  de  sus  finalidades,  de  prevención  general  y  especial,  reinserción  social,  protección  y  justa  retribución.   

Así  las cosas, aunque ETANISLAO ORTÍZ LARA  descontó  privado  de  la  libertad  las  3/5  partes  de  la  pena de prisión  impuesta,  el  diagnóstico  que  surge de la valoración de la conducta punible  por  la  cual  la  Corte  lo  condenó  impide  la  concesión  de  la  libertad  condicional.  En  especial para la satisfacción de las funciones de prevención  general  y  especial  de  la  pena  debe  cumplir  con  la  totalidad  de ésta.   

Se  revocará  la  decisión  impugnada,  en  consecuencia,  sin  que  sea  necesario  ingresar  en  el  estudio  del resto de  presupuestos  señalados en el artículo 64 del Código Penal, modificado por el  artículo  30  de  la  Ley  1709  de  2014.  Así  mismo, se ordenará librar la  correspondiente  orden  de  captura  en contra de ORTÍZ LARA para que continúe  purgando la pena privativa de la libertad impuesta.   

En mérito de lo expuesto, la SALA PENAL DE LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,   

                                     RESUELVE   

1.  REVOCAR   integralmente   la   decisión  impugnada  y  negar,  en  su  lugar,  la  concesión  de libertad condicional al  condenado ETANISLAO ORTÍZ LARA.   

          2.               LIBRAR  orden  de  captura  en  contra  de  ETANISLAO   ORTÍZ  LARA  para  que  continúe  purgando  la  pena  de  prisión  impuesta.   

3.  DEVOLVER   el  expediente  al  Juzgado  de  origen.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

Comuníquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

         

SALVAMENTO DE VOTO   

AP5227-2014  

Radicación No.44195  

          Con  el  debido  respeto expongo a continuación las razones por las  cuales  me  aparto de la decisión de la Sala de revocar la providencia mediante  la  cual  el  Juzgado  Noveno  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Bogotá  otorgó la libertad condicional al ex representante a la Cámara por el  Departamento   de   Antioquia  ETANISLAO  ORTIZ  LARA,  y  dispuso  su  captura.             

          Los  argumentos  que  condujeron  a  la revocatoria del subrogado se  inspiran  en  la  tesis  de la inaplicabilidad del principio de favorabilidad en  los   delitos   permanentes,  y  de  la  prevalencia,  en  estos  casos,  de  la  normatividad  vigente  cuando se realiza el último acto, acogida por la Sala en  decisión  de  25  de  agosto  de  2010 (radicado31407), de la cual me he venido  separando,  por  considerar  que  este conflicto debe resolverse al amparo de la  norma más favorable.    

          Las  razones  por  la  cuales  no  comparto la solución que la Sala  acoge  por mayoría, las dejé consignadas en esa oportunidad, en los siguientes  términos,   

«En  el  curso de los debates defendí la  postura  jurisprudencial acogida por la Corte en la decisión de 30 de marzo del  2006,6  en  la que se concluye que en tratándose de delitos de carácter  permanente,  donde  la  acción típica transcurre durante la vigencia de varias  normas   legales  que  regulan  su  penalidad  de  manera  diferente,  debe  aplicarse la normatividad más favorable.   

«Consecuente  con esta postura consideré  que  la  Sala debía casar parcialmente la sentencia impugnada con el fin de que  la  pena  aplicable  al  caso  se  tasara  con  arreglo  a  lo establecido en el  artículo  8°  de  la Ley 733 de 2002, que preveía una sanción de 6 a 8 años  de  prisión, y no con fundamento en el artículo 19 de la Ley 1121 de 2006, que  adscribe  pena  de 8 a 18 años de prisión, por ser aquélla más benigna. Pero  la  mayoría  decidió abandonar abruptamente esta doctrina y acoger la tesis de  la  prevalencia de la pena prevista en la normatividad vigente cuando se realiza  el último acto.   

«En  apoyo  de  la  nueva postura la Sala  presenta  seis  argumentos,  (i)  que  el principio de favorabilidad no opera en  delitos  permanentes,  porque  “el  tramo  cometido  bajo  el  imperio  de una  legislación  benévola,  no  es  el  mismo acaecido en vigencia de una ley más  gravosa”,  (ii)  que si se aplica la norma inicial más benigna “se dejaría  impune,  sin  más, el aparte de la comisión del delito que se desarrolló bajo  la  égida  de  la  nueva  legislación  más  gravosa”,  (iii) que cuando las  personas  acomodan su proceder a un tipo penal, “se hacen acreedores a la pena  dispuesta  en  el respectivo precepto”, (iv) que la aplicación de la ley más  benévola  propicia  tratos  desiguales,  (v) que la imposición de la pena más  favorable  deja  en entredicho su función de prevención general, y (vi) que la  doctrina   que   la   Sala   acoge   es   ampliamente  aceptada  en  el  derecho  comparado.    

«Lo  primero  que  debe destacarse con el  propósito  de ir explicando los motivos de mi disenso, es que la acción en los  delitos  permanentes presupone, por naturaleza, permanencia ininterrumpida en el  tiempo,  desde  y  hasta  que  perdure la puesta en peligro o la afectación del  bien  jurídico protegido a través de la norma, y que material y jurídicamente  esa  acción  constituye una unidad delictiva, una entidad singularizada, que no  puede ser objeto de parcelaciones o fraccionamientos.     

«Alrededor  de estas dos particularidades  del  delito  permanente  existe en la doctrina amplio consenso. JOUSSE, ORTOLAN,  JORDAO,  CARRARA, RAINIERI, JESCHECK, PAGLIARO, MIR PUIG, MANZINI, JAKOBS, entre  otros  muchos,  aceptan, con las variantes propias de las tendencias dogmáticas  en  que  se  matriculan,   que  la permanencia es inherente a esta clase de  delitos  y  que  la  acción  en ellos es material y jurídicamente una sola, al  igual que la consecuencia jurídica.        

«La misma providencia mayoritaria destaca  estas   caracterizaciones,   cuando   al   marcar   sus   diferencias   con   el  continuado,      sostiene:     ‘[…]  en  el  delito  permanente la consumación se prolonga en el  tiempo  hasta  cuando  cesa  el  atentado  al  bien  jurídico objeto de tutela,  sin   que   corresponda   a   una  realización  del  comportamiento      por      tramos’.  Y  cuando  agrega  que  el  delito  permanente se diferencia del  delito  continuado,  porque  en  éste ‘hay  pluralidad  de  comportamientos  similares  que  recaen  sobre  idéntico   bien   jurídico  tutelado’.   

«Por  eso  llama  la  atención que en el  desarrollo   del   primer   argumento    se  afirme  que  el  principio  de  favorabilidad   no   opera   en   tratándose  de  delitos  permanentes,  porque  ‘el  tramo cometido bajo  el  imperio  de  una legislación benévola, no es el mismo acaecido en vigencia  de   una   nueva   ley   más  gravosa’,  pues  estas  apreciaciones parecieran distanciarse de la premisa  inicialmente  sentada  en  el  sentido  de que la acción típica en los delitos  permanentes    no    es    un   comportamiento   por  tramos,  sino  una  conducta  única  que  no  admite  segmentaciones      ni     fragmentaciones.7       

«La  precisión  de  que la acción en el  delito  permanente  es única resulta importante para el entendimiento del caso,  porque  esto  determina  que  la  consecuencia  jurídica sea también única, y  porque  plantea  el  problema  de  qué  norma  aplicar cuando en el período de  permanencia  de la acción típica, que en ocasiones suele extenderse por largos  períodos,  se  presentan  varias  disposiciones  legales  que regulan de manera  distinta su penalidad.   

«La  decisión  de  la  cual  me  aparto  sostiene  que la norma aplicable en estos casos es la vigente cuando se ejecutó  el  último  acto,  con exclusión, ab initio, de las otras disposiciones.   Personalmente  no  lo  considero  así.  Creo  que todas, sin excepción, tienen  vocación  de  aplicabilidad,  en  virtud justamente del principio de legalidad,  que  enseña  que  la  ley rige para los hechos cometidos durante su vigencia, y  porque  todas  ellas  en determinado momento rigieron autónomamente la conducta  delictiva.   

     

«Cuestión distinta es cuál de ellas debe  gobernar  el  caso,  ante  el  hecho  indiscutido  de  que  sólo  una puede ser  aplicada,  siendo  en  la  búsqueda  de una respuesta a este interrogante donde  surgen  las diferentes posturas interpretativas, entre las que se cuentan la que  reclama  como  norma  aplicable la que más tiempo gobernó la conducta típica,  la  que  se inclina por la aplicación de la norma vigente cuando se ejecutó el  último   acto   y   la   que   postula   la   eficacia   de   la   norma   más  favorable.   

«Personalmente,   como   ya   lo  dejé  expresado,  participo de esta última  solución, no sólo porque considero  con  la  doctrina anterior de la Corte que se cumplen todas las condiciones para  la  aplicación del principio de favorabilidad (que exista tránsito de leyes en  el  tiempo,  que las distintas normas regulen la misma situación jurídica  y  que  lo  hagan  de  manera  distinta),  el  cual,  como  se sabe, es de rango  constitucional,  sino  porque  los  argumentos  expuestos  por  la mayoría para  justificar     su     dejación     revelan     inconsistencias    lógicas    y  jurídicas.     

«El  primero,  consistente  en  que  el  principio  de  favorabilidad  no  es aplicable en los delitos permanentes porque  los  tramos delictivos recorridos en ellos no son los mismos, desconoce, como ya  se  dijo,   que  la  acción  en  esta  clase  de  ilícitos  es material y  jurídicamente  una sola, que el hecho punible es uno solo y que la consecuencia  jurídica es igualmente única.        

«La  misma  contradicción  pervive en el  segundo  argumento,  en  el  que  se  sostiene  que  la aplicación de una norma  distinta   de   la   última,    ‘dejaría        impune,   sin  más,  el  aparte  de  la  comisión  del  delito  que  se  desarrolló  bajo  la  égida  de la nueva legislación más gravosa’,   pues   también  aquí  la  Sala  mayoritaria  opta  por  fraccionar  la  conducta  en segmentos comportamentales,  ignorando su naturaleza inescindible.   

«Adicionalmente  a  esto, el razonamiento  termina       siendo       falaz,      porque      si      por      impune  se  entiende lo que se queda sin  castigo,  tal  situación  no  podría  predicarse  de  la  aplicación  de  las  hipótesis  distintas  a  la  que acoge la ponencia, porque también en ellas la  conducta  delictiva se castiga, sólo que se hace con fundamento en la pena más  favorable, lo cual no implica impunidad.   

«El  problema  de  dividir la conducta en  segmentos,  para  sostener  que  la  aplicación  de  una  norma diferente de la  última  deja  en  la  impunidad  el  segmento  del delito que transitó bajo la  égida  de  la normatividad postrera, es que el argumento termina revirtiéndose  en  contra  de  la  tesis que se formula, por cuanto la misma reflexión podría  plantearse  frente  a  la  aplicación  de  la norma que ha gobernado el último  segmento  delictivo:  que  el primer pedazo de la infracción queda sin castigo.   

«El  tercer argumento, consistente en que  una  persona  cuando decide voluntariamente acomodar su proceder a un tipo penal  determinado        sin        justificación       atendible,       ‘se hace acreedora a la pena dispuesta  en     el     respectivo    precepto’,  resulta incontrovertible desde el punto de vista jurídico, como  quiera  que  se  identifica  con los contenidos del principio de legalidad de la  pena.   

«Pero esto, en lugar de aportar respaldo a  la  tesis  de la aplicación de la última normatividad, termina erosionándola,  porque  precisamente  en  virtud  de  este postulado es que todas las normas que  estuvieron  vigentes  durante  la  ejecución  de  la  conducta,  y  no sólo la  última,   tienen   en   principio   vocación   de   ser   aplicadas   al  caso  concreto.   

«Los  fundamentos  del  cuarto argumento,  donde  se  da  a  entender  que la aplicación de la normatividad más favorable  viola  el principio de igualdad de las personas ante la ley, porque quien inicia  la  ejecución  de  la  conducta  en vigencia de la última disposición termina  pagando  una  pena  mayor  de  quien  la  agota en el mismo período habiéndola  iniciado en otro, se revelan igualmente deleznables.   

«De  una parte, porque las condiciones en  uno  y  cada  caso no son las mismas, dado que en el primero no existe conflicto  de  leyes  en  el  tiempo,  como  sí ocurre en el segundo, y de otra, porque la  aplicación  de  la normatividad más favorable no implica el desconocimiento de  las  circunstancias que agravan la pena por el mayor tiempo de permanencia de la  conducta delictiva.   

«La  Sala  se  empeña  en  destacar  las  desigualdades  punitivas  que  podrían eventualmente presentarse frente a casos  nuevos,  pero  nada dice sobre las inequidades que la aplicación de la tesis de  la  prevalencia  de  la  norma  vigente  cuando  se  presentó  el  último acto  acompasaría  para  los copartícipes que han intervenido en momentos distintos,  anteriores    a    la    entrada   en   vigencia   de   la   normatividad   más  reciente.   

«Se  afirma igualmente en la ponencia que  la  aplicación  de  la  pena  más  favorable deja en entredicho la función de  prevención  general  de  la pena, porque estimula al delincuente a continuar la  ejecución  de  la  conducta,  ante la certeza de que recibirá la sanción más  benigna.  Esto  puede  ser  cierto,  pero  una  inquietud de esta naturaleza, de  origen    legal,   no   puede   imponerse   sobre   principios  de  arraigo  constitucional  comprensivos de derechos fundamentales del procesado, como el de  favorabilidad.   

«El  último argumento que se expone para  el  cambio  de  la  doctrina,  consistente  en  que  la nueva interpretación es  también  compartida por el derecho comparado, aunque es sin duda importante, no  es  factor  que  determine  la validez del planteamiento, porque la tesis que la  Sala  venía  aplicando es también acogida en forma extendida por la doctrina y  el            derecho            externo,8  y  porque  por muy respetada  que   esta   sea,  no  tiene  la  virtualidad  de  enervar  la  aplicación  del  ordenamiento interno.   

«En fin, considero que los argumentos que  la  providencia  aporta  no  tienen  la  entidad  requerida  para fundamentar el  abandono  del criterio de la Corte respecto de la aplicación de la normatividad  más  favorable  cuando  existe  tránsito  legislativo  durante  el período de  ejecución  de  la  acción  en los delitos permanentes, inspirado en el respeto  por    los   contenidos   de   la   Constitución   Nacional,   el   bloque   de  constitucionalidad,   las   normas   rectoras   del   ordenamiento   penal,  sus  desarrollos, y la mejor doctrina».   

Si la Sala hubiera aplicado el principio de  favorabilidad,  como  lo  propuse  en los debates, la norma llamada a regular el  caso  habría  sido  el artículo 64 original de la Ley 599 de 2000, que exigía  examinar  únicamente  el  cumplimiento  de  las tres quintas (3/5) partes de la  pena   privativa  de  la  libertad  y  la  buena  conducta  del  interno  en  el  establecimiento  carcelario,  condiciones que el ex representante ETANISLAO  ORTIZ  LARA  reunía,  como con acierto lo destacó el Juez Noveno de Ejecución  de    Penas   y   Medidas   de   Seguridad   de   Bogotá,   al   otorgarle   la  libertad.      

    

Atentamente,  

                   JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

                                     Magistrado   

Fecha ut supra.  

    

1  Parágrafo   1°,   Artículo   38  de  la  ley  906  de  2004:  “Cuando  se  trate de condenados que gocen de fuero constitucional o  legal,   la   competencia   para   la   ejecución   de  las  sanciones  penales  corresponderá,  en  primera  instancia,  a  los jueces de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad  del  lugar  donde  se  encuentre  cumpliendo la pena. La  segunda      instancia      corresponderá     al     respectivo     juez     de  conocimiento”.   

2 10 de  agosto de 2005.   

3 6 de  marzo de 2013.   

4 Esta  expresión fue declarada inexequible por sentencia C-806 de 2002.   

5 Sala  de  Casación Penal. Sala de Casación Penal. Radicación 26065, 32.108, 25.667,  24.890,  24.986,  31.439,  33.754, 36.343, 37.313, 33.545,25.632 del 27 de enero  de 2010 y 33.545 del 1º de junio de 2011.   

6  C.S.J. Casación 22813.   

7  También   entra  en  contradicción  con  los  soportes  jurisprudenciales  del  Tribunal  Supremo  Español,  que  se citan en la decisión, puesto que en ellos  expresamente  se  admite  que el delito permanente es uno solo, que no puede ser  descompuesto en tramos diferenciados.    

8  La  decisión  de  la Corte de 30 de marzo de 2006 cita también doctrina autorizada  que   avala   la   aplicación   de   la  sanción  más  favorable.       

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