AP5146-2015(45975)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    0CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP5146-2015  

Radicación     n°     45975   

(Aprobado Acta No.  314)   

         Bogotá, D.C.,  nueve   (09)   de   septiembre  de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Alfonso  Enrique  Perdomo Lopera contra la sentencia proferida por la  Sala   Penal   del   Tribunal   Superior  de  Buga,  por  cuyo  medio  confirmó  integralmente   la  dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  la  misma  ciudad  que  lo  condenó  como autor del delito de  homicidio  agravado  y  lo  absolvió  del  ilícito de fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.     

HECHOS  

         El  4  de  noviembre  de  2009,  aproximadamente  a  las 9:30 de la  mañana,  en  la  vía  pública, frente a la vivienda ubicada en la calle 3 No.  5-26  del  municipio  de  Guacarí  (Valle),  Julián  Andrés  Escobar Bolaños  recibió  seis impactos de bala que le causaron graves heridas a consecuencia de  las  cuales  murió  horas  después  en  el  hospital  de  Buga cuando recibía  atención médica.   

         Según  se  logró  establecer  a  través  de entrevista tomada el  mismo  día  de los hechos a Alba Nubia Frades Méndez, el autor de los disparos  que  le  segaron  la vida a su compañero permanente fue Alfonso Enrique Perdomo  Lopera,  quien arribó a la residencia mencionada y desde el vehículo en que se  movilizaba  llamó  a  Julián Andrés, quien al salir a la puerta fue blanco de  varios  tiros  realizados por el primero, el que al verlo caído, descendió del  automotor  y  continuó  disparándole en el piso, luego de lo cual abandonó el  lugar.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  Ante  la  imposibilidad de lograr la  comparecencia  de  Alfonso  Enrique  Perdomo Lopera para formularle imputación,  agotado  el  respectivo  trámite,  el  11  de  noviembre  de  2010,  el Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Guacarí (Valle)  lo  declaró  persona  ausente  y le designó defensor, profesional con quien se  cumplió  el acto de comunicación donde la Fiscalía le endilgó el concurso de  delitos   de   homicidio   agravado   –art.  104,  num. 7º, C.P.–  y  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones  –art.      365  ibídem–.         

         En  dicha  oportunidad,  a  petición  de  la  Fiscalía, a Perdomo  Lopera  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de detención preventiva en  centro  carcelario,  disponiéndose  librar  en  su contra orden de captura para  hacerla efectiva.   

         2.  El  18  de  noviembre  de  2010,  la  Fiscalía  10  Seccional  de  Buga  presentó  escrito de acusación y, el 14 de  febrero  de  2011,  se  llevó  a  cabo  la respectiva audiencia ante el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  dicha  ciudad, en la que la  Fiscalía    reiteró    los   cargos   atribuidos   en   la   formulación   de  imputación.   

         3.  Realizada la audiencia preparatoria,  donde  se  reconoció  personería  jurídica  a  la  abogada que representa los  intereses  de  la víctima, y agotado el juicio oral, el 2 de septiembre de 2011  se  dictó  sentencia  mediante  la  cual  se condenó a Alfonso Enrique Perdomo  Lopera  como  autor de los delitos objeto de acusación, imponiéndole como pena  principal  veinte  (20) años de prisión y la accesoria de inhabilitación para  el    ejercicio    de    derechos   y   funciones   públicas   por   el   mismo  término.   

4.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el defensor del procesado, en fallo adiado 26 de marzo  de  2012,  el  Tribunal  Superior  de  Buga  decretó la nulidad de lo actuado a  partir   de   la  audiencia  preparatoria,  inclusive,  debido  a  la  falta  de  identificación  plena  del  acusado y ordenó que se rehiciera el trámite para  que se cumpliera con dicha exigencia.   

5.  Habiéndose  subsanado  la  irregularidad y cumplida nuevamente la audiencia preparatoria, se  instaló  el juicio oral, donde a instancia de la representante de la Fiscalía,  la  juez  de conocimiento decretó la nulidad parcial del proveído que decretó  las  pruebas  pedidas  por  las  partes en la oportunidad legal correspondiente,  decisión  que,  impugnada,  fue  revocada  por  el  Tribunal  Superior  de Buga  mediante   proveído   calendado   15   de  febrero  de  2013.      

         6.  Finiquitado  el juicio oral, el 7 de  octubre  de  2014  se  profirió  sentencia por cuyo medio se condenó a Alfonso  Enrique  Perdomo  Lopera  a  la  pena principal de treinta y cinco (35) años de  prisión  como  autor del delito de homicidio agravado, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término  de  veinte  (20)  años,  en  tanto  que  lo absolvió del ilícito de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

         Asimismo,  le  negó  los mecanismos sustitutivos de la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, al paso que  dispuso  reiterar  la orden de captura librada en su contra para el cumplimiento  de  la  pena  impuesta,  la  cual  se  hizo  efectiva  el  7 de octubre de 2014,  legalizándose en esa fecha la detención por el juez a quo.   

7.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  del  acusado,  en  fallo adiado el 25 de  febrero  de 2015, el Tribunal Superior de Buga la confirmó integralmente.    

         8. Contra la sentencia de segundo grado,  el   abogado  que  representa  los  intereses  del  sentenciado  Perdomo  Lopera  interpuso recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         El  demandante  invoca  como  fines  del  recurso  de  casación la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías del acusado y la  unificación  de la jurisprudencia, lo cual sustenta en la existencia de errores  cometidos  por  los  juzgadores  de  instancia  en la apreciación y valoración  probatoria   que,  a  su  vez,  condujeron  a  la  inaplicación  del  principio  in dubio pro reo, así como  al  desconocimiento  de  los  derechos  fundamentales  al  debido proceso y a la  presunción de inocencia.   

         Además,  señala  que  se  ofrece necesario que la Corte aborde el  estudio  de  los  temas  propuestos  a través de la impugnación extraordinaria  –autenticidad    del  documento  obtenido en el extranjero, capacidad suasoria del testigo de oídas y  prueba  de  referencia–,  formulando  un  solo  reproche  contra la sentencia del Tribunal al amparo de la  causal  prevista  en  el numeral 3º del canon 181 de la Ley 906 de 2004, que se  resume de la siguiente manera:   

         Acusa  al  ad quem de haber incurrido en la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  originada  en  errores  de  hecho  por  falsos  juicios de  identidad,  que llevaron a la aplicación indebida de los artículos 103 y 104-7  del  Código  Penal  y  de  los artículos 7, 380, 381, 402 y 427 del Código de  Procedimiento Penal.   

Luego  de  referirse  al concepto del yerro  propuesto  y a la manera de demostrarlo en sede del recurso extraordinario, para  lo  cual se apoya en doctrina y jurisprudencia, el censor afirma que el vicio de  contemplación  objetiva  denunciado  recayó  sobre  los  testimonios  de Sonia  Isleny   Alegría   Burgos   y   Liliana   Cardona   Arango   en  «su     condición    de    testigos    de    referencia»,  de  Marlen  Yedith  Escobar  Bolaños,  a  quien califica como  «testigo de oídas», y de  Mónica  María  Montoya,  traída  por  la  defensa; dado que se «trastocó   y   cercenó   sus  contenidos,  concluyendo  hechos  y  situaciones    que    no    compadecen   (sic)   con   la   realidad».         

         Considera  que  el primer falso juicio de identidad se presenta por  parte  del  juez  colegiado «al dar como hecho cierto  la  condición  de  testigo  directo de la señora Alba Nubia Frades»,  esposa  del  obitado,  lo  que  dice  es  consecuencia  de  la  distorsión  del  testimonio  de Sonia Isleny Alegría Burgos, funcionaria de la  Fiscalía,  a  través de quien se incorporó al juicio oral la noticia criminal  formulada por aquella, habida cuenta de su fallecimiento.   

         Luego  de  citar los apartes de la decisión de segundo grado donde  se  translitera  la  declaración de la servidora Burgos, quien en audiencia dio  lectura  a  la denuncia formulada por Alba Nubia Frades, así como de trascribir  apartes  de  los  testimonios de Marlen Yedith Escobar Bolaños y Mónica María  Montoya,  quienes  refieren el lugar donde se cometió el homicidio juzgado, y a  lo  que  de  tales  medios  de  convicción consideró el ad quem, el recurrente  concluye   demostrado   el   vicio   que  alega,  toda  vez  que  «contrario  a  lo  que  se  indicó  en  la sentencia que desató la  alzada,  Frades  Méndez  manifestó  bajo  juramento…  que el escenario donde  Escobar  Bolaños  recibió  múltiples  impactos  de bala fue en la carrera 7 #  6-63»,  habida  cuenta  que  en  la noticia criminal  manifestó  que  la  agresión  ocurrió  cuando «nos  encontrábamos  en nuestra residencia», luego no pudo  apreciar  el  fatal  suceso porque las pruebas practicadas en el juicio señalan  que  éste  sucedió  frente al inmueble de la calle 3 # 5-26, donde vivían los  suegros de la víctima.     

         El  segundo  falso  juicio  de  identidad  lo  hace  recaer  en los  testimonios   de   Sonia  Isleny  Alegría  Burgos  y  Liliana  Cardona  Arango,  funcionarias  de  la  Fiscalía, con quienes se incorporó la noticia criminal y  la  entrevista rendida por Alba Nubia Frades Méndez, respectivamente, así como  en  la  declaración  de  Marlen  Yedith  Escobar  Bolaños, exposiciones de las  cuales  cita  apartes  junto  a  las  consideraciones  del  Tribunal en torno al  problema  suscitado  entre  el hijo del acusado Alfonso Enrique Perdomo Lopera y  el  primogénito  de  la  compañera del interfecto, donde este último resultó  lesionado  en  su  rostro,  y  a  las  características  de  la personalidad del  prenombrado.      

         En  su  opinión  el  vicio  denunciado  se  concreta  en  que  las  funcionarias   de   la   Fiscalía   son   «testigos  indirectos»,  puesto  que con ellas se incorporó la  denuncia  y  la  entrevista rendidas por Alba Nubia Frades Méndez, en tanto que  Marlen   Yedith   Escobar  Bolaños,  hermana  del  obitado,  es  «testigo  de oídas», de donde colige que  las  manifestaciones de las citadas en relación con el problema suscitado entre  los  hijos  de  ambas  familias  y  el  comportamiento  violento del incriminado  Perdomo  Lopera,  carecen  del  poder  de  persuasión  necesario  para concluir  demostrada  la  responsabilidad del prenombrado, habida cuenta que son prueba de  referencia,  la  primera,  porque  no  declaró en el juicio oral y, la segunda,  «porque  obtuvo  el  conocimiento…  por  una  vía  diferente  a la percepción directa sobre los hechos»  que  narra,  máxime  que en la actuación no obra otro medio de convicción que  las corrobore.   

         Agrega  que  «es claro y no admite duda  que  los  acontecimientos  que  rodearon  la  lesión  facial causada por Manuel  Perdomo  [a  Mario  Mora  Frades]  y las características de la personalidad del  señor  PERDOMO LOPERA, nunca pasaron de lo posible a lo probable; y mucho menos  arribaron   al   nivel   de   más  allá  de  toda  duda  razonable».    

         Destaca  que  no  hay  prueba  que  acredite que su defendido tiene  «visa múltiple» o que es  «una persona proclive a cometer conductas contrarias  a   derecho»,  ni  que  demuestren  que  tiene  una  «personalidad      problemática      en      la  sociedad»  o  que todo lo solucione con dinero, como  lo mencionan Frades Méndez y Escobar Bolaños.   

         Critica  que  a partir de tales medios de convicción, que califica  como  de  referencia, el juzgador de segundo grado hubiera concluido demostradas  circunstancias,  tales como, (i) la lesión facial causada por Manuel Perdomo al  hijo  de  Alba  Nubia  Frades  Méndez;  y,  (ii)  las  características  de  la  personalidad  del  acusado  Alfonso  Enrique Perdomo Lopera, y a partir de ellas  edificara el fallo de condena.      

         Asimismo,  estima  que  el  juzgador  de segundo grado incurrió en  falso  juicio  de  identidad  «al dar como probado la  realización   de   una  conducta  punible  a  plena  luz  del  día»,  y  trascribe  apartes  del  fallo  impugnado  relativos  a  la  valoración  de  la  prueba  de  referencia  constituida  por  la  denuncia y la  entrevista  de  Alba  Nubia  Frades  Méndez, de quien destaca no declaró en el  juicio  oral,  además  que,  dice,  los  hechos  de  que da cuenta relativos al  devenir  del  delito  juzgado,  a  los problemas existentes entre ambas familias  como  consecuencia de la lesión de que fuera objeto el hijo de la citada y a la  personalidad  violenta  y  proclive  al  delito  del  procesado  Perdomo Lopera,  «eran   objeto   de  prueba  y  no  prueba  en  sí  misma»,  por  lo  que  requerían  de  otro medio de  convicción que los corroborara.    

         Reprocha   al   Tribunal   por  haber  construido  un  razonamiento  silogístico  a  partir  de  una  premisa,  esto  es, la personalidad violenta y  contraria  a  derecho del incriminado, que carecía de prueba, pues se sustentó  en  una  de  referencia  ausente de ratificación por otro medio de persuasión,  por  lo  que  la  conclusión  en el sentido que, dadas esas circunstancias, era  razonable  que su prohijado cometiera el homicidio a plena luz del día y frente  a los familiares de la víctima, carece de sustento.   

         

         Seguidamente,  el  libelista  ensaya  sus particulares reglas de la  experiencia  que  confronta  con  la  expuesta  por  el juez colegiado, de donde  concluye  que  el  juicio  lógico construido por éste evidencia «error»  al  valorar  la  conducta  del  acusado  Perdomo  Lopera,  de  una  parte,  porque  se  sustenta  en  prueba  de  referencia  ausente  de  corroboración  y, de otro lado, debido a que desconoce  las      reglas      de     la     experiencia     que     se     encarga     de  enunciar.             

         Finalmente,  expone  que  otro  vicio de contemplación objetiva se  presenta  «al dar por probado la agresión de PERDOMO  LOPERA  con  arma  de  fuego  sobre  la  humanidad  de  Julián  Andrés Escobar  Bolaños»,  y  para  acreditarlo cita nuevamente los  testimonios  de  las funcionarias Sonia Isleny Alegría Burgos y Liliana Cardona  Arango,  con  quienes  se  incorporó  al  juicio  oral la denuncia y entrevista  rendidas  por  Alba  Nubia Frades Méndez, así como las declaraciones de Marlen  Yedith  Escobar  Bolaños  y  Mónica  María  Montoya, confrontándolas con las  consideraciones  que  realizó  el  Tribunal  en orden a determinar la capacidad  suasoria de tales pruebas.   

         Critica  dichos  razonamientos por estimar que las declaraciones de  Frades  Méndez  y Escobar Bolaños son prueba de referencia porque, insiste, la  primera   no   declaró  en  juicio,  mientras  que  la  segunda  «aportó  mucha  información,  empero  ninguna  de  las  instancias  diferenció  cuál  exposición  se  emitió  como  testigo de oídas y cuál se  expresó  como  testigo  directo»,  luego carece del  poder  de  convicción  necesario  para demostrar la responsabilidad penal de su  prohijado,  en  tanto  el  señalamiento  que  hizo  en  contra  de  éste no se  fundamenta  en  el  conocimiento  directo del suceso, sino a partir de lo que le  contó  su  hermano  Julián  Andrés  poco antes de fallecer.      

         Por  tanto,  el impugnante considera que como frente a la prueba de  referencia  la  Ley 906 de 2004 establece una tarifa legal negativa –inc.  2º  del  art.  381–,  y en el caso concreto la prueba de  cargo  practicada  en  el  juicio  oral  tiene  esa calidad, no procedía emitir  condena en contra del procesado Perdomo Lopera.   

         Además,  señala  que la versión de Mónica María Montoya, quien  ubicó  a Alba Nubia Frades Méndez, esposa del interfecto, en un lugar distinto  a  aquel  donde  ocurrió el homicidio, «deriva de la  percepción  directa  y  personal  de  los  sucesos»  juzgados  y,  por ende, es veraz, mientras que los testimonios de incorporación  de  las  entrevistas de la precitada, lo que ésta narró allí y el dicho de la  testigo  de  oídas Escobar Bolaños, «no son capaces  de    producir   certeza   racional   sobre   la   responsabilidad   penal   del  acusado».      

         

         En  cuanto  a la trascendencia de los errores, señala que producto  de  ellos  el ad quem concluyó que su defendido fue la persona que le ocasionó  la  muerte a Julián Andrés Escobar Bolaños, basando la condena exclusivamente  en  testigos  de  referencia, desconociendo la tarifa legal negativa prevista en  la  Ley  906  de 2004 para esa clase de prueba y los principios de inmediación,  confrontación  y contradicción que rigen la práctica probatoria, para lo cual  se  apoya  en jurisprudencia de esta Corporación que se encarga de citar.    

         En  su opinión, cobran relevancia las pruebas de descargo traídas  por  la  defensa,  entre  ellas,  el  testimonio del investigador de la Policía  Judicial  Edgar  Fabián  Erazo  y  los  documentos  que  a  través de éste se  incorporaron  al juicio, que, estima, acreditan que el acusado Perdomo Lopera se  encontraba  en Tulcán (Ecuador) cuando se cometió el homicidio juzgado, según  consta  en un registro de un hotel de dicha ciudad, por lo que no pudo ser quien  dio muerte a Escobar Bolaños.         

         Reprocha  que  el  juez  colegiado  le restara mérito probatorio a  dicho   medio   de  convicción,  con  el  argumento  que  no  se  demostró  la  autenticidad  de  los  documentos  aportados por el investigador, cuando ello no  tiene      incidencia     en     «su     eficacia  probatoria»  que se determina mediante las reglas de  la sana crítica.   

         En   ese   orden,   concluye  que  además  de  los  «inocultables    errores    de    hecho    por   falso   juicio   de  identidad»,    también   es   evidente   que   la  «valoración  [probatoria]  del sentenciador resulta  insuficiente    para    apuntalar    una    sentencia   de   condena»,  luego la presunción de inocencia que ampara a su defendido se  mantiene  incólume,  por  lo  que  solicita a la Corte casar el fallo impugnado  para,  en su lugar, absolver al procesado Perdomo Lopera del delito de homicidio  agravado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el demandante (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el  artículo 180 ibídem, vaga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

         2.  La demanda, adviértase desde ahora,  se  inadmitirá  debido  a que la única censura formulada presenta desatinos de  lógica  y adecuada fundamentación en su postulación y desarrollo, según pasa  a explicarse.   

         2.1   Sostiene  el  demandante  que  el  Tribunal  incurrió  en la violación indirecta de la norma sustancial, debido a  errores  de  hecho por falsos juicios de identidad, que lo llevaron a desconocer  el  postulado  de  la  presunción  de  inocencia  y,  a  la par, a inaplicar el  principio  in dubio pro reo  consagrado en el artículo 7º de la Ley 906 de 2004.   

         Conviene   recordar   que   el  vicio  de  contemplación  objetiva  denunciado  se  presenta  cuando  al  apreciar  un  medio probatorio el juzgador  tergiversa,  adiciona  o  mutila su contenido material, poniéndolo a decir algo  que no expresa o menos de lo que encierra.   

         En  orden  a  evidenciarlo,  corresponde  al  censor identificar el  medio  de  convicción  sobre  el  cual  recae,  indicar  los  apartes alterados  confrontándolos  con  lo  que  el  juzgador  consideró de ellos y, finalmente,  acreditar  cómo  el  yerro  trascendió  el fallo impugnado, análisis que debe  involucrar  la  totalidad  de  la  prueba  practicada  en  el juicio1.     

         En  punto de la distorsión de la prueba, lo que acontece es que el  fallador  «trastoca su contenido, valga decir, da una  interpretación  errónea a lo expresado por el testigo, otorgándole un alcance  equivocado    a    lo    que   la   prueba   objetivamente   muestra»2,   mientras  que  cuando  el  contenido  material  de  aquella  se  desfigura  porque  el  juzgador suprime apartes o hace agregados trascendentes a  lo  que el medio probatorio realmente dice, asignándole un alcance objetivo que  no  tiene,  también  se  configura  el  falso  juicio  de  identidad,  pero por  mutilación o adición, en su orden.   

         Una  primera  objeción  al  discurso  del  recurrente  es  que  no  obstante  formular el cargo con fundamento en la presunta existencia de un error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, su argumentación discurre sobre la  prueba  de  referencia  y  el desconocimiento de los falladores de instancia del  menguado  poder  suasorio  que  la ley le atribuye para fundamentar la sentencia  condenatoria,  conforme lo dispone el inciso 2º del artículo 381 de la Ley 906  de  2004,  vicio  que debió postular por la vía del error de derecho por falso  juicio  de  convicción,  pero  como  no lo hizo, tal desacierto conduce a dejar  ausente de demostración ambos yerros.     

         En  efecto,  en  punto del falso juicio de identidad, cabe destacar  que  si  bien  el  libelista  identifica los medios de prueba que en su opinión  fueron  trastocados en su contenido material e, incluso, asume la tarea de citar  los  apartes  de  los testimonios supuestamente afectados por el error alegado y  lo  que  de ellos consideró el ad quem, de la elemental labor de confrontación  que  realiza,  no  logra  acreditar  la glosa intentada.       

         Respecto   del   testimonio   de   Sonia  Isleny  Alegría  Burgos,  funcionaria  de  la  Fiscalía con quien se incorporó al juicio oral la noticia  criminal  formulada  por  Alba  Nubia Frades Méndez, esposa del obitado, habida  cuenta   que   la  prenombrada  no  concurrió  a  declarar  porque  previamente  falleció,  según  el  impugnante  la  presunta  distorsión  recae  sobre  las  atestaciones  de  esta  última,  en  tanto no obstante haber manifestado que el  homicidio  de Julián Andrés Escobar Bolaños ocurrió en la carrera 7 No. 6-63  del  municipio de Guacarí, el Tribunal concluyó que Frades Méndez fue testigo  presencial  del  suceso,  sin  tener  en cuenta que se probó que el atentado se  perpetró  frente  al inmueble de la calle 3  No. 5-26, lugar de residencia  de                      los                      suegros                     del  interfecto.            

         Sin  embargo, al cotejar lo que relató Alba Nubia Frades Méndez y  lo  que  de su dicho entendió el juzgador de segundo grado, ninguna alteración  se    observa,   puesto   que   en   la   denuncia3,   con   relación   a   los  «datos sobre los hechos»,  aquella  indicó  que  ocurrieron  el  4  de noviembre de 2009, a las 9:30 de la  mañana,  en  la  calle  3  No.  5-26,  vía pública, del municipio de Guacarí  (Valle), y así lo declaró el ad quem al señalar:    

Tenemos  que  la  señora Alba Nubia Frades  Méndez  aportó  en la noticia criminal como dirección en la que tuvo lugar el  reato,  la  de  la calle 3ª No. 5-26, no la de la carrera 7ª No. 6-63, como lo  dice  la defensa. Esta última nomenclatura, dijo, correspondía a su domicilio,  que  es  distinto;  la  declarante Sonia Islena Alegría Burgos, asistente de la  Fiscalía  Primera  adscrita a la Unidad de Reacción [Inmediata], así lo dejó  sentado  en  la lectura de la noticia criminal dentro del juicio oral y se puede  corroborar con la misma evidencia física, cuando consignó:   

«A  mi  vista  tengo  5 folios y dentro de  éstos    se    distingue    con    el    caso   de   noticia   criminal   [No.]  761116000165200902931…  los  datos  sobre los hechos son del 4 de noviembre de  2009  a  las  9:30,  fecha  inicial de comisión de los hechos en Guacarí en la  calle  3  # 5-26 de la vía pública, donde se utilizaron como armas, un arma de  fuego  (…)».4      

De  la  anterior cita, surge patente que en  ninguna  tergiversación  incurrió  el juez colegiado en relación con el lugar  donde  ocurrieron  los  hechos  de  acuerdo  con  el relato de Alba Nubia Frades  Méndez.  Lo  que advierte la Sala es la inconformidad del casacionista en punto  de  la conclusión del ad quem en el sentido que la mencionada sí presenció el  atentado  cometido  en  contra  de  su  esposo Julián Andrés Escobar Bolaños,  ocurrido,  se  itera,  en  la  vía  pública,  frente al inmueble de la calle 3  No.5-26  de  Guacarí,  donde  residían  los  padres de aquella, desechando las  afirmaciones  de Mónica María Montoya Rodríguez, testigo de la defensa, quien  declaró  que  Frades  Méndez se encontraba en ese momento en un lugar distinto  al  del  luctuoso  hecho, de donde se sigue que el censor confunde la prueba con  lo probado.   

En  otras  palabras,  quien  incurre en el  vicio  que  denuncia  es el mismo demandante, pues no obstante la manifestación  expresa  de  la  pluricitada  respecto  del  lugar donde se cometió el atentado  contra  su pareja, esto es, la calle 3 No. 5-26, donde vivían sus padres, aquel  deduce  que  la  testigo  refirió que los hechos ocurrieron en la carrera 7 No.  6-63,   porque   al   hacer  el  relato  dijo  que  éstos  acontecieron  cuando  «nos       encontrábamos       en      nuestra  residencia», expresión de la que no puede inferirse  que  la  testigo  estaba haciendo alusión a su casa de habitación y no a la de  sus progenitores.   

En  similar desatino sucumbe el recurrente  al  pretender  demostrar  el  falso juicio de identidad que en su opinión recae  sobre  las declaraciones de la funcionaria de la Fiscalía Sonia Isleny Alegría  Burgos  y  de  la  investigadora de la Policía Judicial Liliana Cardona Arango,  quienes,  se  itera,  incorporaron  al  juicio  oral la denuncia y la entrevista  rendidas por la testigo Alba Nubia Frades Méndez, respectivamente.   

El  anterior  aserto se sustenta en que el  yerro  de contemplación objetiva lo hace consistir en que, de una parte, dichas  servidoras   son   «testigos  indirectos»,  dado que su función se limitó a recibir de la prenombrada la  narración  de  los  hechos, luego solo pueden dar cuenta de esa circunstancia y  no  de  la  veracidad de su contenido y, de otro lado, porque los señalamientos  de  Frades  Méndez y de Marlen Yedith Escobar Bolaños, hermana del interfecto,  sobre   el   problema   suscitado  entre  los  hijos  de  ambas  familias  y  el  comportamiento  violento  del  acusado Perdomo Lopera, son prueba de referencia,  habida  cuenta  que  la  primera  no  declaró en el juicio oral y la segunda no  obtuvo    el    conocimiento    de    tal    circunstancia    por    percepción  directa.   

Es evidente la equivocación en el discurso  del  libelista,  puesto  que  no  obstante  proponer  un  error  de  hecho en la  apreciación  del  contenido  material  de los testimonios en cita, no sigue los  derroteros  fijados  para  su adecuada demostración, valga decir, no realiza la  confrontación  entre  lo  que  aquellas  manifestaron, tanto en las entrevistas  incorporadas  al  juicio  oral  en calidad de prueba de referencia en el caso de  Frades  Méndez,  como en la declaración rendida en esa oportunidad por Escobar  Bolaños,  para  mostrar  que  el  juzgador  de  segundo grado las distorsionó,  cercenó o adicionó, resignando demostrar la glosa propuesta.   

Por   el  contrario,  desconociendo  los  principios  que  gobiernan  la  casación,  particularmente los de sustentación  suficiente  y  crítica vinculante, según los cuales la demanda debe bastarse a  sí  misma  para  lograr  la  invalidación  del fallo y los argumentos se deben  formular   al  amparo  de  las  causales  taxativamente  previstas  en  la  ley,  observando   las   exigencias  formales  y  sustanciales  de  cada  censura,  el  impugnante  postula un reparo por falso juicio de identidad y lo desarrolla como  si   se   tratara   de   un   falso   juicio   de   convicción,   que   tampoco  demuestra.         

         

Igual  sucede en relación con la crítica  que  hace  el  casacionista en torno a la valoración que hizo el Tribunal de la  prueba  de  referencia  constituida  por  la denuncia y entrevista de Alba Nubia  Frades   Méndez,   puesto  que  estima  que  a  partir  de  aquella  no  podía  «dar  como  probado  la realización de una conducta  punible  a plena luz del día», dado que la premisa a  partir  de  la cual construyó tal raciocinio, esto es, la personalidad violenta  del  incriminado y su tendencia a obrar contra derecho, se sustenta en prueba de  referencia  no corroborada por otro medio de convicción y, además, la regla de  la  experiencia  utilizada,  valga  decir, que quien es violento y no respeta la  ley  puede cometer un delito a plena luz del día, desconoce otras que construye  desde     su    particular    óptica.          

El  razonamiento del que disiente el actor  es  de  naturaleza  inductiva, es decir, va de lo particular a lo general y solo  aplica  para  el  caso  concreto,  no  se  trata  de juicios lógicos deductivos  propios  de  las  construcciones indiciarias, sino que el ad quem consideró que  las  manifestaciones  de  Alba  Nubia Frades Méndez en el sentido que su esposo  fue  ultimado por el procesado Perdomo Lopera a plena luz del día, sin importar  que  ella  y  su  sobrino estuvieran presentes, eran creíbles, y para el efecto  aplicó  la  regla  de  la  experiencia  indicada  ut  supra.        

En  ese  orden,  como la inconformidad del  demandante  dice relación con el poder suasorio que le otorgó el Tribunal a la  mencionada   prueba  de  referencia  luego  de  valorarla  de  acuerdo  con  los  postulados  de  la sana crítica, el reparo debió postularlo por error de hecho  por  falso  raciocinio,  lo cual le imponía, además de identificar la regla de  la  experiencia  utilizada  por  el juzgador de segundo grado, señalar por qué  ésta  no resultaba adecuada al caso concreto o cómo debió aplicarse de manera  correcta,  es  decir,  por  qué  las  atestaciones  de la esposa del obitado no  resultaban  creíbles  por  reñir con las máximas empíricas esgrimidas por el  ad  quem  o  cuáles  eran  las  que  aplicaban  al  caso concreto, así como la  trascendencia  del  vicio  en  la  declaratoria de responsabilidad del implicado  Perdomo Lopera.5   

Sin  embargo,  tal labor no se asume en el  libelo,   limitándose   el  censor  a  lanzar  críticas  personales  sobre  la  inferencia  realizada  por juez colegiado a partir de la regla de la experiencia  según  la  cual quien es violento y no respeta la ley puede cometer un delito a  plena  luz  del  día,  frente  a  la  cual contrapone sus particulares máximas  empíricas,  tales  como,  (i)  «siempre que se va a  cometer  una  conducta  delictiva  esta  (sic)  se  realiza  de  tal  manera que  dificulte   la   individualización   o   captura   del  responsable»;  y,  (ii) «siempre que se comete una  conducta  delictiva,  la  víctima  o testigos presenciales de los hechos pueden  ubicar,  cuando  mínimo,  la  concreta  y  exacta  ubicación  del  lugar donde  sucedieron  los  hechos», pero omite indicar por qué  tales  proposiciones  reúnen  las  condiciones  de universalidad, permanencia y  reiteración  para  tenérsele como reglas de la experiencia válidas y, en caso  de  serlo,  de  qué  manera  su empleo le resta mérito suasorio a la prueba de  referencia  cuestionada,  valga  decir,  el actor no evidencia en los argumentos  del ad quem el yerro que alega.   

En la misma equivocación cae el recurrente  al  reprochar  que  el  Tribunal hubiera concluido que el acusado Perdomo Lopera  fue  el  autor  de  la  agresión  que cobró la vida de Julián Andrés Escobar  Bolaños,  a  partir  de lo dicho por Alba Nubia Frades Méndez en la denuncia y  entrevista  que  rindió el día del suceso, así como de las manifestaciones de  Marlen  Yedith  Escobar Bolaños, hermana del interfecto, puesto que no obstante  alegar  un  falso  juicio de identidad, que tampoco demuestra, al desarrollar el  reparo  aborda  de  nuevo  el tema de la prueba de referencia, condición que le  asigna  a los medios de convicción antes mencionados, los cuales enfrenta a los  traídos  por  la  defensa  y,  luego  de  ensayar  su  personal  y parcializada  valoración,  concluye  que  la  prueba de cargo carece de la capacidad suasoria  necesaria  para  «producir certeza racional sobre la  responsabilidad  penal  del acusado [Alfonso Enrique Perdomo Lopera]».   

Semejante  discurso entremezcla argumentos  propios  del falso juicio de convicción, en lo que atañe al desconocimiento de  la  tarifa  legal  negativa establecida en el inciso 2º del artículo 381 de la  Ley  906  de  2004,  y del falso raciocinio, respecto del desconocimiento de los  postulados  de  la  sana  crítica  en  la valoración conjunta de los medios de  convicción,  con  la  particularidad  que  ninguno  de  ellos  es  desarrollado  siguiendo  las  exigencias formales y sustanciales que corresponde a cada uno de  tales reparos.   

En  efecto,  respecto  del yerro por falso  raciocinio  el  libelista  se  queda en meros enunciados, puesto que simplemente  afirma  que el testimonio de Mónica María Montoya, quien ubica a la compañera  del  obitado  en un lugar distinto al del atentado cuando éste se perpetró, es  veraz  porque  «deriva  de  la percepción directa y  personal  de  los sucesos», pero no identifica en los  razonamientos  del  Tribunal, que le restaron mérito probatorio, de qué manera  se  trasgredieron los postulados de la sana crítica, desatino que se replica en  punto  de  la declaración del investigador Edgar Fabián Erazo, puesto que nada  dice  en torno a la estimación que del mismo se hizo en la sentencia confutada,  salvo  afirmar  que  el  juzgador  de  segundo  grado no lo podía desestimar en  razón   de   la   falta   de   autenticidad   de   los   documentos  que  aquel  incorporó.   

Se reitera que en cuanto al desconocimiento  de  la  tarifa  legal  negativa  que la ley asigna a la prueba de referencia, el  casacionista  debió  denunciar  la  existencia de un yerro de derecho por falso  juicio  de  convicción,  que  se  presenta  cuando  quiera  que  «el  juez le niega a la prueba el valor asignado por la ley o cuando  le  da uno que legalmente no le corresponde. Presupone  la  existencia  de  una tarifa legal, o lo que es lo mismo, la asignación de un  valor  demostrativo  o  de persuasión único, predeterminado por el legislador,  que  no  puede  ser  alterado  por  el intérprete»6.         (CSJ AP, 17 jun. 2015, rad. 40889).   

Y  en orden a demostrarlo le correspondía  al   impugnante   «identificar   el   elemento   de  convicción  indebidamente  estimado,  en  los  términos descritos, precisar la  norma  que  tasa su eficacia probatoria, exponer la razón de su desconocimiento  y  acreditar su trascendencia» (CSJ SP, 10 jun. 2015,  rad. 45805)   

Empero,  en  la  demanda  no  se sigue tal  derrotero,  puesto  que  si  bien  los  juzgadores  de  instancia  acertadamente  reconocieron  que  la  denuncia  y  entrevista  rendidas  por  Alba Nubia Frades  Méndez,  en  tanto  ésta no declaró en el juicio oral, constituían prueba de  referencia  admisible, contrario sensu, en relación con el testimonio de Marlen  Yedith  Escobar  Bolaños, hermana del interfecto, apoyados en jurisprudencia de  esta    Sala7,  aquellos  concluyeron  que éste no podía catalogarse como tal,  toda  vez  que  la  información  sobre  la identidad del homicida se la brindó  directa  y  personalmente  la  víctima  antes  de fallecer, frente a lo cual el  demandante  se limitó a señalar que «ninguna de las  instancias  diferenció  cuál  exposición  se emitió como testigo de oídas y  cuál  se  expresó  como  testigo  directo», pero no  asumió  la  tarea  de  mostrar  por  qué la declaración de la prenombrada era  prueba  de  referencia  de  acuerdo con lo normado en el artículo 437 de la Ley  906   de   2004   y   la   jurisprudencia   de   esta   Corporación8.           

Con todo, cabe destacar que el casacionista  se    equivoca   al   calificar   a   la   supranombrada   como   «testigo   de   referencia»,   bajo  la  consideración  que no presenció el atentado cometido contra su hermano Julián  Andrés  Escobar  Bolaños  y que, por tanto, la sindicación que hizo en juicio  contra  el procesado Perdomo Lopera como el autor del homicidio, no fue producto  de su conocimiento directo, sino de lo que un tercero le contó.   

Tal razonamiento revela su desconocimiento  de  los  elementos  que  debe  reunir  la  prueba  para  ser  considera  como de  referencia,  que  según  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  son: «(i)  una  declaración  realizada  por una persona fuera del juicio  oral,  (ii) que verse sobre aspectos que en forma directa o personal haya tenido  la  ocasión  de observar o percibir, (iii) que exista un medio o modo de prueba  que  se ofrece como evidencia para probar la verdad de los hechos de que informa  la  declaración  (testigo  de oídas, por ejemplo), y (iv) que la verdad que se  pretende  probar  tenga  por  objeto  afirmar  o negar aspectos sustanciales del  debate  (tipicidad  de  la  conducta,  grado de intervención, circunstancias de  atenuación  o agravación punitivas, naturaleza o extensión del daño causado,  entre  otros)». (CSJ SP, 6 mar. 2008, rad. 27477)   

         En  el  caso concreto, de acuerdo con las reglas interpretativas en  cita,  el  testimonio  de  Marlen  Yedith Escobar Bolaños no puede considerarse  prueba  de referencia, toda vez que la mencionada concurrió al juicio oral como  testigo   de   la  Fiscalía,  donde  relató  lo  que  le  constaba  directa  y  personalmente  en  relación con (i) la manifestación que le hizo su hermano en  el  hospital  de  Guacarí  momentos  antes  de  fallecer,  en la que señaló a  Alfonso       Enrique       Perdomo       Lopera,      alias      «Kike»,  «el  de  Guabitas», su lugar de residencia, como el autor  del  atentado;  (ii)  la  existencia  de  un  papel  que su hermano tenía en la  billetera,  en  el  que  aparecía el nombre, apellidos y documento de identidad  del  incriminado,  ya que pensaba demandarlo por los daños que el hijo de éste  le  había  causado a su hijastro Mario Mora Frades; y (iii) la desavenencia que  surgió  entre  los  mencionados como consecuencia del problema que se presentó  entre  sus  hijos, que llevó incluso a que el interfecto fuera amenazado por el  acusado Perdomo Lopera.     

         Situación  bien distinta es que a través del testimonio de Marlen  Yedith  se  trajera  al  juicio  la  declaración  del fallecido Julián Andrés  Escobar  Bolaños,  esa  sí  prueba  de  referencia,  como  que se trata de una  declaración  realizada  por  fuera  de  aquel, con la que se pretende probar la  verdad  de  lo  aseverado,  valga  decir,  que  el  autor de los disparos fue el  acusado  Perdomo Lopera, pues en este caso el medio de prueba que se ofrece como  evidencia  para  demostrar  la existencia de dicha atestación y su contenido es  de naturaleza testimonial.   

         Ahora,  sobre  la credibilidad de la declaración de Marlen Yedith,  en  cuanto a que se entrevistó con su hermano en el hospital, los juzgadores de  instancia  concluyeron  que  estaba  demostrado  que  tal  encuentro  se  había  producido,  puesto  que según se consignó en la historia clínica, la víctima  del  atentado  llegó  consciente al centro médico y fue la supranombrada quien  autorizó  la  intervención  quirúrgica  a  que  fue  sometido  para tratar de  salvarle la vida.       

         Agréguese  que  además  de  ser  prueba de referencia de especial  confiabilidad,  como que se trata de la declaración de una persona en riesgo de  muerte  sobre  la  causa  de  la muerte, frente a lo cual, según máximas de la  experiencia,   puede  afirmarse  que  en  esas  condiciones  ordinariamente  las  personas  no  faltan  a  la  verdad,  mucho menos cuando se busca no dejar en la  impunidad  al  autor  del  delito;  las  manifestaciones  del interfecto Julián  Andrés  Escobar  Bolaños  son  corroboradas  por  el  testimonio directo de su  hermana  Marlen  Yedith, en tanto ésta da cuenta de la existencia del papel que  tenía  aquel  en  su  billetera,  donde  se  registraba  el  nombre  completo y  documento  de  identidad  del  acusado,  así como por la historia clínica y el  protocolo  de  necropsia que relacionan las heridas ocasionadas por proyectil de  arma  de  fuego  y  la causa y manera de la muerte, compatibles con la agresión  que         la         víctima         le         refirió         a         su  consanguínea.            

         Asimismo,  el  censor soslaya que el ad quem complementó la prueba  de  cargo,  entre  ella la de referencia, con prueba indiciaria que construyó a  partir  del  hecho  relacionado  con  la  discordia que surgió entre el obitado  Escobar  Bolaños y el incriminado Perdomo Lopera a raíz de la agresión de que  fue   víctima  el  menor  hijo  de  la  compañera  del  primero  a  manos  del  primogénito  de  este  último,  que incluso había motivado amenazas por parte  del  acusado  ante  la  renuencia  de  los  padres  del  ofendido de desistir de  denunciar  al agresor, según lo dio a conocer Marlen Yedith Escobar Bolaños en  el juicio oral.   

         Sobre el punto dijo el Tribunal:   

El problema del señor Escobar Bolaños con  Perdomo  Lopera  fue  por  su  hijastro…  por  consiguiente, dicho evento tuvo  trascendencia  para la deponente [Marlen Yedith Escobar Bolaños], solo hasta el  instante  en  que  escuchó de boca de su consanguíneo la identidad de quien le  había  disparado,  para  comprender el móvil por la cercanía de los hechos en  que  se  vieron  comprometidos  los  hijos  de  aquellos,  y  el dato del nombre  completo  de  su  agresor con su número de cédula bien ha podido tenerlo en su  billetera,  como  dijo,  por  la demanda latente para el resarcimiento del daño  causado   en   el   rostro   de   su   hijastro,  quien  requería  de  cirugía  plástica.    

         Al  respecto conviene recordar que según la doctrina de la Sala es  posible  complementar la prueba de referencia con indicios, puesto que la tarifa  legal  negativa que limita el poder suasorio de la primera en orden a sustentar,  con  exclusivo  fundamento  en  ella,  el  fallo  condenatorio, no cobija a esta  última. En CSJ AP, 21 ene. 2015, rad. 45067, dijo:   

Así,  la  tesis  del  casacionista parece  partir  de  una premisa errada, pues asimila los efectos de la prueba indiciaria  a  los  de  la  prueba  de  referencia.  Es  cierto, anota la Corte, que a ambas  -prueba   de  referencia  y  prueba  indiciaria-  se  las  conoce  como  pruebas  indirectas,  pero  lo  que  la  norma  prohíbe  es  que  la responsabilidad del  procesado  se  edifique exclusivamente sobre la prueba de referencia; por tanto,  no  existe  impedimento  para  que  la prueba complementaria de la de referencia  pueda ser configurada mediante indicios.   

         Surge  patente,  entonces,  que  el  recurrente  no acredita que la  sentencia  impugnada  se  apoyara  exclusivamente en prueba de referencia y, por  tanto,  queda  sin sustento la afirmación en que funda su alegato, valga decir,  que  en  el  asunto  de  la especie los juzgadores de instancia desconocieron la  tarifa   legal   negativa  consagrada  en  el  inciso  2º  de  la  Ley  906  de  2004.     

         Así las cosas, se inadmitirá el reproche   

         4.   En  síntesis,  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  advertidas  en  la demanda  presentada  por el defensor del acusado Alfonso Enrique Perdomo Lopera, aunado a  la  falta  de  demostración  de  la  única  censura  propuesta,  conducen a su  rechazo.   

         

         5.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de Alfonso Enrique Perdomo  Lopera.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  45937; CSJ AP, 27 feb. 2013, rad. 40469 y CSJ AP, 17  oct. 2012, rad. 36187; entre otros.   

2 CSJ  SP, 24 Sep. 2014, rad. 42606.   

3  Incorporada  mediante  el testimonio de Sonia Isleny Alegría Burgos, practicado  en  la  sesión  del  juicio  oral  de  25  de  noviembre de 2013, minuto 26:36.   

4 Folio  29 de la sentencia de segundo grado.   

5 CSJ  SP,  23  nov. 2000, rad. 10479; CSJ AP, 18 ago. 2010, rad. 33919; CSJ AP, 6 ago.  2013,   rad.  41368;  y,  CSJ  AP,  20  nov.  2013,  rad.  42344;  entre  otras.   

6  «CSJ   SP,   11  feb.  2004,  rad.19614».   

7 CSJ  SP, 6 jul. 2011, rad. 35250.   

8 CSJ  SP,  27  feb.  2013,  rad. 38773 y CSJ SP, 6 mar. 2008, rad. 27477, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *