AP5010-2014(44158)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP5010-2014  

Radicación     n°     44158   

(Aprobado Acta No.  280)   

         Bogotá, D.C.,  veintisiete  (27)  de  agosto  de  dos  mil  catorce  (2014).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de Lucila González contra la  sentencia  dictada  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga, por  cuyo  medio se confirmó integralmente la proferida por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de Conocimiento de Barrancabermeja, que la condenó por el delito  de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

El  5  de  febrero  de  2013  agentes de la  Policía  Nacional  adelantaron  una diligencia de allanamiento y registro en el  inmueble  ubicado  en  la  carrera  1ª  No.  50-47  del  sector del comercio de  Barrancabermeja,  donde  Lucila  González  almacenaba  24 bolsas que contenían  11.5 gramos de cocaína, lo cual motivó su captura.   

         Cabe   anotar,  que  el  anterior  procedimiento  se  realizó  con  fundamento    en   la   información   suministrada   por   un   consumidor   de  estupefacientes,   quien   en  entrevista  rendida  bajo  reserva  de  identidad  manifestó   que   en   dicha  vivienda  habitualmente  adquiría  la  sustancia  prohibida.   

2.   Por  los  anteriores  hechos,  el  6  de  febrero  de  2013, ante el Juzgado Tercero Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías de Barrancabermeja (Santander),  una  vez legalizadas la diligencia de allanamiento y la captura en situación de  flagrancia  de  Lucila  González,  la  Fiscalía  le  formuló imputación como  autora  del  delito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes (art.  376,    inc.    2º,   del   C.P.),   en   la   modalidad   de   «venta»;     quien     aceptó     los  cargos.   

         Seguidamente,  a  petición del representante del ente acusador, se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en su lugar de  residencia.       

         3.  El  28  de  enero  de  2014, ante el  Juzgado   Segundo   Penal   del  Circuito  de  Conocimiento  de  Barrancabermeja  (Santander),  se  cumplió  la audiencia en la que se verificó la legalidad del  allanamiento  y  se  escuchó  a  las  partes  para  los  fines señalados en el  artículo  447 de la Ley 906 de 2004, luego de lo cual se dictó sentencia en la  que  se  condenó  a la procesada Lucila González a las penas principales de 56  meses  de  prisión  y  multa  de  1.75  SMLMV,  así  como  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  privativa de la libertad, como autora del delito por el  que  se  allanó,  negándosele  los  mecanismos  sustitutivos de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

         4.  Apelado  el fallo por el defensor de  la  incriminada,  en sentencia adiada 5 de mayo de 2014, el Tribunal Superior de  Bucaramanga lo confirmó en su integridad.   

         5.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los intereses de la acusada Lucila González interpuso  recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Prescindiendo  de referirse a los fines que  pretende  alcanzar  con  el  recurso  extraordinario,  el  demandante formula un  reproche  contra  la  sentencia de segundo grado, al amparo de la causal primera  prevista  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, que se sintetiza de la  siguiente manera:   

         Acusa  al  Tribunal  de haber incurrido en la violación directa de  la  ley  sustancial,  por «error al aplicar en debida  forma  la norma», valga decir, la Ley 750 de 2002 que  consagra  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria para madres  cabeza de familia infractoras de la ley penal.   

         Señala   que   la   procesada   Lucila  González  tiene a cargo a su progenitora de 82 años  de  edad,  quien  no  cuenta  con  otra  persona  que le prodigue el cuidado que  demanda,  por  lo  cual  afirma,  aquella tiene la condición de madre cabeza de  familia,  y  si  bien  la  ley establece unos requisitos para su reconocimiento,  «impidiendo        una        discrecionalidad  absoluta»  por  parte  del juez, considera que tales  exigencias se cumplen en el caso de su representada.   

         Manifiesta  que  en  el  asunto  de  la  especie  también  resulta  aplicable,  en  punto  de  prisión  domiciliaria,  lo normado en la Ley 1709 de  2014,  pues  su  defendida  fue  condenada  por  delito que tiene señalada pena  mínima  inferior  a  ocho  años  de  prisión,  y  añade  que,  aun cuando el  artículo  68A  de  la  citada  normativa excluye al autor de conductas punibles  relacionadas  con  el  tráfico  de estupefacientes de  ser  beneficiado  con  el  mencionado  sustituto  de  la  pena de prisión, ello  «no  tendrá sobrepeso frente a la ley invocada, Ley  750  Madre  Cabeza  de  Familia, en donde se ha demostrado el arraigo familiar y  social del enjuiciado».   

Se  pregunta  el  censor  si «¿internando  en  la cárcel al sujeto agente del injusto penal, se  garantiza  la protección integral de la familia?», a  lo  que  responde  negativamente,  añadiendo que «la  ley  jamás  puede,  en busca de una sanción penal, dejar en total desamparo un  núcleo   familiar,   que   es   la   esencia   de   toda   sociedad»,  que  dice, sería lo que ocurriría en caso de que se niegue a  su  representada  el  derecho  que le asiste a gozar de la prisión domiciliaria  por         su         condición        de        madre        cabeza        de  familia.         

En esa medida, solicita a la Corte que case  la  sentencia  confutada  y,  en  su  lugar, reconozca a la acusada Lucila  González  el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria  por reunirse en ella los requisitos para ser considerada  madre   cabeza   de   familia,   en   los   términos   de   la   Ley   750   de  2002.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Conforme a la  normativa  recogida  en  el Código de Procedimiento Penal de 2004, la casación  se  establece  con una doble connotación, tanto de control constitucional, como  legal  de  las sentencias proferidas en segunda instancia, en orden a consolidar  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia.      

Ahora bien, sin perjuicio de la facultad que  la  ley otorgó a la Sala de Casación Penal de la Corte de superar los defectos  de  la  demanda para decidir de fondo en aquellos eventos en que los fines de la  casación,  su  fundamentación,  posición  del impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia   planteada,   así  lo  ameriten,  el  recurso  extraordinario  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

En  efecto,  la  casación  penal  no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para  debatir  aspectos  que fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso; ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición, por  el  contrario, dado el carácter extraordinario y rogado del recurso, en el cual  se  examina  la legalidad de la sentencia, está ligado a causales taxativas que  tienen  contenidos  propios,  referidas  a  vicios  sustanciales  o  procesales.  Además,  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de los reparos formulados, se deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos  de lógica y adecuada fundamentación, cuyo  desconocimiento  conlleva  a su inadmisión, como lo establece el inciso 2º del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

Es  así  que  según  el  citado precepto,  mediante  decisión  motivada  la  Corte  está  facultada  para  no seleccionar  aquellas  demandas  que se encuentren en cualquiera de los siguientes supuestos:  «Si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  algunas  de las finalidades del recurso.»     

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si lo advierte necesario en orden a garantizarlos; y de igual forma,  no   obstante   cumplir   el   libelo   los   requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  procede  su  inadmisión  si de acuerdo con dichos fines no se  precisa de un fallo de mérito.    

2. De entrada debe  advertirse  que  la  sentencia confutada se profirió anticipadamente, fruto del  allanamiento  a  cargos  de  la  acusada, por lo cual el interés jurídico para  recurrir  se  limita  a  aspectos  relacionados  directamente con el monto de la  sanción  y  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena intramural –subrogado de la condena de ejecución  condicional  y  prisión  domiciliaria–1   

, además que también es posible denunciar  la  vulneración de garantías fundamentales, exigencia que se cumple en el caso  examinado,  puesto  que  la  discusión propuesta por el demandante, tanto en la  impugnación  de  la sentencia de primera instancia como en sede extraordinaria,  gira  en  torno  al  reconocimiento  de  la  prisión domiciliaria a favor de su  prohijada      dada      su      condición      de      madre     cabeza     de  familia.             

3.  Un  primer  aspecto  que  evidencia  en  el  impugnante  el  desconocimiento de las reglas y  principios  que rigen el recurso de casación, y que permiten distinguirlo de un  alegato  propio  de  las  instancias,  donde las partes presentan las razones de  disenso  frente  a las decisiones judiciales que los afectan sin estar sometidas  a  determinadas  exigencias argumentales, es la omisión en indicar cuál de los  fines  contemplados  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004 persigue con la  impugnación extraordinaria.   

En  efecto,  era  necesario  que  el  actor  demostrara  o  cuando  menos  evidenciara  en  el  desarrollo  del  único cargo  propuesto  en  la  demanda,  de  qué  manera  la sentencia rebatida afectó las  garantías  de su representada o por qué la Corte debe intervenir para asegurar  la  efectividad  del  derecho  material,  reparar  los  agravios  inferidos a la  acusada  o  unificar  la jurisprudencia, pero como no lo hizo, esa circunstancia  por  sí  sola  comporta  el rechazo de la demanda, según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Corporación (CSJ AP, 18 Abr. 2012, Rad. 38678 y CSJ AP,  30 Abr. 2014, Rad. 43428; entre otros).   

4.   Haciendo  abstracción  de  tal  falencia,  cabe  destacar  que  la  naturaleza rogada del  recurso  de  casación  implica  para  el  impugnante  acreditar que los errores  denunciados  se  ajustan  a  las  causales  taxativamente  señaladas  en la ley  adjetiva  –art. 181 de la  Ley   906   de   2004–,  utilizando  para ese fin una argumentación lógica y coherente, con observancia  de  los  requisitos  formales y sustanciales propios de cada reproche; asimismo,  es  su  deber enseñar la trascendencia del vicio en la declaración de justicia  contenida                     en                     el                    fallo  atacado.            

         En  relación con los principios que rigen el recurso de casación,  conviene recordar lo que la Corte tiene dicho al respecto:   

Con  ese  propósito, deberá atender a los  principios     que     gobiernan    el    instituto:    el    de    sustentación  suficiente, determina que  la  demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del fallo;  el    de    limitación,  presupone  que  la  Corte  no puede entrar a suplir los vacíos, ni corregir las  deficiencias   de   la   demanda;   el   de  crítica  vinculante,  implica que la alegación se debe fundar  en  las  causales taxativamente previstas en la ley, atendiendo a los requisitos  de   forma   y   contenido   de   cada   reproche,   y   los   de   autonomía,         coherencia      y      no    contradicción,   comportan   la  postulación  independiente  de cada censura en procura de mantener la identidad  temática    y    evitar    la    entremezcla   de   argumentos   y   propuestas  excluyentes. (Subraya fuera de texto) (CSJ AP, 2 Abr.  2014, Rad. 43408)    

         Ninguno  de  tales  postulados  es  observado  por el casacionista,  puesto  que  si  bien  denuncia  la  violación directa de la ley sustancial, no  indica  con claridad y precisión el reproche que da origen a la causal alegada,  limitándose  a  señalar  que  surge de un «error al  aplicar  en  debida  forma la norma», en referencia a  la  Ley  750  de  2002  que prevé el sustituto de la prisión domiciliario para  madres   cabeza  de  familia  infractoras  de  la  ley  penal.                

         Conviene  recordar  que cuando se alega la violación directa de la  ley  sustancial,  la  labor de demostración del vicio deberá estar orientada a  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó  una  norma  que  no era la llamada a  gobernar      el      asunto      –aplicación    indebida–,  omitió  otra  que  sí  resolvía  los extremos de la relación  jurídico  procesal –falta  de  aplicación  o  exclusión evidente–   o,   habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un  alcance  interpretativo  que  no  se  deriva  del  texto de la ley, es  decir,   le   atribuyó   un   sentido   jurídico  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos  contrarios  a  su   real        contenido       –interpretación  errónea–.   

         En  tratándose de la aplicación indebida de un precepto, ésta se  origina  cuando  el  sentenciador  se  equivoca  al calificar jurídicamente los  hechos  o  habiendo  acertado  en  su  adecuación,  desatina al elegir la norma  correspondiente  a  la  calificación jurídica impartida, es, pues, un error de  selección (CSJ AP, 26 Feb. 2014, Rad. 42902).   

         Ahora,  a  fin  de  evidenciar el mencionado yerro en relación con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  orientarse a constatar la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado, respecto de la hipótesis  contemplada   en   el   respectivo   precepto   (CSJ  AP,  13  Nov.  2013,  Rad.  41683).   

         Cuando  se  pretende demostrar la falta de aplicación o exclusión  evidente,  corresponde acreditar cuál fue la situación fáctica reconocida por  el  fallador  y  cómo  a pesar de ello dejó de aplicarle la consecuencia en el  derecho,  valga decir, cómo omitió el empleo del precepto que regula el asunto  específico,  señalando  por  qué  la  norma  echada de menos era la llamada a  resolver  el caso y, por ende, debía guiar el examen jurídico (CSJ AP, 29 May.  2013, Rad. 39542 y CSJ SP, 16 Oct. 2013, Rad. 42258).   

         En   relación   con  la  interpretación  errónea,  el  ejercicio  argumentativo  del  demandante  debe  abordar cuando menos dos aspectos, uno que  ilustre  sobre cuál es el alcance y efectos fijados al precepto, acudiendo para  ello  a criterios de autoridad o doctrinales, más no a su personal comprensión  de  la  norma;  y otro, que demuestre cómo aquellos fueron desconocidos por los  falladores  de  instancia  en la sentencia impugnada (CSJ AP, 11 Dic. 2013, Rad.  37039).         

         Importa  destacar  que  en esa labor se debe tener especial cuidado  en  no confundir el sentido de la violación en cuestión con los eventos en que  por  un error en la interpretación del precepto, se excluye su aplicación o se  aplica indebidamente.   

         Sobre  el  punto  en  mención,  en decisión CSJ AP, 11 Dic. 2013,  Rad. 39989, se señaló:   

Adicionalmente,  es  preciso  mencionar que  como  la  interpretación  errónea  parte  de  la  base  de que la disposición  vulnerada  fue  correctamente seleccionada, no debe confundirse con los casos en  donde  por  dársele un alcance equivocado, no es aplicada o se utiliza en forma  indebida.   

En  efecto,  es  pertinente recordar que la  aplicación  indebida  o la exclusión de una norma se pueden dar a consecuencia  de su errónea interpretación.   

En estos eventos, el yerro de hermenéutica  conduce,  en  punto de la aplicación indebida, a desbordar el verdadero sentido  de  la  disposición  y,  por  ello,  se  la  pone  a  gobernar un asunto que no  contempla.  En  cuanto  hace  a  la exclusión de su aplicación, el error en la  exégesis  del  precepto  lleva a restringir sus efectos jurídicos y por eso no  se la utiliza.   

Ahora, cuando se alega que como fruto de la  interpretación  de  la norma se incurre en su aplicación indebida, corresponde  al  impugnante (i) precisar el aspecto de derecho objeto del ataque y establecer  la  naturaleza  del  instituto  jurídico  recogido  en  él,  puntualizando  su  ubicación  en el ordenamiento positivo, (ii) especificar cuál fue la exégesis  dada  en  la  sentencia  al  mismo,  (iii)  indicar las razones por las que ella  resulta  equivocada  y  (iv)  explicar  por qué la comprensión propuesta en la  demanda   es   la  correcta,  lo  que  impone  demostrar  la  coherencia  de  la  interpretación  formulada  por  el  actor  frente  a las categorías jurídicas  relacionadas  con  la temática y respecto del universo regulatorio inherente al  punto de derecho cuestionado.   

         Ninguno  de  los derroteros referidos en precedencia es acatado por  el   censor,   quien  desarrolla  su  discurso  a  partir  de  su  particular  y  parcializado  entendimiento de las normas contenidas en la Ley 750 de 2002, así  como  del  supuesto  de  que  en  su  defendida  concurren  las exigencias allí  establecidas  para  ser  beneficiaria  del  mecanismo sustitutivo de la prisión  domiciliaria  por  ser  madre  cabeza  de  familia,  pero  no asume el ejercicio  dialéctico  de  demostrar  cuál  fue  el  error en que incurrió el ad quem al  negar  su reconocimiento a la acusada Lucila González, ni mucho menos aborda el  examen  de  los  requisitos  objetivos  y  subjetivos  que  la  normativa citada  ut  supra  impone  para la  aplicación                            del                           pluricitado  sustituto.             

         

         En  esa  medida, la demanda de casación en el caso examinado no es  más  que  un  alegato  de  instancia,  construido por el recurrente a partir de  afirmaciones  deshilvanadas  y carentes de sustento, como aquella según la cual  la  procesada  Lucila  González  cumple  los  requisitos para que los jueces de  instancia   reconozcan   a  su  favor  la  prisión  domiciliaria  tantas  veces  mencionada,  por  cuanto está a cargo del cuidado de su progenitora de 82 años  de  edad,  atención  que,  afirma,  nadie más puede asumir, pero olvida que el  concepto    de    madre    cabeza    de    familia2          –artículo  2º  de la Ley 82 de 1993,  modificado   por   el   artículo   1º  de  la  Ley  1232  de  2008– no es el único referente a tener en  cuenta   para   definir   la   aplicabilidad   del   mecanismo   sustitutivo  en  comento.   

         En  efecto,  el  artículo 1º de la Ley 750 de 2002, contempla que  quien  tenga  la  condición de madre cabeza de familia, extendida por decisión  de  la  Corte  Constitucional  a  los  hombres  que  se  hallaren  en  esa misma  situación3,  cumplirá  la  pena  de  prisión  en  su residencia siempre que  «…el    desempeño  personal,  laboral,  familiar o social de la infractora permita a la autoridad  judicial  competente  determinar  que no colocará en peligro a la comunidad o a  las  personas  a  su cargo, hijos menores de edad o hijos con incapacidad mental  permanente»;    excluyendo    de   tal   beneficio  «…a  las  autoras o partícipes de los delitos de  genocidio,  homicidio,  delitos  contra las cosas o personas y bienes protegidos  por  el Derecho Internacional Humanitario, extorsión, secuestro o desaparición  forzada    o    quienes    registren   antecedentes  penales,   salvo  por  delitos  culposos  o  delitos  políticos». (Negrilla fuera de texto)   

         Frente  a  tales  exigencias  el  libelista  guarda  silencio,  muy  seguramente  porque la tesis de que la incriminada Lucila González las cumple a  cabalidad  no resiste ningún análisis al confrontarla con la norma transcrita,  por  la  misma  razón  que  fue  esgrimida por los juzgadores de instancia para  negarle  el sustituto, valga decir, porque la mencionada registra un antecedente  penal,  habida cuenta de que mediante sentencia adiada 19 de febrero de 2010 fue  condenada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Barrancabermeja a la  pena  de  32 meses de prisión, como autora del delito de tráfico, fabricación  o  porte  de  estupefacientes;  circunstancia que por expresa prohibición legal  torna  inviable  el reconocimiento de la prisión domiciliaria a la madre cabeza  de  familia  infractora  de la ley penal, amén que dicha condición tampoco fue  acreditada  en  las  instancias,  como se constata en el registro de audio de la  audiencia  de  verificación  de la legalidad del allanamiento y el traslado del  artículo                                 447                                del  C.P.P.                 

         Tampoco  es  acertado demandar en el presente asunto la aplicación  del  artículo  23  de la Ley 1709 del 20 de enero de 2014, puesto que no estaba  vigente   cuando   se  cometió  el  delito,  ni  en  razón  del  principio  de  favorabilidad,  por cuanto el nuevo precepto resulta ser menos beneficioso a los  intereses  de  la procesada, ya que si bien éste amplió el factor objetivo a 8  años   y  sustituyó  el  factor  subjetivo  por  uno  de  naturaleza  objetiva  –la  demostración  del  arraigo       familiar       y       social       del      condenado–,  introdujo  en  su  numeral  2º la  prohibición  de  conceder  el  referido  sustituto penal cuando se trate de las  conductas  punibles  relacionadas en el inciso 2º del artículo 68A del Código  Penal,  modificado por el artículo 32 de la Ley 1709 de 2014, donde se incluyen  los   «delitos  relacionados  con  el  tráfico  de  estupefacientes  y otras infracciones», dentro de los  cuales  está  aquel  por  el que se condenó a la incriminada Lucila González.   

         Por  lo  demás,  las  elucubraciones  que  el casacionista hace en  torno  al  instituto  de  la  prisión  domiciliaria  en tratándose de madres o  padres  cabeza  de  familia, en el sentido de que en ningún caso la aplicación  de    la    pena    debe    afectar   el   «núcleo  familiar»,  no pasan de ser apreciaciones personales  que     desconocen     abiertamente    la    línea    desarrollada    por    la  jurisprudencia4  de  la  Sala,  criterio  según  el  cual  para  que  proceda  la  aplicación  del  mencionado  sustituto es necesario que concurran los elementos  objetivos  y  subjetivos  que  le son propios, pues lo derechos de los menores y  los  de  otras  personas  que  se  encuentren  en  la  situación prevista en el  artículo  2º  de  la Ley 82 de 1993, modificado por el artículo 1º de la Ley  1232  de  2008,  si  bien tienen una protección constitucional reforzada, deben  ser  ponderados  frente  a  los  fines  de  la  pena,  pues  ello «no  implica  un reconocimiento mecánico, irrazonable o autoritario  de  sus  derechos,  sino  que  deben  ser  determinados  por  las circunstancias  personales  del  agente,  motivo  por el cual tienen que ser ponderadas en todos  los   casos».5   

         Así   las   cosas,   se  rechazará  el  cargo.   

         5.  En  conclusión,  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  advertidas  en la demanda,  aunado  a  la  falta de demostración de la única censura propuesta, conducen a  su inadmisión.   

         

         6.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  establecidos  por la Sala (CSJ AP, 12 Dic.  2005, Rad. 24322).   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.   INADMITIR    la   demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor  de  Lucila  González.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP, 30 Abr. 2014, rad. 42189.   

2 Corte  Constitucional SU-388 de 2005.   

3 C-184  de 2003.   

4 CSJ  SP,  22  Jun.  2011,  rad.  35943  y  CSJ  SP,  28  May. 2014, rad. 43524; entre  otras.   

5 CSJ  AP, 9 May. 2012, rad. 38054.     

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