AP4695-2015(46470)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  Ponente   

AP4695-2015   

Radicación        N°  46470   

Aprobado      Acta     Nº 283   

Bogotá         D.C., diecinueve (19) de agosto de dos mil  quince (2015).   

Decide la Sala acerca de la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por la apoderada de  la  Parte  Civil  contra el  fallo   del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali  (Valle)  que  confirmó el emitido en el  Juzgado  Doce Penal     del     Circuito     de    esa    ciudad,    mediante  el  cual  se absolvió a RAFAEL  ERNESTO  CÁRDENAS  RIOS de los cargos formulados por  el delito de estafa.   

I. SÍNTESIS FÁCTICA Y PROCESAL  

1.  Se   extrae  de  la  actuación  que  en  Cali    (Valle), el 12 de julio de 2003, Martha Cecilia  Ruiz  Fierro y Alejandro  Triana  Guío  (su compañero  permanente), por una parte, y por la otra,   RAFAEL  ERNESTO  CÁRDENAS  RÍOS,  celebraron  un  contrato  de compraventa respecto  del  cincuenta  por ciento del  tracto-camión    de    placas   TVA-018,  de propiedad  de  aquélla y por el cual  el       último       pagó      $50’000.000  como  precio  del  aludido porcentaje, de la siguiente  manera:  la  entrega de una  Chevrolet   Blazer   (avaluada   en  $25’000.000),  la  suma  $17’000.000  en efectivo en el momento de la  firma     del     contrato,     y    $8’000.000  que  debía  cancelar el 26 de julio siguiente. Como consecuencia de tal negocio  también  se  acordó  que CÁRDENAS RIOS  se  quedaría  con el rodante para conducirlo y administrarlo, y  las  utilidades  serían  repartidas  entre los ahora  copropietarios.   

Luego  de  lo  anterior  se  presentó el pago fraccionado del saldo  pendiente   por   parte   del   último,   quien  lo  entregó  en cuotas   a   Triana   Guio,   el  cual  a   su   vez   por   algún   tiempo  laboró  para  aquél  conduciendo otro  tracto-camión  y,  al  parecer, contrajo con el mismo una deuda de $30’000.000,  aspectos  que  ocultó  a su  pareja,  la  señora  Ruiz Fierro, a la que también,  meses  después, convenció de firmar un traspaso en blanco del rodante para que  CÁRDENAS   RÍOS   lo  asegurara, documento con  el  que  éste finalmente  dispuso  del  automotor,  previo levantamiento de unas medidas cautelares que lo  afectaban por orden de dos juzgados civiles de Cali.   

Dado  que Ruiz  Fierro   no  supo  de  la  cancelación  del  saldo  pendiente   y   desde   el   30  de  septiembre  de  2004  no  volvió  a  tener reporte de la entrega de  utilidades  del tracto-camión por parte de CÁRDENAS  RÍOS   —aun  cuando  éste  sí  consignó  diversas  sumas  entre  mayo y  octubre   de   2005   en  una  cuenta  de  ahorros  de  Triana  Guio—,  el  27  de  diciembre de 2006 la  inicialmente  citada, al descubrir hasta entonces la  tradición  de  su cincuenta por ciento del  automotor,  formuló denuncia      contra      el      segundo     por     los            delitos de  estafa,    abuso    de    confianza    y    fraude  procesal1.   

2. Abierta   la   investigación   con   base   en  la  queja  penal,  tras  vincular   mediante   declaración  de  persona  ausente  a  RAFAEL     ERNESTO     CÁRDENAS        RÍOS,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación, luego de resolverla de  manera  provisional  la  situación  jurídica,  el  24  de  noviembre  de  2010  profirió  contra  aquél  resolución  de  acusación  en  calidad de autor del  delito  de  estafa previsto en el artículo 246 de la  Ley  599  de  2000,  pliego  de  cargos  que  cobró  ejecutoria   el   15   de   diciembre   siguiente2.   

3. La  fase  de  la  causa  fue  inicialmente  tramitada  ante los juzgado penales municipales  de  Cali,  de  donde fue remitida por competencia en razón de la cuantía a los  superiores    funcionales,    y   el   conocimiento    del   expediente   le  correspondió  al Juzgado Doce Penal del Circuito de  esa   ciudad,  cuyo  titular,  luego  de  finiquitar el debate oral y público,  el  19 de diciembre de 2014 dictó sentencia absolutoria en favor del procesado,  providencia    contra    la    que    formuló       apelación       la  apoderada    de    la    Parte   Civil3.   

4. El  Tribunal  Superior de Cali            (Valle), el  17   de   marzo      de     2014  confirmó  la  decisión  confutada,  fallo  de  segundo  grado  respecto  del cual el mismo sujeto procesal interpuso  y  sustentó el recurso extraordinario de casación4.   

II. LA DEMANDA  

5.  La actora  plantea un cargo con base  en  el  artículo  207,  numeral  1º,  de la Ley 600 de 2000, pues estima    que    el    Tribunal,  al  confirmar  la sentencia  absolutoria,  “incurrió  en  error  de derecho al  momento  de  evaluar  las pruebas recaudadas en el proceso, dándoles un valor y  un    alcance    muy    corto    del   que   verdaderamente   tienen”,    dislate    que    según   la  recurrente  llevó  al  ad-quem  a  aplicar  indebidamente  “una  norma de  derecho  sustancial”, a saber, los artículo 232 y  238 del Código de Procedimiento Penal.   

Con  el  fin  de  acreditar  la  anterior  propuesta  la  censora es reiterativa en cuanto a que como el acusado en ningún  momento    aportó    “plena   prueba”  que  justifique la aplicación del  in  dubio  pro  reo, los  juzgadores  no  debieron restarle “importancia a lo  que  indican  las  pruebas desde el punto de vista de la Parte Civil”,  razón  por la que solicita casar el fallo impugnado y en su  lugar condenar al procesado como autor del delito de estafa.   

III. CONSIDERACIONES  

6.  En  cualquier régimen el recurso de  casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales son la reparación de los  agravios  inferidos  a las partes con la sentencia censurada, la incolumidad del  derecho  material  y de las garantías fundamentales de los intervinientes en la  actuación, y la unificación de la jurisprudencia.   

Sin  embargo eso no significa que este sea  un  mecanismo  de  libre  configuración, desprovisto de todo rigor, y que tenga  como  objetivo  abrir  un  espacio  procesal semejante al de las instancias para  prolongar   el   debate   respecto  de  los  puntos  que  han  sido  materia  de  controversia,  pues ha de  resaltarse  que  al  proponer el recurso el censor debe sujetarse a las causales  taxativamente  señaladas  en el ordenamiento procesal, y con observancia de los  presupuestos   de   lógica   y   argumentación   inherentes   a   cada  motivo  extraordinario,  persuadir a la Corte de que a raíz de la decisión cuestionada  urge    hacer    efectiva    alguna    de    aquellas    finalidades.   

La Sala observa  que    en    el   presente   asunto   la   impugnante   no   atendió   las  exigencias  previstas  en  la  ley  y  la  jurisprudencia  para la acreditación  objetiva de un vicio susceptible de denunciar ante esta sede.   

7.         La        actora  invoca  como  causal  de casación la violación indirecta de la ley sustancial,  vía   de   censura   que  ciertamente  se  encuentra  prevista  en  el  artículo 207, numeral 1, segundo  inciso,  del  Código  de Procedimiento Penal que gobernó el presente asunto, y  por  esa  senda  planteó la aplicación indebida de  los  artículos  232 y 238 de la Ley 600 de 2000, normas que no son de contenido  o  efectos  sustanciales,  sino  simplemente instrumentales, dado que las mismas  aluden  a reglas que disciplinan los fundamentos probatorios de una providencia,  y  la  forma  en  que  el  operador  jurídico  debe  valorar tales elementos de  conocimiento.   

Además,  la  fundamentación  de la queja se reduce al equivocado  entendimiento  por parte de la demandante en cuanto a que para que sea viable la  aplicación  del  in  dubio  pro  reo es menester que  obre  “plena prueba”,  cuando  es justamente lo contrario, es decir, que solo se puede dictar sentencia  condenatoria  cuando  obren  elementos  de  persuasión  que valorados de manera  objetiva  y  con  observancia de los postulados de la  sana  crítica  conduzcan  a  la  certeza  sobre  la  configuración  de la conducta delictiva y la responsabilidad del sujeto a quien  se le atribuye la misma.   

A   consecuencia   de   esa   desatinada  intelección   la   censora  no  presentó  un  discurso  vinculante acerca de  probables   dislates   en   la  valoración  de  los  diferentes  medios  de  prueba  por parte de los falladores de primero y segundo  grado,  limitándose  a  señalar  en  forma insistente que debió prevalecer el  criterio estimativo de la Parte Civil.   

8. Frente a una  argumentación  tan carente de rigor necesario resulta para la Sala recordar que  la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  comprende   los   errores   de  derecho,  que  se  subdividen en falso juicio de legalidad y falso juicio  de  convicción,  y  los errores de hecho,  a  la vez agrupados en falso juicio de existencia, falso juicio  de  identidad y falso raciocinio, cada uno de los cuales obedece a una dinámica  de demostración distinta y excluyente frente a los demás.   

De acudir a la primera modalidad, dado que  en  materia  penal  los  diferentes  medios  de  prueba no están sometidos a un  sistema  tarifado,  en principio, resultaba improcedente argüir un falso juicio  de   convicción,   luego  únicamente  cabría  proponer  un  falso  juicio  de  legalidad,  orientado  a  demostrar  que  los juzgadores apreciaron elementos de  conocimiento  que  carecían  de requisitos legales en su aducción, práctica o  incorporación,  o  que  desestimaron los que sí los  reunían  so pretexto de  que no satisfacían esos presupuestos.   

Y  si  el  ataque se dirigía a evidenciar  desatinos de hecho, en el  desarrollo    argumental   la   demandante   estaba  llamada  a  precisar  que  frente a los elementos de  conocimiento  legal  y  oportunamente  allegados,  al  valorarlos los falladores  incurrieron en alguno de los siguientes desaciertos:   

Falso juicio de  existencia,   el  cual  ocurre  cuando  se  deja  de  apreciar  el  contenido de un medio de prueba legal y oportunamente adosado a la  actuación   (falso   juicio   de   existencia  por  omisión),    o    se  hacen   precisiones   fácticas   extrañas   a   los   elementos  de  prueba  obrantes,  o que se  atribuyen  a un elemento  de   persuasión   que  en  verdad  no  reposa  en  el  expediente  (falso   juicio   de   existencia   por   suposición).   

Falso juicio de  identidad,    que    se    presenta    cuando   el  juzgador  al  aprehender el contenido de un medio de  prueba   le   recorta  apartes  trascendentes  de  su  literalidad  (falso   juicio   de   identidad   por  cercenamiento),   adiciona   circunstancias   fácticas   ajenas   a   su  texto  (falso juicio de identidad por adición),  o  transforma  o  cambia  el sentido fidedigno de su expresión  material    (falso   juicio   de   identidad   por  tergiversación), dislates con los que le hace decir  a la prueba lo que en realidad no afirma.   

Para  acreditar  los citados vicios, en el  primer  evento,  es  preciso indicar el lugar del proceso en el que se encuentra  adjunto  el  medio  de  prueba omitido y su contenido, o destacar la concreción  fáctica  plasmada  en  el  fallo  y que carece de acreditación con las pruebas  allegadas,   o  cuya  demostración  se  atribuyó  a  una  prueba  ajena  a  la  actuación;  y  en  el  segundo,  basta con hacer un ejercicio de confrontación  veraz  e imparcial entre el texto o tenor del medio de prueba y la síntesis que  de  su  contenido  postuló  el  juzgador,  en  aras de evidenciar alguno de los  dislates  atrás singularizados (adición, supresión  o distorsión).   

Luego  de lo anterior, en uno u otro caso,  es  forzoso  ilustrar  cómo  ese desacierto fue determinante de una conclusión  jurídica  equivocada,  pues  la  corrección  de  tales desaguisados y la nueva  valoración  de  esas  pruebas,  en  conjunto  y de manera racional, lleva a una  solución favorable a la parte que alega tales vicios.   

A diferencia de los dos anteriores errores  de  hecho,  en  el  falso raciocinio, el yerro recae en las deducciones hechas a  partir  de su fidedigna literalidad, cuando las mismas entrañan desconocimiento  de  los  postulados  de la sana crítica (leyes de la  ciencia,  reglas  de  la  lógica,  o  máximas  de  la experiencia).   

De  ahí  que  en  tal especie de vicio le  corresponde  al  censor  desarrollar  una dialéctica orientada a enseñar cuál  fue   la  ley  de  la  ciencia,  regla  lógica  o  máxima  de  la  experiencia  equivocadamente  empleada  por  el  funcionario, y cuál es la que acertadamente  corresponde  utilizar,  con  el  fin  de  arribar  a  una  conclusión jurídica  correcta y favorable a sus intereses.   

En  el  escrito  analizado,  se  reitera,  la   memorialista   no  consignó  una  labor  argumental  semejante a la atrás esbozada, y en lugar de  presentar     una     disertación     lógica     y    ordenada    relacionada  con  las pruebas pasibles  de  las diferentes especies de errores de derecho o de hecho, con las exigencias  atrás  indicadas,  se  limitó  a  poner de presente su particular apreciación    de   la   situación  fáctica,   con   la  pretensión  de que la Corte acoja como de mayor valía su criterio valorativo    frente    al  que en su oportunidad plasmaron los  juzgadores  de  primero  y  segundo grado en los respectivos fallos, vistos como  unidad  jurídica inescindible, fin para el que es en  absoluto  improcedente  el recurso extraordinario de  casación.   

9.    En   conclusión,   como        el       demandante  no demostró, como lo exige  la  jurisprudencia  en  eventos  como el presente, la configuración objetiva de  vicios   graves   y   trascendentes   en   la   valoración   de   los   medios   de   prueba,          deviene perentorio el rechazo de la demanda,  al  tenor  de  lo  normado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Lo  anterior no impide a la Corte precisar  que  no  observa,  con  ocasión  del  trámite  procesal o del fallo impugnado,  vulneración    de    los   derechos   fundamentales   inherentes   a  la  Parte  Civil, como para que sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le asiste para  conjurar algún atentado de esa estirpe.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

NO  ADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por la   apoderada   de  la  parte  Civil,  contra   la  sentencia  proferida  en  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cali (Valle)  que  confirmó  la  emitida en el Juzgado Doce  Penal  del Circuito de esa ciudad, mediante la cual RAFAEL  ERNESTO    CÁRDENAS    RÍOS    fue   absuelto   de   los   cargos   formulados   por   el   delito   de  estafa.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

PRESIDENTE   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA    SALAZAR    CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Hechos extractados de los fallos de primero y segundo grado.   

2  Cuaderno  #  1,  folios  1-58,  60,  112-114,  125,  168,  169,  177,  183-188 y  217-223.   

3  Ídem,  folios 236, 247, 248, 255-259, 269 y 270. Cuaderno # 2, folios 304, 305,  362-390, 392-406, 417-441, 459, 460, 490-502, 503-527 y 534-543.   

4  Cuaderno # 2, folios 550-573, 584, 586 y 590-604.     

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