AP4452-2015(44386)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP4452-2015  

Radicación N° 44386  

(Aprobado acta Nº 271)   

          Bogotá,   D.C.,   cinco   (5)   de   agosto   de   dos  mil  quince  (2015).   

          Procede  la  Sala  a  verificar  los  requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  OTONIEL        CELY        SALAMANCA,   WILLIAM   ANANIAS   CELIS   SALAMANCA  y  VIANNY  ZULEY,    YEIMI    ESPERANZA    y  WILSON  YESID  CELY  BERNAL.    

H E C H O S  

          Fueron  sintetizados  en  la  actuación  de  la  siguiente  manera:   

“El 30 de abril de 2010, a eso de las 7:00  p.m.,   YEIMI   ESPERANZA   CELY  BERNAL,  VIANNY  ZULAY CELY BERNAL,   OTONIEL  CELY  SALAMANCA,  WILSON YESID CELY BERNAL y   WILLIAM   ANANIAS  CELIS  SALAMANCA  invadieron  el  local comercial ubicado en la avenida  6ª  Nº  9-65 del sector centro de la ciudad de Cúcuta, identificado con folio  de  matrícula  inmobiliaria  260-4431, de propiedad de la señora Dora Mercedes  Muñoz  Ortegón,  quien  obtuvo  el  derecho de dominio del bien inmueble […]  dentro de un proceso declarativo de pertenencia”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada la  fase  del  juicio  y  anunciado  el sentido absolutorio del fallo por el Juzgado  Sexto  Penal  Municipal  con  función  de  conocimiento  de  Cúcuta  (Norte de  Santander),  estrado  judicial al que correspondieron las diligencias, se dictó  sentencia  el  3  de  febrero  de  2014,  a través de la cual se exoneró a los  acusados  de  los  cargos  formulados en su contra por las conductas punibles de  invasión  de  tierras  o  edificaciones y daño en bien ajeno (artículos 263 y  265            Código            Penal).1   

          2.  Apelada esta determinación por el delegado de la Fiscalía y el  representante  de  la  víctima,  fue  modificada  por  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cúcuta -Sala Penal- el 4 de junio de 2014, en el sentido  de  revocar la absolución por el delito de invasión de tierras o edificaciones  para  imponer  a  los implicados, en su lugar, las penas principales de prisión  por  treinta y dos (32) meses, multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66)  salarios  mínimos  legales  mensuales y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de la sanción  privativa  de  la  libertad,  concediéndoles  la  suspensión condicional de la  ejecución    de    la   pena,   confirmando   en   lo   demás   el   proveído  impugnado.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor  de  los  acusados  interpuso el recurso extraordinario  para     postular    dos  cargos en contra del fallo de  segunda instancia.   

          En    el    cargo   principal,  denuncia  la  violación     directa     de     la    ley    sustancial    por    “aplicación  indebida  del  artículo  263  del  Código Penal y  falta  de aplicación de los artículos 669, 775 y 1973 del Código Civil, 515 y  516  del  Código de Comercio, 140 y 146 del Código de Procedimiento Civil y 9,  10,  11,  12  y 13 del Código Penal”, transcribiendo  el  contenido  de estos preceptos referidos, entre otros, al derecho de dominio,  la  mera  tenencia  y  al  contrato  de arrendamiento con el fin de describir el  trasegar  que  antecedió  a  la  ocupación  del  predio  objeto  del  presente  trámite, por parte de sus asistidos.   

Así,   hizo   alusión   al  contrato  de  arrendamiento  que permitió que éstos usaran el inmueble y al ulterior proceso  de  restitución  adelantado  ante  el  Juzgado  Cuarto  Civil  del  Circuito de  Cúcuta,  en el que se comisionó a una Inspección de Policía para que llevara  a  cabo  diligencia  de  lanzamiento,  materializada  el  2  de octubre de 2009.  Subrayó  que  luego  ese  despacho  judicial, por petición de los interesados,  tramitó  incidente  de  nulidad decidido favorablemente con la invalidación de  aquella  diligencia,  ordenándose  al  apoderado de la parte demandante que les  hiciera entrega del predio.   

De  esta  manera,  dice,  a  partir  de  ese  instante,   los   arrendatarios,   entre   los  que  se  encuentra  OTONIEL  CELY SALAMANCA, recobraron su goce  y   mera   tenencia   de   acuerdo   con  la  normatividad  civil,  derecho  que  “amerita   respeto   de   todos”,   por  ende,  desde  su  punto  de  vista,  el  mencionado y los otros  acusados  contaban  con  legitimidad  para  ingresar  de  nuevo  al  inmueble al  omitirse  su  devolución,  conducta  que  no puede atribuirse, en los términos  consignados  en  la condena, como una irrupción ilícita al fundarse ese actuar  en  una  providencia  emitida por un Juez de la República, la cual, pregona, se  debe “acatar, respetar y cumplir”.   

En estas condiciones, el recurrente retoma  apartes  del  fallo  del  Tribunal en los que se rememoró el método desplegado  por  los  implicados  para acceder al inmueble, consistente en violar candados y  cerraduras,  con  el  propósito de refutar los mismos y asegurar que en el auto  de  nulidad  no  se  especificó  la  forma  en  la  que  los favorecidos con la  determinación   debían   realizar   en   la  práctica  el  ejercicio  de  sus  prerrogativas  como  dueños  del establecimiento comercial que funcionaba en el  bien  arrendado,  siendo indiferente, en su criterio, que hubiesen ejercitado su  derecho  en  la  noche,  pues  “que ley o quien les  impedía  que  entraran  a otra hora?”. En ese orden,  estima  que  incluso  podían  haber  ingresado  en  la  madrugada  sin que esto  significara  un  acto  clandestino,  toda vez que, insiste, se estaba cumpliendo  con   una   decisión  judicial  y,  con  ese  cometido,  debían  salvarse  los  obstáculos  para  ello,  agregando  que  la  hora  en  la  que  se verificó el  particular  no  apareja  un proceder oculto considerando que el citado predio se  encuentra   en   una   zona   comercial  del  centro  de  Cúcuta,  iluminada  y  transitada.   

Por  tanto,  al  no  haber  incurrido  sus  prohijados  en  el  tipo  penal  por el que se endilgaron cargos, al tratarse su  actuar  de  la “consecuencia natural y obvia, apenas  normal  del  auto  de  carácter  judicial  emanado del Juzgado Cuarto Civil del  Circuito  de  Cúcuta”, pide casar la sentencia y, en  su lugar, se emita absolución.   

          Por    su    parte,    en    el    cargo  segundo,  denuncia  la  violación  directa  de la ley  sustancial  por  “falta  de aplicación del numeral  10º  del  artículo 32 del Código Penal”, aduciendo  que  los  procesados  obraron  con  el  convencimiento de que con su conducta no  incurrían  en  ningún  ilícito.  De  este  modo,  replica  la  argumentación  plasmada  en  el anterior ataque para sostener que, en la esfera cognoscitiva de  aquellos,  la  providencia  judicial  que invalidó la diligencia de lanzamiento  les  originó  un error invencible que obnubiló su entendimiento respecto de la  coyuntura  en  que  debían volver a ocupar el establecimiento de comercio de su  propiedad,  por  lo que el Tribunal, afirma, al sopesar su comportamiento, dejó  de  lado “la persuasión racional y las reglas de la  sana  crítica”. Por consiguiente, solicita casar la  sentencia y se profiera, en su reemplazo, fallo absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de  etapas  concatenadas,  revestidas  de  un plexo de garantías, en las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya  discusión  culmina  con  la  sentencia,  providencia  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación  en  aras de que la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario que la emitió para que éste la confirme, modifique o revoque,  si a ello hubiere lugar.   

          Lo  anterior  explica  por  qué  el  debate  sobre  las  aristas de  interés  para  el  ejercicio  de  la acción penal cesa en tales escenarios, es  decir,  durante  el  decurso de las instancias, previéndose la existencia de un  recurso   extraordinario,   la  casación,  solamente  cuando  por  específicas  causales,  para  este  caso  las  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, se  pretenda  un  estudio  respecto  de la legalidad del fallo por parte de la Corte  Suprema  de  Justicia.  No  se  trata,  entonces,  de prolongar la polémica que  feneció  con  la  emisión de una determinación cobijada con la presunción de  acierto y legalidad.   

          De  este  modo,  existen  parámetros  conceptuales  que hacen de la  demanda  correspondiente  un escrito sometido a estrictas reglas de postulación  y  que,  bajo  la  égida  de  principios  como  el  de autonomía, limitación,  claridad,  entre  otros,  debe  bastarse  a  sí  mismo  para demostrar el yerro  planteado   y  su  trascendencia,  siendo  premisa  fundamental  que  la  simple  diferencia  de  criterios  no  constituye  un  aspecto  con la viabilidad de ser  auscultado  en  sede  extraordinaria. (Cfr. CSJ AP, 18  Ago 2010, Rad. 33559).   

2.  Desde  esta  óptica  se  anuncia  la  inadmisión  de la demanda,  pues  esta,  en  vez de ajustarse al marco teórico demarcado en precedencia, se  limita  a  plasmar la mera disidencia del censor con la declaración de justicia  efectuada, a la manera de un alegato de instancia. Véase:   

          3.  Ambos  reproches, presentados al amparo de la violación directa  de  la  ley sustancial, suponían que los señalamientos debían circunscribirse  a  una  perspectiva  estrictamente  jurídica,  al  tratarse este de un vicio en  cuanto  a  la  normatividad  empleada  respecto de la situación fáctica por la  cual   se   ejerció   la   acción  penal.  No  obstante,  en  el  sub  examine  se desnaturaliza la lógica  que  orienta la acreditación de este tipo de reproche, al discutirse los hechos  y  la  valoración  probatoria realizada en la sentencia, controversia vedada en  esta  modalidad  de  infracción  (CSJ  AP,  13 Abr 2005, Rad. 20245), ya que el  libelista,  de forma explícita, desconoce los cursos causales que llevaron a la  judicatura  a  concluir la existencia de un comportamiento ilícito por parte de  los  procesados en perjuicio del patrimonio económico y el derecho de propiedad  de la denunciante.   

          3.1.  Así las cosas, vale la pena traer a colación que, en efecto,  en  el año de 1990, se celebró un contrato de arrendamiento, después cedido a  Dora  Mercedes  Muñoz  Ortegón  en  calidad  de  arrendadora y suscrito, entre  otros,   por   OTONIEL   CELY   SALAMANCA  como  arrendatario,  que  recayó  en  el  inmueble  ubicado en la  avenida  6º  No.  9-65 de Cúcuta, predio que le fue adjudicado a la mencionada  por  prescripción  adquisitiva  en  virtud  de  la sentencia emanada de la Sala  Civil   de   esta   Corporación   el   13  de  diciembre  de  2006,3 inscrita en el  folio   de   matrícula   inmobiliaria   Nº   260-4431   el   3   de  julio  de  2007.4  Posteriormente,  el  Juzgado  Cuarto  Civil  del  Circuito  de esa  ciudad,  el  10  de  julio  de 2008, declaró extinto dicho convenio5, ordenando la  restitución que se llevó a cabo el 2 de octubre de 2009.   

          En  esta  secuencia,  surge indiscutible que quienes hasta esa fecha  tenían  el  rol  de arrendatarios, a partir de ese momento, dejaron de ostentar  cualquier  derecho sobre el inmueble en comento, toda vez que el título que les  permitía ocuparlo fue resuelto por mandato judicial.   

No  obstante, los apoderados de WILLIAM    ANANÍAS    CELIS   SALAMANCA,  VIANNY  ZULEY  y JEIMI  ESPERANZA  CELY  BERNAL  presentaron  ante  ese  estrado  judicial  incidente  de  nulidad  que  fue decidido el 18 de  diciembre  de  2009,  con  la  invalidación  de  la  diligencia de lanzamiento,  aduciéndose  que  la  Inspección  Primera  Urbana  de  Policía  de Cúcuta no  contaba  con competencia territorial para atender la comisión librada con aquel  propósito,  por  lo  que se ordenó su repetición. Acerca de esta providencia,  señaló el ad quem:   

“Mediante  el auto referido, se anuló la  diligencia  de  lanzamiento  de los arrendatarios del bien inmueble de propiedad  de  Dora  Mercedes Muñoz. Esta decisión, según los no recurrentes (defensores  de  los acusados), fue el motivo que llevó a los procesados a cometer los actos  tendientes  a  invadir  el bien inmueble, recuérdese que los actos consistieron  en  violentar  candados  y  cerraduras para tomar violentamente la posesión del  bien.   

Para  la  Sala  salta  a  la  vista  que el  argumento  que  presentan  los  defensores no tiene mérito de prosperar, puesto  que  el  alcance del auto no fue ordenar que los acusados realizaran ese tipo de  actos,  máxime  si  se tiene en cuenta que el numeral tercero de dicho memorial  resolvió  que  fuera  el  procurador  judicial  el  encargado  de retrotraer la  actuación  para  entregarle transitoriamente la tenencia del bien, en atención  a la nulidad de la diligencia de lanzamiento.   

En todo caso, recuérdese que dicho auto fue  recurrido  por  la  parte  afectada  y  resuelto  por  el  juez en el sentido de  revocarlo,  por  lo que el acto de lanzamiento se ajustó, en criterio del juez,  al         ordenamiento         jurídico”.6   

3.2. Nótese, entonces, que los presupuestos  en   los   que   se   desenvuelve   el  cargo  primero  se subsumen a la hipotética legitimidad que, a juicio  del  impugnante,  les  asistía  a  sus  procurados  para acceder al inmueble en  cuestión  por  cuenta  de  la  referida  decisión. Sin embargo, esa tesis hace  abstracción   deliberada   de   los  asertos  del  Tribunal  que,  conforme  lo  transcrito,  descartaron  tal discurso defensivo desdibujándose la propuesta de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  al  punto  que, de manera expresa,  reflejando  desconocimiento  de  la  teleología  del recurso extraordinario, el  censor    presenta    una    argumentación   encaminada   a   su   “réplica”  obviando que un debate de  esa naturaleza feneció con la decisión de segundo grado.    

En   ese   contexto,   las  elucubraciones  vinculadas  con  la  hora en que se ingresó al fundo, las circunstancias en las  que  los acusados vulneraron las seguridades que había dispuesto su propietaria  para  su  resguardo  y  discurrir  sobre el hipotético derecho que tenían para  ocuparlo,  resultan  silogismos  refractarios  a  esta sede y develan no solo la  llana  discrepancia  de  pareceres, sino una impropiedad conceptual en la medida  que  no puede tener sustento lógico, en el ámbito del derecho, una premisa que  apoya  la  validación  de  maniobras fraudulentas, so pretexto del ejercicio de  una facultad que se invoca, simultáneamente, como legítima.   

3.3.  Ahora  bien, esta discusión acerca de  los  hechos  ajena  a la lógica del yerro en que se ampara el reclamo, vuelve a  retomarse    en    el    cargo   segundo,  en  esta  ocasión,  para  aducirse la confluencia de un error de  tipo.  Empero,  aunado a esta falencia, el cuestionamiento resulta superficial y  no  supera  la  simple  mención nominal, por cuanto no se exponen las variables  por  las  que  el proveído invalidatorio eventualmente tendría la capacidad de  transmitir  un  conocimiento  errado  de  la  realidad a los acusados, en tanto,  según   lo   cotejó   el   ad  quem:  i)  la decisión no los facultó para recuperar, por su propia mano,  la     tenencia    del    inmueble,    ii)  dicha  determinación  fue  impugnada,  de  ahí  que  no  haya  adquirido  ejecutoria  y iii) la misma obedeció a razones formales, precarias y  sin  mayor  trascendencia,  que  incluso  llevaron  a  que fuese revocada por el  funcionario que la profirió, a través de la reposición.   

Además,  se  evade cualquier consideración  respecto  de  las condiciones personales de los sentenciados -como lo demanda la  figura  evocada-  encaminada  a plasmar el modo en que estas pudieron incidir en  el  comportamiento  objeto de juicio de reproche, toda vez que ningún análisis  le  merece  al  casacionista  sopesar  su nivel educativo, en la mayoría de los  casos                  universitario7  y,  de  contera,  cotejar  la  presencia  de múltiples actuaciones litigiosas que adelantaron relacionadas con  el   inmueble8  que  enervan  la posibilidad de admitir que les era desconocido la  existencia   de  mecanismos  procesales  para  el  ejercicio  legítimo  de  sus  pretensiones,  por  conducto  de las autoridades públicas constituidas para tal  efecto,  diferentes  a  las  vías  de  hecho  con  las  que  optaron infringir,  precisamente,  el  ordenamiento  jurídico, sin que pueda decirse, en ninguno de  los   dos   cargos,   que   una   providencia   judicial  autoriza  per  se  a la ciudadanía o al involucrado  en  ellas  a su ejecución directa, avasallando las competencias fijadas por ley  a distintos funcionarios.   

   Adicionalmente,  en  este  reparo se  alude  a  la presunta conculcación de la sana crítica -aspecto relacionado con  la  valoración  probatoria- cuando un ataque de este talante encuentra su senda  de  postulación  adecuada a través del falso raciocinio, vulnerándose así el  principio   de   claridad   y  autonomía  de  las  causales  al  entremezclarse  cuestionamientos  que  responden  a  una metodología diversa a aquella invocada  como motivo del reproche.   

          4.  En síntesis, el censor se aparta de la dialéctica connatural a  la  casación  y  pretende  imponer  su  postura  mediante  un  escrito de libre  confección   en   el  que,  sin  ningún  rigor,  cuestiona  erróneamente  las  decisiones  judiciales.  En  consecuencia,  al carecer la demanda presentada del  sustento  lógico  requerido  en  esta sede, conforme se indicó en precedencia,  será   inadmitida,  además  porque  del  estudio  del  libelo  no  se  colige  la presencia de violación de  derechos  fundamentales  o  garantías de los sujetos procesales que den lugar a  superar  sus  defectos  en orden a una determinación de fondo (artículo 184 de  la Ley 906 de 2004).   

          5.  Por último, valga recordar que contra esta decisión procede el  mecanismo  de  insistencia  de  acuerdo  con  los  lineamientos señalados en la  providencia   de   12   de   diciembre   de   2005,  proferida  en  el  radicado  24322.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de     OTONIEL    CELY  SALAMANCA,  WILLIAM  ANANIAS  CELIS   SALAMANCA  y  VIANNY  ZULEY,   YEIMI   ESPERANZA  y   WILSON   YESID   CELY  BERNAL.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.    Folio    262    y    siguientes    cuaderno  actuación   

2  Cfr. Fl. 39 y s.s cuaderno Tribunal   

3  Cfr. Fl. 136 y s.s c.a   

4  Cfr. Fl. 212 ibídem   

5  Cfr. Fl. 158 ídem   

6  Cfr.  Fl.  11  sentencia  segunda  instancia / Fl. 50  cuaderno Tribunal)   

7  Cfr.  estipulación  probatoria  Nº 1 (Fl. 101 y s.s  c.a), Fl. 2 sentencia primera instancia / Fl. 263 c.a   

8  Conforme  las  constancias  procesales aparece, entre  otros,  el  incidente  de  nulidad  decidido el 18 de diciembre de 2009 (Fl. 163  c.a),   la  impugnación  interpuesta  en  contra  del  auto  que  revocó  este  proveído,  resuelta  el  13  de  octubre  de 2010 (Fl. 178 c.a) y la oposición  activa  que  de  forma directa y a través de apoderado hicieron a la diligencia  de lanzamiento (Fl. 235 y s.s c.a)     

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