AP4445-2014(43705)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP4445-2014  

Radicación N° 43705.  

Aprobado acta No. 243.  

Bogotá,  D.C.,  treinta (30) de julio de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  CESAR  AUGUSTO  AGUDELO METRIO, en contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de  Antioquia  el 19         de         diciembre  de  2013, mediante la cual se  confirmó  la  condena  impuesta  a  dicho ciudadano por el Juzgado Promiscuo  del  Circuito de Cisneros      el      23         de         agosto      de      2012,   por   el  delito  de  Abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto.   

ANTECEDENTES  

    

1. Hechos     

En la resolución  de  acusación,  en  relato  que  fue  acogido textualmente por las sentencias  de    instancia,    se    enunciaron   como   hechos   penalmente  relevantes  los  siguientes:   

“Para  la data del 15 de febrero de 2001,  entre  los  señores CAMILO BARRIENTOS LOPERA y ECIDIO VALDERRAMA TRUJILLO, este  último   en  su  condición  de  Alcalde  municipal  de  Guadalupe,  Antioquia,  celebraron  un  contrato  de  arrendamiento  sobre  un inmueble denominado “El  Kiosko  municipal”,  ubicado en el perímetro urbano de esa villa, el referido  tratado  se  pactó por un término de diez (10) meses, es decir, su vencimiento  tenía  como  fecha el quince de diciembre de 2001, posteriormente concretamente  el  15  de  diciembre  de  2001, se renovó el contrato por similar término, es  decir,  diez  meses  más,  renovación que expiraba el 15 de diciembre de 2002;  cumplido  este  plazo se vuelve a renovar el contrato de arrendamiento pero esta  vez por un lapso de un año, venciéndose el 15 de octubre de 2003.   

Agotado  dicho  término,  dicho  de  otra  manera,  al acercarse el calendario al 15 de octubre de 2003, el arrendatario no  hizo  entrega  del  inmueble y la administración municipal tampoco reclamó con  debida  anticipación,  lo  que de contera hizo que el contrato de arrendamiento  implícitamente   se  prorrogó  por  un  tiempo  similar  al  último  contrato  celebrado      –un  año-venciéndose nuevamente el 15 de octubre de 2004.   

El  señor Alcalde Municipal, CESAR AUGUSTO  AGUDELO  METRIO,  el  05  de  marzo  de  2004,  le comunica al señor BARRIENTOS  LOPERA,  que  el  contrato de arrendamiento se vencía el 15 de octubre de 2004,  data  en  la  que debía ser devuelto a la administración municipal el inmueble  tantas veces mencionado.   

Visto lo anterior, el arrendatario elevó un  derecho  de  petición  para  ante  el  señor  Alcalde  con el cual le solicita  continuar  con  el  contrato  de arrendamiento dado que dicho contrato se había  gestado  desde  el  15 de febrero de 2001 y no podría darlo por terminado hasta  tanto  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  Administrativo  se pronunciara el  respecto o decretara la terminación del mismo.   

El derecho de petición invocado se resuelve  desfavorablemente  por  la administración municipal a través de la resolución  093  de  octubre  13  de  2004,  misma que le es notificada en forma personal al  peticionario  el  15 de octubre de 2004, significándole que goza de cinco días  para que si ha bien tiene interponga el recurso de reposición.   

En  esa  misma  fecha,  es  decir, el 15 de  octubre  de  2004,  en  aproximación a las diez y quince de la noche, sin haber  alcanzado  ejecutoria  la  resolución  en comento y sin darse la oportunidad de  interponer  recurso alguno, el señor Alcalde en compañía de su Secretario, al  instante  en  que  el  Kiosko  prestaba  su  servicio nocturno a la comunidad de  Guadalupe,  este  funcionario  procedió  a  sacar  a  los clientes que allí se  encontraban  y  en forma concomitante a sellar el establecimiento, e igualmente,  lo  clausuraron  con  candados  totalmente  distintos  a  los  utilizados por su  arrendatario.   

Visto   lo   anterior  el  señor  CAMILO  BARRIENTOS  LOPERA, desesperado por tal situación acude a los buenos oficios de  un  profesional  del derecho, togado que de inmediato se trasladó al estadio de  los  acontecimientos  y  procedió  a  explicar  a  los  arbitrarios  e injustos  funcionarios  el  craso  traspié que estaban cometiendo. Por tal circunstancia,  permite  abrir  nuevamente  este negocio a las siete de la noche de la siguiente  fecha.   

Requiere el quejoso que dentro del término  legal,  a través de abogado titulado presentó el recurso de reposición contra  la  resolución  número  093  y  en  noviembre  07 de 2004, mediante su 097, la  inconformidad  le  fue  resuelta  favorablemente permitiéndole continuar con el  contrato hasta el 15 de enero de 2005.   

Advera  el  acusado que en la última fecha  aludida,  al  parecer,  el  15  de  enero  de  2005, sin existir de por medio un  pronunciamiento  de  autoridad  alguna  del Estado que decretara la terminación  del  contrato  de  arrendamiento,  o  en su defecto la declaratoria de caducidad  motivada  del  tantas  veces mencionado contrato, el señor Alcalde decide hacer  justicia  por  sus  propias  manos  y  procede  a  ocupar  el  Kiosko municipal,  confiscando  todos  los bienes muebles enseres que el denunciante poseía allí,  sin  que  hasta  la  fecha  en  que se formula la denuncia se le haya notificado  resolución  administrativa  o  judicial  alguna  que  ordenara esta alcaldada o  abuso de autoridad.”   

    

1. Actuación procesal     

Con  base  en  la  denuncia    instaurada    por    un    apoderado  de  Camilo  Barrientos  Lopera  el  22  de  febrero de 2005, la Fiscalía ordenó la  apertura    de   una   investigación   previa   que  finalizaría  con resolución inhibitoria     proferida    el    8    de    agosto    de    2006.  Sin embargo, en virtud del recurso de  apelación   interpuesto   por   el   apoderado  del  denunciante   y   por   el  representante  del  Ministerio  Público,  aquélla  fue objeto de revocatoria el  12  de junio de 2007 por la Fiscalía Segunda delegada ante el Tribunal Superior  de    Antioquia   y,   en   su   lugar,   se   dispuso   la   apertura   de   la  instrucción.   

Así las cosas, el  29  de  septiembre  de  2008 se vinculó al proceso a  CESAR     AUGUSTO    AGUDELO    METRIO  mediante  diligencia  de  indagatoria, en la cual se le comunicó  que  era investigado por los  delitos  de  Prevaricato    por    acción   y   de  Abuso   de   autoridad   por   acto   arbitrario   e  injusto.  Posteriormente,  el     1  de octubre de  2008,    la  Fiscalía  decretó la clausura de la  investigación  y el 6 de febrero de 2009,   una   vez  vencido  el  término  de  traslado  a  los  sujetos  procesales,  se  calificó  el  mérito  del  sumario  mediante  resolución  de  acusación     por    el    segundo    delito     en    mención.   

Una  vez  agotado  el  término de traslado  común  a los sujetos procesales, el Juzgado Promiscuo  del  Circuito de Cisneros (Antioquia), al cual correspondió el conocimiento del  asunto,   realizó la audiencia preparatoria el  8    de   septiembre   de   2009    y,  luego,  la  vista  pública  de  juzgamiento  en  sesiones  desarrolladas  los  días 18 de agosto de 2010, 24 de  enero  y  8  de  marzo  de  2012.  El  23 de agosto  siguiente,  el  Juzgado profirió sentencia mediante  la   cual   condenó   al  procesado  imponiéndole      penas   de   multa   y   de  pérdida  del  cargo.   

Finalmente,     el     19        de        diciembre    de    2013,   la   Sala  Penal     de     Descongestión     del         Tribunal        Superior        de        Antioquia,  al  desatar  el recurso de  apelación  promovido  por  el defensor, confirmó el  fallo    de   primera  instancia.     A     su     vez,     la      sentencia     de  alzada  fue  objeto  de recurso de  casación   interpuesto   por   los  defensores  del  procesado    mediante  memorial  radicado  el 10  de    febrero    de  2014.   

El  4  de  marzo  de  2014,  uno  de  los  defensores   presentó  la  demanda  de  casación y, posteriormente, en el  término  de  traslado  a  los  no recurrentes, se pronunció el apoderado de la  parte  civil.  Mediante  auto  del  23 de abril hogaño, el Tribunal Superior de  Antioquia  concedió  el  recurso  extraordinario,  siendo remitido el proceso a  esta Corporación el pasado 5 de mayo.   

LA DEMANDA  

En el libelo se manifiesta que el recurso de  casación  es  procedente  aun  cuando  el  delito  por  el  cual se condenó al  procesado  tiene  prevista  pena  de  multa  y  de  pérdida  del cargo, por las  siguientes  razones:  primero,  porque  la  Corte  puede  hacer  uso tanto de la  facultad  discrecional  consagrada  en  el  artículo 205, inciso 2º, del   C.P.P./2000,  como de la potestad oficiosa prevista en el artículo 216 ibídem;  y,  segundo,  porque se deben aplicar por favorabilidad los artículos 180 y 181  de  la  Ley  906  de 2004 que no limitan la casación por la cantidad de la pena  máxima  del  delito  y  que  permiten superar los defectos de la demanda.    

En  apoyo  de esas peticiones, el demandante  alega  que  la  sentencia  cuestionada adoleció de una motivación deficiente y  ficticia,  en  razón  de  lo  cual  se  habrían vulnerado las garantías de un  debido  proceso  público, de defensa y acceso a la administración de justicia.  Esas   falencias   en  la  motivación  habrían  ocurrido,  principalmente,  en  relación  a  la  adecuación típica del delito, por cuanto habría desconocido  el  precedente  de  la Corte Suprema de Justicia en torno al dolo en la conducta  punible  de  Acto  arbitrario  e injusto y, además, el del Consejo de Estado en  cuanto  a  la improrrogabilidad automática de los contratos administrativos y a  la  facultad  policiva  de  recuperar un bien arrendado en virtud de un convenio  nulo.   

En  una  segunda  sección,  se formulan dos  cargos  contra  la  sentencia  condenatoria: (i) nulidad de la misma como ataque  principal   y  (ii)  violación  directa  de  la  ley  sustancial  en  sus  tres  modalidades   (falta   de   aplicación,  interpretación  errónea  e  indebida  aplicación),  de  manera  subsidiaria.  A  continuación desarrolla cada uno de  tales cargos.    

Cargo No 1 (principal): Nulidad  

En  lo  que  hace  a  la  censura principal,  considera  el  demandante  que la sentencia es nula por motivación incompleta y  ficticia,   reiterando  que  tal  situación  originó  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales antes anotadas. Inicialmente, expresa unas reflexiones  jurídicas  y  políticas  sobre  el  “derecho a la  motivación  de  las providencias”, para lo cual cita  el  contenidos  de  los  artículos 55 de la Ley de Administración de Justicia,  170  de  la  ley  600  de  2000 y 162 de la Ley 906 de 2004; así como de sendos  pronunciamientos   de   la   Corte  Constitucional1   y   de   la   Suprema   de  Justicia2.   

Luego,  resume  las  consideraciones  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  y  una vez hecho lo anterior, señala que esa  motivación   fue   ficticia   e   incompleta   porque  desconoció  precedentes  jurisprudenciales sobre:   

1) El juicio de tipicidad del delito de Acto  arbitrario  e  injusto,  según  el  cual  la  conducta  no es típica porque el  alcalde  actuó  con  el propósito de cumplir los fines de la función pública  ante una situación irregular o de hecho.   

2) Los límites en el contrato administrativo  de  arrendamiento:  el procesado actuó obedeciendo pautas del Consejo de Estado  sobre  terminación  del  contrato por vencimiento de plazo, imposibilidad de su  prórroga, necesidad de convocatoria pública, etc.   

Cargo No 2 (subsidiario): violación directa  de la ley sustancial   

De manera subsidiaria, esgrime la violación  directa  de  la  ley  sustancial  en  sus  tres  modalidades:  (i)  por indebida  aplicación  del  artículo 416 del Código Penal; (ii) por falta de aplicación  de  las  siguientes  normas: los artículos 58 del Decreto-ley 22 de 1983, y 13,  40,  41,  45  y  24,  num.  4,  lit.  i,  de  la  Ley  80  de  1993; y (iii) por  interpretación  errónea  de  los artículos 9.1, 10.1 y 13 del estatuto penal,  con  grave  afectación  a la estructura del debido proceso público (arts. 29 y  228  Const.  Pol.,  6  y  13  del  código  penal, y 6 y 9 del C.P.P./2000), que  llevaron  necesariamente  a la violación grosera y ostensible de las garantías  a  la  defensa-contradicción,  a la presunción de inocencia, a los derechos al  recurso  y  a  la  doble instancia, y de acceso a la administración de justicia  (arts.  29  y  229  Const.  Pol.  y  6,  7,  8,  9,  10, 13, 16, 18, 20 y 24 del  C.P.P./2000).   

En  un  desarrollo  común de los cargos, se  dedica  el  libelista  a mostrar la “aplicación acertada” de las normas del  estatuto   de   contratación   estatal   (L.   80  de  1993)  y  de  las  leyes  complementarias  invocadas, de la mano con los precedentes judiciales que estima  pertinentes  para  llenar  de  contenido  la norma penal en blanco que recoge el  artículo  416  del  C.P.;  todo  para  arribar  a  igual  conclusión que en el  anterior   cargo:   ausencia   de   tipicidad  de  la  conducta  del  procesado.  Seguidamente      vuelve      a      acotar      preceptos      normativos     y  jurisprudenciales:   

a) Los artículos 416 del Código Penal; 13 y  41  de  la  Ley  80  de 1993; 2005 a 2008, 2012 y 2014 del Código Civil; y, por  último, el artículo 58 del Decreto-ley 222 de 1983.   

b)  Del  Consejo de Estado: el concepto 1984  del  19  de  mayo de 2010 (imposibilidad o, por lo menos, excepcionalidad, de la  posibilidad  de  pactar  prórrogas  automáticas  en  contratos  estatales); la  sentencia  del  4  de  diciembre  de  2006 en Rad. 76001-23-31-000-1994-00507-01  815239  (procedimiento  para  recuperar un bien en poder de un particular cuando  el  contrato  venció:  terminación  unilateral  del  mismo y ejecutoria de tal  decisión).   

c)  Por  último,  de  la  Corte  Suprema de  Justicia:  las   sentencias  del  20 de abril de 2005, Rad. 23285; del 3 de  diciembre  de  2009,  Rad. 31277; y la del 7 de septiembre de 2011 (en cuanto al  contenido  e  interpretación del artículo 416 del C.P., particularmente de los  conceptos de “acto arbitrario” y “acto injusto”).   

NO RECURRENTE  

          En  la  oportunidad  legal, el apoderado de la parte civil presentó  alegatos  como no recurrente. Advierte, en primer lugar, que existen conceptos y  jurisprudencia  del  Consejo  de Estado en los que se ha establecido que ante un  contrato  de  arrendamiento,  se  debe  acudir  ante el juez competente para que  declare  la  terminación  del  mismo. Con propósito demostrativo de tal aserto  trascribe  íntegramente  la  sentencia  del  25  de  febrero  de 2009, Sección  Tercera,  Rad.  73001-23-31-000-1997-05889-01; y el fallo de tutela proferido en  actuación radicada con el número 11001-03-15000-2010-00726-00.   

          Afirma  que,  de  una  parte,  el artículo 416 del Código Penal no  contempla  un  tipo  penal  en  blanco  que determine una remisión a otra norma  jurídica,  y,  de  la  otra, que no es obligatorio para ningún juez acoger los  criterios  expuestos  por  las  altas  cortes  en sus decisiones, a menos que se  trate   de   una   decisión  de  la  Corte  Constitucional  sobre  “un  determinado  punto  de derecho”,  tal  y  como  lo  dispone  el  artículo  230 de la Carta Magna. Adicionalmente,  asegura  que,  conforme  lo  prevén los artículos 2014 del Código Civil y 518  del        Código        de        Comercio3,  el contrato de arrendamiento  objeto   de   terminación   arbitraria  por  el  procesado,  debía  entenderse  renovado.   

          En  lo  que hace al cargo subsidiario, argumenta que el artículo 58  del  Decreto  222  de 1983 se encuentra derogado y que, en su lugar, por mandato  expreso  del  artículo  13  de  la  Ley 80 resulta aplicable es la legislación  comercial  a un contrato de arrendamiento de un local mercantil. En apoyo de esa  tesis,  trascribe  en  extenso  el  alegato  que presentara frente al recurso de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  la  sentencia  inicial,  para  concluir  que la Alcaldía Municipal de Guadalupe pudo decretar la caducidad del  contrato  y, por el contrario, acudió en dos oportunidades a las vías de hecho  (el 15 de octubre de 2004 y el 15 de enero de 2005).   

          Por  último, solicita no se acceda a las súplicas de la demanda de  casación  y  que, por el contrario, se confirmen las sentencias de primera y de  segunda instancia.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo   213  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  (en  adelante  C.P.P./2000),  la Corte entra a calificar   la   demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  CESAR    AUGUSTO    AGUDELO    METRIO  con  el  objeto  de  determinar  si  es  admisible o no, lo cual  dependerá  del cumplimiento de los requisitos consagrados en el citado estatuto  para ese acto procesal.   

I. De  conformidad  con  el artículo 205,  inciso  1º,  del  C.P.P./2000,  el  recurso  extraordinario de casación, por  regla  general,  es  procedente  únicamente contra las sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial (y el  Tribunal  Penal  Militar),  en los procesos adelantados por delitos cuya       pena      sea    de    prisión   con    un    límite    máximo  imponible   que  exceda  de      ocho     (8)     años.     Entonces,   si   se   repara   en  que  la       sentencia       cuestionada  en  el presente evento        se       dictó en proceso seguido por la   conducta   punible  de    Abuso    de    autoridad   por  acto     arbitrario     e     injusto,   la   cual   apareja  sanciones  que    ni   siquiera  son  privativas  de  la  libertad (multa y  pérdida  del  empleo  o  cargo público);  en principio, la única conclusión  posible es la inadmisión de la demanda de casación.   

Sin embargo, como quiera que el recurrente,  consciente  de  esa  limitación legal, propone a la Sala que discrecionalmente       admita       el  libelo,   según  lo  permite  el  inciso  3º  del artículo 205 precitado,  por  considerar  que es necesaria tal determinación  en    garantía    de    los    derechos    fundamentales    del    sindicado  al debido proceso público,  a   la  defensa  y  al  acceso  a  la  administración  de  justicia,  los cuales habrían sufrido mengua a  partir  de  una sentencia que adolecería  de  motivación deficiente en unos aspectos y ficticia en otros;  es  necesario  determinar,  antes  que  nada,  si se  reúnen     los    presupuestos    del    ejercicio    de    esa    potestad    discrecional.   

La  facultad  de  admitir  la  demanda  de  casación  aun  cuando  la  sentencia  contra  la cual se dirige no proviene  de un Tribunal por delito con  pena     máxima    de    prisión    inferior   al   límite   cuantitativo   ya  señalado;   es   una   cláusula   normativa  excepcional,  por lo que  su  aplicación  debe  ser  tan  rigurosa  que justifique la inaplicación de la  regla  general prevista en  el   inciso   1º  del  artículo  205  del  C.P.P./2000.  De otra parte, el  carácter   discrecional  de  la  admisión  de  una  demanda   en  principio  improcedente,  implica  que  la  Corte  se  encuentra investida de la potestad  de         optar        en        dicha   hipótesis   o   por   la   aplicación   de   la   regla   general   o,  por  el  contrario, de la cláusula  excepcional. Claro         está,  en todo  caso  el  ejercicio  de  esa  facultad  no   es   arbitrario   sino  que  debe  someterse  a la estricta  necesidad  del  cumplimiento  de  uno  de  los  fines  que  inspiran  el recurso  extraordinario  (art.  206  C.P.P./2000).      

Como  quiera que el recurrente no finca la  necesidad  de  permitir  la procedencia discrecional de la demanda en razón del  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sino,  como  se vio, de la garantía de unos  derechos  fundamentales  del  procesado;  el análisis exclusivamente girará en  torno  a  establecer  si en el presente evento el demandante logra acreditar una  vulneración  de  tales  derechos  que  a más de ser manifiesta haya   sido  trascendente, de manera tal que se logre avizorar la  urgencia      del  restablecimiento   de  la  juridicidad  en la sede extraordinaria de la casación.   

Pues bien, el hecho generador de violación  a  las  garantías fundamentales habría acaecido,        según       el  demandante,   en   las  sentencias  de  instancia,  por  carecer  éstas  de  una  motivación  suficiente  y  verdadera  en  torno  al  juicio  de tipicidad de la conducta realizada por  CESAR    AUGUSTO   AGUDELO   METRIO,   el   cual   dio   como  resultado  su  adecuación  al  delito  de  Abuso   de   autoridad   por   acto   arbitrario  e  injusto.  Ha  de  advertirse desde ya que los argumentos en los cuales funda  el    recurrente   su   petición   de   admisión   discrecional   (motivación  incompleta y falsa) de la  demanda  son idénticos a aquéllos sobre los cuales soporta el cargo de nulidad  parcial   del   proceso,  inclusive;  con       una       formulación      diferente,      respaldan    también   el   reproche   subsidiario   de  violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

La      argumentación,   en   lo  esencial,  común  de  la  petición  de  admisión  discrecional  y de los cargos formulados, produce  dos  efectos:  el  primero,  que  se  incurre  en algunas  imprecisiones  en  la  fundamentación  que  habrán  de advertirse en su debido  momento  y,  el  segundo,  que  las  consideraciones  a   exponer    por   la   Sala   en   mayor   o   menor   medida   son  predicables        tanto        del       ruego       previo      como     de      los      achaques          propuestos         a  continuación.  En    cuanto    a    lo   primero,   ya  de  entrada  es  un  contrasentido  que  el  fundamento  de una  petición    de    casación    excepcional    sea  totalmente  idéntico  al de uno de los cargos de la  demanda       porque      ello      implica   que   el   examen   de   la  admisibilidad   presupondría   el  de  la  censura,        subvirtiendo   así   el   orden   lógico   de   las  actuaciones en sede de casación.   

No  obstante  lo  anterior,  en  aras  de  hacer   prevalecer   el  derecho  sustancial  (art.  228 Cons. Pol.) y como quiera que el motivo fundante  de   la   casación   excepcional   lo   sería   la   violación  a  garantías  fundamentales,  cuya  verificación   podría                 activar  la facultad oficiosa prevista  en  el  artículo  216  del  C.P.P./2000;  se pasa a  analizar si el demandante  acreditó   una  vulneración  manifiesta  y  trascendente  del  debido  proceso  público,    de    la  defensa  y  del acceso  a   la   administración   de  justicia.  En  ese  orden,  el  hecho  vulnerador  sería la motivación  incompleta y ficticia de la sentencia por las siguientes razones:   

1. El precedente  de  la  Corte  Suprema  de Justicia sobre el juicio de adecuación típica en el  delito  de Acto arbitrario e injusto y el del Consejo de Estado llamado a llenar  ese  tipo  penal en blanco, en cuanto a la ilegalidad  de   las  prórrogas  automáticas  de  un      contrato     estatal     de  arrendamiento  y  en cuanto a las acciones policivas  tendientes  a  la recuperación de un bien arrendado;  no  fueron referidos integralmente al momento de valorar que el alcalde “quiso  normalizar  una  situación irregular” como fin funcional último de su loable  actuar,  ni se expresaron las razones por las cuales  no   se  acogieron  tales  antecedentes.   

2. En las sentencias tampoco se especificó  el  elemento  probatorio  que  sostenía  la  afirmación  consistente en que el  alcalde  declaró  finalizado el contrato de arrendamiento con Camilo Barrientos  Lopera  por  “el  interés personal de pagar un favor político” cuando, por  el  contrario,  la  juez  de  primera  instancia  admitió  que  aquél “quiso  normalizar una situación irregular”.   

Los argumentos expresamente destinados por  el  recurrente  a mostrar la necesidad de la casación excepcional, no tienen la  aptitud  para  acreditar  una  vulneración  de las garantías fundamentales del  procesado,   mucho   menos   su   trascendencia,  por  las  siguientes  razones:   

1) No sustenta la afirmación de existencia  de  precedentes judiciales  en  los temas de: tipicidad subjetiva del abuso de autoridad por acto arbitrario  e  injusto, ilegalidad de las prórrogas automáticas de los contratos estatales  y  la  facultad  policiva  de recuperar bienes arrendados en virtud de contratos  nulos.   En   relación  al  primer  eje  temático  ni    siquiera    identifica   una  sentencia antecedente    y    en    cuanto   a  los  últimos  se  limita  a  citar  a     pie     de  página  fragmentos  de  tres              providencias4.  Ello  resulta  a  todas  luces insuficiente, pues en  ninguno  de  tales  casos  identifica  el  problema  jurídico  abordado  en las  decisiones  judiciales  previas  para  determinar  su  semejanza con el presente  asunto,   ni   mucho   menos   la   subregla   en   ellos   aplicada5.   

2) No demuestra que la existencia de un fin  último  “loable”  de  la  conducta  investigada  (corregir  una  situación  irregular)    desvirtúe    la    presencia    de    un    dolo   inherente       al      acto  arbitrario e injusto,  por  el  cual  se profirió condena.  Un móvil valioso o noble  trascendente     a  una    conducta    concreta    no    excluye  por  sí  mismo  la  presencia  coetánea  e  inmediata  del conocimiento de la arbitrariedad e injusticia de  la   misma   y   de   una  voluntad  dirigida  a  su  realización;      a     lo     sumo,  ese  fin  ulterior  serviría  para  habilitar  una tipicidad  más  atenuada  si  es  que  tal opción ha        sido       prevista  por   el   legislador.  Quizás  el  ejemplo  más  paradigmático  de  esta conclusión es la  conducta      punible     de    Homicidio   por   piedad   (art.   106   L.  599/2000),        en        la  que  el  agente sabe que mata a una  persona  y quiere hacerlo;  sin  embargo,  lo  hace  inspirado  por el      admirable     propósito      de     “poner     fin     a     intensos    sufrimientos”.   

3)    No  demuestra,  ni  someramente, cómo la existencia de  unas  disposiciones  legales  que,  de una parte, prohíben las  prórrogas  automáticas  del  contrato de arrendamiento estatal y que, de otra, permiten el  ejercicio  de  acciones  policivas  para  recuperar  un  inmueble  arrendado por  nulidad      del      contrato;     desvirtúan     la     arbitrariedad      e     injusticia  que se predican de las concretas  actuaciones   que   habría   realizado  CESAR  AUGUSTO  AGUDELO  METRIO  como  Alcalde  del municipio de  Guadalupe  (Antioquia) en  contra de Camilo Barrientos Lopera.   

4)    No  especificó  los  supuestos  fácticos  inexistentes  en  los  cuales se habría  fundado  la  sentencia  para  acusarla de   motivación  ficta.  El  demandante  afirmó  que la sentencia  impugnada   no   contiene  la  enunciación  de  las  pruebas  en  que  soportó  la   conclusión   según   la   cual   el  procesado  habría  realizado la conducta desvalorada  como    delictiva    motivado    en   “pagar         un         favor         político”.   Ese  reclamo  constituiría,  a  lo  sumo, una simple omisión parcial de la mención  del  acervo  probatorio,  pero  jamás  implica  la  falsedad  del  hecho  o  la  inexistencia   de   la   prueba   que   se   tacha  como  omitida.  En  síntesis,  este  argumento no es pertinente a la aseveración  de  una  motivación  ficticia  y,  por  ende, no la  acredita.   

5)  En  últimas,  aún  si  en gracia de  discusión   se   aceptara  la  existencia  de  los  precedentes  judiciales invocados por el demandante y  la  omisión  de  su consideración en la sentencia, no acreditó de qué manera  tales  deficiencias desquiciaron el debido proceso, menoscabaron el derecho a la  defensa  o  le impidieron al sindicado su acceso a la  justicia.   

De    esa    manera,    las  razones  aportadas  por  el  demandante  para  justificar  la  necesidad  de  una casación excepcional en punto a la garantía de los derechos  fundamentales,   no   logran  acreditar  siquiera  la  ocurrencia  de  un  hecho  vulnerador   de   los   mismos;   por   lo  que  ninguna  carencia  de    legalidad    que    satisfacer  existiría.  Además,  el  argumento   que   tuvo  por  finalidad  obtener  el  ejercicio  de  la  facultad  discrecional  de  admisión,  en  ningún  momento se vinculó a los fundamentos  teleológicos  de la casación desconociéndose así la rigurosidad con que debe  cimentar  la pretensión  de  aplicación  de  una  cláusula   excepcional   por  encima  de  la  regla  jurídica general.   

II.     Ahora    bien,    no  es  posible  aplicación  de  los  artículos  180  y  181  de  la  Ley  906 de 2004 al presente asunto   en   concreción  del  principio  de  favorabilidad,     como     lo    pretende    el  demandante; sencillamente  porque   los  hechos  juzgados  ocurrieron  cuando  se  encontraba  en  vigencia  el  código  procesal de  2000   y   porque   las  disposiciones  legales que posteriormente  vinieron  a  regular la casación, no  son  más beneficiosas o,  lo  que  es  igual, no son  menos  odiosas  en  lo que hace a la admisión de la  demanda  ni  a  la procedencia del recurso extraordinario en general.   Así   lo   ha   reiterado   esta  Corporación    de    manera    pacífica   desde   el   año   20066,     cuando     se    identificaron  seis  razones  por  las  cuales  se  considera que  la  legislación  procesal  penal de 2004, en materia  de   casación,   no  era  más  favorable  que  la  anterior.   Estas  son:   

1.  En  la  nueva  legislación  la  causal invocada debe vincularse  íntimamente  con  la  prueba  de  afectación  de  los  derechos  o  garantías  fundamentales,  tal  y  como  lo exige el  inciso 1º del art. 181 de        la        Ley  906 de  2004.   

2)     La     demanda,           ahora,   debe  demostrar  la  aptitud  del  recurso  para  alcanzar algunas de las finalidades previstas en el artículo 180  ibídem   (efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  a  las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia).      Esa     trascendencia     la     debe     evidenciar     el  casacionista,  so pena de no ser seleccionada para estudio de fondo  (art. 184 L. 906/2004).   

3)  La causal  que   se  alega  y  sus  fundamentos    deben   ser   formulados  con precisión y concisión (art. 183, inciso 1º, L. 906/2004).  Ello  implica  que en desarrollo de aquéllos “…,  se  encuentran  incluidos  todos los temas atinentes a la guarda de los derechos  fundamentales,  aparte de los tradicionalmente exigidos frente a cada uno de los  motivos de casación.”   

Al lado de los anteriores argumentos, que  pueden  ser  tenidos  como  los  básicos,  existen  otros  también  de  enorme  importancia en materia de casación. Por ejemplo:   

Cuatro.  A  diferencia de la normatividad  tradicional,  incluida  la  ley  600 del 2000, el nacimiento y el trámite de la  casación  en  el  nuevo  estatuto suspende los términos de prescripción, como  dispone su artículo 189.   

Cinco.   Si   antes   bastaba   con  la  presentación   de  la  demanda,  ahora  el  casacionista  debe  confeccionarla,  presentarla  y,  si  es  admitida,  tiene  que  sustentar  sus  afirmaciones  en  audiencia  pública  ante la Sala Penal de la Corte, y eventualmente responder a  todas  las  inquietudes  y dudas que sobre el recurso interpuesto y su contenido  le  puedan  plantear  todos o algunos de los magistrados integrantes de la misma  (inciso 4º, artículo 184).   

Seis.  Y si se mira el punto en términos  aritméticos  que  repercuten  en el principio de celeridad, obsérvese cómo el  nuevo  estatuto  prevé  un  lapso máximo de 125 días para resolver el recurso  desde  el  momento en que se apersona del mismo la Corte (30 días, para decidir  sobre  admisión; 30 para la sustentación del recurso; 60 para dictar el fallo;  y  hasta  5  para  la  audiencia  de  notificación  del  mismo), mientras en el  anterior  el  término  total  no  excedería de 73 días (3, para admitir -o 10  para  inadmitir-; 20, para el procurador, 30, para registrar proyecto; y 20 para  decidir).7   

En  conclusión,  si bien el régimen de la  casación  previsto  en  la  Ley  906  de  2004  permite su procedencia frente a  cualquier  sentencia  de segunda instancia, sin tener en cuenta la categoría de  la  autoridad  judicial  que la profirió, la naturaleza de la pena imponible ni  sus   límites   cuantitativos;   incluyó  otros  requisitos  a  la  demanda  y  profundizó  algunas  exigencias  que  ya venían establecidas, cuya aplicación  conjunta  hace  que  la  admisión  de  ese  acto procesal sea más rigurosa que  durante   la   vigencia  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000.    

III.  Ahora  bien,   la  demanda  de  casación,  adicionalmente,  adolece  de  una  indebida  fundamentación  de  los cargos, tal y como brevemente se pasa a exponer, por lo  que abundan las razones para su inadmisión.   

a)  En  primer  lugar,  formuló el cargo  principal  de  nulidad parcial de la actuación por vicios en la fundamentación  de   la  sentencia.  Recuérdese  que  los  mismos  se  configuran  siempre  que  (i)   la   providencia  carezca  totalmente  de motivación (ii) o        que        existiendo          ésta         sea         dilógica     o    ambivalente,    (iii)    o   sea   incompleta,   (iv)   o   sea   aparente   o  sofística.  Sobre tales  vicios   ha   definido   la   Corte  que:   

   

La “ausencia absoluta de motivación se  configura  cuando no se precisan las razones de orden probatorio y jurídico que  soportan  la  decisión;  la motivación es ambivalente cuando contiene posturas  contradictorias  que  impiden  conocer  su   verdadero  sentido;  y,  será  precaria  o  incompleta,  cuando  los  motivos  que  se  exponen  no  alcanzan a  traslucir  el  fundamento  del  fallo  (CSJ.  AP.  28 feb. 2006, Rad. 24783). La  motivación  es  aparente  o  sofística,  señaló la Sala en otra oportunidad,  cuando      se     desconocen     ‘pruebas     que     objetivamente    conducen    a    conclusiones  diversas’, de modo que  se  socava  la  estructura  fáctica  y jurídica del fallo” (CSJ. SP. 22 may.  2003.            Rad.            29756).8   

Recuérdese que  desde  un principio el demandante atacó la sentencia  mediante  la cual se condenó a CESAR AUGUSTO AGUDELO  METRIO    por    el    delito    de   Abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto,  porque,  a su juicio, la      motivación     fue     incompleta     al         desconocer   el  precedente  de  la Corte Suprema de Justicia sobre el  juicio     de     adecuación     típica  en  aquella conducta,     así     como    el  del  Consejo  de Estado en cuanto a  la  ilegalidad  de las prórrogas automáticas  de  un  contrato  estatal de arrendamiento y a las acciones  policivas  que  pueden  ejercerse  para recuperar  un bien arrendado.   

Así las cosas,  el  fundamento  básico  de  la nulidad pedida es el  desconocimiento  del  precedente  judicial. Sobre la  sustentación   debida   para   un   cargo  de  tal  naturaleza, ha manifestado la Corte que:   

La lógica casacional indica que cuando se  plantea  en  esta  sede un ataque por desconocimiento de un precedente judicial,  como  el  que  se  propone  en  esta  demanda, es deber de quien lo postula, (i)  demostrar  la existencia del precedente, (ii) señalar la regla jurídica creada  o  la  interpretación  fijada  a  través  del mismo, (iii) probar su carácter  vinculante,  (iv)  acreditar  que  los  supuestos  fácticos  del nuevo caso son  idénticos  a  los  del  anterior,  y  (v),  demostrar  que no se está ante una  situación  que justifique  su desconocimiento9.    

Como  antes  se  explicó, el demandante se  limitó   a   citar   una  serie  de  fragmentos  de  pronunciamientos  de  esta  Corporación  y  del  Consejo  de  Estado, sin preocuparse por demostrar que ese  número  plural  de  providencias judiciales conformaban precedentes respecto de  los  temas  penales  (tipicidad  subjetiva  del Acto  arbitrario  e  injusto) y administrativos (invalidez de  la  prórroga automática de los contratos estatales y facultades policivas para  recuperar  un  bien  arrendado por una entidad pública) que aquél señala como  inaplicados en la sentencia de condena.   

Las  citas  parciales  y  sin  contexto  de  diferentes  sentencias,  autos  y conceptos dictados por los máximos tribunales  de  la  jurisdicción  ordinaria  y de la contencioso-administrativa; impiden la  identificación  de  los problemas jurídicos que se abordaron en esas ocasiones  anteriores   con  el  objeto  de establecer su pertinencia con el que aquí  propone  el  demandante, el cual tampoco es claro; pertinencia que se traduce en  la  “semejanza de problemas jurídicos, escenarios  fácticos          y          normativos”10.  De  esa manera, no se logra  acreditar   la  existencia  de  precedentes  judiciales  en  las  materias  cuya  consideración habría omitido la sentencia impugnada.   

A más de lo anterior, aún si en gracia de  discusión  se  aceptara  la  configuración  de  los  precedentes invocados, se  desatendieron  los  siguientes  pasos de la lógica casacional que la Sala tiene  establecida  como  la que desarrolla adecuadamente la censura de desconocimiento  de  esos  antecedentes,  antes  descrita;  porque  no  se  determinó  la  regla  jurídica  construida  en  las  providencias  judiciales invocadas por el censor  (norma  individual),  ni se acreditó su carácter vinculante, y tampoco que los  juzgadores   no   se   encontraban   ante  una  situación  que  justificara  su  desconocimiento.   

b) En segundo lugar y a título subsidiario,  el  demandante  alega  la  violación  directa  de la ley sustancial en sus tres  modalidades  así:  (i)  por  indebida  aplicación      del  artículo  416  del  Código  Penal;  (ii)  por  falta  de  aplicación  de  las  siguientes  normas:  el artículo 58 del Decreto-ley 22 de 1983 y los artículos  13,  40,  41,  45  y  24,  num.  4,  lit.  i,  de la Ley 80 de 1993; y (iii) por  interpretación  errónea  de  los  artículos 9.1, 10.1 y 13 del estatuto penal  que  habrían llevado necesariamente a la violación grosera y ostensible de las  garantías  contenidas en los artículos 29 y 229 de la Constitución Política,  y 6, 7, 8, 9, 10, 13, 16, 18, 20 y 24 del C.P.P./2000.   

Ya  se  había  indicado en el examen de la  procedencia  de  la  casación  discrecional,  que  el recurrente utilizó en el  fondo  el  mismo  argumento para intentar justificar la admisión excepcional de  la  demanda,  para fundamentar la solicitud de nulidad y el desarrollo del cargo  subsidiario.  Ese  argumento  básico es la ausencia de tipicidad de la conducta  que  se imputó al procesado como punible, porque en el juicio de adecuación de  la  misma  a la ley sustantiva (art. 416 L. 599/2000), se habría desconocido el  “precedente  judicial”  referente  al dolo de ese delito, a la ilegalidad de  las  renovaciones  automáticas de los contratos administrativos y a la facultad  de  la  autoridad  pública  para  recuperar  bienes  arrendados. De esa manera,  varias  de las consideraciones antes expuestas son pertinentes para acreditar la  indebida formulación de este cargo, por lo que no se repetirán.   

La censura subsidiaria de violación directa  de  la  ley sustancial tampoco se sustenta de manera adecuada por las siguientes  razones:   

Primera:  aunque  al  principio cita normas  constitucionales  y  legales como objeto de la infracción, en el desarrollo del  cargo  utiliza  como  parámetro  de  valoración  del  juicio  de  legalidad (o  ilegalidad),  no  esas  normas sino los diversos pronunciamientos judiciales que  cataloga  como  precedentes;  por  lo  que,  en estricto sentido, no sustenta un  cargo  de  violación  de  la  ley  sino  del  hipotético  precedente judicial,  repitiendo  impropiamente  por  esta  vía el cargo principal de nulidad. En tal  sentido,  se  traen  a  colación  las  mismas  explicaciones que previamente se  suministraron.   

Segunda:  a  pesar  de  alegar  las  tres  subcategorías  de  violación directa de la ley (falta de aplicación, indebida  aplicación  e  interpretación  errónea)  y  de  hacerlas  recaer sobre normas  jurídicas  diferentes;  las  desarrolla con idénticos argumentos. Ello implica  que  manifiestamente  se  desatendió  el  principio  de  claridad y precisión,  inclusive  el  lógico de no contradicción, pues los errores aludidos se fundan  en  presupuestos teóricos diferentes y hasta contrarios. Tan sólo repárese en  que,  en la falta de aplicación el juez yerra sobre la existencia de la norma y  por  eso  no  la  aplica,  en  la  indebida  aplicación el error no es sobre la  existencia  sino  sobre  la  selección  de  la  norma  adecuada  al caso y, por  último,  en  la  interpretación errónea se parte de la adecuada selección de  la  norma  pertinente  y  la  aplica,  pero  asignándole  un  sentido jurídico  equivocado.   

Además,  la inmensa pluralidad de normas  legales  que  se  invocan como violadas contiene supuestos fácticos diferentes,  por  lo  que  es  imposible  que  unos  mismos  argumentos  logren acreditar una  infracción  generalizada  e  indiscriminada  del plexo normativo utilizado como  parámetro.  Mucho  menos,  logra  el demandante acreditar cómo las tres formas  diversas  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  conjugan su eficacia  variopinta  para  hacer variar, sin discusión, el sentido del fallo, con lo que  se desatiende el principio de trascendencia.   

Tercera:   frente   a   ninguna   de  las  disposiciones  legales  que  señala como violadas, manifiesta con precisión la  razón  de  la  infracción,  es  decir,  la  manera  concreta  como el supuesto  fáctico  invocado  desatiende  los  referentes  normativos,  o  por  no haberse  aplicados,  o  por  haberse aplicados indebidamente, o por haberse interpretados  erróneamente.  De  otra  parte,  de  la  gran  mayoría de esas normas siquiera  cumple  con  la  carga  de  mostrar  su  contenido  concreto y a partir de allí  advertir  su  pertinencia  frente  a  la  condición  fáctica  que  estima como  vulneradora.     

IV.          Conclusión   

En razón de que la casación excepcional  solicitada  es  improcedente,  que  también  lo  es la aplicación retroactiva        del  la Ley 906 de 2004    y   que   se   incurre   en   una  manifiesta     sustentación    indebida    de    los   cargos;  la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de casación presentada por el defensor del       acusado      CESAR  AUGUSTO  AGUDELO METRIO. De otra  parte,  no  se observó la presencia de alguna  de  las  hipótesis  que   permitiera  ejercer la facultad oficiosa prevista en  el artículo 216 del C.P.P./2000.   

DECISIÓN  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CESAR  AUGUSTO AGUDELO METRIO, de acuerdo  a las motivaciones antes expuestas.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencias C-037/96, C-242/1997, C-252 de 2001, entre otras.   

2 Las  siguientes:  rad. 21044 del 19 de enero de 2005, rad. 14647 del 25 de octubre de  2001,  23186  del  11  de mayo de 2005, 25382 del 1 de junio de 2006, rad. 22041  del  28  de  septiembre de 2006, rad. 11279 del 25 de marzo de 1999 y rad. 22733  del 26 de octubre de 2006   

3  Norma  que  considera aplicable por remisión expresa del artículo 13 de la Ley  80 de 1993.   

4 En  relación  a  la  ilegalidad  de  las  prórrogas  automáticas de los contratos  estatales  cita  el Concepto 1984 del 19 de mayo de de 2010 y la sentencia del 4  de  diciembre  de  2006,  Rad.  No  76001-23-31-000-1994-00507-01  815239. Y, en  cuanto  a  las  acciones  policivas  para  recuperación  del  bien,  invoca  la  sentencia   del   18   de   marzo  de  2010,  Rad.  25000-23-26-000-1994-0071-01  814390)   

5  “La  Corte  Constitucional  se  ha  referido  a la  figura   del   precedente   como   el  conjunto de  sentencias  previas  al  caso que se habrá de resolver, el cual debe considerar  necesariamente  un  juez  o  una  autoridad  determinada,  al  momento de dictar  sentencia,        teniendo        en        cuenta        su        pertinencia  para la resolución de un  problema  jurídico. El precedente debe ser anterior a la decisión en la que se  pretende    aplicar    y,    además,    debe   presentarse   una   semejanza  de  problemas  jurídicos,  escenarios  fácticos  y  normativos. No podrá predicarse la aplicación de un  precedente  en  ausencia de alguno de estos elementos.” Sentencia T-217 del 17  de abril de 2013. (Las negritas fuera del texto original)   

6  Casaciones  25499  de junio 29 de 2006, 24109 de febrero 23 de 2006,    25550 de marzo 26 de 2008 y 39736 del 14 de agosto de 2013.   

7  Ibídem.   

8  Así fue reiterado en CSJ SP, 19 de marzo de 2014, Rad. 3382   

9 CSJ  AP,  9  Oct.  2013,  Rad.39346,  posición  que  fue  reiterada  en CSJ   AP,   30   de   abril   de   2014,   Rad.  43248.   

10  Sentencia T-217 de 2013 antes citada.     

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